El 6 de diciembre de 1933 se estrenó en el teatro Cómico de Barcelona la revista en dos actos y dieciséis cuadros ¡Con el pelo suelto!, de Silva Aramburu y José Padilla. Además de las vedettes Margarita Carbajal, Lolita Puchol, Consuelito Gómez, Paquita Jordán, Gabriela Ruiz e Isabel Molina; y los primeros actores cómicos Gómez, Acuaviva, Gimbernat y Carlos Rosingana; en el reparto figuraba “la formidable artista de cante jondo Lola Cabello”, que fue expresamente contratada para cantar el pregón de los boquerones en un cuadro de ambientación malagueña (48).

Lola Cabello.
Se trataba de “un número lleno de vida, luz y alegría”, en el que intervino todo el elenco y “la famosa cantadora de flamenco […] supo imponer su arte, su gran arte, que el público premió con una cariñosa ovación”, a la que ella correspondió entonando “dos melodiosos fandanguillos fuera de programa” (49).
Se ofrecieron un total de ochenta y dos representaciones de la obra, que permaneció en cartel hasta el 28 de enero de 1934. La crítica destacó la “labor brillantísima” de todas las artistas y especialmente de “la soberbia artista ‘cañí’, que tan bien canta”, y que, “con su formidable estilo”, hizo “dos colosalísimas creaciones de los hermosos números Barbero de Sevilla y Boquerones de Málaga” (50).
La noche de fin de año Lola Cabello actuó en una emisión de gala de Radio Asociación de Cataluña, patrocinada por la casa Bayer; en febrero de 1934 colaboró en un festival en honor de la cantadora de jotas Visitación Brosed, celebrado en el Centro Obrero Aragonés (51); y el tres de marzo, “la gran diva de divas, […] verdadera estrella de las canciones andaluzas”, debutó en el Circo Price de Madrid, contratada por Vedrines para intervenir en unas veladas de ópera flamenca en competencia con los ases del cante Mazaco, el Americano, el Cojo de Madrid, Angelillo, Maruja Domínguez y Niño de San Lorenzo. Completaba el programa la pareja de baile compuesta por Rosario y Antonio, los Chavalillos Sevillanos (52).

Los Chavalillos Sevillanos (Caras y Caretas, 13-3-1937).
La noche de su debut “Lola Cabello, la simpática y guapetona vedette de la voz llena de ricas modulaciones artísticas”, obtuvo “un éxito completo, apoteósico. […] es una artista de lo más completo que hemos visto […]. Su modestia y simpatía, unido a su atrayente hermosura, hacen que su arte, arte puro, de ley, resalte más, cautive al público” (53).
Para celebrar su éxito, un grupo de admiradores organizó un banquete-homenaje en el mesón del Segoviano, que tuvo lugar el día doce de marzo y que la prensa justificaba en estos términos:
“Esta Lola Cabello es una mujer sorprendente. […] porque Lola, que es, según sus ‘allegados’, una mujer fatal, ha realizado el milagro de conquistar Madrid en cuarenta y ocho horas. Lola no solo ha conquistado Madrid, sino que ha rendido a los madrileños, tan dados a derribar imágenes” (54).
Durante su estancia en Madrid, recibió la visita de su amigo el poeta Hermenegildo Montes, llegado desde Barcelona, que nos ofrece un interesante testimonio. En el trayecto desde la estación de tren hasta el hotel, al pasar frente al Banco de España, llamó su atención una valla de obra “con unas letras de a metro, granate y azul, en las que leemos: LOLA CABELLO”; y un poco más adelante vio en otra valla, situada en el antiguo Café de Correos, el siguiente rótulo: “Circo Price: Vedrines presenta a la eminente y popular vedette de aires andaluces, Lola Cabello”. No escatimó, pues, en publicidad el empresario (55).

Portada del volumen La mujer y el cante hondo. Interviú y nuevo repertorio de Lola Cabello, de Hermenegildo Montes.
La noche anterior al debut, Montes acudió al Café Colonial, un lugar frecuentado por escritores, artistas y periodistas, y escuchó las conversaciones entre varios admiradores de la malagueña, de las que extrajo algunos fragmentos que la retratan como una mujer de carácter:
“– Ya os dije yo anoche que esa mujer no es lo que parece –contesta otro […]–. ¿Esa mujer es de las que equivocan con su sencillez y simpatía. [sic]
– Esa mujer tiene un ‘algo’ de ‘mujer fatal’ […]
– Pues, mira, yo, desde la primera noche comprendí el carácter de esa mujer, es decir, vi claramente que es una ‘bravía’ de esas indomables a quien se ha de dejar por imposible si no quiere uno buscarse un disgusto. […]
– […] ¿No os disteis cuenta, cuando su representante le dijo que no riera tan fuerte, qué ‘bufío’ le dio? […]
– Después de aquel ‘bufío’ no dijo ya palabra en toda la noche; la procesión le iba por dentro.
[…]
Se hace un corto silencio y alguien advierte: ‘¡Ahí viene!’. Volvemos la cabeza intrigados y ante nosotros aparece, envuelta en un riquísimo abrigo de terciopelo negro y tocada su cabeza con un sombrerito del mismo color y adornado con una caprichosa plumita. Lola Cabello, guapa, esbelta y sonriente, acompañada de un señor de cara pálida y demacrada, sin duda por el sufrimiento, quien después sabemos es su representante” (55).

El Niño de Marchena.
Sobre su contrato para actuar en Madrid, Lola explicó lo siguiente:
“– […] la hemos visto anunciada en Price. […] ¿cómo ha sido eso?
– Pues nada, que mi antiguo empresario Vedrines me ofreció este contrato y como ya tenía ganas de trabajar en Madrid, aplacé otro que tenía para estas mismas fechas en Zaragoza.
– ¿No le tiene usted miedo al público de aquí?
– ¿Miedo, por qué? Al contrario, vengo decidida a ‘zumbar’, como decimos nosotros, segura de que este público me ha de recibir como me recibió hace tres años en el teatro de la Comedia.
[…]
– Así, claro, ya la conoce el público.
– No sé si me recordará, pues en la época de que yo le hablo no me conocía nadie. ¡Era tan poquita cosa!
– ¡Vaya! Modesta como siempre.
– Nada de eso. La verdad. Ahora dicen que soy más conocida debido a los muchos discos que tengo impresionados. Pero me conocen sin conocerme, ¿comprenden?” (55)
Sin embargo, dos meses más tarde, ya de regreso a Barcelona, Lola Cabello confesó a Hermenegildo Montes que su actuación en la Villa y Corte no había resultado tan exitosa como ella esperaba:
“– Lo de Madrid, ¿cómo fue? Bien, claro está, ¿no?
– Hombre, fue bien, pero mejor debió ir.
[…] Debuté en Price, como ustedes saben, el sábado tarde, y gusté muchísimo. Por la noche también, a pesar de que el público era más exigente, y el domingo igualmente… Es decir, igualmente, no.
[…] Porque por la noche canté a petición un cante que hasta entonces no había cantado, y me dieron ‘pa er pelo’…
[…] Mire usted lo que pasó: yo había cantado el sábado tarde y noche y el domingo tarde el mismo repertorio, o sea: ‘Medias Granadinas’, ‘Fandanguillos’, ‘Guajiras’, ‘Colombianas’ y ‘Caracoles’, y en todos estos cantes obtuve mucho éxito, pero el domingo noche, sin duda porque en la puerta del teatro vendían unos impresos con ‘La Rosa’, […] me pidieron este cante unos cuantos espectadores de la general, y yo, claro está, por complacer al publico, […] y segura de que es uno de los cantes con el que en todas partes obtengo éxito, lo canté, y mientras el público de palcos y butacas me aplaudía, se oyeron cinco o seis silbidos […]. Eso fue todo.
[…] No es raro, la culpa fue mía por partida doble, pues yo no debí cantarlo o, al menos, […] debí creer a mi representante, el cual me tenía dicho que si me pedían ‘La Rosa’, no la cantara sin advertir al público que yo cantaba dicho número diferente de como lo había cantado allí ‘Marchena’, […] a lo que yo, confiada […] por los éxitos de las funciones anteriores, no hice el menor caso, y claro…
– ¡Qué disgusto se llevaría usted, Lolita!
– Hombre, es natural; pero mayor disgusto tuvo mi representante.
[…] porque, condolido por aquellos pititos […], se empeñó en que no saliéramos de Madrid en tanto no pudiera yo demostrar que no había fracasado ni mucho menos, y, claro, como por esa fecha de marzo no había ningún teatro libre ni Empresa que pagara 500 pesetas por mi actuación, como gané en Price, con viajes de ida y vuelta, nos pasamos allí hasta el viernes y jueves santo, en que pude demostrar que yo no fracasaba” (55).
Precisamente para evitar situaciones como la sucedida con La rosa, Montes dio a la cantaora el siguiente consejo:
“Lolita: no crea usted a nadie y rehúya de cantar creaciones de otros artistas, porque eso está bien para las principiantas o para las que no tienen personalidad artística propia, y usted no es de esas, usted se ha popularizado con sus creaciones y son sus creaciones lo que ha de cantar al público.
[…] De esta forma mantendrá la categoría que ha conseguido (55)”
El Jueves y el Viernes Santo Lola Cabello actuó en el teatro Pavón, en dos funciones organizadas por la Casa de Aragón, en las que hizo gala de su versatilidad y “sus excepcionales condiciones artísticas”:
“El número cumbre del programa era la presentación de Lolita Cabello, la notable vedette que en esta nueva modalidad nos demostró era una ‘baturra’ de las más típicas.
Con bonita y excelente voz cantó toda clase de jotas, siendo constantemente aplaudida. Ante la insistencia del público, cantó flamenco como ella sabe hacerlo, siendo acompañada a la guitarra por Pepe ‘el de Badajoz’” (56).

Lola Cabello.
En relación con sus actuaciones en teatro Pavón, lejos de desmentir a quienes ponían en entredicho su flamencura, la malagueña hizo una sorprendente revelación:
“– ¿Así es que actuó usted también en otro teatro de Madrid?
– En Pavón, nada menos, y cantando otro de mis varios géneros.
– ¿Cuál? Porque yo creía que usted no cantaba más que flamenco.
– ¿Flamenco? Precisamente este es el género que menos siento. En Pavón canté una parte de Jotas y otra de Flamenco, y no canté mi otro género a orquesta porque en esos días no está permitido, que si no…” (55)
Al final de su conversación con Hermenegildo Montes, Lola confesó que había cambiado de representante, y le refirió los motivos:
“– ¿Cómo?… ¿No tiene usted ya representante?
– Sí tengo, pero no al que ustedes conocen, sino a otro.
[…] Se enfadó conmigo en Madrid…
– Pero por algo se debió de enfadar, porque nosotros teníamos entendido que la apreciaba a usted muchísimo.
– Pues por eso precisamente, porque me apreciaba muchísimo… ¡Me quería demasiado!
– ¿Y usted a él, le aprecia o le odia?
– Le aprecio, le quiero a mi manera, sobre todas las cosas, porque me consta que quiere mucho a mis hijos, y el que quiere a mis hijos, ¡me quiere a mí!” (55)
…
Notas:
(48) El Diluvio, 29-11-1933; El Día Gráfico, 5-12-1933.
La revista se había estrenado en el teatro de la Zarzuela de Madrid el 24 de noviembre.
En enero de 1934 se incorporó al elenco, en el papel protagonista, la vedette argentina Mecha Delgado (El Diluvio, 13-1-1934).
(49) Lara, El Diluvio, 8-12-1933.
(50) El Día Gráfico, 10-12-1933; Bartolomé Solsona, El Día Gráfico, 16-12-1933; 18-1-1934.
(51) La Vanguardia, 31-12-1933, citado por Montse Madridejos en su artículo “Lola Cabello: Una malagueña que triunfó en Barcelona (1920-1936)”, Revista de Investigación sobre Flamenco ‘La Madrugá’, 2009; El Diluvio, 28-2-1934.
(52) La Nación, 1-3-1934; 2-3-1934; A. G., La Tierra, 5-3-1934.
(53) A. G., La Tierra, 5-3-1934.
(54) Luz, 10-3-1934.
(55) Montes, Hermenegildo (1934): La mujer y el cante hondo. Librito dedicado a Lola Cabello por Hermenegildo Montes. Ediciones Bistagne, Barcelona.
(56) Luz, 27-3-1934; E. S., La Tierra, 30-3-1934.
