Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Su Majestad, Pastora Imperio (II): Consagración

En marzo de 1909, acompañada por sus padres y su hermano, la Bella Imperio desembarca en el puerto de Cádiz procedente de La Habana. Uno de sus primeros compromisos profesionales la espera en Sevilla: un festival a beneficio de la Asociación de la Prensa que se celebra en el Teatro del Duque y en el que también participan las tiples Julita Fons y Teresa Bordás, y la bailaora Antonia Mercé ‘la Argentina’.

Pastora Imperio (La Hoja de Parra, 17-6-1911)

Pastora Imperio (La Hoja de Parra, 17-6-1911)

La hija de la Mejorana, “que reúne en su expresión, su gesto y su danzar la quinta esencia del flamenquismo fino”, sella con un gran triunfo el reencuentro con su público:

“De ver era aquel cuerpo flexible en las difíciles contorsiones del garrotín y la farruca, y era de ver la expresión y justeza con que la Imperio, con rítmico compás, golpeaba el tablado, bailaba a la guitarra y sus labios y ojos se expresaban en un lenguaje harto elocuente.
Aplaudidísima fue Pastora y el público la hizo salir no pocas veces a escena al terminar el espectáculo” (El Liberal de Sevilla, 17-4-1909).

Después vuelve a la carretera. Recorre España de sur a norte, recibe el nuevo año actuando en Lisboa y estrena la temporada de primavera en el Petit Palais de Madrid, donde el respetable la hace “repetir infinidad de veces sus clásicos e inimitables bailes, sobre todo la ‘farruca’ y ‘garrotín’, en los que obtiene todas las noches un verdadero triunfo” (Eco Artístico, 5-5-1910).

En septiembre de 1910 Pastora realiza una tournée por las Islas Canarias junto a su hermano y fiel guitarrista Víctor Rojas, y el bailaor jerezano Antonio Ramírez. La sevillana conquista al auditorio con algunos de sus números más emblemáticos: se presenta en escena ataviada con un capote de paseo, montera en mano, mientras suenan los acordes del pasodoble ‘La Giralda’; baila después “con irreprochable gusto Los panaderos, un Garrotín cantado y otro escrito expresamente para baile”, e interpreta el tango de Los lunares “con exquisito estilo y picaresca intención” (El Progreso, 23-9-1910).

Pastora Imperio (La Hoja de Parra, 6-4-1912)

Pastora Imperio (La Hoja de Parra, 6-4-1912)

Asimismo, llaman mucho la atención, por su originalidad, la Danza oriental y los bailes ejecutados a dúo con Ramírez: una farruca con acompañamiento de guitarra y la coreografía ‘El Gitanillo’ (1), con cante y música de orquesta, en la que Pastora luce el traje de hombre.

Una vez cumplidos sus compromisos insulares, la Imperio regresa a tierras andaluzas y, pocos meses más tarde, su nombre salta al primer plano de la actualidad por un asunto que nada tiene que ver con su arte. El 8 de febrero de 1911, después de quince noches de triunfos y sin previo aviso, la bailaora no se presenta en el Teatro Lloréns de Sevilla, para disgusto del público y de la empresa, que se ve obligada a suspender la sesión.

Comienzan las especulaciones, que hacen correr ríos de tinta. Pastora se ha fugado con el torero Rafael Gómez ‘el Gallo’ y ambos se han instalado en el Hotel Inglés de Madrid. Se confirma así el rumor de una relación amorosa entre ellos, que había sido lanzado en 1909 por la prensa mexicana, cuando ambos coincidieron por motivos de trabajo en aquel país.

El romance termina en boda, que se celebra el 20 de febrero en la Iglesia de San Sebastián de la Villa y Corte ante una treintena de amigos y familiares. Actúan como padrinos el torero Enrique Vargas, ‘Minuto’, y la madre de la novia, Rosario Monje ‘la Mejorana’, que ha viajado desde Sevilla en compañía de su hijo Víctor. La fotografía del enlace sale en portada del diario ABC e incluso algunos medios extranjeros se hacen eco de la noticia.

Excelsior (París), 25-2-1911

Excelsior (París), 25-2-1911

Pastora y Rafael se instalan en la Calle Santa Ana de Sevilla, en una casa contigua al domicilio de la madre del diestro -la otrora estrella de los cafés cantantes Gabriela Ortega-, y la artista renuncia a su carrera profesional para dedicarse en cuerpo y alma a su marido.

Mas la felicidad de la pareja tiene los días contados. Se dan numerosas versiones sobre los motivos de la separación, pero casi todas apuntan al carácter difícil y los enfermizos celos del torero. La propia artista lo confirma semanas más tarde en una entrevista concedida al Duende de la Colegiata:

“Ya ve usted, a Bienvenida le gusta lucir (sic) su mujer, llevarla a paseo… ¡A Rafael, no! Y yo, ¡tan a gusto! ¿Lo quería él así? ¡Bueno! Entonces me dijo que íbamos a vivir con su familia y allá fuimos…
[…] sola con él hubiera sido muy feliz; pero ¡su familia!.. luego ¡él es tan extraño!… veía lo que no existió… una sombra que huye por la noche; una hembra que se escapa de día… ¡en fin!… Yo no sé si es la neurastenia o qué; pero ¡usted sabe que de mí no ha tenido nadie que decir nunca nada!, y sus celos…” (Heraldo de Madrid, 12-2-1912).

Antes de Navidad, la Imperio abandona el hogar conyugal y regresa al de su familia, que en esa época reside en la Calle Correduría. A finales de enero de 1912 fallece su padre y el 22 de marzo la artista reaparece en el Salón Imperial de Sevilla, que cuelga el cartel de no hay billetes.

Pastora Imperio durante su actuación en el Teatro Romea (Madrid Comico, 6-10-1912)

Pastora Imperio durante su actuación en el Teatro Romea (Madrid Cómico, 6-10-1912)

Ataviada con un traje de crespón negro sobre fondo rosa y envuelta en un blanco pañolón de Manila, Pastora sale a las tablas visiblemente emocionada y entona la canción “La pena, pena”, fiel reflejo su estado de ánimo. Después dice la buena ventura, baila el garrotín y ofrece otros números de su repertorio, entre los ensordecedores aplausos del respetable.

Tras los difíciles momentos vividos, la sevillana se refugia en el arte y retoma el intenso ritmo de trabajo que llevaba antes de retirarse, con un sinfín de actuaciones por toda la geografía peninsular.

En el mes de octubre, durante su exitosa temporada en el Teatro Romea de Madrid, acude cada noche al coliseo el ilustre escritor Jacinto Benavente, que expresa su admiración hacia la artista en un artículo que ha pasado a la historia:

Pastora Imperio […] es ella sola y es única. Y ¿qué hace este demonio de mujer?, preguntáis.
Pues canta y baila, y os apasiona, y os enloquece, y os hace llorar de admiración. ¿Es tan hermosa? Peor que hermosa […] Es mármol y es fuego. Yo diría que es la escultura de una hoguera. Su carne tiene ardores de eternidad y su cuerpo es como columna de santuario: palpitante y como incendiada al resplandor de fuegos sagrados. […]
Ve uno a Pastora Imperio y la vida se intensifica. […] Porque cuando ve uno a Pastora Imperio cree uno en Dios lo mismo que cuando lee a Shakespeare” (Diario de Alicante, 8-10-1912).

Elevada por Benavente a la categoría de artista de culto, la sevillana sigue conquistando a los públicos más selectos con su extenso repertorio de cante y baile, que continúa incrementándose con la incorporación de canciones como ‘La bailaora’, ‘La divina Pastora’, ‘El mocito de mi barrio’, ‘¡Viva Madrid!’, ‘La cascabelita’, ‘El chiquillo’ o el monólogo cantado ‘Vida errante’.

Pastora Imperio (La Mañana, 21-2-1913)

Pastora Imperio (La Mañana, 21-2-1913)

Entre sus novedades coreográficas cabe destacar el tango argentino, bailado con su hermano Víctor, que también la acompaña a la guitarra en uno de sus números más emblemáticos, el garrotín gitano. Así lo describe Diego Martín del Campo en un artículo titulado “La reina del baile”:

“Con un pañolito de talle cubriendo la garganta y el nacimiento del escote, tocada la cabeza con un sombrerillo flexible, […] Pastora, doblada la cintura en gracioso esguince, casi arrastrándose por el suelo, llega desde el fondo del escenario hasta la ‘concha’, golpeteando rítmicamente sus tacones con su maestría incomparable a tiempo que se acompaña con el desgarrado y chulón crotalear de sus dedos.
Ya en las candilejas, en un arranque como de vértigo, girando todo su cuerpo alrededor de los pies quietos y firmes que llevan en su taconear el compás de la música, se yergue triunfal, majestuosa, ofreciéndose […].
Los brazos […] describen alrededor de su cabeza, con una gracia peculiar, incopiable, sólo de ella, círculos que semejan cabalísticos conjuros de superstición. Y sus pies breves, alados, que se deslizan casi sin pisar el suelo, van bordando una por una en el tablado las notas de la música, con tal maestría, que diríase lleva una orquesta en el tacón Luis XV de sus zapatos pulidos.
Y llega la coda, el final. Ahora la música de la danza, es en trémolos rojos, desgarrados, tajantes. Pastora se revuelve, se agita, se contrae dislocada, como en el vértigo de una posesión demasiado intensa, y su cuerpo estatuario, que es un poema carnal, al cabrillear en la violencia de los movimientos las lentejuelas que bordan el traje, semeja una serpiente agonizante. […] Está genial, adorable, alucinante de hermosura en este vértigo final que es el baile, que es un loco desbordamiento de sensualidad” (El Radical, 2-3-1913).

La Argentinita, Carmen Flores y Pastora Imperio en la Fiesta del Sainete (Nuevo Mundo, 20-5-1912)

La Argentinita, Carmen Flores y Pastora Imperio en la Fiesta del Sainete (Nuevo Mundo, 20-5-1912)

La presencia de la Imperio es un valor seguro en cualquier evento que se precie, como la Fiesta del Sainete, que se celebra cada primavera en el Teatro Apolo de Madrid y que cuenta con la participación de grandes estrellas de variedades de la categoría de la propia Pastora, la Argentinita o las cupletistas la Goya y la Chelito (2).

Asimismo, la bailaora sevillana se vale de su gran popularidad para contribuir a distintas causas. Por ejemplo, en julio de 1912 organiza en Cádiz una función en favor de la Cofradía de Jesús Nazareno y en febrero del año siguiente ofrece en el Teatro Romea de Madrid un festival a beneficio la viuda e hijos del malogrado torero Dominguín.

NOTAS:
(1) Este número también se anuncia como ‘El Gitanet’ y en ocasiones es cantado y bailado en solitario por Pastora.
(2) En la edición de 1912, Pastora protagoniza el fin de fiesta junto a la Argentinita, la Chelito y Carmen Fernández; y en 1913, comparte cartel con la Argentinita, la Goya, la Chelito y Julita Fons.


Su Majestad, Pastora Imperio (I): La forja de una estrella

Cuando una está predestinada al arte, éste se acaba imponiendo… y Pastora lo traía de serie. Nacida en 1885 en el sevillano barrio de la Alfalfa, era hija de Rosario Monje ‘la Mejorana’, gran bailaora gaditana retirada antes de tiempo para dedicarse a su familia, y del sastre de toreros Víctor Rojas.

Su padre deseaba para ella una vida “normal”, como la de cualquier chica de su edad, pero el destino es caprichoso… te busca y te atrapa, y si Pastora sale indemne de Serva la Barí, donde el cante y el baile florecen en cada esquina, en Madrid le aguarda su encuentro definitivo con el duende.

Pastora Imperio (El Arte del Teatro, 15-8-1907)

Pastora Imperio (El Arte del Teatro, 15-8-1907)

Con el cambio de siglo, la familia se traslada a la Villa y Corte en busca de algún remedio para la enfermedad de Víctor, y se instala en un piso de la Calle de la Aduana, justo debajo de la academia de baile de la maestra jerezana Isabel Santos.

“-… ¡Y ahí empezó el queso! Yo, desde que me di cuenta de que arriba se movían los pinreles y se tocaban los palillos, no vivía ni dejaba tranquilo a nadie. Si estaba fregando la escalera y oía bailar, dejaba la rodilla y me ponía a dar saltos sobre un escalón. Un día se me prendieron fuego las ropas porque iba por el pasillo de mi casa con el quinqué de petróleo entre las manos y, al escuchar arriba un bolero, me puse a dar saltos con el quinqué y todo, y, claro, me quemé. En fin, una fiebre, una locura.
-¿Y sus padres de usted qué decían de sus aficiones?
-Pues mi padre decía que me iba a romper una pierna para que no saltara tanto.
[…]
-… un día, fregando la escalera, llegó un señor y me preguntó por la academia de baile […]. Me dijo que era D. José Fernández, amo de un teatro que se llamaba Japonés, y donde las mocitas bailaban mucho. Yo aproveché la ocasión y, con el achaque de acompañar al caballero, me colé en la academia […]. Aquel día nació en mi imaginación la idea de ser artista. Me volví loca del todo” (Nuevo Mundo, 23-2-1917). (1)

Pastora Imperio, junto al elenco de artistas del Teatro Japonés (Vida Galante, 7-10-1900)

Pastora Imperio, junto al elenco de artistas del Teatro Japonés (Vida Galante, 7-10-1900)

Tras vencer la reticencia inicial de su padre, en octubre de 1900 la joven Pastora debuta en el recién inaugurado Teatro Japonés de Madrid, uno de los muchos salones que en esos años comienzan a surgir en la capital, dedicados al cultivo del denominado género ínfimo o de variedades, que, una vez superada su sicalíptica etapa inicial, se ofrece como un entretenimiento apto para todos los públicos, incluidas las damas:

“¡LAS SEÑORAS PUEDEN ASISTIR AL TEATRO JAPONÉEEEEES!!! Y las señoritaaaaas!!! POR MELINDROSAS QUE SEAAAAN…!!!” (La Correspondencia Militar, 1-10-1900).

“Lujo, luces, confort, elegantes acomodadores, buffet bien servido y alegría en todo el local. Pero alegría sana, a la cual no podría poner reparos el más severo padre de familia ni el más austero Pidal. […]
Van señoras, y puede verse, entre fraques y smokings, numeroso público que escucha correcto y complacido” (Heraldo de Madrid, 28-10-1900).

En el Salón Japonés actúa una compañía de varietés franco-española, que incluye cupletistas, actrices, teatro de fantoches, linterna mágica y dos parejas de baile español: las Hermanas Domedel y las Hermanas Imperio, nombre con el que el periodista Alejandro Saint-Aubin bautiza al dúo formado por Pastora Rojas y Mariquita la Roteña. Las jóvenes artistas interpretan un repertorio de bailes españoles, como el vito y la jota.

Tras una breve estancia en el local de Don José Fernández, en abril de 1901 la hija de la Mejorana debuta en el Salón de Actualidades, donde se anuncia de manera intermitente durante el primer lustro del siglo XX. Sobre esas tablas se va fraguando la leyenda de la Imperio, que no tarda en ocupar un lugar destacado entre las grandes figuras de su género.

Las Hermanas Imperio (Vida Galante, 18-1-1918), composición mía

Las Hermanas Imperio (Vida Galante, 18-1-1918), composición propia

De hecho, los espectáculos de variedades constituyen un espacio idóneo para la convivencia de distintos estilos, que favorece la innovación y la versatilidad de los artistas, y Pastora es un claro ejemplo de ello, pues no se limita a bailar -ya sea sola, ya en pareja-, sino que además debuta como cupletista y actriz, recita monólogos e interviene en apropósitos cómico-líricos, en los que muestra todas las facetas de su arte, siempre castizamente andaluz. Incluso protagoniza una obrita escrita expresamente para su lucimiento como cupletista y bailaora, que lleva por título El imperio de la Imperio (La Correspondencia de España, 22-11-1902).

En lo que respecta al arte de Terpsícore, en esos primeros años la sevillana llama especialmente la atención bailando el tango, con mucha gracia y su mijita de picardía, pero siempre dentro del buen gusto:

“Cuando en los últimos compases del tango su cuerpecito se encorva, se riza en vertiginosas ondulaciones, adelántase provocativa su cabecita desafiando las iras del respetable con el brillo de sus ojos negros […]; frúncense sus labios, arrúgase su entrecejo, oprímense sus dientecillos, aprietan sus afilados deditos el sombrero cordobés, estrujando las negrísimas bandas de cabellos que caen sobre la frente […] Pastora Imperio es de las pocas artistas que saben bailar, y desde los primeros compases de las soñadoras danzas andaluzas no limita su trabajo al cruce de pies y al agitar monótono de los brazos: en ella se balancea todo el cuerpo; sus manos agarran nerviosamente las sedas del vestido; los piececitos vibran en acompasado golpear sobre las tablas del escenario y su hermosa cabeza inclínase a veces como pidiendo un beso; pero con enérgico ademán échase atrás rápidamente, lanzando en calenturiento arranque los claveles y las peinetas que adornan sus cabellos” (El Arte del Teatro, 15-8-1917).

Pastora Imperio (José Villegas, 1905)

Pastora Imperio (José Villegas, 1905)

Pastora interpreta los bailes de siempre de un modo novedoso y muy personal, que recuerda en cierto modo a las danzas orientales y desata el entusiasmo de quienes la contemplan. Periodistas y escritores empiezan a caer rendidos ante sus formas, su belleza y sus cautivadores ojos verdes; y ensalzan el buen gusto y la finura que caracterizan a su arte:

“Sé que el baile andaluz es la cosa más admirable y que representa el triunfo más alto de la gracia. Viendo a la Imperio arquearse y trenzar sobre el tablado sus danzas todo voluptuosidad y brío, viéndola siempre plástica y arrogante, siempre desafiadora y triunfal, he comprendido el por qué las bailadoras tartesianas hicieron famosa a su patria en la Corte de los Césares…” (El Hidalgo de Tor, El Noroeste, 8-9-1906).

“La Imperio, cuando baila, prescinde de los cánones fastuosos, de los resoplidos, de los gritos, del ruido y del taconeo, que levanta polvo y molesta. No pone en juego las caderas, ni usa los brazos como banderines, ni abre las manos como en aleteo. Su tango es singular, originalísimo; bello como una danza griega, artístico como los bailes de la Mata Hari, de la Truhanowa y de Isadora Duncan. Las demás ‘bailaoras’ bailan tangos ruidosos, desenfrenados, jadeantes, como los que se ven en ciertos cafés ‘por el consumo’. La Imperio es sigilosa y serpenteante como una bayadera de Jacquoliot. Baila sin más ruido que el de las castañuelas de sus dedos; su falda no revolotea, sino que se le ciñe al cuerpo con la fina sensualidad de una camisa; sus brazos tienen la soltura noble de una pitonisa, y sus pies de andaluza airosa dan tanta fina agilidad y tanta gracia al baile, que, siendo aquella silueta alta, gentil, cimbreante y delicada, se recuerda la copla popular:
‘Eres fina y eres alta
como junco de ribera…’” Cristóbal de Castro (El Liberal, 28-4-1909).

La sevillana alterna sus largas temporadas en los teatros madrileños con actuaciones en otros lugares de España y Portugal. En 1906 se anuncia durante varios meses en el Kursaal Central de la Villa y Corte, donde coincide con otras grandes figuras del género de variedades, como Amalia Molina o la Fornarina.

Secuencia fotográfica de los bailes de Pastora en México (El Diario, 19-11-1908)

Secuencia fotográfica de los bailes de Pastora en México (El Diario, 19-11-1908)

En octubre de 1907 Pastora debuta en el Casino de París, donde se representa la fantasía coreográfica La Tulipe Noire seguida de un amplio programa de variedades. Tanto el público como la crítica se rinden ante la bailaora, que obtiene un gran triunfo:

“¡Pastora Imperio, muchacha salvaje, cuyos dedos crujen como castañuelas, cuyo cabello de noche oscura aureola una cabeza de extraña belleza y energía feroz! ¡Pastora Imperio parece que levanta polvo de oro a su alrededor!” (Le Gaulois, 22-10-1907). (2)

Tras una nueva visita a la capital del Sena para intervenir en un festival benéfico celebrado en el Hôtel Porgès, en junio de 1908 la Imperio emprende su primera gira por Latinoamérica, con escalas en Cuba y México. Durante los meses de verano se presenta con gran éxito en el Teatro Actualidades de La Habana y en noviembre debuta en el Principal de Veracruz.

Gustan mucho sus picarescos cuplés, que entona con voz agradable y clara dicción, y también sus bailes: el clásico tango, los nuevos ritmos de moda, como la farruca y el garrotín, e incluso la rumba cubana, recientemente incorporada durante su estancia en la isla caribeña.

La sevillana sorprende, además, por su originalidad, su elegancia y su dominio absoluto de la escena. Por todo ello, no es de extrañar que, según la prensa mexicana, Pastora sea, “cobrando cuarenta duros españoles por noche, […] la que bate actualmente el récord del ‘buen cobrar’” (El Imparcial, 10-1-1909).

NOTAS:
(1) “Pastora, la apasionada”, entrevista por El Caballero Audaz.
(2) La traducción de los textos extranjeros es nuestra.

 


Las Hermanas Mendaña, de La Isla a Barcelona (y II)

Las primeras décadas del siglo XX son años de esplendor en Barcelona, donde se concentra una importante colonia flamenca al abrigo de los numerosos locales que proliferan, sobre todo, en el Distrito V. En un artículo publicado en El Adelanto el 2 de junio de 1929, Braulio Solsona recoge lo que él denomina el “censo de la ‘flamenquería barcelonesa’”, en el que, aparte de los Borrull, figuran cantaores como Angelillo, Guerrita, Pena hijo, El Americano, el Chato de Valencia o el Niño de Triana; cantaoras como Mariana La Camisona, La Trinitaria, Lola Cabello, Rosalía la Gitana, Lola la Malagueña o Carmen la Lavandera; bailaoras como las Hermanas Chicharras -Leonor y Concha-, Rafaela la Tanguera, Regla Ortega ‘La Pato’, Carmen ‘La Joselito’, las hermanas Piruli, La Rusa o Luisa Prat; bailaores como Estampío, Manolito la Rosa o Antonio Virutas; y guitarristas como Juanito El Dorado, Pituiti, Relámpago, Faíco Chico o Paco Aguilera (7).

Villa Rosa, años 30. En la imagen, de izquierda a derecha: Sobre el tablao, Manolo Constantina y Pepito Hurtado. Debajo: el Cojo de Málaga, una de las Mendaña (sirviéndole vino), Rosalía, Luisa, La Faraona y el hermano de Guerrita. Fuente: Archivo de Montse Madridejos

Villa Rosa, años 30. En la imagen, de izquierda a derecha: Sobre el tablao, Manolo Constantina y Pepito Hurtado. Debajo: el Cojo de Málaga, una de las Mendaña (sirviéndole vino), Rosalía, Luisa, La Faraona y el hermano de Guerrita. Fuente: Archivo de Montse Madridejos.

Con muchos de estos artistas comparten cartel y escenario las hermanas Mendaña durante los años veinte y treinta, no sólo en Villa Rosa, sino también en el Gran Pay-Pay, el Tabarín, los teatros Poliorama, Nuevo y Talía, o el Circo Barcelonés, entre otros lugares.

Con cierta frecuencia también se las puede ver en cuadros dirigidos por el guitarrista Juanito el Dorado, como es el caso de las distintas funciones ofrecidas en el Circo Barcelonés durante el año 1929, que tienen como protagonista al cantaor Manuel González, ‘Guerrita’. Ese mismo espectáculo también se presenta en otros coliseos, como el Apolo de Valencia o el Principal de Castellón (8).

De Barcelona, al mundo

En ese mismo año se inaugura en Montjuic la Exposición Internacional de Barcelona, en cuyo recinto -concretamente, en el barrio andaluz del Pueblo Español- se instala el Patio del Farolillo, un colmado de estilo sevillano en el que no faltan geranios, toneles de manzanilla, carteles taurinos y, por supuesto, cante y baile flamenco, a cargo de artistas como La Malagueñita, La Gaditana, La Sevillanita, el Niño de Triana, el Niño de Lucena, el Pituiti, el Murciano o Micaela la Mendaña.

En dicho establecimiento, dirigido por Rosita Rodrigo, se da cita lo más granado de los visitantes a la Exposición, como es el caso de los concurrentes a la fiesta ofrecida por el Duque de las Torres nada más inaugurarse el evento (La Época, 22-5-1929). También pasan por allí numerosos periodistas, que dejan constancia de lo vivido en las páginas de distintas publicaciones. Así describe Francisco Higuero Bazaga el baile de la Micaela Mendaña en el Patio del Farolillo:

“En el centro del patio lucía su esbelto garbo ‘la bailaora’, figura graciosa de mujer española, que envuelta en sutilísima aureola de palmas, perfumes de olorosa manzanilla y aromas de ricos claveles, hacía las más locas contorsiones, presa de un histerismo agudo y penetrante, que se acentuaba cuando la ‘Mendaño‘ (sic) animaba su baile con algún fandanguillo de su fino repertorio…” (Nuevo Día, 10-9-1929).

Tablao El Patio del Farolillo, en el Pueblo Español de Montjuic (Foto de Gabriel Casas i Galobardes, ANC).

Tablao El Patio del Farolillo, en el Pueblo Español de Montjuic (Foto de Gabriel Casas i Galobardes, ANC).

En esos años, las hermanas Mendaña también comparten cartel y escenario con otras grandes figuras del flamenco que recalan en Barcelona de manera temporal, como el Niño Medina, José Cepero, el Niño Caracol o Manuel Vallejo (9).

Durante la primera mitad de los años treinta las artistas de La Isla -especialmente, Micaela– se anuncian en distintos espectáculos de cante y baile flamenco que se celebran en distintos teatros de la Ciudad Condal, casi siempre en el Circo Barcelonés, como son los beneficios del bailaor Manolillo la Rosa (La Vanguardia, 10-2-1931) y de la cantaora Lola Porras, ‘La Malagueña’ (La Vanguardia, 23-2-1933); el concierto organizado por Juanito el Dorado en el Teatro Olympia, con el Niño de Cabra como cabeza de cartel (La Vanguardia, 23-1-1932); o dos festivales de ópera flamenca en los que destaca la presencia de artistas como la Ciega de Jerez (La Vanguardia, 1-2-1933), el Cojo de Málaga (La Vanguardia, 23-2-1933) o una adolescente Carmen Amaya, cuyo nombre figura en varios de los carteles mencionados.

La Zambra de Chorro Jumo

En 1934, Micaela Núñez Porras emprende una nueva etapa profesional junto a la Niña de Linares y su Compañía de Comedias y Arte Gitano, que presenta la obra La Zambra de Chorro Jumo (de I. Duro y F. Mourelle) en distintos teatros españoles. Se trata de una comedia musical cargada de tópicos, escrita para el lucimiento de los artistas que figuran en el elenco: “los «cantaores» Niña de Linares, Pepita Jiménez, Niño Constantina y Niño de Lucena, las «bailaoras» Julia y Conchita Borrull, La Tanguera, Micaela Lamendaña, Rocío de Triana, La Faraona, María Flores; el virtuoso de la guitarra flamenca Miguel Borrull; el caricato Isidro Badur y otros muchos” (La Vanguardia, 14-9-1934).

“En realidad la obrita no es […] otra cosa que un fondo convencional (gitanos pícaros y gitanas seductoras, una pareja de ingleses […] que desean aprenderse al dedillo el exótico repertorio de la gitanería, etc., etc.), en el que se engarzan diversas facetas del arte flamenco: «cante jondo» y más «jondo» todavía; bailes y repiques de castañuelas; soleares, peteneras, saetas. […] La segunda parte del espectáculo prescinde, ya, de la comediografía, y queda encerrado en su propio marco, y presentado en su justo carácter: teatro de variedades” (La Vanguardia, 11-8-1934).

La Niña de Linares (película María de la O, 1936)

La Niña de Linares (película María de la O, 1936)

Entre el 8 y el 26 de agosto la compañía se presenta en el Teatro Poliorama de Barcelona, donde “obtuvo un franco éxito, y en realidad fue merecido, pues todos los artistas trabajaron con entusiasmo, logrando un excelente conjunto en el difícil género que cultivan” (La Vanguardia, 14-9-1934). Tanto es así que, al término de las representaciones, los autores e intérpretes son agasajados por sus admiradores con una cena andaluza en un restaurante de la Ciudad Condal (La Vanguardia, 26-9-1934).

En la segunda quincena del mes de octubre, la obra es representada con gran éxito en el Monumental Cinema de Zaragoza:

“Todos […] se lucieron en su labor, haciendo llegar al público […] la emoción de sus cantos y el dinamismo de sus sugestivas danzas.
La concurrencia tributó nutridos y prolongados aplausos a los autores y a los artistas, sobre todo en el último cuadro de la obrita, convertido en una fiesta gitana en tierras de Córdoba, donde se desarrolla la acción de ‘Zambra de Chorro Jumo’.
La presentación, esmerada” (La Voz de Aragón, 19-10-1934)

Durante el mes de noviembre, la compañía de la Niña de Linares continúa con su tournée por el norte de España, y se presenta en ciudades como Bilbao, El Ferrol, Santiago de Compostela, Vigo, Pontevedra, Orense, Lugo y Monforte. En todas ellas cosecha aplausos y ovaciones, con un repertorio en el que no faltan “bulerías, alegrías, granadinas, tarantas, caracoles, malagueñas, tangos, martinetes, etc…” (La Zarpa, 18-11-1934). Micaela la Mendaña se anuncia en el cartel como primera bailaora cómica, lo mismo que María Flores.

En abril de 1935, la artista de La Isla presta su colaboración en un festival a beneficio del bailaor Antonio Virutas, que se celebra en el Circo Barcelonés. Un mes más tarde marcha a Madrid junto al resto del elenco de La zambra de Chorro Jumo, que se presenta con gran éxito en el Teatro Victoria.

La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, Alberto F. Garagarza, Antonio Viruta y el Chino (Barcelona, 1933)

La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, Alberto F. Garagarza, Antonio Viruta y el Chino (Barcelona, 1933)

En otoño de ese mismo año se puede ver de nuevo en la Ciudad Condal a “Micaela la Mendaña, notable bailaora por alegrías” (El Diluvio, 15-10-1935), en una gran función de cante y baile organizada en el Nuevo Mundo por la Asociación de Artistas del Género Flamenco de Cataluña. También figuran en el cartel las bailaoras Conchita Borrull, Rafaela la Tanguera y Palmira Escudero; los cantaores Juan Varea y la Niña de Linares, y los tocaores Matilde de los Santos y Manolo Torres, entre otros artistas.

Las últimas referencias que hemos conseguido localizar sobre la bailaora de San Fernando, ya en plena Guerra Civil, la sitúan de nuevo en el Circo Barcelonés, junto a un amplio elenco de artistas de variedades, y en un festival a beneficio de las Milicias Antifascistas organizado por el Comité Revolucionario de Las Corts en la Calle de Londres (10).

Al menos dos de las hermanas Mendaña terminan sus días en la capital catalana: María fallece en 1966 y Micaela, en 1975.


NOTAS:

(7) Paco Aguilera contrae matrimonio con Micaela la Mendaña. De esta unión nace el bailaor Paco Aguilera ‘El Rondeño’. Cfr. Jiménez Sánchez, José Luis, Cuatro rondeñas flamencas del siglo XIX, Ronda, 2016.

 (8) La troupe Guerrita se presenta en el Circo Barcelonés entre diciembre de 1928 y enero de 1929. En febrero se desplaza a Valencia y Castellón, y en marzo vuelve a anunciarse en la Ciudad Condal, de donde se despide en el mes de junio. En el elenco figuran las Hermanas Chicharras, María y Micaela la Mendaña, La Trinitaria, Lola Cabello, el Niño del Perchel, el Niño del Membrillo y el Niño de Lucena, entre otros artistas. La dirección corre a cargo de Juanito el Dorado.

(9) Micaela la Mendaña coincide con el Niño Medina en el Teatro Nuevo (La Vanguardia, 14-12-1926) y en el Teatro Talía (El Diluvio, 6-1-1927); en esta última función también actúa José Cepero. Con Manolo Caracol comparte cartel en el Circo Barcelonés (La Vanguardia, 20-7-1928) y con Manuel Vallejo, también en el Teatro Nuevo (El Diluvio, 23-2-1930).

 (10) Sobre las actuaciones en el Circo Barcelonés, cfr. El Diluvio, 29-8 a 4-9-1936; Hoja Oficial de la Provincia de Barcelona, 5-10-1936. Sobre el festival a beneficio de las Milicias Antifascistas, cfr. Solidaridad Obrera, 5-9-1936.

 


Las Hermanas Mendaña, de La Isla a Barcelona (I)

Tras la elevación de José Monge Cruz a los altares del mito, el nombre de San Fernando sigue proyectándose en los más prestigiosos escenarios del mundo de la mano de una de sus artistas más universales, la insigne Sara Baras (1).

Mas la alumna aventajada de su madre Concha no es la primera bailaora cañaílla que sale de su tierra para ampliar horizontes profesionales. Un siglo antes que ella ya habían hecho las maletas María, Antonia, Carmen y Micaela Núñez Porras, más conocidas en el mundo del arte flamenco como las hermanas Mendaña.

Vista de San Fernando

Vista de San Fernando

Nacidas en La Isla entre las dos últimas décadas del siglo XIX, en 1904 tienen su domicilio en el número 21 de la Calle Antonio López (2), junto a sus padres y hermanos. No obstante, las cuatro hijas de Terpsícore (3) pronto empiezan a frecuentar otros ambientes y a codearse con la flor y nata del flamenco de la época.

Las Mendaña alzan el vuelo

La referencia periodística más antigua que hemos conseguido localizar data de 1912 y sitúa a la “sin rival pareja de bailes nacionales ‘Hermanas Mendaña’” en el Salón Victoria de Almería, junto a un nutrido grupo de artistas flamencos entre los que destacan los cantaores Niño de la Isla, Niño Medina y el mítico Juan Breva (El Popular, 10-8-1912). A partir del año siguiente ya se las puede ver anunciadas en la cartelera madrileña y, sobre todo, en la catalana.

En esa época de crisis de los cafés cantantes previa al boom de la ópera flamenca, el arte jondo encuentra un nuevo espacio de exhibición y expansión en los salones, cines y teatros de variedades, donde convive con el cuplé y con espectáculos de muy diverso tipo.

Así, por ejemplo, durante la primavera de 1913 las “gitanas Mendañas” actúan en el Cine Bello de Madrid (El Imparcial, 13-4-1913) y en el Teatro Alkázar de Barcelona. En este último local, Carmen, María y Antonia Núñez comparten escenario con artistas flamencos de primera fila:

“Hoy, lunes, MAGNÍFICO DEBUT DE UN GRAN CUADRO FLAMENCO […] formado por ONCE ARTISTAS ANDALUCES, NUEVOS EN BARCELONA de los que se distinguen:
MANUEL ESCACENA, célebre cantaor – CARMEN MENDAÑA, bailaora flamenca – MARÍA MENDAÑA, cantaora flamenca – JUANITO VALENCIA, bailaor flamenco, y las bellas artistas andaluzas: La Lucerito, Angelita Maldonado, Carmen Venegas, Antonia Mendaña, Angelita Escacena y Angelita Muñoz, dirigidas por el notable maestro guitarrista DON MARCIAL DE LARA” (El Diluvio, 2-6-1913).

Manuel Escacena

Manuel Escacena

En agosto de ese mismo año se presentan en el Antiguo Café de la Marina de la Villa y Corte las Hermanas Mendaña, que “son maestras en el couplet y en el baile” (Eco Artístico, 25-8-1913). Completan el elenco La Riojanita, el Trío Modelo, Luisa de Lerma, La Cotufera y las Hermanas Mignon, entre otras atracciones de variedades.

La espuma de la flamenquería

No obstante, el hecho de tomar parte en ese tipo de espectáculos y el explorar nuevas facetas artísticas tan en boga en aquel momento, como la del cuplé, no resta a las hermanas de San Fernando ni un ápice de flamencura. Buena prueba de ello es que en abril de 1914 se las puede ver en el Café Concert de Madrid, en un cuadro formado por La Antequerana, Salud Rodríguez, Ramón Montoya y El Estampío, entre otras figuras del arte jondo; y poco después comparten cartel en el Kursaal de Sevilla (4) con uno de los grandes ídolos flamencos de todos los tiempos, Manuel Torres (5).

En el otoño de 1916, las hermanas Mendaña, “que son dos primores en la escena” (La Información, 4-10-1916), vuelven a coincidir con el cantaor jerezano en el Teatro Lara de Málaga y en el Alhambra de Granada, donde se presentan junto a una compañía dirigida por la bailaora Julia Borrull, y en la que también figuran Juana la Macarrona, Antonio Ramírez, Miguel Borrull (padre e hijo) y Ángel Baeza.

Julia Borrull (Revista de Varietés, 10-6-1914)

Julia Borrull (Revista de Varietés, 10-6-1914)

Desde su debut en la capital malagueña, el 23 de septiembre, la troupe cosecha “ruidosas ovaciones” (El Popular, 26-10-1916) y se ve obligada a “repetir sus trabajos con la complacencia general” (La Unión Mercantil, 26-10-1916). No en vano, se trata de “verdaderas eminencias del cante jondo y del baile flamenco” (La Unión Mercantil, 24-9-1916), que ofrecen un espectáculo culto y distinguido, de “arte andaluz, en toda su pureza”, sin “chocarrerías de mal gusto” (La Publicidad, 5-10-1916).

“El espectáculo que ofrece la Borrull no es de ese flamenco empalagoso de jipíos y molestias a que nos tienen acostumbrados los bailadores y cantadores de café cantante; se trata según las referencias que tenemos de un espectáculo fino y culto, al que en Madrid y en Málaga han acudido la aristocracia y la buena sociedad…” (La Información, 4-10-1916).

Durante su actuación en Granada, la compañía ve reeditados sus éxitos. La prensa local dedica abundantes líneas a ensalzar los méritos de los artistas, que componen “un conjunto clásico, delicioso y delicado”, en el que, entre tantas estrellas, brillan con luz propia “las hermanas Mendaña, bailadoras bellísimas y más artistas que bellas” (La Publicidad, 5-10-1916).

“Un éxito formidable
Cuando el público, numerosísimo en las dos secciones, salía anoche del Teatro Alhambra, entusiasmado y satisfecho, comentando con sinceros elogios el debut del Cuadro Andaluz, un antiguo e inteligente aficionado pronunció una frase que resume perfectamente la opinión unánime de los espectadores:
-Es la plana mayor del género.
Indudablemente, los artistas que actuaron son lo más distinguido, refinado, selecto, del cante y el baile andaluces.
Cuando los bailadores aparecieron y La Macarrona inició aquellas danzas sugestivas y maravillosas, se levantó en la sala un murmullo de admiración, que no tardó en traducirse en continuas ovaciones.
Las hermanas Mendaña, bailadoras notables, fueron también muy aplaudidas […]” (La Publicidad, 6-10-1916).

Villa Rosa (Archivo Historico de Barcelona)

Villa Rosa (Archivo Historico de Barcelona)

Un mes más tarde, se anuncia en el Café Villa Rosa de Barcelona, propiedad de la Miguel Borrull, un “extraordinario cuadro andaluz compuesto de los mejores artistas de Sevilla, entre los cuales figuran el notable cantador Niño Torres, la célebre cantadora La Antequerana, la inimitable bailarina La Macarrona y las monísimas bailadoras Hermanas Mendañas” (El Diluvio, 9-11-1916).

Desde esa época, el nombre de las Núñez Porras aparece casi indisolublemente unido al de la Ciudad Condal, donde terminan instalándose, y al de los Borrull. De hecho, en 1924 Antonia contrae matrimonio con el patriarca de la saga (6) y las cuatro hermanas actúan con asiduidad en el tablao familiar.

NOTAS:
(1) Aunque nació en Cádiz capital, la bailaora está muy vinculada a San Fernando, de donde es oriunda su madre, Concha Baras, y en cuya escuela comenzó a formarse como artista.

(2) Así consta en el Padrón Municipal de ese año, en el que aparecen inscritos los padres -Diego Núñez Fernández, natural de Chiclana, y Carmen Porras Fernández, de San Fernando- y sus hijos Antonio, Alfonso, María, Antonia, Carmen y Micaela, nacidos lo seis entre 1884 y 1894.

(3) En realidad sólo tres de las hermanas -Antonia, Carmen y Micaela- se dedican al baile. María es cantaora.

(4) Según Gonzalo Rojo, es durante su estancia en la capital hispalense -actuando en el Café Novedades- cuando Carmen Núñez conoce al que será su marido, Joaquín Vargas ‘el Cojo de Málaga’. Cfr. Rojo, G., Cantaores Malagueños: pinceladas flamencas (1850-1950), Benalmádena, 1987.
La pareja se une en matrimonio el 14 de enero de 1923 en la Iglesia de Omnium Sanctorum de Sevilla. Ninguno de los contrayentes firma el acta, por no saber hacerlo.

(5) En el mencionado local, al que se accede por las calles Sierpes, San Acasio y O’Donnell, las Mendaña y el Niño de Jerez comparten cartel con el cuadro coreográfico francés Tinqueise Defleurs, con Zaza y Mari, y su creación del tango argentino, y con Los Gitanillos (El Noticiero Sevillano, 17-4-1914; El Liberal de Sevilla, 20 y 22-4-1914).

(6) Antonia Núñez Porras y Miguel Borrull Castelló se casan en la Parroquia de Nuestra Señora de Belén de Barcelona el 6 de octubre de 1924. El guitarrista fallece en febrero de 1926.


Y la Cuenca “la lió” en Huelva

A Ana y Javi

En diciembre de 1881 llega a Huelva capital la bailaora Trinidad Huertas, ‘La Cuenca’, convertida en estrella de fama internacional, tras los éxitos cosechados durante su gira europea de 1880. No es extraño, pues, que los dos cafés cantantes de la ciudad entraran en una pugna por hacerse con los servicios de la malagueña, a pesar de su elevado caché:

Trinidad Cuenca (Foto tomada en La Habana), Achivo INAH, México (cortesía de Alberto Rodríguez Peñafuerte)

Trinidad Cuenca, en La Habana (Achivo INAH, México; cortesía de Alberto R. Peñafuerte)

“No es fácil describir la lucha titánica que han sostenido los dos cafés cantantes de la población para saber quién había de llevarse a la célebre bailadora flamenca Trinidad Cuenca que, desde primero de mes, se encuentra en Huelva alojada en el ‘Hostal Ricca‘, sin que todavía haya hecho su presentación al público.
El dueño del café de la Calzada recurría estos días a las autoridades alegando que tenía un contrato hecho con la simpática bailarina.
Decía Quintero que la tenía contratada en seis duros diarios, gastos de viaje de venida y vuelta, servicio diario de carruaje, doce reales diarios al representante que la acompaña, y una participación en las ganancias del establecimiento.
Decía Juan de Dios que él la tenía hechas mejores proposiciones y que tenía con ella anteriores y más fuertes compromisos.
No sabemos en qué término esta cuestión se haya resuelto, pero podemos decir que, según noticias que creemos fidedignas, esta noche hará su debut en el ‘Café de la Alegría‘ (Carretera) el cual al cambiar de local, cambiará también de nombre y se llamará de la ‘Concepción’, por la misma razón, sin duda, porque Farelo ha bautizado su taberna con el título ‘El Progreso'” (La Provincia, 8-12-1881).

Trinidad Cuenca (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Trinidad Cuenca (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Efectivamente, el día 11 de diciembre la malagueña se presenta en un Café de la Alegría abarrotado… Tan grande es la afición al flamenco del público onubense. De hecho, el cronista no consigue acceder al local durante la actuación de la Cuenca y debe conformarse con el testimonio de quienes sí han tenido la suerte de contemplarla: ¡Una auténtica locura!

“Nunca podíamos nosotros figurarnos que aquí se escondía tanta afición a lo flamenco. Cuando se abrieron los primeros cafés cantantes y los vimos llenos de gente, dijimos:
-¡La novedad!; pasados quince días empezará el público a aburrirse y estos establecimientos se verán concurridos poco más o menos como todos los demás.
¡Pero cá!; conforme el tiempo transcurre, lejos de apagarse el entusiasmo, parece que arde con más vigor.
Ayer se inauguró el nuevo local del café La Alegría, y aunque es muy espacioso, no se podía entrar en él. Nosotros que por razón de nuestro oficio debemos ir a todas partes y verlo todo (todo lo que sea visible se entiende) para dar cuenta al público de las novedades y satisfacer en lo posible su curiosidad, tomamos a las nueve de la noche el camino del nuevo establecimiento, pero tuvimos que volvernos sin poder satisfacer nuestro deseo. Es decir, que ni pudimos llegar a las puertas del edificio, porque la gente lo impedía; por bocas de algunos individuos que se hallaban en las mismas circunstancias que nosotros, supimos que dentro del establecimiento había aún más gente de la que cabía y que para evitar la aglomeración excesiva y la confusión y los disgustos que esto pudiera ocasionar, se había tomado la precaución de cerrar las puertas. Dimos, pues, la vuelta y no volvimos al cantante hasta después de las doce. Ya estaban las puertas abiertas; ya no había gente en los alrededores; pero por dentro no se cabía; no había una silla desocupada y mucha gente estaba de pie.
El local es muy espacioso; lo constituyen dos grandes salones formando escuadra y en el ángulo se levanta el tablado para cantaores, bailaores y guitarreros. El personal de artistas de todos los géneros, masculino, femenino y epicéneo, asciende a 14 individuos.
En el hueco que dejan los dos salones para constituir un cuadro, están las cocinas y demás dependencias reservadas, y los cuartitos que están sin terminar, y que no sabemos si se destinarán a vestuario, o a la gente que quiera estar reservadas.
No pudimos ver a la Trinidad Cuenca, pues cuando llegamos había ya terminado; pero los aficionados con quienes hablamos, nos hicieron de ella los más entusiastas elogios: ¡estaban locos!” (La Provincia, 12-12-1881).

La Parrala (Antonio Esplugas, ANC)

La Parrala (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Es tan grande el furor que causa lo flamenco en la capital onubense, que ya hay quien no concibe salir a divertirse si no es con su mijita de juerga:

“Por supuesto que este entusiasmo flamenco que se ha desarrollado trae descontentos a todos los dueños de tabernas y demás establecimientos afines, porque ya nadie toma una caña como no le canten una soleá, ni se sirve una cena como no sea con jaleo, y discurriendo están todos la manera de tener un poquito de cante y su miajita de baile; pues ni la manzanilla de más fama atrae ya al público por sí sola.
Nuestro amigo el Sr. Jiménez, que tantas veces se ha lamentado con nosotros al ver su teatro vacío, ahí tiene la manera de llenarlo. Si cuando forma compañía en lugar de traer a la Ruiz, y a Tamayo o a la Trillo, trajera a Silverio, a la Parrala y a la Gabriela, otro gallo le cantara” (La Provincia, 12-12-1881).