Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

«Y que de mí formen historias»… (Desvelando a la Antequerana)

Un artículo publicado en el diario El Derecho (1) definía a los cafés cantantes como “repugnantes centros, modelos refinados del mal gusto, albergue del vicio, escuela de la prostitución, cuadros vivos de la holganza y focos pestilentes de degradación”. Ese desprestigio motivó, en 1908, el cierre de los cafés madrileños por decreto gubernativo y empujó a muchos artistas a abrirse camino en el género de las variedades.

La prensa de la época con frecuencia se hizo eco de altercados, trifulcas e incluso asesinatos producidos en esos locales, atención que no siempre prodigó al arte flamenco y a sus artífices, quienes tenían más posibilidades de ver su nombre en un titular vinculado a una reyerta que a una gran noche de cante.

Sin embargo, ese interés morboso de los medios de comunicación nos ha permitido arrojar un rayo de luz sobre una figura aún un tanto misteriosa, la de la cantaora y guitarrista Josefa la Antequerana.

Josefa Moreno, la Antequerana (foto de Rafael Pareja).

Josefa Moreno, la Antequerana (foto de Rafael Pareja).

En agosto de 1916 varios diarios madrileños refirieron la pelea protagonizada por dos jóvenes artistas de variedades, que “discutieron acaloradamente, y de las palabras vinieron a las manos, agarrándose el pelo” (2):

“En la calle de la Cabeza, la joven artista Antonia Blanco Soler, de veinticinco años, que vive en la calle de Silva, núm. 12, se enredó a cachetes con otra artista, llamada Josefa Moreno Medrano, de veinticuatro años, y domiciliada en la calle de la Cabeza, núm. 11.

La primera, más fuerte que su enemiga, se cansó de darla [sic] azotes, hasta que llegaron los guardias, los cuales condujeron a ambas a la Comisaría del distrito de la inclusa” (3).

Los motivos, según declararon a la policía, eran “cosas de ellas”: “Por si yo bailo mejor la ‘rumba’ y tú bailas peor el garrotín”… (4).

En el censo de Madrid de 1915 Josefa Moreno Medrano aparece domiciliada en la calle Flor Baja, nº 18-20, 2º, junto a la familia de Soledad Blanco Soler, cuyos apellidos coinciden con los de su agresora, lo que apunta a un probable parentesco con la danzarina. Según este documento, Josefa nació en Antequera, el 18 de junio de 1891. Estamos, pues, en tanto no se demuestre lo contrario, ante la cantaora antequerana.

Hay un dato más que puede ayudar a completar la ecuación: por el contexto y por su apellido, Antonia Blanco Soler bien podría ser la bailarina la Soleri, que en esa época trabajó en distintos locales junto a la Antequerana. Durante el verano y el otoño de 1914 coincidieron en el Café Concert de Madrid (5); en febrero de 1915 actuaron con gran éxito en Cabra, la Soleri “como bailarina de palillos y flamenco”, y la Antequerana “como cantadora y tocadora de guitarra en el género jondo” (6); y en las primeras semanas de 1916 se presentaron en el Café del Puerto de La Coruña (7). Tras el famoso altercado, la prensa no vuelve a situarlas juntas en ningún escenario.

Notas:

(1) El Derecho, 16-10-1886.

(2) España Nueva, 20-8-1916.

(3) El Imparcial, 20-8-1916

(4) El Mundo, 20-8-1916.

(5) Eco artístico, 5-6-1914; 25-6-1914; 15-7-1914; 25-7-1914; 5-8-1914; 15-8-1914; 5-11-1914.

(6) La Opinión, 7-2-1915.

(7) El Noroeste, 29-1-1916; Eco Artístico, 5-2-1916.


Categoría: Cantaora, Guitarrista

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