Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Inés Bacán: «Mi aportación al flamenco ha sido la naturalidad» (y II)

Durante el pasado mes de marzo, la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla dedicó a Inés Bacán su Semana de las Mujeres. En ella protagonizó dos noches inolvidables: además de ofrecer un magnífico recital de cante, tuvo a bien compartir con nosotros un rato de charla al hilo de varios fragmentos audiovisuales extraídos de diversas fuentes, principalmente del documental Inés, hermana mía (Carole Fierz, 1995).

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Fue un rato realmente delicioso, lleno de momentos emotivos, en el que Inés nos regaló un valioso testimonio del que ya publicamos la primera parte. Así continuó la conversación…

P: Acabamos de ver un pequeño corte del documental, en el que Concha Vargas y tu prima Fernanda Peña hablan sobre ti.

R: Sí, eran todas primas nuestras. Concha Vargas era prima nuestra también. A Concha la quería mucho mi Pedro

P: Es muy curioso este fragmento, porque tú estás sentada en medio de las dos… 

R: Y yo diciendo, a ver cuándo se van a callar…

P: Ellas están hablando de ti como si no estuvieras delante, y tú ahí en medio…

R: Sí… poca vergüenza. [Risas] 

P: Ellas comentan esas dificultades que hemos mencionado, todo el trabajo que tenías que hacer en tu casa…

R: Claro, que yo tenía mucho trabajo para salir… Yo me acuerdo de que cuando presenté el primer disco con ellos, con Pedro… Fue en Madrid, en Casa Patas… No veas todo lo que yo tuve que revolver aquel día para ir, para coger el tren para Madrid: dejar a mis niños, a mi madre… “Inés, ¿adónde vas?” “No, mamá…” No corría nada yo… Pero, bueno, aquí estamos.

P: Y también dicen ellas que cuando tú te sientas realmente más cantora es cuando vas a sacar lo que llevas dentro. ¿Qué pasaba, que no confiabas todavía mucho en ti misma? 

R: Bueno, yo sí confiaba en mí, porque yo pensaba: “Si a mi hermano le gusto, con lo que entiende mi hermano, es que canto bien”. [Risas] Esto es lo primero que me venía a la cabeza. Pero yo nunca me he dado importancia… He sido una persona humilde, está feo que lo diga, pero es así. Nunca me he dado importancia y mi hermano Pedro decía que eso no puede ser…  Él se reía con eso, y a él le daba coraje, pero, bueno…

 P: ¿Qué te decía para animarte, para hacerte sacar todo eso que llevabas dentro? 

R: Pues, que si tú no te lo crees… Una vez llamó a Miguel Acal y estuvo con nosotros. “Hombre, dile algo a mi hermana”. Yo no lo sé, pero me lo imagino. Y Miguel, diciéndome cosas: “Si tú no te lo crees, Inés, no se lo va a creer nadie”. Porque yo no sé qué, porque yo no sé cuánto… Y yo, «Míralos, que no se callan, no me dejan tranquila». [Risas] Eso viene con el tiempo, el tiempo te hace sacar la seguridad, eso es el oficio. Esto es un oficio. Es como cuando, por ejemplo, un niño zapatero empieza, pues no tiene seguridad ¿Hasta cuándo? Cuando pasan años. Pues yo igual, aprendí la zapatería. [Risas] 

P: Eso es así, la práctica hace maestros. 

R: Yo lo tenía dentro, pero… [Risas] Pedro se reía. Él decía: “Inés es una cachonda”. [Risas] Dice un día: “Es que tú no sabes el potencial que tú tienes”. Digo: “¿Por qué? ¿Vamos a ir a la guerra?” [Risas] “Mírala, que es una cachonda”, decía. “La gente no sabe lo cachonda que tú eres”. Y de verdad, lo que más me gusta del mundo es reírme. Mira que me gusta cantar, pues más me gusta reírme. 

P: Tú con él tenías una conexión muy especial, ¿verdad? 

P: Sí. Nos mirábamos… Muchas veces hacía así porque le daba coraje que supiera yo lo que él pensaba. [Risas] Pero de verdad que lo sabía. 

P: Vamos a ver un último fragmento del documental. Ahí comenta tu hermano, y comentas tú también con él, que hay personas de tu entorno que no llegaron a comprender ni a aceptar ese cambio que habías dado en tu vida. 

R: Pero es por eso, porque yo nunca canté, ni siquiera en las fiestas, y entonces, de pronto salir cantando, pues claro, a ellos les cogió eso de improviso, a mi gente, a mi familia. Además, que todos eran artistas… “Bueno, ¿este qué se cree, que la hermana va a ser ahora…?” Me callo, mejor. [Risas] 

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

P: Entonces, no tuviste mucho apoyo, ¿no?, quitando a tu hermano. 

R: No, de mi familia, no. Ninguno. 

P: Pues menos mal que, a pesar de todo, seguiste, porque eres muy rebelde, ¿no?, como dices también en la película. 

R: Yo seguí por él, la verdad. 

P: Bueno, no recordemos más tristezas, vamos a hablar de cosas bonitas. Estuviste unos años recorriendo distintos países con ese grupo, el Clan de los Pinini, en el que ibais muchos artistas que erais familia, que teníais una relación muy estrecha… 

R: Sí, claro, venía Concha Vargas, venía Carmen Ledesma, venía Pepa de Benito, Dieguito el de la Margara venía muchas veces con nosotros, Vicente Sordera también venía. Vicente, no, Enrique…  Y lo pasábamos muy bien, nos reíamos mucho… 

P: ¿Y la idea cuál era, llevar como una fiesta vuestra, de vuestra familia, a un escenario? 

R: Mi hermano quería llevar lo que era nuestra intimidad en la casa, plasmarla en el escenario. Y lo consiguió. Él lo consiguió, sí. 

P: ¿Y eso cómo era recibido por el público? Sobre todo en Francia, tuvisteis mucho éxito, ¿no? 

P: Mucho, pues a la gente le encantaba. Se acababan las entradas. Muchas veces la gente decía, los que estaban en la taquilla: “No hay entradas”  “¿Ni para la escalera?” Decían para la escalera, sentarse en la escalera. 

P: ¿Y te has sentido más reconocida allí que aquí, por ejemplo? 

R: En Francia, sí, en París

 P: ¿Por qué crees que es eso, que allí te entendían mejor? 

R: Bueno, porque allí no me conocían, como digo yo, íntimamente, no me conocía nadie, entonces la gente creía que yo había cantado toda la vida. Y es verdad que mi cante a ellos les gustaba mucho. Pero es que Francia está muy preparada para todo. En Francia los niños en los colegios dan piano, tienen los oídos muy afinados. Esta era la causa de que ellos nos entendieran tan bien a nosotros, por la afinación que tenían desde chicos. 

P: Y la mente muy abierta también, quizá…

R: Y la mente muy abierta. [Risas] 

P: Entonces allí te encontrabas súper a gusto, ¿no? 

R: Uy, sí. Si hubiera tenido allí a mis hijos, yo nunca me quería venir de allí. 

P: ¿Te hubieses quedado allí en vez de estar en Lebrija? 

R: Bueno, sin mi hermano y eso, claro, no. Pero con mi hermano y mis hijos… Pero era difícil. 

P: En un momento determinado del documental tú también dices una frase que me parece muy profunda: que el cante es una conversación contigo misma que la gente no entiende o puede que sí, pero que es donde tú puedes decir lo que realmente piensas. 

R: Sí. Y es verdad. El cante, por lo menos yo, lo entiendo así. Yo hablo conmigo misma cantando. Que la gente entiende o no entiende, como ha pasado muchas veces. Yo me acuerdo de una vez que fuimos a una peña en Huelva, yo iba con Antonio [Moya]. Bueno, me acuerdo que me tomé, sin darme cuenta, dos pastillas de Lexatín y me puse a gustito. [Risas] Y decía Antonio: “Sigue, hija, Inés, que estás cantando muy bien”. Y la gente sin echarme cuenta… [Risas] Y Antonio: “Déjalo, aunque no nos echen cuenta, tú sigue cantando”. Y Antonio llorando. [Risas] Yo con Antonio Moya me he reído mucho también, la verdad es que sí, porque tenían… Es que era una cosa muy extraña, que él y mi hermano tuvieran tanta similitud. Yo no veía a mi hermano reírse nada más que con Antonio Vargas, el marido de Pepa de Benito, y con Antonio Moya. 

Inés Bacán con Antonio Moya, y familiares y amigos, en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Inés Bacán con Antonio Moya, y familiares y amigos, en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

P: También nos has contado antes que el cante para ti ha sido como un salvavidas en muchos momentos, que es lo que te hace mantenerte viva.

R: Sí, ahora mismo lo es. Y ahora tengo la pierna mala… 

P: Pero tienes bien la garganta, que es lo importante, ¿no? 

R: Bueno, vale. [Risas] 

P: ¿Dónde te gusta más, dónde te sientes más a gusto cantando, en una reunión de amigos, en un teatro, en una peña…? 

R: Yo en un teatro. Es que ahí es donde yo canté mis primeras veces y donde yo me formé cantando fue en los teatros. Los teatros me encantan para cantar, porque tú no ves a nadie, cierras los ojos y se te presenta solo. [Risas] Ya está. 

P: Se te quita un poco la vergüenza, ¿no? 

R: No, ya a mí no me da vergüenza cantar. 

P: También tuviste una etapa, ya cuando se fue tu hermano, estuviste un tiempo con Israel Galván, recorriendo muchos países. 

R: Sí, estuve con él mucho. 

P: ¿Y cómo cómo era eso de trabajar con él? Porque tenéis un concepto del flamenco muy diferente, ¿no? Él es muy de vanguardia y tú estás muy apegada a la pureza, digamos. 

R: No, porque él, a lo mejor, verás tú… Era un escenario muy grande. Yo me ponía aquí en lo último, que yo me tomaba el Lexatín y yo decía, verás, cualquier día lo que me va  pasar. Me voy a quedar dormida. [Risas] Él salía por este lado, el Bobote en este lado en una en una mesa sentado, y yo así. Mira, dice la gente que no baila… ¡Pues no baila bien! Salió Israel bailando de verdad… y canté yo por soleá. Y cuando salimos, dice Israel: “¡Cómo has cantado por soleá, Inés!” Digo: “Pues tú no sabes cómo tu has bailado. Tú me has puesto a gusto a mí”. [Risas] Y yo le cantaba a él por siguiriyas, él bailaba en lo alto de la mesa, y bailaba entonces como Antonio el bailarín. Bailaba muy bien, muy bien. Lo que pasa que él después era muy sano, porque si la gente se reía de él, no le importaba. Era un niño muy bueno. Y yo me ponía delante del camerino, e Israel, tututú… “¡Te vas a partir un un tobillo! Tú, sigue” [Risas] “Inés, ¿me quieres dejar ya?” [Risas] Y se lo partió. [Risas]

P: ¿Se lo vaticinaste, no? 

P: Sí, pero él se reía. ¿Y cuando me perdía en el escenario? “Chiquilla, la tata, ¿dónde estás?” Yo qué sé, digo: “Yo me he perdido, ¿eh?” “Los niños, los niños de las luces”. [Risas] Y se reía. Y a lo mejor yo me había metido en una cosa con muchas cortinas redondas y no sabía salir. [Risas] “Ay, tata, ¿por dónde vas?” Al final, era bueno, pero muy travieso. [Risas] Hacían cada cosa…

P: ¿Te gastaba bromas? 

R: No, no, a mí no, ellos. Hubo una vez en un pueblo que había muchos elefantes, yo no sé por qué había tantos elefantes. [Risas] Pero elefantes, como estatuas. Entonces, mi hermano Juan se fue con ellos y yo digo: “¿Qué está pasando con el elefante? Qué raro, que no se cae”. Es que se montó en lo alto, los dos se montaron en lo alto de los elefantes esos y se cayeron… al hospital. [Risas] Eran malísimos los dos, ¿eh? Malísimos, malísimos. Yo decía: “Esta gente cualquier día se busca un disgusto”. 

P: Para no cansarte más, me gustaría hacerte una última pregunta: después de tantos años de carrera, porque, aunque empezaste tarde, son ya muchos años, ¿cuál crees que ha sido tu aportación al flamenco? 

R: La naturalidad. Porque el flamenco es naturalidad, no son voces. El flamenco es una cosa natural que sale del alma, ¿no? ¿Y del alma qué sale? Las cosas naturales. Lo que tú sientes

P: Ahí está la transmisión, ¿no? 

R: Ahí está. 


Inés Bacán: «Mi aportación al flamenco ha sido la naturalidad» (I)

La lebrijana Inés Peña Peña, más conocida como Inés Bacán, es una cantaora única. No se parece a nadie ni tampoco hay nadie que se parezca a ella. Aprendió el cante desde la cuna, en su familia, en su entorno, un cante que brota de sus propias vivencias

Procede de una de las mayores estirpes flamencas de Andalucía. Es bisnieta de Fernando Peña Soto, Pinini, que ha pasado a la historia por sus cantiñas; nieta de Fernanda Peña, sobrina nieta de María Peña, hija de Bastián Bacán y hermana del añorado Pedro Bacán; sobrina de Fernanda y Bernarda de Utrera, de Pepa de Utrera y Pepa de Benito; y, por la rama materna, prima de Pedro Peña y el Lebrijano.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Aunque se crio entre artistas, la mayoría no profesionales, y aprendió el cante desde niña, por timidez nunca se atrevió a cantar delante de otras personas, hasta que a principios de los noventa, en la fiesta posterior a la entrega del premio Demófilo a su hermano Pedro, sintió la necesidad de hacerlo y sorprendió a todos los presentes, especialmente a él, que empezó a llevarla de la mano por los escenarios del mundo.

De la noche a la mañana, Inés pasó de ser un ama de casa en su Lebrija natal a viajar por distintos países y cantar en teatros abarrotados; y no le resultó fácil compaginar la vida de artista profesional con la de madre, esposa y cuidadora.

Pedro fue su mentor, su maestro, su confidente… Creó un grupo denominado el Clan de los Pinini, en el que integró a otros artistas lebrijanos y a distintos miembros de su familia, como Pepa de Benito, Concha Vargas, Joselito de Lebrija o Carmen Ledesma, y un concepto de espectáculo que consistía en llevar el flamenco de familia al escenario.

Con él realizó sus primeros trabajos discográficos y se ganó la admiración del público, tanto en España como en el extranjero, especialmente en Francia, donde es muy querida y donde no le habría importado incluso quedarse a vivir

Cuando Pedro se marchó, hace ya casi treinta años, Inés tuvo que recomponerse, pero abandonarlo todo no era una opción. Fue precisamente el afán por mantener su legado y su memoria lo que la hizo seguir adelante.  Continuó recorriendo el mundo con artistas como Israel Galván y lleva ya más de tres décadas en activo, alimentándonos el alma con su cante, porque Inés posee el secreto de la transmisión, que es tan importante en el flamenco. Su cante mana desde sus adentros con total naturalidad y es pura emoción.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Inés entiende el cante como una conversación consigo misma, que el público puede entender o no, pero es la manera de decir lo que realmente piensa. El cante ha sido su tabla de salvación en los momentos difíciles y es lo que le sigue dando vida.

Durante el pasado mes de marzo, la Peña Cultural Flamenca Torres Macarena de Sevilla le dedicó su Semana de las Mujeres, en la que protagonizó dos noches inolvidables. Además de ofrecer un magnífico recital de cante, tuvo a bien compartir un rato de charla al hilo de varios fragmentos audiovisuales extraídos de diversas fuentes, principalmente del documental Inés, hermana mía (Carole Fierz, 1995).

Fue un rato realmente delicioso, lleno de momentos emotivos, en el que Inés nos regaló el valioso testimonio que a continuación se recoge…

P: Cuando eras pequeña, Inés, ¿cómo se vivía el flamenco en tu casa, en una casa con tanto arte?

R: Mucha juerga [Risas]. Mucha juerga, porque mi abuela nos unía mucho a nosotros. Cuando se fue mi abuela, ya no era igual… Pero mi abuela nos unía porque tenía mucho ángel, mucho arte, y cantaba muy bien. Yo vivía allí en la casa con mi abuela y el paseo de mis primos era decir: “¡Vamos a ver a la abuela!”. Éramos primos todos de la misma edad, ¿sabes? Y allí nos reuníamos. Me acuerdo de que una tía mía era portera de la escuela de la cárcel, le decían, y nos traíamos las bancas de los niños de la escuela para sentarnos allí con la abuela. Ella nos cantaba, allí estaba Miguel [el Funi] también. Mi abuela en seguida salía cantando y decía mi tía Luisa: “Mi hermana Fernanda, qué pronto se entona”. Aquello era muy alegre, muy alegre. Mucha alegría, muchas reuniones, mucho flamenco. Pero yo era una persona muy tímida. Nadie me conocía. Yo huía de todo eso… Pero al final me cogieron.

P: Al final eso tenía que salir por algún lado. Criada escuchando ese cante tan bueno, imagino que no podía ser de otra manera. ¿De quién cogiste tú el cante?

R: No, yo no cogí cante de nadie. Pero verás tú, mi familia… Lo tenía aquí dentro. Porque yo a lo mejor estaba limpiando, estaba allí anca la abuela, y estaba ahí fuera mi primo Miguel cantando, mi hermano tocando la guitarra, o la abuela cantaba… Todo eso se me metía dentro. Pero yo a quien me parecía al principio, ya no me parezco tanto, era a mi tía María Peña

 

 

P: Ahora que has mencionado a tu tía María Peña, tenemos aquí un fragmento extraído de la serie Rito y geografía del cante. Vamos a escucharla. ¿Qué recuerdos te traen esas imágenes? ¿Qué te evocan?

R: Yo ahí era chica, desde luego, pero esto último que hace mi tía… Es que ellos cantaban, todos los hermanos, las cantiñas de mi abuelo Pinini, y todos las cantaban diferentes. Eso para mí es un don especial que tenían. Mi tía María Peña era hermana de mi abuela Fernanda y mira cómo ella lo hace totalmente diferente. Y ahora, si escuchan ustedes a mi abuela, también lo hace diferente a ella. Mi tía Luisa también cantaba diferente. Es que era una cosa muy grande, porque eran nueve hermanos y todos cantaban diferente. Tenían la misma escuela, pero no se parecían unos a los otros. 

P: Tenía cada uno su personalidad muy marcada, ¿no?

R: Sí, sí, sí. Ni Fernanda, ni Bernarda, ni nosotros, ninguno hacía el cante de María Peña. Yo empecé a tener un poco el cante de ella, porque ella cantaba con mucha dulzura, pero yo ya he perdido eso. Ya, con más seguridad, con más conocimiento de causa de lo que hago… Pero al principio, mi Pedro se volvía loco conmigo porque me parecía a chacha María Peña.

P: Has mencionado a tu abuela Fernanda. Vamos a ver también un trocito de ella, de la serie Rito y geografía del canteAhí dice tu abuela que ella no fue cantaora porque en esa época sus padres, su familia… bueno, en general no se veía bien que las mujeres fuesen artistas profesionales. Y tú, antes de que tu hermano te sacara, ¿te habías planteado alguna vez la posibilidad de serlo?

R: No se me había pasado por aquí siquiera [se señala la cabeza]. [Risas] No, qué va.

P: ¿Tampoco se veía bien en esa época?

R: No, es que yo no cantaba ni en las fiestas. Una vez me escuchó mi hermano, en la casa de Pacote, un amigo de él, y dice él que me rescató. [Risas]

P: ¡Pues menos mal que te rescató! ¿Qué es lo que pasó ese día, Inés, para que tú, de pronto, rompieras a cantar delante de otras personas?

R: Porque me puso a gusto. Estaba cantando mi padre y me puso a gusto. Y salí yo, y dice mi padre: “Pero esa que está cantando, ¿esa quién es?”. [Risas] “Esa es la Inés”. Y mi hermano Pedro decía, en plan artístico, que ya no estaba tan solo.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

P: Sería una sorpresa enorme, ¿no?, no solo para tu hermano, sino para todas las personas que estaban allí.

R: Hombre, claro.

P: ¿Y tu padre, qué te dijo?

R: “¿Esa está cantando?” [Risas] “¿Pero esa? ¿Pero esa, está cantando?” Digo: “Ah, pues yo soy de la calle, ¿no?” [Risas] Claro que sí.

P: Poco después de ese primer día que debutaste, digamos, en sociedad, ya estabas grabando…

R: Sí, en dos semanas me llevó a grabar con la gente de Lebrija. 

P: Él fue quien te enseñó un poco a ser una artista profesional, ¿no?

R: Claro. 

P: ¿Qué consejos te daba? ¿Qué qué te decía?

R: Por ejemplo, me decía que en los cantes, cuando se dice el “yo” antes de lo que es la letra… Mucha gente lo decimos, yo misma lo decía al principio. “Que no, Inés. Directamente a la letra. Tú vas directamente a la letra”. Y eso se me quedó a mí aquí, esto es lo que hago. 

Otra cosa: Yo estaba acostumbrada a escuchar a mi abuela, que ligaba la siguiriya. Antes a la siguiriya no se le dejaba tanto espacio, era mucho más rítmica. Y entonces él me dice: “Inés, tú no entiendes nada de siguiriya. Tienes que darle más majestad, más espacio, y deja los silencios”. Me enseñó mucho.

P: Supongo que él te ayudó mucho en ese cambio de vida. ¿Qué supuso para ti, de de la noche a la mañana, el convertirte en una artista profesional, subirte a los escenarios, viajar por ahí…?

R: Me gustaba mucho mi trabajo. Echaba mucho de menos a mis niños, pero me gustaba mucho. Además, nosotros éramos una familia andante, como yo decía. Éramos los Pinini. Nos lo pasábamos muy bien. Después de la actuación hacíamos otra juerga, que duraba hasta las cuatro o las cinco de la mañana. [Risas] Y fueron unas vivencias muy buenas, muy buenas, muy buenas…

P: Entonces, te adaptaste rápido ¿no?, a ese cambio de vida.

R: Estos ocho o nueve años fueron… Se me pasó el tiempo en seguida.

P: ¿Nunca llegó a aceptar tu padre que fueras cantaora?

R: No. Ya de mayor no se daba cuenta de la mitad de las cosas. Lo que sí me dijo una vez, porque él era muy inteligente, cuando empecé a ponerme gordita, dice: “Inésita, tú te estás poniendo muy gorda para subir a un escenario, ¿eh?” [Risas] Era muy inteligente. Y cantaba mejor que nadie. 

P: Pues mira, también podemos escuchar a tu padre un poquito, ya que tenemos aquí un fragmento de una actuación suya. ¡Qué eco tenía!

R: Ufff… Y Juan tiene el lote. Él es mucho como mi padre, mi hermano el chico.

P: Me imagino que tu padre es una de las personas a las que más escuchaste cantar de pequeña, al tenerlo en casa…

R: Sí, pero yo me iba.

P: ¿Te ibas?

R: Sí, yo me iba, porque es cuando estaba un poquito con unas copitas y yo salía corriendo. [Risas] ¡Anda! Pero cuando tuve diez o doce años, ya empecé a escucharlo.

P: ¿Y te ibas quedando con cosillas suyas?

R: Sí, algo se me quedó. Hay veces que se me vienen siguiriyas de él que eran increíbles. Unas veces no se me vienen, pero otras veces sí.

P: ¿Qué es lo que más te gustaba del cante de tu padre? 

R: Mi padre, por soleá y por siguiriya… y por fandango también era increíble. A él la bulería nunca le gustó, no sé por qué. No le gustaba, le gustaba la siguiriya de la abuela. 

P: Como se puede ver en el documental, cada vez que ensayabas con tu hermano era como ir al conservatorio, te daba una clase magistral.

R: Sí, cosillas…

P: Aunque tocó la guitarra, conocía también muy bien el cante.

R: Él sabía cantar muy bien, muy bien. Estaban los cantes de Tomás…

Inés Bacán y Antonio Moya en la Peña Flamenca Pepe Montaraz de Lebrija.

Inés Bacán y Antonio Moya en la Peña Flamenca Pepe Montaraz de Lebrija.

P: A mí también me me resulta interesante este fragmento que acabamos de ver porque se ve muy bien cómo era tu día a día: cómo para poder ponerte a ensayar, para luego hacer tu trabajo, tenías que atender a tu madre, hacer las faenas de la casa, estar pendiente de las niñas… Tú misma dices: “Cuando llega mi hermano, dice mi marido: ‘Aquí ya no se come’”. 

R: Me iba con ellos y decía: “¡Aviárselas!” [Risas]

P: Entonces, en realidad, tenías que hacer muchas cosas a la vez, tenías varios trabajos: el de cantaora y todo el trabajo de casa, de cuidados… ¿Cómo llevaste el compaginar todas esas labores?

R: Muy malamente. [Risas] Porque yo tenía que cuidar a mi madre, una tía que tenía también que estaba siempre mala, la tía Luisa… Mi [hermano] Juan era el que cuidaba de ellas, cuando yo me iba con Pedro. Pero la verdad es que yo tenía una niña con catorce años, que cuidaba de mi niña chica y de la casa; y mi marido, que también ayudaba, la criatura. Pero vamos, que no era fácil, no era fácil, no.

P: ¿Tu marido se tomó bien eso de que, de pronto, empezaras a salir?

R: Sí, como iba con Pedro, con mi hermano, no le no le importaba.

P: Tradicionalmente han sido los maridos, o los padres y los maridos, los que han impedido a las cantaoras el poder desarrollarse…

R: Sí, y ya cuando mi hermano se fue, me quisieron llevar a París y dice: “Mi mujer no sale más a cantar. No. Su hermano no está y ya no…” Pero ya yo salí. Porque a mí ya eso me atraía, y yo pensaba que con él no se iba a acabar todo, sino que yo tenía que seguir. He seguido más que nada por él, he seguido por mi hermano Pedro. Por eso, porque yo no quería que se quedara esto ahí, con la ilusión que él tenía conmigo, conmigo y con todos los que íbamos. Yo ya después me las avié y seguí sola. Mucho más, mucho más difícil todo.

P: Tuviste que ser muy valiente para decir “Yo voy a seguir”.

R: Una vez cogí yo mi currículum y me vine para Sevilla. Y cuando vi entrar a… ¿cómo se llamaba?, el que era muy amigo de Pedro… No sé… “¿Dónde vas con el currículum tú?” Y digo: “Tú me tienes que dar trabajo a mí”. Dice: “Yo te lo doy. ¿Te quieres ir a Cuba?” Digo: “No, Cuba está muy lejos”. [Risas] Entonces me dio las peñas. Ya no paré. Pero la verdad es que yo seguí por él, porque ilusión no me hacía mucha, no, la verdad es que no. Yo la primera vez que canté, que fue en una peña en Lebrija, le tuve que decir a mi hermano Juan: “Hazme el ritmo que me hacía Pedro”. Si no, no podía cantar. Iba a cantar con Antonio [Moya], pero ese ritmo de Pedro es el que tenía yo metido en la cabeza, porque como mi hermano Pedro rasgueaba esa guitarra, no he escuchado yo a nadie más; y como arpegiaba en la bulería, yo no he escuchado a nadie.

[Continuará…]


La Niña de Écija, cantaora entre dos continentes (y V)

En su segunda actuación en el Centro Asturiano de Tampa, la Niña de Écija, Jesús Perosanz, Teresita España, Mary Sevilla y Julio Alonso “cantaron y tocaron con el mejor gusto”, y obtuvieron un “nuevo y resonante y triunfo” (1); y para la tercera prepararon un programa especial que desató “atronadores y sentidos aplausos de un público entusiasmado”. El emigrado cubano José R. Sanfeliz publicó en el diario La Gaceta una emotiva crónica:

“… esta tercera presentación […] ha vencido y conquistado a todos los que saben saborear castizo y puro, y muchos que no conocían ese genuino arte español me confesaron que era sublime […].

En la noche del domingo, en un corto espacio de tiempo, volví a vivir muchos años pasados. Las alegres castañuelas de Teresita España y Mary Sevilla, la guitarra de Julio Alonso, el jaleo de la Niña de Écija y la dulce y potente voz de Jesús Perosanz, me hicieron ver bailes y escuchar melodías, que nunca he podido olvidar, a pesar de los años transcurridos.

Yo admiro y aplaudo a las muchachas que bailan taps y otras payasadas; pero cuando una Gitana baila un zapateo, un garrotín, o cualquier de esos bailes flamencos, acompañada por los acordes de una guitarra y las retosonas […] y alegres castañuelas, y el jaleo animado de la compañía…, todo mi ser se rebosa de ‘Alma Española’” (2).

La Niña de Écija (La Gaceta, 22-6-1938).

La Niña de Écija (La Gaceta, 22-6-1938).

Se presentaron en cinco ocasiones en el Centro Asturiano y, además, en esos mismos días ofrecieron una función de “Mid-Night Show” en el teatro Casino, con el siguiente programa:

“1º.ーMary Sevilla, en Guitarra Mora; 2º.ーJulio Alonso, en Concierto de Guitarra Flamenca; 3º.ーTeresita España, en Evocación, canción andaluza; 4º.ーNiña de Écija, en Enfermo estaba un león; 5º.ーTeresita España, en Alegrías. Baile; 6º.ーMary Sevilla, en Mi jaca. Paso doble; 7º.ーJesús Perosanz, en Granadinas, y 8º.ー‘El Pescaero Gitano’, interpretado por todo el cuadro” (3).

Después pasaron al teatro del Círculo Cubano, donde compartieron protagonismo con las estrellas del programa radiofónico La corte suprema del arte, de la emisora habanera CMQ, recién llegadas desde la isla caribeña. La noche de su debut, con la sala abarrotada, cosecharon un gran triunfo, que reeditaron una semana más tarde:

“La primera parte del programa estuvo a cargo del conjunto típico flamenco ‘Alma Española’, que no dejó nada que desear. La Niña de Écija, con sus canciones, jaleo y oportunos dicharachos; Teresita España y Mary Sevilla, con sus canciones, castañuelas y bailes, el Maestro Julio Alonso, con su guitarra y el ‘cantaor’ Jesús Perosanz con su potente voz y gracia flamenca, encantaron al público. En la segunda parte actuaron las artistas venidas de Cuba” (4).

“La Niña de Écija y Mary Sevilla cantaron con el buen gusto en ellas característica [sic]. Teresita España dio nuevas pruebas de que su arte es joven, muy joven, con toda la sal de la Andalucía republicana. Por su parte, Perosanz y Julio Alonso cooperaron al éxito del conjunto” (5).

Teresita España (Mundo Gráfico, 17-9-1930)

Teresita España (Mundo Gráfico, 17-9-1930).

En agosto regresaron al teatro del Centro Asturiano, donde fueron agasajados con dos funciones de beneficio (6). En octubre la prensa sitúa a todo el conjunto en la capital de México. Bajo la denominación de Alma de España, se anunciaron en el palacio nocturno Grillón, en un programa en el que figuraban como invitados de honor la pequeña artista Mary López, que recitó El Parque de María Luisa con el acompañamiento de guitarra de Julio Alonso; la bailaora Soledad Miralles y la orquesta de Adolfo Girón (7).

En febrero de 1939 el tocaor intervino en un gran concierto ofrecido en la pérgola Ángel Peralta del bosque de Chapultepec de Ciudad de México, patrocinado por la compañía manufacturera de cigarros El Águila. Entre el gran elenco de artistas participantes en el evento destaca la presencia de Cantinflas, la pareja de bailaores Teresita y Tarriba, y la cantaora y cancionista Anita Sevilla, que interpretó varios números acompañada por la sonanta de Julio Alonso y la gran orquesta Águila. La publicidad no menciona a la Niña de Écija (8).

Al decir del periodista Armando de María y Campos, el arte flamenco de estos artistas no fue bien acogido en los teatros y ello les llevó a buscarse el sustento en las emisoras de radio:  

“De Miami […] llegó, también, la Niña de Écija, formidable cantaora de estilo seco y dramático, Jesús Perosanz, cantaor de acento hondo y expresivo, Julio Alonso con su guitarra, Teresita España y Mary Sevilla. No encuentran ambiente para sus jipíos, y después de rodar por cabarets tristes, refugian su pena en los estudios radiofónicos” (9).

Carmen Amaya (Cinearte, abril de 1938).

Carmen Amaya (Cinearte, abril de 1938).

En el mes de marzo el cuadro Alma de España actuó en el salón Montparnasse de Guadalajara (10); y en junio la Niña de Écija, “rival de los ruiseñores”, Julio Alonso y Mary Sevilla debutaron en el teatro Tívoli de la misma ciudad junto a la compañía de Carmen Amaya, en la que figuraban su hermana Antoñita Amaya, el guitarrista Sabicas, la cancionista Ascensión Pastor, el humorista Pepe Duarte, el cantaor Jesús Perosanz, los hermanos Marve (los “cerebros mágicos”) y un cuadro gitano compuesto por José Amaya, Paquito Amaya y el Pelao (11). 

Según refiere Manuel Martín Martín, “a sabiendas de la popularidad de que gozaba”, Carmen contrató a Paquita Martín para llevar “su espectáculo por todos los Estados de México y el sur de los EEUU, al tiempo de seguir con sus grabaciones discográficas” (12). En la casa Víctor de México la cantaora registró piezas como La Fea, Cueca chilena (arreglo por bulerías) o Soleá en tiempo de bulería.

Al decir del mismo autor, durante la primera mitad de los años cuarenta Paquita siguió con sus giras por países como Perú o Paraguay, y se estableció un tiempo en la ciudad argentina de Mendoza, donde abrió, en la calle Córdoba, un tablao denominado El Colmao de la Niña de Écija, que durante el día funcionaba como restaurante y de noche ofrecía dos espectáculos flamencos (13).

Asimismo, la prensa mexicana aporta noticias sobre sus actuaciones en la radio de Guadalajara. En octubre de 1941 trabajó en un programa emitido por la cadena XEQ; y en enero de 1945 y octubre de 1946, acompañada por el tocaor Vicente Gómez, hizo oír su voz a través de las ondas de Radio Nacional X.E.F.O. (14).

Anuncio de la Niña de Écija en el colmao Café Central de Santiago de Chile (La Nación, 1-9-1946).

Anuncio de la Niña de Écija en el colmao Café Central de Santiago de Chile (La Nación, 1-9-1946).

En el año 1946 la hemeroteca también la sitúa en Santiago de Chile, actuando en el music-hall Casanova, que tenía como director artístico al periodista radiofónico Bobby Deglané, y en el colmado Café Central. En el primero se presentó en el mes de junio, en la estampa flamenca Las calles de Cádiz, compartiendo protagonismo con el bailarín Paco Mairena. También figuraban en el programa Julio Alonso, el cantaor Niño Madrid y un variado elenco de artistas latinoamericanos (15). 

En el segundo, sito en los bajos del teatro Central, se anunció en septiembre. Completaban el reparto Julio Alonso, las cancionistas Violeta Araya y Esmeralda Pastor, el dúo cómico Teresita y Gonzalito, las artistas de rango español Julita de la Cruz y Raquel la Rondeña , el tenor Luis Álvarez y el animador humorístico César González. Dirigía la orquesta Arthur Rubinstein (16). 

A finales de ese año trabajó en Lima con la compañía teatral de María Antinea. Cantaba distintos palos flamencos y, especialmente, saetas. Fue entonces cuando, a pesar de encontrarse en un estupendo momento artístico, decidió retirarse de los escenarios y montar en la capital de Perú el restaurante La Gitana, decorado por Santiago Ontañón, que solía ser punto de encuentro de artistas y toreros.

En 1952 regresó a España después de casi dos décadas en tierras americanas, mas la ausencia de su marido, que seguía en Venezuela, la hizo volver a cruzar el océano e instalarse en Caracas. En 1991 la ciudad de Écija le rindió homenaje convocando un concurso de copla andaluza que llevaba su nombre (17).

La Niña de Écija y Julio Alonso (La Gaceta, 24-6-1938).

La Niña de Écija y Julio Alonso (La Gaceta, 24-6-1938).

Notas:

(1) La Gaceta, 2-7-1938, p. 4.

(2) José R. Sanfeliz, La Gaceta, 5-7-1938, p. 3.

(3) El Internacional, 8-7-1938, p. 2.

(4) José R. Sanfeliz, La Gaceta, 18-7-1938, p. 1.

(5) La Gaceta, 25-7-1938, p. 3.

(6) La Gaceta, 6-8-1938, p. 3; La Gaceta, 11-8-1938, p. 3.

(7) El Nacional, 10-10-1938, p. 4.

(8) El Nacional, 5-2-1939, p. 6.

(9) de María y Campos, A., Crónicas de teatro de ‘Hoy’, Ediciones Botas, 1941.

(10) El Informador, 12-3-1939, p. 5.

(11) El Informador, 26-6-1939, p. 4.

(12) Martín Martín, M., op. cit.

(13) Ibidem.

(14) El Nacional, 31-10-1941, p. 11; El Nacional, 23-1-1945, p. 11; El Nacional, 18-10-1946, p. 3.

(15) La Nación, 21-6-1945, p. 5.

(16) La Nación, 1-9-1945, p. 17.

(17) Martín Martín, op. cit.; ABC de Sevilla, 20-9-1991, p. 107.


La Niña de Écija, cantaora entre dos continentes (IV)

El tres de marzo de 1936 la Niña de Écija intervino en una función ofrecida en el teatro Smart de Buenos Aires como homenaje a la actriz Josefina Melià, en la que la compañía de Salvador Mari llevó a escena el tercer acto de la comedia La Torre de la Cristiana (1). 

El Niño de Caravaca con otras artistas en El embrujo de Sevilla (Crítica, 11-5-1936).

El Niño de Caravaca con otras artistas en El embrujo de Sevilla (Crítica, 11-5-1936).

El veintisiete de ese mes, la compañía de Joaquín García León y Manuel Perales estrenó en el mismo coliseo una teatralización, a cargo de los comediógrafos Manuel Martín Galeano y Juan López de Carrión, de El embrujo de Sevilla, obra del uruguayo Carlos Reyles, que asistió a la representación. Llamaron la atención los vistosos decorados construidos tanto para la obra como para el vestíbulo del Smart, que reproducía fielmente la plaza de Santa Cruz de Sevilla. La adaptación complació tanto al respetable como a la crítica:

“Si una novela parece poco propicia al trabajo de teatralización, ella es, sin duda, ‘El embrujo de Sevilla’, cuyo mérito reside en sus coloridas descripciones, en su atmósfera andaluza tan penetrante y tan sutil como un perfume. […] los calurosos aplausos de la concurrencia testimoniaron ayer a los adaptadores de la popular novela que su trabajo es del agrado del público al que está dirigido. […] nos han dado entre notas patéticas y otras de sentimental comicidad, la historia de la gitana que hiere a traición al hombre a quien ama y que sabe finalmente sacrificarse en aras de su felicidad. […] Para trasuntar el ambiente han buscado en el baile y en el cante y en el rasgar de las guitarras y en el pregón cantado de la saeta evocadora de la procesión de Semana Santa […] lo que la novela da en su mayor alcance de sugestión” (2).

La parte flamenca de la obra recayó en los cantaores Niña de Écija y Niño de Caravaca, los bailaores Lola Granados y Ramón Llanos, y el guitarrista Julio Alonso, que “se hicieron aplaudir con justicia” (3). El once de mayo, con motivo de la centésima representación de la obra, se organizó una función especial, en la que se sumaron al cuadro la bailaora Eloísa Albéniz y el cantaor el Sevillanito, entre otros artistas. Además, el cuarteto de laúdes los Aguilar ofreció un breve concierto con piezas de Albéniz y Falla (4). 

La Niña de Écija y Julio Alonso (La Nación, 24-11-1936).

La Niña de Écija y Julio Alonso (La Nación, 24-11-1936).

Unos días más tarde, Paquita Martín intervino en una audición de música popular española retransmitida por Radio Rivadavia (L. S. 5), en la que también participaron el cantaor Bernardo el de los Lobitos y el barítono Emilio Sagi-Barba (5); y en los meses siguientes impresionó una serie de registros sonoros en la casa RCA Víctor de Buenos Aires (6).

A finales de junio, en la elegante boite La Marina, de la ciudad de Rosario, se celebró una gran fiesta española a la que acudió, en calidad de invitada de honor, la “célebre cantadora flamenca la Niña de Écija, teniendo en cuenta sus sobresalientes condiciones artísticas y la circunstancia de ser una artista de renombre”. Su actuación se prolongó durante varios días, en los que compartió protagonismo con otros números de variedades y con las setenta bailarinas del establecimiento, que se presentaban ataviadas con trajes regionales” (7).

En noviembre llegó a Santiago de Chile junto a Julio Alonso, el bailaor Ramón Llanos y la vedete española Mary Díaz, con quienes formaba el conjunto español La Giralda. Contratados por la empresa Cóndor, actuaron durante una semana en el teatro Politeama, ubicado en el Portal Edwards, compartiendo cartel con la proyección de la película española El gato montés, de Rosario Pi. Animaba el baile la orquesta del maestro Retes, integrada por dieciséis profesores (8). La noche del debut recibieron una “favorable acogida del público” (9).

A principios de diciembre la Niña de Écija y Julio Alonso intervinieron en un homenaje al poeta Eduardo Marquina que fue transmitido por la Radiodifusora Otto Becker (CB 89). Julio tocó por malagueñas, rosas y murcianas, y acompañó el cante de Paquita por granaínas y guajiras (10).

Boite La Marina, en Rosario (Argentina).

Boite La Marina, en Rosario (Argentina).

En esos días, el conjunto La Giralda realizó una breve presentación en el teatro O’Higgins y después se incorporó al elenco permanente de la Compañía de Revistas Bataclánicas del teatro Balmaceda, integrado por  la vedete argentina Carmen de Thalía, el humorista criollo Pepe Olivares, los actores cómicos Eugenio Retes, José Harold, Pilar Serra, Teresa Molina, Blanca Arce, Miguel Montero y Rolando Calcedo, el trío colombiano hermanos Contreras y un coro de dieciocho segundas tiples y bailarines (11). 

El diez de diciembre estrenaron la revista La Pasionaria, de Eugenio Retes, que incluía un cuadro de conjunto titulado España de mantón y pandereta, protagonizado por los artistas flamencos. En los días sucesivos llevaron a escena la revista cómica y folclórica chileno-mexicana Doña Teresita no meta la mano; la revista Yo también soñé, con texto de Manuel Manzano y música de Roberto Retes, que incluía un cuadro con variaciones del tango Puerto Nuevo a cargo de Carmen de Thalía; y las piezas cómicas El rey se casa y Corazones en albahacas (12).

En 1937 Paquita Martín dio a luz en Tucumán a su único hijo, Julio, que recibió las aguas bautismales en Buenos Aires, amadrinado por la bailaora Lolita Beltrán (13). Tal vez por ese motivo la hemeroteca ofrece escasos datos sobre la actividad de la cantaora en ese año, salvo los relativos a su presentación en la emisora porteña Radio Prieto (L. S. 2) en el mes de julio (14).

La fecha de expedición de sus pasaportes sitúa a la Niña de Écija, Julio Alonso, Mary Díaz y Jesús Perosanz en Caracas en enero de 1938. Desde allí viajaron hasta Puerto Rico para realizar, en el mes de febrero, una serie de actuaciones en los teatros Martí de San Juan, Santurce y Río Piedras (15). Se anunciaban con el nombre de Embrujo Español y ofrecían “una auténtica fiesta sevillana”, con “coplas, tangos, guitarras, canciones regionales, manzanilla, mujeres, flores y arte” (16).

Jesús Perosanz (La Gaceta, 28-6-1938).

Jesús Perosanz (La Gaceta, 28-6-1938).

La publicidad del espectáculo destacaba el ritmo vibrante de las castañuelas y la alegría jaranera de las canciones de Mary Díaz (rebautizada como Mary Sevilla); el renombre alcanzado por Jesús Perosanz en los escenarios españoles y americanos; la magia de la guitarra de Julio Alonso y la autenticidad del flamenco de la Niña de Écija, “renovadora del ‘cante jondo’, que cultiva especialmente, y es ella misma una flamenca auténtica, pues domina con especial expresión las viejas canciones andaluzas” (17).

Con la denominación de El embrujo sevillano, el conjunto se presentó en el mes de abril en el teatro Martí de La Habana, que ofrecía un programa triple en el que también figuraba Charlo, rey del tango argentino; y la zarzuela cubana Bajo el cielo tropical, llevada a escena por la compañía de Ernesto Lecuona. Unos días más tarde se representó la revista Habana-Buenos Aires-Sevilla, en la que intervinieron todos los artistas mencionados, además de la pareja de baile Dorita-Valero (18).

A finales de junio Paquita Martín, Julio Alonso, Mary Díaz y Jesús Perosanz viajaron hasta Tampa con escala en La Habana, donde se les unió la bailaora, cantaora, guitarrista y cupletista Teresita España. Iban contratados por los empresarios Manuel Aparicio y Julián del Barrio, que los presentaron en distintas salas de la ciudad bajo la denominación de Alma Española, con la Niña de Écija, “una maravilla en lo flamenco”, como figura principal (19). El espectáculo duraba cuarenta y cinco minutos y el programa se completaba con la representación de una pieza teatral.

Teresita España (Walken).

Teresita España (Walken).

Debutaron el veintiséis de junio en el teatro del Centro Asturiano y el éxito no se hizo esperar. “Cinco artistas de mérito y el público se puso a delirar”:

“Jesús Perosanz hace primores cantando y lo mismo puede decirse de Julio Alonso con la guitarra.

Los dos fueron ovacionados, como en justicia merecen.

Y de ellas, de la Niña de Écija, Mary Sevilla y Teresita España, todos los elogios que se hagan. 

Canta la Niña de Écija ‘como los ángeles’, en lo flamenco. Atronadores aplausos recompensaron todos sus números.

Y el mismo gusto, en aplaudir, tuvo el respetable con Mary Sevilla, la cancionista, y Teresita España, la bailarina y coupletista” (20).

Notas:

(1) Crítica, 3-3-1936, p. 10.

(2) Crítica, 28-3-1936, p. 11.

(3) Ibidem.

(4) Crítica, 11-5-1936, p. 6.

(5) Crítica, 13-5-1936, p. 12.

(6) Según consta en la base de datos DAHR, esos registros contienen las guajiras Un clavel y una azucena, la murciana Qué guitarra tan señora, la colombiana Saludo a la Argentina y el verdial Un rico con dinero, todos con letra de Manuel Perales y música de Rafael Ortega. Distintas fuentes acreditan la realización de varias grabaciones más en esa misma casa discográfica.

(7) Democracia, 30-6-1936, p. 3.

(8) La Nación, 21-11-1936, p. 13; La Nación, 23-11-1936, p. 15; La Nación, 24-11-1936, p. 8.

(9) La Nación, 25-11-1936, p. 9.

(10) La Nación, 2-12-1936, p. 14.

(11) La Nación, 2-12-1936, p. 5; La Nación, 10-12-1936, p. 8.

(12) La Nación, 11-12-1936, p. 8; La Nación, 12-12-1936, p. 11; La Nación, 15-12-1936, p. 8; La Nación, 18-12-1936, p. 8.

(13) Martín Martín, M., “La Niña de Écija”, Candil, nº 79, 1/1992, pp. 8-9.

(14) Radiolandia, 26-6-1937, p. 63.

(15) El Mundo, 10-2-1938, p. 19; El Mundo, 15-2-1938, p. 4; El Mundo, 26-2-1938, p. 7.

(16) El Mundo, 9-2-1938, p. 16.

(17) El Mundo, 10-2-1938, p. 19.

(18) Diario de la Marina, 27-4-1938, p. 6; Diario de la Marina, 3-5-1938, p. 6.

(19) La Gaceta, 22-6-1938, p. 3; La Gaceta, 24-6-1938, p. 3.

(20) La Gaceta, 27-6-1938, p. 4.


La Niña de Écija, cantaora entre dos continentes (III)

Durante su estancia en Argentina, la Niña de Écija compaginó su actividad teatral con sus actuaciones en distintos locales del Buenos Aires flamenco, como la Hostería del Sacromonte. Allí la sitúa una crónica que tiene como protagonista a José Escudero Montoya, Chato de Valencia

En diciembre de 1933, en plena canícula austral, el cantaor caminaba por las calles de la ciudad a altas horas de la madrugada junto a un redactor del diario Crítica. Los sonidos del cante y la guitarra los hicieron penetrar en el colmado y sumarse a la juerga, y así lo contó el periodista:

Paquita Martín, la Niña de Écija (Crítica, 29-2-1936).

Paquita Martín, la Niña de Écija (Crítica, 29-2-1936).

“Oímos desde la calle rasguear una guitarra. Llega hasta nosotros una hermosa voz de mujer que entona un fandanguillo… […]

Aquella mujer dice así en la copla:

‘Dale gusto a los pinreles

baila tú y ten alegría

e’luego viene la muerte

y gana er que… se divierte’.

ーEso é pá comensá ーdice e Chato. Eso é la chipén, la ‘Niña de Ésija’, naide, una gachí que hase gárgara con agua bendita y larga angelitos ar vuelo cada ves que canta… […]

Entra, precediéndonos, en el colmao. […] Se acerca al mostrador adornado con mosaicos sevillanos y manda con humos de gran señor a una mocita morena.

ーA ver, niña, danos er primer trago que tenemos er gañote resecao.

Tres chatos de mansaniya […].

De nuevo escuchamos la voz de la ‘Niña de Écija’ y el maravilloso rasgueo de su guitarrista y ‘marío por lo seví y por la iglesia’ el tocaor Julio Alonso. […]

ーMe dice la chavala que hay abajo en el intirió der sótano, en la ‘cueva é Faraón’ una ‘reunión’ de gente prensipá. Les canta la ‘Niña de Ésija’ y les toca su marío […]. Ascuchá a la de Ésija que es una cosa mu seria. Fijarse qué delicaesa de copla.

Paquita Martín, la Niña de Écija, por Santos Yubero (Archivo Comunidad de Madrid).

Paquita Martín, la Niña de Écija, por Santos Yubero (Archivo Comunidad de Madrid).

‘Píeme el arma y la vía

arma y vía te daré

No me pidas que te quiera

eso… ya no puede sé…’

ー¡Ole! ーlarga el Chato en un alarido. ¡Eso es la conjunción de la astronomía!… ¡Bendita sea la mare que te trajo ar mundo y er barco que te arrempujó pa Güenos Aires!… 

[…]

Bajamos la escalerilla […]. Abajo, unos señores ‘medio ajumaos’ rodean una mesa. Muchas botellas vacías indican que la batalla ha sido brava. En la ‘cueva de Faraón’, habitación encalada con su chimenea típica y sus bancos rústicos, flota un olorcillo a pescado frito y a vino. La ‘Niña de Écija’ y su tocaor son los que animan la juerga con el cante jondo.

ーSalú señores y… la compañía ーdice el Chato por saludo. Aquí […] dos amigos que van en reconocimiento pa er perioico. Toos güena gente… Amos, Julio, toca por el estilo que quieras y pon la sejiya má arta que una libra esterlina… Amos, a escuchá, un poquitín de silensio. Esta copla va pa una chavala que hay por arriba… ¡Olé, Julio, así se toca… Un poco é silienso…

El Chato de Valencia canta.

‘Hasta la fe de bautismo

he empeñao por tu queré

ahora me ves y me orvías

mala puñalá te den

que me has robao la vía’.

[…]

Con el último ‘jipío’ se arma el jaleo. […] Corre el vino… El Chato y la de Écija se traban en una lucha feroz por todos los estilos de cante… Se cantan por jaberas, martinetes, seguiriyas, soleares, fandangos… Todos sudan… todos beben, los señores piden ‘una niña que se baile’. Llega una moza morena importada de La Cueva… Baila hasta cansarse… Todos jalean… Llevan el ritmo con las palmas… La juerga sigue en aumento… Más vino… Mucho vino… Más coplas…” (1).

Lolita Beltrán (Crítica, 22-10-1933).

Lolita Beltrán (Crítica, 22-10-1933).

El doce de agosto de 1934 se celebró en el salón Mariano Moreno de Buenos Aires un festival a beneficio del cantaor José Morales, ‘Tres de Copas’, que se encontraba enfermo. En él colaboraron numerosos amigos y compañeros de profesión, así como distintas figuras del flamenco residentes en la ciudad, como los cantaores Niña de Écija, la Andalucita, Niña de Córdoba, Jesús Perosanz y Chato de Valencia, los bailaores Lolita Beltrán, Orteguita y Lolo, y los tocaores Julio Alonso y Luis Triguero” (2).

Durante los años 1935 y 1936 se pudo ver a la Paquita Martín en distintos teatros porteños, principalmente en el Avenida, donde actuó durante el mes de julio junto a la compañía lírica flamenca de Rosarillo de Triana y Jesús Izquierdo, que representó, sucesivamente, las comedias España gitana, La reja florida y Sevilla, la sultana, todas con libreto de Hilario Flores y R. Loza, y música de José María Palomo. En el reparto, integrado por actores, actrices y artistas flamencos, cabe destacar la presencia de los cantaores Niña de Écija, Jesús Perosanz, Chato de Valencia, Niño de Caravaca y Niña del Sacromonte, la bailaora Soledad Pacheco, y los tocaores Ballesteros y Julio Alonso (3).

Aunque el público no escatimó en aplausos, el crítico de la revista Caras y Caretas, Agustín Remón, mostró su descontento con la obra España gitana, que le recordaba “a aquellas láminas de las antiguas cajas de pasas de Málaga. Dibujo tosco, color de pintor de brocha gorda…” A pesar de ello, elogió la labor de los artistas flamencos: “El ‘Niño de Caravaca’ es un ‘cantaor’ excepcional, y sus guajiras tienen el sello de lo insuperable. Y también […] cantan bien ‘Chato Valencia’, ‘Perosanz’ y ‘Niña de Écija’. A Rosarillo de Triana no le falta tampoco estilo de bailarina” (4).

Rosarillo de Triana (El Adelanto, 21-12-1933).

Rosarillo de Triana (El Adelanto, 21-12-1933).

De Sevilla, la sultana la prensa acusó la falta de originalidad de la partitura, que sirvió como pretexto para el lucimiento de los artistas, especialmente de los flamencos:

Rosarillo de Triana, que volvió a hacerse aplaudir como bailarina y cantante; la Niña del Sacromonte y la Niña de Écija, que también se hicieron aplaudir como ‘cantaoras’ y actrices; Aurora Peris y los actores Jesús Izquierdo e Hilario Flores y los cantaores Chato de Valencia, Jesús Perosanz y el Niño de Caravaca.

El público recibió con agrado la novedad, aplaudiendo varias veces a escena abierta a sus intérpretes favoritos” (5).

El veintitrés de agosto la compañía española de comedias de Joaquín García León y Manuel Perales, que llevaba un tiempo actuando en el teatro Smart de Buenos Aires, estrenó la obra Tú, gitano, y yo, gitana, del autor novel Antonio Casas y Bricio, que permaneció casi un mes en cartel.

Junto a las actrices Socorrito González, Laura Alcoriza, Carmen de Andrés y Elena G. Granda, y los actores Jesús Navarro, Tino Rodríguez y Tito Martínez Casado, además de los titulares de la compañía, en el reparto figuraban los cantaores Niña de Écija y Niño de Caravaca, acompañados por el tocaor Julio Alonso (6). 

Aunque la crítica porteña calificó la comedia de “endeble” y ramplona, “verdadero monumento al ripio y al lugar común” (7), reconoció la calidad del trabajo de los intérpretes, que también recibieron el favor del público. El diecinueve de octubre se ofreció una función en honor de los artistas flamencos (8).

Anuncio de La torre de la cristiana (Crítica, 17-2-1936).

Anuncio de La Torre de la Cristiana (Crítica, 17-2-1936).

Unos días más tarde, la Niña de Écija, el Niño de Caravaca y Julio Alonso, junto con el resto de la compañía y otras figuras, entre ellas Pepita Lláser, la Andalucita y Lolo, participaron en una función extraordinaria ofrecida en el Avenida a beneficio de los acomodadores, maquinistas, porteros y otros empleados del teatro (9).

Durante los meses de febrero y marzo de 1936 la cantaora sevillana se anunció regularmente en Radio del Pueblo (LS6) de Buenos Aires (10), actividad que compaginó con su actuación en el teatro Avenida, integrada en la compañía de Esteban Serrador Mari, que debutó el quince de febrero con la comedia lírica flamenca La Torre de la Cristiana, de Antonio Quintero y Pascual Guillén. Dado el carácter de la obra,  que permaneció más de quince días en cartel, fue necesaria la contratación de un cuadro formado por la “‘Niña de Écija’, conceptuada como la renovadora del cante flamenco”, el Chato de Valencia, la bailaora la Nury, y los guitarristas Ballesteros y Julio Alonso (11).

La crítica, que calificó la pieza de “pintoresca, llena de atracción, con ricos efectos cómicos y firmes relieves sentimentales”, consideró que sus autores se habían superado en lo que respecta al tema y al desarrollo sus creaciones anteriores, y que solo les había “faltado dar mayor consistencia al acto de la fiesta, a fin de que los números de canto y baile no aparecieran un tanto desperdigados de la acción misma”. El público, que abarrotó la sala, dio al conjunto una “recepción triunfal” (12).

“El cuadro flamenco se lució ampliamente. La cantaora Niña de Écija cantó con dulce media voz y seguridad en los momentos de fuerza varias canciones, entre las que se destacó por su gracia una canción de Navidad. Fue clamorosamente aplaudida. Análogo [sic] recepción se tributó a Chato de Valencia […]. La emoción de sus coplas, de un tango gitano y la especial expresión que le dio a ‘Clavel del aire’, de Juan de Dios Filiberto, ganaron por completo a la concurrencia.

La Nury intervino en dos oportunidades, debiendo repetir en ambos casos su danza. Bien mereció el aplauso. […] Los guitarristas Alonso y Ballesteros se lucieron ampliamente.

La puesta en escena cuidada y los decorados interesantes y vistosos dieron mayor realce al éxito de anoche” (13).

El elenco flamenco de La Torre de la Cristiana (Crítica, 20-2-1936).

El elenco flamenco de La Torre de la Cristiana (la Niña de Écija, a la derecha) (Crítica, 20-2-1936).

Notas:

(1) Crítica, 22-12-1933, p. 18.

(2) Crítica, 8-8-1934, p. 15; Crítica, 12-8-1934, p. 15.

(3) Crítica, 6-7-1935, p. 19; Crítica, 16-7-1935, p. 11; Crítica, 22-7-1935, p. 9.

(4) Agustín Remón, Caras y Caretas, 27-7-1935, pp. 112-113.

(5) Crítica, 25-7-1935, p. 17.

(6) Crítica, 23-8-1935, p. 18.

(7) Crítica, 17-9-1935, p. 10; Caras y Caretas, 7-9-1935, p. 112.

(8) Crítica, 19-9-1935, p. 9.

(9) La función fue organizada por la compañía de revistas de Inés Berutti y la empresa Díaz-Artigas (Crítica, 28-10-1935, p. 32).

(10) La Canción Moderna, 1-2-1936, p. 43; La Canción Moderna, 8-2-1936, pp. 44, 48; La Canción Moderna, 15-2-1936, p. 46; La Canción Moderna, 22-2-1936, pp. 44, 48; La Canción Moderna, 29-2-1936, p. 43; La Canción Moderna, 14-3-1936, p. 43; La Canción Moderna, 21-3-1936, p. 56; La Canción Moderna, 28-3-1936, p. 58.

(11) Crítica, 15-2-1936, p. 8.

(12) Crítica, 16-2-1936, p. 11.