Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Salud Rodríguez, la “zapateadora” prodigiosa

Salud Rodríguez nació en Sevilla en 1876 y desde su más tierna infancia sintió pasión por el baile, lo cual no es de extrañar, teniendo en cuenta que su padre era el guitarrista Juan Manuel Rodríguez “el Ciego” -“que si bien no fue muy extenso en ejecución, acompañaba los cantes y, cosa rara, en un ciego, los bailes, con una precisión inconcebible”-, y que cuatro de sus seis hermanos y hermanas también se dedicaron al mundo del espectáculo, tal y como relata Fernando el de Triana en su libro Arte y artistas flamencos (1935): “Lola, bailadora puntera; Mercedes y Baldomero, fenomenal pareja de baile de palillos, y Joaquín, guitarrista de buena clase, aunque no de gran ejecución”.

Salud Rodríguez, “la hija del Ciego”, debutó cuando era sólo una niña, en el sevillano Café de Silverio. En mayo de 1882, La Unión Mercantil hace referencia a su paso por el Teatro Cervantes de Málaga, a los seis años de edad; y en abril de 1886, La Palma de Cádiz reproduce una información publicada en la prensa malagueña, relativa al debut de la compañía de “Las Viejas Ricas” de Cádiz, que comienza sus representaciones en el Teatro-circo de Variedades, y que incluye el siguiente “cuadro del genero andaluz”:

“Cantadores, D. Antonio Ortega (conocido por el Breva), D. Félix Magan y Don Antonio Pozo (niño de diez años). Bailadora, Srta. Dª. Salud Rodríguez (niña de diez años), conocida por la hija del ciego. Bailador, D. Francisco Cortés. Tocadores, D. Manuel Montero y D. Manuel Rodríguez, el ciego” (30-4-1886).

Una alumna aventajada

Según Fernando el de Triana, la joven Salud “al principio tenía un pequeño defecto en la colocación de los brazos, que ella misma corrigió viendo a la gran maestra”, Trinidad Huertas “la Cuenca”, quien años antes había revolucionado el mundo del flamenco al ejecutar bailes típicamente masculinos vestida de hombre, algo realmente escandaloso para la época.

Salud Rodríguez, la hija del CiegoSalud Rodríguez, la hija del Ciego

Además de a la mencionada artista, “la hija del Ciego” también tuvo como maestro a Enrique “el Jorobao”, todo un virtuoso en el arte del zapateado. De ellos aprendió la pequeña Salud la mejor técnica, si bien añadió “muchos detalles de su propia cosecha, muy difíciles de ejecutar”, en opinión de ese mismo autor.

Quienes la conocieron coinciden en resaltar la excelente calidad artística de la joven bailaora, que ejecutaba magistralmente las escobillas y zapateados. Así, Pepe el de la Matrona, en sus confesiones a José Luis Ortiz Nuevo (1), le dedica las siguientes palabras: “Salú Rodríguez, que bailaba vestía de hombre, la mujer que yo he visto por alegrías hacer el baile de hombre más perfecto”.

Parece ser que cualidades no le faltaban, pues su carrera fue realmente meteórica. Durante la década de los ochenta recorrió toda la geografía española con varios espectáculos, como el que anuncia en 1889 el Diario de Córdoba, que se refiere a ella como “la Nueva Cuenca”:

“Circo del Gran Capitán.- Para hoy prepara la compañía ecuestre de don Rafael Díaz una extraordinaria función, antepenúltima de la temporada. Se repetirá el episodio bailable, cantante, cómico y taurino, titulado La feria de Sevilla, en la que se lidiará un verdadero y bravo novillo por el aplaudido diestro don Eduardo Díaz (Frascuelo). No faltarán en la escena del baile y el cante flamenco las aplaudidas señoritas Aniceta y Constanza Díaz, y la ‘Nueva Cuenca’ Salud Rodríguez” (29-6-1889).

De Sevilla a Madrid

En los años noventa Salud se traslada definitivamente a la capital de España, donde desarrolla la mayor parte de su carrera. En 1893, durante varios meses consecutivos, la prensa se hace eco de sus actuaciones en el Teatro Martín, donde forma parte del cuadro flamenco “Una juerga en Sevilla”, que suele representarse como colofón de las obra Luis Candelas, entre otras. Salud comparte escenario con artistas como la bailaora Antonia Gallardo, “la Coquinera” o el cantaor Juan Breva. Su padre, Juan Manuel Rodríguez, también interviene como guitarrista en algunas de las funciones. La prensa de la época suele elogiar el buen hacer de la bailaora:

“Las reputadas bailarinas Salud Rodríguez y las hermanas Prada bailarán al final de cada sección” (El País, 5-3-1893).

“En el favorecido teatro Martín se representarán hoy sábado, en dos secciones, las extraordinariamente aplaudidas obras Luis Candelas y José María, presentándose en las escenas más culminantes de dichas producciones, Una juerga en Sevilla, donde tanto se distinguen las notables bailadoras Salud Rodríguez y Antonia Gallardo” (La Correspondencia de España, 1-4-1893).

“… en escena el aplaudido apropósito titulado Una juerga en Sevilla, en el que tomarán parte el aplaudido cantaor Juan Breva, tan conocido por el público de Madrid, y la célebre bailaora Salud Rodríguez, que tan justamente llama la atención de la concurrencia” (La Correspondencia de España, 3-4-1893).

En julio de ese mismo año, La estafeta de León publica la crónica de un espectáculo similar, compuesto por la representación de varios dramas, seguidos de un espectáculo flamenco, en el que vuelve a brillar con luz propia la hija del Ciego:

“Una verdadera sesión de baile y canto andaluz, con peteneras, zapateado, sevillanas, seguidillas, guajiras, tango, todo, en fin, lo que puede llamarse flamenco, pero flamenco clásico y culto. La malagueña de Juan Breva, los armoniosos y melancólicos cantos del Canario y del Mochuelo, y el zapateado magistralmente bailado por la Srta. Salud Rodríguez entusiasmaron de tal manera al público que llenaba completamente el teatro, que ambas funciones duraron hasta cerca de las dos de la madrugada, sin que nadie sintiera cansancio de tan bello espectáculo” (29-7-1893).

Unos meses más tarde, de nuevo en Madrid, Salud forma parte del elenco de actores y artistas flamencos que actúan en una función benéfica celebrada en el teatro Príncipe Alfonso. En el cartel destacan también las bailaoras Antonia Gallardo “la Coquinera”, Matilde y Josefa Prada, los cantaores Juan Breva y Antonio Pozo “el Mochuelo”, y el guitarrista Joaquín Rodríguez -hermano de Salud-, entre otros muchos artistas.

Antonia Gallardo, la Coquinera, y Trinidad Huertas, la CuencaAntonia Gallardo, la Coquinera, y Trinidad Huertas, la Cuenca

En 1894, en el Liceo Rius, El Imparcial anuncia un “gran concierto de cante y baile andaluz, en el que tomará parte la plana mayor del género flamenco” (21-11-1894). En él intervienen artistas de primer nivel, como las bailaoras Juana y María Vargas, “las Macarronas”, el cantaor Juan Breva, o la pareja de sevillanas formada por “la tan aplaudida Salud Rodríguez y hermana”.

Unos meses más tarde, “las primeras bailarinas del género andaluz, señoritas Salud Rodríguez y Antonia Gallardo” (La Correspondencia de España, 5-1-1895) debutan en los Jardines del Buen Retiro, donde se representa la obra José María o los bandidos de Sierra Morena.

La conquista de Alemania

En la primavera de 1895, Salud Rodríguez y sus hermanos Lola y Joaquín forman parte de la compañía de cante y baile flamenco que se desplaza a Berlín para ofrecer una serie de espectáculos… toda una aventura, que la prensa describe de esta forma:

“Desde hace días está funcionando en Berlín un cuadro de tocadores de guitarra, bailadoras y cantadoras del género flamenco. La compañía se formó en Madrid, contratándose los artistas por cuatro duros diarios cada uno. Los periódicos de Berlín dedican largas crónicas a los trabajos de los artistas. […]
El número que más agrada es de los bailables sevillanos. Los tocadores de guitarra, Francisco Martínez y Rafael Marín, son calificados de notabilidades. La Macarrona, la Cotufera y las hijas del Ciego, hacen las delicias de los alemanes en los diferentes números de baile flamenco que ejecutan. […]
Los artistas pasaron muchos apuros hasta llegar a Berlín. Tuvieron que cambiar de tren muchas veces, y como no llevaban intérprete, fue preciso entenderse con los empleados del ferrocarril por medio de señas. […]
La compañía está formada por por los siguientes artistas: Juana Vargas, la Macarrona; Antonia García, la Gitana; Salud y Dolores, las Hijas del Ciego; María de Haro, la Cotufera; Antonia García Vargas; Enriqueta Macho; María Bocanegra; Amalia Pimentó; Matilde Prada; Josefa Gallardo; Carmen la de Pichiri; Antonio de la Rosa Pichiri; José Barea; Rafael Martín; Francisco Barberán; Joaquín Rodríguez; Juan Gallardo y Francisco Martínez” (La Correspondencia de España, 4-4-1895).

Salud y Lola Rodríguez, en BerlínSalud y Lola Rodríguez, en Berlín

En 1897, la prensa vuelve a situar a Salud Rodríguez en Madrid, en el Salón Variedades. La bailaora participa en un concierto benéfico dedicado al cantaor Juan Ríos, en el que también intervienen artistas como María Vargas, Antonio Pozo “el Mochuelo” o Matilde Prada, entre otros.

Salud y Lola Rodríguez, una excepcional pareja de baile

A partir de este momento, las mayor parte de las alusiones a Salud Rodríguez que encontramos en la prensa la vinculan a su hermana Lola, con quien forma pareja de baile por sevillanas. En 1898 y 1900, ambas actúan en el teatro de la Zarzuela. En 1901 se presentan en el Teatro Barbieri, en una función benéfica, y al año siguiente, en el Teatro Real, en un baile de máscaras organizado por la Asociación de la Prensa.

En este último intervienen numerosas artistas, algunas de ellas francesas, así como varias parejas españolas, procedentes de distintas salas y teatros de variedades de Madrid, que bailan las sevillanas compuestas por el maestro Chapí para la zarzuela Vía libre. Entre ellas, destacan las siguientes:

“Gracia la Morenita, Lola y Salud Rodríguez, del Japonés; Encarnación Fernández, Consuelo Anastasio, Rosario Acosta y la Bella Belén, el teatro Romea, y Pastora Imperio, María Reina, Julia Esmeralda, Emilia Santi y la Africanita, del Salón de Actualidades” (La Época, 30-1-1902).

“Las sevillanas, bailadas por Lola y Salud Rodríguez, Gracia la Morenita, Rosario Acosta, las bellas Imperio y Belén y otras artistas, constituyeron una nota original, castizamente española. Tanto éxito alcanzó el número, que hubo necesidad de repetirlo” (La Época, 2-2-1902).

En 1902 y 1903, las hijas del Ciego también viajan a Sevilla en varias ocasiones, para actuar en el Salón Filarmónico y en el Oriente, donde coinciden con primeras figuras del flamenco, como un jovencísimo Manuel Torre. El espectáculo lo abre la actuación de una chirigota gaditana, tras la cual da comienzo el programa flamenco, en el que ocupan un lugar predominante “LAS HIJAS DEL CIEGO”, cuyo nombre aparece tipográficamente destacado en el cartel. Comparten escenario con ellas los siguientes artistas: Juana Valencia “la Sordita”, Juana y Fernanda Antúnez, Pepa de Oro, Josefa Molina, María Valencia “la Serrana”, y Rita Ortega, acompañadas de los tocadores Juan Ganduya “Habichuela” y Joaquín Rodríguez “el hijo del Ciego”. También merece un lugar destacado “Manuel Soto (el Niño de Torres)”.

Maestra y referente de bailaoras y bailaores

A partir de ese momento, pocas reseñas más encontramos en la prensa sobre Salud Rodríguez. A través de un reportaje publicado en El Heraldo de Madrid en 1929, sabemos que la bailaora compartió con Francisco Lema, Fosforito, “muchas campañas triunfales en una de las épocas más esplendorosas del cante hondo”.

Pepe el de la Matrona y Fernando el de Triana, en las ya mencionadas obras, destacan el magisterio ejercido por la artista con el bailaor Estampío:

“… esta Salú fue la que sirvió de maestra a Estampío. Por el año doce vino Estampío a Madrid, era aficionao a los toros y andaba por las capeas y por los pueblos bailando ‘el picaor’, un baile de chusma, y se presentó aquí y cayó bien, cayó en gracia y le contrataron en el Café de la Madalena, que ahí bailaba Salú. Y ahí l’empezó a preguntar esto y lo otro…, y total, se hizo la clase de bailaor que fue Estampío, porque cogió de ella el baile de hombre” (Pepe el de la Matrona).

“Fue el más ferviente devoto de aquella virtuosa del baile que se llamó Salud Rodríguez, la Hija del Ciego, y aunque en su época de aficionado copió de los buenos bailadores que entonces había, era el de Salud el que más le agradaba” (Fernando el de Triana).

El bailaor EstampíoEl bailaor Estampío

Además del Café de la Magdalena, distintos locales madrileños también fueron testigos del arte de la hija del Ciego, como el Café del Gato, en el que coincidió a principios del siglo XX con Manuel Escacena y el bailaor “el Macareno”; el Café Numancia, el de la Marina, el Teatro Barbieri o el Café Concert.

En el Barbieri sitúa Manuel Ríos Ruiz a la bailaora allá por el año doce, en un homenaje a José Ortega. En 1914, Salud forma parte del cuadro flamenco que actúa en el Café Concert, junto a la Antequerana y Estampío; y dos años más tarde se presenta en el Teatro Madrileño, donde comparte cartel con la Rubia de Jerez, la Antequerana y Ramón Montoya, entre otros artistas.

Pocos datos más conocemos de esta bailaora, salvo los que nos ofrecen, de primera mano, distintos artistas que coincidieron con ella en algún momento de su carrera:

“Vestida de jerezana y metida en zapateado, era un monumento a la raza” (Antonio el de Bilbao).

“En el Café de la Marina me tocó actuar al lado de las famosas Macarronas, de Malena, de Salud, la hija del Ciego, que representa para mí lo más grande en bailes de hombres interpretados por una mujer, que aparecía en traje de corto con zajones y sombrero calañés, chiquita y con una voz cavernosa que coincidía perfectamente con su arte” (Ramón Montoya).

“… como la Macarrona y la Malena, ninguna. Salú sí. Salú en lo suyo era portentosa, no sabía andar con vestío de mujer porque estaba acostumbrá al vestío de hombre” (Pepe el de la Matrona).

De esos testimonios se desprende que Salud Rodríguez, la hija del Ciego, muy pronto dejó de ser una alumna aventajada de la Cuenca para convertirse en toda una maestra de lo que entonces se consideraba el “baile de hombre”, algo realmente rompedor e incluso revolucionario para una época en que los roles masculinos y femeninos, tanto en el flamenco como en la sociedad en general, estaban perfectamente delimitados.

Cuál no sería la calidad de esta muchacha que, no sólo resistía la comparación con la Macarrona y la Malena -los dos mejores referentes de su tiempo en baile de mujer-, sino que, además, fue elegida como maestra por Estampío y Lamparilla, que estaban llamados a convertirse en importantes figuras del baile masculino.

(1) Ortiz Nuevo, J. L., Pepe el de la Matrona. Recuerdos de un cantaor sevillano, Madrid, Demófilo, 1975.


Adela Cubas, una guitarrista hecha a sí misma (y II)

Recorriendo España junto a Antonio Hernández

En marzo de 1913, la revista Diana (Cádiz) anuncia un nuevo número de variedades:

“El notabilísimo bandurrista D. Antonio Hernández, tan aplaudido últimamente en nuestro Teatro Cómico, ha formado número con la afamada profesora de guitarra Adela Cubas, que durante muchos años ha acompañado con el clásico instrumento al cantador El Mochuelo. Dada la maestría y dominio de la Srta. Cubas en la guitarra y conocedores de las perfectas imitaciones que del cante flamenco ejecuta en la bandurria el señor Hernández, con especialidad en el estilo de la Niña de los Peines, auguramos una serie de triunfos al nuevo número de varietés” (12-3-1913).

Comienza, por tanto, una nueva etapa en la carrera artística de Adela Cubas, quien, junto a su recién estrenado compañero, continuará recorriendo diversos escenarios por toda la geografía española. En mayo se presentan en San Fernando (Cádiz), donde “su esmerada labor” los hace merecedores de “aplausos unánimes y espontáneos” (Eco Artístico, 25-5-1913). La prensa local no escatima en elogios para la artista:

Adela Cubas, de fama nacional, que conoce la guitarra y que la siente con su alma soñadora, la que se refleja por sus ojazos negros y agitanados, puede afirmarse que es una verdadera Rubinstein en el manejo del clásico instrumento, porque ya no es posible ni más dulzura, ni mayor agilidad, ni más buen gusto” (Diana, 12-5-1913).

Anuncio del espectáculo de Adela Cubas y Antonio Hernández, Eco Artístico (1913)Anuncio del espectáculo de Adela Cubas y Antonio Hernández, Eco Artístico (1913)

En el mes de julio, Adela viaja de nuevo a Barcelona, para formar parte de un espectáculo en el Gran Salón Doré, en el que destaca especialmente sobre el resto de artistas: “Eloísa Carbonell bailando un tango, acompañada á la guitarra por Adela Cubas: vaya una bailarina y una guitarrista” (Eco Artístico, 25-7-1913).

En octubre regresa a Cataluña, y se presentan en el Teatro Principal de Tortosa (Tarragona), “la bella y genial Adela Cubas y el aplaudidísimo Antonio Hernández, concertistas, imitadores de las eminentes celebridades que brillan en Europa, de un talento y un gusto artístico extraordinario” (Diario de Tortosa, 11-10-1913). Allí el público pudo saborear

“el arte insuperable de Adela Cubas, que hemos de confesar no tiene rival en la interpretación, con su guitarra, de las piezas flamencas y gitanas. […] Los repetidos aplausos obligábanles a ofrecernos otra, otra y otra, cada vez más hermosas, y el último día terminaron con una jota tan soberbiamente ejecutada y sentida, que la concurrencia, como si sintiese repercutir aquellas notas vibrantes en su alma, restaba profundamente emocionada” (Diario de Tortosa, 11-10-1913).

Barcelona, Bilbao y, de nuevo, Madrid también son testigos de sus éxitos. En diciembre, en el Trianón Palace “son muy aplaudidos Adela Cubas y Antonio Hernández en su género flamenco, en el que Adela tiene el número uno” (Eco Artístico, 5-12-1913).

El nuevo año lo reciben en Guadalajara. Allí comparten cartel con otros artistas de variedades, “pero lo que verdaderamente llamó la atención fue el esmerado trabajo de Adela Cubas que tocó la guitarra como puedan tocarla en la Corte Celestial. Eso es tocar; lo demás es armar ruido” (La Palanca, 21-12-1913). Noche tras noche, la artista sigue demostrando su maestría y versatilidad:

“Adela sabe hacer llorar a la guitarra, esos sentimentales cantos asturianos, sabe llegar al alma del que la escucha, al rasguear habilísima las cuerdas, arrancando la alegre música andaluza y enardecer el espíritu con las bravas y pujantes notas que nos hablan de Aragón y sus quereres, con la lengua flexible de la jota aragonesa” (Revista Flores y abejas, 4-1-1914).

Tras pasar por Aranjuez, en primavera la pareja vuelve a tierras gaditanas: El Puerto de Santa María, San Fernando, Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda son algunas de las localidades en las que actúan, y “son aplaudidos sin tasa en todo el género flamenco, que interpretan con estilo y gusto” (Eco Artístico, 25-5-1914).

A finales de mayo, la revista Diana (Cádiz) anuncia que los celebrados artistas próximamente “emprenderán una tournée por nuestras posesiones de África, empezando por Tetuán, y continuando por Larache, Ceuta, Melilla y Tánger. Nuestra enhorabuena a la Srta. Cubas y al Sr. Hernández, a los cuales deseamos continúen obteniendo idénticos triunfos que los conseguidos hasta ahora” (31-5-1914).

Caricatura de Adela Cubas y Antonio Hernández (Diana, 31-5-1914)Caricatura de Adela Cubas y Antonio Hernández (Diana, 31-5-1914)

En junio, la guitarrista muestra su lado más solidario, al colaborar en una fiesta benéfica organizada en el teatro Español de Madrid por la Juventud republicana, con el fin de recaudar fondos para la creación de escuelas para niños y clases nocturnas para adultos.

Siguen las giras, con La Malagueñita, El Mochuelo…

Una vez desvinculada artísticamente de Antonio Hernández, en otoño Adela regresa a Bilbao, Barcelona y Palma de Mallorca, lugares donde recibe grandes elogios junto a su nueva pareja flamenca: “La Malagueñita con su cante ‘jondo’, acompañada a la guitarra por esa ‘pequeñez’ de artista llamada Adela Cubas. ¡Ole las manitas!” (Eco Artístico, 5-11-1914). Durante varios meses, ambas continúan recorriendo la geografía española, y cosechan aplausos y “justas ovaciones” en Valencia, Málaga y Granada.

En julio de 1915, en el Salón de Variedades de Almería, “el célebre cantador de flamenco Antonio Pozo (El Mochuelo) y la eminente profesora de guitarra Adela Cubas, cantaron y tocaron respectivamente, aires andaluces como los propios ángeles” (El Popular, 18-7-1915). Los dos “alcanzaron calurosos aplausos, especialmente la última, que domina de manera magistral el tan celebrado instrumento” (Crónica Meridional, 19-7-1915).

Comienza, por tanto, una nueva etapa de colaboración artística entre la guitarrista y el cantaor, que a partir del mes de agosto participan en “Andalucía en Versalles”, que cosecha grandes éxitos en Madrid. El bailaor Estampío y el guitarrista Ramón Montoya, entre otros artistas, completan el cartel de este espectáculo teatral, “verdadera nota de color y buen gusto, que viene congregando un público selecto y numeroso […] y que hace aparecer diariamente en la taquilla el cartel de ‘No hay billetes’” (La Correspondencia de España, 3-9-1915).

En octubre, Adela Cubas y El Mochuelo actúan en Zamora, y a comienzos de 1916 viajan a La Coruña, donde “la renombrada guitarrista, es muy aplaudida acompañando al cantador flamenco” (Eco Artístico, 5-2-1916), y obtiene un “éxito colosal” la “Gran Fiesta Andaluza” en que ambos participan.

No obstante, la actividad de la guitarrista debe cesar durante un tiempo, y El Liberal nos informa sobre los motivos:

“ADELA CUBAS.- Después de tres meses de enfermedad, ha entrado en el periodo de convalecencia esta afamadísima artista de la guitarra. Sus muchos amigos y admiradores, que ignoraban la causa de su apartamiento del público, por no haberse dado noticia alguna de la dolencia que aquejaba, y aqueja todavía a la excelente guitarrista, no tardarán, afortunadamente, en tributaria de nuevo sus aplausos” (8-5-1916).

Una vez recuperada, en septiembre la artista regresa a La Coruña, donde vuelve a entusiasmar al auditorio: “el éxito del día consituyólo Adela Cubas, la famosa concertista de guitarra, que fue clamorosamente ovacionada. La Cubas tocó de modo admirable aires andaluces, jotas y guajiras, que el público aplaudió con calor” (El Noroeste, 8-9-1916).

Pocas semanas después inicia otra exitosa gira por tierras andaluzas (Málaga, Baza, Córdoba…), esta vez junto a La Malagueñita. El nuevo año lo estrena también en el sur de España, acompañando a Les Harturs, “un cuadro de canto y baile flamenco en su significación más castiza y clásica; elegante y simpático”. Sus actuaciones en distintas localidades gaditanas, granadinas y murcianas son muy aplaudidas. Por ejemplo, sobre su presentación en Murcia, El Liberal publica lo siguiente: “Les Harturs […] ha completado su interesante cuadro con la popular Adela Cubas, […] que tiene en su alma la magia zahorí de la música flamenca, y en sus dedos, el secreto sentimental de la guitarra” (12-6-1917).

En 1918, Adela se anuncia en distintos escenarios españoles -principalmente en Madrid, Valencia, Barcelona y Badajoz-, integrada en cuadros flamencos en los que acompaña a artistas como Eloísa Carbonell y El Mochuelo. Los programas en los que aparecen son de lo más variopinto, e incluyen bailarines, cancionistas e incluso perros comediantes.

De nuevo en Madrid, junto a dos bailarinas

A partir de 1919, la mayor parte de las referencias periodísticas que hallamos sobre Adela Cubas la sitúan en Madrid. Durante dos años aparece vinculada artísticamente a la famosa y versátil bailarina Mireya, que ejecuta tanto danzas clásicas como bailes modernos, exóticos, e incluso se arranca por soleares y granaínas.

Juntas se anuncian durante largas temporadas en el Parisiana, el Ideal Rosales y el Gran Teatro madrileño, entre otros. La prensa se hace eco de sus triunfos artísticos y destaca continuamente el buen hacer de la “simpática y notable guitarrista Adela Cubas” (Eco Artístico, 1-6-1919), toda una “maestra en el género” (La Correspondencia de España, 26-8-1919), “que, como pocos, dominan este instrumento” (Eco Artístico, 30-11-1919).

Adela Cubas y Mireya (Mundo Gráfico, 4-6-1919)Adela Cubas y Mireya (Mundo Gráfico, 4-6-1919)

La pareja también colabora en varios festivales benéficos y se presenta en otras ciudades, como Gijón, San Sebastián, Zaragoza, Pamplona o Puertollano, siempre con gran éxito y “entusiastas aclamaciones”. En agosto de 1920 Eco Artístico anuncia la disolución del vínculo laboral entre ambas artistas y poco después informa sobre el estreno de un nuevo número, formado por “la renombrada y excelente bailarinaNerina y “la célebre concertista de guitarra Adela Cubas” (15-09-1920).

El Parisiana madrileño sigue siendo testigo de la maestría de la guitarrista y su nueva pareja, si bien las referencias en prensa son mucho menos frecuentes, no sabemos si debido a una relajación del ritmo de trabajo de Adela Cubas a causa de su enfermedad, o bien por encontrarse actuando en teatros de provincias de cuya programación dieran cuenta únicamente los periódicos locales.

En cualquier caso, donde sí aparecen Adela y Nerina, junto a otros muchos artistas, es en el festival a beneficio de la Cruz Roja organizado en abril de 1922 por los estudiantes del preparatorio de Derecho y Filosofía y Letras en el madrileño el Teatro de la Princesa. Allí “se hicieron aplaudir extraordinariamente” (La Acción, 5-4-1922).

En septiembre de ese mismo año, la prensa recoge la noticia de la fundación del Sindicato de Artistas de Varietés, de cuya junta directiva forma parte Adela Cubas. De este modo conocemos una nueva faceta de la guitarrista que, además de solidaria, resulta ser una mujer comprometida en la defensa de sus derechos profesionales.

Una de sus últimas apariciones públicas tuvo lugar en noviembre de 1922 en el Círculo de Bellas Artes, con motivo de “una fiesta íntima, de las que dicho centro organiza frecuentemente, para alentar a los artistas y para dar a conocer éstos a los socios”. Las cupletistas Teresita España y Carmen de Triana, la bailarina Carmen Diadema y “la excelente guitarrista Adela Cubas” fueron muy aplaudidas por el púbico, “que salió muy satisfecho del delicioso rato que le proporcionaron las expresadas artistas” (El Sol, 26-11-1922).

Adela Cubas en el Círculo de Bellas Artes (La Unión Ilustrada, 10-12-1922)Adela Cubas en el Círculo de Bellas Artes (La Unión Ilustrada, 10-12-1922)

Se marchó sin hacer ruido

El 24 de abril de 1923, El Imparcial publica la siguiente información: “En el sanatorio del Doctor Segovia, en la calle de las Naciones, ha fallecido esta madrugada la notable guitarrista Adela Cubas. En desesperado estado se la había practicado una operación en el hígado, pues la celebrada artista venía desde hace tiempo aquejada por una enfermedad que ha consumido todos sus modestos recursos”.

Se marchaba así esta mujer excepcional, trabajadora incansable y artista por todos reconocida. Nos dejaba sin hacer ruido, del mismo modo en que había vivido. Si la prensa nos da una idea de la importancia de su carrera y del prestigio que alcanzó, el valioso testimonio que recoge Carmen de Burgos en su obra ya mencionada nos permite conocer un poco más a la mujer, a esa Adela sensible, sensata, simpática y con un gran sentido del humor.

En su conversación con la periodista, Adela Cubas reconoce sentir pasión por su trabajo: “Yo necesito para vivir la guitarra, el público, los aplausos. Aunque fuera millonaria no dejaría mi arte jamás”. Reconoce los éxitos cosechados por toda España, si bien se queja, no sin ironía, del empeño de los empresarios en hacerla actuar acompañada de otro artista, tal vez debido a su aspecto físico, que no parecía encajar con el prototipo de mujer que triunfaba en los espectáculos de variedades:

“Eso es muy gracioso. Cuando salgo acompañada, el público me pide que toque sola -“sola”, “sola”- y, en cambio, si pretendo salir sola, los empresarios me piden que salga con alguien… aunque sea con un guardia. […] He estado dos veces para contratarme para América, y las dos he fracasado. La primera, porque el empresario me encontró tan horrible, que me dijo que me contrataría si pudiera salir al escenario de espaldas”.

Adela Cubas (Diana, 12-5-1913)Adela Cubas (Diana, 12-5-1913)

Sin embargo -y afortunadamente-, el hecho de no cumplir con esos cánones de belleza establecidos no impidió a Adela Cubas convertirse en una primera figura de la guitarra, algo ya de por sí complicado tratándose de una mujer. Es más, incluso llegó a “sacar alguna ventaja moral […]. Una mujer fea ve las cosas con más claridad, más en la realidad, vive menos engañada, puede tener más confianza en los afectos que inspire”.

Si la belleza es relativa, y varía en función de los tiempos y de las modas, lo que no admite discusión es la inteligencia y la valentía de esta mujer, que supo hacerse a sí misma y vencer con su talento las barreras que encontró en su camino, hasta alcanzar su sueño.


Adela Cubas, una guitarrista hecha a sí misma (I)

“Los ecos de la guitarra lo llenan todo de armonía y nos hacen enmudecer para escucharla. Sus mejillas enrojecidas y sus ojos animados de entusiasmo la embellecen. No es una mano la que hiere las cuerdas del instrumento; es un corazón”. Así describe Carmen de Burgos el modo de tocar de Adela Cubas, una de las más eminentes guitarristas que ha dado la historia del flamenco, a pesar del olvido en que se ha visto sumida, como la mayoría de las mujeres que algún día lograron dedicarse a ese arte.

Adela Cubas, Revista Nuevo Mundo (8-3-1906)Adela Cubas, Revista Nuevo Mundo (8-3-1906)

Pocos datos conocemos hoy de ella -no sabemos dónde ni en qué año nació-, si bien las hemerotecas están llenas de referencias sobre su intensa actividad profesional. Sin duda, uno de los más valiosos testimonios en relación con esta mujer singular es el que ofreció ella misma a la citada periodista, y que Carmen de Burgos recogió en su obra Confidencias de artistas (1916).

“Desde niña amé con locura la música. Mi familia era pobre, y el único instrumento que tuve a mi alcance fue la guitarra; pero tuve que aprenderla a escondites; mi familia no consintió en dejarme seguir mi vocación hasta que la necesidad la obligó a ello, y yo tuve que trabajar para mantenerla”.

Como a tantas otras mujeres, a Adela Cubas no le resultó fácil desarrollar su vocación artística, especialmente en una época -finales del siglo XIX y principios del XX– como la que le tocó vivir. Sin embargo, la necesidad, unida a sus extraordinarias dotes musicales, fueron las principales aliadas de esta mujer autodidacta, que pronto se convirtió en una pieza imprescindible en los teatros y salas de variedades de toda España.

Sus inicios como profesional

La primera referencia periodística la encontramos en 1900, en El Heraldo de Alcoy (Alicante), que incluye una reseña sobre la actuación de “la joven y simpática profesora de guitarra Adela Martín Cubas”:

“La guitarra es instrumento que no admite medianías; son precisas la ejecución y las notables dotes musicales de Adela Martín para que sus cuerdas vibren con la inimitable armonía, que nos recuerda las canciones del pueblo árabe.
Como en presencia de lo bueno somos todos exigentes, no nos dimos por satisfechos oyéndola tocar, del modo magistral que lo hacía, le suplicamos que nos cantase algo que nos transportara a la hermosa Andalucía, y así lo hizo.
La voz de la señorita Martín Cubas no es potente y vigorosa; pero su exquisita gracia y su delicado oído cautivan por completo a quien la escucha.
Cúmplenos felicitarla, animándola para que siga por un camino en el que recogerá aplausos y triunfos”.

Dos motivos nos hacen pensar que puede tratarse de la misma persona a la que posteriormente la prensa citará siempre como “Adela Cubas”: por un lado, la coincidencia en el nombre y la actividad, dado que en esos años son bastante escasas las menciones a “profesoras de guitarra”; por otra parte, el paréntesis temporal que media entre esta reseña y la siguiente, que podría coincidir perfectamente con los cuatro años de “descanso” de la artista, que se apartó de los escenarios tras contraer matrimonio y retomó sus actuaciones al quedarse viuda, según su propio testimonio.

De hecho, a partir de 1904, distintos diarios y revistas dan cuenta de la intensísima labor profesional de Adela Cubas, cuyo nombre aparece en la prensa prácticamente a diario -al menos en esta primera etapa-, vinculado a distintos espectáculos de variedades que se desarrollan en la capital madrileña.

El también llamado “género ínfimo” o “arte frívolo” había llegado a España, desde París, con el cambio de siglo y constituía “un espectáculo para hombres solos”, que

“saboreaban perversamente, como un pecado divinamente satánico, las pantorrillas y los brazos de chiquillas consideradas como agentes de Lucifer, y que en el fondo -y aun en la superficie- eran buenas muchachas, obligadas por un sueldo mezquino a enjaezarse con unos trajes absurdos de hórridos colorines, bordados con lentejuelas, para cantar gachonamente: ‘Tengo dos lunares, el uno junto a la boca y el otro donde tú sabes…’” (Así lo define Carlos Fortuny en un reportaje publicado en el Heraldo de Madrid, 6-8-1928).

Una artista indispensable en el género de variedades

Desde junio de 1904 hasta finales del año siguiente, “la notable profesora de guitarra Adela Cubas” trabaja en el Salón de Actualidades, donde“escucha todas las noches ruidosas ovaciones” (La Correspondencia de España, 26-10-1904), y acompaña con su toque a algunas de las más destacadas figuras del género de variedades, tales como Amalia Molina, Pepita Sevilla, la Fornarina, Pastora Imperio o Candelaria Medina, por citar sólo a algunas. En esa época también comparte cartel con artistas flamencas de la talla de Paca Aguilera y La Macarrona.

Es tal la actividad de Adela Cubas a finales de 1905, que en varias ocasiones la prensa la sitúa de manera simultánea en el Salón de Variedades y en Teatro de Novedades, con espectáculos similares. En el mes de enero se presenta en el Teatro Romea “una de las mejores artistas en la guitarra” (Heraldo de Madrid, 3-1-1906), que acompaña nada menos que a La Niña de los Peines y, unos días más tarde, al cantaor Antonio Pozo, “El Mochuelo”.

En marzo, La Vanguardia anuncia el “debut de la eminente concertista de guitarra, ADELA CUBAS” en el Teatro Tívoli de Barcelona. Allí permanece varias semanas junto a Amalia Molina, y reciben una “ovación cada vez mayor”.

Adela Cubas, imagen de la galería de Mercedes Blanco en FlickrAdela Cubas, imagen de la galería de Mercedes Blanco en Flickr

Tras varios meses en el Cinematógrafo Internacional madrileño, donde comparte cartel con El Mochuelo, en junio se presenta en Alicante el espectáculo “Una juerga andaluza”, con Pilar García, en el que “Adela como consumada profesora de guitarra en el género andaluz, unida con su cantaora, será uno de los nombres que más resuenen” (El Heraldo de Alicante, 1-6-1906).

Unas semanas más tarde actúa de nuevo en Madrid, junto a Antonio Pozo, en el Teatro Fantástico. La siguiente referencia que encontramos es de abril de 1907, en el Cinematógrafo Internacional, donde ambos artistas toman parte en el drama lírico “Carne de tablao”.

En 1908, la prensa sitúa a Adela Cubas en distintas ciudades españolas. En febrero se presenta junto a Amalia Molina en Murcia y Cartagena. La verdad artística le dedica los siguientes elogios: “es una guitarrista muy hábil, de mucha ejecución, y refinado gusto artístico, fue muy aplaudida por el público. Es una gran maestra” (20-2-1908).

Dos meses más tarde regresa a aquellas tierras junto a la cantaora Pilar García, y en octubre actúa en Málaga, primero con la cupletista Conchita Ledesma, y más tarde con El Mochuelo. En ambos casos cosecha muchos aplausos, a juzgar por las crónicas de la época:

“La presencia del excelente cantaor Mochuelo y la incomparable guitarrista Adela Cubas completan el éxito de las secciones, debido a que el trabajo que realizan es digno de admirar. Mochuelo fue aplaudidísimo anoche al cantar unas seguidillas que la simpática guitarrista le acompañó con gran éxito y admiración de todos los concurrentes. Adela Cubas interpretó una jota punteada y cantada con la guitarra, cuyo trabajo es de lo que no estamos acostumbrados a ver por acá, al terminar esta el concurso le hizo un saludo estruendoso” (El Popular, 31-10-1908).

De todo lo visto hasta el momento se puede deducir que Adela Cubas era una artista muy versátil, capaz de tocar una jota, participar en espectáculos de variedades y acompañar a cantaores de flamenco. No obstante, en sus confidencias a Carmen de Burgos, muestra una clara predilección por este género, y en especial por las soleares y los tientos:

Mis maestros fueron esos pobres ciegos que tocan por las calles…, no he estudiado música jamás, ni quiero saberla. Yo creo que el saber música es incompatible con el flamenco. Cuando se sabe música, no se siente lo flamenco bien. Es un género que los músicos desdeñan; pero ninguno ha podido fijar en el pentagrama el compás de las seguidillas ni de las soleares. Hay algo en ellas que no se puede escribir”.

Asimismo, con un fino sentido del humor, muestra su descontento hacia esa tiranía de la belleza que impera en los espectáculos de variedades, tan en boga en esa época, por considerar que, debido a su físico, su talento no se ve reconocido como merecería:

“Yo soy muy fea, y las mujeres feas en el teatro no hacen suerte, por artistas que sean. No hay quien las empuje, ni periodistas ni empresarios. Y si no se les da bombo no pasan de medianías, no llegan a la fama. Con el trabajo solo no se hace ninguna rica. Yo no me he podido comprar jamás alhajas […]. Cualquier cupletista gana más que yo, aunque acabe de soltar el estropajo”.

Acompañante de cantaores flamencos y directora

En 1909 se anuncia en Salamanca el “gran debut de la célebre y aplaudida guitarrista del género andaluz Adela Cubas, y de la notabilísima cantadora Pilar García, reina del nuevo cante flamenco. Espectáculo fino y culto, pudiendo asistir sin reparo todas las clases sociales” (El Adelanto, 26-1-1909). Las críticas posteriores se refieren a ella como una excelente guitarrista, “que sabe lo que se trae entre manos” (El Castellano, 29-01-1909); “pocas veces hemos oído artista tan notable en su género: demuestran nuestras afirmaciones los grandes aplausos que todas las noches recibe del público” (El Castellano, 02-02-1909).

En marzo volvemos a encontrar a Adela en el Novedades madrileño, donde participa en una función benéfica. A partir de septiembre, y durante cinco meses, figura en el cartel del Teatro Nuevo, junto a un heterogéneo elenco de artistas de variedades, y acompañando a los cantaores Mochuelo Chico y Manuel Pavón.

Con este último forma pareja artística durante todo 1910. Juntos actúan en Vitoria y Zamora. Pasan la primavera en varios teatros madrileños, como el de la Latina, donde son “objeto de grandes demostraciones de simpatía” (La Correspondencia de España, 20-4-1910); el Romea, en el que presentan con gran éxito el espectáculo “Una fiesta andaluza” y comparten cartel con La Argentinita; y el Olimpia.

Adela Cubas, Revista Pathé Frères, Revista Nuevo mundo 1911Adela Cubas, revista Pathé Frères, en Nuevo mundo, 15-6-1911

En el mes de julio emprenden una nueva gira por Barcelona y Portugal. A juzgar por las reseñas que aparecen en prensa, y a diferencia de lo que suele ser habitual, parece que el protagonismo de la pareja recae sobre la guitarrista, convertida además en directora de uno de los números. Así, La Correspondencia de España anuncia el debut, en el Teatro Gayarre de la ciudad condal, de “Adela Cubas, celebérrima y aplaudidísima tocadora de guitarra, acompañada de su cantaor Pavón” (4-7-1910). Unos días más tarde, La Vanguardia informa sobre la despedida del espectáculo, en la que “la simpática Adela Cubas, en atención a sus admiradores tocará escogidas piezas de su repertorio con guitarra y para finalizar se pondrá en escena: Una Juerga en Sevilla, dirigida por Adela Cubas y tomando parte toda la compañía” (19-7-1910).

Tras su periplo estival por Setúbal y Lisboa, donde el público “no se cansa de aplaudir la maestría de Adela Cubas en la guitarra, como la de Pavón en el cante del ‘garrotín’” (Eco Artístico, 5-8-1910), ambos artistas regresan a Madrid, donde se anuncian durante varios meses en Lo Rat Penat “Adela Cubas, la admirabletocaora‘ de guitarra, reina del flamenco y su compañero el notable ‘cantaor’ Manuel Pavón” (La Correspondencia de España, 27-8-1910). Allí presentan con gran éxito su “Fiesta andaluza”, dirigida por Adela Cubas.

Una vez disuelta su colaboración artística con Pavón, la guitarrista pasa el primer trimestre de 1911 en el Teatro Gayarre de Barcelona, donde acompaña, sucesivamente, el cante de Emilia Benito, Olivares y el Mochuelo Chico.

En abril, de regreso a Madrid, la “notabilísima concertista de guitarra […] mostró una vez más su buen gusto y maestría, siendo ruidosamente ovacionada” (Eco Artístico, 25-4-1911) en el Salón Luminoso.

Durante los meses siguientes, en el Teatro Príncipe Alfonso, Adela Cubas participa junto a La Argentinita y Amalia Molina en la revista “Pathé Frères” y, posteriormente, en el espectáculo “Mirando a la Alhambra”, un “Cuadro verdaderamente español, típico, con ambiente y colorido. […] una brillante página andaluza, que transmite al espectador una sensación completa de las canciones y de los bailes de aquella región privilegiada” (La Correspondencia de España, 19-06-1910).

Adela Cubas, Mirando a la Alhambra, en Blanco y Negro, 25-6-1911Adela Cubas, Mirando a la Alhambra, en Blanco y Negro, 25-6-1911

A propósito de este número, Adela Cubas cuenta a Carmen de Burgos la siguiente anécdota: “De pronto se me rompieron cuatro cuerdas… y la obra no pudo continuar. Entonces se vio que aunque el público aplaudía a las artistas que tomaban parte, ellas solas no podían hacer nada… lo fundamental, lo indispensable, era la pobre guitarrica”. En cualquier caso, según la prensa de la época, el espectáculo fue un gran éxito. De hecho, durante los meses de verano siguió representándose en el Teatro Parisiana.

En agosto, la guitarrista inicia una nueva etapa de colaboración con El Mochuelo. En el Trianón Palace llevan a escena su “Fiesta andaluza”, junto a la Macarrona y Lola la Chavala, entre otros artistas. La prensa la califica de “guitarrista única” y “sin rival tocadora”.

En otoño actúan ante el público vallisoletano, que les aplaude calurosamente; viajan a Castellón, donde son “ruidosamente ovacionados”, y a Sevilla. Allí vuelven a coincidir con la Macarrona y el triunfo es tal que El Imparcial publica lo siguiente:

ADELA CUBAS.- Con éxito muy grande ha debutado en el Salón Imperial, de Sevilla, esta notabilísima guitarrista, incomparable en el difícil arte de Tárrega. Triunfar en Sevilla, donde tanto buen guitarrista se encuentra y donde tiene su cuna la música flamenca fina, vale por una consagración definitiva. Adela Cubas es, por lo tanto, desde ahora, la primera guitarrista de España” (25-11-1911).

Adela Cubas, Fiesta Andaluza, Revista Nuevo Mundo, 24-9-1911Adela Cubas, Fiesta Andaluza, en Nuevo Mundo, 24-9-1911

En 1912 la pareja continúa de gira. En enero, en Valencia “siguen los aplausos para el famoso cantaor El Mochuelo y la incomparable profesora de guitarra Adela Cubas” (Eco Artístico, 25-1-1912). En marzo, en el barcelonés Teatro Gayarre se presenta un “programa sin rival en calidad”, en el que participan, entre otros artistas, “el auténtico MOCHUELO con la eminente guitarrista ADELA CUBAS” (La Vanguardia, 19-3-1912).

El éxito y las ovaciones son constantes durante todo un mes, en el que la prensa les dedica elogios como éste: “El Mochuelo y Adela Cubas continúan en la ‘casa’ oyendo grandes aplausos. ¡¡Qué manos tiene Adela!! Si tuviera usted una Administración de Loterías y esas mismas manitas para expender billetes, se había acabado la miseria” (Eco Artístico, 15-4-1912).

Tras debutar en Palma de Mallorca, ambos regresan a Barcelona, donde siguen cosechando éxitos y alabanzas durante varias semanas en distintos locales, y en octubre se presentan en Bilbao. En 1913 continúan los viajes. Debutan en Elche y de allí pasan a Cartagena. La prensa local destaca que, “en obsequio a las señoras, Adela Cubas tocará varios números con la guitarra con la maestría y sentimiento que ella sabe hacerlo. Acompañará luego a Amalia Molina y al Mochuelo […] El teatro se verá rebosante de público, que bien lo merece el escuchar a Amalia Molina y Adela Cubas” (El Eco de Cartagena, 23-1-1913). Unos días más tarde, ambos artistas “obtienen cuantiosos aplausos, sobre todo ella, que es una consumada guitarrista y que hace con este clásico instrumento verdaderas filigranas” (Eco Artístico, 25-1-1913).

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