Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Entrevista a la maestra de la guitarra María José Domínguez (y II)

La segunda parte de la conversación mantenida con María José Domínguez se centró en su faceta académica y docente como guitarrista de acompañamiento en el Conservatorio Profesional de Danza de Sevilla. Pasen y lean…

 

«Yo quería papeles»

 

P: Desde muy pequeña has sido una trabajadora incansable y además has sacado tiempo para forjarte una sólida formación académica. ¿Qué motivación te llevó a matricularte en el conservatorio para hacer la carrera de guitarra clásica?

R: Yo no sé por qué, porque mis padres no tenían cultura, no sabían ni leer ni escribir, pero yo quería papeles. No sabía lo que eran, pero quería papeles. Y, claro, la guitarra flamenca no tenía. Entonces estudié guitarra clásica. ¡Ay, qué años! Hice mi carrera de guitarra clásica y, cuando salió el título de flamenco, me llamaron de la consejería para decirme que iba a empezar el superior, y yo me fui de alumna. Pensé: Ahora os vais a fastidiar y me vais a tener que enseñar, porque como son clases colectivas…

 

P: ¿Te gustó la experiencia de cursar la carrera de guitarra clásica?

R: Sí, me gustó la experiencia y te voy a decir por qué. Aprendí mucho, porque en mi época había un choque entre la guitarra flamenca y la clásica, para el clásico la guitarra flamenca era una porquería. Yo atacaba a los clásicos y eso me enseñó a respetarlos. Respeto mucho la guitarra clásica porque es muy difícil, necesita muchas cosas que no necesita el flamenco, como la limpieza. Las uñas tienen que estar derechas, cortadas a una medida… Además, el flamenco además chirría la guitarra y el clásico no. Yo ya no aguanto ese chirrido de la guitarra flamenca, me gusta el sonido más puro, más redondo.

Doña América Martínez me decía: Si dejaras la guitarra flamenca…, porque yo prometía con la guitarra clásica. De hecho, yo no quería examinarme, y cuando salió el tribunal, había suspendido a todos los clásicos y yo había aprobado. No me lo podía creer. Luego me examiné en Córdoba de guitarra flamenca para entrar en el conservatorio. Fue una prueba de aptitud que duró un solo día.

 

Anuncio de la actuación de María José Domínguez en la II Quincena de Flamenco y Música Andaluza de Sevilla (ABC de Sevilla, 2-12-1980).

Anuncio de la actuación de María José Domínguez en la II Quincena de Flamenco y Música Andaluza de Sevilla (ABC de Sevilla, 2-12-1980).

 

«El clásico me ha aportado muchísimo, sobre todo en la técnica y la colocación»

 

P: ¿Cómo fue ese examen?

R: Yo había trabajado con Manuel Cano, que me dijo: Niña, ¿tú por qué no te vas a mi conservatorio, te examino yo y te doy el título? Y dije: Lo que usted diga, maestro, porque yo he sido muy respetuosa con todo el que se ha subido a un escenario y con todo el que sea mayor que yo… Fui en septiembre y estaba Rafael Vallejo, que me dijo: Tú te matriculas de preparatorio, y en enero renuncias a la matrícula y te presentas libre de todo el curso. Fui tres o cuatro veces a Córdoba pero el hombre no me quería escuchar. Me decía: ¿Yo para qué te voy a escuchar, si eres guitarrista de Matilde Coral? Con eso me lo dices todo. Mira, el sello. Me pidieron de todo, todos los palos. Saqué tres sobresalientes y tres notables. Ya tenía la carrera y con ese título entré en el conservatorio como profesora.

 

P: ¿Qué te aportan tus conocimientos del clásico a la hora de tocar flamenco?

R: Muchísimo, me enriquecen bastante. Ahora los guitarristas flamencos son más finos, pero antes eran muy fulleros. Tú los veías tocando y, cuando les ponían la megafonía, sonaba aquello a perros. En el clásico, como controlas el sonido, tapas lo que no debe sonar, y los flamencos no. Dejan que suene y a veces choca una cuerda con la otra.

El clásico me ha aportado muchísimo, sobre todo en la técnica y la colocación. Yo salgo al escenario con mi pie porque tuve que pensar qué postura adoptar. Para mí solamente hay un instrumento, que es la guitarra, y la colocación tiene que ser la misma. Las formas, no.

 

P: ¿Esos conocimientos pueden influir de manera negativa en algún sentido?

R: Yo estudié la guitarra clásica para demostrar que el guitarrista flamenco puede hacer clásico, lo que no puede hacer el clásico es tocar flamenco. Yo pienso que, antes de estudiar clásico, tienes que ser guitarrista flamenco, no después sino antes, para desarrollar el oído, porque en el momento en que te pongan partituras, tu expresividad ya ha cambiado y tienes tanta perfección en la técnica, que ya los rasgueados los haces como más suaves y cuando tocas con el pulgar, por ejemplo, que es mucho de pulgar el flamenco y eso… Por eso te digo, porque hablo con conocimiento de causa, si se quieren hacer las dos especialidades, primero debe ir la guitarra flamenca.

 

«Mi gran contribución es la guitarra como acompañamiento al baile»

 

P: ¿Creas tus propias composiciones?

R: Claro que las he hecho, y las he pasado a música también. En el conservatorio hay partituras mías, lo que pasa es que no tengo tiempo para tanto.

 

P: ¿Las has grabado alguna vez?

R: Me ha grabado mucha gente. Con María del Monte tengo discos grabados porque vino a recogerme a la puerta y me dijo: Tienes que salir conmigo en disco. También he grabado para la BBC de Londres, para la RAI italiana… He grabado mucho y me han grabado. Pero no tengo ningún disco mío en solitario. Es que la fama me ha importado muy poco.

 

P: ¿Ni siquiera por la satisfacción de ver tus cosas grabadas, para que no se pierdan?

R: Es que tengo a mis alumnos. Por ejemplo, tengo una caña, esto es muy importante, que mi comadre me la escribió y me la regaló, porque yo fui también la primera guitarrista que llevé una flauta travesera en los tarantos, en Mairena del Alcor. A partir de ahí siempre he llevado instrumentos, guitarras, piano, violines, saxofón… Pero te hablo de hace cincuenta años.

 

P: ¿Cuál piensas tú que es tu legado artístico, tu contribución al mundo de la guitarra?

R: Pienso que mi gran contribución es la guitarra como acompañamiento al baile y también el haber contribuido a que la guitarra flamenca se meta en el conservatorio. En el Cristóbal de Morales entró por mí. Y el cante flamenco superior se tenía que haber quedado en Sevilla, pero es que estaba ya tan harta de luchar… No es justo que Sevilla no tenga estudios superiores de flamenco, ni de guitarra, ni de cante ni de baile.

 

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla.

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla, 8 de marzo de 2023.

 

P: ¿Qué particularidad tiene la guitarra de acompañamiento al baile?

R: Antiguamente te decía la gente: Yo quiero ser profesor, acompañante no, como si los acompañantes no valiésemos nada. Guitarristas tenemos que ser los dos y sacar el título, pero para mí el baile es una especialidad. El acompañamiento al baile es un lenguaje. Yo no me pierdo nunca con los pies, porque los leo, me lo dicen todo. Tú ves a una bailaora bailando por alegrías y no tiene nada que ver con otra que también baile por alegrías. Entró un guitarrista nuevo en el conservatorio y en seguida me di cuenta de que no sabía tocar para bailar, porque dijo: Yo sé tocar las alegrías de fulanita y monté también la soleá de zutanito. Yo toco para bailar a primera vista y sé tocar por alegrías para bailar, me las baile quien me las baile. El acompañamiento es muy difícil. Tradicionalmente, el guitarrista acompañante se ha formado en las academias de baile y la profesora de baile era la que le indicaba. Matilde Coral me tarareaba las falsetas, las sacaba incluso…

Por eso, aunque fuese lo último que hiciera en mi vida, quisiera que me atendieran en la consejería y proponer estos estudios, porque se va a terminar la guitarra acompañante como no se haga la especialidad, que sería para darla en un conservatorio de danza.

 

«Tienes que tener tu personalidad»

 

P: Has mencionado el aprendizaje de los guitarristas en las academias de baile. ¿Existe mucha diferencia con el que se da ahora en los conservatorios?

R: Ahora se usan partituras y tocan todos iguales, tú cierras los ojos y no sabes quién está tocando. Dicen que, cuando Paco llegó a Nueva York, le dijo Sabicas: Niño, tocas muy bien, pero el buen guitarrista es el que saca sus propios toques para tocarlos. Eso es lo que yo he pensado siempre. Llevo dando clases desde que tenía quince años y a mis alumnos les digo: Mira, si vas a tocar como Paco de Lucía, para eso me pongo a Paco de Lucía. Tienes que tener tu personalidad. Tú cierras los ojos y dices: Ésa es María José… María José o algún alumno mío, porque yo he escuchado a alumnas mías tocando por granaínas y me parece que soy yo. Y no soy yo, ¿me entiendes? Tienes que tener tu personalidad.

 

P: ¿Te has sentido siempre respetada por tus alumnos?

R: Sí, con mucho cariño. Yo los he tratado siempre muy bien. He sido profesora de música y los niños entraban de dos en dos, las chiquillas por el suelo, queriendo llegar la primera. Estuve un año en el conservatorio de Nervión dando clásico y estaban todos locos conmigo.

Me identifico como una buena profesora porque me encanta la música y me gusta que te guste, y enseñarte. La música me impresionó cuando vi que, de un papel que no suena, se pone todo el mundo a cantar. Es el lenguaje más universal que hay. Mira, me emociono, es una cosa que siento y la trato de transmitir a los alumnos. El que no se entera conmigo, no se entera con nadie. Comprendo que muchas veces hasta el mejor alumno se corta con el profesor y se bloquea. Empecé a dar clases colectivas, con alumnos de todos los niveles, porque tocamos todos juntos y tienes que tocar a compás, que es lo más importante. Y yo le decía a uno: Ponle tú la falseta a estos dos, cuando yo veía que conmigo se bloqueaban, porque muchas veces estás en clase, cuando eres alumna, y no te enteras de lo que está explicando el profesor y, sin embargo, te lo explica una compañera y sí lo pillas. Pues todo eso a mí no me lo ha enseñado nadie. Además, la guitarra flamenca siempre ha sido individual y creo que también fui la primera que la sacó al escenario en grupo, en el Lope de Vega y en el Festival de Mairena.

 

P: ¿Solías tener muchas alumnas en tus clases?

R: Sí, he tenido muchísimas mujeres, muchísimas alumnas.

 

P: ¿Esas alumnas tenían la idea de llegar a ser guitarristas de profesión?

R: Algunas sí. Cuando reflexiono sobre por qué ha habido tan pocas mujeres guitarristas, llego a la conclusión de que mujeres habrá habido muchas, pero en el momento en que se han echado novio y se han casado, se acabó la carrera. Tú no te ibas a ir a Francia o a Italia e ibas a dejar a los niños… Hoy día si, pero antes no. Claro, yo lo he tenido todo. Mis padres me apoyaban y, además, es que sacaba dinero para llevar a toda la familia adelante. Luego, al estar soltera, no he tenido problemas de ese tipo tampoco.

 

«Creo que he tenido mucha suerte, por haber conocido a la familia Coral»

 

P: En un mundo tan hostil para las mujeres como es el de la guitarra flamenca, ¿cuál crees que ha sido la clave de tu éxito?

R: Yo no he tenido ese problema que tienen las niñas hoy día. Nunca he ido a pedir trabajo y he tenido muchísimo trabajo siempre. Dicen que ahora está de auge el flamenco, pero eso lo llevo escuchando desde hace cincuenta años, desde que empecé. Siempre lo ha estado. Creo que he tenido mucha suerte, por haber conocido a la familia Coral, que es la que me ha abierto camino.

 

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla, 8 de marzo de 2024.

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla, 8 de marzo de 2024.

 

P: Bueno, no te quites mérito. Tienes muy buenas cualidades.

R: Yo entré en el conservatorio con diecisiete años y ya era guitarrista profesional. También soy muy buscavidas. Yo es que, para tocar y para todo, tengo otra cosa, otro espíritu, y además lo vendo bien, me adapto a las circunstancias. Por ejemplo, si vas a El Rocío a tocar, como he ido muchas veces, en fiestas privadas con familias de dinero, tienes que llevar otro pensamiento. No puedes ir con la idea de que vas a hacer tu pasecito y ya está, que es como va mucha gente. Si estás en una peña flamenca, a lo mejor vas a hacer dos pases de media hora cada uno, pero si está la cosa calentita, si se te sube un socio o si se tercia echar un rato después, yo me adapto a eso. Esta gente de hoy no. Echan su pase y ya está, y yo creo que eso también influye.

Hoy en día vas a trabajar y te dice la gente: ¿Cuánto voy a ganar? Espere usted que la vea trabajando, porque a lo mejor usted no sabe, ¿no? Yo es que soy de la vieja escuela. Tú me tienes que demostrar también que vas a ganar lo que mereces. Eso no lo hay hoy día. Hoy solo se quiere saber cuántas horas se va a trabajar y lo que se va a ganar.

 

P: Tienes cualidades, actitud, conocimiento, ganas de hacer cosas…

R: Efectivamente, y ganas de que la guitarra hable. ¡Ay, si yo tuviera treinta años menos, con los conocimientos míos…! Que te toco en un escenario y me estoy inventando todo lo que estoy tocando. Después no sé lo que he hecho, qué maravilla…

 

P: ¿Te pones a improvisar cuando sales al escenario?

R: Digo. Eso no lo he hecho yo en mi vida de guitarrista y ahora sí, improviso muchísimo. La pena mía es que no he tenido más tiempo para estudiar. Cuando salí trabajando tenía muchísimo trabajo, si he tenido que dejar de trabajar para poder hacer las carreras… Lo que pasa es que yo quería papeles. Pero yo soy un guitarrista muy puro de flamenco. Las granaínas que toco son mías, casi todo es mío. Las falsetas me las he inventado yo. Ya te digo, últimamente improviso, pero nunca he tocado por nadie.

 

P: Tienes un sonido propio.

R: Sí. Estoy en contra de muchas cosas. Está muy bien la evolución que ha tenido la guitarra, pero se están haciendo barbaridades con el flamenco. En mis tiempos cada palo de cante tenía su toque característico y eso se debía respetar. Por ejemplo, la seguiriya es por medio y la serrana es por arriba. Hoy en día, con esta armonía que está sacando la gente, se ha olvidado la pureza del cante flamenco. Lo tocan por cualquier lado.

De hecho, cuesta mucho trabajo tocar por soleá, que se toca por arriba casi siempre, si la tocas por medio tienes que pensar muy bien el tiempo de la soleá, porque se te va a soleá por bulería. Entonces, en mis tiempos cada palo tenía su toque característico y eso se debería respetar, por lo menos en las peñas flamencas, que es donde está la pureza del flamenco considero yo.

 

«¿Tú sabes lo que es aprender sola a tocar para bailar?»

 

P: Dices que has tenido mucha suerte, pero has sido una trabajadora incansable.

R: He trabajado mucho. A mí me han dado una oportunidad antes de saber y entonces me he liado a estudiar mucho. Empecé a tocar para bailar y me quedé sin guitarrista… Pues ya me dirás, con siete sentidos, no pasé yo nada, madre mía. ¿Tú sabes lo que es aprender sola a tocar para bailar y salir tú sola con esos pedazos de artistas? Por eso a mis alumnos siempre los he llevado conmigo y los he sacado al escenario conmigo, porque he pasado tanto para tocar a primera vista y sin que nadie me ayudara, que no les he querido mostrar el miedo y ellos han salido ya como Mateo por su casa, a disfrutar, lo que yo no he podido hacer.

 

P: Tuviste que aprender un poco a salto de mata…

R: A la carrera. Es que he ido siempre detrás. Me aprobaron el graduado del colegio y necesitaba la prueba de aptitud. Me apunté en una academia, todo deprisa y corriendo. Ahora a examinarte de esto, ahora me sale el trabajo y tengo que tener un título, me tuve que ir a Córdoba… Pero creo que lo más importante es que me ha gustado mucho y no me ha dado miedo nunca lo que haya tenido que estudiar o trabajar. Si yo estudiaba diez y catorce horas diarias. Yo me llevaba la guitarra al colegio y me ponía en el servicio a tocar. Estaba desde por la mañana temprano con la guitarra, tocando en todos lados. He ido a la discoteca tres o cuatro veces en mi vida, cuando tenía dieciocho años, pero me llevaba mis apuntes de música, porque me gustaba mucho, y tenía que estudiar de seis y media a siete media horita de solfeo. Me ponía allí en la escalera a solfear y todo el mundo decía que estaba loca. A mí eso me daba igual, he estudiado en todos lados. No desperdiciaba ni un momento, porque no tenía tiempo.

 

 

«Por mis derechos no he luchado nunca, pero por los de la gente sí»

 

P: También has sido muy reivindicativa.

R: Sí, porque, yo soy muy guerrillera e, igual que he luchado por la guitarra flamenca para que entrase en los conservatorios, quería haber luchado por los artistas. Es que yo era muy joven. Los gitanos me respetaban, decían: Escucha, la paya esta, lo que sabe.

Me dijeron una vez en la radio, que me hizo mucha gracia, hablando de los derechos de la gente en el trabajo, que se me podía comparar con doña Agustina de Aragón, y dije: Mire usted, yo no sé quién sería esa señora, pero si es así, le alabo el gusto. ¿Tú sabes lo que yo me he peleado? Por mis derechos no he luchado nunca, pero por los de la gente sí.

 

P: Eres una buena líder.

R: Sí, lo que pasa es que en aquellos años no me hicieron caso los artistas, porque yo, cuando me dedicaba más al artisteo, hay un tablao que lo hubiese cerrado. En los contratos que firmabas, el dueño te estaba metiendo el finiquito en el sueldo y las pagas proporcionales también, prorrateadas, y hasta los viajes, y te podía pedir un traje cada vez que le diera la gana. Tendría yo entonces unos dieciocho años y les propuse a todos, los gitanos y los payos, hacer una manifestación de estas, pero no me apoyó nadie. Entonces dije, ahí os quedáis, me voy a Córdoba a examinarme y me dedico a la docencia.

No hice nada en ese campo y lo he hecho en este. Fíjate adónde ha llegado la guitarra flamenca, en todos los conservatorios, y en eso he tenido yo muchísimo que ver.


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