Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Luisa ‘La Pompi’, una cantaora imprescindible (II)

(Artículo revisado en octubre de 2017, tras las III Jornadas de Estudio del Cante, celebradas en Jerez y dedicada a la memoria de Luisa Ramos Antúnez, Luisa Requejo y María Valencia)

En los primeros años veinte, además de actuar en el Ideal-Concert de Sevilla, Luisa Ramos Antúnez participa en otros eventos, como el Concurso de Cante Jondo celebrado durante la Velá de San Juan de la Palma, en el que también intervienen sus hermanos Manuela y Rafael, Manuel Centeno y el Niño Medina, entre otras figuras del arte flamenco:

“… se organiza un concurso de ‘cante jondo’, en el que tomarán parte los ‘cantaores’ Centeno, Niño Medina, Cojo Pomares, Niño Gloria y las hermanas Pompi, y los ‘tocaores’ de guitarra Currito y Niño Huelva” (El Noticiero Sevillano, 25-6-1922) (1).

La cantaora Luisa Ramos Antúnez, La Pompi

Luisa Ramos Antúnez, La Pompi

También se puede ver a las dos Pompis en el Teatro Cervantes de Sevilla, en una función organizada por la Hermandad del Patrocinio. Durante la representación de la obra Trianerías se escuchan las saetas de Centeno, Manuel Torres, y Luisa y Manuela Ramos, que, según la prensa, no tienen su mejor noche:

“… en el cuadro quinto de este sainete celebróse un concurso de saetas, tomando parte en él los más afamados artistas del cante.

En el concurso […] registráronse varios incidentes: las hermanas ‘Pompi’ cantaron desde anfiteatro; pero con tal desacierto […] no sabemos a qué atribuirlo, que el público significó su protesta en forma bien ostensible. El Niño de Jerez comenzó a cantar desde el escenario; pero también de manera extraña y como si fuese él un amigo suyo…” (El Liberal de Sevilla, 22-12-1922).

Un cantaora de primerísima fila

Para hacerse una idea del gran nivel artístico de Luisa La Pompi basta con echar un vistazo al notable elenco de artistas con los que comparte escenario a lo largo de su carrera. De hecho, la jerezana es una de las profesionales contratadas para actuar en el Concurso de Cante Jondo que se celebra en la Plaza de Toros de Huelva durante los días 21 y 22 de julio de 1923.

El cantaor Antonio Chacón

Antonio Chacón

Siguiendo la estela del de Granada, el certamen onubense se propone velar por “la conservación y purificación de nuestros cantos” (La Provincia, 11-7-1923). Cada noche, el programa se abre con un cuadro flamenco en el que figuran La Pompi y Caracol padre; y, tras la actuación de los concursantes, intervienen algunos de los cantaores más destacados del momento, acompañados a la guitarra por el Niño de Huelva, Morales y Currito el de la Jeroma. La Niña de los Peines finalmente tiene que ser sustituida por La Perla de Triana.

“PROGRAMA PARA LAS DOS NOCHES
1º Cuadro de baile flamenco, cantando ‘La Pompi’ y ‘Caracol’.
2º Intermedio por la banda municipal.
Concurso de cante.
El día 21 se cantarán Soleares y Siguiriyas.
El día 22, tarantas, malagueñas y fandangos. […]
4º Cantarán por orden de antigüedad los artistas contratados: ‘Caracolito’. Centeno. Vallejo. Gloria. Manuel Torres. Antonio Chacón. Acompañarán a estos artistas los célebres guitarristas ‘Niño de Huelva’, Morales y Currito de la Jeroma.
5º Visión fantástica de una noche de Jueves Santo en Sevilla, tomando parte en este número los cantadores, la célebre banda de cornetas del tercer regimiento de artillería ligera, de guarnición en Sevilla y la banda municipal” (La Provincia, 21-7-1923).

En junio de 1924, La Pompi actúa en el Villa Rosa de Madrid, en una fiesta celebrada por la Asociación de la Prensa en honor de unos periodistas italianos. En el cuadro figuran artistas de altísimo nivel, como Antonio Chacón y Ramón Montoya:

“… Terminado el banquete, empezó la fiesta española, en la que tomó parte un cuadro flamenco, compuesto por La Pompi, Dolores Ortega, Chacón, Montoya, Pavón y algunos otros” (El Liberal, 8-6-1924).

Entre las más solicitadas

Durante los años siguientes, Luisa Ramos sigue siendo una habitual en las fiestas de mayor postín que se celebran en Sevilla. La cantaora jerezana forma parte del elenco artístico, al menos, de los siguientes eventos:

La Pompi junto a otros artistas participantes en el homenaje a los Álvarez Quintero

La Pompi, junto a otros artistas participantes en el homenaje a los Álvarez Quintero celebrado en la Venta de Eritaña

– Un almuerzo en honor de los Hermanos Álvarez Quintero que tiene lugar en la Venta de Eritaña, con la presencia del Alcalde y otras personalidades. El cante corre a cargo de La Pompi, El Colorao y Manuel Torres, con las sonantas de Moreno y el Niño de Huelva:

“… Terminado el almuerzo, […] se organizó una animadísima fiesta de cante flamenco y jondo, en que rivalizaron, contribuyendo con su arte y sus facultades, los magos de la sonanta Moreno y Niño de Huelva, y los famosos cantaores Colorao, La Pompi y Manolo Torres, […] que ‘tiene del cante una cepa y cuando quiere florear, le mete un jardín al cante’ (El Liberal de Sevilla, 19-3-1925).

– Una fiesta ofrecida por el diestro Ignacio Sánchez Mejías en su finca de Pino Montano, en la que, tras una becerrada y varios números de baile protagonizados por las alumnas de Realito, llega el momento del cante, con La Pompi, el Niño de Huelva y el Niño de Marchena:

“Cuando oscureció […] Realito y sus discípulas bailaron durante un buen rato sevillanas y bulerías. En otra rotondita hubo canto flamenco, con guitarras, a cargo de la ‘Pompi’, el Niño de Huelva y el ‘de Marchena’. Y también cantaron, con estilo tan depurado como los profesionales, las hermanas Pérez de Guzmán, que son tres muchachas muy estimadas en la sociedad sevillana. La concurrencia a la fiesta, muy distinguida” (La Época, 1-5-1925).

El Niño de Marchena

El Niño de Marchena

– Dos fiestas en honor de los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia ofrecidas por los Duques de Alba en el Palacio de las Dueñas, una en 1925 y la otra en 1927, con un elenco de lo mejorcito que se pueda imaginar.

En la primera actúan la Niña de los Peines, Chacón, Montoya, La Macarrona, el Niño de Huelva, el Niño de Marchena y La Pompi. El repertorio se compone de soleares, fandanguillos, tangos, polos y malagueñas:

“En el fondo del salón, un tablado para los artistas flamencos. De éstos, lo mejor del género, lo más clásico, lo más cañí. La ‘Niña de los Peines’, insuperable en su estilo; Chacón, el maestro; Montoya, el guitarrista; la ‘Macarrona’, la bailadora; el gitanillo ‘Niño de Huelva’; el ‘Niño de Marchena’, la ‘Pompi’… La espuma de la flamenquería, en fin. […] Fiesta interesante, clásica, que se dilata hasta la madrugada con arreglo al protocolo de estas fiestas. Rondas de cañas de olorosa manzanilla, a la que hacen los honores las aristocráticas inglesas. Palmas tocadas por manos ilustres. Soleares, fandanguillos, polos, tangos, malagueñas. Suspiros de guitarra, tocada por el mejor tocador del mundo…” (La Época, 24-4-1925).

En la segunda fiesta, el baile lo pone Soledad la Mejorana y el cante corre a cargo de Chacón, Montoya, las dos hermanas Pompi y la Niña del Patrocinio, entre otros artistas:

“… en un tablao Soledad la Mejorana, la famosa bailaora, sobrina y heredera universal de Pastora, ponía cátedra de salero, y don Antonio Chacón […], acompañados a la guitarra por Montoya y jaleados por las populares cantaoras las Pompis. También tomó parte otra joven cantaora, la Niña del Patrocinio’” (El Correo de Andalucía, citado en La Voz, 2-5-1927).

Soledad la Mejorana (Revista Popular, 1-7-1927)

Soledad la Mejorana (Revista Popular, 1-7-1927)

Una anécdota ‘real’

En la entrevista concedida a La Voz de Sur al final de su vida, Luisa Ramos refiere una curiosa anécdota que le sucedió durante de una de esas veladas ofrecidas en el Palacio de las Dueñas en honor de los Reyes:

Un susto
– Y en el Palacio de las Dueñas, de Sevilla, – continúa – allí sí que he actuao yo veses. Delante del Rey, de Don Miguel Primo de Rivera, de los Duques de Alba, la de Santoña… Al Rey le gustaba mucho el flamenco. Un día me llevé un susto que me duró el tembló tres días. Figúrese que estaba yo sentá, esperando que me llamaran pa actuá, y el Rey desde una butaca me señala y le pregunta a la Santoña:
– Oye, Sol, ¿qué hace aquí esta mujer?
– Ésta es ‘La Pompi’, una cantaora – le respondió Sol.
– Yo no la he oído – dijo el Rey.
– ¡Pompi!
– Mande, señora duquesa.
El Rey quiere oírte.
– Bueno, pos me acompañó con la guitarra ‘El Huelva’, y yo canté una copla que decía:

Era mi queré más grande
que la voluntad de Dios,
porque Dios no te perdona
lo que te perdono yo.

– ¡Repite eso! – me dijo el Rey, y yo lo repetí, y al terminar vuelve a decirme: – ¡Repite eso! – Osú, yo estaba asustaíta perdía. ¡Dios mío! ¿qué querrá desí esta letra que estoy cantando? Y a las tres veses me levanté y me salí por una galería que había, y entonces el Conde de los Andes, que estaba por allí, me dijo: – No te asustes, Pompi, es que al Rey le ha gustao la copla.
– Bueno, po aquella noche canté otra vé, y me dice el Rey:
– ¡Qué simpática eres, mujé!
– ¡Ea, po más simpático es usted! – le dije yo, y el Rey se levantó y me dio la mano, y nos dieron una ovación” (La Voz del Sur, 23-7-1950) (2).


NOTAS:
(1) Todas las noticias extraídas de la prensa de Sevilla han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y están disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

(2) Entrevista publicada por Javier Osuna en su espléndido blog Los Fardos de Pericón.


Luisa ‘La Pompi’, una cantaora imprescindible (I)

(Artículo revisado en octubre de 2017, tras las III Jornadas de Estudio del Cante, celebradas en Jerez y dedicadas a la memoria de Luisa Ramos Antúnez, Luisa Requejo y María Valencia)

 

Luisa Ramos Antúnez, conocida artísticamente como “La Pompi”, vino al mundo en 1883 (1) en Jerez de la Frontera, en la calle Nueva del flamenquísimo barrio de Santiago. Tanto ella como su hermano Rafael, “el Niño Gloria”, y su hermana Manuela “la Sorda” poseían extraordinarias cualidades para el cante, lo cual les permitió salir de las gañanías jerezanas y ganarse la vida como profesionales del flamenco.

La Pompi junto a sus hermanos, La Sorda y el Niño Gloria

Luisa ‘La Pompi’ junto a sus hermanos, La Sorda y el Niño Gloria

Gracias a Javier Osuna y su magnífico blog Los fardos de Pericón, hemos tenido acceso a un interesante testimonio en primera persona de La Pompi, que al final de su vida concedió una entrevista al diario gaditano La Voz del Sur.

Primeros pasos como profesional del cante

Según su propio relato, Luisa Ramos se inició como profesional a los 18 años de edad -esto es, en los albores del siglo XX- en el café cantante ‘La Primera’ de Jerez y marchó después a la capital andaluza, para debutar en el café ‘La Bombilla’. En ambos locales coincidió con algunos de los artistas flamencos más destacados de su época:

“… empecé a cantar a los dieciocho. […] En Jerez; en mi tierra. Fue en “La Primera”, un café cantante que estaba frente a la Plaza. Allí actuaban Manuel Torres, el Niño Medina, Carmelita Borbolla, Mariquita la Roteña […] Luego a Sevilla. A “La Bombilla”. Con Chacón, Manuel Escacena, Pastora Pavón, La Niña de los Peines… Después a La Barqueta” (La Voz del Sur, 23-7-1950).

Café La Bombilla, de Sevilla (foto de Blas Vega)

Café La Bombilla, de Sevilla (foto de Blas Vega)

Durante los años 1913 y 1914, hay documentadas varias actuaciones de la ‘cantadora por lo jondo’ La Pompi en el café ‘La Primera’ de Jerez, acompañada a la guitarra por Javier Molina y compartiendo cartel con artistas como la bailaora Antonia la Coquinera:

“… Antoñita la Coquinera, popular y simpática bailadora, en unión de las cantadoras por ‘lo jondo’ La Pompi y Sebastianita, son aplaudidísimas a diario por los asiduos concurrentes a este Salón” (Eco Artístico, 5-10-1913).

“Son muy celebrados la cantadora de flamenco La Pompi y el inimitable guitarrista Javier Molina” (Eco Artístico, 5-2-1914).

En esa época, también se puede ver a Luisa en los teatros Principal y Eslava de su ciudad, cantando una saeta durante la representación de la obra Malvaloca, de los Hermanos Quintero. Ése es uno de los estilos que mejor domina la cantaora jerezana.

“La compañía Balmaña, que había terminado el abono abierto en el Teatro Principal, se trasladó anoche al de Eslava, donde se propone continuar la campaña artística que viene desarrollando en esta ciudad.

[…] La saeta final será cantada por la popular cantadora La Pompi” (El Guadalete, 21-3-1914).

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, la Coquinera

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, La Coquinera

Muy apreciada en Serva la Bari

En la década de los diez, Luisa Ramos también posee ya una fama considerable en Sevilla. Su cante es muy valorado por los buenos aficionados, que no sólo disfrutan de su arte en los teatros y cafés, sino que también cuentan con ella para sus fiestas y eventos privados.

Así, por ejemplo, en 1916, la jerezana y José Cepero amenizan con su cante la fiesta flamenca que se celebra en el domicilio trianero del torero Juan Belmonte con motivo del bautizo de su hermano pequeño. Les acompaña a la guitarra Baldomero Ojeda.

“… varias parejas de jóvenes bailaron las clásicas sevillanas, en tanto que las bandejas de cañas de olorosa manzanilla corría (sic) de mano en mano, iniciándose la juerga, que se prolongó hasta las últimas horas de la madrugada.

En la fiesta tomó parte un cuadro flamenco compuesto por el conocido cantaor Cepero, La Pompi y el tocador Baldomero” (El Noticiero Sevillano, 4-2-1916) (2).

Ideal Concert de Sevilla

El Ideal Concert de Sevilla

Desde 1919 y durante los primeros años 20, al menos de manera intermitente, Luisa Ramos Antúnez forma parte del elenco del Ideal Concert, sito en sevillana Calle Calatrava, en la zona de la Barqueta. Caracol el del Bulto, padre de Manolo Caracol, dirige el cuadro, integrado por una docena de artistas:

“… A más del cuadro flamenco formado por doce cañís de lo más flamenco que puede darse y acompañados a la guitarra por los profesores Baldomero Ojeda y Antonio Molina, toman parte los afamados cantadores ‘Caracol’ y ‘La Pompi’ y un cuadro coreográfico dirigido por el maestro Pericet, que gustó enormemente” (La Unión, 23-2-1919).

Unos meses más tarde se puede ver a La Pompi en la Venta de Villa Rosa, junto a la cantaora Rosalía -Rosalía de Triana, suponemos-; y en el Salón Variedades, de la Calle Amor de Dios, en un cuadro dirigido por el guitarrista Antonio Moreno. José Blas Vega, en su libro sobre los cafés cantantes de Sevilla (3), reproduce un cartel de este último local, en el que también figura, como artista destacada, la cantaora Lola la Macarena.

“El propietario de Villa Rosa, para corresponder al favor del público, presenta todas las noches un […] cuadro andaluz, en el que sobresalen las célebres cantadoras de flamenco La Pompi y Rosalía” (El Liberal de Sevilla, 13-7-1919).

Rafael Ortega y Laura Gómez (La Nación, 26-11-1929)

Rafael Ortega y Laura Gómez (La Nación, 26-11-1929)

En 1920, la cantaora jerezana se ve obligada a retirarse temporalmente de los escenarios a causa de una enfermedad. Sus compañeros del Ideal-Concert le dedican un festival benéfico al que también se suman otros artistas, como la pareja de baile formada por Laura Gómez y Rafael Ortega:

“En la noche del jueves último, y para beneficio de la popular cantadora de flamenco La Pompi, a quien una enfermedad obliga a retirarse temporalmente de la profesión, se verificó un espectáculo en el que además de las artistas que con éxito actúan allí a diario, tomaron parte los más conocidos artistas del género flamenco, en sus variedades de canto, baile y toque, que prestaron generosamente su concurso en obsequio a la beneficiada.

[…] El ‘clou’ de la fiesta lo constituyó el debut de Los Gómez-Ortega” (El Liberal de Sevilla, 24-1-1920).

Una restablecida de su dolencia, La Pompi regresa al local de la Barqueta. Caracol padre continúa al frente del cuadro, compuesto por los cantaores María la Moreno, José Cepero, Carlota y Rita Ortega; el tocaor Baldomero Ojeda; y los bailaores Antonio Ramírez y Eloísa Albéniz, entre otros artistas:

“Actúa un cuadro flamenco bajo la dirección de Manuel Ortega “Caracol” en el que figuran Rita y Rosario OrtegaLa Farrié”, Carlota Ortega, Manuela Moreno “La Piruli”, Emilia Juana Vargas y Antonia Ramírez; las cantadoras de flamenco La Pompi y La Moreno, y los tocadores de guitarra Baldomero Ojeda y Juan el de Alonso; […] y el cantador de flamenco José López Cepero” (Eco Artístico, 30-11-1921).

María "la Moreno"

María ‘La Moreno’

Gran saetera

En los años veinte, Luisa Ramos, -junto a sus hermanos Manuela y Rafael– es una de las artistas que cada Semana Santa se asoma a los balcones de Sevilla para lanzar al cielo sus saetas, que se encuentran entre las más cotizadas y no tienen nada que envidiar a las de La Niña de los Peines, Arturo y Tomás Pavón, Manuel Vallejo, Manuel Centeno o la Niña de la Alfalfa.

“… ¡Y llegó la Macarena! […]
En calle Sierpes había también pugilato de ‘saetas’. La Niña de los Peines, Arturo, el otro hermano, la Pompi, un enjambre de ‘cantaores’ que en estos días quedan sin glotis” (El Liberal de Sevilla, 26-3-1921).

“Profesionales de la ‘saeta’. Centeno, el célebre cantaor, no admite rival. […] Con él alternan Cepero, Vallejo, las Pompi, la Niña de las Saetas, la Goyita y otros elementos espontáneos” (La Voz, 29-3-1923).

En la entrevista que hemos mencionado, la artista jerezana también se refiere a su faceta como saetera en Sevilla y, posteriormente, en Jerez:

“- ¿Y saetas?
– También. En Sevilla he cantao mucho en La Campana.
– ¿Pagan bien eso?
1.500 pesetas por noche. Hay que cantarle a toas las cofradías que pasen, sean diez o doce. El año pasao canté aquí en El Lebrero y en la entrá de la Yedra. Y en esta calle, al Santo Entierro de recogida. El Marqués de Domecq, que estaba escuchando, dijo: – ‘Ésa, ésa es la que sabe cantar’. – Y es que yo vocalizo muy bien” (La Voz del Sur, 23-7-1950).

NOTAS:
(1) La documentación aportada por José Manuel Martín Barbadillo en las III Jornadas de Estudio del Cante confirma este dato.
(2) Todas las noticias extraídas de la prensa de Sevilla han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y están disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.
(3) José Blas Vega, Los cafés cantantes de Sevilla, Editorial Cinterco, 1987.


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (y VI)

En abril de 1935 Galerín dedica un artículo a Rocío Vega, a quien él mismo bautizara casi dos décadas atrás como La Niña de la Alfalfa. El periodista se lamenta de la mala suerte de aquella muchacha que, a pesar del gran esfuerzo realizado, vio frustradas sus esperanzas de convertirse en cantante de ópera. Según él, “la engañaron”. No era ésa la misión que le tenía reservada el destino, porque Rocío posee un don especial para el flamenco, unos “duendes” que no salen en las partituras ni se aprenden en el conservatorio:

“… No gustó. Lo dice ella misma. ‘No gusté, no señor’. El miedo… los nervios… No sé. Lo que ocurrió entonces no quiero ni pensarlo. Todavía siguieron los inteligentes hablando de la futura diva. Y el tiempo, juez supremo de todo, le dio la razón a la muchacha. ¡A Rocío no le gustaban los macarrones! Le gustaba más el jamón serrano, y Rocío se dedicó a las varietés, y si ha ganado y gana dinero en su vida, ha sido cantando cuplés, a los que les intercala esos duendes flamencos que las cupletistas de por ahí desconocen, porque esos duendes son los duendes de Sevilla. […]

Agustín López Macías, Galerín

Agustín López Macías, Galerín

El músico lleva a los papeles su canción y las artistas andaluzas son las que se encargan de que los duendes levanten al público en vilo. Los artistas que no poseen esos misteriosos duendecillos, cantan siempre lo mismo. […]

El artista que canta flamenco no es tan seguro como el que lo hace por sus estudios; pero llega más al alma el flamenco” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1935) (1).

La propia Rocío se muestra optimista y confía en sus posibilidades de triunfar con el repertorio andaluz:

“Todas las que tienen algo propio -nos dice- han vuelto o no se han ido: Pastora, la Argentinita, Raquel… Yo creo que sé cantar las saetas y que en otros números flamencos no desentono. Yo bailo un poquito y toco los palillos como cualquier chavala de mi tierra. ¿Por qué no he de tener suerte? En Madrid se están representando ahora obras de teatro a base de artistas flamencos. Yo no hablo del todo mal y tengo mis pretensiones haciendo coplas. ¿Que no tengo veinte años? El maquillaje, la luz de las baterías y el foco no entienden de edad. Figura, afición, voz y entusiasmo por mi trabajo, no me han faltado todavía. Yo no aspiro a ser “Miss Alfalfa”. Con que me sigan diciendo Rocío, me conformo” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1935).

Flamenca de primer nivel

Durante la Semana Santa de 1935 la Niña de la Alfalfa vuelve a entonar sus saetas desde los balcones de Sevilla, y comparte las ovaciones con artistas como La Finito, La Niña de Marchena, El Gloria o el Niño de Mairena.

Después emprende una gira por distintas localidades de Huelva y Extremadura, al término de la cual “marchará a Madrid para impresionar discos de ‘saetas’, y entrará a formar parte de una de las compañías que cultivan el género flamenco” (El Liberal de Sevilla, 19-8-1935).

Rocío Vega en 'La Carcelera' (Diario de Córdoba, 10-5-1936)

Rocío Vega en ‘La Carcelera’ (Diario de Córdoba, 10-5-1936)

En enero de 1936 se anuncia en Córdoba un espectáculo teatral titulado Al pie de la Giralda, en cuyo elenco figuran “Canalejas, el famosísimo as del cante en unión del Niño de Fregenal, Peluso, Regadera, Revoltoso, Niña de Marchena, Encarnita Pérez, Rocío Vega y otros artistas famosísimos” (Diario de Córdoba, 8-1-1936). Un mes más tarde, La Niña de la Alfalfa colabora en una función benéfica que se celebra en Utrera con gran afluencia de público, y en la que también participa el bailaor Rafael Ortega.

En el mes de abril, como cada año, Rocío Vega regresa a Sevilla para cantar a las imágenes de su devoción. Gracias al establecimiento de una estación de radio en La Campana, hasta el público americano podría disfrutar de sus saetas:

“Aquí escuchamos una saeta cantada con el alma y la primera ovación del público […].

Fue la cantaora Rocío Vega, la Niña de la Alfalfa, quien con su privilegidada voz y su inconfundible estilo saludó a la Virgen de la Estrella de este modo:

Mare mía de la Estrella – ampárame con tu manto – que mientras yo tenga vía – he de mandarte en mi canto – la saeta más sentía…

¡Y estalló la ovación! Ya la cantaora no se pertenecía. Era del público. Y así cantó varias saetas, entre aclamaciones. […]

La última en llegar fue la de San Jacinto, que entró cerca de la una.

Aquí otra vez Rocío Vega volvió a poner al rojo al público, cantando.

Ya va a su casa la Estrella – Triana está iluminá – con el oro de su manto – y el reflejo de su cara – por donde quiera que va – la luna a verla se para” (El Liberal de Sevilla, 7-4-1936).

Rafael Ortega

Rafael Ortega

Se avecinan tiempos difíciles

La última aparición pública de La Niña de la Alfalfa de la que tenemos constancia antes del estallido de la Guerra Civil tiene lugar en el Teatro Principal de Cabra (Córdoba), en un homenaje al pintor Julio Romero de Torres. La sevillana interpreta los siguientes números:

“La Musa Gitana, original de Juan Soca. Recitación de Rocío Vega, con acompañamiento de orquesta.

Soleares a Julio Romero de Torres, escritas por J. S., por la Niña de la Alfalfa, acompañada a la guitarra por Joaquín Cañero. […]

La Jaca (canción), por la Niña de la Alfalfa. Letra de Perelló. Música del maestro J. Mostazo.

Triniá (canción), por Rocío Vega. Letra de Valverde y León. Música del maestro Quiroga. […]

Semana Santa en Sevilla (marcha y saetas). Letra de Juan del Sarto y música del maestro Quiroga, por la Niña de la Alfalfa. […]

Estreno de la canción española La Carcelera, expresamente escrita para este acto por el ilustre maestro Francisco Alonso, letra de Juan Soca. Reproducción plástica del célebre cuadro de Julio Romero de Torres. Verdadera creación de Rocío Vega (Niña de la Alfalfa)…” (ABC de Sevilla, 7-5-1936).

En junio de 1938, en plena contienda, se la puede ver en el Teatro Cervantes de Sevilla, en una función benéfica en la que también participa Eloísa Albéniz, entre otros artistas, que “interpretaron con general aplauso la atrayente revista titulada ‘Luces de España’” (ABC de Sevilla, 7-6-1938).

Eloísa Albéniz (La Union Ilustrada, 16-2-1921)

Eloísa Albéniz (La Union Ilustrada, 16-2-1921)

Una vez finalizada la guerra, Rocío Vega interviene en la gran Fiesta de la Victoria organizada por la Agrupación Sur de Carros de Combate en el cortijo ‘Las Quemadas’ de Córdoba:

“Terminada la corrida, se organizó una gran fiesta flamenca, en la que tomaron parte la Niña de la Alfalfa, Vallejo, el Sevillano, el mago del baile gitano Rafael Ortega y un cuadro flamenco, con elementos de Sevilla, Cádiz y Córdoba, a los que acompañaba un coro de gitanillos verdad, que bailaron y cantaron al compás de las guitarras” (ABC de Sevilla, 26-5-1939).

A partir de ese momento, no son muchas las apariciones públicas de Rocío Vega, que sigue manteniendo la tradición -eso sí- de cantar cada Semana Santa sus apreciadas saetas. En 1943 actúa como artista invitada en un concurso de saetas organizado por Radio Sevilla y también se la puede ver ese verano en las fiestas de Alcolea del Río (Sevilla) “al frente de su cuadro artístico” (ABC de Sevilla, 23-9-1943).

Artista hasta el final

La última aparición de La Niña de la Alfalfa de la que hemos hallado noticia tiene lugar en la Plaza de Toros del Triunfo de Granada en julio de 1947, junto a un elenco de excepción:

Pepe Marchena con su grandioso espectáculo Pasan las Coplas, integrado por 40 artistas valiosísimos. Niña de la Puebla, El Americano, El Peluso, Ramón Montoya, José Cepero, Manolo el Malagueño, Rosita Durán, Lola Ortega, Guerrita, Pericón de Cádiz, Pepe Azuaga, Niña de la Alfalfa, Luquita” (La Prensa, 14-7-1947).

La Niña de la Alfalfa

La Niña de la Alfalfa

Según la saetera Angelita Yruela, Rocío le canta por última vez a la Estrella en 1969, año en que deja de salir a la calle debido a la enfermedad que padece. En su domicilio de la Calle Peral, la voz de La Niña de la Alfalfa se apaga para siempre el 16 de julio de 1975, sólo unos meses después de haber sido nombrada hermana de honor de la Hermandad de la Estrella y de haber recibido un merecido homenaje promovido por la Junta de Damas de dicha entidad:

“Culminó la obra de las mujeres de la Estrella cuando conseguimos que se le descubriese un azulejo en la Alfalfa, donde ella empezó a cantar, cosa que le pedimos al Ayuntamiento. Nos prometieron que así se haría, y así se hizo. El día 15 de diciembre de 1974, a la una de la tarde, quedó el nombre de Rocío Vega Farfán grabado para siempre, justo al lado de un balcón, ya que en los hierros de muchos balcones de Sevilla se enredaron más de una vez la voz de esta mujer sencilla, que rezándole a nuestras Vírgenes se iba dejando en el aire jirones de su corazón.

Todavía cuando la llevaban desde su habitación de la clínica a recibir su sesión de cobalto recordaba los versos que le dedicaran grandes poetas, como José María Pemán y tantos otros. Ella se hacía poeta y le musitaba esta oración a su Virgen:

Balconcito de la Estrella,
donde tanto he ‘salío’ a verte,
‘pa’ decirte muchas cosas.
¡Todas las que Tú mereces!
Pero aún hay muchas más
¡Las que mi corazón siente!
Aunque no puedo expresar
porque me encuentro,
¡No sé!, como inerte.
Pero aún puedo decirte,
¡Virgencita! ¡La Valiente!
es que me encuentro enfermita
y no puedo ir a verte.
Y si Dios me recogiera
porque lo crea conveniente,
en el lugar donde esté
siempre te tendré presente” (Angelita Yruela Rojas, ABC de Sevilla, 22-7-1975).

NOTA:

(1) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

 


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (V)

Tras largos años de estudio y dedicación al género lírico -primero a la ópera y después a la zarzuela- y a la canción, La Niña de la Alfalfa retoma de lleno la que siempre ha sido su auténtica vocación (1), el cante flamenco en general y la saeta en particular, si bien esta última siempre ha estado presente en su repertorio.

La Niña de la Alfalfa (El Liberal de Sevilla, 29-6-1934)

La Niña de la Alfalfa (El Liberal de Sevilla, 29-6-1934)

No obstante, los tiempos están cambiando y también la saeta, que se vuelve más jonda. Rocío Vega, que siempre se había distinguido por su cante tan personal, tampoco escapa a las nuevas tendencias:

“El paso de la Cofradía del Cachorro por la Campana […]; todos quieren colocarse en lugar estratégico para escuchar […] las modernas saetas por seguidillas de la Niña de la Alfalfa -sentimiento, pasión, estampa de ahora- desde los balcones de ‘la Fiambrera’” (Correo Extremeño, 23-8-1929).

“… la ‘saeta’ moderna, amplificada, lleva aires de seguidillas gitanas, o de soleares, o de bulerías, y es lágrima y sonrisa indistintamente, suspiro y arrullo […].

Ésta es la saeta y el ‘cante jondo’ de Rocío Vega, la ‘Niña de la Alfalfa’, que de nuevo […] se confirmó una vez más ante nosotros como reina de la saeta y el fandanguillo…” (T. Rabanal Brito, Correo Extremeño, 4-9-1929).

Más flamenca que nunca

En los primeros meses de 1930, “la gran estrella del cante andaluz Rocío Vega” (La Voz, 14-7-1930) actúa en Córdoba, junto a la bailarina Amparito Sánchez; y unas semanas más tarde regresa al Teatro Duque de Sevilla, con la divertida revista ‘¡Por algo será!’, de José García Rufino. En ella brilla con luz propia la artista hispalense, que canta por soleares, fandangos y saetas:

“La obra […] tuvo dos inestimables aportaciones: las soleares y saeta de la ‘Niña de la Alfalfa’, dueña más que nunca del arte que le dio fama, y las portentosas alegrías -‘desideratum’ de lo flamenco- bailadas por Antonio G. Triana, ” (ABC de Sevilla, 3-8-1930).

 

Antonio Triana

Antonio Triana

“En el cuadro que representaba un cabaret de la Exposición reapareció la gentil Rocío Vega (La Niña de la Alfalfa), que a la guitarra cantó varios fandanguillos con el más depurado estilo, siendo ovacionada calurosamente. Luego en el que simula la salida de la cofradía de San Lorenzo volvió a deleitar al auditorio, cantando ‘sus saetas’” (Don Félix, El Liberal de Sevilla, 8-3-1930). (2)

Sus compromisos de ese año también la llevan a Oliva de la Frontera (Badajoz), donde comparte cartel con la bailaora Manolita la Cañí, y a Córdoba. En esta última ciudad canta saetas junto a Manuel Centeno durante la proyección de la película Fútbol, amor y toros, de Florián Rey.

Saetera magistral

Durante la Semana Santa de 1931, el pueblo sevillano vuelve a deleitarse con el cante de su célebre paisana, cuya voz “fuertemente expresiva, de pura cadencia andaluza, de quebrados tonos flamencos, de modulaciones incomparables, […] tiene ese ‘duende’ necesario e imprescindible, para decir bien lo que decir quiere” (La Voz, 17-2-1930):

Rocío Vega, la famosa Niña de la Alfalfa, haciendo ‘un alto en el camino’ de sus ‘tournées’ por provincias, ha querido dedicar el tesoro de su voz y las galas de su estilo a las Cofradías del Viernes Santo.

Primeramente, por promesa, fue al Cristo del Calvario. Allí la aplaudieron, con el gentío que fue a admirar a la notable escultura, los ilustres hermanos Álvarez Quintero. Luego, en la calle Feria, en la madrugada, a la ‘Macarena’, cuya belleza ensalzó Rocío en varias saetas ‘escalofriantes’. Hasta el capitán de la centuria soltó la rodela y aplaudió… y con el ‘armado’ el gentío, loco de entusiasmo.

La Macarena, a su paso por el Ayuntamiento

La Macarena, a su paso por el Ayuntamiento

Por la tarde, en calle Sierpes, a la bellísima Virgen de la Soledad, de San Buenaventura, cuyos hermanos mandaron ‘parar’ en firme ante e

l gesto, la voz, el gusto, la emoción y el estilo de la Niña.

Y, finalmente, al Cachorro, en Triana, primero, y en calle Sierpes, después, dedicando la penúltima (la última, nunca) a la peregrina belleza de Nuestra Señora del Patrocinio, poniendo Rocío toda su alma en ese canto, entre profano y divino, que, como anoche, hizo poner a la gente de pie, estremecida.

La ovación fue como un homenaje a la Niña, que, agradecida, se marchó después, llorando…” (El Liberal de Sevilla, 4-4-1931).

La saeta vuelve a brotar de sus labios

Tras más de dos años en silencio -debido, entre otros motivos, a la grave crisis que se cierne sobre la Semana Santa sevillana (3)-, en la primavera de 1934 Rocío Vega reaparece en su ciudad, en una función a beneficio del actor Enrique Morillo que se celebra en el Teatro Cervantes. En el fin de fiesta, “la Niña de la Alfalfa puso la vibración intensa de sus coplas populares, todo recuerdo y risueñas esperanzas de tiempos pasados que han de volver a la realidad” (ABC de Sevilla, 13-3-1934).

La Estrella saliendo de San Jacinto en 1932

La Estrella saliendo de San Jacinto en 1932

Sólo unos días más tarde, ávida por reencontrarse con las imágenes de su devoción tras esa larga y dolorosa espera, Rocío vuelve a emocionar al pueblo sevillano con sus sentidas saetas. El Domingo de Ramos se asoma primero a los balcones del Círculo Mercantil y posteriormente, a su paso por el Ayuntamiento y ya en el arrabal trianero, dedica a la Virgen de la Estrella letras como las siguientes:

“Que España ya no es cristiana
se dijo en el banco azul;
aun siendo republicana,
aquí quien manda eres Tú,
Estrella de la mañana” (ABC de Sevilla, 30-3-1934).

“Estrella de noche y día
al Altozano llegaste
sana y salva ¡Madre mía!
por eso ya no me cabe
en mi pecho la alegría” (El Liberal de Sevilla, 29-3-1934).

Pepita Ramos, la Niña de Marchena

Pepita Ramos, la Niña de Marchena

En los días sucesivos, Rocío baja de los balcones para darse un baño de multitudes y mezclarse con sus paisanos, como en los años en que aún era una desconocida muchacha sevillana. Éstas son sus declaraciones a un periodista de El Liberal:

“… las invitaciones me llueven; pero quiero cantarle a las imágenes desde la calle, como cuando yo no era más que Rocío Vega y me iba a cantar por ahí.

Esta Semana Santa, después de dos años de pena infinita por no ver las Cofradías, es para mí de una emoción inexplicable. Me hago la ilusión de que las veo por vez primera, y que canto también mis saetas por vez primera. Además, todos los sevillanos tenemos la obligación de que esta Semana Santa sea de recuerdo imborrable” (El Liberal de Sevilla, 28-3-1934).

Su cante traspasa fronteras

Sin embargo, durante esos años de ausencia, la voz de La Niña de la Alfalfa no ha permanecido completamente en silencio, pues las emisoras de radio de distintas ciudades españolas -e incluso de Filipinas– han seguido programando algunos de sus cantes:

“… Canciones andaluzas por la señorita Rocío Vega: ‘Mariá del Rocío’, canción-soleares; ‘La Cartagenera’, canción-fandanguillo; ‘Joselillo Soleares’, canción. […] ‘Café cantante’, seguidilla gitana; ‘Zambra gitana’; ‘Soy capitana’, cuplet. Cante flamenco, con acompañamiento de guitarra” (Ondas, 12-11-1932).

“… Niña de la Alfalfa (Rocío Vega): ‘Adónde vas Paloma Blanca’ – ‘Y se acerca la Esperanza’” (La Vanguardia, Filipinas, 31-12-1932).

Cartel del sainete Trianerías

Cartel del sainete Trianerías

En marzo de 1935, Rocío acude a los estudios de Unión Radio de Sevilla para interpretar un variado programa de cante, con el que obtiene un éxito notable:

“… Actuación de Rocío Vega (Niña de la Alfalfa), que interpretará el siguiente programa: ‘Mi jaca’, Perelló y Mostazo; ‘Villancico gitano’ (bulerías), Kola, Pérez Ortiz y Gardey; ‘Rumor de guitarra’, Pérez Ortiz y Mostazo; ‘Semana Santa en Sevilla’ (marcha y saeta), Juan del Sarto y Quiroga” (ABC de Sevilla, 27-3-1935).

Poco después se la puede ver en una función organizada por la Asociación de la Prensa en el Teatro Cervantes de Sevilla, en la que la compañía de Pacheco-González representa Trianerías, de Muñoz Seca y Pérez Fernández. En el segundo acto de la obra, Rocío y otros artistas flamencos deleitan al público con sus saetas:

“Con un lleno rebosante, que daba al teatro el aire alegre y animado de las veladas solemnes, se celebró anoche en Cervantes la gran función organizada por la Asociación de la Prensa en homenaje y exaltación de las tradiciones sevillanas.

[…] La intervención en el segundo acto de la notable Banda de Tomares, consumada intérprete de Los Campanilleros, produjo gran entusiasmo en el público, al que arrancaron ovaciones clamorosas las admirables saetas entonadas por la Niña de Marchena, la Niña de la Alfalfa, la Sevillanita y el Niño de Villanueva…” (ABC de Sevilla, 30-3-1935).


NOTAS:
(1) “No tenía ella vocación para ello y dejó el bello canto, para dedicarse de lleno a lo suyo, a lo que le dictaba su corazón, para lo que había nacido, para ‘cantaora’ flamenca de las ‘güenas”, escribe Nicolás Callejón (La Voz, 17-2-1930).
(2) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.
(3) En 1932, debido al clima de enfrentamiento político y social imperante, las juntas de gobierno de las cofradías sevillanas toman la decisión unánime de no procesionar por las calles de la ciudad. La Hermandad de La Estrella es la única que contraviene al acuerdo adoptado y, por ese motivo, su Virgen recibe desde entonces el apelativo de ‘La Valiente’. En 1933 no sale ningún paso a la calle, ni siquiera los de la cofradía trianera.


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (IV)

En la primavera de 1925 actuó en el teatro de Bujalance (Córdoba) “la gran artista de cantos regionales María del Rocío Vega, la que por su estilo de gran valor artístico, gustó mucho y fue muy aplaudida por el distinguido público que llenaba el teatro” (La Voz, 12-5-1925).

Un año más tarde, La Niña de la la Alfalfa regresa al Teatro San Fernando de Sevilla, para interpretar sus famosas saetas durante la proyección de la película El Niño de las Monjas (1). Ana María Tejada y Antonio León completan el elenco de cantaores.

La Niña de la Alfalfa (Correo Extremeño, 15-2-1929)

La Niña de la Alfalfa (Correo Extremeño, 15-2-1929)

Sin embargo, la artista, dedicada desde hace años al género lírico, no logra revivir a la gran saetera que un día fue:

“… la expectante concurrencia hubo de lamentar una decepción, porque Rocío Vega no pudo sobreponerse al justificado temor que para ella suponía saltar de sus actuales cualidades de cantante al arte espontáneo, natural y pleno de sentimiento de la saetera. Sin embargo, la voluntad que puso en el empeño permiten esperar que en noches sucesivas recobre el dominio de sí misma, y con él este aplauso halagador que el público se reservó anoche” (El Liberal de Sevilla, 23-3-1926) (2).

Tal vez sólo le faltara encontrarse en su ambiente. De hecho, unos días más tarde, ante las imágenes de su devoción, Rocío consigue reeditar aquel mágico momento en que, al cantar por primera vez su saeta, conquistó incondicionalmente al público de Sevilla:

Rocío Vega, la famosa Niña de las Saetas, que está de facultades como en sus mejores tiempos, refrendó ayer tarde, en la propia Alfalfa, su consagración como incomparable cantante de ‘saetas’.

Desatendiendo un ventajoso contrato, […] quiso cantarle al Cristo de la Salud y María Santísima del Refugio, […] y superándose a sí misma, ante las sagradas imágenes y un inmenso gentío, desde uno de los balcones de la morada del conocido industrial don Juan J. Álvarez […] cantó varias admirables saetas’, plenas de estilo y emoción, la última casi llorando” (El Liberal de Sevilla, 28-3-1926).

El antiguo Teatro Llorens de Sevilla

El antiguo Teatro Llorens de Sevilla

Excepcional saetera, por encima de todo

Ni su dedicación al bel canto ha podido borrar el sello único e inconfundible que imprime Rocío a sus saetas, de estilo “sencillo, fino y bonito” (El Liberal de Sevilla, 3-4-1926), y absolutamente inimitables:

“Este año vamos a escuchar la ‘saetaclásica, la ‘saeta’ fina, sin ayes flamencos, sin troncos, sin gritos raros, sin salidas por ‘seguiriyas’, sin exageraciones. La ‘saeta’ sencilla, clara, que tiene más emoción, que es más nuestra, sólo la canta esta simpatiquísima y hermosa artista que se llama María del Rocío Vega, conocida por la Niña de la Alfalfa.

[…] Porque la hemos oído ensayar podemos asegurar que nadie logrará no ya superarla, sino imitarla. Son las ‘saetas’ de Rocío algo que no se puede copiar, que nadie ha copiado, aunque la han imitado muchos ‘cantaores’. Y es que Rocío no es ‘cantaora’. Rocío no canta la ‘saeta’ sujetándose a ningún patrón. Es una cosa suya, inconfundible, única. Y ahora que recordamos a la Niña de la Alfalfa nos damos cuenta de que lo que hemos escuchado hasta aquí han sido coplas flamencas con letra religiosa. La ‘saeta’ que nos hace enmudecer, la ‘saeta’ que nos hace sentir y emocionarnos, es la que canta María del Rocío Vega ‘La Niña de la Alfalfa’” (El Liberal de Sevilla, 21-3-1926).

De teatro en teatro, de triunfo en triunfo

Unas semanas más tarde, también en la capital andaluza, María del Rocío se sube a las tablas del Teatro Lloréns, junto a Benvenuto Franchi, para interpretar El Barbero de Sevilla. La artista suma un nuevo éxito a su imparable carrera:

“Ha triunfado María por la calidad de su arte, exento de trampa y cartón y limpio de esos recursos y ventajillas que suelen adquirirse después.

Emite las notas altas con limpidez y perfectísima afinación y la factura es de la mejor ley.

[…] El público premió con atronadoras ovaciones el primoroso trabajo de la debutante, que puede estar satisfecha del éxito obtenido, por lo que le damos nuestra más entusiasta enhorabuena” (La Unión, 25-4-1926).

Rocío Vega, cantando sus saetas (ABC de Sevilla, 25-4-1993)

Rocío Vega, cantando sus saetas (ABC de Sevilla, 25-4-1993)

En noviembre de 1927 llega al Teatro Enrique de la Cuadra, de Utrera, la película El Niño de las Monjas. En esta ocasión, Rocío sí se encuentra a sí misma y, ante un coliseo abarrotado, ofrece una actuación memorable. Además de sus conocidas saetas, la sevillana interpreta varias canciones y se despide con una tanda de fandangos de su creación:

“Los aplausos estruendosos que en la bonita sala del precioso coliseo resonaron anoche, entusiastas y espontáneos, tributados, fueron a la admirable cantante, que en esa su primera actuación ante este público hizo pasar una ráfaga de verdadero arte por el hermoso escenario […].

Las diversas saetas que entonó al paso de las cofradías sevillanas, escuchadas fueron por la apiñada multitud en medio de sepulcral silencio, convertido segundos después en atronadoras salvas de aplausos que estallaban frenéticas y entusiastas, adquiriendo a veces caracteres apoteósicos.

Finalizada la película El Niño de las Monjas, volvió María del Rocío Vega a deleitar al público con las siguientes canciones españolas: ‘Malagueñas’, ‘La Perolera’, ‘Florerillo’, ‘El mocito de los claveles’ y ‘La garrochista’.

Nuevas demostraciones de férvido entusiasmo en el auditorio, exteriorizadas al ejecutar la artista de manera insuperable una serie de fandanguillos, de los cuales es creadora y excepcional intérprete.

El público, de pie, aclamó a la celebrada cantante, haciéndole bisar todos los números en medio de calurosas ovaciones” (Pepe Romero, El Noticiero Sevillano, 15-11-1927).

El Cristo de la Salud, de la cofradía de San Bernardo (ABC de Sevilla)

El Cristo de la Salud, de la cofradía de San Bernardo (ABC de Sevilla)

Durante los dos años siguientes, Rocío alcanza una gran notoriedad en Extremadura (3). Su presencia es una constante en los teatros y fiestas populares de localidades como Zafra, Alburquerque, Bienvenida, Almendralejo, Granja de Torrehermosa, Talavera la Real, Badajoz o Santa Marta. En todas ellas, La Niña de la Alfalfa se anuncia, no ya como cantante lírica, sino como cancionista e intérprete de cantes regionales. Sus actuaciones se cuentan por éxitos.

Sus saetas, desde Sevilla al mundo

A pesar de todos estos cambios de registro, a lo que nunca renuncia Rocío es a su vocación de saetera. En la Semana Santa de 1928 su cante se eleva al cielo desde varios puntos de la carrera oficial sevillana, para el disfrute de españoles y extranjeros:

“Durante el paso de las cofradías por la Campana, en la tarde de ayer, se radiaron las ‘saetas‘ que cantaron La Finito y Rocío Vega a Madrid, y de allí a Londres […].

Rocío Vega, La Niña de la Alfalfa, que ha dejado en buen (sic) hora el repertorio ‘selecto’, pasándose al flamenco, cantó ‘saetas’ a la salida del Cristo del Patrocinio y luego en el Casino Militar, llamando poderosamente la atención sus ‘saetas’, las clásicas ‘saetas’ que hace ocho años la hicieron popular” (El Liberal de Sevilla, 8-4-1928).

El Correo Extremeño (7-4-1928) reproduce algunas de las letras cantadas por Rocío Vega al paso de la Cofradía del Señor de la Humildad y Paciencia, en la Semana Santa de Zafra:

“Tú que eres Padre de Amor
prodiga Tu caridad,
y échale Tu bendición
a esos pobres desgraciados,
que sufren triste prisión,
y perdona sus pecados.

De Tu humildad y paciencia
los judíos se mofaban.
Te coronaron de espinas,
y de Tus sienes brotaban
gotas de sangre Divina,
que por Tu rostro rodaban.

Silencio pueblo cristiano,
que se acerca la Humidad;
rézale pueblo de Zafra
y acompáñalo al altar
donde la Gloria se alcanza.

Escucha Tú, Padre mío,
esta voz de mi garganta,
que es un grito de dolor,
que la ‘Niña de la Alfalfa’
te lo ofrece con fervor”.


NOTAS:
(1) Filme basado en la novela homónima de Juan López Núñez, dirigido por Antonio Calvache, ‘Walken’, y estrenado en Madrid en enero de 1926.
(2) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.
(3) Rocío Vega concede una entrevista al periodista C. Giovanni Cannonico para el Correo Extremeño (23-12-1928). Lo recibe en su casa de calle Corral del Rey, nº 17, ricamente vestida y envuelta en un abrigo de piel: nada que ver con la modesta joven que se dio a conocer cantando aquella histórica saeta.