Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Bienal de Sevilla 2026: una mirada crítica desde la perspectiva de género

Recién clausurada la XXIV edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla, toca hacer balance. Como cada dos años, la dirección del magno festival cuantifica la recaudación obtenida, el número de personas asistentes y el porcentaje de ocupación media de los espectáculos; estudia su repercusión en los medios de comunicación y su impacto turístico en la ciudad. Tras varias semanas de frenética actividad, distintos profesionales de la crítica también suelen detenerse a evaluar el desarrollo del evento en su conjunto, haciendo hincapié en sus debilidades y ofreciendo sugerencias de mejora.

Sin embargo, en todos esos análisis se echa en falta un aspecto que a nadie parece interesar, aunque no es en absoluto baladí: el enfoque de género. De hecho, las Administraciones públicas de Andalucía tienen el mandato legal de promover la presencia equilibrada de mujeres y hombres en la oferta artística y cultural pública, y el Plan Estratégico de Igualdad entre Mujeres y Hombres (2022-2026) del Ayuntamiento de Sevilla contempla entre sus objetivos estratégicos el de incluir la perspectiva de género en todas las actuaciones que emanen de sus diferentes áreas.

Un primer vistazo a la vasta programación general de la Bienal de Sevilla de este año, cuajada de grandes figuras de lo jondo en todas sus disciplinas ーcante, baile, toque de guitarra y otros instrumentosー, puede dar la impresión de que hombres y mujeres han tenido una presencia más o menos equilibrada. No obstante, un recuento pormenorizado del número de intervenciones artísticas individuales incluidas en los más de sesenta espectáculos programados arroja datos muy elocuentes, que se alejan bastante de la equidad.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

En términos generales, de las casi quinientas interpretaciones contabilizadas, solo un 24% han correspondido a mujeres, frente a un 76% de hombres. Estas cifras no distan demasiado de las de anteriores ediciones de la Bienal, que en su día también analizamos. Concretamente, en las de 2018, 2022 y 2024 el porcentaje global de féminas se situó siempre entre un 21% y un 28%.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

Por especialidades, la mayor representación femenil la encontramos en el terreno del baile, con un 55%, seguido por el del cante, con un 35%. Los ámbitos más masculinizados son los de la guitarra, y la percusión y palmas, con solo un 5% y un 6% de mujeres respectivamente, mientras que en el apartado de otros instrumentos, su presencia no pasa del 16%.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

Estos números son el reflejo de una desigual división sexual del trabajo que se viene perpetuando desde los albores del género flamenco, y que ya quedó patente en el estudio en el que Cristina Cruces comparaba los datos de la Bienal de Sevilla de 2014 con la distribución por sexo de los artistas incluidos por Fernando el de Triana en su libro Arte y artistas flamencos, de 1935. Según Cruces, el 41% de las más de trescientas figuras de finales del siglo XIX y primer tercio del XX que aparecen en este volumen son mujeres, que se sitúan preferentemente en la esfera de la danza, con un 72% de representación frente a un 28% de hombres. En el cante las proporciones se invierten, con un 76% de hombres y un 24% de mujeres, mientras que en la guitarra, la presencia femenina no supera el 2%.

Ese dispar reparto de roles y funciones hunde sus raíces en el pensamiento binario patriarcal, que atribuye a hombres y mujeres hábitus de género diferenciados, y reserva para los varones aquellas actividades más prestigiosas y lucrativas, que, en el caso del arte jondo, serían el cante ーque implica un dominio de la palabraー y el toque de guitarra ーque requiere un conocimiento técnico y musicalー. A las féminas les correspondería el baile, que se ejerce con el propio cuerpo y las convierte en objeto de deseo para el disfrute de los espectadores.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

Volviendo al estudio que nos ocupa, en la Bienal de 2026 se aprecia un decremento de la tradicional sobrerrepresentación femenina en el ámbito coreográfico, en el que prácticamente puede hablarse de paridad, con un 55% de intervenciones de mujeres frente a un 45% de actuaciones de hombres. Esta misma tendencia ya se ha venido observando en ediciones anteriores del festival, como las de 2018 y 2024.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

La disección de estos datos no solo indica que los varones han ido ganando terreno en la esfera del baile, sino que los sitúa en las posiciones de mayor poder y prestigio: entre las figuras titulares de los espectáculos, representan el 47%; y en el apartado de colaboraciones y artistas invitados incluso superan a las mujeres, con una representación del 56%. En el otro lado de la balanza, los cuerpos de baile han estado constituidos en un 77% por figuras femeninas.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

En el apartado del cante la Bienal de este año sigue el mismo rumbo que las anteriores, con un 35% de representación femenina frente a un 65% de actuaciones de varones ーen 2022 la cuota de mujeres ascendió al 36%, mientras que en 2018 y 2024 no pasó del 28%. Si nos centramos en las primeras figuras de los espectáculos, los datos resultan algo más positivos, con un 41% de féminas. En contrapartida, en el cante de atrás y en los coros la presencia femenil ha resultado bastante más exigua, con un 25% y un 19% respectivamente.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

Las causas de esa exclusión, que ha sido una constante en la historia del arte jondoーbasta con echar un vistazo a los carteles de la ópera flamenca o de los festivales veraniegos, tanto del pasado como de la época actual, para constatarloー, nada tienen que ver con una falta de calidad o preparación de las cantaoras. Probablemente guarden más relación con ciertas ideas preconcebidas y carentes de fundamento, como la supuesta existencia de cantes de hombres y cantes de mujeres. En la obra antes mencionada, Fernando el de Triana designaba a los primeros con el término “cantes machunos”, que hacía referencia a aquellos estilos que, por su solemnidad y dificultad, supuestamente no resultan adecuados para las voces y el talento femeninos.

Tampoco juegan a favor de las cantaoras elementos tan consustanciales al flamenco como la propia guitarra. Teniendo en cuenta que incluso la investigación médica tradicionalmente ha tomado como objeto de estudio el cuerpo del varón, no debe parecer extraño que la sonanta haya sido pensada y construida para amoldarse a las voces masculinas, por lo que la adaptación a determinadas tonalidades propias de las féminas puede poner en un aprieto a más de un tocaor.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

Es precisamente el ámbito de la sonanta el que desde hace décadas ha permanecido más infranqueable para las mujeres. En las cuatro ediciones de la Bienal analizadas su presencia ha sido meramente testimonial, y el 5% de la de 2026 no hace albergar grandes esperanzas, pues solo una de las cinco tocaoras contabilizadas es realmente una guitarrista, María Marín, mientras que las otras cuatro son cantaoras que en un momento determinado de su actuación se acompañaron a sí mismas con la bajañí.

Las razones de esta ausencia pueden asociarse a distintos factores, como los manidos clichés que achacan a las mujeres la carencia de ciertos atributos supuestamente imprescindibles para tocar la guitarra, como la fuerza o el sentido del compás ーcualidades, por otra parte, de sobra contrastadas en el caso de las bailaorasー; o el rol de mánagers y directores artísticos tradicionalmente ejercido por los tocaores, funciones estas relacionadas con el control de la economía ーy no precisamente la domésticaー, que hay quienes no consideran apropiadas para las féminas. Todos estos condicionantes conducen a un círculo vicioso: con el pretexto de que no están preparadas, se obstaculiza el acceso de las mujeres a los escenarios, y de este modo se limita su formación práctica y se ponen trabas a su desarrollo profesional.

En lo que se refiere a las ejecutantes de otros instrumentos, que ascienden a un 16% frente a un 84% de hombres, cabe destacar que la mayor presencia femenina la encontramos en el grupo de los cordófonos de cuerda frotada ーviolín, viola y violoncheloー, lo que contrasta con su ausencia en el ámbito de los instrumentos de viento, el piano y los teclados.

Se podría profundizar mucho más en los motivos de esas desigualdades de género, que en pleno siglo XXI ya no parecen de recibo, mas esa labor excede de los objetivos de este artículo, que no pretende sino visibilizar una situación, pues solo a partir de la toma de conciencia se puede aspirar a cambiar la realidad.


De la idea de pureza en el flamenco, bien entrado el siglo XXI

El diccionario de la Real Academia Española define el término pureza como “cualidad de puro” ー“libre y exento de toda mezcla de otra cosa”ー y también lo identifica con la “virginidad”. Trasladado a la esfera de lo jondo y tomado en su sentido etimológico, ese término designaría a un flamenco no contaminado, anclado en su manifestación prístina, que a lo largo de sus ya casi dos siglos de historia no ha experimentado crecimiento ni evolución alguna. ¿Podría existir un arte así? Prácticamente desde los inicios del género, el debate está servido, y es precisamente esa confrontación entre lo puro y lo impuro, la vanguardia y la tradición, lo que le sigue dando vida.

En 1996, hace ahora treinta años, José Luis Ortiz Nuevo publicó su Alegato contra la pureza, una obra capital en la que reivindica el flamenco como arte libre, mestizo y con una salud de hierro, a pesar de los vaticinios agoreros de los puristas de distintas épocas, que han insistido en presentado como una criatura en vías de extinción.

Coincidiendo con esa efeméride, a fin de sondear el estado de la cuestión, he realizado una breve encuesta entre personas estrechamente vinculadas a la esfera de lo jondo, en la que he contado con la inestimable colaboración de ochenta mujeres y hombres, del ámbito del cante, el toque, el baile, la investigación, la afición y la gestión cultural, que han respondido a esta doble pregunta: ¿Cómo definirías la pureza del flamenco y qué importancia le concedes?

Las respuestas obtenidas reflejan una clara división entre quienes vinculan la pureza a la transmisión emocional o a la tradición, sin negar la evolución; y quienes la consideran una falacia o un concepto artificial; mientras que solo una minoría la asocia con la esencia o lo innato. Las categorías identificadas responden a la necesidad de sistematizar la información recopilada, lo que no significa que sean necesariamente excluyentes.

La idea más repetida por las personas consultadas es la de la pureza como verdad, como honestidad interpretativa, como transmisión de emociones y sentimientos. Se la relaciona con la autenticidad del artista, con su capacidad de ser fiel a sí mismo, de abrirse en canal, de expresar un sentimiento que brota directamente desde el corazón y logra conmover al receptor, despertar una emoción, hacer que surja el duende.

En segundo lugar, y con un número ligeramente inferior de adhesiones, destaca la noción de pureza como raíz, como herencia recibida y conocimiento de la tradición y la historia; como respeto de los códigos y los cánones principales del flamenco. Buena parte de quienes sostienen este planteamiento hacen suya la idea expresada por el poeta Juan Ramón Jiménez en su conocido aforismo “raíces y alas”, al considerar que el arraigo en la tradición no debe limitar el crecimiento y la evolución en libertad, puesto que el flamenco es un arte vivo.

Frente a estas dos posiciones, que recogen el sentir de más de la mitad de las personas informantes, casi un tercio de la muestra encara la idea de pureza en el flamenco con una actitud más crítica o combativa. Por una parte, hay quienes niegan categóricamente su existencia o la consideran una utopía, por entender lo jondo como un arte impuro, mestizo e indefinible, que es el resultado histórico de una enorme amalgama de culturas, músicas e influencias diversas. Por otra, hay quienes la definen como una construcción ideológica, social o de mercado; como un pseudoconcepto, una invención o un canon cambiante según la época; como una herramienta de poder y marketing empleada para excluir o revalorizar determinados productos culturales.

El resto de la muestra ーen torno a un quince por cientoー se decanta por alguna de estas tres opciones, todas igualmente minoritarias: en primer lugar, la pureza entendida como lo natural, lo innato, lo primitivo, lo ancestral, que algunas personas identifican con la sangre y con lo aprendido en el seno de las familias gitanas; en segundo lugar, la pureza como ausencia de contaminación, mezcla y evolución; y, por último, la pureza en cuanto identidad o esencia. 

Por lo que respecta a la segunda parte de la cuestión planteada ー¿Qué importancia le concedes?ー, es relevante señalar que solo cuarenta y tres de las personas consultadas se han pronunciado sobre el tema. Casi la mitad de ellas afirman otorgar una importancia máxima a la pureza, entendida esta como verdad o identidad, por estimar que sin ella el flamenco pierde su sentido, su capacidad de emocionar y aquello que lo diferencia de otras músicas; y también por cuanto contribuye a la preservación del patrimonio clásico de este arte.

Un tercio de las respuestas confieren a la pureza una importancia relativa. Esas personas valoran positivamente el conocimiento de la tradición, como punto de partida, y abogan por la libertad de las nuevas generaciones para crear y experimentar, siempre desde el respeto y siguiendo la evolución natural del flamenco.

El resto de las contestaciones, casi una decena, no asignan ninguna importancia al concepto de pureza, o incluso lo consideran nocivo, por entenderlo como un juicio subjetivo o una construcción artificial que limita la riqueza expresiva del artista y alimenta discursos identitarios excluyentes.

En pleno siglo XXI, tras décadas de enfrentamiento entre defensores y detractores de la pureza, entendida esta en un sentido estricto o metafórico, el debate continúa candente y el interés que aún despierta esta cuestión evidencia, una vez más, que el flamenco está más vivo que nunca.


El Cabildo Flamenco de Archidona, un lugar al que siempre se quiere volver

Después de nueve ediciones, y a pesar de no contar con una fecha fija en el calendario, el Cabildo Flamenco de Archidona se ha convertido ya en una cita consolidada en la agenda de eventos por mor de lo jondo. Surgió en 2018 para dar continuidad a dos iniciativas puestas en marcha en los años anteriores por su fundador y alma mater, las Jornadas de presentación de la Biblioteca Flamenca de Archidona ‘José Luis Ortiz Nuevo’, “Entre medias”, celebradas en agosto de 2016, y el curso de verano La Década Prodigiosa (1860-1969). El Big-Bang de lo Flamenco, auspiciado por la Universidad de Málaga en el mes de julio de 2017.

Viernes tres de julio, en la antesala del 9ª Cabildo Flamenco.

Viernes tres de julio, en la antesala del 9ª Cabildo Flamenco.

El que nació y sigue siendo un evento modesto, en el transcurso de estos años ha tenido que ir sorteando no pocas dificultades, como las derivadas de la búsqueda de apoyo institucional en momentos de cambio político o la horrible pandemia del coronavirus, que obligó a celebrar su tercera edición a puerta cerrada, para su posterior retransmisión a través de YouTube.

La de este año, buscando darle un aire más fresco en consonancia con la temática abordada ーla conmemoración del treinta aniversario del Alegato contra la purezaー, se ha desarrollado en una nueva ubicación, que ha permitido compaginar la música y las sesiones de estudio con el baño en una estupenda piscina y la contemplación de la puesta de sol sobre la icónica peña de los Enamorados.

Archidona Sunset, lugar de celebración del 9º Cabildo Flamenco.

Archidona Sunset, lugar de celebración del 9º Cabildo Flamenco.

Mas no ha sido ese el único privilegio del que hemos podido disfrutar. La grandeza del cabildo, más allá de su impulso del pensamiento y el debate, y su excelente programa de actuaciones ーsiempre rico y variado, siempre atento a las propuestas innovadoras y comprometido con el talento de la tierraー, reside en la convivencia, en la posibilidad de compartir momentos de goce, risas, charla o reflexión; en definitiva, en sentirse por unos días parte de esa gran familia que con tanto cariño nos acoge.

El maestro José Luis Ortiz Nuevo es la fuente de inspiración y el pegamento aglutinador de quienes año tras año peregrinamos a su pueblo en busca de esa recarga de vida e inquietudes que siempre nos hace querer regresar. Cualquier conversación con él equivale a una clase magistral y lo mismo puede afirmarse de Gualberto García, que sin duda ha sido la gran revelación de este año. Ambos personifican esa sencillez que solo tienen los más grandes.

Sábado cuatro de julio, mesa redonda.

Sábado cuatro de julio, mesa redonda en torno al Alegato contra la pureza.

Mas el cabildo no existiría sin ese gran equipo de personas ーcon José Luis Solís y Ana Pastrana a la cabezaー que se dejan la piel para que todo funcione a la perfección, que hacen magia con los números y logran convertir en realidad lo que parecía imposible, siempre con una sonrisa y una palabra amable. 

Y tampoco sería lo mismo sin ese núcleo de asiduos y asiduas con quienes siempre es grato coincidir, y a quienes se echa de menos cuando no están… ¡Larga vida al cabildo y larga vida al maestro!

Sábado cuatro de julio, tras la mesa redonda.

Sábado cuatro de julio, tras la mesa redonda.

 

Electroverdiales, con Rocío la Boterita. y Alejandro Lévar.

Electroverdiales, con Rocío la Boterita. y Alejandro Lévar.

 

Kiki Morente.

Kiki Morente.

 

Ravecalé y Soleá Gatica.

Ravecalé y Soleá Gatica.

 

Gualberto y Ana Pastrana.

Gualberto y Ana Pastrana.

 

Kiko Veneno.

Kiko Veneno.

 

Chiveca.

Chiveca.

 


Inés Bacán: «Mi aportación al flamenco ha sido la naturalidad» (y II)

Durante el pasado mes de marzo, la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla dedicó a Inés Bacán su Semana de las Mujeres. En ella protagonizó dos noches inolvidables: además de ofrecer un magnífico recital de cante, tuvo a bien compartir con nosotros un rato de charla al hilo de varios fragmentos audiovisuales extraídos de diversas fuentes, principalmente del documental Inés, hermana mía (Carole Fierz, 1995).

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Fue un rato realmente delicioso, lleno de momentos emotivos, en el que Inés nos regaló un valioso testimonio del que ya publicamos la primera parte. Así continuó la conversación…

P: Acabamos de ver un pequeño corte del documental, en el que Concha Vargas y tu prima Fernanda Peña hablan sobre ti.

R: Sí, eran todas primas nuestras. Concha Vargas era prima nuestra también. A Concha la quería mucho mi Pedro. 

P: Es muy curioso este fragmento, porque tú estás sentada en medio de las dos… 

R: Y yo diciendo, a ver cuándo se van a callar…

P: Ellas están hablando de ti como si no estuvieras delante, y tú ahí en medio…

R: Sí… poca vergüenza. [Risas] 

P: Ellas comentan esas dificultades que hemos mencionado, todo el trabajo que tenías que hacer en tu casa…

R: Claro, que yo tenía mucho trabajo para salir… Yo me acuerdo de que cuando presenté el primer disco con ellos, con Pedro… Fue en Madrid, en Casa Patas… No veas todo lo que yo tuve que revolver aquel día para ir, para coger el tren para Madrid: dejar a mis niños, a mi madre… “Inés, ¿adónde vas?” “No, mamá…” No corría nada yo… Pero, bueno, aquí estamos.

P: Y también dicen ellas que cuando tú te sientas realmente más cantora es cuando vas a sacar lo que llevas dentro. ¿Qué pasaba, que no confiabas todavía mucho en ti misma? 

R: Bueno, yo sí confiaba en mí, porque yo pensaba: “Si a mi hermano le gusto, con lo que entiende mi hermano, es que canto bien”. [Risas] Esto es lo primero que me venía a la cabeza. Pero yo nunca me he dado importancia… He sido una persona humilde, está feo que lo diga, pero es así. Nunca me he dado importancia y mi hermano Pedro decía que eso no puede ser…  Él se reía con eso, y a él le daba coraje, pero, bueno…

 P: ¿Qué te decía para animarte, para hacerte sacar todo eso que llevabas dentro? 

R: Pues, que si tú no te lo crees… Una vez llamó a Miguel Acal y estuvo con nosotros. “Hombre, dile algo a mi hermana”. Yo no lo sé, pero me lo imagino. Y Miguel, diciéndome cosas: “Si tú no te lo crees, Inés, no se lo va a creer nadie”. Porque yo no sé qué, porque yo no sé cuánto… Y yo, «Míralos, que no se callan, no me dejan tranquila». [Risas] Eso viene con el tiempo, el tiempo te hace sacar la seguridad, eso es el oficio. Esto es un oficio. Es como cuando, por ejemplo, un niño zapatero empieza, pues no tiene seguridad ¿Hasta cuándo? Cuando pasan años. Pues yo igual, aprendí la zapatería. [Risas] 

P: Eso es así, la práctica hace maestros. 

R: Yo lo tenía dentro, pero… [Risas] Pedro se reía. Él decía: “Inés es una cachonda”. [Risas] Dice un día: “Es que tú no sabes el potencial que tú tienes”. Digo: “¿Por qué? ¿Vamos a ir a la guerra?” [Risas] “Mírala, que es una cachonda”, decía. “La gente no sabe lo cachonda que tú eres”. Y de verdad, lo que más me gusta del mundo es reírme. Mira que me gusta cantar, pues más me gusta reírme. 

P: Tú con él tenías una conexión muy especial, ¿verdad? 

P: Sí. Nos mirábamos… Muchas veces hacía así porque le daba coraje que supiera yo lo que él pensaba. [Risas] Pero de verdad que lo sabía. 

P: Vamos a ver un último fragmento del documental. Ahí comenta tu hermano, y comentas tú también con él, que hay personas de tu entorno que no llegaron a comprender ni a aceptar ese cambio que habías dado en tu vida. 

R: Pero es por eso, porque yo nunca canté, ni siquiera en las fiestas, y entonces, de pronto salir cantando, pues claro, a ellos les cogió eso de improviso, a mi gente, a mi familia. Además, que todos eran artistas… “Bueno, ¿este qué se cree, que la hermana va a ser ahora…?” Me callo, mejor. [Risas] 

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

P: Entonces, no tuviste mucho apoyo, ¿no?, quitando a tu hermano. 

R: No, de mi familia, no. Ninguno. 

P: Pues menos mal que, a pesar de todo, seguiste, porque eres muy rebelde, ¿no?, como dices también en la película. 

R: Yo seguí por él, la verdad. 

P: Bueno, no recordemos más tristezas, vamos a hablar de cosas bonitas. Estuviste unos años recorriendo distintos países con ese grupo, el Clan de los Pinini, en el que ibais muchos artistas que erais familia, que teníais una relación muy estrecha… 

R: Sí, claro, venía Concha Vargas, venía Carmen Ledesma, venía Pepa de Benito, Dieguito el de la Margara venía muchas veces con nosotros, Vicente Sordera también venía. Vicente, no, Enrique…  Y lo pasábamos muy bien, nos reíamos mucho… 

P: ¿Y la idea cuál era, llevar como una fiesta vuestra, de vuestra familia, a un escenario? 

R: Mi hermano quería llevar lo que era nuestra intimidad en la casa, plasmarla en el escenario. Y lo consiguió. Él lo consiguió, sí. 

P: ¿Y eso cómo era recibido por el público? Sobre todo en Francia, tuvisteis mucho éxito, ¿no? 

P: Mucho, pues a la gente le encantaba. Se acababan las entradas. Muchas veces la gente decía, los que estaban en la taquilla: “No hay entradas”  “¿Ni para la escalera?” Decían para la escalera, sentarse en la escalera. 

P: ¿Y te has sentido más reconocida allí que aquí, por ejemplo? 

R: En Francia, sí, en París. 

 P: ¿Por qué crees que es eso, que allí te entendían mejor? 

R: Bueno, porque allí no me conocían, como digo yo, íntimamente, no me conocía nadie, entonces la gente creía que yo había cantado toda la vida. Y es verdad que mi cante a ellos les gustaba mucho. Pero es que Francia está muy preparada para todo. En Francia los niños en los colegios dan piano, tienen los oídos muy afinados. Esta era la causa de que ellos nos entendieran tan bien a nosotros, por la afinación que tenían desde chicos. 

P: Y la mente muy abierta también, quizá…

R: Y la mente muy abierta. [Risas] 

P: Entonces allí te encontrabas súper a gusto, ¿no? 

R: Uy, sí. Si hubiera tenido allí a mis hijos, yo nunca me quería venir de allí. 

P: ¿Te hubieses quedado allí en vez de estar en Lebrija? 

R: Bueno, sin mi hermano y eso, claro, no. Pero con mi hermano y mis hijos… Pero era difícil. 

P: En un momento determinado del documental tú también dices una frase que me parece muy profunda: que el cante es una conversación contigo misma que la gente no entiende o puede que sí, pero que es donde tú puedes decir lo que realmente piensas. 

R: Sí. Y es verdad. El cante, por lo menos yo, lo entiendo así. Yo hablo conmigo misma cantando. Que la gente entiende o no entiende, como ha pasado muchas veces. Yo me acuerdo de una vez que fuimos a una peña en Huelva, yo iba con Antonio [Moya]. Bueno, me acuerdo que me tomé, sin darme cuenta, dos pastillas de Lexatín y me puse a gustito. [Risas] Y decía Antonio: “Sigue, hija, Inés, que estás cantando muy bien”. Y la gente sin echarme cuenta… [Risas] Y Antonio: “Déjalo, aunque no nos echen cuenta, tú sigue cantando”. Y Antonio llorando. [Risas] Yo con Antonio Moya me he reído mucho también, la verdad es que sí, porque tenían… Es que era una cosa muy extraña, que él y mi hermano tuvieran tanta similitud. Yo no veía a mi hermano reírse nada más que con Antonio Vargas, el marido de Pepa de Benito, y con Antonio Moya. 

Inés Bacán con Antonio Moya, y familiares y amigos, en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Inés Bacán con Antonio Moya, y familiares y amigos, en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

P: También nos has contado antes que el cante para ti ha sido como un salvavidas en muchos momentos, que es lo que te hace mantenerte viva.

R: Sí, ahora mismo lo es. Y ahora tengo la pierna mala… 

P: Pero tienes bien la garganta, que es lo importante, ¿no? 

R: Bueno, vale. [Risas] 

P: ¿Dónde te gusta más, dónde te sientes más a gusto cantando, en una reunión de amigos, en un teatro, en una peña…? 

R: Yo en un teatro. Es que ahí es donde yo canté mis primeras veces y donde yo me formé cantando fue en los teatros. Los teatros me encantan para cantar, porque tú no ves a nadie, cierras los ojos y se te presenta solo. [Risas] Ya está. 

P: Se te quita un poco la vergüenza, ¿no? 

R: No, ya a mí no me da vergüenza cantar. 

P: También tuviste una etapa, ya cuando se fue tu hermano, estuviste un tiempo con Israel Galván, recorriendo muchos países. 

R: Sí, estuve con él mucho. 

P: ¿Y cómo cómo era eso de trabajar con él? Porque tenéis un concepto del flamenco muy diferente, ¿no? Él es muy de vanguardia y tú estás muy apegada a la pureza, digamos. 

R: No, porque él, a lo mejor, verás tú… Era un escenario muy grande. Yo me ponía aquí en lo último, que yo me tomaba el Lexatín y yo decía, verás, cualquier día lo que me va  pasar. Me voy a quedar dormida. [Risas] Él salía por este lado, el Bobote en este lado en una en una mesa sentado, y yo así. Mira, dice la gente que no baila… ¡Pues no baila bien! Salió Israel bailando de verdad… y canté yo por soleá. Y cuando salimos, dice Israel: “¡Cómo has cantado por soleá, Inés!” Digo: “Pues tú no sabes cómo tu has bailado. Tú me has puesto a gusto a mí”. [Risas] Y yo le cantaba a él por siguiriyas, él bailaba en lo alto de la mesa, y bailaba entonces como Antonio el bailarín. Bailaba muy bien, muy bien. Lo que pasa que él después era muy sano, porque si la gente se reía de él, no le importaba. Era un niño muy bueno. Y yo me ponía delante del camerino, e Israel, tututú… “¡Te vas a partir un un tobillo! Tú, sigue” [Risas] “Inés, ¿me quieres dejar ya?” [Risas] Y se lo partió. [Risas]

P: ¿Se lo vaticinaste, no? 

P: Sí, pero él se reía. ¿Y cuando me perdía en el escenario? “Chiquilla, la tata, ¿dónde estás?” Yo qué sé, digo: “Yo me he perdido, ¿eh?” “Los niños, los niños de las luces”. [Risas] Y se reía. Y a lo mejor yo me había metido en una cosa con muchas cortinas redondas y no sabía salir. [Risas] “Ay, tata, ¿por dónde vas?” Al final, era bueno, pero muy travieso. [Risas] Hacían cada cosa…

P: ¿Te gastaba bromas? 

R: No, no, a mí no, ellos. Hubo una vez en un pueblo que había muchos elefantes, yo no sé por qué había tantos elefantes. [Risas] Pero elefantes, como estatuas. Entonces, mi hermano Juan se fue con ellos y yo digo: “¿Qué está pasando con el elefante? Qué raro, que no se cae”. Es que se montó en lo alto, los dos se montaron en lo alto de los elefantes esos y se cayeron… al hospital. [Risas] Eran malísimos los dos, ¿eh? Malísimos, malísimos. Yo decía: “Esta gente cualquier día se busca un disgusto”. 

P: Para no cansarte más, me gustaría hacerte una última pregunta: después de tantos años de carrera, porque, aunque empezaste tarde, son ya muchos años, ¿cuál crees que ha sido tu aportación al flamenco? 

R: La naturalidad. Porque el flamenco es naturalidad, no son voces. El flamenco es una cosa natural que sale del alma, ¿no? ¿Y del alma qué sale? Las cosas naturales. Lo que tú sientes. 

P: Ahí está la transmisión, ¿no? 

R: Ahí está. 


Inés Bacán: «Mi aportación al flamenco ha sido la naturalidad» (I)

La lebrijana Inés Peña Peña, más conocida como Inés Bacán, es una cantaora única. No se parece a nadie ni tampoco hay nadie que se parezca a ella. Aprendió el cante desde la cuna, en su familia, en su entorno, un cante que brota de sus propias vivencias…

Procede de una de las mayores estirpes flamencas de Andalucía. Es bisnieta de Fernando Peña Soto, Pinini, que ha pasado a la historia por sus cantiñas; nieta de Fernanda Peña, sobrina nieta de María Peña, hija de Bastián Bacán y hermana del añorado Pedro Bacán; sobrina de Fernanda y Bernarda de Utrera, de Pepa de Utrera y Pepa de Benito; y, por la rama materna, prima de Pedro Peña y el Lebrijano.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Aunque se crio entre artistas, la mayoría no profesionales, y aprendió el cante desde niña, por timidez nunca se atrevió a cantar delante de otras personas, hasta que a principios de los noventa, en la fiesta posterior a la entrega del premio Demófilo a su hermano Pedro, sintió la necesidad de hacerlo y sorprendió a todos los presentes, especialmente a él, que empezó a llevarla de la mano por los escenarios del mundo.

De la noche a la mañana, Inés pasó de ser un ama de casa en su Lebrija natal a viajar por distintos países y cantar en teatros abarrotados; y no le resultó fácil compaginar la vida de artista profesional con la de madre, esposa y cuidadora.

Pedro fue su mentor, su maestro, su confidente… Creó un grupo denominado el Clan de los Pinini, en el que integró a otros artistas lebrijanos y a distintos miembros de su familia, como Pepa de Benito, Concha Vargas, Joselito de Lebrija o Carmen Ledesma, y un concepto de espectáculo que consistía en llevar el flamenco de familia al escenario.

Con él realizó sus primeros trabajos discográficos y se ganó la admiración del público, tanto en España como en el extranjero, especialmente en Francia, donde es muy querida y donde no le habría importado incluso quedarse a vivir. 

Cuando Pedro se marchó, hace ya casi treinta años, Inés tuvo que recomponerse, pero abandonarlo todo no era una opción. Fue precisamente el afán por mantener su legado y su memoria lo que la hizo seguir adelante.  Continuó recorriendo el mundo con artistas como Israel Galván y lleva ya más de tres décadas en activo, alimentándonos el alma con su cante, porque Inés posee el secreto de la transmisión, que es tan importante en el flamenco. Su cante mana desde sus adentros con total naturalidad y es pura emoción.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Inés entiende el cante como una conversación consigo misma, que el público puede entender o no, pero es la manera de decir lo que realmente piensa. El cante ha sido su tabla de salvación en los momentos difíciles y es lo que le sigue dando vida.

Durante el pasado mes de marzo, la Peña Cultural Flamenca Torres Macarena de Sevilla le dedicó su Semana de las Mujeres, en la que protagonizó dos noches inolvidables. Además de ofrecer un magnífico recital de cante, tuvo a bien compartir un rato de charla al hilo de varios fragmentos audiovisuales extraídos de diversas fuentes, principalmente del documental Inés, hermana mía (Carole Fierz, 1995).

Fue un rato realmente delicioso, lleno de momentos emotivos, en el que Inés nos regaló el valioso testimonio que a continuación se recoge…

P: Cuando eras pequeña, Inés, ¿cómo se vivía el flamenco en tu casa, en una casa con tanto arte?

R: Mucha juerga [Risas]. Mucha juerga, porque mi abuela nos unía mucho a nosotros. Cuando se fue mi abuela, ya no era igual… Pero mi abuela nos unía porque tenía mucho ángel, mucho arte, y cantaba muy bien. Yo vivía allí en la casa con mi abuela y el paseo de mis primos era decir: “¡Vamos a ver a la abuela!”. Éramos primos todos de la misma edad, ¿sabes? Y allí nos reuníamos. Me acuerdo de que una tía mía era portera de la escuela de la cárcel, le decían, y nos traíamos las bancas de los niños de la escuela para sentarnos allí con la abuela. Ella nos cantaba, allí estaba Miguel [el Funi] también. Mi abuela en seguida salía cantando y decía mi tía Luisa: “Mi hermana Fernanda, qué pronto se entona”. Aquello era muy alegre, muy alegre. Mucha alegría, muchas reuniones, mucho flamenco. Pero yo era una persona muy tímida. Nadie me conocía. Yo huía de todo eso… Pero al final me cogieron.

P: Al final eso tenía que salir por algún lado. Criada escuchando ese cante tan bueno, imagino que no podía ser de otra manera. ¿De quién cogiste tú el cante?

R: No, yo no cogí cante de nadie. Pero verás tú, mi familia… Lo tenía aquí dentro. Porque yo a lo mejor estaba limpiando, estaba allí anca la abuela, y estaba ahí fuera mi primo Miguel cantando, mi hermano tocando la guitarra, o la abuela cantaba… Todo eso se me metía dentro. Pero yo a quien me parecía al principio, ya no me parezco tanto, era a mi tía María Peña. 

 

 

P: Ahora que has mencionado a tu tía María Peña, tenemos aquí un fragmento extraído de la serie Rito y geografía del cante. Vamos a escucharla. ¿Qué recuerdos te traen esas imágenes? ¿Qué te evocan?

R: Yo ahí era chica, desde luego, pero esto último que hace mi tía… Es que ellos cantaban, todos los hermanos, las cantiñas de mi abuelo Pinini, y todos las cantaban diferentes. Eso para mí es un don especial que tenían. Mi tía María Peña era hermana de mi abuela Fernanda y mira cómo ella lo hace totalmente diferente. Y ahora, si escuchan ustedes a mi abuela, también lo hace diferente a ella. Mi tía Luisa también cantaba diferente. Es que era una cosa muy grande, porque eran nueve hermanos y todos cantaban diferente. Tenían la misma escuela, pero no se parecían unos a los otros. 

P: Tenía cada uno su personalidad muy marcada, ¿no?

R: Sí, sí, sí. Ni Fernanda, ni Bernarda, ni nosotros, ninguno hacía el cante de María Peña. Yo empecé a tener un poco el cante de ella, porque ella cantaba con mucha dulzura, pero yo ya he perdido eso. Ya, con más seguridad, con más conocimiento de causa de lo que hago… Pero al principio, mi Pedro se volvía loco conmigo porque me parecía a chacha María Peña.

P: Has mencionado a tu abuela Fernanda. Vamos a ver también un trocito de ella, de la serie Rito y geografía del cante. Ahí dice tu abuela que ella no fue cantaora porque en esa época sus padres, su familia… bueno, en general no se veía bien que las mujeres fuesen artistas profesionales. Y tú, antes de que tu hermano te sacara, ¿te habías planteado alguna vez la posibilidad de serlo?

R: No se me había pasado por aquí siquiera [se señala la cabeza]. [Risas] No, qué va.

P: ¿Tampoco se veía bien en esa época?

R: No, es que yo no cantaba ni en las fiestas. Una vez me escuchó mi hermano, en la casa de Pacote, un amigo de él, y dice él que me rescató. [Risas]

P: ¡Pues menos mal que te rescató! ¿Qué es lo que pasó ese día, Inés, para que tú, de pronto, rompieras a cantar delante de otras personas?

R: Porque me puso a gusto. Estaba cantando mi padre y me puso a gusto. Y salí yo, y dice mi padre: “Pero esa que está cantando, ¿esa quién es?”. [Risas] “Esa es la Inés”. Y mi hermano Pedro decía, en plan artístico, que ya no estaba tan solo.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

P: Sería una sorpresa enorme, ¿no?, no solo para tu hermano, sino para todas las personas que estaban allí.

R: Hombre, claro.

P: ¿Y tu padre, qué te dijo?

R: “¿Esa está cantando?” [Risas] “¿Pero esa? ¿Pero esa, está cantando?” Digo: “Ah, pues yo soy de la calle, ¿no?” [Risas] Claro que sí.

P: Poco después de ese primer día que debutaste, digamos, en sociedad, ya estabas grabando…

R: Sí, en dos semanas me llevó a grabar con la gente de Lebrija. 

P: Él fue quien te enseñó un poco a ser una artista profesional, ¿no?

R: Claro. 

P: ¿Qué consejos te daba? ¿Qué qué te decía?

R: Por ejemplo, me decía que en los cantes, cuando se dice el “yo” antes de lo que es la letra… Mucha gente lo decimos, yo misma lo decía al principio. “Que no, Inés. Directamente a la letra. Tú vas directamente a la letra”. Y eso se me quedó a mí aquí, esto es lo que hago. 

Otra cosa: Yo estaba acostumbrada a escuchar a mi abuela, que ligaba la siguiriya. Antes a la siguiriya no se le dejaba tanto espacio, era mucho más rítmica. Y entonces él me dice: “Inés, tú no entiendes nada de siguiriya. Tienes que darle más majestad, más espacio, y deja los silencios”. Me enseñó mucho.

P: Supongo que él te ayudó mucho en ese cambio de vida. ¿Qué supuso para ti, de de la noche a la mañana, el convertirte en una artista profesional, subirte a los escenarios, viajar por ahí…?

R: Me gustaba mucho mi trabajo. Echaba mucho de menos a mis niños, pero me gustaba mucho. Además, nosotros éramos una familia andante, como yo decía. Éramos los Pinini. Nos lo pasábamos muy bien. Después de la actuación hacíamos otra juerga, que duraba hasta las cuatro o las cinco de la mañana. [Risas] Y fueron unas vivencias muy buenas, muy buenas, muy buenas…

P: Entonces, te adaptaste rápido ¿no?, a ese cambio de vida.

R: Estos ocho o nueve años fueron… Se me pasó el tiempo en seguida.

P: ¿Nunca llegó a aceptar tu padre que fueras cantaora?

R: No. Ya de mayor no se daba cuenta de la mitad de las cosas. Lo que sí me dijo una vez, porque él era muy inteligente, cuando empecé a ponerme gordita, dice: “Inésita, tú te estás poniendo muy gorda para subir a un escenario, ¿eh?” [Risas] Era muy inteligente. Y cantaba mejor que nadie. 

P: Pues mira, también podemos escuchar a tu padre un poquito, ya que tenemos aquí un fragmento de una actuación suya. ¡Qué eco tenía!

R: Ufff… Y Juan tiene el lote. Él es mucho como mi padre, mi hermano el chico.

P: Me imagino que tu padre es una de las personas a las que más escuchaste cantar de pequeña, al tenerlo en casa…

R: Sí, pero yo me iba.

P: ¿Te ibas?

R: Sí, yo me iba, porque es cuando estaba un poquito con unas copitas y yo salía corriendo. [Risas] ¡Anda! Pero cuando tuve diez o doce años, ya empecé a escucharlo.

P: ¿Y te ibas quedando con cosillas suyas?

R: Sí, algo se me quedó. Hay veces que se me vienen siguiriyas de él que eran increíbles. Unas veces no se me vienen, pero otras veces sí.

P: ¿Qué es lo que más te gustaba del cante de tu padre? 

R: Mi padre, por soleá y por siguiriya… y por fandango también era increíble. A él la bulería nunca le gustó, no sé por qué. No le gustaba, le gustaba la siguiriya de la abuela. 

P: Como se puede ver en el documental, cada vez que ensayabas con tu hermano era como ir al conservatorio, te daba una clase magistral.

R: Sí, cosillas…

P: Aunque tocó la guitarra, conocía también muy bien el cante.

R: Él sabía cantar muy bien, muy bien. Estaban los cantes de Tomás…

Inés Bacán y Antonio Moya en la Peña Flamenca Pepe Montaraz de Lebrija.

Inés Bacán y Antonio Moya en la Peña Flamenca Pepe Montaraz de Lebrija.

P: A mí también me me resulta interesante este fragmento que acabamos de ver porque se ve muy bien cómo era tu día a día: cómo para poder ponerte a ensayar, para luego hacer tu trabajo, tenías que atender a tu madre, hacer las faenas de la casa, estar pendiente de las niñas… Tú misma dices: “Cuando llega mi hermano, dice mi marido: ‘Aquí ya no se come’”. 

R: Me iba con ellos y decía: “¡Aviárselas!” [Risas]

P: Entonces, en realidad, tenías que hacer muchas cosas a la vez, tenías varios trabajos: el de cantaora y todo el trabajo de casa, de cuidados… ¿Cómo llevaste el compaginar todas esas labores?

R: Muy malamente. [Risas] Porque yo tenía que cuidar a mi madre, una tía que tenía también que estaba siempre mala, la tía Luisa… Mi [hermano] Juan era el que cuidaba de ellas, cuando yo me iba con Pedro. Pero la verdad es que yo tenía una niña con catorce años, que cuidaba de mi niña chica y de la casa; y mi marido, que también ayudaba, la criatura. Pero vamos, que no era fácil, no era fácil, no.

P: ¿Tu marido se tomó bien eso de que, de pronto, empezaras a salir?

R: Sí, como iba con Pedro, con mi hermano, no le no le importaba.

P: Tradicionalmente han sido los maridos, o los padres y los maridos, los que han impedido a las cantaoras el poder desarrollarse…

R: Sí, y ya cuando mi hermano se fue, me quisieron llevar a París y dice: “Mi mujer no sale más a cantar. No. Su hermano no está y ya no…” Pero ya yo salí. Porque a mí ya eso me atraía, y yo pensaba que con él no se iba a acabar todo, sino que yo tenía que seguir. He seguido más que nada por él, he seguido por mi hermano Pedro. Por eso, porque yo no quería que se quedara esto ahí, con la ilusión que él tenía conmigo, conmigo y con todos los que íbamos. Yo ya después me las avié y seguí sola. Mucho más, mucho más difícil todo.

P: Tuviste que ser muy valiente para decir “Yo voy a seguir”.

R: Una vez cogí yo mi currículum y me vine para Sevilla. Y cuando vi entrar a… ¿cómo se llamaba?, el que era muy amigo de Pedro… No sé… “¿Dónde vas con el currículum tú?” Y digo: “Tú me tienes que dar trabajo a mí”. Dice: “Yo te lo doy. ¿Te quieres ir a Cuba?” Digo: “No, Cuba está muy lejos”. [Risas] Entonces me dio las peñas. Ya no paré. Pero la verdad es que yo seguí por él, porque ilusión no me hacía mucha, no, la verdad es que no. Yo la primera vez que canté, que fue en una peña en Lebrija, le tuve que decir a mi hermano Juan: “Hazme el ritmo que me hacía Pedro”. Si no, no podía cantar. Iba a cantar con Antonio [Moya], pero ese ritmo de Pedro es el que tenía yo metido en la cabeza, porque como mi hermano Pedro rasgueaba esa guitarra, no he escuchado yo a nadie más; y como arpegiaba en la bulería, yo no he escuchado a nadie.

[Continuará…]