Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Julia Borrull, la bailaora del dolor y el fuego (II)

En abril de 1912, tras haber saboreado las mieles del triunfo en el Salón Vizcaya de Bilbao, Las Egipcias ponen rumbo a París en compañía de toda la familia. Su padre, Miguel Borrull, ha firmado un jugoso contrato con el guitarrista Amalio Cuenca para actuar en ‘La Feria‘, un restaurante flamenco que éste va a inaugurar en el corazón de Montmartre y del que también es socio el pintor Ignacio Zuloaga, que se ha encargado de la decoración.

Interior del restaurante 'La Feria', de París (Eco artístico, 25-12-1912)

Interior del restaurante ‘La Feria’, de París (Eco artístico, 25-12-1912)

Según informa José Juan Cadenas, corresponsal de ABC, poco después de la apertura, ‘La Feria’ “es un restaurant nuit, donde habrá cantos y bailes español […] En el salón figura un patio andaluz, el escenario es una capilla de la Mezquita…”. La inauguración es todo un éxito, a pesar de que el espectáculo parece estar concebido para guiris y “el programa de baile es un poco monótono, porque bailaoras y bailaores han dado en la flor de imitarse los unos a los otros y no salen de los inevitables garrotines y farrucas…” (ABC, 3-6-1912).

En el cuadro artístico figuran la incombustible Juana la Macarrona, “que, por lo visto, está ya declarada monumento nacional” (ABC, 3-6-1912); el bailaor Faíco y su esposa, Lola la Flamenca; La Patita; y la familia Borrull al completo, con el mono incluido.

“En la Feria de la calle Fontaine, Juliana (sic) e Isabel Borrull bailan con el acompañamiento del famoso guitarrista Miguel Borrull. Después está ‘la Macarrona’, que sorprende, y ‘Faíco’ con ‘Lola’, que fascinan en sus bailes de Andalucía… y este espectáculo único, cuyo empresario es Cuenca, está dirigido por Maurice, el gran director de las cenas de la Feria” (L’Echo de Paris, 7-6-1912). (1)

La conquista de París

La estancia en la capital del Sena resulta bastante fructífera para la familia Borrull, que consigue amasar una pequeña fortuna, compaginando sus actuaciones en ‘La Feria‘ con otro tipo de actividades, como la impartición de clases de guitarra.

En el local de Amalio Cuenca todas las hermanas tienen su momento de gloria: Isabel y Julia con sus bailes, Lola haciendo vibrar las cuerdas de su sonanta, y hasta la más pequeña, Conchita, con apenas diez años de edad, que empieza a despuntar en el arte de Terpsícore.

Hermanas Borrull (Eco artístico, 25-8-1912)

Hermanas Borrull (Eco artístico, 25-8-1912)

Sin embargo, entre todas ellas, Julia es sin duda la más polifacética, pues, además de bailar, posa como modelo para un pintor e imparte lecciones de guitarra:

“Otro número español que ha gustado mucho aquí son los Hermanos Borrull, que están cosechando aplausos… y oro. ¡Qué manera de hacer luises! Verdad es que la familia no tiene desperdicio: gana el simpático Miguel Borrull, como ‘tocaor’ y como profesor de guitarra; ganan dos hermanas, como bailarinas; gana la tercera como ‘tocaora’; gana la pequeñita, que apenas ha nacido, cantando y bailando… amén de que Julia cobra 20 francos la hora en casa de un pintor famoso (que ha encontrado, según dice, el tipo ideal de la gitana en Julita Borrull) y otros 20 francos por cada lección de guitarra.

Total: según mis cálculos, ¡unos 300 francos diarios! ¡¡Que ya es franqueza!! Verdad es que quizá necesiten todo eso, porque el amigo Borrull no se ha traído más que su mujer, las cuatro hijas, el hijo, la criada, un mono, un botijo y una cazuela grande para hacer arroz…” (Eco artístico, 5-8-1912).

Julia reina en ‘La Feria’

De hecho, desde el día de su debut, la prensa destaca las excepcionales cualidades de Julia Borrull y le augura un brillante futuro:

“- ¡Ole tu cuerpo!!

Así gritábamos anoche en el restaurant flamenco titulado La Feria, que acaba de inaugurarse bajo la dirección de Amalio Cuenca.

El guitarrista Amalio Cuenca

El guitarrista Amalio Cuenca

Los franceses, entusiasmados también, decían: ‘Ollé! Ollé!’ Y llenaban de flores a Julia, la hija de Borrull, que se presentó precisamente vestida de gitana, y cuya belleza morena se destacaba en el tablado como si el fondo de aquel cuadro hubiérase pintado para que ella luciera las líneas puras de su cuerpo flexible, sus pies diminutos, sus ojos curiosos y su boca fresca y apetitosa… ¿Qué me decís? ¿Que ahí no habíais reparado gran cosa en esta criatura? Pues fijaos bien en lo que desde ahora os anuncio… Julia Borrull triunfará en París… […]

Julia Borrull se ha presentado modesta y sencilla, y a juzgar por el efecto que anoche produjo en el público congregado en La Feria, su triunfo es indudable” (ABC, 3-6-1912).

Durante su estancia en la capital gala, Julia Borrull no sólo exhibe su arte en el local de Amalio Cuenca, sino que también se la puede ver en otras salas, como el Moulin Rouge o el restaurante Ciro’s:

“En el Teatro del Moulin-Rouge:

Esta noche, debutará en Tais-toi! tu m’affoles! en el acto de Pompeya la señorita Julia Borrull, que quien la dirección de La Feria ha prestado amablemente al Moulin-Rouge y cuyos bailes particularmente raros aportarán un nuevo atractivo a esta revista triunfal” (La Presse, 3-10-1912). (2)

“Teatro Moulin-Rouge.- Gran éxito para la señorita Julia Borrull, en la legendaria revista Tais-toi! Tu m’affoles!!!…” (Le Matin, 3-10-1912).

Julia Borrull (ABC, 14-6-1913)

Julia Borrull (ABC, 14-6-1913)

Ciro’s.- Las Hermanas Borrull, con motivo del cierre por reforma del espectáculo español ‘La Feria’, han bailado durante los días empleados en las importantísimas transformaciones que ha sufrido tan reputado establecimiento, en este distinguido y aristocrático restaurant.

Sus clásicos cantes, toques y bailes han causado la admiración de tan selecta clientela, y el triunfo obtenido es uno más a sumar a los muchos conseguidos en París por tan bellas y simpáticas artistas” (Eco artístico, 25-11-1912).

En España, la revista Eco artístico da cuenta de los éxitos obtenidos por las hermanas Borrull en la ciudad de la luz, e informa sobre sus próximos compromisos artísticos, que las llevarán a recorrer media Europa:

“En París fueron prorrogadas por dos meses, después de una brillante actuación de tres meses en el mismo Teatro, y entre otros contratos pendientes, figuran los de Amberes, Hamburgo, Berlín, Viena e Italia.

Pero ¿no está hecha la apología de las Hermanas Borrull con decir que hasta mayo de 1913 no están libres de compromiso en el presente momento?” (Eco artístico, 25-8-1912).

La fuga de Julia

Sin embargo, desconocemos si esta planificación pudo llegar a cumplirse. De hecho, dudamos que así fuera, pues en marzo de 1913 Julia Borrull abandona a su familia para fugarse con un francés:

“El famoso tocador de guitarra Miguel Borrull fue a inaugurar La Feria hace un año con sus hijas, las célebres bailaoras… Julia, sobre todo, llamó la atención con su tipo de gitana, su color bronceado, sus ojos brillantes y su boca de claveles… […]

Hoy, al terminar la juerga en el tablado, Miguel Borrull dejó la tiorba en un rincón y se acercó a nuestra mesa. […]

Miguel  Borrull Castelló

Miguel Borrull Castelló (3)

Miguel Borrull estaba triste, pálido […]

– ¡Que me han dao una corná…!

[…] Julia, su hija, aquel hermoso clavel de diez y ocho abriles, la reina de La Feria, ¡habíase escapado!

La catástrofe había ocurrido la noche anterior… La muchacha salió con no sé qué pretexto y dejó una carta escrita…

Me voy… No volveréis a verme más… No hagáis por buscarme, pues antes que dejarme coger, me mataré…’ El padre dio parte a la policía, corrió París como un loco… ¡En vano! No se ha podido dar con la pista de la fugitiva

– ¡Qué quiere usted…! -decía Borrull-. Nunca pude suponer esto… Y, sobre todo, nunca creí que mi hija… ¡se enamorase de un francés!” (ABC, 19-3-1913).


NOTAS:
(1) El nombre de la revista Tais-toi! Tu m’affoles! podría traducirse como “¡Cállate! ¡Me turbas!”
(2) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(3) Fotografía tomada del blog Flamenco de papel.


Victoria de Miguel, entre la aguja y la bajañí (I)

Con el recién estrenado siglo nace Victoria de Miguel Lago, el 17 de marzo de 1900, en el número ocho de la madrileña calle Lagasca, en pleno Barrio de Salamanca (1). Es la octava de doce hermanos.

Su familia está estrechamente relacionada con el mundo taurino. No en vano, Victoria es hija del torero Ciriaco de Miguel, “Chicharito”, y ahijada de señá Gabriela Ortega, progenitora de Joselito y Rafael el Gallo.

Su madre, Concha Lago, es modista de profesión y dirige un taller de costura en la calle Goya. De ella aprende la joven los fundamentos del oficio, al que se dedica, de manera intermitente, durante largos periodos de su vida.

Victoria de Miguel (Foto de Yolanda Cardo, ABC, 18-2-2000)

Victoria de Miguel (Foto de Yolanda Cardo, ABC, 18-2-2000)

En 1905 el nombre de Victoria de Miguel aparece por primera vez en los papeles, a causa de un desafortunado accidente, que la marca para el resto de su vida:

“En la calle de Velázquez un tranvía de los llamados ‘cangrejo’ atropelló ayer tarde a la niña de seis años Victoria de Miguel, produciéndola (sic) tan graves heridas en una pierna que hubo necesidad de amputársela en el Gabinete médico del barrio de Salamanca” (ABC, 28-8-1905).

Sin embargo, ello no le impide desarrollar, durante toda su vida, una intensa actividad artística y profesional.

Sus inicios como guitarrista

Desde muy pequeña, Victoria toma clases de guitarra clásica y flamenca con algunos de los grandes maestros del momento, como Manuel Navarro, “Patena padre”, Ramón Montoya o Andrés Segovia. Su dominio de ambas disciplinas le otorga una cierta ventaja sobre sus colegas de profesión, que se traduce en un caché superior: “ganaba más que mis compañeros: ellos cuatro pesetas y yo ocho” (2).

A los seis años de edad, la precoz artista actúa ante los soberanos españoles, y demuestra tal destreza que la mismísima reina Victoria Eugenia la obsequia con una guitarra. Tras su debut en el madrileño teatro Fuencarral, acude junto a su hermano al salón El Astro, donde acompaña con su toque al cantaor Pedro Sánchez Langa, “El Canario de Madrid”.

Ramón Montoya

Ramón Montoya

El gran éxito obtenido le vale un contrato en dicho local y supone el inicio de una fructífera carrera, que se desarrolla de manera paralela a la del citado cantaor, quien se convierte en su marido. Juntos actúan durante tres décadas en los mejores teatros españoles. Sin embargo, Victoria nunca abandona del todo su actividad en el taller de costura de su madre.

Con los reyes de la ópera flamenca

Rastreando los papeles de la época, en 1926 encontramos a la guitarrista inmersa en una larga gira por España. Es la época de la ópera flamenca, y el empresario Vedrines no escatima en medios para llevar a los teatros y plazas de toros de pueblos y ciudades un nutrido elenco de primeras figuras del cante, el baile y el toque.

A mediados de julio la compañía se presenta en Cartagena. Con ese atractivo cartel, el éxito está asegurado:

“Un público inmenso había acudido anoche a la plaza de toros, ávido de escuchar a los prestigiosos artistas que habían de tomar parte en la velada. […]

Verdad que este cuadro flamenco que anoche se presentó ante el público cartagenero merece grandes elogios. Juana la Macarrona, Carmelita la Guapa, Paula la Flamenca, Estampío y Antonio Sánchez el Bizco constituían el cuadro de baile.

En el de cantaoras la famosa ‘Niña de los Peines’ y la ‘Perla de Trianaentusiasmaron al auditorio con las inflexiones de una voz bellísima […], así como los maestros Centeno, el célebre cantador de saetas, Cojo de Málaga, El Canario, Eduardo García, el Mendo, cantador de la copla cartagenera, y El Canario de Madrid, éste, pese a los prestigios consolidados, el mejor cantador del cuadro a quien acompaña la notable guitarrista Victoria de Miguel.

Y ahí es nada los tocadores. […] Javier Molina, Niño Ricardo, Luis Yance y Ramón Montoya. […]

Para todos hubieron (sic) aplausos, quedando el público satisfecho del espectáculo” (El Eco de Cartagena, 17-7-1926).

Pedro Sánchez Langa, El Canario de Madrid

Pedro Sánchez Langa, El Canario de Madrid

La prensa murciana destaca la actuación de Victoria de Miguel como una de las más sobresalientes del espectáculo:

“¿Y qué decir de los tocadores de guitarras? Todos ellos –Victoria de Miguel, admirable– merecieron los aplausos que el público les otorgó” (El Eco de Cartagena, 17-7-1926) (3).

“De tocadores la flor y nata de ellos, Montoya, Molina, Yance y Victoria de Miguel. Todos aplaudidísimos” (El Liberal, 18-7-1926).

“… desfilaron por el tablao lo mejor que se conoce en este arte, siendo muy aplaudidos todos, bailadores y cantadores, y especialmente la famosa Niña de los Peines, dotada de portentosas facultades; el Canario de Madrid, el Cojo de Málaga, el Centeno y el Mendo, y los guitarristas Montoya y la señorita Victoria de Miguel” (La Verdad, 20-7-1926).

Tras actuar en Cartagena, la compañía pone rumbo hacia tierras andaluzas. El 25 de julio se presenta en la Plaza de Toros de Córdoba y, unos días más tarde, en el Teatro Circo de Verano de Cádiz. En el mes de agosto llega a Granada y Málaga, entre otras ciudades.

Asimismo, entre el 13 y el 26 de agosto, El Canario de Madrid se anuncia en el Madrid Concert de Valencia (4). Aunque en los papeles no aparece el nombre de su guitarrista, es probable que se trate de Victoria de Miguel, que suele aparecer en los carteles como su tocadora habitual.

Nueva gira con Vedrines

En octubre de 1926, la guitarrista madrileña vuelve a estar de gira, con un elenco algo diferente y bastante representativo de los gustos de la época ‘del fandanguillo’. De hecho, el espectáculo -también producido por Vedrines– se anuncia como “Reunión de arte flamenco moderno”, y en él figuran cantaores como el Niño de las Marianas, el Niño de la Flor, el Chato de las Ventas, la Niña de Linares o Antonio García Chacón. Les acompañan los “profesores de guitarra […] M. Molina, Jorge López, Victoria de Miguel y Ramón García” (El Noticiero Gaditano, 6-10-1926).

Pastora Pavón, La Niña de los Peines

Pastora Pavón, La Niña de los Peines (Fondos del Centro Andaluz del Flamenco)

A principios de octubre, la compañía actúa en Cádiz, en el Teatro Circo de Verano. Varias semanas más tarde se presenta en el Monumental Cinema de Madrid y a finales de noviembre llega a Gijón , previo paso por otras ciudades, como Zamora (5) o La Coruña.

Coincidiendo con su actuación en el teatro Linares Rivas, el diario gallego El Orzán destaca los muchos méritos del elenco:

“Escogiendo lo mejor de cada certamen, se ha reunido un grupo de artistas que recorre las capitales y pueblos más importantes de España, divulgando y aun dando a conocer en muchos casos el cante flamenco en su más pura acepción […].

Constituyen la agrupación gentes tan renombradas como el ‘Niño de Coín’, el ‘Niño de las Marianas II’, afamado cantador de flamenco; el ‘Niño de la Flor’, premiado en el concurso de la Plaza de Toros de Córdoba; el ‘Chato de las Ventas’, premiado con la copa de plata en La Línea de la Concepción; la ‘Niña de Linares’, triunfadora en cuantos concursos se ha presentado; el ‘Canario de Madrid’ (el de la voz de oro), acompañado a la guitarra por su profesora, Victoria de Miguel; Antoñito García Chacón, el fenómeno del día, el ‘Non plus ultra’ del canto flamenco; Manuel Blanco (‘Canario de Colmenar’), primer premio del concurso celebrado el 10 del actual en Madrid y los profesores de guitarra Victoria de Miguel, Jorge López y Marcelo Molina.

Este programa, netamente flamenco, es único e incomparable y viene recorriendo con un éxito formidable los más importantes teatros de España” (El Orzán, 28-11-1926).

Unos días más tarde, los papeles asturianos (6) hacen lo propio con motivo de la presentación del espectáculo en el teatro Dindurra de Gijón, y destacan especialmente la presencia de Victoria de Miguel, a quien califican como “verdadero prodigio” (La Prensa, 10-12-1926):

“Otra nota digna de mención es la actuación de la notable guitarrista Victoria de Miguel, que con distinción y elegancia sabe sacar gran partido del castizo instrumento español y posee una técnica envidiable” (El Noroeste, 10-12-1926).

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, la Coquinera

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, la Coquinera

En enero de 1927 se anuncia en el Monumental Cinema de Madrid “un magnífico concierto de ópera flamenca” (La Libertad, 5-1-1927), en el que interviene el mismo elenco de artistas, con la incorporación de la cantaora Luisa Requejo. A finales de mes la guitarrista se presenta en Valladolid (7) y, poco después, la compañía actúa en el Gran Teatro de Córdoba (8).

En el mes de abril, con un cartel algo diferente, El Canario de Madrid se presenta en el Teatro Maravillas de la capital. La Niña de Baeza, “Carmen la Flamenca, La Gabrielita, La Coquinera, Ramironte y el Estampío” (ABC, 1-4-1927) son algunas de las nuevas incorporaciones de la compañía; y, aunque en la reseña no figuran los nombres de los tocadores, es muy probable que entre ellos se encuentre Victoria de Miguel.

NOTAS:
(1) Así consta en el libro de nacimientos del Juzgado Municipal de Buenavista (Madrid). Otras fechas y datos familiares y de la vida personal de Victoria de Miguel están extraídos de las siguientes fuentes:
Eusebio Rioja y Norberto Torres, Niño Ricardo: vida y obra de Manuel Serrapí Sánchez, Sevilla, Signatura, 2006.
M. J. Álvarez, “Recuerdos de un siglo”, entrevista a Victoria de Miguel, ABC, 18-2-2000.
(2) “Recuerdos de un siglo”, op. cit.
(3) José Gelardo Navarro aporta esta referencia en su obra ¡Viva la Ópera Flamenca!: Flamenco y Andalucía en la prensa murciana (1900-1939), Universidad de Murcia, 2014, y la sitúa en la página 4 de El Eco de Cartagena de 17-7-1926. No obstante, al acudir a la hemeroteca y consultar la página en cuestión, dicho artículo no aparece, lo cual nos hace pensar que tal vez la referencia no sea exacta.
(4) Según La Correspondencia de Valencia.
(5) El 25 de noviembre de 1926 se anuncia en el Nuevo Teatro de Zamora un “gran concierto de arte flamenco”, con “12 ‘ases’ del fandango, cante jondo y otros estilos” (Heraldo de Zamora).
(6) David Pérez Merinero, en su blog Papeles Flamencos, aporta interesantes referencias periodísticas -y entre ellas, las que se citan a continuación- sobre la actuación de estos artistas en el teatro Dindurra de Gijón.
(7) Eulalia Pablo Lozano, en su obra Mujeres guitarristas, Sevilla, Signatura, 2009, aporta la siguiente referencia:
“Ópera flamenca
En el Lope de Vega de Valladolid va a dar un concierto de ópera flamenca (¡) la compañía Vedrines, formada por los siguientes artistas […] y los famosos guitarristas Marcelo Molina, Jorge López y Victoria de Miguel” (El Noticiero Sevillano, 19-1-1927).
(8) El Diario de Córdoba publica la reseña del espectáculo el 22-2-1927.


Josefa Vargas, la Terpsícore gaditana (II)

Durante los primeros meses de 1850, Pepa Vargas sigue triunfando en el madrileño Teatro de la Comedia con bailes como el Vito, el Jarabe o las Sevillanas, además de demostrar sus buenas dotes de actriz en piezas como La flor de la canela. La gaditana también se prodiga en fiestas privadas y en academias de baile, sola o formando pareja con Carlos Atané.

Pepa Vargas en el Ole (J. Vallejo, 1840)

Pepa Vargas en el Ole (J. Vallejo, 1840)

En primavera de ese mismo año, es tal la fiebre por el baile en la Villa y Corte, que la prensa lamenta la marcha de la Vargas a Burdeos, probablemente motivada por “graves y recientes disgustos”. Asimismo, destaca su gracia, su belleza y sus aportaciones al arte coreográfico, especialmente en lo que se refiere a la indumentaria:

“Una nos quedaba, la graciosa Pepita Vargas, la bailarina que, si reconocía superiores en el arte, no los tenía en la belleza y en la gracia, la sílfide gaditana que ha sostenido por más de un año la concurrencia al Instituto de los hombres políticos y mercantiles más notables de Madrid, la voluptuosa bolera que ha dado celebridad al Polo y al Vito, la elegante y lujosa artista coreográfica que ha introducido la riqueza y el buen gusto en los trajes macarenos, generalizando el uso de la airosa chaquetilla; y esta mujer sandunguera, esta bailarina matona, la hemos perdido. Anteayer, y sin previos anuncios, tomó la silla-correo de Bayona, y se dirige a Burdeos a trastornar a los franceses […] con sus quiebros y sus meneos” (La Época, 6-4-1850).

Con esta pérdida, que se suma a la de Manuela Perea y Petra Cámara, el cetro de la danza queda en manos de las estrellas foráneas que siguen triunfando en la escena madrileña:

“El baile nacional, que no hace muchos meses era el encanto de los madrileños, va cediendo el campo al baile francés. El Circo de la plaza del Rey roba sus antiguos abonados al teatro de la calle de las Urosas; la Fuoco, la Guy, la Laborderie, hacen olvidar a la Nena, a la Vargas, a la Petra Cámara” (La Época, 6-4-1850).

Vargas versus Nena

En mayo de 1850, Josefa Vargas regresa a la capital de España, donde es esperada como agua de mayo tanto por el público como por la empresa del Teatro de la Comedia, que acaba de contratar a Manuela Perea y ve en la posible competencia entre ambas artistas la única manera de hacer frente a las extranjeras que triunfan en el Circo.

Manuela Perea, la Nena (Bacard, 1854)

Manuela Perea, la Nena (Bacard, 1854)

“Por fin la empresa del Instituto ha ajustado para capitanear su compañía de baile a la resaladísima Pepita Vargas, estableciendo entre ésta y la Nena una noble competencia, semejante a la de los dos astros estranjeros (sic) que brillan en la plaza del Rey” (La Época, 9-5-1850).

La reaparición de la gaditana sobre las tablas del Instituto constituye un éxito rotundo:

La Vargas.- Anoche, después de su viaje a Francia, volvió a aparecer en el teatro de la Comedia esta simpática y macarena sílfide. Al presentarse en la escena, un aplauso general se oyó en toda la sala, lloviendo sobre la protagonista del baile infinito número de coronas y ramilletes. Bailó en el Contrabandista y los majos, el jaleo del barrio del mundo nuevo, en el que fue estrepitosamente aplaudida, y el jaleo de la Zandunga; y después de concluida la primera comedia, volvió a presentarse en el Polo del Contrabandista, en el que consiguió un triunfo completo” (La España, 11-5-1850).

Con la rivalidad entre la Vargas y la Nena, que actúan en días alternos, el baile se convierte en el principal atractivo del Teatro del Instituto, en el que la comedia ha pasado a un segundo plano. Aunque hay quienes piensan que “como mujer hermosa, la Vargas puede sostener la competencia con la Nena; como bailarina no podrá sostenerla nunca” (La Ilustración, 11-5-1850), es indiscutible que las dos -cada una en su estilo- andan sobradas de facultades para ganarse al respetable:

“ambas son buenas; ambas tienen méritos y cualidades que las distinguen y las hacen brillar: […] La Vargas tiene hermosa figura, gran ejecución, mucha firmeza, y toda la sal de Andalucía. La Nena, que también es lindísima, tiene mucha gracia, finura, elegancia, buenas maneras y escelente (sic) escuela de baile” (La Época, 22-5-1850).

Escena de baile español (N. Maurin, 1810)

Escena de baile español (N. Maurin, 1810)

Rivales y amigas

Otra cualidad de la que pueden presumir las dos artistas es el compañerismo. De hecho, la competencia pronto se torna en amistad y colaboración entre ambas, que actúan juntas por primera vez con motivo del beneficio celebrado en honor de la Vargas el 28 de mayo de 1850. El espectáculo se desarrolla en un ambiente de gran cordialidad entre ésta y su compañera, que protagonizan una noche memorable:

“Bailaron La Zandunga con tanta maestría y tanta gracia, que ambas pueden estar seguras de que si es posible hacer tanto, no puede hacerse más. Los apasionados cubrieron la escena de flores y coronas, que la Vargas cedía con empeño a la Nena, y que ésta rehusó con laudable modestia. Pidiose con entusiasmo la repetición del baile, y nuevamente fueron aplaudidas con estrépito. Pero el gran triunfo fue en El Polo, donde rivalizaron en maestría, en garbo y en gentileza. La Vargas estuvo graciosa, como siempre, y arrebató al público de una manera indecible; la Nena sostuvo dignamente la competencia” (La Época, 29-5-1850).

Unos días más tarde la función se repite, esta vez a beneficio de Manuela Perea. Juntas protagonizan el bailable Las majas de rumbo y posteriormente, por separado, cada una de ellas baila El Ole. El éxito vuelve a ser rotundo y, si bien ha quedado claro sobre las tablas que la supuesta rivalidad entre ambas artistas no es tal, ésta continúa viva en los papeles, que siguen sin ponerse de acuerdo sobre quién es mejor artista.

“[E]l esbelto talle de la Nena, su apuesta figura, la elegancia y delicadeza de sus movimientos” siguen teniendo numerosos adeptos, que la “comparan […] con una deidad mitológica cuya vista seduce y alarma, pero sin ofender nunca” (El Clamor Público, 6-6-1850).

Escena de baile bolero

Escena de baile bolero

Por su parte, Josefa Vargas es considerada “la bolera más salerosa y simpática de cuantas han pisado la escena madrileña […]; la que se distingue entre todos por sus arranques propiamente meridionales” (La España, 8-6-1850). Ésta, que puede presentarse ante nuestros ojos como una cualidad positiva, no termina de convencer a ciertos críticos, que “tachan de algo libre el modo de bailar de la Vargas” (El Clamor Público, 6-6-1850), cuyas “maneras y miradas no son del agrado de todo el mundo” (La España, 13-6-1850).

La flamenquería de la Vargas

Sin embargo, en un momento histórico en que el baile flamenco, tal y como lo conocemos hoy, aún se encuentra en pañales, por sus “bellas formas, […] su mirada provocativa y el natural desenfado de sus maneras” (El Clamor Público, 6-6-1850), Pepa Vargas parece anticiparse en mucho mayor medida que la Nena al arte de figuras como la Macarrona o la Mejorana, reinas indiscutibles de la época dorada del flamenco.

De hecho, es precisamente la Vargas quien brilla con más luz en aquellos bailes de procedencia gitana o ‘egipciana’, mientras que otras tratan de imitar lo que ella ejecuta de un modo totalmente natural:

“¿qué bolera es la que con más esactitud (sic) puede recordarnos a las gavasis de Egipto? La Josefa Vargas, bolera con todo el trapío de tal, salerosa, bien plantada, ágil, flexible, de fisonomía expresiva, que envidiaría la gavasis más presumida del Cairo: la Vargas, mejor que ninguna otra, puede brillar en esos bailes en los que no son los pies los que más se mueven. […]

La Nena es fina, elegante y graciosa en sus movimientos. Hay mucha corrección en su manera de bailar; pero esta misma corrección da cierta frialdad a su baile, salvo aquellos momentos en que su fisonomía se anima con cierta gachonería que se acerca a la supuesta mirada provocativa que sus partidarios achacan a la Vargas. […]

El baile de la Nena es el resultado del estudio; el de la Vargas es natural, espontáneo” (La España, 13-6-1850).

Además de todo lo mencionado, a Pepa Vargas hay que reconocerle un mérito más, el de regenerar el baile español en la escena madrileña y elevar el estatus de las artistas:

“La Vargas es la que ha rehabilitado el baile nacional en Madrid, y ella también la que ha mejorado la condición de las de su clase y si no, dígasenos: qué ganaba antes de su venida a la corte la mejor bolera de nuestros teatros, y qué cantidad es la que disfrutan en el día las de primo cartello.

Para producir semejante revolución en los teatros, preciso es tener un mérito real y verdadero, y contar con facultades físicas que no todas poseen” (La España, 13-6-1850).


María la Bonita, de París al cielo (y II)

En sólo unos meses, María la Bonita ha revolucionado París, donde se ha instalado una auténtica ‘Bonitamanía’. El público no se conforma con verla en el Circo de Verano, y su presencia sigue siendo requerida en las fiestas más exclusivas. Veamos algunos ejemplos que nos ofrece la prensa:

“Una cena de las más selectas y felices fue ofrecida anteanoche por el conde y la condesa Roman Potocki […].

Durante y después de la cena se oyó a la orquesta de los gitanos y se asistió a los bailes de María la Bonita, que fue vivamente aplaudida” (Le Gaulois, 16-6-1891). (1)

“[En la fiesta de la Señora de Iturbe] La orquesta recordaba todos los aires nacionales. Para que nada faltara vino la Bonita con su pañolón y sus sortijillas en la cara y su gracioso descaro, y allí nos bailó al son de las castañuelas, arrancando el ¡olé! clásico de nuestra tierra” (La Época, 1-7-1891).

Cartel de María la Bonita en el Pabellón del Reloj

Cartel de María la Bonita en el Pabellón del Reloj de París

Este fenómeno no pasa desapercibido para los diarios españoles, que dedican varios artículos al boom de lo flamenco allende los Pirineos. Según El Imparcial y La Época, el flamenquismo está conquistando en Francia espacios nunca alcanzados por otras manifestaciones artísticas consideradas ‘superiores’, como el arte y la literatura de nuestro país; y en esta escalada del gusto por lo andaluz, sin duda, tiene mucho que ver la presencia de figuras como María la Bonita, que ha llegado a la escena gala como un soplo de aire fresco.

Ambos diarios coinciden en destacar el decoro y la elegancia con que esta bailaora seduce al público, sin recurrir a la obscenidad típica de otras artistas, tanto francesas como españolas.

María sabe cantar y bailar con ese baile artístico, gracioso, que constituye la verdadera danza española. […]

María la Bonita, aunque representante de nuestro arte flamenco, es en París algo así como una reacción contra los bailes descocados y naturalistas […]” (La Época, 17-6-1891).

María la Bonita ha dado a conocer un género que ignoraban los que habían visto a la Macarrona y creían que los bailes españoles se reducían a aquel tango bestial de las gitanas de la Exposición. La gracia honesta de sus flexibles movimientos encanta, atrae sin ofender ni convertir la inocente danza española en las groseras contorsiones de impúdica bayadera. Las damas aplaudíanla anoche con entusiasmo” (El Imparcial, 15-6-1891).

Tal vez sea ése el secreto de su fulgurante éxito: María es diferente a las demás, como mujer y como artista. Si el público parisino no está acostumbrado a “ver a una española tan graciosa” como ella, tampoco ha podido gozar con frecuencia de unos “bailes tan coloridos y pintorescos” (Gil Blas, 28-6-1891), como sus peteneras, sus “macarenas” e incluso jotas aragonesas.

Interior del Reichshallentheater de Berlín

Interior del Reichshallentheater de Berlín

De París, a Europa

Tras hacerse un nombre en París, en septiembre de 1891 la bailaora sevillana se lanza a la conquista de otros países europeos, como Italia y Alemania. Los éxitos no se hacen esperar. Según publica el Berliner Tageblatt, “María la Bonita, la ‘fulgurante estrella del cielo del baile’” actúa durante todo un mes en el Reichshallentheater de la capital germana, adonde llega precedida por la gran fama cosechada en Francia. Al mismo tiempo, la artista es requerida en los “círculos privados de la alta sociedad” berlinesa. Así la presenta el mencionado rotativo con motivo de su debut:

“… el ‘gran número’ de la noche, la muy conocida bailarina española María la Bonita! […] una estrella que surgió de pronto en el cielo del baile. Un trabajador del ‘Fígaro’ descubrió una noche en un salón de baile de los suburbios a una muchacha de gran belleza y gracia arrebatadora en el baile – un diamante en bruto. Los primeros bailarines la pulieron y pronto hablaba todo París de la ardiente españolita, que fue contratada en el primer establecimiento de la metrópolis, en el Cirque Nouveau. En julio, el ‘Conservatorio de danza’ estatal reconoció a la incomparable María fuera de concurso, y le atribuyó un diploma y la medalla de oro. Ésta es la prehistoria de la bailarina española, y antes de ayer, ante la emoción de todos los asistentes, bailó sus primeros pasos sobre un escenario berlinés. La peculiar belleza sureña en seguida cautiva, cada línea y cada movimiento son de una gracia clásica, y cuando empieza a bailar uno inmediatamente se da cuenta de que los conocidísimos bailes nacionales españoles, el bolero, el ole, la cachucha y el fandango, le están siendo mostrados en su versión más original” (Berliner Tageblatt, 3-10-1891).

Vista de Piccadilly Circus (Londres)

Vista de Piccadilly Circus (Londres)

En noviembre de 1891, María regresa a París con su repertorio renovado. Durante los meses siguientes la prensa da cuenta de su participación como artista invitada en un banquete de la Asociación de corresponsales extranjeros, así como en un concierto celebrado en la Sala Kriegelstein de la capital francesa. Los ecos de este último evento llegan hasta nuestro país, donde se publica la siguiente crónica:

“Nuestra compatriota ha escuchado constantemente los aplausos y los ¡olé! de la flor y nata de la colonia española y americana que, amén de muchos franceses aficionados al flamenco fino, llenaba completamente la sala.

María ha tenido que repetir las peteneras y sevillanas, que ha bailado con el salero y la elegancia que acostumbra, y que durante un año le han valido tantos aplausos y tanta guita en teatros y salones aristocráticos.

Prestaron su concurso al concierto el pianista español D. Joaquín Malact, […] la estudiantina ‘La Aragonesa’ y los guitarristas González y Sánchez” (La Correspondencia de España, 22-4-1892).

El mismo diario nos informa de que “María la Bonita ha firmado un contrato para Londres, que le asegura por un año un sueldo morrocotudo”. Entre sus actividades en la capital británica destaca su participación en una velada flamenca organizada por el cónsul español en el café Monico’s de Piccadilly Circus.

Vista de San Petersburgo

Vista de San Petersburgo

Tras su periplo londinense, en mayo de 1893 volvemos a localizar a la bailaora española, esta vez en San Petersburgo, donde rivaliza con su compatriota, la Otero. Como no podía ser de otro modo, en el teatro de la Isla de Krestovsky “María la Bonita cautiva a los espectadores por su belleza” (Le Figaro, 21-6-1893).

Una artista bohemia

Desde que irrumpiera como un relámpago en la escena francesa, la artista andaluza ha saboreado la gloria en los mejores teatros europeos, ha frecuentado los ambientes más selectos y se ha embolsado una auténtica fortuna. Sin embargo, lejos de nadar en la abundancia, María sigue teniendo problemas para llegar a fin de mes.

Como ya avanzara Le Figaro tres años atrás, la española es una artista bohemia, de “carácter caprichoso”, que “sueña con el teatro: cantar, bailar y disfrutar de la vida, ése es su programa. Es capaz de darse en cuerpo y alma al primero que le guste; a veces desprecia ofertas muy tentadoras” (12-6-1891).

“En el espacio de tres años, la Bonita ha estado en España, en Inglaterra, en Suecia, en todas partes, bailando y ganando mucho dinero, que ha derrochado en su día a día. En cuanto lo ha ganado, lo ha tirado, y cada vez que debe abandonar un país necesita dinero para el viaje de regreso. Con todo y con eso, siempre está contenta, siempre fumando un cigarrillo, siempre dispuesta a bailar y reír” (Gil Blas, 31-5-1893).

En marzo de 1894 la prensa gala vuelve a situar a María la Bonita en la sala Kriegelstein de París y, unas semanas más tarde, en el Circo de Verano, donde “la seductora andaluza, inimitable en sus pasos endiablados de tra los montes” (Le Figaro, 20-4-1894), constituye uno de los números principales del programa.

La bailarina y cantante Carolina Otero

La bailarina y cantante Carolina Otero

Tres años después de su debut en el coliseo de los Campos Elíseos, aún se recuerda en la ciudad de la luz aquella temporada triunfal en que María hizo desfilar por el Circo de Verano a lo más selecto de la sociedad parisina. La artista llega algo cambiada, pero tan estrella como siempre:

“… regresa de España con nuevos bailes más atractivos, más voluptuosos aún que los que la hicieron triunfar. María ha engordado un poco, pero sigue siendo tan graciosa, tan ligera y tan cautivadora como antaño; no hay duda de que su éxito será igual de grande” (Gil Blas, 21-4-1894).

En verano de ese mismo, la bailaora andaluza se anuncia durante varias semanas en el Pabellón del Reloj, donde es presentada como “uno de los números más interesantes” de la temporada. “Buena parte de su éxito procede de los bailes españoles especialmente escritos para ella por los señores Matías Miquel y Paul Cressonnois” (Gil Blas, 29-7-1894).

En septiembre de 1894 perdemos la pista de María la Bonita. Una última referencia la vuelve a situar en la ciudad de la luz, con motivo de la Exposición Universal de 1900. Según la prensa catalana, en el café flamenco ‘La Feria’, situado en el pabellón español, “cuatro o cinco individuos vestidos a lo chulo […] matan el día acompañando con guitarras y castañuelas, y con una letanía interminable de ¡olés! y ¡ah! ¡ays!, los bailes gitanos de una tal María la bonita (según rezan los carteles)” (Joventut, 6-9-1900).

No obstante, a pesar de la coincidencia del nombre artístico, no tenemos constancia de que se trate de la misma artista, como tampoco podemos afirmar que María la Bonita sea Mariquita Ruiz, la Bonita, la malagueña que, según Fernando el de Triana, “honró a la tierra de los boquerones, tanto por su depurado arte de excelente bailaora como por su figura y cara gitana, sin serlo”. (2)

La bailaora malagueña Mariquita Ruiz, la Bonit

La bailaora malagueña Mariquita Ruiz, la Bonita

Sea quien fuere esa misteriosa bailaora, lo que debemos reconocerle, en virtud de las pruebas que hasta el momento hemos podido recopilar, es el mérito de haber llevado el baile flamenco a los mejores escenarios de Europa, algo de lo que hoy en día no todos los artistas pueden presumir.


NOTAS:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(2) Triana, Fernando el de, Arte y artistas flamencos, 1935.


María la Bonita, de París al cielo (I)

En 1891 se enciende en el cielo parisino la estrella de María la Bonita, una bailaora andaluza que, surgida prácticamente de la nada, pronto se da a conocer en los ambientes más refinados de la ciudad de la luz.

De la noche a la mañana, su nombre se vuelve habitual en los papeles franceses, gracias a los cuales podemos conocer algunos detalles sobre la vida de esta enigmática joven, de quien en la prensa de nuestro país no hemos hallado -al menos, por el momento- muchas referencias.

Cartel de María la Bonita (Biblioteca Nacional de Francia)

Cartel de María la Bonita (Biblioteca Nacional de Francia)

Según el diario Le Figaro, María nace en Sevilla en el seno de una familia acomodada, a la que abandona muy joven para seguir su propio camino. “Tiene veintidós años y, desde los ocho, lleva una vida nómada, cantando, bailando y tocando a la guitarra, con un brío muy especial, los tangos y las malagueñas del país andaluz” (Le Figaro, 6-5-1891). (1)

“Su verdadero nombre es María Martínez. Cuando bailaba en España, lo cambiaba por el de María de la Paz” (Le Figaro, 12-6-1891). Tras recalar en ciudades como Málaga, Barcelona, Madrid o Marsella, donde encuentra trabajo en un café cantante, en 1891 la joven llega a París.

El nacimiento de una estrella

Sus inicios en la capital gala no son nada fáciles, hasta que se cruza en su camino el periodista Eduardo Blasco, quien se convierte en su mentor. Así se produce el encuentro, según el rotativo francés:

“Uno de nuestros colegas que habla español -y menos mal, porque María no sabe una palabra de francés– la encontró el otro día en el bulevar, errando como un alma en pena.

– ¿De dónde vienes, bonita?

– Vengo de Marsella, donde había ganado mil francos… Los he gastado, ¡y ya no me queda ni una monedita! La propietaria del hotel donde me alojaba me echó a la calle, y se quedó como fianza mis vestidos, mis enaguas de seda, mis faldas cortas, todos mis instrumentos de trabajo…

Gracias a nuestro colega, la bonita no corre el riesgo de ser llevada al calabozo por vagabunda. Se gana la vida posando para pintores.

Ha reconquistado su vestuario, y pronto podrá presentarse ante el público, como la Otero, porque es tan guapa como ella, si no más, según afirman los pintores. He aquí una estrella que se alza” (Le Figaro, 6-5-1891).

Vista de Marsella

Vista de Marsella

Sus primeros éxitos en la capital del Sena los obtiene bailando en eventos privados, organizados por familias de la alta sociedad, como la fiesta ofrecida por Madame Humphrey Moore, a la que acude “toda la colonia española y muchos americanos” (Le Figaro, 8-5-1891); o la inauguración del palacete de Gaston Berardi, una “encantadora velada musical y dramática” en la que María la Bonita, “una estrella de primera magnitud” causa auténtico “fanatismo” con sus bailes españoles. “Cantos y bailes mezclados, los pies patalean y, arrastrados por el ejemplo, los dedos agitan imaginarias castañuelas. ¡Olé! ¡Olé!” (Le Gaulois, 21-5-1891).

Los ecos de esta última fiesta llegan hasta la prensa española, que ofrece la siguiente reseña sobre la actuación de María:

“El clou de la noche fueron las danzas españolas y el cante flamenco puro, sin las exageraciones a que se acostumbraron los parisienses durante la última Exposición Universal. La heroína de este baile fue una encantadora sevillana llamada María la bonita, que sabe cautivar a los espectadores sin salirse jamás de los límites del decoro y de la decencia” (La Época, 23-5-1891).

Al Circque d’Eté, por la puerta grande

Tras varias semanas prodigándose por los más selectos ambientes parisinos, la bailaora española es contratada por el Circo de Verano a cambio de 1.800 francos mensuales, si bien su debut ha de posponerse unos días debido a un retraso “en la confección de los trajes españoles” (Le Gaulois, 6-6-1891). La prensa le augura un triunfo seguro:

María la Bonita […] se ha convertido, como se sabe, en la estrella de moda, muy apreciada en el París mundano. Estos felices comienzos no podían tardar en conducirla al teatro. Por eso no nos ha sorprendido saber que el Circo de Verano la había admitido en su nómina de artistas, y que iba a debutar el miércoles pasado.

No hay duda de que obtendrá […] un éxito brillante” (Gil Blas, 7-6-1891).

Circo de Verano de los Campos Elíseos de París

Circo de Verano de los Campos Elíseos de París

La presentación de la bailaora sobre las tablas parisinas no defrauda a sus muchos admiradores, que aprecian su baile elegante y saleroso, bastante alejado del tipo de espectáculo exhibido en aquellas tierras por otras artistas de nuestro país, como Juana la Macarrona.

“El anuncio del debut de María la Bonita, la alegre bailarina española, atrajo anoche a un público numeroso al Circo de Verano. Todos los hombres de mundo que habían tenido el placer de aplaudir a María en algunos salones, quisieron volver a ver sus bonitos bailes, que no son en nada comparables a aquéllos, más o menos españoles, que hemos podido ver antes. Los bailes de María la Bonita son clásicos; nada de contorsiones y lascivos contoneos de cadera, sino bamboleos flexibles, graciosos, que evocan el recuerdo de Esmeralda. El éxito de María la Bonita fue muy grande; tuvo que repetir dos bailes. Su traje, muy rico y muy sencillo, un vestido largo cubierto casi totalmente por un espléndido mantón, fue muy admirado” (Le Gaulois, 12-6-1891).

“Anoche debutó la castellana María la Bonita, cuyos bailes no recuerdan mucho a los juegos coreográficos de la Macarrona. Su juego también es muy gracioso, sin ser exagerado. Menos balanceo de caderas y más poses plásticas. […] Golpeando el suelo con el pie, daba vueltas con gracia mientras que su falda roja restallaba como un látigo. Un mantón blanco con largos flecos escondía un poco los movimientos de las caderas en los pasos más animados” (La Justice, 12-6-1891).

La bailaora Juana la Macarrona

La bailaora Juana la Macarrona

Tal es el éxito de María el día de su presentación, que la artista no puede evitar emocionarse y agradecer a su mentor todo lo que ha hecho por ella:

“Anoche, después de su brillante debut en el Circo de Verano, no sabiendo la hermosa andaluza cómo expresarle su gratitud a Blasco, se echó a llorar. El círculo de admiradores que […] rodeaba a la aplaudida bailadora, no acertaba a comprender aquel contraste de dos lágrimas resbalando por un rostro henchido de contento.

La étoile había tirado al suelo los ramos de flores con que la obsequiaron profusamente de palcos y butacas; en torno suyo todo era aclamaciones, enhorabuenas y lisonjas, de las que ella no hacía caso por no entenderlas […].

De repente, terciándose el blanco y bordado mantón de espumas y clavando en Blasco sus ojazos negros, exclamó con garbo: ‘¡Que me den una puñalá gemela si yo orvío en mi vía lo que usted ha jecho por mí’, y se alejó del grupo con ese andar de reinas, inimitable y propio de las hijas de su tierra” (El Imparcial, 15-6-1891).

El triunfo del arte y la belleza

Durante los cuatro meses que permanece en el Circo de Verano, María la Bonita no para de cosechar éxitos. En la sala “no se ha visto una fiesta similar, ni en los mejores días de la Otero” (Le Figaro, 20-6-1891). Cada noche, el selecto público que abarrota el teatro la colma de aplausos y ovaciones, y “la encantadora bailarina andaluza […] se ve obligada a repetir hasta tres veces sus originales bailes” (Le Figaro, 20-6-1891). La prensa gala se rinde ante el arte y la belleza de quien ya ha sido bautizada como “la flor de Andalucía” o “la nueva diva parisina”.

La bailaora María la Bonita (L'Univers illustré, 20-6-1891)

La bailaora María la Bonita (L’Univers illustré, 20-6-1891)

No es guapa como para causaros un flechazo, sino singular y atractiva como un fruto oriental. Carbones ardientes en los ojos, labios rojos como una muesca de cuchillo, la tez mate, casi de marfil. Baila de un modo a la vez voluptuoso y casto, sin dislocarse locamente las caderas como otras. Parece creer que le basta mostrar un instante el contorno perfecto de su pierna para dar una elocuente idea del resto. […] Simple, no alocada, pero sin ser mojigata. […] Al verla en el Circo de Verano, pavoneándose entre una doble fila de clubmen iluminados, sugiere el bonito proverbio andaluz: ‘La mujer es de fuego, el hombre de estopa, el diablo pasa y sopla’. ¡Olé!” (Gil Blas, 13-6-1891).

María la Bonita es una encantadora morenita de dieciocho o diecinueve años. Luce, con la chulería característica de las hijas de su país, el traje andaluz.

Envuelta en su mantón de crepé de China y enredada en su falda larga, ejecuta los bailes agitados, graciosos y castos de las provincias de España. La hemos visto ejecutar una Petenera, una Sevillana y una Macarrona, con una corrección, una agilidad y un arte incomparables. El éxito de esta fresca ‘flor de Andalucía’ es considerable. La gente se amontona para ir a aplaudirla” (L’Univers Illustré, 20-6-1891).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.