La lebrijana Inés Peña Peña, más conocida como Inés Bacán, es una cantaora única. No se parece a nadie ni tampoco hay nadie que se parezca a ella. Aprendió el cante desde la cuna, en su familia, en su entorno, un cante que brota de sus propias vivencias…
Procede de una de las mayores estirpes flamencas de Andalucía. Es bisnieta de Fernando Peña Soto, Pinini, que ha pasado a la historia por sus cantiñas; nieta de Fernanda Peña, sobrina nieta de María Peña, hija de Bastián Bacán y hermana del añorado Pedro Bacán; sobrina de Fernanda y Bernarda de Utrera, de Pepa de Utrera y Pepa de Benito; y, por la rama materna, prima de Pedro Peña y el Lebrijano.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.
Aunque se crio entre artistas, la mayoría no profesionales, y aprendió el cante desde niña, por timidez nunca se atrevió a cantar delante de otras personas, hasta que a principios de los noventa, en la fiesta posterior a la entrega del premio Demófilo a su hermano Pedro, sintió la necesidad de hacerlo y sorprendió a todos los presentes, especialmente a él, que empezó a llevarla de la mano por los escenarios del mundo.
De la noche a la mañana, Inés pasó de ser un ama de casa en su Lebrija natal a viajar por distintos países y cantar en teatros abarrotados; y no le resultó fácil compaginar la vida de artista profesional con la de madre, esposa y cuidadora.
Pedro fue su mentor, su maestro, su confidente… Creó un grupo denominado el Clan de los Pinini, en el que integró a otros artistas lebrijanos y a distintos miembros de su familia, como Pepa de Benito, Concha Vargas, Joselito de Lebrija o Carmen Ledesma, y un concepto de espectáculo que consistía en llevar el flamenco de familia al escenario.
Con él realizó sus primeros trabajos discográficos y se ganó la admiración del público, tanto en España como en el extranjero, especialmente en Francia, donde es muy querida y donde no le habría importado incluso quedarse a vivir.
Cuando Pedro se marchó, hace ya casi treinta años, Inés tuvo que recomponerse, pero abandonarlo todo no era una opción. Fue precisamente el afán por mantener su legado y su memoria lo que la hizo seguir adelante. Continuó recorriendo el mundo con artistas como Israel Galván y lleva ya más de tres décadas en activo, alimentándonos el alma con su cante, porque Inés posee el secreto de la transmisión, que es tan importante en el flamenco. Su cante mana desde sus adentros con total naturalidad y es pura emoción.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.
Inés entiende el cante como una conversación consigo misma, que el público puede entender o no, pero es la manera de decir lo que realmente piensa. El cante ha sido su tabla de salvación en los momentos difíciles y es lo que le sigue dando vida.
Durante el pasado mes de marzo, la Peña Cultural Flamenca Torres Macarena de Sevilla le dedicó su Semana de las Mujeres, en la que protagonizó dos noches inolvidables. Además de ofrecer un magnífico recital de cante, tuvo a bien compartir un rato de charla al hilo de varios fragmentos audiovisuales extraídos de diversas fuentes, principalmente del documental Inés, hermana mía (Carole Fierz, 1995).
Fue un rato realmente delicioso, lleno de momentos emotivos, en el que Inés nos regaló el valioso testimonio que a continuación se recoge…
P: Cuando eras pequeña, Inés, ¿cómo se vivía el flamenco en tu casa, en una casa con tanto arte?
R: Mucha juerga [Risas]. Mucha juerga, porque mi abuela nos unía mucho a nosotros. Cuando se fue mi abuela, ya no era igual… Pero mi abuela nos unía porque tenía mucho ángel, mucho arte, y cantaba muy bien. Yo vivía allí en la casa con mi abuela y el paseo de mis primos era decir: “¡Vamos a ver a la abuela!”. Éramos primos todos de la misma edad, ¿sabes? Y allí nos reuníamos. Me acuerdo de que una tía mía era portera de la escuela de la cárcel, le decían, y nos traíamos las bancas de los niños de la escuela para sentarnos allí con la abuela. Ella nos cantaba, allí estaba Miguel [el Funi] también. Mi abuela en seguida salía cantando y decía mi tía Luisa: “Mi hermana Fernanda, qué pronto se entona”. Aquello era muy alegre, muy alegre. Mucha alegría, muchas reuniones, mucho flamenco. Pero yo era una persona muy tímida. Nadie me conocía. Yo huía de todo eso… Pero al final me cogieron.
P: Al final eso tenía que salir por algún lado. Criada escuchando ese cante tan bueno, imagino que no podía ser de otra manera. ¿De quién cogiste tú el cante?
R: No, yo no cogí cante de nadie. Pero verás tú, mi familia… Lo tenía aquí dentro. Porque yo a lo mejor estaba limpiando, estaba allí anca la abuela, y estaba ahí fuera mi primo Miguel cantando, mi hermano tocando la guitarra, o la abuela cantaba… Todo eso se me metía dentro. Pero yo a quien me parecía al principio, ya no me parezco tanto, era a mi tía María Peña.
P: Ahora que has mencionado a tu tía María Peña, tenemos aquí un fragmento extraído de la serie Rito y geografía del cante. Vamos a escucharla. ¿Qué recuerdos te traen esas imágenes? ¿Qué te evocan?
R: Yo ahí era chica, desde luego, pero esto último que hace mi tía… Es que ellos cantaban, todos los hermanos, las cantiñas de mi abuelo Pinini, y todos las cantaban diferentes. Eso para mí es un don especial que tenían. Mi tía María Peña era hermana de mi abuela Fernanda y mira cómo ella lo hace totalmente diferente. Y ahora, si escuchan ustedes a mi abuela, también lo hace diferente a ella. Mi tía Luisa también cantaba diferente. Es que era una cosa muy grande, porque eran nueve hermanos y todos cantaban diferente. Tenían la misma escuela, pero no se parecían unos a los otros.
P: Tenía cada uno su personalidad muy marcada, ¿no?
R: Sí, sí, sí. Ni Fernanda, ni Bernarda, ni nosotros, ninguno hacía el cante de María Peña. Yo empecé a tener un poco el cante de ella, porque ella cantaba con mucha dulzura, pero yo ya he perdido eso. Ya, con más seguridad, con más conocimiento de causa de lo que hago… Pero al principio, mi Pedro se volvía loco conmigo porque me parecía a chacha María Peña.
P: Has mencionado a tu abuela Fernanda. Vamos a ver también un trocito de ella, de la serie Rito y geografía del cante. Ahí dice tu abuela que ella no fue cantaora porque en esa época sus padres, su familia… bueno, en general no se veía bien que las mujeres fuesen artistas profesionales. Y tú, antes de que tu hermano te sacara, ¿te habías planteado alguna vez la posibilidad de serlo?
R: No se me había pasado por aquí siquiera [se señala la cabeza]. [Risas] No, qué va.
P: ¿Tampoco se veía bien en esa época?
R: No, es que yo no cantaba ni en las fiestas. Una vez me escuchó mi hermano, en la casa de Pacote, un amigo de él, y dice él que me rescató. [Risas]
P: ¡Pues menos mal que te rescató! ¿Qué es lo que pasó ese día, Inés, para que tú, de pronto, rompieras a cantar delante de otras personas?
R: Porque me puso a gusto. Estaba cantando mi padre y me puso a gusto. Y salí yo, y dice mi padre: “Pero esa que está cantando, ¿esa quién es?”. [Risas] “Esa es la Inés”. Y mi hermano Pedro decía, en plan artístico, que ya no estaba tan solo.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.
P: Sería una sorpresa enorme, ¿no?, no solo para tu hermano, sino para todas las personas que estaban allí.
R: Hombre, claro.
P: ¿Y tu padre, qué te dijo?
R: “¿Esa está cantando?” [Risas] “¿Pero esa? ¿Pero esa, está cantando?” Digo: “Ah, pues yo soy de la calle, ¿no?” [Risas] Claro que sí.
P: Poco después de ese primer día que debutaste, digamos, en sociedad, ya estabas grabando…
R: Sí, en dos semanas me llevó a grabar con la gente de Lebrija.
P: Él fue quien te enseñó un poco a ser una artista profesional, ¿no?
R: Claro.
P: ¿Qué consejos te daba? ¿Qué qué te decía?
R: Por ejemplo, me decía que en los cantes, cuando se dice el “yo” antes de lo que es la letra… Mucha gente lo decimos, yo misma lo decía al principio. “Que no, Inés. Directamente a la letra. Tú vas directamente a la letra”. Y eso se me quedó a mí aquí, esto es lo que hago.
Otra cosa: Yo estaba acostumbrada a escuchar a mi abuela, que ligaba la siguiriya. Antes a la siguiriya no se le dejaba tanto espacio, era mucho más rítmica. Y entonces él me dice: “Inés, tú no entiendes nada de siguiriya. Tienes que darle más majestad, más espacio, y deja los silencios”. Me enseñó mucho.
P: Supongo que él te ayudó mucho en ese cambio de vida. ¿Qué supuso para ti, de de la noche a la mañana, el convertirte en una artista profesional, subirte a los escenarios, viajar por ahí…?
R: Me gustaba mucho mi trabajo. Echaba mucho de menos a mis niños, pero me gustaba mucho. Además, nosotros éramos una familia andante, como yo decía. Éramos los Pinini. Nos lo pasábamos muy bien. Después de la actuación hacíamos otra juerga, que duraba hasta las cuatro o las cinco de la mañana. [Risas] Y fueron unas vivencias muy buenas, muy buenas, muy buenas…
P: Entonces, te adaptaste rápido ¿no?, a ese cambio de vida.
R: Estos ocho o nueve años fueron… Se me pasó el tiempo en seguida.
P: ¿Nunca llegó a aceptar tu padre que fueras cantaora?
R: No. Ya de mayor no se daba cuenta de la mitad de las cosas. Lo que sí me dijo una vez, porque él era muy inteligente, cuando empecé a ponerme gordita, dice: “Inésita, tú te estás poniendo muy gorda para subir a un escenario, ¿eh?” [Risas] Era muy inteligente. Y cantaba mejor que nadie.
P: Pues mira, también podemos escuchar a tu padre un poquito, ya que tenemos aquí un fragmento de una actuación suya. ¡Qué eco tenía!
R: Ufff… Y Juan tiene el lote. Él es mucho como mi padre, mi hermano el chico.
P: Me imagino que tu padre es una de las personas a las que más escuchaste cantar de pequeña, al tenerlo en casa…
R: Sí, pero yo me iba.
P: ¿Te ibas?
R: Sí, yo me iba, porque es cuando estaba un poquito con unas copitas y yo salía corriendo. [Risas] ¡Anda! Pero cuando tuve diez o doce años, ya empecé a escucharlo.
P: ¿Y te ibas quedando con cosillas suyas?
R: Sí, algo se me quedó. Hay veces que se me vienen siguiriyas de él que eran increíbles. Unas veces no se me vienen, pero otras veces sí.
P: ¿Qué es lo que más te gustaba del cante de tu padre?
R: Mi padre, por soleá y por siguiriya… y por fandango también era increíble. A él la bulería nunca le gustó, no sé por qué. No le gustaba, le gustaba la siguiriya de la abuela.
P: Como se puede ver en el documental, cada vez que ensayabas con tu hermano era como ir al conservatorio, te daba una clase magistral.
R: Sí, cosillas…
P: Aunque tocó la guitarra, conocía también muy bien el cante.
R: Él sabía cantar muy bien, muy bien. Estaban los cantes de Tomás…

Inés Bacán y Antonio Moya en la Peña Flamenca Pepe Montaraz de Lebrija.
P: A mí también me me resulta interesante este fragmento que acabamos de ver porque se ve muy bien cómo era tu día a día: cómo para poder ponerte a ensayar, para luego hacer tu trabajo, tenías que atender a tu madre, hacer las faenas de la casa, estar pendiente de las niñas… Tú misma dices: “Cuando llega mi hermano, dice mi marido: ‘Aquí ya no se come’”.
R: Me iba con ellos y decía: “¡Aviárselas!” [Risas]
P: Entonces, en realidad, tenías que hacer muchas cosas a la vez, tenías varios trabajos: el de cantaora y todo el trabajo de casa, de cuidados… ¿Cómo llevaste el compaginar todas esas labores?
R: Muy malamente. [Risas] Porque yo tenía que cuidar a mi madre, una tía que tenía también que estaba siempre mala, la tía Luisa… Mi [hermano] Juan era el que cuidaba de ellas, cuando yo me iba con Pedro. Pero la verdad es que yo tenía una niña con catorce años, que cuidaba de mi niña chica y de la casa; y mi marido, que también ayudaba, la criatura. Pero vamos, que no era fácil, no era fácil, no.
P: ¿Tu marido se tomó bien eso de que, de pronto, empezaras a salir?
R: Sí, como iba con Pedro, con mi hermano, no le no le importaba.
P: Tradicionalmente han sido los maridos, o los padres y los maridos, los que han impedido a las cantaoras el poder desarrollarse…
R: Sí, y ya cuando mi hermano se fue, me quisieron llevar a París y dice: “Mi mujer no sale más a cantar. No. Su hermano no está y ya no…” Pero ya yo salí. Porque a mí ya eso me atraía, y yo pensaba que con él no se iba a acabar todo, sino que yo tenía que seguir. He seguido más que nada por él, he seguido por mi hermano Pedro. Por eso, porque yo no quería que se quedara esto ahí, con la ilusión que él tenía conmigo, conmigo y con todos los que íbamos. Yo ya después me las avié y seguí sola. Mucho más, mucho más difícil todo.
P: Tuviste que ser muy valiente para decir “Yo voy a seguir”.
R: Una vez cogí yo mi currículum y me vine para Sevilla. Y cuando vi entrar a… ¿cómo se llamaba?, el que era muy amigo de Pedro… No sé… “¿Dónde vas con el currículum tú?” Y digo: “Tú me tienes que dar trabajo a mí”. Dice: “Yo te lo doy. ¿Te quieres ir a Cuba?” Digo: “No, Cuba está muy lejos”. [Risas] Entonces me dio las peñas. Ya no paré. Pero la verdad es que yo seguí por él, porque ilusión no me hacía mucha, no, la verdad es que no. Yo la primera vez que canté, que fue en una peña en Lebrija, le tuve que decir a mi hermano Juan: “Hazme el ritmo que me hacía Pedro”. Si no, no podía cantar. Iba a cantar con Antonio [Moya], pero ese ritmo de Pedro es el que tenía yo metido en la cabeza, porque como mi hermano Pedro rasgueaba esa guitarra, no he escuchado yo a nadie más; y como arpegiaba en la bulería, yo no he escuchado a nadie.
[Continuará…]





































