Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Anilla la de Ronda, la “Reina de los Gitanos”

Ana Amaya Molina, más conocida como Anilla la de Ronda o Anilla la Gitana, es una de las primeras artistas flamencas profesionales de las que se tiene noticia. Nació en Ronda el 27 de septiembre de 1855 y falleció el día de Todos los Santos de 1933. Las escasas fotografías que de ella se conservan nos la muestran abrazada a su sonanta, una imagen poco usual en los tiempos que corren, pero no tanto en aquellos años. Cantaora y guitarrista autodidacta, solía acompañarse a sí misma en sus actuaciones.

Anilla la de Ronda

Anilla la de Ronda

Comenzó su carrera artística en los cafés cantantes de su localidad natal, como El Pollo, El Forno o La Primera de Ronda. Allí conoció a su paisana Paca Aguilera y al maestro Antonio Chacón, con quienes volvió a coincidir en 1890 en el malagueño Café de Chinitas. El Siete Revueltas, el sevillano Café El Burrero y el madrileño Café Corrales también fueron testigos de su arte. Concretamente, el 14 de octubre de 1887 La Correspondencia de España publicó la reseña de una actuación de Anilla en la capital de España.

Lo que dijeron de ella los escritores

En 1904, Guillermo Núñez de Prado, en su libro Cantaores Andaluces, nos ofrece una visión muy romántica de esta artista, a la que presenta como una mujer que “ha vivido esclava del amor como una perra de su dueño; no ha comprendido ni querido comprender que pueda haber nada en la humanidad fuera de las tristezas o de las alegrías de ese amor; lo ha subordinado a él todo, desde el arte hasta la existencia; canta, llora, siente y vive para amar. […] Eso es lo que la ha hecho más simpática aún que sus mismas cualidades para el canto, y a eso se deben, en primer término, los triunfos artísticos que ha logrado y los aplausos que ha obtenido”.

Según el autor, el corazón de esta gitana es mucho más grande que su carácter, algo que, en su opinión, no encaja demasiado bien en “el valiente y vigoroso cuadro de la soleá”. Ella la sentía “a su modo, le daba el tinte peculiar de su sentimiento enteramente femenino, le imprimía el sello exclusivamente tierno de su alma y, sin destruir el estilo, lo convertía en el lenguaje propio de su corazón, lenguaje que no tenía la heroica fuerza de ese estilo ni su vigoroso empuje”.

Resulta “curioso”, por decirlo de manera suave, que Núñez de Prado insista en caracterizar a la soleá como un cante “varonil”, cuando algunas de sus más destacadas intérpretes han sido mujeres (pensemos en Merced la Serneta o Fernanda de Utrera).

Anilla la de Ronda en Mundo Grafico 1930

Anilla la de Ronda en Mundo Gráfico, 1930

En 1922, Federico García Lorca, en la conferencia que pronunció con motivo del Concurso de Cante Jondo de Granada, mencionó a Anilla la de Ronda como una de las grandes soleareras de la época. De hecho, éste es precisamente el palo en el que más destacó la cantaora, quien creó un estilo propio, hoy muy poco conocido, de “soleariyas” o soleares cortas. Una de las letras que más cantaba dice así:

“Estoy viviendo en el mundo
con la esperanza perdía
no es menester que me entierren
porque estoy enterrá en vía”

La simpatía y el duende de esta gitana cautivaron a grandes personalidades de todo tipo. Pastora Imperio insistió en conocerla personalmente y le regaló una bata de cola, y la reina Victoria Eugenia, además de invitarla a actuar en una fiesta privada de la familia real, la obsequió con un mantón de manila.

La estrella de la Semana Andaluza de Barcelona

En junio de 1930, convertida ya en “una vieja de cara curtida, andares de pato parsimonioso, con cierto contoneo aún de moza”, tal y como la describe José Benavides, Anita causó sensación en la Semana Andaluza, celebrada en el Pueblo Español de Barcelona con motivo de la Exposición Universal. Allí cantó y bailó acompañada a la guitarra por Ramón Montoya.

Una crónica periodística de la época dice de ella que “es muy graciosa; canta con mucho nervio, a pesar de su edad, y sus ocurrencias hacen reír. No se separa de la guitarra, en la que tiene pegados varios cromos religiosos. […] No cesa de beber, y durante el día ingiere de 15 a 20 copas de cazalla. El agua no la prueba, pues dice que sólo la usa para lavarse”.

El 24 de junio de 1930, la revista Estampa publica una entrevista a la cantaora, firmada por José Benavides, quien cuenta lo siguiente: “La casa donde vive Anita Maya, en Ronda, es un lugar de peregrinación. El Juez, el Alcalde, el boticario, el Registrador, damas de alta y baja alcurnia, todas desfilan por su vivienda, archivo de la sabiduría popular. Diariamente, desde Barcelona, se telegrafía al Secretario de Ronda, diciendo que la anciana gitana come bien, duerme poco y bebe mucho. También se telegrafía a los gitanos, que, impacientes ya, piden que regrese. Pero ella no quiere marcharse”.

Anilla la de Ronda

Anilla la de Ronda

Por boca de la propia Anita Amaya sabemos que en su juventud fue contrabandista de tabaco, y que tuvo amores con el torero Lagartijo: “Rafael Molina fue muy amigo mío, verdad. Pero el hijo que tengo no e del, ni del General Contreras. Se lo pedí yo a la Virgen de los Dolores, y me lo consedió. Créame, señorito de mi arma. Lo demá son crítica, chumba y eso…”

Con mucha gracia y desparpajo, la singular gitana relata varios episodios de su vida, que su interlocutor pone en tela de juicio, y dice algunos cantes por soleá, que José Benavides transcribe:

“Por donde quiera que voy
la gente me mira mucho:
¡la sombra dirá quién soy!”

“Manque toquen a rebato
las campanas del olvío
en mí no s’apaga el fuego
que tu queré ha ensendío.
¡Viva Ronda!
Reina de los sielos,
Flor d’Andalusía.
¡Quien no t’ha visto que se ponga aquí!”

Sin embargo, en esa misma época, varios diarios madrileños, como El Sol, La Voz y El Heraldo de Madrid, se hacen eco de una supuesta carta enviada por el alcalde de Ronda para protestar por las informaciones publicadas en los mencionados diarios catalanes, que coinciden en tachar de “españolada”. Así, por ejemplo, el 29 de junio de 1930, en El Sol puede leerse lo siguiente:

“Dicha mujer, no sólo no es reina de los gitanos -mal puede serlo de quienes no admiten tales jerarquías-, sino que carece de prestigio entre su gente y fuera de ella. Se trata de una antigua y azarosa ‘cantaora’ de flamenco de mínima solvencia, propia para públicos cerriles, que paseó su vida por los tugurios, lejos del arte. Sin duda, ahora la tal Anita Amaya se limita a evocar con cierta fantasía y falta de tacto tiempos que por suerte desaparecieron”.

Anilla la de Ronda

Anilla la de Ronda

Una mujer que ha dejado huella

A día de hoy, dado el tiempo transcurrido y la escasez de fuentes testimoniales que pudieran acreditar una u otra versión, es difícil determinar cuál de ellas encierra más verdad. De lo que no cabe duda es de que Anilla la de Ronda fue una mujer singular. Su personalidad y su arte no dejaron indiferentes a sus contemporáneos, e incluso han inspirado a artistas posteriores, como José Carlos Luna, quien la retrató en uno de los poemas de su libro El Cristo de los Gitanos (1942), o José María Tornay, que le dedica un romance.

“Su flácido pescuezo, de carne
de gallina,
que con polvos baratos blanquea
y enharina,
aún luce con descoco un collar
de colores,
que fue premio a su cante corto
por soleares,
y que un día Curro Durce,
destocado el pavero,
tras besar sus manos,
la puso en El Burrero”
José Carlos Luna

“Se conjuraban las musas
en noches de luna clara
cuando lloraban su llanto
las cuerdas de su guitarra
Sangre de fuego encendido
bordan sus dedos al alba
y la brisa se detiene
para entrar por su ventana.
Aniya, luz de bohemia,
mujer de miel y de rabia,
verano de sol ardiente,
linterna en la madrugada.
Por las esquinas del aire
retoza su voz quebrada,
mientras deslumbra la noche
la reina de las gitanas”
José María Tornay

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Categoría: Cantaora, Guitarrista

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