Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Bienal de Sevilla 2026: una mirada crítica desde la perspectiva de género

Recién clausurada la XXIV edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla, toca hacer balance. Como cada dos años, la dirección del magno festival cuantifica la recaudación obtenida, el número de personas asistentes y el porcentaje de ocupación media de los espectáculos; estudia su repercusión en los medios de comunicación y su impacto turístico en la ciudad. Tras varias semanas de frenética actividad, distintos profesionales de la crítica también suelen detenerse a evaluar el desarrollo del evento en su conjunto, haciendo hincapié en sus debilidades y ofreciendo sugerencias de mejora.

Sin embargo, en todos esos análisis se echa en falta un aspecto que a nadie parece interesar, aunque no es en absoluto baladí: el enfoque de género. De hecho, las Administraciones públicas de Andalucía tienen el mandato legal de promover la presencia equilibrada de mujeres y hombres en la oferta artística y cultural pública, y el Plan Estratégico de Igualdad entre Mujeres y Hombres (2022-2026) del Ayuntamiento de Sevilla contempla entre sus objetivos estratégicos el de incluir la perspectiva de género en todas las actuaciones que emanen de sus diferentes áreas.

Un primer vistazo a la vasta programación general de la Bienal de Sevilla de este año, cuajada de grandes figuras de lo jondo en todas sus disciplinas ーcante, baile, toque de guitarra y otros instrumentosー, puede dar la impresión de que hombres y mujeres han tenido una presencia más o menos equilibrada. No obstante, un recuento pormenorizado del número de intervenciones artísticas individuales incluidas en los más de sesenta espectáculos programados arroja datos muy elocuentes, que se alejan bastante de la equidad.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

En términos generales, de las casi quinientas interpretaciones contabilizadas, solo un 24% han correspondido a mujeres, frente a un 76% de hombres. Estas cifras no distan demasiado de las de anteriores ediciones de la Bienal, que en su día también analizamos. Concretamente, en las de 2018, 2022 y 2024 el porcentaje global de féminas se situó siempre entre un 21% y un 28%.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

Por especialidades, la mayor representación femenil la encontramos en el terreno del baile, con un 55%, seguido por el del cante, con un 35%. Los ámbitos más masculinizados son los de la guitarra, y la percusión y palmas, con solo un 5% y un 6% de mujeres respectivamente, mientras que en el apartado de otros instrumentos, su presencia no pasa del 16%.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

Estos números son el reflejo de una desigual división sexual del trabajo que se viene perpetuando desde los albores del género flamenco, y que ya quedó patente en el estudio en el que Cristina Cruces comparaba los datos de la Bienal de Sevilla de 2014 con la distribución por sexo de los artistas incluidos por Fernando el de Triana en su libro Arte y artistas flamencos, de 1935. Según Cruces, el 41% de las más de trescientas figuras de finales del siglo XIX y primer tercio del XX que aparecen en este volumen son mujeres, que se sitúan preferentemente en la esfera de la danza, con un 72% de representación frente a un 28% de hombres. En el cante las proporciones se invierten, con un 76% de hombres y un 24% de mujeres, mientras que en la guitarra, la presencia femenina no supera el 2%.

Ese dispar reparto de roles y funciones hunde sus raíces en el pensamiento binario patriarcal, que atribuye a hombres y mujeres hábitus de género diferenciados, y reserva para los varones aquellas actividades más prestigiosas y lucrativas, que, en el caso del arte jondo, serían el cante ーque implica un dominio de la palabraー y el toque de guitarra ーque requiere un conocimiento técnico y musicalー. A las féminas les correspondería el baile, que se ejerce con el propio cuerpo y las convierte en objeto de deseo para el disfrute de los espectadores.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

Volviendo al estudio que nos ocupa, en la Bienal de 2026 se aprecia un decremento de la tradicional sobrerrepresentación femenina en el ámbito coreográfico, en el que prácticamente puede hablarse de paridad, con un 55% de intervenciones de mujeres frente a un 45% de actuaciones de hombres. Esta misma tendencia ya se ha venido observando en ediciones anteriores del festival, como las de 2018 y 2024.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

La disección de estos datos no solo indica que los varones han ido ganando terreno en la esfera del baile, sino que los sitúa en las posiciones de mayor poder y prestigio: entre las figuras titulares de los espectáculos, representan el 47%; y en el apartado de colaboraciones y artistas invitados incluso superan a las mujeres, con una representación del 56%. En el otro lado de la balanza, los cuerpos de baile han estado constituidos en un 77% por figuras femeninas.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

En el apartado del cante la Bienal de este año sigue el mismo rumbo que las anteriores, con un 35% de representación femenina frente a un 65% de actuaciones de varones ーen 2022 la cuota de mujeres ascendió al 36%, mientras que en 2018 y 2024 no pasó del 28%. Si nos centramos en las primeras figuras de los espectáculos, los datos resultan algo más positivos, con un 41% de féminas. En contrapartida, en el cante de atrás y en los coros la presencia femenil ha resultado bastante más exigua, con un 25% y un 19% respectivamente.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

Las causas de esa exclusión, que ha sido una constante en la historia del arte jondoーbasta con echar un vistazo a los carteles de la ópera flamenca o de los festivales veraniegos, tanto del pasado como de la época actual, para constatarloー, nada tienen que ver con una falta de calidad o preparación de las cantaoras. Probablemente guarden más relación con ciertas ideas preconcebidas y carentes de fundamento, como la supuesta existencia de cantes de hombres y cantes de mujeres. En la obra antes mencionada, Fernando el de Triana designaba a los primeros con el término “cantes machunos”, que hacía referencia a aquellos estilos que, por su solemnidad y dificultad, supuestamente no resultan adecuados para las voces y el talento femeninos.

Tampoco juegan a favor de las cantaoras elementos tan consustanciales al flamenco como la propia guitarra. Teniendo en cuenta que incluso la investigación médica tradicionalmente ha tomado como objeto de estudio el cuerpo del varón, no debe parecer extraño que la sonanta haya sido pensada y construida para amoldarse a las voces masculinas, por lo que la adaptación a determinadas tonalidades propias de las féminas puede poner en un aprieto a más de un tocaor.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

Es precisamente el ámbito de la sonanta el que desde hace décadas ha permanecido más infranqueable para las mujeres. En las cuatro ediciones de la Bienal analizadas su presencia ha sido meramente testimonial, y el 5% de la de 2026 no hace albergar grandes esperanzas, pues solo una de las cinco tocaoras contabilizadas es realmente una guitarrista, María Marín, mientras que las otras cuatro son cantaoras que en un momento determinado de su actuación se acompañaron a sí mismas con la bajañí.

Las razones de esta ausencia pueden asociarse a distintos factores, como los manidos clichés que achacan a las mujeres la carencia de ciertos atributos supuestamente imprescindibles para tocar la guitarra, como la fuerza o el sentido del compás ーcualidades, por otra parte, de sobra contrastadas en el caso de las bailaorasー; o el rol de mánagers y directores artísticos tradicionalmente ejercido por los tocaores, funciones estas relacionadas con el control de la economía ーy no precisamente la domésticaー, que hay quienes no consideran apropiadas para las féminas. Todos estos condicionantes conducen a un círculo vicioso: con el pretexto de que no están preparadas, se obstaculiza el acceso de las mujeres a los escenarios, y de este modo se limita su formación práctica y se ponen trabas a su desarrollo profesional.

En lo que se refiere a las ejecutantes de otros instrumentos, que ascienden a un 16% frente a un 84% de hombres, cabe destacar que la mayor presencia femenina la encontramos en el grupo de los cordófonos de cuerda frotada ーviolín, viola y violoncheloー, lo que contrasta con su ausencia en el ámbito de los instrumentos de viento, el piano y los teclados.

Se podría profundizar mucho más en los motivos de esas desigualdades de género, que en pleno siglo XXI ya no parecen de recibo, mas esa labor excede de los objetivos de este artículo, que no pretende sino visibilizar una situación, pues solo a partir de la toma de conciencia se puede aspirar a cambiar la realidad.


De la idea de pureza en el flamenco, bien entrado el siglo XXI

El diccionario de la Real Academia Española define el término pureza como “cualidad de puro” ー“libre y exento de toda mezcla de otra cosa”ー y también lo identifica con la “virginidad”. Trasladado a la esfera de lo jondo y tomado en su sentido etimológico, ese término designaría a un flamenco no contaminado, anclado en su manifestación prístina, que a lo largo de sus ya casi dos siglos de historia no ha experimentado crecimiento ni evolución alguna. ¿Podría existir un arte así? Prácticamente desde los inicios del género, el debate está servido, y es precisamente esa confrontación entre lo puro y lo impuro, la vanguardia y la tradición, lo que le sigue dando vida.

En 1996, hace ahora treinta años, José Luis Ortiz Nuevo publicó su Alegato contra la pureza, una obra capital en la que reivindica el flamenco como arte libre, mestizo y con una salud de hierro, a pesar de los vaticinios agoreros de los puristas de distintas épocas, que han insistido en presentado como una criatura en vías de extinción.

Coincidiendo con esa efeméride, a fin de sondear el estado de la cuestión, he realizado una breve encuesta entre personas estrechamente vinculadas a la esfera de lo jondo, en la que he contado con la inestimable colaboración de ochenta mujeres y hombres, del ámbito del cante, el toque, el baile, la investigación, la afición y la gestión cultural, que han respondido a esta doble pregunta: ¿Cómo definirías la pureza del flamenco y qué importancia le concedes?

Las respuestas obtenidas reflejan una clara división entre quienes vinculan la pureza a la transmisión emocional o a la tradición, sin negar la evolución; y quienes la consideran una falacia o un concepto artificial; mientras que solo una minoría la asocia con la esencia o lo innato. Las categorías identificadas responden a la necesidad de sistematizar la información recopilada, lo que no significa que sean necesariamente excluyentes.

La idea más repetida por las personas consultadas es la de la pureza como verdad, como honestidad interpretativa, como transmisión de emociones y sentimientos. Se la relaciona con la autenticidad del artista, con su capacidad de ser fiel a sí mismo, de abrirse en canal, de expresar un sentimiento que brota directamente desde el corazón y logra conmover al receptor, despertar una emoción, hacer que surja el duende.

En segundo lugar, y con un número ligeramente inferior de adhesiones, destaca la noción de pureza como raíz, como herencia recibida y conocimiento de la tradición y la historia; como respeto de los códigos y los cánones principales del flamenco. Buena parte de quienes sostienen este planteamiento hacen suya la idea expresada por el poeta Juan Ramón Jiménez en su conocido aforismo “raíces y alas”, al considerar que el arraigo en la tradición no debe limitar el crecimiento y la evolución en libertad, puesto que el flamenco es un arte vivo.

Frente a estas dos posiciones, que recogen el sentir de más de la mitad de las personas informantes, casi un tercio de la muestra encara la idea de pureza en el flamenco con una actitud más crítica o combativa. Por una parte, hay quienes niegan categóricamente su existencia o la consideran una utopía, por entender lo jondo como un arte impuro, mestizo e indefinible, que es el resultado histórico de una enorme amalgama de culturas, músicas e influencias diversas. Por otra, hay quienes la definen como una construcción ideológica, social o de mercado; como un pseudoconcepto, una invención o un canon cambiante según la época; como una herramienta de poder y marketing empleada para excluir o revalorizar determinados productos culturales.

El resto de la muestra ーen torno a un quince por cientoー se decanta por alguna de estas tres opciones, todas igualmente minoritarias: en primer lugar, la pureza entendida como lo natural, lo innato, lo primitivo, lo ancestral, que algunas personas identifican con la sangre y con lo aprendido en el seno de las familias gitanas; en segundo lugar, la pureza como ausencia de contaminación, mezcla y evolución; y, por último, la pureza en cuanto identidad o esencia. 

Por lo que respecta a la segunda parte de la cuestión planteada ー¿Qué importancia le concedes?ー, es relevante señalar que solo cuarenta y tres de las personas consultadas se han pronunciado sobre el tema. Casi la mitad de ellas afirman otorgar una importancia máxima a la pureza, entendida esta como verdad o identidad, por estimar que sin ella el flamenco pierde su sentido, su capacidad de emocionar y aquello que lo diferencia de otras músicas; y también por cuanto contribuye a la preservación del patrimonio clásico de este arte.

Un tercio de las respuestas confieren a la pureza una importancia relativa. Esas personas valoran positivamente el conocimiento de la tradición, como punto de partida, y abogan por la libertad de las nuevas generaciones para crear y experimentar, siempre desde el respeto y siguiendo la evolución natural del flamenco.

El resto de las contestaciones, casi una decena, no asignan ninguna importancia al concepto de pureza, o incluso lo consideran nocivo, por entenderlo como un juicio subjetivo o una construcción artificial que limita la riqueza expresiva del artista y alimenta discursos identitarios excluyentes.

En pleno siglo XXI, tras décadas de enfrentamiento entre defensores y detractores de la pureza, entendida esta en un sentido estricto o metafórico, el debate continúa candente y el interés que aún despierta esta cuestión evidencia, una vez más, que el flamenco está más vivo que nunca.


El Cabildo Flamenco de Archidona, un lugar al que siempre se quiere volver

Después de nueve ediciones, y a pesar de no contar con una fecha fija en el calendario, el Cabildo Flamenco de Archidona se ha convertido ya en una cita consolidada en la agenda de eventos por mor de lo jondo. Surgió en 2018 para dar continuidad a dos iniciativas puestas en marcha en los años anteriores por su fundador y alma mater, las Jornadas de presentación de la Biblioteca Flamenca de Archidona ‘José Luis Ortiz Nuevo’, “Entre medias”, celebradas en agosto de 2016, y el curso de verano La Década Prodigiosa (1860-1969). El Big-Bang de lo Flamenco, auspiciado por la Universidad de Málaga en el mes de julio de 2017.

Viernes tres de julio, en la antesala del 9ª Cabildo Flamenco.

Viernes tres de julio, en la antesala del 9ª Cabildo Flamenco.

El que nació y sigue siendo un evento modesto, en el transcurso de estos años ha tenido que ir sorteando no pocas dificultades, como las derivadas de la búsqueda de apoyo institucional en momentos de cambio político o la horrible pandemia del coronavirus, que obligó a celebrar su tercera edición a puerta cerrada, para su posterior retransmisión a través de YouTube.

La de este año, buscando darle un aire más fresco en consonancia con la temática abordada ーla conmemoración del treinta aniversario del Alegato contra la purezaー, se ha desarrollado en una nueva ubicación, que ha permitido compaginar la música y las sesiones de estudio con el baño en una estupenda piscina y la contemplación de la puesta de sol sobre la icónica peña de los Enamorados.

Archidona Sunset, lugar de celebración del 9º Cabildo Flamenco.

Archidona Sunset, lugar de celebración del 9º Cabildo Flamenco.

Mas no ha sido ese el único privilegio del que hemos podido disfrutar. La grandeza del cabildo, más allá de su impulso del pensamiento y el debate, y su excelente programa de actuaciones ーsiempre rico y variado, siempre atento a las propuestas innovadoras y comprometido con el talento de la tierraー, reside en la convivencia, en la posibilidad de compartir momentos de goce, risas, charla o reflexión; en definitiva, en sentirse por unos días parte de esa gran familia que con tanto cariño nos acoge.

El maestro José Luis Ortiz Nuevo es la fuente de inspiración y el pegamento aglutinador de quienes año tras año peregrinamos a su pueblo en busca de esa recarga de vida e inquietudes que siempre nos hace querer regresar. Cualquier conversación con él equivale a una clase magistral y lo mismo puede afirmarse de Gualberto García, que sin duda ha sido la gran revelación de este año. Ambos personifican esa sencillez que solo tienen los más grandes.

Sábado cuatro de julio, mesa redonda.

Sábado cuatro de julio, mesa redonda en torno al Alegato contra la pureza.

Mas el cabildo no existiría sin ese gran equipo de personas ーcon José Luis Solís y Ana Pastrana a la cabezaー que se dejan la piel para que todo funcione a la perfección, que hacen magia con los números y logran convertir en realidad lo que parecía imposible, siempre con una sonrisa y una palabra amable. 

Y tampoco sería lo mismo sin ese núcleo de asiduos y asiduas con quienes siempre es grato coincidir, y a quienes se echa de menos cuando no están… ¡Larga vida al cabildo y larga vida al maestro!

Sábado cuatro de julio, tras la mesa redonda.

Sábado cuatro de julio, tras la mesa redonda.

 

Electroverdiales, con Rocío la Boterita. y Alejandro Lévar.

Electroverdiales, con Rocío la Boterita. y Alejandro Lévar.

 

Kiki Morente.

Kiki Morente.

 

Ravecalé y Soleá Gatica.

Ravecalé y Soleá Gatica.

 

Gualberto y Ana Pastrana.

Gualberto y Ana Pastrana.

 

Kiko Veneno.

Kiko Veneno.

 

Chiveca.

Chiveca.

 


Tina Pavón: «Cuando yo canto, trato de hacerlo de corazón»

Tina Pavón es una de las grandes maestras del cante de nuestro tiempo. Nacida en San Fernando en 1948, desde pequeña se empapó de los estilos gaditanos, en las voces de su abuela y de sus tíos. Tras un breve paso por Jerez de la Frontera, terminó instalándose en Huelva, y allí se subió por primera vez al escenario en la peña flamenca de Moguer.
En 1981 fue merecedora del Premio Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena y en 1983 se coronó en el Concurso Nacional de Córdoba, donde fue la primera mujer en conseguir el Premio Enrique el Mellizo por su interpretación de los cantes de Cádiz. Ese fue el impulso definitivo que la hizo convertirse en una de las cantaoras más solicitadas en los festivales flamencos de los años ochenta y noventa.
Ha actuado en peñas de toda Andalucía y se ha anunciado en grandes eventos, como la Bienal de Sevilla. En la edición de 1992 participó en el espectáculo Al son de tres por cuatro, dirigido por Pedro Bacán, y en 1994 intervino como cantaora en el montaje Réquiem Flamenco de la Compañía Andaluza de Danza, que se representó en distintos escenarios bajo la batuta de Mario Maya.
En los años ochenta Tina Pavón grabó tres LPs de flamenco clásico, en los que registró una treintena de cantes diferentes, pasados por el tamiz de su personalidad cantaora. También cuenta con un disco de sevillanas y otro de canción andaluza; y en su obra más reciente, Luz de alba, de 2003, presta su voz a una selección de poemas de Juan Ramón Jiménez.
Tina Pavón es una cantaora completa y versátil, con un admirable dominio del compás. Su cante está habitado por los ecos de la Niña de los Peines, tiene el sabor a sal de su tierra gaditana, y la maestría que brota del estudio constante y de un inmenso amor al flamenco.
El pasado doce de octubre la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla le tributó un merecido reconocimiento que comenzó con una entrevista, en la que nos regaló el valioso testimonio que a continuación recogemos. Pasen y lean…

Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: Naciste y te criaste en San Fernando, una tierra muy flamenca, y en una familia con mucho arte. ¿Qué recuerdos tienes de esa época y del surgimiento de tu vocación artística?

R: Pues mira, mis padres por nada del mundo querían que yo fuera artista ni yo se lo propuse, porque mi intención nunca fue ser artista. En mi casa había buenísimos aficionados, empezando por mi abuela Manuela, que hacía sus cantes por bulerías, y la primera vez que yo escuché la seguiriya de Manuel Torres se la escuché a ella siendo yo muy chiquitita.

Ella se sentaba en un patio que tenía, muy bonito, en una casa preciosa con una montera de cristales; se ponía a hacer su crochet y a mí me ponían en un ropón muy grande que tenían de trapillo en el suelo, yo chiquitita gateando, y ella hacía sus cantes. Ya, cuando fui mayorcita, le fui escuchando los cantes. “Era un día señalaíto de Santiago y Santa Ana”… Eso lo cantaba mi abuela. Yo no sabía ni quién era Manuel Torres, ni nada de eso.

Por parte de madre también tenía una tía que cantaba de maravilla, tenía una voz que era una preciosidad, era terciopelo, tenía un jilguero en la garganta, pero no fue nunca artista ni pasó por su imaginación.

La familia de mi abuela eran todos salineros, capataces de salina. Entonces se hacía la fiesta de los esteros, una fiesta grandísima. Asaban el pescado en la sapina, una hierba que cría la salina, y luego se hacía una fiesta que duraba tres días o más, porque cantaba mi abuela, cantaba el padre de mi tío Agustín Benítez, que está muy vinculado también al flamenco… cantaban nada más que en familia.

La única que sacó los pies del plato fui yo, porque me escucharon en la Peña de Cante Jondo de Moguer, en la inauguración. Estaba mi primo Agustín Benítez ーque en realidad es mi tío, pero le digo primo porque es casi de la edad míaー, estaban Manolo Mairena, Luis Caballero, Naranjito de Triana… En fin, había una serie de artistas y el presentador era Manolo Rubio, que tenía una agencia de contratación en Huelva y vivía muy cerca de mí. La ventana de mi cocina daba a la oficina de él y algunas veces me escuchaba, pero no sabía quién era yo.

Entonces, cuando mi primo Agustín le habló de mí, le dice: “Hombre, pero si yo la escucho, yo escucho a una señora cantando por la ventana algunas veces. No me digas que es sobrina tuya y canta. Pues ahora mismo le digo que suba al escenario”.

Me anuncia Manolo Rubio: “Aquí hay una señora que se llama… ーEntonces me decían Agustinaー Agustina, sobrina de Agustín Benítez, y va a subir a hacer unos cantes”.

Yo casi me muero. Cuando me dijo eso, me entró un ataque de nervios tan grande, mira… un dolor de estómago, y qué malita, y… “Primo, ¿tú por qué haces esto? Si yo canto en casa, pero no estoy acostumbrada a subirme…” Y va Naranjito de Triana y dice: “Cuando tu primo Agustín dice que tú cantas es porque cantas, y yo te voy a acompañar a la guitarra”. Y fue Naranjito de Triana el que me acompañó por vez primera a cantar en un escenario en la Peña de Cante Jondo de Moguer.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Ahí estaba Pulpón y, en cuanto me escuchó, en seguida le dijo a mi marido: “Mira, es una pena que esta mujer no cante”. Y mi marido se encendió: “Ea, pues venga, ya está, venga, a los concursos”. Y yo, con vomiteras y la mar de malita que me ponía, porque él me apuntaba a los concursos y me decía: “Oye, que te han clasificado, que tú vas al concurso”. ¡Ay, madre mía de mi alma!

Entonces, como a mí me ha gustado tantísimo el flamenco, que en mi época no había una emisora que no tuviera un programa de flamenco, yo encendía mi radio, buscaba las emisoras y me empapaba de todos los cantes.

Claro, cuando me subo al escenario aquel día, me dice Naranjo: “¿Tú qué vas a cantar?” Y digo: “Pues yo qué sé, cualquier cosa, soleá por bulería”. Y me dice Manolo Mairena: “¿Ha dicho algo la niña? Soleá por bulería. ¡Anda!” Así que subí y aquello fue… porque nadie esperaba que yo sacara la voz de la Niña de los Peines cantando soleá por bulería, que yo tengo mucho eco, muchos tonos muy parecidos a la Niña, además de que yo muero con Pastora… Y nada, pues ya de ahí… Venga, a los concursos.

Me dijo Pulpón: “Mira, te voy a presentar en todos los concursos de toda Andalucía para darte a conocer. Que no te importe si ganas o no ganas, nada más que para que te conozcan”. Y ganaba todos los concursos. Y yo: “Ay, a ver si no me clasifican…” Y él: “Venga, que tienes que presentarte”. Hasta que ya llegó un momento en que me dijo Antonio [Pulpón]: “Mira, te voy a presentar en el concurso de Mairena del Alcor”. Y digo: “Ay, por Dios, que ese concurso es muy importante, que ahí va la gente que sabe mucho…” Total, que me presento en Mairena y me dan el premio a los cantes de compás.

Y ya, pues nada, dice Pulpón: “Venga, pues ahora el Nacional de Córdoba”. Ay, otra vez malísima. Ay, Córdoba, por Dios, Córdoba… Vamos a ver… Estaban José el de la Tomasa, el Pele, había un montón de gente… Digo: “¿Qué voy a hacer yo aquí?”… ¡Que me dieron el premio de Enrique el Mellizo, en los cantes de Cádiz! Así que ya mi trayectoria fue… Pulpón me dijo: “Ya, déjate de concursos, ¿eh? Que ya no hay más concursos. Ya, a trabajar”.

Entonces, ya empezó a meterme en las peñas flamencas, de las peñas a los festivales… y, gracias a Dios, no he parado hasta el año de la pandemia, que me hice cargo de mis padres, ya muy mayores, y los he estado cuidando hasta el día de hoy, y hace un año que se murió mi padre, y ya yo cerré mi boca y no he vuelto a cantar más.

Cuando me llamaron ustedes, digo: “Si ya yo no canto, mujer, si ya ni en la ducha siquiera, yo ya no canto». Además, la garganta es un músculo que, si no entrena, se va… Y muchísimo miedo que he tenido siempre. Pero, bueno, tratándose de la peña Torres Macarena, que tengo unos recuerdos inolvidables, porque siempre me han tratado con muchísimo cariño, me han traído muchas veces, y la verdad es que ya se me resistía el decir que no… y digo: “Pues venga, pero ya la despedida, ¿eh? Ya se acabó”.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: Volviendo un poco a aquellos tiempos, según cuentas, fue tu marido el que te empujó a hacerte artista…

R: Sí, por mi marido fui artista.

P: Es un caso raro, pues en aquella época solía ser al contrario.

R: Era al contrario… Pues él me empujaba y me apuntaba a los sitios, y yo: “Chiquillo, que yo no tengo carácter…” Más tímida y más cortada que las mangas de un chaleco, cortísima… Y el día aquel de Moguer, me tuvo que subir al escenario Manolo Rubio y sentarme en la silla, del ataque de nervios que yo tenía, las piernas eran… que no podía ni andar. A mí me ha dado siempre mucho respeto el público, y siempre con ese miedo y esa cosa. Luego no he escapado mal, la verdad.

P: Y tenías también un hermano que te acompañaba a los sitios y te apoyó mucho, tu hermano Rafael, ¿verdad?

R: Mi hermano Rafael también me ha acompañado a muchos sitios y, ya cuando me quedé sola, que yo me separé por otras circunstancias, mi hermano me acompañaba, me han acompañado mis yernos, me han acompañado mis hijas… Porque ya entonces me lo tuve que tomar en serio y digo: “Yo tengo que llevar mi casa y a mis hijas para delante, y tengo que luchar”.

P: No tuvo que ser fácil, en aquel tiempo, dedicarte a trabajar y cuidar de la familia.

R: No, no fue fácil; pero, gracias a Dios, soy una persona fuerte y he tenido a mis compañeros, los artistas con los que he trabajado han sido formidables. Chano Lobato me daba siempre mucho ánimo, lo mismo que el Lebrijano, que Menese… Todos los compañeros siempre me han apoyado mucho… y las bailaoras… Pepa Montes, que me ponía… “Chiquilla, ven para acá, que te voy a poner ese mantón con arte”. Y me ponía ella el mantón. “Anda, mira qué flamenca estás”. Me han ayudado mucho, la verdad, me he sentido muy arropada porque en aquel entonces, cuando yo salí, había muy pocas mujeres. Estaban María Vargas, la Paquera de Jerez…

P: Y las mayores, Fernanda, Bernarda…

R: Y ya, claro, ya mayores, y yo entre medio. Ya luego vino Carmen Linares, luego vino Aurora Vargas, ya vinieron más, pero yo me veía en los festivales sola.

P: De hecho, en el año 1983, que es cuando ganaste el Concurso Nacional de Córdoba, que fue un impulso muy grande para tu carrera, he hecho el recuento de los artistas que participaron en los festivales flamencos, según la guía que se publicaba entonces, y tú eres la cantaora mujer que participó en más festivales. También hay que decir que un 88% de las actuaciones que hubo ese año, según esa guía, fueron de hombres y solo un 12% fueron de mujeres. Entre ellas estabas tú, con once festivales. Después venían la Paquera con siete, Fernanda y Bernarda con seis, y la Susi con cinco. Entre las bailaoras, destacaban Manuela Carrasco, también con once actuaciones, y Pepa Montes, con seis.

Con Tina Pavón, al finalizar el acto de reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, al finalizar el acto de reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

¿Cómo fue esa experiencia del Concurso Nacional de Córdoba?

R: Como todos concursos… Iba insultadita y, además, con la gente que se presentaba… Me dieron mucho ánimo… Me acompañó Manolo Domínguez, el Rubio, que fue un guitarrista con el que estuve muchísimo tiempo, y bueno, muy bien. Yo estaba muy nerviosa, porque digo: “Mira, yo me lo voy a tomar ya un poquito… porque si no, voy a morir con tantos nervios”.

Estábamos hospedados en el Maimónides, en Córdoba, y salimos a la cafetería, y me viene Amós Rodríguez, el hermano del Beni de Cádiz, y me dice: “¿Qué pasa, paisana?” Y digo: “Uf, aquí estoy yo, que no sé qué va a pasar”. Y digo: “Hombre, me da igual; si no me dan premio, no me dan premio, yo ya salí del concurso”. Y dice: “No te puedo decir nada, pero te voy a decir que un premio te vas a llevar”. Y digo: “Anda ya, déjate de pitorreo, hombre… Me voy a llevar yo un premio, con los pedazos de artistas que se están presentando”. Y él: “Que te digo que un premio te vas a llevar, que no puedo decir nada, que me lo tienen prohibido”. Y, efectivamente, me dieron el premio a los cantes de Enrique el Mellizo.

P: En ese concurso también cantaste por granaína, aunque ese premio no lo ganaste, ¿verdad?

R: No lo gané. Porque mi marido me apuntaba a todos los grupos, hija mía. Había los grupos de los cantes de Levante, los cantes de Cádiz… y él me apuntaba a todos los grupos y, claro, tuve que hacer todos los cantes…

P: Has mencionado a Manolo Domínguez, el Rubio. ¿Qué recuerdos tienes de él?

R: Me da mucha alegría volver a escuchar sus falsetas. Tenía una sensibilidad en esos dedos, que parecía que no pulsaba las cuerdas en algunos momentos, que a mí me transmitía muchísimo, muchísimo arte. Era sensacional, era un guitarrista fenomenal. Tenía una cosita muy especial.

P: En esa época, como hemos comentado, las cantaoras erais una minoría y además las peñas han sido tradicionalmente unos espacios muy de hombres… ¿Cómo se sentía una mujer ahí?

R: Pues te puedes imaginar, ¿no? Te puedes imaginar, porque eran cantaores ya hechos, eran mayores que yo y estaban hartos de cantar en todos los sitios, y yo estaba dando mis primeros pasitos, con muchísimo miedo, porque no quería quedar en ridículo… no a la altura de ellos, que era ya pedir demasiado, pero yo ponía todo mi corazón para que el nombre de la mujer, por lo menos, saliera digno. Ponía el corazón y el alma. Y tuve mucho apoyo de ellos, porque me animaban muchísimo. Además, yo estaba allí sola y siempre me decían: “¿Qué pasa, cómo estás de ánimos?» «Venga, que la vas a liar, que no sé cuánto…” Y me daban muchísimo ánimo, la verdad es que sí. Eran unos compañeros preciosos.

P: Te sentiste, entonces, bien arropada.

R: Muy bien arropada, la verdad es que sí. Canté muchísimas veces con ellos. Ya te digo, era raro el festival en que no estaba yo con ellos.

P: Te han comparado mucho con Pastora Pavón, la Niña de los Peines.

R: ¡Siempre! “Tu cante no vale nada, porque tú imitas a la Niña de los Peines, porque esto es una copia y las copias no valen nada…” Otro me decía: “Tú no te apartes de lo de Pastora, porque ahí es donde tú haces tus cosas…” Aparte de cantar las cosas de la Niña de los Peines, yo también le ponía mis cositas… Y era mi escuela, porque yo había aprendido, ya una vez que me lo tomé en serio… ¿A quién me arrimo? Pues a la más grande, a la Niña de los Peines. Y unos me criticaban porque decían que yo copiaba, otros… En fin, había de todo, pero generalmente todo el mundo me acogió muy bien. Eso fueron puntaditas ahí, a las que yo no echaba cuenta siquiera.

P: Siempre tiene que haber de eso, ¿no?

R: Sí, siempre hay detractores y gente que… Había de todo, pero, bueno… Yo era lo que sabía y era lo que ofrecía. Al que le guste bien y al que no, pues lo siento. ¿Qué vamos a hacer?

Tina Pavón, en el recital que siguió a la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, en el recital que siguió a la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: ¿Aparte de Pastora, qué otros referentes importantes ha habido en tu cante?

R: Bueno, pues todos, porque cuando yo ya vi que tenía que irme para delante y luchar, me llevaba hasta las tres y las cuatro de la mañana escuchando a todo el mundo, a Manuel Torre, a los cantaores de Cádiz… Aprendí de todos, de todos. Ya luego le pones tú tus cosas, sin darte cuenta, porque tú, cuando estás cantando, no estás pensando en el cantaor… sino que estás pensando en esa letra… Ya tienes una referencia de lo que es el cante y entonces ya sacas tus quejíos y tus cosas, donde tú vas sintiendo.

P: Le vas dando tu personalidad, digamos.

R: Exactamente. No sé si lo conseguí en algunos momentos o no, pero cuando yo canto no pienso nada más que en lo que estoy cantando y trato de hacerlo de corazón, y cuando lo hago de corazón, este es el que manda y el que me dice: “Aquí te tienes que quedar” o “aquí no”. Y eso es el cante.

P: En ese año 1983 también se produjo otro hito digno de reseñar, la creación de la Peña Flamenca Femenina de Huelva, de la que tú fuiste fundadora junto con otras doce mujeres. ¿Qué puedes contarnos de esa experiencia?

R: En la Peña Flamenca de Huelva no entraban las mujeres, que me vinieron muchas veces para que yo diera un recital y digo: “Yo no le canto a soldados. Cuando entren las mujeres, entonces canto yo. Y voy a cantar de balde, pero tienen que entrar las mujeres”. Y no fui.

Entonces surgió la idea de fundar la peña femenina y vino una señora a mi casa y me dijo: “Mira, Tina, que vamos a fundar una peña, la peña de las mujeres, para nosotras tener también nuestro cante y poder disfrutar del flamenco”. Y digo: “Pues me parece una idea preciosa y, además, que salga de las mujeres”. Y dice: “Es que nos gustaría que tú formaras parte de la peña”. Y digo: “Pues yo, encantada; yo formo parte”.

P: Siempre has sido admirada por personas muy importantes en el mundo del flamenco. Por ejemplo, a Antonio Mairena he leído que se le cayeron dos lagrimones escuchándote…

R: ¿De eso cómo te has enterado tú?

P: He leído mucho para documentarme y la verdad es ya no sé dónde lo he leído…

R: Bueno, eso fue la primera vez que el Sordo, José Domínguez Carrasco, a quien le debo muchísimo, el que me llevó a la casa de discos Belter, el que me hizo las letras de los discos… Bueno, fue tremendo. Mi primo Agustín me dice: “Agustina, mira, vente a Sevilla”, a la emisora de radio en que estaba Rafael Belmonte entonces, que tenía un programa de flamenco… Dice: “Va a estar Antonio Mairena y yo quiero que Antonio te conozca… Vente conmigo”. Y me fui a la emisora.

Mi primo llamaría a Manolo Domínguez, porque yo no lo llamé, y se presentó Manolo con la guitarra. Estuvimos en la tertulia, y dice Antonio: “Bueno, a mí me ha dicho tu tío Agustín que tú cantas muy bien y yo te quiero escuchar”. Y digo: “Ojú, ya me entraron los nervios, ya me entró el ataque”. Y dice: “Bueno, ¿qué vas a cantar? Hazme una cosita”. Y, fíjate la ignorancia, digo: “Vamos a cantar por seguiriyas”. Mira, él se quedó un poquito sorprendido. Hizo con la guitarra la falseta y salgo yo… Yo no lo vi, pero, según Manolo Domínguez, Antonio Mairena… con los ojos desencajados, cuando yo hice nada más que la salida de la seguiriya. Empecé a cantar y, según dijeron allí, a Antonio se le saltaron las lágrimas, del sentimiento con que yo había cantado por seguiriyas y, cuando salimos, dice: “Bueno, ¿a ti quién te ha enseñado los cantes de mi prima Pastora?” Y ya le expliqué yo que… por mi abuela… y ya después por los discos, y tal.

Tina Pavón, al recibir el reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, al recibir el reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Cuando yo grababa los discos, la maquetita que hacíamos se la llevaba a su casa. “Antonio, mire usted, que quiero…” Y él: “Tú ven a mi casa cuando tú quieras”. Me fui para allá con mi marido y digo: “Antonio, me dice usted la verdad. ¿Esto está como para grabarlo o no está para grabarlo?” Y entonces me dijo estas palabras: “Mira, está digno, porque la maqueta está digna, has hecho los cantes como son, pero tú vas a cantar bien cuando tengas de cincuenta años para delante”.

Digo: “Ojú, Antonio, ¿tanto hay que esperar?” Dice: “Cuando la vida te haya dado los palos que nos da a todo el mundo, entonces vas a cantar con ese sentimiento; porque tú estás cantando ahí porque te sabes la letra, y tú cantas y ya está… pero tú tienes que cantar de corazón y sentir. Eso es lo único que yo le veo a la maqueta, pero que lo puedes grabar perfectamente porque los palos están ortodoxamente cantados”.

Claro, cuando me dijo eso, cuando me fui a la Belter, eché allí hasta el hígado… Yo ya, venga, sintiendo… Y me acuerdo de que fui una vez que tenía a mi hija Esther, que de chiquitita padecía de bronquitis asmática, pues estuvo muy malita… y Carrasco me hizo una letra por seguiriyas, que la tengo grabada en el disco, y me puse a cantar la letra y, cuando se enteró de que yo había dejado a mi niña malita, y me fui a la Belter a Barcelona dejándola malita… Yo iba fatal, y me dice: “Trae para acá, quita la letra esa”. Y me hizo en el momento una letra alusiva a mi niña.

Y el Chozas, que estaba allí, que también vino a grabar a la Belter, dice: “Esto es para darse chocazos, cómo ha cantado esa seguiriya”. Y digo: “Porque he estado pensando en mi niña, y ahora me acuerdo de lo que me decía Antonio Mairena”. Y es verdad, la vida te da cosas que van sacando esos sentimientos, y de mayor la vida te da los palos que te da, y eso… No se canta igual, se canta con otro sentimiento.


Entrevista a la maestra de la guitarra María José Domínguez (y II)

La segunda parte de la conversación mantenida con María José Domínguez se centró en su faceta académica y docente como guitarrista de acompañamiento en el Conservatorio Profesional de Danza de Sevilla. Pasen y lean…

 

«Yo quería papeles»

 

P: Desde muy pequeña has sido una trabajadora incansable y además has sacado tiempo para forjarte una sólida formación académica. ¿Qué motivación te llevó a matricularte en el conservatorio para hacer la carrera de guitarra clásica?

R: Yo no sé por qué, porque mis padres no tenían cultura, no sabían ni leer ni escribir, pero yo quería papeles. No sabía lo que eran, pero quería papeles. Y, claro, la guitarra flamenca no tenía. Entonces estudié guitarra clásica. ¡Ay, qué años! Hice mi carrera de guitarra clásica y, cuando salió el título de flamenco, me llamaron de la consejería para decirme que iba a empezar el superior, y yo me fui de alumna. Pensé: Ahora os vais a fastidiar y me vais a tener que enseñar, porque como son clases colectivas…

 

P: ¿Te gustó la experiencia de cursar la carrera de guitarra clásica?

R: Sí, me gustó la experiencia y te voy a decir por qué. Aprendí mucho, porque en mi época había un choque entre la guitarra flamenca y la clásica, para el clásico la guitarra flamenca era una porquería. Yo atacaba a los clásicos y eso me enseñó a respetarlos. Respeto mucho la guitarra clásica porque es muy difícil, necesita muchas cosas que no necesita el flamenco, como la limpieza. Las uñas tienen que estar derechas, cortadas a una medida… Además, el flamenco además chirría la guitarra y el clásico no. Yo ya no aguanto ese chirrido de la guitarra flamenca, me gusta el sonido más puro, más redondo.

Doña América Martínez me decía: Si dejaras la guitarra flamenca…, porque yo prometía con la guitarra clásica. De hecho, yo no quería examinarme, y cuando salió el tribunal, había suspendido a todos los clásicos y yo había aprobado. No me lo podía creer. Luego me examiné en Córdoba de guitarra flamenca para entrar en el conservatorio. Fue una prueba de aptitud que duró un solo día.

 

Anuncio de la actuación de María José Domínguez en la II Quincena de Flamenco y Música Andaluza de Sevilla (ABC de Sevilla, 2-12-1980).

Anuncio de la actuación de María José Domínguez en la II Quincena de Flamenco y Música Andaluza de Sevilla (ABC de Sevilla, 2-12-1980).

 

«El clásico me ha aportado muchísimo, sobre todo en la técnica y la colocación»

 

P: ¿Cómo fue ese examen?

R: Yo había trabajado con Manuel Cano, que me dijo: Niña, ¿tú por qué no te vas a mi conservatorio, te examino yo y te doy el título? Y dije: Lo que usted diga, maestro, porque yo he sido muy respetuosa con todo el que se ha subido a un escenario y con todo el que sea mayor que yo… Fui en septiembre y estaba Rafael Vallejo, que me dijo: Tú te matriculas de preparatorio, y en enero renuncias a la matrícula y te presentas libre de todo el curso. Fui tres o cuatro veces a Córdoba pero el hombre no me quería escuchar. Me decía: ¿Yo para qué te voy a escuchar, si eres guitarrista de Matilde Coral? Con eso me lo dices todo. Mira, el sello. Me pidieron de todo, todos los palos. Saqué tres sobresalientes y tres notables. Ya tenía la carrera y con ese título entré en el conservatorio como profesora.

 

P: ¿Qué te aportan tus conocimientos del clásico a la hora de tocar flamenco?

R: Muchísimo, me enriquecen bastante. Ahora los guitarristas flamencos son más finos, pero antes eran muy fulleros. Tú los veías tocando y, cuando les ponían la megafonía, sonaba aquello a perros. En el clásico, como controlas el sonido, tapas lo que no debe sonar, y los flamencos no. Dejan que suene y a veces choca una cuerda con la otra.

El clásico me ha aportado muchísimo, sobre todo en la técnica y la colocación. Yo salgo al escenario con mi pie porque tuve que pensar qué postura adoptar. Para mí solamente hay un instrumento, que es la guitarra, y la colocación tiene que ser la misma. Las formas, no.

 

P: ¿Esos conocimientos pueden influir de manera negativa en algún sentido?

R: Yo estudié la guitarra clásica para demostrar que el guitarrista flamenco puede hacer clásico, lo que no puede hacer el clásico es tocar flamenco. Yo pienso que, antes de estudiar clásico, tienes que ser guitarrista flamenco, no después sino antes, para desarrollar el oído, porque en el momento en que te pongan partituras, tu expresividad ya ha cambiado y tienes tanta perfección en la técnica, que ya los rasgueados los haces como más suaves y cuando tocas con el pulgar, por ejemplo, que es mucho de pulgar el flamenco y eso… Por eso te digo, porque hablo con conocimiento de causa, si se quieren hacer las dos especialidades, primero debe ir la guitarra flamenca.

 

«Mi gran contribución es la guitarra como acompañamiento al baile»

 

P: ¿Creas tus propias composiciones?

R: Claro que las he hecho, y las he pasado a música también. En el conservatorio hay partituras mías, lo que pasa es que no tengo tiempo para tanto.

 

P: ¿Las has grabado alguna vez?

R: Me ha grabado mucha gente. Con María del Monte tengo discos grabados porque vino a recogerme a la puerta y me dijo: Tienes que salir conmigo en disco. También he grabado para la BBC de Londres, para la RAI italiana… He grabado mucho y me han grabado. Pero no tengo ningún disco mío en solitario. Es que la fama me ha importado muy poco.

 

P: ¿Ni siquiera por la satisfacción de ver tus cosas grabadas, para que no se pierdan?

R: Es que tengo a mis alumnos. Por ejemplo, tengo una caña, esto es muy importante, que mi comadre me la escribió y me la regaló, porque yo fui también la primera guitarrista que llevé una flauta travesera en los tarantos, en Mairena del Alcor. A partir de ahí siempre he llevado instrumentos, guitarras, piano, violines, saxofón… Pero te hablo de hace cincuenta años.

 

P: ¿Cuál piensas tú que es tu legado artístico, tu contribución al mundo de la guitarra?

R: Pienso que mi gran contribución es la guitarra como acompañamiento al baile y también el haber contribuido a que la guitarra flamenca se meta en el conservatorio. En el Cristóbal de Morales entró por mí. Y el cante flamenco superior se tenía que haber quedado en Sevilla, pero es que estaba ya tan harta de luchar… No es justo que Sevilla no tenga estudios superiores de flamenco, ni de guitarra, ni de cante ni de baile.

 

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla.

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla, 8 de marzo de 2023.

 

P: ¿Qué particularidad tiene la guitarra de acompañamiento al baile?

R: Antiguamente te decía la gente: Yo quiero ser profesor, acompañante no, como si los acompañantes no valiésemos nada. Guitarristas tenemos que ser los dos y sacar el título, pero para mí el baile es una especialidad. El acompañamiento al baile es un lenguaje. Yo no me pierdo nunca con los pies, porque los leo, me lo dicen todo. Tú ves a una bailaora bailando por alegrías y no tiene nada que ver con otra que también baile por alegrías. Entró un guitarrista nuevo en el conservatorio y en seguida me di cuenta de que no sabía tocar para bailar, porque dijo: Yo sé tocar las alegrías de fulanita y monté también la soleá de zutanito. Yo toco para bailar a primera vista y sé tocar por alegrías para bailar, me las baile quien me las baile. El acompañamiento es muy difícil. Tradicionalmente, el guitarrista acompañante se ha formado en las academias de baile y la profesora de baile era la que le indicaba. Matilde Coral me tarareaba las falsetas, las sacaba incluso…

Por eso, aunque fuese lo último que hiciera en mi vida, quisiera que me atendieran en la consejería y proponer estos estudios, porque se va a terminar la guitarra acompañante como no se haga la especialidad, que sería para darla en un conservatorio de danza.

 

«Tienes que tener tu personalidad»

 

P: Has mencionado el aprendizaje de los guitarristas en las academias de baile. ¿Existe mucha diferencia con el que se da ahora en los conservatorios?

R: Ahora se usan partituras y tocan todos iguales, tú cierras los ojos y no sabes quién está tocando. Dicen que, cuando Paco llegó a Nueva York, le dijo Sabicas: Niño, tocas muy bien, pero el buen guitarrista es el que saca sus propios toques para tocarlos. Eso es lo que yo he pensado siempre. Llevo dando clases desde que tenía quince años y a mis alumnos les digo: Mira, si vas a tocar como Paco de Lucía, para eso me pongo a Paco de Lucía. Tienes que tener tu personalidad. Tú cierras los ojos y dices: Ésa es María José… María José o algún alumno mío, porque yo he escuchado a alumnas mías tocando por granaínas y me parece que soy yo. Y no soy yo, ¿me entiendes? Tienes que tener tu personalidad.

 

P: ¿Te has sentido siempre respetada por tus alumnos?

R: Sí, con mucho cariño. Yo los he tratado siempre muy bien. He sido profesora de música y los niños entraban de dos en dos, las chiquillas por el suelo, queriendo llegar la primera. Estuve un año en el conservatorio de Nervión dando clásico y estaban todos locos conmigo.

Me identifico como una buena profesora porque me encanta la música y me gusta que te guste, y enseñarte. La música me impresionó cuando vi que, de un papel que no suena, se pone todo el mundo a cantar. Es el lenguaje más universal que hay. Mira, me emociono, es una cosa que siento y la trato de transmitir a los alumnos. El que no se entera conmigo, no se entera con nadie. Comprendo que muchas veces hasta el mejor alumno se corta con el profesor y se bloquea. Empecé a dar clases colectivas, con alumnos de todos los niveles, porque tocamos todos juntos y tienes que tocar a compás, que es lo más importante. Y yo le decía a uno: Ponle tú la falseta a estos dos, cuando yo veía que conmigo se bloqueaban, porque muchas veces estás en clase, cuando eres alumna, y no te enteras de lo que está explicando el profesor y, sin embargo, te lo explica una compañera y sí lo pillas. Pues todo eso a mí no me lo ha enseñado nadie. Además, la guitarra flamenca siempre ha sido individual y creo que también fui la primera que la sacó al escenario en grupo, en el Lope de Vega y en el Festival de Mairena.

 

P: ¿Solías tener muchas alumnas en tus clases?

R: Sí, he tenido muchísimas mujeres, muchísimas alumnas.

 

P: ¿Esas alumnas tenían la idea de llegar a ser guitarristas de profesión?

R: Algunas sí. Cuando reflexiono sobre por qué ha habido tan pocas mujeres guitarristas, llego a la conclusión de que mujeres habrá habido muchas, pero en el momento en que se han echado novio y se han casado, se acabó la carrera. Tú no te ibas a ir a Francia o a Italia e ibas a dejar a los niños… Hoy día si, pero antes no. Claro, yo lo he tenido todo. Mis padres me apoyaban y, además, es que sacaba dinero para llevar a toda la familia adelante. Luego, al estar soltera, no he tenido problemas de ese tipo tampoco.

 

«Creo que he tenido mucha suerte, por haber conocido a la familia Coral»

 

P: En un mundo tan hostil para las mujeres como es el de la guitarra flamenca, ¿cuál crees que ha sido la clave de tu éxito?

R: Yo no he tenido ese problema que tienen las niñas hoy día. Nunca he ido a pedir trabajo y he tenido muchísimo trabajo siempre. Dicen que ahora está de auge el flamenco, pero eso lo llevo escuchando desde hace cincuenta años, desde que empecé. Siempre lo ha estado. Creo que he tenido mucha suerte, por haber conocido a la familia Coral, que es la que me ha abierto camino.

 

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla, 8 de marzo de 2024.

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla, 8 de marzo de 2024.

 

P: Bueno, no te quites mérito. Tienes muy buenas cualidades.

R: Yo entré en el conservatorio con diecisiete años y ya era guitarrista profesional. También soy muy buscavidas. Yo es que, para tocar y para todo, tengo otra cosa, otro espíritu, y además lo vendo bien, me adapto a las circunstancias. Por ejemplo, si vas a El Rocío a tocar, como he ido muchas veces, en fiestas privadas con familias de dinero, tienes que llevar otro pensamiento. No puedes ir con la idea de que vas a hacer tu pasecito y ya está, que es como va mucha gente. Si estás en una peña flamenca, a lo mejor vas a hacer dos pases de media hora cada uno, pero si está la cosa calentita, si se te sube un socio o si se tercia echar un rato después, yo me adapto a eso. Esta gente de hoy no. Echan su pase y ya está, y yo creo que eso también influye.

Hoy en día vas a trabajar y te dice la gente: ¿Cuánto voy a ganar? Espere usted que la vea trabajando, porque a lo mejor usted no sabe, ¿no? Yo es que soy de la vieja escuela. Tú me tienes que demostrar también que vas a ganar lo que mereces. Eso no lo hay hoy día. Hoy solo se quiere saber cuántas horas se va a trabajar y lo que se va a ganar.

 

P: Tienes cualidades, actitud, conocimiento, ganas de hacer cosas…

R: Efectivamente, y ganas de que la guitarra hable. ¡Ay, si yo tuviera treinta años menos, con los conocimientos míos…! Que te toco en un escenario y me estoy inventando todo lo que estoy tocando. Después no sé lo que he hecho, qué maravilla…

 

P: ¿Te pones a improvisar cuando sales al escenario?

R: Digo. Eso no lo he hecho yo en mi vida de guitarrista y ahora sí, improviso muchísimo. La pena mía es que no he tenido más tiempo para estudiar. Cuando salí trabajando tenía muchísimo trabajo, si he tenido que dejar de trabajar para poder hacer las carreras… Lo que pasa es que yo quería papeles. Pero yo soy un guitarrista muy puro de flamenco. Las granaínas que toco son mías, casi todo es mío. Las falsetas me las he inventado yo. Ya te digo, últimamente improviso, pero nunca he tocado por nadie.

 

P: Tienes un sonido propio.

R: Sí. Estoy en contra de muchas cosas. Está muy bien la evolución que ha tenido la guitarra, pero se están haciendo barbaridades con el flamenco. En mis tiempos cada palo de cante tenía su toque característico y eso se debía respetar. Por ejemplo, la seguiriya es por medio y la serrana es por arriba. Hoy en día, con esta armonía que está sacando la gente, se ha olvidado la pureza del cante flamenco. Lo tocan por cualquier lado.

De hecho, cuesta mucho trabajo tocar por soleá, que se toca por arriba casi siempre, si la tocas por medio tienes que pensar muy bien el tiempo de la soleá, porque se te va a soleá por bulería. Entonces, en mis tiempos cada palo tenía su toque característico y eso se debería respetar, por lo menos en las peñas flamencas, que es donde está la pureza del flamenco considero yo.

 

«¿Tú sabes lo que es aprender sola a tocar para bailar?»

 

P: Dices que has tenido mucha suerte, pero has sido una trabajadora incansable.

R: He trabajado mucho. A mí me han dado una oportunidad antes de saber y entonces me he liado a estudiar mucho. Empecé a tocar para bailar y me quedé sin guitarrista… Pues ya me dirás, con siete sentidos, no pasé yo nada, madre mía. ¿Tú sabes lo que es aprender sola a tocar para bailar y salir tú sola con esos pedazos de artistas? Por eso a mis alumnos siempre los he llevado conmigo y los he sacado al escenario conmigo, porque he pasado tanto para tocar a primera vista y sin que nadie me ayudara, que no les he querido mostrar el miedo y ellos han salido ya como Mateo por su casa, a disfrutar, lo que yo no he podido hacer.

 

P: Tuviste que aprender un poco a salto de mata…

R: A la carrera. Es que he ido siempre detrás. Me aprobaron el graduado del colegio y necesitaba la prueba de aptitud. Me apunté en una academia, todo deprisa y corriendo. Ahora a examinarte de esto, ahora me sale el trabajo y tengo que tener un título, me tuve que ir a Córdoba… Pero creo que lo más importante es que me ha gustado mucho y no me ha dado miedo nunca lo que haya tenido que estudiar o trabajar. Si yo estudiaba diez y catorce horas diarias. Yo me llevaba la guitarra al colegio y me ponía en el servicio a tocar. Estaba desde por la mañana temprano con la guitarra, tocando en todos lados. He ido a la discoteca tres o cuatro veces en mi vida, cuando tenía dieciocho años, pero me llevaba mis apuntes de música, porque me gustaba mucho, y tenía que estudiar de seis y media a siete media horita de solfeo. Me ponía allí en la escalera a solfear y todo el mundo decía que estaba loca. A mí eso me daba igual, he estudiado en todos lados. No desperdiciaba ni un momento, porque no tenía tiempo.

 

 

«Por mis derechos no he luchado nunca, pero por los de la gente sí»

 

P: También has sido muy reivindicativa.

R: Sí, porque, yo soy muy guerrillera e, igual que he luchado por la guitarra flamenca para que entrase en los conservatorios, quería haber luchado por los artistas. Es que yo era muy joven. Los gitanos me respetaban, decían: Escucha, la paya esta, lo que sabe.

Me dijeron una vez en la radio, que me hizo mucha gracia, hablando de los derechos de la gente en el trabajo, que se me podía comparar con doña Agustina de Aragón, y dije: Mire usted, yo no sé quién sería esa señora, pero si es así, le alabo el gusto. ¿Tú sabes lo que yo me he peleado? Por mis derechos no he luchado nunca, pero por los de la gente sí.

 

P: Eres una buena líder.

R: Sí, lo que pasa es que en aquellos años no me hicieron caso los artistas, porque yo, cuando me dedicaba más al artisteo, hay un tablao que lo hubiese cerrado. En los contratos que firmabas, el dueño te estaba metiendo el finiquito en el sueldo y las pagas proporcionales también, prorrateadas, y hasta los viajes, y te podía pedir un traje cada vez que le diera la gana. Tendría yo entonces unos dieciocho años y les propuse a todos, los gitanos y los payos, hacer una manifestación de estas, pero no me apoyó nadie. Entonces dije, ahí os quedáis, me voy a Córdoba a examinarme y me dedico a la docencia.

No hice nada en ese campo y lo he hecho en este. Fíjate adónde ha llegado la guitarra flamenca, en todos los conservatorios, y en eso he tenido yo muchísimo que ver.