Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Carmen Díaz Molina, la elegancia del baile de Sevilla (y IV)

Triunfos en las Canarias

En junio de 1913, Carmen Díaz y Enrique Sánchez debutan en Las Palmas de Gran Canaria y varias semanas más tarde regresan a Tenerife, donde son recibidos con el mismo entusiasmo que en su primera visita. A decir de la prensa, la pareja “es lo mejor, si no lo único bueno, que por aquí hemos visto en el género de bailes” (Diario de Tenerife, 26-7-1913).

“Si de estos artistas pudiéramos decir que han mejorado su labor durante su ausencia, lo diríamos pero no cabe; el trabajo de esta pareja de baile siempre resulta nuevo y es que desde que aparecen en el proscenio el público reacciona y sigue con interés creciente las piruetas y pasos de los bailables, hasta que al terminar aplaude y aplaude como lo hacía anoche, sin cansarse y lamentando que no vuelva a alzarse el telón” (La Opinión, 22-7-1913).

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco artístico, 15-3-1917)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco artístico, 15-3-1917)

Carmen y Enrique corresponden a esas atenciones y “se desviven por ahondar más el cariño que han encontrado en el público”, especialmente ella:

“guapa, hermosa, sugestiva, ligerita de sangre, de nervios sumamente sensibles, es tal el hechizo que causa, que con su sola presencia y la sonrisa con que siempre muestra el agrado que le causa el interés de sus espectadores, […] sale a ovación por número y jamás cansa” (Diario de Tenerife, 26-7-1913).

A su regreso a la península, la revista Eco artístico hace balance sobre la gira de Carmen Díaz y Enrique Sánchez por tierras canarias, que no ha podido ser más productiva. Han ofrecido un total de cuarenta funciones, con “subido sueldo”, al que hay que sumar las cantidades recaudadas en los beneficios celebrados antes de cada despedida, así como los regalos de sus admiradores, entre los que se cuentan “un reloj de oro con cadena del mismo metal, una bolsa de plata y un canario que ella adora”.

Este éxito económico sin duda obedece a la gran calidad artística de sus bailes, llenos de armonía, pureza y clasicismo; y, algunos de ellos, realmente singulares:

“Tienen dos números en cuya ejecución no ha habido aún quien pueda imitarlos: una danza húngara que realizan a compás de música y panderetas, a cuya terminación los públicos todos les brindan ovaciones emocionantes, y un pasodoble escrito para ellos expresamente, bailado también con panderetas, donde derrochan y dan a conocer maestría y talentos artísticos probatorios de su fama” (Eco artístico, 5-8-1913).

Nuevos éxitos en toda España

A partir de diciembre de 1913, el público barcelonés tiene la oportunidad de volver a disfrutar con los bailes genuinamente españoles de Carmen Díaz y Enrique Sánchez, que “son el ‘clou’ en eso de las castañuelas” (Eco artístico, 15-12-1913). (1)

Carmen Díaz Molina (Diario de Tenerife, 19-5-1913)

Carmen Díaz Molina (Diario de Tenerife, 19-5-1913)

Durante los meses siguientes puede verse a la pareja en ciudades como Badajoz o Sevilla. En mayo de 1915 regresan a Tenerife, donde son tan bien acogidos como la última vez:

“La reaparición de la notabilísima pareja coreográfica ‘Sánchez-Díaz’, hizo que anoche se llenase el local del Parque Recreativo […].

Los simpáticos artistas nos dieron a conocer algunos nuevos bailes, que han entrado a formar parte de su repertorio, así como otros, que, aunque ya conocidos, gustaron mucho.

Estos artistas, a la maestría con que ejecutan los diversos números que constituyen su vasto repertorio, unen lo bien que visten, lo sugestivo de la música y todas las condiciones que necesita un artista para triunfar. Ella sigue siendo la mujer hermosa de la vez anterior, y ambos, tan simpáticos y buenos coreógrafos.

El público les aplaudió frenéticamente al terminar cada número, obligándoles a interpretar otros varios” (El Progreso, 11-5-1915).

En enero de 1916, Carmen y Enrique comparten cartel con una de las grandes figuras del momento, su paisana Pastora Pavón, la Niña de los Peines. El escenario elegido es el Kursaal Central de Sevilla.

En esa época, la pareja Sánchez Díaz se prodiga bastante por la ciudad hispalense, entre otras localidades andaluzas, como Jerez de la Frontera o La Carlota (Córdoba), además de presentarse en el Casino des Restauradores de Lisboa.

Una artista consagrada

Cuando llevan ya una década presentándose juntos sobre los escenarios, Carmen y Enrique constituyen “una pareja de baile tan magistral, acabada, a la moderna, con un repertorio de tan distintos matices y una ejecución tan irreprochable, que con solo nombrarlos despertamos en el público el grato recuerdo de ovaciones otorgadas, de triunfos […] y de campañas en las que […] dejaron grabado con letras de oro en el umbral del templo de las varietés sus nombres atrayentes” (Eco artístico, 15-3-1917).

Carmen Díaz (Eco Artístico, 25-10-1917)

Carmen Díaz (Eco Artístico, 25-10-1917)

La crítica destaca su “sello personal”, su amplio repertorio de bailes magistralmente ejecutados, la “presentación de su trabajo”, “magnífica, suntuosa, de gusto sin límites”, así como su afán por aprender y renovarse constantemente.

Sin embargo, a pesar de los buenos resultados obtenidos, la pareja decide deshacer su unión y emprender nuevos caminos por separado. Así anuncia la prensa la noticia:

“Habiéndose disuelto la notable pareja de bailes Sánchez-Díaz, se presentará sola en lo sucesivo, con nuevo repertorio y vestuario, la hermosa y renombrada bailarina Carmen Díaz, que tantos triunfos ha logrado en su brillante carrera artística” (Eco artístico, 15-10-1917).

Aunque el anuncio tiene lugar en octubre de 1917, Carmen y Enrique aún continúan actuando juntos durante varios meses. Tras una nueva presentación en el teatro Romea de Madrid, se les puede ver sobre todo en el sur, en ciudades como Sevilla o Melilla.

Nueva etapa en solitario

En septiembre de 1918, encontramos ya a Carmen Díaz actuando en solitario, en el Salón Novedades de Málaga. La sevillana, que comparte cartel con las canzonetistas Emilia Navarro y Angustias la Gitana, entre otras artistas de variedades, “durante las diez noches de su actuación, ha gustado con delirio” (Eco artístico, 15-9-1918).

A finales de año, Carmen regresa a Madrid, donde actúa de manera simultánea en el Partenón y en el Gran Kursaal. En esta última sala, la sevillana vuelve a coincidir con una de las grandes maestras del baile flamenco, Juana La Macarrona:

“El espectáculo es culto y moral y en el elenco de artistas figuran números tan aplaudidos como Los Ramsan, excelentes acróbatas árabes; María Linares y Carmen Díaz, notables bailarinas; La Tempranica, famosa cancionista; Trío Gómez, titulados los reyes de la jota, y otros muchos de gran reputación, entre los cuales se cuenta un gran cuadro de canto y baile flamenco, del que forma parte el famoso tocador de guitarra, Luis Molina, el bailarín Faíco y la clásica y notable bailadora Juana La Macarrona” (El Liberal Arriacense, 21-12-1918).

Durante los dos años siguientes, Carmen desarrolla buena parte de su actividad artística en tierras andaluzas. Su nombre es habitual en la cartelera de distintos locales sevillanos, como el Kursaal Internacional, el Salón Imperial o el Moderno. De hecho, la artista sigue manteniendo su dirección permanente en el número 140 de la calle Feria. También tiene la oportunidad de disfrutar con su arte el público de ciudades como Cádiz, Córdoba, Jerez de la Frontera, La Línea (Cádiz) o incluso Bilbao.

Carmen Díaz (El Progreso, 27-5-1913)

Carmen Díaz (El Progreso, 27-5-1913)

En febrero de 1921, contratada por la agencia ‘Híspalis’, la bailaora sevillana marcha a París. La acompaña su otrora inseparable Enrique Sánchez, con quien tantos éxitos ha cosechado. El público galo también cae rendido a sus pies:

Palais des Beaux Arts.- Son muy aplaudidos en su campaña la notable canzonetista Matilde Márquez y los no menos celebrados bailarines Carmen Díaz y Enrique Sánchez, para los que hay siempre ovaciones estruendosas.

Completan el programa los excéntricos Les Socco-Dato, Lor-Darin y Les Bam Bam” (Eco Artístico, 15-3-1921).

A su regreso de tierras francesas, encontramos a Carmen Díaz, de nuevo en solitario, en la cartelera del teatro Colón de San Sebastián. Su número es sin duda el más llamativo del programa:

“Teatro Colón.- Destaca poderosamente su arte y maestría en el baile entre todos los números que constituyen el programa, Carmen Díaz, que interpreta primorosamente todo su extenso repertorio, siendo aclamada sin reservas. Carmen del Pino, Minetta, Alondra y Carmela España, son las artistas que con Carmen Díaz forman el programa” (Eco artístico, 15-5-1921).

Aquí perdemos prácticamente la pista de Carmen Díaz. Hallamos aún dos referencias más, una que la sitúa en el teatro Romea de Madrid, en diciembre de 1924, y otra que la ubica en el salón Royalty de Badajoz, de nuevo junto a Enrique Sánchez, en junio de 1926.

A pesar de no haber podido reconstruir aún en su totalidad la biografía vital y profesional de Carmen Díaz Molina, no hemos podido resistirnos a escribir y publicar siquiera esta primera parte, por entender que una artista de su nivel bien merece, al menos, este humilde reconocimiento.

NOTAS:
(1) En este contexto el clou puede traducirse como la atracción principal del espectáculo.


Carmen Díaz Molina, la elegancia del baile de Sevilla (III)

En primavera de 1909, tras varios meses de contrato al otro lado del charco, Carmen Díaz regresa a España junto a su inseparable Enrique Sánchez. Lo hacen a bordo del vapor ‘Manuel Calvo’, que parte de La Habana, hace escala en Nueva York y llega al puerto de Cádiz el día 19 de mayo.

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Comedias y comediantes, 1-11-1911)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Comedias y comediantes, 1-11-1911)

Ya en nuestro país, el dúo retoma su agitada vida artística, y sus giras a lo largo y ancho de la península. En diciembre de ese mismo año, en el Salón Pathé de Oporto, obtiene un “éxito colosal y sin precedentes […] la notable pareja de bailes españoles Carmen Díaz y Enrique Sánchez” (Eco Artístico, 15-12-1909). En enero de 1910, triunfan en la sala ‘El Cosmopolita’, de Álava:

“Ayer debutó en este cinematógrafo la pareja de baile, Carmen Díaz y Enrique Sánchez, obteniendo un señaladísimo triunfo.

La pareja de baile se presentó vistiendo lujosos trajes, y su trabajo, de agilidad sorprendente, fue aplaudidísimo.

En la última sección el lleno fue formidable” (Heraldo Alavés, 18-1-1910).

La mejor pareja de bailes españoles

Unas semanas más tarde, tras varios meses de ausencia, los bailaores sevillanos regresan a la escena madrileña, concretamente al Petit Palais, donde son muy bien acogidos:

Carmen Díaz y Enrique Sánchez, a quienes sin duda alguna podemos calificar como la mejor pareja de bailes españoles, actúan también en este Salón. Inútil es decir que el público los ovaciona a diario y hace repetir sus bailes infinidad de veces” (Eco artístico, 15-2-1910).

Poco después se anuncian en Barcelona, tanto en el teatro Sala Imperio como en el Poliorama. La publicidad los define como “la pareja de baile español mejor del mundo […]. Lujo asiático, gran riqueza. Agilidad extraordinaria” (La Vanguardia, 17-2-1910).

De vuelta a la Villa y Corte, en el mes de mayo debuta en el teatro de La Latina “la celebrada pareja de baile Sánchez-Díaz, obteniendo, como premio a su maestría y habilidad, muchísimos aplausos” (La Correspondencia, 1-6-1910). Completan el programa las cupletistas Pilar Cohen, Candelaria Medina y La Solsona, y el entremés Entre tres fuegos. Un reparto similar se presenta poco después en el teatro Olimpia de Barcelona.

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco Artístico, 5-5-1913)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco Artístico, 5-5-1913)

En febrero de 1911 volvemos a encontrar a Carmen Díaz, junto a Enrique Sánchez, de gira por el norte de España. La “elegante y excelente pareja” (Eco Artístico, 5-2-1911) triunfa en Bilbao, donde ha de prorrogar su contrato. En Burgos descubrimos una nueva faceta artística de la bailaora sevillana, que “canta con mucho sentimiento” (La Voz de Castilla, 19-2-1922).

Unas semanas más tarde, Carmen y Enrique viajan a Sevilla, y en locales como el Salón Imperial o el teatro San Fernando demuestran que sí son profetas en su tierra:

Teatro San Fernando.- Con éxito asombroso viene actuando la simpática pareja de baile español Carmen Díaz y Enrique Sánchez, siendo motivo todas las noches de continuas y delirantes ovaciones” (Eco Artístico, 5-4-1911).

Tras conquistar al público de Zaragoza, los Sánchez-Díaz regresan a la Villa y Corte, donde pasan parte del verano, actuando en el Trianón-Palace, en el teatro Novedades y en el Romea. A estas alturas de su carrera, su fama y su calidad artística están fuera de toda duda, a juzgar por los elogios que les dedica la revista Eco Artístico:

Arte castizo que sublima la coreografía, presentación fastuosa que deleita, simpatías que atraen: trinidad de perfecciones encarnadas en la pareja Sánchez-Díaz y con las que cautivaron a los públicos miles y miles de noches, tributándoles aplausos desbordantes de entusiasmo. Tres meses consecutivos de actuaciones en el Teatro de Novedades, de esta corte, dicen bien claramente cuánto valen estos simpáticos artistas. Con el agasajo del aplauso del público caminan siempre, disputándoselos las empresas, pero sin que esta predilección sirva para envanecerles, elevando sus pretensiones, tacto que acrecienta sus méritos haciéndose asequibles en todas partes. Sus largas campañas en América, donde volverán en breve, pregonan el excepcional arte de la pareja Sánchez-Díaz en los que se conjuntan las más salientes perfecciones: maestría, lujo, variedad y elegancia, sobrados elementos para brillar y vencer” (5-6-1911).

La bailaora Juana la Macarrona

La bailaora Juana la Macarrona

Carmen y Enrique, en los mejores carteles

A finales de junio, Carmen Díaz y Enrique Sánchez participan en el beneficio celebrado en el teatro Romea en honor de Juana la Macarrona. La homenajeada se despide del público madrileño bailando por alegrías en el cuadro español ‘Una fiesta en Sevilla’, en el que también figura el guitarrista Ramón Montoya.

Unos días más tarde, la pareja se presenta con gran éxito en el Salón Imperial de Melilla:

Carmen y Enrique, constituyen la mejor y más clásica [pareja] de bailes españoles. No es de extrañar que así sea, pues ambos, salidos hace años de la escuela Sevillana, al unirse entonces supieron compendiar al arte coreográfico andaluz, el típico de nuestras distintas regiones, presentándolo con la más absoluta precisión.

A la deslumbradora presentación de la pareja, se une la hermosura y gentileza de la Srta. Díaz, su gracia picaresca, hija de las brisas del Guadalquivir y sus relevantes dotes, tanto de mujer hermosa, como de artista.

El nombre de Sánchez-Díaz es tan popular, que los empresarios de varietés se disputan la notable pareja.

El público melillense les aplaude y ovaciona todas las noches, por su mérito y su arte” (El Telegrama del Rif, 12-7-1911).

En el mes de septiembre, Carmen Díaz y Enrique Sánchez regresan al madrileño teatro Romea, que estrena su temporada de variedades con un brillante cartel en el que destacan artistas como La Antequerana o Ramón Montoya.

Josefa Moreno, La Antequerana (Eco Artístico, 25-5-1914)

Josefa Moreno, La Antequerana (Eco Artístico, 25-5-1914)

Después emprenden una nueva gira por el norte, con paradas en ciudades como Valladolid, León y Oviedo. En algunas de ellas vuelven a coincidir con Amalia Molina. La pareja destaca por su repertorio variado y en constante renovación. No hay teatro ni público que se les resista:

“Vedlos incansables en sus panaderos, sevillanas, tango, farruca, etc., etc.

Sus piernas parecen desprenderse del cuerpo, y bailan siempre sin descanso, con rapidez vertiginosa, mientras sus rostros se contraen con la mueca de la risa.

Y el público, que no se sacia nunca y que en su delirio por los buenos artistas se asemeja algo a los espectadores de las célebres luchas en la antigua Roma, aplauden frenéticamente sin pensar que el artista se rinde.

Carmen Díaz y Enrique Sánchez son conocidos de todos los públicos, y su fama es grande como excelentes bailarines. […]

En su repertorio de lo más extenso, figuran los bailes antiguos y modernos de más resonancia, y aunque maestros hace años, la pareja Sánchez-Díaz no dejará de estudiar para que su trabajo sea siempre nuevo, habiendo estrenado recientemente una danza húngara, en la que la pareja Sánchez-Díaz une una vez más su arte y gallardía” (Eco Artístico, 27-12-1911).

En 1912, Carmen y Enrique siguen cosechando triunfos por los pueblos y ciudades españolas, especialmente en las del sur. En Granada la pareja destaca por su “repertorio variado, extensísimo, arte y agilidad increíbles y presentación lujosísima” (Eco artístico, 5-3-1912). “Hay en sus bailes elegancia, distinción, algo que sólo vive con el arte” (Eco Artístico, 25-2-1912).

Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 15-9-1917)

Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 15-9-1917)

En San Fernando (Cádiz) coinciden con una jovencísima Dora la Cordobesita, y llama la atención la moralidad de su valioso repertorio. De nuevo en el Romea de Madrid, comparten cartel con Pepita Sevilla, y en Bilbao ven “cómo en su obsequio se levanta la cortina innumerables veces” (Eco Artístico, 15-6-1912). No en vano, “ambos son maestros en el arte de Terpsícore y con una habilidad y ligereza extraordinarias ejecutan toda clase de bailes sin fatigarse, sin que jamás un pie les haga traición y marque compases que no existen” (Eco Artístico, 5-10-1912).

La conquista de las islas Canarias

Gibraltar, Orense, Jaén y, de nuevo, Granada, son algunas de las ciudades en las que actúan Carmen y Enrique antes de poner rumbo a las islas Canarias para realizar una gira de varias semanas. El día de su debut en el Parque Recreativo de Santa Cruz de Tenerife, el dúo sevillano causa una impresión inmejorable:

“Confesamos que nos sorprendió anoche la presentación de la pareja coreográfica Sánchez-Díaz, que ha hecho su debut en el Recreativo.

Son dos bailarines de ‘primera fuerza’, que ejecutan todos los números con una seguridad y una maestría raras veces común, y se presentan elegante y lujosamente ataviados.

Ella […] es, además, una espléndida mujer altamente simpática. Se trata, pues, de un número de varietés como hace tiempo no habíamos tenido ocasión de aplaudir. Muy enhorabuena” (El Progreso, 20-5-1913).

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (La Opinión, 28-5-1913)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (La Opinión, 28-5-1913)

En los días siguientes, Carmen y Enrique siguen haciendo las delicias del público, que les aplaude con entusiasmo y les hace repetir muchos de sus números. Además de su maestría, la prensa destaca especialmente la elegancia y finura de sus bailes:

Carmen Díaz une a su belleza incomparable una linda gracia natural que la hace más adorable.

Enrique Sánchez es su digna pareja.

Mozo de firme varonil arrogancia, que es todo un maestro en coreografía.

Las danzas de los Sánchez-Díaz son algo que se sale de lo vulgar, un fino arte de graciosa elegancia, un derroche de gracia y gallardía. Sus movimientos son seguros, finísimos, con aquella difícil seguridad que da la completa posesión de una cosa.

Sus garrotines no son de esos consabidos bailes de ademanes tabernarios que hemos visto mil veces; con su arte inimitable hacen de ellos los Sánchez-Díaz algo que se puede bailar sin escándalo lo mismo en el tablado de la escena que en una soirée aristocrática.

En los bailes regionales son igualmente unos colosos.

La danza gallega que nos hicieron anoche es todo un primor” (La Opinión, 26-5-1913).


María de Albaicín, estrella del baile y reina del celuloide (I)

Josefa García Escudero, que más tarde pasaría a la historia como María de Albaicín, viene al mundo en 1898 en la localidad conquense de Chindallón (1) y se cría en el barrio madrileño de Tetuán de las Victorias. Pepita es la primera hija del tratante de caballos Benigno García Gabarre y de la bellísima Agustina Escudero Heredia (2), bailaora no profesional y modelo, entre otros, del pintor Ignacio Zuloaga. El matrimonio tiene tres hijos más, Miguel, Rafael y Luisito (3).

María de Albaicín y su madre, Agustina, por Manuel Benedito (La Esfera, 6-6-1914)

María de Albaicín y su madre, Agustina, pintadas por Manuel Benedito (La Esfera, 6-6-1914)

La joven, que desde muy pequeña siente inclinación por el baile, se adentra en el mundo del espectáculo de la mano de una de las más grandes estrellas del momento, Pastora Imperio, que se convierte en su mentora.

La genial artista sevillana cuenta con Pepita para uno de sus más ambiciosos proyectos, el ballet cantado El amor brujo, que se estrena en el teatro Lara de Madrid el 15 de abril de 1915. El libreto es obra de María Lejárraga (4) y la partitura, de Manuel de Falla, que se inspira en los cantes y las leyendas que le cuenta la madre de la artista, Rosario la Mejorana.

En el reparto figuran Pastora Imperio, su hermano Víctor Rojas, Josefa García Escudero (con el nombre de María Imperio) y su madre, Agustina Escudero (como Perlita Negra). Aunque en su estreno madrileño el espectáculo no conquista al público ni a la crítica, cuando se presenta, unos meses más tarde, en el teatro Novedades de Barcelona, sí parece convencer al respetable.

Pastora Imperio, ataviada para interpretar El amor brujo

Pastora Imperio, ataviada para interpretar El amor brujo

Nuevos éxitos como La Faraónica

Tras su bautizo de fuego con El amor brujo, Pepita García Escudero cambia su nombre artístico por el de La Faraónica. La prensa se refiere a ella en alguna ocasión como la “protegida de Pastora Imperio” (Eco Artístico, 25-9-1918), lo cual nos hace pensar que la artista sevillana sigue jugando un papel importante en esa primera etapa profesional de la joven bailaora. De hecho, cuando debuta en el teatro Romea de Madrid, en mayo de 1917, Pepita comparte cartel con Pastora y con Víctor Rojas. Unos meses más tarde la encontramos anunciada en el Trianón-Palace.

En 1918, La Faraónica actúa en distintas salas de la capital de España, y también se presenta durante unas semanas en el Kursaal Internacional de Sevilla. A finales de ese año, cuando se estrena el Gran Kursaal Madrileño, la joven bailaora participa en la sesión inaugural, junto a un nutrido elenco de artistas en el que destaca la gran Juana la Macarrona.

Unas semanas más tarde, Pepita debuta en la Catedral de las Variedades, es decir, el Circo Price, donde forma parte del “cartel más variado y moral de Madrid, propio para familias” (Heraldo de Madrid, 21-2-1919). Más o menos en esa época, siguiendo los pasos de su madre, la bailaora es inmortalizada por Ignacio Zuloaga en su obra “La Faraónica”.

La Faraónica, por Ignacio Zuloaga (1919)

La Faraónica, por Ignacio Zuloaga (1919)

En la primavera de 1920 llegan al teatro Parisiana de Madrid la cupletista Luz Imperio, la canzonetista Adelina Campos y “La Faraónica, gitanilla auténtica, que baila discretamente y nos trae perfumes del Albaicín y el Sacromonte” (Eco Artístico, 4-5-1920). Unos meses más tarde, Pepita emprende una gira por el norte de España, con paradas en ciudades como Bilbao y San Sebastián, en cuyo teatro Colón se presenta un elenco de lujo:

“En San Sebastián.- Ha debutado en el teatro Colón un notabilísimo y completo cuadro flamenco, serio y artístico. Lo integran las bailadoras La Macarrona, La Faraónica, Luisita la Jerezana y La Gaditana. El bailador es el famoso Antonio Ramírez; la cantadora, Amparo Montín, y los tocadores, Manuel Gómez (Huelvano) y Aurelio Gómez.

Para la actuación de este cuadro se ha pintado en Madrid, por un reputado escenógrafo, nuevo decorado” (La Correspondencia de España, 30-7-1920).

Nacimiento y ascenso de María de Albaicín

Poco después, a la joven bailaora se le presenta la que sin duda es la gran oportunidad de su carrera. En 1921, el coreógrafo Serge Diaghilev, director de los Ballets Rusos, viaja a Madrid y Sevilla en busca de artistas para su nuevo montaje, que pretende ser “un espectáculo auténticamente español con guitarras” (Diaghilev: les ballets russes, 1979). (5)

La Rubia de Jerez, Mate y María de Albaicín (La Esfera, 9-7-1921)

La Rubia de Jerez, Mate y María de Albaicín (La Esfera, 9-7-1921)

El empresario no escatima en medios para este proyecto, cuyo vestuario y decorados encarga al pintor Pablo Picasso. Entre los bailaores y cantaores contratados, destaca quien será la estrella principal del espectáculo, Pepita García Escudero, La Faraónica, a quien Diaghilev bautiza como María de Albaicín (6).

Del 17 al 23 de mayo de 1921, los Ballets Rusos se presentan en el teatro de la Gaité-Lyrique de París con un programa renovado, que incluye la pieza inédita Cuadro flamenco. Para este montaje, el director cuenta con “una decena de bailarines y bailarinas elegidos en Sevilla” (Le Figaro, 7-5-1921), una troupe de gitanas auténticas “que tiene a la cabeza a María de Albaicín, la mujer más guapa de España, acompañada por un tipo extraño, un hombre que parece no tener piernas, el famoso Mate; además, dos bailarines de bolero, los Moreno, y la cantaora morisca La Minerita, etc.” (Le Gaulois, 7-2-1921).

Con este conjunto de artistas, Diaghilev pretende “penetrar en alma de España”, y para ello nos transporta a un café cantante, en el que, valiéndose del cante, las palmas, la guitarra y los zapateados, ofrece al público parisino “una muestra lo más pintoresca posible de la música del país ibérico” (Le Figaro, 7-5-1921); una “serie de bailes españoles […] recogidos en los ambientes populares, y bailados por auténticas gitanas” (Le petit Parisien, 8-5-1921).

Agustina Escudero, retratada por Manuel Benedito

Agustina Escudero, retratada por Manuel Benedito

La prensa gala ofrece una detallada crónica del estreno, que da buena cuenta de los bailes interpretados por cada uno de los artistas:

“… sobre una pequeña tarima, cinco bailaores y cinco bailaoras de Andalucía. Los bailes españoles auténticos presentados por los Ballets Rusos son bailes gitanos […].

Una señora sentada al lado de un tocador (guitarrista) lanzó primero varios gritos guturales como los que profieren en las calles parisinas los vendedores de ropa, pero que, en español son, como todo el mundo sabe, de una rara nobleza. Rojas y El Tejero, embutidos en unos pantalones negros que terminan bajo los brazos, se sacudieron nerviosamente el polvo de sus zapatos para expresar el Tango gitano. María de Albaicín, una bellísima Leda, miró durante unos momentos con curiosidad cómo sus brazos jugaban al cisne alrededor de su cuerpo, y de ese modo conocimos la Farruca (7). La López y El Moreno bailaron muy bien la Jota aragonesa, la Rubia de Jerez se estiró perezosamente en la Alegría que bailó con furia Estampillo (sic). El Garrotín grotesco fue bailado sobre sus rodillas por Mate El Sin Pies y el Garrotín cómico, por la viejecita Gabrielita, que parecía haber escapado de un álbum de Goya. Todo terminó con una Sevillana general” (Le Journal, 22-5-1921).

Aparte de los artistas mencionados, también interviene La Minerita, que canta una malagueña. El estreno no puede ser más exitoso: “La sala estaba llena otra vez, -en tres días, más de cien mil francos de taquilla. Un público en delirio consagraba una vez más el renombre de esta maravillosa compañía” (Le Figaro, 20-5-1921). Críticos como Léandre Vaillat no ocultan su satisfacción a la salida del espectáculo: “Son ovacionados. Y, al llegar al metro de Sébasto, fantaseo con los cabarets y con los antros de Andalucía…” (Le Ménestrel, 27-5-1921).

NOTAS:
(1) Datos aportados por Joaquín Albaicín -sobrino nieto de María de Albaicín- en su artículo “Vida, leyenda y muerte de María de Albaicín”, publicado en el nº 7 de la revista La Caña (1994).
(2) Sobre la figura de Agustina García Escudero, consúltese el artículo de Mercedes Albi, “Agustina la Reina: la artista que acompañó a Pastora Imperio en ‘El amor brujo’ (1915)”.
(3) Miguel Albaicín (1913-1999) era bailaor. Según su sobrino nieto Joaquín Albaicín (óp. cit.), lo mismo bailaba por soleá que se atrevía con algunos pasos de claqué. En los años treinta, trabajó junto a Encarnación López, La Argentinita, y Pilar López en “Las calles de Cádiz” (1933), así como en otros espectáculos posteriores de la misma compañía.
Rafael Albaicín (1919-1981) era músico y torero. Según Antonio Santainés, “poseía una educación esmerada y una loable cultura. Tocaba el piano y el violín; le gustaba Bach y Mozart y le entusiasmaban Chopin y Falla. Viajó por Francia, Bélgica y Holanda y hablaba correctamente francés e inglés. Escribía música y sabía dibujar, y él mismo diseñaba los figurines de sus trajes de luces” (ABC, 19-3-2007).
Luisito falleció cuando era niño.
(4) El libreto de El amor brujo, como la mayoría de las obras de María Lejárraga, lo firma su marido, Gregorio Martínez Sierra.
(5) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(6) La prensa española se refiere a ella indistintamente como María de Albaicín o María del Albaicín. Sin embargo, no hay que confundirla con la cantaora y canzonetista granadina María del Albaicín. En Francia y el resto del mundo se la conoce como como María d’Albaicín o Marie Dalbaïcin.
(7) Según Joaquín Albaicín (óp. cit.), María fue “una de las primeras y escasísimas mujeres que bailaron la farruca, que no en vano había creado como tal baile su tío Faíco, primo hermano de Agustina”.


Conchita Borrull, la reina de los bailes gitanos (II)

A finales de 1917 Concha Borrull se presenta en ciudades como Valladolid o Palma de Mallorca, hasta que un fuerte catarro la obliga a “suspender su brillante tournée” (Eco artístico, 15-1-1918). Retomamos su pista en el teatro Novedades de Barcelona, en enero de 1919. La bailaora se integra en una compañía de variedades en la que también figura Amalia de Isaura, entre otros muchos artistas.

Conchita Borrull (Eco artístico, 25-9-1917)

Conchita Borrull (Eco artístico, 25-9-1917)

Unos meses más tarde, su nombre vuelve a salir en los papeles, aunque no como bailaora, sino como artista invitada a distintos espectáculos taurinos que se celebran en la ciudad condal. Ahí le perdemos de nuevo la pista. Según, José Luis Navarro, a finales de la década de los diez “Conchita cruza los mares y nada volvemos a saber de ella”. (1)

La Barcelona flamenca de los años 20

Durante la primera mitad de los años veinte encontramos pocas referencias sobre Concha Borrull. En julio de 1921 la bailaora actúa en el teatro Cómico de Barcelona, junto a otras artistas de variedades. En octubre de 1925 la encontramos en el teatro Eldorado, con un grupo que no tiene desperdicio: el Niño de Marchena, Julia y Concha Borrull, Regla y Juanita Ortega, y Blanquita Suárez, acompañados a la guitarra por Miguel Borrull y Antonio Romero.

En esa época es frecuente ver a Concha integrada en el cuadro flamenco de Villa Rosa -dirigido por su hermano y formado por artistas como Julia Borrull, Rafaela la Tanguera, Antonio Viruta, Carmen La Joselito o Manuel la Rosa-, que no sólo se presenta en el local familiar, sino que también suele actuar en distintas salas de la ciudad condal, e incluso en otras localidades, como Lorca, La Unión o Cartagena.

Entre 1926 y 27 el grupo participa en varios certámenes de cante, toque y baile flamenco que tienen lugar en el Circo Barcelonés. En ellos intervienen grandes figuras de la época, como Angelillo, José Cepero o el Niño de Marchena, y Conchita Borrull interpreta sus “típicas alegrías con la clásica bata de cola” (La Vanguardia, 24-5-1927).

Conchita Borrull (bailando) en el Villa Rosa

Conchita Borrull (en el centro) en Villa Rosa

El cuadro cosecha grandes éxitos en todas sus actuaciones, y especialmente la pareja formada por Rafaela Valverde y Concha Borrull, que llega a ser comparada con la mismísima Juana la Macarrona:

“[Casino San Sebastián] Rafaela la Tanguera bailará una de sus farrucas que la han hecho célebre. Conchita Borrull entusiasmará con sus inimitables alegrías y, además, se arrancará por sevillanas con Rafaela, cantadas por Mariana la Camisona” (El Diluvio, 1-9-1928).

“[Font Romeu] Conchita Borrull y Rafaela la Tanguera bailaron magistralmente sevillanas y danzas gitanas” (La Época, 22-9-1928).

“[Teatro Cómico] Las danzas flamencas de Conchita Borrull, todo gracia, todo esencia flamenca, y de la Tanguerita, emperatriz de lo cañí, reina de la gitanería, produjeron una impresión formidable, que se tradujo en ovaciones entusiastas.

De estas dos artistas ha dicho el gran pintor Ignacio Zuloaga que son las mejores bailaoras de nuestro tiempo: La Tanguerita es la reina de la farruca, baile que interpreta como nadie, y Conchita Borrull es la única sucesora de la célebre Macarrona” (El Diluvio, 14-10-1928).

Durante el año 1929 la más joven de los Borrull desarrolla una intensa actividad artística. En enero toma parte en la “Zambra del Sacro-Monte” que se presenta en el teatro Nuevo de Barcelona. Unas semanas después, junto a la Tanguerita, actúa en el sainete lírico “Los flamencos”, con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw, y música de Amadeo Vives. Éste es llevado a escena en el teatro Tívoli y, unos meses más tarde, se repone en el teatro Nuevo.

Concha Borrull y El Viruta, una pareja de éxito

En abril, Concha se sube a las tablas del teatro Victoria junto al bailaor Antonio Viruta, con quien forma pareja en la obra “La copla andaluza”. El cante corre a cargo del Chato de Valencia, el Niño de Talavera y Lola Cabello. “El debut de Conchita Borrull, llamada con razón, la emperatriz de las alegrías, fue un verdadero acontecimiento”(El Diluvio, 18-4-1929).

En el mes de agosto, con motivo de la Exposición Universal de Barcelona, Concha y el Viruta bailan en una fiesta celebrada en el Pueblo Español en honor de los delegados franceses. Poco después, la bailaora actúa en el teatro Circo Villar de Murcia y en el Nuevo de Barcelona, junto al elenco de Villa Rosa.

En mayo de 1930, Concha Borrull participa en una fiesta celebrada en la bodega andaluza del Hotel Colón. Allí comparte protagonismo con Teresita España y muestra una nueva faceta artística: “bailará y toreará como los propios ángeles” (La Vanguardia, 1-5-1930).

Poco después, en la sala Nuevo Mundo, la artista toma parte en evento histórico, la “reaparición de la emperaora del cante jondo” (El Diluvio, 27-5-1930), Pastora Pavón. En el cartel también figura Manuel Vallejo.

Grandes éxitos en tierras valencianas

En febrero 1931, Concha comparte escenario con Juana la Macarrona, con motivo del festival que se celebra en el Circo Barcelonés a beneficio del bailaor Manolillo la Rosa. Unos meses más tarde, la artista se presenta como “capitana” del cuadro de Miguel Borrull en el café Villa Rosa de Valencia, instalado en la plaza de toros. El Cojo de Málaga, La Tanguerita y el Niño de la Rosa completan un cartel en que la benjamina de los Borrull obtiene un éxito extraordinario, a juzgar por los párrafos que le dedica la prensa valenciana:

Conchita Borrull (Eco artístico, 25-9-1917)

Conchita Borrull (Eco artístico, 25-9-1917)

“Esta danzarina gitana, de pelo rizoso y blondo y ojos de esmeralda, tan netamente española y castiza, esta Conchita Borrull, magnífica, cuando ejecuta sus bailes al compás de la guitarra pulsada por su hermano el Mago, logra convertirse en algo excepcional y divino. En esos momentos, la preciosa chiquilla aparece como poseída por todos los diablos de la gracia y mientras echa la cabeza atrás y enarca el busto, sus brazos, rematados por los lirios de sus dedos, apuntan a lo alto, se agitan, se retuercen, caracolean y descienden súbitos en una imponente contracción, de la que participa todo su cuerpo rítmico, delicado y perfecto, que adquiere actitudes estatuarias.

Concha Borrull es una artista intuitiva que lleva empapada el alma de esas viejas soleras que no se pueden improvisar ni fingir. Por eso cuando baila se le ilumina el rostro y vaga la mirada por un mundo ideal.

Ante esta realidad, a nadie ha de sorprender que la maravillosa artista, la ‘peque’ de la dinastía famosa de los Borrull, consiga durante su actuación en Valencia las más rendidas efusiones en cuya exteriorización se muestran todos unánimes y convencidos: los ‘payos’ y los ‘calés’. Este entusiasmo se puso de manifiesto el día de su beneficio y Concha Borrull recibió, además de encendidas ovaciones, incontables regalos de los admiradores que desfilan por la catedral de Villa Rosa” (El Pueblo, 16-6-1931).

En 1932 regresan a Valencia en varias ocasiones “Miguel Borrull, el mago de la guitarra, y Conchita Borrull, la emperadora del arte cañí, con todo su cuadro flamenco” (Las Provincias, 23-1-1932). En enero se presentan en el teatro Apolo; en marzo y en diciembre actúan en el Villa Rosa de la plaza de toros.

Anuncio de Conchita Borrull (Eco artístico, 25-8-1918)

Anuncio de Conchita Borrull (Eco artístico, 25-8-1918)

En el mes de junio, de nuevo en el Apolo, Concha participa en el espectáculo “Ópera flamenca”, junto a un elenco realmente excepcional: “El público aplaudió con el más vivo entusiasmo a todos los intérpretes, especialmente una variante nueva hecha por Antonio Martínez, el baile de Conchita Borrull, y sobre todo la insustituible pareja del cantaor famoso Niño de Marchena y el estupendo profesor de la guitarra Ramón Montoya” (Las Provincias, 17-6-1932).


NOTAS:
(1) Cfr. José Luis Navarro, El Eco de la Memoria, “Conchita Borrull”.
(2) Esta información la aporta Paco Paredes en el blog “La Unión minera y cantaora”.


Julia Borrull, la bailaora del dolor y el fuego (y VI)

Bailaora, maestra y empresaria

En 1929 el periodista José María Planes, de la revista Mirador, entrevista a Julia Borrull, la nueva empresaria de Villa Rosa, que ofrece algunos datos sobre su familia y rememora la mejor época del local:

Julia Borrull (Mundo gráfico, 26-7-1916)

Julia Borrull (Mundo gráfico, 26-7-1916)

Julia Borrull es, actualmente, el alma de Villa Rosa. Hija de Miguel Borrull, el fundador de la casa, es una bailarina formidable, una maestra excelente y una diplomática perfecta. En los momentos de máximo arrebato de su arte, cuando baila como un ángel ante media docena de ingleses inalterables, su ojo no se distrae y domina sobre la marcha del negocio. Es una buena capitana del barco complicado de Villa Rosa.

– ¿Usted es gitana? -le hemos preguntado.

Por la grasia de Dió

– ¿Ha nacido en…?

Valencia. Soy valenciana, como mi padre, pero criada en Sevilla. Miguel Borrull era gitano valenciano, y mi madre, gitana andaluza.

La familia Borrull ha inaugurado Villa Rosa en el año 1916. Antes había allí un café, también flamenco, que se llamaba ‘Casa Macià’.

– ¿Cuál ha sido la época más brillante de Villa Rosa? -preguntamos a Julia Borrull.

Por el Artismis… ¡Vamo! ¡Que no sé cómo se yama!

– Por el armisticio, quiere decir.

Ezo é. Por el armisticio y los do año siguiente. Por Villa Rosa ha pasao lo mejó de Barcelona y el estranjero (sic). Tenemo un nombre internacioná, ¡vamo!

– ¿Qué impresión cree que da Villa Rosa a los extranjeros?

A toos les gusta mucho. Hay que ver. Er mejó cliente é el inglés y el americano. El inglé gasta mucho y no dise na. El americano también gasta mucho, pero é má juerguista. El francé gasta poco y critica mucho. El alemán é siempre er má sorprendío.

– ¿Os encontráis bien los gitanos en Barcelona?

Que sí señó. Somo mu queríos de toos y nos encontramo como en nuestra propia sarsa” (Mirador, 28-3-1929). (1)

La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, Alberto F. Garagarza, Antonio Viruta y el Chino (Barcelona, 1933)

La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, Alberto F. Garagarza, Antonio Viruta y el Chino (Barcelona, 1933)

En mayo de 1929 Julia Borrull participa, junto al cuadro de Villa Rosa, en la revista Álbum de España, que se estrena con gran éxito en el teatro Goya de Barcelona, y unos días más tarde interviene en una fiesta regional que se celebra en el Pueblo Español de la Exposición.

En la primera mitad de los años treinta se puede admirar el arte de Julia en distintas salas de la ciudad condal. Junto a otros artistas de Villa Rosa, como su hermana Concha, La Tanguerita, Antonio Viruta o Regla Ortega, en febrero de 1931 la bailaora interviene en un homenaje a su colega Manolillo la Rosa que se celebra en el Circo Barcelonés, y en el que también colabora Juana La Macarrona.

En 1933, la bailaora dirige “el cuadro flamenco mejor organizado” de la ciudad condal, el del café-restaurante Tostadero. En él figuran “La Sevillanita, La Gitanilla de Albaicín, el gran bailaor Tobalo, la más cañí de las bailaoras Rafaela la Tanguera, el célebre cantaor Niño de Constantina, el mago de la guitarra Pepe Hurtado y la inmensa Julia Borrull” (El Diluvio, 19-3-1933).

Asimismo, en esa época la artista sigue colaborando en los cuadros flamencos montados por su hermano Miguel. En noviembre de 1933 ambos actúan en el teatro Nuevo, junto a Conchita Borrull, Antonio Virutas, el Niño de Constantina y Lola Cabello; y en primavera de 1934 los tres hermanos se presentan en distintos escenarios, como el Pueblo Español, el Circo Barcelonés o el Tabú Club, con un grupo en el que destacan la Niña de Linares y la Niña de Cádiz.

La zambra de Chorro Jumo

En agosto de 1934 se estrena en el teatro Poliorama de Barcelona La zambra de Chorro Jumo, una comedia de ambiente gitano escrita por Isidro Badur y Ferrán Mourelle “para lucimiento de los virtuosos de la ópera flamenca que encabezan la lista de la compañía, a saber: los ‘cantaores’ Niña de Linares, Pepita Jiménez, Niño Constantina y Niño de Lucena; las ‘bailaoras’ Julia y Conchita Borrull, La Tanguera, Micaela Lamendaña, Rocío de Triana, La Faraona, María Flores; el virtuoso de la guitarra flamenca Miguel Borrull” (La Vanguardia, 14-9-1934).

La Tanguerita en "La zambra de Chorrojumo" (Heraldo de Madrid, 31-5-1935)

Elenco de La zambra de Chorro Jumo (Heraldo de Madrid, 31-5-1935)

Durante más de un mes, la Compañía de Comedias de Arte Gitano encabezada por la Niña de Linares actúa con gran éxito en Barcelona, y posteriormente La zambra de Chorro Jumo es presentada en otras ciudades españolas, como Lugo o Madrid. En mayo de 1935 la obra sigue cosechando éxitos en el teatro Victoria de la capital.

Julia y Concha Borrull no sólo destacan por sus bailes, sino que se revelan como “notabilísimas actrices cómicas” (Heraldo de Madrid, 25-5-1935). No obstante, la prensa critica la escasa variedad de la obra en lo que al cante se refiere: “ya que se anuncia una comedia de cante gitano, convendría dar algo más que fandanguillos, porque los gitanos cantan también malagueñas, soleares, siguiriyas… Y de esto hay muy poquito” (ABC, 28-5-1935).

En esa época también puede verse a Julia Borrull en otros eventos, como el festival a beneficio del bailaor Antonio Viruta -en el Circo Barcelonés- o la fiesta andaluza de la Sala Nuevo Mundo, ambos celebrados en abril de 1935; así como en la Verbena de la Prensa que tiene lugar en los jardines de Montjuich en junio de 1936. Ahí le perdemos definitivamente la pista a esta gran bailaora, artista polifacética, y musa inspiradora de pintores y poetas como Antonio Arévalo, que le dedicó estos versos:

“A JULIA BORRULL

No sé si eres egipcia o eres mora,
pero en tu cara viven, juntamente,
los rasgos de una bayadera ardiente
y los de una odalisca soñadora.

Tu figura gentil y evocadora,
tiene el perfil de la mujer de Oriente
y corre por tus venas la candente
sangre africana, inquieta y retadora.

Entre encajes y sedas y caireles,
tu cuerpo es remolino de claveles
que al soplo de tu arte se desata;

y del abigarrado torbellino
surje (sic) el fuego inmortal y peregrino,
que hay en tus ojos, que deslumbra y mata”

(Diario de Córdoba, 2-7-1916)


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra. No deja de resultar curioso que el periodista realice sus preguntas en catalán y la entrevistada conteste con un marcado acento andaluz.