Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (VI)

Tras su larga y fructífera estancia en el continente americano, España entera espera con impaciencia la reaparición de Amalia Molina. El reencuentro con su público tiene lugar en agosto de 1910 en el teatro Parisiana de Madrid, con motivo de un festival benéfico de ópera, zarzuela y variedades, en el que la sevillana comparte cartel con La Argentina y Dora la Gitana, entre otras artistas.

En esta ocasión, el paso de Amalia por la capital es bastante efímero, debido a los muchos compromisos que tiene contraídos en casi todas las regiones españolas: Andalucía, Valencia, las Islas Baleares, Castilla y León, Cantabria, Cataluña… Durante varios meses la artista no para de trabajar.

Amalia Molina (1905)

Amalia Molina (1905)

De teatro en teatro, y de ciudad en ciudad, la Molina cosecha por doquier aplausos, flores y aclamaciones, que no hacen sino confirmar que sigue siendo “la predilecta” de todos los públicos, y especialmente de los más refinados. De hecho, varios miembros de la familia real española se declaran fervientes admiradores de la artista sevillana, e incluso puede vérseles en el palco del Salón Pradera de Valladolid durante una de sus actuaciones:

“Sus Altezas […] se mostraron muy complacidos del espectáculo, aplaudiendo mucho y con entusiasmo a Amalia Molina, acerca de la cual hicieron reiteradas preguntas.

Las canciones andaluzas, y unas soleares especialmente, que cantó esta linda artista por modo exquisito, encantaron sobremanera a la Infanta doña Paz, que es españolísima en sus gustos” (La Correspondencia de España, 17-11-1910).

Una artista modesta y decente

Amalia es una mujer moderna, que compra sus vestidos en París y ha recorrido medio mundo. Posee un par de ojos negros “de un mirar verdaderamente asesino, […] ojos retadores que desafían y cautivan, que seducen y encantan” (La Campana Gorda, 20-7-1911). Sin embargo, nada de ello está reñido con algunas de sus más apreciadas virtudes, como la sencillez y la decencia.

Amalia Molina sabe que vale, es claro; pero no la domina el orgullo que atrofia nuestra inteligencia y seca nuestro corazón, sino esa amabilidad que la hace ser condescendiente con todos los públicos” (Eco Artístico, 25-8-1912).

Amalia Molina ante uno de los telones pintados para ella por Muriel.

Amalia Molina ante uno de los telones pintados para ella por Luis Muriel.

La prensa española no duda en elogiar el “repertorio perfectamente moral y de buen gusto” de una artista que “prefiere la sonrisa complaciente de una señora, al galanteo de un don Juan provinciano”, y que “ha tenido siempre la predilección del público elegante, de señoras y señoritas” (El Adelanto, 5-1-1911), por haber convertido “con su talento […] lo que era un espectáculo grosero, [en] un sugestivo y atrayente recreo que seguramente no habría de repugnar la más recatada doncella” (La Información, 15-5-1913).

La receta del éxito

En el terreno artístico, la cantaora y bailaora sevillana es especialmente apreciada por la interpretación de sus garrotines gitanos, farrucas, marianas, malagueñas y granadinas, “con un estilo que para sí quisieran tantas y tantos ‘cantaores’ que se ‘desgañitan’ por esos mundos de Dios” (La Tarde, 3-10-1910).

También llaman mucho la atención sus preciosos trajes, cubiertos de pedrería y combinados con hermosos mantones de Manila.

“La ropa de Amalia Molina es verdaderamente asombrosa; sus trajes son todos de una propiedad y riqueza tan grandes que difícilmente puede señalarse cuál es el mejor.

De mantones de Manila tiene la más notable y costosa colección de cuantas haya en España” (Diario de Córdoba, 17-7-1912).

Amalia Molina con uno de sus trajes regionales

Amalia Molina con uno de sus trajes regionales

Otro de los ingredientes que contribuyen al éxito de la Molina es su cuidada presentación en escena. Reputados escenógrafos, como el pintor Luis Muriel, son los encargados de crear para ella exclusivos telones-forillo que representan con todo lujo de detalles distintos paisajes o estampas urbanas fácilmente reconocibles, como su famosa vista del río Guadalquivir con la Torre del Oro al fondo.

A lo largo de su carrera la artista llega a reunir casi medio centenar de estos lienzos que, acompañados por una suntuosa decoración de estilo árabe, consiguen transportar al público a distintos lugares y contribuyen a crear la ambientación más adecuada para cada tema.

De hecho, además del cante y baile flamenco, que domina a la perfección, poco a poco Amalia empieza a cultivar las canciones típicas de distintas regiones españolas, hasta el punto de ser considerada la creadora de este género.

La artista sevillana, siempre inquieta y deseosa de aprender e innovar, aprovecha sus giras por provincias para empaparse de las músicas populares e incorporarlas a su repertorio, eso sí, “sin jipíos ni tonterías, sin mixtificaciones de abanicos y panderetas, sin nada de españolada” (Diario de Córdoba, 11-4-1916).

“Al llegar a una región, visita aldeas, asiste a romerías, recibe lecciones de músicos incipientes de la región y éstos la instrumentan y componen canciones del país.

El cuidado con que elige sus canciones y el tino que en ello pone, ha sido causa de que algunos maestros, sorprendidos por tal intuición, dijeran a los compañeros: Ándate con cuidado, que ésta sabe tanto como nosotros” (El Día de Toledo, 15-12-1917).

Amalia Molina (Nuevo Mundo, 3-4-1911)

Amalia Molina (Nuevo Mundo, 3-4-1911)

“[El extensísimo repertorio de Amalia incluye] desde la jota brava y alegre de Aragón y Valencia, a los fados, pravianas y zorcicos del Norte, con las serenas canciones castellanas y las vibrantes seguidillas manchegas, las sardanas y los albaes, y por fin y remate, toda la gama del sentimiento andaluz, en carceleras, tarantas, burlerías, servillanas y soleares” (Andalucía, 1-6-1916).

Ese afán por conocer en profundidad las canciones regionales, ese perfeccionismo, hacen de Amalia una artista realmente única e inimitable:

Espléndida como mujer, es Amalia Molina, como cantante un caso singular y maravilloso de eclecticismo artístico. Los mágicos arpegios de la tierra andaluza que la vio nacer, los vibrantes cantares aragoneses, la inquieta y chispeante jota valenciana, la rítmica y melancólica tonadilla de los valles astures y gallegos y, en suma, todos y cada uno de los cantos regionales españoles, tienen su más admirable intérprete en Amalia Molina que, a su voz dulcísima y argentina de una fama exquisita, une un supremo dominio del gesto y la expresión, y una tan maravillosa propiedad de transformación para encarnar y vivir la variedad de los más opuestos tipos […]” (La Región, 7-3-1912).

De hecho, la artista sevillana es muy apreciada por dignificar el denostado género de variedades, con su arte culto y español por los cuatro costados:

“Con ser muchos y muy grandes los méritos del trabajo de Amalia Molina, es el principal el ser todo él puramente de la tierra, castizamente español, sin mixtificaciones ni influencias de extranjerismo, ni en sus canciones ni en su indumentaria.

Amalia Molina, como todas las grandes artistas, ha sabido crear un género tan suyo, que difícilmente se presta a imitaciones.

Todo su repertorio fórmanlo canciones típicas de las distintas regiones españolas, que para ella han compuesto nuestros mejores músicos, Serrano, Calleja, Valverde, Quinito Valverde, etc., inspirándose en cantos populares” (Diario de Córdoba, 17-7-1912).

Amalia Molina (La Unión Ilustrada, 14-8-1910)

Amalia Molina (La Unión Ilustrada, 14-8-1910)

Una estrella todoterreno

En marzo de 1911, tras varios meses de gira por provincias, la Molina regresa a la capital de España para actuar durante la temporada de primavera en el teatro Príncipe Alfonso. La crítica publicada en el Heraldo de Madrid con motivo de su beneficio permite hacerse una idea de la transformación experimentada por la artista:

Amalia Molina, cuyos llamamientos a San Pedro pasarán a la historia, ha extendido y afina su repertorio, hasta el extremo de poder codearse con las estrellas de primera magnitud.

Su número resulta, además de artístico, muy interesante, porque Amalia canta canciones típicas de diversas regiones españolas. Domina por igual los jipíos del cante jondo, las melodías asturianas y los sencillos aires charros.

Su presentación es lujosa; luce preciosos trajes y un decorado espléndido de Muriel.

Amalia Molina fue anoche aclamada, jaleada y obsequiada. Hoy se despedirá del público madrileño lanzándole vibrantes saetas” (11-4-1911).

Durante esos meses, la artista sevillana continúa deleitando al público con sus cantes y bailes andaluces, en los que incluye nuevos números, como el pregón del aceitunero. Además, participa en los cuadros de costumbres Pathé Frères y Mirando a la Alhambra, en los que comparte protagonismo La Argentinita y Adela Cubas, entre otras artistas.

Revista Pathé Frères, Revista Nuevo mundo 1911

Revista Pathé Frères, Revista Nuevo mundo, 15-6-1911

El primero de ellos es un espectáculo culto, “sin chistes verdes, […] ni rebuscadas exhibiciones de desnudos”, en el que la polifacética sevillana baila por tangos y tientos sevillanos, además de cantar, “con el gusto que sólo ella posee, una preciosa canción andaluza” (El Imparcial, 2-6-1911). El segundo es un “cuadro verdaderamente español, típico, con ambiente y colorido” (La Correspondencia de España, 19-6-1911), y en él destacan especialmente una farruca y la zambra final.


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (III)

Tras una breve y exitosa gira por el extranjero, en octubre de 1905 Amalia Molina regresa a Madrid, donde permanece otra larga temporada trabajando en el Teatro de Novedades y, posteriormente, en el Central Kursaal. En ellos coincide con algunas de las artistas de varietés más afamadas del momento, como Candelaria Medina, La Fornarina, Nieves Gil, Pastora Imperio o Pepita Sevilla. La acompaña a la guitarra la genial Adela Cubas. Sin embargo, ninguna de esas grandes figuras logra hacer sombra a la joven sevillana, que sigue encandilando al público y a la crítica:

Amalia Molina es una andaluza de cepa: pequeña, flexible, morena, de ojos negros, brillantes y expresivos. En escena es nerviosa, inquieta, vivaracha, muy graciosa, y tiene un desparpajo que con razón sobrada podrían envidiarle muchas tiples del género inmediatamente superior.
[…] Es cupletista y bailarina, y sobresale especialmente en el género flamenco” (Nuevo Mundo, 8-3-1906).

Amalia Molina

La cantaora y bailaora Amalia Molina

Una presencia imprescindible en los mejores eventos

Durante más de un año, la artista sevillana, siempre muy solicitada, compagina sus actuaciones en los mencionados locales con la participación en distintos eventos. Así, en octubre de 1905, Amalia es la encargada de cerrar la fiesta en honor de la prensa francesa organizada en el Teatro Español por el semanario Blanco y Negro. La acompañan Adela Cubas y las bailarinas Pepita Martínez, Celia la Gaditana y Lucía Yárritu.

Una vez más, sus cantes conquistan a la prensa y entusiasman al auditorio, que le solicita sus famosos tangos de Los lunares de San Pedro:

Amalia Molina no tiene rival en el tiento de los lunares, en los tangos y en las granadinas” (El Liberal, 22-10-1905).

“La Srta. Cubas dibujó en la guitarra magistralmente aires andaluces, acompañando a la señorita Amalia Molina. Ésta arrebató a españoles y extranjeros; el auditorio no se cansaba de aplaudirla ni ella de bordar, con filigranas de estilo, coplas y más coplas” (Blanco y Negro, 4-11-1905).

Amalia Molina no es bonita: es pire (1), que dicen los franceses. Es la gracia femenina, encerrada en un cuerpo esbelto, menudo, cimbreante, de mujer, reflejada en unos ojos habladores, que iluminan un delicioso minois (2) de andaluza salada y picaresca. […]

Las sevillanas entusiasman al público. Y de repente suenan claras y ruidosas algunas voces extrañas, de misterioso sentido:
– ¡San Pedro! ¡San Pedro!
¿Qué es esto? ¿Quién invoca al celestial portero? Las voces que le llaman no parecen demasiado devotas: suenan a alegría de vivir, no a austeridades de oración. Amalia sonríe, levanta la cortina roja del escenario, y habla con un señor vestido de frac […]. Y suenan otra vez los crótalos y vuelven las sevillanas” (La Época, 26-10-1905).

Amalia Molina (Nuevo Mundo, 8-3-1906)

Amalia Molina (Nuevo Mundo, 8-3-1906)

Una artista flamenca de primera fila

Dos meses más tarde, sobre las tablas del Salón Zorrilla tiene lugar otro acontecimiento artístico de primer nivel, una velada de cante y baile flamenco con el siguiente elenco: las bailaoras Nicolasa González y la Paloma; los cantaores Antonio Chacón, Juanito Ríos, el Niño de Jerez, y Luisa la de los Tangos; y el guitarrista Miguel Borrull. “Y para que la velada fuera completa, la popular Amalia Molina, bailó unas sevillanas y un tango con toda la gracia que hay en Serva la vari” (El País, 10-12-1905).

En una entrevista concedida años más tarde, Amalia expresa su admiración hacia el cantaor jerezano:

“- ¿Cuál ha sido su maestro de canto flamenco?
– ¡Chacón!… Es el que más me gusta. Yo lloro oyendo cantá a Chacón… Juan Breva también se traía lo suyo. A mí el flamenco me gusta cantarlo al piano… ¡Qué sé yo!… A la guitarra me huele a aguardiente y en orquesta a champagne” (Nuevo Mundo, 23-3-1917).

A la intensa y exitosa actividad desarrollada por Amalia Molina en la Villa y Corte hay que sumar sus escapadas a otras ciudades, como Barcelona o Murcia, así como una breve tournée por Portugal. Números como El Cocotero, El hoyito o el imprescindible Los lunares de San Pedro obligan a la artista a repetir en numerosas ocasiones. Su popularidad es tal que incluso varios príncipes extranjeros acuden al Central Kursaal a disfrutar de su espectáculo.

El cantaor Antonio Chacón

El cantaor Antonio Chacón

En marzo de 1907, no han pasado ni tres años de su debut en Actualidades y la joven sevillana ya se ha convertido en la estrella indiscutible de los mejores saraos. Buena prueba de ello es su presencia en el cuadro flamenco contratado por el embajador mexicano para agasajar a sus ilustres invitados. En él figuran también el cantaor El Mochuelo, el guitarrista Miguel Borrull y las hermanas Esmeraldas. La crónica publicada por el diario El Imparcial permite hacerse una idea sobre la exclusividad del espectáculo:

“Las tres juveniles artistas daban una nota de color a aquel cuadro aristocrático, de suprema elegancia, con sus pañuelos de Manila bordados en sedas de vistosos colores, con los rojos claveles y las peinetas de concha sujetando sus oscuras cabelleras y con la picante hermosura de sus cabezas goyescas.

[…] las figurillas de acuarela se movieron garbosas y rítmicas al compás de la guitarra magistralmente tañida, y las coplas melancólicas o jocundas acompañaban los movimientos de las gentiles bailaoras. Y las manos enguantadas y aristocráticas aplaudían el arte y la gracia encarnados en aquellas lindas chiquillas de pies menudos y ojos de fuego. Sevillanas, tangos, peteneras, toda la gama de los géneros andaluz y flamenco fue pasando ante los espectadores, sin que el cansancio rindiera los gentiles cuerpecitos de Amalia Molina y de las Esmeraldas” (13-3-1907).

Unos días más tarde, en la Fiesta del Sainete, la artista baila unas sevillanas boleras junto a La Argentina, Carmen Díaz, Pepita Sevilla y las hermanas Esmeraldas. Ésta es una de sus últimas actuaciones antes de pasar por el quirófano para someterse a una “seria operación” (Heraldo de Madrid, 16-4-1907), que la mantiene apartada de los escenarios durante varios meses. (3)

Un artista sencilla y decente

En enero de 1908, completamente restablecida, Amalia retoma su apretada agenda con una gira por provincias, comenzando por la costa mediterránea. Ciudades como Cartagena, Murcia, Alicante o Málaga son algunos de sus destinos.

Pepita Sevilla (Cánovas, París)

Pepita Sevilla (Cánovas, París)

En una época en que las estrellas del género ínfimo recurren al descaro y la provocación, y muchas de ellas se convierten en auténticos objetos eróticos, la prensa murciana elogia una vez más la sencillez de la artista sevillana, que no ha de servirse de tales estrategias:

“A la Amalia Molina no es necesario ir a verla trabajar a la sección de una hora determinada para apreciar en ella sus encantos, puesto que con igual modestia se presenta en las primeras horas del espectáculo, que al final de éste. Tampoco tiene que recurrir como otras a ciertos recursos para agradar al público, pues su trabajo es por sí solo sugestivo y arranca a los morenos haciéndose aplaudir tanto cuanto quiere, sin emplear como ya decimos, frases ni ademanes propios de la moderna sicalipsis” (El Eco de Cartagena, 7-1-1908).

Tal vez por eso sus espectáculos son muy apreciados por las mujeres, pues, a diferencia de otras artistas, la Molina es una chica “decente”, digna del público más selecto y refinado (4). Amalia está sobrada de arte, especialmente en el género flamenco. Con su cante y su baile, ella sola se basta para llenar el escenario y arrancar al auditorio sonoras ovaciones:

“El couplet de la mantilla, las soleares y el tango de los lunares, los canta con un gusto singular y los adorna con su correspondiente parte de baile, donde se aprecia que no solamente es la primera hoy en España como cuplestista, sino que también es difícil que nadie la aventaje hoy como bailarina” (El Eco de Cartagena, 7-1-1908).

Canto es el suyo, que si elogiarlo pudiéramos como se merece, no encontraríamos palabras para ello […].

Su baile, no es el desgarrado de otras artistas, no es el flamenco exageradamente achulapado de otras, no: Amalia Molina, baila con elegante finura y artísticos movimientos que agradan sumamente a sus muchos admiradores” (Carthago, 12-1-1908).

“… continúa cosechando justísimos y merecidos aplausos la sin par y elegante bailarina y coupletista Amalia Molina, pues en su trabajo tiene una gran especialidad que consiste en cantarse unas malagueñas de inimitable y exquisito gusto, y muy bien traídas, por cierto, que le valen justas y delirantes ovaciones” (Carthago, 19-1-1908).

Amalia Molina (Manuel Company, 1905)

Amalia Molina (Company, 1905)

NOTAS:

(1) pire: peor.
(2) minois: carita, palmito.
(3) La Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas ofrece algunos datos sobre la intervención a la que es sometida la artista: “Amalia Molina, 20 años, Madrid, soltera. Operada el 9 de abril de 1907. Salpingo-ovaritis quística izquierda con peri-auexitis. Iguales lesiones en los anejos derechos. Extirpación bilateral, dejando solamente un trozo del ovario izquierdo que encontramos sano” (agosto de 1908)
(4) Unos meses más tarde, en una entrevista concedida al diario gallego El Noroeste, la artista se muestra satisfecha por la admiración que despierta entre el público femenino:

Amalia Molina préciase de gustar a las damas. Yo creo que gusta más a los hombres, pero ella lo acaba de explicar.
– Los espectáculos para hombres han decaído. Hay que buscar a las señoras” (10-12-1908).


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (II)

Aunque llega contratada por seis meses, Amalia Molina permanece más de un año en el Salón de Actualidades. La simpática sevillana, que “posee inimitable gracia cantando y bailando tangos” (El Liberal, 23-5-1904), no necesita más que una noche para conquistar al público, que le regala “una ovación tan ruidosa como merecida” (El Globo, 21-5-1904). Pocos días después, la prensa vaticina el nacimiento de una estrella:

“El género ínfimo cuenta con una artista más y de las llamadas a ser en breve la predilecta del público. […]

La señorita Molina es sin duda alguna de las mejores bailarinas de España” (El Liberal, 23-5-1904).

Amalia Molina

Amalia Molina

Un repertorio original y en constante renovación

Letras como la del conocido tango de los lunares, escrito por los hermanos Álvarez Quintero -aquél que dice “tengo dos lunares, uno juntito a la boca y el otro donde tú sabes”-, alcanzan una gran popularidad en la voz de Amalia Molina, que ha de repetirlo infinidad de veces para complacer a un público que no se cansa de escucharla.

La artista, siempre original, renueva constantemente su repertorio, con el estreno de distintos números y canciones que son compuestas expresamente para ella por renombrados autores, a los que Amalia exige exclusividad, de modo que dichas creaciones no pueden ser interpretadas por otras artistas.

En el mes de junio de 1904, con gran éxito, se representa por primera vez en el Salón de Actualidades el apropósito de costumbres andaluzas Al volver de la corría, en el que toman parte la cantaora Paca Aguilera, la guitarrista Adela Cubas, las hermanas Esmeraldas y Amalia Molina, que baila “primorosamente” por tangos.

La guitarrista Adela Cubas

La guitarrista Adela Cubas

En semanas sucesivas, la artista sevillana canta “por primera vez los tangos gaditanos” (El Globo, 26-7-1904), y estrena varios números, como los tangos del Caracolillo y El cocotero o las canciones Achares y El niño de las escobas. Las gacetillas informan puntualmente sobre cada nuevo éxito de Amalia:

Amalia Molina, la extraordinaria y sugestiva artista sevillana, estrenó anoche la canción titulada Achares, que dijo con tanto sentimiento y arte que el público la interrumpió varias veces, haciéndole una ruidosa y merecida ovación.

También cantó el tango del Caracolillo, y el zapateado de Caramelo, siendo asimismo muy aplaudida.

La señorita Molina es hoy, sin duda alguna, la mejor artista del género ínfimo” (La Correspondencia de España, 16-7-1904).

Una estrella modesta

En agosto de 1904, cuando aún no lleva tres meses en Madrid, la prensa llama la atención sobre las buenas dotes artísticas e interpretativas de Amalia Molina que, junto con su modestia, permiten vaticinar un futuro bastante halagüeño para la joven:

“En el saloncito de ‘Actualidades’ no todo se reduce a ver mujeres bonitas y oír ‘couplets’ que exceden de los límites de lo picaresco.

A veces destácase una de ellas, tanto por su graciosa modestia como por sus particulares condiciones de artista.

Y en este caso se halla Amalia Molina […]; en cuanto a la artista podemos decir, sin apasionamiento, que tiene cualidades de tal y que su vocecita, melancólica a veces, a ratos enérgica y entrecortada, sabe matizar admirablemente las situaciones marcadas en los ‘couplets’. […] en todos los números, en fin, se muestra desenvuelta e intencionada; en todos ellos ostenta, sin alarde, sus privilegiadas dotes artísticas. No es justo regatearle este título, hay que decírselo en la seguridad de que, como vale, no ha de envanecerse.

Y con modestia y con aptitudes llegará a donde han llegado otras. Y un poquito más allá si se empeña” (Nuevo Mundo, 11-8-1904).

Amalia Molina

Amalia Molina

Cada noche, la aparición de Amalia Molina en el escenario del Salón de Actualidades desencadena la euforia del público, que se entrega a la artista en el mismo grado en que ella derrocha su arte sobre la sobre las tablas. La siguiente descripción permite hacerse una idea del ambiente que se vive en la sala:

Linda de figurilla, poseyendo voz suficiente, asombrosa desenvoltura escénica y aptitudes coreográficas de primer orden para bailadora, aparece todas las noches Amalia Molina, arrancando por el gracioso trabajo explosiones de entusiasmo y tronadas de aplausos.

Acompañada de acción armónica y cadenciosa, del sonoro chasquido de los pitos y de malicias picarescas y picaronazas, dice, canta y baila su repertorio, sin que el público se canse pidiendo más ni ella se fatigue accediendo a las peticiones del público, que premia la cortesía con aclamaciones y palmadas.

– ¡San Pedro!… ¡San Pedro!… – gritan desde el momento en que sale a escena Amalia Molina, y anoche pude explicarme el interés de la invocación escuchando canciones que no sé si, clericalmente consideradas, podrían ostentar algún tenue matiz muy grato al endiablado Pedro Botero.

Sin preocuparse mucho por ello, el público ríe hasta el punto de llorar de risa, y sale contento después de haber contemplado en la Molina un rayo del vivificador sol andaluz” (Heraldo de Madrid, 6-9-1904). (1)

Un largo reinado en ‘Actualidades’

Durante su estancia en el Salón de Actualidades, Amalia Molina comparte cartel con diferentes artistas flamencas y del género de variedades, como La Fornarina, la Niña de los tangos, Pepita Sevilla, Adela Cubas -que, en ocasiones, la acompaña a la guitarra– o la mismísima Macarrona. La polifacética sevillana, que se atreve con todo –cante, baile, cuplés, recitación…-, no para de recibir aplausos:

“La sugestiva Amalia Molina sigue entusiasmando al público con el canto flamenco, acompañada a la guitarra por la profesora Adela Cubas” (El País, 12-12-1904).

Amalia Molina con traje de luces

Amalia Molina con traje de luces

“Con éxito extraordinario se ha estrenado en este teatrito el cuadro de costumbres madrileñas titulado El santo de la maestra, obteniendo en su ejecución grandes y merecidos aplausos las señoritas Amalia Molina, que dijo un parlamento de un modo admirable; Pepita Sevilla, en un tango flamenco, y la notable Adela Cubas, que acompañó a la guitarra” (Heraldo de Madrid, 18-12-1904).

En febrero de 1905, la artista sevillana es agasajada con un beneficio, en el que recibe grandes muestras de cariño de sus admiradores. El bailable cantado La Chiclanera (de Segura), las canciones Mi gitanillo (de Cánovas y Badía) y La pena-pena, o un pasacalles compuesto para ella por Martín Rodríguez son algunos de los números estrenados por Amalia Molina durante ese año, todos con gran éxito.

En el mes de mayo, cuando se cumplen doce meses de su debut en Actualidades, el público vuelve a cubrir el escenario de flores para quien ya es considerada “la más perfecta de las artistas del género ínfimo” (Heraldo de Madrid, 29-3-1905). Unas semanas más tarde, ataviada con un traje de luces y un capote de paseo, Amalia se despide del público madrileño.

En tierras catalanas

El 8 de junio de 1905 se inaugura la temporada de verano en el Teatro Granvía de Barcelona. Entre las artistas contratadas destacan algunas de las mejores cupletistas del momento, como La Fornarina, Candelaria Medina o Amalia Molina, “con su sicalíptico repertorio” (La Vanguardia, 12-7-1905), que incluye números como San Juan de Luz, El morrongo modernista o Los lunares celestiales.

Los éxitos no se hacen esperar. Como ya hiciera en Madrid, la joven sevillana conquista al público con su arte y también con otro tipo de encantos: “A cada vuelta de su falda… tres guapos con bigote caen al suelo… A cada copla nueva… se producen desgracias en el teatro” (La Tomasa, 13-7-1905). (2)

La cupletista Candelaria Medina

La cupletista Candelaria Medina


NOTAS:

(1) Los gritos del público invocando a San Pedro hacen referencia a otra de las letras popularizadas por Amalia Molina, un tango creado por el maestro Badía inspirándose en la famosa letra de los lunares escrita por los Álvarez Quintero. Dice así:

“Si porque canto y bailo flamenco
dice la gente que me condeno,
será muy fácil que cuando muera
no vaya al cielo.
Llamaré a San Pedro,
le enseñaré los lunares…;
¡me coge y me mete adentro!”

(2) La traducción es nuestra.


Paca Aguilera, digna sucesora de la Trini de Málaga (y II)

Entre septiembre de 1902 y febrero de 1903 se suceden distintos espectáculos en el Salón de Actualidades, como el apropósito Una juerga andaluza en el ventorro del Blanco. En todos ellos participa con gran éxito Paca Aguilera, que es acompañada a la guitarra por Rafael el Cordobés. Completan el elenco distintos artistas del género ínfimo.

La siguiente referencia periodística permite hacerse una idea sobre el tipo de programa que se ofrece cada noche al público del mencionado local:

“La fiesta andaluza estrenada anoche obtuvo un éxito grandioso por la propiedad con que está presentada.

Se repitió entre grandes aplausos un precioso pasacalle original del notable maestro Sr. Badía, que cantaron muy bien las Srtas. Imperio, Fernández, Giraldas, Martinis, Hortensia y Blanquita, luciendo hermosos mantones de Manila.

Todos los bailes, peteneras, sevillanas y alegrías, que cantó la célebre Paca Aguilera y bailaron las citadas artistas gustaron mucho.

El tango ‘ñáñigo’ bailado por el negrito Lázaro y acompañado de la guitarra por Rafael el Cordobés hizo reír grandemente al público que llenaba el local” (El País, 12-10-1902).

La cantaora Paca Aguilera

La cantaora Paca Aguilera

Además de su constituir una presencia indiscutible en el Salón de Actualidades, Paca Aguilera también se prodiga en otros locales madrileños, como el Teatro de Variedades, donde se presenta en el mes de octubre junto a otras figuras del arte flamenco:

“Mañana se celebrará un gran concierto andaluz a beneficio de Concepción Martínez.

Tomarán parte en él las bailadoras Mercedes López, Esperanza Benito, Dolores Núñez y Soledad Pinilla; los bailadores Pichiri y Paquiro; las cantadoras Rita García, Paca Aguilera y Rosario Padilla; los tocadores Luis Molina y Marinillo, y dos parejas de sevillanas, Lolita Vargas y Esperanza Benito, Lolita Gómez y Rosario Martínez” (El País, 7-10-1902).

Una artista reconocida en toda España

Entre los meses de agosto y septiembre de 1903, Paca Aguilera actúa en Oviedo, en el Gran Café de Madrid, según la siguiente información, publicada en El Correo de Asturias y aportada por José Luis Jiménez Sánchez:

Gran Café de Madrid – Salón de conciertos.
Todas las noches, a las nueve y media, variadas veladas de canto y baile por los renombrados artistas Srta. Paca Aguilera, cantadora; D. Francisco Reina, profesor de guitarra, y Srtas. María Jesús Reina y Paquita López, bailarinas” (19-8-1903 a 13-9-1903).

En junio de 1904, reaparece “con gran éxito” en el madrileño Salón de Actualidades “la notable cantaora flamenca Paca Aguilera, a quien acompaña a la guitarra la profesora Adela Cubas” (Heraldo de Madrid, 6-5-1904). Un mes más tarde, ambas forman parte del elenco de la obra de costumbres andaluzas Al volver de la corría, que se estrena “con éxito excelente” en la misma sala. La prensa nos revela una nueva y sorprendente faceta de la artista malagueña, la de bailaora:

“Oyeron grandes aplausos la graciosa Amalia Molina, en un tango que bailó primorosamente; la alegre Paca Aguilera, que, además de cantar, bailó muy bien por alegrías; las hermanas Esmeraldas, y la notable profesora de guitarra Adela Cubas” (Heraldo de Madrid, 10-6-1904).

La guitarrista Adela Cubas (Diana, 12-5-1913)

La guitarrista Adela Cubas (Diana, 12-5-1913)

En el mes de diciembre, la prensa sitúa a la cantaora en el Teatro Romea, donde participa en la obra El triunfo de la belleza, junto a distintas artistas de variedades. En enero de 1905, en la misma sala, Paca Aguilera comparte cartel con La Argentina.

Unos meses más tarde, la cantaora debuta en Almería, donde continúa recibiendo elogios durante varias semanas:

Paca Aguilera […] demostró que vale.

Cantó magistralmente tango y malagueñas, escuchando una verdadera ovación que le tributó el público” (El Radical, 14-9-1905).

A su regreso a Madrid, la cantaora se integra en una compañía de variedades, junto a un gran número de artistas, entre los que destaca Adela Cubas, y en el mes de noviembre se anuncian juntas en el Teatro de Novedades.

La referencia periodística más reciente que encontramos sobre la labor artística de Paca Aguilera data del mes de julio de 1907, y sitúa a la artista en tierras murcianas: “Ha salido para Águilas (Murcia), ventajosamente contratada por aquella empresa teatral, la distinguida artista Paca Aguilera” (El Liberal, 14-7-1907).

Sus registros sonoros

Mención aparte merece su actividad discográfica. En 1906, La Correspondencia de España publica el siguiente anuncio: “Ureña participa a su clientela que ha recibido los discos del Gramófono impresionados con orquesta por la Arana, Rosario Soler, la Paca Aguilera y otros” (12-4-1906).

Tras aquellos primeros registros en cilindros de cera, en los albores del siglo XX la cantaora rondeña realiza un considerable número de grabaciones en el nuevo soporte discográfico que se acaba de lanzar, los discos de pizarra.

Para las casas Zonophon y Gramophon, con las guitarras de Salvador Román y Ángel de Baeza, Paca Aguilera impresiona una gran variedad de cantes, por malagueñas, soleares, tangos, seguiriyas, peteneras, ganaínas, tarantas, e incluso sevillanas y jotas aragonesas. Posteriormente, en 1910, graba para Odeón una decena de discos bifaciales, compartidos con El Mochuelo y el Niño de Triana.

La cantaora Merced la Serneta

La cantaora Merced la Serneta

La amplia discografía de esta cantaora se caracteriza también por la variedad de estilos que integra. En su voz han llegado a nuestros días varios estilos de soleares de La Andonda y Merced la Serneta. También grabó siguiriyas de la Serrana; malagueñas de la Trini y el Canario; y, por supuesto, la suya propia.

La brillante carrera de Paca Aguilera quedó truncada por su fallecimiento, a los 36 años de edad, en la capital madrileña, como consecuencia de una gastroenteritis. La singular cantaora rondeña se marchó para siempre el 18 de enero de 1913.


Rafaela Valverde, la Tanguera, reina de la farruca y el garrotín (II)

En junio de 1912, Rafaela Valverde continúa con su intensa gira, que la lleva a CórdobaCádiz o Alicante, entre otros destinos. En esta última ciudad, la prensa local dedica alguna crítica desfavorable a la bailaora, aunque sin duda se trata de una excepción, a juzgar por el resto de referencias aportadas:

La Tanguerita es una bailarina joven y graciosa, con una indumentaria detonante, pero en su labor artística escasean los aplausos. Los bailes son conocidos, y aunque fueron bien bailados, no pueden llenar cumplidamente la misión de un aliciente escénico” (El Popular, 26-6-1912).

“El ventrílocuo Ferri y la ‘Tanguerita’ son cada noche más aplaudidos” (Diario de Alicante, 29-6-1912).

Rafaela Valverde, La Tanguerita (Eco Artístico, 1913)

Rafaela Valverde, La Tanguerita (Eco Artístico, 1913)

Nuevos éxitos por toda España

En noviembre de 1912, Rafaela Valverde -“una excelente artista”, según Eco Artístico (5-11-1912)- triunfa en Albacete y poco después debuta en Barcelona, donde “la hermosa y genial” bailaora sigue cosechando éxitos en distintas salas, como Edén Concert, la Gran Peña, Poliorama o el Teatro Arnau.

En enero de 1913, la fama de Rafaela se extiende por todas las regiones españolas; y su talento y profesionalidad están fuera de toda duda. Tras su paso por Palma de Mallorca, las rotativas vuelven a llenarse de parabienes para la artista.

“Teatro Balear.- La Tanguerita, bailarina excelente, está siendo objeto de continuadas muestras de entusiasmo por parte del público que acude a diario a este Coliseo.

Domina La Tanguerita todo el repertorio de bailes y los interpreta con sumo arte.

No en balde La Tanguerita disfruta de justo renombre en el mundo de las varietés, siendo solicitadísima por todas las Empresas” (Eco Artístico, 25-1-1913).

En el mes de abril, La Tanguerita regresa al Salón Novedades de Málaga, donde su triunfo es más que sonado. A juzgar por las alabanzas que le dedica la revista Eco Artístico, Rafaela Valverde se ha convertido en una auténtica estrella del baile flamenco, que goza del reconocimiento unánime de la crítica y el público.

“Es una artista que no escucha por doquier más que entusiastas ovaciones por su labor, digna de las mayores alabanzas.

Domina La Tanguerita de modo magistral todos los bailes flamencos, y su nombre es conocido del público madrileño con ventaja, pues fue aplaudida en los principales Salones de la Corte.

Recientes están los triunfos de La Tanguerita en el Salón Novedades de Málaga; cuantos presenciaron la labor de esta bailarina coincidieron en sus juicios, y obraron con justicia al otorgarla (sic) aplausos sin reservas.

Rafaela Valverde, la Tanguerita

Rafaela Valverde, la Tanguerita

Y, como en Málaga, en todas las provincias donde La Tanguerita puso su planta obtuvo el mismo éxito, pudiendo calificar su tournée, sin temor a incurrir en exageraciones, de verdaderamente brillante.

La Tanguerita sabe además vestir con propiedad todos sus bailes, y es, en suma, una artista que confirma cuanto se diga en alabanza suya y por quien las Empresas andan bebiendo los vientos.

Solamente nos queda mandar desde estas columnas nuestro más sincero aplauso a La Tanguerita, dominadora del baile flamenco y que ocupa por derecho propio un puesto preeminente en el género de varietés” (Eco Artístico, 25-4-1913).

Barcelona como talismán

En el mes octubre de 1913, Rafaela Valverde debuta en el Kursaal de Reus y poco después se presenta en el Teatro Circo Barcelonés. A partir de ese momento, la artista desarrolla la mayor parte de su actividad artística en la ciudad condal, con apariciones en otras localidades de la cuenca mediterránea, tales como Sabadell, Cartagena o Valencia. En todas ellas, sus actuaciones se cuentan por éxitos, de los que dan testimonio los ‘papeles’ de la época. Veamos algunos ejemplos:

“Ha reanudado sus tareas artísticas, después de haber estado retirada de la escena, la notable artista La Tanguerita, que comenzará su tourneé por Sabadell, en uno de cuyos principales Teatros debutará, obteniendo, como es justo, los aplausos a que se ha hecho acreedora” (Eco Artístico, 15-11-1913).

Sabadell. Cine Cervantes.- Las más importantes atracciones pasan por este local, actuando La Tanguerita, creadora de sus bailes gitanos, que ha cosechado muchos aplausos” (Eco Artístico, 5-2-1914).

Cartagena. Pabellón ‘El Brillante’.- Comenzó la temporada de invierno en este Cine con el debut de un guitarrista, un cantador de flamenco y la bailarina La Tanguerita.

[…] en cuanto a La Tanguerita, su éxito estaba descontado, siendo ovacionada constantemente” (Eco Artístico, 25-9-1914).

Tablao Villa Rosa (Archivo Historico de Barcelona)

Tablao Villa Rosa (Archivo Historico de Barcelona)

En esos años, Rafaela Valverde frecuenta distintas salas de Barcelona, como el Trianón, el Teatro Arnau -en este coliseo “La Tanguerita también es de las que hacen subir el termómetro con sus garrotines y demás bailes de salón” (Papitu, 30-12-1914)-, el Gran Salón Doré o el Folies Bergere, donde coincide con Julia Borrull. Ello no le impide trabajar también en otros lugares, como Valencia y Orihuela (Alicante). Su presencia en esta ciudad supone “una verdadera revolución”. (1)

La Tanguerita es la mejor artista que hemos visto en Orihuela desde hace mucho tiempo; tiene gracia, soltura, gran agilidad y además sabe muy bien lo que baila. La Tanguerita es una artista que seguramente escalará muy pronto los primeros puestos del arte que cultiva” (Ciudadanía, 24-8-1915).

En noviembre de 1915, y de nuevo en mayo del año siguiente, Rafaela actúa en el Kursaal Central de Sevilla. Allí comparte cartel con el Niño Medina, y con distintas artistas del género ínfimo. También se presenta en varias ocasiones en Tortosa (Tarragona) y obtiene “un éxito sin precedentes” en distintos locales barceloneses, como el Teatro Euterpe, el Salón Doré o el Montecarlo.

“En el Cine Doré ha sobresalido La Tanguerita, que es una bailarina de primer orden, ejecutando danzas gitanas. Ha gustado muchísimo” (Diario de Tortosa, 27-3-1916).

Durante el verano de 1916, Rafaela Valverde se presenta en varias salas madrileñas, como el Hotel Palace, el Teatro Romea o el Kursaal de Ciudad Lineal, donde comparte cartel con su profesor, El Tanguero. La “excepcional” artista “sigue sumando triunfos cada vez que actúa, porque es ‘gente’ en los diferentes bailes que cultiva” (La Acción, 25-7-1916).

En el mes de agosto, La Tanguerita presenta en Ciudad Real su “Fiesta andaluza”, dirigida por el genial guitarrista Ramón Montoya, y en la que también interviene la cantaora La Trianera. La prensa de su ciudad natal no escatima en elogios para ella:

“Otra artista no menos castiza […] es la bailarina gentilLa Tanguerita’, que no baila sino que borda y vuela sus bonitos y gitanos bailables. Se hizo anoche muy simpática nuestra paisanita” (El Pueblo Manchego, 14-8-1916).

La Tanguerita […] es la reina del baile. Es una mujer de acero; es una bordadora del arte coreográfico” (El Pueblo Manchego, 16-8-1916).

Una estrella más en el firmamento flamenco de Barcelona

Cuadro flamenco del tablao Villa Rosa

Cuadro flamenco del tablao Villa Rosa

En noviembre de ese mismo año, La Tanguerita, Ramón Montoya y La Trianera llevan su espectáculo a La Coruña. Durante todo el año siguiente, Rafaela Valverde continúa recorriendo la geografía española de punta a punta, y a partir de marzo de 1918 volvemos a encontrarla de manera más o menos permanente en la ciudad condal, donde se concentra un buen número de artistas flamencos de primer nivel.

“En el Paralelo, en la barriada más flamenca de Barcelona, les ha dado por lo flamenco. […] En el Novelty se han traído al Mochuelo, Adela Cubas, Eloísa Carabonell y Negris, y vaya baile y guitarreo y canto por todo lo alto […].

y enfrente, en el Madrid Concert, para no ser menos, han inaugurado con Juanito Relámpago, el Batato […], La Tanguerita, El cojo de Málaga y otros elementos de esta clase, un cuadro andaluz, que ríanse ustedes de la Venta Eritaña, La Victoria, Antequera, Villa Rosa y Guadaira, con sus emparraos y sus macetones y sus alegrías” (Eco Artístico, 15-4-1918).

NOTA:

(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.