Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Estrella de Andalucía, reina del zapateado (II)

En agosto de 1909, las hermanas Garay desarrollan una nueva faceta artística, la de actrices; y, a juzgar por las críticas, parece que no se les da nada mal. Consuelo, Luz y Ángeles protagonizan la obra musical Por la patria, que se estrena en el Cine Fraga de Santiago de Compostela:

“… El trabajo del Sr. Fernández Tafall, que interpretaron muy bien las Srtas. que forman el trío ‘Lucerito’, es de oportunidad y está escrito con soltura. Es la despedida de un reservista, que se marcha a Melilla, de su novia. En su entrevista cerca de la Virgen ante la cual se juraron amor cambian frases de cariño mutuo y de entusiasta amor a la Patria. El autor y las artistas fueron muy aplaudidas” (El Eco de Santiago, 28-8-1909).

Tres de las hermanas Garay (Eco Artístico, 15-12-1909)

Tres de las hermanas Garay (Eco Artístico, 15-12-1909)

Durante el otoño, el grupo continúa con sus viajes por España. En octubre se las puede admirar en el Salón Variedades de Salamanca. “Sus canciones, de las que traen gran repertorio, se apartan mucho del género que desagrada al público distinguido” (El Adelanto, 22-9-1909). Entre otros títulos, cabe mencionar ‘La borrachera’, que interpretan “admirablemente” (El Adelanto, 24-9-1909) o Por el mundo.

El Trío Lucerito, siempre en ascenso

El repertorio se sigue renovando, con la incorporación de números como el del pay pay o el del Perro chico, que se suman a sus bailes habituales: el kake-wal, el baile ruso, el baile inglés, el garrotín… En cada uno de ellos las jóvenes se presentan impecablemente vestidas, con el atuendo más adecuado para la ocasión. Sus actuaciones se cuentan por llenos y su fama no para de crecer:

“En el baile inglés cosecharon infinidad de aplausos; sobre todo en el momento en que una de las hermanas, Consuelo, da unas veinte vueltas sobre un pie solo.

En el baile del garrotín no es posible que se pueda pedir ni bailar más, ni mejor, que lo hace la simpática Luz, que asemeja a un automóvil por lo que hace a la ligereza” (El Castellano, 2-10-1909).

“El Trío Lucerito, que en este salón actúa con beneplácito del público, es cada noche más aplaudido.

A la variedad que saben imprimir al programa, unen la esmerada ejecución del mismo, todo lo cual hace que el auditorio aplauda a las más simpáticas artistas con entusiasmo” (El Castellano, 28-9-1909).

“Entre el Trío Lucerito, que como ya hemos dicho es un número de varietés de lo mejor que pisan tablados y el público, se ha establecido una corriente de simpatía, que se va agrandando a medida que las jovencitas artistas demuestran cuánto dominio tienen de su arte” (El Adelanto, 24-9-1909).

La Troupe Lucerito

Troupe Lucerito (Eco Artístico, 15-12-1909)

La Troupe Lucerito (Eco Artístico, 15-12-1909)

En diciembre de 1909, el conjunto formado por las hermanas Garay se amplía con la incorporación de Blanca -nacida en 1898-, la más pequeña de la familia, y pasa a denominarse Troupe Lucerito. La prensa les augura un brillante porvenir:

Arte, gracia, hermosura: todo se encuentra en esta sugestiva ‘Troupe’, que empezó siendo un ‘Trío’ de ángeles tentadores y acabará por ser el paraíso de Mahoma; que aún hay tela en la fábrica, y del mejor paño. Sus canciones satíricas y finas, llenas de un encanto malicioso, que ellas detallan con un gusto y arte magistrales, lo culto de su repertorio, la inagotable variedad de sus bailes, la maestría con que los ejecutan y la gracia que a ellos imprimen hace que este original y artístico grupo de bellísimas señoritas sea hoy considerado con justicia como el primero en su género. Los éxitos francos, de buena ley, que vienen obteniendo en cuantos teatros actúan son de los más legítimos y halagadores. Estos inimitables ‘Luceritos’, que muchas estrellas envidian, están llamados a cosechar muchos laureles…” (Eco Artístico, 15-12-1909).

1910 llega cargado de nuevos proyectos para las hermanas Garay. Oporto, Setúbal, Badajoz, Huelva o Sanlúcar de Barrameda son algunas de las ciudades que visitan antes de recalar en Madrid. En la capital de España permanecen unos dos meses, actuando en salas como el Royal Kursaal, el Petit Palais, Lo Rat Penat o Parisiana. Su nómina de triunfos sigue aumentando.

“PETIT PALAIS.- Anoche terminaron sus representaciones la notable troupe Lucerito, que tan brillante campaña han hecho en este salón desde el día de su ‘debut’.

Todos los bailes que componían el programa fueron repetidos entre atronadores aplausos, con que el público premió el artístico y notabilísimo trabajo de las monísimas artistas.

Sus infinitos admiradores las obsequiaron con varias cestas de flores y muchos regalos” (El Liberal, 30-5-1910).

En el mes de julio, la Troupe Lucerito se embarca en una nueva gira por la costa mediterránea, con paradas en Palma de Mallorca, Valencia y Castellón, así como en numerosas ciudades catalanas. Durante su tournée, las hermanas Garay “son frenéticamente aplaudidas; sus trabajos, con sin igual maestría ejecutados, llenan de admiración […], no sólo por su arte, si (sic) también por su lujo y distinción” (Eco Artístico, 15-7-1910).

La Troupe Lucerito (Madrid Cómico, 9-7-1910)

La Troupe Lucerito (Madrid Cómico, 9-7-1910)

Las cuatro hermanas, además de “consumadas artistas” (Eco Artístico, 15-8-1910), son “jóvenes, guapas y con exquisito gusto para la presentación, […] cantan y bailan a la perfección y con moralidad” (Eco Artístico, 5-11-1910). Con estos ingredientes, el éxito está asegurado.

Ha nacido una Estrella

En diciembre de 1910, el cuadro artístico formado por las Garay experimenta una nueva evolución. Entre los cuatro “luceritos” hay uno que brilla especialmente -no en vano se llama Luz– y decide continuar su camino en solitario, aunque sin desvincularse del todo de sus hermanas, con quienes sigue coincidiendo en muchos escenarios. Ha nacido La Estrella de Andalucía.

A partir de ese momento, Luz de Garay se centra en la que siempre ha sido su especialidad, los bailes flamencos y andaluces, mientras que el Trío Lucerito sigue cultivando otro tipo de danzas de distinta procedencia.

La Estrella de Andalucía, que ya se anuncia como “la reina del baile andaluz” (La Vanguardia, 18-12-1910), pasa las últimas semanas del año actuando con éxito en el Teatro Imperio de Barcelona:

“Sala Imperio.- Ha debutado con extraordinario éxito, la hermosa Estrella de Andalucía, que entusiasma al público con sus bailes flamencos, viéndose obligada a repetirlos entre grandes salvas de aplausos, de una concurrencia selecta y numerosa” (Eco Artístico, 25-12-1910).

En enero de 1911, las cuatro hermanas Garay coinciden en el Salón Imperial de Sevilla, en cuyo cartel también figura Dora la Gitana:

“SALÓN IMPERIAL.- Dora la Gitana sigue entusiasmando al público, que sin cesar la aclama…

Las notabilísimas hermanas Troupe Lucerito, tres encantadoras señoritas, obtienen colosal éxito en su atrayente número de danzas acrobáticas. La estrella de Andalucía entusiasma poderosamente al auditorio, evidenciándose sin rival en los bailes flamencos” (Eco Artístico, 5-1-1911).

La Estrella de Andalucía (Eco Artístico, 5-3-1911)

La Estrella de Andalucía (Eco Artístico, 5-3-1911)

La irrupción de La Estrella de Andalucía en el panorama artístico supone un auténtica revolución. No tarda en ganarse el título de “reina del zapateado flamenco”, e incluso hay quien la compara con una de las grandes figuras de la época dorada del baile flamenco, la sin par Juana la Macarrona:

“Denominarse estrella es cosa fácil; serlo, requiere un cúmulo tal de perfecciones, que rara vez se logran. La artista que nos ocupa es una de ésas que, por derecho propio, sin jactancia, por indiscutibles méritos, puede engalanarse con el nombre de estrella. Brilla por su arte, cautiva por sus naturales encantos, subyuga por la exquisitez de sus trabajos. Sin rival en los bailes flamencos, nos evoca la gigantesca figura de La Macarrona; como ella, reverdece laureles y aun la aventaja, puesto que la actual exigencia de los públicos reclama hoy conjunto de cualidades que jamás pretendieron hallar en las artistas del pasado. Copistas de La Estrella de Andalucía hay muchas; ninguna que la iguale en flexibilidad, hermosura, presentación y arte.

… En el zapateado flamenco aparece gigantesca; sus redobles son pura filigrana; notas armónicas que encantan y fascinan” (Eco Artístico, 25-4-1-1911).


La Estrella de Andalucía, reina del zapateado (I)

En los albores del siglo XX brilla con luz propia en los escenarios españoles y extranjeros la Estrella de Andalucía. Haciendo honor a su apelativo, su fama es meteórica y su carrera, fugaz, pues el amor llama a su puerta y se retira a los 23 años… eso sí, con un currículum cuajado de éxitos y reconocimientos.

Luz de Garay, La Estrella de Andalucia (Eco Artístico, 11-1-1925)

Luz Garay, La Estrella de Andalucia (Eco Artístico, 11-1-1925)

Aunque por su nombre artístico, y por su forma de bailar, bien podría pasar por sevillana o malagueña, Luz Garay Pérez -así se llama en realidad esta rutilante estrella- nace en Bilbao en 1893. Es la tercera de los cinco hijos del matrimonio formado por el bilbaíno Lucio Garay Eguía y la vallisoletana Valentina Pérez Merino. (1)

El Trío Lucerito

Las primeras referencias a su actividad artística las hallamos en la prensa catalana. En marzo de 1907, Luz actúa junto a sus hermanas Consuelo y Ángeles -nacidas en 1891 y 1896, respectivamente- en el cine Porfoliograf de Barcelona. Se hacen llamar Trío Lucerito e interpretan “bailes internacionales” (La Vanguardia, 24-3-1907).

En otoño de ese mismo año las hermanas Garay actúan con éxito durante varios meses en el Pabellón Lino de La Coruña. Su número incluye bailes, canciones e incluso un monólogo:

“La función de hoy en este Pabellón es a beneficio del simpático y aplaudido Trío Lucerito, que tan buena acogida ha tenido por parte del público coruñés.

Las infantiles artistas seguramente verán hoy el teatro de bote en bote, recibiendo así una pequeña recompensa a su labor de toda esta temporada…

La simpática señorita Consuelo, una de las beneficiadas, recitará en la primera sesión un monólogo; y, en al segunda, a las siete, cantará Una bagatela gallega, alternando por este mismo orden en las demás sesiones.

En obsequio a las beneficiadas, tomarán parte en todas las sesiones el Trío Alpino y el cantador Orduña, ejecutando los números más selectos de su repertorio.

El Trío Lucerito ejecutará variados bailables” (El Noroeste, 6-12-1907).

Junto a esos mismos artistas debuta en febrero de 1908, en el Teatro Jovellanos de Gijón, “el notable Trío Lucerito, que viene precedido de fama extraordinaria […], pues los trabajos de las tres niñas que lo componen han alcanzado grandes éxitos en todos los teatros de Europa, recorridos por las infantiles artistas” (El Noroeste, 8-2-1908).

Dos de las hermanas Garay (Eco Artístico, 15-12-1909)

Dos de las hermanas Garay (Eco Artístico, 15-12-1909)

Ya en el mes de abril, tras un breve paso por la capital de España, las hermanas Garay se presentan en el Teatro de Rojas de Toledo, donde “el trío Lucerito […] baila a la perfección todo el repertorio coreográfico antiguo y moderno, viste con lujo y se hace aplaudir sin reserva desde el primer momento” (La Campana Gorda, 9-4-1908).

Su exitosa gira continúa por Cartagena -allí comparten cartel con La Argentinita-, Alicante y Albacete. A pesar de su juventud, las Garay destacan “tanto por su originalidad como elegancia y maestría” (La Correspondencia de España, 14-5-1908) en la ejecución de los bailes españoles y extranjeros:

“El ‘Trío Lucerito’ ha entrado en el público desde el día de su debut y se debe a que las tres monísimas hermanas que lo componen son unas acabadas artistas y ejecutan los bailes con elegancia sin límites, inocente picardía, gracia y distinción, siendo por todo esto el número muy del gusto de los espectadores que no cesan ni un momento de aplaudirlas (sic)” (Diario de Alicante, 12-5-1908).

Repertorio variado, riginal y culto

Las hermanas Garay pasan en Madrid la mayor parte del verano, si bien se ausentan algunas semanas para cumplir compromisos en otras ciudades, como Badajoz o Málaga. Su extenso repertorio incluye canciones y bailes extranjeros, como “El inglés, El ruso y El cake-walk” (La Región Extremeña, 17-6-1908), españoles y andaluces (farruca, garrotín…).

En un momento en que están de moda los cuplés de alto contenido sicalíptico, las tres jóvenes triunfan con un estilo refinado, culto y elegante. Durante su estancia en la Villa y Corte, se las puede ver en el Teatro Príncipe Alfonso y, más tarde, en el Coliseo Imperial:

“Príncipe Alfonso

El trío ‘Lucerito’ obtiene cada vez que se presenta al público más entusiasta acogida.

Lo componen las tres bellísimas niñas Consuelo, Luz y Ángeles, que han sabido armonizar la alegría con el arte dando a sus bailables un tinte culto y artístico.

Su triunfo ha sido tan ruidoso como merecido.

Su lujo y variado vestuario, la originalidad y cultura de sus bailes y el buen gusto de sus canciones, las (sic) han granjeado las simpatías del distinguido público que concurre a este teatro.

Damos un aplauso muy sincero a estas distinguidas artistas que han logrado triunfar sin chocarrerías ni recursos de mal gusto” (El Día, 9-6-1908).

Una de las hermanas Garay (Eco Artístico, 15-12-1909)

Una de las hermanas Garay (Eco Artístico, 15-12-1909)

En el mes de octubre, el Trío Lucerito causa sensación en el Palacio de la Ilusión de Salamanca. Su repertorio de bailes, cada vez más variado, ahora incluye también boleros y peteneras:

“El Trío Lucerito, que hizo su debut el sábado, lo forman tres niñas, cuya presentación en escena causó una grata impresión en el público.

Las tres jovencitas ejecutan preciosos bailables.

Dado el franco éxito alcanzado, auguramos a la empresa una buena temporada” (El Adelanto, 12-10-1908).

“El Trío Lucerito ejecutó anoche ‘El bolero’, ‘Gran kake val’ y ‘Peteneras’, terminando con la aplaudida jota de las ‘Panderetas’.

El público salió complacidísimo, tributando a las jóvenes artistas nutridas ovaciones” (El Adelanto, 13-10-1908).

“El Trío Lucerito: gran kake-val y Matchicha, por las señoritas Consuelo y Luz, y baile ruso por la niña Ángeles” (El Adelanto, 14-10-1908).

Tras actuar durante varias semanas en Barcelona, en 1909 las hermanas Garay continúan con su intensa actividad por distintos puntos de la geografía española. En el mes de febrero deleitan al público valenciano en el Salón Eslava “con sus artísticos bailes” (Las Provincias, 2-2-1909), cultos y originales, “entre los que sobresalen ‘Kake-Walk’, ‘Garrotín’, ‘Farruca’, ‘Tangos’ y ‘Baile inglés”, los cuales ejecutan de un modo admirable” (El Pueblo, 7-2-1909).

Artistas en continuo crecimiento

En primavera siguen cosechando aplausos en ciudades como Jerez de la Frontera, Madrid, Avilés o Gijón. En esta última localidad, las jóvenes reciben muy buenas críticas:

“Con un éxito extraordinario que pudiéramos calificar de ‘acontecimiento artístico’, hicieron anoche su debut en el salón Modernista, las hermosas señoritas que forman el ‘Trío Lucerito’.

Desde el momento en que las vimos aparecer en escena, comprendimos que si bien eran las mismas que hace algún tiempo aplaudimos en el teatro de Jovellanos, habían aventajado mucho en su carrera artística.

Bien lo comprendió el distinguido público que asistió a su debut, que no cesó de aplaudir todos los números ejecutados por tan distinguidas artistas, que a pesar de haber ejecutado cuatro diferentes números, parecía petrificado de sus aciertos esperando que el ‘Trío Lucerito’ les brindase algún otro, como así fue.

Consuelito, Luz y Ángeles, tres hermosas niñas, hermanas, cantan con afinación y gusto exquisito, bailan con elegancia y soltura como no se ha visto…

Su presentación es de elegancia suma exhibiendo bonitos trajes que hacen resaltar la hermosura de las juveniles artistas.

… el ‘Trío Lucerito’ es de los que gusta al público gijonés por sus trabajos cultísimos dignos del mayor aplauso” (El Noroeste, 19-5-1909).


NOTAS:
(1) Según consta en los libros de bautismos y de matrimonios del Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia.


Juana la Macarrona en los escenarios europeos (IV)

Juana Vargas y su troupe de gitanas reinan en París hasta el cierre de la Exposición, a finales de octubre de 1889. En anteriores entradas ya hemos abordado con detalle sus bailes, así como la recepción de los mismos por parte de la crítica gala. Durante varios meses, las flamencas andaluzas han puesto una nota de color y exotismo en la escena parisina… y es precisamente ese carácter insólito, extraño, salvaje, lo que las hace tan atractivas para los sofisticados franceses, que ven a estas mujeres casi como animales, como seres carentes de raciocinio que actúan sólo por instinto:

“Imaginad a una multitud de niños a los que un hada, tocándolos con su varita, hubiera obligado a dar saltitos eternamente en un alboroto perpetuo. En efecto, son niños, estas mujeres; menos que niños, – jóvenes animales salvajes, que juegan, brincan, y también muerden sin cesar de jugar. Del animal tienen la inconsciencia, el paso de sorpresa, el pronto apetito de todo lo que ven. Se lanzan sobre lo que quieren como un gato atrapa a un ratón. Lo que hacen, no saben por qué lo hacen. ¿Deseo? No, instinto. Tienen diversiones de las que no sabríamos darnos cuenta. La primera vez que me vio, la Macarrona saltó sobre mi sombrero, me lo arrebató, se lo puso en la cabeza, se lo calzó y huyó, llevándoselo, por la estrecha escalera: ¡Cuando volvió a bajar, tenía alrededor del cuello, como una gorguera de pierrot negro, los bordes sin cofia de mi sombrero! Y es precisamente de su animalidad de donde viene su encanto extraño y brutal. Son desconcertantes y son atrayentes, estas jóvenes mujeres de bonitos ojos, de profundo cabello oscuro, que no piensan, ni observan, que lo ignoran todo, no quieren aprender nada, se limitan a sentir, a querer comer, beber, amar, bailar, ¡sobre todo bailar! ¡bailar como las lobeznas saltan en los brezales, como los pájaros carpinteros vuelan de rama en rama! Y sus vestidos abigarrados, sus mantones azules, rosas, verdes, amarillos, tal vez sean el pelaje de esos animalitos feroces o el plumaje de esos pájaros salvajes” (L’Écho de Paris, 2-10-1889). (1)

Las Gitanas en la Exposición de París (Le Monde Illustré, 31-8-1889)

Las Gitanas en la Exposición de París (Le Monde Illustré, 31-8-1889)

Por tanto, para preservar ese salvajismo en toda su pureza, para que sigan siendo únicas y especiales, el cronista desea y recomienda a las gitanas que no permanezcan mucho más tiempo en París, pues correrían el riesgo de volverse inteligentes y, a fin de cuentas, de convertirse en mujeres como las demás.

Una vez más, el periodista recurre al burdo estereotipo que identifica a los gitanos con el robo y la mendicidad:

“Que se guarden bien de domesticarse, estas salvajes. ¿Qué haría de ellas París, al cabo de varios meses? Personas muy inteligentes […]. ¡Que se les ahorre esta decadencia de ser mujeres como tantas otras! Ellas nos han traído -entre la banalidad de tantos espectáculos siempre iguales- algo un poco extraño, lejano, desconocido. ¡En buena hora, y se lo agradecemos! Pero que no se queden en este París, donde dejarían de ser ellas mismas. Ahora que han ganado para comprarse pendientes y espejos en los que contemplar la risa de su dientes, que se marchen, que regresen a la colina del Albaicín, en los agujeros de yeso desmoronado cubiertos por telas de rayas, que recuerden París como una ciudad en la que han bailado, y eso es todo, que digan la buena ventura, que vayan los domingos a mendigar a las ferias, que se casen con algún joven bueno, ladrón de caballos, que la sábana nupcial, en la ventana, el día después de la boda, dé testimonio de los pudores durante mucho tiempo reservados y que de Soledad, de Matilde, de Vicente, nazcan pequeñas gitanas, sencillas, rudas, salvajes, y bailarinas como ellas” (L’Écho de Paris, 2-10-1889).

A pesar de los consejos de Catulle Mendès -así firma el cronista-, la idea de regresar a España no entra en los planes de El Chivo y su troupe, que han firmado un contrato con una sala parisina. No obstante, el debut, que está previsto para el once de noviembre, debe posponerse, debido a la desaparición de Soledad, que, a pesar de todas las precauciones tomadas por su padre, se marcha con un joven ruso.

Cartel de "El rapto de Toledad"

Cartel de «El rapto de Toledad»

El suceso hace correr ríos de tinta, tanto en las gacetas francesas como en las españolas, e incluso sirve de inspiración para la opereta en tres actos “El rapto de Toledad”, que se estrena en 1894 en el Théâtre des Bouffes-Parisiens.

El 19 de noviembre la compañía comienza sus representaciones en el Casino du High-life (antiguo Alcazar d’Hiver). Éstas se prolongan durante varios meses, a pesar de la ausencia de sus estrellas, pues ni Soledad ni La Macarrona figuran ya en el elenco.

Regreso a la Ciudad de la Luz

El gran triunfo de “Las Gitanas de Granada”, con La Macarrona a la cabeza, durante la Exposición de 1889 sigue vivo durante años en la memoria del público parisino. De hecho, distintos diarios lo utilizan como reclamo para anunciar su regreso a principios de los años noventa.

Desde mediados de mayo de 1891, la troupe actúa durante más de un mes en el music hall de las Montagnes Russes. A diferencia de la gran cobertura informativa que le dispensó durante la gran muestra internacional, en esta ocasión la prensa gala sólo le dedica algunas gacetillas:

“Aunque el programa de las Montagnes Russes es en este momento realmente extraordinario, la dirección anuncia para esta noche el debut de las ‘Gitanas de Granada’, bajo la dirección del capitán Chivo. Gran Ballet con la ‘Macarrona’, el gran éxito de la Exposición. ‘El Fonógrafo’ de Edison perfeccionado, el mismo que obtuvo tanto éxito en 1889” (Le Figaro, 9-5-1891).

En noviembre de 1893, Juana Vargas, Soledad y el resto de la compañía vuelven a cruzar los Pirineos para ofrecer una serie de representaciones en el exclusivo Casino de París, que ha enviado expresamente a buscarlas al profesor de guitarra y mandolina Agos Boské:

“La famosa Macarrona, cuyo prodigioso éxito durante la última Exposición universal aún no hemos olvidado, ha sido contratada por el Casino de París con la compañía española que compartió su fama en 1889. Volveremos a ver con mucho gusto a estas gitanas de tipo tan original y cuyos bailes fueron considerados tan curiosos y atrevidos” (Le Journal, 12-1-1893).

Jeanne Granier caracterizada como La Macarrona

Jeanne Granier caracterizada como La Macarrona

Las crónicas tampoco son demasiado explícitas en esta ocasión. El diario Le Journal nos ofrece una breve descripción del ambiente que se respira en la sala durante la actuación de La Macarrona:

“… la gran sala del Casino, donde la vista se pierde, mientras que los rumores de la multitud, por momentos dominados por las armonías de la orquesta del fondo, vienen a expirar aquí…

Más cercanos, a veces, estallan estridentes los sonidos de pandero y de castañuelas que entonan la leve sonoridad de las mandolinas y las guitarras.

Es La Macarrona que, con las melodías semi-orientales de Andalucía, baila sus habaneras…” (Le Journal, 9-2-1893).

Tras varias estancias en la capital francesa junto a las Gitanas de Granada, la presencia de Juana Vargas vuelve a ser requerida en distintos escenarios. En noviembre de 1893, el público “viene en masa [al Moulin Rouge] a admirar y aplaudir los bailes sugestivos de La Macarrona” (Le Petit Parisien, 1-11-1893), que comparte cartel con artistas francesas, como Serpolette o la Goulue.

Unos meses más tarde, se puede disfrutar de su arte en una cena organizada por los príncipes Dominique Radziwill en su mansión de la Calle Lamenais. Entre los artistas que amenizan la velada también destaca la presencia de la actriz Jeanne Granier, famosa por su interpretación del papel de la Macarrona en la revista Paris-Exposition, estrenada en 1889:

“Después de la cena, aplaudimos a Jeanne Granier, impresionante de verbo y de espíritu, en sus canciones; a La Macarrona, que ejecutó varios bailes de su país natal, y al Sr. Miquel, el excelente pianista español” (L’Écho de Paris, 9-3-1894).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Juana la Macarrona en los escenarios europeos (III)

El gran éxito de las gitanas en la Exposición depende, entre otros factores, de la renovación constante de su repertorio con bailes llenos de exotismo, como el “tango alegría” protagonizado por La Macarrona:

“Las Gitanas siempre llenan la sala en el Gran Teatro de la Exposición. Este éxito se explica por el hecho de que, al contrario que en otros espectáculos de la Exposición, que son siempre lo mismo, el programa de las Gitanas ofrece cada semana al público nuevas atracciones

Después del Tango, el Baile del Novio, la Alegría y el Ole gracioso andaluz, el gran éxito de la monísima Soledad, acaban de ofrecernos tres nuevos bailes que atraerán a todo el público francés y extranjero; un tango a cuatro por la Macarrona, Reyes, Pichiri y Dolores; una muy graciosa Sevillana, que bailan a las mil maravillas Chivo, Matilde, Sánchez y Soledad; y por último un Tango alegría lleno de carácter, que comienza la Macarrona, la estrella de la compañía, a la que se une en seguida el Chivo, y después toda la troupe. Los amantes de los bailes exóticos podrán pasárselo en grande” (L’Intransigeant, 9-10-1889). (1)

Juana la Macarrona

Juana la Macarrona

En ese número, la gran artista jerezana no sólo seduce al público con su terpsicóreo arte, sino que además se atreve a echarse un cantecito:

“… La Macarrona no era peor acogida en su tango alegría, que formaba como una especie de escena: ella comenzaba por cantar uno o dos cuplés, a los que seguía un paso cómico; después su baile se volvía tranquilo y casi lánguido, y luego se iba animando poco a poco, se desarrollaba en una suerte de crescendo, en evoluciones que pasaban casi al estado de convulsiones, y terminaba de una manera loca en una especie de arrebato furioso, de una audacia y una osadía extraordinarias” (Le Ménestrel, 11-5-1890).

Artistas con personalidad propia

Los otros integrantes de la compañía también disfrutan su momento de gloria. Cada uno tiene su estilo y ejecuta los bailes de manera diferente a los demás: “… todos esos pasos, generalmente tan sabrosos y originales, estaban lejos de parecerse, aparte de que cada bailaor y cada bailaora tenía su propia personalidad, bien definida” (Le Ménestrel, 11-5-1890).

Entre las mujeres destaca especialmente la joven Soledad, de catorce años de edad, que comparte protagonismo con La Macarrona. A decir de los cronistas, posee una extraordinaria belleza y baila con inmenso arte el Ole gracioso andaluz:

Soledad es bonita, con sus ojos nobles de joven halcón, con sus grandes cintas, una de las cuales le oculta la mitad del rostro, como una negra ala de cuervo; y, en el vito, hace piruetas apasionadamente, se inclina, se vuelve a levantar, parece estar aquí, salta allí, se extiende toda como la curva de un arco, y vuelve a llevar la cabeza hasta las rodillas, como si quisiera desabrocharse las ligas con los dientes” (L’Écho de Paris, 2-10-1889).

“Uno de los grandes éxitos era para Soledad en su ole gracioso; en él tenía meneos, saltos, movimientos de culo, giros de caderas, poses y actitudes unas veces extrañas y brutales, y otras flexibles y felinas, a las que su encantadora gracia y su vivacidad daban un sorprendente sabor” (Le Ménestrel, 11-5-1890).

Las Gitanas en la Exposición de París (Le Monde Illustré, 31-8-1889)

Las Gitanas en la Exposición de París (Le Monde Illustré, 31-8-1889)

Su hermana Viva, de sólo ocho años de edad, “es una culebra que tendría por cola dos sonoros pies” (L’Écho de Paris, 2-10-1889), y Matilde, la mayor de las tres hijas del Chivo, se mueve con una mezcla de sensualidad e inocencia en el baile del novio, “que comenzaba con una suerte de escena de pantomima y terminaba en una especie de jaleo muy animado” (Le Ménestrel, 11-5-1890).

Matilde se revuelve incansablemente; pero -sin hacerlo a propósito, imagino- ella añade a los más desenfrenados movimientos, a las torsiones menos excusables, la ingenuidad de una infancia que no tiene en absoluto el aspecto de saber lo que hace. Ella despierta la idea de una chiquilla que repetiría inconscientemente los propósitos y las maneras de cualquier compañera descarada; y eleva hacia el techo su pierna con un imperturbable candor; ¡pero la levanta muy alto!” (L’Écho de Paris, 2-10-1889).

El fandango que bailan las tres junto a su padre es “una de las cosas más curiosas que se pueden imaginar, por la fuerza, la fogosidad y, si puede decirse, el salvajismo al que se entregan” (Le Ménestrel, 11-5-1890).

Otra bailaora que llama bastante la atención, y no por su belleza, es Juana, una mujer vulgar, con “una fisonomía extraordinaria y un poco salvaje” (Le Ménestrel, 11-5-1890), que imprime al tango la mijita de ordinariez y descaro que no pueden faltar en ese baile:

Juana -la que grita: ¡Olé! y otras palabras que afortunadamente no se comprenden, con una enorme boca roja de bonitos dientes carnívoros, y con una voz que evoca la idea de un gozne de puerta que querría cantar-, Juana sorprende más de lo que encanta por el verbo arrabalero de sus gestos que envían la falda a todos los diablos y por las impúdicas semejanzas de sus contoneos. Pero, ¡Dios!, la sólida y valiente criatura, buena para ser la favorita de un bandido, ¡es casi como un bandido ella misma! Si nos citara en la esquina de un bosque, dudaríamos, divididos entre el placer de verla y el miedo a encontrarnos con ella” (L’Écho de Paris, 2-10-1889).

Concepción, Lola, Reyes, Dolores, Antonia o Pepa también merecen alguna mención por parte de los cronistas, especialmente esta última, cuyo tango bailado con Pichiri nada tiene que envidiar a la danza del vientre que las almées egipcias interpretan en otro lugar de la Exposición:

“… el bailaor Pichiri, un gran mozo de tez aceitunada, seco como una cerilla, que, sujeto por sus pantalones ceñidos, se contoneaba de la forma más extravagante. También estaba Pepa, una gorda alegre, una pícara consumada, rolliza como un pichón, con los brazos más bonitos del mundo […]. Para bailar, ella se plantaba sobre la oreja un sombrero de hombre; pero con Pichiri comenzaba una suerte de tango que todo el mundo aplaudió. Levantando con la mano izquierda su falda, como si temiera perderla, con el puño apoyado sobre su trasero extra-andaluz, ejecutaba una especie de danza del vientre, sugestiva de una forma distinta a la del meneo frío y mecánico de la calle del Cairo” (Le Ménestrel, 11-5-1890).

Pepa y Pichiri bailando el tango (Le Monde Illustré, 31-8-1889)

Pepa y Pichiri bailando el tango (Le Monde Illustré, 31-8-1889)

Opiniones encontradas

Paradójicamente, esta admiración que expresan los periodistas franceses hacia las gitanas españolas no coincide en absoluto con la visión de Emilia Pardo Bazán, corresponsal en París durante la Exposición, que plasma en un artículo sus impresiones sobre esas artistas:

“… las de la Exposición se pasan de feas, traperas, descocadas, inhábiles en bailar y aguardentosas en cantar. La estrella de la compañía es la Macarrona (¡vaya un nombre para gitana! ¡Si dijese Macarena!), la cual baila un poco mejor y no carece de sandunga; así es que los franceses la consideran una hurí, una Carmen, y se pirran por sus pataditas y sus quiebros. El resto de las gitanas repito que no colaría por acá, ni tiene que ver con las famosas bailadoras de Silverio y otras artistas de lo fino del género, en que caben muchos grados y hay seda y estopa.

Convencidas, tal vez por exhortaciones del empresario, de que el carácter es la exageración y la grosería, las gitanas del Campo de Marte toman cada postura y se permiten cada desplante, que abochorna” (La España Moderna, octubre de 1889).

No obstante, a pesar de ese descaro y esa osadía que se les atribuye, las gitanas también saben lo que es el miedo escénico, y así se pone de manifiesto cuando la reina Isabel II, exiliada en Francia, asiste a una de sus representaciones en el Gran Teatro de la Exposición. Afortunadamente, la oportuna intervención del regidor del teatro las ayuda a recuperar la confianza y a sumar un nuevo triunfo:

“Las gitanas del Gran Teatro de la Exposición intimidadas, eso nunca se había visto. Este hecho se produjo ayer tras la entrada en la sala de S. M. la reina Isabel, que visitaba el Campo de Marte, acompañada de una de sus damas de honor y de dos chambelanes.

Fue necesario que el regidor subiera la moral de las bailaoras, que por fin se decidieron a comenzar sus bailes. Su Majestad disfrutó mucho con ellas y les aplaudió repetidas veces. Por lo demás, las gitanas se superaron y la representación terminó con el entusiasmo que ponen habitualmente en sus bailes estas españolas morenas” (Le Gaulois, 13-10-1889).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Juana la Macarrona en los escenarios europeos (II)

El mismo día de su debut en París, en el Gran Teatro de la Exposición, Juana Vargas deja tan impresionado al Shah de Persia, que su majestad no duda en hacerle proposiciones… pero la gitana no está dispuesta a perder su libertad:

“Parece que el Shah de Persia se ha entusiasmado tanto con la Macarrona, que le ha hecho ofrecer un compromiso ‘dorado’, pero la libre hija de Andalucía le ha respondido como en el Chalet:
Libertad querida,
¡el único bien de mi vida!…” (L’Intransigeant, 16-8-1889). (1)

Naser-al-Din-Shah-Qajar, el Shah de Persia

Naser-al-Din-Shah-Qajar, el Shah de Persia

No obstante, el soberano persa no es el único miembro de la realeza que cae rendido ante el exótico encanto de Juana Vargas y sus compañeras:

“Anteayer, S.A.R. el Duque de Braganza, acompañado de sus dos ayudas de campo, estaba ansioso por asistir a los bailes de las Gitanas, en el Gran Teatro de la Exposición.

El príncipe heredero aplaudió con fuerza a la Macarrona, la reina de las Gitanas, y a Soledad, que bailó en su honor el Vito Vito, un baile muy popular en Portugal; envió a las bohemias varios ramos de flores” (Le Figaro, 5-9-1889).

El ciclón jerezano

Si desde el estreno del espectáculo las bailaoras de Granada han conquistado al público parisino, la llegada de la jerezana provoca una auténtica revolución. “No se puede soñar nada tan simple, tan flexible, como esta joven, una mezcla de pantera y de serpiente” (L’Intransigeant, 21-8-1889). Su manera de bailar, sin ser tan distinta de la de sus compañeras, tiene algo que la hace única y que supera a las demás:

“La nueva bailaora gitana a la que el Gran Teatro de la Exposición ha hecho venir desde los alrededores de Granada es una artista del mayor talento y, sobre todo, de un talento particularmente original. […]

Tiene la misma forma de bailar que las otras, pero más dulce, más seductora, a veces diríamos que es una culebra que se relaja y salta; otras veces, la encantadora bailaora se calma hasta el punto que parece regresar a la tierra, y después vienen los saltos, flexiones inverosímiles del cuerpo, caras y movimientos de cabeza inesperados, nuevos y sorprendentes. Nos imaginamos de este modo a la antigua bacante” (Le Radical, 26-8-1889).

El gran éxito de la Macarrona, que “aumenta cada noche el número de sus adoradores” (L’Écho de Paris, 3-9-1889), supone un revulsivo para las otras gitanas de la troupe, que, tocadas en su amor propio, ahora se esfuerzan más si cabe por lograr el aplauso del público:

“Parece que la llegada de la Macarrona haya dado a las Gitanas de la Exposición una nueva furia. En efecto, estas mujeres casi salvajes de Andalucía ya eran sorprendentes por su gracia y agilidad naturales, pero ahora que se saben vigiladas por su ‘reina’, a pesar de su naturaleza independiente, sacan todo su orgullo para superarse” (L’Intransigeant, 21-8-1889).

Juana la Macarrona

La bailaora JuanaVargas, «La Macarrona»

Un gran repertorio flamenco

En poco más de un mes, la compañía ya ha ofrecido más de 180 representaciones y, lejos de aburrirse, lo más selecto de la sociedad parisina sigue acudiendo cada día al Gran Teatro de la Exposición a ver a las gitanas bailar por tangos, alegrías, fandangos, el vito e incluso alguna jota.

Los cronistas se ocupan profusamente del espectáculo e incluso analizan el ritmo y el compás de los distintos cantes y bailes, lo cual nos da una idea del gran interés que despierta este tipo de arte entre el público francés: (2)

“… La mayor parte del tiempo el sonido de las guitarras está cubierto por el ruido de los otros instrumentos rítmicos; ¿saben cuáles son esos instrumentos? Las manos, simplemente, las palmas que, ejecutadas a compás por todo el personal, constituyen en realidad la auténtica música de baile española. No hablo de las castañuelas, que son tocadas hábilmente por las mismas bailarinas, ejecutando en cierto modo variaciones rítmicas sobre el movimiento isócrono de las guitarras y de las palmas. Por momentos, un canto extraño y poco medido viene a posarse sobre este ritmo fundamental, sin contrariarlo: a veces es una sola voz, que parte del fondo del escenario; otras veces se le responde a coro, al unísono; otras, son las mismas bailarinas las que cantan: he visto, por ejemplo, un tango, bailado con mucha animación por un hombre y una mujer, en el que los bailarines paraban a veces su baile para cantar un cuplé, lo que daba lugar a una especie de diálogo bailado. Por lo demás, he creído observar que, salvo ciertos casos particulares, estos cantos eran introducidos de una manera totalmente arbitraria, al azar, siguiendo la inspiración del momento, pues el elemento rítmico era suficiente para acompañar al baile.

Vista aérea de la Exposición de París de 1889 (Foto de Alphonse Liébert)Vista aérea de la Exposición de París de 1889 (Foto de Alphonse Liébert)

Vista aérea de la Exposición de París de 1889 (Foto de Alphonse Liébert)

Hemos podido ver bailar así los bailes populares más característicos del sur de España: el fandango, un baile de conjunto, cuyo ritmo en tres tiempos es bien conocido; el tango, un baile muy vivo, en dos tiempos, con las palmas al dos por cuatro (cuatro corcheas por tiempo, acentuando sobre todo la primera y la tercera) mientras que las guitarras tocan al seis por ocho; el vito, de medida breve en tres tiempos; la jota, cuyo ritmo en tres tiempos, más o menos en movimiento de vals, nos es familiar. Con sus saltos trenzados y sus efectos de castañuelas, este baile (siempre es cantado) se parece más a nuestros ballets que las restantes danzas de las gitanas; hay otros, por el contrario, en los que las bailarinas se menean ejecutando contorsiones realmente extraordinarias. Es el caso del tango, que no es la danza del vientre: al contrario. También hay otro, cuyo nombre no conozco, y que quizás sea más bien un juego que un auténtico baile: la alegría, ejecutada normalmente por una pareja, y durante la cual los bailarines desocupados, no contentos con rasguear sus guitarras y tocar las palmas, interpelan a los que bailan, estimulándolos con sonoros gritos: durante este tiempo, aquéllos ejecutan con extrema rapidez las figuras más extrañas y desordenadas. Entre las gitanas hay especialmente una morenita, de piel negra, delgada y muy despierta, la estrella de la compañía (tiene por nombre la Macarrona), que se distingue de una manera muy especial. Todo esto quizás no sea muy distinguido, pero está lleno de animación y de vida” (Le Ménestrel, 1-9-1889).

Una bailaora de otro planeta

En el mes de septiembre se anuncia una nueva incorporación en la compañía. Desde Granada llega “La Bayoneta”, famosa por su “tango, durante el cual baila, canta y hace malabares con flores” (Le Figaro, 7-9-1889). El resto de componentes de la troupe también tienen su momento de gloria en los periódicos franceses. Los nombres de Soledad, Pepa, Matilde, Viva, Mercedes Cruz, Antonia Pérez, Pichiri, Concepción, Vicente o Dolores suenan de vez en cuando en las crónicas del espectáculo.

Juana la Macarrona

Juana la Macarrona

No obstante, el mayor protagonismo sigue correspondiendo, con diferencia, a Juana Vargas. La Macarrona, con su físico exótico, su extraordinaria fuerza y su baile racial, casi salvaje, llama poderosamente la atención:

“Sin embargo, la Macarrona es el mismo diablo.
¿Bonita? Se guardaría bien de serlo. Ella no podría, si fuera bonita, tener estas rudezas, estas brutales turbulencias en las que se retuerce, se disloca y se rompe. Le hacía falta ese rostro osado, varonil, y esos ojos sin ternura, como un relámpago duro, y esa piel del color de una cáscara de naranja, con mucho maquillaje en los pómulos. La nariz se arquea, violenta, irritada: parece buscar pelea en los labios que la provocan; y una gran cantidad de cabello la peina como una peluca de crines rizadas que se hubiera puesto de través. Pero, a la derecha y a la izquierda de la escena, dos pancartas muestran este nombre: Macarrona, y, mientras suenan las guitarras, ella se lanza. ¡Entonces sucede algo extraordinario! Si estuviese hecho de cien hilos de acero sacudidos por una descarga eléctrica, ese cuerpo no vibraría más, no tendría más sobresaltos imprevistos. ¿Es de carne en realidad? Sí, pero de una carne, quizás, en la que el salitre se combina con el polvo de carbón tomado bajo una caldera del infierno. Ella no baila, no, ella se precipita, regresa con furia como una bala que se ha encontrado con una pared, lanza la cabeza sobre su espalda, se golpea el pecho, retuerce la cintura hasta la imposibilidad de un círculo, retuerce los costados, retuerce las piernas, hace con sus brazos un collar alrededor de su cuello y un cinturón sobre sus riñones, se dobla hacia atrás, se dobla hacia delante, toca con su cabeza las tablas, se derrumba, y por la distensión de ponerse en cuclillas, se vuelve a lanzar más alocadamente, cae sólo para rebotar, apenas roza el escenario, como si se quemara en unas brasas, y el chasquido de sus dedos secos -porque ella rechaza las castañuelas-, es quizás el ruido de mosquete de un hogar invisible que chispea. ¡Ella no se demora a la gracia! ¡No tiene tiempo para encantar! Y cuando para por fin -pues no pueden más- el chasqueo de las manos de las otras gitanas, cuando las voces exasperantes dejan de gritar: ‘¡Olé! ¡Olé! ¡Macarrona!’, ella, que ni siquiera está asfixiada, sin que el pecho le palpite, encogiéndose de hombros con un aire de desdén, recoge las flores que le tiran, o se come los chocolates de una bombonera, o, con el cigarrillo en los labios, responde con una bocanada de humo a los bravos de la sala” (L’Écho de Paris, 2-10-1889).


NOTAS:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(2) Esto contrasta con la escasa atención que la prensa española de la época dedica tanto al flamenco como a sus intérpretes.