Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Teresita España, guitarrista, artista flamenca y estrella de varietés (I)

En una época en que los cafés cantantes comenzaban a decaer y los números de variedades se imponían como la atracción de moda en los principales teatros de nuestro país, una joven artista sevillana consiguió brillar con luz propia en el firmamento del espectáculo. Se trata de Teresita España, una artista todoterreno, que destacó tanto en el género flamenco -fue cantaora, bailaora y guitarrista– como en la interpretación de otro tipo de cantes y bailes más ligeros.

Nació en Sevilla en torno a 1892 como Teresa García Pichardo. Según José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz (1), tuvo como maestra a la genial bailaora Juana la Macarrona, quien no escatimaba en elogios para ella, lo cual nos da una idea de sus dotes para el baile flamenco.

Teresita España (Eco artístico, 25-10-1916)

Teresita España (Eco artístico, 25-10-1916)

Las primeras referencias periodísticas que encontramos sobre ella, a finales de 1915, resaltan su faceta de “notable cancionista” y la sitúan, respectivamente, en el Salón Llorens de Sevilla y en el Gran Cine de Córdoba. Entre las artistas con las que comparte programa cabe destacar a la Estrella de Andalucía y La Bilbainita.

Una artista que promete

En febrero de 1916, con motivo de su presentación en el teatro Novedades de Valencia y en el bilbaíno Salón Vizcaya, la revista Eco artístico destaca sus cualidades como guitarrista y cantaora, y le augura un buen porvenir en el mundo del espectáculo:

Teresita España, muy experta en el manejo de la guitarra y en el cante flamenco” (5-2-1916).

“Ha marchado a Bilbao, donde actuará, la notable artista Teresita España, sin rival cantando aires nacionales. Durante el tiempo que ha actuado en Valencia, el éxito la ha acompañado. Trátase de una muchacha bonita, simpática, que no tardará mucho tiempo en colocarse a la cabeza de las artistas de su género. Aquí ha dejado un núcleo grande de admiradores, que esperan ocasión de volver a ovacionarla” (11-2-1916).

“Debutó Teresa España, graciosa coupletista que se distingue en el cante flamenco, acompañándose ella misma a la guitarra con singular maestría y logrando todas las noches entusiastas ovaciones” (25-2-1916).

Anuncio de Teresa España_anuncio (Eco artístico, 5-4-1916)

Anuncio de Teresa España (Eco artístico, 5-4-1916)

Un mes más tarde, “la joven y bella artista flamenca Teresa España”, que “toca la guitarra y canta con gusto y estilo”, debuta con gran éxito en el teatro Romea de Madrid. El público la premia con grandes aplausos (La Época, 26-3-1916). Allí actúa durante varias semanas, a pesar del incidente acaecido en uno de sus espectáculos, del cual nos informa la prensa de la época:

“En la sección de las once que se celebró anoche en Romea, los ocupantes de un palco se opusieron ruidosamente a que la artista Teresita España, correspondiendo a los aplausos del público, siguiera su trabajo.

Con tal motivo se cruzaron frases gruesas entre una parte del público y los ocupantes del palco, promoviéndose tal escándalo, que tuvo necesidad de intervenir la autoridad” (La Acción, 1-4-1916).

El altercado se saldó con varias personas heridas y otras tantas detenciones, y Teresita España fue “objeto de una gran manifestación de simpatía por parte del público”. En su despedida, la artista “levantó en alto a los espectadores con las canciones flamencas que ella interpreta a la guitarra y se acompaña” (Eco artístico, 15-4-1916).

Teresita España (La Nación, 11-3-1918)

Teresita España (La Nación, 11-3-1918)

A través de esa misma revista tenemos conocimiento de la exitosa gira americana realizada recientemente por la artista, así como de sus triunfos en la Brasserie del madrileño Hotel Palace y en el Teatro Circo de Albacete. Teresita España es muy aplaudida tanto “en el género flamenco, que interpreta con tanto estilo y facultades”, como en su faceta de canzonetista. En ambos brilla “de modo extraordinario” (Eco artístico, 15-4-1916).

Belleza, gracia, juventud… éxito asegurado

En septiembre de 1916, la polifacética artista debuta en el Salón Foz de Lisboa y un mes más tarde regresa a las tablas del Romea, donde “es todas las noches ovacionada […], entusiasmando a los espectadores por el modo admirable con que interpreta canciones regionales y canto flamenco” (Eco artistico, 25-10-1916). La prensa destaca una vez más sus grandes cualidades, que la hacen merecedora del favor del público:

“Es indudable que Sevilla […] ha dado y sigue proporcionando al Arte sus hijos predilectos. […]

Y entre los triunfadores se encuentra Teresita España, esta encantadora canzonetista que por segunda vez actúa en Romea y por segunda vez también está gustando las mieles de la victoria.

Teresita España lleva en su cara reflejado el pedazo de cielo que tocó en suerte a Sevilla, y en todo su ser la gracia inimitable que no se puede copiar, porque es patrimonio de los hijos de Andalucía.

Su voz suena a caricia, a música deliciosa que nos deleita y extasía, y si en los aires regionales acompañados por la orquesta, Teresita España nos hace aclamarla con entusiasmo, cuando la guitarra deja oír sus notas y la artista suelta sus trinos armoniosos o vibrantes, no hay más remedio que acordarse de Sevilla y bendecir la hora en que Dios se acordó de España para dejar en ella un recuerdo perenne de alegría, de luz, de matices policromos tan extraordinarios.

Siendo Teresita España tan bonita, cantando como lo hace y presentándose en escena con un lujo que asombra, no tiene más remedio que escuchar por todas partes ovaciones entusiastas” (Eco artistico, 25-10-1916).

Tras su nuevo triunfo en Romea, Teresita España debuta en Barcelona, primero en el café La Buena Sombra y posteriormente en el Cine Doré. En ambos es muy bien acogida por el público, que no escatima en aplausos y “gritos de viva España” (Eco Artístico, 15-11-1916).

Teresita España (La Correspondencia de España (21-7-1922)

Teresita España (La Correspondencia de España, 21-7-1922)

En el mes de diciembre, el Heraldo de Zamora anuncia el próximo debut de Teresita España en el Teatro Principal de esa localidad, por el que también pasarán otras figuras del momento, como Dora la Cordobesita, Nati la Bilbainita, Raquel Meller, Emilia Benito, Pastora Imperio o La Argentinita.

De triunfo en triunfo, a ambos lados del Atlántico

La aclamada artista sevillana comienza el año 1917 en su ciudad natal. En enero actúa en el Teatro San Fernando y en febrero en el Llorens, donde “si en su selecto repertorio de canciones obtiene ovaciones sin cuento, acompañándose a la guitarra el género flamenco, demuestra también estilo, gracia y facultades” (Eco Artístico, 25-2-1917).

Antes de regresar a Madrid, Teresita recala en las localidades gaditanas de Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera. En ambos lugares, esta “canzonetista de excelentes facultades y que domina lo mismo el repertorio fino que el género flamenco, y que se acompaña magistralmente a la guitarra, es ovacionada sin cesar” (Eco Artístico, 25-3-1917).

Tras una nueva presentación en Romea, Teresa España continúa con su gira por distintos puntos de la geografía española. En los meses de mayo y junio actúa en el Teatro Lara de Málaga y en el Reina Victoria de Melilla. Posteriormente, emprende una nueva tournée por tierras portuguesas, que la lleva, entre otras ciudades, a Estoril.

En el mes de noviembre, la artista sevillana se presenta con “éxito extraordinario” en varias salas de Barcelona, como el Edén Concert o el Teatro Eldorado, y en diciembre hace lo propio en el valenciano Teatro Martí. Allí despide el año 1917, en el que también ha tenido ocasión de actuar en el Teatro Casino de Buenos Aires, integrada en la Troupe Ibérica, junto a artistas como La Cachabella, Pablo Pablitos o Ana Luciano (Tania).

NOTAS:

(1) VEGA, J. B. y RÍOS RUIZ, M., <em>Diccionario enciclopédico ilustrado del flamenco</em>, Cinterco, 1990.


Rafaela Valverde, la Tanguera, reina de la farruca y el garrotín (y IV)

En agosto de 1930, con motivo de un festival-homenaje ofrecido a Luis Calvo en la Plaza de Toros Arenas, La veu de Catalunya anuncia la “reaparición sensacional del notabilísimo cuadro flamenco [compuesto por] Miguel Borrull, Luisita Alegría, Ofelia Clavel, María la Gitana, Rosalía la Flamenca, Conchita Borrull, Rafaela La Tanguera, Maera y Paco Aguilera” (8-9-1930). (1)

Rafaela Valverde, la Tanguera, en el Villa Rosa

Rafaela Valverde, la Tanguera, en el Villa Rosa

En febrero del 31, la prensa vuelve a situar a Rafaela Valverde en el Teatro Circo Barcelonés, donde participa en un festival a beneficio del bailaor Manolillo de la Rosa, en el que también intervienen, entre otros artistas, La Macarrona, las hermanas Borrull, La Camisona, la Niña de LinaresFaícoPaco Aguilera y Miguel Borrull.

Una actividad imparable: Ópera flamenca, cine…

Durante los años siguientes, en ese mismo escenario y en el del Teatro Olympia, se celebran con frecuencia festivales de ópera flamenca, en los que se da cita buena parte del elenco de Villa Rosa, además de otras grandes figuras del flamenco de la época, como José Cepero, Angelillo, Manuel Vallejo o la Niña de la Puebla. Además de La Tanguera, cuya presencia es habitual en este tipo de funciones, en ocasiones destaca también una jovencísima Carmen Amaya.

Es ésta una época de intensa actividad artística para Rafaela Valverde, que compagina sus apariciones en los espectáculos de ópera flamenca con otro tipo de actuaciones. Así, en marzo de 1933 “la gran Tanguera” forma parte del cuadro flamenco que presenta su comadre Julia Borrull en el restaurante El Tostadero, y en el que también figuran la Sevillanita, la Gitanilla del Albaicín, Tobalo, el Niño de Constantina y el guitarrista Pepe Hurtado (La Vanguardia, 16-3-1933).

En el mes de septiembre, de la mano de Juanito El Dorado, Rafaela regresa a las tablas del Teatro Nuevo, donde comparte escenario con el Niño Marchena y Carmen Vargas, entre otros artistas; y en noviembre, la bailaora forma parte del elenco de una versión de El amor brujo dirigida y coreografiada por Laura de Santelmo, que se estrena en el Liceo de Barcelona. En el reparto figuran artistas de gran nivel, como Soledad Miralles, Conchita Borrull o las hermanas Coquineras, dos viejas glorias del baile flamenco.

Cuadro flamenco de Dos mujeres y un Don Juan (José Buchs, 1934)

Cuadro flamenco de Dos mujeres y un Don Juan (José Buchs, 1934)

A finales de 1933, Rafaela Valverde realiza una incursión en el mundo del cine. Junto a Carmen Amaya, Juana la Faraona, Miguel y Conchita Borrull, Antonio Viruta y El Chino, la artista forma parte del cuadro flamenco que aparece en la película Dos mujeres y un Don Juan, dirigida por José Buchs y estrenada en enero del año siguiente. (2)

En primavera de 1934, la Tanguera vuelve a ponerse a las órdenes de Miguel Borrull, que presenta en el Tabú Club un cuadro flamenco compuesto por Julia Borrull, Rafaela Valverde, la Niña de Cádiz y Antonio Viruta; artistas que también actúan en el Teatro Circo Barcelonés, en el marco de un festival benéfico organizado por el Centro Andaluz. Asimismo, la bailaora es “extraordinariamente ovacionada” por su interpretación en la zarzuela La chulapona, que se estrena en el Teatro Novedades (Papitu, 2-5-1934).

La zambra de Chorro Jumo

Poco después, la Tanguera se integra en una Compañía de comedias de arte gitano que hace su debut en el Teatro Poliorama en agosto de 1934, con la puesta en escena de la comedia de ambiente gitano La zambra de Chorro Jumo. El gran éxito obtenido motiva la reposición de la obra un mes más tarde. La Vanguardia ofrece información sobre el elenco de la compañía, que tiene como primera figura a la cantaora Niña de Linares:

“En su anterior y reciente actuación, esta formación artística obtuvo un remarcable éxito interpretando la obrita La zambra de Chorro Jumo, escrita expresamente para lucimiento de los virtuosos de la ópera flamenca que encabezan la lista de la compañía, a saber: los ‘cantaores’ Niña de Linares, Pepita Jiménez, Niño Constantina y Niño de Lucena; las ‘bailaoras’ Julia y Conchita Borrull, La Tanguera, Micaela Lamendaña, Rocío de Triana, La Faraona, María Flores; el virtuoso de la guitarra flamenca Miguel Borrull; el caricato Isidro Badur y otros muchos artistas de fama en el género, así como la pareja de bailarines excéntricos ‘The Willy Star’s’.

La función inaugural se compuso de la obra citada, ya conocida de nuestro público, y del estreno de otra obrita del mismo corte, continuación de aquélla, titulada Un juramento gitano […]

La compañía obtuvo un franco éxito, y en realidad fue merecido, pues todos los artistas trabajaron con entusiasmo, logrando un excelente conjunto en el difícil género que cultivan” (14-9-1934).

La Tanguerita en "La zambra de Chorrojumo" (Heraldo de Madrid, 31-5-1935)

La Tanguerita en «La zambra de Chorrojumo» (Heraldo de Madrid, 31-5-1935)

En enero de 1935, en el Teatro Circo Barcelonés, Rafaela Valverde participa en un “grandioso certamen de arte andaluz a beneficio del notable guitarrista Pepe Hurtado”, en el que también intervienen el Cojo de Málaga, Conchita Borrull, Carmen Amaya, La Faraona o Antonio Viruta (La Vanguardia, 22-1-1935). Unas semanas más tarde, algunos de estos artistas se presentan en el Teatro Olympia, bajo la dirección del cantaor Guerrita; y, en el mes de mayo, la Compañía de comedias de arte gitano de la que forma parte La Tanguera lleva La zambra de Chorro Jumo al Teatro Victoria de Madrid.

En enero de 1936, Rafaela participa en un festival a beneficio de Antonio Viruta que se celebra en el Teatro Circo Barcelonés. Entre el nutrido elenco de artistas que se reúne para rendir homenaje al bailaor destaca, una vez más, la presencia de Carmen Amaya.

En esa época, La Tanguera también trabaja en el cabaret Mónaco y en el Teatro Cómico, y en ambos locales coincide con su inseparable Conchita Borrull. Las dos forman parte del cuadro andaluz, dirigido por Manuel González Guerrita, que actúa en el Pueblo Español de Montjuic con motivo de la Verbena de la Prensa, en junio de 1936.

Rafaela Valverde en los toros

Rafaela Valverde en los toros, con mantón de Manila

En el mes de agosto, La Vanguardia sitúa a Rafaela Valverde en el Circo Barcelonés, y no encontramos ninguna otra referencia periodística sobre ella hasta mayo de 1939, una vez finalizada la guerra civil. En esa fecha, coincidiendo con la estancia del Gran Visir en Barcelona, se celebra en su honor una cena de gala en el Hotel Ritz, al término de la cual comienza “una fiesta de baile flamenco y cante jondo”, amenizada por el siguiente cuadro:

Agustín de Triana, Niño de Constantina, Antoñita y Rayito (pareja de Jerez), Julia Borrull y La Tanguera (bailarinas), Niña de Cádiz, Gloria de España (bailarina) y los ‘tocaores’ ‘Camisón’ y González, cuadro dirigido por el maestro París” (La Vanguardia, 25-5-1939).

Su recuerdo perdura

Probablemente ésta fuera una de las últimas actuaciones de Rafaela Valverde, que falleció en 1940, víctima de un cáncer. Sin embargo, a pesar de los años transcurridos, su imagen permanece indeleble en la retina de quienes la conocieron, como es el caso de la bailaora Trini Borrull, que en el año 2000 dedicaba estas palabras a la que fuera gran amiga y compañera de sus tías Julia y Concha:

Rafaela ValverdeLa Tanguera’, a la que menciono como cosa aparte, pues esta bailaora se presentó en Madrid, en un café cantante, bailando el garrotín que le copió a Pastora Imperio. Alternó con las mejores artistas, como La Argentinita, Raquel Meller y Tórtola Valencia; acabando su vida en los cafés cantantes de Barcelona, bailando la farruca. Tenía un estilo y elegancia inigualables y manejaba la falda, como nunca he visto igual; introducía unas variaciones y pasos que podrían ser actuales. La gran bailarina Ana Pavlova, cuando iba a Barcelona, para actuar en el Liceo, después de su actuación iba a Villa Rosa y se quedaba extasiada viendo bailar flamenco; sobre todo a ‘La Tanguera’. Era tan personal esta bailaora, que si cierro los ojos, aún creo estar viéndola, pues su flamenca figura aún permanece en mi retina”. (3)

Una imagen familiar de Rafaela Valverde

Una imagen familiar de Rafaela Valverde

Un último apunte sobre la personalidad y valía artística de La Tanguerita nos lo ofrece Fernando el de Triana (4), cuando nos refiere la siguiente anécdota:

“El popular banderillero de toros Eduardo Borrego Zocato la invitó en una ocasión a visitar las cuevas del Sacromonte, con el fin de que presenciara unas danzas gitanas […]. Lo primero que encargó la Tanguerita fue que no descubriera ante aquellas gitanas que ella era artista.

Así lo hizo el complaciente torero, presentándola como turista; pero como el arte no puede ocultarlo quien lo siente, al terminar de bailar las hermanas Gazpachas ese castizo baile titulado ‘la cachucha’, pidió permiso para bailarlo ella, y una vez concedido, causó la admiración de todos aquellos faraónicos artistas.

¿Comentarios de aquel día? -¡Vaya una turista con reaños! ¿Has visto qué cachucha? ¡Chavó, qué manera de bailá! -¿Y la farruca? -¿Y er tango? -¿Y er garrotín? -¡Ésta tiene que ser artista y de tronío! -Verás cómo yo le meto los deos al señorito y nos pena la chipén.

Efectivamente; a poco se descubrió la incógnita y entonces empezó la juerga de verdad con los calés de la cueva del Albaicín”.

NOTAS:

(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.

(2) Esta información la proporciona Montse Madridejos en el blog “Historias de Flamenco”.

(3) Borrull, Trini: “La saga de los Borrull”, Revista de Flamencología, nº 12, segundo semestre de 2000.

(4) Triana, Fernando el de, Arte y artistas flamencos, 1935.


Rafaela Valverde, la Tanguera, reina de la farruca y el garrotín (I)

“Esta sin par artista del baile alegre reúne todas las cualidades que hacen falta para ejecutar con inimitable gracia el garrotín, la farruca, el tango y la bulería. Figura, gesto picaresco, gracejo en sus inimitables y rítmicas contorsiones, facilísima ejecución de pies y todo lo necesario para destacarse eminentemente en esos bailes, que en sí son pequeños, reúne esta notabilísima artista”.

Rafaela Valverde, la Tanguerita (1911)

Rafaela Valverde, la Tanguerita (Revista Letras y Figuras, 1911)

La virtuosa artista a la que dedica estas palabras Fernando el de Triana (1) no es otra que Rafaela Valverde Díaz, nacida en Ciudad Real, de madre almeriense, en torno a 1896 y conocida en el mundo del espectáculo como “La Tanguerita” o “La Tanguera”. Aunque son pocos los datos biográficos que se conocen de ella, la hemeroteca nos da buena cuenta de sus triunfos artísticos, que se remontan a los primeros años del siglo XX.

Sus primeros triunfos en Madrid

Fernando el de Triana también nos ofrece alguna información sobre sus comienzos artísticos en los cafés cantantes de la época. Según el artista sevillano, la Tanguerita “se presentó en Madrid, en el café de la Encomienda, bailando el garrotín, que copió de Pastora Imperio, y a pesar de sus once años ya se vio que Rafaelita llegaría a ser artista grande”.

Posteriormente pasó al café de la Marina y más tarde al de Naranjeros, hasta que fue contratada para trabajar en el Kursaal como artista de variedades. “Alternó en aquella época con la Argentina, la Argentinita, la Preciosilla, Raquel y Tina Meller, y desde allí salió consagrada con el remoquete de la Tanguerita”.

La primera referencia periodística que encontramos sobre esta bailaora se remonta al mes de abril de 1909, en que La Correspondencia de España anuncia su actuación en el Teatro Nuevo de Madrid, junto a Lola la madrileña, entre otros números de variedades.

En julio de ese mismo año, el Eco de Cartagena la sitúa en el Pabellón Olympia de esa ciudad murciana y en abril de 1910, la encontramos de nuevo en la capital de España, concretamente en el Royal Kursaal, donde comparte cartel con Tina Meller.

“Entre los debuts que hubo anoche en aquel teatro de varietés, siempre concurrido, uno de ellos, el de la bailarina llamada Tanguerita, produjo extraordinario entusiasmo, por tratarse de una artista notable y que destaca entre las de su clase.

Con justicia se la llama la Reina del garrotín. En este baile, tan popularizado, es una maravilla.

El público la colmó de aplausos” (La Correspondencia de España, 19-4-1910).

En los meses siguientes, La Tanguerita se presenta en otras salas de la capital, como el Teatro Madrileño o Lo Rat Penat. La prensa de la época se hace eco de los triunfos de quien ya es considerada, sin lugar a dudas, “la reina del garrotín”.

“Madrileño.- El debut de la llamada con justicia la reina del garrotín y farruca, la Tanguerita, ha sido de extraordinario éxito, como no recordamos otro, obligándola el numeroso público a repetir tan gitanos bailes, que son netos, castizos, andaluces y que tanto entusiasmaron a todos” (La Correspondencia de España, 10-5-1910).

Anuncio de La Tanguerita (Eco Artístico, 5-6-1912)

Anuncio de La Tanguerita (Eco Artístico, 5-6-1912)

Éxitos por toda España

En el mes de septiembre, Rafaela Valverde actúa “con éxito extraordinario” (La Unión Ilustrada, 4-9-1910) en el malagueño Salón Novedades, y a continuación marcha a Barcelona, donde se presenta en distintas salas, como el Alcázar Español, el Teatro Gayarre o el Cine Moderno. Las gacetillas no escatiman en elogios para “La Tanguerita, reina del baile español ‘Garrotín-Farruca’; gracia, chic, agilidad, pura sangre andaluza” (La Vanguardia, 12-12-1910).

Por esas fechas, Rafaela también debuta en el Teatro Imperio de la ciudad condal, donde se estrena Alma de Dios y “baila […] la interesante Farruca de dicha obra la célebre e inimitable bailarina LA TANGUERITA” (La Vanguardia, 14-12-1910), que constituye toda una atracción, a juzgar por el modo en que la prensa resalta tipográficamente su nombre. Por La Veu de Catalunya sabemos que “la Reina del garrotín y la Farruca [sólo actúa en esta sala] cinco días, por tener que salir para Canarias, ventajosamente contratada” (8-12-1910). (2)

Tras pasar las fiestas navideñas y recibir el nuevo año actuando en el Salón Imperial de Melilla, en marzo de 1911 Rafaela Valverde se presenta de nuevo en Barcelona; y, posteriormente, en Reus y Castellón, donde es “continuamente aplaudida en sus bailes gitanos” (Eco Artístico, 15-3-1911).

En el mes de mayo, la artista llega a Sevilla, una de las capitales del flamenco, que también termina rendida a sus pies:

“Un gran triunfo ha conseguido en el teatro del Duque, de Sevilla, Rafaela Valverde La Tanguerita, comprendiendo el público que es una artista de nota, cuyo trabajo fino y delicado hay que admirar. […]

La Tanguerita tiene contratos pendientes para Almería y Melilla.

La Empresa del Trianón Palace también ha pedido proposiciones a dicha artista” (El Heraldo Militar, 13-5-1911).

Anuncio de La Tangueria (Eco Artístico, 25-12-1912)

Anuncio de La Tangueria (Eco Artístico, 25-12-1912)

En su regreso al Salón Imperial de Melilla, Rafaela Valverde vuelve a cosechar grandes aplausos con “sus aires gitanos”, que “son constantemente ovacionados”. Siguiendo la estela de otras grandes bailaoras, como Trinidad la Cuenca o Salud Rodríguez, La Tanguerita se muestra innovadora en su vestuario, en el que tienen cabida tanto los pantalones como los clásicos trajes de faralaes. El telegrama del Rif ofrece algunos detalles sobre la actuación de la bailaora:

La Tanguerita abandonó anoche el pantalón de talle y el marsellés andaluz, presentándose con el clásico traje de concierto de la bailarina española.

La notable artista gustó tanto o más que las noches anteriores, escuchando muchos aplausos” (El telegrama del Rif, 3-6-1911).

“Se despide también esta noche la simpáticaTanguerita’, la cual ha cumplido como buena, oyendo a diario muchos aplausos con que se ha premiado su artística labor” (El telegrama del Rif, 5-6-1911).

Ese mismo verano, “la sin rival y aplaudidísima bailarina La Tanguerita” se presenta en Cartagena y Zaragoza, donde es muy bien acogida:

“Con gran éxito ha debutado en el salón cinematográfico ‘El Brillante’, situado en el muelle de Alfonso XII, la elegante bailarinaLa Tanguerita’ que es verdaderamente una notabilidad en esta clase de género.

Baila con muchísima gracia y todos los bailables que ejecuta tienen que repetir forzosamente, obligada por los aplausos del numeroso público que asiste a las secciones de este popular salón” (<em>Eco de Cartagena</em>, 29-7-1911).

Su gira continúa por ciudades como Bilbao y Castellón. La prensa no para de elogiar la labor de esta artista, considerada ya “una de las mejores bailarinas españolas” (Eco Artístico, 5-9-1911).

Castellón, Teatro Principal.- […] También debutó la bailarina reina de los bailes gitanos, La Tanguerita, llamando poderosamente la atención del público por su ligereza en los variados bailes que ejecuta; siendo también muy aplaudida” (Eco Artístico, 5-10-1911).

Una artista consolidada

Rafaela Valverde, la Tanguerita

Rafaela Valverde, la Tanguerita

En noviembre de 1911, Rafaela Valverde es una de las aclamadas artistas que actúan en el Palacio de Cristal de Valencia, junto a otras estrellas de variedades como La Aretina o Josefina Cola. Unos meses más tarde, en febrero de 1912, “la famosísima bailarina” La Tanguerita se presenta en el madrileño Teatro Romea, y allí coincide con las aclamadas Tórtola Valencia y Pilar Monterde.

En marzo de ese mismo año, la bailaora regresa a tierras levantinas, concretamente a Utiel (Valencia), donde comparte cartel con La Requenita. Las dos “obtienen a diario ovaciones sin cuento. Arte, elegancia, hermosura campean en ambas artistas, que garantizan el éxito de cualquier Empresa y el agrado de todos los públicos” (Eco Artístico, 25-3-1912).

NOTAS:

(1) TRIANA, Fernando el de, Arte y artistas flamencos, 1935.

(2) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Soledad Miralles, bailaora, torera y gracia en estado puro (III)

La musa de todos los críticos

A raíz del éxito obtenido con El amor brujo, en 1934 en la prensa catalana aparecen varios artículos que abordan la figura de Soledad Miralles, y la comparan con otras grandes artistas del momento, como La Argentina, Pastora Imperio o La Argentinita:

“El baile, y especialmente el castizo, es una cosa que no tiene nada que ver con la literatura. El hecho de trascendentalizarlo siempre me ha parecido un exceso.

No hace mucho, en la Bodega del Colón había una bailarina que viene como anillo al dedo a lo dicho, para contrastar el arte de la Argentina: Soledad Miralles, que se encuentra en el punto más dulce -máximo, podríamos decir- de su arte.

He aquí la auténtica danza castiza, hecha de vibración, hecha de pasión, casi en el sentido físico […]. Nada de la machine recargadora de la sabiduría técnica. Nada de trascendentalizaciones y de estilizaciones complicadas. Espontaneidad, vibración y gracia. Sobre todo gracia” (Jaume Passarell, Mirador, 8-2-1934). (1)

Soledad Miralles (Crónica, 16-12-1934)Soledad Miralles (Crónica, 16-12-1934)

La respuesta no se hace esperar, y unas semanas más tarde Ernest Guasp publica otro artículo, que contiene párrafos como éstos:

Soledad Miralles se parece mucho, como gitana que es, a todas las mujeres de su raza, y a aquella gitana tipo, retrato impersonal de todas las gitanas, que en su Romancero gitano hace de otra Soledad, de Soledad Montoya, Federico García Lorca […].

Soledad Miralles ha pasado como un cometa de flamenquería por la Bodega del Colón, dejando un regusto de música fuerte de bemoles y de raptos de tragedia que plantean el imperativo de su augusta feminidad de mujer a secas, por encima de todas las maravillas del maquillaje, y del plateado y pulido de la última creación de mujer fatal.

Lo ha avasallado totalmente, hasta el recuerdo de la opacidad de su voz, el ancestralismo de su mata de pelo lustroso y su carácter de mujer echá p’alante

El paso de esta bailarina de tan alta calidad temperamental por el que podemos llamar el ombligo de las noches barcelonesas, ha refrescado la inquietud tentadora que el flamenquismo produce a las personas de buen vivir que se van a dormir tarde y meditan el regusto de las sensaciones de calidad.

Estas contadas personas que han tenido la suerte de ver bailar a Soledad Miralles, pueden difundir alegres la buena nueva: han visto el milagro del flamenquismo en su más pura expresión, han catado lo que es bueno de verdad […]” (Mirador, 1-3-1934).

Soledad Miralles (Mirador, 1-3-1934)Soledad Miralles (Mirador, 1-3-1934)

Poco después, la revista Crónica publica un reportaje titulado “Una gran artista del baile”. Lo firma Braulio Solsona, quien vuelve a comparar a Soledad Miralles con las mejores bailaoras de su época, y no escatima en elogios para ensalzar las cualidades de aquélla a quien considera la artista revelación del momento.

A pesar de su longitud, nos parece interesante reproducir buena parte de este artículo, que aporta algunas claves sobre la personalidad de Soledad:

“En poco tiempo han pasado por Barcelona las más notables danzarinas españolas. […] La Argentina, la Argentinita, Laura de Santelmo, Soledad Miralles… […] Para todas hubo alabanzas y exaltaciones. Para todas hubo aplausos entusiastas. Pero de este desfile de notabilidades de la danza española […] ha salido una revelación. […] Entre las artistas que acompañaban a Laura de Santelmo, el público y los críticos distinguieron a Soledad Miralles, cuyo nombre conocían a través de unas actuaciones esporádicas en el campo de las varietés, pero a la que hasta este momento no se la había dado la justa valoración. Acaso la culpa es, más que de nadie, de la propia Soledad, que nunca se ha preocupado ni poco ni mucho de «organizar» su personalidad artística. Soledad, flamenca, gitana, tenía esos arrebatos, esos altibajos, esas desigualdades que caracterizan el arte gitano. Un día despreciaba un buen contrato porque coincidía con la Feria de Sevilla, «que no se debe perder naide que tenga paladar». Otra se casaba con un torero, para guardar las normas tradicionales, y dejaba de bailar una larga temporada. Ahora decía que la danza española no era para los escenarios, sino para [ser] bailada en la intimidad, ante iniciados. Y sólo aceptaba, muy de tarde en tarde, unos contratos absurdos, los que coincidían con una buena corrida de toros o habían de cumplirse en un lugar que le era grato. Y nada más.

El arte de Soledad Miralles contaba con un reducido círculo de admiradores. Eso sí: los que ponían su fervor en Soledad la colocaban por encima de todas. Y eran, desde luego, gente que tenía muy afinada la sensibilidad del «cielo de la boca». Cuando se hablaba de danza española y de danzarinas, con un poco de pena decían: «El día que Soledad se decida…»

Y Soledad, al fin, se ha decidido. No se sabe por qué ha sido ahora y no fue antes. Pero el caso es que la contrata Laura de Santelmo para que la secunde en su actuación del Liceo, y Soledad se pone en primer término, se planta, jacarandosa y retadora, y dice: «¡Aquí estoy yo!». Y arma un jaleo mayúsculo. Y no se habla más que de ella. No porque las demás no valgan -que valen mucho-, sino porque todas han ido perdiendo, a medida que afinaban su arte, aquellas puras esencias que eran su valor más auténtico. La Argentina, maestra de la danza, que ha paseado el baile español en triunfo por el Extranjero, baila con la cabeza. La Argentinita, tocada de un fino espíritu literario, baila con los pies. Laura de Santelmo, influida por pintores, preocupada por la exaltación de la línea, baila con el cuerpo. Y Soledad Miralles, sin influencias ni preocupaciones, ni literatura ni ciencia, baila con el alma. Y el baile flamenco es eso: alma, genio, impulso natural, violento y apasionado, que sale de dentro y que se manifiesta sin las trabas de unas normas estudiadas, nada más que por expresión sincera del sentimiento. Yo no sabría definir el arte de Soledad Miralles -que conozco hace mucho tiempo- con otras palabras. Pero ellas explican perfectamente el éxito de esta gran artista, que ha llegado, como sus admiradores esperaban, cuando ella se lo ha propuesto, o para decirlo mejor, en cuanto a ella «le ha dado la gana»” (18-3-1934).

Al final de su artículo, Solsona nos pone al día sobre los nuevos proyectos de Soledad Miralles: ya ha sido presentada en Palma de Mallorca y próximamente partirá hacia París.

Soledad Miralles junto a otras artistas (Crónica, 7-10-1934)Soledad Miralles junto a otras artistas (Crónica, 7-10-1934)

De los escenarios a la plaza de toros

En abril de 1934 la prensa sitúa a la bailaora en distintas salas de la ciudad condal, como el Novedades y el Teatro Circo Barcelonés. Semanas más tarde, la artista presenta junto a Miguel de Molina en el Coliseum madrileño su montaje “Momento español”, que cosecha grandes éxitos.

Soledad Miralles, con Miguel de Molina y su cuerpo de baile, siguen triunfando, cada día con más éxito, en el admirable cuadro ‘Momento español’, donde tanto Soledad como sus acompañantes se superan cada día, arrancando estruendosas ovaciones” (La Libertad, 7-6-1934).

El espectáculo, que coincide durante unos días con el de Conchita Piquer, permanece en cartel hasta mediados de junio, fecha en que se anuncia la separación amistosa de la pareja de baile, debido a que Miguel de Molina tiene previsto realizar una gira por la Costa Azul.

Poco después, en el madrileño Teatro Martín y a beneficio de la vedette Tina de Jarque, “Soledad Miralles, la gitanísima bailarina, soltó el chorro de su gracia en canciones de rancio y castizo sabor” (Heraldo de Madrid, 22-6-1934).

En octubre de ese mismo año, Soledad da un paso más en el mundo taurino. En una novillada a beneficio del Montepío del Sindicato de Actores, que se celebra en el madrileño coso de Tetuán, la bailaora no se contenta con pedir las llaves montada a caballo, sino que se atreve a ponerse delante del toro, y no con poco éxito. La acompaña en esta aventura su sobrina, la actriz Marina Heredia Muñoz. Ambas comparten cartel con los diestros Bernardo Muñoz, Carnicerito de Málaga, y Rafael Valora, Rafaelillo. Veamos qué dice la prensa de la época:

“El primer becerro le correspondió a Soledad Miralles. La notabilísima artista gitana lo toreó por verónicas, siendo muy aplaudida.

Con la muleta consiguió varios pases, que fueron coreados por el público. Mató de un pinchazo y una soberbia estocada.

Le fueron concedidas las dos orejas y el rabo, con cuyos trofeos la bellísima Soledad dio la vuelta al ruedo, entre las entusiastas aclamaciones del público. […]

Tanto Soledad Miralles como Marina Heredia fueron muy felicitadas” (Heraldo de Madrid, 27-10-1934).

Soledad Miralles (Estampa, 16-3-1935)Soledad Miralles (Estampa, 16-3-1935)

“Cambiada la seda por el ‘percalillo’, Soledad Miralles, con gesto magnífico, mete cuatro lances con soberbio estilo. Las manos abajo, poderoso el brío, gracia del más puro tarro belmontino. El bicho esquemático ve su poderío ante aquella ‘fiera‘ quedar en ridículo… Y opta por morirse. ¡Qué modesto bicho! Se cae, lo levantan, y ya el capotillo de la diestra vuelve, de seda prodigio, a hacer mil locuras… ¡Perfume finísimo! ¿Y con la muleta? Pues otro prodigio. Pases y más pases de soberbio estilo. Un pinchazo hondo tras otro más fino, una enhebradura, y otro más, tendido, que al cabo da en tierra con el becerrillo… (Ovación, oreja, vuelta y delirio)” (La Voz, 27-10-1934).

Unos días más tarde, el Heraldo de Madrid anuncia las últimas actuaciones de Soledad Miralles como bailaora, antes de dedicarse exclusivamente a los toros:

“Hay sorpresas tan gratas como la de esta visita con que nos ha honrado últimamente la genial bailarina andaluza -y flamante ‘matadora‘ de toros bravos- Soledad Miralles. En medio de todas nuestras actuales tribulaciones somos, pues, felices, porque hemos tenido cerca de nosotros y la hemos podido admirar en la intimidad, mientras para nosotros bailaba unas bulerías maravillosas, a esta singular artista española, estrella de primera magnitud en la constelación donde brillan con fulgores propios Antonia Mercé (Argentina), Raquel Meller, Pastora Imperio, Laura de Santelmo

Soledad Miralles […] va a emprender en breve una larga y esperamos que fructífera gira de despedida como bailarina por España y por el Extranjero para dedicarse después totalmente, durante la próxima temporada taurina, al arriesgado arte de Cúchares y Frascuelo, animada a ello por los éxitos obtenidos recientemente en varias becerradas. Ella, que sabe bailar tan estupendamente ante los públicos, nos ha prometido con toda solemnidad, brindando con una copa de manzanilla -juramento que no quebranta jamás una flamenca con estilo-, que no bailará nunca ante los toros, como hacen algunos toreros de cartel” (8-11-1934).

Soledad Miralles (Le Monde Illustré, 10-11-1934)Soledad Miralles (Le Monde Illustré, 10-11-1934)

Las noticias sobre esta nueva faceta de Soledad Miralles traspasan nuestras fronteras. El diario francés L’Union Illustrée la menciona como una de las nuevas toreras que se atreven a ejercer un oficio tan masculino:

“¿Dónde pararán las conquistas del feminismo? […] He aquí que, en España, las mujeres tienden a competir con los hombres en el ejercicio de la tauromaquia. Hay toreras que no son menos famosas que los toreros. Sin embargo, se trata de una profesión que no parece muy compatible con la naturaleza femenina. Se necesita una fuerza física excepcional, una flexibilidad poco común, una sangre fría imperturbable, una insensibilidad, una inhumanidad, diría yo, que resiste a toda emoción.

¡Y las mujeres se complacen en ejercer este oficio bárbaro y en recoger sobre la arena laureles ensangrentados!

Por otra parte, no es la primera vez que el elemento femenino se introduce en las corridas, y las señoritas Marina Muñoz, Soledad Miralles y otras toreras que en este momento hacen correr a Madrid, han tenido sus predecesoras” (10-11-1934).

NOTA:

(1) Todas las traducciones de textos extranjeros son nuestras.


Soledad Miralles, bailaora, torera y gracia en estado puro (I)

Soledad Miralles es andaluza, aunque haya nacido en la provincia de Alicante; aunque hubiera nacido en el mismo corazón de Londres, Soledad sería andaluza.

Morena, de pelo negro y ojos negros; su mirada, de ojos entornados, es andaluza; su charla, andaluza; su risa flamenca y sus desplantes, andaluces también.

Nombre gitano y garbo gitano

Soleariya, andaluza de Alicante” (Luisa Carnes, Estampa, 16-3-1935).

Andaluza, gitana, flamenca… belleza, gracia, temperamento… Así podría comenzar la carta de presentación de Soledad Miralles, una  artista polifacética, con una intensa carrera a ambos lados del Atlántico, que, como tantas otras, ha caído injustamente en el olvido.

La bailaora Soledad MirallesLa bailaora Soledad Miralles

Soledad nació en Novelda (Alicante), en 1902, pero se crió en Sevilla, en el barrio de la Macarena, y se consideraba sevillana. Con cuatro hermanas bailarinas y un hermano picador -apodado “Madriles”-, el destino de la niña parecía estar marcado por el arte. En una entrevista concedida a Juan Pujol, en 1920, ella misma contaba sus inicios en el mundo del baile:

“- ¿Y le gusta a usted bailar?

– Me vuervo loca.

– ¿Cuándo comenzó usted a aprender?

– Ni yo misma lo sé. Así de chiquitiya. Allí las chiquiyas bailamos en la calle, en cuanto que oímos una música, ¿sabe usted? Pues así. Y desde chiquiyas llevamos los paliyos en el borso. Luego me enseñó la Macarrona, y también algunos maestros. Pero la verdad es que yo cojo la música y hago lo que se me antoja” (ABC, 2-10-1920).

Años más tarde, en respuesta a una pregunta planteada por la revista Blanco y Negro, Soledad se define como una artista vocacional y apasionada por el baile:

“- ¿Por qué se hizo usted artista, por necesidad o por vocación?

– Porque, siendo artista, satisfacía uno de los anhelos más intensos de mi espíritu. ¿Cree usted que la cosa cañí no apasiona y se siente?

¡Ya lo creo! Yo, por lo menos, la siento como la primera o acaso como nadie. Y siendo así, es natural que fuera la vocación, y no el negocio, la que me impulsara a bailar.

Luego se ven muchas cosas. Las equivocaciones de una, las del público, las de la crítica, las de los demás…
¡Pero qué se le va a hacer ya! Sigue una bailando, bailando… ¡Y tan a gusto!” (24-6-1934).

Sus primeras actuaciones

En 1919, la prensa sitúa a Soledad Miralles en distintas ciudades españolas, como Barcelona, Palma de Mallorca o Bilbao, donde el suyo constituye “el número de fuerza” del Salón Vizcaya (Eco Artístico, 30-11-1919). En enero del año siguiente se presenta en el Teatro Romea de Madrid, junto a grandes figuras del género de variedades, como Ofelia de Aragón o Amalia de Isaura. Se trata de un programa “verdaderamente insuperable” (La Acción, 23-1-1920), y las artistas son muy aplaudidas.

Unas semanas más tarde, Soledad se presenta en otros locales de la capital de España, como el Madrid-Concert o el Parisiana. En este último coincide con Carmen de Triana. La prensa la define con estas palabras: “Soledad Miralles, danzarina, también de la tierra de María Santísima, de cabellera negra y ojos no menos traidores y relampagueantes, que atraen como el abismo” (La Correspondencia de España, 23-3-1920).

Soledad Miralles (portada de Mundo Gráfico, 1925)Soledad Miralles (portada de Mundo Gráfico, 1925)

Poco después, el Diario de Almería anuncia la presentación de “la celebrada y distinguida cupletista y bailarina Soledad Miralles, que con gran éxito está realizando una tourné por los principales cines de España” (28-3-1920). Segovia, Bilbao y San Sebastián constituyen algunas de las paradas de esa exitosa gira. En referencia a su actuación en la capital donostiarra, leemos lo siguiente:

Soledad Miralles gusta más a cada presentación. Su bello palmito, su figura esbelta y su exquisito arte de buena bailadora le han hecho meterse al público en el bolsillo” (La Correspondencia de España, 25-5-1920).

De nuevo en la capital de España, en el mes de septiembre la artista debuta en el Ideal Rosales y vuelve a cosechar grandes éxitos en el Madrid-Cinema:

Soledad Miralles es una bailarina de cara y hechura gitanas, que baila magistralmente y tiene mucha simpatía.

El público del Madrid-Cinema no se cansó ayer de aplaudirla, y tuvo que hacer dos o tres bailes más de los anunciados” (La Acción, 7-9-1920).

Poco después se presenta en el Hotel Palace, y continúa su gira por distintas ciudades españolas, como Logroño o Córdoba. A la ciudad andaluza llega en el mes de octubre, contratada por el Sr. Bezares, empresario del Teatro Circo. Allí comparte cartel con la genial Pastora Imperio -de hecho, hay quien la considera su sucesora-, y recibe grandes ovaciones:

Soledad Miralles, nuevo y soberbio brote de flamenquería, heredera, con Laura de Santelmo, del pretérito faraonismo de Pastora Imperio, figura ya maternal” (La Esfera, 16-10-1920).

“Soledad Miralles fue ovacionadísima, viéndose obligada a hacer muchos números” (La Voz, 22-10-1920).

Soledad Miralles: viva imagen de un agradable decadentismo […]. Morena de gitanería, ojos de suaves traiciones, es esta chiquilla la fantástica visión de una Andalucía rebelde y loca. Con su esbeltez, que prodigiosamente conmueve al grito de los íntimos imperativos de su intención, triunfa y vence” (La Voz, 26-10-1920).

“La gentil bailarina Soledad Miralles, que con su arte y su gracia ha sabido conquistarse las simpatías del público, ejecutó varios números de su repertorio, siendo muy aplaudida” (La Voz, 28-10-1920).

Soledad Miralles (Revista Mirador, 1934)Soledad Miralles (Revista Mirador, 1934)

Una artista que no deja indiferente a nadie

Con sólo dieciocho años, la artista alicantina-andaluza ya ha sabido ganarse el respeto del público y la crítica, y levanta pasiones allá por donde va. Así describe Juan Pujol una de sus actuaciones:

“Se alzó el telón, y una silueta esbelta, frágil, se deslizó sobre las tablas, con la gracia armoniosa de un ave que vuela sobre el cristal de un agua quieta. Y sentí que mi corazón se paralizaba de estupor, como ante una maravillosa epifanía. […]

Era una niña, apenas púber, fina y pálida. Y bajo su vestido de percal y su pañoleta de crespón, dibujábase un cuerpo de Tanagra, hecho de curvas suaves, palpitante y estremecido al ritmo de la música y llevado y traído por la melodía gitana como una pluma por el viento. Callaba la gente, con la intuición de hallarse ante un milagro, vencida por el prodigio de la bailaora virginal y diabólica. El rostro oval, bajo la profusa cabellera sombría, tenía la palidez de un lirio. Era una faz de heroína de novela de 1830, con dos inmensos ojos negros que alternativamente se encendían con los fuegos del pecado o se entornaban bajo el peso de no sé qué dolorosa melancolía. Y viendo cómo su cuerpo palpitaba y giraba sobre los sonoros arabescos de los violines, mientras ondulaban sus brazos y tenían sus blancas manos una fugitiva apariencia de alas, suspenso ante su volubilidad y su gracia, me dije:

– Sólo bailando así es como pudo Salomé obtener, del tetrarca de Jerusalén, la cabeza del Bautista […]

Tienen sus danzas, puramente populares, una estilización que el espectador de gustos estéticos poco depurados no razona, pero adivina vagamente algo que constituye la causa del encanto, del embrujamiento con que se la contempla; y es que entre los diferentes ‘pasos‘ y ‘poses‘ de su baile no hay solución de continuidad en la belleza ni en la gracia de sus líneas, en el ritmo armonioso de su cuerpo, que se retuerce y se encoge y se dilata, con la elasticidad y la facilidad de una llama viva. Ella sonríe, al compás de sus crótalos; se desliza fugitiva; echa hacia atrás la cabeza, pálida y ardiente; se desmaya en una languidez que la hace entornar los temibles ojos negros. Y no es posible sorprender, entre gesto y gesto, entre actitud y actitud, el instante del esfuerzo, ese momento de imperfección a que no escapan las demás bailarinas” (ABC, 2-10-1920).

Soledad Miralles (Revista <em>Buen Humor</em>, 1923Soledad Miralles (Revista Buen Humor, 1923)

En 1921, la prensa vuelve a situar a Soledad Miralles en Madrid, en locales como el Parisiana, el Ideal Room o el Majestic Club. Nos desvela, además, una nueva faceta de la artista: su afición por la denominada ‘fiesta nacional’. A partir de este momento, son frecuentes sus apariciones en distintos festejos taurinos, en los que, montada a caballo, tiene el honor de pedir la llave.

A finales de ese año, Soledad continúa cosechando éxitos en distintos teatros madrileños, como el de Fuencarral o el Moderno, así como en el Hotel Palace, en cuyo cartel aparece especialmente destacado el nombre de nuestra artista. La prensa de la época no deja de elogiar sus espectáculos:

Soledad Miralles. He aquí una verdadera artista de baile; cosa, por supuesto, difícil de encontrar.

Baila con muy buen sentido musical y con mucha soltura, sin esas exageraciones que algunas veces entran en lo ridículo. Es, pues, muy digna de verse, y la aplaude mucho el público” (La Tribuna Escolar, 7-1-1922).

En octubre del año siguiente regresa a tierras andaluzas “la notable bailarina, estrella del arte de varietés, SOLEDAD MIRALLES. Arte, lujo, elegancia” (Diaro de Córdoba, 19-10-1922), que se presenta en el Salón Ramírez de Córdoba, y en el Teatro Vital Aza de Málaga.

Soledad tiene juventud, belleza y gracia en la figura, y además se presenta en las tablas con gran lujo en el decorado y vestuario.

Todo esto, unido a que baila de manera admirable, tanto los números de género, como en los flamencos, le asegura constantemente el éxito.

Soledad Miralles dará muy buenas entradas al Salón Ramírez durante su actuación, que es de desear sea del mayor tiempo posible” (La Voz, 20-10-1922).

Tras su periplo por Andalucía, Soledad despide el año en el madrileño Teatro Versalles, donde comparte cartel con distintas artistas de variedades. La prensa destaca sus cualidades como “bailarina de temperamento que baila bien” (La Unión Ilustrada, 10-12-1922), si bien las críticas no son tan favorables respecto a su faceta de cupletista.