Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Trinidad «La Cuenca», una estrella de fama internacional (y V)

La Cuenca en la Gran Manzana

Tras esta primera estancia en Cuba, el siguiente destino de Trinidad Cuenca será Nueva York. Allí la sitúa la prensa norteamericana entre los meses de junio y agosto de 1888. Sobre este viaje también nos da su versión M. B. Leavitt, quien nos cuenta que, tras cancelar su contrato con él en México, la artista española marchó a La Habana, desde donde reclamó la ayuda del empresario:

La Cuenca también rompió su compromiso conmigo, tras curar su corazón herido de la manera más habitual en tales circunstancias, y se dirigió a Centroamérica. La siguiente noticia que tuve de ella fue que estaba en La Habana, sin un penique y gravemente enferma. Me rogó que la llevara a Nueva York y le diera una oportunidad para demostrarme cuánto sentía su conducta en México, y al mismo tiempo, ganar suficiente dinero para devolverme la considerable cantidad que me debía.

Le envié la cantidad necesaria para pagar sus facturas en La Habana y su billete a Nueva York, donde apareció, por fin, una mujer arrepentida y muy cambiada, pero sin la chispa y la gracia de sus primeros años. Le arreglé un contrato para el verano con Edward E. Bice, en Manhattan Beach, para cantar y bailar, con imitaciones de corridas de toros […]”. (1)

Trinidad Huertas, La CuencaTrinidad Huertas, La Cuenca

Según la prensa estadounidense, Trinidad Cuenca debutó en Nueva York el 2 de julio de 1888, en la sala de conciertos Koster & Bial’s. Durante los días previos a su presentación, varios diarios anuncian el evento, y se refieren a ella como bailarina y torera, no sólo de astados fingidos sino también de carne y hueso:

La Cuenca, la celebrada bailarina y torera, hará su primera aparición en este país el lunes por la noche en la sala de conciertos Koster & Bial’s. La Cuenca no sólo ha toreado astados de imitación en el escenario, sino que a menudo se ha enfrentado a ejemplares de verdad sobre la arena, y ahora luce una fea herida en la garganta, que le recuerda uno de sus encuentros, además de un broche de diamantes que le regaló la reina de España como reconocimiento a su valentía. Bailará el lunes por la noche ‘El Tapateado‘ (sic) y ‘El Bolero‘” (The New York Times, 29-6-1888).

La Cuenca, la bailarina y torera española, se verá por primera vez en esta ciudad en Koster & Bial’s esta noche. ‘Sólo es una pequeña mujer‘, se dice, ‘pero sus rápidos movimientos y el brillo de sus ojos muestran lo peligrosa que será como oponente en la lucha”. […] Parece que tiene una fea herida en la garganta como recuerdo de uno de sus enfrentamientos, y que no sólo se ha visto inmersa en corridas de toros de imitación, sino también en corridas reales. Por tanto, se dice que La Cuenca posee un broche de diamantes de 60.000 francos, regalo de la reina de España” (The Evening World, 2-7-1888).

La prensa neoyorquina coincide en destacar la novedad del espectáculo, así como la gracia y atractivo de su protagonista que, a pesar de lo que indica Leavitt en sus memorias, parece no haber perdido un ápice de su encanto y, como ya hiciera en París, México y La Habana, vuelve a cautivar al público con sus bailes. Justo después del estreno, las críticas se muestran bastante favorables.

Sala de conciertos Koster & Bial's (Imagen: colección de la Biblioteca Pública de N. Y.)Sala de conciertos Koster & Bial’s (Imagen: colección de la Biblioteca Pública de N. Y.)

De entre todas las crónicas y reseñas que se publican en esos días, seleccionamos las que nos parecen más interesantes:

“UNA NUEVA BAILARINA ESPAÑOLA. La cuenca, una joven y hermosa dama española, fue anoche la atracción especial de la sala de conciertos Koster & Bial’s. Apareció en dos actuaciones. La primera se titulaba ‘La Zapateado‘ (sic), un baile local. Iba vestida con un elegante y ceñido traje que resaltaba su esbelta figura. En la cabeza llevaba un gracioso sombrero negro, como una especie de boina, que estaba coquetamente inclinado hacia un lado. En los pies calzaba unas botas altas. Mostró gracia y agilidad decididas, y causó una buena impresión. Más tarde, esa misma noche, tomó parte en la representación de una ficticia corrida de toros, en la que misma ella interpretaba al vaquero. Tras la entrada triunfal del desfile, salió el torero al galope sobre un caballo, la agitación de la tela roja para enfurecer al toro, la carga, el desmonte, el toreo a pie y la derrota final del toro -todo esto con la excepción de que no había ni caballo ni toro. La Señorita demostraba inteligencia, y parecía hacerlo tan en serio que lograba mantener la ilusión bastante bien. Fue aplaudida con mucho entusiasmo y recibió varios ramos de flores de sus admiradores […]” (The New York Times, 3-7-1888).

“La pequeña bailarina española, llamada en el programa La Cuenca, apareció en Koster & Bial’s anoche, y en seguida se hizo famosa. La Cuenca bailó con gracia, e hizo una imitación extremadamente realista de los métodos de un torero. La cicatriz, que se dice que recibió durante un combate real, era claramente visible en su blanca y delicada garganta” (The Evening World, 3-7-1888).

La Cuenca. En Koster & Bial’s Garden anoche apareció La Cuenca, anunciada como una torera española real. Salió al escenario con cinco ayudantes, y bailó una animada pantomima, en la que cargaba y se apartaba de la bandera roja, y se acompañaba de la pica. Fue derribada y malherida, pero la ayudaron a levantarse y tras un valiente discurso y un gesto español muy extravagante, despachó al toro imaginario con una espada. Todo esto gustó tanto a los espectadores, que tuvo que ser repetido, incluso la entrada triunfal. El estilo de baile es completamente nuevo para los ojos de los neoyorquinos. La Cuenca iba vestida con medias verdes y una capa negra de terciopelo, con una faja azul oscura alrededor de la cintura. Con sus ojos negros, y su pelo y su tez morena, parecía una auténtica española, a pesar de las dudas que haya podido suscitar su pericia sobre la arena” (The Sun, 3-7-1888).

“El peculiar estilo del baile de La Cuenca es completamente nuevo en la ciudad. No se puede evitar admirar a esta pequeña mujer. Su pequeña figura en un momento se mueve con gracia de un lado a otro; luego da una vuelta, y con el brillo de sus ojos y las animadas notas de la orquesta, acompañadas por el sonido de las castañuelas y los címbalos, culmina un baile que sólo la sangre española es capaz de realizar” (The Sun, 15-7-1888).

Nueva York (Imagen: AP / Archivos Municipales de la Ciudad de Nueva York)Nueva York (Imagen: AP / Archivos Municipales de la Ciudad de Nueva York)

A principios del mes de agosto, los bailes de Trinidad Cuenca no sólo seguían encandilando al público de la Gran Manzana, sino que su fama había recorrido los Estados Unidos de punta a punta, a juzgar por lo que publica el Arizona weekly citizen de Tucson, que no escatima en elogios para el ya célebre espectáculo:

“La única atracción que en estos momentos está causando sensación entre las diversiones de Nueva York es una bailarina española en una gran sala de conciertos. Se llama ‘La Cuenca‘, y si por casualidad hubiera hecho su debut metropolitano en el ballet de la ópera alemana durante la temporada, es fácil imaginar que causaría tanto furor entre las filas de los ‘cuatrocientos’ y sus satélites como ha causado entre la clase cuya experiencia de verano en la costa no va más allá de Coney Island o Rockaway, y cuyo entretenimiento nocturno consiste en dar tragos a la espumosa ‘Pilsener’ mientras escuchan las canciones de las divas de los conciertos al aire libre.

La Cuenca‘ es fácilmente la mayor carta que los gerentes de este tipo de entretenimiento han presentado en los últimos años. Es una mujer muy pequeña, de figura ligera y ágil, con músculos de acero, y su gran baile es el retrato de una corrida de toros española. Ella representa a un torero muy pequeño y delgado cuando, con la música de las mandolinas y castañuelas españolas, y el rítmico batir de la palmas, desfila sobre el escenario equipada para la corrida de toros. Entonces, agita la roja muleta para atraer al toro; su cimbreante figura salta primero hacia un lado y luego hacia el otro, mientras baila delante del toro imaginario.

Casi se puede ver cómo el animal furioso viene y carga contra ella desde detrás del escenario. ¡Y cómo rodarían las mesas y los vasos de cerveza si de verdad lo hiciera! Sin embargo, el temor al peligro desaparece cuando La Cuenca saca una espada de Toledo y, al ver su oportunidad, se la clava al monstruo desde el hombro hasta el corazón, y ejecuta luego un baile triunfal sobre el supuesto cadáver. Se trata ciertamente de un espectáculo fascinante, y sólo un poco menos excitante que una auténtica corrida de toros de España o México” (4-8-1888).

Nueva York – París – La Habana

Según M. B. Leavitt, después de actuar en Nueva York durante una o dos semanas, Trinidad Cuenca volvió a hacer las maletas y regresó a La Habana, donde más tarde enfermó y murió. Sin embargo, después de su aventura neoyorquina, la polifacética artista aún tuvo tiempo de regresar, una vez más a París, donde aún resonaban los ecos de sus triunfos de antaño.

En marzo de 1889, Le Figaro informa sobre el reestreno del espectáculo La Feria de Sevilla, que vuelve a representarse en el Nuevo Circo de París. Aunque el elenco no es el mismo que viajó a la capital francesa en 1887, La Cuenca sigue siendo una de sus atracciones principales:

“Esta noche he vuelto a ver La Feria de Sevilla, y he experimentado el mismo placer que hace dos años. ¿Es realmente un reestreno? En su flamante nuevo reparto, este espectáculo tiene un cierto regusto de inédito, de nunca visto. Ostaza sigue dirigiendo la estudiantina, pero ha reforzado su banda de virtuosos. El nuevo solista, José Martínez, no deja que añoremos a Groo. ¿Pensamos en las pequeñas bailarinas de antaño cuando miramos las lindas caritas y las gracias exquisitas de Pepita, de Encarnación y de Clotilde? Confieso que a La Cuenca la había echado de menos. Pero ella sigue estando allí, La Cuenca, con sus movimientos lascivos de cadera y sus caras provocativas… Todo está saliendo a pedir de boca.

Por muy bien ordenadas que estén las corridas de toros que prometen regalarnos para la Exposición Universal, dudo que puedan aguantar la comparación con la corrida del Nuevo Circo” (22-3-1889).

Vista de ParísVista de París

Meses más tarde, en otro local parisino, Trinidad Cuenca vuelve a cosechar éxitos con un nuevo espectáculo. La prensa nos desvela, además, una nueva faceta de la artista, la de profesora de baile de la actriz Jeanne Granier:

“Todo el mundo conoce la revista Paris-Exposition, donde la Srta. J. Granier baila los pasos de la Macarrona. Gracias a las buenas lecciones de la señorita Cuenca, la Srta. J. Granier ha alcanzado la perfección en este baile español. Anoche, en las Montañas Rusas, estreno de Un baile de gitanos, por la señorita Cuenca; esta diversión tan atractiva obtuvo un gran éxito ante una sala llena. No dudamos que este nuevo ballet se mantendrá en cartel durante mucho tiempo” (Le Figaro, 11-12-1889).

A través del mismo diario sabemos que, en enero de 1890, Trinidad Cuenca sigue en París, al frente del ballet de las Montañas Rusas, cuyo elenco se une al del Gato Negro:

“Un pequeño y pintoresco detalle del Baile de los oficiales en la Ópera:
Sabemos que las cantinas militares serán tomadas por cuarenta de nuestros más guapos aristas parisinos; el bar de la Ópera y el de la Ópera Cómica serán atendidos por bailarinas de los cuerpos de baile. Casi todos los teatros tienen el suyo; pero el bar del Gato Negro merece una mención especial: al personal de la casa se unen las cuatro bellas andaluzas de las Montañas Rusas, y la capataz de esta cuadrilla no es otra que La Cuenca, la célebre bailarina que ha enseñado a Jeanne Granier su famoso baile de la Macarrona” (10-1-1890).

La actriz Jeanne GranierLa actriz Jeanne Granier

Ésta es la última referencia periodística que encontramos sobre Trinidad Cuenca, cuyo fallecimiento ha sido documentado por José Luis Ortiz Nuevo en La Habana, en ese mismo año de 1890. Su existencia fue corta, pero vivió muy deprisa. La genial bailaora dejaba tras de sí una larga estela de triunfos a ambos lados del Atlántico y grandes innovaciones en el baile de mujer. Treinta y pocos años le bastaron para escribir su nombre con letras de oro en los anales de la historia flamenca.

NOTA:
(1) La traducción de todos los textos de periódicos y libros extranjeros es nuestra.


Trinidad «La Cuenca», una estrella de fama internacional (IV)

Un episodio de rivalidad entre artistas

A estas alturas de su carrera, tras haber conquistado París, y con el público mexicano en el bolsillo, los méritos de Trinidad Cuenca están fuera de toda duda. Tras poco más de dos semanas en Ciudad de México, la bailaora malagueña ha superado con creces todas las expectativas y se ha convertido en una auténtica diva, tanto en el buen como en el mal sentido del término. De hecho, además de difundir sus éxitos y elogiar sus dotes artísticas, la prensa también se hace eco de un episodio violento, protagonizado por La Cuenca y su compañera de cartel, y originado por los celos profesionales de esta última. El diario The Two Republics nos lo refiere así:

“LAS RIVALES

Una obra que hace sangre en el Principal.

[…] el colmo de los infortunios llegó con la inmensa popularidad de Madame Trinidad Cuenca. ¡Una torera!, ¡una bailarina que se llevaba todos los vivas y aplausos que D’Escazos piensa que deberían ser sólo para ella!

Esto era demasiado.

Así, la rivalidad y el rencor entre las dos señoras ha ido creciendo en intensidad hasta que el miércoles a mediodía rompió todos los límites. Parece que el martes por la noche, unos minutos antes de que Trinidad tuviese que salir al escenario, descubrió que a su guitarra le faltaban todas las cuerdas. Rápidamente se compraron otras nuevas y la señora cumplió su compromiso con el éxito habitual. Cuando las dos pelirrojas se encontraron al día siguiente en el hall del teatro, comenzó una guerra dialéctica; Trinidad, con valentía, acusó a María de haber robado las cuerdas de su guitarra, con la esperanza de que el robo no fuese notado hasta que la primera estuviese bajo los focos, cuando su fracaso al evocar los acordes clásicos haría que fuese abucheada por el público que antes la había aplaudido con locura. María negó firmemente la acusación. […]

Durante unos minutos los empresarios consiguieron calmar las mentes de las enfurecidas mujeres, cuando, mira por dónde, los maridos de las dos rivales aparecieron en el escenario. […] Monsieur d’Escazos recibió un fuerte golpe en la cabeza, que le propinó el Señor Cuenca con un bastón” (7-10-1887). (1)

La Cuenca (dcha.) junto a La CoquineraLa Cuenca (dcha.) junto a La Coquinera

La disputa se saldó con la pareja d’Escazos detenida, el novio de la Cuenca en paradero desconocido y esta última recluida en su habitación. Además, según el mencionado diario, la policía del distrito prohibió las representaciones por miedo a nuevos disturbios; y ello ocasionó al Sr. Leavitt pérdidas económicas por valor de unos 1.500 dólares. En sus memorias, el empresario ofrece su propia versión sobre el incidente:

“Un periódico escribió con entusiasmo que se habían producido dos conquistas de México, la primera por parte de Cortés y la segunda por la Cuenca. Era obsequiada, agasajada y tratada como una auténtica reina, circunstancia ésta que no contribuía a la compostura de la maga, quien sentía que su fama estaba siendo eclipsada. Una noche, en el Café San Carlos, que estaba abarrotado de comensales, la Sra. d’Escozas era el centro del grupo en una mesa, mientras que, en otra, la Cuenca estaba rodeada por una multitud de admiradores. Empezaron a lanzarse cumplidos de dudoso carácter de una mesa a otra, y la escena llegó a su punto álgido cuando el acompañante español de mi torera se levantó con una botella de champán en la mano y golpeó vigorosamente la cabeza del Sr. Fleuron [el acompañante de d’Escozas]. […] Las autoridades inmediatamente lo deportaron de México”.

Sin embargo, estos hechos no debieron de sorprender al Sr. Leavitt, que ya tenía calado al novio de la Cuenca desde la primera vez que lo vio, según él mismo nos cuenta:

“Cuando mi torera y mi agente llegaron de la estación de tren, y pararon delante de mi hotel, el Chatham, observé que el vehículo también contenía a un español de aspecto grande y llamativo. En seguida imaginé, no sólo la relación que había entre él y la Cuenca, sino también que me esperaban problemas. Sin embargo, acordamos que el español no iría a México, ya que sólo había venido hasta París con su amada para asegurarse de que le ofrecíamos un trato justo. Firmé un contrato con la torera y una de sus condiciones era que viajaría sola. […]
En el último momento, como esperaba, apareció el caballero español y su enamorada se negó a hacer el viaje sin él, así que, por fuerza, vino con nosotros”.

Es más, el empresario también intuía que podían saltar chispas entre sus dos estrellas. No en vano, las hizo viajar por separado y, cuando supo que la Sra. d’Escazos había llegado a México acompañada de su amante francés, tuvo claro que la situación se complicaba por momentos.

La Cuenca sigue triunfando en México

A pesar del incidente entre las dos divas y sus respectivos acompañantes, el día 8 de octubre vuelven a anunciarse juntas en el Teatro Principal, y unos días más tarde el diario La Patria informa sobre su próximo debut en Veracruz.

Vista de VeracruzVista de Veracruz

Sin embargo, a partir del 14 de octubre, Trinidad Cuenca vuelve a presentarse en el Teatro Principal de Ciudad de México, donde recibe “grandes ovaciones” por su representación de “una corrida de toros donde pueden asistir las señoras y las niñas, pues no hay caballos muertos ni toro embolado” (Le Trait d’Union, 14-10-1887). María d’Escazos se ha caído del cartel, en el que ahora figura el actor Manuel Segarra.

El programa consta de los siguientes números:
“1º Obertura por la orquesta.
2º La zarzuela en un acto: TOREAR POR LO FINO.
BAILE FLAMENCO por la Srita. TRINIDAD CUENCA.
4º La preciosa comedia: UN ZAPATERO TENOR.
5º GRAN CORRIDA DE TOROS! – La novedad del día! – Graciosa pantomima ejecutada 200 veces en París por Trinidad Cuenca.
Sobresaliente de espada, Caricaburo (el buen mozo).
Banderilleros: Juan de Mastis y Pepe Cornu.
Picadores: Calderón padre y Calderón hijo.
El único toro que se lidiará, apartado de la acreditada ganadería del marqués de la Trampa, vecino de Sevilla y de mucho peso, será picado, banderillado y muerto al compás de las guitarras por la más guapa de las bailarinas españolas, la primera torera de las plazas de España, la aplaudida TRINIDAD CUENCA” (Le Trait d’Union, 16-10-1887).

Vista de Ciudad de MéxicoVista de Ciudad de México

El renovado espectáculo continúa cosechando éxitos, y la prensa no para de ensalzar las virtudes de la artista, que se ha convertido en el fenómeno de la temporada, a juzgar por críticas como la siguiente:

“¡Viva la sangre torera!
Trinidad Cuenca, diestra bailarina y bailarina diestro, conquista más admiradores en cada representación, y convierte al pacífico y anciano Principal, en ruidosa plaza de toros.

Tiene la rara virtud de viajar con un trozo de Andalucía que da a conocer con su peligroso baile, durante el cual, el que menos larga un ole casi con la misma propiedad que un ruso.

La gente de coleta ha entrado en un periodo de adoración y de aprendizaje, porque a decir de los inteligentes, es maravillosa la pericia con que ejecuta su imaginaria lidia.

Le han encontrado dos semejanzas. Tocando la guitarra, al Curro Cúchares y toreando, a Frascuelo.

Ambos personajes han representado importantes papeles en la historia del Madrid contemporáneo; entre otros, haber servido de inconscientes modelos para que la Cuenca se convirtiera en notabilidad.

Porque no cabe duda que es notable. Nada importa que en cuestión de baile flamenco, no rayamos a gran altura; lo que indica que lo comprendemos es que, a medida que la bailarina comienza sus voluptuosas ondulaciones, no hay un solo espectador que deje de mirar al palco escénico, creciendo su interés por grados hasta llegar al delirio cuando aquella concluye lanzando una mirada enradadera y una sonrisa en pecado mortal. […]

La primera vez que se va al Principal, prevenido por todo lo que se dice, al ver el baile se siente uno realmente enfermo -ha habido ya quien se accidente- y no se escucha más que el menudo taconeo de la flamenca que al notar casi sin aliento a los espectadores, ríe con refinada malicia segura del triunfo de su diabólico específico.

Las caras de los concurrentes semejan las de los exploradores de los desiertos africanos. El gas produce insolaciones y los más entusiastas acusan todos los síntomas de la hidrofobia.

Por eso se comprende que al concluir grite todo el mundo, oyéndose desde el viva tu madre que electriza a los españoles, hasta el de agua que algunos lanzan en moribundo tono. […]” (El Diario del Hogar, 16-10-1887).

Curro CúcharesCurro Cúchares

Unos días más tarde, se celebra una función benéfica a favor de Trinidad Cuenca, en la que toman parte los diestros Manuel Díaz Lavy “el Habanero” y Francisco JiménezRebujina”. El lleno es absoluto y el público se vuelca con la Cuenca, que decide permanecer unos días más en el Teatro Principal.

De México a La Habana

Poco después, la artista rompe su contrato con Leavitt y abandona México. Unas semanas más tarde, el cubano Diario de la Marina (2) la sitúa en el Teatro Cervantes de La Habana. Allí debuta a mediados de diciembre, con el espectáculo que tanta fama y notoriedad le ha dado a ambos lados del Atlántico:

Trinidad Huertas ‘Cuenca’, la toreadora española en carácter, que ha bailado en los principales teatros de España, Francia, Estados Unidos, México; distinguida y célebre bailadora de flamenco, y excelente tocadora de guitarra, debutará el próximo lunes en el Teatro Cervantes.

La Cuenca es una mujer agraciada, con una fisonomía móvil y ojos sumamente expresivos. De pequeña estatura, con un talle esbelto y flexible. Lleva con mucho donaire el traje de hombre, y sus posiciones son estéticas.

Sus bailes llaman la atención por su originalidad y por la gracia con que los ejecuta, y mientras ella está en escena tiene subyugado al auditorio que sigue con admiración las ondulaciones de su cuerpo y el movimiento de sus pequeños pies.

Hay naturalezas que nacen dispuestas al arte y a éstas pertenece la hermosa malagueña Cuenca. El arte escénico lo lleva en sí, y lo mismo tiene todos los atractivos de una cándida vestal, que la traviesa y retozona coquetería de una chula.

La Cuenca es una notabilidad en su género, y aconsejamos a nuestros lectores no dejen de asistir a alguna función en el Teatro Cervantes para admirar su gracia y habilidad” (16-12-1887).

Vista de La HabanaVista de La Habana

En febrero del año siguiente, en el mismo teatro, tiene lugar una función benéfica dedicada a La Cuenca, que, además de su baile del torero, se marca un “Vito” y muestra sus dotes como guitarrista tocando por malagueñas.

Teatro de Cervantes. Para mañana anuncian en este teatro el beneficio de la célebre bailadora de flamenco Sra. Trinidad Cuenca Dadas las simpatías que goza la Sra. Cuenca y el variado y escogido programa que ha combinado, no dudamos sea una de las mejores funciones que se han dado en esta temporada. He aquí el programa:

A las 8, la bellísima zarzuela en un acto y en verso titulada ‘En las astas del toro’. La beneficiada bailará la tan aplaudida Corrida de toros.

A las 9, la preciosa zarzuela en un acto y en prosa ‘Las niñas de Écija’; en este intermedio la beneficiada bailará el tan popular como aplaudido baile andaluz El Vito, cantado por la Sra. Carmona.

A las 10, octava representación de la revista de actualidades cómico-lírica en un acto y tres cuadros Garabato. El Sr. Benach, en obsequio a la beneficiada, cantará unas preciosas malagueñas acompañadas a la guitarra por aquélla” (Diario de la Marina, 29-2-1888).

NOTA:
(1) La traducción de todos los textos de periódicos extranjeros es nuestra.

(2) Referencias localizadas en Cuba por José Luis Ortiz Nuevo.


Trinidad «La Cuenca», una estrella de fama internacional (III)

Unos meses después de su segunda aventura parisina, volvemos a encontrar el rastro de Trinidad Cuenca en tierras mexicanas, adonde ha llegado de la mano de Michael Bennett Leavitt, uno de los empresarios del Teatro Principal de Ciudad de México.

Allí debuta el 24 de septiembre de 1887, junto a la prestidigitadora María d’Escozas. El Sr. Leavitt ofrecerá interesantes detalles en su obra autobiográfica Fifty Years in Theatrical Management, publicada en 1912. Así, por ejemplo, nos cuenta cómo surgió la idea de contratar a la artista, y nos revela una nueva faceta de Trinidad, la de guitarrista:

“Al mismo tiempo, se me ocurrió que si pudiera encontrar a una torera, podría presentar en México una atracción realmente sensacional. Mi agente francés recordaba que tal artista había estado contratada, con gran éxito, en el Nuevo Circo de París, y había regresado a Sevilla, donde él creía que estaba actuando en un circo. Inmediatamente, lo envié a buscar a esa mujer, que se llamaba Trinidad Cuenca, y que, además de sus hazañas con toros mansos, era una espléndida bailadora de tangos, y probablemente la mejor guitarrista del mundo. Era, también, una consumada intérprete de las canciones de Sevilla”.

Michael Bennett LeavittMichael Bennett Leavitt

Según el relato de Leavitt, su agente no tardó en encontrar y contratar a La Cuenca, que unos días más tarde se reunía con él en París, desde donde pusieron rumbo al país latinoamericano, con escala en Nueva York.

La conquista de México

En México, la expectación era máxima, a juzgar por el modo en que la prensa presenta a las dos artistas, que llegan avaladas por los grandes éxitos de su etapa parisina:

“El sábado 24 del corriente harán su début […] la célebre prestidigitadora María D’Escazos y la acreditada bailarina Srita. Trinidad Cuenca, quienes han dado, según se dice, doscientas representaciones en París” (El Siglo Diez y Nueve, 22-9-1887).

“El director del Principal, el simpático M. Soots, espera hoy por el ferrocarril central a dos artistas que han causado furor en París durante el pasado mes de julio. Esas dos artistas son: María d’Escarzos, la célebre prestidigitadora, y Trinidad Cuenca, una bailarina excéntrica del mayor mérito” (Le trait d’union, 23-9-1887). (1)

“Doña María d’Escazos en su traje original andaluz ejecutará maravillosas suertes de alta prestidigitación, nigromancia e ilusión. En los entreactos la célebre primera bailarina española Trinidad Cuenca bailará diferentes danzas, introduciendo el especial baile ‘La Toreadora‘, en la que se hace acreedora a grandes ovaciones” (El Tiempo, 25-9-1887).

“Anoche deben haberse presentado por primera vez en el teatro Principal dos notabilidades en sus respectivos géneros: la célebre hechicera María d’Escazos, y la famosa bailarina Trinidad Cuenca. Las dos entusiasmaron últimamente al público de París en el teatro Eden, y nos dicen que son verdaderamente extraordinarias; la d’Escozas en sus juegos de magia y la Cuenca con su ligereza y gracia, habiendo ella enloquecido a los parisienses en el baile llamado en París La Toreadora. No dudamos de que el teatro Principal estaría anoche lleno de bote en bote y que las dos nuevas artistas españolas habrán entusiasmado al público mexicano con su habilidad” (El Diario del Hogar, 25-9-1887).

Tras el estreno del espectáculo, los diarios mexicanos se deshacen en elogios para las dos artistas, especialmente para Trinidad Cuenca, que provoca una auténtica revolución con su baile del torero.

“Quienes frecuentaron el teatro Principal el pasado sábado por la noche, aunque pocos en número, fueron obsequiados con una auténtica novedad gracias a la agilidad de Madame Trinidad Cuenca, una brillante y joven señorita española de unas veinte primaveras, que interpretó para el deleite de sus espectadores una corrida perfecta (pero sin el toro). Madame Cuenca es una matadora típica de Andalucía y sus habilidades para el baile hicieron brotar muchos bravos del satisfecho auditorio” (The Two Republics, 27-9-1887).

Trinidad Cuenca. La bailarina española de este nombre, que hizo su estreno en el Teatro Principal la noche del sábado último, ha trastornado la cabeza de más de cuatro espectadores […] con un rasgueo flamenco en la guitarra y su baile resalao” (El Diario del Hogar, 28-9-1887).

Trinidad Cuenca.- La resalaa maja que baila con gracia inusitada en el salón del antiguo coliseo trae trastornado el seso a la goma que va a contemplar sus graciosas piruetas.

El jueves en la noche dos o tres pollos se desmayaron de puro entusiasmo a la hora suprema del baile” (El Diario del Hogar, 1-10-1887).

Trinidad la Cuenca, vestida de toreroTrinidad la Cuenca, vestida de torero

Tal es la novedad del espectáculo, tanto gusta en México el baile de la Cuenca, que la artista se ve obligada a repetirlo una y otra vez, ante la insistencia de un público enfervorecido.

Trinidad Cuenca es una española neta que redobla jotas y sonecillos madrileños sobre una tarima como pudiera hacerlo un hábil tamborilero sobre su tambor. Además, rasguea la guitarra con una elegancia y una gracia enteramente andaluzas.

La especialidad de Trinidad Cuenca […] es un baile que se llama El Toreador, en el cual finge hacer las suertes de capa, pica, banderillas y muerte. Ejecútalo, en efecto, con mucha gracia; pero como en dándole a nuestro público de lado de los toros pierde los estribos y la cabeza, todo fue que la Cuenca hiciera su gracia cuando el muy respetable comenzó a gritar ‘Toroooo! Toroooo! Torooo!’

Y fue gritar y gritar hasta que la pobre bailarina tuvo que ceder y darle otro toro, aunque fuera de mentiras” (El Nacional, 27-9-1887).

Trinidad Cuenca […] vuelve loco al público con sus bailes españoles, toca la guitarra con una gracia y un desenfado enteramente flamencos, y entusiasma a los espectadores bailando el toreador, y volviendo al bailarlo cada vez que el público grita estrepitosamente toroo, toroo, ni más ni menos que si estuviera en la mismísima plaza del Paseo de Colón” (El Tiempo, 29-9-1887).

A principios de octubre, la prensa anuncia las últimas representaciones de la singular “corrida de toros de Trinidad Cuenca”. El espectáculo es bastante similar al que la artista protagonizaba en París. Así lo describe El Diario del Hogar:

“Apareció Trinidad Cuenca vestida de hombre, llevando el traje andaluz, y bailó sobre una plataforma un baile característico que ejecutó con una gracia indescriptible, entusiasmando al público, y teniendo que repetirlo entre ruidosos aplausos. […]

Terminada la magia blanca tuvimos la gran atracción de la noche. Se levantó el telón; la escena representaba una plaza de toros, estando allí las manolas y los curros. La música tocó la canción del torero de Carmen, y Trinidad Cuenca salió con la cuadrilla y, siempre bailando, ejecutó de la manera más graciosa todo lo que se hace en una corrida; capeando, imitando a los picadores y a los caballos; banderilleando, brindando y matando al toro.

La bailarina española nos encantó con su gran habilidad y entusiasmó al público que la aplaudió frenéticamente, pidiéndole la repetición del baile.

Trinidad Cuenca es una mujer agraciada con una fisonomía móvil y ojos sumamente expresivos. De pequeña estatura, con un talle esbelto y flexible. Lleva con mucho donaire el traje de hombre y sus posturas son muy estéticas.

Sus bailes llaman la atención por su originalidad y por la gracia con que los ejecuta, y mientras está ella en la escena tiene subyugado al auditorio que sigue con admiración las ondulaciones de su cuerpo; su mirada tan expresiva y el movimiento de sus pequeños pies.

Nos dicen que toca la guitarra con mucho arte. No tuvimos el gusto de oírla ejecutar en este instrumento por haberse roto unas cuerdas la noche del Miércoles; pero la vimos bailar, y salimos del teatro entusiasmados y exclamando: ¡Viva la gracia!” (2-10-1887).

Vista de Ciudad de MéxicoVista de Ciudad de México

Otro diario mexicano, Le Trait d’Union, publica la siguiente crítica, en la se que atribuye a la bailaora una nueva conquista del país azteca:

Trinidad Cuenca. La graciosa bailarina española que da hoy los buenos días, o más bien las buenas noches en el teatro Principal, ha conquistado con su lindo pie al gran público. Se ha quedado prendado, este excelente público, de ese pequeño pie de andaluza y de madrileña, y toda la sociedad elegante de Tenochtitlán […] ha asumido como un santo deber el ir a aplaudir todas las noches a la encantadora bailarina. El do de pecho del tenor de la compañía Sieni no tiene tanto éxito como los meneos de los piececitos de Cenicienta de Trinidad: es una segunda conquista de México por España. Pero esta vez los valientes conquistadores están representados por una maja, salvaje, quizás, pero que se sirve, para atacar, de sus grandes ojos negros, y, para defenderse, de una enagua bordada, como sólo se ve en el dulce país de las castañuelas” (2-10-1887).

NOTA:
(1) La traducción de todos los textos de periódicos extranjeros es nuestra.


Trinidad «la Cuenca», una estrella de fama internacional (II)

Tras los éxitos cosechados en la ciudad de la luz, Trinidad Cuenca regresa a nuestro país convertida en toda una estrella. Durante los primeros años de la década de los ochenta se presenta en distintas ciudades de la geografía española, sobre todo en Málaga y otros lugares cercanos, como Jerez de la Frontera o Córdoba.

La prensa de la época ofrece el testimonio de algunas de esas actuaciones, en las que vuelve a compartir cartel con importantes figuras del flamenco, como Juan Breva, y continúa ejecutando con gran éxito los bailes que tanta fama le dieron al otro lado de los Pirineos.

Así, por ejemplo, en 1882, se presenta en el Teatro del Recreo de Córdoba “la incomparable especialidad bailaora flamenca señorita TRINIDAD CUENCA” (Diario de Córdoba, 27-5-1882).

Durante ese mismo año, también frecuenta distintos escenarios malagueños, e incluso aparece en los papeles como directora de algún espectáculo. De ello nos informa La Unión Mercantil:

Teatro Principal. Concierto flamenco por Trinidad Huertas, Juan Breva y Fernando Gómez” (7-5-1882).

Teatro Cervantes. Gran concierto flamenco dirigido por Trinidad Cuenca […] terminando con el baile ‘Corrida de toros’, por Cuenca” (21-5-1882).

Teatro de Variedades. Intermedio por la Srta. Trinidad Cuenca, que bailará ‘el Torero‘, que tantos aplausos ha obtenido” (20-9-1882).

“Gran concierto de cante y baile flamenco en el que tomarán parte las notabilidades de este género Trinidad Huertas y Juan Breva” (22-9-1882).

El cantaor Juan BrevaEl cantaor Juan Breva

En septiembre de 1883, la artista se presenta en Barcelona, en el Café de la Alegría. De nuevo la acompaña su paisano Juan Breva y, a juzgar por lo que nos cuenta la revista catalana El Busilis, causaron gran sensación:

“Entre los personajes que nos han visitado en estos últimos días se encuentra el flamenco ese que tan bien se canta. ¿No sabes quién? Juan Breva, hombre, Juan Breva, que con la Cuenca o la Huerta o como se llame, está haciendo las delicias de mis paisanos en el café de la Alegría. Aquello son jipíos, y parmas, y cantar por lo jondo, y bailarse por todo lo alto” (9-9-1883).

En noviembre de ese mismo año, Trinidad Huertas actúa durante quince días en el Teatro Márquez de Cartagena y en enero de 1884 llega a Valencia, donde también cosecha grandes aplausos. Tras pasar por el madrileño café El Imparcial, en diciembre del 84 regresa a tierras murcianas, junto a “una compañía de cante flamenco, notable en su género”, en la que “figura la célebre bailaora Trinidad Cuenca, el cantaor de malagueñas Juan Breva, y el gran tocador de guitara, entendido por el Pollo de Lucena” (El Eco de Cartagena, 4-12-1884). Unos meses más tarde, la artista se presenta en Oporto.

Segunda aventura parisina

En 1887, Trinidad Huertas vuelve a cruzar los Pirineos rumbo a la ciudad de la luz. En esta ocasión, lo hace junto a una compañía reclutada por el director del Nouveau Cirque parisino, Don José Oller, que representará en dicho local un espectáculo similar al que unos años atrás triunfo en el teatro Athéneum. La prensa española ofrece algunos detalles sobre la mencionada troupe:

“En el Nouveau Cirque de París, que dirige nuestro compatriota D. José Oller, se dispone para el 1º de marzo una fiesta de costumbres españolas, en la cual cantarán, entre otros artistas del género flamenco, el joven Grau, que presentaron recientemente en Price los Hanlons-Loes; bailaran Carmen Dauset y Trinidad Cuenca, tocará una estudiantina organizada por D. Miguel Ostolaza, y lidiarán becerros Tony Grice y otros aficionados. Todo ese espectáculo ha sido cuidadosamente organizado en España por el referido Sr. Oller, quien se propone dar la primera de esas fiestas a beneficio de las víctimas de las inundaciones del Mediodía de Francia” (La Correspondencia de España, 23-3-1887).

Don José Oller, empresario del Nouveau CirqueDon José Oller, empresario del Nouveau Cirque

Unos días después del estreno, los diarios franceses publican varias crónicas sobre el espectáculo, denominado La Feria de Sevilla. Los elogios van dirigidos tanto a la puesta en escena como al buen hacer de las bailarinas protagonistas, Trinidad Cuenca y Carmencita Dauset:

“… la Feria de Sevilla […] transporta un rincón de Andalucía al invierno parisino: la célebre piscina se convierte, por increíble que pueda parecer, en una plaza para una corrida de toros.

Es la feria de Sevilla. Los vendedores y los paseantes van de un lado a otro; los mendigos tararean una malagueña; los flamencos cantan; Carmen y Carmencita, arqueando el talle, bailan el vito… […] Una estudiantina lo anuncia al amanecer. Los picadores y los banderilleros se mueven: el toro, excitado, se defiende. La hora de la muerte ha sonado para él: el espada le hunde su estoque en el cuello: el animal rueda por el suelo. Se lo llevan. Pero la sangre no ha corrido; se llevan sólo la cabeza del toro: sus cuatro patas siguen allí; de hecho, pertenecen a dos payasos muy ágiles que vestían la piel del animal.

Todo termina en risas mientras que la orquesta ejecuta una animada malagueña” (Le Temps, 7-3-1887). (1)

“En una palabra, es España entera la que respira y se mueve en la estrecha pista del Nuevo Circo; España, con sus bailes voluptuosos, donde la Carmencita, la Cuenca y la García rivalizan en gracia exquisita, en actitud provocadora y en verbo endiablado […]” (Le Figaro, 8-3-1887).

La bailarina Carmencita DausetLa bailarina Carmencita Dauset

Casi un mes más tarde, el espectáculo sigue cosechando aplausos en el Nuevo Circo parisino, y sus ecos continúan llegando a la prensa española. Por ejemplo, el diario La República transcribe una carta recibida desde la capital francesa, en la que se describe con todo lujo de detalles el ambiente de feria en el que la Cuenca ejecuta sus bailes:

“Salen en primer término unas cuantas muchachas, bastante simpáticas, que colocan sus puestos de venta alrededor de la pista, y allí buñuelos, sandías, naranjas, en fin, de todo aquello que se ve en la capital de Andalucía en días tan señalados; a poco, chalanes con sus caballos, gitanos con sus guitarras, pidiendo al final de sus canciones para un enfermo, una viuda o cosa parecida, que a ellos lo que les importa es que les den; toreros a caballo, domadores de animales, con monos, osos, etc., a los cuales hacen trabajar; la estudiantina, tocando la magnífica marcha de la renombrada Cádiz, cerrando este cuadro; la entrada de cantadoras y bailadoras, precedidas por la imprescindible pareja de ingleses, que tan aficionados son a estas fiestas, cuando dejan la nebulosa Albión para gozar los fuertes rayos de sol de la alegre Andalucía” (24-3-1887).

Grabado "La Feria de Sevilla" en el Nouveau Cirque, 1887Grabado «La Feria de Sevilla» en el Nouveau Cirque, 1887

En cuanto a la actuación de la protagonista, la revista La Andalucía tampoco se queda corta a la hora de ensalzar su gracia y su figura:

“A la cabeza de [las bailaoras] figura Trinidad Cuenca, que viste de hombre y de corto: chaquetilla, pantalón ceñido, botas vaqueras, calañés, camisas con chorreras y faja de seda. De este modo desaparece lo que tiene de antipático el bailaor y aumenta la gracia de la bailaora, que la derrama por arrobas […]

Sube al punto el entusiasmo cuando Mademoiselle Cuenca, a la vez que baila una suerte de zapateado, simula las varias suertes del toreo. Empieza con las de capa, que maneja con mucho aquél. Sigue con las de picar; y es de verla hacer el piquero tumbón, que nunca encuentra el bicho en suerte; luego a fuerza de broncas, decidirse a salir a los tercios, brindando al tendido, y poner una puya en su sitio; recibir por fin un batacazo, e ir en demanda de la barrera, satisfecha y cojeando, después de perder la aleluya. No se puede pedir más gracia. Y, sin embargo, falta aún por ver dos suertes finales: la de banderillas, en que Guerrita se queda achicado, y La Cuenca ridiculiza los timos de los chicos; y la de matar, que empieza con un brindis de salero y termina con una estocada que el matador da a su suegra. Dirán ustedes que el público no comprenderá la gracia. Puede ser, pero aplaude como si estuviera en el secreto o como si estuviese convertido a nuestras costumbres” (27-3-1887).

NOTA:
(1) La traducción de todos los textos de periódicos extranjeros es nuestra.


Trinidad «La Cuenca», una estrella de fama internacional (I)

Durante los seis meses de andadura de nuestro blog, han pasado por estas páginas cantaoras, bailaoras y guitarristas que, a pesar del olvido en que el tiempo ha sumido a muchas de ellas, en su momento fueron grandes estrellas de la escena flamenca. Sin embargo, la que hoy presentamos las supera a todas, al menos en lo que a fama y proyección internacional se refiere. Se trata de la bailaora y guitarrista malagueña Trinidad “La Cuenca”, toda una pionera, que encandiló con su arte al público europeo y americano de finales del siglo XIX.

Trinidad Huertas, la CuencaTrinidad Huertas, la Cuenca

Trinidad Huertas Cuenca nació el 8 de mayo de 1857, en el número doce de la malagueña calle Jinetes, según reza en su partida de nacimiento, localizada por Manuel Bohórquez (1).

Inició su carrera artística cuando aún era una niña en su Málaga natal. El Avisador Malagueño nos ofrece el siguiente testimonio de una de sus primeras actuaciones, a los once años de edad:

“Nos escriben de Carratraca que la compañía flamenco bailable que actuaba en el café cantante situado en la calle de esta redacción, y que por consiguiente tan buenos ratos nos ha dado (Dios se lo perdone), está haciendo un verdadero furor en aquel pueblo, sobre todo la niña Cuenca que, según parece, baila con mucho estilo y arte, tanto por la escuela flamenca (y no de pintura) como en los graciosos bailes nacionales” (24-7-1868).

Según se desprende de esta información, a pesar de su corta edad, la joven apunta maneras. Por otro lado, también observamos que, desde el principio, Trinidad Huertas prefiere hacerse llamar por su segundo apellido, tal vez para diferenciarse del guitarrista murciano del mismo nombre.

Durante los años setenta, la Cuenca se presenta en distintos escenarios de Málaga (café de la Independencia), Almería (Casino Almeriense y Teatro Principal), Murcia o Jerez de la Frontera (Teatro Eguilaz), entre otras localidades.

En junio de 1879, la prensa sitúa a Trinidad Cuenca en Madrid, concretamente en el Teatro de la Bolsa, donde forma parte de un espectáculo dirigido por el mismísimo Silverio. El elenco es el siguiente:

Teatro de la Bolsa. En este teatro (calle del Barquillo, núm. 7) empezaron ayer, sábado, las funciones de canto y baile flamenco, habiéndose al efecto contratado la compañía siguiente, especial en su género y tan completa cual nunca se ha presentado en ésta. Director: don Silverio Fanconeti. Bailaoras y cantaoras: Trinidad Cuenca (La Bonita), Francisca (La Pastorcilla), La Niña del Malé, Luisilla (La Gaditana) y Pepa (La Cordobesa). Bailaores y cantaores: Antonio (El Pintor), Antonio Pérez (El Jerezano), José Caro (El Carito) y José Lara (Larita). Tocaor: Antonio Pérez (El Barbián)” (La Iberia, 1-6-1879).

Silverio FranconettiSilverio Franconetti

En los meses de agosto, octubre y noviembre de ese mismo año, La Cuenca vuelve a anunciarse en el citado teatro, donde comparte cartel con los cantaores Carmen Montaño, la Loca Mateo, Joaquín Mendoza y Manuel Romero; el guitarrista Paco de Lucena; y la bailaora Antonia la Roteña. La prensa publica el programa de las actuaciones, en las que Trinidad interpreta distintos palos flamencos, como alegrías o zapateados.

Primera aventura parisina

Poco después, la artista pone rumbo a París, junto a una compañía de cante y baile flamenco organizada por el Sr. Calzadilla, empresario del Teatro Athéneum. El espectáculo, en el que también intervienen otra figuras flamencas del momento, como la cantaora Dolores la Parrala y el guitarrista Paco de Lucena, se compone de tres cuadros de costumbres populares, denominados Un domingo en la playa de Málaga, Una plantación en Cuba y Una noche después de la corrida. El diario La Mañana ofrece la siguiente descripción de los mismos:

“En el primer cuadro aparece una plaza de Málaga con ventorrillos a derecha e izquierda. Majos y gitanas beben, cantan y bailan para celebrar alegremente el domingo. El guitarrista Paco de Lucena toca variaciones y aires nacionales que merecen los honores de la repetición. La Srta. Cuenca, vestida de majo, toma tan a conciencia su papel, que anima el cuadro con su galantería para con las damas y su juego escénico incesante y gracioso. […]

El segundo cuadro representa una plantación de Cuba y contribuye a dar variedad al espectáculo una serie de escenas, danzas y cantos populares de no escaso interés. […]

En el último, consagrado a costumbres andaluzas, aparecen toreros, majos y manolas divirtiéndose en un café de Sevilla, después de una corrida de toros. La escena que más interesa a los parisienses es la que simula todos los lances de una corrida, perfectamente imitada por la señorita Cuenca” (21-2-1880).

Otros diarios españoles también se hacen eco del gran éxito cosechado por el espectáculo:

“La compañía de cante y baile flamenco que organizada por el Sr. Calzadilla fue a París, ha hecho su debut en el teatro del Ateneum, de la calle de los Mártires. El público ha hecho una gran ovación, especialmente a la primera pareja de baile señorita Gómez y Sr. Prous, al guitarrista Paco y la Parrala que, según dicen en París, es considerada como una excelente contralto que canta admirablemente las malagueñas” (La Iberia, 15-1-1880).

“La compañía de baile española, bajo la dirección inteligente del Sr. Calzadilla, está haciendo furor, y el teatro del Atheneum se ve lleno todas las noches. […] Este personal compuesto de veinte individuos, ha sido escogido con mucho esmero y discreción, y las escenas hispano-americanas que ofrecen al público francés, son de gran verdad, de mucho carácter, y están ejecutadas con un brío y una propiedad sorprendentes. Todas las noches reciben nuestros compatriotas estrepitosos aplausos del público” (Diario Oficial de Avisos de Madrid, 21-1-1880).

La ParralaLa Parrala

La prensa francesa del momento tampoco escatima en elogios para el espectáculo, al que dedica no pocas líneas. En general, las crónicas publicadas en el país galo coinciden en destacar el tercero de los cuadros, por ser el más novedoso y atractivo para el público parisino, que acude en masa al teatro a fin de contemplar esa simulada corrida de toros, en la que Trinidad Cuenca interpreta el rol protagonista. Vestida de majo, la bailaora se mueve con gracia y soltura, y ejecuta ágiles zapateados mientras simula todas y cada una de las suertes del toreo. Veamos algunas de esas crónicas:

“Nada más curioso y más pintoresco que esta compañía. Para empezar, todo en ella es absolutamente español. Los decorados, el vestuario, las mujeres, los toreros y los boleros, todos llega directamente desde Sevilla. Se canta, se baila, se habla y se gesticula como en España. […] Los trajes son de una extraordinaria riqueza. Las estrellas de la compañía son las señoritas Gómez y Cuenca. La primera baila con una agilidad sorprendente y la segunda imita con una precisión destacable todos los ejercicios de los toreadores y de los toreros. Es un espectáculo de los más atractivos y por el cual realmente vale la pena darse un largo paseo” (Gil Blas, 17-1-1880) (2).

“… la atracción principal del espectáculo es el último cuadro de la noche. Como en los precedentes, se canta, se baila y se tocan las castañuelas. Lo único que tiene de particular es su corrida de toros. No hay nada más palpitante que ese terrible combate. Un valiente torero, representado por una pequeña española regordeta y muy agradablemente vestida con un traje ceñido, nos ha hecho experimentar todas las emociones de la plaza. Primero el juego de la capa; después viene el picador a caballo armado con su larga pica. Comienza la lucha, terrible; los espectadores españoles jadean. Se oye un grito… pero el picador herido pronto es recogido por dos toreros; un banderillero, que quizás entiende que el animal no ruge lo suficiente, le pincha dos banderillas en el cuello. Por último, el matador pone fin a nuestra ansiedad dándole al toro, después de varios pases brillantes, el golpe mortal, con grandes aplausos del auditorio. La parte española del público patalea. Está completo. A este combate sólo le falta un pequeño accesorio: el toro” (Le Figaro, 15-1-1880).

“¡Un rincón de Andalucía en la calle de los Mártires! […] Se trata también de cuadros muy pintorescos y llenos de colorido local, de escenas interesantes de las costumbres de Andalucía, que podrían hacernos creer que, en un abrir y cerrar de ojos, hemos sido transportados al otro lado de los Pirineos. Un domingo en la playa de Málaga, Una plantación en Cuba y Una noche en la corrida de toros son los tres cuadros, muy atractivos, que componen el espectáculo. El último, sobre todo, merece una mención muy especial, con su entrada de los toreros, cantando la marcha de las corridas de toros, Pan y toras (sic.), los bailes españoles de los majos y las manolas y el simulacro de un combate bien ejecutado por la Srta. Cuenca y, uno tras otro, el picador, los banderilleros y el matador. […] En conjunto, una velada muy agradable y un espectáculo muy curioso de ver” (Le Tintamarre, 25-1-1880, del francés).

Paco de LucenaPaco de Lucena

Es tal la aceptación de este espectáculo por el público parisino que, después de dos meses, aún sigue representándose en el Athéneum. El corresponsal de El Imparcial aporta nuevos detalles y curiosidades sobre el mismo, y describe en profundidad cada uno de los cuadros, especialmente el tercero, en el que siguen residiendo las claves de su éxito:

Cuadro tercero: costumbres de Andalucía. Es el delirio de lo cómico. La escena representa un salón en Sevilla la noche de un día de toros. Como en España todo el mundo es por fuerza gitano, contrabandista o torero, la gente se reúne en el patio y, siguiendo sin duda alguna severa ley de la etiqueta andaluza, va entrando en el salón formada en cuadrilla y entonando la marcha del Pan y Toras (para que no se asuste el público, se ha creído conveniente convertir en toras los toros de la célebre marcha). Mr. Paco de Lucena, coge la guitarra y principia a tocar, mientras al compás bailan unos cuantos monsieurs y mademoiselles.

Pero no tardan los bailarines en cansarse; hay allí, sin embargo, y por fortuna, un buen mozo que va a salvar el honor español, haciendo ver a esos gabachos lo que semos la gente de la tierra. El buen mozo se llama mademoiselle Cuenca, tiene un cuerpo bonito hasta dejárselo de sobra, y va a emprender la diversión favorita de las veladas sevillanas; ¡va a jugar al toro!

Con airoso paso da primero la vuelta al redondel y saluda a la presidencia. Coge luego la capa y se la tira al toro, llamándole a la lucha. Un bailarín se acerca y hace de picador de a caballo (!), sosteniendo en una mano las riendas y en la otra la pica de combate: la lucha principia, el toro embiste, y de una cabezada hiere al caballo del picador, simpático personaje que se levanta ayudado por dos toreros entre la conmiseración de las damas de palcos y butacas. Llegan los banderilleros, armados cada uno de dos banderas (!) con punta de hierro; se lanzan sobre el animal y se las hunden en el cuello (¡bárbaros!). Toca por último su turno al matador, que armado de espada y bandera (¡ni que fuera cada torero una casa recién acabada!), obliga al toro a aceptar la lucha, le persigue y acaba por tenderle de un volapié o de una arrancando.

La gente aplaude, vuelve a empezar la zambra y el jaleo, y le telón cae sobre los últimos compases de un bailoteo desenfrenado” (8-3-1880).

NOTAS:

(1) Recientemente, Faustino Núñez ha publicado, en el blog “el Afinador de Noticias  la partida de nacimiento de María de los Dolores Asunción (Trinidad) Huertas Cuenca, nacida en Málaga el 21 de julio de 1851, de los mismos padres que Trinidad María de la Concepción Bernarda Huertas Cuenca, a quien pertenece el documento encontrado por Manuel Bohórquez. Núñez plantea la duda de si ‘nuestra’ Trinidad Cuenca sería la primera o la segunda de las hermanas, ya que, entre la variedad de nombres que ambas acumulan, figura el de Trinidad. No obstante, y a falta de confirmación, optamos por pensar que debe de tratarse de la segunda, que es quien lleva dicho nombre en primer lugar. Por otra parte, de haber nacido en 1851, en 1868 tendría 17 años, por lo que no sería ya una “niña”, apelativo con el que se refiere a ella la prensa en ese mismo año.

(2) La traducción de todos los textos de periódicos extranjeros es nuestra.