Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Matilde Cuervas, guitarrista internacionalmente reconocida (y II)

En 1930, Matilde Cuervas y su marido emprenden una gira de varios meses por Argentina y Uruguay, que les lleva a visitar ciudades como Buenos Aires, Rosario, La Plata o Montevideo. Allí imparten conferencias y dan recitales conjuntos, que siguen el mismo esquema ya mencionado. Sirva de ejemplo el programa del concierto ofrecido en Rosario el 25 de agosto, que Fabián E. Hernández transcibe en su tesis:

“Programa completo: G. Sanz: Pavana. F. Sor: Dos minuets [sic.]. F. Tárrega: Allegro Brillante. Padre Donostia: Preludio Vasco. A. Broqua: Vidala. E. Pujol: Guajira (Guitarrista: E. Pujol). Piezas de folklore andaluz: Granadinas, Soleares, Tientos, Malagueña (Guitarrista: Matilde Cuervas). G. Bizet: Melodía y Pastoral de L’Arlesienne. E. Granados: Intermezzo de Goyescas. I. Albéniz: Córdoba. A. Broqua: Tango. M. Falla: Danza del Molinero (Dúo Pujol-Cuervas)”.

En 1931 ofrecen un nuevo recital en Lérida, provincia a la que están muy vinculados por poseer allí una finca a la que acuden durante sus vacaciones. Dos años más tarde vuelven a viajar a Londres, donde ofrecen un recital que es retransmitido por la BBC.

Matilde Cuervas (foto dedicada a Alice de Belleroche)Matilde Cuervas (foto dedicada a Alice de Belleroche)*

En febrero de 1934, La Vanguardia anuncia una nueva actuación de Emilio Pujol en la Sala Mozart de Barcelona, en la que colabora “la esposa del compositor, y también guitarrista de mérito, doña Matilde Cuervas” (7-2-1934).

“Parte interesantísima del concierto fue la final, en la que Emilio Pujol y su esposa, Matilde Cuervas, otra artista de fina sensibilidad y técnica impecable, interpretaron de modo encantador varias obras para dos guitarras: minué de la ‘Sinfonía en mi bemol’, de Mozart; ‘Teresita de Jesús’, de Villa-Lobos; ‘Danza española’, de Albéníz; el intermedio de ‘Goyescas’, de Granados, y la danza de ‘La vida breve’, de Falla. Matilde Cuervas y Emilio Pujol fueron largamente ovacionados por el selecto público que llenaba la sala, teniendo que tocar una obra fuera de programa” (La Vanguardia, 22-2-1934).

Elogios y reconocimientos

Unos días más tarde, la pareja viaja a París, para participar, junto a otros artistas internacionales, en una “soirée” de música sudamericana. En ese mismo año, en su Diccionario de guitarristas, Domingo Prat dedica estas líneas a Matilde Cuervas:

“La actuación de esta notable guitarrista sorprendió sobremanera a los amantes y cultivadores del Toque Flamenco, quienes creían que dicho arte era privilegio del género masculino. Sus nada vulgares condiciones de ejecutante, su natural desenfado, hacen de Matilde Cuervas un buen exponente del folklore sud-hispano que recuerdan las magníficas versiones de los Borrul, Molina, Montoya, etc… Su presencia en el extranjero, particularmente en Alemania fue de un gran éxito”.

En 1935, la revista musical Biblioteca Fortea elogia la labor de Matilde y Emilio como transmisores de la cultura española:

“Merecen encomio los artistas españoles, los cuales, desde hace años, con su incansable actividad, no vacilan en dejar periódicamente su querida España, propagando en el extranjero el amor de su instrumento nacional. Miguel Llobet, Emilio Pujol, Matilde Cuervas, Segovia, Sáinz de la Maza, merecen mención especial en este trabajo de propagación de la cultura española; a estos artistas es debido en especial modo el nuevo interés y estudio de la guitarra en Inglaterra” (Revista Fortea, nº 2, 1935).

Matilde Cuervas y Emilio Pujol, en 1930Matilde Cuervas y Emilio Pujol, en 1930*

Meses más tarde, con motivo de un concierto ofrecido en Castellón, la misma revista ensalza la labor de la guitarrista sevillana:

“Matilde Cuervas, a continuación, nos demostró cuanto ya se ha dicho sobre su arte maravilloso. El género flamenco, tratado por ella, conserva el rango que le corresponde. Ella lo eleva y dignifica, dándole la expresión castiza, el salero, la gracia y el sentido humano y popular. Fue muy aplaudida y obsequiada por el señor Gobernador civil y la orquesta Barrachina, con cestos de flores. El final del concierto, a dos guitarras, resultó admirable. Bizet, con la ‘Arlesienne’; Granados y Albéniz, con ‘Goyescas’ y ‘Córdoba’; Halffter, con su ‘Danza de la gitana’; y Falla, con sus danzas de ‘La vida breve’ y ‘El sombrero de tres picos’, transcritas y dichas de manera única, cerró con todo honor la velada. Un gran éxito, en definitiva, por el que felicitamos a estos artistas admirables, y el deseo de poder oírles nuevamente en Castellón” (Revista Fortea, nº 7-8, 1935).

Regreso a España

Los años de la Guerra Civil española los pasa la pareja en París, salvo los veranos, que suelen trasladarse a Niza o a San Juan de Luz. En esa época son frecuentes los viajes a Inglaterra, como el que realizan en julio de 1939 para dar un concierto en la BBC. El programa, que es transmitido para América latina, consiste en obras del propio Pujol, interpretadas por él mismo; solos de flamenco a cargo de Matilde Cuervas; y piezas de distintos compositores españoles tocadas a dúo.

Tras el estallido de la la Segunda Guerra Mundial, Matilde y Emilio permanecen unos meses en París, hasta que, en verano de 1940, se trasladan a España. En los años siguientes, su actividad profesional se desarrolla sobre todo en Cataluña, donde ofrecen distintos recitales. No obstante, el número de actuaciones es menor, debido a que la pareja intensifica su labor investigadora.

A finales de los años cuarenta, Cuervas y Pujol se presentan varias veces en Lisboa, donde el compositor imparte clases de guitarra. En 1948, La Vanguardia publica la siguiente reseña, sobre uno de dichos conciertos:

“Triunfo en Portugal de un guitarrista español. Recientemente dio un concierto por la Radio nacional portuguesa el profesor de guitarra y vihuela de nuestro conservatorio municipal don Emilio Pujol. Fue un concierto a dos guitarras, acompañado por doña Matilde Cuervas, con programa muy interesante del compositor portugués Ivo Cruz, director del Conservatorio lisboeta, donde, el profesor Emilio Pujol tiene a su cargo una cátedra de guitarra española” (24-3-1948).

En esa época, tanto Emilio como Matilde compaginan su actividad artística con la docencia. Entre los alumnos que aprenden a tocar flamenco con la guitarrista sevillana se encuentran el italiano Miguel Ablóniz y la belga Alice de Belleroche.

Matilde Cuervas y Emilio Pujol con sus discípulos, años 50Matilde Cuervas y Emilio Pujol con sus discípulos, años 50*

Durante sus últimos años, Matilde Cuervas ofrece varias conferencias-concierto junto a su marido. La guitarrista fallece en Barcelona, el 22 de diciembre de 1956. Además de todo lo mencionado, su legado incluye varias grabaciones, realizadas a partir de los años treinta, algunas a dúo con Emilio Pujol y otras en solitario, como las granadinas registradas en Inglaterra para la casa “The Gramopohone”.

Es difícil resumir en pocas líneas toda una vida dedicada a la música. No obstante, en el caso de Matilde Cuervas, además de su capacidad de brillar con luz propia, a pesar de encontrarse a la sombra de un “peso pesado” de la guitarra, como era Emilio Pujol, podemos resaltar su labor de dignificación y divulgación de la guitarra española a ambos lados del Atlántico, tal y como destacaba en 1947 el Diccionario Enciclopédico de la Música:

“Celosa de la depuración y elevación de la música nativa de su tierra, después de lograr un éxito personal tamizado por una técnica de la mayor amplitud y sólida musicalidad de alto sentido estético, ha sido la primera en imponerla triunfante -la guitarra flamenca- a los públicos más herméticos de Europa y América Latina”.

(*) Imágenes del Archivo Pujol-Robert.


Matilde Cuervas, guitarrista internacionalmente reconocida (I)

El primero de abril de 1879 vino al mundo en Sevilla Matilde Cuervas Rodríguez, en el número 14 de la calle Almirante Hoyos. Desde niña recibió clases de guitarra flamenca de distintos tocadores de la escuela sevillana, como el Jabonero, el Egipciano, o Paco el Corvas, que solían frecuentar la casa familiar de la pequeña.

Las excepcionales dotes musicales de Matilde, que destacaba especialmente por su habilidad en la ejecución de las falsetas, no pasaron desapercibidas a sus maestros. “Ella apuntaba las notas, y luego tocaba leyendo los apuntes, dejando maravillados a los flamencos. […] fue purificando la música que oía, y ahora es la técnica de la música flamenca”, afirma la periodista Irene Falcón, corresponsal de La Voz en Londres en 1929, sobre la evolución de la guitarrista, que dominaba tanto el toque clásico como el flamenco.

La guitarrista sevillana Matilde CuervasLa guitarrista sevillana Matilde Cuervas

Años más tarde, en una entrevista publicada en el mencionado periódico, Matilde Cuervas rememora la experiencia de su debut, a los ocho años de edad:

“Cuando tenía ocho años di mi primer concierto […]. Por cierto que lloré en el escenario, de coraje. En mi casa tenían la costumbre de llamarme fea, feúcha, en broma, claro es. El día de mi primer concierto yo llevaba dos trencitas muy tiesas, y como era tan chica que tenía que llevar la guitarra a rastras, el público, al verme, se echó a reír. Yo creí que se reían de mí porque era fea, y llorando me fui del escenario, con la guitarra detrás de mí. Luego me consolaron, y salí otra vez a tocar; pero miraba al público con una rabia…” (La Voz, 17-1-1929).

En 1907, la prensa se hace eco de la participación de la guitarrista en una de las reuniones musicales organizadas por la Marquesa de Villamagna:

“Hoy terminarán las reuniones semanales de la gentil Marquesa de Villamagna, en las que se ha rendido al divino arte gran culto. […] Vicentita Salcedo, encantadora muchacha, cuyo rostro atrae por su espiritual expresión, delicada como la de una virgen de Botticelli, es una andaluza que ha cantado flamenco con arrebatadora gracia; la gallarda Matilde Cuervas ha tocado la guitarra deliciosamente” (El álbum iberoamericano, 30-5-1907).

Junto a Emilio Pujol, en la vida y en el arte

Pocas referencias encontramos sobre ella en esa primera época, si bien su presencia en prensa comienza a ser más frecuente a partir de los años veinte, cuando la carrera profesional de Matilde Cuervas empieza a estar estrechamente vinculada a la de su marido, el guitarrista, compositor e investigador Emilio Pujol.

La pareja se conoce en 1918, en un concierto ofrecido por Pujol en el Real Conservatorio de Música de Madrid. Sin embargo, la relación entre ellos surge cinco años después, cuando ambos se encuentran en París, tal y como relata la propia Matilde en la mencionada entrevista:

“En realidad lo conocí en España, en un concierto. Fui con mucho entusiasmo a oírle, porque me habían hablado mucho de él. Pero aunque estaba sentada en primera fila, y él, por su posición, no tenía más remedio que mirar en mi dirección, ni siquiera me vio, ni siquiera se dio cuenta del entusiasmo con que yo le escuchaba. Esto me molestó bastante, y le tomé cierta antipatía. Años después, en París, aunque yo sabía que Emilio estaba allí, no tenía ningún deseo de conocerlo. Una tarde, sin embargo, lo encontré en casa de unos amigos, y… nada, nos casamos” (La Voz, 17-1-1929).

En octubre de 1923, según el registro policial de París, la pareja reside en la Rue Bouganville de la capital francesa. A partir de ese momento, el matrimonio comparte escenario y triunfos. Juntos desarrollan una intensísima actividad profesional, que los lleva a realizar constantes giras por distintas ciudades europeas, donde ofrecen conciertos y conferencias. Matilde, además, se suma a la labor investigadora que desarrolla su marido en archivos y bibliotecas de todo el mundo.

El guitarrista y compositor Emilio PujolEl guitarrista y compositor Emilio Pujol

Sus recitales conjuntos suelen constar de tres partes: en la primera, Emilio interpreta, normalmente, piezas clásicas; en la segunda, Matilde ofrece parte de su repertorio flamenco; la tercera, por lo general, consiste en la interpretación de piezas clásicas a dúo. Sirva de ejemplo el programa del concierto retransmitido por la radio británica en mayo de 1928:

“Recital de guitarra: Matilde Cuervas y Emilio Pujol. E. Pujol: Minueto, Sor. Serenata andaluza, Malats. Matilde Cuervas: Soleares y Malagueñas. Matilde Cuervas y Emilio Pujol: Danza del molinero, M. de Falla”.

Hoy tenemos referencias de muchas de esas actuaciones gracias a la tesis doctoral realizada por Fabián E. Hernández Ramírez sobre la obra de Emilio Pujol.

En diciembre de 1923, el músico ofrece en París un recital de música clásica y flamenco, en el que se incluyen guajiras y fandanguillos, lo cual hace pensar al citado investigador que posiblemente Matilde lo acompañe en dicho concierto.

Dos años más tarde, Pujol y Cuervas vuelven a tocar en la capital del Sena, junto a la cantante Alma Reyles y el flautista Marcel Peyssies; y posteriormente se presentan en Bruselas, donde les acompaña el tenor ruso Gabril Léonoff.

En mayo de 1927, “la excelente guitarrista Matilde Cuervas” es una de las artistas de nuestro país que toman parte en la Fiesta de la fraternidad francoespañola celebrada, con gran éxito, en el Círculo de la Unión Interaliada de París. “La concurrencia, distinguida y selecta, premió con aplausos la actuación de los artistas, admirable demostración del arte español” (Época, 18-5-1927).

Con las maletas a cuestas

Los dos años siguientes son bastante intensos para la pareja Cuervas–Pujol. En 1928 realizan varios viajes por Europa: actúan dos veces en Lérida; al menos tres en Londres y otras tantas en París; y también se presentan en Viena. En todos estos lugares ofrecen conciertos e imparten conferencias sobre “la guitarra y su historia”. Por dondequiera que van levantan gran expectación y reciben grandes elogios.

La guitarrista sevillana Matilde CuervasLa guitarrista sevillana Matilde Cuervas

Por ejemplo, el programa anunciador de las fiestas leridanas contiene la siguiente nota: “En el Teatro Vines dan un brillante concierto el eminente guitarrista Emilio Pujol y su señora doña Matilde Cuervas, constituyendo un éxito clamoroso” (mayo de 1928).

En 1929, el matrimonio ofrece varios recitales y conferencias en tierras catalanas. Regresan, además, a Bruselas y Londres. La prensa española de la época publica algunos detalles sobre dichos conciertos, y no escatima en elogios para la pareja de guitarristas:

“El programa tendrá un aliciente de interés: la interpretación de obras a dos guitarras, para lo cual cuenta con la colaboración de la señora Matilde Cuervas, concertista de mérito, cuya interpretación ha llegado a compenetrarse íntimamente con la de Emilio Pujol” (La Vanguardia, 19-11-1929).

“Con la brillante colaboración de otra guitarrista sensible y depurada, Matilde Cuervas, Emilio Pujol ofreció varios de estos arreglos: melodía y pastoral de ‘La artesiana’, de Bizet-Tárrega; el intermedio de ‘Goyescas’, de Granados; ‘Córdoba’, de Albéniz; un ‘Tango’, de Broqua; la sardana ‘Les fulles seques’, de Morera, y, para corresponder a los aplausos del público, que se resistía a abandonar la sala, la ‘Danza del molinero’, de Manuel de Falla. Para Matilde Cuervas y Emilio Pujol resultó, pues, triunfal la velada” (La Vanguardia, 23-11-1929).

“Los insignes guitarristas Matilde Cuervas y Emilio Pujol, que dieron un selecto concierto en la sala Mozart, el día 22 del pasado noviembre, obteniendo un señaladísimo éxito de público y prensa” (pie de foto, revista La ilustración iberoamericana, diciembre de 1929).

Sin embargo, el hecho de compartir escenario con su marido no resta protagonismo a Matilde Cuervas, cuya labor es muy apreciada por el público. A propósito de su actuación en el londinense Wigmor Hall, Irene Falcón escribe lo siguiente:

“Matilde Cuervas ha sabido refinar, pulir la música flamenca, quitándole un poco de su salvajismo. En el Wigmor Hall apareció sola primero, y después con su marido, tocando con una soltura y una gracia que dejaba a los ingleses admirados. Sus dedos tejían la música sobre las cuerdas como una araña su tela. A mi lado unos ingleses, que por lo visto tenían algunas nociones de la música de guitarra, observaban que resultaba muy gracioso y elegante ver tocar la guitarra a una mujer, a una mujer andaluza sobre todo.

Matilde Cuervas honra a la mujer española con su presencia en el Extranjero. Además de artista es muy culta, y se dedica, colaborando con su marido, a adaptar a la guitarra piezas musicales antiguas, compuestas para instrumentos de cuerda de hace cientos de años. […] Son un matrimonio ideal. Eso lo ve, lo siente el público inglés y le agrada. Ellos destruyen la leyenda de que la mujer española es, como las mujeres de Oriente, muy linda, pero completamente inútil” (La Voz, 17-1-1929).


La Antequerana, cantaora y guitarrista de primer nivel

Josefa Moreno, “La Antequerana”, cantaora y guitarrista nacida en la localidad malagueña de Antequera en 1889, se inició en el mundo del flamenco a muy corta edad. Solía cantar acompañándose a sí misma con la guitarra, algo que puede parecer insólito hoy día, pero que no lo era tanto en aquella época.

En 1903 debutó en el café La Primera de Jerez, y un año más tarde se presentó con éxito en Melilla y Tánger. Tras pasar una temporada en Málaga, llegó a la capital de España, donde trabajó en varios cafés cantantes, como el de la Marina, el del Gato, el de Naranjeros o el del Brillante.

En septiembre de 1910, El Heraldo Militar publica la siguiente información: “La cantadora flamenca Josefa Moreno, Niña del Garrotín, que trabaja actualmente en el Salón Recreo, de Sevilla, ha sido contratada por dos meses para cantar en el Teatro Novedades, de Sevilla, que es como si dijéramos la catedral de los géneros flamenco y andaluz”.

Unos meses más tarde, se anuncia en el gaditano Cine de la Rosa como “la cantadora única, titulada competidora de la Niña de los peines” (Eco Artístico, 25-1-1911), y semanas después se despide del Teatro-Circo del Gran Capitán, de Córdoba, tras alcanzar “incomparables triunfos”.

La Antequerana (Eco Artístico, 5-10-1914)

La Antequerana (Eco Artístico, 5-10-1914)

De «La Niña del Garrotín» a «La Antequerana»

En febrero de 1911, la artista se presenta en Madrid con el nombre artístico con el que pasaría a la historia. Así, el Diario Oficial de Avisos de la capital informa sobre el debut de “la notabilísima cantadora flamenca y tocadora de guitarra Josefa Moreno, la Antequerana, antes Niña del Garrotín”, en el madrileño café de la calle del Gato.

En mayo de ese mismo año, según El Heraldo Militar, la “notable” cantadora es “contratada para Tánger, donde empezará a funcionar el próximo día 24”. Un mes más tarde, la prensa la sitúa de nuevo en Madrid, y allí pasa buena parte del verano.

Durante el mes de julio figura prácticamente a diario en el cartel del Cine Bello. A juzgar por las reseñas que aparecen en la prensa de la época, La Antequerana goza de una gran popularidad y es muy apreciada por el público. No en vano, El Globo y El Heraldo de Madrid se refieren a ella como “la revolución del canto” y “la competidora de la Niña de los Peines”.

A mediados de septiembre, “la sin rival La Antequerana” debuta en el Teatro Romea, acompañada a la guitarra por Ramón Montoya, uno de los más destacados guitarristas del momento. La programación la completan distintas artistas de variedades, como la bailarina Pilar Alonso, la tiradora Fiorenza, la “chanteuse” Amica o la pareja de baile formada por Carmen Díaz y Enrique Sánchez. Allí actúan con gran éxito durante dos semanas.

En noviembre de 1911, Josefa Moreno se presenta en Valencia y Castellón, donde coincide con la canzonetista Pilar Caudet y la bailarina La Cordobesita, entre otras artistas de variedades. Unas semanas más tarde, en el malagueño Salón de Novedades, “la cantadora de flamenco La Antequerana, con su estilo y su voz extensa, logra también grandes aplausos” (Eco Artístico, 15-12-1911).

La cantaora y guitarrista Josefa Moreno, La AntequeranaLa cantaora y guitarrista Josefa Moreno, La Antequerana

A la conquista de América y de su consagración artística

Tras los éxitos cosechados en nuestro país, Pepa Moreno decide probar suerte en América. Es contratada en Nueva York y de allí pasa a La Habana, México y de nuevo a Cuba, donde permanece una buena temporada.

En abril de 1914, la prensa sitúa de nuevo a La Antequerana en España, concretamente en el madrileño Café Concert, donde forma parte de un cuadro flamenco en el que también intervienen el guitarrista Ramón Montoya, el bailaor Estampío y la bailaora Salud Rodríguez, entre otros artistas.

A partir del mes de mayo, y hasta finales de año, Josefa Moreno aparece prácticamente todos los meses en el cartel del Concert Madrileño, donde “es muy celebrada a diario” y “encuentra por su labor aplausos sin cuento”, por tratarse de “una tocadora y cantadora de flamenco de lo mejor conocido en el género”, según la prensa del momento. En dicho local coincide con artistas flamencos -como El Mochuelo, El Macareno o La Cotufera– y del género de variedades -como The Dandy o la Estrella Madrileña, entre otros-.

La revista Eco Artístico no se cansa de destacar el notable éxito obtenido por la cantaora durante todos esos meses, con reseñas como las siguientes:

“Reapareció La Antequerana, cantadora y tocadora de flamenco de gran renombre, que tiene que repetir, entre estruendosos aplausos, casi todo su repertorio” (5-9-1914).

“La Antequerana continúa su marcha triunfal, y los éxitos con que a diario premian su labor atestiguan lo mucho que vale” (5-12-1914).

“La Antequerana es a diario aplaudida, y en verdad que su labor excelente merece premio tan entusiasta” (15-12-1914).

“Se despidió La Antequerana, cantadora y tocadora de flamenco, que ha llevado a cabo en este local una larga y triunfal campaña […] La noche última del contrato el público la rindió una entusiasta ovación” (5-1-1915).

Anuncio de La Antequerana (Eco Artístico, 25-5-1914)

La Antequerana (Eco Artístico, 25-5-1914)

Unas semanas más tarde, “la notable cantadora de flamenco” se presenta en Huelva y poco después la encontramos de nuevo en Madrid, en el antiguo Café de la Marina. Allí recibe “entusiastas aclamaciones”.

Variedades, ópera flamenca… una artista polifacética

No deja de llamarnos la atención que Eco Artístico primero se refiera a ella como “cantadora de flamenco” (25-2-1915) y más tarde, como “coupletista” (25-3-1915), lo cual nos hace pensar que tal vez Josefa Moreno también llegara a cultivar este género, del mismo modo que hoy en día algunos artistas flamencos realizan incursiones en el terreno de la copla, los boleros o los tangos, por citar sólo algunos, con el fin de llegar a un público más amplio. Otra posible explicación sería que se tratase de una simple confusión, ya que en esa misma época se anuncia en distintos teatros españoles la canzonetista y bailarina Pepita Moreno, si bien esta última no se hace llamar “La Antequerana”.

En agosto, la artista participa en una función organizada por la Asociación de la Prensa en Sevilla, y en enero de 1916 debuta en el Café del Puerto de La Coruña, donde actúa durante varias semanas y obtiene un “éxito monumental” (El Noroeste, 7-2-1916).

En el mes de abril, La Antequerana se anuncia en el Luz Edén de Almería, y poco después figura en el elenco de la “fiesta de costumbres andaluzas” que se presenta en el Teatro Madrileño de la capital de España, junto a Ramón Montoya y Carmen Flores, entre otros artistas (Heraldo de Madrid, 22-4-1916).

Unos días más tarde, Eco Artístico vuelve a referirse a La Antequerana como “canzonetista y tocadora de guitarra, muy aplaudida por su estilo y facultades” (5-5-1916), y menciona varios números de variedades que figuran en el mismo programa, en el que también aparece, poco después, la Niña de los Peines.

El guitarrista Ramón MontoyaEl guitarrista Ramón Montoya

En julio de 1916, La Antequerana continúa en Madrid, en el Edén Concert. Es entonces cuando volvemos a perderle la pista, durante más de un año, periodo que podría coincidir con una segunda estancia de la artista en Cuba, de la que regresaría en 1917 “cubierta de joyas”, tal y como afirma Manuel Ríos Ruiz en el Diario de Jerez (8-9-2008).

En septiembre de 1917, Josefa Moreno debuta en el Teatro Portela de Sevilla, donde “no tardó en captarse las simpatías” del público (Eco Artístico, 15-9-1917). En ese mismo año, también según Ríos Ruiz, la artista actúa junto a Antonio Chacón en la plaza de toros de Morón de la Frontera (Sevilla).

En abril de 1918, La Antequerana se presenta en el café Villa Rosa de Barcelona, con varios artistas flamencos, como El Batato y Fernando Herrero, entre otros. Dos meses más tarde vuelve a la ciudad condal, donde es de nuevo aclamada, y en el mes de julio reaparece en la capital de España, en el Salón Madrid. El programa lo componen “Pepita la Antequerana, con aplauso en su género sugestivo” (Eco Artístico, 15-7-1918), y distintas artistas de variedades.

Tras un breve paso por el Teatro Romea, en agosto se despide “la original artista”. Su próxima parada será en el madrileño Dancing Bombilla (Kursaal de varietés), donde obtiene un “éxito colosal la fiesta andaluza ‘Un rincón de Triana‘, en la que toma parte La Antequerana” (Heraldo de Madrid, 4-8-1918), “que ha gustado con sus jipíos completamente cañís” (Eco Artístico, 25-8-1918). También figuran en el cartel distintas atracciones de variedades.

En septiembre encontramos a la artista en Granada y en octubre, en Ronda (Málaga). No volvemos a tener noticia de ella hasta casi un año después, cuando se presenta en varias localidades toledanas.

En septiembre de 1920, figura en el cartel del sevillano Concert-Español “la célebre cantadora de flamenco Pepita Moreno La Antequerana, que todas las noches obtiene ruidosos éxitos” (Eco Artístico, 30-9-1920”). Allí sigue apareciendo, de manera intermitente, hasta el mes de mayo de 1921, siempre con gran éxito, a diferencia de las bailarinas que completan el programa, que no salen muy bien paradas en las críticas periodísticas.

El cantaor Antonio Chacón

El cantaor Antonio Chacón

En septiembre de ese mismo año, junto a numerosos artistas de variedades,“la notable cantadora de flamenco La Antequerana” colabora en una función benéfica para los heridos y enfermos de Melilla, que tiene lugar en el sevillano Ideal-Cinema.

En enero de 1922 se estrena con gran éxito en el Ideal Rosales de Madrid el espectáculo “Ases del arte flamenco”, que cuenta con un elenco de primer nivel:

“[…] debutó anoche el cuadro flamenco más completo de cuantos hasta ahora se habían visto en Madrid. El éxito colmó las esperanzas de la dirección artística. Bravos y aplausos comenzaron al hacer el primer número la gran bailarina Rubia de Jerez, y no terminaron hasta que el telón anunció que se había terminado el espectáculo. En el cuadro flamenco figuran artistas tan renombradas como La Antequerana, Emilia Vez, la saladísima Gabrielita, Rubia de Jerez y la reina de las reinas del baile flamenco, la formidable Juana la Macarrona, que obtuvo un éxito indiscutible y formidable en su baile ‘por alegrías’. Del sexo feo, Faíco, El Mochuelo, el graciosísimo Estampío, el gran tocador de guitarra Joaquín Rodríguez y el ‘as’ de los tocadores, Ramón Montoya” (La Voz, 12-1-1922).

El declive y desaparición de la cantaora

A partir de ese momento, las referencias a La Antequerana aparecen con menor frecuencia en la prensa. En 1924, tenemos noticia de su debut en el Salón Alhambra de Córdoba, y en los años sucesivos destaca especialmente por las saetas que interpreta como acompañamiento a la proyección de varias películas mudas.

Así, en 1925 La Libertad anuncia el “grandioso éxito de la hermosa zarzuela española, filmada por la Argentina, Rosario la cortijera, éxito de la cantaora La Antequerana en las saetas de esta película”, y en 1926 varios periódicos se hacen eco del viaje de la artista a Mahón (Menorca) con motivo del estreno del filme Currito de la Cruz:

“ Para cantar las saetas durante el desfile de las magníficas procesiones de la Semana Santa en Sevilla han llegado en el vapor correo de hoy los notables artistas de cante flamenco, Pepita Moreno (La Antequerana) y Bienvenido Pardo (Niño de Alcalá)” (El bien público, 15-4-1926).

Cartel de Currito de la Cruz (1926)

Cartel de Currito de la Cruz (1926)

Las siguientes apariciones de la artista las sitúa la prensa en Madrid, en mayo y septiembre de 1926, y en enero y marzo del año siguiente, siempre en el Kursaal. La cantaora forma parte de distintos cuadros flamencos, con los que continúa cosechando grandes éxitos.

En 1935, en su libro Arte y artistas flamencos, Fernando el de Triana se pregunta qué ha sido de esta prometedora artista:

“La Antequerana tuvo una época en la que todos esperábamos que se colocara como lumbrera del cante levantino; después, sin que se sepa por qué causa, desapareció como por encanto del mapa artístico: además de que era una guitarrista muy buena”.

Años más tarde, José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz rescatan un reportaje publicado en 1961 por el diario Pueblo, en el que el periodista Antonio González afirma lo siguiente:

“El médico le ha dicho a Josefa Moreno que no debe cantar. Hace dos años padeció una bronconeumonía con principios de pleuresía, y está en peligro su vida si lo hace. Mas no le hace caso a su padecimiento. No puede hacerle caso, porque vive del cante y por el cante”.

Al parecer, en aquellos años La Antequerana sobrevive cantando en las calles de Madrid, “donde ofrece al auditorio que lo solicite sus tarantas y siguiriyas, y también zambras de su creación. A cambio pide lo que la buena voluntad de la gente quiera darle”.

Se desconoce la fecha y el lugar exacto de la muerte de Josefa Moreno, si bien parece lógico pensar que pudo ser en Madrid, en los años sesenta. José Blas Vega, en su obra Vida y cante de don Antonio Chacón (1986), nos ofrece, de primera mano, una última imagen de La Antequerana:

“[…] nos cantó varias veces soleares de buen cuño, amén de otros cantes más livianos […]. Era todo un personaje de la noche madrileña. Menudilla, con ojos brillantes de ratita, muy mal trajeada, con su cigarro en la boca avivando su bronco-neumonía, y su guitarra bajo el brazo dentro de un destartalado estuche. Su lengua era de lo más viperino, y lo primero que hacía al entrar en algunos de los bares, era echar una recalada fulminante al personal, y mientras movía la cabeza de abajo a arriba, de sus labios salían en voz baja una sarta de maldiciones”.

Por desgracia, en La Antequerana vuelve a repetirse la historia de tantas y tantas artistas que, tras saborear las mieles del éxito y el reconocimiento, terminan sus días olvidadas y en la miseria.

 

Unos cantes de la Antequerana, por cortesía de Pedro Moral:


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Adela Cubas, una guitarrista hecha a sí misma (y II)

Recorriendo España junto a Antonio Hernández

En marzo de 1913, la revista Diana (Cádiz) anuncia un nuevo número de variedades:

“El notabilísimo bandurrista D. Antonio Hernández, tan aplaudido últimamente en nuestro Teatro Cómico, ha formado número con la afamada profesora de guitarra Adela Cubas, que durante muchos años ha acompañado con el clásico instrumento al cantador El Mochuelo. Dada la maestría y dominio de la Srta. Cubas en la guitarra y conocedores de las perfectas imitaciones que del cante flamenco ejecuta en la bandurria el señor Hernández, con especialidad en el estilo de la Niña de los Peines, auguramos una serie de triunfos al nuevo número de varietés” (12-3-1913).

Comienza, por tanto, una nueva etapa en la carrera artística de Adela Cubas, quien, junto a su recién estrenado compañero, continuará recorriendo diversos escenarios por toda la geografía española. En mayo se presentan en San Fernando (Cádiz), donde “su esmerada labor” los hace merecedores de “aplausos unánimes y espontáneos” (Eco Artístico, 25-5-1913). La prensa local no escatima en elogios para la artista:

“Adela Cubas, de fama nacional, que conoce la guitarra y que la siente con su alma soñadora, la que se refleja por sus ojazos negros y agitanados, puede afirmarse que es una verdadera Rubinstein en el manejo del clásico instrumento, porque ya no es posible ni más dulzura, ni mayor agilidad, ni más buen gusto” (Diana, 12-5-1913).

Anuncio del espectáculo de Adela Cubas y Antonio Hernández, Eco Artístico (1913)Anuncio del espectáculo de Adela Cubas y Antonio Hernández, Eco Artístico (1913)

En el mes de julio, Adela viaja de nuevo a Barcelona, para formar parte de un espectáculo en el Gran Salón Doré, en el que destaca especialmente sobre el resto de artistas: “Eloísa Carbonell bailando un tango, acompañada á la guitarra por Adela Cubas: vaya una bailarina y una guitarrista” (Eco Artístico, 25-7-1913).

En octubre regresa a Cataluña, y se presentan en el Teatro Principal de Tortosa (Tarragona), “la bella y genial Adela Cubas y el aplaudidísimo Antonio Hernández, concertistas, imitadores de las eminentes celebridades que brillan en Europa, de un talento y un gusto artístico extraordinario” (Diario de Tortosa, 11-10-1913). Allí el público pudo saborear

“el arte insuperable de Adela Cubas, que hemos de confesar no tiene rival en la interpretación, con su guitarra, de las piezas flamencas y gitanas. […] Los repetidos aplausos obligábanles a ofrecernos otra, otra y otra, cada vez más hermosas, y el último día terminaron con una jota tan soberbiamente ejecutada y sentida, que la concurrencia, como si sintiese repercutir aquellas notas vibrantes en su alma, restaba profundamente emocionada” (Diario de Tortosa, 11-10-1913).

Barcelona, Bilbao y, de nuevo, Madrid también son testigos de sus éxitos. En diciembre, en el Trianón Palace “son muy aplaudidos Adela Cubas y Antonio Hernández en su género flamenco, en el que Adela tiene el número uno” (Eco Artístico, 5-12-1913).

El nuevo año lo reciben en Guadalajara. Allí comparten cartel con otros artistas de variedades, “pero lo que verdaderamente llamó la atención fue el esmerado trabajo de Adela Cubas que tocó la guitarra como puedan tocarla en la Corte Celestial. Eso es tocar; lo demás es armar ruido” (La Palanca, 21-12-1913). Noche tras noche, la artista sigue demostrando su maestría y versatilidad:

“Adela sabe hacer llorar a la guitarra, esos sentimentales cantos asturianos, sabe llegar al alma del que la escucha, al rasguear habilísima las cuerdas, arrancando la alegre música andaluza y enardecer el espíritu con las bravas y pujantes notas que nos hablan de Aragón y sus quereres, con la lengua flexible de la jota aragonesa” (Revista Flores y abejas, 4-1-1914).

Tras pasar por Aranjuez, en primavera la pareja vuelve a tierras gaditanas: El Puerto de Santa María, San Fernando, Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda son algunas de las localidades en las que actúan, y “son aplaudidos sin tasa en todo el género flamenco, que interpretan con estilo y gusto” (Eco Artístico, 25-5-1914).

A finales de mayo, la revista Diana (Cádiz) anuncia que los celebrados artistas próximamente “emprenderán una tournée por nuestras posesiones de África, empezando por Tetuán, y continuando por Larache, Ceuta, Melilla y Tánger. Nuestra enhorabuena a la Srta. Cubas y al Sr. Hernández, a los cuales deseamos continúen obteniendo idénticos triunfos que los conseguidos hasta ahora” (31-5-1914).

Caricatura de Adela Cubas y Antonio Hernández (Diana, 31-5-1914)Caricatura de Adela Cubas y Antonio Hernández (Diana, 31-5-1914)

En junio, la guitarrista muestra su lado más solidario, al colaborar en una fiesta benéfica organizada en el teatro Español de Madrid por la Juventud republicana, con el fin de recaudar fondos para la creación de escuelas para niños y clases nocturnas para adultos.

Siguen las giras, con La Malagueñita, El Mochuelo…

Una vez desvinculada artísticamente de Antonio Hernández, en otoño Adela regresa a Bilbao, Barcelona y Palma de Mallorca, lugares donde recibe grandes elogios junto a su nueva pareja flamenca: “La Malagueñita con su cante ‘jondo’, acompañada a la guitarra por esa ‘pequeñez’ de artista llamada Adela Cubas. ¡Ole las manitas!” (Eco Artístico, 5-11-1914). Durante varios meses, ambas continúan recorriendo la geografía española, y cosechan aplausos y “justas ovaciones” en Valencia, Málaga y Granada.

En julio de 1915, en el Salón de Variedades de Almería, “el célebre cantador de flamenco Antonio Pozo (El Mochuelo) y la eminente profesora de guitarra Adela Cubas, cantaron y tocaron respectivamente, aires andaluces como los propios ángeles” (El Popular, 18-7-1915). Los dos “alcanzaron calurosos aplausos, especialmente la última, que domina de manera magistral el tan celebrado instrumento” (Crónica Meridional, 19-7-1915).

Comienza, por tanto, una nueva etapa de colaboración artística entre la guitarrista y el cantaor, que a partir del mes de agosto participan en “Andalucía en Versalles”, que cosecha grandes éxitos en Madrid. El bailaor Estampío y el guitarrista Ramón Montoya, entre otros artistas, completan el cartel de este espectáculo teatral, “verdadera nota de color y buen gusto, que viene congregando un público selecto y numeroso […] y que hace aparecer diariamente en la taquilla el cartel de ‘No hay billetes’” (La Correspondencia de España, 3-9-1915).

En octubre, Adela Cubas y El Mochuelo actúan en Zamora, y a comienzos de 1916 viajan a La Coruña, donde “la renombrada guitarrista, es muy aplaudida acompañando al cantador flamenco” (Eco Artístico, 5-2-1916), y obtiene un “éxito colosal” la “Gran Fiesta Andaluza” en que ambos participan.

No obstante, la actividad de la guitarrista debe cesar durante un tiempo, y El Liberal nos informa sobre los motivos:

“ADELA CUBAS.- Después de tres meses de enfermedad, ha entrado en el periodo de convalecencia esta afamadísima artista de la guitarra. Sus muchos amigos y admiradores, que ignoraban la causa de su apartamiento del público, por no haberse dado noticia alguna de la dolencia que aquejaba, y aqueja todavía a la excelente guitarrista, no tardarán, afortunadamente, en tributaria de nuevo sus aplausos” (8-5-1916).

Una vez recuperada, en septiembre la artista regresa a La Coruña, donde vuelve a entusiasmar al auditorio: “el éxito del día consituyólo Adela Cubas, la famosa concertista de guitarra, que fue clamorosamente ovacionada. La Cubas tocó de modo admirable aires andaluces, jotas y guajiras, que el público aplaudió con calor” (El Noroeste, 8-9-1916).

Pocas semanas después inicia otra exitosa gira por tierras andaluzas (Málaga, Baza, Córdoba…), esta vez junto a La Malagueñita. El nuevo año lo estrena también en el sur de España, acompañando a Les Harturs, “un cuadro de canto y baile flamenco en su significación más castiza y clásica; elegante y simpático”. Sus actuaciones en distintas localidades gaditanas, granadinas y murcianas son muy aplaudidas. Por ejemplo, sobre su presentación en Murcia, El Liberal publica lo siguiente: “Les Harturs […] ha completado su interesante cuadro con la popular Adela Cubas, […] que tiene en su alma la magia zahorí de la música flamenca, y en sus dedos, el secreto sentimental de la guitarra” (12-6-1917).

En 1918, Adela se anuncia en distintos escenarios españoles -principalmente en Madrid, Valencia, Barcelona y Badajoz-, integrada en cuadros flamencos en los que acompaña a artistas como Eloísa Carbonell y El Mochuelo. Los programas en los que aparecen son de lo más variopinto, e incluyen bailarines, cancionistas e incluso perros comediantes.

De nuevo en Madrid, junto a dos bailarinas

A partir de 1919, la mayor parte de las referencias periodísticas que hallamos sobre Adela Cubas la sitúan en Madrid. Durante dos años aparece vinculada artísticamente a la famosa y versátil bailarina Mireya, que ejecuta tanto danzas clásicas como bailes modernos, exóticos, e incluso se arranca por soleares y granaínas.

Juntas se anuncian durante largas temporadas en el Parisiana, el Ideal Rosales y el Gran Teatro madrileño, entre otros. La prensa se hace eco de sus triunfos artísticos y destaca continuamente el buen hacer de la “simpática y notable guitarrista Adela Cubas” (Eco Artístico, 1-6-1919), toda una “maestra en el género” (La Correspondencia de España, 26-8-1919), “que, como pocos, dominan este instrumento” (Eco Artístico, 30-11-1919).

Adela Cubas y Mireya (Mundo Gráfico, 4-6-1919)Adela Cubas y Mireya (Mundo Gráfico, 4-6-1919)

La pareja también colabora en varios festivales benéficos y se presenta en otras ciudades, como Gijón, San Sebastián, Zaragoza, Pamplona o Puertollano, siempre con gran éxito y “entusiastas aclamaciones”. En agosto de 1920 Eco Artístico anuncia la disolución del vínculo laboral entre ambas artistas y poco después informa sobre el estreno de un nuevo número, formado por “la renombrada y excelente bailarina” Nerina y “la célebre concertista de guitarra Adela Cubas” (15-09-1920).

El Parisiana madrileño sigue siendo testigo de la maestría de la guitarrista y su nueva pareja, si bien las referencias en prensa son mucho menos frecuentes, no sabemos si debido a una relajación del ritmo de trabajo de Adela Cubas a causa de su enfermedad, o bien por encontrarse actuando en teatros de provincias de cuya programación dieran cuenta únicamente los periódicos locales.

En cualquier caso, donde sí aparecen Adela y Nerina, junto a otros muchos artistas, es en el festival a beneficio de la Cruz Roja organizado en abril de 1922 por los estudiantes del preparatorio de Derecho y Filosofía y Letras en el madrileño el Teatro de la Princesa. Allí “se hicieron aplaudir extraordinariamente” (La Acción, 5-4-1922).

En septiembre de ese mismo año, la prensa recoge la noticia de la fundación del Sindicato de Artistas de Varietés, de cuya junta directiva forma parte Adela Cubas. De este modo conocemos una nueva faceta de la guitarrista que, además de solidaria, resulta ser una mujer comprometida en la defensa de sus derechos profesionales.

Una de sus últimas apariciones públicas tuvo lugar en noviembre de 1922 en el Círculo de Bellas Artes, con motivo de “una fiesta íntima, de las que dicho centro organiza frecuentemente, para alentar a los artistas y para dar a conocer éstos a los socios”. Las cupletistas Teresita España y Carmen de Triana, la bailarina Carmen Diadema y “la excelente guitarrista Adela Cubas” fueron muy aplaudidas por el púbico, “que salió muy satisfecho del delicioso rato que le proporcionaron las expresadas artistas” (El Sol, 26-11-1922).

Adela Cubas en el Círculo de Bellas Artes (La Unión Ilustrada, 10-12-1922)Adela Cubas en el Círculo de Bellas Artes (La Unión Ilustrada, 10-12-1922)

Se marchó sin hacer ruido

El 24 de abril de 1923, El Imparcial publica la siguiente información: “En el sanatorio del Doctor Segovia, en la calle de las Naciones, ha fallecido esta madrugada la notable guitarrista Adela Cubas. En desesperado estado se la había practicado una operación en el hígado, pues la celebrada artista venía desde hace tiempo aquejada por una enfermedad que ha consumido todos sus modestos recursos”.

Se marchaba así esta mujer excepcional, trabajadora incansable y artista por todos reconocida. Nos dejaba sin hacer ruido, del mismo modo en que había vivido. Si la prensa nos da una idea de la importancia de su carrera y del prestigio que alcanzó, el valioso testimonio que recoge Carmen de Burgos en su obra ya mencionada nos permite conocer un poco más a la mujer, a esa Adela sensible, sensata, simpática y con un gran sentido del humor.

En su conversación con la periodista, Adela Cubas reconoce sentir pasión por su trabajo: “Yo necesito para vivir la guitarra, el público, los aplausos. Aunque fuera millonaria no dejaría mi arte jamás”. Reconoce los éxitos cosechados por toda España, si bien se queja, no sin ironía, del empeño de los empresarios en hacerla actuar acompañada de otro artista, tal vez debido a su aspecto físico, que no parecía encajar con el prototipo de mujer que triunfaba en los espectáculos de variedades:

“Eso es muy gracioso. Cuando salgo acompañada, el público me pide que toque sola -“sola”, “sola”- y, en cambio, si pretendo salir sola, los empresarios me piden que salga con alguien… aunque sea con un guardia. […] He estado dos veces para contratarme para América, y las dos he fracasado. La primera, porque el empresario me encontró tan horrible, que me dijo que me contrataría si pudiera salir al escenario de espaldas”.

Adela Cubas (Diana, 12-5-1913)Adela Cubas (Diana, 12-5-1913)

Sin embargo -y afortunadamente-, el hecho de no cumplir con esos cánones de belleza establecidos no impidió a Adela Cubas convertirse en una primera figura de la guitarra, algo ya de por sí complicado tratándose de una mujer. Es más, incluso llegó a “sacar alguna ventaja moral […]. Una mujer fea ve las cosas con más claridad, más en la realidad, vive menos engañada, puede tener más confianza en los afectos que inspire”.

Si la belleza es relativa, y varía en función de los tiempos y de las modas, lo que no admite discusión es la inteligencia y la valentía de esta mujer, que supo hacerse a sí misma y vencer con su talento las barreras que encontró en su camino, hasta alcanzar su sueño.


Adela Cubas, una guitarrista hecha a sí misma (I)

“Los ecos de la guitarra lo llenan todo de armonía y nos hacen enmudecer para escucharla. Sus mejillas enrojecidas y sus ojos animados de entusiasmo la embellecen. No es una mano la que hiere las cuerdas del instrumento; es un corazón”. Así describe Carmen de Burgos el modo de tocar de Adela Cubas, una de las más eminentes guitarristas que ha dado la historia del flamenco, a pesar del olvido en que se ha visto sumida, como la mayoría de las mujeres que algún día lograron dedicarse a ese arte.

Adela Cubas, Revista Nuevo Mundo (8-3-1906)Adela Cubas, Revista Nuevo Mundo (8-3-1906)

El padrón de habitantes de Madrid de 1920 nos ofrece su nombre completo, Adela Martín Cubas, y sitúa su fecha de nacimiento el 23 de noviembre de 1883. Las hemerotecas están llenas de referencias sobre su intensa actividad profesional. Sin duda, uno de los más valiosos testimonios en relación con esta mujer singular es el que ofreció ella misma a la citada periodista, y que Carmen de Burgos recogió en su obra Confidencias de artistas (1916).

“Desde niña amé con locura la música. Mi familia era pobre, y el único instrumento que tuve a mi alcance fue la guitarra; pero tuve que aprenderla a escondites; mi familia no consintió en dejarme seguir mi vocación hasta que la necesidad la obligó a ello, y yo tuve que trabajar para mantenerla”.

Como a tantas otras mujeres, a Adela Cubas no le resultó fácil desarrollar su vocación artística, especialmente en una época -finales del siglo XIX y principios del XX– como la que le tocó vivir. Sin embargo, la necesidad, unida a sus extraordinarias dotes musicales, fueron las principales aliadas de esta mujer autodidacta, que pronto se convirtió en una pieza imprescindible en los teatros y salas de variedades de toda España.

Sus inicios como profesional

La primera referencia periodística la encontramos en 1900, en El Heraldo de Alcoy (Alicante), que incluye una reseña sobre la actuación de “la joven y simpática profesora de guitarra Adela Martín Cubas”:

“La guitarra es instrumento que no admite medianías; son precisas la ejecución y las notables dotes musicales de Adela Martín para que sus cuerdas vibren con la inimitable armonía, que nos recuerda las canciones del pueblo árabe.
Como en presencia de lo bueno somos todos exigentes, no nos dimos por satisfechos oyéndola tocar, del modo magistral que lo hacía, le suplicamos que nos cantase algo que nos transportara a la hermosa Andalucía, y así lo hizo.
La voz de la señorita Martín Cubas no es potente y vigorosa; pero su exquisita gracia y su delicado oído cautivan por completo a quien la escucha.
Cúmplenos felicitarla, animándola para que siga por un camino en el que recogerá aplausos y triunfos”.

El paréntesis temporal que media entre esta reseña y la siguiente podría coincidir perfectamente con los cuatro años de “descanso” que se tomó tras contraer matrimonio, según ella misma confiesa a Carmen de Burgos. Tras quedarse viuda regresó a la vida artística. De hecho, a partir de 1904, distintos diarios y revistas dan cuenta de la intensísima labor profesional de Adela Cubas, cuyo nombre aparece en la prensa prácticamente a diario -al menos en esta primera etapa-, vinculado a distintos espectáculos de variedades que se desarrollan en la capital madrileña.

El también llamado “género ínfimo” o “arte frívolo” había llegado a España, desde París, con el cambio de siglo y constituía “un espectáculo para hombres solos”, que

“saboreaban perversamente, como un pecado divinamente satánico, las pantorrillas y los brazos de chiquillas consideradas como agentes de Lucifer, y que en el fondo -y aun en la superficie- eran buenas muchachas, obligadas por un sueldo mezquino a enjaezarse con unos trajes absurdos de hórridos colorines, bordados con lentejuelas, para cantar gachonamente: ‘Tengo dos lunares, el uno junto a la boca y el otro donde tú sabes…’” (Así lo define Carlos Fortuny en un reportaje publicado en el Heraldo de Madrid, 6-8-1928).

Una artista indispensable en el género de variedades

Desde junio de 1904 hasta finales del año siguiente, “la notable profesora de guitarra Adela Cubas” trabaja en el Salón de Actualidades, donde“escucha todas las noches ruidosas ovaciones” (La Correspondencia de España, 26-10-1904), y acompaña con su toque a algunas de las más destacadas figuras del género de variedades, tales como Amalia Molina, Pepita Sevilla, la Fornarina, Pastora Imperio o Candelaria Medina, por citar sólo a algunas. En esa época también comparte cartel con artistas flamencas de la talla de Paca Aguilera y La Macarrona.

Es tal la actividad de Adela Cubas a finales de 1905, que en varias ocasiones la prensa la sitúa de manera simultánea en el Salón de Variedades y en Teatro de Novedades, con espectáculos similares. En el mes de enero se presenta en el Teatro Romea “una de las mejores artistas en la guitarra” (Heraldo de Madrid, 3-1-1906), que acompaña nada menos que a La Niña de los Peines y, unos días más tarde, al cantaor Antonio Pozo, “El Mochuelo”.

En marzo, La Vanguardia anuncia el “debut de la eminente concertista de guitarra, ADELA CUBAS” en el Teatro Tívoli de Barcelona. Allí permanece varias semanas junto a Amalia Molina, y reciben una “ovación cada vez mayor”.

Adela Cubas, imagen de la galería de Mercedes Blanco en FlickrAdela Cubas, imagen de la galería de Mercedes Blanco en Flickr

Tras varios meses en el Cinematógrafo Internacional madrileño, donde comparte cartel con El Mochuelo, en junio se presenta en Alicante el espectáculo “Una juerga andaluza”, con Pilar García, en el que “Adela como consumada profesora de guitarra en el género andaluz, unida con su cantaora, será uno de los nombres que más resuenen” (El Heraldo de Alicante, 1-6-1906).

Unas semanas más tarde actúa de nuevo en Madrid, junto a Antonio Pozo, en el Teatro Fantástico. La siguiente referencia que encontramos es de abril de 1907, en el Cinematógrafo Internacional, donde ambos artistas toman parte en el drama lírico “Carne de tablao”.

En 1908, la prensa sitúa a Adela Cubas en distintas ciudades españolas. En febrero se presenta junto a Amalia Molina en Murcia y Cartagena. La verdad artística le dedica los siguientes elogios: “es una guitarrista muy hábil, de mucha ejecución, y refinado gusto artístico, fue muy aplaudida por el público. Es una gran maestra” (20-2-1908).

Dos meses más tarde regresa a aquellas tierras junto a la cantaora Pilar García, y en octubre actúa en Málaga, primero con la cupletista Conchita Ledesma, y más tarde con El Mochuelo. En ambos casos cosecha muchos aplausos, a juzgar por las crónicas de la época:

“La presencia del excelente cantaor Mochuelo y la incomparable guitarrista Adela Cubas completan el éxito de las secciones, debido a que el trabajo que realizan es digno de admirar. Mochuelo fue aplaudidísimo anoche al cantar unas seguidillas que la simpática guitarrista le acompañó con gran éxito y admiración de todos los concurrentes. Adela Cubas interpretó una jota punteada y cantada con la guitarra, cuyo trabajo es de lo que no estamos acostumbrados a ver por acá, al terminar esta el concurso le hizo un saludo estruendoso” (El Popular, 31-10-1908).

De todo lo visto hasta el momento se puede deducir que Adela Cubas era una artista muy versátil, capaz de tocar una jota, participar en espectáculos de variedades y acompañar a cantaores de flamenco. No obstante, en sus confidencias a Carmen de Burgos, muestra una clara predilección por este género, y en especial por las soleares y los tientos:

“Mis maestros fueron esos pobres ciegos que tocan por las calles…, no he estudiado música jamás, ni quiero saberla. Yo creo que el saber música es incompatible con el flamenco. Cuando se sabe música, no se siente lo flamenco bien. Es un género que los músicos desdeñan; pero ninguno ha podido fijar en el pentagrama el compás de las seguidillas ni de las soleares. Hay algo en ellas que no se puede escribir”.

Asimismo, con un fino sentido del humor, muestra su descontento hacia esa tiranía de la belleza que impera en los espectáculos de variedades, tan en boga en esa época, por considerar que, debido a su físico, su talento no se ve reconocido como merecería:

“Yo soy muy fea, y las mujeres feas en el teatro no hacen suerte, por artistas que sean. No hay quien las empuje, ni periodistas ni empresarios. Y si no se les da bombo no pasan de medianías, no llegan a la fama. Con el trabajo solo no se hace ninguna rica. Yo no me he podido comprar jamás alhajas […]. Cualquier cupletista gana más que yo, aunque acabe de soltar el estropajo”.

Acompañante de cantaores flamencos y directora

En 1909 se anuncia en Salamanca el “gran debut de la célebre y aplaudida guitarrista del género andaluz Adela Cubas, y de la notabilísima cantadora Pilar García, reina del nuevo cante flamenco. Espectáculo fino y culto, pudiendo asistir sin reparo todas las clases sociales” (El Adelanto, 26-1-1909). Las críticas posteriores se refieren a ella como una excelente guitarrista, “que sabe lo que se trae entre manos” (El Castellano, 29-01-1909); “pocas veces hemos oído artista tan notable en su género: demuestran nuestras afirmaciones los grandes aplausos que todas las noches recibe del público” (El Castellano, 02-02-1909).

En marzo volvemos a encontrar a Adela en el Novedades madrileño, donde participa en una función benéfica. A partir de septiembre, y durante cinco meses, figura en el cartel del Teatro Nuevo, junto a un heterogéneo elenco de artistas de variedades, y acompañando a los cantaores Mochuelo Chico y Manuel Pavón.

Con este último forma pareja artística durante todo 1910. Juntos actúan en Vitoria y Zamora. Pasan la primavera en varios teatros madrileños, como el de la Latina, donde son “objeto de grandes demostraciones de simpatía” (La Correspondencia de España, 20-4-1910); el Romea, en el que presentan con gran éxito el espectáculo “Una fiesta andaluza” y comparten cartel con La Argentinita; y el Olimpia.

Adela Cubas, Revista Pathé Frères, Revista Nuevo mundo 1911Adela Cubas, revista Pathé Frères, en Nuevo mundo, 15-6-1911

En el mes de julio emprenden una nueva gira por Barcelona y Portugal. A juzgar por las reseñas que aparecen en prensa, y a diferencia de lo que suele ser habitual, parece que el protagonismo de la pareja recae sobre la guitarrista, convertida además en directora de uno de los números. Así, La Correspondencia de España anuncia el debut, en el Teatro Gayarre de la ciudad condal, de “Adela Cubas, celebérrima y aplaudidísima tocadora de guitarra, acompañada de su cantaor Pavón” (4-7-1910). Unos días más tarde, La Vanguardia informa sobre la despedida del espectáculo, en la que “la simpática Adela Cubas, en atención a sus admiradores tocará escogidas piezas de su repertorio con guitarra y para finalizar se pondrá en escena: Una Juerga en Sevilla, dirigida por Adela Cubas y tomando parte toda la compañía” (19-7-1910).

Tras su periplo estival por Setúbal y Lisboa, donde el público “no se cansa de aplaudir la maestría de Adela Cubas en la guitarra, como la de Pavón en el cante del ‘garrotín’” (Eco Artístico, 5-8-1910), ambos artistas regresan a Madrid, donde se anuncian durante varios meses en Lo Rat Penat “Adela Cubas, la admirable ‘tocaora‘ de guitarra, reina del flamenco y su compañero el notable ‘cantaor’ Manuel Pavón” (La Correspondencia de España, 27-8-1910). Allí presentan con gran éxito su “Fiesta andaluza”, dirigida por Adela Cubas.

Una vez disuelta su colaboración artística con Pavón, la guitarrista pasa el primer trimestre de 1911 en el Teatro Gayarre de Barcelona, donde acompaña, sucesivamente, el cante de Emilia Benito, Olivares y el Mochuelo Chico.

En abril, de regreso a Madrid, la “notabilísima concertista de guitarra […] mostró una vez más su buen gusto y maestría, siendo ruidosamente ovacionada” (Eco Artístico, 25-4-1911) en el Salón Luminoso.

Durante los meses siguientes, en el Teatro Príncipe Alfonso, Adela Cubas participa junto a La Argentinita y Amalia Molina en la revista “Pathé Frères” y, posteriormente, en el espectáculo “Mirando a la Alhambra”, un “Cuadro verdaderamente español, típico, con ambiente y colorido. […] una brillante página andaluza, que transmite al espectador una sensación completa de las canciones y de los bailes de aquella región privilegiada” (La Correspondencia de España, 19-06-1910).

Adela Cubas, Mirando a la Alhambra, en Blanco y Negro, 25-6-1911Adela Cubas, Mirando a la Alhambra, en Blanco y Negro, 25-6-1911

A propósito de este número, Adela Cubas cuenta a Carmen de Burgos la siguiente anécdota: “De pronto se me rompieron cuatro cuerdas… y la obra no pudo continuar. Entonces se vio que aunque el público aplaudía a las artistas que tomaban parte, ellas solas no podían hacer nada… lo fundamental, lo indispensable, era la pobre guitarrica”. En cualquier caso, según la prensa de la época, el espectáculo fue un gran éxito. De hecho, durante los meses de verano siguió representándose en el Teatro Parisiana.

En agosto, la guitarrista inicia una nueva etapa de colaboración con El Mochuelo. En el Trianón Palace llevan a escena su “Fiesta andaluza”, junto a la Macarrona y Lola la Chavala, entre otros artistas. La prensa la califica de “guitarrista única” y “sin rival tocadora”.

En otoño actúan ante el público vallisoletano, que les aplaude calurosamente; viajan a Castellón, donde son “ruidosamente ovacionados”, y a Sevilla. Allí vuelven a coincidir con la Macarrona y el triunfo es tal que El Imparcial publica lo siguiente:

“ADELA CUBAS.- Con éxito muy grande ha debutado en el Salón Imperial, de Sevilla, esta notabilísima guitarrista, incomparable en el difícil arte de Tárrega. Triunfar en Sevilla, donde tanto buen guitarrista se encuentra y donde tiene su cuna la música flamenca fina, vale por una consagración definitiva. Adela Cubas es, por lo tanto, desde ahora, la primera guitarrista de España” (25-11-1911).

Adela Cubas, Fiesta Andaluza, Revista Nuevo Mundo, 24-9-1911Adela Cubas, Fiesta Andaluza, en Nuevo Mundo, 24-9-1911

En 1912 la pareja continúa de gira. En enero, en Valencia “siguen los aplausos para el famoso cantaor El Mochuelo y la incomparable profesora de guitarra Adela Cubas” (Eco Artístico, 25-1-1912). En marzo, en el barcelonés Teatro Gayarre se presenta un “programa sin rival en calidad”, en el que participan, entre otros artistas, “el auténtico MOCHUELO con la eminente guitarrista ADELA CUBAS” (La Vanguardia, 19-3-1912).

El éxito y las ovaciones son constantes durante todo un mes, en el que la prensa les dedica elogios como éste: “El Mochuelo y Adela Cubas continúan en la ‘casa’ oyendo grandes aplausos. ¡¡Qué manos tiene Adela!! Si tuviera usted una Administración de Loterías y esas mismas manitas para expender billetes, se había acabado la miseria” (Eco Artístico, 15-4-1912).

Tras debutar en Palma de Mallorca, ambos regresan a Barcelona, donde siguen cosechando éxitos y alabanzas durante varias semanas en distintos locales, y en octubre se presentan en Bilbao. En 1913 continúan los viajes. Debutan en Elche y de allí pasan a Cartagena. La prensa local destaca que, “en obsequio a las señoras, Adela Cubas tocará varios números con la guitarra con la maestría y sentimiento que ella sabe hacerlo. Acompañará luego a Amalia Molina y al Mochuelo […] El teatro se verá rebosante de público, que bien lo merece el escuchar a Amalia Molina y Adela Cubas” (El Eco de Cartagena, 23-1-1913). Unos días más tarde, ambos artistas “obtienen cuantiosos aplausos, sobre todo ella, que es una consumada guitarrista y que hace con este clásico instrumento verdaderas filigranas” (Eco Artístico, 25-1-1913).

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