Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Quica, maestría y temperamento (II)

En agosto de 1935, La Quica, Frasquillo y Merceditas León realizan una nueva visita a la redacción del Heraldo de Madrid. En esta ocasión lo hacen junto a la compañía de Arte Andaluz que dirige el Niño del Museo, y en la que también figuran artistas como la cantaora Pepita Caballero o el guitarrista Niño de Posadas.

Mercedes León, La Quica y Frasquillo, en su visita al Heraldo de Madrid (7-8-1935)

Frasquillo, La Quica y Mercedes León, en su visita al Heraldo de Madrid (7-8-1935)

Durante ese mismo verano las dos compañías comparten escenario en varias ocasiones. Por ejemplo, ambas participan en la comedia de ambiente andaluz En el altar de tu reja, que se estrena en el teatro Pavón, e incluye números de cante y baile:

“Los amores, los quereres, los achares, los sufrires, traducidos al buen lenguaje de los ‘cantaores’ y guitarristas de un cuadro flamenco que integran las insignes figuras del ‘Niño del Museo’, el ‘Niño de Sabicas’ y ‘Frasquillo’, con ‘la Quica’, Mercedes León y Rafael Cruz, dieron mucho que sentir, en la mejor acepción de la palabra, y no poco que aplaudir a la dichosa concurrencia que llenaba el teatro” (El Sol, 11-8-1935).

Unas semanas más tarde, también en el Pavón, un elenco similar hace lo propio en la obra Una paloma perdía, en cuyo final “el insuperable Frasquillo puso una vez más cátedra de baile y fue ovacionado con los demás artistas de su notable cuadro” (Heraldo de Madrid, 29-8-1935).

En el mes de septiembre, el grupo de Francisco León y La Quica actúa en la plaza de toros de Madrid, integrado en un amplio programa de variedades, y en el teatro de la Comedia, donde comparten cartel con Eloísa Albéniz y Conchita Piquer, entre otros artistas. En octubre se presentan en la sala Pelikan y en el Circo Price.

Coincidiendo con las fiestas navideñas, La Quica, Frasquillo y su hija participan en dos funciones benéficas que se celebran, respectivamente, en el Cine de la Flor y en el Liceo Andaluz. En la primera -a favor de los Reyes Magos de la Inclusa- también colaboran, entre un amplio elenco de artistas de variedades, el Niño de Marchena, Pepita Caballero y el Niño de Almadén; mientras que en la segunda -destinada a adquirir juguetes para los niños pobres- destaca la presencia de una jovencísima Carmen Amaya.

Francisca González, La Quica

Francisca González, La Quica

Bailar en tiempos de guerra

En otoño de 1936, en plena guerra civil, se celebran en el teatro Coliseum de Madrid varios festivales benéficos, entre los que destacan uno a favor de la obra social del Socorro Rojo y otro a beneficio de los hospitales de sangre y en honor de los embajadores de México y Rusia. Los elencos no pueden ser mejores. En el primero destacan, entre otros muchos artistas, La Niña de los Peines, Pastora Imperio, La Argentinita, Pilar López, Manolo Caracol y Frasquillo.

Aunque sus nombres no aparecen mencionados en los papeles, no sería extraño que el maestro León fuese acompañado de su mujer, La Quica, y su hija Mercedes, que sí figuran en el segundo de los carteles, junto a “Rafael Cruz […], Bernardo de los Lobitos, Manolo Bonet y Paco Aguilera” (La Libertad, 18-10-1936), además de Pastora Imperio, Perico el del Lunar, Miguel de Molina o Pepe Pinto.

Durante el año 1937, el cuadro de Frasquillo se anuncia con frecuencia en distintos locales madrileños, especialmente en el teatro de La Latina. Allí coinciden con El Chozas y El Americano, entre otros artistas.

Una vez terminada la guerra, en julio de 1939, se presenta en el madrileño teatro Muñoz Seca “el gran cuadro flamenco del maestro Frasquillo” (Hoja Oficial del Lunes, 10-7-1939), con La Quica y Mercedes León entre otras artistas. Dos meses más tarde, la compañía actúa en el Liceo Andaluz, con un elenco renovado y el mismo éxito de siempre:

“… tomaron parte el cuadro de baile del maestro ‘Frasquillo’, constituido por Mercedes León, Francisca González (‘La Quica’) y Luisa Pericet y la bellísimas señoritas Leonor María García de Castro, María Luisa Castedo y Nita Duro. El maestro ‘Frasquillo’ presentó varios bailes del siglo XIX, que por su estilo antañón y la propiedad con que fueron montados por el famoso Ángel Pericet, se aplaudieron calurosamente.

Bernardo el de los Lobitos’ cantó con buena escuela, acompañado a la guitarra por el excelente guitarrista Manuel Bonet” (ABC, 3-12-1939).

El cantaor Bernardo el de los Lobitos

El cantaor Bernardo el de los Lobitos

Unas semanas más tarde, en el teatro Cómico, el cuadro obtiene un nuevo “triunfo innegable” (ABC, 16-12-1939), en la que probablemente sea una de las últimas actuaciones de La Quica junto a Frasquillo, que fallece en 1940. A partir de entonces, Francisca González continúa con su carrera en solitario, tanto en los escenarios como al frente de la academia que fundara con su marido.

Regreso a los escenarios: entre la danza clásica y el flamenco

En junio de 1941, La Quica y Mercedes León participan en un festival de danzas españolas que se celebra en el teatro Español de Madrid. En octubre de ese año, en el mismo coliseo, Francisca González toma parte en un espectáculo de danza clásica, baile flamenco y zarzuela, junto a la bailarina Anita Costa, la soprano Ino de Carvajal y el bailarín Guillermo la Blanca. La prensa elogia a La Quica por “su baile flamenco tan alegre y espontáneo y dueña en todo momento del manejo de brazos, tan esencial en el baile” (ABC, 21-10-1941).

En marzo de 1942, Paca González se anuncia en el teatro Cómico de Madrid, donde se representa el espectáculo “Estampas españolas”, que incluye copla, cante y baile flamenco, y en el que participan Lolita Benavente y Rafael Nieto, entre otros artistas.

En septiembre de ese mismo año también se puede ver a La Quica en el teatro de La Latina, en la obra Rocío la Granadina, en cuyo reparto destacan figuras como Lolita Triana, Ramón Montoya, el Niño de Almadén o el Cojo de Madrid.

A partir de 1945 encontramos a la bailaora sevillana vinculada a distintos espectáculos que se sitúan a mitad de camino entre el baile clásico español y el flamenco, lo cual demuestra la gran versatilidad de esta artista. Así, por ejemplo, en los últimos meses de 1945, La Quica comparte protagonismo con la bailarina Manuela del Río en cuatro galas de ópera y un festival benéfico que se celebran, respectivamente, en el Teatro María Guerrero y en el Calderón.

Ino de Carvajal, La Quica, Guillermo la Blanca y Anita Costa (ABC, 21-1-1941)

Caricatura de Ino de Carvajal, La Quica, Guillermo la Blanca y Anita Costa (ABC, 21-1-1941)

En marzo de 1946, Francisca González se sube a las tablas del Español, donde se celebra una gala en homenaje a Goya. Tras la representación del sainete La pradera de San Isidro, la artista sevillana y la bailarina Elvira Lucena conquistan al público con sus danzas:

“‘La Quica’, Carmen Egea, José Luis Udaeta y Sebastián Castro animaron con sus danzas la graciosa versión del tapiz goyesco ideada por escenógrafo Burgos […]. La música de Manuel Paradas y la impecable y exquisita dirección escénica de Cayetano Luca de Tena colaboraron eficazmente en el artístico espectáculo.

Elvira Lucena, la gran bailarina española, con Sebastián Castro y el pianista Eugenio Barrenechea, fueron los artistas que actuaron en la segunda parte de esta función extraordinaria y arrancaron merecidos aplausos de la concurrencia por su brillante intervención” (ABC, 28-3-1946).

Unos días más tarde, La Quica y Elvira Lucena vuelven a coincidir, esta vez en un espectáculo presentado por Jorge Montemar en el teatro Albéniz, con música de Turina, Leoz, Falla y Guridi (ABC, 5-4-1946). En el mes de mayo, en ese mismo escenario, la bailaora sevillana participa en un festival benéfico organizado por la Asociación de la Prensa de Madrid, en el que también interviene, entre otros artistas, el guitarrista Luis Maravilla.

Artista versátil y maestra de fama internacional

A estas alturas de su carrera, La Quica posee ya una importante reputación a nivel internacional, a juzgar por informaciones como la que publica la Gazette de Lausanne en 1946. Según el diario helvético, Harold Lander, el maestro de ballet de la Ópera Real de Copenhague, “en el momento de crear el Bolero de Ravel, va a España para trabajar con La Quica, en Madrid” (11-5-1946). (1)

Manuela del Río

Manuela del Río

En mayo de ese mismo año, la bailaora sevillana participa en un homenaje a la actriz Ana Mariscal, celebrado en el madrileño teatro Lara. Tras la representación de la obra Las horas inolvidables, “[a]ctuaron brillantísimamente […] ‘La Quica’, Satanela, el maestro Quiroga, Faustino Bretaño, el maestro Halpern, Manuel Gómez, Ángel Soler, Ayo, Nati Mistral, ‘Lepe’ y Maruja Tamayo. Para todos hubo grandes ovaciones” (ABC, 24-5-1946).

Seis meses más tarde volvemos a encontrar a Francisca González, de nuevo vinculada a Manuela del Río, que presenta con gran éxito en el teatro Español de Madrid un espectáculo de danzas españolas. Una vez más, La Quica demuestra su versatilidad y buen hacer sobre las tablas:

“La gran bailarina española Manuela del Río […], aplaudida en los principales escenarios del mundo, trata ahora de dar mayor variedad y atractivo a sus programas y ha incorporado a su espectáculo un grupo de artistas, algunos de tanta solera y prosapia como La Quica. Con ella, con Rafael de Granada, Pepita Saracena y Curro Gallardo, logra transplantar a la escena el ambiente natural de la danza.

Entre las mejores realizaciones, recordamos el ‘baile extremeño’, de Muñoz Molleda, que La Quica y Pepita Sarazena bailan deliciosamente. […]

La ‘Suite’ de danzas de ‘El amor brujo’, en la que intervienen La Quica, Curro Gallardo y Rafael de Granada, merecieron, asimismo, aplausos entusiastas del público que llenaba la sala del Español” (ABC, 7-11-1946).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


La Quica, maestría y temperamento (I)

“Esta mujer, de rostro moreno y esbelta figura, viste con irreprochable propiedad el traje de flamenca, dando la sensación de pertenecer a la más depurada raza cañí, aunque no es gitana.

Sin duda alguna es la bailadora de más temperamento que se conoce hoy y de las que mejor saben llevar las batas de cola y el pañolillo de Manila” (1).

Así describe Fernando el de Triana a Francisca González Martínez, bailaora sevillana nacida en 1905 y conocida artísticamente como “La Quica”. En su ciudad natal, esta artista se inicia en el mundo de la danza en la academia del maestro Otero y debuta junto a Antonio de Triana en el Salón Imperial (2).

Francisca González, La Quica

Francisca González, La Quica

Más tarde se une, tanto en la vida como en el arte, a Francisco León, Frasquillo, con quien abre una academia de baile en el Corral del Cristo, en la sevillana calle Pedro Miguel. La pareja también actúa en distintos escenarios, como el del antiguo Salón Olimpia, en la calle Amor de Dios (3).

De gira por España junto a Frasquillo

A finales de la década de los veinte, La Quica y Frasquillo emprenden una gira por España junto a una compañía de ópera flamenca en la que figuran algunos de los mayores artistas del momento, y de todos los tiempos, tales como Antonio Chacón, la Niña de los Peines o Manuel Vallejo.

Durante el verano de 1928, el grupo se presenta en ciudades como Valencia, Córdoba, Cádiz o Badajoz. En El Noticiero Gaditano podemos leer los nombres que componen el elenco:

“Anoche se celebró en el Parque Genovés un grandioso concierto de cante flamenco.

El programa estaba confeccionado con los mejores elementos flamencos que existen en España.

Los artistas que tomaron parte fueron don Antonio Chacón, ‘pontífice del cante jondo’, Niña de los Peines, Manuel Vallejo, José Cepero, Guerrita, Chato de las Ventas, Bernardo el de los Lobitos, y el Niño de Sevilla.

Los tocadores de guitarra eran Ramón Montoya, Luis Yance, Manuel Martell y Manuel Bonet.

Figuró un numeroso cuadro de zambra gitana compuesto por Carmen Vargas, Juan Sánchez (Estampío), Frasquito, Rovira, El Tobalo, La Quica, Carmelita Borbolla, Los seis gitanos de la Cava de Triana, Lolita Almería, Manolita la Macarena y La Gabrielita.

Se interpretaron soleares, fandangos, seguidillas, tangos, malagueñas.

Lograron distinguirse la Niñas (sic) de los Peines, Cepero, Guerrita, Montoya y Estampío que fueron ovacionados en sus ‘artes’.

Los demás fueron igualmente aplaudidos” (6-8-1928).

El cantaor Antonio Chacón

El cantaor Antonio Chacón

En los años siguientes, La Quica participa en distintos cuadros flamencos encabezados por Frasquillo. Así, por ejemplo, en julio de 1931 se presenta en la plaza de toros de ValenciaEl alma de Andalucía”, un

espectáculo compuesto por varias escenas, entre ellas una de sevillanas, dirigida por el maestro Frasquillo y en la que toman parte las siguientes bailaoras:

“Pepa La Carbonera, Rosario La Gitana, Asunción La Belmontina, Carmela la Periget, Lola la Periget Chica, Teresa La Serrana, María la Granadina, Antoñita La Cartujana, María la Faraona, Antonia la Faneta y Paca González, La Quica” (La Correspondencia de Valencia, 14-7-1931).

En el cartel también destacan artistas como los cantaores Guerrita o La Minerita, y una zambra gitana del Sacromonte dirigida por Angustias la Emperadora y las hermanas Gazpacha.

De Sevilla a Madrid, con parada en Córdoba

En 1933, la familia formada por La Quica y Frasquillo se traslada a Madrid, con el fin de impulsar la carrera artística de su hija Mercedes, que, a sus once años de edad, comienza a despuntar como una gran bailaora en potencia.

En junio de 1934, el cuadro familiar actúa en Córdoba al menos en dos ocasiones. Les acompaña a la guitarra Antonio Álvarez:

“Sobre un tablado, al aire libre, aparece un cuadro flamenco con la prosopopeya de ritual; allí están La Quica, su niña La Quica hija, Frasquillo y el concertista mago de la guitarra Antonio Álvarez. Comienza a oírse el rasgueo de aires gitanos, se hace un silencio devoto en la concurrencia y La Quica, que baila maravillosamente, y Frasquillo, que es un maestrazo del género, bordan farrucas, alegrías y bulerías gitanas entre palmas, jaleos y olés que marcan el ritmo.

Después Mercedita, la pequeña flamenquilla, se levanta, se estira, avanza, alza los brazos como Pastora, se retuerce y baila como una miniatura de ‘La Macarrona’ o de ‘La Malena’, insuperablemente” (El Sur, 23-6-1934).

Mercedes León, hija de La Quica

Mercedes León, hija de La Quica

“Anoche, en el Kiosco ‘Duque de Rivas’, tuvo lugar un espectáculo muy ambientado y típico cordobés.

En primer lugar, Merceditas León, hizo una gran exhibición de su arte, arte puro castizo andaluz.

La Quica bailó como nunca: hizo a ‘grosso modo’ unas interpretaciones magníficas del baile cañí, que saturó el ambiente perfumado de los jardines de La Victoria de colorido.

Mientras tanto, Antonio Álvarez rasgueaba su guitarra, agarena, haciendo sonar primorosamente sus cuerdas en preciosa melodía: se dejaba oír un fandanguillo, una malagueña, un dulce suspiro andaluz; mientras Frasquillo zapateaba en el tablado con rabia, con fuerza tal y brío tan certero que, a pesar que creíamos iba a resultar pesado, al contrario, daba matices a la melodía que Álvarez interpretaba” (La Voz, 3-7-1934).

Nueva compañía y academia de bailes

En diciembre de ese mismo año, La Quica, Frasquillo y su hija Mercedes visitan la redacción del Heraldo de Madrid, donde ofrecen una pequeña actuación. Además, el maestro expone los motivos que les han llevado a instalarse en la capital de España y presenta a los integrantes de su nueva compañía:

“Ahora hacía tiempo que [Frasquillo] vivía retirado voluntariamente en su casa de Sevilla, bailando sólo ‘para los amigos’ cuando sentía ganas de un ratito de juerga.

Pero he aquí que el flamenco se da un día cuenta exacta de que su hija Merceditas es, a los once años, toda una magnífica bailarina en capullo. La chiquilla siente la vocación irresistible del baile andaluz. Y el padre […] vuelve por ella a la lucha. Hay que hacerle un nombre a Mercedes León, porque ‘la niña lo merese’. Y viene a Madrid con ella, y con su mujer, ‘bailaora’ también, y de las buenas: Francisca González, ‘la Quica’, y Rafael Cruz, un mocito ‘bailaor’ discípulo suyo, que armará también el alboroto cualquier día. Les acompañan en la jira (sic) y en los tablaos el buen ‘cantaor’ ‘Bernardo el de los Lobitos’ y un ‘tocaor’ que sabe lo que hay que saber en lo de tocar la ‘sonanta’: Manuel Bonet” (Heraldo de Madrid, 5-12-1934).

La Quica, Mercedes León y Frasquillo en su visita al Heraldo de Madrid (5-12-1934)

La Quica, Mercedes León y Frasquillo en su visita al Heraldo de Madrid (5-12-1934)

Poco después, la pareja abre una nueva academia de baile en el número 5 de la plaza General Vara del Rey, en pleno Rastro madrileño, donde continúan con la labor docente que ya venían desarrollando en Sevilla. Al mismo tiempo, el cuadro flamenco dirigido por Frasquillo, del que forman parte tanto La Quica como su hija Mercedes, se anuncia con frecuencia en distintos locales, sobre todo de la capital.

Así, en los primeros meses de 1935 encontramos al grupo en el Circo Price, en la sala Casablanca o en el Teatro Martín; y en el mes de junio participan en la fiesta-homenaje a Fernando el de Triana, organizada por La Argentina en el Teatro Español. La Quica, Frasquillo y su hija figuran entre los artistas más destacados de la noche:

“Si grandes fueron las ovaciones que se prodigaron a Pericet y su cuadro […], no fueron menos cálidas y entusiásticas las que se tributaron […] al estupendo cuadro de baile flamenco del famoso maestro Francisco León ‘Frasquillo’. Tanto éste como su mujer, ‘La Quica’, y su hija Merceditas León […], Rafael Cruz, y el célebre ‘bailaor’ antiguo ‘El Estampío’, monopolizaron, puede decirse, los mejores y más reiterados aplausos de la noche” (Heraldo de Madrid, 24-6-1935).


NOTAS:
(1) RODRÍGUEZ GÓMEZ, Fernando (el de Triana), Arte y artistas flamencos, Sevilla, 1935.
(2) Datos proporcionados por José Luis Navarro García en su obra Historia del baile flamenco, Vol. 2, Sevilla, Signatura, 2009.
(3) Datos aportados por el bailaor Enrique el Cojo, en una entrevista publicada por el diario ABC de Sevilla, el 21-4-1981.


La Joselito, el alma de Andalucía en París (I)

“Él me dijo: ‘tú te llamarás La Joselito’. – ‘¡Pero es un nombre masculino!’ – ‘Si le pones un ‘la’ es femenino’. […] – ‘¡Tú serás famosa como yo y te llamarás como yo!’ Me echó una caña de jerez por la cabeza y escribimos en los carteles de la época ‘La pequeña Joselito’” (1) (2).

De este modo explica el origen de su nombre artístico la bailaora Carmen Gómez. Cuando el célebre torero Joselito el Gallo la rebautizó aún era una niña, pero los vaticinios del diestro se cumplieron y la joven artista no tardó en saborear las mieles del triunfo, especialmente en Francia, donde transcurre la mayor parte de su intensa y apasionante existencia.

Sus primeros años de vida

Carmen nace en 1906 en Cartagena, pero poco después la familia se traslada a Barcelona, de donde es originaria la madre. Sin embargo, la pequeña pasa sus primeros años viajando por toda la geografía española con sus padres, que se dedican a la venta ambulante. Aunque no lo son, viven cual si fueran gitanos nómadas; van de un sitio a otro en un carromato tirado por un caballo, en el que duermen y transportan sus mercancías; y, para completar sus ingresos, cantan y bailan en la calle.

La pequeña Carmen Gómez junto a su padre

La pequeña Carmen Gómez junto a su padre

Según el testimonio de la artista, “Mi padre […] tocaba la guitarra y mi madre bailaba, pero como tuvo muchos hijos y no podía ocuparse del baile y de los niños, tuvo que dejarlo”. Asimismo, su abuela materna había sido ‘La Berenguera’, una gran bailarina clásica, mundialmente conocida, que tuvo que abandonar su carrera por amor. Con estos antecedentes, la pequeña Carmen parece estar predestinada al arte.

Durante sus viajes por Andalucía, se divierte bailando con otros niños y niñas. “Íbamos a Sevilla, a Málaga, a Jerez y a todos los pueblecitos. Mientras que mi padre vendía, yo me iba con los niños a bailar y, de ver a aquellos pequeños bailar por bulerías y farrucas, yo aprendía”.

En una de sus visitas a Sevilla, la pequeña Carmen tiene la oportunidad de conocer a Juana Vargas, La Macarrona, una de las mejores bailaoras de la época dorada del flamenco, que desempeñará un papel fundamental en su formación como artista.

La Macarrona vivía en el centro de Sevilla, en un lugar que se llama La Alameda de Hércules. Yo veía bailar a esa señora, que me gustaba mucho, y un día fui a su casa. Mi madre me buscaba por todas partes, yo tenía cinco años y estaba en casa de la Macarrona. Ella me dio café con leche; me explicaba los movimientos de los brazos y todo eso… Me quería mucho”.

Cuando Carmen tiene unos diez años de edad, la familia se establece permanentemente en Barcelona. Según la propia artista, en esa decisión pesa bastante la opinión de sus maestros, Juana la Macarrona y Antonio de Bilbao, que “se encontraban un día en Barcelona. Le dijeron a mi padre: ‘dejad a la pequeña aquí, no os vayáis, cambiad de oficio. Esta niña bailará muy bien algún día’. Entonces mis padres se quedaron”.

Bautizada por Joselito y su madrina, la Macarrona

Según el testimonio de La Joselito, en esa época la Macarrona viaja con relativa frecuencia a Barcelona y, cada vez que lo hace, aprovecha para darle clases. Además, es ella quien introduce a Carmen en el mundo artístico de la capital catalana, en cuyos cafés cantantes se dan cita cantaores y bailaores llegados de toda Andalucía.

Juana la Macarrona

La bailaora Juana la Macarrona

En aquellos años, con el fin de darse a conocer, la joven baila para los amigos y participa en festivales benéficos. Ella misma nos relata una de sus primeras apariciones en escena, junto a su maestra:

“A veces la Macarrona venía a comer con nosotros. Una noche le habló a mis padres sobre un festival benéfico que iba a celebrarse al día siguiente, en el que tomarían parte todos los grandes artistas flamencos. Yo supliqué que me dejaran ir, pero mi padre dijo que yo era demasiado joven. La Macarrona me hizo un guiño y susurró: ‘Escápate, coge tu traje y el sombrerito y dámelos discretamente. Le diré a tus padres que vienes a comer conmigo mañana’. Se llevó mi ropa y al día siguiente vino a buscarme. Me escondí bajo la cola de su vestido. Todos los artistas que participaban en ese gran cuadro estaban sentados en el escenario. Cuando el guitarrista empezó a tocar la farruca para Ramírez, que iba a bailar, salí de debajo de las faldas de la Macarrona como un torbellino, vestida con pantalones largos y mi sombrerito” (3).

De este modo, cuando es todavía una niña, y bajo la protección de la célebre bailaora sevillana, Carmen empieza a codearse con las estrellas del flamenco de la época. Asimismo, según su propio testimonio, a los doce años de edad realiza su primera gira por Europa –Londres, París, Bélgica…-, para participar en un espectáculo del famoso cantante de tangos Carlos Gardel. La acompañan su madre y Juan Relámpago, un amigo de su padre que se ha convertido ya en su guitarrista de cabecera.

El torero Joselito el Gallo

El torero Joselito el Gallo

La precoz bailaora pronto se convierte en una presencia habitual en los mejores cafés cantantes de Barcelona, como el Villa Rosa, el Ca’ d’Escanyo o El Dorado. Los dueños de esos locales incluso llegan a sobornar a la policía, para que ésta haga la vista gorda, ya que Carmen aún no ha cumplido la edad mínima para poder trabajar en ellos. Es precisamente en Villa Rosa donde el torero Joselito la rebautiza con el que a partir de entonces será su nombre artístico.

La Joselito, entre los mejores artistas flamencos de Barcelona

En los citados cafés, La Joselito convive con la flor y nata de la flamenquería de la época, como la Macarrona, la Malena, la Niña de los Peines, Estampío, Antonio de Bilbao o la Tanguerita, de quienes aprende los pasos y bailes que poco a poco van conformando su repertorio artístico. Ello despierta las susceptibilidades de algunas de esas estrellas, que no llevan muy bien el que una niña les robe protagonismo. Carmen relata como ejemplo su enfrentamiento con Rafaela Valverde, la Tanguerita, durante una actuación de ambas en el Circo Barcelonés:

“El público aplaudía como loco. Yo todavía era muy joven, y cuando eres joven y haces algo bien, causa impresión. La Tanguera tenía que bailar después de mí y apenas le prestaron atención. Ella era una gran bailaora de farrucas pero, qué podía yo hacer si les gustaba tanto. Cuando terminó, corrió llena de rabia hacia mí, que estaba entre bastidores, y me dio una bofetada. […] Pero hay que entenderla. Ella era una gran bailaora de farrucas. ¡Y yo había bailado su farruca! La copié de ella, lo mismo que mis otros bailes”. (3)

Sin embargo, no todo son celos y desencuentros entre los flamencos. Cuando Carmen contrae el tifus, a los trece años de edad, los artistas hacen un fondo común para costear su tratamiento, e incluso organizan un festival a beneficio de la joven. En una revista catalana encontramos la siguiente reseña, que -no sin sorna- tal vez se refiera al mencionado espectáculo:

“¿Qué es lo que veo? En el cartel de La Marina anuncian a la Señora La Joselito. Un amigo que salía de las instalaciones decepcionó mi curiosidad. La señora no es lo que yo pensaba, La Joselito no es ningún ejemplar de perversidad bisexual, como su nombre podría hacer suponer. Es una precoz artista que celebró el jueves su beneficio y que tuvo mucho éxito” (Papitu, 4-12-1918).

La pequeña Carmen Gómez, La Joselito

La pequeña Carmen Gómez, La Joselito

En esa época, la joven artista también se prodiga en fiestas privadas organizadas por ricos industriales y músicos catalanes:

“Yo bailaba mucho entre amigos… Buenos guitarristas clásicos, como Segovia, Llobet y Tárrega, eran músicos ricos. Tocaban para sí mismos. […] Tenían fábricas, vivían de otra cosa. Yo iba a bailar para ellos, bailábamos entre nosotros, y cuando daban una gran fiesta, todo el mundo le pagaba a La Macarrona para que fuésemos a bailar para ellos. Había grandes directores de fábrica, gente que tenía mucho dinero” (1).

A pesar de su corta edad, Carmen se ha convertido en el sostén de su numerosa familia. Cada vez más solicitada, la joven trabaja junto a los mejores artistas flamencos del momento, y con algunos de ellos incluso realiza giras por España. En la prensa de la época encontramos referencias a varias de esas actuaciones. Por ejemplo, en mayo de 1917, La Joselito debuta en el Salón las Columnas de Bilbao; en julio de 1919 se anuncia en el Teatro Circo Barcelonés como “la reina del canto flamenco” (La Vanguardia, 31-7-1919); y un mes más tarde figura en el cartel del Gran Salón Cine Doré “La Joselito, bella y notable canzonetista y bailarina, bailes flamencos acompañada por el celebrado profesor de guitarra Juanito El Dorado” (Veu de Catalunya, 1 al 15-8-1919).

 

Dos cantes de La Joselito, por cortesía de Pedro Moral:

NOTAS:

(1) CATHELIN, Annie, La Joselito à l’Âge d’or du flamenco, París, L’Harmattan, 2013.

(2) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.

(3) CLAUS, Madeleine, “La Joselito”, en SCHREINER, Claus (ed.), Gipsy dance and music from Andalusia, Portland, Amadeus Press, 1990.


La Antequerana, cantaora y guitarrista de primer nivel

Josefa Moreno, “La Antequerana”, cantaora y guitarrista nacida en la localidad malagueña de Antequera en 1889, se inició en el mundo del flamenco a muy corta edad. Solía cantar acompañándose a sí misma con la guitarra, algo que puede parecer insólito hoy día, pero que no lo era tanto en aquella época.

En 1903 debutó en el café La Primera de Jerez, y un año más tarde se presentó con éxito en Melilla y Tánger. Tras pasar una temporada en Málaga, llegó a la capital de España, donde trabajó en varios cafés cantantes, como el de la Marina, el del Gato, el de Naranjeros o el del Brillante.

En septiembre de 1910, El Heraldo Militar publica la siguiente información: “La cantadora flamenca Josefa Moreno, Niña del Garrotín, que trabaja actualmente en el Salón Recreo, de Sevilla, ha sido contratada por dos meses para cantar en el Teatro Novedades, de Sevilla, que es como si dijéramos la catedral de los géneros flamenco y andaluz”.

Unos meses más tarde, se anuncia en el gaditano Cine de la Rosa como “la cantadora única, titulada competidora de la Niña de los peines” (Eco Artístico, 25-1-1911), y semanas después se despide del Teatro-Circo del Gran Capitán, de Córdoba, tras alcanzar “incomparables triunfos”.

La Antequerana (Eco Artístico, 5-10-1914)

La Antequerana (Eco Artístico, 5-10-1914)

De «La Niña del Garrotín» a «La Antequerana»

En febrero de 1911, la artista se presenta en Madrid con el nombre artístico con el que pasaría a la historia. Así, el Diario Oficial de Avisos de la capital informa sobre el debut de “la notabilísima cantadora flamenca y tocadora de guitarra Josefa Moreno, la Antequerana, antes Niña del Garrotín”, en el madrileño café de la calle del Gato.

En mayo de ese mismo año, según El Heraldo Militar, la “notable” cantadora es “contratada para Tánger, donde empezará a funcionar el próximo día 24”. Un mes más tarde, la prensa la sitúa de nuevo en Madrid, y allí pasa buena parte del verano.

Durante el mes de julio figura prácticamente a diario en el cartel del Cine Bello. A juzgar por las reseñas que aparecen en la prensa de la época, La Antequerana goza de una gran popularidad y es muy apreciada por el público. No en vano, El Globo y El Heraldo de Madrid se refieren a ella como “la revolución del canto” y “la competidora de la Niña de los Peines”.

A mediados de septiembre, “la sin rival La Antequerana” debuta en el Teatro Romea, acompañada a la guitarra por Ramón Montoya, uno de los más destacados guitarristas del momento. La programación la completan distintas artistas de variedades, como la bailarina Pilar Alonso, la tiradora Fiorenza, la “chanteuse” Amica o la pareja de baile formada por Carmen Díaz y Enrique Sánchez. Allí actúan con gran éxito durante dos semanas.

En noviembre de 1911, Josefa Moreno se presenta en Valencia y Castellón, donde coincide con la canzonetista Pilar Caudet y la bailarina La Cordobesita, entre otras artistas de variedades. Unas semanas más tarde, en el malagueño Salón de Novedades, “la cantadora de flamenco La Antequerana, con su estilo y su voz extensa, logra también grandes aplausos” (Eco Artístico, 15-12-1911).

La cantaora y guitarrista Josefa Moreno, La AntequeranaLa cantaora y guitarrista Josefa Moreno, La Antequerana

A la conquista de América y de su consagración artística

Tras los éxitos cosechados en nuestro país, Pepa Moreno decide probar suerte en América. Es contratada en Nueva York y de allí pasa a La Habana, México y de nuevo a Cuba, donde permanece una buena temporada.

En abril de 1914, la prensa sitúa de nuevo a La Antequerana en España, concretamente en el madrileño Café Concert, donde forma parte de un cuadro flamenco en el que también intervienen el guitarrista Ramón Montoya, el bailaor Estampío y la bailaora Salud Rodríguez, entre otros artistas.

A partir del mes de mayo, y hasta finales de año, Josefa Moreno aparece prácticamente todos los meses en el cartel del Concert Madrileño, donde “es muy celebrada a diario” y “encuentra por su labor aplausos sin cuento”, por tratarse de “una tocadora y cantadora de flamenco de lo mejor conocido en el género”, según la prensa del momento. En dicho local coincide con artistas flamencos -como El Mochuelo, El Macareno o La Cotufera– y del género de variedades -como The Dandy o la Estrella Madrileña, entre otros-.

La revista Eco Artístico no se cansa de destacar el notable éxito obtenido por la cantaora durante todos esos meses, con reseñas como las siguientes:

“Reapareció La Antequerana, cantadora y tocadora de flamenco de gran renombre, que tiene que repetir, entre estruendosos aplausos, casi todo su repertorio” (5-9-1914).

“La Antequerana continúa su marcha triunfal, y los éxitos con que a diario premian su labor atestiguan lo mucho que vale” (5-12-1914).

“La Antequerana es a diario aplaudida, y en verdad que su labor excelente merece premio tan entusiasta” (15-12-1914).

“Se despidió La Antequerana, cantadora y tocadora de flamenco, que ha llevado a cabo en este local una larga y triunfal campaña […] La noche última del contrato el público la rindió una entusiasta ovación” (5-1-1915).

Anuncio de La Antequerana (Eco Artístico, 25-5-1914)

La Antequerana (Eco Artístico, 25-5-1914)

Unas semanas más tarde, “la notable cantadora de flamenco” se presenta en Huelva y poco después la encontramos de nuevo en Madrid, en el antiguo Café de la Marina. Allí recibe “entusiastas aclamaciones”.

Variedades, ópera flamenca… una artista polifacética

No deja de llamarnos la atención que Eco Artístico primero se refiera a ella como “cantadora de flamenco” (25-2-1915) y más tarde, como “coupletista” (25-3-1915), lo cual nos hace pensar que tal vez Josefa Moreno también llegara a cultivar este género, del mismo modo que hoy en día algunos artistas flamencos realizan incursiones en el terreno de la copla, los boleros o los tangos, por citar sólo algunos, con el fin de llegar a un público más amplio. Otra posible explicación sería que se tratase de una simple confusión, ya que en esa misma época se anuncia en distintos teatros españoles la canzonetista y bailarina Pepita Moreno, si bien esta última no se hace llamar “La Antequerana”.

En agosto, la artista participa en una función organizada por la Asociación de la Prensa en Sevilla, y en enero de 1916 debuta en el Café del Puerto de La Coruña, donde actúa durante varias semanas y obtiene un “éxito monumental” (El Noroeste, 7-2-1916).

En el mes de abril, La Antequerana se anuncia en el Luz Edén de Almería, y poco después figura en el elenco de la “fiesta de costumbres andaluzas” que se presenta en el Teatro Madrileño de la capital de España, junto a Ramón Montoya y Carmen Flores, entre otros artistas (Heraldo de Madrid, 22-4-1916).

Unos días más tarde, Eco Artístico vuelve a referirse a La Antequerana como “canzonetista y tocadora de guitarra, muy aplaudida por su estilo y facultades” (5-5-1916), y menciona varios números de variedades que figuran en el mismo programa, en el que también aparece, poco después, la Niña de los Peines.

El guitarrista Ramón MontoyaEl guitarrista Ramón Montoya

En julio de 1916, La Antequerana continúa en Madrid, en el Edén Concert. Es entonces cuando volvemos a perderle la pista, durante más de un año, periodo que podría coincidir con una segunda estancia de la artista en Cuba, de la que regresaría en 1917 “cubierta de joyas”, tal y como afirma Manuel Ríos Ruiz en el Diario de Jerez (8-9-2008).

En septiembre de 1917, Josefa Moreno debuta en el Teatro Portela de Sevilla, donde “no tardó en captarse las simpatías” del público (Eco Artístico, 15-9-1917). En ese mismo año, también según Ríos Ruiz, la artista actúa junto a Antonio Chacón en la plaza de toros de Morón de la Frontera (Sevilla).

En abril de 1918, La Antequerana se presenta en el café Villa Rosa de Barcelona, con varios artistas flamencos, como El Batato y Fernando Herrero, entre otros. Dos meses más tarde vuelve a la ciudad condal, donde es de nuevo aclamada, y en el mes de julio reaparece en la capital de España, en el Salón Madrid. El programa lo componen “Pepita la Antequerana, con aplauso en su género sugestivo” (Eco Artístico, 15-7-1918), y distintas artistas de variedades.

Tras un breve paso por el Teatro Romea, en agosto se despide “la original artista”. Su próxima parada será en el madrileño Dancing Bombilla (Kursaal de varietés), donde obtiene un “éxito colosal la fiesta andaluza ‘Un rincón de Triana‘, en la que toma parte La Antequerana” (Heraldo de Madrid, 4-8-1918), “que ha gustado con sus jipíos completamente cañís” (Eco Artístico, 25-8-1918). También figuran en el cartel distintas atracciones de variedades.

En septiembre encontramos a la artista en Granada y en octubre, en Ronda (Málaga). No volvemos a tener noticia de ella hasta casi un año después, cuando se presenta en varias localidades toledanas.

En septiembre de 1920, figura en el cartel del sevillano Concert-Español “la célebre cantadora de flamenco Pepita Moreno La Antequerana, que todas las noches obtiene ruidosos éxitos” (Eco Artístico, 30-9-1920”). Allí sigue apareciendo, de manera intermitente, hasta el mes de mayo de 1921, siempre con gran éxito, a diferencia de las bailarinas que completan el programa, que no salen muy bien paradas en las críticas periodísticas.

El cantaor Antonio Chacón

El cantaor Antonio Chacón

En septiembre de ese mismo año, junto a numerosos artistas de variedades,“la notable cantadora de flamenco La Antequerana” colabora en una función benéfica para los heridos y enfermos de Melilla, que tiene lugar en el sevillano Ideal-Cinema.

En enero de 1922 se estrena con gran éxito en el Ideal Rosales de Madrid el espectáculo “Ases del arte flamenco”, que cuenta con un elenco de primer nivel:

“[…] debutó anoche el cuadro flamenco más completo de cuantos hasta ahora se habían visto en Madrid. El éxito colmó las esperanzas de la dirección artística. Bravos y aplausos comenzaron al hacer el primer número la gran bailarina Rubia de Jerez, y no terminaron hasta que el telón anunció que se había terminado el espectáculo. En el cuadro flamenco figuran artistas tan renombradas como La Antequerana, Emilia Vez, la saladísima Gabrielita, Rubia de Jerez y la reina de las reinas del baile flamenco, la formidable Juana la Macarrona, que obtuvo un éxito indiscutible y formidable en su baile ‘por alegrías’. Del sexo feo, Faíco, El Mochuelo, el graciosísimo Estampío, el gran tocador de guitarra Joaquín Rodríguez y el ‘as’ de los tocadores, Ramón Montoya” (La Voz, 12-1-1922).

El declive y desaparición de la cantaora

A partir de ese momento, las referencias a La Antequerana aparecen con menor frecuencia en la prensa. En 1924, tenemos noticia de su debut en el Salón Alhambra de Córdoba, y en los años sucesivos destaca especialmente por las saetas que interpreta como acompañamiento a la proyección de varias películas mudas.

Así, en 1925 La Libertad anuncia el “grandioso éxito de la hermosa zarzuela española, filmada por la Argentina, Rosario la cortijera, éxito de la cantaora La Antequerana en las saetas de esta película”, y en 1926 varios periódicos se hacen eco del viaje de la artista a Mahón (Menorca) con motivo del estreno del filme Currito de la Cruz:

“ Para cantar las saetas durante el desfile de las magníficas procesiones de la Semana Santa en Sevilla han llegado en el vapor correo de hoy los notables artistas de cante flamenco, Pepita Moreno (La Antequerana) y Bienvenido Pardo (Niño de Alcalá)” (El bien público, 15-4-1926).

Cartel de Currito de la Cruz (1926)

Cartel de Currito de la Cruz (1926)

Las siguientes apariciones de la artista las sitúa la prensa en Madrid, en mayo y septiembre de 1926, y en enero y marzo del año siguiente, siempre en el Kursaal. La cantaora forma parte de distintos cuadros flamencos, con los que continúa cosechando grandes éxitos.

En 1935, en su libro Arte y artistas flamencos, Fernando el de Triana se pregunta qué ha sido de esta prometedora artista:

“La Antequerana tuvo una época en la que todos esperábamos que se colocara como lumbrera del cante levantino; después, sin que se sepa por qué causa, desapareció como por encanto del mapa artístico: además de que era una guitarrista muy buena”.

Años más tarde, José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz rescatan un reportaje publicado en 1961 por el diario Pueblo, en el que el periodista Antonio González afirma lo siguiente:

“El médico le ha dicho a Josefa Moreno que no debe cantar. Hace dos años padeció una bronconeumonía con principios de pleuresía, y está en peligro su vida si lo hace. Mas no le hace caso a su padecimiento. No puede hacerle caso, porque vive del cante y por el cante”.

Al parecer, en aquellos años La Antequerana sobrevive cantando en las calles de Madrid, “donde ofrece al auditorio que lo solicite sus tarantas y siguiriyas, y también zambras de su creación. A cambio pide lo que la buena voluntad de la gente quiera darle”.

Se desconoce la fecha y el lugar exacto de la muerte de Josefa Moreno, si bien parece lógico pensar que pudo ser en Madrid, en los años sesenta. José Blas Vega, en su obra Vida y cante de don Antonio Chacón (1986), nos ofrece, de primera mano, una última imagen de La Antequerana:

“[…] nos cantó varias veces soleares de buen cuño, amén de otros cantes más livianos […]. Era todo un personaje de la noche madrileña. Menudilla, con ojos brillantes de ratita, muy mal trajeada, con su cigarro en la boca avivando su bronco-neumonía, y su guitarra bajo el brazo dentro de un destartalado estuche. Su lengua era de lo más viperino, y lo primero que hacía al entrar en algunos de los bares, era echar una recalada fulminante al personal, y mientras movía la cabeza de abajo a arriba, de sus labios salían en voz baja una sarta de maldiciones”.

Por desgracia, en La Antequerana vuelve a repetirse la historia de tantas y tantas artistas que, tras saborear las mieles del éxito y el reconocimiento, terminan sus días olvidadas y en la miseria.

 

Unos cantes de la Antequerana, por cortesía de Pedro Moral:


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