Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (II)

Aunque llega contratada por seis meses, Amalia Molina permanece más de un año en el Salón de Actualidades. La simpática sevillana, que “posee inimitable gracia cantando y bailando tangos” (El Liberal, 23-5-1904), no necesita más que una noche para conquistar al público, que le regala “una ovación tan ruidosa como merecida” (El Globo, 21-5-1904). Pocos días después, la prensa vaticina el nacimiento de una estrella:

“El género ínfimo cuenta con una artista más y de las llamadas a ser en breve la predilecta del público. […]

La señorita Molina es sin duda alguna de las mejores bailarinas de España” (El Liberal, 23-5-1904).

Amalia Molina

Amalia Molina

Un repertorio original y en constante renovación

Letras como la del conocido tango de los lunares, escrito por los hermanos Álvarez Quintero -aquél que dice “tengo dos lunares, uno juntito a la boca y el otro donde tú sabes”-, alcanzan una gran popularidad en la voz de Amalia Molina, que ha de repetirlo infinidad de veces para complacer a un público que no se cansa de escucharla.

La artista, siempre original, renueva constantemente su repertorio, con el estreno de distintos números y canciones que son compuestas expresamente para ella por renombrados autores, a los que Amalia exige exclusividad, de modo que dichas creaciones no pueden ser interpretadas por otras artistas.

En el mes de junio de 1904, con gran éxito, se representa por primera vez en el Salón de Actualidades el apropósito de costumbres andaluzas Al volver de la corría, en el que toman parte la cantaora Paca Aguilera, la guitarrista Adela Cubas, las hermanas Esmeraldas y Amalia Molina, que baila “primorosamente” por tangos.

La guitarrista Adela Cubas

La guitarrista Adela Cubas

En semanas sucesivas, la artista sevillana canta “por primera vez los tangos gaditanos” (El Globo, 26-7-1904), y estrena varios números, como los tangos del Caracolillo y El cocotero o las canciones Achares y El niño de las escobas. Las gacetillas informan puntualmente sobre cada nuevo éxito de Amalia:

Amalia Molina, la extraordinaria y sugestiva artista sevillana, estrenó anoche la canción titulada Achares, que dijo con tanto sentimiento y arte que el público la interrumpió varias veces, haciéndole una ruidosa y merecida ovación.

También cantó el tango del Caracolillo, y el zapateado de Caramelo, siendo asimismo muy aplaudida.

La señorita Molina es hoy, sin duda alguna, la mejor artista del género ínfimo” (La Correspondencia de España, 16-7-1904).

Una estrella modesta

En agosto de 1904, cuando aún no lleva tres meses en Madrid, la prensa llama la atención sobre las buenas dotes artísticas e interpretativas de Amalia Molina que, junto con su modestia, permiten vaticinar un futuro bastante halagüeño para la joven:

“En el saloncito de ‘Actualidades’ no todo se reduce a ver mujeres bonitas y oír ‘couplets’ que exceden de los límites de lo picaresco.

A veces destácase una de ellas, tanto por su graciosa modestia como por sus particulares condiciones de artista.

Y en este caso se halla Amalia Molina […]; en cuanto a la artista podemos decir, sin apasionamiento, que tiene cualidades de tal y que su vocecita, melancólica a veces, a ratos enérgica y entrecortada, sabe matizar admirablemente las situaciones marcadas en los ‘couplets’. […] en todos los números, en fin, se muestra desenvuelta e intencionada; en todos ellos ostenta, sin alarde, sus privilegiadas dotes artísticas. No es justo regatearle este título, hay que decírselo en la seguridad de que, como vale, no ha de envanecerse.

Y con modestia y con aptitudes llegará a donde han llegado otras. Y un poquito más allá si se empeña” (Nuevo Mundo, 11-8-1904).

Amalia Molina

Amalia Molina

Cada noche, la aparición de Amalia Molina en el escenario del Salón de Actualidades desencadena la euforia del público, que se entrega a la artista en el mismo grado en que ella derrocha su arte sobre la sobre las tablas. La siguiente descripción permite hacerse una idea del ambiente que se vive en la sala:

Linda de figurilla, poseyendo voz suficiente, asombrosa desenvoltura escénica y aptitudes coreográficas de primer orden para bailadora, aparece todas las noches Amalia Molina, arrancando por el gracioso trabajo explosiones de entusiasmo y tronadas de aplausos.

Acompañada de acción armónica y cadenciosa, del sonoro chasquido de los pitos y de malicias picarescas y picaronazas, dice, canta y baila su repertorio, sin que el público se canse pidiendo más ni ella se fatigue accediendo a las peticiones del público, que premia la cortesía con aclamaciones y palmadas.

– ¡San Pedro!… ¡San Pedro!… – gritan desde el momento en que sale a escena Amalia Molina, y anoche pude explicarme el interés de la invocación escuchando canciones que no sé si, clericalmente consideradas, podrían ostentar algún tenue matiz muy grato al endiablado Pedro Botero.

Sin preocuparse mucho por ello, el público ríe hasta el punto de llorar de risa, y sale contento después de haber contemplado en la Molina un rayo del vivificador sol andaluz” (Heraldo de Madrid, 6-9-1904). (1)

Un largo reinado en ‘Actualidades’

Durante su estancia en el Salón de Actualidades, Amalia Molina comparte cartel con diferentes artistas flamencas y del género de variedades, como La Fornarina, la Niña de los tangos, Pepita Sevilla, Adela Cubas -que, en ocasiones, la acompaña a la guitarra– o la mismísima Macarrona. La polifacética sevillana, que se atreve con todo –cante, baile, cuplés, recitación…-, no para de recibir aplausos:

“La sugestiva Amalia Molina sigue entusiasmando al público con el canto flamenco, acompañada a la guitarra por la profesora Adela Cubas” (El País, 12-12-1904).

Amalia Molina con traje de luces

Amalia Molina con traje de luces

“Con éxito extraordinario se ha estrenado en este teatrito el cuadro de costumbres madrileñas titulado El santo de la maestra, obteniendo en su ejecución grandes y merecidos aplausos las señoritas Amalia Molina, que dijo un parlamento de un modo admirable; Pepita Sevilla, en un tango flamenco, y la notable Adela Cubas, que acompañó a la guitarra” (Heraldo de Madrid, 18-12-1904).

En febrero de 1905, la artista sevillana es agasajada con un beneficio, en el que recibe grandes muestras de cariño de sus admiradores. El bailable cantado La Chiclanera (de Segura), las canciones Mi gitanillo (de Cánovas y Badía) y La pena-pena, o un pasacalles compuesto para ella por Martín Rodríguez son algunos de los números estrenados por Amalia Molina durante ese año, todos con gran éxito.

En el mes de mayo, cuando se cumplen doce meses de su debut en Actualidades, el público vuelve a cubrir el escenario de flores para quien ya es considerada “la más perfecta de las artistas del género ínfimo” (Heraldo de Madrid, 29-3-1905). Unas semanas más tarde, ataviada con un traje de luces y un capote de paseo, Amalia se despide del público madrileño.

En tierras catalanas

El 8 de junio de 1905 se inaugura la temporada de verano en el Teatro Granvía de Barcelona. Entre las artistas contratadas destacan algunas de las mejores cupletistas del momento, como La Fornarina, Candelaria Medina o Amalia Molina, “con su sicalíptico repertorio” (La Vanguardia, 12-7-1905), que incluye números como San Juan de Luz, El morrongo modernista o Los lunares celestiales.

Los éxitos no se hacen esperar. Como ya hiciera en Madrid, la joven sevillana conquista al público con su arte y también con otro tipo de encantos: “A cada vuelta de su falda… tres guapos con bigote caen al suelo… A cada copla nueva… se producen desgracias en el teatro” (La Tomasa, 13-7-1905). (2)

La cupletista Candelaria Medina

La cupletista Candelaria Medina


NOTAS:

(1) Los gritos del público invocando a San Pedro hacen referencia a otra de las letras popularizadas por Amalia Molina, un tango creado por el maestro Badía inspirándose en la famosa letra de los lunares escrita por los Álvarez Quintero. Dice así:

“Si porque canto y bailo flamenco
dice la gente que me condeno,
será muy fácil que cuando muera
no vaya al cielo.
Llamaré a San Pedro,
le enseñaré los lunares…;
¡me coge y me mete adentro!”

(2) La traducción es nuestra.


Teresita España, guitarrista, artista flamenca y estrella de varietés (I)

En una época en que los cafés cantantes comenzaban a decaer y los números de variedades se imponían como la atracción de moda en los principales teatros de nuestro país, una joven artista sevillana consiguió brillar con luz propia en el firmamento del espectáculo. Se trata de Teresita España, una artista todoterreno, que destacó tanto en el género flamenco -fue cantaora, bailaora y guitarrista– como en la interpretación de otro tipo de cantes y bailes más ligeros.

Nació en Sevilla en torno a 1892 como Teresa García Pichardo. Según José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz (1), tuvo como maestra a la genial bailaora Juana la Macarrona, quien no escatimaba en elogios para ella, lo cual nos da una idea de sus dotes para el baile flamenco.

Teresita España (Eco artístico, 25-10-1916)

Teresita España (Eco artístico, 25-10-1916)

Las primeras referencias periodísticas que encontramos sobre ella, a finales de 1915, resaltan su faceta de “notable cancionista” y la sitúan, respectivamente, en el Salón Llorens de Sevilla y en el Gran Cine de Córdoba. Entre las artistas con las que comparte programa cabe destacar a la Estrella de Andalucía y La Bilbainita.

Una artista que promete

En febrero de 1916, con motivo de su presentación en el teatro Novedades de Valencia y en el bilbaíno Salón Vizcaya, la revista Eco artístico destaca sus cualidades como guitarrista y cantaora, y le augura un buen porvenir en el mundo del espectáculo:

Teresita España, muy experta en el manejo de la guitarra y en el cante flamenco” (5-2-1916).

“Ha marchado a Bilbao, donde actuará, la notable artista Teresita España, sin rival cantando aires nacionales. Durante el tiempo que ha actuado en Valencia, el éxito la ha acompañado. Trátase de una muchacha bonita, simpática, que no tardará mucho tiempo en colocarse a la cabeza de las artistas de su género. Aquí ha dejado un núcleo grande de admiradores, que esperan ocasión de volver a ovacionarla” (11-2-1916).

“Debutó Teresa España, graciosa coupletista que se distingue en el cante flamenco, acompañándose ella misma a la guitarra con singular maestría y logrando todas las noches entusiastas ovaciones” (25-2-1916).

Anuncio de Teresa España_anuncio (Eco artístico, 5-4-1916)

Anuncio de Teresa España (Eco artístico, 5-4-1916)

Un mes más tarde, “la joven y bella artista flamenca Teresa España”, que “toca la guitarra y canta con gusto y estilo”, debuta con gran éxito en el teatro Romea de Madrid. El público la premia con grandes aplausos (La Época, 26-3-1916). Allí actúa durante varias semanas, a pesar del incidente acaecido en uno de sus espectáculos, del cual nos informa la prensa de la época:

“En la sección de las once que se celebró anoche en Romea, los ocupantes de un palco se opusieron ruidosamente a que la artista Teresita España, correspondiendo a los aplausos del público, siguiera su trabajo.

Con tal motivo se cruzaron frases gruesas entre una parte del público y los ocupantes del palco, promoviéndose tal escándalo, que tuvo necesidad de intervenir la autoridad” (La Acción, 1-4-1916).

El altercado se saldó con varias personas heridas y otras tantas detenciones, y Teresita España fue “objeto de una gran manifestación de simpatía por parte del público”. En su despedida, la artista “levantó en alto a los espectadores con las canciones flamencas que ella interpreta a la guitarra y se acompaña” (Eco artístico, 15-4-1916).

Teresita España (La Nación, 11-3-1918)

Teresita España (La Nación, 11-3-1918)

A través de esa misma revista tenemos conocimiento de la exitosa gira americana realizada recientemente por la artista, así como de sus triunfos en la Brasserie del madrileño Hotel Palace y en el Teatro Circo de Albacete. Teresita España es muy aplaudida tanto “en el género flamenco, que interpreta con tanto estilo y facultades”, como en su faceta de canzonetista. En ambos brilla “de modo extraordinario” (Eco artístico, 15-4-1916).

Belleza, gracia, juventud… éxito asegurado

En septiembre de 1916, la polifacética artista debuta en el Salón Foz de Lisboa y un mes más tarde regresa a las tablas del Romea, donde “es todas las noches ovacionada […], entusiasmando a los espectadores por el modo admirable con que interpreta canciones regionales y canto flamenco” (Eco artistico, 25-10-1916). La prensa destaca una vez más sus grandes cualidades, que la hacen merecedora del favor del público:

“Es indudable que Sevilla […] ha dado y sigue proporcionando al Arte sus hijos predilectos. […]

Y entre los triunfadores se encuentra Teresita España, esta encantadora canzonetista que por segunda vez actúa en Romea y por segunda vez también está gustando las mieles de la victoria.

Teresita España lleva en su cara reflejado el pedazo de cielo que tocó en suerte a Sevilla, y en todo su ser la gracia inimitable que no se puede copiar, porque es patrimonio de los hijos de Andalucía.

Su voz suena a caricia, a música deliciosa que nos deleita y extasía, y si en los aires regionales acompañados por la orquesta, Teresita España nos hace aclamarla con entusiasmo, cuando la guitarra deja oír sus notas y la artista suelta sus trinos armoniosos o vibrantes, no hay más remedio que acordarse de Sevilla y bendecir la hora en que Dios se acordó de España para dejar en ella un recuerdo perenne de alegría, de luz, de matices policromos tan extraordinarios.

Siendo Teresita España tan bonita, cantando como lo hace y presentándose en escena con un lujo que asombra, no tiene más remedio que escuchar por todas partes ovaciones entusiastas” (Eco artistico, 25-10-1916).

Tras su nuevo triunfo en Romea, Teresita España debuta en Barcelona, primero en el café La Buena Sombra y posteriormente en el Cine Doré. En ambos es muy bien acogida por el público, que no escatima en aplausos y “gritos de viva España” (Eco Artístico, 15-11-1916).

Teresita España (La Correspondencia de España (21-7-1922)

Teresita España (La Correspondencia de España, 21-7-1922)

En el mes de diciembre, el Heraldo de Zamora anuncia el próximo debut de Teresita España en el Teatro Principal de esa localidad, por el que también pasarán otras figuras del momento, como Dora la Cordobesita, Nati la Bilbainita, Raquel Meller, Emilia Benito, Pastora Imperio o La Argentinita.

De triunfo en triunfo, a ambos lados del Atlántico

La aclamada artista sevillana comienza el año 1917 en su ciudad natal. En enero actúa en el Teatro San Fernando y en febrero en el Llorens, donde “si en su selecto repertorio de canciones obtiene ovaciones sin cuento, acompañándose a la guitarra el género flamenco, demuestra también estilo, gracia y facultades” (Eco Artístico, 25-2-1917).

Antes de regresar a Madrid, Teresita recala en las localidades gaditanas de Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera. En ambos lugares, esta “canzonetista de excelentes facultades y que domina lo mismo el repertorio fino que el género flamenco, y que se acompaña magistralmente a la guitarra, es ovacionada sin cesar” (Eco Artístico, 25-3-1917).

Tras una nueva presentación en Romea, Teresa España continúa con su gira por distintos puntos de la geografía española. En los meses de mayo y junio actúa en el Teatro Lara de Málaga y en el Reina Victoria de Melilla. Posteriormente, emprende una nueva tournée por tierras portuguesas, que la lleva, entre otras ciudades, a Estoril.

En el mes de noviembre, la artista sevillana se presenta con “éxito extraordinario” en varias salas de Barcelona, como el Edén Concert o el Teatro Eldorado, y en diciembre hace lo propio en el valenciano Teatro Martí. Allí despide el año 1917, en el que también ha tenido ocasión de actuar en el Teatro Casino de Buenos Aires, integrada en la Troupe Ibérica, junto a artistas como La Cachabella, Pablo Pablitos o Ana Luciano (Tania).

NOTAS:

(1) VEGA, J. B. y RÍOS RUIZ, M., <em>Diccionario enciclopédico ilustrado del flamenco</em>, Cinterco, 1990.


Rafaela Valverde, la Tanguera, reina de la farruca y el garrotín (y IV)

En agosto de 1930, con motivo de un festival-homenaje ofrecido a Luis Calvo en la Plaza de Toros Arenas, La veu de Catalunya anuncia la “reaparición sensacional del notabilísimo cuadro flamenco [compuesto por] Miguel Borrull, Luisita Alegría, Ofelia Clavel, María la Gitana, Rosalía la Flamenca, Conchita Borrull, Rafaela La Tanguera, Maera y Paco Aguilera” (8-9-1930). (1)

Rafaela Valverde, la Tanguera, en el Villa Rosa

Rafaela Valverde, la Tanguera, en el Villa Rosa

En febrero del 31, la prensa vuelve a situar a Rafaela Valverde en el Teatro Circo Barcelonés, donde participa en un festival a beneficio del bailaor Manolillo de la Rosa, en el que también intervienen, entre otros artistas, La Macarrona, las hermanas Borrull, La Camisona, la Niña de LinaresFaícoPaco Aguilera y Miguel Borrull.

Una actividad imparable: Ópera flamenca, cine…

Durante los años siguientes, en ese mismo escenario y en el del Teatro Olympia, se celebran con frecuencia festivales de ópera flamenca, en los que se da cita buena parte del elenco de Villa Rosa, además de otras grandes figuras del flamenco de la época, como José Cepero, Angelillo, Manuel Vallejo o la Niña de la Puebla. Además de La Tanguera, cuya presencia es habitual en este tipo de funciones, en ocasiones destaca también una jovencísima Carmen Amaya.

Es ésta una época de intensa actividad artística para Rafaela Valverde, que compagina sus apariciones en los espectáculos de ópera flamenca con otro tipo de actuaciones. Así, en marzo de 1933 “la gran Tanguera” forma parte del cuadro flamenco que presenta su comadre Julia Borrull en el restaurante El Tostadero, y en el que también figuran la Sevillanita, la Gitanilla del Albaicín, Tobalo, el Niño de Constantina y el guitarrista Pepe Hurtado (La Vanguardia, 16-3-1933).

En el mes de septiembre, de la mano de Juanito El Dorado, Rafaela regresa a las tablas del Teatro Nuevo, donde comparte escenario con el Niño Marchena y Carmen Vargas, entre otros artistas; y en noviembre, la bailaora forma parte del elenco de una versión de El amor brujo dirigida y coreografiada por Laura de Santelmo, que se estrena en el Liceo de Barcelona. En el reparto figuran artistas de gran nivel, como Soledad Miralles, Conchita Borrull o las hermanas Coquineras, dos viejas glorias del baile flamenco.

Cuadro flamenco de Dos mujeres y un Don Juan (José Buchs, 1934)

Cuadro flamenco de Dos mujeres y un Don Juan (José Buchs, 1934)

A finales de 1933, Rafaela Valverde realiza una incursión en el mundo del cine. Junto a Carmen Amaya, Juana la Faraona, Miguel y Conchita Borrull, Antonio Viruta y El Chino, la artista forma parte del cuadro flamenco que aparece en la película Dos mujeres y un Don Juan, dirigida por José Buchs y estrenada en enero del año siguiente. (2)

En primavera de 1934, la Tanguera vuelve a ponerse a las órdenes de Miguel Borrull, que presenta en el Tabú Club un cuadro flamenco compuesto por Julia Borrull, Rafaela Valverde, la Niña de Cádiz y Antonio Viruta; artistas que también actúan en el Teatro Circo Barcelonés, en el marco de un festival benéfico organizado por el Centro Andaluz. Asimismo, la bailaora es “extraordinariamente ovacionada” por su interpretación en la zarzuela La chulapona, que se estrena en el Teatro Novedades (Papitu, 2-5-1934).

La zambra de Chorro Jumo

Poco después, la Tanguera se integra en una Compañía de comedias de arte gitano que hace su debut en el Teatro Poliorama en agosto de 1934, con la puesta en escena de la comedia de ambiente gitano La zambra de Chorro Jumo. El gran éxito obtenido motiva la reposición de la obra un mes más tarde. La Vanguardia ofrece información sobre el elenco de la compañía, que tiene como primera figura a la cantaora Niña de Linares:

“En su anterior y reciente actuación, esta formación artística obtuvo un remarcable éxito interpretando la obrita La zambra de Chorro Jumo, escrita expresamente para lucimiento de los virtuosos de la ópera flamenca que encabezan la lista de la compañía, a saber: los ‘cantaores’ Niña de Linares, Pepita Jiménez, Niño Constantina y Niño de Lucena; las ‘bailaoras’ Julia y Conchita Borrull, La Tanguera, Micaela Lamendaña, Rocío de Triana, La Faraona, María Flores; el virtuoso de la guitarra flamenca Miguel Borrull; el caricato Isidro Badur y otros muchos artistas de fama en el género, así como la pareja de bailarines excéntricos ‘The Willy Star’s’.

La función inaugural se compuso de la obra citada, ya conocida de nuestro público, y del estreno de otra obrita del mismo corte, continuación de aquélla, titulada Un juramento gitano […]

La compañía obtuvo un franco éxito, y en realidad fue merecido, pues todos los artistas trabajaron con entusiasmo, logrando un excelente conjunto en el difícil género que cultivan” (14-9-1934).

La Tanguerita en "La zambra de Chorrojumo" (Heraldo de Madrid, 31-5-1935)

La Tanguerita en «La zambra de Chorrojumo» (Heraldo de Madrid, 31-5-1935)

En enero de 1935, en el Teatro Circo Barcelonés, Rafaela Valverde participa en un “grandioso certamen de arte andaluz a beneficio del notable guitarrista Pepe Hurtado”, en el que también intervienen el Cojo de Málaga, Conchita Borrull, Carmen Amaya, La Faraona o Antonio Viruta (La Vanguardia, 22-1-1935). Unas semanas más tarde, algunos de estos artistas se presentan en el Teatro Olympia, bajo la dirección del cantaor Guerrita; y, en el mes de mayo, la Compañía de comedias de arte gitano de la que forma parte La Tanguera lleva La zambra de Chorro Jumo al Teatro Victoria de Madrid.

En enero de 1936, Rafaela participa en un festival a beneficio de Antonio Viruta que se celebra en el Teatro Circo Barcelonés. Entre el nutrido elenco de artistas que se reúne para rendir homenaje al bailaor destaca, una vez más, la presencia de Carmen Amaya.

En esa época, La Tanguera también trabaja en el cabaret Mónaco y en el Teatro Cómico, y en ambos locales coincide con su inseparable Conchita Borrull. Las dos forman parte del cuadro andaluz, dirigido por Manuel González Guerrita, que actúa en el Pueblo Español de Montjuic con motivo de la Verbena de la Prensa, en junio de 1936.

Rafaela Valverde en los toros

Rafaela Valverde en los toros, con mantón de Manila

En el mes de agosto, La Vanguardia sitúa a Rafaela Valverde en el Circo Barcelonés, y no encontramos ninguna otra referencia periodística sobre ella hasta mayo de 1939, una vez finalizada la guerra civil. En esa fecha, coincidiendo con la estancia del Gran Visir en Barcelona, se celebra en su honor una cena de gala en el Hotel Ritz, al término de la cual comienza “una fiesta de baile flamenco y cante jondo”, amenizada por el siguiente cuadro:

Agustín de Triana, Niño de Constantina, Antoñita y Rayito (pareja de Jerez), Julia Borrull y La Tanguera (bailarinas), Niña de Cádiz, Gloria de España (bailarina) y los ‘tocaores’ ‘Camisón’ y González, cuadro dirigido por el maestro París” (La Vanguardia, 25-5-1939).

Su recuerdo perdura

Probablemente ésta fuera una de las últimas actuaciones de Rafaela Valverde, que falleció en 1940, víctima de un cáncer. Sin embargo, a pesar de los años transcurridos, su imagen permanece indeleble en la retina de quienes la conocieron, como es el caso de la bailaora Trini Borrull, que en el año 2000 dedicaba estas palabras a la que fuera gran amiga y compañera de sus tías Julia y Concha:

Rafaela ValverdeLa Tanguera’, a la que menciono como cosa aparte, pues esta bailaora se presentó en Madrid, en un café cantante, bailando el garrotín que le copió a Pastora Imperio. Alternó con las mejores artistas, como La Argentinita, Raquel Meller y Tórtola Valencia; acabando su vida en los cafés cantantes de Barcelona, bailando la farruca. Tenía un estilo y elegancia inigualables y manejaba la falda, como nunca he visto igual; introducía unas variaciones y pasos que podrían ser actuales. La gran bailarina Ana Pavlova, cuando iba a Barcelona, para actuar en el Liceo, después de su actuación iba a Villa Rosa y se quedaba extasiada viendo bailar flamenco; sobre todo a ‘La Tanguera’. Era tan personal esta bailaora, que si cierro los ojos, aún creo estar viéndola, pues su flamenca figura aún permanece en mi retina”. (3)

Una imagen familiar de Rafaela Valverde

Una imagen familiar de Rafaela Valverde

Un último apunte sobre la personalidad y valía artística de La Tanguerita nos lo ofrece Fernando el de Triana (4), cuando nos refiere la siguiente anécdota:

“El popular banderillero de toros Eduardo Borrego Zocato la invitó en una ocasión a visitar las cuevas del Sacromonte, con el fin de que presenciara unas danzas gitanas […]. Lo primero que encargó la Tanguerita fue que no descubriera ante aquellas gitanas que ella era artista.

Así lo hizo el complaciente torero, presentándola como turista; pero como el arte no puede ocultarlo quien lo siente, al terminar de bailar las hermanas Gazpachas ese castizo baile titulado ‘la cachucha’, pidió permiso para bailarlo ella, y una vez concedido, causó la admiración de todos aquellos faraónicos artistas.

¿Comentarios de aquel día? -¡Vaya una turista con reaños! ¿Has visto qué cachucha? ¡Chavó, qué manera de bailá! -¿Y la farruca? -¿Y er tango? -¿Y er garrotín? -¡Ésta tiene que ser artista y de tronío! -Verás cómo yo le meto los deos al señorito y nos pena la chipén.

Efectivamente; a poco se descubrió la incógnita y entonces empezó la juerga de verdad con los calés de la cueva del Albaicín”.

NOTAS:

(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.

(2) Esta información la proporciona Montse Madridejos en el blog “Historias de Flamenco”.

(3) Borrull, Trini: “La saga de los Borrull”, Revista de Flamencología, nº 12, segundo semestre de 2000.

(4) Triana, Fernando el de, Arte y artistas flamencos, 1935.


La Joselito, el alma de Andalucía en París (I)

“Él me dijo: ‘tú te llamarás La Joselito’. – ‘¡Pero es un nombre masculino!’ – ‘Si le pones un ‘la’ es femenino’. […] – ‘¡Tú serás famosa como yo y te llamarás como yo!’ Me echó una caña de jerez por la cabeza y escribimos en los carteles de la época ‘La pequeña Joselito’” (1) (2).

De este modo explica el origen de su nombre artístico la bailaora Carmen Gómez. Cuando el célebre torero Joselito el Gallo la rebautizó aún era una niña, pero los vaticinios del diestro se cumplieron y la joven artista no tardó en saborear las mieles del triunfo, especialmente en Francia, donde transcurre la mayor parte de su intensa y apasionante existencia.

Sus primeros años de vida

Carmen nace en 1906 en Cartagena, pero poco después la familia se traslada a Barcelona, de donde es originaria la madre. Sin embargo, la pequeña pasa sus primeros años viajando por toda la geografía española con sus padres, que se dedican a la venta ambulante. Aunque no lo son, viven cual si fueran gitanos nómadas; van de un sitio a otro en un carromato tirado por un caballo, en el que duermen y transportan sus mercancías; y, para completar sus ingresos, cantan y bailan en la calle.

La pequeña Carmen Gómez junto a su padre

La pequeña Carmen Gómez junto a su padre

Según el testimonio de la artista, “Mi padre […] tocaba la guitarra y mi madre bailaba, pero como tuvo muchos hijos y no podía ocuparse del baile y de los niños, tuvo que dejarlo”. Asimismo, su abuela materna había sido ‘La Berenguera’, una gran bailarina clásica, mundialmente conocida, que tuvo que abandonar su carrera por amor. Con estos antecedentes, la pequeña Carmen parece estar predestinada al arte.

Durante sus viajes por Andalucía, se divierte bailando con otros niños y niñas. “Íbamos a Sevilla, a Málaga, a Jerez y a todos los pueblecitos. Mientras que mi padre vendía, yo me iba con los niños a bailar y, de ver a aquellos pequeños bailar por bulerías y farrucas, yo aprendía”.

En una de sus visitas a Sevilla, la pequeña Carmen tiene la oportunidad de conocer a Juana Vargas, La Macarrona, una de las mejores bailaoras de la época dorada del flamenco, que desempeñará un papel fundamental en su formación como artista.

La Macarrona vivía en el centro de Sevilla, en un lugar que se llama La Alameda de Hércules. Yo veía bailar a esa señora, que me gustaba mucho, y un día fui a su casa. Mi madre me buscaba por todas partes, yo tenía cinco años y estaba en casa de la Macarrona. Ella me dio café con leche; me explicaba los movimientos de los brazos y todo eso… Me quería mucho”.

Cuando Carmen tiene unos diez años de edad, la familia se establece permanentemente en Barcelona. Según la propia artista, en esa decisión pesa bastante la opinión de sus maestros, Juana la Macarrona y Antonio de Bilbao, que “se encontraban un día en Barcelona. Le dijeron a mi padre: ‘dejad a la pequeña aquí, no os vayáis, cambiad de oficio. Esta niña bailará muy bien algún día’. Entonces mis padres se quedaron”.

Bautizada por Joselito y su madrina, la Macarrona

Según el testimonio de La Joselito, en esa época la Macarrona viaja con relativa frecuencia a Barcelona y, cada vez que lo hace, aprovecha para darle clases. Además, es ella quien introduce a Carmen en el mundo artístico de la capital catalana, en cuyos cafés cantantes se dan cita cantaores y bailaores llegados de toda Andalucía.

Juana la Macarrona

La bailaora Juana la Macarrona

En aquellos años, con el fin de darse a conocer, la joven baila para los amigos y participa en festivales benéficos. Ella misma nos relata una de sus primeras apariciones en escena, junto a su maestra:

“A veces la Macarrona venía a comer con nosotros. Una noche le habló a mis padres sobre un festival benéfico que iba a celebrarse al día siguiente, en el que tomarían parte todos los grandes artistas flamencos. Yo supliqué que me dejaran ir, pero mi padre dijo que yo era demasiado joven. La Macarrona me hizo un guiño y susurró: ‘Escápate, coge tu traje y el sombrerito y dámelos discretamente. Le diré a tus padres que vienes a comer conmigo mañana’. Se llevó mi ropa y al día siguiente vino a buscarme. Me escondí bajo la cola de su vestido. Todos los artistas que participaban en ese gran cuadro estaban sentados en el escenario. Cuando el guitarrista empezó a tocar la farruca para Ramírez, que iba a bailar, salí de debajo de las faldas de la Macarrona como un torbellino, vestida con pantalones largos y mi sombrerito” (3).

De este modo, cuando es todavía una niña, y bajo la protección de la célebre bailaora sevillana, Carmen empieza a codearse con las estrellas del flamenco de la época. Asimismo, según su propio testimonio, a los doce años de edad realiza su primera gira por Europa –Londres, París, Bélgica…-, para participar en un espectáculo del famoso cantante de tangos Carlos Gardel. La acompañan su madre y Juan Relámpago, un amigo de su padre que se ha convertido ya en su guitarrista de cabecera.

El torero Joselito el Gallo

El torero Joselito el Gallo

La precoz bailaora pronto se convierte en una presencia habitual en los mejores cafés cantantes de Barcelona, como el Villa Rosa, el Ca’ d’Escanyo o El Dorado. Los dueños de esos locales incluso llegan a sobornar a la policía, para que ésta haga la vista gorda, ya que Carmen aún no ha cumplido la edad mínima para poder trabajar en ellos. Es precisamente en Villa Rosa donde el torero Joselito la rebautiza con el que a partir de entonces será su nombre artístico.

La Joselito, entre los mejores artistas flamencos de Barcelona

En los citados cafés, La Joselito convive con la flor y nata de la flamenquería de la época, como la Macarrona, la Malena, la Niña de los Peines, Estampío, Antonio de Bilbao o la Tanguerita, de quienes aprende los pasos y bailes que poco a poco van conformando su repertorio artístico. Ello despierta las susceptibilidades de algunas de esas estrellas, que no llevan muy bien el que una niña les robe protagonismo. Carmen relata como ejemplo su enfrentamiento con Rafaela Valverde, la Tanguerita, durante una actuación de ambas en el Circo Barcelonés:

“El público aplaudía como loco. Yo todavía era muy joven, y cuando eres joven y haces algo bien, causa impresión. La Tanguera tenía que bailar después de mí y apenas le prestaron atención. Ella era una gran bailaora de farrucas pero, qué podía yo hacer si les gustaba tanto. Cuando terminó, corrió llena de rabia hacia mí, que estaba entre bastidores, y me dio una bofetada. […] Pero hay que entenderla. Ella era una gran bailaora de farrucas. ¡Y yo había bailado su farruca! La copié de ella, lo mismo que mis otros bailes”. (3)

Sin embargo, no todo son celos y desencuentros entre los flamencos. Cuando Carmen contrae el tifus, a los trece años de edad, los artistas hacen un fondo común para costear su tratamiento, e incluso organizan un festival a beneficio de la joven. En una revista catalana encontramos la siguiente reseña, que -no sin sorna- tal vez se refiera al mencionado espectáculo:

“¿Qué es lo que veo? En el cartel de La Marina anuncian a la Señora La Joselito. Un amigo que salía de las instalaciones decepcionó mi curiosidad. La señora no es lo que yo pensaba, La Joselito no es ningún ejemplar de perversidad bisexual, como su nombre podría hacer suponer. Es una precoz artista que celebró el jueves su beneficio y que tuvo mucho éxito” (Papitu, 4-12-1918).

La pequeña Carmen Gómez, La Joselito

La pequeña Carmen Gómez, La Joselito

En esa época, la joven artista también se prodiga en fiestas privadas organizadas por ricos industriales y músicos catalanes:

“Yo bailaba mucho entre amigos… Buenos guitarristas clásicos, como Segovia, Llobet y Tárrega, eran músicos ricos. Tocaban para sí mismos. […] Tenían fábricas, vivían de otra cosa. Yo iba a bailar para ellos, bailábamos entre nosotros, y cuando daban una gran fiesta, todo el mundo le pagaba a La Macarrona para que fuésemos a bailar para ellos. Había grandes directores de fábrica, gente que tenía mucho dinero” (1).

A pesar de su corta edad, Carmen se ha convertido en el sostén de su numerosa familia. Cada vez más solicitada, la joven trabaja junto a los mejores artistas flamencos del momento, y con algunos de ellos incluso realiza giras por España. En la prensa de la época encontramos referencias a varias de esas actuaciones. Por ejemplo, en mayo de 1917, La Joselito debuta en el Salón las Columnas de Bilbao; en julio de 1919 se anuncia en el Teatro Circo Barcelonés como “la reina del canto flamenco” (La Vanguardia, 31-7-1919); y un mes más tarde figura en el cartel del Gran Salón Cine Doré “La Joselito, bella y notable canzonetista y bailarina, bailes flamencos acompañada por el celebrado profesor de guitarra Juanito El Dorado” (Veu de Catalunya, 1 al 15-8-1919).

 

Dos cantes de La Joselito, por cortesía de Pedro Moral:

NOTAS:

(1) CATHELIN, Annie, La Joselito à l’Âge d’or du flamenco, París, L’Harmattan, 2013.

(2) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.

(3) CLAUS, Madeleine, “La Joselito”, en SCHREINER, Claus (ed.), Gipsy dance and music from Andalusia, Portland, Amadeus Press, 1990.


Rafaela Valverde, la Tanguera, reina de la farruca y el garrotín (III)

En noviembre de 1918, Rafaela Valverde participa en un “festival a beneficio de los huérfanos de los beligerantes y los hijos de España fallecidos a consecuencia de la guerra europea” (La Vanguardia, 23-8-1918), que se celebra en el Teatro Cómico; y, durante los meses siguientes, la artista se prodiga en distintos music halls barceloneses, como el Monte Carlo o el Moulin Rouge.

Rafaela Valverde, la Tanguerita, en el Gran Kursaal de Barcelona (Crónica, 2-2-1936)

Rafaela Valverde, la Tanguerita, en el Gran Kursaal de Barcelona (Crónica, 2-2-1936)

En julio de 1919, en los jardines del Turo-Park se celebra una gran verbena, en la que destaca un “cuadro andaluz […] con la cooperación de bellísimas artistas andaluzas, dirigidas por la popular bailaora LA TANGUERITA, acabando el número con la clásica zambra gitana” (La veu de Catalunya, 4-7-1919) (1).

Poco después, Rafaela se presenta con un cuadro similar en el Gran Infierno. Artistas como María Rosa ‘La Gitana’, el Negro Lázaro, Juanito Relámpago o Fosforito Chico completan un cartel en el que brilla con luz propia la Tanguerita:

“El Infierno parece una sucursal de Málaga o de Sevilla. Allí tienen flamenquería por arrobas y unos muchachos que afianzarán los lazos de confraternidad catalana-andaluza de los que hablaba Aguilar. Reina y señora de todas es la Tanguerita, castiza gitana por la que iríamos… al Infierno, vaya, que ya es decir bastante” (Papitu, 16-7-1919).

Los años dorados del Villa Rosa

Durante el verano de 1920, Rafaela vuelve a triunfar con su cuadro flamenco en el cabaret “¡Chófer a Montmartre!” y en el Teatro Apolo, donde llega a ofrecer hasta tres sesiones diarias. Otros locales frecuentados por la artista en los años veinte son el Teatro Victoria, el Monte Carlo, el Teatro Circo Barcelonés o el Tablao Villa Rosa, de Miguel Borrull, que se había convertido en uno de los lugares preferidos por los extranjeros. Sobre su tablao derrochaban arte desde viejas glorias del baile flamenco, como Juana la Macarrona, hasta jóvenes promesas, como una todavía niña Carmen Amaya.

La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, Alberto F. Garagarza, Antonio Viruta y el Chino (Barcelona, 1933)

La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, Alberto F. Garagarza, Antonio Viruta y el Chino, en el ‘chiringuito’ de la Puerta de la Paz, de Barcelona, en 1933 (Destino, 1964)

En un artículo publicado en 1964 en la revista Destino, Sebastián Gash evoca el ambiente artístico que se respiraba entre aquellos muros:

“Verdad es que el cuadro flamenco del local de la calle del Arco del Teatro era de primerísimo orden. Como ‘bailaores’ desfilaron por allí Antonio Viruta, Antonio Bilbao, el ‘Mojigango’, Faíco, Estampío, el ‘Gato’, nombres gloriosos, mantenedores de una estirpe vieja como el mundo, que bailaban con todas las geniales rebeldías de su pasión puestas en ritmo de llama, sin que jamás se registrasen en parte alguna sus nombres.

Actuaban asimismo en este tablao de rango unas ‘bailaoras’ de fuste, faraones del baile, criaturas de aguafuerte goyesco, que así que oían sonar la guitarra se encendían en rítmicos espasmos y escorzos de maravilla, se crispaban en contorsiones inimitables y ofrecían al viento el compás de sus brazos, locos de ensueño y ebrios de pasión. Además de Julia Borrull y su hermana Concha, aparecían en aquel tablado la ‘Macarrona’, bronce vivo y fondón al paso de los años, genial en su bastedad, gloria y orgullo en su ayer lejano de los viejos cafés cantantes, las hermanas Mendara, Rafaela Valverde (la ‘Tanguera’) -¡descubrámonos de nuevo!-, Regla Ortega (la ‘Pato’), la ‘Faraona’ y la niña Carmen Amaya con sus primeros redobles… ¡Qué antiguo y qué puro era el arte de esas mujeres, fandangonas de estirpe, reinas de las alegrías y las soleares en las madrugadas barcelonesas! Y a la guitarra, en Villa Rosa, los Borrull, padre e hijo, Manolo Bulerías y el ‘Chino’, padre de Carmen Amaya” (14-3-1964).

Junto a Rafaela Valverde, en el cuadro de Villa Rosa figura el bailaor Antonio Rodríguez, ‘el Viruta’ -“viva personificación de la hierática y ritual estampa del desplante ‘jondo’” (ibíd.)-, que durante algunos años también comparte con ella su vida sentimental y es el padre de uno de sus cinco hijos.

El bailaor Antonio Rodríguez, el Viruta

El bailaor Antonio Rodríguez, el Viruta

Nuevos éxitos en el Circo Barcelonés

En septiembre de 1925, en el Teatro Circo Barcelonés se celebra un “grandioso festival a beneficio de la célebre artista Rafaela Valverde, la Tanguera” (La Vanguardia, 30-9-1925). En él toman parte un buen número de artistas de variedades, así como un cuadro flamenco dirigido por Miguel Borrull (hijo), que aglutina a “todo el elenco de los cabarets Maxim’s Buena Sombra, Royal Concert, Sevilla y Villa Rosa”, lo cual nos da una idea de lo muy apreciada que era Rafaela entre sus compañeros de profesión.

En 1926, la bailaora regresa en varias ocasiones al Teatro Circo Barcelonés. En enero participa en una función a beneficio del bailarín César Fournier y en el mes de septiembre, a pesar de su avanzadísimo estado de gestación, la Tanguera interviene en un festival de cante, toque y baile flamenco, en el que se dan cita artistas de primerísimo nivel, como Miguel, Concha y Julia Borrull, La Joselito, el Chato de Valencia, La Camisona, Faíco, Guerrita, Juanito Relámpago y Antonio Viruta, por citar sólo a algunos.

Pocas semanas después de dar a luz a su hijo, que es amadrinado por su amiga y compañera Julia Borrull, Rafaela Valverde regresa a los escenarios. Durante los meses de noviembre y diciembre de 1926, también en el Circo Barcelonés, la bailaora comparte cartel con buena parte del elenco del Villa Rosa, en el marco de distintos festivales de cante y baile dirigidos por el guitarrista Miguel Borrull.

Rafaela Valverde con uno de sus hijos

Rafaela Valverde con uno de sus hijos

En mayo de 1928La Tanguerita figura en el reparto del cuadro flamenco que actúa en el Teatro Cómico de Barcelona durante la representación de la comedia de costumbres La mala uva. Completan el elenco Conchita BorrullRosalía la FlamencaFaíco ChicoFanegas y Miguel Borrull.

En el mes de septiembre, La Publicitat anuncia la celebración de una gran fiesta andaluza en el barcelonés Casino de San Sebastián, cuya atracción principal la constituye un cuadro flamenco dirigido por Miguel Borrull, y en el que destaca, entre otras figuras, la Tanguera:

“Se trata de un cuadro flamenco completo como pocas veces se ha visto en Barcelona. […] La Niña de Málaga interpretará un tango gitano; Rafaela la Tanguera bailará una des sus farrucas que la han hecho célebre; Conchita Borrull entusiasmará con sus inimitables alegrías, e incluso se arrancará por sevillanas con Rafaela, cantadas por Mariana la Camisona. Manuel Tejero, el más castizo de los bailaores andaluces, demostrará su estilo, y ‘Joselito de Cádiz’, auténtico artista del ‘cante jondo’, cantará entre otras cosas las ‘vidalitas’ famosas de Juan Simón y sus no menos celebrados fandanguillos.

Miguelito Borrull y Baldomero Faíco acompañarán al cuadro flamenco a la guitarra” (2-9-1928).

Un cuadro similar se presenta semanas más tarde en el Teatro Cómico, coincidiendo con la representación de la revista Pocker. El elenco es el siguiente:

Conchita Borrull y Tanguerita, reinas del baile cañí. Chato de Valencia, el as de los cantaores, premiado en todos los concursos. Antonio El Viruta, excelso bailaor. Faíco Chico y Paco Aguilera, los grandes guitarristas. Mariana la Camisona, la genial cantaora” (La Vanguardia, 14-10-1928).

Durante todo el mes de marzo de 1929 se representa en el Teatro Tívoli el sainte lírico Los Flamencos, en el que destaca la actuación de “las bailadoras de flamenco Conchita Borrull y La Tanguera, que tanto realce y verismo dan a las castizas escenas de la verbena” (La Vanguardia, 9-3-1929).

Rafaela Valverde en los toros

Rafaela Valverde en los toros

Poco después se puede ver a Rafaela Valverde en el Teatro Victoria, en el festival de despedida de la bailaora Custodia Romero; y en el mes de septiembre, en el Teatro Nuevo, la artista participa en un “grandioso festival flamenco organizado el famoso cantador Manuel Guerrita a beneficio del popular cantador Joselito de Cádiz, con el concurso de los ‘ases’ del género Conchita Borrull, Rafaela la Tanguera, el Gran Tobalo, Antonio Viruta” y otros muchos (La Vanguardia, 10-9-1929).

Unas semanas más tarde, el Heraldo de Madrid sitúa a la Macarrona “en el famoso café cantante La Viña P”, de la capital catalana; y anuncia que junto a ella “lucen su arte Rafaela ValverdeLa Tanguera, que es la mejor bailaora de farruca, y la guapísima Julia Borrull” (14-10-1929).

En ese mismo año, la revista Estampa nos aporta un dato curioso sobre nuestra artista: “la Tanguerita tiene una máquina de coser, a plazos, y se confecciona ella misma estos trajes airosos que cortan el aire” (2-7-1929).

NOTA:

(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.