Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Entrevista a la maestra de la guitarra María José Domínguez (y II)

La segunda parte de la conversación mantenida con María José Domínguez se centró en su faceta académica y docente como guitarrista de acompañamiento en el Conservatorio Profesional de Danza de Sevilla. Pasen y lean…

 

«Yo quería papeles»

 

P: Desde muy pequeña has sido una trabajadora incansable y además has sacado tiempo para forjarte una sólida formación académica. ¿Qué motivación te llevó a matricularte en el conservatorio para hacer la carrera de guitarra clásica?

R: Yo no sé por qué, porque mis padres no tenían cultura, no sabían ni leer ni escribir, pero yo quería papeles. No sabía lo que eran, pero quería papeles. Y, claro, la guitarra flamenca no tenía. Entonces estudié guitarra clásica. ¡Ay, qué años! Hice mi carrera de guitarra clásica y, cuando salió el título de flamenco, me llamaron de la consejería para decirme que iba a empezar el superior, y yo me fui de alumna. Pensé: Ahora os vais a fastidiar y me vais a tener que enseñar, porque como son clases colectivas…

 

P: ¿Te gustó la experiencia de cursar la carrera de guitarra clásica?

R: Sí, me gustó la experiencia y te voy a decir por qué. Aprendí mucho, porque en mi época había un choque entre la guitarra flamenca y la clásica, para el clásico la guitarra flamenca era una porquería. Yo atacaba a los clásicos y eso me enseñó a respetarlos. Respeto mucho la guitarra clásica porque es muy difícil, necesita muchas cosas que no necesita el flamenco, como la limpieza. Las uñas tienen que estar derechas, cortadas a una medida… Además, el flamenco además chirría la guitarra y el clásico no. Yo ya no aguanto ese chirrido de la guitarra flamenca, me gusta el sonido más puro, más redondo.

Doña América Martínez me decía: Si dejaras la guitarra flamenca…, porque yo prometía con la guitarra clásica. De hecho, yo no quería examinarme, y cuando salió el tribunal, había suspendido a todos los clásicos y yo había aprobado. No me lo podía creer. Luego me examiné en Córdoba de guitarra flamenca para entrar en el conservatorio. Fue una prueba de aptitud que duró un solo día.

 

Anuncio de la actuación de María José Domínguez en la II Quincena de Flamenco y Música Andaluza de Sevilla (ABC de Sevilla, 2-12-1980).

Anuncio de la actuación de María José Domínguez en la II Quincena de Flamenco y Música Andaluza de Sevilla (ABC de Sevilla, 2-12-1980).

 

«El clásico me ha aportado muchísimo, sobre todo en la técnica y la colocación»

 

P: ¿Cómo fue ese examen?

R: Yo había trabajado con Manuel Cano, que me dijo: Niña, ¿tú por qué no te vas a mi conservatorio, te examino yo y te doy el título? Y dije: Lo que usted diga, maestro, porque yo he sido muy respetuosa con todo el que se ha subido a un escenario y con todo el que sea mayor que yo… Fui en septiembre y estaba Rafael Vallejo, que me dijo: Tú te matriculas de preparatorio, y en enero renuncias a la matrícula y te presentas libre de todo el curso. Fui tres o cuatro veces a Córdoba pero el hombre no me quería escuchar. Me decía: ¿Yo para qué te voy a escuchar, si eres guitarrista de Matilde Coral? Con eso me lo dices todo. Mira, el sello. Me pidieron de todo, todos los palos. Saqué tres sobresalientes y tres notables. Ya tenía la carrera y con ese título entré en el conservatorio como profesora.

 

P: ¿Qué te aportan tus conocimientos del clásico a la hora de tocar flamenco?

R: Muchísimo, me enriquecen bastante. Ahora los guitarristas flamencos son más finos, pero antes eran muy fulleros. Tú los veías tocando y, cuando les ponían la megafonía, sonaba aquello a perros. En el clásico, como controlas el sonido, tapas lo que no debe sonar, y los flamencos no. Dejan que suene y a veces choca una cuerda con la otra.

El clásico me ha aportado muchísimo, sobre todo en la técnica y la colocación. Yo salgo al escenario con mi pie porque tuve que pensar qué postura adoptar. Para mí solamente hay un instrumento, que es la guitarra, y la colocación tiene que ser la misma. Las formas, no.

 

P: ¿Esos conocimientos pueden influir de manera negativa en algún sentido?

R: Yo estudié la guitarra clásica para demostrar que el guitarrista flamenco puede hacer clásico, lo que no puede hacer el clásico es tocar flamenco. Yo pienso que, antes de estudiar clásico, tienes que ser guitarrista flamenco, no después sino antes, para desarrollar el oído, porque en el momento en que te pongan partituras, tu expresividad ya ha cambiado y tienes tanta perfección en la técnica, que ya los rasgueados los haces como más suaves y cuando tocas con el pulgar, por ejemplo, que es mucho de pulgar el flamenco y eso… Por eso te digo, porque hablo con conocimiento de causa, si se quieren hacer las dos especialidades, primero debe ir la guitarra flamenca.

 

«Mi gran contribución es la guitarra como acompañamiento al baile»

 

P: ¿Creas tus propias composiciones?

R: Claro que las he hecho, y las he pasado a música también. En el conservatorio hay partituras mías, lo que pasa es que no tengo tiempo para tanto.

 

P: ¿Las has grabado alguna vez?

R: Me ha grabado mucha gente. Con María del Monte tengo discos grabados porque vino a recogerme a la puerta y me dijo: Tienes que salir conmigo en disco. También he grabado para la BBC de Londres, para la RAI italiana… He grabado mucho y me han grabado. Pero no tengo ningún disco mío en solitario. Es que la fama me ha importado muy poco.

 

P: ¿Ni siquiera por la satisfacción de ver tus cosas grabadas, para que no se pierdan?

R: Es que tengo a mis alumnos. Por ejemplo, tengo una caña, esto es muy importante, que mi comadre me la escribió y me la regaló, porque yo fui también la primera guitarrista que llevé una flauta travesera en los tarantos, en Mairena del Alcor. A partir de ahí siempre he llevado instrumentos, guitarras, piano, violines, saxofón… Pero te hablo de hace cincuenta años.

 

P: ¿Cuál piensas tú que es tu legado artístico, tu contribución al mundo de la guitarra?

R: Pienso que mi gran contribución es la guitarra como acompañamiento al baile y también el haber contribuido a que la guitarra flamenca se meta en el conservatorio. En el Cristóbal de Morales entró por mí. Y el cante flamenco superior se tenía que haber quedado en Sevilla, pero es que estaba ya tan harta de luchar… No es justo que Sevilla no tenga estudios superiores de flamenco, ni de guitarra, ni de cante ni de baile.

 

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla.

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla, 8 de marzo de 2023.

 

P: ¿Qué particularidad tiene la guitarra de acompañamiento al baile?

R: Antiguamente te decía la gente: Yo quiero ser profesor, acompañante no, como si los acompañantes no valiésemos nada. Guitarristas tenemos que ser los dos y sacar el título, pero para mí el baile es una especialidad. El acompañamiento al baile es un lenguaje. Yo no me pierdo nunca con los pies, porque los leo, me lo dicen todo. Tú ves a una bailaora bailando por alegrías y no tiene nada que ver con otra que también baile por alegrías. Entró un guitarrista nuevo en el conservatorio y en seguida me di cuenta de que no sabía tocar para bailar, porque dijo: Yo sé tocar las alegrías de fulanita y monté también la soleá de zutanito. Yo toco para bailar a primera vista y sé tocar por alegrías para bailar, me las baile quien me las baile. El acompañamiento es muy difícil. Tradicionalmente, el guitarrista acompañante se ha formado en las academias de baile y la profesora de baile era la que le indicaba. Matilde Coral me tarareaba las falsetas, las sacaba incluso…

Por eso, aunque fuese lo último que hiciera en mi vida, quisiera que me atendieran en la consejería y proponer estos estudios, porque se va a terminar la guitarra acompañante como no se haga la especialidad, que sería para darla en un conservatorio de danza.

 

«Tienes que tener tu personalidad»

 

P: Has mencionado el aprendizaje de los guitarristas en las academias de baile. ¿Existe mucha diferencia con el que se da ahora en los conservatorios?

R: Ahora se usan partituras y tocan todos iguales, tú cierras los ojos y no sabes quién está tocando. Dicen que, cuando Paco llegó a Nueva York, le dijo Sabicas: Niño, tocas muy bien, pero el buen guitarrista es el que saca sus propios toques para tocarlos. Eso es lo que yo he pensado siempre. Llevo dando clases desde que tenía quince años y a mis alumnos les digo: Mira, si vas a tocar como Paco de Lucía, para eso me pongo a Paco de Lucía. Tienes que tener tu personalidad. Tú cierras los ojos y dices: Ésa es María José… María José o algún alumno mío, porque yo he escuchado a alumnas mías tocando por granaínas y me parece que soy yo. Y no soy yo, ¿me entiendes? Tienes que tener tu personalidad.

 

P: ¿Te has sentido siempre respetada por tus alumnos?

R: Sí, con mucho cariño. Yo los he tratado siempre muy bien. He sido profesora de música y los niños entraban de dos en dos, las chiquillas por el suelo, queriendo llegar la primera. Estuve un año en el conservatorio de Nervión dando clásico y estaban todos locos conmigo.

Me identifico como una buena profesora porque me encanta la música y me gusta que te guste, y enseñarte. La música me impresionó cuando vi que, de un papel que no suena, se pone todo el mundo a cantar. Es el lenguaje más universal que hay. Mira, me emociono, es una cosa que siento y la trato de transmitir a los alumnos. El que no se entera conmigo, no se entera con nadie. Comprendo que muchas veces hasta el mejor alumno se corta con el profesor y se bloquea. Empecé a dar clases colectivas, con alumnos de todos los niveles, porque tocamos todos juntos y tienes que tocar a compás, que es lo más importante. Y yo le decía a uno: Ponle tú la falseta a estos dos, cuando yo veía que conmigo se bloqueaban, porque muchas veces estás en clase, cuando eres alumna, y no te enteras de lo que está explicando el profesor y, sin embargo, te lo explica una compañera y sí lo pillas. Pues todo eso a mí no me lo ha enseñado nadie. Además, la guitarra flamenca siempre ha sido individual y creo que también fui la primera que la sacó al escenario en grupo, en el Lope de Vega y en el Festival de Mairena.

 

P: ¿Solías tener muchas alumnas en tus clases?

R: Sí, he tenido muchísimas mujeres, muchísimas alumnas.

 

P: ¿Esas alumnas tenían la idea de llegar a ser guitarristas de profesión?

R: Algunas sí. Cuando reflexiono sobre por qué ha habido tan pocas mujeres guitarristas, llego a la conclusión de que mujeres habrá habido muchas, pero en el momento en que se han echado novio y se han casado, se acabó la carrera. Tú no te ibas a ir a Francia o a Italia e ibas a dejar a los niños… Hoy día si, pero antes no. Claro, yo lo he tenido todo. Mis padres me apoyaban y, además, es que sacaba dinero para llevar a toda la familia adelante. Luego, al estar soltera, no he tenido problemas de ese tipo tampoco.

 

«Creo que he tenido mucha suerte, por haber conocido a la familia Coral»

 

P: En un mundo tan hostil para las mujeres como es el de la guitarra flamenca, ¿cuál crees que ha sido la clave de tu éxito?

R: Yo no he tenido ese problema que tienen las niñas hoy día. Nunca he ido a pedir trabajo y he tenido muchísimo trabajo siempre. Dicen que ahora está de auge el flamenco, pero eso lo llevo escuchando desde hace cincuenta años, desde que empecé. Siempre lo ha estado. Creo que he tenido mucha suerte, por haber conocido a la familia Coral, que es la que me ha abierto camino.

 

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla, 8 de marzo de 2024.

María José Domínguez en la Peña Torres Macarena de Sevilla, 8 de marzo de 2024.

 

P: Bueno, no te quites mérito. Tienes muy buenas cualidades.

R: Yo entré en el conservatorio con diecisiete años y ya era guitarrista profesional. También soy muy buscavidas. Yo es que, para tocar y para todo, tengo otra cosa, otro espíritu, y además lo vendo bien, me adapto a las circunstancias. Por ejemplo, si vas a El Rocío a tocar, como he ido muchas veces, en fiestas privadas con familias de dinero, tienes que llevar otro pensamiento. No puedes ir con la idea de que vas a hacer tu pasecito y ya está, que es como va mucha gente. Si estás en una peña flamenca, a lo mejor vas a hacer dos pases de media hora cada uno, pero si está la cosa calentita, si se te sube un socio o si se tercia echar un rato después, yo me adapto a eso. Esta gente de hoy no. Echan su pase y ya está, y yo creo que eso también influye.

Hoy en día vas a trabajar y te dice la gente: ¿Cuánto voy a ganar? Espere usted que la vea trabajando, porque a lo mejor usted no sabe, ¿no? Yo es que soy de la vieja escuela. Tú me tienes que demostrar también que vas a ganar lo que mereces. Eso no lo hay hoy día. Hoy solo se quiere saber cuántas horas se va a trabajar y lo que se va a ganar.

 

P: Tienes cualidades, actitud, conocimiento, ganas de hacer cosas…

R: Efectivamente, y ganas de que la guitarra hable. ¡Ay, si yo tuviera treinta años menos, con los conocimientos míos…! Que te toco en un escenario y me estoy inventando todo lo que estoy tocando. Después no sé lo que he hecho, qué maravilla…

 

P: ¿Te pones a improvisar cuando sales al escenario?

R: Digo. Eso no lo he hecho yo en mi vida de guitarrista y ahora sí, improviso muchísimo. La pena mía es que no he tenido más tiempo para estudiar. Cuando salí trabajando tenía muchísimo trabajo, si he tenido que dejar de trabajar para poder hacer las carreras… Lo que pasa es que yo quería papeles. Pero yo soy un guitarrista muy puro de flamenco. Las granaínas que toco son mías, casi todo es mío. Las falsetas me las he inventado yo. Ya te digo, últimamente improviso, pero nunca he tocado por nadie.

 

P: Tienes un sonido propio.

R: Sí. Estoy en contra de muchas cosas. Está muy bien la evolución que ha tenido la guitarra, pero se están haciendo barbaridades con el flamenco. En mis tiempos cada palo de cante tenía su toque característico y eso se debía respetar. Por ejemplo, la seguiriya es por medio y la serrana es por arriba. Hoy en día, con esta armonía que está sacando la gente, se ha olvidado la pureza del cante flamenco. Lo tocan por cualquier lado.

De hecho, cuesta mucho trabajo tocar por soleá, que se toca por arriba casi siempre, si la tocas por medio tienes que pensar muy bien el tiempo de la soleá, porque se te va a soleá por bulería. Entonces, en mis tiempos cada palo tenía su toque característico y eso se debería respetar, por lo menos en las peñas flamencas, que es donde está la pureza del flamenco considero yo.

 

«¿Tú sabes lo que es aprender sola a tocar para bailar?»

 

P: Dices que has tenido mucha suerte, pero has sido una trabajadora incansable.

R: He trabajado mucho. A mí me han dado una oportunidad antes de saber y entonces me he liado a estudiar mucho. Empecé a tocar para bailar y me quedé sin guitarrista… Pues ya me dirás, con siete sentidos, no pasé yo nada, madre mía. ¿Tú sabes lo que es aprender sola a tocar para bailar y salir tú sola con esos pedazos de artistas? Por eso a mis alumnos siempre los he llevado conmigo y los he sacado al escenario conmigo, porque he pasado tanto para tocar a primera vista y sin que nadie me ayudara, que no les he querido mostrar el miedo y ellos han salido ya como Mateo por su casa, a disfrutar, lo que yo no he podido hacer.

 

P: Tuviste que aprender un poco a salto de mata…

R: A la carrera. Es que he ido siempre detrás. Me aprobaron el graduado del colegio y necesitaba la prueba de aptitud. Me apunté en una academia, todo deprisa y corriendo. Ahora a examinarte de esto, ahora me sale el trabajo y tengo que tener un título, me tuve que ir a Córdoba… Pero creo que lo más importante es que me ha gustado mucho y no me ha dado miedo nunca lo que haya tenido que estudiar o trabajar. Si yo estudiaba diez y catorce horas diarias. Yo me llevaba la guitarra al colegio y me ponía en el servicio a tocar. Estaba desde por la mañana temprano con la guitarra, tocando en todos lados. He ido a la discoteca tres o cuatro veces en mi vida, cuando tenía dieciocho años, pero me llevaba mis apuntes de música, porque me gustaba mucho, y tenía que estudiar de seis y media a siete media horita de solfeo. Me ponía allí en la escalera a solfear y todo el mundo decía que estaba loca. A mí eso me daba igual, he estudiado en todos lados. No desperdiciaba ni un momento, porque no tenía tiempo.

 

 

«Por mis derechos no he luchado nunca, pero por los de la gente sí»

 

P: También has sido muy reivindicativa.

R: Sí, porque, yo soy muy guerrillera e, igual que he luchado por la guitarra flamenca para que entrase en los conservatorios, quería haber luchado por los artistas. Es que yo era muy joven. Los gitanos me respetaban, decían: Escucha, la paya esta, lo que sabe.

Me dijeron una vez en la radio, que me hizo mucha gracia, hablando de los derechos de la gente en el trabajo, que se me podía comparar con doña Agustina de Aragón, y dije: Mire usted, yo no sé quién sería esa señora, pero si es así, le alabo el gusto. ¿Tú sabes lo que yo me he peleado? Por mis derechos no he luchado nunca, pero por los de la gente sí.

 

P: Eres una buena líder.

R: Sí, lo que pasa es que en aquellos años no me hicieron caso los artistas, porque yo, cuando me dedicaba más al artisteo, hay un tablao que lo hubiese cerrado. En los contratos que firmabas, el dueño te estaba metiendo el finiquito en el sueldo y las pagas proporcionales también, prorrateadas, y hasta los viajes, y te podía pedir un traje cada vez que le diera la gana. Tendría yo entonces unos dieciocho años y les propuse a todos, los gitanos y los payos, hacer una manifestación de estas, pero no me apoyó nadie. Entonces dije, ahí os quedáis, me voy a Córdoba a examinarme y me dedico a la docencia.

No hice nada en ese campo y lo he hecho en este. Fíjate adónde ha llegado la guitarra flamenca, en todos los conservatorios, y en eso he tenido yo muchísimo que ver.


Entrevista a la maestra de la guitarra María José Domínguez (I)

Coincidí por primera vez con María José Domínguez (Sevilla, 1960) en noviembre de 2017 en la peña flamenca de la Universidad Pablo de Olavide, donde dedicamos una sesión del ciclo “Las mujeres como transmisoras del flamenco” a tres jóvenes guitarristas. Ella asistió en calidad de público y nos acompañó en la celebración posterior. Sin querer darse importancia ni restar protagonismo a sus compañeras, no tuvo más remedio que coger la guitarra a petición de quienes allí estábamos, y dudo que nadie haya podido olvidar el rato de toque que nos regaló, porque fue algo sobrenatural.

No me avergüenza reconocer que por aquel entonces jamás había oído hablar de esta gran maestra. En internet no se encontraban muchos datos ni grabaciones, así que aproveché posteriores encuentros para que fuese ella misma quien me ilustrara y, dado que no se prodigaba mucho en los escenarios, me propuse también buscar la ocasión para volver a disfrutar de su toque. A pesar de los problemas de salud que la han aquejado en los últimos años, en 2023 conseguimos que viniera a la Peña Torres Macarena con un excelente cuadro de baile y en marzo de este año tuvimos la satisfacción de poder dedicarle nuestra Semana de las Mujeres.

Siempre generosa y dispuesta a colaborar, también tuvo a bien recibirme en su casa y regalarme su testimonio, que me resultó de gran utilidad para escribir una conferencia sobre mujeres guitarristas que tuve el privilegio de impartir de la Universidad Complutense de Madrid. Han pasado algunos meses desde aquel encuentro, pero nunca es tarde para transcribir sus palabras y ponerlas a disposición de quienes deseen conocer su historia, que tiene mucho que enseñarnos sobre la evolución del mundo de la guitarra y del ambiente flamenco en los últimos cincuenta años. Pasen y lean…

María José Domínguez. Foto: Cortesía de la artista.

María José Domínguez. Foto: Cortesía de la artista.

 

«A mí me ha apoyado mi familia»

 

P: ¿Cómo te iniciaste en el mundo de la guitarra? ¿De dónde te viene la vocación?

R: Yo soy guitarrista porque a mi madre le gustaba mucho el cante. Cuando me apuntó en la academia, trabajaba en la calle limpiando e iba dos días para pagarme a mí la guitarra. Valía carísimo. Mi padre decía que me apuntara a la Sección Femenina, que era como los centros cívicos de hoy día. Si lo hubiese hecho, no habría sido guitarrista.

Empecé con uno de los mejores profesores que había, don Antonio de Osuna, que estaba en Rochelambert, al lado de Juan XXIII. Él sacó a José Luis Postigo, a Manuel Franco, Quique Paredes me parece que también era alumno… Yo fui la última guitarrista que sacó ese hombre.

 

P: Entonces, desde el principio tuviste el apoyo de tu familia

R: Sí, a mí me ha apoyado mi familia. No sabíamos de qué iba la guitarra, pero eso de que fuera artista a mi madre le encantaba, porque yo creo que a ella le hubiese gustado ser artista. Cantaba muy bien y mi padre también, aunque tenía muy poca voz.

El único machismo que sufrí en mi casa es que mi padre tenía una guitarra muy bonita allí colgada, que era para mi hermano, pero mi hermano no hacía ni caso, y yo le decía: Papá, enséñame; papá, enséñame; papá, enséñame… Mi padre tocaba… nada, dos cosas. Yo creo que eso también me entusiasmó, porque como me ponía solo un par de cositas, sin colocación de manos ni nada, y con eso me llevaba tres o cuatro días, cuando fui al profesor y me puso una sevillana el primer día, y al segundo día me puso otra, yo ya alucinaba.

 

P: ¿Cuánto tiempo estuviste con ese primer maestro?

R: Yo entré en enero, me parece, y mi madre habló con él, porque la pobre tampoco tenía dinero: Hasta la Feria de Abril, maestro, cuatro mesecitos le voy a pagar, que es lo que yo puedo. Cuando llegó abril, se despidió de él, le dio las gracias y él le dijo: Es una pena, señora, porque yo no le puedo prometer nada, esto del artisteo no es como una empresa donde la pueda colocar, pero la niña vale. Yo creo que la niña llegaría. Total, que con esa nos fuimos. Y yo estuve todo el verano diciéndole: Mamá, apúntame otra vez, apúntame otra vez. Me volvió a apuntar en octubre, que cumplí los trece años, y a la siguiente feria ya fui trabajando con el maestro Pinto.

 

«¿Tú sabes lo que yo he trabajado?»

 

P: ¿Eras una alumna aplicada?

R: Está feo que lo diga yo, pero no tengo abuela… Siempre me decían que era superdotada… Yo no lo sé. Lo que sí sé es que he soñado con las falsetas. A mí me mandaba mi madre a poner la mesa y yo decía: No, que se me olvida. Como se me olvidara la música no era nadie, pero a las dos o a las tres de la mañana de pronto me venía: ¡Mamá, mamá, que ya me acuerdo! Le iba a dar un infarto a mis padres. Yo veía a mi profesor decirme: Pepita, mi arma, cómo te va a salir, tienes que poner el dedo aquí y aquí. Oye, que lo veía diciéndome el error que tenía, por qué no me salía la melodía que me había puesto ese día. ¿Cómo es posible que tú veas al maestro corrigiéndote una cosa que no te la ha corregido en clase siquiera? Tenía memoria fotográfica también.

 

P: Desde el principio compaginaste las actuaciones con el trabajo como docente

R: Sí. Primero me contrataron las Salesianas de Sevilla. Allí entré con quince años recién cumplidos, para dar clases de guitarra y de baile a las niñas chiquititas, de cuatro y cinco años. Les montaba las sevillanitas y una rumba. Después me salió trabajo en las Carmelitas también, en la Gran Plaza, y en el OSCUS, un centro de formación profesional que está en el Polígono San Pablo. Eran clases extraescolares, pero también se apuntaba gente de la calle. Luego me llamaron del colegio Ribamar, en el centro. Yo me movía en vespino. Luego llevaba la academia de Carmen Montiel, la de Matilde Coral, la de Carmelita Pinto, la del maestro Pinto en Ciudad Jardín, la de Pepa Coral en Castilleja de la Cuesta… Eso fue ya con dieciocho años. También he dado clases en el bar de los Hermanos Reyes, que nos lo cedieron a Pepa y a mí; en La Algaba… ¿Tú sabes lo que yo he trabajado, por Dios?

 

P: ¿Aparte de Antonio de Osuna, has tenido otros maestros?

R: Es que empecé a trabajar muy pronto, con Pulpón, porque no había guitarristas. Recuerdo que aún era menor de edad, por un detalle: Una vez fuimos a Higuera la Real y desde allí teníamos que ir a la peña de Punta Umbría, y entonces Manuel, un representante que estaba empezando con Pulpón, le dijo: Pulpón, escúchame, para ir a la peña de Punta Umbría solo llevamos un coche, la niña cabe, pero la madre no. Y no pude ir, así que no tendría yo ni los dieciséis años, porque con esa edad ya te podían firmar tus padres.

El primer año que actué en la feria, el primero y el último, que trabajé con el maestro Pinto en el Mercantil y el Labradores, en la caseta de la Guardia Civil, en la del Centro Democrático y Social, y después en una particular, no descansaba. En la caseta de la Guardia Civil al segundo día me habían hecho un escalón en lo alto del escenario para que me vieran. Iba con los de La Trocha, los Amigos de Gines, los Romeros de La Puebla, y yo tocaba en el espectáculo de flamenco, con las mejores bailaoras de Pulpón, dos cantaores, los palmeros… y el guitarrista era una niña.

 

María José Domínguez. Foto: Cortesía de la artista.

María José Domínguez. Foto: Cortesía de la artista.

 

P: Entonces, por lo que refieres, tu aprendizaje del oficio tuvo mucho de vivencial y autodidacta.

R: A ti te llamaba Pulpón a su oficina y te daba el papelito: jueves, viernes, sábado y domingo. Yo me hice el palacio de Domecq dos o tres años, y muchísimas fiestas en todas las bodegas de Jerez, de Sanlúcar, de todo lados… Tú ibas con una bailaora de aquí, otra de El Puerto, otra de Huelva, el cantaor de allí, y tocabas a primera vista, sin ensayar ni nada. En una de esas fiestas conocí a Pepa Coral, y digo: ¿Señora, cuándo vamos a ensayar? La mujer se dio cuenta de que no iba a hacer más que lo que sabía. Cuando paró la alegría para hacer el paseíllo y entró la falseta, le hizo señas a los cantaores y uno dijo: Ya está, tú tranquila, que va a terminar ella sola. Y terminó con un solo de pies, la tía era un monstruo… Pero después me sacó delante. Diría: Esta niña, si no sabe tocar para bailar, sabrá tocar sola, porque algo tendrá que saber, por algo la manda Pulpón.

 

P: Según me contabas, a partir de los dieciséis años, ya ibas sola a los sitios…

R: Iba sola y te voy a contar por qué. Había una especie de tablao flamenco, una venta, que estaba a la salida de Torreblanca, y el niño bailaba, el Viti se llamaba, de la escuela del maestro Pinto. Yo tendría unos quince años e iba todas las semanas porque me llamaban como guitarrista acompañante para fiestas, bodas y eso, y mi padre venía siempre conmigo. Él no bebía jamás, pero cogió amistad en la venta, los de la boda le ofrecieron y un día perdió los papeles. Mira, si tú vieras, le formé la de Dios. A la mañana siguiente, lo cogí y le dije: Escucha, yo llevo a un padre para que me respeten a mí, no para traérmelo borracho, con quince años que tengo, así que no vienes más conmigo. O viene mi madre o, ya que voy a cumplir los dieciséis años, me autorizas, o dejo la guitarra. Yo ganaba mucho dinero ya, muchísimo dinero, para ser una niña. Había quitado a mi madre de trabajar, él tampoco trabajaba ya y, claro, no podía permitir que dejara de tocar. Desde los dieciséis años he llevado yo la casa.

 

«He sido sus pies y sus manos»

 

P: Antes has mencionado a Matilde Coral, que sin duda ha jugado un papel importante en tu formación artística. ¿Cómo entraste en contacto con ella?

R: A Matilde la conocí con dieciocho años, cuando Pepa Coral me dijo: ¿Niña, tú no quieres ir a la academia de mi hermana? Yo no sabía ni quién era, yo no conocía nada del artisteo… Y acepté. Total, que ella cuando me vio tocar, me dijo: No te puedo pagar, pero te puedo dejar la academia y tú das clases aquí los sábados, yo te doy mis llaves. Yo he tenido una confianza con Matilde… Me he criado con ellos. Me quedaba en su casa, he sido sus pies y sus manos. Ella no me pagaba pero tampoco me cobraba por la escuela.

 

P: ¿Te dio algún consejo que recuerdes especialmente?

R: Me dio muchísimos: No hablar nada, ver, oír y callar… Ella siempre me protegía. Me decía: Tú, aquí. No te vayas por ahí, que en el extranjero es igual que en Sevilla, las Tres Mil Viviendas están en todos lados. Otra vez, en los Reales Alcázares, estaba yo en la puerta del vestuario y digo: ¿Por qué va esta gente para allá? Ella me contestó: Tú te estás aquí sentada y calladita. Luego ya me enteré de que iban a esnifar cocaína, pero en aquel momento no lo sabía.

 

P: También trabajaste mucho con su hermana Pepa, una figura que tal vez no está lo suficientemente reconocida…

R: Sí, y es una pena. De cintura para arriba es Matilde, el braceo es el mismo, y además se parecen mucho físicamente. Pero sus pies son como los del Mimbre. Cuando trabajamos en el Konzerthaus de Viena ella no había llegado, porque iba en avión, se perdió viniendo del aeropuerto y se le hizo tarde. Dijo Pulpón: Que no se entere nadie de que la figura no ha llegado. Apareció al final. Estábamos en el fin de fiesta. Empecé a tocar por alegrías, empezó el cantaor tirititrán, y salió ella desde el fondo, haciendo tatatatá con los pies, y cuando hizo ¡pla!, todo el público se puso en pie e hizo ¡Uaaaaa! Espectacular, esa mujer era espectacular.

 

«Dos veces se han negado a cantarme»

 

P: Eras prácticamente una niña cuando empezaste a moverte en el mundo profesional del flamenco, en una época en que las mujeres no lo tenían demasiado fácil. ¿Te has sentido alguna vez menospreciada por ser mujer?

R: Es que he tenido mucha suerte. Me han tratado siempre muy bien, con alguna pequeña excepción. Yo siempre cuento la anécdota de Manolo Limón, que le preguntó mi madre: ¿Manolo, cómo ve usted a la niña?, y él le dijo: La chiquilla toca, promete, pero, vamos, yo la metería a coser o algo así. Luego lo llevaba yo a él, porque no había guitarristas para bailar.

Otro caso que te puedo contar me sucedió cuando fui a sacarme el carné de artista del Sindicato del Espectáculo, con dieciséis años. Eso era algo muy importante que pocas personas tienen y era lo que te autorizaba a ir sola a trabajar. El marido de la bailaora a la que me había acoplado para hacer el examen dijo que a su mujer no la acompañaba otra mujer. Pero le falló el guitarrista que llevaba y tuvo que pedirme que le tocara. Entonces es cuando me di cuenta de que ya estaba aprobada, porque el tribunal me paró y me dijo: Señorita, ¿usted es la que se acaba de examinar? Fíjate, como si hubiera muchas mujeres. Entonces estuvieron hablando ellos y me acordé de que en las bases ponía que a la bailaora le tenía que tocar un guitarrista profesional. Cuando me dijeron que podía seguir, ufff, ¡me dio una alegría!… Yo ya había tocado sola antes y eso significaba que estaba aprobada, ya era profesional. Luego ese hombre me pidió que fuese a inaugurar la peña La Bulería que estaba en Juan XXIII, y me pidió mil perdones.

Y con Matilde, ella decía este es el que viene y este es el que viene. Y si decía Matilde este no vale, este no vale. Así de claro, lo que decía Matilde es lo que se hacía. Dos veces se han negado a cantarme, han dicho: A mí no me acompaña una mujer guitarrista, y la respuesta ha sido: Ea, pues ya está, ya nos vemos. ¿Cuándo? Tú no tienes que venir, porque la que va a venir es la guitarrista, que es la que hace falta. Es que, date cuenta de que no había guitarristas para bailar.

 

Pepa Coral. Foto: Cortesía de María José Domínguez.

Pepa Coral. Foto: Cortesía de María José Domínguez.

 

P: Sin embargo, según me confesaste en otra ocasión, Matilde te dijo que prefería que en el escenario la acompañase un guitarrista varón.

R: Sí, y yo cogí media depresión y se lo dije a su hija: Rocío, yo voy a dejar de venir, porque tu madre… Yo le he tocado a ella muchas veces, pero íbamos más guitarristas. Yo le tocaba a Pepa y a Mimbre sola, pero a ella no. Entonces la niña se lo dijo a su madre y ella habló conmigo: Mira, Pepi, tú perdóname, a mí me gustas mucho, tienes la llave de mi academia, de mi casa… Pero tienes que comprender que esto siempre ha sido un lenguaje. Yo miro al guitarrista y si me están cantando una seguiriya, con la pena, la tragedia, o una cosa de amor, y me vuelvo para atrás y veo a una mujer, se me corta un poquito la historia. Ella me dio sus explicaciones: Tú comprende, no es que yo te tenga porque toques bien, es que para mí eres la mejor. De hecho, siempre que tengo un apuro eres tú la que me saca de él.

 

P: Las peñas flamencas tradicionalmente han sido espacios bastante conservadores. De hecho, en una de ellas a Pilar Alonso, guitarrista de una generación posterior a la tuya, llegaron a quitarle la guitarra de las manos para evitar que tocara. ¿Alguna vez te ha sucedido algo así?

R: A mí me falta especializarme más en cante porque no podía ir a las peñas flamencas y a mí los cantaores no me querían cantar, eso también te lo puedo decir. Lo que pasa es que yo era una jartá lista y acompañaba a primera vista, pero no querían… Oye, mira, vamos a repasar la soleá, cómo es esto, espérate, párate, que te coja… No, no, no, directamente. Te hablo de los cantaores y también los guitarristas, porque se ponían de modo que yo no le viera las manos al que iba por delante. Pero ya te digo, yo lo cogía de todas formas.

 

«No he querido nunca la fama»

 

P:  En esa época tuya, imagino que habría pocas mujeres guitarristas.

R: Nadie. Nunca he coincidido con ninguna, jamás, aunque te voy a contar algo que me sucedió. Cuando tenía dieciocho años, yo estaba en la casa de El Rocío con Matilde, Lola Flores y toda esta gente, y allí estaba también Serranito, un buen guitarrista de Madrid. Ya te digo que mi época no era la misma de ahora. Yo era monísima, con mi pelo largo, con mi trenza y mi traje de tocar… Total, que se acercó a mí ese chico y me dijo: Mira, yo tengo en mi cabeza estrenar una obra y quiero llevar a una mujer, pero tienes que venirte a Madrid. Hablé con Matilde, que me dijo que era un buen guitarrista, pero le dije que no me iba con él a Madrid. Un par de años más tarde, él sacó ese disco con otra tocaora.

También le dije que no a Paco de Lucía, que Matilde me quiso mandar con él a Madrid, pero en mi época una mujer sola no… Igual que hablé con Manolo Sanlúcar para que me diera clases, y me dijo que sí, y yo pensaba: Anda, que si tú supieras que voy con una monja, la hermana Camino, que es la que me iba a acompañar a su casa a tomar las clases, porque te miraban con una mirada… que una no era tonta, en aquella época yo no era tonta.

Otra cosa muy importante, y a lo mejor he tenido yo la culpa de no llegar a más, es que no he querido nunca la fama, es que yo me he ocultado. Si es que iba a la caseta de María del Monte, venían las cámaras en su cumpleaños y yo me escondía siempre… Ahora, ya de más mayor, es cuando estoy saliendo, pero nunca he querido.

 

P: Y tampoco has querido irte nunca fuera.

R: Nunca. Cuando estuve en Austria, que tendría diecinueve o veinte años, me ofrecieron un contrato por un año en Salzburgo, en una universidad, y dije que no. Yo es que era muy sevillana, muy de mi casa… Y no quería la fama, porque entonces la artista no tenía vida privada. Eso te cuesta un precio. Entonces, yo terminaba de trabajar y me iba. Cuando había cámaras, me quitaba de en medio.

 

P: Entonces, imagino que tampoco te gustaría mucho ese mundo que hay detrás cuando una se baja uno del escenario, las fiestas

R: No, no, no, qué va, qué va, y además me quedaba dormida. Yo iba más para profesora. Eso de salir del segundo pase, a las once y media o doce de la noche, ufff, lo llevaba muy mal. Yo soy más de día, de levantarme a las siete o siete y media de la mañana, no soy nocturna, me cuesta la misma vida y, en cuanto terminaba la actuación, me largaba. Decían: Vamos a tomar una cosita, y yo: No, no, muchas gracias, me tengo que marchar. Yo no hacía vida social. Querían hablar conmigo y yo no hablaba con nadie. Ahora es cuando estoy hablando más, y estoy saliendo y todas esas cosas.

«Sales de la frontera de España y eres una diosa»

 

P: Tú, que has salido bastante al extranjero, ¿has notado que allí se tratara mejor a los artistas flamencos?

R: Yo siempre lo he dicho, no entiendo a la gente que hoy día estudia la carrera para ponerse de profesor. En mis tiempos se estudiaba una carrera para irse por ahí. Claro, ese es el problema de los profesores que no tienen ni idea. Es que tú tienes que echar tablas. Como decía Pepa, como decía Matilde, tienes que saber dónde está el éxito para poder enseñar a los alumnos. Si no has bailado en público, cómo lo vas a saber. Puedes enseñar, pero no a ese nivel. De hecho, cuando subo al escenario, no veo a ninguna bailaora que haga ensayos de pies allí mismo, en el tablao, como he visto hacer a Matilde, a Mimbre, a Pepa, para ver cómo sonaban los pies cuando llamaban, que se iban a ese sitio concretamente, porque era el sonido que ellos querían buscar…

En el extranjero yo siempre decía: Es una maravilla. Aquí eres una golfa o eres una de la Alameda, y sales de la frontera de España y eres una diosa. Nunca he sentido machismo en el extranjero, al contrario, estaban alucinados de ver a una mujer guitarrista.

 

P: Entonces, valoraban mucho el flamenco.

R: Cuando fui a Viena, en el año 82, que dimos diez conciertos por diez ciudades, como Salzburgo, Graz o Linz, ya se valoraba. Sin embargo, un año antes había estado en Austria don Antonio Mairena con su grupo, les habían pagado a todos los artistas y les habían dicho que el Konzerthaus de Viena no lo pisaba el flamenco. Al año siguiente, habrían cambiado las directivas o lo que fuera. De hecho, vino el Embajador de España en Austria y además, después cerraron un restaurante, que eso emociona mucho, con todas las banderas españolas solo para los artistas… Era otra cosa, otro mundo. Yo no sé ahora, pero entonces tú salías de España y eras una diosa… Y el flamenco, madre mía, el flamenco…

También en el año 82, fuimos a Roma a grabar para la RAI. Ya nos conocía todo el mundo, pero con un respeto y una cosa… Decían Spain, Spain… y la gente se quitaba el sombrero por donde tú pasaras, eras una diosa.

 

P: ¿En qué otros lugares estuviste?

R: En mi época de artista viajé por toda España. Hice muchos festivales, como el de Castilblanco de los Arroyos o el de Mairena del Alcor. Incluso estuvimos en Venta de Baños, Palencia, en el primer festival de danzas, no solo de flamenco, y quedamos en primer lugar. También pasé una semana en Mont-de-Marsan, acompañando a Matilde Coral en sus cursos de baile flamenco, y viajé a la capital del Zaire, Kinshasa. Eso fue con don Jaime de Mora y Aragón, a través de Matilde y Pepa, en una fiesta para el presidente Mobutu Sese Seko, el último dictador que hubo. Allí me miraban muy bien, porque yo estaba rellenita y la bailaora muy canija, y nada más que me miraban a mí, porque en una mujer eso era signo de dinero y de gente grande…

 

P: ¿Tienes alguna anécdota reseñable de aquellos viajes?

R: A Austria fui como primera guitarrista con el cuadro de Pepa, y venía también Joselito, de Triana, que tocaba para bailar y era un guitarrista flamenco muy bueno, pero quien partía el bacalao era yo, que cobraba más. Entonces el embajador quería que se tocara la guitarra y Pulpón le dijo: Sí, ahora se lo voy a decir a Joselito. Cuando me enteré de eso, muy educadamente me levanté de la mesa y me fui al servicio, porque me pareció feo. Joselito vino detrás de mí y me dijo: Por Dios, María José, toca tú, que yo no sé tocar solo, y le dije: Si quieres que yo toque, lo dices ahí. Entonces se lo dijo a Pulpón: Mira, lo haría con mucho cariño, pero yo soy guitarrista acompañante. Aquí la que es acompañante y también solista es María José. Pulpón tampoco lo hizo con maldad. Fue un lapsus, como siempre se dirigen a los hombres… Y toqué yo, claro, y toqué un montón, pero lo tuvo que decir él. Yo he gustado mucho siempre que he tocado. Si he firmado autógrafos y todo. Pero te estoy hablando de hace cuarenta años. Y decían: Mira, una guitarrista, es una mujer, pero con admiración.


10 flamencas para la historia

 

* Agradezco a Curro Aix y Carlos F. Ruiz su colaboración en el análisis e interpretación de los resultados del estudio

Hace un par de semanas se celebró en Archidona (Málaga) el primer “Cabildo Flamenco de Andalucía. Archidona tiene nombre de mujer”, organizado por el maestro José Luis Ortiz Nuevo, quien me encomendó la misión de rendir homenaje a las diez mujeres más trascendentes de la historia del flamenco.

Aunque hermosa, esta labor no estaba exenta de dificultad, pues quién era yo para designar a esa decena de artistas y dejar fuera a otras muchas, igualmente merecedoras de un reconocimiento similar. Fue así como surgió la idea de preguntar a distintas personas, vinculadas de una manera u otra al flamenco, con el fin de realizar una selección, si no científica, al menos consensuada.

Lo que comenzó siendo un pequeño sondeo, sin grandes pretensiones, terminó alcanzando una dimensión insospechada, tanto por el volumen de la muestra, que asciende a un total de 112 personas, como por las conclusiones que se desprenden del análisis de las respuestas obtenidas.

 

Caracterización de la muestra

Debido a ese cambio de planteamiento durante el desarrollo del estudio, así como a la premura y la escasez de recursos con que ha sido realizado, somos conscientes de que la
elección de la muestra presenta algunas carencias, pues se echa en falta una mayor representación de determinados perfiles.

No obstante, todas las personas consultadas, a pesar de sus diferencias de edad, procedencia, intereses, profesión, etc., poseen un importante nexo de unión: la afición al flamenco, que en muchos casos conlleva auténtica devoción, ansias de conocimiento o incluso dedicación profesional a este arte.

Ello ya supone una acotación importante pues, como se sabe, a pesar de su gran repercusión y valoración a nivel internacional, en nuestra tierra el flamenco aún sigue siendo un arte de minorías.

En nuestra muestra figuran docentes de distintas universidades, de educación primaria y secundaria, y de enseñanzas artísticas y musicales; escritores, periodistas y críticos especializados en flamenco; doctores, investigadores, coleccionistas y estudiosos de este arte; productores, programadores y personas vinculadas a los órganos de gestión de peñas y entidades flamencas; y artistas de distintas disciplinas.

Ahondemos un poco más en la descripción de la muestra:

Por sexo: el 75% de las personas participantes en el estudio son hombres (84) y el 25% son mujeres (28).

Participantes por sexo

 

Por edad: la mayoría pueden encuadrarse en la franja que va de los 40 a los 70 años.

PARTICIPANTES POR EDAD
Por procedencia geográfica: El 77,5% de las personas participantes son de Andalucía. La división por provincias puede observarse en el gráfico:

PARTICIPANTES ANDALUCES POR PROVINCIA

 

El 22,5% restante se reparte de la siguiente manera:

DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LA MUESTRA (1)
Sólo un 3% de la muestra corresponde a personas nacidas o residentes en el extranjero.

 

Análisis de los resultados

La encuesta ha consistido en plantear la siguiente cuestión a las personas participantes, y se les ha dado total libertad para contestar: ¿Quiénes han sido, desde su punto de vista, las diez mujeres más trascendentes en la historia del flamenco, desde sus inicios hasta nuestros días?

A pesar de que el objetivo último del estudio era alcanzar una cierta objetividad o consenso, una de las primeras constataciones que hemos realizado es que la objetividad no existe, pues, si tomáramos como válidas todas las propuestas presentadas, nos encontraríamos con un elenco, no de 10 sino de 133 nombres.

Por tanto, en las respuestas se aprecia una dispersión considerable, que puede obedecer a la subjetividad, al conocimiento o al gusto personal de cada persona; y, además, se pone de manifiesto la importancia de la territorialidad, de modo que existe una cierta correlación entre el origen geográfico de algunas de las artistas propuestas y la procedencia de quienes las han votado.

Otro hecho que llama la atención es que, a pesar de que las mujeres tradicionalmente han estado más vinculadas al ámbito del baile, entre las 133 flamencas propuestas ganan por mayoría las cantaoras. La proporción es la siguiente:

DISTRIBUCIÓN POR ESPECIALIDAD

En el apartado “Otras” podemos encontrar desde personajes de ficción, como la Carmen de Merimée; hasta escritoras, como María Lejárraga; o artistas vinculadas al flamenco pero difíciles de clasificar en ninguna de las retantes categorías, como Gabriela Ortega Gómez.

 

Esta prevalencia de cante sobre el baile puede explicarse por distintas razones:

– La socialización en el flamenco de las personas participantes en el estudio se ha realizado sobre todo a través del cante, ya que, hasta hace unos años, el único archivo discográfico al que se podía acceder desde casa eran los discos, las casetes, las emisiones radiofónicas, etc.

– Tradicionalmente también ha sido más fácil asistir en directo a espectáculos de cante que de baile, puesto que no todo el mundo tiene cerca un teatro, que es donde suelen actuar las compañías de danza. En las peñas y festivales el baile es minoritario, y las condiciones de esos lugares limitan bastante la realización de grandes montajes coreográficos.

– Me atrevería incluso a añadir un tercer factor que, en mi opinión, también influye en esa preferencia por el cante que manifiestan muchas personas: Aún hay quien ve el baile como una expresión artística más lúdica o trivial; es decir, de menor categoría.

 

Si entramos con más detalle en el análisis de las respuestas, observamos que la dispersión a la que nos hemos referido está presente en todas las categorías:

– Bailaoras: Entre los 49 nombres propuestos, aparece una sola figura que ha conseguido poner de acuerdo a casi la totalidad de las personas encuestadas: Carmen Amaya, con un consenso del 84%. Le sigue Pastora Imperio, con casi un 37%.

nube bailaoras

 
– Cantaoras: 5 de las 70 artistas mencionadas cuentan con el apoyo de al menos el 50% de la muestra. Sin embargo, la gran mayoría dispone de un respaldo bastante limitado.

nube cantaoras
– Guitarristas: La más votada es Adela Cubas, con un consenso del 8%.

NUBE GUITARRISTAS

Clasificación de las bailaoras

Por épocas históricas, teniendo en cuenta el momento en que iniciaron su carrera, las 49 bailaoras propuestas se pueden agrupar de la siguiente manera:

BAILAORAS POR ÉPOCA HISTORICA (1)

Según el gráfico, el momento histórico con mayor representación sería el de los tablaos y festivales flamencos. Sin embargo, si se suman los votos obtenidos por las bailaoras de cada época, ganan por mayoría las de principios del siglo XX: 9 artistas que acumulan un total de 227 votos (una media de 25 votos por cabeza).

En segundo lugar, tanto las artistas de la etapa de los cafés cantantes como las más actuales han recibido un promedio de 7,7 votos cada una.

Detrás de todas ellas se sitúan las bailaoras de los tablaos, con un total de 87 votos, que, divididos entre las 17, arrojarían un promedio de 5 votos por artista. Este dato no deja de ser sorprendente, ya que se trata de una gran generación de bailaoras, muchas de las cuales han desarrollado brillantes carreras profesionales y han logrado el reconocimiento internacional. Es más, las hay que aún continúan en activo o lo han estado hasta hace pocos años, por lo que su imagen sigue viva en la retina de muchos aficionados.

BAILAORAS POR ÉPOCAS Y Nº VOTOS (2)

Clasificación de las cantaoras

En el caso de las cantaoras, realizar la misma clasificación implica mayor dificultad, debido al gran número y a la variedad de artistas que aparecen en el listado. Para tratar de poner orden en el maremágnum de nombres arrojados por el estudio, hemos establecido los siguientes grupos de cantaoras:

CANTAORAS POR ÉPOCA HISTÓRICA (1)

Cafés cantantes (S. XIX): Un total de 21 artistas con una media de 5 votos por cabeza.

– Primeras décadas del siglo XX / Ópera flamenca: En este apartado se incluyen 11 artistas que suman 164 votos en total, si bien hacer la media no resultaría muy equitativo, puesto que más de la mitad de los votos corresponden a una sola.

– Etapa del Neojondismo: 17 artistas, con un promedio de 15 votos cada una. Este grupo sería el más relevante de todos, tanto por el número de cantaoras propuestas como por el grado de consenso de la muestra.

Los tres grupos restantes obedecen fundamentalmente a criterios generacionales:
– Cantaoras nacidas a partir de la segunda mitad de los años 40, que iniciaron su carrera en los tablaos: 8.
– Cantaoras que vieron la luz a partir de la década de los 60: 8.
– Artistas nacidas de los años 80 en adelante: 5.

En estos tres casos, el grado de consenso de los votantes es bastante reducido, con la excepción de una sola artista, Carmen Linares, que ha sido propuesta por más de la mitad de los participantes en el sondeo.

CANTAORAS POR ÉPOCAS Y Nº DE VOTOS TOTALES

 

Las más votadas

De los 133 nombres propuestos por las personas participantes, hay 94 que sólo han recibido entre 1 y 5 votos, es decir, que no llegan ni a un 5% de consenso.

Si depuramos un poco más y nos quedamos sólo con las artistas que han sido elegidas por al menos una cuarta parte de los votantes, resulta un elenco de 13 nombres, a saber:

Grafico 25 por ciento_bicolor

 

En el listado figuran 7 cantaoras, que suman un total de 434 votos, y 6 bailaoras, con un cómputo global de 261 votos. El 46% de ellas nacieron en el siglo XIX y más de la mitad son gitanas.

 

No obstante, el objetivo era seleccionar sólo a 10 artistas y, a pesar de la gran dispersión existente, podemos afirmar que éste se ha logrado con un grado de consenso importante, pues en él figuran 6 mujeres que han sido elegidas por mayoría absoluta y otras cuatro que cuentan con el respaldo de al menos el 28% de la muestra:

Grafico las 10

En el elenco final se sigue apreciando una clara prevalencia del cante sobre el baile, con 6 cantaoras, que suman un total de 412 votos, y 4 bailaoras, que acumulan 201 votos.

Si, además, se tiene en cuenta que 8 de las 10 elegidas son gitanas, se pone de manifiesto la influencia que a día de hoy sigue teniendo el mairenismo, que elevó a los altares el cante gitano andaluz y arrinconó el baile, que siguió creciendo y evolucionando en los escenarios extranjeros.

De hecho, la Perla de Cádiz, la Paquera de Jerez y Fernanda de Utrera son tres de las cantaoras más emblemáticas de la época del Neojondismo.

En ese contexto, también llama la atención la presencia de Carmen Linares, que rompe los cánones en muchos sentidos, pues es una artista no gitana y no enraizada en los territorios flamencos por antonomasia de la Baja Andalucía, que durante su extensa y brillante carrera ha sabido conjugar ortodoxia e innovación.

Si Carmen es la más joven de todas y la única artista viva del elenco, en el lado opuesto tenemos a cuatro mujeres nacidas en el siglo XIX. Entre ellas figura la cantaora Merced la Serneta, a quien se atribuyen varios estilos de cante por soleá, pero que no dejó grabaciones, por lo que su fama y prestigio se sustentan sobre la tradición oral.

Las otras tres son bailaoras. A la Macarrona nunca la hemos visto en acción, mientras que de Pastora Imperio y Encarnación López ‘la Argentinita’ circulan escasas grabaciones por internet, que realmente sólo nos ofrecen una breve pincelada de su arte.

Por último, con una abrumadora mayoría tenemos a las que se perfilan como las dos figuras indiscutibles de la historia del flamenco: la bailaora Carmen Amaya, con un 85% de votantes, y Pastora Pavón, ‘la Niña de los Peines’, con un 98%.

Qué duda cabe de que Pastora es la cantaora por excelencia, y en ese apoyo casi unánime que ha recibido por parte de los votantes seguramente tenga mucho que ver la revalorización de su figura gracias al trabajo de investigadores como Cristina Cruces y al apoyo de las instituciones públicas, que han velado por la conservación y difusión de su legado. No obstante, si hubiésemos de poner en la balanza la relevancia internacional de las artistas elegidas, probablemente los resultados fuesen otros.

 

Para dar una vuelta más de tuerca, y sin ninguna pretensión científica, hemos acudido a Google, a ver cuántos resultados arroja la búsqueda de esos diez nombres y de algunos más:

Grafico_Google

En Google gana por goleada Carmen Amaya, con casi 400.000 resultados. La sigue Carmen Linares, con 264.000. En una posición más modesta, con 126.000 resultados, aparece la Niña de los Peines, empatada con Cristina Hoyos, que en nuestra encuesta sólo ha sido votada por 9 personas (un 8% de la muestra).

Con 102.000 resultados tenemos a la Niña de la Puebla, otra cantaora excepcional, que en el presente estudio ha sido respaldada por 26 votantes (el 23%).

Más de 70.000 resultados obtenemos al buscar a Matilde Coral y Manuela Vargas, una cifra similar a la que consiguen la Argentinita o la Paquera de Jerez; mientras que Merche Esmeralda se sitúa en torno a los 40.000 resultados, lo mismo que la Serneta, la Perla de Cádiz o Fernanda de Utrera.

 

Propósitos de enmienda

A la vista de los resultados obtenidos y de las carencias detectadas en la selección de la muestra, consideramos que este estudio aún puede dar mucho de sí. Por tanto, lejos de concluirlo aquí, nos surge la inquietud y la necesidad de seguir profundizando, con más calma y mejor planificación.

Nos planteamos, por tanto, ampliar la muestra, incrementando la proporción de mujeres, de personas jóvenes y de determinados perfiles tales como artistas flamencos de distintas especialidades.

Asimismo, consideramos particularmente interesante conferir al estudio una dimensión internacional, solicitando la participación de personas procedentes de otros países, sobre la base de que la percepción del flamenco no es ni ha sido nunca la misma dentro y fuera de nuestras fronteras.

Nos encontramos, pues, de nuevo en el punto de partida… Ya veremos adónde nos lleva el camino.

 

Las elegidas

10.- Juana la Macarrona (Juana Vargas de las Heras. Jerez de la Frontera, 1870 – Sevilla, 1947). Magisterio y señorío, soberana de los cafés cantantes:

La bailaora Juana la Macarrona

 

9.- La Argentinita (Encarnación López Júlvez. Buenos Aires, 1898 – Nueva York, 1945). Artista total, creatividad, sublimación de la música y la danza popular:

Encarnación López, La Argentinita
 

8.- Pastora Imperio (Pastora Rojas Monje. Sevilla, 1885 – Madrid, 1879). Elegancia y majestad, fundadora de la Escuela Sevillana de baile:

Pastora Imperio (portada de La Unión Ilustrada, 7-9-1913)
 

7.- La Perla de Cádiz (Antonia Gilabert Vargas. Cádiz, 1924 – 1975).  Dulzura y compás, una voz privilegiada del cante gaditano:

LA PERLA DE CADIZ cortada

 

6.- Merced la Serneta (Mercedes Fernández Vargas. Jerez de la Frontera, 1840 – Utrera, 1912). El manantial de la soleá con alma de mujer: 

La cantaora Merced la Serneta

 

5.- Carmen Linares (Carmen Pacheco Rodríguez. Linares, 1951). La gran señora del cante de nuestros días: [Foto de Ana Torralva]


 

4.- La Paquera de Jerez (Francisca Méndez Garrido. Jerez de la Frontera, 1934 – 2004). Compás, torrente y personalidad, reina de la bulería de Jerez:  [Foto de Joan Tomás]

Paquera_Joan Tomas

 

3.- Fernanda de Utrera (Utrera, 1923 – 2006). Magisterio, jondura y sentimiento en el cante por soleá:  [Foto de Pepe Lamarca]

fernanda-de-utrera_pepe_lamarca

 

2.- Carmen Amaya (Carmen Amaya Amaya. Barcelona, 1918 – Bagur, 1963).  Un auténtico ciclón, la más universal de las artistas flamencas: 

CARMEN AMAYA_IMDB

 

1.- La Niña de los Peines (Pastora Pavón Cruz. Sevilla, 1890 – 1969).  Clasicismo e innovación, la excelencia suprema del cante: 

Pastora Pavon_mantilla

 
 


Luisa Pericet, gran maestra y coreógrafa de la Escuela Bolera (III)

En 1931, Luisa Pericet se traslada a Madrid junto con sus padres y su hermana Concha. Nada más llegar, el maestro Pericet abre una nueva academia en la calle Jardines, donde cuenta con la ayuda de sus hijas. Poco tiempo después se mudan al número 10 de la calle Encomienda, al mismo local en el que había tenido su estudio otro famoso maestro de baile sevillano, Eduardo Cansino (3) (4).

La nueva academia madrileña de los Pericet no tarda en convertirse en uno de los más prestigiosos e importantes centros de danza bolera de España. Las clases son impartidas por el maestro, con la colaboración de sus hijas, que compaginan esta actividad con sus actuaciones como “Hermanas Pericet”.

Luisa, Concha y Ángel Pericet Jiménez

Luisa, Concha y Ángel Pericet Jiménez

Nuevos éxitos de las Hermanas Pericet

Según el testimonio de su sobrino Ángel Pericet Blanco, “eran lo que se llamaba bailarinas y cancionistas, no cupletistas. […] Concha cantaba fragmentos de zarzuela como ‘La Reina Mora’ y […] Luisa cantaba tangos acompañándose muy bien a la guitarra” (5).

En la primera mitad de los años treinta, hallamos referencias sobre algunas de sus actuaciones, tanto en Madrid como en provincias. No obstante, a juzgar por los papeles, ya no se prodigan tanto como antes.

En octubre de 1931, las Hermanas Pericet se anuncian en el teatro Barbieri de Madrid. Al año siguiente, “el mejor dueto artístico” (La Prensa, 26-1-1932) actúa en ciudades como Santander, Murcia o Reus, generalmente en programas de variedades o music hall.

En febrero del 33 se presenta en el Circo Barcelonés el espectáculo “Alma”, en cuyo elenco figura “la cada día más ovacionada pareja de baile Hermanas Pericet” (El Diluvio, 26-2-1933), mientras que en los años siguientes las encontramos varias veces en Lugo. En noviembre de 1935 la prensa las anuncia así:

“Gran Café Bar Unión
Sala de espectáculos que presenta los mejores números de varietés
HOY formidable DEBUT HOY
HERMANAS PERICET
Únicas en su género
Jóvenes vedettes modernas
Duetos, tangos, canciones, bailes
ÉXITO GRANDIOSO ÉXITO
Espectáculo altamente moral, propio para familias” (El Progreso, 12-11-1935).

La bailarina Elvira Lucena

La bailarina Elvira Lucena

Años difíciles y vuelta a empezar

En 1936, tras el estallido de la Guerra Civil, por motivos de seguridad, Luisa y Conchita Pericet se trasladan a Valencia junto con sus padres. Allí permanecen hasta el final de la contienda. Su actividad artística queda reducida al mínimo.

Durante esos años, Luisa Pericet realiza estudios de enfermería y ejerce como voluntaria cuidando a heridos de guerra. Por su parte, su hermana Conchita contrae matrimonio en 1938 con el militar republicano Agustín Larios, y da prioridad a su faceta de esposa y madre (6).

En 1940, toda la familia regresa a Madrid, donde vuelven a empezar de cero. Ángel Pericet y sus hijas retoman su actividad docente en el local de la calle Encomienda, que poco a poco va recuperando su antiguo esplendor.

Tras el fallecimiento del maestro, en 1944, Luisa Pericet se pone al frente de la academia. Por ella pasan bailarines y bailarinas como Elvira Lucena, José de Udaeta, Pacita Tomás o Tona Radely, que están llamados a convertirse en grandes figuras del baile español. Antonio Ruiz Soler, Pilar López, María Rosa, Alberto Lorca, Antonio Gades y Matilde Coral, por mencionar sólo a algunos, también toman clases con la maestra. (7)

Luisa Pericet, maestra querida y admirada

Quienes la conocieron coinciden en resaltar la excelente labor desarrollada por Luisa como embajadora y transmisora de los bailes boleros tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Según María Victoria Serrano, “gracias a ella fue una época de esplendor y de éxito de la Escuela Bolera en España y en el resto del mundo, pues a su escuela de la calle Encomienda venían profesores y bailarines de muchos países” (8).

Tona Radely y Paco de Ronda (Primer Plano, 1957)

Tona Radely y Paco de Ronda (Primer Plano, 1957)

Otra antigua alumna suya, Tona Radely, sólo tiene elogios para Luisa Pericet, a quien define como “gran profesora de baile y de la vida. Es la verdad del baile español, la precursora de todo”. Según su discípula, Luisa dominaba a la perfección todas las facetas de la danza española, incluidos los bailes regionales y también el flamenco. De hecho, a pesar de sus años, aún recuerda con cariño cómo su maestra, acompañándose con la guitarra, la enseñó a bailar por soleá y por alegrías. (9)

María Victoria Serrano también hace hincapié en la gran calidad humana de Luisa Pericet:

“Era pequeña y gordita […], muy estricta y con mucho genio: cuando se hacía un paso mal, se enfadaba muchísimo, pero buenísima persona. A la maestra no le importaba mucho el dinero; incluso daba la clase gratis cuando no podíamos pagarle, porque amaba lo que hacía”. (10)

Debut como coreógrafa

Desde finales de los años cuarenta, impulsada por el maestro Monra, Luisa Pericet sitúa en primer plano su faceta de coreógrafa, que la lleva a cosechar grandes éxitos. Sus servicios son solicitados por las compañías más famosas de la época, y su nombre vuelve a escribirse en los papeles con letras de gran tamaño.

Luisa fue una excepcional coreógrafa, no sólo por su experiencia en el mundo del baile, sino también por su versatilidad y el entusiasmo que derramaba en cada montaje. A su total dominio sobre los pasos de la Escuela Bolera se sumaba su profundo conocimiento sobre el flamenco, en especial los palos más antiguos que la apasionaban, y dicen los que la conocieron que además tocaba la guitarra con auténtica maestría”. (11)

Pacita Tomás

Pacita Tomás

En 1950, Elvira Lucena presenta en el teatro Madrid de la capital un espectáculo de bailes españoles en el que “seguidillas, panaderos, fandangos y malagueñas desfilan en deslumbrante cortejo ante la ‘Soleá’ […] y los ‘boleros de la cachucha’”. Las bailarinas Carmen Segura y Dorita Ortiz, los bailaores Tere y Juanele Maya, y el cantaor Jacinto Almadén también figuran en el elenco. Las coreografías de Luisa Pericet “contribuyeron al éxito del espectáculo, que fue tan grande como merecido” (ABC, 15-11-1950).

Durante el verano siguiente, Luisa actúa en un recital de canciones y bailes españoles que se celebra en el palacio de La Granja para conmemorar el XV aniversario del glorioso Movimiento nacional. Entre los artistas participantes también destacan Maruja Díaz, Antoñita Moreno, Pacita Tomás, Carmen Sevilla o Juanita Reina. Poco después se la puede ver en el espectáculo “Pena y oro”, de Juanito Valderrama, en el que comparte cartel con Tona Radely, Nati Mistral y Carmen Sevilla, entre otros artistas.

Grandes éxitos por toda España

En 1952 se estrena en el teatro Calderón de BarcelonaLa copla nueva”, una “fantasía lírica en dos actos y catorce cuadros” de Quintero, León y Quiroga, en la que Luisa Ortega muestra sus excelentes dotes para el género folclórico. La acompañan su padre, Manolo Caracol, y su hermano, además de otras figuras, como la bailarina Pacita Tomás. “La coreografía, de Luisa Pericet, francamente encomiable; en especial, en el boleroLa maravilla’” (La Vanguardia, 13-4-1952).

Dos meses más tarde, en ese mismo escenario, la Compañía de Antoñita Moreno presenta “Sortija de oro”, un espectáculo de canciones andaluzas compuestas por Ochaíta, Valero y Solano, en el que también participan “la primera bailarina Lola de Ronda […], la pareja Lina y Miguel, los guitarristas Patena y Duque y el ‘ballet’ clásico español de Luisa Pericet” (La Vanguardia, 16-7-1952), que “se mostró disciplinado” (La Vanguardia, 19-7-1952).

Programa de "La copla nueva", con Luisa Ortega y Manolo Caracol (1952)

Programa de «La copla nueva«, con Luisa Ortega y Manolo Caracol (1952)

En 1953, la cantante Carmen de Veracruz lleva su “Leyenda española” por varios teatros de nuestro país, como el Calderón de Barcelona o el de la Zarzuela de Madrid. “La parte coreográfica fue encomendada a las bailarinas que dirige Luisa Pericet” (ABC, 17-6-1953), que obtienen “una buena acogida del auditorio”, sobre todo en las estampas “‘Carmen la Goya’, ‘La Cacharrera’, ‘La Vicaría’, ‘¡Celosa!’ y ‘El sueño se fue al Pilar’”, que destacan “por su buena presentación, interpretativa y coreográfica” (La Vanguardia, 17-4-1953).

También en ese año se estrena con gran éxito en el teatro Calderón de Madrid el espectáculo “Chica… ¿dónde vas?”, en el que las canciones interpretadas por Imperio de Triana y Marisol Reyes comparten protagonismo con un nutrido elenco de bailaores y bailarines, en el que destacan especialmente:

“la pareja Lyna y Miguel componen una viñeta completa por ‘seguidillas gitanas’, con estructura Luisa Pericet, maestra consumada en el pulso del baile dramático y apasionado. […]

Colmó el éxito de la primera parte un delicioso ‘baile de candil’, de gran empaque literario. Destacamos a la gentil Ana Mercedes, bailarina solista, de facultades prodigiosas; a Ana María ‘La Jerezana’, cantadora de acento pasional” (ABC, 15-7-1953).

NOTAS:

(3) Eduardo Cansino es hoy más conocido por ser el progenitor de la actriz Rita Hayworth. Sobre esta familia, puede consultarse el artículo de Manuel Bohórquez “El abuelo flamenco de Rita Hayworth”.

(4) Información proporcionada en entrevista personal con María Victoria Serrano López, antigua alumna de Luisa Pericet y autora de los libros La danza española: la Escuela Bolera (vols. I y II), en los que se recogen las enseñanzas de la maestra.

(5) Entrevista concedida a Marta Carrasco para su obra La Escuela Bolera Sevillana. Familia Pericet (Consejería de Educación, Cultura y Deporte, Junta de Andalucía, 2013). Pág. 47.

(6) Datos aportados por Marta Carrasco en su obra La Escuela Bolera Sevillana. Familia Pericet (Consejería de Educación, Cultura y Deporte, Junta de Andalucía, 2013). Según esta autora, fruto de su matrimonio con Agustín Larios, Conchita da a luz a su hijo Luis, al que tiene que criar en solitario, tras la desaparición de su marido, de quien nunca más se supo.

(7) Información proporcionada en entrevista personal con María Victoria Serrano López, antigua alumna de Luisa Pericet y autora de los libros La danza española: la Escuela Bolera (vols. I y II), en los que se recogen las enseñanzas de la maestra.

(8) Ibidem.

(9) Testimonio obtenido en conversación personal con la bailarina y maestra Tona Radely, que fue una primera figura del baile español en los años cincuenta y sesenta, época en la que compaginó sus actuaciones en los teatros y salas españolas con sus giras por medio mundo. Posteriormente se dedicó a la enseñanza del baile bolero en su academia de Torremolinos (Málaga).

(10) Información proporcionada en entrevista personal con María Victoria Serrano López, antigua alumna de Luisa Pericet y autora de los libros La danza española: la Escuela Bolera (vols. I y II), en los que se recogen las enseñanzas de la maestra.

(11) Marta Carrasco, La Escuela Bolera Sevillana. Familia Pericet, Consejería de Educación, Cultura y Deporte, Junta de Andalucía, 2013, p. 56.