Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Peñita de Andalucía, la niña prodigio del cante jerezano (y III)

En 1930 Lolita Peña sigue recorriendo pueblos y ciudades, principalmente de Extremadura, junto a su troupe, que presenta algunas novedades, como la incorporación de un cantaor de flamenco -unas veces el Niño de Arzuaga y otras, Joselito el Sevillano– y de un pianista.

Además, en esta nueva andadura la jerezana -a partir de ahora S. M. Peñita de Andalucía– asume el papel de directora de la compañía y amplía su repertorio con la inclusión de nuevas canciones, cuplés e incluso números de revista, sin dejar de lado la que siempre ha sido su especialidad, “el cante flamenco, que tan bien cultiva” (Correo Extremeño, 13-8-1930).

Peñita de Andalucía y Pepe Crévola (Heraldo de Zamora, 17-12-1918)

Peñita de Andalucía y Pepe Crévola (Heraldo de Zamora, 17-12-1918)

La andaluza’, ‘Corralerías’, ‘Diego Corrientes’, ‘San Pedro la dijo’, ‘Vaya cabeza’ o ‘Mucha labia’ son algunas de las canciones con las que la artista sigue conquistando al público en esta nueva etapa; así como los cuplés La madrecita’ -creación suya-, “que le valió un verdadero y franco éxito” (Correo Extremeño, 19-8-1930), ‘Gitanillo de Granada’ o ‘La bandolera brava’, que interpreta “vestida de serrana andaluza, con su manta terciada y el sombrero calado” (Correo Extremeño, 23-8-1930).

Justicia pide un anciano’ es otro de los números más aplaudidos de su repertorio, en el que también destaca la revista ‘Sección de amor’, “original de don José María Laullon, con música de Parra Caciro, en la que Peñita está “muy bien en su papel de Margot” (Correo Extremeño, 19-8-1930).

La última referencia periodística que encontramos sobre Lolita Peña es de 1933 y la sitúa actuando en el salón La Playa, de Sevilla, en el espectáculo ‘Luces de España’ (ABC de Sevilla, 10-9-1933).

Unos años antes, en una entrevista concedida a un diario extremeño, la cantaora hace balance de su primera década como artista profesional. La que empezara siendo una niña prodigio, se ha convertido en toda una mujer y cuenta ya con un importante bagaje a sus espaldas. Dado el interés de este documento, lo reproducimos en su totalidad:

PEÑITA DE ANDALUCÍA, SU VIDA, SU ARTE

“[…] Un coche desvencijado del mixto de Badajoz, un obeso señor que sube y unos saludos que se cambian.
-¡Caramba, Pepe! ¿Cómo está usted? ¡Los años pasaron hace tiempo para usted, amiguito!
-No lo crea, no lo crea…
-Presentaciones: Peñita, su mamá, los compañeros del elenco artístico…
-¿Peñita? ¿Ésta es la diminuta Lolita que conocí hace doce años en aquel precioso pueblo andaluz? ¿Quién lo diría?

Peñita de Andalucía (El Correo Extremeño, 15-11-1929)

Peñita de Andalucía (El Correo Extremeño, 15-11-1929)

-Bien; ¿y adónde van ustedes?
-A Mérida, a descansar unos días, si nos dejan.
-¿Se acuerda usted cuando trabajó en Lebrija el año 17? Lebrija tiene que tener para ustedes recuerdos gratísimos, porque el éxito de la niña entonces…
-Fue el periodo de prueba, desde luego; después de los juegos de niña en mi pueblo, en Jerez, en los que siempre era yo la ‘maestradel cante, fue en los pueblecillos al lado de Jerez donde yo me entrené para trabajar de veras. Luego salí con la troupe Max, y después, a volar.
Un silencio embarazoso. Aventuro:
-¿Qué canción emite con más gusto? ¿Qué género?
-¿Cómo que qué género? ¡El andaluz, el de mi tierra!
-Y de este género, ¿cuál subgénero?, digamos.
-El trágico.
-Bueno, para eso no es menester pegar; ¡ha puesto usted un gesto!
Habrá usted recorrido toda España, ¿no?
-Que recuerde he estado en Córdoba, Málaga, Cádiz, Santander, Vigo, La Coruña, Bilbao, Jaén, Granada; en fin, la mar…
-¿También la habrá usted pasado?
-¡Claro! ¿Cómo quiere usted que no hubiera estado en Orán, Argel, Sidi-bel-Abés, un pueblo en que todo es español: comercio, Ayuntamiento, empleados, etcétera, Flemecén, y en Marruecos Uxda, Casablanca, Rabat, de la zona francesa, y Ceuta, Melilla, Tetuán, Alcázar, Larache y Arcila, de la española. También he estado en Tánger.
-¿Y no le ha ocurrido nada en esas pintorescas tierras; vamos, algo pintoresco también?¡Que no soy mora de milagro!

Orán, una de las ciudades visitadas por Lolita Peña en 1920

Orán, una de las ciudades visitadas por Lolita Peña en 1920

-Montijo, diez minutos -vocea un mozo de estación-; hay una parada brusca, un retroceso, otro tirón, y tras este traqueteo el paciente mixto Badajoz-Madrid se para.
-Sí, señor, de milagro. Trabajando en el teatro municipal de Argel un couplet del programa era la ‘Buena ventura’, que yo dirigí a un morazo que había en un palco.
¡Pues no sabe usted que tan en serio la tomó, que trató de comprar al dueño del hotel y a una camarera para tratar de raptarme! ¡Estará bueno que a estar horas me llamara Fátima!
-Una pregunta confidencial: ¿usted es gitana?
-Tengo que pasar por ello. Conste que no me deshonraría en serlo, que artistas bien artistas hay en esa raza; pero no tengo la menor relación con lo ‘cañí’.
Claro que mi arte es profundamente gitano casi siempre, y como me entro tanto en él, casi algunas veces me creo yo faraona.
¡Pero soy ‘paya’, conste!
-Paya ‘agitaná’, ¿estamos?
-Como usted quiera.
-Usted tiene cierta afección por Extremadura, ¿no?
-¿Cómo afección? ¡Cariño grande, verdadero! Se puede decir que si mi arte nació en Jerez, en Extremadura se logró, en Extremadura me cuajé y ni yo me canso de Extremadura, ni (no es porque yo me alabe) Extremadura parece que se canse de mí.
Ya usted ve, en Jerez de los Caballeros, por ejemplo, llevo actuando cuatro años seguidos, y así ha de continuar si Dios no lo remedia, porque allí hay un barrio, el de San Lorenzo, que tiene una predilección especial por mí, y ¡no hay que decir cómo correspondo yo a mis admiradores!
-Es natural; Jerez de la Frontera, Jerez de los Caballeros, todo es Jerez.
¿En qué otros sitios han obtenido ustedes acogida destacable?
-En varios sitios, pero Espejo y Priego de Córdoba no se me olvidan, porque fueron mis primeros pasos por la escena.
Tanto, que voy de tarde en tarde, porque me coge un poco apartado, pero siempre que voy se acaba el papel.

Vista de Ayamonte (Huelva)

Vista de Ayamonte (Huelva)

-¿Qué otros sitios recuerda por algo especial?
-¡Qué sé yo! Isla Cristina, Huelva, Ayamonte, donde se ha dado el caso más excepcional de mi actuación. Verá usted. Terminamos los ocho días del contrato y el gremio de pescadores se asoció para dar una función por su cuenta.
Se había facturado ya el equipaje, y hasta estaría ya de camino, cuando ellos mismos arreglaron el asunto; a una mujer le pidieron un tapete, a otra un mantón, a ésta unos palillos, y tuve que trabajar una noche más, que quise que no quise, un poco pobre de vestuario, vamos, pero crea usted que puse toda mi alma, y yo creo que lo hice mejor que nunca.
-Usted ha cambiado de estilo, ¿verdad?
-Ha tenido que seguir el gusto del público, según las tendencias de cada época -interrumpe Pepe Crévola, el genial guitarrista, tío de Peñita-; empezamos por los fandanguillos de Huelva, viniendo éstos a borrar los cantes por seguirillas (sic), soleares y cante grande por malagueñas, después vino el furor de las bulerías, un cante que, efectivamente, tenía sentir flamenco. Ahora es la hidrofobia por los fandanguillos de Marchena, el cante por vidalitas y la canción de don Juan Simón.
-¡No conozco a ese caballero!
-Pues don Juan Simón es un enterrador que debe tener siete manos, por los chismes que lleva, según el cante: un pico, una azada, un cubo, ¡qué sé yo! Es el único en el pueblo, y, muerta su hija, tiene que pasar por la pena de enterrarla.
-¿Y le gustan estas cosas tan tristes al público?
-Hay algunos que hasta lloran -dice la Peñita-. ¡Ponen una cara más larga!
-¿Y en Madrid? ¿Se ha dejado usted oír en Madrid?
-Sí, señor, en La Latina, donde me llevé un miedo muy regular al verme anunciada en unas tiras muy grandes de papel.
¿Pero para mí esto y en un Madrid? -dije al empresario-. Yo respondo de su éxito -dijo Carcellers-, y, efectivamente, lo tuve, y grande.
En Romea también actué en el beneficio de Isabelita Ruiz.

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921)

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921)

-¿Y cómo no frecuenta más la corte?
-Porque para destacar entre las artistas, en Madrid, hacen falta ciertas condiciones, hasta cierto carácter que yo no tengo. Y, sobre todo, que a mí me va muy bien en provincias.
-¡Garrovilla, dos minutos!-. Un mozo con el paso tardo inicia la descarga de unas sacas de harina; los dos minutos se hacen cinco.
¡Señores, qué mixto!
-¿Y la saeta? ¿Qué opina usted de la saeta?
-Pues que la saeta es para lo que es; para cantarla ante una imagen de Cristo o de su Madre Santísima. Cuando veo al Justo clavado en la cruz o a la Virgen con los ojos arrasados en lágrimas, me inspiro y las canto… Pero el teatro no creo que sea su sitio. Claro que si me las piden con insistencia, las canto.
En Mérida, en Semana Santa, cuando por devoción canté a Jesús Nazareno, gusté mucho, según me dijeron, y la Hermandad me hizo un obsequio que agradecí de verdad, y que es de mi agrado.
Hemos llegado a Mérida tras unos minutos más de charla.
Pedimos a Peñita:
-¿Me hará el favor de un retrato suyo?
-¡Jesús! ¿Un retrato? ¿Para qué?
-Para ilustrar la interviú que le he venido haciendo.
-¡Pero se habrá visto! ¡Pues no hay retrato!
-¿Va usted a consentir que salga la interviú sola?
-Saldrá con patatas, hombre -interrumpe graciosamente Pepe Crévola, mientras me promete la foto con un guiño picaresco de su ojo izquierdo.
-¿También periodista? ¡Pero hombre!… -insiste Lola Peña.
-No he podido evitarlo, señorita” (F. E. O., Correo Extremeño, 15-11-1929).


Peñita de Andalucía, la niña prodigio del cante jerezano (II)

En julio de 1921, Peñita de Andalucía y Pepe Crévola se unen a la Troupe Sibaritas, compuesta por cinco artistas de variedades, y juntos emprenden una nueva tournée por distintas localidades andaluzas y extremeñas, que les lleva después a Gibraltar y Marruecos. La jerezana, que es una de las atracciones del elenco, sigue recogiendo ovaciones a granel.

Isabelita Ruiz (La Esfera, 15-1-1927)

Isabelita Ruiz (La Esfera, 15-1-1927)

Unos meses más tarde, Lolita Peña debuta en la capital de España, en un beneficio ofrecido a su paisana Isabelita Ruiz en el Teatro Romea. Al día siguiente se la puede ver en el coliseo de La Latina, junto a un nutrido elenco de variedades:

“[…] En obsequio a la beneficiada tomaron parte en la función de honor de Isabelita la cancionista de aires andaluces Peñita de Andalucía acompañada a la guitarra por Pepe Crévola; el profesor Javier Molina interpretó en la guitarra, con su peculiar maestría, dos de los bailes de Isabelita Ruiz. Todos fueron aplaudidos” (La Acción, 29-4-1922).

La gira continúa por distintas ciudades del norte y el este de la Península, como Calahorra, Zaragoza, Cartagena, Elche, Alcoy, Castellón o Tortosa, entre otras:

En el mes de mayo debuta en Teatro Bretón de Logroño la Troupe Sibaritas, en la que destacan “[…] la ‘cantaora’ ‘Peñita de Andalucía’, que hace gala de buen estilo en el cante flamenco, y Pepe Crévola, el tañedor de guitarra” (La Rioja, 21-5-1922).

A finales de diciembre “son muy celebrados en el Alcázar Español, de Barcelona, la cantante de aires regionales Peñita de Andalucía y el concertista de guitarra Pepe Crévola” (Eco Artístico, 30-12-1922).

Saetas en el Norte

Durante la primavera de 1923, la joven cantaora actúa en varias localidades de la cornisa cantábrica, en las que causa sensación con sus saetas. Así anuncia su debut la prensa coruñesa:

“Una gran artista

Mañana, lunes, debut en el elegante Salón París, punto de reunión de las personas amantes del arte, de la única que sabe sentir y cantar los aires regionales, dándoles una interpretación tan real que hace que nos sintamos transportados a las regiones a que corresponden sus cantos. Es ella la bella y simpática artista ‘Peñita de Andalucía’.

El obispo de Santander solicitó y obtuvo de esta original artista que cantase en la procesión de Semana Santa las sentimentales ‘saetas sevillanas’, habiendo cumplido este encargo, según prensa de Santander que tenemos a la vista, de una manera magistral.

Peñita de Andalucía (El Correo Extremeño, 15-11-1929)

Peñita de Andalucía (El Correo Extremeño, 15-11-1929)

Si unimos a esto que en la mayoría de sus cantos es acompañada por el eminente tocador de guitarra Pepe Crévola, que también sabe sentir y hace vibrar aquel instrumento en sus manos, formando un conjunto armonioso entre la hermosa voz de la cantante y las notas que Crévola hace decir a la guitarra, como si ésta fuera de carne con madera de ‘cantaora’ y como este número no es común en los espectáculos varietés, auguramos un gran éxito a los artistas y a la empresa del Salón París” (El Orzán, 20-4-1924).

Ídolo en tierras extremeñas

Desde sus inicios en el mundo artístico, Extremadura ha sido una de las regiones más visitadas por Lolita Peña. En septiembre de 1924, la jerezana regresa a Mérida, una ciudad donde se la quiere y se la admira, y vuelve a llevarse de calle al público del Salón Cinema Moderno:

“[…] A continuación la simpática Peñita de Andalucía, queridísima de este público, que no se cansa de admirarla, luce sus encantos de mujer y sus habladoras castañuelas despiertan un murmullo de entusiasmo y la ovación es clamorosa; un nuevo número y continúa la alegría en el salón por esta repajolera gracia que la Peñita pone en todas sus canciones y que la han popularizado en todas partes.

Acompañada de su notable profesor el buen amigo Pepe Crévola y excelente guitarrista, luce su potente y bien timbrada voz y las soleares, saetas, tarantas, fandanguillos y todo lo conocido en aires regionales, más algunos modificados y perfeccionados por el aplaudido Pepe Crévola, autor de mucha parte de su programa, hacen que la Peñita sea la artista predilecta.

Su trabajo es tan ajustado, perfecto y variado, que no cansa nunca.

En Mérida es la octava vez que el público la recibe con agrado y el ama de los aplausos; aquí a nadie se aplaude tanto como a Peñita” (Correo de la Mañana, 7-9-1923).

Anuncio de Peñita de Andalucía en el Salón Mateo de Jerez

Anuncio de Peñita de Andalucía

En enero de 1925 Lolita vuelve a subirse a las tablas del Teatro López de Ayala de Badajoz, para interpretar “canciones a orquesta y a guitarra, acompañada por el notable concertista Crévola” (Correo de la Mañana, 23-1-1925). El público no escatima en aplausos y la artista se ve obligada a realizar varios bises.

Tras actuar en Lisboa durante “veinte noches consecutivas con general aplauso” (Correo de la Mañana, 11-4-1925), en el mes de mayo Peñita se presenta en el Salón de Invierno de la capital pacense. Allí estrena una nueva creación de Rui-Díaz, titulada ‘Entre dos fiestas’: un “magnífico cuplé en el que se pinta la Semana Santa en Sevilla, […] por medio de la ‘saeta’, en magnífico contraste con su feria de abril, […] por medio de unas típicas sevillanas” (Correo de la Mañana, 10-5-1925).

Unos meses más tarde, la prensa sitúa a Peñita de Andalucía, una vez más, en Mérida, aunque en esta ocasión no se encuentra trabajando, sino disfrutando de unos días de descanso en casa de su compadre Juan (Correo de la Mañana, 23-10-1925).

Nuevos éxitos, junto a Palanco y las Violetas

En la primavera de 1926, la cantaora jerezana triunfa durante varias semanas en la sala Ba-Ta-Clan de Valencia, acompañada por su fiel guitarrista. Allí le perdemos la pista, hasta que dos años más tarde la prensa vuelve a situarla en su tierra de adopción, Extremadura, junto a la compañía de variedades “Filigranas Andaluzas”, en la que también figuran el ilusionista Palanco y las hermanas Violetas, cantantes y bailarinas.

Teatro Lopez de Ayala, Badajoz

Teatro Lopez de Ayala, Badajoz

Durante los meses siguientes, esta agrupación desarrolla una intensa actividad por los pueblos y ciudades de la zona. En el elenco destaca especialmente Lolita Peña, con sus cantos regionales, sus cuplés y su cante flamenco; y, muy especialmente, sus fandanguillos, que son uno de los estilos más en boga del momento:

“[Granja de Torrehermosa] … Peñita de Andalucía, es la personificación del arte más depurado que ha desfilado en el género de varietés por este coliseo. Y lo mismo en sus cantos regionales que en lo flamenco, que en todo, la Peñita triunfa y brilla y resplandece, por sus propios méritos […]. Peñita de Andalucía es la artista digna, la artista que puede presumir de serlo, porque crea el arte y siente el arte como pocas” (Correo Extremeño, 24-5-1928).

“[Fregenal de la Sierra] … Hace lo que quiere de su voz y derrocha gracia y alegría, desde que se presenta en escena. Domina perfectamente el cante flamenco, y dentro de éste los fandanguillos” (Correo Extremeño, 12-7-1928).

“[Burguillos del Cerro] … Esta saladísima artista es la distinción en escena, y no se cansa el público de oírla cantar los famosos fandanguillos de Marchena y ‘Viva el puente de Genil’, de Vallejo.

Éxito triunfal, verdaderamente indescriptible, en todo su repertorio” (El Correo Extremeño, 8-8-1928).

Una garganta prodigiosa

Las extraordinarias facultades de Lolita le permiten interpretar con maestría la jota asturiana y brillar en estilos flamencos como la media granaína:

“[Villanueva de la Serena] … Peñita de Andalucía es una excelente artista de la canción y de los aires regionales; canta unas jotas asturianas legítimas, a pleno pulmón y con toda la dulce modulación que aquéllas exigen, y en la música andaluza o la fina ‘canzonetta’ sobresale con destacada personalidad por su arte exquisito y por las grandes facultades que le asisten. Reaparece al final de las funciones cantando flamenco, con acompañamiento de guitarra por Pepe Crévola” (El Correo Extremeño, 12-5-1929).

“[Guareña] … nos hizo aplaudirla (sic) con frenesí, y el apoteosis fue cuando cantó, acompañada de guitarra por Pepe Crévola, ‘la media granaína’ y fandanguillos de distintos estilos, que causaron delirio” (El Correo Extremeño, 12-5-1929).

Teatro Lopez de Ayala, Badajoz

Patio de butacas del Teatro Lopez de Ayala, Badajoz

“[Guareña] … El último número a cargo de Peñita, acompañada del famoso guitarrista Pepe Crévola, resultó tan de puro estilo flamenco y gustó tanto, que hubo de repetirse varias veces” (El Correo Extremeño, 15-6-1929).

Tal es el éxito de la jerezana allá por donde va, que el cronista se pregunta por qué no aspira a escenarios de mayor rango:

Peñita […] arrancó prolongados aplausos al final de cada cuplé, pues con su gracia y salero, unido a su armoniosa y bien timbrada voz (lástima no vendieran este canario, cuántos compradores había de tener en este pueblo), se hace querer del público, que la escucha con admiración y silencio. ¿Cuál es la causa de que esta genial artista no sea presentada en capitales de provincia, e incluso en la villa y corte para de seguro triunfar como su arte merece?” (El Correo Extremeño, 28-8-1928).


Peñita de Andalucía, la niña prodigio del cante jerezano (I)

En las primeras décadas del siglo XX la cantera del cante jerezano se ve enriquecida con la incorporación de jóvenes artistas como Luisa Requejo o Isabelita de Jerez. Ambas debutan de la mano del guitarrista Pepe Crévola, que se convierte así en promotor y descubridor de nuevos valores, labor que continúa con el lanzamiento, en 1917, de una nueva cantaora, su sobrina Lolita Peña, de sólo diez años de edad.

Peñita de Andalucía y Pepe Crévola (Heraldo de Zamora, 17-12-1918)

Peñita de Andalucía y Pepe Crévola (Heraldo de Zamora, 17-12-1918)

Un estreno por todo lo alto

La primera noticia que encontramos sobre esta jovencísima artista se refiere a su actuación en el Teatro de la Unión de Arcos de la Frontera, donde se anuncia como Peñita de Andalucía y, desde el primer momento, conquista al público con su naturalidad y sus extraordinarias dotes para el cante y baile flamenco:

“[…] Presentación de la pequeña, monísima y ya eminente cantadora de flamenco ‘La Peñita de Andalucía’ acompañada de la guitarra por el simpático profesor Pepe Crévola.

[…] ‘La Peñita de Andalucía’ es una monería y una artista en miniatura, que con su endeble figurilla llena de picardía, cantó y bailó por lo jondo de una manera colosal: así dicho, colosal; se trata de una chiquilla de afortunada encarnación del alma andaluza.

El público premió la labor de tan pequeña -pero grande artista-, con una estruendosa salva de aplausos a la terminación de cada número que ejecutó, teniendo que repetir muchos de ellos.

Ya querrían muchas artistas disponer de las facultades semejantes…” (El Guadalete, 2-12-1917).

“[…] Lolita Peña ‘La Peñita de Andalucía’ hizo las delicias del respetable en sus cantes y bailes puramente flamencos, siempre llena de gracia y dicharachera con una naturalidad tan grande, que no viéndola y oyéndola y aun así parecen visiones, que de una ‘muñeca’ como ésa, salga esa voz y ese estilo tan sentimental con llevar a cabo su cometido…” (El Guadalete, 13-12-1917).

La Niña de los Peines (Foto de Antonio Esplugas)

La Niña de los Peines (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

A pesar de su juventud, Lolita sorprende por su magistral interpretación del cante por soleá, que le vale ser comparada con la mismísima Niña de los Peines:

“[…] La única rival de la ‘Niña de los Peines’ conocida por ‘La Peñita de Andalucía’ que aún no cuenta once años, al salir a escena, fue recibida con unánimes aplausos que duraron largo rato.

Entonó con dulce acento y gran maestría una ‘soleá’ puramente gitana y con ese estilo que el cante andaluz requiere, que le valió un grandioso éxito, haciéndola repetir infinidad de veces, hasta el extremo que tuvo que decir al público, que se encontraba ya cansada, y por favor que no le pidieran más…” (El Guadalete, 6-12-1917).

Primeras giras por Andalucía y Extremadura

Durante los meses siguientes, la precoz cantaora se presenta junto a su maestro y mentor en localidades como Montellano, Linares, Cabra, Montilla, Priego, Rute o Badajoz, donde cosechan abundantes aplausos.

Durante su estancia en el Teatro López de Ayala de la capital pacense, la jerezana encandila al público “con su voz potente y peculiar estilo en la interpretación de su variado repertorio de canciones flamencas” (Eco Artístico, 15-4-1918), especialmente en los cantes de su tierra:

“[…] Comienza el cante, y con un estilo flamenco, arrancado del corazón de la tierra chulona, aquella garganta derrama sílaba por sílaba, esta letrilla que es todo un poema:

Cuando me siento en tu cama,
lágrimas como garbanzos
en pensar que te quiero
se me caen por la cara.

Aplauden a la precoz artista, que ha logrado entusiasmarnos, mientras ella, haciendo un cucuruchito con sus labios y llevándose sus manecitas a la boca, distribuye besos de agradecimiento…

Volvió a sonar la guitarra, […] y la Peñita canta unas bulerías, donde no sabemos qué aplaudir más, si su majeza o el estilo con que entona al cantar…” (Correo de la Mañana, 4-4-1918).

La Troupe Max (Heraldo de Zamora, 10-12-1918)

La Troupe Max (Heraldo de Zamora, 10-12-1918)

Durante los seis meses siguientes, Peñita y Pepe Crévola desarrollan una intensa actividad artística por toda la geografía extremeña. Mérida, Don Benito, Zafra, Fregenal o Barcarrota constituyen algunas de las paradas de su exitosa gira.

En algunas de esas localidades los jerezanos comparten cartel con la Troupe Max, aunque no existe rival que pueda hacer sombra a Lolita, que “tiene una potente voz y en ella un gusto exquisito” (Correo de la Mañana, 16-8-1918).

Coincidiendo con su actuación en Cáceres, la prensa vuelve a compararla con la más grande de las cantaoras:

“[…] una niña, que acompañada por un notable guitarrista, cantó unas soleares como pudiera hacerlo la tan afamada ‘Niña de los Peines’. El numeroso público que concurrió al cine aplaudió calurosamente a la pequeña que tan grandes condiciones tiene de artista, por lo que se vio obligada a cantar infinidad de veces…” (El Bloque, 23-4-1918).

La vuelta a España con la Troupe Max

Después de recorrer Extremadura, Lolita Peña y Pepe Crévola visitan Andújar, Gibraleón y Huelva, y luego emprenden una nueva gira por las provincias de Valladolid, Zamora y León, y por toda la región gallega.

Esta tournée la realizan integrados en la Troupe Max, “compuesta por cinco señoritas y cinco caballeros, bajo la dirección de don Segundo Max y el renombrado profesor concertador don Francisco Frías” (Heraldo de Zamora, 9-12-1918).

En ciudades como Medina del Campo, Zamora, Toro, León, Astorga, Orense, Santiago de Compostela, Pontevedra o La Coruña, por mencionar sólo algunas, todo el elenco cosecha grandes aplausos, especialmente “la precoz Peñita de Andalucía que tanto en sus cantes flamencos a guitarra como en sus cantos regionales es una verdadera notabilidad” (Heraldo de Zamora, 9-12-1918).

Vista de Lisboa, 1920

Vista de Lisboa, 1920

En mayo de 1919 la Troupe Max viaja a la capital portuguesa y la joven jerezana conquista con su arte al público del Salón Foz:

“En Lisboa están actuando con gran éxito la monísima cantadora de flamenco ‘La Peñita de Andalucía’ y el notable concertista de guitarra Pepe Crévola.

De ambos artistas, se dice lo siguiente en el periódico Diario de Noticias de aquella capital:

‘La graciosa Peñita de Andalucía en sus cantares flamencos denotó poseer una garganta excepcional, siendo superiormente acompañada a la guitarra por el distinguido profesor Pepe Crevola’” (El Guadalete, 1-5-1919). (1)

Durante los meses siguientes, la compañía continúa con su intensa y exitosa gira por Andalucía, Extremadura, Murcia y Alicante. “El trabajo de esta grandiosa troupe consiste en bailes, canciones, parodias excentricidades, canto y baile andaluz y obras cómicas teatrales” (La Tierra, 21-1-1920).

En febrero de 1920, con motivo de su presentación en el Teatro Ortiz de la capital murciana, la prensa dedica grandes elogios a la joven cantaora, a la que, sin embargo, recomienda cambiar de guitarrista:

“[…] Como nota sobresaliente continúa Peñita de Andalucía llevándose al público de calle” (El Liberal de Murcia, 13-2-1920).

“[…] Peñita de Andalucía canta y baila admirablemente, alcanzando éxito que comparte con el resto de la compañía” (El Día; reproducido por El Guadalete, 7-3-1920).

“[…] Peñita de Andalucía tiene una voz magnífica y canta el flamenco como las grandes maestras de ‘cante jondo’ pero este número adolece de ‘tocaor’: es algo deficiente.

Peñita de Andalucía es lo mejor de la troupe, es lo que hay que oír.

Esta niña no pasará mucho tiempo que actuando con un buen ‘tocaor’ rivalice con la estupenda Niña de los Peines” (El Liberal de Murcia, 12-2-1920).

Orán, una de las ciudades visitadas por Lolita Peña en 1920

Vistga de Orán (Argelia), una de las ciudades en las que actúa Lolita Peña en 1920

Tras una gira por el norte de África junto a la Troupe Max, en la primavera de 1921 Lolita Peña y Pepe Crévola vuelven a las carreteras andaluzas, ahora ya en solitario, con un “número compuesto de cantos regionales, conciertos de guitarra y canto flamenco a gran voz” (Eco Artístico, 30-4-1921).

Actúan en localidades como Espejo, Martos, Baena, Santiago de Calatrava, Alcaudete, Bujalance, Villa del Río y Arjona. La cantaora jerezana, que a pesar de su juventud cuenta ya con una larga trayectoria a sus espaldas, recibe sonoros aplausos y elogios en todos los teatros donde se presenta:

“[Espejo, Córdoba] … Esta artista, que es un manojito de nervios y tiene facultades para llegar a colocarse en primera fila, ha sido también aplaudidísima y obligada a repetir bastantes números de su extenso repertorio” (La Voz, 9-4-1921).

“[Alcaudete, Jaén] … Ha constituido un éxito la presentación de la notable cantante de aires regionales y flamenco, Peñita de Andalucía, la que no dudamos supera a la renombrada Niña de los Peines, y del celebrado profesor de guitarra Pepe Crévola” (Eco Artístico, 30-5-1921).

NOTA:
(1) La traducción es mía.


Isabel Cubas, la embajadora de los bailes andaluces (y IV)

En octubre de 1862, Isabel Cubas debuta en el Nixon’s Theatre de Washington junto a su pareja habitual, Juan Ximénez, y un cuerpo de baile formado por diez señoritas. Allí actúan durante varias semanas con la sala abarrotada y “unos salarios que asustarían a otros mánagers” (Daily National Republican, 12-1-1862) (1).

Isabel Cubas (Foto de Case & Getcher, Boston)

Isabel Cubas (Foto de Case & Getcher, Boston)

Además de los típicos bailables españoles, como El Ole, La Madrileña o La Flor de Sevilla, la Cubas interpreta primorosamente la danza húngara, con la que cosecha grandes aplausos:

“… una de las figuras o poses consiste en colocar las plantas de los pies casi juntas, y permanecer de pie sin moverse sobre las puntas de los dedos. Es raro que una bailarina trate de realizar esta figura delante del público. Cubas lo consiguió de un modo tan elegante que todo el público estalló en una serie tras otra de aplausos” (The National Republican, 5-11-1862).

Asimismo, por su actuación en The French Spy y The Wizard Skiff, la española es reconocida por la crítica como “una de las mejores bailarinas que hemos tenido en América” y una actriz de pantomima que “no tiene igual en la escena”:

“La Cubas está dotada de un don especial para la actuación; e, independientemente de sus talentos como discípula de Terpsícore, parece peculiarmente apta para conferir a ciertas obras como ‘The French Spy’, ‘Wizard Skiff’, etc., etc., una fuerza que pocas artistas pueden ofrecer” (National Republican, 25-11-1862).

Una rutilante estrella

En una nueva visita a Búfalo, la española hace historia, pues “nadie que haya aparecido en los carteles del Metropolitan durante mucho tiempo ha sido más generosamente recibido que la dama antes referida. No hay nada accidental en su éxito. Es una intérprete genuinamente brillante y se enorgullece de reivindicar una originalidad que no se le puede negar” (Evening Courier and Republic, 29-12-1862).

Durante su estancia en la ciudad, la artista ofrece lo mejor de su variado repertorio: se mete en la piel de la protagonista de Masaniello, la muda dei Portici, baila la Tarantella, ejecuta sus elegantes bailes andaluces, y deslumbra al respetable con su actuación en las obras The French Spy y The Wept of the Wish-Ton-Wish.

Isabel Cubas ataviada como uno de sus personajes (University of Illinois Library)

Isabel Cubas ataviada como uno de sus personajes (University of Illinois Library)

Tras una breve estancia en el Metropolitan de Rochester, donde recibe un doble beneficio con el teatro lleno hasta la bandera, en 1863 Isabel Cubas actúa durante varias semanas en el Winter Garden de Nueva York, antes de recalar en el Walnut-Street Theatre de Filadelfia. Allí es recibida como la gran estrella que es:

“Otra sala abarrotada acogió anoche a la fascinante Cubas con motivo de su beneficio. El entusiasmo fue intenso. Ella atrajo la atención de la gente con su extraordinaria gracia y hermosura. Esta noche es su última aparición. Al entrar hoy en el teatro, cada señora recibirá una tarjeta de visita con la forma de una fotografía de la encantadora criatura. Su imagen ya está indeleblemente impresa en las mentes de los miles de ciudadanos de esta urbe que han sido testigos de sus actuaciones” (The Philadelphia Inquirer, 14-2-1863).

Poco después, Isabel se presenta en el McVicker’s Theatre de Chicago, donde obtiene un éxito sin precedentes con la obra The French Spy. No obstante, a petición del público, que acude desde distintos lugares, la gran estrella española introduce más números de baile en el programa:

“Los forasteros que visitan la ciudad expresamente para ver a la CUBAS han expresado cierta decepción al ver que ella no aparece en lo que la ha hecho tan universalmente famosa – su baile. Para satisfacer, hasta donde está en nuestra mano, los deseos de nuestros patrones, a pesar del gran esfuerzo requerido de parte de la Señorita para conseguirlo, nos complace anunciar el programa de esta noche como GRAN BALLET Y NOCHE DRAMÁTICA” (Chicago Daily Tribune, 6-3-1869).

Nuevos retos

Durante los meses siguientes, Isabel continúa con su gira por distintas ciudades. En esa época, uno de los hitos más reseñables tal vez sea su aparición, por vez primera, en un papel dramático hablado. La española da vida a dos personajes distintos en la obra Lavengro o The Gipsy Brother, escrita expresamente para ella y que resulta ser “un completo fracaso” (The Press, 21-9-1863). A pesar de ello, la Cubas sigue estando sublime en sus ya conocidas facetas de bailarina y actriz de pantomima:

“Nos han dicho que la lira de Petrarca era como ‘la luz de la mañana, mitad rocío y mitad fuego’. No es una hipérbole decir que las ejecuciones de la Cubas en el baile y la pantomima son así […].

The French Spy’ es la obra que la Señorita Cubas ha hecho suya […]. La versatilidad con la que asume los distintos personajes, la risa, el humor, la diversión, la vergüenza, la rabia y el arrebato que por turnos humedecen sus ojos y envuelven a cada personaje, son tan animados y naturales que resultan irresistibles” (The Press, 21-9-1863).

Auncio de la actuación de Isabel Cubas en el Walnut Street Theatre de Filadelfia, 1863

Auncio de la actuación de Isabel Cubas en el Walnut Street Theatre de Filadelfia, 1863

Ya en esa época, la artista empieza a acusar los síntomas de la grave enfermedad que padece y que amenaza con retirarla de los escenarios:

“Quienes la hayan observado de cerca deben de haber notado que ha sufrido, especialmente el sábado por la noche, una cierta disminución de la energía […]. Quizás el público no sea consciente del hecho de que la artista que tanto les deleita ha estado gravemente enferma durante su actual compromiso; de hecho, estaba tan mal que era altamente desaconsejable para ella actuar.

Pero actuaría, y así lo hizo. Con todos sus esfuerzos -deben haber sido dolorosos e incesantes- por ser ella misma” (The Press, 21-9-1863).

En noviembre de 1863, algo más recuperada, la Cubas regresa al Metropolitan Theatre de Búfalo con su obra Lavengro. Ni la enfermedad ni las malas críticas obtenidas el día de su estreno en Filadelfia han conseguido frenar a la española, que aspira a convertirse en una gran actrizparlante’, siguiendo la estela de sus antepasados:

“LA SRTA. CUBAS […] dará vida, por primera vez en Búfalo, a un personaje hablado, en un nuevo, original y espectacular drama de gran interés, en cuatro actos, con decorado y vestuario totalmente nuevos, que han sido diseñados y preparados expresamente para la Señorita CUBAS (y que son de su propiedad), titulado LAVANGRO o, THE GIPSY BOTHER” (Buffalo Evening Post, 5-11-1863).

“La Srta. Cubas ha tenido desde hace tiempo la ambición de de convertirse en una ‘artista parlante’, pues no estaba satisfecha con la gran fama que había adquirido como actriz mímica y bailarina española. […]. La Srta. Cubas ha dedicado más de un año de intensa aplicación a la adquisición de un amplio conocimiento de la lengua inglesa, y ha tenido éxito […]; y confía en que el público la apoye en su nueva carrera que acaba de comenzar” (Buffalo Evening Post, 5-11-1863).

Isabel Cubas (foto de Charles D. Fredricks, 1862)

Isabel Cubas (foto de Charles D. Fredricks, 1862)

En esta ocasión, Lavango fue un éxito, tanto de crítica como de público, y ni siquiera sus mermadas facultades físicas consiguieron deslucir el magnífico trabajo de la española:

“Un público muy numeroso recibió a la Señorita Cubas anoche en el Metropolitan y su primera aparición como ‘Lavangro’ fue un rotundo éxito. Por primera vez en Búfalo, la Cubas se presentó en un drama, y la novedad resultó ser toda una atracción. Su maravilloso sentido de la pantomima la ayudó mucho y, aunque su inglés no fue tan correcto como debería, su actuación compensó totalmente cualquier imperfección apreciable” (Evening Courier and Republic, 6-11-1863)

“Anoche el teatro estaba abarrotado hasta la asfixia, por la novedad que ofreció la Cubas en un ‘papel hablado’. Su actuación fue extraordinaria, pero su voz estaba sensiblemente afectada debido a su reciente indisposición. De hecho, en el primer acto, que tiene las escenas más emocionantes de la obra, su voz apenas podía oírse […], pero no podemos negar que su actuación fue exquisita […].

El público pareció apreciar las situaciones habladas de la obra y aplaudió hasta gritar…” (Buffalo Evening Post, 6-11-1863).

Una carrera truncada

Sin embargo, la tuberculosis sigue haciendo estragos en el bello y joven organismo de la Cubas. En diciembre de 1863 la encontramos actuando por última vez en el McVicker’s Theatre de Chicago y sólo seis meses más tarde numerosos diarios estadounidenses se hacen eco de su fallecimiento en Nueva York, el 20 de junio de 1864. Dejaba marido y una hija de corta edad.

Isabel vivió deprisa y se marchó casi sin avisar. A pesar de ello, tuvo tiempo de imprimir una profunda huella en quienes la conocieron y tuvieron la suerte de disfrutar de su arte, como es el caso de Col. Brown, que, varias décadas después de su muerte, le dedicaba estas palabras:

“Nunca hubo una bailarina española en este país como la Cubas. Estaba llena de fuego andaluz y abandono, y si he de parafrasear al poeta, ella era la ‘gracia que había tomado vida’. […]

Ojalá hubiesen visto a la Cubas en su baile del abanico, que en su mano se convertía en un ser vivo y sensible, capaz de expresar todas las pasiones del alma, pero especialmente las del amor y el deseo, de la manera más elocuente” (Fort Worth Daily Gazette, 28-12-1900).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es mía.


Isabel Cubas, la embajadora de los bailes andaluces (III)

Tras dar la bienvenida al año 1862 en Filadelfia, Isabel Cubas continúa con su gira por Norteamérica, acompañada por su nuevo agente, Mr. Aliston Brown. El día de Reyes, la española debuta con gran éxito de crítica y público en el Front Street Theatre de Baltimore:

“¡Inmenso furor! ¡Un teatro abarrotado! ¡Un público brillante!
Juventud, gallardía y belleza. Subida en masa, con gritos ensordecedores y aplausos. Bienvenida a Baltimore. La mayor discípula viva de Terpsícore. La joven y fascinante bailarina, la Señorita, la HERMOSA CUBAS” (The Baltimore Sun, 7-1-1862).

Isabel Cubas (Foto de Charles D. Fredricks)

Isabel Cubas (Foto de Charles D. Fredricks)

Isabel interviene en distintos números coreográficos españoles, como Aragonesa y gallegos‘, ‘La Madrileña‘ o ‘El ole‘, e incluso en el ballet francés ‘La Folie‘. La acompañan su pareja habitual, Juan Ximénez, y el cuerpo de ballet.

Durante su breve estancia en Baltimore, la española causa auténtica sensación, dentro y fuera del teatro. Así, un día, al salir de misa, “era tan grande el deseo de verla que la calle de enfrente del templo quedó completamente bloqueada por los ciudadanos, hasta el punto que la policía tuvo que intervenir” (Evening Star, 16-1-1861).

Washington se rinde a sus pies

Tras dos semanas de reposo por culpa de una impertinente cojera, a finales de enero Isabel Cubas se presenta en Washington, donde se la espera con impaciencia. El debut es un tanto accidentado, debido un malentendido con la orquesta y a un escenario excesivamente resbaloso, lo cual no es óbice para que la española se muestre en todo su esplendor:

“La hermosa Cubas

Anoche fuimos al teatro a ver a esta bailarina española de la que tanto se habla. El teatro estaba lleno a rebosar, y cientos de personas tuvieron que volverse, por no poder conseguir ni un sitio desde el que se viera el escenario. La gente guapa y moderna de la ciudad acudió en masa, y una gran proporción de la parte baja del teatro estaba ocupada por señoras.

Tras la comedia, la señora corrió al escenario y fue recibida con la más salvaje emoción, pues todo el mundo se quedó impactado por su gran belleza. Debemos admitir francamente que el primer baile fue aparentemente un fracaso, y decidimos marcharnos, pero cuando lo estábamos haciendo, nos informaron de que todo había salido mal a causa de un malentendido. Dado que la música era nueva para la orquesta y la señora hablaba muy poco inglés, a los músicos les resultó muy difícil entender cómo quería ella que se tocara.

No obstante, el principal fallo se debió a que el escenario no había sido untado con resina para evitar que ella resbalara, como se hace habitualmente, ya que su baile es de un abandono tan salvaje que, a menos que se arregle de ese modo, el suelo se vuelve tan deslizante que ella no puede mantenerse de pie, y ésta fue la dificultad de anoche. Nos convencieron de que nos quedáramos a ver el último baile, y sin duda podemos afirmar que nos quedamos electrizados. Nunca habíamos visto una elegancia y un baile así -fue realmente grande, y mereció la pena la espera-” (The National Republican, 28-1-1862).

Vista de Washington en 1862 (Foto de George N. Barnard, Library of Congress)

Vista de Washington en 1862 (Foto de George N. Barnard, Library of Congress)

Durante su estancia en Washington, la Cubas obsequia al público con ‘La flor de Sevilla’, ‘La Gitanilla y el Curro’, ‘La Madrileña’, ‘El Polo de Cádiz’, ‘El Ole’ y un gran baile húngaro, entre otros números, secundada por el Señor Ximénez y un cuerpo de ballet.

Nuevos éxitos en la Gran Manzana

Una vez finalizado ese compromiso, la española regresa a Nueva York. Durante las cuatro semanas que permanece en el Winter Garden, Isabel va renovando su repertorio con la inclusión de nuevos bailes nacionales, como ‘La Jota Aragonesa’ o ‘La Gallegada’, además de otras danzas húngaras y francesas. El público siente auténtica fascinación:

“… la joya de la noche fue la hermosa Isabel Cubas, la bailarina española. […] cuando Terpsícore es representada por una persona tan encantadora como Isabel Cubas, las otras musas tienen que dejarle paso. El público está extasiado en sus asientos, viendo sus movimientos, que se caracterizan por todo el vigor y la voluptuosidad de la escuela española. […] Además, su forma es un modelo para un artista, y cuando coquetamente saca el pie y el tobillo, a la manera de las bailarinas españolas, su mirada es tan endiablada y a la vez tan alegre, que más de un corazón […] debe latir de entusiasmo y admiración. Fue hábilmente acompañada en su baile de anoche por Don Juan Ximénez, con quien pareció coquetear y flirtear de una manera muy agradable” (The New York Herald, 11-2-1862).

En marzo de 1862, la Cubas se presenta en la Academy of Music de Broadway, que ofrece un programa de ópera italiana y ballet. Además de interpretar sus ya conocidos bailes -‘La Gitanela y el Curro’, ‘La Madrileña’, ‘El Ole’, ‘La Jota Aragonesa’, ‘La Gallegada’…-, la española se atreve con ritmos de otras latitudes, como la Mazurka y la Tarantella, e incluso con un número cómico, ‘Des Galesca de España’. Sus danzas, tan originales y tan diferentes de las de la escuela italiana, son muy bien recibidas:

“… salieron la Señorita Cubas y el Señor Ximénez, que fueron muy bien recibidos. ‘La Gitanilla y el Curro’ exhibe de la manera más característica las peculiaridades del estilo español de baile. Sus movimientos están marcados por la voluptuosidad y la presteza, más que por la exquisita gracia y acabado que pertenecen a la escuela italiana. No reconocemos nada de Taglioni y Cerito en las abruptas y sorprendentes evoluciones desplegadas en ella, pero captamos algo igual de original y, a su manera, casi igual de agradable. El público pidió la repetición y la Señorita recibió numerosos tributos de su satisfacción en forma de ramos de flores. […] La mazurka, interpretada por la Señorita Cubas y el Señor Ximénez […] fue bailada de un modo muy seductor” (The New York Herald, 20-3-1862).

Academy of Music, Nueva York (Grabado de Frank Leslie, 1871)

Academy of Music, Nueva York (Grabado de Frank Leslie, 1871)

Asimismo, durante su estancia en la Academy of Music, la Cubas desarrolla una nueva faceta artística, la de cantante lírica. En la ópera Masaniello, La muda de Portici, Isabel interpreta el papel protagonista, y se revela como una gran actriz: “El éxito de esta renombrada bailarina en el papel de Fenella fue tan completo y categórico, que ya ha sido calificado como su mejor creación en América” (The Brooklyn Daily Eagle, 24-3-1862).

Tras su larga estancia en Nueva York, Isabel llega a Pittsburgh con sus bailes, entre los que destacan algunas nuevas incorporaciones, como el número ‘La Folie’ o la danza húngara ‘Bokaro Cardas’. La artista vuelve a triunfar, pues, según la prensa, “sólo uno de los apasionados bailes españoles de la Cubas compensará el precio de la entrada” (Pittsburgh Daily Post, 25-4-1862).

Reina en Nueva York

En junio de 1862, la española regresa a la Gran Manzana y, durante varios meses, alterna sus actuaciones entre las distintas salas de Nixon y otros teatros de la ciudad, como el Laura Keene’s o el Niblo’s Garden. Isabel continúa interpretando su repertorio habitual de bailes españoles y, además, se estrena como coreógrafa.

La temporada de verano del Nixon’s Palace of Music se inaugura el día 6, con la incorporación de la soprano italiana Carlota Patti, como directora de la ópera, y de Isabel Cubas, al frente de un ballet formado por bailarines de distintas nacionalidades:

“Inicio de temporada: 9 de junio. Director musical: Mr. Thomas Baker
Se ofrecerá ópera, ballet y pantomima, para lo cual se ha contratado a los mejores artistas
La ópera la dirigirá Miss Carlota Patti y el ballet lo dirigirá la Srta. Isabel Cubas” (New York Daily Tribune, 9-6-1862)

“… Magnífica actuación de ballet por Srta. Isabel Cubas, Mlle. Caroline Theleur, Mlle. Helene, Sr. Ximénez, Herr Weithoff, y un extraordinario cuerpo de bailarines franceses, españoles e italianos” (New York Daily Tribune, 18-6-1862).

Isabel Cubas en The French Spy (Foto de W. L. Germon, 1863)

Isabel Cubas en The French Spy (Foto de W. L. Germon, 1863)

En el mes de julio, empieza a anunciarse en Nixon’s Cremorne Gardens un “ballet, dirigido por la hermosa y brillante Isabel Cubas, […] el más elegante que que se ha ofrecido nunca en Nueva York” (The Era, 6-7-1862).

En septiembre de 1862, en el mismo local, la polifacética artista debuta como actriz dramática de pantomima, en obras como The French Spy o The Wizard Skiff. En cada una de ellas, la Cubas interpreta a varios personajes diferentes y ejecuta distintos bailes. En la primera, incluso participa en un combate de sables. La crítica, una vez más, destaca las sobresalientes cualidades de la española:

“En Nixon’s Garden, la extraordinariamente dotada señora española Isabel Cubas recibió anoche un beneficio. Se representó ‘The French Spy’, obra en la que interpretó el papel de la heroína muda de un modo indescriptible. […] Su pantomima en el primer acto fue deliciosa” (New-York Daily Tribune, 7-10-1862).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es mía.