Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Estrella de Andalucía, reina del zapateado (IV)

Tras cosechar nuevos éxitos en Madrid, Barcelona y varias ciudades de la cornisa cantábrica, en abril de 1912 Luz de Garay recala en tierras malagueñas, donde es recibida como se merece:

“Salón Novedades.- La eminente bailarina española Estrella de Andalucía […] ha debutado con clamoroso éxito en este bonito salón. Esta bellísima artista ha sabido conquistar al público desde el primer momento que se presentó en escena” (Eco Artístico, 25-4-1912).

“Salón Novedades.- La sin rival bailarina Estrella de Andalucía ha obtenido un éxito loco en esta población. Los numerosos admiradores con los que cuenta no se cansan de aplaudir a dicha artista, que ha sido prorrogada por la Empresa, en vista del triunfo conseguido” (Eco Artístico, 5-5-1912).

“La ‘Reina de Andalucía’ nos hace pensar en Novedades que los palillos en manos tan hábiles, suenan mejor que un piano” (La Unión Ilustrada, 28-4-1912).

La Estrella de Andalucía (Eco Artístico, 25-5-1911)

La Estrella de Andalucía (Eco Artístico, 25-5-1911)

Poco después, “La Estrella de Andalucía, verdadera y única reina del zapateado flamenco, extraordinaria en la armonía de los palillos” (La Vanguardia, 25-5-1912), comparte cartel con Raquel y Tina Meller en el Teatro Arnau de Barcelona. En esos días también recalan en el mismo coliseo otras grandes figuras del momento, como Encarnación López, ‘La Argentinita’, o Antonio Pozo, ‘El Mochuelo’, acompañado a la guitarra por Adela Cubas.

En el mes de julio, Luz de Garay se presenta en el Teatro de Verano de Alicante. El público la recibe calurosamente, y suenan las notas de un pasacalle compuesto especialmente para ella:

“Al aparecer Estrella por primera vez ante el público, una ensordecedora salva de aplausos resonó en el amplio teatro, aplausos que se repitieron al finalizar el original pasacalle titulado ‘Estrella de Andalucía’, compuesto expresamente para ella por el maestro Romero.

Después nos bailó un zapateado que nos supo a gloria, terminando con una especie de poutpurrí que ya quisieran bailar algunas artistas, bailarlo como lo hizo Estrella” (El Popular, 7-2-1912).

A la altura de las mejores

Durante ese mismo verano, coincidiendo con su actuación en Cartagena, el diario La Tierra publica un artículo en el que compara a Luz de Garay con una de las estrellas del momento, Antonia Mercé, La Argentina:

“Esta estrella de los Cines, que ha sabido hermanar la elegancia con su gentil figura y que con su trabajo nos alegra la vida, […] nos hace recordar a otra no menos celebrada bailarina de feliz recordación […] y cuyo hombre es ‘La Argentina’” (Eco Artístico, 5-7-1912). (1)

Poco después, también hay quienes establecen un parangón entre la bilbaína y otra de las grandes artistas de su época, Encarnación López, La Argentinita:

“Se fue la Estrella de Andalucía, la buena bailarina, y ha aparecido la buena bailarina Argentinita.

¿Cuál es mejor? …

Hay en la Estrella más personalidad y posee en cambio la Argentinita mucha más ejecución.

En la Argentinita la técnica del baile llega al límite del virtuosismo. La Estrella de Andalucía, menos ejecutante, unge sus danzas con las galas brillantes del estilo…” (The Kon Leche, 19-1-1913).

Encarnación López, La Argentinita (Nuevo Mundo, 13-7-1911)

Encarnación López, La Argentinita (Nuevo Mundo, 13-7-1911)

Sin embargo, no es La Argentina, ni tampoco La Argentinita, quien nos viene a la mente cuando contemplamos la característica estampa de esta bailaora, ataviada con traje de pantalón y ejecutando su clásico zapateado. Más bien pensamos en Trinidad Cuenca, la gran pionera que en el siglo XIX conquistó con su baile y su atuendo, típicamente masculinos, al público de medio mundo.

No obstante, hay quienes critican la predilección de Luz de Garay por ese tipo de indumentaria:

“¿Por qué la artista que nos ocupa se exhibe casi siempre con traje masculino, dándole su preferencia para ejecutar sus bailes? Yo opino, y conmigo todos sus admiradores, que pierde mérito su trabajo presentándose en esa forma, pues no cabe dudar, y esto no es lisonja, que gana infinitamente en presentación y en figura cuando aparece en el pequeño escenario luciendo su preciosa ‘toilette’ recamada de lentejuelas y fantásticos dibujos, realzando más su peregrina belleza” (Eco Artístico, 5-7-1912). (1)

Una artista comprometida con su público

Durante el verano y el otoño de 1912, la Estrella de Andalucía continúa con su interminable tournée por las ciudades españolas. La artista “realiza una labor ímproba; pues sus compromisos con las Empresas son tan múltiples y continuados, que el descanso es casi enemigo de esta notable bailarina” (Eco Artístico, 25-8-1912).

Sin embargo, ni ese ritmo frenético ni el agotamiento derivado de los continuos viajes consiguen mermar la calidad de su trabajo. Luz de Garay ofrece en cada actuación lo mejor de su arte y la audiencia no permanece indiferente:

[San Sebastián, Salón-Cine Sanchís] “La Estrella de Andalucía […] electriza al ‘respetable’ con sus bailes llenos del más puro estilo, con la agilidad de sus piernas, con su zapateado, del que no sin razón la han proclamado reina, y con sus ojos de cielo” (Eco Artístico, 5-10-1912).

[Barcelona, Teatro Arnau] “… cuando salió la Estrella de Andalucía una ovación cerrada saludó su presentación, y a cada baile nuevos aplausos, y bailó repetidas veces, como sólo ella sabe hacerlo, con su escuela propia, con arte, con gracia, con la sonrisa en los labios, con un ambiente de éxito muy grande” (Eco Artístico, 25-10-1912).

La Estrella de Andalucía (Foto de Antonio Esplugas)

La Estrella de Andalucía (Foto de Antonio Esplugas)

La artista se debe a su público y, para agradarle, renueva constantemente su repertorio, en el que destacan bailes como sevillanas, habaneras o una farruca gitana de su creación:

“Creadora de ‘El estrambótico’, farruca gitana con palillos y motivos de alegría, La Estrella de Andalucía honra a su maestro, D. Antonio López, que puede estar satisfecho de su triunfo legítimo e indiscutible” (Eco Artístico, 25-11-1912).

“La Estrella de Andalucía es con justicia llamada reina de los bailes españoles y soberana de los palillos

La figura delicada, aprisionada por un lindo y original traje, se mueve al compás de una danza regional, ya con las impetuosidades de unas sevillanas, las cadencias de una habanera, las nerviosidades de una jota o los espasmos de una farruca” (Eco Artístico, 25-12-1912).

Una cuestión de imagen

Luz de Garay se preocupa por complacer a sus muchos admiradores, pero también tiene en cuenta la opinión de la crítica y, siguiendo las recomendaciones que le hiciera el cronista del diario La Tierra, sustituye su habitual traje de hombre por un atuendo más femenino:

“La Estrella de Andalucía vestida de hombre atraía todas las miradas, y su modo de ejecutar sobre todo el clásico zapateado flamenco, le valió el honroso título de reina que ostenta orgullosa y pasea por todos los Teatros.

… Y si grande fue el suceso obtenido por esta aristócrata al ejecutar su número vestida de hombre, ahora, que se presenta realmente ataviada con trajes lujosísimos de mujer, el entusiasmo es indescriptible” (Eco Artístico, 25-11-1912).

“… el público durante su actuación elogió a Estrella de Andalucía, que si soltura y gentileza demostró bailando vestida de hombre el zapateado flamenco, no eran menos los atractivos que presentaba su trabajo al salir elegantemente ataviada de mujer, realzando con sus diversos matices la hermosura de esta grácil y sin rival bailarina” (Eco Artístico, 25-12-1912). (2)


NOTAS:
(1) Eco Artístico toma este artículo del diario La Tierra de Cartagena, según se indica en el propio texto.
(2) Sin embargo, es imposible satisfacer a todo el mundo, y también hay algunas voces que se alzan contra este cambio de vestuario:

“… aunque su cara y su arte tienen toda nuestra simpatía y aplauso, su extrapúdica vestimenta merece, en cambio, nuestra condenación.

La falda a rastra, que ya no se lleva ni para ir a misa, es indumentaria intolerable en un escenario de bulliciosa alegría” (The Kon Leche, 19-12-1912).


Dora la Gitana, la transgresora reina del garrotín (I)

Málaga es tierra de bailaoras de arte… artistas valientes y transgresoras, como La Cuenca o la Malagueñita… mujeres que han pasado a la historia del baile flamenco por desafiar los cánones establecidos y especializarse en bailes tradicionalmente considerados masculinos.

Entre esas mujeres rompedoras, que aún hoy nos siguen sorprendiendo al presentarse enfundadas en ceñidos pantalones, también merece la pena destacar a Dora la Gitana, conocida en su época como “la reina del garrotín”.

Dora la Gitana, 27-4-1910

Dora la Gitana (Actualidades, 27-4-1910)

La malagueña Antonia Galindo, nacida en el siglo XIX, inicia su carrera artística con el sobrenombre de “La Sillera”, si bien alcanza mayor fama como Bella Dora o Dora la Gitana. Con este apelativo la encontramos anunciada en prensa a principios del XX. En 1903 tenemos noticias de su paso por Almería y en 1907 los papeles informan sobre la actuación en el teatro Circo de Alicante de “‘La bella Dora’, notable transformista que con pasmosa rapidez apareció en cinco tipos, bailando luego una farruca, hábilmente taconeada y con mucha agilidad” (La Correspondencia de Alicante, 17-12-1907).

La farruca y el garrotín son sin duda la gran especialidad de esta bailaora, que también destaca como cupletista. En septiembre de 1908, tras triunfar en Badajoz, Dora se presenta en Gijón, con gran éxito de crítica y público:

“El debut de la notable artista Bella Dora ha sido un acontecimiento en el Cine Gaumont.

Las rápidas transformaciones de esta original artista así como los bailes que ejecuta, han entusiasmado al público que ha hecho repetir en todas las sesiones la farruca y garrotín.

Es una buena adquisición que dará muchas entradas a la empresa del Gaumont” (El Noroeste, 5-9-1908).

De allí marcha a Barcelona, en cuyo teatro Gayarre permanece durante un mes, junto a un nutrido elenco de artistas de variedades, como Isabel Espinosa, La Clavelito, La Cubanita, Las Argentinas o Pepita Sevilla, entre otras.

Encarnación López, La Argentinita

Encarnación López, La Argentinita

En primavera de 1909, la Bella Dora comparte cartel con La Argentinita en el Salón Novedades de Valencia, y posteriormente se presenta en el teatro Nuevo de Madrid, donde se lleva a escena la zarzuela de carácter flamenco ‘Las Marianas’, en cuyo reparto figuran Anita Cañas -también conocida como ‘La Niña de los Tangos’-, El Mochuelo o Lola la Madrileña, entre otros artistas.

De allí pasa al Salón Variedades de Salamanca. Durante los diez días que permanece en ese local, la artista malagueña no para de cosechar aplausos y ovaciones “con su trabajo artístico y delicado” (El Adelanto, 3-5-1908). Su “repertorio es inagotable, presenta todos los días nuevas canciones y nuevos trajes, con sus rápidas transformaciones” (El Adelanto, 27-4-1909).

“En la Farruca y el Garrotín, [es] sencillamente admirable” (El Adelanto, 26-4-1909). De hecho, “[p]uede afirmarse, y así lo hace el público, que el mejor número que en este salón ha hecho su presentación, hasta ahora, ha sido, sin duda alguna, la Bella Dora” (El Adelanto, 23-4-1909).

Inigualable por farrucas, garrotines y tangos

Unos días más tarde, la bailaora debuta en el Pabellón Luminoso de Cáceres. Allí, además de sus ya típicos garrotines, Dora estrena “el tango cantado y bailado del monólogo El Golfo”. La crítica se muestra muy satisfecha con su actuación, si bien lamenta la escasa preparación del público:

“La bella y simpática Dora es una artista de cuerpo entero que baila a las mil maravillas, llevando en las puntitas de los pies las notas del piano; por eso decimos que es sin rival.

Nosotros no hemos visto bailar con tanta maestría como lo hace la graciosa Dora” (El Norte de Extremadura, 8-5-1909).

“Durante la presente semana, ha sido muy aplaudida, no dejando de obtener en cada sección justas y merecidas ovaciones.

El martes cantó y bailó por primera vez el Garrotín, demostrando ser una bailaora de cuerpo entero. ¡Es lástima! que no encuentre aquí público más entendido en esta materia. Es el colmo, no cabe más en una artista.

Reciba mis aplausos la sin rival Dora y no diga a nadie dónde adquirió el modelo bailable del Garrotín, pues es digna de poseer la patente; sólo así no tendría modificaciones su Garrotín. ¡Vaya cardo y vaya gracia!” (El Norte de Extremadura, 15-5-1909).

Dora la Gitana (1911)

Dora la Gitana (1911)

Con ella llegó el escándalo

Poco después, la “emperatriz del ‘garrotín’” (La Esquella de la Torratxa, 18-6-1909) regresa a Barcelona y, durante los dos meses que permanece en el teatro Tívoli, conquista al público cada noche con “sus interesantes danzas” (La Vanguardia, 3-6-1909), que hay quienes consideran un poco subidas de tono:

“En la última sección de la noche […] la alucinante gitana Dora, que constituye el Non Plus de la sicalipsis y entusiasma de tal modo a los espectadores que les obliga a continua mandanga y jaleo interminable” (La Esquella de la Torratxa, 11-6-1909). (1)

De hecho, los pantalones de Dora resultan más provocadores que los desnudos de algunas artistas, a juzgar por lo que publica el diario cacereño El Bloque:

“Entre los desnudos y la mímica que tanto escandalizan […] y el vestido de la bella Dora, cuando lucía… sus formas con el traje de talle, supongo que el más pudoroso preferirá la desnudez de ahora a los impúdicos movimientos de la Dora en traje de hombre, ceñidísimo y de tela muy sutil” (El Bloque, 1-6-1909).

No obstante, no es sólo el atuendo de la bailaora lo que escandaliza al público, sino también las letras de sus garrotines, que en más de una ocasión provocan la detención de la artista, como sucede en el teatro Cómico de Zaragoza o, poco después, en Palencia:

“[Dora,] molestada por los siseos del público, cantó dos coplas ofensivas para los concurrentes, los cuales protestaron ruidosamente, promoviéndose un enorme escándalo.

El alboroto no cesó hasta que fue detenida la Bella Dora” (El Noroeste, 17-7-1909).

“En el teatro Circo se produjo anoche un monumental escándalo, por haber cantado la bailarina y cupletista Dora la Gitana un garrotín con letra molesta para los espectadores.

Estos en medio de un formidable alboroto, increparon a la descocada artista y algunos intentaron quemar el coliseo, no cediendo en su actitud hasta que fue detenida Dora y conducida a las oficinas de vigilancia” (El Día de Palencia, 19-7-1909).

Dora la Gitana (La Unión Ilustrada, 21-1-1911)

Dora la Gitana (La Unión Ilustrada, 21-1-1911)

Un estilo más decente y refinado

En noviembre de 1909, tras un nuevo paso por la ciudad condal, la artista malagueña recala en Valladolid y después en Salamanca, donde se la espera con impaciencia, ya que sus numerosos compromisos la han obligado a posponer su visita a la ciudad charra.

El público salmantino “acudió en gran número a aplaudir […] a la genial artista que derrochó gracia y sal” (El Adelanto, 23-11-1909). Lejos quedan ya los últimos escándalos protagonizados por la malagueña, quien se muestra más fina y recatada que de costumbre, sin que ello le reste ni un ápice de su atractivo, pues “con sus encantos y sus gracias [sigue haciendo] andar de cabeza a los que están en las primeras filas” (El Castellano, 10-11-1909).

En esta ocasión, la prensa sólo tiene elogios tanto para el repertorio como para la indumentaria de la bailaora:

“La Bella Dora, artista muy conocida ya y de gran mérito, posee un repertorio extenso y para todos los gustos, el cual emplea con gran tacto, en relación con el público que asiste” (El Adelanto, 11-11-1909).

“Su repertorio, en couplets, es de los que se pueden oír y gustan, siendo aplaudida con entusiasmo.

El vestuario que luce es también muy vistoso” (El Adelanto, 10-11-1909).

Bella Dora, que con un tacto digno de encomio, sabe elegir un programa de lo más delicado, a fin de no herir la susceptibilidad del selecto público que acude a este salón en las primeras secciones” (El Adelanto, 11-11-1909).

“La Bella Dora gusta cada día más, pues su trabajo es de los que se ven siempre con gusto y se aplaude con entusiasmo” (El Adelanto, 20-11-1909).


NOTAS:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Encarnación ‘La Malagueñita’, salero y elegancia a partes iguales (y IV)

En noviembre de 1913, Encarnación Hurtado se anuncia en el Edén Concert de Barcelona y, posteriormente, en el Novedades de Valencia. En este último se muestra como una artista completa, que destaca especialmente en los clásicos bailes andaluces. Unas veces los ejecuta con falda y otras con pantalón, pero siempre se lleva al público de calle. “¡Vale, vale mucho esta ‘nena’ moviéndose en el tablado!” (Eco artístico, 25-12-1913). De hecho, hay quienes la consideran “la mejor entre las mejores de las bailarinas españolas” (Eco Artístico,15-12-1913).

“Salón Novedades.
Continúa siendo aplaudida a más y mejor la Malagueñita, esa simpática y bella bailarina que no tiene rival, ejecutando toda clase de bailes, todos absolutamente todos los clásicos bailes andaluces.

Si bien está y obtiene aplausos cuando vistiendo el típico traje de talle ejecuta una tras otra, varias danzas, cuando se presenta vistiendo traje de bailarina, entonces está mejor; es toda una mujer de cuerpo entero, con picardía en el gesto, con elegancia suma en la interpretación de los bailes, con agilidad tan extraordinaria, que las ovaciones no cesan, mientras ella, la Malagueñita quiere” (El Pueblo, 17-12-1913).

Encarnación La Malagueñita (Caras y caretas, 23-5-1914)

Encarnación La Malagueñita (Caras y caretas, 23-5-1914)

A finales de diciembre, tras varias semanas de actuaciones, Encarnación se despide del público valenciano, que la ovaciona como se merece:

“Salón Novedades.
Anoche y después de quince días de continuados aplausos y nutridas ovaciones se despidió del público del favorecido Salón ‘La Malagueñita’, artista mimada y muy querida de los verdaderos aficionados al baile clásico.

Ella no tiene rival en esta clase de bailes; marianas, panaderos, sevillanas, etc., y cuantos constituyen el repertorio clásico, típico, de la tierra andaluza, los ejecuta admirable, elegante y castizamente.

Su esbelta figura vistiendo, tanto de corto como de mujer, acompañada con los palillos, como ella sabe acompañarse, jugando magistralmente los brazos y moviendo rítmicamente su cuerpo, al interpretar las mil y una contorsiones y fases del baile andaluz resulta muy interesante y atractiva.

Por eso cuando ‘La Malagueñita’ se arranca y se arranca de verdad, con alma y vida como deben ejecutarse los bailes andaluces, consigue siempre una ovación y cuantos números sigan al suyo, han de tener una gran fuerza para imponerse.

Anoche tuvo una despedida cual corresponde a los muchos amigos y admiradores que aquí tiene” (El Pueblo, 23-12-1913).

En marzo de 1914 se puede admirar el arte de La Malagueñita, “la reina de los palillos” (La Vanguardia, 26-3-1914), en distintas salas de la ciudad condal, como el Teatro Circo Barcelonés, el Teatre Catalá Romea o el Teatro Sala Imperio. Allí coincide con artistas de primer nivel, como Raquel Meller o la pareja Sánchez Díaz.

Raquel Meller

Raquel Meller

En esa misma época, Encarnación Hurtado también se presenta en el Salón Regio de Granada y, como viene siendo habitual en cada escenario que pisa, “es objeto de grandes aplausos, teniendo que repetir, casi todas las noches, lo más saliente de su repertorio” (Eco Artístico, 5-3-1914).

Rumbo a tierras americanas

Unas semanas más tarde, La Malagueñita embarca en el transatlántico ‘Infanta Isabel de Borbón’ con destino a Argentina, junto a las artistas La Goya, La Maravilla, Bonita Iberia y Linda Sevillita. Poco después empiezan a llegar noticias sobre las andanzas de esta compañía en tierras americanas. La revista Caras y Caretas, de Buenos Aires, publica la siguiente información:

“El éxito de la temporada teatral ha correspondido al teatro San Martín, con la presentación de un espectáculo nuevo entre nosotros. Noche a noche un público de elite, lleno de entusiasmo, acude a aplaudir a la célebre tonadillera La Goya, artista que llegó de España precedida de fama y que aquí ha justificado a satisfacción. […]

Encarnación Hurtado, ‘La Malagueñita
Se oye entre bastidores el alegre repiqueteo de las castañuelas; y al compás de la música aparece en escena la flexible figura de la ‘Malagueñita’, perfecta de líneas y exuberante de gracia, ceñido el cuerpo con reluciente traje de seda y la cabeza tocada con el airoso cordobés de rectas alas, inclinado ligeramente sobre la ceja derecha.

Y comienza las danzas andaluzas, recogiendo y llevando los brazos en curvas gallardas, ondulando el cuerpo de dibujo impecable, que contrae y estira en movimientos nerviosos y artísticos, suaves y armoniosos, hasta terminar en un taconeo rápido, enérgico y valiente. Y al perfilarse simulando la suerte de banderillas, recogiéndose de nuevo para dar un ceñido pase en redondo que arrancan un ¡olé! del público delirante, evoca sin gran esfuerzo de imaginación todas las alegrías y los esplendores del sol que arroja sus candentes rayos sobre aquella incomparable y generosa tierra de Andalucía, donde aún queda quien arriesga su vida por la mirada amorosa de una mujer” (23-5-1914).

Aurora Jauffret, La  Goya

Aurora Jauffret, La Goya

A juzgar por esta descripción, el baile de La Malagueñita recuerda al famoso número del torero, con el que La Cuenca conquistó al público de medio mundo unas décadas antes.

El éxito de la compañía se prolonga durante varias semanas, en que “La Goya, la Maravilla, la Malagueñita, la Sevillanita y la Iberia fueron también festejadísimas y obligadas a repetir infinidad de veces sus bailes y canciones” (El País, 3-6-1914).

De Buenos Aires, las españolas machan a Montevideo. En el teatro Urquiza de la capital uruguaya, el elenco artístico dirigido por La Goya “obtuvo un éxito sin precedentes, despertando un lógico entusiasmo en el público”.

“La Goya, la Iberia, la Malagueñita, la Sevillita y otros elementos brillantes que constituyen el elenco de variedades nos trajeron un trasunto de la madre patria con sus bailes, sus cantos, sus tonadillas, todos motivos capaces de despertar alegrías.

De ahí que el teatro Urquiza se viera concurridísimo todas las noches, y que la troupe conquistara verdaderas ovaciones” (El País, 19-7-1914; del Diario Español, de Montevideo).

Al año siguiente, la prensa vuelve a situar a “la notable ‘bailaora’ Malagueñita” (La Correspondencia de Valencia, 13-7-1915) en Buenos Aires, primero en el teatro Mayo, donde “cosecha muchos aplausos”, y después en el Casino. Aquí perdemos la pista a esta extraordinaria bailaora. Según José Luis Navarro, “el público porteño se apropió de su arte y ella ya no regresó a España. Se casó y terminó abandonando las tablas, las luces y la popularidad por una vida dedicada a los suyos”. (1)


NOTA:
(1) José Luis Navarro, “La Malagueñita. Últimas actuaciones”.


Encarnación ‘La Malagueñita’, salero y elegancia a partes iguales (I)

Si pensamos en bailaoras malagueñas, la primera que se nos viene a la mente es la genial Trinidad ‘La Cuenca’ (1857-1890), a quien en su día dedicamos varias entradas. Trinidad destacó por su baile típicamente masculino, que ejecutaba vestida de hombre, algo totalmente inusual en aquella época. El número que le dio fama internacional sin duda fue el baile del torero, que consistía en imitar, una por una, las distintas suertes del toreo.

Trinidad Cuenca (The National Police Gazette, New York, 28-7-1888)

Trinidad Cuenca (The National Police Gazette, Nueva York, 28-7-1888)

A principios del siglo XX empieza a conquistar los escenarios una paisana de La Cuenca, que adopta el nombre artístico de “La Malagueñita”, y que también sorprende por ser una de las primeras en ejecutar bailes típicamente masculinos, como la farruca o el garrotín, vestida con pantalones.

Las primeras referencias que encontramos sobre esta artista, llamda Encarnación Hurtado, aluden a su debut en el madrileño teatro de Novedades, el día 3 de enero de 1906. La prensa menciona a la artista como “Encarnación, la Malagueñita, bailadora gitana de tientos y tarantas” (Heraldo de Madrid, 1-1-1906) o “La Malagueñita, bailadora de tarantas” (La Época, 3-1-1906). En el cartel también figuran famosas cupletistas de la época, como La Fornarina o La Chelito.

Sin embargo, Encarnación no sólo destaca en el baile por tarantas. Unas semanas más tarde, en el mismo salón, se anuncia una nueva actuación de “la notable bailarina española ‘La Malagueñita’, que es una especialidad en las danzas orientales y en los bailes gitanos” (La Correspondencia de España, 26-2-1906).

Una brillante carrera en la España y Portugal

A finales de marzo, Encarnación Hurtado se presenta en el teatro de la Zarzuela, entre un nutrido elenco de artistas de variedades en el que también figura la Fornarina; y ya en el mes de abril marcha a Lisboa junto a la compañía de zarzuela cómica española, que debuta en el teatro de Doña Amelia. El cuerpo de baile lo completan las hermanas Esmeraldas, la Tarifeña y la Trianita.

Encarnación Hurtado, La Malagueñita (Eco Artístico, 6-5-1911)

Encarnación Hurtado, La Malagueñita (Eco Artístico, 6-5-1911)

Tras regresar a Madrid para protagonizar, junto a Pastora Imperio, el cuadro ‘Una fiesta andaluza’ sobre las tablas del Central Kursaal, La Malagueñita sigue actuando en la capital portuguesa, suponemos que con éxito, pues la presentación de la artista en el Salón Concert Actualidades madrileño, previsto para principios de julio, ha de posponerse debido a la ampliación del contrato de la artista en Lisboa:

“Salón Concert Actualidades.- […] iba a debutar otra artista también famosa. Es la singular bailarina ‘La Malagueñita’, creadora de los bailes gitanos La farruca y El garrotín, que debutará el día 2 del próximo julio” (Heraldo de Madrid, 29-6-1906).

“Salón Concert Actualidades.- […] El debut de la popular Malagueñita […] ha tenido que ser aplazado unos días, por haberle prorrogado el contrato la Empresa del teatro donde actúa ahora en Lisboa” (Heraldo de Madrid, 5-7-1906).

En el cartel del Actualidades también figuran artistas como La Argentina, Amparito Muñoz o Las Esmeraldas. La esperada presentación de La Malagueñita es todo un éxito:

“Salón Concert Actualidades.- Desde el jueves viene actuando allí una artista notabilísima, la bailaora andaluza Encarnación, la Malagueñita, creadora de los bailes gitanos La farruca y El garrotín, que popularizó ella en Madrid durante la pasada campaña de invierno, cuando tanto vuelo se dio al género de varietés.

La Malagueñita ha hecho una creación de los dos citados bailes.

Es la artista graciosa y esbelta, que ha sabido sorprender los secretos mágicos de la danza andaluza con toda su riqueza de cadencias y ritmos voluptuosos que la caracterizan.

En ninguno de sus movimientos hay asomos de obscenidad ni de mal gusto. Por el contrario, respira su meritísima labor en todos momentos un arte y una delicadeza, que hacen de la simpática bailadora la típica cultivadora del clásico baile gitano.

El público la aplaude con entusiasmo, y es lo mejorcito que hemos visto en aquél Salón” (Heraldo de Madrid, 15-7-1906).

Consuelo Bello Cano, la Fornarina

Consuelo Bello Cano, la Fornarina

En otoño de 1906, Encarnación Hurtado se presenta en locales como el Salón Variedades de Zaragoza o el Teatro Circo Barcelonés. En primavera de 1907 se puede ver en el Kursaal madrileño -donde “logró un buen éxito con sus bailes gitanos” (La Época, 1-4-1907)- y en el Teatro de Verano de Alicante a “‘La Malagueñita’, bailarina española graciosa en extremo, y con una flexibilidad y ‘movilidad’ de cintura ‘emocionantes’” (La Correspondencia de Alicante, 20-5-1907).

En este último coliseo coincide de nuevo con La Fornarina, así como con el cantaor Sebastián Muñoz, Gayarre chico, y el guitarrista Pascual Aguilar. Tanto la cupletista como la bailaora son muy apreciada por el público alicantino:

“Teatro de Verano. […] La inimitable cupletista ‘La Fornarina’ es delirantemente ovacionada por el público cada vez que sale a escena. […]

Aunque cultivando distinto género, pues una canta y la otra baila, La Malagueñita no le va en zaga a La Fornarina en gracia, simpatía y desenvoltura. Esta bella artista con sus graciosas genialidades y sus picarescas iniciativas es muy celebrada y aplaudida por el público” (El Graduador, 5-6-1907).

Tras el éxito cosechado en Alicante, La Malagueñita se presenta en el salón Novedades de Valencia, junto a distintas artistas de variedades como La Trigueñita o Bella Raquel.

Rumbo a Cuba

Unos meses más tarde, la prensa la sitúa en La Habana. La revista española El arte del teatro, en la sección dedicada a la capital cubana, publica las siguientes informaciones:

“Encarnación Hurtado ‘La Malagueñita’ es de todas las variedades de Payret la más atrayente, valiosa y aplaudida. Bajita, delgada, trigueña, simpática, con mucho donaire y mucha sal, ejecuta sus números coreográficos con bastante acierto” (12-1-1908). (1)

“En Payret, Martí y Actualidades, que se ven favorecidos por numerosísimo público, triunfan los Ash, notabilísimos bailarines, La Malagueñita, la Españolita, Coralito, Toreski, la Monterde y Conchita Soler” (1-2-1908).

La Malagueñita (Mundo Ilustrado, 22-8-1909; foto publicada por J.L. Navarro en el blog El eco de la memoria)

La Malagueñita (Mundo Ilustrado, 22-8-1909; foto publicada por J.L. Navarro en el blog El eco de la memoria)

A partir del mes de junio, Encarnación pasa al teatro Albisu, también en La Habana. La prensa local destaca sus buenas cualidades para el baile flamenco, que la hacen cosechar abundantes aplausos. Veamos algunos de los elogios que le dedica el diario El Mundo (2):

“Es La Malagueñita una bailarina de excelente estilo y mucha agilidad y que conoce al dedillo todos los bailes españoles” (El Mundo, 8-6-1908).

“La Malagueñita, que hace esculturas al minuto con su propia carne […] se arrancó anoche por todo lo alto y todo lo bajo en Albisu bailándose unas cositas flamencas de mucho arrastre […].

La Malagueñita sabe dónde le aprieta el compás y, como es garbosa a más no poder, se mete en las entretelas del corazón del público que no se cansa de aplaudirla” (El Mundo, 9-6-1908).

“En Albisu recogió palmas y celebraciones ayer La Malagueñita que no se deja echar la zancadilla por nadie en lo atañadero a dar al Tango lo suyo” (El Mundo, 10-6-1908).


NOTAS:
(1) Referencia aportada por José Luis Navarro en su artículo “La Malagueñita en La Habana”, publicado en el blog ‘El Eco de la Memoria’. Según el autor, tanto ésta como el resto de referencias que presenta, extraídas del diario cubano El Mundo, se deben a José Luis Ortiz Nuevo.
(2) Todas las referencias de la prensa cubana han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y reproducidas por José Luis Navarro en el artículo antes mencionado.


Carmencita Dauset, la reina de Broadway (II)

La Feria de Sevilla en París

El empresario Don José Oller no escatima en medios a la hora de llevar a escena La Feria de Sevilla. Al son de castañuelas, guitarras y tambores, la pista del Nuevo Circo parisino se va llenando de alegría y colorido. Entre los puestos de fruta y buñuelos desfila -a pie o a caballo- una multitud de gitanos, chalanes, majas, toreros e incluso algún inglés despistado.

Las protagonistas del espectáculo son Trinidad Cuenca, vestida con traje de hombre, y Carmen Dauset, quienes, tras vaciar varias unas copas de manzanilla, bailan juntas “una pegadiza sevillana, acompañadas por las guitarras, los ‘¡ole!’ de los espectadores y los bravos acompasados de las espectadoras” (Le Gaulois, 6-3-1887). (1)

Grabado "La Feria de Sevilla" en el Nouveau Cirque, 1877

Grabado “La Feria de Sevilla” en el Nuevo Circo de París

Después “un gitano viene a cantar un poco de ‘flamenco’ lleno de sabor melancólico, y la Srta. Carmen baila, sola, una pegadiza petenera” (Gil Blas, 7-3-1887), “un baile muy lascivo” (L’Intransigeant, 7-3-1887)“; un paso gracioso a más no poder y compuesto de una extraordinaria serie de vueltas de cintura” (Le Gaulois, 6-3-1887).

Es entonces cuando la Cuenca ejecuta la famosa pantomima de una corrida de toros, en la que ella misma encarna al picador, al banderillero y al primer espada; y a continuación, la Srta. Dolores entona la canción ‘Nina’ acompañándose con las castañuelas.

El último cuadro comienza con el paseíllo de los payasos-toreros al son de la marcha ‘Pan y toros’, que es interpretada por la estudiantina. En esta ocasión es el famoso clown Tony Grice, vestido con un traje de luces regalo de Frascuelo, quien se enfrenta a un astado de cartón, que posteriormente será sustituido por un novillo de carne y hueso.

Un espectáculo muy auténtico

La prensa destaca especialmente la fiel recreación del ambiente español y andaluz, conseguida merced a la autenticidad de sus protagonistas y figurantes:

“En una palabra, es España entera la que respira y se agita en la estrecha pista del Nuevo Circo; España, con sus bailes voluptuosos, en los que la Carmencita, la Cuenca y la García rivalizan en gracia exquisita, actitudes provocativas y verbo endiablado” (Le Figaro, 8-3-1887).

Carmencita Dauset

Carmencita Dauset

Por encima de todo, lo que más llama la atención del público es la actuación de Tinidad Cuenca y Carmen Dauset. Esta última, con su belleza morena y su vistosa interpretación de la petenera, trae locos a los franceses:

“Un hombre se sienta a una mesa y entona un aire popular, acompañándose con la mandolina. Después, una bailarina, arqueada de una manera extraña, la señora Cuenca, imita toda una corrida de toros, con mucha gracia, ¡doy fe! Deja sitio a la señora Carmencita, que baila con fantásticos contoneos del busto y las caderas, movimientos de brazos y manos, y abundantes taconeos, la célebre ‘peterera’ (sic).- ‘¡Ole! ¡ole!’, grita la multitud, aplaudiendo” (Le Petit Parisien, 8-3-1887).

“lo más interesante […] es el bolero bailado con mucha chulería por la señora Carmencita, una muchacha guapísima” (Le Matin, 6-3-1887).

El éxito de La Feria de Sevilla supera todos los pronósticos. En los diez primeros días de representación, la recaudación de taquilla asciende a 45.000 francos, y a finales de mayo, cuando se cumplen cien funciones, el Sr. Oller lo celebra invitando a toda la troupe a una “velada muy íntima y marcada por una sincera alegría”, que “terminó con auténticos bailes flamencos que provocaron el entusiasmo de los raros privilegiados de esta fiesta. Las Srtas. (sic) Carmencita y Grau fueron […] muy aplaudidos” (Gil Blas, 31-5-1887).

Cartel de "La Feria de Sevilla" en el Nuevo Circo

Cartel de “La Feria de Sevilla” en el Nuevo Circo

A finales de junio, aprovechando el cierre estival del Nuevo Circo, La Feria de Sevilla sale de gira por el norte de Francia y obtiene, en ciudades como Lille, Le Havre o Amiens, “un éxito brillante” (La Justice, 29-8-1887). A principios de octubre, el espectáculo regresa al local de la calle Saint-Honoré.

De nuevo en España

En el mes de diciembre se anuncia en el Jardín de Invierno de la capital parisina “la bailarina española Carmencita” (Le Radical, 15-12-1887), si bien no podemos confirmar que se trate de la Dauset. Unas semanas más tarde, ya en 1888, retomamos la pista de la almeriense en Madrid, en sendos festivales benéficos celebrados en el Teatro Apolo y en el de Novedades:

“También ofrecerá aquella función la novedad de presentarse al público la aplaudidísima Srta. Carmen Dauset, que bailará unas peteneras de la manera inimitable que tantas ovaciones la proporcionó el año pasado en el circo de Price […]. La Srta. Dauset ha permanecido un año en los teatros de París, donde fue extraordinariamente aplaudida, y antes de volver a salir para el extranjero se presentará al público en el teatro de Apolo pasado mañana” (La Correspondencia de España, 1-2-1888).

“Mañana se verificará en el teatro Novedades una función extraordinaria […]
tomará parte en la función la incomparable bailarina Carmen Dauset bailando las peteneras. Esta bella artista saldrá en esta semana para recorrer varios teatros” (El Liberal, 21-4-1888).

Gran éxito en Aragón

Tras cumplir con sus compromisos en la capital, Carmencita inicia una gira junto a su cuñado Antonio Grau, la bailarina Emilia García y la estudiantina Fígaro. En el mes de mayo actúan con gran éxito en tierras aragonesas. La prensa oscense se llena de alabanzas para la artista, que llega precedida de una gran fama y no defrauda a nadie:

Carmencita Dauset

Carmencita Dauset

“Al anunciar en nuestro número de ayer el debut de la estudiantina Fígaro y de la notable bailarina Carmecita Dausset (sic), lo hicimos con cierta reserva, ante el temor de que resultaran apasionados los elogios de la prensa de otras ciudades, que habíamos consultado previamente; mas a poco de comenzarse el espectáculo, nos convencimos de que toda ponderación resulta pálida, pues la función celebrada anoche en nuestro Teatro principal fue lo más agradable y bellísimo que imaginarse puede. […]

Carmencita Dausset (sic) […], que goza justo renombre en el difícil ejercicio de su profesión, posee la propiedad de fascinar al público con su natural y agradable sonrisa y con los movimientos de su flexible talle: sus diminutos pies son:

‘dos niños traviesos que juguetean
en el mismo dintel del Paraíso’

como dijo el inmortal López de Ayala y, en fin, toda ella es un conjunto de gracia y desenvoltura que ya no cabe pedir más” (La Crónica, 23-5-1888).

Carmencita Dausset (sic) es una maravilla, porque a su natural gracejo y voluptuosidad reúne la circunstancia de bailar a la perfección las peteneras que la han hecho célebre” (La Crónica, 23-5-1888).

En Barcelona, toda una estrella

Unas semanas más tarde, la troupe se dirige a Barcelona, donde se está celebrando la Exposición Universal. El 16 de junio debuta en el Teatro Tívoli “la original e incomparable y bella Carmencita Dausset” (La Dinastía, 16-6-1888), en un programa que incluye dos zarzuelas, cante y baile, y en el que la almeriense vuelve a brillar con sus peteneras, malagueñas -cantadas, estas últimas, por su cuñado El Rojo el Alpargatero– y sevillanas.

Exposición Universal de Barcelona, 1888

Exposición Universal de Barcelona, 1888

Como ya sucediera en Huesca, la crítica catalana cae rendida ante los encantos de Carmen, que empieza ya a perfilarse como la estrella que es:

“La gran atracción de estos días ha sido la presentación de la bailarina Carmencita Dausset, una flamenca originalísima y sumamente simpática.

Dotada de una figura distinguida y graciosa en grado superlativo, su aparición en la escena ya le vale un triunfo.

Pero cuando comienza a bailar y a dar vueltas, se dobla como un junco, se estira, se agacha y da unas pataditas intercaladas con mucha oportunidad, el entusiasmo del público se desborda y, a pesar de bailar sola, les parece ver en la simpática Carmencita todo un mundo coreográfico.

¿Qué baila? ¿Cómo baila? No lo sé. La verdad es que su gracia y su figura dominan al espectador más enemigo de los brincos y las volteretas. Carmencita Dausset es una especialidad, tiene personalidad propia: no puede compararse con ninguna ni decirse de ella que lo hace como ésta o como aquella otra. Carmencita sólo hay una: la del Tívoli” (La Esquella de la Torratxa, 23-6-1888).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.