Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (y XII)

A principios de los cuarenta, tras siete años dando vueltas por el mundo, Amalia Molina regresa a los escenarios españoles, y lo hace de la mano de empresarios como Juan Carcellé, que la integra en sus espectáculos de varietés, o Pastora Imperio, que acaba de crear una compañía de cantaores y bailaores gitanos. Sin embargo, después de varias décadas como reina indiscutible del género de variedades, la estrella de la Molina ya no brilla como antes.

Amalia Molina (Mundo Gráfico, 31-12-1930)

Amalia Molina (Mundo Gráfico, 31-12-1930)

“… la genial Amalia Molina, cargada de glorias y que aún conserva el garbo peculiar que la hizo famosa. Sin embargo, creemos que los artistas deben de ser cuidadosos con su historia y en todo se pasa, pero más que en todo en este asunto de las varietés” (Hoja Oficial del Lunes, 2-12-1940).

Tras décadas de gloria, el descenso a los infiernos

La que años atrás regresaba de América cubierta de oro y joyas, y contaba sus ganancias por millones, en 1944 reside en una humilde habitación y actúa en un tablao de la calle del Infierno, en la Feria de Sevilla, por 150 pesetas. El periodista G. Gomez Bajuelo obtiene las siguientes declaraciones de la artista:

“- ¿Cuánto habrás ganado en tu vida artística?

– Unos cinco millones de pesetas. Pero lo que gané con el arte lo perdí con los negocios. La guerra me ha perjudicado también mucho. Por eso trabajo ahora […]

Yo necesito dinero. Por eso fui a la caseta de la feria… También Raqué Melle actúa ahora en los cines de barrio de Barcelona, con lo gran artista que ha sío…” (ABC de Sevilla, 7-7-1944).

Raquel Meller

Raquel Meller

En esa misma entrevista, Amalia afirma estar preparando un espectáculo, que espera presentar pronto en Sevilla. Un mes más tarde, la prensa se hace eco del éxito obtenido por la artista en su ciudad natal:

“La sin par artista sevillana Amalia Molina […] se ha presentado ahora ante su directo público, reverdeciendo con insospechada fragancia sus gloriosos lauros.

El público se entregó por completo a la saladísima ‘estrella’, aplaudiendo con entusiasmo todos sus números.

El triunfo de Amalia fue definitivo, granjeándose desde los primeros momentos la simpatía y la admiración de los sevillanos” (ABC de Sevilla, 6-8-1944).

A partir de ese momento, la Molina es agasajada con varios homenajes, con los que sus compañeros de profesión tratan de paliar en lo posible la difícil situación económica por la que atraviesa la artista. Uno tiene lugar en el Teatro Llorens de Sevilla, y en él participan la actriz María Fernanda Ladrón de Guevara y el cantaor Pepe Pinto, por citar sólo a algunos. Otro se celebra en el madrileño Circo Price. Así lo anuncia ABC:

Amalia Molina (Alrededor del mundo, 19-5-1919)

Amalia Molina (Alrededor del Mundo, 19-5-1919)

Amalia Molina, ‘estrella’ de ayer, y ahora muy olvidada, perdida en el elenco de una barraca verbenera, recibe hoy, merced a las buenas gentes del teatro, merced a los artistas circenses y al buen público madrileño, que tanto la aclamó en horas lejanas, un homenaje que le dará, con el recuerdo de aquéllas, una imprescindible ayuda económica para sus días difíciles” (8-8-1945).

“Ayer […] se celebró en el Circo de Price el anunciado festival en honor de la gran artista de la danza y de la canción Amalia Molina.

[…] El público llenó por completo las localidades. El veterano actor D. Enrique Chicote ofreció el homenaje en unas cuartillas llenas de emoción y gracia, y Amalia Molina tuvo que hablar, y dio gentilmente la gracias entre ovaciones y lágrimas de emoción.

[…] la compañía y el personal del Circo Price rivalizaron en entusiasmo y arte para rendir testimonio de compañerismo y de admiración a la gran ‘estrella’ Amalia Molina, que, como dijo en sus palabras de gratitud, reconoció ayer como el día más inolvidable de su vida” (9-8-1945).

Manolo Caracol y Lola Flores

Manolo Caracol y Lola Flores

Unos meses más tarde, en el teatro de Fuencarral, Lola Flores y Manolo Caracol organizan un nuevo beneficio en honor de la artista sevillana, cuyo nombre vuelve a figurar en la cartelera madrileña. Tanto los promotores de la iniciativa como “Amalia Molina -siempre joven y llena de temperamento- recibieron […] encendidas ovaciones, que llevaron lágrimas de emoción a los ojos de la agasajada” (ABC, 112-6-1946).

Un tímido renacer

A partir de 1947, la artista sevillana desarrolla la mayor parte de su actividad en Barcelona, donde se anuncia sobre todo en cines y en teatros como el Condal, el Moderno o el Cómico, por lo general, en el marco de distintos espectáculos con un elevado componente folclórico.

Aunque se prodiga mucho menos que antes, la Molina, “genio y figura de todos los tiempos” (La Vanguardia, 27-8-1950), sigue manteniéndose “firme en su puesto de insuperable repiqueteadora de los crótalos” (La Vanguardia, 21-6-1950).

A principios de los cincuenta, el nombre de Amalia vuelve a figurar en las carteleras madrileñas, junto a artistas como Tomás de Antequera, Emilio el Moro o Marujita Díaz, por mencionar sólo a algunos.

Amalia Molina y Antonio Amaya (Imperio, 12-5-1954)

Amalia Molina y Antonio Amaya (Imperio, 12-5-1954)

Entre 1952 y 1953, la incombustible artista realiza un nuevo viaje por América, que la lleva, entre otras ciudades, a Caracas. La revista Ritmo ofrece algunos detalles sobre esta última aventura transatlántica de la sevillana:

“En el Teatro Nacional, bajo de la dirección de Amalia Molina, será presentado próximamente un espectáculo de arte popular español denominado ‘Tambores de España’. Como quiera que viene precedido de una gran propaganda y mucha fama en los países vecinos, este espectáculo es esperado con verdadera impaciencia” (1-12-1952).

50 años sobre los escenarios del mundo

A su regreso, la Molina y sus castañuelas aún tienen tiempo de cosechar nuevos éxitos en distintas salas, fundamentalmente, de Madrid, Sevilla y Barcelona, donde la artista tiene fijada su residencia durante esta última etapa de su vida.

En junio de 1955, el escenario del Circo Price es testigo de excepción de uno de los días más emotivos para Amalia, que celebra sus bodas de oro con el cante y el baile, si bien es verdad que son muchos más años los que lleva dedicada en cuerpo y alma a ese arte, que es su vida. De hecho, a juzgar por las palabras que le dedica Fernando Castán Palomar, ni cinco décadas sobre las tablas han podido desgastar la gracia y el encanto de esta gran artista:

Amalia Molina ha dedicado su vida a cantar y a bailar, con una perseverancia en la que no abrieron grietas ni sus momentos de mucho dinero entre los dedos. Ella ha preferido siempre tener en ellos las castañuelas, y el dinero contó poco en sus manos. […]

Amalia Molina sigue siendo en el escenario un prodigio de garbo, de salero, de juventud, de movimiento, de gracia y de entusiasmo por su baile y por los palillos. […]

En el escenario, Amalia Molina, con su mantón de flores y el alegre repique de sus castañuelas, sigue teniendo la alegría, el brío, la luz y la gracia de cuando, en 1905, se había retratar vestida de torero” (La Vanguardia, 26-6-1955).

Amalia Molina (ABC, 26-9-1926)

Amalia Molina (ABC, 26-9-1926)

La artista macarena, que constituye un “ejemplo señero de una vitalidad asombrosa y de un temperamento y andalucísima gracia y solera sin par” (Hoja Oficial del Lunes, 27-6-1955), aún no piensa en retirarse. Así lo manifiesta en octubre 1955 al periodista Del Arco: “El día que diga, me voy, me iré de verdad; quiero antes dar la vuelta a España, marchar otra vez a América, y, a la vuelta, me despediré” (La Vanguardia, 1-10-1955).

Sin embargo, el destino no le permite cumplir ese último sueño. El 8 de julio de 1956, víctima de un cáncer, fallece en el Hospital de Nuestra Señora de la Esperanza, de Barcelona, la genial Amalia Molina. Sus últimos años habían tenido un sabor agridulce, pero ni los problemas económicos ni la pérdida de su marido, en 1953, habían conseguido quitarle las ganas de vivir.

Al igual que en sus años dorados, cuando la prensa se llenaba de elogios para esta enorme artista y gran señora, con motivo de su último adiós son varios los periódicos que se acuerdan de ella y le dedican sendos artículos. Entre todos ellos, y a modo de epitafio, nos quedamos con estas palabras de Joaquín Montaner:

Amalia Molina, que llenó una época de buen canto y buen baile en su patria y en el mundo entero, vio llegar a la muerte con la sonrisa en los labios y con la fe en su Señor del Gran Poder. […] Pensó retirarse del todo creyendo sobrevivir a su enfermedad y desapareció en pocas horas para no volver nunca.

Amalia Molina era una institución en Barcelona, que fue refugio de su viejo arte durante los postreros años. Nadie llevó sus desdichas con mayor señorío y envidiable buen genio que Amalia. […]

Como mujer era encantadora y originalísima, y tuvo la gran virtud de no criticar jamás a ninguna de sus compañeras […].

Desapareció con ella un mundo genial y alegre, que no se puede dar fácilmente, y que si se diese, no podría ser superado ni siquiera igualado jamás” (ABC, 10-7-1956).


La Malena, la elegancia de una bailaora de la vieja escuela (I)

Magdalena Seda Loreto, “La Malena”, nació en Jerez de la Frontera en torno a 1877, en el seno de una familia gitana de gran tradición flamenca. Tuvo como maestra a su tía María la Chorrúa, que destacaba especialmente en el baile por alegrías. De ella aprendió a mover las manos y los brazos con una gracia y un estilo insuperables.

Pronto se trasladó a Sevilla y fijó su residencia en la Alameda de Hércules, que en aquellos años destacaba por ser uno de los espacios más flamencos de la capital andaluza. Allí tuvo como vecina a su paisana y genial artista Juana la Macarrona, la única bailaora de su tiempo capaz de hacerle sombra a La Malena. Según Fernando el de Triana, era difícil elegir a una de las dos:

“Esta célebre bailadora es la que durante muchos años tiene divididas las opiniones sobre cuál es la mejor, si la Macarrona o ella. Por la colocación de sus brazos, y por los majestuosos movimientos de su arrogante figura, llenos de ritmo y de salsa gitana, siempre contó y cuenta con la admiración del público, que con entusiasmo aplaude el maravilloso arte de tan genial artista. Ya está metida en años, como su eterna competidora; pero, así y todo, cuando las dos dicen ¡vamos allá!, sin duda ni discusión, son las dueñas del baile clásico flamenco” (Arte y artistas flamencos, 1935).

La bailaora Magalena Seda, La MalenaLa bailaora Magalena Seda, La Malena

De hecho, las carreras de ambas artistas discurrieron por derroteros similares, desde sus inicios en los cafés cantantes sevillanos, pasando por los teatros y los éxitos internacionales, hasta terminar su vida profesional en distintas compañías artísticas. A finales del siglo XIX, la Malena y la Macarrona reinaban en El Burrero, y posteriormente coincidieron en el Novedades. A principios del siglo XX, el café Filarmónico también fue testigo del baile majestuoso, elegante y recogido de Magdalena Seda, de la gracia de sus brazos y la belleza gitana de su rostro.

“La Malena simbolizaba y compendiaba toda la gracia, todo el garbo y todo el mejor estilo de un arte aprendido y asimilado por ella con verdadera devoción, y en el que ponía toda su alma y todos sus sentidos […]. Y añade Manuel Vallejo: ‘Nosotros los flamencos no sabríamos elegir entre ella y la Macarrona, y tampoco cuál de las dos era mejor. La Macarrona era todo nervio, flamenquismo, gracia, un verdadero fenómeno. Por el contrario, la Malena, más espiritual, más exquisita, más cultivada, obedecía a unos principios en los que el arte en toda su pureza se imponía. Jamás pisó la cola de su traje -añade- ni dio pasos hacia atrás, como lo hacen todas. Su arte era distinto a las de su género, y había que verla bailando en contra tiempo. Además, tenía un buen tipo y unos brazos interesantes, con los que realizaba verdaderas filigranas. En los sitios en los que ella actuaba había que ‘cerrar las cancelas’ todos los días. Hará unos cuarenta años, en el Novedades de Sevilla, le pagaban treinta reales diarios, igual que a la Macarrona” (Revista Dígame, 27-2-1956). (1)

En 1908, la Malena figuraba en el cuadro flamenco del sevillano Teatro Novedades, junto a los siguientes artistas:

“Tocador de guitarra, José Triana, ‘El Ecijano’.
Cantadores: Antonio Valiente, ‘El Macareno’, uno de los más famosos y que más se distinguen en el género andaluz, y José Pérez, ‘El Tiznao’.
Bailadoras: Magdalena Seda; Antonia Gallardo, ‘La Coquinera‘; Juana Junquera; Rita Ortega.
Cantadora: Teresa Seda, ‘La Jerezanita’.
Boleras: Carmen Fernández, Presentación Muñoz, María Pardo, Antonia Serrano, Ángela Álvarez y Teresa Jordán.
Coupletistas: Candelaria Medina y ‘la Lulú’” (El Globo, 10-3-1908).

En 1911, la bailaora paseó su arte por la Rusia de los zares, junto a la compañía del maestro Realito. A finales de los años veinte era “ovacionada a diario” (Heraldo de Madrid, 23-4-1929) en el Kursaal sevillano, donde formaba parte de un cuadro dirigido por el bailaor Frasquillo. Convertida ya en toda una institución del baile flamenco y, una vez más, junto a Realito, la Malena se presentó con gran éxito en la Exposición de Barcelona de 1930.

Comienza entonces una nueva etapa de esplendor para la artista, que vuelve a salir de gira con distintos espectáculos, saborea de nuevo las mieles del éxito y es constantemente elogiada por la prensa de la época.

La Malena con la compañía de la Argentinita (La Libertad, 1933)La Malena con la compañía de la Argentinita (La Libertad, 1933)

En abril de 1933 se estrena en Madrid el sainete andaluz Manolo Reyes o La fragua del Sacromonte, de Pedro Moreno García. Según la crítica, la obra no es más que un pretexto para el lucimiento de grandes figuras, como la Niña de los Peines, Pepe Pinto o la Malena, que son calurosamente acogidas por el público.

“La Malena, la ‘bailaora’ de sabor clásico, fue muy celebrada. […] En suma: una afortunada jornada para el cante ‘jondo’ y el baile flamenco” (El Imparcial, 20-4-1933).

“A decir verdad, Manolo Reyes son unas cuantas coplas gitanas y flamencas con gotas de sainete. […] Pastora Pavón […] con sus ‘seguiriyas’ gitanas, madre del ‘cante jondo’; Pepe Pinto, con su ‘prosa flamenca’ […]. Luego, ‘La Malena‘, encarnación soberbia del ‘baile jondo’ -que nada tiene que ver con el baile flamenco- nos deleitó con la maga elocuencia de su busto y de sus pies, donde la armonía contenida y expresiva, crispada y refrenada de la carne en pasión, labra su mejor poema” (El Sol, 20-4-1933).

Su renacer artístico junto a La Argentinita

Un mes más tarde, la Malena, junto a la Macarrona y Fernanda Antúnez, forma parte del nuevo espectáculo de Encarnación López, la Argentinita, que se presenta por primera vez en el Teatro Falla de Cádiz. Se trata de una adaptación de “El amor brujo” de Manuel de Falla, en la que también intervienen, además de su directora, los bailaores Rafael Ortega y Antonio Triana, y una jovencísima Pilar López. La música corre a cargo de la Orquesta Bética de Cámara.

En un reportaje previo al estreno, Miguel Pérez Ferrero ofrece sus impresiones sobre el ensayo de la obra, y reproduce las declaraciones de la Argentinita sobre las veteranas bailaoras:

“Baila incomparablemente la mocita. Se queda quieta, pensativa, La rodean las viejas. Corre la espina dorsal un calofrío. No hay adjetivos posibles. ¡Son las abuelas del baile con el prestigio de su nieta mejor!”

“Yo me he encargado de buscar los elementos de esta compañía. […] Los que Falla merece y necesita. Estoy encantada de todos: de esas tres enormes ‘bailaoras’ que son la Macarrona, la Malena y la Pompi, con las cuales el baile flamenco puede conservar su categoría de primer plano artístico en todo el Mundo” (Heraldo de Madrid, 30-5-1933).

El estreno del espectáculo es todo un éxito, amplificado por el hecho de tener lugar en Cádiz, ciudad natal de Manuel de Falla.

“A propósito de la representación, copiamos de un periódico de Cádiz: […]
La Argentinita ha conseguido obtener en Cádiz -precisamente por ser el púbico más difícil y entendido- un rotundo éxito con El amor brujo. […] Porque Cádiz, tan difícil de engañar, ha dado su fallo, y el fallo ha sido aplaudir incansablemente y desgarrarse en vítores de júbilo toda la noche” (La Voz, 15-6-1933).

La Malena, en 1933La Malena, en 1933

Tras su bautismo de fuego en la tacita de plata, en junio de 1933 El amor brujo se presenta en el Teatro Español de Madrid, donde sigue cosechando aplausos y elogios. La prensa alaba especialmente la contribución de la Malena y sus coetáneas:

“… en esa parte de la fiesta, hay que registrar una resurrección: la del auténtico baile gitano en la sucesión -entre faraónica y goyesca- de las ‘alegrías‘ finales, incorporadas, con milagrosa inspiración lazárica por esas tres viejas glorias, ‘emperaoras‘ del viejo café Novedades sevillano: La Macarrona, La Fernanda, La Malena” (Heraldo de Madrid, 16-6-1933).

“Momentos hubo, como en ‘La danza del fuego fatuo’, donde la emoción plástica y rítmica alcanzó una intensidad y realización perfectas con la intervención de esas tres viejas bailaoras que recordaban a las tres Parcas, hermanas grises, hijas del Caos y ministras del Destino” (La Libertad, 17-6-1933).

“La Macarrona, la Malena y la Fernanda no tienen cuerpo, ni falta que les hace. ¡Bailan sin tener cuerpo! […] Las tres viejas no son las herederas de las bailarinas de Tartessos, son las mismas bailarinas, sin edad desde siempre” (La Voz, 16-9-1933).

“Y esas tres viejas maestras del fandango clásico que son ‘La Macarrona‘, ‘La Malena‘ y ‘La Fernanda‘, que no sienten el peso de los años sobre sus figuras fondonas: cuando los ‘sones’ flamencos cruzan el aire, se truecan jóvenes, ingrávidas, y arquean las cinturas graciosas y sus pies repiquetean sobre el tablao liberados, por unos segundos, de la esclavitud dolorosa de los juanetes. ¡Porque tienen juanetes, y muy grandes, sí, señor! Pero no se les nota cuando bailan” (La Crónica Meridional”, 30-6-1933).

NOTA:

(1) Citada por José Manuel Gamboa en Una historia del flamenco, Barcelona, Espasa, 2004.