Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Julia Borrull, la bailaora del dolor y el fuego (III)

Los amores de Julia Borrull con su francesito parece que no llegaron a muy buen puerto, pues en junio de 1913 la bailaora reaparece en Madrid, concretamente en el teatro de la Zarzuela, donde actúa durante un mes junto a un amplio elenco de artistas de variedades en el que destacan la cancionista Adela Lulú o la bailarina Nati la Bilbainita.

Nati la Bilbainita

Nati la Bilbainita

Acompañada a la guitarra su padre y por su hermana Lola, Julia estrena varias danzas, entre ellas una rumba, que son muy bien recibidas por el público. La prensa destaca su gracia y su simpatía, y la compara con la genial Pastora Imperio:

“También mereció aplausos Julia Borrull, bailadora gitana por el estilo de la Imperio, bonita y garbosa. Su padre, el famoso tocador Miguel Borrull, la acompañó a la guitarra en algunos bailes” (El Imparcial, 2-6-1913).

Julia Borrull, en sus aplaudidísimos bailes gitanos y en la rumba, acompañándola los notables guitarristas Lola Borrull y Miguel Borrull” (La Correspondencia de España, 16-6-1913).

Julia Borrull, en sus bailes gitanos sin rival, ha hecho una brillante campaña” (El Imparcial, 18-6-1913).

Julia Borrull, la bailarina notabilísima, cuyo repertorio vasto por demás lo ejecuta primorosamente, valiéndole muchos y nutridos aplausos en esta su última actuación, brillante en extremo” (Eco artístico, 5-7-1913).

De gira por España

Durante el verano de 1913, Julia Borrull participa en varios festivales benéficos, como el organizado por la revista Mundo Gráfico a favor de los soldados heridos de la campaña de África, en el que también colabora la Imperio. Ambas son muy aclamadas.

Julia Borrull (dcha.) en el Festival organizado por Mundo gráfico (23-7-1913)

Julia Borrull (dcha.) en el festival organizado por Mundo gráfico (23-7-1913)

Asimismo, la artista emprende una exitosa gira por el norte de España, acompañada a la guitarra por su padre y, en ocasiones, también por su hermana Lola. No hay público que se le resista, de ello dan fe las gacetillas de la época:

En el Teatro-Circo de Zaragoza:

“Una de las artistas que mayores triunfos obtienen en la temporada es Julia Borrull, que levanta en alto a los espectadores ejecutando las danzas gitanas que constituyen parte de su repertorio con una flexibilidad, un estilo y un arte inimitables” (Eco artístico, 15-7-1913).

En el Teatro-Circo de San Sebastián y el Salón de las Columnas de Bilbao:

Julia Borrull, la gentil bailarina que trae al público de cabeza con sus clásicos bailes gitanos, que ejecuta primorosamente, acompañada en algunos de ellos por su padre” (Eco artístico, 5-8-1913).

Julia Borrull sigue entusiasmando a los espectadores con sus bailes gitanos, que levantan en alto por la maestría en su ejecución” (Eco artístico, 25-8-1913).

Julia Borrull, que pone su alma toda en los bailes clásicos gitanos, que no se cansan de aplaudir los asiduos a este salón” (Eco artístico, 5-9-1913).

Artistas participantes en el Festival organizado por Mundo gráfico (23-7-1913)

Artistas participantes en el festival organizado por Mundo gráfico (23-7-1913)

En el Teatro Jovellanos de Gijón:

Julita Borrull […] se llevó de calle a los espectadores. […] agradó sobremanera a la concurrencia teniendo que repetir varios números, obligada a ello por los vivos aplausos” (El pueblo astur, 13-9-1913).

“La presentación de Julita Borrull, la encantadora bailarina de aires gitanos, acompañada a la guitarra por su padre, ha causado aquí gran entusiasmo.

[…] son aclamados a diario y con justicia” (Eco artístico, 15-9-1913).

Julia Borrull, la sugestiva y notabilísima bailarina gitana, […] electrizó a los espectadores por la gracia y arte que se desprenden de todo su trabajo” (Eco artístico, 25-9-1913).

Una vez conquistada la cornisa cantábrica, en enero de 1914 se presenta en el Teatro Principal de Málaga “la sin disputa mejor bailarina del género flamenco, Julia Borrull, que desde su debut marcha por el camino seguro del dios éxito, es ovacionadísima y piropeada por los adoradores del género y la belleza física” (Eco artístico, 25-1-1914). En ese coliseo interpreta, entre otros números, el tango argentino.

Poco después, “la simpática y renombrada bailarina” llega al Salón Imperial de Melilla, donde “es muy aplaudida en cuantos bailes gitanos ejecuta con maestría insuperable, y a los que acompaña con gran precisión el afamado guitarrista Miguel Borrull” (Eco Artístico, 25-2-1914).

Miguel  Borrull Giménez

Miguel Borrull Giménez

De nuevo en Madrid, unas semanas más tarde la artista y su padre se presentan en el teatro Martín, y también participan en una función de gala en honor de los turistas italianos que tiene lugar en el Gran Teatro y cuenta con la asistencia de la familia real, entre otras importantes personalidades. En esta ocasión, “la familia Borrull contribuyó al éxito de la fiesta bailando La bella cigarrera; Las alegrías, de Quinito Valverde; marianas y sevillanas. Fue muy aplaudida” (La Correspondencia de España, 28-4-1914).

La niña de fuego

A estas alturas de su breve pero intensa carrera, Julia Borrull se ha convertido ya en toda una estrella del baile gitano. Su arte tiene sello propio; es un arte de la pasión y del sufrimiento. Así lo define Fernando Calpena:

“La bailarina del dolor y del fuego

[…] Es Julia pequeñita y débil; tiene el cuerpo cenceño y menudito, el color de la piel enfermizo y quebrado; tiene los ojos, los enormes ojos febriles, llenos de alucinación y de misterio.

Julita cuando baila sufre; es su gesto de tortura y martirio; sus músculos se retuercen con dolor; su cuerpo se yergue o se contrae como si en tormento se hallara, como si alrededor tuviera llamas que quemasen sin consumirlo. Baila sobre un suelo ardiente y por eso, sólo las puntas de sus pies se posan un momento sobre la tierra en ascuas; si alguna vez el ritmo se acelera, si la interna emoción obliga al cuerpo a que se agite con furia y los pies taconean precipitados hiriendo el suelo como para hundirse en él, tan honda es la quemadura, tan grande el dolor que sienten, que la artista vacila y parece que va a caer en un desmayo y su gesto se contorsiona en una mueca de tortura.

Son los brazos, sus brazos morenos, broncíneos, de manos descarnadas, los que con mayor expresión dicen, al revolotear en este baile loco, las hondas inquietudes, los sufrimientos crueles de esta danzarina genial. Por ellos se escapan, parleras, las puntas de las llamas que en su cuerpo arden” (La Unión Ilustrada, 22-2-1914).

Anuncio de Julia Borrull (Eco artístico, 25-9-1913)

Anuncio de Julia Borrull (Eco artístico, 25-9-1913)

En marzo de 1915 Julia participa, junto a su padre y su hermano Miguel, en una fiesta organizada por la Asociación de la Prensa en el teatro de Price. El programa consta de un vodevil y una sesión de variedades, en la que toman parte artistas tan renombradas como la cupletista Olimpia de Avigny. No obstante, una de las grandes triunfadoras de la noche es sin duda la inimitable bailaora, que “electrizó a la concurrencia, ejecutando con la gracia, desenvoltura y donarie en ella peculiar todo su repertorio” (Eco artístico, 5-3-1915).

“El éxito verdad de la tarde, el triunfo justo y merecido, fue el que obtuvo la gentil bailarina Julia Borrull. Las estruendosas aclamaciones del público la obligaron a repetir su trabajo en realidad notable” (El Globo, 2-3-1915).

Julia Borrull, con sus danzas gitanas, acompañadas, primero a orquesta y después a guitarra, por Miguel Borrull y su hijo, dos notables concertistas que hacen de aquel instrumento un arpa, mostró las gallardías de su arte, clásicamente cañí, lleno de gracia, de ritmo y voluptuosidad. ¡Cómo bailó Julia, que es un encanto de mocita!

Las palmas sonaron copiosas y entusiastas en honor de la bailaora” (ABC, 2-3-1915).


La Quica, maestría y temperamento (II)

En agosto de 1935, La Quica, Frasquillo y Merceditas León realizan una nueva visita a la redacción del Heraldo de Madrid. En esta ocasión lo hacen junto a la compañía de Arte Andaluz que dirige el Niño del Museo, y en la que también figuran artistas como la cantaora Pepita Caballero o el guitarrista Niño de Posadas.

Mercedes León, La Quica y Frasquillo, en su visita al Heraldo de Madrid (7-8-1935)

Frasquillo, La Quica y Mercedes León, en su visita al Heraldo de Madrid (7-8-1935)

Durante ese mismo verano las dos compañías comparten escenario en varias ocasiones. Por ejemplo, ambas participan en la comedia de ambiente andaluz En el altar de tu reja, que se estrena en el teatro Pavón, e incluye números de cante y baile:

“Los amores, los quereres, los achares, los sufrires, traducidos al buen lenguaje de los ‘cantaores’ y guitarristas de un cuadro flamenco que integran las insignes figuras del ‘Niño del Museo’, el ‘Niño de Sabicas’ y ‘Frasquillo’, con ‘la Quica’, Mercedes León y Rafael Cruz, dieron mucho que sentir, en la mejor acepción de la palabra, y no poco que aplaudir a la dichosa concurrencia que llenaba el teatro” (El Sol, 11-8-1935).

Unas semanas más tarde, también en el Pavón, un elenco similar hace lo propio en la obra Una paloma perdía, en cuyo final “el insuperable Frasquillo puso una vez más cátedra de baile y fue ovacionado con los demás artistas de su notable cuadro” (Heraldo de Madrid, 29-8-1935).

En el mes de septiembre, el grupo de Francisco León y La Quica actúa en la plaza de toros de Madrid, integrado en un amplio programa de variedades, y en el teatro de la Comedia, donde comparten cartel con Eloísa Albéniz y Conchita Piquer, entre otros artistas. En octubre se presentan en la sala Pelikan y en el Circo Price.

Coincidiendo con las fiestas navideñas, La Quica, Frasquillo y su hija participan en dos funciones benéficas que se celebran, respectivamente, en el Cine de la Flor y en el Liceo Andaluz. En la primera -a favor de los Reyes Magos de la Inclusa- también colaboran, entre un amplio elenco de artistas de variedades, el Niño de Marchena, Pepita Caballero y el Niño de Almadén; mientras que en la segunda -destinada a adquirir juguetes para los niños pobres- destaca la presencia de una jovencísima Carmen Amaya.

Francisca González, La Quica

Francisca González, La Quica

Bailar en tiempos de guerra

En otoño de 1936, en plena guerra civil, se celebran en el teatro Coliseum de Madrid varios festivales benéficos, entre los que destacan uno a favor de la obra social del Socorro Rojo y otro a beneficio de los hospitales de sangre y en honor de los embajadores de México y Rusia. Los elencos no pueden ser mejores. En el primero destacan, entre otros muchos artistas, La Niña de los Peines, Pastora Imperio, La Argentinita, Pilar López, Manolo Caracol y Frasquillo.

Aunque sus nombres no aparecen mencionados en los papeles, no sería extraño que el maestro León fuese acompañado de su mujer, La Quica, y su hija Mercedes, que sí figuran en el segundo de los carteles, junto a “Rafael Cruz […], Bernardo de los Lobitos, Manolo Bonet y Paco Aguilera” (La Libertad, 18-10-1936), además de Pastora Imperio, Perico el del Lunar, Miguel de Molina o Pepe Pinto.

Durante el año 1937, el cuadro de Frasquillo se anuncia con frecuencia en distintos locales madrileños, especialmente en el teatro de La Latina. Allí coinciden con El Chozas y El Americano, entre otros artistas.

Una vez terminada la guerra, en julio de 1939, se presenta en el madrileño teatro Muñoz Seca “el gran cuadro flamenco del maestro Frasquillo” (Hoja Oficial del Lunes, 10-7-1939), con La Quica y Mercedes León entre otras artistas. Dos meses más tarde, la compañía actúa en el Liceo Andaluz, con un elenco renovado y el mismo éxito de siempre:

“… tomaron parte el cuadro de baile del maestro ‘Frasquillo’, constituido por Mercedes León, Francisca González (‘La Quica’) y Luisa Pericet y la bellísimas señoritas Leonor María García de Castro, María Luisa Castedo y Nita Duro. El maestro ‘Frasquillo’ presentó varios bailes del siglo XIX, que por su estilo antañón y la propiedad con que fueron montados por el famoso Ángel Pericet, se aplaudieron calurosamente.

Bernardo el de los Lobitos’ cantó con buena escuela, acompañado a la guitarra por el excelente guitarrista Manuel Bonet” (ABC, 3-12-1939).

El cantaor Bernardo el de los Lobitos

El cantaor Bernardo el de los Lobitos

Unas semanas más tarde, en el teatro Cómico, el cuadro obtiene un nuevo “triunfo innegable” (ABC, 16-12-1939), en la que probablemente sea una de las últimas actuaciones de La Quica junto a Frasquillo, que fallece en 1940. A partir de entonces, Francisca González continúa con su carrera en solitario, tanto en los escenarios como al frente de la academia que fundara con su marido.

Regreso a los escenarios: entre la danza clásica y el flamenco

En junio de 1941, La Quica y Mercedes León participan en un festival de danzas españolas que se celebra en el teatro Español de Madrid. En octubre de ese año, en el mismo coliseo, Francisca González toma parte en un espectáculo de danza clásica, baile flamenco y zarzuela, junto a la bailarina Anita Costa, la soprano Ino de Carvajal y el bailarín Guillermo la Blanca. La prensa elogia a La Quica por “su baile flamenco tan alegre y espontáneo y dueña en todo momento del manejo de brazos, tan esencial en el baile” (ABC, 21-10-1941).

En marzo de 1942, Paca González se anuncia en el teatro Cómico de Madrid, donde se representa el espectáculo “Estampas españolas”, que incluye copla, cante y baile flamenco, y en el que participan Lolita Benavente y Rafael Nieto, entre otros artistas.

En septiembre de ese mismo año también se puede ver a La Quica en el teatro de La Latina, en la obra Rocío la Granadina, en cuyo reparto destacan figuras como Lolita Triana, Ramón Montoya, el Niño de Almadén o el Cojo de Madrid.

A partir de 1945 encontramos a la bailaora sevillana vinculada a distintos espectáculos que se sitúan a mitad de camino entre el baile clásico español y el flamenco, lo cual demuestra la gran versatilidad de esta artista. Así, por ejemplo, en los últimos meses de 1945, La Quica comparte protagonismo con la bailarina Manuela del Río en cuatro galas de ópera y un festival benéfico que se celebran, respectivamente, en el Teatro María Guerrero y en el Calderón.

Ino de Carvajal, La Quica, Guillermo la Blanca y Anita Costa (ABC, 21-1-1941)

Caricatura de Ino de Carvajal, La Quica, Guillermo la Blanca y Anita Costa (ABC, 21-1-1941)

En marzo de 1946, Francisca González se sube a las tablas del Español, donde se celebra una gala en homenaje a Goya. Tras la representación del sainete La pradera de San Isidro, la artista sevillana y la bailarina Elvira Lucena conquistan al público con sus danzas:

“‘La Quica’, Carmen Egea, José Luis Udaeta y Sebastián Castro animaron con sus danzas la graciosa versión del tapiz goyesco ideada por escenógrafo Burgos […]. La música de Manuel Paradas y la impecable y exquisita dirección escénica de Cayetano Luca de Tena colaboraron eficazmente en el artístico espectáculo.

Elvira Lucena, la gran bailarina española, con Sebastián Castro y el pianista Eugenio Barrenechea, fueron los artistas que actuaron en la segunda parte de esta función extraordinaria y arrancaron merecidos aplausos de la concurrencia por su brillante intervención” (ABC, 28-3-1946).

Unos días más tarde, La Quica y Elvira Lucena vuelven a coincidir, esta vez en un espectáculo presentado por Jorge Montemar en el teatro Albéniz, con música de Turina, Leoz, Falla y Guridi (ABC, 5-4-1946). En el mes de mayo, en ese mismo escenario, la bailaora sevillana participa en un festival benéfico organizado por la Asociación de la Prensa de Madrid, en el que también interviene, entre otros artistas, el guitarrista Luis Maravilla.

Artista versátil y maestra de fama internacional

A estas alturas de su carrera, La Quica posee ya una importante reputación a nivel internacional, a juzgar por informaciones como la que publica la Gazette de Lausanne en 1946. Según el diario helvético, Harold Lander, el maestro de ballet de la Ópera Real de Copenhague, “en el momento de crear el Bolero de Ravel, va a España para trabajar con La Quica, en Madrid” (11-5-1946). (1)

Manuela del Río

Manuela del Río

En mayo de ese mismo año, la bailaora sevillana participa en un homenaje a la actriz Ana Mariscal, celebrado en el madrileño teatro Lara. Tras la representación de la obra Las horas inolvidables, “[a]ctuaron brillantísimamente […] ‘La Quica’, Satanela, el maestro Quiroga, Faustino Bretaño, el maestro Halpern, Manuel Gómez, Ángel Soler, Ayo, Nati Mistral, ‘Lepe’ y Maruja Tamayo. Para todos hubo grandes ovaciones” (ABC, 24-5-1946).

Seis meses más tarde volvemos a encontrar a Francisca González, de nuevo vinculada a Manuela del Río, que presenta con gran éxito en el teatro Español de Madrid un espectáculo de danzas españolas. Una vez más, La Quica demuestra su versatilidad y buen hacer sobre las tablas:

“La gran bailarina española Manuela del Río […], aplaudida en los principales escenarios del mundo, trata ahora de dar mayor variedad y atractivo a sus programas y ha incorporado a su espectáculo un grupo de artistas, algunos de tanta solera y prosapia como La Quica. Con ella, con Rafael de Granada, Pepita Saracena y Curro Gallardo, logra transplantar a la escena el ambiente natural de la danza.

Entre las mejores realizaciones, recordamos el ‘baile extremeño’, de Muñoz Molleda, que La Quica y Pepita Sarazena bailan deliciosamente. […]

La ‘Suite’ de danzas de ‘El amor brujo’, en la que intervienen La Quica, Curro Gallardo y Rafael de Granada, merecieron, asimismo, aplausos entusiastas del público que llenaba la sala del Español” (ABC, 7-11-1946).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Victoria de Miguel, entre la aguja y la bajañí (y II)

En junio de 1927, en el madrileño teatro de la Latina, Victoria de Miguel interviene en un festival benéfico a favor de las casas de socorros. Completan el cartel, entre otros artistas, El Canario de Madrid, Rafael Rodríguez, Paulita Montes, el Niño de la Flor, el Americano, el Niño de Utrera y Habichuela Chico.

Gira y conciertos con la agrupación «Patria»

A finales de año retomamos la pista de Victoria de Miguel, que exhibe su talento para las seis cuerdas junto a una “compañía de espectáculos líricos modernos” (Las Provincias, 15-1-1928) denominada ‘Patria’, de la que también forma parte su marido. En el mes de noviembre la guitarrista ofrece dos conciertos en el teatro Vital Aza de Málaga, donde comparte cartel con con Adela López y El Canario de Madrid, entre otros artistas (1).

Vital Aza. Varietés. Tardes a las ocho y media y diez y media. Éxito inmenso de la gran agrupación PATRIA, 20 artistas, 14 bellas señoritas, bailes conjuntos, humorismo por Rafael Cruz y concierto de guitarra por Victoria de Miguel, canto flamenco por el Canario de Madrid y ADELA LÓPEZ” (La Unión Mercantil, 27-11-1927).

Adela López (Eco artístico, 25-8-1912)

Adela López (Eco artístico, 25-8-1912)

En diciembre de 1927 el grupo actúa en Almería y Cartagena, y en enero de 1928 se presentan en el teatro Chapí de Valencia. La prensa destaca especialmente la labor de la guitarrista madrileña:

“[Almería]. En Hesperia debutó el viernes la agrupación artística ‘Patria’, de la que se destacan algunos números como Adela López con sus cantos regionales a gran voz, Victoria de Miguel, excelente concertista de guitarra, y una niña prodigio que llegará a ser una estrella de las varietés” (La Crónica Meridional, 4-12-1927).

Cartagena.
Teatro Principal. […] Adela López que cantó unas cartageneras a las mil maravillas, llenas de gracia y estilo y así también el ‘Canario de Madrid’ que, acompañado a la guitarra por Victoria de Miguel, una gran profesora de guitarra, supo adueñarse del auditorio a las primeras de cambio” (La Razón, 15-12-1927).

“[Valencia] … se han distinguido la concertista de guitarra Victoria de Miguel, el cantador de flamenco Canario de Madrid, el humorista Rafael Cruz y la cantante de aires regionales Adela López” (Las Provincias, 15-1-1928).

Nuevos éxitos en tierras levantinas

Unos días más tarde, también en la capital del Turia, vuelve a aparecer en los carteles el nombre de Victoria de Miguel, “la maga de la guitarra” (La Correspondencia de Valencia, 25-1-1928). Los cantaores José Muñoz, ‘Pena hijo’, y El Canario de Madrid son las primeras figuras del espectáculo, que se presenta en el teatro Apolo. Completan el elenco el Niño de Villarrubia, el Niño de la Flor, el Chato de Valencia y el guitarrista Manuel Bonet.

A ese mismo escenario regresa en el mes de junio la pareja formada por Victoria de Miguel y El Canario de Madrid. En esta ocasión forman parte de una compañía encabezada por José Cepero, en la que también figuran artistas como la Niña de Madrid, Emilio Caserío, El Americano, Chaconcito o Eusebio Villarrubias, además de los tocadores Antonio Romero ‘El Tanfacto’, Marcelo Molina y Manolo el de Badajoz. Unos días más tarde, el mismo elenco se presenta en la plaza de toros de Alicante.

José Muñoz, Pena hijo

José Muñoz, Pena hijo

A finales de julio, la guitarrista madrileña forma parte de un cartel de ópera flamenca que se anuncia en la plaza de toros de Cartagena. Marcelo Molina, Paco Aguilera y José Grau completan la sección de guitarristas. El cante corre a cargo de Emilio el Faro, Lavandera hijo, el Canario de Madrid, Chaconcito y Guerrita, entre otros, mientras que del baile -en este caso, por chuflas- se ocupa el Gran Ramironte.

Últimas referencias: años 30 y 40

En septiembre de 1930 retomamos la pista de Victoria de Miguel, esta vez en Badajoz, donde actúa junto a la compañía de Cepero. La crítica lamenta el escaso nivel de los cantaores -salvo del Niño de Madrid, que recibe bastantes elogios-, y destaca la labor de los guitarristas:

“Que el Niño de Maravillas toca COLOSALMENTE la guitarra. Que decimos lo mismo de Victoria de Miguel” (Correo Extremeño, 9-9-1930).

Victoria de Miguel y Luisito Maravillas -en especial este último- son ‘dos cosas mus (sic) serias’ tocando la guitarra” (Correo Extremeño, 11-9-1930).

En febrero de 1931, la artista madrileña actúa en el teatro Sanjuán de Écija (Sevilla), integrada en la agrupación flamenca de Jesús Perosanz. Además de los ya citados artistas, en el cuadro figuran la Niña de la Huerta, La Madrileñita, el Rojo de Salamanca y el Niño de los Lobitos, al cante; Manuel Martell a la guitarra, y Estampío, al baile. Todos “fueron muy aplaudidos, logrando un éxito” (La Voz, 25-2-1931).

Dos años más tarde volvemos a encontrar a la tocadora en Cartagena (2) y, posteriormente, -esta vez, junto a su marido– en tierras valencianas. Ambos acompañan al Niño de la Huerta, que debuta en el teatro Apolo. Completan el cartel el Niño de Cartagena, el Niño de Alcalá, la Niña del Patrocinio, el Niño de Cazalla, La Trianita y Juan Fenollosa.

José Cepero

José Cepero

En enero de 1935, Victoria de Miguel participa en un festival a beneficio de los presos políticos, que se celebra en el cinema Europa de Madrid con un reparto de lujo, en el que destacan los cantaores Pepita Sevilla, Pepita Caballero, Valderrama y el Niño de Marchena, entre otros. La sonanta tampoco puede estar en mejores manos: “Victoria de Miguel, excelente guitarrista; Marcelo Molina, el conocido profesor de guitarra; […] el gran Sabicas, el brujo de la guitarra, y el sublime maestro de todos, Ramón Montoya” (La Libertad, 19-1-1935).

A partir de ese momento el nombre de Victoria de Miguel aparece con menos frecuencia en los papeles. En noviembre de 1938, El Canario de Madrid se anuncia durante dos semanas en el Cine de la Latina de la capital, donde actúa en el fin de fiesta que se ofrece tras la proyección diaria. Aunque no figura en los carteles, es probable que el toque corra a cargo de su inseparable compañera.

Lo mismo se puede deducir en relación con otras apariciones del cantaor madrileño, que en enero de 1939 actúa en el cine Hollywood y en marzo de ese mismo año se mantiene durante todo el mes en el cartel del Teatro de Variedades, donde comparte escenario con un extenso elenco de artistas, entre los que destaca la presencia de Paco Aguilera.

En agosto de 1939 retomamos la pista de Victoria de Miguel en Soria, de nuevo junto a El Canario de Madrid, si bien el redactor o redactora se hace un pequeño lío con los nombres:

“Mañana domingo se celebrará en la Plaza de Toros una extraordinaria función de circo y ópera flamenca, haciendo su presentación el divo de cante flamenco Canario de Madrid y la notable cantadora Encarnita de Miguel, acompañados a la guitarra por Victoria de Madrid” (El avisador numantino, 19-8-1939).

Victoria de Miguel (Foto de Yolanda Cardo, ABC, 18-2-2000)

Victoria de Miguel (Foto de Yolanda Cardo, ABC, 18-2-2000)

Las últimas referencias que hallamos sobre la artista madrileña datan de los años cuarenta. En octubre de 1943 se presenta en el Teatro Fuencarral de Madrid, con un conjunto de ópera flamenca integrado por artistas como Guerrita, el Niño Pavón, El Canario de Madrid o El Cojo de Madrid, entre otros.

Tres años más tarde, se celebra en la Plaza de Toros de Granada una “gran velada de ópera flamenca con el gran conjunto SOLERA DE ASES” (La Prensa, 19-8-1946), del que forman parte Paco el Americano, la Niña de la Puebla, el Niño de Almadén, Consuelo Heredia o el Canario de Madrid, entre otros artistas. Una vez más, aunque su nombre no figura en los papeles, es bastante probable que sea Victoria de Miguel quien acompañe a la guitarra a su inseparable cantaor. Tras la muerte de éste, en 1981, la artista se retira definitivamente de los escenarios.

Cien años de vivencias

En el año 2000, cuando le faltan pocas semanas para cumplir un siglo, Victoria de Miguel rememora los episodios más destacados de su vida en una entrevista concedida a M. J. Álvarez (3). La anciana guitarrista recuerda a sus maestros y evoca a algunos de los grandes artistas con quienes compartió cartel –los mejores de su época y de todos los tiempos: Pastora Imperio, La Niña de los Peines, Pepe Marchena o La Niña de la Puebla, por mencionar sólo a algunos-.

Además, Victoria confiesa que ni el hecho de ser mujer ni la oposición de su familia pudieron frenar su carrera. Cualidades no le faltaban, como demuestran sus cachés, que eran superiores a los de muchos de sus compañeros. Todo ello nos da una idea de la singularidad de esta artista, a quien ha de reconocerse el gran mérito de lograr hacerse un nombre en un mundo fundamentalmente ‘de hombres’ y en una época en que las mujeres estaban llamadas a desempeñar una función muy diferente en la sociedad.

NOTAS:

(1) Las referencias relativas a las actuaciones de 1927 en Málaga y Cartagena las aporta Eulalia Pablo Lozano, en su obra Mujeres guitarristas, Sevilla, Signatura, 2009.
(2) José Gelardo, en su obra ¡Viva la Ópera Flamenca!: Flamenco y Andalucía en la prensa murciana (1900-1939), Universidad de Murcia, 2014, aporta la siguiente referencia:
“Teatros. Circo
Anoche debutó la agrupación titulada ‘Espectáculos Giralda’ […] destacando por su actuación la cantadora de flamenco Niña del Patrocinio, la guitarrista Victoria de Miguel y el ‘Trío Lara’” (Cartagena Nueva, 12-2-1933).
(3) M. J. Álvarez, “Recuerdos de un siglo”, ABC, 18-2-2000.


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (y XII)

A principios de los cuarenta, tras siete años dando vueltas por el mundo, Amalia Molina regresa a los escenarios españoles, y lo hace de la mano de empresarios como Juan Carcellé, que la integra en sus espectáculos de varietés, o Pastora Imperio, que acaba de crear una compañía de cantaores y bailaores gitanos. Sin embargo, después de varias décadas como reina indiscutible del género de variedades, la estrella de la Molina ya no brilla como antes.

Amalia Molina (Mundo Gráfico, 31-12-1930)

Amalia Molina (Mundo Gráfico, 31-12-1930)

“… la genial Amalia Molina, cargada de glorias y que aún conserva el garbo peculiar que la hizo famosa. Sin embargo, creemos que los artistas deben de ser cuidadosos con su historia y en todo se pasa, pero más que en todo en este asunto de las varietés” (Hoja Oficial del Lunes, 2-12-1940).

Tras décadas de gloria, el descenso a los infiernos

La que años atrás regresaba de América cubierta de oro y joyas, y contaba sus ganancias por millones, en 1944 reside en una humilde habitación y actúa en un tablao de la calle del Infierno, en la Feria de Sevilla, por 150 pesetas. El periodista G. Gomez Bajuelo obtiene las siguientes declaraciones de la artista:

“- ¿Cuánto habrás ganado en tu vida artística?

– Unos cinco millones de pesetas. Pero lo que gané con el arte lo perdí con los negocios. La guerra me ha perjudicado también mucho. Por eso trabajo ahora […]

Yo necesito dinero. Por eso fui a la caseta de la feria… También Raqué Melle actúa ahora en los cines de barrio de Barcelona, con lo gran artista que ha sío…” (ABC de Sevilla, 7-7-1944).

Raquel Meller

Raquel Meller

En esa misma entrevista, Amalia afirma estar preparando un espectáculo, que espera presentar pronto en Sevilla. Un mes más tarde, la prensa se hace eco del éxito obtenido por la artista en su ciudad natal:

“La sin par artista sevillana Amalia Molina […] se ha presentado ahora ante su directo público, reverdeciendo con insospechada fragancia sus gloriosos lauros.

El público se entregó por completo a la saladísima ‘estrella’, aplaudiendo con entusiasmo todos sus números.

El triunfo de Amalia fue definitivo, granjeándose desde los primeros momentos la simpatía y la admiración de los sevillanos” (ABC de Sevilla, 6-8-1944).

A partir de ese momento, la Molina es agasajada con varios homenajes, con los que sus compañeros de profesión tratan de paliar en lo posible la difícil situación económica por la que atraviesa la artista. Uno tiene lugar en el Teatro Llorens de Sevilla, y en él participan la actriz María Fernanda Ladrón de Guevara y el cantaor Pepe Pinto, por citar sólo a algunos. Otro se celebra en el madrileño Circo Price. Así lo anuncia ABC:

Amalia Molina (Alrededor del mundo, 19-5-1919)

Amalia Molina (Alrededor del Mundo, 19-5-1919)

Amalia Molina, ‘estrella’ de ayer, y ahora muy olvidada, perdida en el elenco de una barraca verbenera, recibe hoy, merced a las buenas gentes del teatro, merced a los artistas circenses y al buen público madrileño, que tanto la aclamó en horas lejanas, un homenaje que le dará, con el recuerdo de aquéllas, una imprescindible ayuda económica para sus días difíciles” (8-8-1945).

“Ayer […] se celebró en el Circo de Price el anunciado festival en honor de la gran artista de la danza y de la canción Amalia Molina.

[…] El público llenó por completo las localidades. El veterano actor D. Enrique Chicote ofreció el homenaje en unas cuartillas llenas de emoción y gracia, y Amalia Molina tuvo que hablar, y dio gentilmente la gracias entre ovaciones y lágrimas de emoción.

[…] la compañía y el personal del Circo Price rivalizaron en entusiasmo y arte para rendir testimonio de compañerismo y de admiración a la gran ‘estrella’ Amalia Molina, que, como dijo en sus palabras de gratitud, reconoció ayer como el día más inolvidable de su vida” (9-8-1945).

Manolo Caracol y Lola Flores

Manolo Caracol y Lola Flores

Unos meses más tarde, en el teatro de Fuencarral, Lola Flores y Manolo Caracol organizan un nuevo beneficio en honor de la artista sevillana, cuyo nombre vuelve a figurar en la cartelera madrileña. Tanto los promotores de la iniciativa como “Amalia Molina -siempre joven y llena de temperamento- recibieron […] encendidas ovaciones, que llevaron lágrimas de emoción a los ojos de la agasajada” (ABC, 112-6-1946).

Un tímido renacer

A partir de 1947, la artista sevillana desarrolla la mayor parte de su actividad en Barcelona, donde se anuncia sobre todo en cines y en teatros como el Condal, el Moderno o el Cómico, por lo general, en el marco de distintos espectáculos con un elevado componente folclórico.

Aunque se prodiga mucho menos que antes, la Molina, “genio y figura de todos los tiempos” (La Vanguardia, 27-8-1950), sigue manteniéndose “firme en su puesto de insuperable repiqueteadora de los crótalos” (La Vanguardia, 21-6-1950).

A principios de los cincuenta, el nombre de Amalia vuelve a figurar en las carteleras madrileñas, junto a artistas como Tomás de Antequera, Emilio el Moro o Marujita Díaz, por mencionar sólo a algunos.

Amalia Molina y Antonio Amaya (Imperio, 12-5-1954)

Amalia Molina y Antonio Amaya (Imperio, 12-5-1954)

Entre 1952 y 1953, la incombustible artista realiza un nuevo viaje por América, que la lleva, entre otras ciudades, a Caracas. La revista Ritmo ofrece algunos detalles sobre esta última aventura transatlántica de la sevillana:

“En el Teatro Nacional, bajo de la dirección de Amalia Molina, será presentado próximamente un espectáculo de arte popular español denominado ‘Tambores de España’. Como quiera que viene precedido de una gran propaganda y mucha fama en los países vecinos, este espectáculo es esperado con verdadera impaciencia” (1-12-1952).

50 años sobre los escenarios del mundo

A su regreso, la Molina y sus castañuelas aún tienen tiempo de cosechar nuevos éxitos en distintas salas, fundamentalmente, de Madrid, Sevilla y Barcelona, donde la artista tiene fijada su residencia durante esta última etapa de su vida.

En junio de 1955, el escenario del Circo Price es testigo de excepción de uno de los días más emotivos para Amalia, que celebra sus bodas de oro con el cante y el baile, si bien es verdad que son muchos más años los que lleva dedicada en cuerpo y alma a ese arte, que es su vida. De hecho, a juzgar por las palabras que le dedica Fernando Castán Palomar, ni cinco décadas sobre las tablas han podido desgastar la gracia y el encanto de esta gran artista:

Amalia Molina ha dedicado su vida a cantar y a bailar, con una perseverancia en la que no abrieron grietas ni sus momentos de mucho dinero entre los dedos. Ella ha preferido siempre tener en ellos las castañuelas, y el dinero contó poco en sus manos. […]

Amalia Molina sigue siendo en el escenario un prodigio de garbo, de salero, de juventud, de movimiento, de gracia y de entusiasmo por su baile y por los palillos. […]

En el escenario, Amalia Molina, con su mantón de flores y el alegre repique de sus castañuelas, sigue teniendo la alegría, el brío, la luz y la gracia de cuando, en 1905, se había retratar vestida de torero” (La Vanguardia, 26-6-1955).

Amalia Molina (ABC, 26-9-1926)

Amalia Molina (ABC, 26-9-1926)

La artista macarena, que constituye un “ejemplo señero de una vitalidad asombrosa y de un temperamento y andalucísima gracia y solera sin par” (Hoja Oficial del Lunes, 27-6-1955), aún no piensa en retirarse. Así lo manifiesta en octubre 1955 al periodista Del Arco: “El día que diga, me voy, me iré de verdad; quiero antes dar la vuelta a España, marchar otra vez a América, y, a la vuelta, me despediré” (La Vanguardia, 1-10-1955).

Sin embargo, el destino no le permite cumplir ese último sueño. El 8 de julio de 1956, víctima de un cáncer, fallece en el Hospital de Nuestra Señora de la Esperanza, de Barcelona, la genial Amalia Molina. Sus últimos años habían tenido un sabor agridulce, pero ni los problemas económicos ni la pérdida de su marido, en 1953, habían conseguido quitarle las ganas de vivir.

Al igual que en sus años dorados, cuando la prensa se llenaba de elogios para esta enorme artista y gran señora, con motivo de su último adiós son varios los periódicos que se acuerdan de ella y le dedican sendos artículos. Entre todos ellos, y a modo de epitafio, nos quedamos con estas palabras de Joaquín Montaner:

Amalia Molina, que llenó una época de buen canto y buen baile en su patria y en el mundo entero, vio llegar a la muerte con la sonrisa en los labios y con la fe en su Señor del Gran Poder. […] Pensó retirarse del todo creyendo sobrevivir a su enfermedad y desapareció en pocas horas para no volver nunca.

Amalia Molina era una institución en Barcelona, que fue refugio de su viejo arte durante los postreros años. Nadie llevó sus desdichas con mayor señorío y envidiable buen genio que Amalia. […]

Como mujer era encantadora y originalísima, y tuvo la gran virtud de no criticar jamás a ninguna de sus compañeras […].

Desapareció con ella un mundo genial y alegre, que no se puede dar fácilmente, y que si se diese, no podría ser superado ni siquiera igualado jamás” (ABC, 10-7-1956).


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (IX)

Goyescas en París

A finales de 1919, Amalia Molina debuta en París, y lo hace por la puerta grande. La artista sevillana forma parte del elenco de la obra Goyescas, que se estrena en la Gran Ópera de la capital francesa. La música es de Granados y el libreto, de Periquet. El pintor Ignacio Zuloaga se encarga de la escenografía y el diseño de vestuario.

Gran Ópera de París

Gran Ópera de París

Amalia, “al frente del cuadro de baile de aquel teatro, interpretará con su clásico estilo y auténtico sabor de la tierra un baile de candil, un fandanguillo y otras danzas populares”. Además, para aprovechar al máximo su estancia en París, la Molina compaginará este contrato con su presentación en “uno de los mejores ‘music halls’ del Bulevar”, con el lujo y el estilo al que nos tiene acostumbrados:

Amalia lleva un selectísimo repertorio de canciones y bailes regionales, que presentará con fastuoso boato de telones e indumentaria: escenógrafos y modistos trabajan febrilmente.

La cortina de la embocadura es de damasco verde malva y en el centro, recamado en seda y oro, va el escudo de España.

El escenario es un salón de estilo Renacimiento, con reproducciones de las obras pictóricas maestras de Velázquez y Goya, y en el fondo, abierto, aparecerán en forillos paisajes y lugares de España correspondientes a cada canción o baile” (El Liberal, 1-12-1919).

El estreno parisino de Goyescas tiene lugar el 16 de diciembre, con la asistencia de la Reina Victoria Eugenia de España y Presidente de la República Francesa, el Sr. Poincaré, así como otras altas personalidades de la política de ese país.

El pintor Ignacio Zuloaga

El pintor Ignacio Zuloaga

A pesar de la expectación despertada por la obra, su presentación no obtiene el éxito esperado. La crítica francesa se muestra decepcionada por la música, que al ser “transportada del piano a la escena y a la orquesta […] ha perdido tres cuartas partes de su seducción”, probablemente debido a la “instrumentación monótona, torpe y de un arte incompleto” (Le Figaro, 18-12-1919). (1)

Sin embargo, la prensa elogia la espléndida labor de Zuloaga y, entre todo el elenco, destaca el papel desempeñado por Amalia Molina, que se convierte en la gran triunfadora del espectáculo:

“La Srta. Amalia Molina -bailarina sevillana especialmente contratada para bailar un fandango en el segundo acto- ha causado sensación como tocadora de castañuelas” (Le Figaro, 18-12-1919).

“Lo que más ha gustado en París del estreno de Goyescas no ha sido la expresiva música de Granados […].

El ‘clou’, como dicen los franceses, de esta interesante y sentimentalespagnolade’, ha estado en las castañuelas con que la Amalia Molina acompaña una ilustración coreográfica -como dicen ahora- de la música de Granados.

Para estas castañuelas han sido los principales elogios” (La Correspondencia de España, 26-12-1919).

“… la aparición de Amalia Molina en Goyescas, indica que la Ópera de París se decide a representar, cuando el caso lo pida, en vez de las tradicionales bailarinas de academia, intérpretes genuinos del arte popular de su tierra. De Amalia Molina decía Faublas: ‘Perfecta y discretaVerdadero baile, casi no es teatro. ¡Qué ciencia, pero qué medida!’” (España, 8-1-1920).

La Reina Victoria Eugenia en 1920

La Reina Victoria Eugenia en 1920

Es tal el éxito de la artista sevillana, que la soberana española la hace subir al palco para felicitarla:

“… teniendo motivo de especial satisfacción Amalia Molina después del acto segundo, en que bailó con el estilo en ella clásico, por los efusivos elogios de la Reina, a la que saludó como al prototipo de las Reinas guapas, y al felicitarla S. M. y madame Poincaré y ver que alababan el magnífico mantón de Manila con que a modo de chal se adornaba, se lo ofreció a la Soberana, que le agradeció el generoso obsequio aunque sin aceptar el espontáneo ofrecimiento” (La Ilustración española y Americana, 22-1-1920).

Años más tarde, la bailaora rememora ese glorioso momento de su carrera:

Granados y Periquet me llevaron a la Ópera de París para interpretar la danza del candil, del segundo acto de Goyescas. Hizo mi presentación don Ignacio Zuloaga. Y asistió a ella la Reina doña Victoria Eugenia. ¡Qué éxito no tendría, que Mariano de Cavia dijo que yo hacía más patria con las castañuelas que muchos ministros de España” (ABC de Sevilla, 7-7-1944).

Amalia Molina (La Ilustración Española y Americana, 22-1-1920)

Amalia Molina (La Ilustración Española y Americana, 22-1-1920)

En febrero de 1920, una vez cumplido su compromiso con la Ópera, Amalia Molina pasa al Teatro Olympia, donde acaba de triunfar otra española, Raquel Meller. Durante cuatro semanas, con un caché de mil francos diarios, la artista de la Macarena sigue conquistando al público francés

“La famosa bailaora española Amalia Molina […] figura ahora en el programa del Olympia y constituye la atracción principal del espectáculo, interpretando con un talento pintoresco, a la vez brillante y expresivo, los bailes y los cantos regionales españoles de los que sigue siendo la creadora incomparable” (Le Ménestrel, 13-2-1920).

Incluso la prensa norteamericana se hace eco de sus éxitos:

Amalia Molina se sitúa a la cabeza entre las bailarinas españolas de este momento. Es pequeña, bonita y vivaracha, una mezcla de todo lo mejor de las bailarinas españolas del pasado” (Variety, febrero de 1920).

Londres – España -América

Tras su aventura parisina, Amalia viaja a Londres, para actuar en el teatro Palace y en el Chelsea. Después del verano regresa a España, aunque sólo por unos meses, pues en abril de 1921 la artista vuelve a cruzar el charco, esta vez con destino a Buenos Aires.

Teatro Palace, Londres

Teatro Palace, Londres

En la capital argentina permanece casi medio año. Hasta los papeles españoles llegan algunas noticias del paso de la Molina por tierras americanas, como la de su exitosa presentación en el Teatro Esmeralda de Buenos Aires, donde “tanto en los bailes como en las canciones, renovó sus grandes triunfos y fue aclamada con vivo entusiasmo” (La Voz, 16-7-1921).

“La Molina es una artista de verdad. Es superior a cuantas nos han visitado. Pone alma, mucha alma, en todas sus interpretaciones.

Canto unas ‘Trianerías’ que arrancaron aplausos cerrados, terminantes, de ésos que no se pueden evitar en ninguna forma. ¡Con decir que hasta algunos críticos de gabinete unieron sus manos en homenaje al arte de la debutante!

Y las canciones se repitieron y el público exigía más, siempre más, y complaciente la Molina, entonaba una y otra como si tal cosa, cual si se encontrase seducida por el entusiasmo que ella misma provocara.

Como final, se le reclamó una ‘saeta’ […], y en medio de un silencio religioso, el corazón de la artista se deshojó con mística amargura en los labios, y el público gustó así una de las más bellas emociones de arte superior” (ABC, 17-7-1921). (2)

Amalia Molina (Blanco y Negro, 18-12-1910)

Amalia Molina (Portada de Blanco y Negro, 18-12-1910)

Tras varios meses de éxitos en Buenos Aires, en septiembre de 1921 Amalia Molina continúa con su gira americana, que la lleva a países como Chile, Perú, Cuba o México. El diario ABC publica algunos pormenores de su estancia en el país andino:

“A la vez que Pastora bailaba y cantaba en el Colón, actuó en Viña del Mar, y en Valparaíso, en el teatro del Centro Español […], la graciosa y pizpireta Amalia Molina. Esta chica que es pura sal sevillana, se atrajo inmediatamente las simpatías del público, que la hizo objeto de cálidas ovaciones.

[…] ‘Si no fuera porque no puedo vivir mucho tiempo fuera de España, me quedaba en Valparaíso por todo el resto de mi vida, para demostrar a ustedes que sé querer de veras’. Amalia irá a Perú, a México, a Cuba” (ABC, 15-3-1922).

El Capitolio de La Habana

El Capitolio de La Habana

En primavera de 1923, la artista sevillana se presenta en Cuba. Como ya sucediera durante su anterior visita, Amalia conquista al público y a la prensa, que la colma de elogios:

“En el Capitolio de La Habana ha hecho su aparición la popular y genuina cancionista española, de la que dice el ‘Diario de la Marina’, comentando su brillante éxito:

‘Es una artista de carácter, una figura representativa que, en sus tonadillas y en sus ballets, presenta a la nación española en una de sus más espirituales formas de expresión, con una rara y hermosa sinceridad artística.

No es una improvisada cupletista ni una danzante de ocasión. Es una creadora de belleza en las canciones y en los bailes, y goza de universal renombre’” (ABC, 21-2-1913).

Unos meses más tarde, ya en tierras mexicanas, “la castiza y salada cupletista” vuelve a causar sensación, tanto en el teatro Virginia Fábregas como en el Casino. La siguiente etapa de su gira la lleva a los Estados Unidos.

NOTAS:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(2) Reproducción del texto publicado por un diario de Buenos Aires.