Recién clausurada la XXIV edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla, toca hacer balance. Como cada dos años, la dirección del magno festival cuantifica la recaudación obtenida, el número de personas asistentes y el porcentaje de ocupación media de los espectáculos; estudia su repercusión en los medios de comunicación y su impacto turístico en la ciudad. Tras varias semanas de frenética actividad, distintos profesionales de la crítica también suelen detenerse a evaluar el desarrollo del evento en su conjunto, haciendo hincapié en sus debilidades y ofreciendo sugerencias de mejora.
Sin embargo, en todos esos análisis se echa en falta un aspecto que a nadie parece interesar, aunque no es en absoluto baladí: el enfoque de género. De hecho, las Administraciones públicas de Andalucía tienen el mandato legal de promover la presencia equilibrada de mujeres y hombres en la oferta artística y cultural pública, y el Plan Estratégico de Igualdad entre Mujeres y Hombres (2022-2026) del Ayuntamiento de Sevilla contempla entre sus objetivos estratégicos el de incluir la perspectiva de género en todas las actuaciones que emanen de sus diferentes áreas.
Un primer vistazo a la vasta programación general de la Bienal de Sevilla de este año, cuajada de grandes figuras de lo jondo en todas sus disciplinas ーcante, baile, toque de guitarra y otros instrumentosー, puede dar la impresión de que hombres y mujeres han tenido una presencia más o menos equilibrada. No obstante, un recuento pormenorizado del número de intervenciones artísticas individuales incluidas en los más de sesenta espectáculos programados arroja datos muy elocuentes, que se alejan bastante de la equidad.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.
En términos generales, de las casi quinientas interpretaciones contabilizadas, solo un 24% han correspondido a mujeres, frente a un 76% de hombres. Estas cifras no distan demasiado de las de anteriores ediciones de la Bienal, que en su día también analizamos. Concretamente, en las de 2018, 2022 y 2024 el porcentaje global de féminas se situó siempre entre un 21% y un 28%.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.
Por especialidades, la mayor representación femenil la encontramos en el terreno del baile, con un 55%, seguido por el del cante, con un 35%. Los ámbitos más masculinizados son los de la guitarra, y la percusión y palmas, con solo un 5% y un 6% de mujeres respectivamente, mientras que en el apartado de otros instrumentos, su presencia no pasa del 16%.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.
Estos números son el reflejo de una desigual división sexual del trabajo que se viene perpetuando desde los albores del género flamenco, y que ya quedó patente en el estudio en el que Cristina Cruces comparaba los datos de la Bienal de Sevilla de 2014 con la distribución por sexo de los artistas incluidos por Fernando el de Triana en su libro Arte y artistas flamencos, de 1935. Según Cruces, el 41% de las más de trescientas figuras de finales del siglo XIX y primer tercio del XX que aparecen en este volumen son mujeres, que se sitúan preferentemente en la esfera de la danza, con un 72% de representación frente a un 28% de hombres. En el cante las proporciones se invierten, con un 76% de hombres y un 24% de mujeres, mientras que en la guitarra, la presencia femenina no supera el 2%.
Ese dispar reparto de roles y funciones hunde sus raíces en el pensamiento binario patriarcal, que atribuye a hombres y mujeres hábitus de género diferenciados, y reserva para los varones aquellas actividades más prestigiosas y lucrativas, que, en el caso del arte jondo, serían el cante ーque implica un dominio de la palabraー y el toque de guitarra ーque requiere un conocimiento técnico y musicalー. A las féminas les correspondería el baile, que se ejerce con el propio cuerpo y las convierte en objeto de deseo para el disfrute de los espectadores.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.
Volviendo al estudio que nos ocupa, en la Bienal de 2026 se aprecia un decremento de la tradicional sobrerrepresentación femenina en el ámbito coreográfico, en el que prácticamente puede hablarse de paridad, con un 55% de intervenciones de mujeres frente a un 45% de actuaciones de hombres. Esta misma tendencia ya se ha venido observando en ediciones anteriores del festival, como las de 2018 y 2024.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.
La disección de estos datos no solo indica que los varones han ido ganando terreno en la esfera del baile, sino que los sitúa en las posiciones de mayor poder y prestigio: entre las figuras titulares de los espectáculos, representan el 47%; y en el apartado de colaboraciones y artistas invitados incluso superan a las mujeres, con una representación del 56%. En el otro lado de la balanza, los cuerpos de baile han estado constituidos en un 77% por figuras femeninas.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.
En el apartado del cante la Bienal de este año sigue el mismo rumbo que las anteriores, con un 35% de representación femenina frente a un 65% de actuaciones de varones ーen 2022 la cuota de mujeres ascendió al 36%, mientras que en 2018 y 2024 no pasó del 28%. Si nos centramos en las primeras figuras de los espectáculos, los datos resultan algo más positivos, con un 41% de féminas. En contrapartida, en el cante de atrás y en los coros la presencia femenil ha resultado bastante más exigua, con un 25% y un 19% respectivamente.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.
Las causas de esa exclusión, que ha sido una constante en la historia del arte jondoーbasta con echar un vistazo a los carteles de la ópera flamenca o de los festivales veraniegos, tanto del pasado como de la época actual, para constatarloー, nada tienen que ver con una falta de calidad o preparación de las cantaoras. Probablemente guarden más relación con ciertas ideas preconcebidas y carentes de fundamento, como la supuesta existencia de cantes de hombres y cantes de mujeres. En la obra antes mencionada, Fernando el de Triana designaba a los primeros con el término “cantes machunos”, que hacía referencia a aquellos estilos que, por su solemnidad y dificultad, supuestamente no resultan adecuados para las voces y el talento femeninos.
Tampoco juegan a favor de las cantaoras elementos tan consustanciales al flamenco como la propia guitarra. Teniendo en cuenta que incluso la investigación médica tradicionalmente ha tomado como objeto de estudio el cuerpo del varón, no debe parecer extraño que la sonanta haya sido pensada y construida para amoldarse a las voces masculinas, por lo que la adaptación a determinadas tonalidades propias de las féminas puede poner en un aprieto a más de un tocaor.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.
Es precisamente el ámbito de la sonanta el que desde hace décadas ha permanecido más infranqueable para las mujeres. En las cuatro ediciones de la Bienal analizadas su presencia ha sido meramente testimonial, y el 5% de la de 2026 no hace albergar grandes esperanzas, pues solo una de las cinco tocaoras contabilizadas es realmente una guitarrista, María Marín, mientras que las otras cuatro son cantaoras que en un momento determinado de su actuación se acompañaron a sí mismas con la bajañí.
Las razones de esta ausencia pueden asociarse a distintos factores, como los manidos clichés que achacan a las mujeres la carencia de ciertos atributos supuestamente imprescindibles para tocar la guitarra, como la fuerza o el sentido del compás ーcualidades, por otra parte, de sobra contrastadas en el caso de las bailaorasー; o el rol de mánagers y directores artísticos tradicionalmente ejercido por los tocaores, funciones estas relacionadas con el control de la economía ーy no precisamente la domésticaー, que hay quienes no consideran apropiadas para las féminas. Todos estos condicionantes conducen a un círculo vicioso: con el pretexto de que no están preparadas, se obstaculiza el acceso de las mujeres a los escenarios, y de este modo se limita su formación práctica y se ponen trabas a su desarrollo profesional.
En lo que se refiere a las ejecutantes de otros instrumentos, que ascienden a un 16% frente a un 84% de hombres, cabe destacar que la mayor presencia femenina la encontramos en el grupo de los cordófonos de cuerda frotada ーviolín, viola y violoncheloー, lo que contrasta con su ausencia en el ámbito de los instrumentos de viento, el piano y los teclados.
Se podría profundizar mucho más en los motivos de esas desigualdades de género, que en pleno siglo XXI ya no parecen de recibo, mas esa labor excede de los objetivos de este artículo, que no pretende sino visibilizar una situación, pues solo a partir de la toma de conciencia se puede aspirar a cambiar la realidad.


















