Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Isabelita Ruiz, la gran estrella jerezana del baile (III)

En otoño de 1920, Isabelita Ruiz vuelve a triunfar en Madrid, tanto en el teatro Romea como en el music hall del Hotel Palace. Cualidades no le faltan. A su su belleza, su gran calidad artística, su rico vestuario y su gusto en la elección del repertorio hay que unir otros factores: Isabel “es de las artistas que no imitan a nadie y saben siempre matizar su programa con variaciones que le sugiere su talento y que imprimen a su labor un sello peculiar que la hace conquistar cada vez más entusiastas partidarios y admiradores” (Eco Artístico, 30-10-1920).

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921)

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921)

A pesar de su juventud, la jerezana ya ha logrado hacerse un hueco entre las principales figuras del baile, y su arte incluso es comparado con el de los más grandes pintores, músicos y escritores del momento:

Isabelita Ruiz es hoy, porque el público lo quiere y su arte lo merece, la reina de todas las bailarinas. Cuantas veces la hemos contemplado trabajar, hemos traído a nuestra memoria la gracia gitana de Pastora Imperio; el arte y el sentimiento de la Bilbainita; la donosa picardía de la simpática Argentinita” (El Globo, 1-12-1920).

“¡Qué rica cosecha de maravillas podemos recoger en España de esos jardines cultivados a la francesa!

¿Habrá que indicar la poesía de Juan Ramón Jiménez, la pintura de Picasso, la música de Falla y Esplá? – Yo añadiría una bailarina (Isabelita Ruiz […]), porque al considerarla Strawinsky como ‘touchée d’internationalisme’ nos ha proporcionado una admirable fórmula-” (Índice, 1921).

La bailaora jerezana comienza el año 1921 en tierras andaluzas. Actúa en Sevilla, Córdoba y en su ciudad natal. En su repertorio destacan números como la danza ‘Mirando a España’, que “hace presentarse a Isabelita en toda su magnificencia de majestuosidad”, o ‘Un alto en la tribu’, “una danza gitana, plena de sentimiento y de ritmo, en la cual Isabelita se distingue mucho arrancando grandes aplausos” (La Voz, 19-1-1921).

Isabelita Ruiz (Comoedia, 13-9-1920)

Isabelita Ruiz (Comoedia, 13-9-1920)

Isabel es una artista completa, que domina a la perfección los bailes de las distintas regiones españolas, “en los cuales pone toda su alma” (Diario de Córdoba, 26-1-1921), así como un “variadísimo repertorio de baile flamenco” (La Voz, 29-1-1921).

Su confirmación artística

En febrero de 1921 tiene lugar otro hito importante en la vida artística e Isabelita Ruiz. Si bien es cierto que, a estas alturas de su meteórica carrera, la jerezana ocupa ya un lugar destacado entre las más grandes de su tiempo, se puede afirmar que en este momento, como los toreros, recibe oficialmente la alternativa como estrella de variedades, de manos de Antonia Mercé, La Argentina. Así lo relata la prensa:

“Un verdadero acontecimiento artístico fue la sección de gran gala celebrada ayer en el teatro Romea para consagrar como ‘estrella’ a la gentilísima bailarina sevillana Isabelita Ruiz, que ha recorrido triunfalmente los escenarios de los más afamados ‘music-halls’ de París.

Ante un público selectísimo, en el cual se veían muchas damas de la gran sociedad, salió a escena la Argentina, llevando a la nueva ‘estrella’ de la mano. La concurrencia saludó a las artistas con aplausos clamorosos, que se repitieron a terminar cada una de las admirables danzas de Isabelita Ruiz. Bailó luego la Argentina, con su arte inimitable” (El Imparcial, 17-2-1921).

“La eminente artista La Argentina consagró como estrella de ‘varietés’ a la gentil bailarina Isabelita Ruiz. El distinguido público que llenaba por completo la sala ovacionó merecida y clamorosamente a La Argentina y a Isabelita. Esta estrenó varios números de los más afamados maestros, y lujosísimas toaletas” (ABC, 19-2-1921).

Unas semanas más tarde, en el Madrid Cinema, Isabel comparte cartel con otra gran artista flamenca, la cantaora Pastora Pavón, La Niña de los Peines. Posteriormente, la jerezana emprende una nueva gira por provincias, con paradas en Málaga, Córdoba, Barcelona, San Sebastián, Santander y Gijón, entre otras ciudades. La prensa sigue dedicándole grandes elogios por su labor artística:

Isabelita Ruiz es una bailarina originalmente extraordinaria. Espiritualiza la danza y da al ritmo expresión y emoción. El público se siente atraído por la inteligente bailarina y la hace todas las noches objeto de calurosas muestras de simpatía” (El Noroeste, 23-8-1921).

Isabelita Ruiz (La Esfera, 12-5-1920)

Isabelita Ruiz. Foto: R. Sobol (La Esfera, 12-5-1920)

Nuevo triunfo en París

En septiembre de 1921 regresa al teatro Olympia de París “la bailarina más guapa de toda España” (Comoedia, 29-8-1921), y lo hace con “nuevos bailes sevillanos, madrileños y flamencos” (Comoedia, 7-9-1921), lujoso vestuario y ricas joyas. Desde el mismo momento de su presentación, la jerezana confirma la gran fama conquistada durante su anterior visita a la ciudad de la luz (1):

“Ayer […] el Olympia anunciaba la llegada de una guapa bailarina española, Isabelita Ruiz: pues bien, el público no ha sido decepcionado… Esta bailarina no sólo es guapa, sino que además es una artista muy notable: el Olympia nos había presentado el año pasado a Isabelita Ruiz, y entonces ya era exquisita, pero era sólo una promesa […] Hoy, Isabelita, a pesar de su extrema juventud, se nos ha presentado con todo el brillo de su maravilloso esplendor… Ha bailado con toda la gracia, todo el ardor y toda la pasión de las artistas de raza… ¡Ha sido un encantamiento, magia para los ojos! Esta bailarina tan mona, tan fina, tan espiritual, animaba sus bailes con una alegría tan natural, con un brío y un entusiasmo tales, que parecía que bailaba aún más por su propio placer que para nuestro goce…” (Comoedia, 2-9-1921).

Isabelita Ruiz se ha convertido en todo un fenómeno en el país galo. Es la artista de moda en París. Su “éxito alcanza proporciones triunfales, […] sus pintorescos bailes españoles […] atraen, en el Olympia, a todos los aficionados, a todos los artistas y a la elite de la sociedad parisina” (Comoedia, 9-9-1921). La prensa incluso se atreve a vaticinar que “Isabelita Ruiz, que aún no tiene veinte años, será ciertamente la bailarina más grande de este siglo, en el que sin embargo hemos tenido a la Pavlova, […] Isadora Duncan […] y Nijinski” (Comoedia, 25-9-1921).

Isabelita versus Raquel

De hecho, cada noche la jerezana se mide sobre las tablas del Olympia con su compatriota Raquel Meller, y ambas protagonizan lo que la prensa califica como “un duelo”… un duelo de arte del que Isabel no sale en absoluto mal parada:

Raquel Meller

Raquel Meller

Raquel Meller es quien empieza el combate: es decir, ella canta antes que Isabelita baile: Raquel es aclamada; sus fervientes admiradores jadean de emoción cuando canta El relicario o La virgen roja; estallan salvas de aplausos por todas partes cuando la ‘Duse de la canción’ termina su ‘turno de canto’. No la dejan salir de escena: tiene que regresar una vez más […]; entonces, Raquel, transfigurada, actúa, imita y baila esta farsa cómica: ¡Oh, Cipriano! […]

Después es el turno de Isabelita Ruiz: la guapa bailarina entra en escena; un murmullo de admiración sube de la sala, deslumbrada por esta aparición de juventud y belleza; Isabelita baila; baila como poseída; su cuerpo se retuerce, sus ojos se velan de voluptuosidad, sus dedos –castañuelas vivas-, restallan y dan ritmo a sus pasos; Isabelita Ruiz pone toda su alma en el baile; se siente que quiere elevarse al genio de Raquel y triunfar -ella, tan mona, tan frágil, tan niña- sobre su trágica y sublime compatriota… Y es un espectáculo que no carece de la nobleza de ver a la pequeña bailarina igualar, por momentos, a la trágica” (Comoedia, 27-9-1921).

Después de triunfar en París, Isabelita Ruiz es calurosamente recibida por el público de Bruselas y, ya a finales de año, se presenta en el Prince’s Theatre de Londres, donde obtiene “ruidosos triunfos con sus bailes nacionales, algunos de su creación” (La Época, 10-12-1921).

En enero de 1922, la española regresa al teatro Olympia de París, convertida en musa inspiradora de poetas y pintores:

Isabelita Ruiz inspira a los artistas.

No pasa un día en que la ilustre bailarina Isabelita Ruiz no reciba poemas de nuestros poetas más modernos o dibujos inspirados por su belleza, su gracia y su encanto” (Comoedia, 9-2-1922).

La prensa hace especial hincapié en el sentimiento y la pasión con que la guapa jerezana ejecuta sus danzas:

“Cada uno de los bailes de Isabelita Ruiz es una serie de cuadros, de actitudes, y sobre todo de pensamientos que ella expresa con fuerza o con ternura, con fervor o con inteligencia… ¡Ah, qué lejos estamos de la danza de ópera, donde sólo se practicaba el virtuosismo! ¡Quizás haya menos ciencia en los bailes de Isabelita, pero mucho más arte!” (Comoedia, 1-2-1922).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Carmen Díaz Molina, la elegancia del baile de Sevilla (II)

En marzo de 1907, Carmen Díaz es contratada en el Kursaal Central de Madrid, que inaugura la temporada de primavera con una compañía de variedades integrada por numerosos artistas internacionales, que ofrecen un “espectáculo animado y alegre, pero sin groserías ni procacidades”.

“En el género español se ha contratado lo más selecto; como cupletistas las atrayentes y populares Amalia Molina, Nieves Gil y la Argentina; como bailarinas la notable pareja hermanas Esmeraldas y Carmen Díaz” (El Imparcial, 1-3-1907).

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco Artístico, 15-2-1910)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco Artístico, 15-2-1910)

Unas semanas más tarde, como cada año, la Asociación de la Prensa organiza la tradicional Fiesta del Sainete que organiza la en el teatro Español. En esta ocasión, Carmen Díaz y algunas de sus compañeras del Kursaal Central conquistan al público con sus bailes boleros:

Amalia Molina, Pepita Sevilla, las Esmeraldas, Concha la Morenita y Carmen Díaz, soberbiamente ataviadas, bailaron de modo incomparable varias danzas nacionales, que terminaron con unas agitadas boleras, evocadoras de antiguos y regocijantes recuerdos.

Los aplausos se oyeron, indudablemente, desde fuera del teatro” (El Liberal, 24-3-1907).

“Las boleras clásicas, bailadas primorosamente por las hermosas estrellas coreográficas Amalia Molina, hermanas Esmeralda, Pepita Sevilla, Carmen Díaz y La Morenita, gustaron mucho. Fue este uno de los momentos más castizos del espectáculo, y el de más novedad para el público del Español” (El País, 24-3-1907).

Los Sánchez Díaz

Poco después se inicia una nueva etapa en la carrera artística de Carmen Díaz, que comienza a presentarse formando pareja artística con el bailarín sevillano Enrique Sánchez Almansa.

En julio de 1907 ambos se anuncian en distintas salas madrileñas, como el Cinematógrafo Novedades, donde son “aplaudidísimos en sus bailables” (Café!!, 19-5-1907), y el teatro Parisiana. En este último local Carmen y Enrique, “cuyos éxitos ruidosos en el Kursaal son bien conocidos” (La Época, 31-7-1907), vuelven a coincidir con Amalia Molina, en una función organizada por la Asociación de la Prensa. El elenco lo completan otras afamadas artistas de variedades, como Candelaria Medina, Fornarina o Antonia la Cachavera.

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (El arte del teatro, 15-8-1907)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (El arte del teatro, 15-8-1907)

La pareja Sánchez Díaz no tarda en conseguir el favor del público y de la prensa, que elogia su arte decente, refinado y culto, y la considera “una de las mejores parejas que aparecen hoy en los escenarios madrileños”.

“Su nombre en los carteles es garantía suficiente para asegurar el éxito de una Empresa, y sus bailes clásicos (y permítaseme la palabra) contrastan con lo chabacano y grosero de los que no ven arte en el tablado, y procuran excitar a los espectadores con sus movimientos de danzas lúbricas […].

Carmen Díaz y Enrique Sánchez invitan al aplauso desde que, ágiles, flexibles, asoman en el escenario su silueta de incansables bailarines, que agradecen mucho los entusiasmos del público y los pagan repitiendo sin malhumorados gestos, ni sonrisas de despectivo orgullo, los infinitos bailes de su vasto repertorio. […]

La prueba más elocuente de ello está en la simpatía que la notable pareja ha sabido captarse, no solamente por el público madrileño, en el que cuenta con numerosos admiradores, sino también en las poblaciones en las que se ha presentado, y en las que ha obtenido triunfos verdaderamente brillantes” (El arte del teatro, 15-8-1907).

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco Artístico, 27-12-1911)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco Artístico, 27-12-1911)

Carmen y Enrique compaginan sus actuaciones en la Villa y Corte con las giras por provincias, con paradas en ciudades como Ávila, Alicante, Cartagena o Vigo. En todas ellas siguen cosechando aplausos y piropos:

“[Torrevieja] El domingo debutó la renombrada pareja de baile Carmen Díaz y Enrique Sánchez, que después de presentarse anoche ante el público del Salón Moderno, recibiendo ovaciones en todas las secciones, han aparecido esta noche en nuestro circo teatro alcanzando numerosos aplausos como premio a la labor artística que la joven pareja con tanta gracia y desenvoltura ejecutan (sic).

[…] el público […] seguramente volvería a llenar el teatro con tal de ver bailar la ‘farruca’ a esta pareja” (La Correspondencia de Alicante, 28-10-1907).

“Teatro Máiquez. Cada noche asiste más público al lindo coliseo de la calle de San Vicente en donde la notable pareja de baile español Carmen Díaz y Enrique Sánchez ejecutan maravillosamente los bailes de su vasto repertorio.

[…] es de lo mejor que en su clase existe en España.

Ella es joven, esbelta y graciosísima y baila con agilidad suma, y él también un notable artista coreográfico” (El Eco de Cartagena, 8-11-1907).

En febrero de 1908, Carmen Díaz toma parte, junto a otras afamadas artistas -como Amalia Molina, Nieves Gil o Pepita Sevilla– en el “concurso de cancán, machicha, cake-wall, farruca, garrotín, y cante y bailes andaluces, couplets, etc.” (ABC, 3-2-1908) organizado por la Sociedad La Bohemia en el teatro Lírico de Madrid.

Amalia Molina

Amalia Molina

Poco después se presenta, junto a su inseparable Enrique, en el Salón Regio de Madrid y, una vez cumplidos sus compromisos en la capital de España, la pareja continúa con su gira triunfal por ciudades como Zamora, Alicante, Cartagena o Zaragoza.

Carmencita y Enrique dislocaron a sus admiradores, que son innumerables, y también lograron ser aplaudidos con entusiasmo.

Todos los bailables merecieron los honores de la repetición y fueron muy celebrados” (Heraldo de Zamora, 6-4-1908).

“La notable pareja coreográfica Carmen Díaz y Enrique Sánchez, completando el cuadro, bailó magistralmente, en especial unas bonitas sevillanas que fueron ruidosamente aplaudidas.

Si Carmen y Enrique no tuvieran justamente cimentada su fama de consumados artistas, anoche la habrían ganado” (Heraldo de Zamora, 25-4-1908).

“[Alicante] la incomparable pareja de baile de Carmen Díaz y Enrique Sánchez tienen una parte brillantísima.

Estos excelentes bailarines, animados por la concurrencia, también bailaron anoche de un modo acabadísimo, recibiendo calurosos aplausos” (El Pueblo, 27-6-1908).

La aventura americana

Vista de Ciudad de México

Vista de Ciudad de México

Ese mismo verano, después de triunfar por toda España, Carmen y Enrique deciden ampliar sus horizontes, y ponen rumbo a América. En el mes de septiembre se presentan en el teatro Montecarlo, de Ciudad de México. Allí comparten cartel con la bailarina Fatima Henen, especialista en danzas egipcias, y no tardan en confirmar la gran fama cosechada en nuestro país:

“Cada día se ve más concurrido el amplio Salón Montecarlo, donde han cosechado numerosos aplausos Carmen Díaz y Enrique Sánchez, que hacen la pareja española de baile mejor que hemos visto.

Carmen Díaz es una joven de físico muy simpático, y agraciado, que baila admirablemente. Su compañero es un verdadero bailador de clásico estilo español” (El Tiempo, 23-9-1908).

«Carmen Díaz está convirtiendo [el Montecarlo] en uno de los teatritos más populares de la ciudad. Sus bailes son típicamente españoles y de un gran nivel” (The Mexican Herald, 28-9-1908). (1)

Carmen Díaz […] tiene algo que ninguna otra bailarina de Ciudad de México posee en ese grado – Arte. Carmen Díaz es guapa y muy elegante […]. Sus bailes son clásicos y retratan la vida de la España de provincias de un modo que gustará al más crítico. […] Para los amantes de lo limpio y artísticamente correcto, ella es todo lo que se podría desear. Sus trajes son particularmente atractivos. […] En los grandes escenarios metropolitanos hay cientos de chicas que ahora son favoritas, pero no poseen ni la mitad de la gracia ni el arte de Carmen Díaz.

En sus bailes con Enrique Sánchez, la Srta. Carmen Díaz causa una muy buena impresión. Bailan muy bien juntos y sus pasos van perfectamente al unísono” (The Mexican Herald, 27-9-1908).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


María de Albaicín, estrella del baile y reina del celuloide (IV)

En 1926 María de Albaicín se pone a las órdenes de Max de Rieux, que comienza a rodar su ópera prima, La grande amie (1), basada en una novela de Pierre L’Ermite. La acción transcurre en un tranquilo medio rural, que se ve amenazado por la instalación de dos curtidurías. La actriz española “describe con una elegancia y una seducción incomparables el inquietante personaje de Alberta” (Les Spectacles, 31-12-1926) (2), una joven mundana que lleva la ruina al terrateniente de quien se enamora, encarnado por su marido en la vida real, Aimé Simon-Girard.

María de Albaicín y Aimé Simon-Girard, en una escena de La grande amie (1926)

María de Albaicín y Aimé Simon-Girard, en una escena de La grande amie (1926)

De manera paralela, la bailaora sigue triunfando en los escenarios. En agosto de ese mismo año actúa en una ‘Fiesta provenzal’ celebrada en la estación termal alpina de Brides-les-Bains y unas semanas más tarde representa su ballet Gitanerías en el music hall Alhambra de Ginebra. La prensa suiza glosa de este modo los méritos de la española:

María de Albaicín: Es la hija de una gitana; es famosa por su belleza y sirvió de modelo a los más grandes pintores españoles contemporáneos. Bailaba en Madrid cuando Diaghilev fue a contratarla y se convirtió en una de las estrellas de los ballets rusos; bailó en Madrid, en la Ópera de París, en Londres, etc. Después el cine la acaparó y obtuvo de entrada un éxito considerable en Surcouf, Mylord l’Arsouille, L’espionne aux yeux noirs, etc. Esta estrella española de los ballets rusos se ha convertido en una gran artista francesa” (Journal de Genève, 2-9-1926).

María de Albaicín, en una escena de La grande amie (1926)

María de Albaicín, en una escena de La grande amie (1926)

Una estrella muy solicitada en todo tipo de eventos

Tal es la fama alcanzada por María de Albaicín, tanto en su faceta de bailaora como en la de actriz de cine, que su presencia es requerida en numerosos eventos. En 1927 la artista no duda en colaborar con diferentes causas, como el “Baile de las camitas blancas”, que tiene lugar en febrero en el teatro de la Ópera de París, o la “Gala a beneficio de las bocas rotas” (3), celebrada en el mes de junio en el Claridge. En ambas ocasiones, María coincide con algunas de las grandes estrellas del París de la época, como la cantante Joséphine Baker.

La española también se deja ver en otros acontecimientos, como la gran fiesta anual del cine, celebrada en el mes de marzo en el hotel Continental, o en el festival benéfico a favor de la familia de Catherine Jordaan, una joven artista fallecida durante una gira por Sudamérica.

En mayo de 1927, María de Albaicín es una de las atracciones del gran baile español de disfraces En tiempos de Goya”, organizado por Vicente Escudero en la sala Bullier, y en cuyo comité de honor figuran pintores como Ignacio Zuloaga o Kees Van Dongen.

María de Albaicín

María de Albaicín

El bailaor presenta, “en la sala completamente decorada por pintores españoles modernos, el ‘Cuadro Flamenco’, con la presencia de las Srtas. Lolita Osorio, Paquita Pagan, Margarita Madrid, Carmino García y Almería” (Le Gaulois, 25-5-1927). Entre las personalidades asistentes figuran Joséphine Baker, La Argentina y María de Albaicín, que baila ‘La Maja’.

En esa época descubrimos una nueva faceta de la española, la de conductora. María participa en el “campeonato automovilístico de los artistas”, que tiene lugar en el Parque de los Príncipes; y en un “Concurso de elegancia femenina en automóvil” organizado por la revista Femina. En este último, el vehículo Lincoln de la bailaora es uno de los más admirados.

Unos meses más tarde, la polifacética artista forma parte del jurado encargado de elegir a los protagonistas de un filme que está previsto rodar en la localidad francesa de Deauville.

Maria de Albaicín, en un concurso de automóviles

Maria de Albaicín, en un campeonato de automovilismo

Regreso a la gran pantalla, con Valencia

En 1927 se estrena en distintos países europeos el filme Valencia, una producción alemana basada en el famoso cuplé del maestro Padilla y dirigida por Jaap Speyer. María de Albaicín da vida a la protagonista, una “florista felina y explosiva, […] prototipo de la andaluza provocativa e insaciable, amante fría, virgen pura…” (L’Écho d’Argel, 22-3-1928).

La cinta, rodada entre Múnich y Málaga, contiene abundantes referencias a las costumbres y tradiciones andaluzas, por lo que es muy apreciada en nuestro país.

“Los amores de esta mujer, que trae revuelto medio Málaga, lugar de la acción, tienen el aliciente de interesar tanto más cuanto que en la acción se han mezclado hábilmente costumbres típicas de Andalucía: procesiones, toros, bailes al aire libre, puro ambiente de la tierra del sol; pero todo acertado, vistoso y lleno de realidad.

La fotografía es espléndida, con bonitas vistas del puerto de Málaga y sus alrededores.

El final es de una sugestión y plasticidad extraordinarias” (Las Provincias, 23-10-1927).

Cartel del filme Valencia

Cartel del filme Valencia

Tanto la crítica española como la extranjera, una vez más, se rinden ante el talento y la belleza de la actriz y bailaora:

María de Albaicín anima con todo su esplendor dorado las escenas lascivas, cuadros de una belleza brutal y salvaje” (L’Impartial, Suiza, 3-9-1927).

María de Albaicín está hecha una estrella. Hay en ella pasta de artista cinematográfica” (Las Provincias, 23-10-1927).

María de Albaicín, una mujer espléndida, de una belleza exuberante, que interpreta su papel de un modo admirable” (La Libertad, 8-2-1928).

María de Albaicín -la danzarina española de fama internacional– ha dado pruebas de poseer un temperamento dramático de gran fuerza-que le está valiendo éxitos rotundos en el arte mudo” (El Progreso, 17-3-1928).

Gira por Sudamérica

En la primavera de 1928, María de Albaicín se embarca en una nueva aventura. La española y su marido, Aimé Simon-Girard, son las estrellas principales de la compañía del Moulin-Rouge, que es contratada para realizar una gira por Argentina y Brasil.

María de Albaicín (Eu sei tudo, septiembre de 1921)

María de Albaicín (Eu sei tudo, septiembre de 1921)

El grupo, compuesto por unos ochenta artistas, parte de Le Havre en el mes de abril a bordo del vapor Lutetia, y unas semanas más tarde llega a Río de Janeiro, donde realiza una primera escala.

Allí les esperan los empresarios del teatro Palacio, José Loureiro y Víctor Fernandes, que ofrecen a las primeras figuras de la compañía un banquete en el hotel Riachuelo y les enseñan algunos de los lugares más hermosos de Río.

“Los artistas se mostraron verdaderamente entusiasmados con las bellezas de la ciudad y entre otras palabras que dejaron escritas, citamos las siguientes: […]

‘No podía imaginar que había en el mundo una cosa más bella que la Giralda de mi país: Sevilla. ¡Pero he visto Río!… Entonces… (a) María de Albaicin” (Jornal do Brasil, 6-5-1928).

Tras esta parada en Brasil, el grupo se dirige a Buenos Aires, para actuar en el teatro de la Ópera. Posteriormente pasan a Montevideo y, tras dos meses de éxitos, en el mes de julio regresan a Río de Janeiro, donde se les espera con impaciencia para la inauguración del nuevo teatro Palacio.

María de Albaicín, en uno de sus filmes

María de Albaicín, en uno de sus filmes

El primero en llegar a tierras cariocas es el director de la compañía, el Sr. Jacques-Charles, que se encarga de revisar todos los detalles. Unos días más tarde lo hacen las estrellas principales, a bordo del lujoso transatlántico ‘Giulio Cesare’:

María de Albaicín, una española de ojos grandes y negros, […] es la primera bailarina. Es española de nacimiento y más francesa que cualquier francesa, como ha declarado.

Adora París, donde ha pasado casi toda su vida de artista, de éxito en éxito.

Tenía prisa por venir a Río, así que no ha esperado a los demás artistas, que vendrán en el ‘Aurigny’. […]

Simon-Girard también es un elemento de la compañía del Moulin Rouge, y uno de los principales. […]

María del Albaicín y Simon-Girard están seguros de que el éxito alcanzado por la compañía del Moulin Rouge en Buenos Aires se repetirá en la capital brasileña” (Correio da Manhã, 8-7-1928).

Poco después se les une el resto del elenco, un nutrido grupo de músicos, bailarines, cantantes y artistas cómicos. El día de la inauguración del teatro se representa Paris aux étoiles, “una de las revistas del Sr. Jacques-Charles que más gustaron en París, donde se mantuvo en escena durante largos meses con gran éxito […]. Revista moderna, […] de cuadros cortos y mucho movimiento, llena de hermosa música, es un desfile de cosas interesantes y muy novedosas” (O Paiz, 4-7-1928).

María de Albaicín (Le Petit Parisien, 14-8-1931)

María de Albaicín. Foto: R. Sobol (Le Petit Parisien, 14-8-1931)

A pesar de la gran afluencia de público, que abarrota el recién estrenado coliseo, parte de la crítica se muestra algo fría ante la revista: “la compañía de París no deslumbró, no mostró novedades al indígena; sin embargo, dio un espectáculo divertido” (Correio da Manhã, 14-7-1928).

Eso sí, casi todos los periódicos coinciden en señalar como uno de los más destacados el número de baile de María de Albaicín, acompañada por el guitarrista Pepe de Badajoz:

“La bailarina española de Albaicín, llamada ‘la reina del baile flamenco’, cosa dificilísima y sólo comprensible por los entendidos, bailó, acompañada a la guitarra por el Sr. Pepe Álvarez. Su vestuario, de pura estilización española, era rico y de mucho gusto. Su baile fue interpretado con inteligencia” (O Paiz, 14-7-1928).

“Son interesantes […] una escena de cabaret, donde María de Albaicín estiliza una danza española, ‘La aldea de las muñecas’, con un curioso escenario modernista” (Gazeta de Noticias, 14-7-1928).

NOTAS:
(1) El título de este filme podría traducirse como La gran amiga.
(2) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(3) Ésta sería la traducción literal. La prensa española se refiere a este evento como gala “a beneficio de los ‘desfigurados’ de la guerra” (La Época, 5-6-1927).


La Quica, maestría y temperamento (I)

“Esta mujer, de rostro moreno y esbelta figura, viste con irreprochable propiedad el traje de flamenca, dando la sensación de pertenecer a la más depurada raza cañí, aunque no es gitana.

Sin duda alguna es la bailadora de más temperamento que se conoce hoy y de las que mejor saben llevar las batas de cola y el pañolillo de Manila” (1).

Así describe Fernando el de Triana a Francisca González Martínez, bailaora sevillana nacida en 1905 y conocida artísticamente como “La Quica”. En su ciudad natal, esta artista se inicia en el mundo de la danza en la academia del maestro Otero y debuta junto a Antonio de Triana en el Salón Imperial (2).

Francisca González, La Quica

Francisca González, La Quica

Más tarde se une, tanto en la vida como en el arte, a Francisco León, Frasquillo, con quien abre una academia de baile en el Corral del Cristo, en la sevillana calle Pedro Miguel. La pareja también actúa en distintos escenarios, como el del antiguo Salón Olimpia, en la calle Amor de Dios (3).

De gira por España junto a Frasquillo

A finales de la década de los veinte, La Quica y Frasquillo emprenden una gira por España junto a una compañía de ópera flamenca en la que figuran algunos de los mayores artistas del momento, y de todos los tiempos, tales como Antonio Chacón, la Niña de los Peines o Manuel Vallejo.

Durante el verano de 1928, el grupo se presenta en ciudades como Valencia, Córdoba, Cádiz o Badajoz. En El Noticiero Gaditano podemos leer los nombres que componen el elenco:

“Anoche se celebró en el Parque Genovés un grandioso concierto de cante flamenco.

El programa estaba confeccionado con los mejores elementos flamencos que existen en España.

Los artistas que tomaron parte fueron don Antonio Chacón, ‘pontífice del cante jondo’, Niña de los Peines, Manuel Vallejo, José Cepero, Guerrita, Chato de las Ventas, Bernardo el de los Lobitos, y el Niño de Sevilla.

Los tocadores de guitarra eran Ramón Montoya, Luis Yance, Manuel Martell y Manuel Bonet.

Figuró un numeroso cuadro de zambra gitana compuesto por Carmen Vargas, Juan Sánchez (Estampío), Frasquito, Rovira, El Tobalo, La Quica, Carmelita Borbolla, Los seis gitanos de la Cava de Triana, Lolita Almería, Manolita la Macarena y La Gabrielita.

Se interpretaron soleares, fandangos, seguidillas, tangos, malagueñas.

Lograron distinguirse la Niñas (sic) de los Peines, Cepero, Guerrita, Montoya y Estampío que fueron ovacionados en sus ‘artes’.

Los demás fueron igualmente aplaudidos” (6-8-1928).

El cantaor Antonio Chacón

El cantaor Antonio Chacón

En los años siguientes, La Quica participa en distintos cuadros flamencos encabezados por Frasquillo. Así, por ejemplo, en julio de 1931 se presenta en la plaza de toros de ValenciaEl alma de Andalucía”, un

espectáculo compuesto por varias escenas, entre ellas una de sevillanas, dirigida por el maestro Frasquillo y en la que toman parte las siguientes bailaoras:

“Pepa La Carbonera, Rosario La Gitana, Asunción La Belmontina, Carmela la Periget, Lola la Periget Chica, Teresa La Serrana, María la Granadina, Antoñita La Cartujana, María la Faraona, Antonia la Faneta y Paca González, La Quica” (La Correspondencia de Valencia, 14-7-1931).

En el cartel también destacan artistas como los cantaores Guerrita o La Minerita, y una zambra gitana del Sacromonte dirigida por Angustias la Emperadora y las hermanas Gazpacha.

De Sevilla a Madrid, con parada en Córdoba

En 1933, la familia formada por La Quica y Frasquillo se traslada a Madrid, con el fin de impulsar la carrera artística de su hija Mercedes, que, a sus once años de edad, comienza a despuntar como una gran bailaora en potencia.

En junio de 1934, el cuadro familiar actúa en Córdoba al menos en dos ocasiones. Les acompaña a la guitarra Antonio Álvarez:

“Sobre un tablado, al aire libre, aparece un cuadro flamenco con la prosopopeya de ritual; allí están La Quica, su niña La Quica hija, Frasquillo y el concertista mago de la guitarra Antonio Álvarez. Comienza a oírse el rasgueo de aires gitanos, se hace un silencio devoto en la concurrencia y La Quica, que baila maravillosamente, y Frasquillo, que es un maestrazo del género, bordan farrucas, alegrías y bulerías gitanas entre palmas, jaleos y olés que marcan el ritmo.

Después Mercedita, la pequeña flamenquilla, se levanta, se estira, avanza, alza los brazos como Pastora, se retuerce y baila como una miniatura de ‘La Macarrona’ o de ‘La Malena’, insuperablemente” (El Sur, 23-6-1934).

Mercedes León, hija de La Quica

Mercedes León, hija de La Quica

“Anoche, en el Kiosco ‘Duque de Rivas’, tuvo lugar un espectáculo muy ambientado y típico cordobés.

En primer lugar, Merceditas León, hizo una gran exhibición de su arte, arte puro castizo andaluz.

La Quica bailó como nunca: hizo a ‘grosso modo’ unas interpretaciones magníficas del baile cañí, que saturó el ambiente perfumado de los jardines de La Victoria de colorido.

Mientras tanto, Antonio Álvarez rasgueaba su guitarra, agarena, haciendo sonar primorosamente sus cuerdas en preciosa melodía: se dejaba oír un fandanguillo, una malagueña, un dulce suspiro andaluz; mientras Frasquillo zapateaba en el tablado con rabia, con fuerza tal y brío tan certero que, a pesar que creíamos iba a resultar pesado, al contrario, daba matices a la melodía que Álvarez interpretaba” (La Voz, 3-7-1934).

Nueva compañía y academia de bailes

En diciembre de ese mismo año, La Quica, Frasquillo y su hija Mercedes visitan la redacción del Heraldo de Madrid, donde ofrecen una pequeña actuación. Además, el maestro expone los motivos que les han llevado a instalarse en la capital de España y presenta a los integrantes de su nueva compañía:

“Ahora hacía tiempo que [Frasquillo] vivía retirado voluntariamente en su casa de Sevilla, bailando sólo ‘para los amigos’ cuando sentía ganas de un ratito de juerga.

Pero he aquí que el flamenco se da un día cuenta exacta de que su hija Merceditas es, a los once años, toda una magnífica bailarina en capullo. La chiquilla siente la vocación irresistible del baile andaluz. Y el padre […] vuelve por ella a la lucha. Hay que hacerle un nombre a Mercedes León, porque ‘la niña lo merese’. Y viene a Madrid con ella, y con su mujer, ‘bailaora’ también, y de las buenas: Francisca González, ‘la Quica’, y Rafael Cruz, un mocito ‘bailaor’ discípulo suyo, que armará también el alboroto cualquier día. Les acompañan en la jira (sic) y en los tablaos el buen ‘cantaor’ ‘Bernardo el de los Lobitos’ y un ‘tocaor’ que sabe lo que hay que saber en lo de tocar la ‘sonanta’: Manuel Bonet” (Heraldo de Madrid, 5-12-1934).

La Quica, Mercedes León y Frasquillo en su visita al Heraldo de Madrid (5-12-1934)

La Quica, Mercedes León y Frasquillo en su visita al Heraldo de Madrid (5-12-1934)

Poco después, la pareja abre una nueva academia de baile en el número 5 de la plaza General Vara del Rey, en pleno Rastro madrileño, donde continúan con la labor docente que ya venían desarrollando en Sevilla. Al mismo tiempo, el cuadro flamenco dirigido por Frasquillo, del que forman parte tanto La Quica como su hija Mercedes, se anuncia con frecuencia en distintos locales, sobre todo de la capital.

Así, en los primeros meses de 1935 encontramos al grupo en el Circo Price, en la sala Casablanca o en el Teatro Martín; y en el mes de junio participan en la fiesta-homenaje a Fernando el de Triana, organizada por La Argentina en el Teatro Español. La Quica, Frasquillo y su hija figuran entre los artistas más destacados de la noche:

“Si grandes fueron las ovaciones que se prodigaron a Pericet y su cuadro […], no fueron menos cálidas y entusiásticas las que se tributaron […] al estupendo cuadro de baile flamenco del famoso maestro Francisco León ‘Frasquillo’. Tanto éste como su mujer, ‘La Quica’, y su hija Merceditas León […], Rafael Cruz, y el célebre ‘bailaor’ antiguo ‘El Estampío’, monopolizaron, puede decirse, los mejores y más reiterados aplausos de la noche” (Heraldo de Madrid, 24-6-1935).


NOTAS:
(1) RODRÍGUEZ GÓMEZ, Fernando (el de Triana), Arte y artistas flamencos, Sevilla, 1935.
(2) Datos proporcionados por José Luis Navarro García en su obra Historia del baile flamenco, Vol. 2, Sevilla, Signatura, 2009.
(3) Datos aportados por el bailaor Enrique el Cojo, en una entrevista publicada por el diario ABC de Sevilla, el 21-4-1981.


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (VI)

Tras su larga y fructífera estancia en el continente americano, España entera espera con impaciencia la reaparición de Amalia Molina. El reencuentro con su público tiene lugar en agosto de 1910 en el teatro Parisiana de Madrid, con motivo de un festival benéfico de ópera, zarzuela y variedades, en el que la sevillana comparte cartel con La Argentina y Dora la Gitana, entre otras artistas.

En esta ocasión, el paso de Amalia por la capital es bastante efímero, debido a los muchos compromisos que tiene contraídos en casi todas las regiones españolas: Andalucía, Valencia, las Islas Baleares, Castilla y León, Cantabria, Cataluña… Durante varios meses la artista no para de trabajar.

Amalia Molina (1905)

Amalia Molina (1905)

De teatro en teatro, y de ciudad en ciudad, la Molina cosecha por doquier aplausos, flores y aclamaciones, que no hacen sino confirmar que sigue siendo “la predilecta” de todos los públicos, y especialmente de los más refinados. De hecho, varios miembros de la familia real española se declaran fervientes admiradores de la artista sevillana, e incluso puede vérseles en el palco del Salón Pradera de Valladolid durante una de sus actuaciones:

“Sus Altezas […] se mostraron muy complacidos del espectáculo, aplaudiendo mucho y con entusiasmo a Amalia Molina, acerca de la cual hicieron reiteradas preguntas.

Las canciones andaluzas, y unas soleares especialmente, que cantó esta linda artista por modo exquisito, encantaron sobremanera a la Infanta doña Paz, que es españolísima en sus gustos” (La Correspondencia de España, 17-11-1910).

Una artista modesta y decente

Amalia es una mujer moderna, que compra sus vestidos en París y ha recorrido medio mundo. Posee un par de ojos negros “de un mirar verdaderamente asesino, […] ojos retadores que desafían y cautivan, que seducen y encantan” (La Campana Gorda, 20-7-1911). Sin embargo, nada de ello está reñido con algunas de sus más apreciadas virtudes, como la sencillez y la decencia.

Amalia Molina sabe que vale, es claro; pero no la domina el orgullo que atrofia nuestra inteligencia y seca nuestro corazón, sino esa amabilidad que la hace ser condescendiente con todos los públicos” (Eco Artístico, 25-8-1912).

Amalia Molina ante uno de los telones pintados para ella por Muriel.

Amalia Molina ante uno de los telones pintados para ella por Luis Muriel.

La prensa española no duda en elogiar el “repertorio perfectamente moral y de buen gusto” de una artista que “prefiere la sonrisa complaciente de una señora, al galanteo de un don Juan provinciano”, y que “ha tenido siempre la predilección del público elegante, de señoras y señoritas” (El Adelanto, 5-1-1911), por haber convertido “con su talento […] lo que era un espectáculo grosero, [en] un sugestivo y atrayente recreo que seguramente no habría de repugnar la más recatada doncella” (La Información, 15-5-1913).

La receta del éxito

En el terreno artístico, la cantaora y bailaora sevillana es especialmente apreciada por la interpretación de sus garrotines gitanos, farrucas, marianas, malagueñas y granadinas, “con un estilo que para sí quisieran tantas y tantos ‘cantaores’ que se ‘desgañitan’ por esos mundos de Dios” (La Tarde, 3-10-1910).

También llaman mucho la atención sus preciosos trajes, cubiertos de pedrería y combinados con hermosos mantones de Manila.

“La ropa de Amalia Molina es verdaderamente asombrosa; sus trajes son todos de una propiedad y riqueza tan grandes que difícilmente puede señalarse cuál es el mejor.

De mantones de Manila tiene la más notable y costosa colección de cuantas haya en España” (Diario de Córdoba, 17-7-1912).

Amalia Molina con uno de sus trajes regionales

Amalia Molina con uno de sus trajes regionales

Otro de los ingredientes que contribuyen al éxito de la Molina es su cuidada presentación en escena. Reputados escenógrafos, como el pintor Luis Muriel, son los encargados de crear para ella exclusivos telones-forillo que representan con todo lujo de detalles distintos paisajes o estampas urbanas fácilmente reconocibles, como su famosa vista del río Guadalquivir con la Torre del Oro al fondo.

A lo largo de su carrera la artista llega a reunir casi medio centenar de estos lienzos que, acompañados por una suntuosa decoración de estilo árabe, consiguen transportar al público a distintos lugares y contribuyen a crear la ambientación más adecuada para cada tema.

De hecho, además del cante y baile flamenco, que domina a la perfección, poco a poco Amalia empieza a cultivar las canciones típicas de distintas regiones españolas, hasta el punto de ser considerada la creadora de este género.

La artista sevillana, siempre inquieta y deseosa de aprender e innovar, aprovecha sus giras por provincias para empaparse de las músicas populares e incorporarlas a su repertorio, eso sí, “sin jipíos ni tonterías, sin mixtificaciones de abanicos y panderetas, sin nada de españolada” (Diario de Córdoba, 11-4-1916).

“Al llegar a una región, visita aldeas, asiste a romerías, recibe lecciones de músicos incipientes de la región y éstos la instrumentan y componen canciones del país.

El cuidado con que elige sus canciones y el tino que en ello pone, ha sido causa de que algunos maestros, sorprendidos por tal intuición, dijeran a los compañeros: Ándate con cuidado, que ésta sabe tanto como nosotros” (El Día de Toledo, 15-12-1917).

Amalia Molina (Nuevo Mundo, 3-4-1911)

Amalia Molina (Nuevo Mundo, 3-4-1911)

«[El extensísimo repertorio de Amalia incluye] desde la jota brava y alegre de Aragón y Valencia, a los fados, pravianas y zorcicos del Norte, con las serenas canciones castellanas y las vibrantes seguidillas manchegas, las sardanas y los albaes, y por fin y remate, toda la gama del sentimiento andaluz, en carceleras, tarantas, burlerías, servillanas y soleares” (Andalucía, 1-6-1916).

Ese afán por conocer en profundidad las canciones regionales, ese perfeccionismo, hacen de Amalia una artista realmente única e inimitable:

Espléndida como mujer, es Amalia Molina, como cantante un caso singular y maravilloso de eclecticismo artístico. Los mágicos arpegios de la tierra andaluza que la vio nacer, los vibrantes cantares aragoneses, la inquieta y chispeante jota valenciana, la rítmica y melancólica tonadilla de los valles astures y gallegos y, en suma, todos y cada uno de los cantos regionales españoles, tienen su más admirable intérprete en Amalia Molina que, a su voz dulcísima y argentina de una fama exquisita, une un supremo dominio del gesto y la expresión, y una tan maravillosa propiedad de transformación para encarnar y vivir la variedad de los más opuestos tipos […]” (La Región, 7-3-1912).

De hecho, la artista sevillana es muy apreciada por dignificar el denostado género de variedades, con su arte culto y español por los cuatro costados:

“Con ser muchos y muy grandes los méritos del trabajo de Amalia Molina, es el principal el ser todo él puramente de la tierra, castizamente español, sin mixtificaciones ni influencias de extranjerismo, ni en sus canciones ni en su indumentaria.

Amalia Molina, como todas las grandes artistas, ha sabido crear un género tan suyo, que difícilmente se presta a imitaciones.

Todo su repertorio fórmanlo canciones típicas de las distintas regiones españolas, que para ella han compuesto nuestros mejores músicos, Serrano, Calleja, Valverde, Quinito Valverde, etc., inspirándose en cantos populares” (Diario de Córdoba, 17-7-1912).

Amalia Molina (La Unión Ilustrada, 14-8-1910)

Amalia Molina (La Unión Ilustrada, 14-8-1910)

Una estrella todoterreno

En marzo de 1911, tras varios meses de gira por provincias, la Molina regresa a la capital de España para actuar durante la temporada de primavera en el teatro Príncipe Alfonso. La crítica publicada en el Heraldo de Madrid con motivo de su beneficio permite hacerse una idea de la transformación experimentada por la artista:

Amalia Molina, cuyos llamamientos a San Pedro pasarán a la historia, ha extendido y afina su repertorio, hasta el extremo de poder codearse con las estrellas de primera magnitud.

Su número resulta, además de artístico, muy interesante, porque Amalia canta canciones típicas de diversas regiones españolas. Domina por igual los jipíos del cante jondo, las melodías asturianas y los sencillos aires charros.

Su presentación es lujosa; luce preciosos trajes y un decorado espléndido de Muriel.

Amalia Molina fue anoche aclamada, jaleada y obsequiada. Hoy se despedirá del público madrileño lanzándole vibrantes saetas” (11-4-1911).

Durante esos meses, la artista sevillana continúa deleitando al público con sus cantes y bailes andaluces, en los que incluye nuevos números, como el pregón del aceitunero. Además, participa en los cuadros de costumbres Pathé Frères y Mirando a la Alhambra, en los que comparte protagonismo La Argentinita y Adela Cubas, entre otras artistas.

Revista Pathé Frères, Revista Nuevo mundo 1911

Revista Pathé Frères, Revista Nuevo mundo, 15-6-1911

El primero de ellos es un espectáculo culto, “sin chistes verdes, […] ni rebuscadas exhibiciones de desnudos”, en el que la polifacética sevillana baila por tangos y tientos sevillanos, además de cantar, “con el gusto que sólo ella posee, una preciosa canción andaluza” (El Imparcial, 2-6-1911). El segundo es un “cuadro verdaderamente español, típico, con ambiente y colorido” (La Correspondencia de España, 19-6-1911), y en él destacan especialmente una farruca y la zambra final.