Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (y XII)

A principios de los cuarenta, tras siete años dando vueltas por el mundo, Amalia Molina regresa a los escenarios españoles, y lo hace de la mano de empresarios como Juan Carcellé, que la integra en sus espectáculos de varietés, o Pastora Imperio, que acaba de crear una compañía de cantaores y bailaores gitanos. Sin embargo, después de varias décadas como reina indiscutible del género de variedades, la estrella de la Molina ya no brilla como antes.

Amalia Molina (Mundo Gráfico, 31-12-1930)

Amalia Molina (Mundo Gráfico, 31-12-1930)

“… la genial Amalia Molina, cargada de glorias y que aún conserva el garbo peculiar que la hizo famosa. Sin embargo, creemos que los artistas deben de ser cuidadosos con su historia y en todo se pasa, pero más que en todo en este asunto de las varietés” (Hoja Oficial del Lunes, 2-12-1940).

Tras décadas de gloria, el descenso a los infiernos

La que años atrás regresaba de América cubierta de oro y joyas, y contaba sus ganancias por millones, en 1944 reside en una humilde habitación y actúa en un tablao de la calle del Infierno, en la Feria de Sevilla, por 150 pesetas. El periodista G. Gomez Bajuelo obtiene las siguientes declaraciones de la artista:

“- ¿Cuánto habrás ganado en tu vida artística?

– Unos cinco millones de pesetas. Pero lo que gané con el arte lo perdí con los negocios. La guerra me ha perjudicado también mucho. Por eso trabajo ahora […]

Yo necesito dinero. Por eso fui a la caseta de la feria… También Raqué Melle actúa ahora en los cines de barrio de Barcelona, con lo gran artista que ha sío…” (ABC de Sevilla, 7-7-1944).

Raquel Meller

Raquel Meller

En esa misma entrevista, Amalia afirma estar preparando un espectáculo, que espera presentar pronto en Sevilla. Un mes más tarde, la prensa se hace eco del éxito obtenido por la artista en su ciudad natal:

“La sin par artista sevillana Amalia Molina […] se ha presentado ahora ante su directo público, reverdeciendo con insospechada fragancia sus gloriosos lauros.

El público se entregó por completo a la saladísima ‘estrella’, aplaudiendo con entusiasmo todos sus números.

El triunfo de Amalia fue definitivo, granjeándose desde los primeros momentos la simpatía y la admiración de los sevillanos” (ABC de Sevilla, 6-8-1944).

A partir de ese momento, la Molina es agasajada con varios homenajes, con los que sus compañeros de profesión tratan de paliar en lo posible la difícil situación económica por la que atraviesa la artista. Uno tiene lugar en el Teatro Llorens de Sevilla, y en él participan la actriz María Fernanda Ladrón de Guevara y el cantaor Pepe Pinto, por citar sólo a algunos. Otro se celebra en el madrileño Circo Price. Así lo anuncia ABC:

Amalia Molina (Alrededor del mundo, 19-5-1919)

Amalia Molina (Alrededor del Mundo, 19-5-1919)

Amalia Molina, ‘estrella’ de ayer, y ahora muy olvidada, perdida en el elenco de una barraca verbenera, recibe hoy, merced a las buenas gentes del teatro, merced a los artistas circenses y al buen público madrileño, que tanto la aclamó en horas lejanas, un homenaje que le dará, con el recuerdo de aquéllas, una imprescindible ayuda económica para sus días difíciles” (8-8-1945).

“Ayer […] se celebró en el Circo de Price el anunciado festival en honor de la gran artista de la danza y de la canción Amalia Molina.

[…] El público llenó por completo las localidades. El veterano actor D. Enrique Chicote ofreció el homenaje en unas cuartillas llenas de emoción y gracia, y Amalia Molina tuvo que hablar, y dio gentilmente la gracias entre ovaciones y lágrimas de emoción.

[…] la compañía y el personal del Circo Price rivalizaron en entusiasmo y arte para rendir testimonio de compañerismo y de admiración a la gran ‘estrella’ Amalia Molina, que, como dijo en sus palabras de gratitud, reconoció ayer como el día más inolvidable de su vida” (9-8-1945).

Manolo Caracol y Lola Flores

Manolo Caracol y Lola Flores

Unos meses más tarde, en el teatro de Fuencarral, Lola Flores y Manolo Caracol organizan un nuevo beneficio en honor de la artista sevillana, cuyo nombre vuelve a figurar en la cartelera madrileña. Tanto los promotores de la iniciativa como “Amalia Molina -siempre joven y llena de temperamento- recibieron […] encendidas ovaciones, que llevaron lágrimas de emoción a los ojos de la agasajada” (ABC, 112-6-1946).

Un tímido renacer

A partir de 1947, la artista sevillana desarrolla la mayor parte de su actividad en Barcelona, donde se anuncia sobre todo en cines y en teatros como el Condal, el Moderno o el Cómico, por lo general, en el marco de distintos espectáculos con un elevado componente folclórico.

Aunque se prodiga mucho menos que antes, la Molina, “genio y figura de todos los tiempos” (La Vanguardia, 27-8-1950), sigue manteniéndose “firme en su puesto de insuperable repiqueteadora de los crótalos” (La Vanguardia, 21-6-1950).

A principios de los cincuenta, el nombre de Amalia vuelve a figurar en las carteleras madrileñas, junto a artistas como Tomás de Antequera, Emilio el Moro o Marujita Díaz, por mencionar sólo a algunos.

Amalia Molina y Antonio Amaya (Imperio, 12-5-1954)

Amalia Molina y Antonio Amaya (Imperio, 12-5-1954)

Entre 1952 y 1953, la incombustible artista realiza un nuevo viaje por América, que la lleva, entre otras ciudades, a Caracas. La revista Ritmo ofrece algunos detalles sobre esta última aventura transatlántica de la sevillana:

“En el Teatro Nacional, bajo de la dirección de Amalia Molina, será presentado próximamente un espectáculo de arte popular español denominado ‘Tambores de España’. Como quiera que viene precedido de una gran propaganda y mucha fama en los países vecinos, este espectáculo es esperado con verdadera impaciencia” (1-12-1952).

50 años sobre los escenarios del mundo

A su regreso, la Molina y sus castañuelas aún tienen tiempo de cosechar nuevos éxitos en distintas salas, fundamentalmente, de Madrid, Sevilla y Barcelona, donde la artista tiene fijada su residencia durante esta última etapa de su vida.

En junio de 1955, el escenario del Circo Price es testigo de excepción de uno de los días más emotivos para Amalia, que celebra sus bodas de oro con el cante y el baile, si bien es verdad que son muchos más años los que lleva dedicada en cuerpo y alma a ese arte, que es su vida. De hecho, a juzgar por las palabras que le dedica Fernando Castán Palomar, ni cinco décadas sobre las tablas han podido desgastar la gracia y el encanto de esta gran artista:

Amalia Molina ha dedicado su vida a cantar y a bailar, con una perseverancia en la que no abrieron grietas ni sus momentos de mucho dinero entre los dedos. Ella ha preferido siempre tener en ellos las castañuelas, y el dinero contó poco en sus manos. […]

Amalia Molina sigue siendo en el escenario un prodigio de garbo, de salero, de juventud, de movimiento, de gracia y de entusiasmo por su baile y por los palillos. […]

En el escenario, Amalia Molina, con su mantón de flores y el alegre repique de sus castañuelas, sigue teniendo la alegría, el brío, la luz y la gracia de cuando, en 1905, se había retratar vestida de torero” (La Vanguardia, 26-6-1955).

Amalia Molina (ABC, 26-9-1926)

Amalia Molina (ABC, 26-9-1926)

La artista macarena, que constituye un “ejemplo señero de una vitalidad asombrosa y de un temperamento y andalucísima gracia y solera sin par” (Hoja Oficial del Lunes, 27-6-1955), aún no piensa en retirarse. Así lo manifiesta en octubre 1955 al periodista Del Arco: “El día que diga, me voy, me iré de verdad; quiero antes dar la vuelta a España, marchar otra vez a América, y, a la vuelta, me despediré” (La Vanguardia, 1-10-1955).

Sin embargo, el destino no le permite cumplir ese último sueño. El 8 de julio de 1956, víctima de un cáncer, fallece en el Hospital de Nuestra Señora de la Esperanza, de Barcelona, la genial Amalia Molina. Sus últimos años habían tenido un sabor agridulce, pero ni los problemas económicos ni la pérdida de su marido, en 1953, habían conseguido quitarle las ganas de vivir.

Al igual que en sus años dorados, cuando la prensa se llenaba de elogios para esta enorme artista y gran señora, con motivo de su último adiós son varios los periódicos que se acuerdan de ella y le dedican sendos artículos. Entre todos ellos, y a modo de epitafio, nos quedamos con estas palabras de Joaquín Montaner:

Amalia Molina, que llenó una época de buen canto y buen baile en su patria y en el mundo entero, vio llegar a la muerte con la sonrisa en los labios y con la fe en su Señor del Gran Poder. […] Pensó retirarse del todo creyendo sobrevivir a su enfermedad y desapareció en pocas horas para no volver nunca.

Amalia Molina era una institución en Barcelona, que fue refugio de su viejo arte durante los postreros años. Nadie llevó sus desdichas con mayor señorío y envidiable buen genio que Amalia. […]

Como mujer era encantadora y originalísima, y tuvo la gran virtud de no criticar jamás a ninguna de sus compañeras […].

Desapareció con ella un mundo genial y alegre, que no se puede dar fácilmente, y que si se diese, no podría ser superado ni siquiera igualado jamás” (ABC, 10-7-1956).


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (XI)

En 1929, después de hacer las Américas durante casi una década, Amalia Molina regresa a España, donde se la espera con impaciencia, pues ninguna otra artista ha sido capaz de hacerse con el trono que dejó vacante el día de su partida. Cual conquistadora de la época colombina, la artista llega cargada de plata y brillantes, que realzan como nunca el brillo de su estrella.

Amalia Molina en 1929

Amalia Molina en 1929

A juzgar por los testimonios periodísticos, esa larga ausencia no ha hecho mella en Amalia, que sigue siendo “la genuina representación de la gracia y de la espontaneidad: toda sangre y nervio” (La Época, 31-3-1930), si bien su arte se ha vuelto un poco más vanguardista y refinado, según sus propias declaraciones.

Una artista incombustible

A finales de los años 20, los espectáculos de variedades andan de capa caída en nuestro país. Las estrellas que hace unos años conquistaban al público con sus canciones picantonas y su escueto vestuario han visto marchitarse sus armas de seducción. Sin embargo, la artista sevillana es una de las pocas que han logrado sobrevivir a la debacle del género, tal vez porque, a diferencia de otras, nunca necesitó acudir a ese tipo de recursos. Así describe la situación el periodista Carlos Fortuny:

“Es injusto considerar vetusta a una artista porque ande arañando la cuarentena. A esa edad es cuando la mujer de teatro nos ofrece el tesoro de su arte inteligente y depurado. En el extranjero ninguna ‘vedette’ llega a consagrarse antes de los ocho lustros. Es la edad ideal para la mujer de teatro. Pero en España somos injustos con ellas y las reprochamos una madurez que a veces es una perfección. […]

Artistas que triunfaron con Amalia Molina y que no son mucho más jóvenes que ella: Raquel Meller, La Goya, Paquita Escribano, La Argentinita, por no citar sino las más populares. ¿Qué hacen en la actualidad? Vivir en el ostracismo y presentarse en las noches de estreno a cotorrear, como si fueran ‘señoras mayores’, con los críticos teatrales.

De todas ellas se han salvado únicamente Raquel Meller y La Argentina, que reciben en París -¡la capital del Mundo!- el homenaje a que tienen derecho por su gracia y su talento, y Amalia Molina, que pasea triunfalmente el nombre de España por Nueva York” (Heraldo de Madrid, 29-7-1929).

Amalia Molina (Muchas Gracias, 7-11-1931)

Amalia Molina (Muchas Gracias, 7-11-1931)

De hecho, el haber cumplido ya los cuarenta años no supone impedimento alguno para la artista sevillana, que se mantiene más joven que nunca, cual si hubiese suscrito un pacto con el diablo, como ella misma declara con la gracia que la caracteriza:

“Hace tiempo, actuando en Nueva York, tuve una de las noches más brillantes de mi carrera artística. El público me había aplaudido a rabiá, y al retirarme a mi camerino, me contemplé en el espejo orgullosa de mi cara, de mi tipo y de mi arte y me puse a pensar unas cosas mu rarísimas. […] Yo me desía: ¡Qué lástima que argún día se tenga que acabá to esto! Dejaré de ser joven…, de ser guapa… ¡Y que no haya nadie para evitarlo! En aquel momento estalló en el camerino un fogonazo como si me estuvieran retratando al marnesio […]

El mismísimo diablo, que va y me dice: ‘Oye, Amalia. Me he enterao de que por el mundo se estila ahora mucho eso der cante flamenco, y como yo voy a hasé una exposisión en el Infierno y nesesito alisientes pa la atrasión de forasteros, vengo a hasé un trato contigo. […] Yo te voy a da la reseta pa que tengas belleza y juventú hasta los noventa años, a cambio de que me enseñes a cantá fandanguillos’” (Estampa, 24-12-1932).

La reconquista de España… y del mundo

Poco después de pisar tierra española, la Molina retoma su frenética actividad a lo largo y ancho de la geografía patria. El recibimiento del público no puede ser mejor, especialmente en Madrid, en cuyo Círculo de Bellas Artes es agasajada con un vino de honor por sus numerosos admiradores, entre quienes se encuentran altas personalidades del mundo del arte y la cultura, como Gregorio Martínez Sierra, Margarita Nelken, Ramón Pérez de Ayala o el maestro Quiroga, por citar sólo a algunos.

Amalia Molina en la fiesta del Círculo de Bellas Artes (12-4-1930)

Amalia Molina (en el centro) en la fiesta del Círculo de Bellas Artes (ABC, 12-4-1930)

También participan en el homenaje los hermanos Álvarez Quintero, que se han inspirado en la figura de Amalia para construir a la protagonista de su última comedia, Mariquilla Terremoto, estrenada en 1930. La artista, que declara reconocerse plenamente en el personaje, estrena poco después una canción titulada ‘Yo soy Mariquilla Terremoto’.

De éxito en éxito, y de aplauso en aplauso, la genial sevillana vuelve a recorrer los principales teatros españoles, tan estrella como antes, y ahora también convertida en empresaria y directora de su propia compañía.

Sin embargo, la Molina, tan inquieta como siempre, no tarda en embarcarse en una nueva gira internacional. A finales de 1932 visita varios países europeos, como Austria, Hungría e Italia, donde es muy bien acogida:

“Gran interés había producido el debut de Amalia Molina. Y en verdad este interés no fue defraudado. Amalia Molina no tiene nada que envidiar a las estrellas más refulgentes. Posee una voz mórbida y simpática, y canta con gran sentimiento, acompañándose algunas canciones a la clásica guitarra. Danza con igual arte. La danza no es para ella orgiástico desenfreno, sino ritmo, armonía y musicalidad. Igualmente característicos son sus cantos y bailes, que presenta con lujoso espectáculo. El numeroso público que acudió a verla la festejó calurosamente” (Il Secolo, Milán, 1933). (1)

Poco después, sin apenas tiempo para deshacer el equipaje, la artista emprende un nuevo periplo que comienza en el norte de África y tiene previsto concluir en Japón, si bien termina antes de lo previsto: “Me volví en Egipto. ¡Ojú qué caló! Cuando me dijeron que tenía que atravesar el mar Rojo dije ‘esto no lo aguanto yo’. Pa pasá caló me queo en la Alamea” (ABC de Sevilla, 7-7-1944).

Amalia Molina, en la fiesta de los Marqueses de Bellamar (20-4-1930)

Amalia Molina, en la fiesta de los Marqueses de Bellamar (20-4-1930)

La prensa argelina dedica no pocos elogios a la estrella española, “virtuosa de las castañuelas”, que obtiene un “rotundo éxito” en aquellos lares:

“Descubierta por el célebre pintor Zuloaga, Amalia Molina es una de las raras intérpretes del baile y de la canción popular española cuyo nombre ha traspasado las fronteras de su país natal” (L’Écho d’Argel, 29-5-1933). (2)

“Rendimos homenaje al talento, al encanto, a la flexibilidad y al brío de Amalia Molina, que obtiene cada día un éxito vibrante” (Annales Africaines, 1-6-1933).

De vuelta a las Américas

En octubre de 1933, el diario ABC vuelve a situar a la artista sevillana en tierras argentinas, donde “el público y la Prensa porteña le han dispensado una cordial y simpática acogida” (21-10-1933). Esta nueva gira americana también discurre por países como Chile, Brasil, Uruguay, México, Estados Unidos, Canadá, Cuba o Puerto Rico. En todos ellos obtiene el reconocimiento unánime de la crítica. Los papeles de la isla caribeña ofrecen algunos datos sobre la enésima aventura transatlántica de la Molina:

“A bordo del vapor ‘Cuba’, y procedente de La Habana, donde acaba de terminar una triunfal temporada, llegará hoy, martes, a San Juan, la eminente cancionista y bailarina española Amalia Molina, maga de los cantos y bailes populares españoles.

La insigne artista viene contratada para realizar una corta temporada en San Juan y la isla, antes de pasar a Nueva York, donde tiene contratos por cumplir” (El Mundo, 20-12-1938).

Amalia Molina en México (1926)

Amalia Molina en México (1926)

Durante su breve estancia en Puerto Rico, que coincide con el periodo navideño, la “Reina de las castañuelas” constituye la atracción principal de las tres grandes fiestas celebradas en el Hotel Condado los días de Navidad, Año Nuevo y Reyes:

“Fiel intérprete del alma popular española, Amalia Molina hizo derroche de arte la noche del domingo. A la belleza de la interpretación de cada número, la ilustre artista une la belleza de su vestuario de tal modo rico que cuando ella baila o canta no se sabe qué admirar más: si la gallardía de Amalia Molina -pequeñina pero salada- llenando ella sola un salón, con su taconeo y con sus castañuelas, o los valores artísticos de su ropaje” (El Mundo, 28-12-1938).

Durante los meses de enero y febrero de 1939, la Molina también se presenta en varios teatros de San Juan, como el Paramount, el Martí o el Tapia, donde recibe un homenaje de despedida. Como deferencia hacia el público portorriqueño, además de sus típicos cantes y bailes españoles, Amalia incorpora en su programa algún tema propio de aquel país:

“1 – Alma andaluza (danza clásica de Andalucía, con estilización de castañueñas).
2 – La capa (símbolo de la gallardía española).
3 – Castellana (baile de las campesinas de Castilla).
4 – Mantoncito de Manila (schotis madrileño).
5 – Jibarito (canto y baile portorriqueño).
6 – Amalia Molina (pasodoble torero)” (El Mundo, 15-1-1939).

NOTAS:
(1) Artículo reproducido y traducido por ABC (9-2-1933).
(2) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (X)

En 1925 Amalia Molina alcanza uno de los mayores hitos de su carrera artística. Tras haber seducido al público de París, Londres, Buenos Aires y La Habana, entre otras muchas ciudades, la artista sevillana desembarca en los Estados Unidos dispuesta a conquistar Broadway, el sueño dorado de todo artista que desee triunfar en el mundo del espectáculo.

Amalia Molina

Amalia Molina

Como viene siendo habitual, el éxito no se hace esperar y, poco después de su llegada, la prensa yanqui ya sitúa a Amalia Molina entre las mejores bailarinas del mundo:

“La artista destacada de la primera parte del programa ha sido Amalia Molina, la mejor bailaora de España. Los Reyes de España le han concedido la cruz de honor y es considerada como una de las mejores bailarinas del mundo. Ha presentado una propuesta muy interesante y ha demostrado que es capaz de lo mejor en el baile original e interpretativo. Ha cantado y ha bailado con mucha gracia y encanto” (The Palm Beach Daily News, 5-2-1925). (1)

Artista y española de verdad

Las calles de la Gran Manzana se llenan de enormes letreros luminosos con el nombre de la artista sevillana, anunciada como The Soul of Spain, es decir, el alma de España. Mientras tanto, en nuestro país, se celebran con entusiasmo los triunfos de Amalia, que es considerada uno de los mayores exponentes del casticismo y una artista de las que ya no quedan, en una época en que el destape y las canciones extranjeras se han convertido en los únicos recursos al alcance de muchas cupletistas de nuestro país:

“… acabamos de asistir a la inesperada apoteosis de una auténtica artista española, que, bien segura de su arte, sin bombo ni platillos, sin fantástica propaganda de ninguna clase, sin más anuncio que el de su solo nombre, se ha presentado en el nuevo y suntuoso Mecca Auditorium, ante más de 6.000 espectadores, y con otros tantos a la puerta, que no pudieron entrar por haberse agotado las localidades […]

Amalia Molina, la españolísima, castiza siempre, nos ha deleitado con un programa tan español y tan castizo como ella: con música de España, trajes de España y gracia de España. […] Unas saetas, unas soleares, unas granadinas, una jota aragonesa, un pregón sevillano, un schotis madrileño… […]

Por primera vez se han oído aquí, sin adulteración alguna, los típicos aires españoles […] y se aplaudieron con entusiasmo loco. Y las saetas, rezadas más que cantadas, nos conmovieron tan profundamente, que en más de una garganta se hizo un nudo y más de un pañuelo enjugó una lágrima. La aclamación fue entonces atronadora” (ABC, 4-6-1925).

Amalia Molina con su cuadro español en el Regent Theatre de Nueva York (Mundo Gráfico, 18-9-1929)

Amalia Molina con su cuadro español en el Regent Theatre, N. Y. (Mundo Gráfico, 18-9-1929)

Porque Amalia lo vale

Después de triunfar en el Mecca Auditorium, donde se embolsa más de 5.000 dólares -al cambio, 8.000 duros de la época-, la Molina deja al público neoyorquino con la miel en los labios y se lanza a recorrer la costa este de los Estados Unidos.

En agosto regresa a la Gran Manzana, contratada esta vez por el Shea’s Hippodrome, de la poderosa empresa Keith-Albee, que le paga un sueldo de 3.000 dólares semanales. “156.000 dólares al año. Traducidos a moneda española, ¡más de un millón de pesetas!” (ABC, 24-10-1925). A pesar del abultado caché de la sevillana, el teatro cuelga cada noche el cartel de ‘no hay billetes’:

“Los 7.500 espectadores que a diario llenan, tarde y noche, el Hippodrome -¡15.000 espectadores por día!- no han de regatearle a Amalia ni un centavo. El espectáculo que ella les brinda bien lo vale. ¡Ella sola lo vale! Sin el pintoresco cuadro en que se presenta, sin acompañante alguno, sin coro, sin orquesta, sin decoración siquiera, […] Amalia triunfaría lo mismo. ¿Qué importa cuanto la rodea? Todo palidece al lado suyo” (ABC, 24-10-1925).

Amalia Molina en Nueva York (Heraldo de Madrid, 29-7-1929)

Amalia Molina en Nueva York (Heraldo de Madrid, 29-7-1929)

Aunque a la Molina le basta con su arte para llenar el escenario, en Nueva York se presenta arropada por un elenco de dieciocho músicos, cantantes y bailarines, que actúan bajo su dirección:

“Yo era la ‘head-line’, cabeza de línea, estrella de los grupos; pero conmigo venían catorce profesores de orquesta, especializados en la música española, que además de acompañarme, tocaban en los intermedios obras de Albéniz, Falla, Granados… Luego, dieciocho ‘girls’, perfectamente aleccionadas por mí, que bailaban, y manejaban los mantones de Manila con bastante desenvoltura […]. También venía un tenor, que preparaba mi presentación con una romanza, y un bailarín, que en algunos momentos me secundaba” (Mundo Gráfico, 18-9-1929).

Amalia, toda una celebridad en los Estados Unidos

Sólo unos meses después de su debut en los Estados Unidos, Amalia Molina se ha convertido en una persona muy popular, hasta el punto de ser requerida por la prensa de aquel país, a la que concede alguna entrevista. En agosto de 1925, la artista confiesa a The Philadelphia Inquirer sentirse muy feliz por “traer a América los bailes y cantesespañoles, que intenta mostrar tal y “como se dan realmente en España”, sin que el hecho de cantar en la lengua de Cervantes suponga ningún impedimento, pues “la frescura de su expresión lírica transmite que es una verdadera artista incluso para quienes no comprenden su lengua” (Variety, 22-9-1925).

Amalia Molina en Nueva Orleans (ABC, 26-6-1927)

Amalia Molina en Nueva Orleans (ABC, 26-6-1927)

Asimismo, Amalia ofrece algunos detalles sobre las piezas que componen su repertorio, y hace especial hincapié en la importancia de las castañuelas, que ella domina a la perfección:

“En el programa está la jota. Es un baile rápido en un compás de tres cuartos. El fandango de Andalucía va en un tiempo similar, pero lleva acompañamiento de guitarras, castañuelas y, a veces, de panderetas. Muchas personas asocian las castañuelas con el baile español y, de hecho, es típico bailar con el redoble de esas conchas de madera. No es fácil para el extranjero aprender a tocar las castañuelas y en nuestro país prestamos mucha atención a este instrumento, que probablemente sea de origen árabe” (The Philadelphia Inquirer, 13-8-1925).

Después de dos años en Norteamérica, Amalia se ha convertido en toda una institución en los Estados Unidos. Ha trabajado “en cuarenta y siete poblaciones distintas y en otros tantos teatros de primer orden” (ABC, 26-6-1927); ha grabado sus cantes y el sonido de su crótalos con la casa Columbia a cambio de un buen puñado de dólares; ha estado en Hollywood, donde ha llegado a trabajar con estrellas de la talla de Rodolfo Valentino; y continúan lloviéndole las ofertas, a cuál más ventajosa.

Amalia Molina con Rodolfo Valentino y Luis Solá (Estampa, 30-3-1935)

Amalia Molina con Rodolfo Valentino y Luis Solá (Estampa, 30-3-1935)

Algunas incluyen proposiciones un tanto indecentes, como solicitar la nacionalidad norteamericana o aligerar su vestuario. Como no podía ser de otra manera, la más castiza de nuestras artistas permanece fiel a sus valores:

“A nuestra Amalia, y con la oferta de un nuevo y fantástico contrato, de los que ya está ella acostumbrada a firmar, la invitaron a que renunciase a la ciudadanía española y pidiera los primeros papeles de la americana… Amalia no acabó de escuchar la invitación. Se puso de pie, roja de ira, y le gritó al oficioso proponente:

– ¿Pero usted pensó que yo podría vender mi alma por todos los dólares de esta tierra? […] ¿Venderme yo? ¡Vamos, hombre…!

El hombre no volvió a hablar más del asunto, y Amalia ha continuado triunfando, como siempre, en cuantos escenarios se presentó. […] Ni siquiera tuvo que abdicar como artista. No aceptó ni la menor imposición. […] Ella impuso el respeto a sus trajes castizos, para que no desentonaran nunca sus canciones clásicas, ¡y hubo que oírla cuando alguien se atrevió a indicarla que haría muy artístico efecto verla bailar sin medias…!

– Pero ¿por quién me han tomado? ¡Yo no necesito desnudarme para que me admiren! – exclamó indignada” (Blanco y Negro, 26-9-1926).

Triunfal regreso a la patria

En verano de 1929, tras actuar durante unos meses en el teatro Avenida de Buenos Aires, Amalia Molina regresa a España, más estrella y más millonaria que cuando se fue. Podría haber vuelto a la Gran Manzana, con otro estupendo contrato, pero en su Sevilla se ha inaugurado la Exposición Iberoamericana y para ella ésas son palabras mayores.

Amalia Molina en una 'españolada' en la que trabaja con Rodolfo Valentino (Estampa, 30-3-1935)

Amalia Molina, en una ‘españolada’, junto a Rodolfo Valentino (Estampa, 30-3-1935)

A su regreso, con la simpatía que la caracteriza y ese acento sevillano, que no pierde por muchos años que pase en el extranjero, Amalia relata a la prensa sus impresiones sobre Nueva York, una ciudad que la maravilla por su lujo, por la educación de su gente y, sobre todo, por el tamaño de sus edificios, que ella rebautiza con un nombre muy peculiar:

“- ¿Qué te parecieron aquellos edificios de cincuenta pisos?

– Pues, hijo, que si no fuera por los ansensores, empiesas a subí resién almorsao y cuando llegas al último tiés ganas de merendá. Ellos les llaman rascasielos; pero yo le dije a un extanjis de aquéllos: ‘Esto son rascanubes, porque rascasielos sólo hay uno que se llama la Giralda, y ése le tenemos en mi Sevilla’” (Heraldo de Madrid, 29-7-1929).

A pesar de su larga estancia en Norteamérica, Amalia no se lleva demasiado bien con el inglés, y ello da lugar a alguna que otra situación embarazosa, como la de aquel día que, después de realizar ingentes esfuerzos para hacerse entender por un fontanero, aquél resultó ser de Gijón. Sin embargo, éste no es problema cuando se trata de promocionarse:

“- ¿Cómo te presentabas en América?

– Pues mu sencillo. Decía en la radio: ‘Queridos oyentes: Amalia Molina en persona. Oleé, viva Sevilla, mi tierra querida, la más bonita der mundo. Después todo lo demás” (ABC de Sevilla, 7-7-1944).

Amalia Molina, junto a G. Martínez Sierra y Catalina Bárcena en el Wanamaker Auditorium (Blanco y Negro, 5-6-1927)

Amalia Molina, junto a G. Martínez Sierra y Catalina Bárcena en el Wanamaker Auditorium (Blanco y Negro, 5-6-1927)

La artista también recuerda con cariño la acogida del público, cuyos aplausos la hacían llorar de alegría, y hace referencia a una de las muchas fiestas a las que fue invitada durante su estancia en la Gran Manzana:

“A poco de debutar yo en Nueva York, llegó Ignacio Zuloaga. Y cuando dio en su honor una fiesta la millonaria mistress Maraffield yo fui la sorpresa del célebre pintor. Me presentaron en el salón vestida con un traje de maja con miriñaque de tisú de oro, la mantilla de encaje de oro, los sapatos de lentejuelas doradas y el abanico de plumas amarillas. Chiquillo, paresía yo talmente un ascua de oro. To el salón iluminao con luses de colores muy suaves, en malva y en rosa, y al entrar yo me echaron un foco blanco. Canté unas tonadillas y me aplaudieron mucho. Zuloaga se llevó una gran alegría” (Heraldo de Madrid, 29-7-1929).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (IX)

Goyescas en París

A finales de 1919, Amalia Molina debuta en París, y lo hace por la puerta grande. La artista sevillana forma parte del elenco de la obra Goyescas, que se estrena en la Gran Ópera de la capital francesa. La música es de Granados y el libreto, de Periquet. El pintor Ignacio Zuloaga se encarga de la escenografía y el diseño de vestuario.

Gran Ópera de París

Gran Ópera de París

Amalia, “al frente del cuadro de baile de aquel teatro, interpretará con su clásico estilo y auténtico sabor de la tierra un baile de candil, un fandanguillo y otras danzas populares”. Además, para aprovechar al máximo su estancia en París, la Molina compaginará este contrato con su presentación en “uno de los mejores ‘music halls’ del Bulevar”, con el lujo y el estilo al que nos tiene acostumbrados:

Amalia lleva un selectísimo repertorio de canciones y bailes regionales, que presentará con fastuoso boato de telones e indumentaria: escenógrafos y modistos trabajan febrilmente.

La cortina de la embocadura es de damasco verde malva y en el centro, recamado en seda y oro, va el escudo de España.

El escenario es un salón de estilo Renacimiento, con reproducciones de las obras pictóricas maestras de Velázquez y Goya, y en el fondo, abierto, aparecerán en forillos paisajes y lugares de España correspondientes a cada canción o baile” (El Liberal, 1-12-1919).

El estreno parisino de Goyescas tiene lugar el 16 de diciembre, con la asistencia de la Reina Victoria Eugenia de España y Presidente de la República Francesa, el Sr. Poincaré, así como otras altas personalidades de la política de ese país.

El pintor Ignacio Zuloaga

El pintor Ignacio Zuloaga

A pesar de la expectación despertada por la obra, su presentación no obtiene el éxito esperado. La crítica francesa se muestra decepcionada por la música, que al ser “transportada del piano a la escena y a la orquesta […] ha perdido tres cuartas partes de su seducción”, probablemente debido a la “instrumentación monótona, torpe y de un arte incompleto” (Le Figaro, 18-12-1919). (1)

Sin embargo, la prensa elogia la espléndida labor de Zuloaga y, entre todo el elenco, destaca el papel desempeñado por Amalia Molina, que se convierte en la gran triunfadora del espectáculo:

“La Srta. Amalia Molina -bailarina sevillana especialmente contratada para bailar un fandango en el segundo acto- ha causado sensación como tocadora de castañuelas” (Le Figaro, 18-12-1919).

“Lo que más ha gustado en París del estreno de Goyescas no ha sido la expresiva música de Granados […].

El ‘clou’, como dicen los franceses, de esta interesante y sentimentalespagnolade’, ha estado en las castañuelas con que la Amalia Molina acompaña una ilustración coreográfica -como dicen ahora- de la música de Granados.

Para estas castañuelas han sido los principales elogios” (La Correspondencia de España, 26-12-1919).

“… la aparición de Amalia Molina en Goyescas, indica que la Ópera de París se decide a representar, cuando el caso lo pida, en vez de las tradicionales bailarinas de academia, intérpretes genuinos del arte popular de su tierra. De Amalia Molina decía Faublas: ‘Perfecta y discretaVerdadero baile, casi no es teatro. ¡Qué ciencia, pero qué medida!’” (España, 8-1-1920).

La Reina Victoria Eugenia en 1920

La Reina Victoria Eugenia en 1920

Es tal el éxito de la artista sevillana, que la soberana española la hace subir al palco para felicitarla:

“… teniendo motivo de especial satisfacción Amalia Molina después del acto segundo, en que bailó con el estilo en ella clásico, por los efusivos elogios de la Reina, a la que saludó como al prototipo de las Reinas guapas, y al felicitarla S. M. y madame Poincaré y ver que alababan el magnífico mantón de Manila con que a modo de chal se adornaba, se lo ofreció a la Soberana, que le agradeció el generoso obsequio aunque sin aceptar el espontáneo ofrecimiento” (La Ilustración española y Americana, 22-1-1920).

Años más tarde, la bailaora rememora ese glorioso momento de su carrera:

Granados y Periquet me llevaron a la Ópera de París para interpretar la danza del candil, del segundo acto de Goyescas. Hizo mi presentación don Ignacio Zuloaga. Y asistió a ella la Reina doña Victoria Eugenia. ¡Qué éxito no tendría, que Mariano de Cavia dijo que yo hacía más patria con las castañuelas que muchos ministros de España” (ABC de Sevilla, 7-7-1944).

Amalia Molina (La Ilustración Española y Americana, 22-1-1920)

Amalia Molina (La Ilustración Española y Americana, 22-1-1920)

En febrero de 1920, una vez cumplido su compromiso con la Ópera, Amalia Molina pasa al Teatro Olympia, donde acaba de triunfar otra española, Raquel Meller. Durante cuatro semanas, con un caché de mil francos diarios, la artista de la Macarena sigue conquistando al público francés

“La famosa bailaora española Amalia Molina […] figura ahora en el programa del Olympia y constituye la atracción principal del espectáculo, interpretando con un talento pintoresco, a la vez brillante y expresivo, los bailes y los cantos regionales españoles de los que sigue siendo la creadora incomparable” (Le Ménestrel, 13-2-1920).

Incluso la prensa norteamericana se hace eco de sus éxitos:

Amalia Molina se sitúa a la cabeza entre las bailarinas españolas de este momento. Es pequeña, bonita y vivaracha, una mezcla de todo lo mejor de las bailarinas españolas del pasado” (Variety, febrero de 1920).

Londres – España -América

Tras su aventura parisina, Amalia viaja a Londres, para actuar en el teatro Palace y en el Chelsea. Después del verano regresa a España, aunque sólo por unos meses, pues en abril de 1921 la artista vuelve a cruzar el charco, esta vez con destino a Buenos Aires.

Teatro Palace, Londres

Teatro Palace, Londres

En la capital argentina permanece casi medio año. Hasta los papeles españoles llegan algunas noticias del paso de la Molina por tierras americanas, como la de su exitosa presentación en el Teatro Esmeralda de Buenos Aires, donde “tanto en los bailes como en las canciones, renovó sus grandes triunfos y fue aclamada con vivo entusiasmo” (La Voz, 16-7-1921).

“La Molina es una artista de verdad. Es superior a cuantas nos han visitado. Pone alma, mucha alma, en todas sus interpretaciones.

Canto unas ‘Trianerías’ que arrancaron aplausos cerrados, terminantes, de ésos que no se pueden evitar en ninguna forma. ¡Con decir que hasta algunos críticos de gabinete unieron sus manos en homenaje al arte de la debutante!

Y las canciones se repitieron y el público exigía más, siempre más, y complaciente la Molina, entonaba una y otra como si tal cosa, cual si se encontrase seducida por el entusiasmo que ella misma provocara.

Como final, se le reclamó una ‘saeta’ […], y en medio de un silencio religioso, el corazón de la artista se deshojó con mística amargura en los labios, y el público gustó así una de las más bellas emociones de arte superior” (ABC, 17-7-1921). (2)

Amalia Molina (Blanco y Negro, 18-12-1910)

Amalia Molina (Portada de Blanco y Negro, 18-12-1910)

Tras varios meses de éxitos en Buenos Aires, en septiembre de 1921 Amalia Molina continúa con su gira americana, que la lleva a países como Chile, Perú, Cuba o México. El diario ABC publica algunos pormenores de su estancia en el país andino:

“A la vez que Pastora bailaba y cantaba en el Colón, actuó en Viña del Mar, y en Valparaíso, en el teatro del Centro Español […], la graciosa y pizpireta Amalia Molina. Esta chica que es pura sal sevillana, se atrajo inmediatamente las simpatías del público, que la hizo objeto de cálidas ovaciones.

[…] ‘Si no fuera porque no puedo vivir mucho tiempo fuera de España, me quedaba en Valparaíso por todo el resto de mi vida, para demostrar a ustedes que sé querer de veras’. Amalia irá a Perú, a México, a Cuba” (ABC, 15-3-1922).

El Capitolio de La Habana

El Capitolio de La Habana

En primavera de 1923, la artista sevillana se presenta en Cuba. Como ya sucediera durante su anterior visita, Amalia conquista al público y a la prensa, que la colma de elogios:

“En el Capitolio de La Habana ha hecho su aparición la popular y genuina cancionista española, de la que dice el ‘Diario de la Marina’, comentando su brillante éxito:

‘Es una artista de carácter, una figura representativa que, en sus tonadillas y en sus ballets, presenta a la nación española en una de sus más espirituales formas de expresión, con una rara y hermosa sinceridad artística.

No es una improvisada cupletista ni una danzante de ocasión. Es una creadora de belleza en las canciones y en los bailes, y goza de universal renombre’” (ABC, 21-2-1913).

Unos meses más tarde, ya en tierras mexicanas, “la castiza y salada cupletista” vuelve a causar sensación, tanto en el teatro Virginia Fábregas como en el Casino. La siguiente etapa de su gira la lleva a los Estados Unidos.

NOTAS:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(2) Reproducción del texto publicado por un diario de Buenos Aires.


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (VIII)

A estas alturas de su carrera, Amalia Molina se ha convertido en lo que hoy podría considerarse una celebrity. Es muy admirada y respetada por el público, que no sólo se interesa por su faceta profesional, sino también por otros aspectos más personales de la artista.

Amalia Molina (Mundo Gráfico, 28-2-1912)

Amalia Molina (Mundo Gráfico, 28-2-1912)

Cada vez resulta más habitual ver su imagen en la portada de distintas publicaciones, y también empiezan a ser frecuentes las entrevistas y reportajes que nos permiten conocer un poco mejor a la mujer que se esconde tras ese traje de faralaes. A pesar de su juventud, la artista sevillana cuenta incluso con una biografía, publicada en 1916 por Arturo García Carraffa, con prólogo de los hermanos Álvarez Quintero. (1)

Amalia de cerca

En 1911, en la revista La hoja de parra, la Molina se autodefine de la siguiente manera:

“Soy andaluza, castizamente sevillana porque en Sevilla nací en un momento de provechosa expansión de mis padres, y en el espejo de las aguas del Guadalquivir reflejé mi cara por vez primera y advertí que si no era la belleza para la exportación, era graciosilla y un ángel […].

Me entusiasman las flores, las músicas de las briosas y marciales charangas, ver pasar la bandera y me gustan los dulces, que me piropeen los hombres al pasar, pero con equidad y aseo, que hay que distinguir” (20-5-1911).

Amalia en la Feria de Sevilla (Mundo Gráfico, 22-4-1914)

Amalia en la Feria de Sevilla (Mundo Gráfico, 22-4-1914)

Para profundizar en la personalidad de la artista, podemos acudir a otras publicaciones, que nos informan sobre sus preferencias musicales y literarias, así como sobre sus actividades favoritas para aquellos días -escasos, por otra parte- en que no trabaja:

“¿Sus gustos? El teatro, la música popular española; los toros la entretienen, pero la suerte de varas le parece brutal. Le gustan los caballos, los perros […] y los gatos, teniendo uno gris que es un ejemplar precioso. Como sevillana y como artista, siente predilección por el campo y las flores. Adora los viajes, en los que es muy detallista. La (sic) gusta vestir bien y siempre a la última moda, así como calzar de manera irreprochable. Prefiere el perfume intenso, pero en poca cantidad, y gusta de pocas amistades, pero buenas” (El Día de Toledo, 15-12-1917).

A pesar de su escasa formación, Amalia se muestra como una persona cultivada, conocedora de la música y la literatura española. No en vano, tiene la oportunidad de trabajar con algunos de los mejores compositores del momento; y escritores de prestigio, como los hermanos Álvarez Quintero, se cuentan entre sus amigos y admiradores.

Serafín y Joaquín Álvarez Quintero

Serafín y Joaquín Álvarez Quintero

“- ¿Por qué música siente usted predilección?
– Por la música popular española. Todo lo español es lo que más me gusta. No encuentro nada como lo nuestro.
– ¿Qué maestros le agradan más?
Chapí, Granados y Bretón.
– ¿Y de dramaturgos y poetas?
– El teatro de los hermanos Quintero me entusiasma por su gracia e intensa poesía y su exactísima pintura de la realidad. Son mis autores predilectos. También me gusta mucho el de Benavente, Rusiñol, Guimerá, Galdós y Echegaray.
De poetas prefiero a Gabriel y Galán y Rubén Darío” (Diario de Reus, 29-11-1918).

Viajera, curiosa y activa

Aunque pueda parecer extraño, en el caso de una mujer que se pasa la vida de un sitio a otro, sin apenas descanso entre actuación y actuación, y que a estas alturas de su vida se conoce la península Ibérica como la palma de su mano, Amalia no ha perdido el gusto por los viajes ni el interés por conocer nuevos lugares.

“- ¿Le gustan a usted mucho los viajes?
Mucho, y eso que ya podían irme cansando, pero no es así. Viajo además con el ojo abierto y el oído en escucha. Soy muy detallista. Las poblaciones y los paisajes despiertan en mí gran curiosidad. No soy de ésas que viajan en un baúl” (Diario de Reus, 29-11-1918).

Amalia Molina con el compositor Font de Anta (Nuevo Mundo, 18-10-1929)

Amalia Molina con el compositor Font de Anta (Nuevo Mundo, 18-10-1929)

El escaso tiempo libre de que dispone, la artista lo dedica a distintas actividades, entre las que ocupan un lugar importante el estudio y la preparación de sus espectáculos.

“Es mujer siempre ocupada y sumamente activa. En sus épocas de descanso, que son cortísimas, se levanta a las nueve de la mañana, y hecho el tocado, dirige las labores domésticas, y si antes de comer le queda tiempo, estudia las canciones que tiene en preparación. A las primeras horas de la tarde empiezan a acudir a su domicilio maestros y autores, y pasa el resto en aumentar el vestuario. Otras tardes, sale de paseo en coche, caminando a pie por las afueras, y todas las noches va al teatro” (El Día de Toledo, 15-12-1917).

La viva imagen de la felicidad

A finales de los años diez, Amalia Molina se declara satisfecha con su vida. En poco más de una década, aquella jovencita que un día dejó su Sevilla para conquistar España y el mundo se ha convertido en toda una estrella. Posee dinero, joyas, fama; se codea con la flor y nata de la cultura -toreros, pintores, literatos-; es muy querida y admirada. No le falta nada para ser feliz.

“Yo salí de allí como las chiquillas de la Alameda: con mi pañolito negro atado al talle y mi clavel muy tieso en el pelo, y ahora voy con brillantes como la Macarena. Y mucho orgullo que tengo de ello, sí, señó; que antes pasaba hambre, y ahora tengo pa comé toos los garbanso que quieo” (El Día, 22-8-1917).

Amalia Molina

Amalia Molina

Dios me concede cuanto le pido. Ya sabe usté que yo soy religiosa, sin mojigatería. Tengo gran salú, buen apetito, y, hasta por estar conforme lo estoy con mi estatura, con mi tipo y con mis carnes. Soy, francamente, como habría deseado ser. Así, puedo afirmar que todo cuanto he querío lo he lograo. Por eso canto con frecuencia esta copla:

Todo lo que intento logro;
no me quejo de mi estrella.
Yo no he intentado una cosa
que no me sarga con ella
(El Día de Toledo, 15-12-1917).

“No tengo una fortuna grande, pero poseo el capital suficiente para vivir bien, como a mí me gusta vivir; aunque mañana me retirase de la escena. En una palabra: tengo de sobra asegurado mi porvenir. Puedo satisfacer todos mis deseos, ver realisados todos mis caprichos y tener mi automóvil, mi casa en Sevilla, rodeada de un jardín lleno de pájaros y de flores” (Diario de Reus, 29-11-1918).

Como todas las artistas, Amalia Molina tiene su puntito de vanidad, y esa supuesta modestia que exhibe en algunas de sus declaraciones no le impide confesar cuánto gana ni presumir de sus joyas.

Cobra bien su trabajo. Cuando pasa de diez días el contrato, 300 pesetas diarias. Si es de cuatro o cinco días, 400; si sólo de dos, 500 cada uno, y si es de uno solo, un precio convencional, con los viajes en primera y la tonelada de equipaje a cargo de las empresas” (El Día de Toledo, 15-12-1917).

Amalia Molina con los Álvarez Quintero y La Bilbainita en la Feria de Sevilla

Amalia Molina con los Álvarez Quintero y La Bilbainita en la Feria de Sevilla

“- Y ahora ¿cuánto gana usted?
Trescientas o cuatrocientas pesetas por noche. Pero verdá, y soy la cancionista que más gano. Unas setenta y cinco mil pesetas al año, porque tengo todos mis contratos seguidos. Yo digo trescientas o cuatrocientas, y digo lo que es; que las hay que ponen una cosa en el contrato y cobran otra. Engañarse a una misma, ¡valiente primá!” (El Día, 22-8-1917).

“Uno de sus estuches encierra un magnífico juego de brillantes, formado por un collar, unos pendientes, una sortija y una pulsera, valuado todo en sesenta y cinco mil pesetas. Tiene otro juego de perlas y brillantes, otro de zafiros y brillantes, muchos anillos y variada colección de relojes, valuándose aproximadamente su capital en joyas en más de ciento veinticinco mil pesetas. ¡Una verdadera tontería!” (El Día de Toledo, 15-12-1917).

Su hombre ideal

En el terreno más personal, como muchas artistas de hoy en día, Amalia también habla a la prensa sobre el estado de su corazón y el tipo de hombre que prefiere:

“- Siempre me han gustao los hombres mu artos, mu grandes, y que me llevaran quinse o veinte años. Me gustaba sentirme mu chiquilla y mu débil junto a ellos… […]

En 1906 fui a trabajá ar Kursaal de la calle Tetuán, donde ahora está el Cine Madrid, y en cuya empresa figuraba el que hoy es mi marido. Me hiso el amor. […] ¡Me paresió mu bien! ¡Pues poco guapo que estaba mi marido entonses! Y que estaba rabiando por arruinarse conmigo” (Estampa, 24-12-1932).

Amalia Molina en la fiesta del Centro Artístico (La Unión Ilustrada, 4-7-1915)

Amalia Molina en la fiesta del Centro Artístico (La Unión Ilustrada, 4-7-1915)

Sin embargo, a pesar de la actitud sumisa que se desprende de algunas de sus declaraciones, la artista no duda en criticar ciertas actitudes propias del sexo masculino:

No soy feminista en el sentido invasor de la palabra […] creo que los hombres son muy vanidosos y bastante egoístas. Pretenden la exclusiva de la mujer que aman, sin que a cambio de este privilegio hagan la menor concesión en sus costumbres ni en la desgravación de su conducta. Al contrario, mientras los angelitos se divierten y gozan de la vida sin el más pequeño remordimiento, exigen los tiranos que nos estemos quietecitas en casa, sin ver ni hablar a nadie y algunos hasta se incomodan si nos metemos en la cama sin esperarles” (La hoja de parra, 20-5-1911).


NOTA:

(1) GARCÍA CARRAFFA, Arturo, Cancionistas y bailarinas españolas. Amalia Molina, Madrid, Imprenta artística Sáez Hermanos, 1916.