Tina Pavón es una de las grandes maestras del cante de nuestro tiempo. Nacida en San Fernando en 1948, desde pequeña se empapó de los estilos gaditanos, en las voces de su abuela y de sus tíos. Tras un breve paso por Jerez de la Frontera, terminó instalándose en Huelva, y allí se subió por primera vez al escenario en la peña flamenca de Moguer.
En 1981 fue merecedora del Premio Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena y en 1983 se coronó en el Concurso Nacional de Córdoba, donde fue la primera mujer en conseguir el Premio Enrique el Mellizo por su interpretación de los cantes de Cádiz. Ese fue el impulso definitivo que la hizo convertirse en una de las cantaoras más solicitadas en los festivales flamencos de los años ochenta y noventa.
Ha actuado en peñas de toda Andalucía y se ha anunciado en grandes eventos, como la Bienal de Sevilla. En la edición de 1992 participó en el espectáculo Al son de tres por cuatro, dirigido por Pedro Bacán, y en 1994 intervino como cantaora en el montaje Réquiem Flamenco de la Compañía Andaluza de Danza, que se representó en distintos escenarios bajo la batuta de Mario Maya.
En los años ochenta Tina Pavón grabó tres LPs de flamenco clásico, en los que registró una treintena de cantes diferentes, pasados por el tamiz de su personalidad cantaora. También cuenta con un disco de sevillanas y otro de canción andaluza; y en su obra más reciente, Luz de alba, de 2003, presta su voz a una selección de poemas de Juan Ramón Jiménez.
Tina Pavón es una cantaora completa y versátil, con un admirable dominio del compás. Su cante está habitado por los ecos de la Niña de los Peines, tiene el sabor a sal de su tierra gaditana, y la maestría que brota del estudio constante y de un inmenso amor al flamenco.
El pasado doce de octubre la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla le tributó un merecido reconocimiento que comenzó con una entrevista, en la que nos regaló el valioso testimonio que a continuación recogemos. Pasen y lean…

Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.
P: Naciste y te criaste en San Fernando, una tierra muy flamenca, y en una familia con mucho arte. ¿Qué recuerdos tienes de esa época y del surgimiento de tu vocación artística?
R: Pues mira, mis padres por nada del mundo querían que yo fuera artista ni yo se lo propuse, porque mi intención nunca fue ser artista. En mi casa había buenísimos aficionados, empezando por mi abuela Manuela, que hacía sus cantes por bulerías, y la primera vez que yo escuché la seguiriya de Manuel Torres se la escuché a ella siendo yo muy chiquitita.
Ella se sentaba en un patio que tenía, muy bonito, en una casa preciosa con una montera de cristales; se ponía a hacer su crochet y a mí me ponían en un ropón muy grande que tenían de trapillo en el suelo, yo chiquitita gateando, y ella hacía sus cantes. Ya, cuando fui mayorcita, le fui escuchando los cantes. “Era un día señalaíto de Santiago y Santa Ana”… Eso lo cantaba mi abuela. Yo no sabía ni quién era Manuel Torres, ni nada de eso.
Por parte de madre también tenía una tía que cantaba de maravilla, tenía una voz que era una preciosidad, era terciopelo, tenía un jilguero en la garganta, pero no fue nunca artista ni pasó por su imaginación.
La familia de mi abuela eran todos salineros, capataces de salina. Entonces se hacía la fiesta de los esteros, una fiesta grandísima. Asaban el pescado en la sapina, una hierba que cría la salina, y luego se hacía una fiesta que duraba tres días o más, porque cantaba mi abuela, cantaba el padre de mi tío Agustín Benítez, que está muy vinculado también al flamenco… cantaban nada más que en familia.
La única que sacó los pies del plato fui yo, porque me escucharon en la Peña de Cante Jondo de Moguer, en la inauguración. Estaba mi primo Agustín Benítez ーque en realidad es mi tío, pero le digo primo porque es casi de la edad míaー, estaban Manolo Mairena, Luis Caballero, Naranjito de Triana… En fin, había una serie de artistas y el presentador era Manolo Rubio, que tenía una agencia de contratación en Huelva y vivía muy cerca de mí. La ventana de mi cocina daba a la oficina de él y algunas veces me escuchaba, pero no sabía quién era yo.
Entonces, cuando mi primo Agustín le habló de mí, le dice: “Hombre, pero si yo la escucho, yo escucho a una señora cantando por la ventana algunas veces. No me digas que es sobrina tuya y canta. Pues ahora mismo le digo que suba al escenario”.
Me anuncia Manolo Rubio: “Aquí hay una señora que se llama… ーEntonces me decían Agustinaー Agustina, sobrina de Agustín Benítez, y va a subir a hacer unos cantes”.
Yo casi me muero. Cuando me dijo eso, me entró un ataque de nervios tan grande, mira… un dolor de estómago, y qué malita, y… “Primo, ¿tú por qué haces esto? Si yo canto en casa, pero no estoy acostumbrada a subirme…” Y va Naranjito de Triana y dice: “Cuando tu primo Agustín dice que tú cantas es porque cantas, y yo te voy a acompañar a la guitarra”. Y fue Naranjito de Triana el que me acompañó por vez primera a cantar en un escenario en la Peña de Cante Jondo de Moguer.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.
Ahí estaba Pulpón y, en cuanto me escuchó, en seguida le dijo a mi marido: “Mira, es una pena que esta mujer no cante”. Y mi marido se encendió: “Ea, pues venga, ya está, venga, a los concursos”. Y yo, con vomiteras y la mar de malita que me ponía, porque él me apuntaba a los concursos y me decía: “Oye, que te han clasificado, que tú vas al concurso”. ¡Ay, madre mía de mi alma!
Entonces, como a mí me ha gustado tantísimo el flamenco, que en mi época no había una emisora que no tuviera un programa de flamenco, yo encendía mi radio, buscaba las emisoras y me empapaba de todos los cantes.
Claro, cuando me subo al escenario aquel día, me dice Naranjo: “¿Tú qué vas a cantar?” Y digo: “Pues yo qué sé, cualquier cosa, soleá por bulería”. Y me dice Manolo Mairena: “¿Ha dicho algo la niña? Soleá por bulería. ¡Anda!” Así que subí y aquello fue… porque nadie esperaba que yo sacara la voz de la Niña de los Peines cantando soleá por bulería, que yo tengo mucho eco, muchos tonos muy parecidos a la Niña, además de que yo muero con Pastora… Y nada, pues ya de ahí… Venga, a los concursos.
Me dijo Pulpón: “Mira, te voy a presentar en todos los concursos de toda Andalucía para darte a conocer. Que no te importe si ganas o no ganas, nada más que para que te conozcan”. Y ganaba todos los concursos. Y yo: “Ay, a ver si no me clasifican…” Y él: “Venga, que tienes que presentarte”. Hasta que ya llegó un momento en que me dijo Antonio [Pulpón]: “Mira, te voy a presentar en el concurso de Mairena del Alcor”. Y digo: “Ay, por Dios, que ese concurso es muy importante, que ahí va la gente que sabe mucho…” Total, que me presento en Mairena y me dan el premio a los cantes de compás.
Y ya, pues nada, dice Pulpón: “Venga, pues ahora el Nacional de Córdoba”. Ay, otra vez malísima. Ay, Córdoba, por Dios, Córdoba… Vamos a ver… Estaban José el de la Tomasa, el Pele, había un montón de gente… Digo: “¿Qué voy a hacer yo aquí?”… ¡Que me dieron el premio de Enrique el Mellizo, en los cantes de Cádiz! Así que ya mi trayectoria fue… Pulpón me dijo: “Ya, déjate de concursos, ¿eh? Que ya no hay más concursos. Ya, a trabajar”.
Entonces, ya empezó a meterme en las peñas flamencas, de las peñas a los festivales… y, gracias a Dios, no he parado hasta el año de la pandemia, que me hice cargo de mis padres, ya muy mayores, y los he estado cuidando hasta el día de hoy, y hace un año que se murió mi padre, y ya yo cerré mi boca y no he vuelto a cantar más.
Cuando me llamaron ustedes, digo: “Si ya yo no canto, mujer, si ya ni en la ducha siquiera, yo ya no canto». Además, la garganta es un músculo que, si no entrena, se va… Y muchísimo miedo que he tenido siempre. Pero, bueno, tratándose de la peña Torres Macarena, que tengo unos recuerdos inolvidables, porque siempre me han tratado con muchísimo cariño, me han traído muchas veces, y la verdad es que ya se me resistía el decir que no… y digo: “Pues venga, pero ya la despedida, ¿eh? Ya se acabó”.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.
P: Volviendo un poco a aquellos tiempos, según cuentas, fue tu marido el que te empujó a hacerte artista…
R: Sí, por mi marido fui artista.
P: Es un caso raro, pues en aquella época solía ser al contrario.
R: Era al contrario… Pues él me empujaba y me apuntaba a los sitios, y yo: “Chiquillo, que yo no tengo carácter…” Más tímida y más cortada que las mangas de un chaleco, cortísima… Y el día aquel de Moguer, me tuvo que subir al escenario Manolo Rubio y sentarme en la silla, del ataque de nervios que yo tenía, las piernas eran… que no podía ni andar. A mí me ha dado siempre mucho respeto el público, y siempre con ese miedo y esa cosa. Luego no he escapado mal, la verdad.
P: Y tenías también un hermano que te acompañaba a los sitios y te apoyó mucho, tu hermano Rafael, ¿verdad?
R: Mi hermano Rafael también me ha acompañado a muchos sitios y, ya cuando me quedé sola, que yo me separé por otras circunstancias, mi hermano me acompañaba, me han acompañado mis yernos, me han acompañado mis hijas… Porque ya entonces me lo tuve que tomar en serio y digo: “Yo tengo que llevar mi casa y a mis hijas para delante, y tengo que luchar”.
P: No tuvo que ser fácil, en aquel tiempo, dedicarte a trabajar y cuidar de la familia.
R: No, no fue fácil; pero, gracias a Dios, soy una persona fuerte y he tenido a mis compañeros, los artistas con los que he trabajado han sido formidables. Chano Lobato me daba siempre mucho ánimo, lo mismo que el Lebrijano, que Menese… Todos los compañeros siempre me han apoyado mucho… y las bailaoras… Pepa Montes, que me ponía… “Chiquilla, ven para acá, que te voy a poner ese mantón con arte”. Y me ponía ella el mantón. “Anda, mira qué flamenca estás”. Me han ayudado mucho, la verdad, me he sentido muy arropada porque en aquel entonces, cuando yo salí, había muy pocas mujeres. Estaban María Vargas, la Paquera de Jerez…
P: Y las mayores, Fernanda, Bernarda…
R: Y ya, claro, ya mayores, y yo entre medio. Ya luego vino Carmen Linares, luego vino Aurora Vargas, ya vinieron más, pero yo me veía en los festivales sola.
P: De hecho, en el año 1983, que es cuando ganaste el Concurso Nacional de Córdoba, que fue un impulso muy grande para tu carrera, he hecho el recuento de los artistas que participaron en los festivales flamencos, según la guía que se publicaba entonces, y tú eres la cantaora mujer que participó en más festivales. También hay que decir que un 88% de las actuaciones que hubo ese año, según esa guía, fueron de hombres y solo un 12% fueron de mujeres. Entre ellas estabas tú, con once festivales. Después venían la Paquera con siete, Fernanda y Bernarda con seis, y la Susi con cinco. Entre las bailaoras, destacaban Manuela Carrasco, también con once actuaciones, y Pepa Montes, con seis.

Con Tina Pavón, al finalizar el acto de reconocimiento. Foto: Kiko Valle.
¿Cómo fue esa experiencia del Concurso Nacional de Córdoba?
R: Como todos concursos… Iba insultadita y, además, con la gente que se presentaba… Me dieron mucho ánimo… Me acompañó Manolo Domínguez, el Rubio, que fue un guitarrista con el que estuve muchísimo tiempo, y bueno, muy bien. Yo estaba muy nerviosa, porque digo: “Mira, yo me lo voy a tomar ya un poquito… porque si no, voy a morir con tantos nervios”.
Estábamos hospedados en el Maimónides, en Córdoba, y salimos a la cafetería, y me viene Amós Rodríguez, el hermano del Beni de Cádiz, y me dice: “¿Qué pasa, paisana?” Y digo: “Uf, aquí estoy yo, que no sé qué va a pasar”. Y digo: “Hombre, me da igual; si no me dan premio, no me dan premio, yo ya salí del concurso”. Y dice: “No te puedo decir nada, pero te voy a decir que un premio te vas a llevar”. Y digo: “Anda ya, déjate de pitorreo, hombre… Me voy a llevar yo un premio, con los pedazos de artistas que se están presentando”. Y él: “Que te digo que un premio te vas a llevar, que no puedo decir nada, que me lo tienen prohibido”. Y, efectivamente, me dieron el premio a los cantes de Enrique el Mellizo.
P: En ese concurso también cantaste por granaína, aunque ese premio no lo ganaste, ¿verdad?
R: No lo gané. Porque mi marido me apuntaba a todos los grupos, hija mía. Había los grupos de los cantes de Levante, los cantes de Cádiz… y él me apuntaba a todos los grupos y, claro, tuve que hacer todos los cantes…
P: Has mencionado a Manolo Domínguez, el Rubio. ¿Qué recuerdos tienes de él?
R: Me da mucha alegría volver a escuchar sus falsetas. Tenía una sensibilidad en esos dedos, que parecía que no pulsaba las cuerdas en algunos momentos, que a mí me transmitía muchísimo, muchísimo arte. Era sensacional, era un guitarrista fenomenal. Tenía una cosita muy especial.
P: En esa época, como hemos comentado, las cantaoras erais una minoría y además las peñas han sido tradicionalmente unos espacios muy de hombres… ¿Cómo se sentía una mujer ahí?
R: Pues te puedes imaginar, ¿no? Te puedes imaginar, porque eran cantaores ya hechos, eran mayores que yo y estaban hartos de cantar en todos los sitios, y yo estaba dando mis primeros pasitos, con muchísimo miedo, porque no quería quedar en ridículo… no a la altura de ellos, que era ya pedir demasiado, pero yo ponía todo mi corazón para que el nombre de la mujer, por lo menos, saliera digno. Ponía el corazón y el alma. Y tuve mucho apoyo de ellos, porque me animaban muchísimo. Además, yo estaba allí sola y siempre me decían: “¿Qué pasa, cómo estás de ánimos?» «Venga, que la vas a liar, que no sé cuánto…” Y me daban muchísimo ánimo, la verdad es que sí. Eran unos compañeros preciosos.
P: Te sentiste, entonces, bien arropada.
R: Muy bien arropada, la verdad es que sí. Canté muchísimas veces con ellos. Ya te digo, era raro el festival en que no estaba yo con ellos.
P: Te han comparado mucho con Pastora Pavón, la Niña de los Peines.
R: ¡Siempre! “Tu cante no vale nada, porque tú imitas a la Niña de los Peines, porque esto es una copia y las copias no valen nada…” Otro me decía: “Tú no te apartes de lo de Pastora, porque ahí es donde tú haces tus cosas…” Aparte de cantar las cosas de la Niña de los Peines, yo también le ponía mis cositas… Y era mi escuela, porque yo había aprendido, ya una vez que me lo tomé en serio… ¿A quién me arrimo? Pues a la más grande, a la Niña de los Peines. Y unos me criticaban porque decían que yo copiaba, otros… En fin, había de todo, pero generalmente todo el mundo me acogió muy bien. Eso fueron puntaditas ahí, a las que yo no echaba cuenta siquiera.
P: Siempre tiene que haber de eso, ¿no?
R: Sí, siempre hay detractores y gente que… Había de todo, pero, bueno… Yo era lo que sabía y era lo que ofrecía. Al que le guste bien y al que no, pues lo siento. ¿Qué vamos a hacer?

Tina Pavón, en el recital que siguió a la entrevista. Foto: Kiko Valle.
P: ¿Aparte de Pastora, qué otros referentes importantes ha habido en tu cante?
R: Bueno, pues todos, porque cuando yo ya vi que tenía que irme para delante y luchar, me llevaba hasta las tres y las cuatro de la mañana escuchando a todo el mundo, a Manuel Torre, a los cantaores de Cádiz… Aprendí de todos, de todos. Ya luego le pones tú tus cosas, sin darte cuenta, porque tú, cuando estás cantando, no estás pensando en el cantaor… sino que estás pensando en esa letra… Ya tienes una referencia de lo que es el cante y entonces ya sacas tus quejíos y tus cosas, donde tú vas sintiendo.
P: Le vas dando tu personalidad, digamos.
R: Exactamente. No sé si lo conseguí en algunos momentos o no, pero cuando yo canto no pienso nada más que en lo que estoy cantando y trato de hacerlo de corazón, y cuando lo hago de corazón, este es el que manda y el que me dice: “Aquí te tienes que quedar” o “aquí no”. Y eso es el cante.
P: En ese año 1983 también se produjo otro hito digno de reseñar, la creación de la Peña Flamenca Femenina de Huelva, de la que tú fuiste fundadora junto con otras doce mujeres. ¿Qué puedes contarnos de esa experiencia?
R: En la Peña Flamenca de Huelva no entraban las mujeres, que me vinieron muchas veces para que yo diera un recital y digo: “Yo no le canto a soldados. Cuando entren las mujeres, entonces canto yo. Y voy a cantar de balde, pero tienen que entrar las mujeres”. Y no fui.
Entonces surgió la idea de fundar la peña femenina y vino una señora a mi casa y me dijo: “Mira, Tina, que vamos a fundar una peña, la peña de las mujeres, para nosotras tener también nuestro cante y poder disfrutar del flamenco”. Y digo: “Pues me parece una idea preciosa y, además, que salga de las mujeres”. Y dice: “Es que nos gustaría que tú formaras parte de la peña”. Y digo: “Pues yo, encantada; yo formo parte”.
P: Siempre has sido admirada por personas muy importantes en el mundo del flamenco. Por ejemplo, a Antonio Mairena he leído que se le cayeron dos lagrimones escuchándote…
R: ¿De eso cómo te has enterado tú?
P: He leído mucho para documentarme y la verdad es ya no sé dónde lo he leído…
R: Bueno, eso fue la primera vez que el Sordo, José Domínguez Carrasco, a quien le debo muchísimo, el que me llevó a la casa de discos Belter, el que me hizo las letras de los discos… Bueno, fue tremendo. Mi primo Agustín me dice: “Agustina, mira, vente a Sevilla”, a la emisora de radio en que estaba Rafael Belmonte entonces, que tenía un programa de flamenco… Dice: “Va a estar Antonio Mairena y yo quiero que Antonio te conozca… Vente conmigo”. Y me fui a la emisora.
Mi primo llamaría a Manolo Domínguez, porque yo no lo llamé, y se presentó Manolo con la guitarra. Estuvimos en la tertulia, y dice Antonio: “Bueno, a mí me ha dicho tu tío Agustín que tú cantas muy bien y yo te quiero escuchar”. Y digo: “Ojú, ya me entraron los nervios, ya me entró el ataque”. Y dice: “Bueno, ¿qué vas a cantar? Hazme una cosita”. Y, fíjate la ignorancia, digo: “Vamos a cantar por seguiriyas”. Mira, él se quedó un poquito sorprendido. Hizo con la guitarra la falseta y salgo yo… Yo no lo vi, pero, según Manolo Domínguez, Antonio Mairena… con los ojos desencajados, cuando yo hice nada más que la salida de la seguiriya. Empecé a cantar y, según dijeron allí, a Antonio se le saltaron las lágrimas, del sentimiento con que yo había cantado por seguiriyas y, cuando salimos, dice: “Bueno, ¿a ti quién te ha enseñado los cantes de mi prima Pastora?” Y ya le expliqué yo que… por mi abuela… y ya después por los discos, y tal.

Tina Pavón, al recibir el reconocimiento. Foto: Kiko Valle.
Cuando yo grababa los discos, la maquetita que hacíamos se la llevaba a su casa. “Antonio, mire usted, que quiero…” Y él: “Tú ven a mi casa cuando tú quieras”. Me fui para allá con mi marido y digo: “Antonio, me dice usted la verdad. ¿Esto está como para grabarlo o no está para grabarlo?” Y entonces me dijo estas palabras: “Mira, está digno, porque la maqueta está digna, has hecho los cantes como son, pero tú vas a cantar bien cuando tengas de cincuenta años para delante”.
Digo: “Ojú, Antonio, ¿tanto hay que esperar?” Dice: “Cuando la vida te haya dado los palos que nos da a todo el mundo, entonces vas a cantar con ese sentimiento; porque tú estás cantando ahí porque te sabes la letra, y tú cantas y ya está… pero tú tienes que cantar de corazón y sentir. Eso es lo único que yo le veo a la maqueta, pero que lo puedes grabar perfectamente porque los palos están ortodoxamente cantados”.
Claro, cuando me dijo eso, cuando me fui a la Belter, eché allí hasta el hígado… Yo ya, venga, sintiendo… Y me acuerdo de que fui una vez que tenía a mi hija Esther, que de chiquitita padecía de bronquitis asmática, pues estuvo muy malita… y Carrasco me hizo una letra por seguiriyas, que la tengo grabada en el disco, y me puse a cantar la letra y, cuando se enteró de que yo había dejado a mi niña malita, y me fui a la Belter a Barcelona dejándola malita… Yo iba fatal, y me dice: “Trae para acá, quita la letra esa”. Y me hizo en el momento una letra alusiva a mi niña.
Y el Chozas, que estaba allí, que también vino a grabar a la Belter, dice: “Esto es para darse chocazos, cómo ha cantado esa seguiriya”. Y digo: “Porque he estado pensando en mi niña, y ahora me acuerdo de lo que me decía Antonio Mairena”. Y es verdad, la vida te da cosas que van sacando esos sentimientos, y de mayor la vida te da los palos que te da, y eso… No se canta igual, se canta con otro sentimiento.