Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Sarita Heredia, tocaora gitana y artista universal (I)

Aunque el de la sonanta flamenca ha sido un mundo tradicionalmente reservado a los varones, en el primer tercio del siglo XX brillaron en España tres grandes tocaoras, que desarrollaron trayectorias profesionales muy diversas: Adela Cubas en el ámbito de las variedades, Victoria de Miguel en el de la ópera flamenca y Matilde Cuervas en un plano más académico e internacional.

Sarita Heredia (The Kingston Daily Freeman, 8-6-1965).

Sarita Heredia (The Kingston Daily Freeman, 8-6-1965).

El consabido retroceso en materia de libertades y derechos individuales impuesto por la Guerra Civil y la inmediata posguerra dificultó más si cabe el acceso de las féminas a este oficio, y hubo que esperar a los años sesenta y setenta para volver a ver en los escenarios españoles a nuevas mujeres guitarristas, como Salvadora Galán o Merche de Algeciras.

Sin embargo, merece la pena destacar a una gran figura de la sonanta que inició su andadura en esos años oscuros y convulsos, y desarrolló una exitosa carrera lejos de nuestras fronteras: Sarita Heredia, procedente de una familia gitana de origen andaluz.

Su padre, José Cortés Heredia, nació en Granada en 1893. Procedía de la tribu de los Clavijos, de Granada y Almería, y era herrero de profesión. En su juventud pasó diez años en el norte de África (1), y después emigró a los Estados Unidos, donde conoció a Enriqueta Flores Alonso, nacida en 1902 en Laredo (Texas) aunque de ascendencia cordobesa.

El matrimonio residió en distintos lugares, en los que fueron naciendo sus once hijos e hijas: Constantino en Texas; José, Abelardo y Rogelio en Chicago (Illinois); Sara en Detroit (Michigan); Enrique, Fátima, Zoraida, Almanzor, René y Antonia del Carmen en Los Ángeles (California). Siete de ellos fueron guitarristas o bailaores, aunque solo Sarita y René consiguieron vivir de su arte.

Enriqueta Flores y José Cortés, padres de Sarita Heredia (Archivo de René Heredia).

Enriqueta Flores y José Cortés, padres de Sarita Heredia (Archivo de René Heredia).

En el censo de población de Estados Unidos de 1940, la familia al completo —salvo la pequeña Antonia del Carmen, que nacería en 1943— aparecía empadronada en el 11748 de Slater Street. El padre figuraba como obrero en busca de trabajo, el hijo mayor como trabajador joven y el resto, como estudiantes.

Diez años más tarde, según el censo de 1950, José y Enriqueta seguían residiendo en Los Ángeles, en el 2219 de Saint Juliet Street, con ocho de sus hijos. Abelardo figuraba como chapista y Roger trabajaba haciendo fundas de asientos para automóviles. Constantino, José y Sarita ya se habían independizado.

Aunque nacidos en América, Sarita y sus hermanos se criaron inmersos en las cultura gitana y flamenca. “La guitarra era la principal fuente de entretenimiento para la familia. El padre tocaba ‘por lo casero’ porque le gustaba. A menudo dormía a los niños tocando a la hora de ir a la cama. No solo les enseñó a tocar la guitarra, sino también a bailar y a hacer palmas y pitos. Enriqueta, les enseñó el cante flamenco” (2).

José Cortés Heredia con sus hijas Zoraida, Sarita y Fátima (Archivo de René Heredia).

José Cortés Heredia con sus hijas Zoraida, Sarita y Fátima (Archivo de René Heredia).

En una entrevista concedida a Nilo Margoni en 1981, Sarita Heredia destacaba la importancia de su progenitor, como maestro e inspirador de su arte:

“Se lo debo todo a mi padre. […] cuando tenía seis años de edad lo veía día tras día tocar la guitarra. […] cuando venía del trabajo, se sentaba conmigo y tocaba. Yo me levantaba y bailaba en un círculo. Finalmente, mi padre empezó a enseñarme pasos de baile. A la edad de nueve años, comencé a estudiar su mano de mi padre mientras tocaba la guitarra. Me fascinaba. Nadie tenía permiso para tocar la guitarra de mi padre, pero, cuando estaba fuera trabajando, yo la cogía a escondidas e intentaba descifrar la posición de los dedos de mi padre en la farruca. Un tiempo después de esto, ya era capaz de tocarla. Un día mi padre me pilló con la guitarra. Se enfadó mucho. Mi madre le dijo que, antes de que me castigara, yo le daría una gran sorpresa. Toqué la farruca y se quedó asombrado. A partir de ese momento trabajó conmigo día tras día. Hice mi debut profesional a los doce años” (3).

Sarita inició su carrera profesional de la mano de su padre. “Yo bailaba y él tocaba para mí. Cuando mis hermanos y hermanas fueron creciendo, se añadieron al grupo”, declaraba en esa misma entrevista. A los diecisiete o dieciocho años conoció al que sería su marido, el bailaor madrileño Pedro Martín Caro, y empezó a trabajar con él:

“… la pareja de baile de Caro quería retirarse y se marchó en medio de un contrato en México. Él estaba en un terrible aprieto. Un día le preguntó a un amigo suyo llamado Palmiñas, que era un pintor español, si conocía alguien a quien poder contratar, y él le habló de mi familia. Entonces Caro contactó con mi padre y así es como sucedió” (4).

Anuncio de Sarita Heredia en el Vodoo Club de Panamá (Nouvelliste, 27-12-1950).

Anuncio de Sarita Heredia en el Vodoo Club de Panamá (Nouvelliste, 27-12-1950),

Fue en ese momento cuando empezó a sentir cierto rechazo por parte de algunos compañeros, por el hecho de ser mujer: “Nunca supe que hubiera prejuicios en el mundo hasta que salí sola a la edad de dieciocho años. […] Lo gracioso es que el único lugar donde he tenido problemas reales es América. Muchos guitarristas flamencos aquí no me aceptaron. ¡Creían que no tenía nada que hacer tocando la guitarra!” (5).

Según el testimonio de Sarita, esa actitud de sus colegas le resultó sorprendente, pues contrastaba con las enseñanzas que había recibido:

“… mi padre era un hombre muy avanzado. Cuando vio que yo tenía cualidades para la guitarra, me animó. […] No me enseñaron esos prejuicios. […]

Hay pocas mujeres guitarristas de flamenco porque se necesita mucha fuerza. […] Mi padre era muy severo con nosotros. Yo observaba y estudiaba sus posturas, sus movimientos y fortalezas. Él me transmitió esos rasgos sin darse cuenta. […]. Yo no pensaba en si ése era el modo en se suponía que debía tocar una mujer o un hombre. Sólo estaba haciendo lo que mi padre me enseñó […] y simplemente desarrollé esa fuerza, ese temperamento. Normalmente las mujeres no lo tienen porque se les enseña, de manera natural, a ser femeninas. En España lo que había que hacer era quedarse en casa y cocinar, limpiar y fregar… ¡Y eso es todo! Pero mi padre dijo: ‘No, tú vas a ser una gran guitarrista’. […] Yo pensaba que lo que estaba haciendo era normal para una chica” (6).

Anuncio de Sarita Heredia en el teatro Encanto de Panamá (The Panama American, 2-2-1951).

Anuncio de Sarita Heredia en el teatro Encanto de Panamá (The Panama American, 2-2-1951).

En 1948 la hemeroteca nos ofrece varias noticias sobre “Sarita Heredia, la famosa tocaora”. En el mes de abril actuó en el Auditorium de Barre (Vermont, Estados Unidos), junto a un conjunto de artistas españoles y cubanos, como la pareja de rumberos formada por Marcos y Odette, la cantaora de flamenco Carmen López o la bailaora Trini Reyes, ambas hispanas. Sarita ejecutó números de baile formando pareja con Caro y tocó a la guitarra “dulces y sentimentales melodías de Granada” (7).

A finales de mayo, dentro del Festival de Música de Nueva York, se presentó en el Carnegie Hall integrada en el Ballet Español de Ana María, que ofreció el siguiente repertorio: “Las Golondrinas, Romanza Andaluza, Orgía de Danzas Fantásticas, Viva Navarra-Jota, Muñeira, Intermezzo de la ópera Goyescas, Pastoreta, Flamenco School, El Amor Brujo”.

El elenco estaba formado por artistas como Juan Rivera, Elvira Patino, Anita Méndez, Carmencita López, Rafael Crespo, Delia Granada, Alberto Zamora, Alfredo Alfaro, Antonio de Carlo, Nelli Rodríguez, Olga Manzano, Iglesias de Vina, Violeta García, E. de Lucena, La Navarro, Rogelio Stark, Leonor Barrosa, El Rondeño, Carmen Torres, Soledad Reyes, Martín Caro y Sarita Heredia (8).

En septiembre de 1950 debutó en Radio Cadena Habana “la única mujer en el mundo que toca la guitarra flamenca, siendo además un verdadero concertista en el género clásico” (9). En diciembre de ese mismo año la pareja formada por Sarita y Caro actuó en el Casino de Puerto Rico, en un festival destinado a recaudar fondos para la construcción de un colegio (10). Después trabajaron durante una temporada en el Vodoo Club de Puerto Príncipe (Haití), donde ejecutaron sus “exóticos bailes”, compartiendo cartel con la cantante y bailarina de rumbas y mambos Lina de los Reyes. Además, “la más famosa guitarrista del mundo” deleitó al público con su toque (11).

En enero de 1951 Caro y Sarita, anunciados como “famoso ballet gitano”, debutaron como artistas invitados en el club Balboa de Panamá, que tenía como número principal una revista musical titulada Cleopatra and Co. (12). A continuación se presentaron en el teatro Bella Vista de la misma ciudad, junto a la actriz y cantante argentina Morenita del Rey, el animador Gómez Bueno y una orquesta dirigida por el maestro Hans Janowith. Las críticas resultaron muy favorables:

“Fue un gran éxito la función en el Bella Vista ayer […]

El conjunto español ‘Sarita-Caro’ fue largamente ovacionado y Sarita Heredia nos brindó una audición de guitarra magistralmente ejecutada.

Martín Caro se presentó al público de elegante traje corto y después de recitar a manera de introducción, una bella composición, dio principio a su programa, demostrándonos ser un virtuoso del arte coreográfico español” (13).

En el mes de febrero el mismo programa se trasladó al teatro Encanto de Panamá (14).

Notas:

(1) Bakus, Gerald G. (1977), The Spanish Guitar. Los Ángeles: Gothik Press. La traducción de todos los textos extranjeros es mía.
Según contó Sarita en unos recitales ofrecidos en la Southern Utah University, “su padre era, por profesión, herrero ornamental, pero también era artista, torero, tratante de caballos, bailaor, cantaor y músico” (Steve Christensen, The Daily Spectrum, 6-11-1983).

(2) Bakus, ibidem. Según el testimonio de la propia Sarita, “recibió gran parte de su formación temprana en las artes de su padre, y lleva estudiando con artistas clásicos del mundo desde entonces” (Steve Christensen, The Daily Spectrum, 6-11-1983).

(3) Margoni, Nilo (mayo de 1981), “Sarita Heredia”, en Jaleo, newsletter of the Flamenco Association of San Diego, vol. IV, nº 9.

(4) Ibidem. Pedro Martín Caro era hermano del popular torero Curro Caro. En 1939 la prensa lo sitúa en México, formando pareja de baile con Soledad Miralles (El Informador, 20-4-1939).

(5) Margoni, ibidem.

(6) Ibidem.

(7) The Barre Daily Times, 17-4-1948; 21-4-1948.

(8) Catalogue of Souvenir Dance Programs, 1948.

(9) Diario de la Marina, 3-9-1950.

(10) El festival, celebrado el 2 de diciembre, estaba enmarcado en una campaña impulsada por el reverendo padre T. Marijuán (Puerto Rico Ilustrado, 23-12-1950).

(11) Le Nouvelliste, 21-12-1950.

(12) The Panama American, 24-1-1951.

(13) The Panama American, 27-1-1951.

(14) The Panama American, 2-2-1951.


De la cueva al papel. La zambra granadina vista por la literatura y la prensa en torno a 1922 (II)

1.2. La zambra, ejecutada por bailaoras de renombre en los escenarios de variedades

En estos casos, por lo general, el término “zambra gitana” se emplea para designar números de danza con acompañamiento de cante y toque, o incluso con música de orquesta, creados para el lucimiento de una artista principal. Una de las figuras más destacadas en este sentido es Pastora Imperio, que en 1917 había presentado en el Teatro Romea de Madrid su espectáculo Zambra gitana, en el que bailaba por alegrías con bata de cola y ofrecía un fin de fiesta por bulerías formando pareja con el bailaor Antonio Ramírez (35).

Pastora Imperio junto al resto de artistas de la zambra gitana de Zinela Cayí (La Mañana, 7 de febrero de 1918, p. 10).

Pastora Imperio junto al resto de artistas de la zambra gitana de Zinela Cayí (La Mañana, 7-2-1918, p. 10).

Un año más tarde intervino “en la escena de la zambra del acto segundo” (36) de la ópera Carmen, que fue representada en el Teatro Real de Madrid; y poco después se convirtió en la protagonista absoluta de Zinela Cayí, una “fantasía gitana en prosa y verso” (37), con texto de Juan Antonio Cavestany y música de Cándido Larruga, que se estrenó en el Teatro Romea de Madrid y que contenía “una zambra digna de ser estampada en una pandereta” (38). En el transcurso de la obra, Pastora era coronada como reina de la gitanería y, además de bailar y cantar, recitaba versos y aparecía junto a su madre en unas escenas de cinematógrafo.

En esos años también triunfaron en los escenarios con sus recreaciones de la zambra gitana artistas como Dora la Cordobesita, Isabelita Ruiz o Alondra. La primera de ellas estrenó en 1924 en el Teatro de la Latina de Madrid el cuadro de ambiente andaluz Lo mejor de Córdoba, escrito por José María Granada, que le ofreció “nuevas ocasiones de lucimiento, al bailar a la guitarra […] dos o tres danzas gitanas” (39). Unos meses más tarde presentó en Romea el sketch Gitanas del Sacro Monte, de Valverde y Quirós, en el que interpretó el cuplé Así lo quiso un divé (40).

La segunda cosechó grandes elogios durante su presentación en Sevilla con un número en el que se transformaba en una gitana granadina: “Isabelita Ruiz… es Granada. No importa dónde haya nacido. […] Al conjuro de su arte ‒expresión, ‘claro’ espejo de su espíritu‒ florece en la escena el alma granadina: zambra gitana en el Albaicín, sonar de una guitarra en un carmen” (41).

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921).

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921).

La cancionista y bailarina Alondra también se esmeró en el Kursaal Gaditano para representar su papel con la mayor fidelidad:

“La Zambra Gitana, uno de los mejores bailes que interpreta, mereció prolongados aplausos, principalmente por la presentación ad hoc, con el cabello destrenzado, ondulante sobre sus espaldas, sin más exorno que el clásico traje de faralaes. La expresión del rostro, los ademanes, el todo en fin un prodigio de interpretación” (42).

1.3. La zambra como un número más en el repertorio de distintas compañías flamencas y troupes de variedades

En la década de los veinte recorrieron España numerosos conjuntos de varietés integrados por artistas de distintas disciplinas, que llevaban en su repertorio algún cuadro de zambra gitana. El de la Troupe Max era un “número originalísimo, interpretado […] por tres artistazos, que bailan como en Albaicín, si es que no lo hacen mejor […]. Vaya dos gitanas y vaya un chavó meneando los pinreles” (43).

La zambra gitana de la Troupe Palacios (44) tenía como protagonista a la bailarina Carmen Guerrero, quien se transformaba en “zahorí de raza que pone en su bailar toda la expresión, toda la vida de esos bailes cañís artísticos y movidos” (45). La Troupe Ibérica (46) ofrecía números de conjunto tan variopintos como ‘El cabaret rojo’, de estilo parisino, y “la ‘Pasionaria’, gran zambra gitana, de gran visualidad y efecto escénico, que se desarrolla bajo el puente de Triana” (47).

Los artistas de la Troupe Palacios en el número de la zambra gitana (Vida Manchega, 20 de marzo de 1919, p. 13).

Los artistas de la Troupe Palacios en el número de la zambra gitana (Vida Manchega, 20-3-1919, p. 13).

Igualmente diverso era el programa de la agrupación Alma, que incluía bailes de zambra gitana y charlestón (48). La Troupe Walkyria presentaba su cuadro de zambra con “un hermoso decorado puramente gitano” y, durante su actuación en el Teatro Cervantes de Granada, una de las noches contrató a un grupo de artistas del Sacromonte ‒La Capitana, La Jardín, La Sobrina y la Finitú, entre otros‒ para darle mayor realce (49).

Probablemente debido a su vistosidad y colorido, con frecuencia la zambra figuraba como fin de fiesta de diversos programas de variedades, en los que en ocasiones también se intercalaban cuadros o sketchs de inspiración granadina, como el titulado Una noche en el Albaicín (Zambra gitana), que fue presentado en el Teatro Novedades de Madrid (50) y en el Folies Bergère de Barcelona (51).

Asimismo, en esos escenarios de varietés cabe destacar la presencia de elencos estrictamente flamencos que también ofrecieron números de zambra gitana. Es el caso del Trío Marekis (52) ‒integrado por el guitarrista Luis Molina, el cantaor Manuel Pavón y varias bailaoras‒; el grupo encabezado por el cantaor Antonio Pozo ‘El Mochuelo’ y la guitarrista Adela Cubas (53); la Troupe Pericet, compuesta por siete bailaoras más la cantaora La Minerita y el guitarrista Manuel Rodríguez (54); los Gómez Ortega (55); el conjunto formado por los bailaores Frasquillo, La Quica y Juanillo el Tumba (56); o el cuadro flamenco de Miguel Borrull (57), por mencionar solo algunos.

Laura Gómez y Rafael Ortega, los Gómez Ortega (La Nación, 26-11-1929).

Laura Gómez y Rafael Ortega, los Gómez Ortega (La Nación, 26-11-1929).

2. La zambra gitana está presente en los concursos de cante y en la ópera flamenca

La notoriedad adquirida por esas danzas a raíz del concurso de Granada de 1922 también se refleja en su incorporación en distintos espectáculos de cante o de ópera flamenca, que no necesariamente tienen como protagonistas a artistas granadinos. Cabe mencionar, por ejemplo, la fiesta de cante y baile flamenco celebrada en Madrid durante la Verbena de la Paloma de 1924, que incluía una zambra gitana interpretada por las bailaoras Alfonsina, Carmen la Madrileña y Gabrielita la del Garrotín, entre otras (58); el certamen flamenco desarrollado en 1927 en el Teatro Victoria de Barcelona, al que concurrieron artistas como José Cepero, Manuel Escacena y Miguel Borrull, y que finalizó con una gran “zambra gitana por el mejor cuadro de baile flamenco de España” (59); o el concierto de cante jondo ofrecido en 1928 en el Parque Genovés de Cádiz por figuras como Antonio Chacón, la Niña de los Peines, Manuel Vallejo, José Cepero, Ramón Montoya y Luis Yance, además de “un numeroso cuadro de zambra gitana compuesto por Carmen Vargas, Juan Sánchez (Estampío), Frasquito, Rovira, El Tobalo, La Quica, Carmelita Borbolla, Los seis gitanos de la Cava de Triana, Lolita Almería, Manolita la Macarena y La Gabrielita” (60).

Carmen Vargas (Santos Yubero, 1933. Archivo Comunidad de Madrid).

Carmen Vargas (Santos Yubero, 1933. Archivo Comunidad de Madrid).

Esta fórmula que aunaba cante flamenco y danzas gitanas también se pudo ver en 1929 en el Teatro Nuevo de Barcelona, donde Miguel Borrull organizó “una típica zambra gitana con valiosos elementos del Sacro-Monte y la cooperación de la eminente bailaora Conchita Borrull” (61); en el Teatro Olympia de la Ciudad Condal, con artistas como el Niño de Marchena y el Niño de Almadén más una gran “zambra gitana capitaneada por el coloso Ramironte” (62); y en el Teatro Cómico de Cádiz, con un cuadro de zambra compuesto por los bailaores Luis Mendoza, José Bonfante, Isabel Muñoz y Carlota Ortega, entre otros (63).

En 1930, tras el éxito obtenido en la Semana Andaluza de Barcelona, el mismo conjunto de zambra gitana del Sacromonte fue contratado por el empresario Vedrines para realizar una gira junto a un grupo de cantaores y guitarristas de primer nivel, como la Niña de los Peines, Pepe Marchena, Angelillo, José Cepero, Ramón Montoya y Miguel Borrull. El espectáculo, que se componía de una parte de ópera flamenca y otra de zambra gitana, fue
presentado en Madrid (64), Castellón (65), Murcia (66), Valencia (67), Cartagena (68), Córdoba (69) y Granada (70), entre otros lugares.

. Actuación de la zambra en la fiesta andaluza celebrada en el Centro Artístico de Granada (Granada Gráfica, julio de 1924, p. 23).

Actuación de la zambra gitana en la fiesta andaluza celebrada en el Centro Artístico de Granada (Granada Gráfica, julio de 1924, p. 23).

Notas:

(35) De Hoyos y Vinent, A. (10 de enero de 1917). Una noche azul perfumada de azahar… El Día, 6.

(36) El Imparcial. (26 de enero de 1918). Teatro Real.- ‘Carmen’, 2.

(37) Cavestany, J. A. (1918) Zinela Cayí. En Cantos de otoño (poesías) (pp. 179-235). Librería de la Viuda de Pueyo.

(38) La Acción. (18 de febrero de 1918). La gitana caprichosa, 1.

(39) La Unión Ilustrada. (24 de agosto de 1924). Dora ‘La Cordobesita, 14.

(40) La Unión Ilustrada. (12 de abril de 1925). Varietés en Madrid, 14.

(41) Villar Sánchez, M. (3 de noviembre de 1922). Isabelita Ruiz. El Noticiero Sevillano, 5.

(42) El Noticiero Gaditano. (18 de febrero de 1922). Kursaal Gaditano, 1.

(43) El Noticiero. (19 de abril de 1918). Teatro Cine de San Juan, 2.

(44) Este grupo actuó en lugares como el Teatro Circo de Ciudad Real (Vida Manchega, 20 de marzo de 1919, p. 13), el Circo Price de Madrid (La Correspondencia de España, 12 de septiembre de 1919, p. 4), el Teatro Ortiz de Murcia (El Liberal de Murcia, 12 de octubre de 1919, p. 3; El Tiempo, 19 de abril de 1921, p. 2) o el Kursaal Gaditano de Cádiz (El Noticiero Gaditano, 11 de mayo de 1922, p. 1).

(45) Vida Manchega. (20 de marzo de 1919). La Farándula. Teatro-Circo, 13.

(46) Se les pudo ver en el Teatro Principal de Valencia (Diario de Valencia, 31 de enero de 1922, p. 5), en el Teatro Liceo de Salamanca (El Adelanto, 9 de noviembre de 1922, p. 2) y en el Teatro Cervantes de Granada (La Publicidad, 7 de abril de 1922, p. 2; El Defensor de Granada, 8 de febrero de 1924, p. 3).

(47) El Adelanto. (9 de noviembre de 1922). Debut de la Troupe Ibérica, 2.

(48) Levante Agrario. (17 de noviembre de 1926). Ortiz, 1.

(49) La Publicidad. (18 de diciembre de 1923). Teatro Cervantes, 2.

(50) La Opinión. (9 de mayo de 1925). Novedades, 3.

(51) El Día Gráfico. (18 de julio de 1926). Folies Bergere, 8.

(52) La Correspondencia de España. (10 de febrero de 1918). Álvarez Quintero, 7.

(53) Las Provincias. (28 de febrero de 1918). Teatro Martí, 2.

(54) Gaceta del Sur. (24 de junio de 1924). Teatro Gran Capitán, 3.

(55) El Guadalete. (16 de abril de 1926). Teatro Eslava, 1.

(56) La Voz. (1 de septiembre de 1925). Salón San Lorenzo, 13.

(57) El Noticiero Universal. (13 de septiembre de 1929). Bodega Andaluza, 4.

(58) La Libertad. (22 de agosto de 1924). La verbena de la Paloma, 6.

(59) El Noticiero Universal. (14 de septiembre de 1927). Teatro Victoria, 5.

(60) El Noticiero Gaditano. (6 de agosto de 1928). En el Parque de Genovés, 2.

(61) El Día Gráfico. (5 de enero de 1929). Nuevo.- El festival flamenco de hoy, 16.

(62) Diario de Barcelona. (23 de enero de 1929). Olympia, 34.

(63) El Noticiero Gaditano. (18 de enero de 1929). Teatro Cómico, 3.

(64) El espectáculo de Vedrines se llevó a escena en el Monumental Cinema (La Voz, 3 de julio de 1930, p. 2) y en el Circo de Price (La Libertad, 6 de julio de 1930, p. 6).

(65) Heraldo de Castellón. (5 de julio de 1930). La fiesta regional española, 2.

(66) El Liberal de Murcia. (9 de julio de 1930). Teatro Circo Villar, 2.

(67) El Pueblo. (10 de julio de 1930). Plaza de Toros, 2.

(68) La Tierra. (19 de julio de 1930). Espectáculos Vedrines, 3.

(69) La Voz. (25 de julio de 1930). Plaza de Toros.- Ideal Cinema, 2.

(70) El Defensor de Granada. (27 de julio de 1930). Plaza de Toros del Triunfo. Concierto de ópera flamenca, 3.


Gabrielita la del Garrotín, reina de los bailes de chufla (III)

Las primeras noticias que nos ofrece la prensa sobre Gabriela Clavijo datan de la primera década del siglo XX y la sitúan actuando en los escenarios de variedades de distintas ciudades españolas, principalmente en la zona de Levante. Corresponden, por tanto, a la etapa inicial del género de varietés y coinciden con la eclosión del garrotín como baile de moda.

Frente a artistas como Encarnación la Malagueñita o Dora la Gitana, que se publicitaban como reinas y señoras de esa especialidad coreográfica, Gabrielita se hacía llamar la “niña del garrotín” (1) (La Tarde, 1906b: 2) y se anunciaba en los carteles como “la verdadera creadora” del mismo (ibidem, 1906a).

Dora la Gitana. Foto: Antonio Esplugas, ANC.

Dora la Gitana. Foto: Antonio Esplugas, ANC.

Entre los meses de marzo y abril de 1906, trabajó durante una larga temporada en el Café Mahonés de Palma de Mallorca, donde formaba parte de una troupe franco―española integrada por bailarinas y cupletistas como Juanita Nájar, Andrea Canela, Mlle. D’Herbes, Mlle. Saphir o Enriqueta Vila (ibidem, 1906b: 2).

En diciembre de 1907 retomamos su pista en Valencia, en uno de los pabellones cinematográficos instalados en el recinto ferial del Llano del Remedio, compartiendo espacio con el Circo Ecuestre Feijóo y dos tiovivos (El Pueblo, 1907: 2).

Entre 1909 y 1910 la encontramos con cierta frecuencia en la Ciudad Condal. Participó en unos festivales populares celebrados en el Teatro Circo Barcelonés, en los que intervinieron varios conjuntos procedentes de Cataluña, Aragón y Andalucía. Este último ofreció un “concierto andaluz por el cuadro de los maestros Lara y Vega, en el que figura la Clavijo, creadora del garrotín” (La Publicidad, 1909: 4).

En enero de 1910 se la pudo ver en el Sport Toboggan, sito en el Paralelo (El Diluvio, 1910a: 5) y en la Sala Balmes, de las Ramblas (ibidem, 1910b: 5). Pasó buena parte del verano cosechando éxitos en el Alcázar Español, donde actuaba un “gran cuadro flamenco en el cual toma parte la señorita CLAVIJO, la reina del garrotín y el señor LÓPEZ, célebre cantaor” (ibidem, 1910c: 3). El programa también incluía cinematógrafo y zarzuelas sicalípticas.

Tras presentarse en el Gran Salón Victoria de Huelva en el mes de octubre (La Publicidad, 1910: 2), en noviembre trabajó dos semanas en el Gran Café Apolo de Barcelona, compartiendo cartel con artistas de variedades como Navarrita con su hormiguita, Adela Sanz, el Dúo Casanovas o la bailarina Canela (El Diluvio, 1910d: 4).

Juana la Macarrona

Juana la Macarrona

La prensa de 1911 nos informa sobre el traslado de “Gabriela Clavijo (Reina del garrotín)” de Madrid a Sevilla, con un contrato para el Salón Novedades (Heraldo Militar, 1911: 3), templo jondo en el que durante años ejerció su sacerdocio la inmensa Juana la Macarrona; y de su exitosa presentación en Sanlúcar de Barrameda (El Guadalete, 1911: 2). De esa época contamos con escasos testimonios que arrojen algo de luz sobre la trayectoria artística y vital de Gabrielita, lo cual podría deberse a la exigua atención que los diarios solían dedicar a los cafés cantantes y a sus artistas.

En noviembre de 1912 se anunciaban en el Salón Novedades de Valencia las canzonetistas Emilia Piñol y la Sultana, la pareja de baile Las Gaditanas (El Pueblo, 1912: 2), así como la formada por Carmen Díaz y Enrique Sánchez, la bailarina Carmelita Sevilla y “Gabrielita, la niña del garrotín (premio en el concurso de feas), que aunque no baila mal, es más propio su trabajo de un café cantante” (Eco Artístico, 1912: 30). La utilización de su fealdad como reclamo choca de plano con el hecho de actuar en ese tipo de locales, en los que se concedía un alto valor a la belleza de las intérpretes, a veces incluso por encima de sus capacidades. Se puede inferir, por tanto, que la bailaora poseía grandes cualidades artísticas que avalaban su triunfo.

De Valencia se trasladó a Cartagena, donde inauguró el Cine Sport y pasó después al Ideal Room. En el primero de ellos “la célebre Gabrielita, conocida por soberana del garrotín”, compartió cartel con la canzonetista Tina Desmet y constituyó “la nota saliente” del programa (El Eco de Cartagena, 1912a: 2), por presentar “un trabajo completamente nuevo en la clase del de varietés” (ibidem, 1912b: 2). En el segundo debutó el día 3 de enero junto al dúo de transformistas cómicos Maso-Maró, y “obtuvo justos y merecidos aplausos por la gracia con que bailó los garrotines y las farrucas” (ibidem, 1913: 2).

Carmen Díaz y Enrique Sánchez. Foto: Archivo Casau, Región de Murcia.

Carmen Díaz y Enrique Sánchez. Foto: Archivo Casau, Región de Murcia.

Poco después debutó en Almería. La prensa la sitúa en el mes de febrero en el Salón Victoria (El Popular, 1913: 3) y en diciembre, de nuevo en ese local, que había sido renombrado como Salón Café España (La Información, 1913: 3). En ambas ocasiones Gabriela Clavijo se rodeó de un nutrido elenco de artistas de variedades en el que destacaba la bailarina y cupletista Amparito Medina. Dado que los diarios no publican regularmente el programa completo de estos salones, es difícil determinar cuánto tiempo permaneció en Almería la Niña del Garrotín, mas el hecho de que volviese a ser contratada indica, al menos, que consiguió conquistar al público.

En enero de 1914 se presentó con “éxito ruidoso” en el Cine Escudero de Cádiz (La Publicidad, 1914: 2), junto a artistas como la bailarina Consuelo La Iberia o las cantantes La Sevillita y Adela Martina; y en febrero se anunció en el Gran Cine de Córdoba (Revista de Varietés, 1914: 10). En primavera la encontramos en el Teatro de la Princesa de Valencia, donde formó parte de un extenso programa de variedades en el que figuraban los famosos transformistas Les Harturs y la cupletista Aygel (El Pueblo, 1914: 4).

A partir del verano la prensa la sitúa en varias ocasiones en el Gran Salón Cine Doré de Barcelona, compartiendo cartel con una treintena de artistas, entre los que sobresalen las bailaoras Carmen Flores (El Poble Català, 1914a: 4) y Rafaela la Tanguera. Es en este local donde la encontramos anunciada por primera vez como “bailarina cómica” (ibidem, 1914b: 3). Durante los primeros meses de 1915 se la pudo ver en otras salas de varietés de la Ciudad Condal, como la Sociedad Recreativa la Mascota (El Diluvio, 1915: 5), y el Cine Picarol de Badalona (Eco Artístico, 1915a: 15).

Rafaela la Tanguera. Foto: Antonio Esplugas, ANC.

Rafaela la Tanguera. Foto: Antonio Esplugas, ANC.

En esa época, Gabriela Clavijo también volvió a presentarse ante el público madrileño, en la sala Chantecler ―junto a los bailarines Los Paraguayos, Manolita Alonso, Mari-Guerrita y Gitanela, entre otros artistas (ibidem, 1915b: 11)―, en la brasería del Hotel Palace (ABC, 1915: 21) y en el salón Versalles, en cuyo programa de varietés destacaba un gran cuadro flamenco formado por artistas de primer nivel, como los guitarristas Adela Cubas, Mariscal y Ramón Montoya, el cantaor Antonio Pozo ‘El Mochuelo’, y los bailaores Estampío, Carrasco y Gabrielita, la Niña del Garrotín; que, junto a las bailarinas Romanitas, Coppelia y La Madrid, y la cancionista Carmen Oriente, protagonizaron un número titulado “Andalucía en Versalles”:

Indudablemente el éxito teatral de este verano lo ha constituido la brillante fiesta titulada Andalucía en Versalles, verdadera nota de color y buen gusto, que viene congregando un público selecto y numeroso en este recreo y que hace aparecer diariamente en la taquilla el cartel de ‘No hay billetes’ (La Correspondencia de España, 1915: 7).

Con El Mochuelo y Adela Cubas volvió a coincidir en febrero de 1916 en el Salón Imperio de La Coruña, donde obtuvo “un éxito colosal la ‘Gran Fiesta Andaluza’” que se celebraba al final de cada sesión con la intervención de todos los artistas del cuadro, en el que también figuraban la bailarina Carmen Sánchez y la cupletista Marieta (Eco Artístico, 1916a: 2).

Adela Cubas

Adela Cubas

Asimismo, durante su gira por tierras gallegas, la Niña del Garrotín se detuvo en el Salón Pinacho de Vigo ―allí “obtuvo un buen éxito”, compartiendo cartel con Dora la Cordobesita (ibidem, 1916b: 19)― y en el Bar Carrillo de Pontevedra. En este último se repartió los aplausos con la canzonetista Paquita Hernán, aunque la mayor parte de los elogios fueron para ella:

… sigue actuando con gran éxito la notableGabrielita‘ que con sus bailables favoritos nos proporciona todas las noches ratos agradabilísimos.
Es lástima que esta gran artista no reúna condiciones para el canto pues de ser así podríamos decir sin temor a engañarnos que era el único astro del arte coreográfico.

No en balde se le ha concedido el título de ‘reina del garrotín‘ pues ejecuta con tal maestría este y otros bailables de este género, que desde luego por muy profano que les sea en esta materia se ve que es una artista.
Es una bailarina excéntrica de lo mejor que tenemos en la actualidad y lamentamos de veras que se halle entre nosotros tan poco tiempo pues aparte de un gracejo especial es de las que atrae al público con sus creaciones de baile (La Correspondencia Gallega, 1916: 3).

Además de resaltar las excelentes cualidades dancísticas de Gabriela Clavijo, esta crónica incide en varios aspectos interesantes, como su capacidad creadora y su dominio de un repertorio que va mucho más allá de su famoso garrotín de chufla. Por otra parte, el testimonio de Ramón Montoya recogido por Blas Vega en su libro sobre los cafés cantantes madrileños (2006: 310) desmiente esa idea de que la artista no poseía dotes para el cante.

Tras su periplo gallego, la Niña del Garrotín regresó a Sevilla en el mes de abril para actuar en el Kursaal Central, famoso local de varietés sito en la Calle Sierpes donde en los últimos años habían actuado artistas flamencos de la categoría de Manuel Torres, Luisa Requejo o la Niña de los Peines (2).

La Niña de los Peines (Foto de Antonio Esplugas)

La Niña de los Peines. Foto: Antonio Esplugas, ANC.


Notas:
(1) En los años diez también usaría este remoquete la cantaora y guitarrista Josefa Moreno, la Antequerana.

(2) Normalmente los diarios ofrecen escasa o nula información sobre el programa de estos locales ―la mayor parte de los días simplemente indican que en ellos se ofrecen variedades y flamenco―, por lo que resulta muy difícil saber qué artistas actuaron y durante cuánto tiempo. En contadas ocasiones se publican anuncios o gacetillas, que nos permiten situar en el Kursaal Central de Sevilla, por ejemplo, a Manuel Torres (El Noticiero Sevillano, 1914: 2), a Luisa Requejo (El Guadalete, 1915: 2) o a la Niña de los Peines (El Liberal de Sevilla, 1916: 4).

Referencias:

ABC (1915, 10 de mayo). “Brasserie Palace Hotel”, p. 21.

Blas Vega, José (2006). Los cafés cantantes de Madrid (1846―1936). Madrid: Ed. Guillermo Blázquez.

Eco Artístico (1912, 15 de noviembre). “Salón Novedades”, p. 30.

Eco Artístico (1915, 5 de marzo). “Cine Picarol”, p. 15.

Eco Artístico (1915, 5 de mayo). “Chantecler”, p. 11.

Eco Artístico (1916, 15 de febrero). “Salón Imperio”, p. 2.

Eco Artístico (1916, 5 de marzo). “Salón Pinacho”, p. 19.

El Diluvio (1910, 2 de enero). “Sport Toboggan”, p. 5.

El Diluvio (1910, 24 de enero). “Sala Balmes”, p. 5.

El Diluvio (1910, 15 de julio). “Alcázar Español”, p. 3.

El Diluvio (1910, 15 de noviembre) “Gran Café Apolo”, p. 4.

El Diluvio (1915, 16 de enero). “La Mascota”, p. 5.

El Eco de Cartagena (1912, 21 de diciembre). “Cine Sport”, p. 2.

El Eco de Cartagena (1912, 23 de diciembre). “Cine Sport”, p. 2.

El Eco de Cartagena (1913, 4 de enero). “Ideal Room”, p. 2.

El Guadalete (1911, 19 de agosto). “Teatros y artistas”, p. 2.

El Guadalete (1915, 17 de abril). “Artista”, p. 2.

El Liberal de Sevilla (1916, 1 de enero). “Kursaal Central”, p. 4.

El Noticiero Sevillano (1914, 21 de abril). “Kursaal Central”, p. 2.

El Poble Català (1914, 7 de agosto). “Gran cine saló Doré”, p. 4.

El Poble Català (1914, 16 de diciembre). “Gran cine saló Doré”, p. 3.

El Popular (1913, 2 de febrero). “Debut de una artista”, p. 3.

El Pueblo (1907, 26 de diciembre). “La Feria”, p. 2.

El Pueblo (1912, 15 de noviembre). “Espectáculos”, p. 2.

El Pueblo (1914, 18 de mayo). “Princesa”, p. 4.

Heraldo Militar (1911, 15 de abril). “Cines y varietés”, p. 3.

La Correspondencia Gallega (1916, 25 de febrero). “Bar Carrillo”, p. 3.

La Información (1913, 12 de diciembre). “Café Salón España”, p. 3.

La Publicidad (1909, 12 de noviembre). “Espectáculos. Teatro Circo Barcelonés”, p. 4.

La Publicidad (1910, 12 de octubre). “De teatros”, p. 2.

La Publicidad (1914, 28 de enero). “De teatros”, p. 2.

La Correspondencia de España (1915, 3 de septiembre). “Cine y varietés”, p. 7.

La Tarde (1906, 13 de marzo). “Café Mahonés”, p. 2.

La Tarde (1906, 16 de marzo). “Café Mahonés”, p. 2.

Revista de Varietés (1914, 20 de febrero). “Gran Cine”, p. 10.


Configuración del repertorio y la personalidad artística de Amalia Molina en la primera etapa del género de variedades* (III)

Consciente del gran potencial de Amalia Molina, la empresa del Salón de Actualidades le ofreció los medios para ir ampliando su repertorio, con canciones escritas por distintos maestros, que ella convirtió en creaciones personales.

"La Reja" ,creación de Amalia Molina".

«La Reja», de Avecilla y Larruga, creación de Amalia Molina».

De esa época son «Achares» y «Mi serrano», ambas con letra de Eduardo Montesinos y música de Pedro Badía; «La pena pena», escrita por José Cánovas Vallejo, con partitura de Arturo Lapuerta; «Mi azotea», de Montesinos y Lapuerta; o «El columpio» y el tango coreado «El cocotero», con letra y música de Enrique García Álvarez (García Carraffa, Cancionistas y bailarinas españolas. Amalia Molina, 1916: 33-34). Esta búsqueda de la diferenciación y de la exclusividad se convertiría en una constante a lo largo de su carrera:

Amalia cuida también mucho de mantener su personalidad artística. No canta ningún número que no sea creación suya y que no haya pasado por el tamiz de su hondo sentido artístico. Además, exige a todos los autores una carta en la que hacen constar que mientras ella actúa en una población, no puede otra cancionista o bailarina cantar o bailar las mismas composiciones musicales en ninguno de los teatros de la localidad.

También goza de la exclusiva para impresionar sus creaciones en los gramófonos (ibidem: 92-93).

En aquellos años también estrenó la canción «El niño de las escobas», en la que imitaba a un popular tipo sevillano; el bailable cantado «La chiclanera», del maestro Segura; el pasacalle «Viva mi tierra», con letra de Montesinos; el pregón andaluz «Clavelitos» (15) de José Juan Cadenas con música de Quinito Valverde; la canción «El hoyito», el cuplé «La sultana», el «Tango de la Esperanza» o unos «tientos gitanos titulados “la Molina”, cuya música muy original y muy delicada por cierto, débese al distinguido maestro don Luis López» (El Popular, 18-8-1908: 1).

Amalia Molina

Amalia Molina

Estas canciones y cuplés, interpretados por la artista de un modo tan personal, no tardaron en calar en el público, que los hizo suyos:

Quien más, quien menos, marcha por nuestras calles tarareando los saladísimos «couplets» que la simpática artista nos coloca todas las noches […].

Y ahora no vendrían mal, entre estos párrafos, unas cuantas observaciones sobre la influencia que el «couplet» ejerce en el público. Claro está que para ello, partiríamos de la base de «según quien los cantase».

[…] Unos «couplets», aun muy ingeniosos y oportunos, cantados por una artista, ayuna de belleza, de arte y de picardía, mueren sin encontrar eco en la opinión.

[…] Así, pues, los «couplets» que la Amalia Molina nos sirve, han de convivir con nosotros, por mucho tiempo, porque yo creo que la gracia, la gentileza y la hermosura de la Amalia Molina, son de las que no se olvidan tan fácilmente (El Adelanto, 24-11-1908: 1).

Las crónicas de la época coinciden en destacar la gracia, el arte y el sentimiento con que dice sus canciones. No necesita recurrir a la picardía, el erotismo y los dobles sentidos para conquistar al público, «pues su trabajo es por sí solo sugestivo y arranca a los morenos haciéndose aplaudir todo cuanto quiere, sin emplear […] frases ni ademanes propios de la moderna sicalipsis» (Fray-Cine, El Eco de Cartagena, 7-1-1908: 2).

Su originalidad no se basaba únicamente en la elección de un repertorio nuevo y exclusivo, sino también en la manera de interpretarlo y presentarlo, con un marcado carácter andaluz y flamenco, que estaba presente en los giros de su voz, en los pasos de baile que intercalaba, en el vestuario y en la actitud, así como en la inspiración de los autores que escribían y componían para ella, muchos de los cuales eran de origen andaluz. Es el caso de Eduardo Montesinos o Gerónimo Giménez, ya mencionados, y también de Manuel Font de Anta, Gaspar Vivas o José Padilla, con los que también trabajó a lo largo de su carrera.

2.2. El refinamiento del cante jondo

Inés María Luna López destaca las influencias recíprocas que se produjeron entre el cuplé y el flamenco a principios del siglo XX:

Estos años constituyen una época muy negativa para el flamenco, que ha vivido un periodo de esplendor en los tiempos del café cantante. Muchos cantaores y cantaoras interpretan dicho género artístico y actúan en los espectáculos de variedades […].

Como un camino alternativo, el flamenco encuentra un refugio en el cuplé. Sucede, además, que músicos, dramaturgos y letristas realizan, en su búsqueda de cultura nacional, una gran labor de conservación y divulgación de las canciones regionales. […] De esta manera, el flamenco entra en los teatros para ser interpretado con la orquesta (La soledad como categoría estética, 2017: 40-41).

En esa etapa de evolución y efervescencia creativa, Amalia Molina puso su talento y versatilidad al servicio del nuevo género que se estaba gestando. Sin embargo, aunque alcanzó gran fama con las canciones o cuplés aflamencados, nunca dejó de lado el repertorio propiamente flamenco, que siguió siendo su seña de identidad.

En la prueba que le realizaron Eduardo Montesinos y Ramiro Cebrián –director artístico y empresario del Salón de Actualidades– antes de contratarla, interpretó varios cuplés, tangos y soleares acompañada al piano por el maestro Badía, con las partituras que le había proporcionado el cieguecito Reyes en el Café Novedades de Sevilla (García Carraffa, ibidem: 31).

Como señala Inés Luna, «en los albores del siglo XX comienza la orquestación de los cantes flamencos» (ibidem: 45) y Amalia Molina mostró abiertamente su preferencia por este tipo de instrumentación: «A mí el flamenco me gusta cantarlo al piano… ¡Qué sé yo!… A la guitarra me huele a aguardiente y en orquesta a champagne» (Carretero Novillo, Nuevo Mundo, 23-3-1917: 17).

Da testimonio de ello su extensa discografía, en la que encontramos interesantes ejemplos de cantes por soleares, bulerías, fandangos de Huelva, malagueñas, fandangos de Lucena, sevillanas, tangos, saetas o pregones, con letras tradicionales y acompañamiento sinfónico.

Mas sus innovaciones no se limitaron a lo meramente musical. En un momento de profundo rechazo a la «imagen del “flamenquismo” que emanó de los ambientes que rodeaban locales y espectáculos jondos, calificados tanto por los intelectuales como por la sociedad civil como lugares de vida marginal, refugio de borrachos, prostitutas, arena de peleas y procacidad» (Cruces, «El Flamenco», 2012: 254), Amalia consiguió elevar la categoría del género, haciendo de él un arte refinado, de buen gusto, capaz de satisfacer a los paladares más exigentes:

Y esas canciones eran expresadas por Amalia Molina […] como nunca las habíamos oído. Despojado del flamenquismo ronco del tablado, que envuelve en una sombra de vicio el cuadro. Despojado de todo aquello que a la delicadeza más exigente ofender pudiera, el alma del pueblo ora transparentada a través de la ejecución admirable de una artista de corazón, de una genialísima artista, que ha sabido elevar, desde las mesas de los cafés cantantes a los escenarios en que las más depuradas exquisiteces se exhiben, el desgarrado, brioso, sentido, bellísimo cante flamenco. Milagro de diosa o de hechicera (El Cantábrico, “Amalia” 1).

Para lograrlo se valió de su «bonita y timbrada voz» (Fray-Cine, El Eco de Cartagena, 25-1-1908: 2), de «un estilo que para sí quisieran tantas y tantos cantaores que se desgañitan por esos mundos de Dios» (Las Provincias, 24-9-1910: 2), y de una elevada dosis de sentimiento y verdad. «No canta por salir del paso ni por cumplir un compromiso; cuando canta lo hace con el corazón» (La Opinión, 9-7-1910: 2). Amalia teatralizó el cante flamenco y lo dijo con su cuerpo entero:

Todo en ella es armónico, igual, es el prototipo del cante flamenco. Al mirarla se convence uno que esa mujer nació para cantar: cantan sus ojos malignos y gachones; cantan sus dedos ágiles, cubiertos de joyas; canta su pelo negro como la noche; y en las orejas, chiquitinas y blancas, los brillantes cegadores cantan triunfales, heridos por la luz, un himno al amor y a la belleza (Cuevas, El Cantábrico, 10-12-1910: 2).

Adela Cubas (Carthago Moderna, 10-2-1908).

Adela Cubas (Carthago Moderna, 10-2-1908).

En esos años deleitó a los públicos españoles y latinoamericanos (16) con sus tientos, tangos, soleares, granaínas, malagueñas, sevillanas, peteneras, marianas, farrucas y garrotines, que unas veces interpretó con orquesta y otras, a la manera tradicional.

Una de sus más fieles acompañantes fue la guitarrista Adela Cubas, con quien trabajó en diversas ocasiones (17). Merecen especial mención sus actuaciones en tierras levantinas durante el año 1908, en las que ambas demostraron gran compenetración artística (18). Según distintos testimonios, uno de sus cantes más emblemáticos eran las malagueñas:

Amalia Molina, verdadera estrella en su género, acompañada con guitarra por la Cubas, […] cantó unas malagueñas deliciosas, modelo de sentimiento y de buen gusto, que el selecto auditorio saboreó con deleite. Ante los insistentes aplausos la joven y bella sevillana cantó unos tientos que le valieron una nueva ovación (ABC, 26-10-1905: 14)

[…] en su trabajo tiene una gran especialidad que consiste en cantarse unas malagueñas de inimitable y exquisito gusto, y muy bien traídas, por cierto, que le valen justas y delirantes ovaciones (Carthago Moderna, 19-1-1908: 8).

Las imprescindibles malagueñas que, a petición del público, canta siempre la citada artista, despertaron el entusiasmo del público (El Popular, 24-8-1908: 2).

Amalia Molina. Colección Antonio Esplugas, ANC.

Amalia Molina. Colección Antonio Esplugas, ANC.

Su magistral interpretación de los cantes la hizo merecedora de apelativos como el de «reina del canto flamenco» (El Imparcial, “Correo” a 3) o «reina de las marianas, farrucas y garrotín gitano» (Heraldo de Zamora 2), aunque también fue denominada «reina del couplet» (Eco Artístico, 25-11-1910: 9).

Por su gran versatilidad, se movió como pez en el agua en la frontera entre ambos géneros, que en ocasiones quedó un poco difusa, como cuando en 1908 interpretó en el Salón Novedades de Alicante unos cuplés flamencos acompañada a la guitarra por el maestro Montoya (19):

Amalia Molina […] estuvo magistral, oyendo ovaciones delirantes del gentío inmenso que llenaba por completo el local, el cual se desbordaba de entusiasmo con los graciosísimos couplets flamencos de la mencionada coupletista. […]

Ramón Montoya, maestro de guitarra, hizo su debut acompañando a la Amalia Molina en sus couplets. Este señor hace verdaderos prodigios, lo cual le valió una nutrida salva de aplausos (Robelín, Heraldo de Alicante, 9-6-1908: 3).

Su dominio de los dos estilos también le permitió intercalar en los cuplés estrofas de coplas flamencas, a veces de manera improvisada. Encontramos un ejemplo de ello en enero de 1908, durante su actuación en el Salón de Actualidades de Cartagena:

[…] aprovechando que se encontraba entre el público el simpático matador de toros Rafael González (a) Machaquito, se sintió inspirada y cantó la siguiente copla:

Para jardines Valencia
la Habana para el tabaco,
para toreros valientes
ninguno como el «Machaco».

Al terminar el couplet donde intercaló la referida copla, le valió una entusiasta ovación por la oportunidad de la alusión (El Eco de Cartagena, 11-1-1908: 2).

Amalia Molina (Blanco y Negro, 18-12-1910)

Amalia Molina (Blanco y Negro, 18-12-1910).

Esa mezcla de géneros y estilos también quedó patente en números como el monólogo cómico-lírico-bailable Caminito del cielo, compuesto para ella por el poeta malagueño José Sánchez Rodríguez, que le daba la oportunidad de lucirse cantando granaínas, marianas y tientos gitanos, además de mostrar sus buenas dotes para la actuación:

AMALIA MOLINA, ACTRIZ

Para completar el triunfo de la genial artista, faltábale presentarse bajo este nuevo aspecto, y el público, que no esperaba ciertamente tal conjunto de méritos en Amalia Molina, viose anoche gratamente sorprendido, con motivo de la interpretación del monólogo Caminito del cielo. La obrita es un pretexto para que la famosa cupletista cante algunos números de su aplaudido repertorio, y fue desempeñada con notable acierto (El Popular, 20-9-1908: 4).

Notas:

(15) Esta canción ya había sido cantada por Consuelo Vello Cano, la Fornarina.

(16) Amalia Molina pasó todo el año 1909 y la primera mitad de 1910 de gira por Cuba y México.

(17) Durante su actuación en el Teatro Colón de Ciudad de México, en octubre de 1909, la acompañó el guitarrista José Aparicio (El Diario, “La metrópoli” 6); y en septiembre de 1910, se presentó en el Salón Novedades de Málaga junto al maestro Carlos Sánchez (El Popular, “Salón” 4).

(18) «La Molina y la Cuba [sic] se completan de tal modo artísticamente que sería un buen acuerdo de ambas ir siempre juntas» (El Eco de Cartagena, “Amalia” 2).

(19) Unos meses antes, en el Salón de Actualidades de Cartagena, también había cantado «varios couplets de los más escogidos de su extenso repertorio», acompañada a la sonanta por Adela Cubas, «con esa maestría especial que solo posee tan aventajada concertista, formando entre las dos una verdadera notabilidad difícil de imitar por su original mérito» (Película 2).


Adela López, una cantaora de éxito a la altura de las mejores de su tiempo (I)

El doble CD “Jerez en el recuerdo. Cantaoras jerezanas de principio del siglo XX”, editado recientemente por la colección Flamenco y Universidad, contiene cuatro cantes de Adela López, una artista que sorprende por sus grandes cualidades vocales, si bien hasta el momento se han publicado escasos datos sobre su biografía.

Adela López (Eco Artístico, 25-8-1912)

Adela López (Eco Artístico, 25-8-1912)

Su inclusión en el mencionado disco probablemente obedezca a la denominación de dos de sus cantes -“Fiesta jerezana” y “Cantos de Jerez”-, que invita a relacionar a su intérprete con la tierra del vino. Aunque hasta el momento no hemos podido confirmar ni desmentir ese dato (1), nos parece justo y necesario dedicar algunas líneas a la memoria de esta singular cantaora.

Durante las décadas de 1910 y 1920, aparece con cierta frecuencia en la prensa española el nombre de Adela López, que se anuncia como “cantadora de flamenco”, “cupletista de género flamenco”, “cantadora de aires andaluces” o “cantadora de aires regionales”.

Etapa barcelonesa

En noviembre de 1911, Adela se presenta con éxito en el Salón Farrusini de Zaragoza, donde comparte escenario con la canzonetista Julia Gálvez y la bailarina Pilar Alonso, entre otras artistas de variedades (Eco Artístico, 5-11-1911).

Durante los dos años siguientes, la cantaora se establece en Barcelona (2) y actúa con frecuencia en distintos coliseos, cabarets y music-halls de la Ciudad Condal, como La Buena Sombra, Circo Ecuestre del Tívoli, Alcázar Español, La Maravilla, Cádiz Concert, Saturno Parque, Gran Teatro del Boque, Teatro Gayarre o Teatro Arnáu, entre otros.

En esos locales, Adela suele compartir cartel con un amplio elenco de artistas de variedades. Tanto ella como su acompañante, el guitarrista Marcial de Lara, cosechan grandes aplausos, ovaciones y elogios como los siguientes:

“Buena Sombra.- Ha debutado Adela López, cantadora de flamenco, que fue muy aplaudida; aun cuando algo parada en las tablas, es de las que valen” (Eco Artístico, 5-12-1911).

“[Cádiz Concert] La genial cantadora de flamenco Adela López y el célebre tocador de guitarra Marcial de Lara son objeto de ruidosas ovaciones por el numeroso público que acude a este music-hall” (Eco Artístico, 25-2-1912).

“[Gran Teatro del Bosque] Han debutado Marcial de Lara y Adela López, obteniendo un éxito enorme; los ¡olés!, ¡vaya unas manos!, ¡así se toca! y otros varios adjetivos, son aplicados todas las noches a tan notables artistas, que ven coronados sus trabajos por grandes ovaciones” (Eco Artístico, 5-7-1912).

Anuncio de Adela López y Marcial de Lara (Eco Artístico, 15-8-1912)

Anuncio de Adela López y Marcial de Lara (Eco Artístico, 15-8-1912)

Éxito de la Semana andaluza

En julio de 1912, ambos artistas asumen la dirección de la “Semana Andaluza”, que se celebra con gran éxito en el Saturno Parque, y que cuenta con la participación de grandes figuras, como la guitarrista Adela Cubas. Los cantes de Adela López causan auténtica sensación:

“Se ha inaugurado la ‘Semana Andaluza’, que ha sido un exitazo enorme. Dirigen la fiesta el notable guitarrista Marcial de Lara y la eminente cantadora de flamenco Adela López. La parte de guitarras y bandurrias a cargo de Adela Cubas, Paco el Leñador, dos que no recuerdo el nombre y Marcial de Lara, archimonumental; el baile, interpretado por Carmen Gutiérrez, Amparo Gálvez, La Sevillana, Hermanas Leal, Antonio López, El Niño del Albaicín, Los Mestres, Teresa Jordán y Juanito Galea, sencillamente magistral, piramidal y algo más. Todos los bailes y cantes se repiten cada noche entre grandes aplausos, siendo en número considerable los tributados a Adela López cuando canta sola, acompañada de Marcial de Lara, Paco el Leñador y Adela Cubas” (Eco Artístico, 25-7-1912).

Adelita López

Forma con Marcial Lara, excelente tocador de guitarra, un número selectísimo que está siendo aclamado en Barcelona.

Adelita López canta flamenco con ese estilo peculiar que arranca de los espectadores olés llenos de entusiasmo.

Y en los cantos regionales deja Adela López a cuantos la escuchan esa sensación dulcísima que recuerda nuestra patria chica, el fragor que nos vio nacer, los brazos que cariñosamente nos retuvieron, el sol que brilló en los alegres días de nuestra juventud” (Eco Artístico, 25-8-1912).

La guitarrista Adela Cubas

La guitarrista Adela Cubas

Unos meses más tarde, Adela “con su cante flamenco arranca grandes y espontáneos aplausos” (Eco Artístico, 25-5-1913) en el Teatro Arnáu, y su arte aviva la inspiración de los poetas:

“En el Arnau, Adela López canta con gran estilo, coplas puramente cañís, tanto, que un amigo poeta, al oír a la hermosa Adela, entonó por lo bajo:

Copia de mi Andalucía
me estás pareciendo tú;
mucha alegría en tu cara
y tus ojos mucha luz…

¡Oooolée!
Es la mejor recomendación” (Mutis, La Publicidad, 10-4-1913).

Durante esos años de estancia en Barcelona, la polifacética cantaora también visita otras ciudades, como Palma de Mallorca, Cartagena, Bilbao o Vigo. Si en el Teatro Balear, Adela y Marcial se reparten los aplausos con La Estrella de Andalucía (La Región, 15-5-1912), en la sala El Brillante de Cartagena su número constituye el plato fuerte del programa:

“El popular salón ‘El Brillante’, resulta insuficiente para dar cabida al público que allí asiste, no solamente para ver los estrenos de las más renombradas películas de la casa Pathé, sino para oír a la notable cantadora de aires regionales Adela López que tiene una buena voz y mejor estilo y al verdaderamente célebre maestro guitarrista Marcial de Lara…” (El Eco de Cartagena, 11-6-1912).

“El trabajo de estos artistas es, a juzgar por amateurs de este género, de lo mejor que hoy existe, pues si, en honor a la verdad, ella posee facultades de voz extraordinarias para cantar con exquisito gusto y verdadero estilo marianas, tarantas, garrotines, guajiras y cartageneras, él, en el difícil trasteo de la guitarra, es, no ya un consumado maestro, sino un artista de méritos indiscutibles…” (Currito Faroles, Eco Artístico, 15-6-1912).

Anuncio de Adela López y Marcial de Lara (Eco Artístico, 5-11-1912)

Anuncio de Adela López y Marcial de Lara (Eco Artístico, 5-11-1912)

Por tierras de Levante

En octubre de 1913, Adela López emprende una gira de varios meses por la costa levantina. En el Palacio de Cristal de la capital del Turia la acompaña el guitarrista Lucas el Valenciano y comparte éxitos con la bailarina Estrella Gaditana. Las críticas no pueden ser más elogiosas:

Adela se nos ha revelado como una cantadora de mérito indiscutible y el público premia su labor con grandes aplausos, haciéndole bisar muchas canciones” (El Pueblo, 11-10-1913).

“La actuación de la célebre y famosa cantadora de aires regionales Adela López constituye un verdadero éxito, pues el público no se cansa de oír a esta cantante, que tiene gran estilo, siente hondamente las coplas y les da todo el fuego necesario; es acompañada a la guitarra por el conocido tocador Lucas el Valenciano, formando un número que gusta mucho” (Eco Artístico, 15-10-1913).

NOTAS:

(1) Más bien me inclino a pensar que Adela no era jerezana, pues cuando se la menciona en el diario El Guadalete no se hace alusión a su procedencia, como sí sucede en el caso de otros artistas de la tierra.

(2) En los anuncios que publica en prensa aparece como dirección permanente el número 17 de la Calle Conde de Asalto, en pleno Barrio Chino.