Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Carmencita Dauset, la reina de Broadway (I)

En un mundo globalizado como el que habitamos, donde no existen fronteras para el arte ni para quienes lo crean, y en el que artistas y espectáculos se pasean por los cinco continentes, e incluso se cuelan en los hogares de millones de personas, con la complicidad de los medios sociales, tal vez nos resulte difícil valorar en su justa medida una figura como la de Carmencita.

Sin embargo, incluso vista desde nuestra perspectiva, no deja de ser sorprendente la trayectoria de esta muchacha que, con poco más de veinte años, se convirtió en reina y señora de las carteleras estadounidenses, y provocó una auténtica revolución con sus bailes andaluces, algo que hoy en día, con el flamenco elevado a la categoría de patrimonio inmaterial de la humanidad, aún sigue siendo un sueño para muchos artistas. Pero, ¿quién es esa Carmencita?

Carmencita Dauset

Carmencita Dauset

Sus inicios

Carmen Dauset Moreno nace en Almería en 1868 y desde muy pequeña sorprende por sus buenas dotes para el baile. Su hermana mayor, María del Mar, está unida sentimentalmente al cantaor Antonio Grau Mora, ‘El Rojo el Alpargatero’, y ambos tienen bastante que ver en la carrera artística de la niña, que se instala con ellos en Málaga, donde asiste a una escuela de baile.

Según su biógrafo, James Ramírez (1), el precio de las clases40 dólares al mes- es demasiado elevado para su familia, que afortunadamente cuenta con la ayuda de “amigos generosos que admiraban y apreciaban la asombrosa elegancia y el talento de la encantadora” Carmencita. Sus progresos son realmente sorprendentes y a los doce años se ha convertido ya en una estupenda bailarina.

En 1880, una jovencísima Carmen Dauset debuta sobre el escenario del malagueño Teatro Cervantes. Los bailes elegidos para la ocasión son la petenera y el vito, a los que la artista imprime su propio sello. El éxito es inmediato y, durante los cuatro meses que permanece en el mencionado coliseo, el público acude en masa a disfrutar con el arte de la almeriense.

Una vez finalizado dicho contrato, durante los cuatro años siguientes Carmen actúa con éxito en numerosas ciudades de la geografía española. Según James Ramírez, a pesar de la proposiciones recibidas mucho antes, sólo en ese momento acepta un contrato para marchar a París.

Primera aventura parisina

En la prensa gala de la época encontramos varias referencias a una bailarina española llamada Carmencita, que actúa en el Alcázar de Verano -un café-concierto situado en los Campos Elíseos- durante los meses de junio y julio de 1885.

Alcázar de Verano, París

Alcázar de Verano, París

Junto a sus paisanos ‘los Fígaros’ y un amplio elenco de artistas locales, la joven interviene cada tarde en un “concierto-espectáculo variado”. Su repertorio incluye bailes como el bolero, la jota aragonesa o ‘La Manola’, así como otros números musicales, tales como ‘La alegre bayadera’ o ‘La reina de las amazonas’. Los papeles destacan su belleza y originalidad, y lamentan la fría acogida del público:

“Una señora que tiene un bonito nombre, Carmencita, baila no sé qué al son de sus castañuelas. Es casi bonita” (Le Figaro, 24-6-1885). (2)

“La Jota aragonesa reporta aplausos cada día a la muy graciosa Carmencita; pero no parece que esta excelente artista sea apreciada en su justo valor: merecería más del público” (L’Orchestre, junio de 1885).

Sin embargo, a pesar de las coincidencias, no podemos asegurar que la artista en cuestión sea Carmen Dauset. Es más, durante los meses siguientes la prensa francesa dedica abundantes líneas a la Srta. Carmen, una exitosa bailarina española que debuta en el mes de noviembre en el Teatro Edén con el ballet Esperanza, y que resulta llamarse en realidad Adela Iglesias.

Nuevos éxitos en España

Tras esta primera aventura parisina, la bailaora almeriense regresa a España y, según James Ramírez, actúa en ciudades como Madrid, Valladolid y Lisboa. En verano de 1886, los papeles la sitúan en Sevilla, en el teatro-circo de la Alameda, donde se representa “la zarzuela en dos actos titulada El Tío Caniyitas o el Mundo nuevo de Cádiz, en cuya obra se bailará por la señorita Dauset, el popular baile del vito” (El Progreso, 10-8-1886). (3)

Antonio Grau Mora, El Rojo el Alpargatero

Antonio Grau Mora, El Rojo el Alpargatero

En diciembre de ese mismo año, coincidiendo con el periodo navideño, la troupe de los Hanlon-Lees representa en el madrileño Circo Price el vodevil Un viaje a Suiza. En el tercer acto de esta obra “la muy aplaudida bailarina española señorita Carmen Dauset” (Diario Oficial de Avisos de Madrid, 14-1-1887) exhibe “sus excelentes facultades en el baile del género andaluz” (La Correspondencia de España, 23-12-1886).

Como ya hiciera Trinidad Cuenca unos años antes, la almeriense se presenta vestida de hombre, y baila con la Srta. Torres unas sevillanas cantadas y tocadas a la guitarra por su cuñado, Antonio Grau. Durante las cuatro semanas que el espectáculo permanece en cartel, Carmen también baila malagueñas y peteneras, y tanto ella como sus acompañantes reciben muchos aplausos:

“Las señoritas Dauset y Torres bailaron unas sevillanas a las mil maravillas, y el actor Sr. Grau cantó malagueñas admirablemente” (El Liberal, 8-1-1887).

“Cada día es mayor la concurrencia que asiste a las representaciones de Un viaje a Suiza […].

A todos estos atractivos se unen el nuevo cuadro introducido en la representación, y en el cual toman parte la primera bailarina señorita Dauset y el actor Sr. Grau en sus preciosas malagueñas cantadas a la guitarra, que tanto gustan al público.

Los aplausos que diariamente reciben estos artistas son numerosos, viéndose obligados a repetir varias veces las malagueñas y el baile flamenco” (Diario Oficial de Avisos de Madrid, 13-1-1887).

Cartel da la bailarina Carmencita en los Campos Elíseos (¿sería la nuestra?)

Cartel de la cantante y bailarina Carmencita en los Campos Elíseos (¿sería la misma?)

De vuelta a París

En el mes de marzo, de la mano del director del Nuevo Circo parisino, D. José Oller, Carmen regresa a la capital del Sena. Con el nombre de “La Feria de Sevilla”, el empresario presenta un espectáculo eminentemente español, para el que cuenta con los mejores “artistas del género flamenco y taurómaco (de circo)” (El Día, 25-2-1887), contratados in situ.

En el elenco destacan el cantaor Antonio Grau, las bailaoras Carmen Dauset y Trinidad Cuenca, el payaso Tony Grice, y la estudiantina dirigida por Miguel Ostolaza. El estreno tiene lugar el uno de marzo de 1887, a beneficio de las víctimas de las inundaciones sufridas en el sur de Francia.

NOTAS:

(1) Ramírez, James, Carmencita, The Pearl of Seville, Nueva York, 1890. Sobre la figura de esta bailaora, puede consultarse también la obra de José Luis Navarro y José Gelardo, Carmencita Dauset. Una bailaora almeriense, Sevilla, La Hidra de Lerna, 2011.

(2) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.

(3) Referencia localizada por José Luis Ortiz Nuevo, ¿Se sabe algo?, Sevilla, El Carro de la Nieve, 1990.


Soledad Miralles, bailaora, torera y gracia en estado puro (y V)

La noticia de la retirada de Soledad llega hasta América y es recogida por la prensa neoyorquina:

Soledad Miralles, la atractiva bailaora morena que decidió intentar dedicarse al toreo profesionalmente, ha abandonado la idea. Dos costillas rotas, tras perder un combate con el toro, la han hecho cambiar de idea” (Daily Sentinel, 27-8-1935). (1)

Una vez recuperada de sus heridas, Soledad vuelve a los escenarios. En septiembre se presenta en Zaragoza y un mes más tarde en Barcelona. En abril de 1936 se anuncia en el Teatro Duque de Rivas de la capital cordobesaSOLEDAD MIRALLES, la más sensacional revelación del arte coreográfico” (Diario de Córdoba, 21-4-1936).

Soledad Miralles junto a otras artistas (El Heraldo de Madrid, 21-6-1933)

Soledad Miralles junto a otras artistas (Heraldo de Madrid, 21-6-1933)

En mayo, la bailaora se presenta en el teatro de la Zarzuela de Madrid, junto a un elenco de artistas en el que destaca Conchita Piquer. En esa misma sala vuelve a actuar en los meses de julio y octubre. Otros locales madrileños en los que puede verse a Soledad en esa época son el Circo Price y el Teatro de Fuencarral. Éstas serán sus últimas actuaciones en España antes de partir para el exilio.

Su etapa americana

Su destino es el nuevo continente. Allí coincide con grandes figuras de las artes españolas, como Salvador Dalí y su esposa Gala, o La Argentinita y su hermana Pilar López. Según Carlos F. ‘Seda y Oro’, durante su estancia en los Estados Unidos, Soledad Miralles “fue requerida por el Presidente Roosevelt para ofrecerle una gran gala en la Casa Blanca, siendo la primera bailarina española que tuvo ese honor y asombrando con su arte en la mansión presidencial ante un nutrido ambiente de altas personalidades” (El taurino gráfico, 1987).

En diciembre de 1938, “la gran bailarina y gitana auténtica, Soledad Miralles” se presenta en el local Montparnasse de Guadalajara (México), junto al guitarrista Guillermo Arcos (El Informador, 27-11-1938). Al año siguiente, su nombre empieza a aparecer en los periódicos neoyorquinos. En agosto de 1939, The Saragotian la sitúa en un club de Greenwich Village:

“Una famosa campaña para legalizar el toreo en Nueva York ha experimentado un fuerte impulso en los últimos meses. […] Pero ahora el sexo ha tomado parte en el asunto porque desde una España devastada por la guerra llega Soledad Miralles, una de las pocas mujeres toreras en el mundo latino. Además de ser graciosa, la Señorita Miralles es sumamente guapa, obviando los músculos bajo su moreno torso curvilíneo. Por lo pronto, la Señorita debe aplazar su inclinación por el toreo, así que se dedica a bailar en un club nocturno de Greenwich Village” (29-8-1939).

Soledad Miralles y otras personalidades (El taurino gráfico, 1987)

Soledad Miralles, Pilar López, La Argentinita, Dalí y otras personalidades (El taurino gráfico, 1987)

Por otra parte, The New York Sun publica la oferta realizada por el Sr. Collada, propietario del club español ‘El Chico‘, quien promete entregar mil dólares en metálico y comidas gratis en su local durante un año a quien demuestre que “la nueva estrella del local, Soledad Miralles, no es una distinguida torera”.

Unos días más tarde, el periódico recibe la carta de “un caballero que firma como Luis Sariego”, quien afirma lo siguiente: “Fui a España y oí mencionar el nombre de Soledad Miralles como una gran bailaora de flamenco, pero nunca como una torera” (1-9-1939). En respuesta a este desafío, el Señor Collada aporta la siguiente información, sobre las fechas y lugares en que Soledad se puso delante del toro:

“El 17 de octubre de 1934, mató dos toros en la plaza de Tetuán, con Domingo Ortega, uno de los ases de los matadores españoles.
El 20 de junio de 1935, mató dos toros en la plaza de Madrid.
El 23 de junio de 1935 mató dos toros en la plaza de Málaga.
El 30 de junio de 1935 mató dos toros en la plaza de Vinarós.
El 27 de julio de 1935, en la plaza de Alicante, mató dos toros.
El 28 de julio de 1935, mató un toro en Alcoy. Allí fue herida y pasó un mes en el hospital.
El 2 de septiembre de 1935, en la plaza de Zaragoza, fue herida de gravedad y pasó tres meses en el hospital.
LA GUERRA SE INTERPUSO
Estaba contratada para otras veinte corridas, en el verano de 1936, pero, por desgracia, no pudo seguir con su carrera de torera por la guerra civil española” (The New York Sun, 6-9-1939).

Como se puede ver, la información proporcionada por el empresario de “El Chico” sólo coincide en parte con los datos recabados en la prensa española, que nos hacen dudar de esa segunda cogida en tierras zaragozanas, ya que son varias las actuaciones de Soledad que aparecen documentadas en los meses de septiembre y octubre de ese año.

Según el Daily Sentinel, la Miralles permanece en este local unas seis semanas. Un artículo firmado por George Tucker nos permite hacernos una idea del tipo de bailes que ejecuta. Según parece, uno de los números de su repertorio podría guardar cierta similitud con el baile del torero, que décadas atrás hizo famosa a La Cuenca:

“Ahora en América no hay corridas de toros a la vuelta de la esquina o del vestuario de la sala de variedades, y por eso la clara gracia y la volátil fugacidad de movimientos con la que los toreros y toreras evitan ser corneados han sido incorporados por esta señorita en una serie de nuevos bailes con la capa, en los que ella representa el toreo sin el toro. […] No obstante, el baile de la capa sólo es una pequeña muestra del repertorio de la Señorita Miralles, que es morena, de ojos negros y endiabladamente rápida, y que es incapaz de permanecer sentada desde que la orquesta empieza a tocar. Le encantan los flamencos que fueron llevados a España por los moros siglos atrás. Cada uno de estos bailes cuenta una historia. Algunos deben ser pequeños cuentos trágicos de amantes afligidos, pues cuando los baila ella nunca se ríe. Otros deben ser sagas de victorias, pues sus ojos brillan y sus dientes resplandecen como el Puerto del Sol con el sol del mediodía. Y hay uno que ella no explicará pero que tiene un significado especial, porque cuando lo baila Ben y yo ya no estamos allí, al menos para ella. Su espíritu parece salir flotando por la ventana y no regresa hasta que termina la música. Entonces la señorita Miralles regresa al presente y vuelve a estar entre nosotros. La señorita Miralles estará aquí unas seis semanas por insistencia del Señor Collada, que quiere su talento para El Chico, un muy conocido santuario sagrado para los oprimidos de espíritu que desean relajarse con un poco de comida española, y quizás con un poco de charla española y una gotita de vino español” (Daily Sentinel, 14-9-1939).

Soledad Miralles durante su etapa como torera (Crónica, 18- 8-1935)

Soledad Miralles durante su etapa como torera (Crónica, 18- 8-1935)

En 1943, volvemos a tener noticias de Soledad Miralles, que se presenta en el Museo de Arte Moderno de Nueva York junto con la compañía de Encarnación López, la Argentinita.

“El programa incluirá el ‘Homenaje a Lorca‘ del compositor mexicano Revueltas y un cuadro flamenco, ‘El Café Chinitas‘. La bailarina será acompañada por Carlos Montoya, guitarrista, y Pilar López, Soledad Miralles, Antonio Cobos, Dorita, José Greco, Valero, Manolo Vargas y Paco Lucena, bailaores” (New York Post, 27-5-1943).

A lo largo de su carrera, Soledad Miralles ha participando en distintos festivales benéficos para apoyar diferentes causas. En 1946, desde Nueva York, la artista vuelve a dar muestras de su gran generosidad, al poner en marcha una campaña a favor de la que fuera su maestra: “La bailarina española Soledad Miralles ha iniciado una suscripción en favor de la famosa bailaora de flamenco Juana ‘La Macarrona’, que, como es sabido, se encuentra en gran estado de pobreza en Sevilla” (ABC, 7-4-1946).

Su regreso a Madrid

Tras una década fuera de nuestro país, en 1949 el nombre de Soledad Miralles vuelve a figurar en la cartelera madrileña. En enero de ese año, la artista se presenta en el madrileño teatro Reina Victoria acompañando al bailarín Alberto Torres, quien, como ella, ha pasado una larga temporada al otro lado del Atlántico:

“El joven bailarín vuelve a España después de haber divulgado nuestras danzas durante diez años por Estados Unidos y México.
[…] Alberto Torres, que tuvo la suerte de trabajar junto al gran ‘Frasquillo‘, ha sabido no sólo aprovechar sus enseñanzas, sino también conservarlas, ser fiel a ellas. Y a estas enseñanzas debe hora los mejores triunfos, como ocurrió ayer al bailar las ‘Alegrías‘, el ‘Tanguillo‘ y el ‘Zapateado‘, éste magníficamente, en pareja con Soledad Miralles” (ABC, 8-1-1949).

Unos meses más tarde, en el teatro Lope de Vega de Madrid, debuta Pilar López con el espectáculo ‘Ballet Español‘, creado por la inolvidable Argentinita. En el elenco figura su comadre, Soledad Miralles.

Tras las citadas colaboraciones, en 1952 Soledad estrena su propio montaje, “S. M. el Arte”. Según la publicidad del mismo, se trata de “un espectáculo fino de categoría internacional”, en el que “Soledad Miralles nos brinda con españolísimo garbo, la gracia de su arte y el sabor de su solera”. El programa consta de los siguientes números y artistas:

Escuela Bolera Sevillana Siglo XVIII

El Vito” – Panaderos – Baile inglés – Olé de la Curra – Malagueñas – Baile de Luis Alonso – Subasta del ramo – Cuadro de Toledo

Segunda parte

Zorondongo – Farruca del Molinero – Danzas Carceleras (Las hijas del Zebedeo) – Danza del Fuego – Jota de la Dolores – Andalucía – Tanguillo de Cádiz – SolearesBulerías, FarrucaSeguiriyasSevillanas” (Imperio, 17-6-1952).

A mediados de junio, el espectáculo se representa en Zamora, con gran éxito:

“La personalidad de Soledad Miralles como bailarina y coreógrafa queda acusada con sus más característicos rasgos en los bailes, danzas y cantos españoles con que la notable artista se presentó ayer […]. Queremos con esto decir que […] la pureza lineal y el verdadero casticismo corren parejas con lo vistoso y espectacular. Pero no faltan en ellos gratas sugestiones, especialmente de colorido, y como la interpretación es viva y animada, se siguen con interés y arrancan continuos aplausos. […]

Individualmente triunfaron Soledad Miralles, por la pureza de su danza; […]

El público acogió con muchos aplausos todos los números de esta notable compañía” (Imperio, 17-6-1952).

En el mes de agosto, el espectáculo se representa en el teatro Carlos III de Madrid, y pasa posteriormente al Lope de Vega. “Confirmó Soledad Miralles en sus intervenciones la raíz clásica de sus bailes -ritmo y dinamismo- y fue ovacionada” (ABC, 20-8-1952).

Soledad Miralles (El taurino gráfico, 1987)

Soledad Miralles (El taurino gráfico, 1987)

En 1956, la bailaora actúa en el tablao madrileño “El Corral de la Morería”, junto a artistas como Emilia Escudero y Porrinas. En 1960, Soledad Miralles forma parte del elenco de “Sonidos Negros (Cante grande y duende del baile flamenco)”, un espectáculo en el que comparte escenario con Jacinto Almadén, El Güito y Carmen Mora, entre otros artistas. “Se trata […] de un espectáculo flamenco de buen gusto, acogido -muy justamente- con entusiasmo” (Hola Oficial del Lunes, 6-6-1960).

La última referencia periodística a Soledad Miralles la encontramos en agosto de 1978. A sus 76 años de edad, la bailaora participa en una verbena celebrada en El Retiro por la Unión de Artistas Cinematográficos.

En 1987 se marcha para siempre esta genial artista, que, con su gracia, talento y personalidad arrolladora, ha brillado con luz propia en el firmamento del flamenco, ha elevado el baile de la petenera y la siguiriya, y ha sido capaz de ponerse el mundo por montera -nunca mejor dicho- y reivindicar un estilo de toreo más femenino.

NOTA:

(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Trinidad “La Cuenca”, una estrella de fama internacional (y V)

La Cuenca en la Gran Manzana

Tras esta primera estancia en Cuba, el siguiente destino de Trinidad Cuenca será Nueva York. Allí la sitúa la prensa norteamericana entre los meses de junio y agosto de 1888. Sobre este viaje también nos da su versión M. B. Leavitt, quien nos cuenta que, tras cancelar su contrato con él en México, la artista española marchó a La Habana, desde donde reclamó la ayuda del empresario:

La Cuenca también rompió su compromiso conmigo, tras curar su corazón herido de la manera más habitual en tales circunstancias, y se dirigió a Centroamérica. La siguiente noticia que tuve de ella fue que estaba en La Habana, sin un penique y gravemente enferma. Me rogó que la llevara a Nueva York y le diera una oportunidad para demostrarme cuánto sentía su conducta en México, y al mismo tiempo, ganar suficiente dinero para devolverme la considerable cantidad que me debía.

Le envié la cantidad necesaria para pagar sus facturas en La Habana y su billete a Nueva York, donde apareció, por fin, una mujer arrepentida y muy cambiada, pero sin la chispa y la gracia de sus primeros años. Le arreglé un contrato para el verano con Edward E. Bice, en Manhattan Beach, para cantar y bailar, con imitaciones de corridas de toros […]”. (1)

Trinidad Huertas, La CuencaTrinidad Huertas, La Cuenca

Según la prensa estadounidense, Trinidad Cuenca debutó en Nueva York el 2 de julio de 1888, en la sala de conciertos Koster & Bial’s. Durante los días previos a su presentación, varios diarios anuncian el evento, y se refieren a ella como bailarina y torera, no sólo de astados fingidos sino también de carne y hueso:

La Cuenca, la celebrada bailarina y torera, hará su primera aparición en este país el lunes por la noche en la sala de conciertos Koster & Bial’s. La Cuenca no sólo ha toreado astados de imitación en el escenario, sino que a menudo se ha enfrentado a ejemplares de verdad sobre la arena, y ahora luce una fea herida en la garganta, que le recuerda uno de sus encuentros, además de un broche de diamantes que le regaló la reina de España como reconocimiento a su valentía. Bailará el lunes por la noche ‘El Tapateado‘ (sic) y ‘El Bolero‘” (The New York Times, 29-6-1888).

La Cuenca, la bailarina y torera española, se verá por primera vez en esta ciudad en Koster & Bial’s esta noche. ‘Sólo es una pequeña mujer‘, se dice, ‘pero sus rápidos movimientos y el brillo de sus ojos muestran lo peligrosa que será como oponente en la lucha”. […] Parece que tiene una fea herida en la garganta como recuerdo de uno de sus enfrentamientos, y que no sólo se ha visto inmersa en corridas de toros de imitación, sino también en corridas reales. Por tanto, se dice que La Cuenca posee un broche de diamantes de 60.000 francos, regalo de la reina de España” (The Evening World, 2-7-1888).

La prensa neoyorquina coincide en destacar la novedad del espectáculo, así como la gracia y atractivo de su protagonista que, a pesar de lo que indica Leavitt en sus memorias, parece no haber perdido un ápice de su encanto y, como ya hiciera en París, México y La Habana, vuelve a cautivar al público con sus bailes. Justo después del estreno, las críticas se muestran bastante favorables.

Sala de conciertos Koster & Bial's (Imagen: colección de la Biblioteca Pública de N. Y.)Sala de conciertos Koster & Bial’s (Imagen: colección de la Biblioteca Pública de N. Y.)

De entre todas las crónicas y reseñas que se publican en esos días, seleccionamos las que nos parecen más interesantes:

“UNA NUEVA BAILARINA ESPAÑOLA. La cuenca, una joven y hermosa dama española, fue anoche la atracción especial de la sala de conciertos Koster & Bial’s. Apareció en dos actuaciones. La primera se titulaba ‘La Zapateado‘ (sic), un baile local. Iba vestida con un elegante y ceñido traje que resaltaba su esbelta figura. En la cabeza llevaba un gracioso sombrero negro, como una especie de boina, que estaba coquetamente inclinado hacia un lado. En los pies calzaba unas botas altas. Mostró gracia y agilidad decididas, y causó una buena impresión. Más tarde, esa misma noche, tomó parte en la representación de una ficticia corrida de toros, en la que misma ella interpretaba al vaquero. Tras la entrada triunfal del desfile, salió el torero al galope sobre un caballo, la agitación de la tela roja para enfurecer al toro, la carga, el desmonte, el toreo a pie y la derrota final del toro -todo esto con la excepción de que no había ni caballo ni toro. La Señorita demostraba inteligencia, y parecía hacerlo tan en serio que lograba mantener la ilusión bastante bien. Fue aplaudida con mucho entusiasmo y recibió varios ramos de flores de sus admiradores […]” (The New York Times, 3-7-1888).

“La pequeña bailarina española, llamada en el programa La Cuenca, apareció en Koster & Bial’s anoche, y en seguida se hizo famosa. La Cuenca bailó con gracia, e hizo una imitación extremadamente realista de los métodos de un torero. La cicatriz, que se dice que recibió durante un combate real, era claramente visible en su blanca y delicada garganta” (The Evening World, 3-7-1888).

La Cuenca. En Koster & Bial’s Garden anoche apareció La Cuenca, anunciada como una torera española real. Salió al escenario con cinco ayudantes, y bailó una animada pantomima, en la que cargaba y se apartaba de la bandera roja, y se acompañaba de la pica. Fue derribada y malherida, pero la ayudaron a levantarse y tras un valiente discurso y un gesto español muy extravagante, despachó al toro imaginario con una espada. Todo esto gustó tanto a los espectadores, que tuvo que ser repetido, incluso la entrada triunfal. El estilo de baile es completamente nuevo para los ojos de los neoyorquinos. La Cuenca iba vestida con medias verdes y una capa negra de terciopelo, con una faja azul oscura alrededor de la cintura. Con sus ojos negros, y su pelo y su tez morena, parecía una auténtica española, a pesar de las dudas que haya podido suscitar su pericia sobre la arena” (The Sun, 3-7-1888).

“El peculiar estilo del baile de La Cuenca es completamente nuevo en la ciudad. No se puede evitar admirar a esta pequeña mujer. Su pequeña figura en un momento se mueve con gracia de un lado a otro; luego da una vuelta, y con el brillo de sus ojos y las animadas notas de la orquesta, acompañadas por el sonido de las castañuelas y los címbalos, culmina un baile que sólo la sangre española es capaz de realizar” (The Sun, 15-7-1888).

Nueva York (Imagen: AP / Archivos Municipales de la Ciudad de Nueva York)Nueva York (Imagen: AP / Archivos Municipales de la Ciudad de Nueva York)

A principios del mes de agosto, los bailes de Trinidad Cuenca no sólo seguían encandilando al público de la Gran Manzana, sino que su fama había recorrido los Estados Unidos de punta a punta, a juzgar por lo que publica el Arizona weekly citizen de Tucson, que no escatima en elogios para el ya célebre espectáculo:

“La única atracción que en estos momentos está causando sensación entre las diversiones de Nueva York es una bailarina española en una gran sala de conciertos. Se llama ‘La Cuenca‘, y si por casualidad hubiera hecho su debut metropolitano en el ballet de la ópera alemana durante la temporada, es fácil imaginar que causaría tanto furor entre las filas de los ‘cuatrocientos’ y sus satélites como ha causado entre la clase cuya experiencia de verano en la costa no va más allá de Coney Island o Rockaway, y cuyo entretenimiento nocturno consiste en dar tragos a la espumosa ‘Pilsener’ mientras escuchan las canciones de las divas de los conciertos al aire libre.

La Cuenca‘ es fácilmente la mayor carta que los gerentes de este tipo de entretenimiento han presentado en los últimos años. Es una mujer muy pequeña, de figura ligera y ágil, con músculos de acero, y su gran baile es el retrato de una corrida de toros española. Ella representa a un torero muy pequeño y delgado cuando, con la música de las mandolinas y castañuelas españolas, y el rítmico batir de la palmas, desfila sobre el escenario equipada para la corrida de toros. Entonces, agita la roja muleta para atraer al toro; su cimbreante figura salta primero hacia un lado y luego hacia el otro, mientras baila delante del toro imaginario.

Casi se puede ver cómo el animal furioso viene y carga contra ella desde detrás del escenario. ¡Y cómo rodarían las mesas y los vasos de cerveza si de verdad lo hiciera! Sin embargo, el temor al peligro desaparece cuando La Cuenca saca una espada de Toledo y, al ver su oportunidad, se la clava al monstruo desde el hombro hasta el corazón, y ejecuta luego un baile triunfal sobre el supuesto cadáver. Se trata ciertamente de un espectáculo fascinante, y sólo un poco menos excitante que una auténtica corrida de toros de España o México” (4-8-1888).

Nueva York – París – La Habana

Según M. B. Leavitt, después de actuar en Nueva York durante una o dos semanas, Trinidad Cuenca volvió a hacer las maletas y regresó a La Habana, donde más tarde enfermó y murió. Sin embargo, después de su aventura neoyorquina, la polifacética artista aún tuvo tiempo de regresar, una vez más a París, donde aún resonaban los ecos de sus triunfos de antaño.

En marzo de 1889, Le Figaro informa sobre el reestreno del espectáculo La Feria de Sevilla, que vuelve a representarse en el Nuevo Circo de París. Aunque el elenco no es el mismo que viajó a la capital francesa en 1887, La Cuenca sigue siendo una de sus atracciones principales:

“Esta noche he vuelto a ver La Feria de Sevilla, y he experimentado el mismo placer que hace dos años. ¿Es realmente un reestreno? En su flamante nuevo reparto, este espectáculo tiene un cierto regusto de inédito, de nunca visto. Ostaza sigue dirigiendo la estudiantina, pero ha reforzado su banda de virtuosos. El nuevo solista, José Martínez, no deja que añoremos a Groo. ¿Pensamos en las pequeñas bailarinas de antaño cuando miramos las lindas caritas y las gracias exquisitas de Pepita, de Encarnación y de Clotilde? Confieso que a La Cuenca la había echado de menos. Pero ella sigue estando allí, La Cuenca, con sus movimientos lascivos de cadera y sus caras provocativas… Todo está saliendo a pedir de boca.

Por muy bien ordenadas que estén las corridas de toros que prometen regalarnos para la Exposición Universal, dudo que puedan aguantar la comparación con la corrida del Nuevo Circo” (22-3-1889).

Vista de ParísVista de París

Meses más tarde, en otro local parisino, Trinidad Cuenca vuelve a cosechar éxitos con un nuevo espectáculo. La prensa nos desvela, además, una nueva faceta de la artista, la de profesora de baile de la actriz Jeanne Granier:

“Todo el mundo conoce la revista Paris-Exposition, donde la Srta. J. Granier baila los pasos de la Macarrona. Gracias a las buenas lecciones de la señorita Cuenca, la Srta. J. Granier ha alcanzado la perfección en este baile español. Anoche, en las Montañas Rusas, estreno de Un baile de gitanos, por la señorita Cuenca; esta diversión tan atractiva obtuvo un gran éxito ante una sala llena. No dudamos que este nuevo ballet se mantendrá en cartel durante mucho tiempo” (Le Figaro, 11-12-1889).

A través del mismo diario sabemos que, en enero de 1890, Trinidad Cuenca sigue en París, al frente del ballet de las Montañas Rusas, cuyo elenco se une al del Gato Negro:

“Un pequeño y pintoresco detalle del Baile de los oficiales en la Ópera:
Sabemos que las cantinas militares serán tomadas por cuarenta de nuestros más guapos aristas parisinos; el bar de la Ópera y el de la Ópera Cómica serán atendidos por bailarinas de los cuerpos de baile. Casi todos los teatros tienen el suyo; pero el bar del Gato Negro merece una mención especial: al personal de la casa se unen las cuatro bellas andaluzas de las Montañas Rusas, y la capataz de esta cuadrilla no es otra que La Cuenca, la célebre bailarina que ha enseñado a Jeanne Granier su famoso baile de la Macarrona” (10-1-1890).

La actriz Jeanne GranierLa actriz Jeanne Granier

Ésta es la última referencia periodística que encontramos sobre Trinidad Cuenca, cuyo fallecimiento ha sido documentado por José Luis Ortiz Nuevo en La Habana, en ese mismo año de 1890. Su existencia fue corta, pero vivió muy deprisa. La genial bailaora dejaba tras de sí una larga estela de triunfos a ambos lados del Atlántico y grandes innovaciones en el baile de mujer. Treinta y pocos años le bastaron para escribir su nombre con letras de oro en los anales de la historia flamenca.

NOTA:
(1) La traducción de todos los textos de periódicos y libros extranjeros es nuestra.


Trinidad “La Cuenca”, una estrella de fama internacional (IV)

Un episodio de rivalidad entre artistas

A estas alturas de su carrera, tras haber conquistado París, y con el público mexicano en el bolsillo, los méritos de Trinidad Cuenca están fuera de toda duda. Tras poco más de dos semanas en Ciudad de México, la bailaora malagueña ha superado con creces todas las expectativas y se ha convertido en una auténtica diva, tanto en el buen como en el mal sentido del término. De hecho, además de difundir sus éxitos y elogiar sus dotes artísticas, la prensa también se hace eco de un episodio violento, protagonizado por La Cuenca y su compañera de cartel, y originado por los celos profesionales de esta última. El diario The Two Republics nos lo refiere así:

“LAS RIVALES

Una obra que hace sangre en el Principal.

[…] el colmo de los infortunios llegó con la inmensa popularidad de Madame Trinidad Cuenca. ¡Una torera!, ¡una bailarina que se llevaba todos los vivas y aplausos que D’Escazos piensa que deberían ser sólo para ella!

Esto era demasiado.

Así, la rivalidad y el rencor entre las dos señoras ha ido creciendo en intensidad hasta que el miércoles a mediodía rompió todos los límites. Parece que el martes por la noche, unos minutos antes de que Trinidad tuviese que salir al escenario, descubrió que a su guitarra le faltaban todas las cuerdas. Rápidamente se compraron otras nuevas y la señora cumplió su compromiso con el éxito habitual. Cuando las dos pelirrojas se encontraron al día siguiente en el hall del teatro, comenzó una guerra dialéctica; Trinidad, con valentía, acusó a María de haber robado las cuerdas de su guitarra, con la esperanza de que el robo no fuese notado hasta que la primera estuviese bajo los focos, cuando su fracaso al evocar los acordes clásicos haría que fuese abucheada por el público que antes la había aplaudido con locura. María negó firmemente la acusación. […]

Durante unos minutos los empresarios consiguieron calmar las mentes de las enfurecidas mujeres, cuando, mira por dónde, los maridos de las dos rivales aparecieron en el escenario. […] Monsieur d’Escazos recibió un fuerte golpe en la cabeza, que le propinó el Señor Cuenca con un bastón” (7-10-1887). (1)

La Cuenca (dcha.) junto a La CoquineraLa Cuenca (dcha.) junto a La Coquinera

La disputa se saldó con la pareja d’Escazos detenida, el novio de la Cuenca en paradero desconocido y esta última recluida en su habitación. Además, según el mencionado diario, la policía del distrito prohibió las representaciones por miedo a nuevos disturbios; y ello ocasionó al Sr. Leavitt pérdidas económicas por valor de unos 1.500 dólares. En sus memorias, el empresario ofrece su propia versión sobre el incidente:

“Un periódico escribió con entusiasmo que se habían producido dos conquistas de México, la primera por parte de Cortés y la segunda por la Cuenca. Era obsequiada, agasajada y tratada como una auténtica reina, circunstancia ésta que no contribuía a la compostura de la maga, quien sentía que su fama estaba siendo eclipsada. Una noche, en el Café San Carlos, que estaba abarrotado de comensales, la Sra. d’Escozas era el centro del grupo en una mesa, mientras que, en otra, la Cuenca estaba rodeada por una multitud de admiradores. Empezaron a lanzarse cumplidos de dudoso carácter de una mesa a otra, y la escena llegó a su punto álgido cuando el acompañante español de mi torera se levantó con una botella de champán en la mano y golpeó vigorosamente la cabeza del Sr. Fleuron [el acompañante de d’Escozas]. […] Las autoridades inmediatamente lo deportaron de México”.

Sin embargo, estos hechos no debieron de sorprender al Sr. Leavitt, que ya tenía calado al novio de la Cuenca desde la primera vez que lo vio, según él mismo nos cuenta:

“Cuando mi torera y mi agente llegaron de la estación de tren, y pararon delante de mi hotel, el Chatham, observé que el vehículo también contenía a un español de aspecto grande y llamativo. En seguida imaginé, no sólo la relación que había entre él y la Cuenca, sino también que me esperaban problemas. Sin embargo, acordamos que el español no iría a México, ya que sólo había venido hasta París con su amada para asegurarse de que le ofrecíamos un trato justo. Firmé un contrato con la torera y una de sus condiciones era que viajaría sola. […]
En el último momento, como esperaba, apareció el caballero español y su enamorada se negó a hacer el viaje sin él, así que, por fuerza, vino con nosotros”.

Es más, el empresario también intuía que podían saltar chispas entre sus dos estrellas. No en vano, las hizo viajar por separado y, cuando supo que la Sra. d’Escazos había llegado a México acompañada de su amante francés, tuvo claro que la situación se complicaba por momentos.

La Cuenca sigue triunfando en México

A pesar del incidente entre las dos divas y sus respectivos acompañantes, el día 8 de octubre vuelven a anunciarse juntas en el Teatro Principal, y unos días más tarde el diario La Patria informa sobre su próximo debut en Veracruz.

Vista de VeracruzVista de Veracruz

Sin embargo, a partir del 14 de octubre, Trinidad Cuenca vuelve a presentarse en el Teatro Principal de Ciudad de México, donde recibe “grandes ovaciones” por su representación de “una corrida de toros donde pueden asistir las señoras y las niñas, pues no hay caballos muertos ni toro embolado” (Le Trait d’Union, 14-10-1887). María d’Escazos se ha caído del cartel, en el que ahora figura el actor Manuel Segarra.

El programa consta de los siguientes números:
“1º Obertura por la orquesta.
2º La zarzuela en un acto: TOREAR POR LO FINO.
BAILE FLAMENCO por la Srita. TRINIDAD CUENCA.
4º La preciosa comedia: UN ZAPATERO TENOR.
5º GRAN CORRIDA DE TOROS! – La novedad del día! – Graciosa pantomima ejecutada 200 veces en París por Trinidad Cuenca.
Sobresaliente de espada, Caricaburo (el buen mozo).
Banderilleros: Juan de Mastis y Pepe Cornu.
Picadores: Calderón padre y Calderón hijo.
El único toro que se lidiará, apartado de la acreditada ganadería del marqués de la Trampa, vecino de Sevilla y de mucho peso, será picado, banderillado y muerto al compás de las guitarras por la más guapa de las bailarinas españolas, la primera torera de las plazas de España, la aplaudida TRINIDAD CUENCA” (Le Trait d’Union, 16-10-1887).

Vista de Ciudad de MéxicoVista de Ciudad de México

El renovado espectáculo continúa cosechando éxitos, y la prensa no para de ensalzar las virtudes de la artista, que se ha convertido en el fenómeno de la temporada, a juzgar por críticas como la siguiente:

“¡Viva la sangre torera!
Trinidad Cuenca, diestra bailarina y bailarina diestro, conquista más admiradores en cada representación, y convierte al pacífico y anciano Principal, en ruidosa plaza de toros.

Tiene la rara virtud de viajar con un trozo de Andalucía que da a conocer con su peligroso baile, durante el cual, el que menos larga un ole casi con la misma propiedad que un ruso.

La gente de coleta ha entrado en un periodo de adoración y de aprendizaje, porque a decir de los inteligentes, es maravillosa la pericia con que ejecuta su imaginaria lidia.

Le han encontrado dos semejanzas. Tocando la guitarra, al Curro Cúchares y toreando, a Frascuelo.

Ambos personajes han representado importantes papeles en la historia del Madrid contemporáneo; entre otros, haber servido de inconscientes modelos para que la Cuenca se convirtiera en notabilidad.

Porque no cabe duda que es notable. Nada importa que en cuestión de baile flamenco, no rayamos a gran altura; lo que indica que lo comprendemos es que, a medida que la bailarina comienza sus voluptuosas ondulaciones, no hay un solo espectador que deje de mirar al palco escénico, creciendo su interés por grados hasta llegar al delirio cuando aquella concluye lanzando una mirada enradadera y una sonrisa en pecado mortal. […]

La primera vez que se va al Principal, prevenido por todo lo que se dice, al ver el baile se siente uno realmente enfermo -ha habido ya quien se accidente- y no se escucha más que el menudo taconeo de la flamenca que al notar casi sin aliento a los espectadores, ríe con refinada malicia segura del triunfo de su diabólico específico.

Las caras de los concurrentes semejan las de los exploradores de los desiertos africanos. El gas produce insolaciones y los más entusiastas acusan todos los síntomas de la hidrofobia.

Por eso se comprende que al concluir grite todo el mundo, oyéndose desde el viva tu madre que electriza a los españoles, hasta el de agua que algunos lanzan en moribundo tono. […]” (El Diario del Hogar, 16-10-1887).

Curro CúcharesCurro Cúchares

Unos días más tarde, se celebra una función benéfica a favor de Trinidad Cuenca, en la que toman parte los diestros Manuel Díaz Lavy “el Habanero” y Francisco JiménezRebujina”. El lleno es absoluto y el público se vuelca con la Cuenca, que decide permanecer unos días más en el Teatro Principal.

De México a La Habana

Poco después, la artista rompe su contrato con Leavitt y abandona México. Unas semanas más tarde, el cubano Diario de la Marina (2) la sitúa en el Teatro Cervantes de La Habana. Allí debuta a mediados de diciembre, con el espectáculo que tanta fama y notoriedad le ha dado a ambos lados del Atlántico:

Trinidad Huertas ‘Cuenca’, la toreadora española en carácter, que ha bailado en los principales teatros de España, Francia, Estados Unidos, México; distinguida y célebre bailadora de flamenco, y excelente tocadora de guitarra, debutará el próximo lunes en el Teatro Cervantes.

La Cuenca es una mujer agraciada, con una fisonomía móvil y ojos sumamente expresivos. De pequeña estatura, con un talle esbelto y flexible. Lleva con mucho donaire el traje de hombre, y sus posiciones son estéticas.

Sus bailes llaman la atención por su originalidad y por la gracia con que los ejecuta, y mientras ella está en escena tiene subyugado al auditorio que sigue con admiración las ondulaciones de su cuerpo y el movimiento de sus pequeños pies.

Hay naturalezas que nacen dispuestas al arte y a éstas pertenece la hermosa malagueña Cuenca. El arte escénico lo lleva en sí, y lo mismo tiene todos los atractivos de una cándida vestal, que la traviesa y retozona coquetería de una chula.

La Cuenca es una notabilidad en su género, y aconsejamos a nuestros lectores no dejen de asistir a alguna función en el Teatro Cervantes para admirar su gracia y habilidad” (16-12-1887).

Vista de La HabanaVista de La Habana

En febrero del año siguiente, en el mismo teatro, tiene lugar una función benéfica dedicada a La Cuenca, que, además de su baile del torero, se marca un “Vito” y muestra sus dotes como guitarrista tocando por malagueñas.

Teatro de Cervantes. Para mañana anuncian en este teatro el beneficio de la célebre bailadora de flamenco Sra. Trinidad Cuenca Dadas las simpatías que goza la Sra. Cuenca y el variado y escogido programa que ha combinado, no dudamos sea una de las mejores funciones que se han dado en esta temporada. He aquí el programa:

A las 8, la bellísima zarzuela en un acto y en verso titulada ‘En las astas del toro’. La beneficiada bailará la tan aplaudida Corrida de toros.

A las 9, la preciosa zarzuela en un acto y en prosa ‘Las niñas de Écija’; en este intermedio la beneficiada bailará el tan popular como aplaudido baile andaluz El Vito, cantado por la Sra. Carmona.

A las 10, octava representación de la revista de actualidades cómico-lírica en un acto y tres cuadros Garabato. El Sr. Benach, en obsequio a la beneficiada, cantará unas preciosas malagueñas acompañadas a la guitarra por aquélla” (Diario de la Marina, 29-2-1888).

NOTA:
(1) La traducción de todos los textos de periódicos extranjeros es nuestra.

(2) Referencias localizadas en Cuba por José Luis Ortiz Nuevo.


Trinidad “La Cuenca”, una estrella de fama internacional (III)

Unos meses después de su segunda aventura parisina, volvemos a encontrar el rastro de Trinidad Cuenca en tierras mexicanas, adonde ha llegado de la mano de Michael Bennett Leavitt, uno de los empresarios del Teatro Principal de Ciudad de México.

Allí debuta el 24 de septiembre de 1887, junto a la prestidigitadora María d’Escozas. El Sr. Leavitt ofrecerá interesantes detalles en su obra autobiográfica Fifty Years in Theatrical Management, publicada en 1912. Así, por ejemplo, nos cuenta cómo surgió la idea de contratar a la artista, y nos revela una nueva faceta de Trinidad, la de guitarrista:

“Al mismo tiempo, se me ocurrió que si pudiera encontrar a una torera, podría presentar en México una atracción realmente sensacional. Mi agente francés recordaba que tal artista había estado contratada, con gran éxito, en el Nuevo Circo de París, y había regresado a Sevilla, donde él creía que estaba actuando en un circo. Inmediatamente, lo envié a buscar a esa mujer, que se llamaba Trinidad Cuenca, y que, además de sus hazañas con toros mansos, era una espléndida bailadora de tangos, y probablemente la mejor guitarrista del mundo. Era, también, una consumada intérprete de las canciones de Sevilla”.

Michael Bennett LeavittMichael Bennett Leavitt

Según el relato de Leavitt, su agente no tardó en encontrar y contratar a La Cuenca, que unos días más tarde se reunía con él en París, desde donde pusieron rumbo al país latinoamericano, con escala en Nueva York.

La conquista de México

En México, la expectación era máxima, a juzgar por el modo en que la prensa presenta a las dos artistas, que llegan avaladas por los grandes éxitos de su etapa parisina:

“El sábado 24 del corriente harán su début […] la célebre prestidigitadora María D’Escazos y la acreditada bailarina Srita. Trinidad Cuenca, quienes han dado, según se dice, doscientas representaciones en París” (El Siglo Diez y Nueve, 22-9-1887).

“El director del Principal, el simpático M. Soots, espera hoy por el ferrocarril central a dos artistas que han causado furor en París durante el pasado mes de julio. Esas dos artistas son: María d’Escarzos, la célebre prestidigitadora, y Trinidad Cuenca, una bailarina excéntrica del mayor mérito” (Le trait d’union, 23-9-1887). (1)

“Doña María d’Escazos en su traje original andaluz ejecutará maravillosas suertes de alta prestidigitación, nigromancia e ilusión. En los entreactos la célebre primera bailarina española Trinidad Cuenca bailará diferentes danzas, introduciendo el especial baile ‘La Toreadora‘, en la que se hace acreedora a grandes ovaciones” (El Tiempo, 25-9-1887).

“Anoche deben haberse presentado por primera vez en el teatro Principal dos notabilidades en sus respectivos géneros: la célebre hechicera María d’Escazos, y la famosa bailarina Trinidad Cuenca. Las dos entusiasmaron últimamente al público de París en el teatro Eden, y nos dicen que son verdaderamente extraordinarias; la d’Escozas en sus juegos de magia y la Cuenca con su ligereza y gracia, habiendo ella enloquecido a los parisienses en el baile llamado en París La Toreadora. No dudamos de que el teatro Principal estaría anoche lleno de bote en bote y que las dos nuevas artistas españolas habrán entusiasmado al público mexicano con su habilidad” (El Diario del Hogar, 25-9-1887).

Tras el estreno del espectáculo, los diarios mexicanos se deshacen en elogios para las dos artistas, especialmente para Trinidad Cuenca, que provoca una auténtica revolución con su baile del torero.

“Quienes frecuentaron el teatro Principal el pasado sábado por la noche, aunque pocos en número, fueron obsequiados con una auténtica novedad gracias a la agilidad de Madame Trinidad Cuenca, una brillante y joven señorita española de unas veinte primaveras, que interpretó para el deleite de sus espectadores una corrida perfecta (pero sin el toro). Madame Cuenca es una matadora típica de Andalucía y sus habilidades para el baile hicieron brotar muchos bravos del satisfecho auditorio” (The Two Republics, 27-9-1887).

Trinidad Cuenca. La bailarina española de este nombre, que hizo su estreno en el Teatro Principal la noche del sábado último, ha trastornado la cabeza de más de cuatro espectadores […] con un rasgueo flamenco en la guitarra y su baile resalao” (El Diario del Hogar, 28-9-1887).

Trinidad Cuenca.- La resalaa maja que baila con gracia inusitada en el salón del antiguo coliseo trae trastornado el seso a la goma que va a contemplar sus graciosas piruetas.

El jueves en la noche dos o tres pollos se desmayaron de puro entusiasmo a la hora suprema del baile” (El Diario del Hogar, 1-10-1887).

Trinidad la Cuenca, vestida de toreroTrinidad la Cuenca, vestida de torero

Tal es la novedad del espectáculo, tanto gusta en México el baile de la Cuenca, que la artista se ve obligada a repetirlo una y otra vez, ante la insistencia de un público enfervorecido.

Trinidad Cuenca es una española neta que redobla jotas y sonecillos madrileños sobre una tarima como pudiera hacerlo un hábil tamborilero sobre su tambor. Además, rasguea la guitarra con una elegancia y una gracia enteramente andaluzas.

La especialidad de Trinidad Cuenca […] es un baile que se llama El Toreador, en el cual finge hacer las suertes de capa, pica, banderillas y muerte. Ejecútalo, en efecto, con mucha gracia; pero como en dándole a nuestro público de lado de los toros pierde los estribos y la cabeza, todo fue que la Cuenca hiciera su gracia cuando el muy respetable comenzó a gritar ‘Toroooo! Toroooo! Torooo!’

Y fue gritar y gritar hasta que la pobre bailarina tuvo que ceder y darle otro toro, aunque fuera de mentiras” (El Nacional, 27-9-1887).

Trinidad Cuenca […] vuelve loco al público con sus bailes españoles, toca la guitarra con una gracia y un desenfado enteramente flamencos, y entusiasma a los espectadores bailando el toreador, y volviendo al bailarlo cada vez que el público grita estrepitosamente toroo, toroo, ni más ni menos que si estuviera en la mismísima plaza del Paseo de Colón” (El Tiempo, 29-9-1887).

A principios de octubre, la prensa anuncia las últimas representaciones de la singular “corrida de toros de Trinidad Cuenca”. El espectáculo es bastante similar al que la artista protagonizaba en París. Así lo describe El Diario del Hogar:

“Apareció Trinidad Cuenca vestida de hombre, llevando el traje andaluz, y bailó sobre una plataforma un baile característico que ejecutó con una gracia indescriptible, entusiasmando al público, y teniendo que repetirlo entre ruidosos aplausos. […]

Terminada la magia blanca tuvimos la gran atracción de la noche. Se levantó el telón; la escena representaba una plaza de toros, estando allí las manolas y los curros. La música tocó la canción del torero de Carmen, y Trinidad Cuenca salió con la cuadrilla y, siempre bailando, ejecutó de la manera más graciosa todo lo que se hace en una corrida; capeando, imitando a los picadores y a los caballos; banderilleando, brindando y matando al toro.

La bailarina española nos encantó con su gran habilidad y entusiasmó al público que la aplaudió frenéticamente, pidiéndole la repetición del baile.

Trinidad Cuenca es una mujer agraciada con una fisonomía móvil y ojos sumamente expresivos. De pequeña estatura, con un talle esbelto y flexible. Lleva con mucho donaire el traje de hombre y sus posturas son muy estéticas.

Sus bailes llaman la atención por su originalidad y por la gracia con que los ejecuta, y mientras está ella en la escena tiene subyugado al auditorio que sigue con admiración las ondulaciones de su cuerpo; su mirada tan expresiva y el movimiento de sus pequeños pies.

Nos dicen que toca la guitarra con mucho arte. No tuvimos el gusto de oírla ejecutar en este instrumento por haberse roto unas cuerdas la noche del Miércoles; pero la vimos bailar, y salimos del teatro entusiasmados y exclamando: ¡Viva la gracia!” (2-10-1887).

Vista de Ciudad de MéxicoVista de Ciudad de México

Otro diario mexicano, Le Trait d’Union, publica la siguiente crítica, en la se que atribuye a la bailaora una nueva conquista del país azteca:

Trinidad Cuenca. La graciosa bailarina española que da hoy los buenos días, o más bien las buenas noches en el teatro Principal, ha conquistado con su lindo pie al gran público. Se ha quedado prendado, este excelente público, de ese pequeño pie de andaluza y de madrileña, y toda la sociedad elegante de Tenochtitlán […] ha asumido como un santo deber el ir a aplaudir todas las noches a la encantadora bailarina. El do de pecho del tenor de la compañía Sieni no tiene tanto éxito como los meneos de los piececitos de Cenicienta de Trinidad: es una segunda conquista de México por España. Pero esta vez los valientes conquistadores están representados por una maja, salvaje, quizás, pero que se sirve, para atacar, de sus grandes ojos negros, y, para defenderse, de una enagua bordada, como sólo se ve en el dulce país de las castañuelas” (2-10-1887).

NOTA:
(1) La traducción de todos los textos de periódicos extranjeros es nuestra.