Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Lolita Astolfi, cuando el baile se convierte en sentimiento (II)

En 1919 Lolita Astolfi se dio a conocer en ciudades como Écija, Cabra o Jerez de la Frontera, y siguió renovando sus éxitos en teatros como el Romea de Madrid o el sevillano Lloréns, que ocupaban un lugar destacado en su agenda. Las crónicas ensalzaban su delicadeza, simpatía y elegancia, y su exquisita presentación.

Lolita Astolfi

Lolita Astolfi

Sus primeras creaciones

A sus quince años de edad, ya empezaba a contar con repertorio propio, compuesto expresamente para ella por músicos como Emilio de Torre y José María Lozano. Estos autores firmaron la partitura de “¡Viva Faraón!”, una farruca con “sabor a zambra gitana” (El Liberal de Sevilla, 3-6-1919) que estrenó en el Teatro Lloréns en el mes de mayo; la de un “tango albaicinesco” (El Liberal de Sevilla, 7-7-1919) que presentó en Málaga unos meses más tarde; y la de “Egipto soberano”, que bailó por primera vez en el Salón Imperial de Sevilla en 1922 (El Noticiero Sevillano, 26-2-1922).

En esa época también actuó en ciudades como Huelva o Granada, y viajó en varias ocasiones a Barcelona para presentarse en el Teatro Eldorado, compartiendo cartel con artistas como Raquel Meller o Carmen Flores. Los últimos compromisos del año la llevaron a Logroño, Lisboa y el Teatro Parisiana de Madrid.

Lolita Astolfi (Mundo Gráfico, 5-11-1921)

Lolita Astolfi (Mundo Gráfico, 5-11-1921)

Tras reencontrarse con el público sevillano -primero en el Salón Imperial y después en el Teatro Lloréns– y realizar una gira por Marruecos, en mayo de 1920 fue contratada en el Teatro Eslava de Jerez. Los cronistas del diario El Guadalete se rindieron ante el prodigio de esa muchachita cuya grandeza artística era inversamente proporcional a su edad y a su estatura, y que incluso resistía la comparación con las primeras figuras del género:

Lolita Astolfi, la ¡enorme! así; la enorme bailarina que pisa el tablado de Eslava, cada noche da una prueba más de su valer, de su talento, de su alma de artista.
Los pasos que da matizan las frases del músico y con una expresión de alegría, de tristeza, de pasión, de celos, marca toda una idea haciendo que el público saboree la obra; porque no es que la baila, es que la dice” (El Guadalete, 28-5-1920).

“Una salva de nutridos aplausos acoge la aparición de esta genial mujercita que a los diez y seis años, es bailarina tan eminente y completa, como aquellas otras que más brillan en las altas esferas de su arte. […]
Incansable la artista, se prodiga y su figura gentil y esbelta de niña, se agiganta y crece por magas inspiraciones geniales. Y a cada número, las manos de los espectadores chocan entusiastas…” (El Guadalete, 2-6-1920).

Llamada a estar entre las grandes

Algo tendrá el agua cuando la bendicen y si la bendición procede de una gran figura del baile, como Antonia Mercé, sólo cabe decir amén. Así se pronunciaba la Argentina en 1921 sobre las artistas de variedades españolas: “Pastora Imperio es para mí la primera […] y después Raquel Meller. En el género de bailarinas me entusiasma la Bilbainita, Lolita Astolfi a la que reputo como una verdadera esperanza del arte” (La Voz, 30-3-1921).

Lolota Astolfi, El Teatro, 1922

Lolota Astolfi (El Teatro, 1922)

El polifacético escritor Álvaro Retana también concedía a la joven bailaora un lugar destacado entre las grandes figuras de la danza flamenca:

“Los cuatro ases de la flamenquería, las cuatro reinas del género andaluz, son: Carmelita Sevilla, Laura de Santelmo, Amparito Medina y Lolita Astolfi. Las flamencomanías de Carmelita Sevilla y la farruca torera de Lolita Astolfi son cosas tan serias y faraónicas, que se puede afirmar que tanto Carmelita como la Astolfi han aprendido sus hieráticas actitudes en el interior de las auténticas pirámides de Egipto…” (Mundo Gráfico, 5-10-1921).

En esa época, la joven se encontraba inmersa en una constante tournée por toda la geografía española, con paradas en ciudades como Barcelona, Madrid, Bilbao, San Sebastián o Palma de Mallorca. En el verano de 1921 aprovechó su estancia en Sevilla para colaborar en dos festivales benéficos celebrados en la Venta de Eritaña y en el Salón Imperial. En ellos se codeó con grandes artistas flamencos, como la Niña de los Peines, Pastora Molina, la pareja Gómez Ortega, la Antequerana, el Niño de Jerez, Manuel Escacena o Juan Ganduya, Habichuela.

A pesar de su juventud, Lolita se presentaba ya como toda una estrella, “con decorado propio y fastuoso vestuario”, y “su figura grácil, sus simpatías, su belleza y más que nada su inconfundible modo de bailar, en la que pone matices de artista” (El Liberal de Sevilla, 23-9-1921), la hicieron merecedora de grandes aplausos. En febrero de 1922, durante su actuación en el Teatro Moderno de Salamanca, el cronista de El Adelanto destacaba las condiciones que la harían “llegar, en su género de baile, a la mayor eminencia: temperamento, carácter, gesto y belleza”.

“Hay, además, en esta muchachita, una extraordinaria cualidad, el principio del movimiento, a cuya exactitud no han llegado sino muy contadas bailarinas españolas. La Astolfi consigue el máximo de expresión con los movimientos de cabeza, brazos y piernas, conservando siempre cuerpo rígido y vertical, obteniendo con ello la belleza y el vigor de la línea de una distinción maravillosa” (El Adelanto, 13-2-1922).

Lolita Astolfi

Lolita Astolfi

Un mes más tarde debutó en el Kursaal Gaditano, con un repertorio variado que incluía danzas típicas de diferentes regiones españolas, como las pravianas tituladas “Tierras llanas”, la jota, las asturianas, la rapsodia valenciana o el aurresku. En todas ellas se mostraba “arrogante, grácil y ajustada al pentagrama” (El Noticiero Gaditano, 23-3-1922). Sin embargo, donde más brilló fue en sus clásicos bailes andaluces, como el fandango o la farruca, algunos de los cuales interpretó ataviada “con soberbio traje de cola, rememorando a la bailaora clásica de tablado” (El Noticiero Gaditano, 24-3-1922). El público quedó verdaderamente extasiado:

“Hay momentos en que con la oscuridad del salón, sólo enfocando la luz a la artista, y el silencio que se hace como obedeciendo a un conjuro mágico (los pies de la artista) parece aquél vacío sólo con el repiqueteo leve sobre las tablas al hacer la artista la invitación, sombrero en mano, de El Fandanguillo. Este brindis y el baile todo en sí, tiene tal fuerza de atractivo, que la artista ha de bisarlo completo…” (El Noticiero Gaditano, 22-3-1922).

París se postró ante ella

Con los públicos de Cádiz y el resto de España rendidos a sus pies, en la primavera de 1922 Lolita Astolfi emprendió una nueva aventura internacional. Recomendada por Raquel Meller, fue contratada para la inauguración de la temporada española en el Teatro Olympia de París, que la anunció en sus carteles como “Reina de la Danza” (Comoedia, 26-4-1922) (1). En la crónica de su debut, el escritor Enrique Gómez Carrillo la presentaba como una artista intuitiva, temperamental, que goza con su propio baile, y es capaz de transmitir al espectador una amplia gama de sentimientos y sensaciones que van desde la inocencia infantil hasta el más apasionado desenfreno:

Lolita Astolfi (Le Petit Journal, 5-5-1922)

Lolita Astolfi (Le Petit Journal, 5-5-1922)

“Debutó ayer y ya, hoy, es famosa. Le ha bastado con presentarse, como siempre ha sido, trémula y sencilla, sutil y apasionada, para conquistar el corazón del público de París. El público ha sentido en seguida lo que, además de su arte tan perfecto, hay en ella de personal, de inocente, de tierno, de instintivo y de íntimo. Nunca parece bailar para nosotros. Ebria de un sueño, enigmática, baila para sí misma. Se embriaga de sus propias armonías, se sonríe, se respira. […]
Es casi una niña, con un corazón de niña. Y, a pesar de ello, nos perturba, porque lleva en su delicado ser todo el secreto de las mujeres de su raza, que, ya en la antigua Roma, celebraban, con el crepitar de las castañuelas, los ritos oscuros de la voluptuosidad y de la pasión andaluza. […] Son bruscas, son violentas, son sensuales hasta la exasperación, y, al mismo tiempo, son castas y hieráticas. Se siente, al verlas, que la bailarina se ofrece, que atrae, que está a punto de desmayarse. Y, de pronto, la vemos alzarse de nuevo, desdeñosa o salvaje, con los ojos llenos de un odio súbito, para rechazar las caricias que se le acercan.
[…] ante esta exquisita e impecable Lolita Astolfi, cuya alma es un espejo que no ha sido empañado por ningún soplo de pecado, el misterio nos parece aún más turbador, porque está hecho de contrastes de embriaguez amorosa y de candor infantil, de voluptuosidad sutil y de pudor ingenuo, de encanto sonriente y de altiva crueldad” (Comoedia, 29-4-1922).

Lolita Astolfi (La Semana Gráfica, 6-5-1922)

Lolita Astolfi (La Semana Gráfica, 6-5-1922)

La prensa gala llegó a calificar a Lolita Astolfi como “la más perfecta coreógrafa actual” (Comoedia, 22-5-1922). Durante casi un mes cautivó al público del Olympia con su juventud y sus bailes llenos de colorido, estrenó “un bonito repertorio del maestro Ruiz de Azagra” (La Correspondencia de España, 22-6-1922), e incluso tuvo tiempo para disfrutar de la noche parisina y practicar los bailes de moda:

“Apenas dejó el escenario, emocionada por el éxito que acababa de conseguir, se fue corriendo al Thé-Tango para entregarse -¡con qué alegre exuberancia!- a las alegrías del shimmy y el boston… Y los bailarines dejaron de bailar para ver mejor bailar a esta joven bailarina…” (Comoedia, 30-4-1922).

A su regreso a Sevilla, contó al periodista Nicolás de Salas algunas anécdotas de su aventura transpirenaica. Le habló de los intentos de seducción de un francés avispado, de lo mucho que había echado de menos su casa y de los momentos de diversión junto a otros compatriotas:

“Un día en una guitarrería, hice amistad con un escultor español. Allí se reunían muchos artistas de mi tierra, y celebrábamos fiestas españolísimas. Yo bailaba sobre una mesa, un poeta tocaba la guitarra y un pintor sevillano cantaba. ¡Y hacíamos cada gazpachito! Aquello era delicioso” (La Semana Gráfica, 11-11-1922).

Notas:

(1) La traducción de todos los textos extranjeros es mía.


Lolita Astolfi, cuando el baile se convierte en sentimiento (I)

¿Una artista nace o se hace? En las primeras décadas del siglo XX, el boom del recién estrenado género de variedades empujó a muchas jóvenes a buscar suerte en los escenarios, deslumbradas por la perspectiva del éxito y el dinero fácil. Incluso surgieron establecimientos dedicados a la fabricación de cupletistas como buñuelos. Con este símil describía el maestro Eduardo Tecglen la labor que realizaba en su academia madrileña, donde, según declaraba a J. Larios de Medrano, era capaz de crear una cupletista en un mes, por sólo 64 pesetas. “Ya sólo le falta para poder ganar dinero, sin muchas fatigas, que tenga talento” (El Liberal, 27-3-1917).

Lolita Astolfi (Fundación Juan March)

Lolita Astolfi (Fundación Juan March)

Entre tantas aspirantes, pocas fueron las elegidas, las que alcanzaron fama y prestigio, sin duda, por estar dotadas de ese ingrediente extra que el maestro no podía dispensar en su academia, pues el talento hay que traerlo de serie. Lo tenía muy claro Lolita Astolfi cuando afirmaba que “para bailar flamenco hay que nacer” (Heraldo de Madrid, 6-2-1924), como nacieron Pastora Imperio o Amalia Molina, ilustres discípulas de Terpsícore que pasearon antes que ella el nombre de Sevilla por los escenarios.

Primeros pasos, de la mano de su tía

Lolita Astolfi vino al mundo en Sevilla en 1904, recibió las aguas bautismales en la iglesia de Omnium Sanctorum y se crio en el barrio de la Feria. Su padre, Carlos Astolfi Aguilar, era tablajero y su madre, Elisa García Pichardo, tenía una hermana menor que pronto se reveló como una de las artistas más versátiles de su tiempo. Era guitarrista, cantaora, bailaora y cupletista, y se anunciaba en los carteles como Teresita España.

Teresita España (Nuevo Mundo, 6-2-1920)

Teresa García Pichardo, ‘Teresita España’ (Nuevo Mundo, 6-2-1920)

En 1910 Lolita residía junto a sus padres y su hermana Regla, dos años menor que ella, en el número 15 de la calle Lumbreras y anteriormente habían tenido su hogar en el 117 de la calle Feria. Durante su infancia, “no había fiesta ni jarana de la vecindad donde la chiquilla no luciera sus encantos y sus alegrías y no luciera sus habilidades para el baile. Unas veces para alegrar una boda, otras para solemnizar un bautizo, otras para festejar un santo” (Heraldo de Madrid, 6-2-1924). Años más tarde, el periodista Juan Ferragut rememoraba una de sus primeras actuaciones en aquel ambiente familiar, entre vecinos y allegados, acompañada por el cante y la guitarra de su tía:

“… Y Teresita, gachona y castiza, reverberantes las negras pupilas alegres, burlón el gesto, encendida el alma en el pagano gozo de la fiesta, modulaba un tango desgarrado y castizo:
Un novio que yo tenía
se fue a Alemania y no volvió…
Y cuando el jaleo subía un diapasón y el ¡olé! rubricaba el dejo burlón y ligero, una rapacilla, tan niña que aún las trenzas no le llegaban a los hombros, saltó al centro del patio. Era morenita y fina, con ojos de fiebre que eran ya ojos de mujer, delgada y cimbreña como una vara de nardos…
Al compás del tango bailaba la nena… En su pelo negro albeaba una moña de jazmines; sus manos trémulas aleteaban en el aire como palomas en la gracia tímida del primer vuelo… Y toda su figurilla, feble y rítmica, se agitaba en el nervioso taconeo que la guitarra marcaba con ardiente cadencia…
-Pero, niña, ¿quién te ha enseñao a bailar? -interrogó, entusiasmado, un viejo vecino.
Y la chiquilla, deteniéndose, respondió súbita:
-¡Quién me va a enseñá! ¡Si esto es más fásil que comé, abuelo!… ¡Es que yo quió sé artista, como mi tía!…” (Muchas Gracias, 3-12-1926).

Lolita Astolfi

Lolita Astolfi

Debut, junto a sus maestros

Dado que en su “hogar, donde se vivía con economías y estrecheces, no daban interés al arte de la pequeña”, fue su tía Teresa quien abonó los treinta reales mensuales que costaba estudiar en la academia de los hermanos Pericet, sita en San Juan de la Palma, donde no tardó en convertirse en “la discípula más aventajada” (Heraldo de Madrid, 6-2-1924). En 1916 la prensa ya daba cuenta de su buen hacer en una fiesta celebrada con motivo de la onomástica del maestro Rafael: “Lolita Astolfi, una tontería de niña, plena de arte y de gracia fina, nos encantó con sus bailes, y lo mismo le pasó a un Embajador ruso que está en Sevilla, de paso, y se la quiso llevar a Petrogrado, por no nos dijeron cuántos rublos y un coche” (El Liberal de Sevilla, 26-10-1916). Mas no sólo a los rusos encandiló la pequeña:

“En una ocasión llegaron al citado lugar varios ingleses en visita de turismo. Por unas horas saborearon el placer de la fiesta andaluza, bebieron manzanilla, escucharon unas coplitas de sentimiento a un ‘cantaor’ afamado y admiraron un ‘fandanguillo‘, unas ‘bulerías‘ y unas ‘sevillanas‘, ejecutadas por Lolita Astolfi. Entusiasmados con la chiquilla, los extranjeros regaláronla, después de elogiar sus bailes, unas monedas de oro. Loca de contenta corrió a su casa Lolilla, llevando a sus padres aquel primer producto de su trabajo” (Heraldo de Madrid, 6-2-1924).

El despegue definitivo de la precoz artista llegó unos meses más tarde. En la primavera de 1917 se dejó ver en la Feria de Abril de Sevilla de la mano de su tía Teresa y del maestro Rafael Pericet, y alternando con figuras de primer nivel, como Amalia Molina. En la caseta de la Prensa “bailó con mucha gracia unas bulerías” (El Liberal de Sevilla, 20-4-1917), y en la del Ateneo se arrancó por sevillanas con Nati la Bilbainita y con su profesor, ante la mirada de los pianistas Arthur Rubinstein y José Cubiles, la actriz Rosita Rodrigo y los poetas Pérez Zúñiga y Jackson Veyán entre otras personalidades. Con “gracia y desenvoltura ‘sui generis’” (El Correo de Andalucía, 22-4-1917), la joven debutante consiguió “un verdadero triunfo. ¡Qué cara, qué intención y qué movimientos!” (El Liberal de Sevilla, 22-4-1917).

Lolita Astolfi

Lolita Astolfi

Tras el éxito cosechado en la feria, Lolita fue requerida para bailar en las cruces de mayo de los jardines de Villa Rosa y de la Juventud Artística Sevillana. Asimismo, actuó junto a Teresita España en una fiesta andaluza celebrada en el local de la sociedad ‘Los amigos del arte’ en honor de unos arquitectos y en una velada benéfica de la Sociedad Artística Sevillana. En estos últimos eventos las acompañaba la pequeña Reglita Astolfi, que ya había superado con sobresaliente sus primeros años de solfeo en la Sociedad Económica de Amigos del País y empezaba a tomar lecciones con el maestro Pericet.

Con paso firme hacia la gloria: Lloréns, Romea…

No obstante, su puesta de largo oficial como artista tuvo lugar en el mes de octubre en el Teatro Lloréns de Sevilla. A sus trece años, ya había sabido “hacerse de un repertorio dentro del baile bastante extenso, interpretado con arte y sumo gusto” (El Noticiero Sevillano, 30-10-1917), que fue premiado con grandes aplausos. Aunque debía pulir algunos aspectos, se le auguraba un prometedor futuro:

“… Lolita Astolfi, que anoche debutó en este teatro, como bailarina, y obtuvo un éxito completo. Baila bien, y en cuanto vaya sustituyendo por el dominio de las tablas el sello característico del aprendizaje ‘académico‘, dando al baile algo personal, suyo, y dejando de imitar a otras artistas, ya en su repertorio, ya en ciertas ‘posses‘, alcanzará un puesto envidiable. Viste con mucha elegancia y buen gusto, y tiene la debutante méritos propios y simpatías y gracia para triunfar por sí misma sin necesidad de valedores oficiosos, que para nada han podido influir en nuestro juicio. Lolita Astolfi fue aplaudidísima” (El Liberal de Sevilla, 30-10-1917).

Teresita España (El Heraldo de Madrid, 19-9-1921)

Teresita España (El Heraldo de Madrid, 19-9-1921)

Tras su exitoso debut en Lloréns, en febrero de 1918 dio el salto a Madrid. Por mediación de su tía, fue contratada en el Teatro Romea, que ofrecía un amplio programa de cine y variedades internacionales, en el que destacaba la presencia de artistas de la categoría de Pastora Imperio y Víctor Rojas, Laura de Santelmo o Teresita España. Allí fue “aclamadísima, tanto por la maestría” con que ejecutaba su escogido repertorio como “por la propiedad y lujo” con que vestía sus números (Eco Artístico, 15-2-1918), hasta el punto de que su contrato tuvo que ser prorrogado y permaneció todo un mes en el coliseo de la calle Carretas. Durante esa primera estancia en la capital también se presentó en el Teatro Español -en una fiesta a beneficio de la Fundación Bergamín- y en el music hall del Hotel Palace.

Regresó a Sevilla para la Feria de Abril y, un año más, se lució bailando sevillanas en las casetas de la Prensa y del Ateneo, entre otras, formando pareja con su tía Teresa o con Rafael Pericet. Tras su aventura madrileña, regresaba “triunfante, vencedora y consagrada”. Su arte “intuitivo, natural, espontáneo”, y ese “estilo propio, ‘sui géneris’”, hacían ver en ella, “más que una esperanza, una espléndida realidad” (El Liberal de Sevilla, 22-4-1918).

A finales de mayo regresó al Teatro Romea, de nuevo junto a Teresita España. También destacaba en el cartel el dúo formado por los guitarristas Ramón Montoya y Luis Molina. “Cuando debuté en el Romea de Madrid […], tenía catorce años, y el señor Alexanco me dijo que era necesario que para todos tuviera yo diez y seis años” (La Semana Gráfica, 11-11-1922), confesaría después. En sus cada vez más frecuentes viajes la acompañó siempre su madre, como ha sido habitual entre las artistas hasta hace no demasiado tiempo.

Julio Romero de Torres retrata a Lolita Astolfi (El Fígaro, 22-9-1918)

Lolita Astolfi posando para Romero de Torres (El Fígaro, 22-9-1918)

Musa de Romero de Torres

Durante el verano de 1918, de la mano de su tía, se presentó en el Teatro Pradera de Valladolid y en el salón homónimo de Santander, donde deslumbró al público con su “género, fino y culto” (La Atalaya, 9-7-1918). Más tarde, ya en solitario, debutó en Córdoba, tanto en el Cine Victoria como en el Salón Ramírez. Fue entonces cuando posó por primera vez para el pintor Julio Romero de Torres, que sería uno de sus grandes admiradores y la convertiría en protagonista de su obra “Cante Hondo”, realizada entre 1922 y 1924.

En el otoño de 1918 también fue requerida en Sevilla, para actuar en una velada íntima celebrada en el domicilio del periodista Sánchez Perdiguero, donde “bailó soberanamente sevillanas” (El Liberal de Sevilla, 6-10-1918); y aprovechó para hacer lo propio con el maestro Ángel Pericet en la fiesta organizada en su academia con motivo de su onomástica (El Liberal de Sevilla, 3-10-1918). En el mes de noviembre regresó a Lloréns, el teatro donde se presentó por primera vez ante el público de su ciudad, y obtuvo un “éxito extraordinario durante veinticinco noches consecutivas” (El Liberal de Sevilla, 7-12-1918).

La prensa elogió la gran versatilidad de “la gentil mujercita, que acomoda su talle flexible a los acompasados ritmos de una danza gitana, y que a la vez interpreta con extraordinaria soltura y maestría las más difíciles rumbas” (La Unión, 17-11-1918), e incluso hubo quien la designó como sucesora natural de la gran Pastora Imperio. En el mes de diciembre también actuó en el Teatro San Fernando, en una fiesta a beneficio de la Gota de Leche.

"Cante hondo" , de Julio Romero de Torres.

“Cante hondo” , de Julio Romero de Torres.


Isabelita Ruiz, la gran estrella jerezana del baile (III)

En otoño de 1920, Isabelita Ruiz vuelve a triunfar en Madrid, tanto en el teatro Romea como en el music hall del Hotel Palace. Cualidades no le faltan. A su su belleza, su gran calidad artística, su rico vestuario y su gusto en la elección del repertorio hay que unir otros factores: Isabel “es de las artistas que no imitan a nadie y saben siempre matizar su programa con variaciones que le sugiere su talento y que imprimen a su labor un sello peculiar que la hace conquistar cada vez más entusiastas partidarios y admiradores” (Eco Artístico, 30-10-1920).

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921)

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921)

A pesar de su juventud, la jerezana ya ha logrado hacerse un hueco entre las principales figuras del baile, y su arte incluso es comparado con el de los más grandes pintores, músicos y escritores del momento:

Isabelita Ruiz es hoy, porque el público lo quiere y su arte lo merece, la reina de todas las bailarinas. Cuantas veces la hemos contemplado trabajar, hemos traído a nuestra memoria la gracia gitana de Pastora Imperio; el arte y el sentimiento de la Bilbainita; la donosa picardía de la simpática Argentinita” (El Globo, 1-12-1920).

“¡Qué rica cosecha de maravillas podemos recoger en España de esos jardines cultivados a la francesa!

¿Habrá que indicar la poesía de Juan Ramón Jiménez, la pintura de Picasso, la música de Falla y Esplá? – Yo añadiría una bailarina (Isabelita Ruiz […]), porque al considerarla Strawinsky como ‘touchée d’internationalisme’ nos ha proporcionado una admirable fórmula-” (Índice, 1921).

La bailaora jerezana comienza el año 1921 en tierras andaluzas. Actúa en Sevilla, Córdoba y en su ciudad natal. En su repertorio destacan números como la danza ‘Mirando a España’, que “hace presentarse a Isabelita en toda su magnificencia de majestuosidad”, o ‘Un alto en la tribu’, “una danza gitana, plena de sentimiento y de ritmo, en la cual Isabelita se distingue mucho arrancando grandes aplausos” (La Voz, 19-1-1921).

Isabelita Ruiz (Comoedia, 13-9-1920)

Isabelita Ruiz (Comoedia, 13-9-1920)

Isabel es una artista completa, que domina a la perfección los bailes de las distintas regiones españolas, “en los cuales pone toda su alma” (Diario de Córdoba, 26-1-1921), así como un “variadísimo repertorio de baile flamenco” (La Voz, 29-1-1921).

Su confirmación artística

En febrero de 1921 tiene lugar otro hito importante en la vida artística e Isabelita Ruiz. Si bien es cierto que, a estas alturas de su meteórica carrera, la jerezana ocupa ya un lugar destacado entre las más grandes de su tiempo, se puede afirmar que en este momento, como los toreros, recibe oficialmente la alternativa como estrella de variedades, de manos de Antonia Mercé, La Argentina. Así lo relata la prensa:

“Un verdadero acontecimiento artístico fue la sección de gran gala celebrada ayer en el teatro Romea para consagrar como ‘estrella’ a la gentilísima bailarina sevillana Isabelita Ruiz, que ha recorrido triunfalmente los escenarios de los más afamados ‘music-halls’ de París.

Ante un público selectísimo, en el cual se veían muchas damas de la gran sociedad, salió a escena la Argentina, llevando a la nueva ‘estrella’ de la mano. La concurrencia saludó a las artistas con aplausos clamorosos, que se repitieron a terminar cada una de las admirables danzas de Isabelita Ruiz. Bailó luego la Argentina, con su arte inimitable” (El Imparcial, 17-2-1921).

“La eminente artista La Argentina consagró como estrella de ‘varietés’ a la gentil bailarina Isabelita Ruiz. El distinguido público que llenaba por completo la sala ovacionó merecida y clamorosamente a La Argentina y a Isabelita. Esta estrenó varios números de los más afamados maestros, y lujosísimas toaletas” (ABC, 19-2-1921).

Unas semanas más tarde, en el Madrid Cinema, Isabel comparte cartel con otra gran artista flamenca, la cantaora Pastora Pavón, La Niña de los Peines. Posteriormente, la jerezana emprende una nueva gira por provincias, con paradas en Málaga, Córdoba, Barcelona, San Sebastián, Santander y Gijón, entre otras ciudades. La prensa sigue dedicándole grandes elogios por su labor artística:

Isabelita Ruiz es una bailarina originalmente extraordinaria. Espiritualiza la danza y da al ritmo expresión y emoción. El público se siente atraído por la inteligente bailarina y la hace todas las noches objeto de calurosas muestras de simpatía” (El Noroeste, 23-8-1921).

Isabelita Ruiz (La Esfera, 12-5-1920)

Isabelita Ruiz. Foto: R. Sobol (La Esfera, 12-5-1920)

Nuevo triunfo en París

En septiembre de 1921 regresa al teatro Olympia de París “la bailarina más guapa de toda España” (Comoedia, 29-8-1921), y lo hace con “nuevos bailes sevillanos, madrileños y flamencos” (Comoedia, 7-9-1921), lujoso vestuario y ricas joyas. Desde el mismo momento de su presentación, la jerezana confirma la gran fama conquistada durante su anterior visita a la ciudad de la luz (1):

“Ayer […] el Olympia anunciaba la llegada de una guapa bailarina española, Isabelita Ruiz: pues bien, el público no ha sido decepcionado… Esta bailarina no sólo es guapa, sino que además es una artista muy notable: el Olympia nos había presentado el año pasado a Isabelita Ruiz, y entonces ya era exquisita, pero era sólo una promesa […] Hoy, Isabelita, a pesar de su extrema juventud, se nos ha presentado con todo el brillo de su maravilloso esplendor… Ha bailado con toda la gracia, todo el ardor y toda la pasión de las artistas de raza… ¡Ha sido un encantamiento, magia para los ojos! Esta bailarina tan mona, tan fina, tan espiritual, animaba sus bailes con una alegría tan natural, con un brío y un entusiasmo tales, que parecía que bailaba aún más por su propio placer que para nuestro goce…” (Comoedia, 2-9-1921).

Isabelita Ruiz se ha convertido en todo un fenómeno en el país galo. Es la artista de moda en París. Su “éxito alcanza proporciones triunfales, […] sus pintorescos bailes españoles […] atraen, en el Olympia, a todos los aficionados, a todos los artistas y a la elite de la sociedad parisina” (Comoedia, 9-9-1921). La prensa incluso se atreve a vaticinar que “Isabelita Ruiz, que aún no tiene veinte años, será ciertamente la bailarina más grande de este siglo, en el que sin embargo hemos tenido a la Pavlova, […] Isadora Duncan […] y Nijinski” (Comoedia, 25-9-1921).

Isabelita versus Raquel

De hecho, cada noche la jerezana se mide sobre las tablas del Olympia con su compatriota Raquel Meller, y ambas protagonizan lo que la prensa califica como “un duelo”… un duelo de arte del que Isabel no sale en absoluto mal parada:

Raquel Meller

Raquel Meller

Raquel Meller es quien empieza el combate: es decir, ella canta antes que Isabelita baile: Raquel es aclamada; sus fervientes admiradores jadean de emoción cuando canta El relicario o La virgen roja; estallan salvas de aplausos por todas partes cuando la ‘Duse de la canción’ termina su ‘turno de canto’. No la dejan salir de escena: tiene que regresar una vez más […]; entonces, Raquel, transfigurada, actúa, imita y baila esta farsa cómica: ¡Oh, Cipriano! […]

Después es el turno de Isabelita Ruiz: la guapa bailarina entra en escena; un murmullo de admiración sube de la sala, deslumbrada por esta aparición de juventud y belleza; Isabelita baila; baila como poseída; su cuerpo se retuerce, sus ojos se velan de voluptuosidad, sus dedos –castañuelas vivas-, restallan y dan ritmo a sus pasos; Isabelita Ruiz pone toda su alma en el baile; se siente que quiere elevarse al genio de Raquel y triunfar -ella, tan mona, tan frágil, tan niña- sobre su trágica y sublime compatriota… Y es un espectáculo que no carece de la nobleza de ver a la pequeña bailarina igualar, por momentos, a la trágica” (Comoedia, 27-9-1921).

Después de triunfar en París, Isabelita Ruiz es calurosamente recibida por el público de Bruselas y, ya a finales de año, se presenta en el Prince’s Theatre de Londres, donde obtiene “ruidosos triunfos con sus bailes nacionales, algunos de su creación” (La Época, 10-12-1921).

En enero de 1922, la española regresa al teatro Olympia de París, convertida en musa inspiradora de poetas y pintores:

Isabelita Ruiz inspira a los artistas.

No pasa un día en que la ilustre bailarina Isabelita Ruiz no reciba poemas de nuestros poetas más modernos o dibujos inspirados por su belleza, su gracia y su encanto” (Comoedia, 9-2-1922).

La prensa hace especial hincapié en el sentimiento y la pasión con que la guapa jerezana ejecuta sus danzas:

“Cada uno de los bailes de Isabelita Ruiz es una serie de cuadros, de actitudes, y sobre todo de pensamientos que ella expresa con fuerza o con ternura, con fervor o con inteligencia… ¡Ah, qué lejos estamos de la danza de ópera, donde sólo se practicaba el virtuosismo! ¡Quizás haya menos ciencia en los bailes de Isabelita, pero mucho más arte!” (Comoedia, 1-2-1922).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Julia Borrull, la bailaora del dolor y el fuego (III)

Los amores de Julia Borrull con su francesito parece que no llegaron a muy buen puerto, pues en junio de 1913 la bailaora reaparece en Madrid, concretamente en el teatro de la Zarzuela, donde actúa durante un mes junto a un amplio elenco de artistas de variedades en el que destacan la cancionista Adela Lulú o la bailarina Nati la Bilbainita.

Nati la Bilbainita

Nati la Bilbainita

Acompañada a la guitarra su padre y por su hermana Lola, Julia estrena varias danzas, entre ellas una rumba, que son muy bien recibidas por el público. La prensa destaca su gracia y su simpatía, y la compara con la genial Pastora Imperio:

“También mereció aplausos Julia Borrull, bailadora gitana por el estilo de la Imperio, bonita y garbosa. Su padre, el famoso tocador Miguel Borrull, la acompañó a la guitarra en algunos bailes” (El Imparcial, 2-6-1913).

Julia Borrull, en sus aplaudidísimos bailes gitanos y en la rumba, acompañándola los notables guitarristas Lola Borrull y Miguel Borrull” (La Correspondencia de España, 16-6-1913).

Julia Borrull, en sus bailes gitanos sin rival, ha hecho una brillante campaña” (El Imparcial, 18-6-1913).

Julia Borrull, la bailarina notabilísima, cuyo repertorio vasto por demás lo ejecuta primorosamente, valiéndole muchos y nutridos aplausos en esta su última actuación, brillante en extremo” (Eco artístico, 5-7-1913).

De gira por España

Durante el verano de 1913, Julia Borrull participa en varios festivales benéficos, como el organizado por la revista Mundo Gráfico a favor de los soldados heridos de la campaña de África, en el que también colabora la Imperio. Ambas son muy aclamadas.

Julia Borrull (dcha.) en el Festival organizado por Mundo gráfico (23-7-1913)

Julia Borrull (dcha.) en el festival organizado por Mundo gráfico (23-7-1913)

Asimismo, la artista emprende una exitosa gira por el norte de España, acompañada a la guitarra por su padre y, en ocasiones, también por su hermana Lola. No hay público que se le resista, de ello dan fe las gacetillas de la época:

En el Teatro-Circo de Zaragoza:

“Una de las artistas que mayores triunfos obtienen en la temporada es Julia Borrull, que levanta en alto a los espectadores ejecutando las danzas gitanas que constituyen parte de su repertorio con una flexibilidad, un estilo y un arte inimitables” (Eco artístico, 15-7-1913).

En el Teatro-Circo de San Sebastián y el Salón de las Columnas de Bilbao:

Julia Borrull, la gentil bailarina que trae al público de cabeza con sus clásicos bailes gitanos, que ejecuta primorosamente, acompañada en algunos de ellos por su padre” (Eco artístico, 5-8-1913).

Julia Borrull sigue entusiasmando a los espectadores con sus bailes gitanos, que levantan en alto por la maestría en su ejecución” (Eco artístico, 25-8-1913).

Julia Borrull, que pone su alma toda en los bailes clásicos gitanos, que no se cansan de aplaudir los asiduos a este salón” (Eco artístico, 5-9-1913).

Artistas participantes en el Festival organizado por Mundo gráfico (23-7-1913)

Artistas participantes en el festival organizado por Mundo gráfico (23-7-1913)

En el Teatro Jovellanos de Gijón:

Julita Borrull […] se llevó de calle a los espectadores. […] agradó sobremanera a la concurrencia teniendo que repetir varios números, obligada a ello por los vivos aplausos” (El pueblo astur, 13-9-1913).

“La presentación de Julita Borrull, la encantadora bailarina de aires gitanos, acompañada a la guitarra por su padre, ha causado aquí gran entusiasmo.

[…] son aclamados a diario y con justicia” (Eco artístico, 15-9-1913).

Julia Borrull, la sugestiva y notabilísima bailarina gitana, […] electrizó a los espectadores por la gracia y arte que se desprenden de todo su trabajo” (Eco artístico, 25-9-1913).

Una vez conquistada la cornisa cantábrica, en enero de 1914 se presenta en el Teatro Principal de Málaga “la sin disputa mejor bailarina del género flamenco, Julia Borrull, que desde su debut marcha por el camino seguro del dios éxito, es ovacionadísima y piropeada por los adoradores del género y la belleza física” (Eco artístico, 25-1-1914). En ese coliseo interpreta, entre otros números, el tango argentino.

Poco después, “la simpática y renombrada bailarina” llega al Salón Imperial de Melilla, donde “es muy aplaudida en cuantos bailes gitanos ejecuta con maestría insuperable, y a los que acompaña con gran precisión el afamado guitarrista Miguel Borrull” (Eco Artístico, 25-2-1914).

Miguel  Borrull Giménez

Miguel Borrull Giménez

De nuevo en Madrid, unas semanas más tarde la artista y su padre se presentan en el teatro Martín, y también participan en una función de gala en honor de los turistas italianos que tiene lugar en el Gran Teatro y cuenta con la asistencia de la familia real, entre otras importantes personalidades. En esta ocasión, “la familia Borrull contribuyó al éxito de la fiesta bailando La bella cigarrera; Las alegrías, de Quinito Valverde; marianas y sevillanas. Fue muy aplaudida” (La Correspondencia de España, 28-4-1914).

La niña de fuego

A estas alturas de su breve pero intensa carrera, Julia Borrull se ha convertido ya en toda una estrella del baile gitano. Su arte tiene sello propio; es un arte de la pasión y del sufrimiento. Así lo define Fernando Calpena:

“La bailarina del dolor y del fuego

[…] Es Julia pequeñita y débil; tiene el cuerpo cenceño y menudito, el color de la piel enfermizo y quebrado; tiene los ojos, los enormes ojos febriles, llenos de alucinación y de misterio.

Julita cuando baila sufre; es su gesto de tortura y martirio; sus músculos se retuercen con dolor; su cuerpo se yergue o se contrae como si en tormento se hallara, como si alrededor tuviera llamas que quemasen sin consumirlo. Baila sobre un suelo ardiente y por eso, sólo las puntas de sus pies se posan un momento sobre la tierra en ascuas; si alguna vez el ritmo se acelera, si la interna emoción obliga al cuerpo a que se agite con furia y los pies taconean precipitados hiriendo el suelo como para hundirse en él, tan honda es la quemadura, tan grande el dolor que sienten, que la artista vacila y parece que va a caer en un desmayo y su gesto se contorsiona en una mueca de tortura.

Son los brazos, sus brazos morenos, broncíneos, de manos descarnadas, los que con mayor expresión dicen, al revolotear en este baile loco, las hondas inquietudes, los sufrimientos crueles de esta danzarina genial. Por ellos se escapan, parleras, las puntas de las llamas que en su cuerpo arden” (La Unión Ilustrada, 22-2-1914).

Anuncio de Julia Borrull (Eco artístico, 25-9-1913)

Anuncio de Julia Borrull (Eco artístico, 25-9-1913)

En marzo de 1915 Julia participa, junto a su padre y su hermano Miguel, en una fiesta organizada por la Asociación de la Prensa en el teatro de Price. El programa consta de un vodevil y una sesión de variedades, en la que toman parte artistas tan renombradas como la cupletista Olimpia de Avigny. No obstante, una de las grandes triunfadoras de la noche es sin duda la inimitable bailaora, que “electrizó a la concurrencia, ejecutando con la gracia, desenvoltura y donarie en ella peculiar todo su repertorio” (Eco artístico, 5-3-1915).

“El éxito verdad de la tarde, el triunfo justo y merecido, fue el que obtuvo la gentil bailarina Julia Borrull. Las estruendosas aclamaciones del público la obligaron a repetir su trabajo en realidad notable” (El Globo, 2-3-1915).

Julia Borrull, con sus danzas gitanas, acompañadas, primero a orquesta y después a guitarra, por Miguel Borrull y su hijo, dos notables concertistas que hacen de aquel instrumento un arpa, mostró las gallardías de su arte, clásicamente cañí, lleno de gracia, de ritmo y voluptuosidad. ¡Cómo bailó Julia, que es un encanto de mocita!

Las palmas sonaron copiosas y entusiastas en honor de la bailaora” (ABC, 2-3-1915).


Teresita España, guitarrista, artista flamenca y estrella de varietés (IV)

En el mes junio de 1920, Teresita España actúa en Ciudad Real, no con demasiado éxito, según El Pueblo Manchego, y en agosto regresa al madrileño teatro Parisiana, donde es “aplaudida con verdadero entusiasmo” (Eco Artístico, 30-8-1920).

En enero del año siguiente, la artista sevillana vuelve a presentarse en Romea de Madrid y, una vez más, conquista tanto a la crítica como al público, hasta el punto que es agasajada con una función benéfica, algo poco habitual en el teatro de la calle Carretas:

“Debutó la también castiza cancionista sevillana Teresa España, que con el garbo y pintoresco donaire de su temperamento, expresó canciones populares de su tierra, acompañada muy bien a la guitarra.
En la plenitud de su belleza y con abundante simpatía, Teresa España fue festejada y aplaudida largamente” (La Acción, 18-1-1921).

Teresita España (Revista Flirt, 3-8-1922)

Teresita España (Revista Flirt, 3-8-1922)

Teresa España -carne morena, pelo de azabache, ojo de fuego, gracia sevillana– ha tenido en su actuación de Romea un éxito formidable. Tan formidable ha sido el éxito de Teresita España, que la Empresa de Romea, por primera vez en esta temporada, obsequió con un beneficio a una de sus artistas, rindiendo así justo tributo a su triunfo.

El beneficio de Teresa España tuvo efecto anoche, a teatro lleno, de un público completamente ‘españolista’, y vino a ser así como la coronación de la casticísima artista.

Teresita España cantó y se acompañó a la guitarra lo mejor de su repertorio, y el público le aplaudió como nunca. Luego recibió regalos, flores, dulces… ¡La locura! Seguramente que la señorita España no se olvida de la fecha de ayer, una de las más señaladas de su vida artística” (La Libertad, 1-2-1921)

Con Romea en el bolsillo, nueva gira por  España

Tras su sonado éxito en Romea, Teresita España pasa al Madrid Cinema, donde triunfa una vez más con sus saetas. Durante la primavera de 1921, alterna las actuaciones en la capital de España con su gira por provincias, que la lleva a ciudades como Zamora, Elche, Cartagena o Málaga. En todos estos lugares, la artista hace “derroche de gracia y de arte en su extenso repertorio de canciones” (Eco Artístico, 30-4-1921), y continúa encandilando tanto al público como a la prensa:

“Sevillana y morenita, es la bellísima Teresita España.

En sus canciones y en el vibrar de las cuerdas de su guitarra vive el alma andaluza, soñadora y poética; y en sus alegres coplas, toda la gracia de aquella tierra de buen vino y encantadoras hembras” (Eco Artístico, 4-5-1921).

Teresita España (La Esfera, 6-11-1926)

Teresita España (La Esfera, 6-11-1926)

En el mes de julio, la polifacética sevillana debuta en el Teatro Eldorado de Barcelona, donde coincide con artistas como Nati la Bilbainita y Lolita Astolfi, entre otras. En otoño regresa a Madrid, al Teatro del Centro y al Parisiana, actuaciones que compagina con sus viajes a otras localidades, como Zaragoza, Barcelona, Granada o Salamanca.

Salamanca se rinde a sus pies

A la ciudad charra llega en el mes de diciembre como una estrella consagrada y, a pesar de tener que posponer su debut por motivos de salud, las críticas no pueden ser más favorables:

Teresita España ha sufrido un fuerte catarro y haciendo un verdadero esfuerzo se ha presentado al público salmantino. Su afonía no la (sic) permite aún cantar con soltura y lucir su portentosa voz y las afiligranadas notas, que arranca de su portentosa garganta, pero supo agradar y triunfar.

Teresita España es la inimitable creadora de los cantos andaluces.

Su estilo es único y original y cuando entona las españolísimas notas de las canciones de ese alegre trozo de patria, se admira en ella a la verdadera artista que sabe encarnar y espiritualizar con sus cantos el alma de la mujer andaluza.

La guitarra toca con extraordinaria habilidad y en los cuplés que más ha gustado ha sido en ‘Trianerías’, un fandanguillo y unas preciosas malagueñas.

El vestuario que luce es lujosísimo.

El éxito que obtuvo ayer fue sin duda el mayor de la actual campaña de varietés y la unánime impresión que en Salamanca ha causado puede ser más halagüeña” (El Adelanto, 19-12-1921).

Teresita España (Estampa, 29-1-1929)

Teresita España (Estampa, 29-1-1929)

“Su arte original y personalísimo, y muy en especial su extraordinaria belleza, han logrado cautivar al público que diariamente asiste a admirar tan gran artista.

El couplé ‘La Verónica’, y con él las malagueñas y sevillanas, están siendo hasta ahora los más aplaudidos.

Teresita España está constituyendo un verdadero acontecimiento artístico en Salamanca.

Su arte exquisito y el entusiasmo que pone en escena, han cautivado al numeroso público que diariamente acude a admirarla en sus inimitables creaciones” (El Adelanto, 21-12-1921).

Flamenquísima y gran saetera

Tras sus triunfos en Salamanca, Teresa España, “celebradísima artista para quien la flamenquería levantó un trono” (La Acción, 28-12-1921), despide el año en el Teatro Maravillas de Madrid, donde “sus coplas y su guitarra triunfaron una vez más plenamente, deliciosamente” (ABC, 30-12-1921).

Valencia y Badajoz son algunas de las ciudades en las que se presenta la artista sevillana durante la primavera de 1922. A finales de junio, Teresa debuta en el madrileño Teatro de La Latina y, con un repertorio de lo más completo, vuelve a confirmarse como una de las mejores en su género:

Teresita España.- Con brillante éxito ha debutado en la Latina esta hermosa cancionista, la cual, desde su presentación con ‘Soy granadina’, del maestro Azagra, hasta sus típicas ‘saetas’, fue ovacionada calurosamente.

Después cantó y bailó acompañada a la guitarra, teniendo que repetir infinidad de canciones” (La Correspondencia de España, 30-6-1922).

“… al presentarse en la Latina, se ha confirmado que en el género de Teresa España es difícil encontrar quien la supere.

Con la guitarra, con los palillos, cantanto saetas, ninguna estrella puede oscurecer el brillo extraordinario de esta gitana” (La Voz, 30-6-1922).

“El público del popular teatro no cesó de aplaudirla y hacerla repetir sus bonitas canciones que ella ejecutó con su peculiar gracia acompañadas a la guitarra.

Su hermosa figura, timbrada voz, lujosa y elegante presentación, hacen que esta artista sea la predilecta de los públicos” (La Correspondencia de España, 7-7-1922).

Teresita España (Mundo Gráfico, 30-10-1929)

Teresita España (Mundo Gráfico, 30-10-1929)

A estas alturas de su carrera, Teresita España no sólo brilla con luz propia en el firmamento de las variedades, sino que es cada vez más apreciada en el mundo del flamenco. Por su versatilidad y sus excelentes dotes artísticas, la artista sevillana no deja indiferente a nadie. La Correspondencia de España le dedica toda una página, en la que ensalza sus cualidades y rememora su triunfo en Granada unos meses atrás:

“Esta notabilísima artista es una de las que poseen mejor y más variado repertorio para triunfar del público, pues a su exquisito arte en el cuplé, realzado con su belleza y gracia natural de las hijas de Andalucía, hay que agregar su maestría tocando la guitarra y sus portentosas facultades en el cante jondo, pero donde más sobresale es cantando saetas, pues lo hace con tan refinado gusto, con tal sentimiento y con tan melodiosa voz, que no exageramos si decimos que hay muy poquitas que la igualen.

[…] donde el entusiasmo del público llegó al máximum fue cuando Teresita, acompañándose cual ‘las mejores’ con la guitarra, nos mostró su variadísimo repertorio de cante flamenco. Las ovaciones se sucedían y las palmasechaban humo’, como tributo sincero a la sin par artista. […]

Bien pronto demostró Teresita España la enorme cantidad de artista que en su hermosa persona encierra, y en honor a la verdad hay que anotar que no desmereció nada ante el recuerdo de otras artistas, y que cantó unas saetas maravillosas, de genuino estilo, las mejores que aquí se han oído en mucho tiempo” (21-7-1922).