Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Lolita Astolfi, cuando el baile se convierte en sentimiento (II)

En 1919 Lolita Astolfi se dio a conocer en ciudades como Écija, Cabra o Jerez de la Frontera, y siguió renovando sus éxitos en teatros como el Romea de Madrid o el sevillano Lloréns, que ocupaban un lugar destacado en su agenda. Las crónicas ensalzaban su delicadeza, simpatía y elegancia, y su exquisita presentación.

Lolita Astolfi

Lolita Astolfi

Sus primeras creaciones

A sus quince años de edad, ya empezaba a contar con repertorio propio, compuesto expresamente para ella por músicos como Emilio de Torre y José María Lozano. Estos autores firmaron la partitura de “¡Viva Faraón!”, una farruca con “sabor a zambra gitana” (El Liberal de Sevilla, 3-6-1919) que estrenó en el Teatro Lloréns en el mes de mayo; la de un “tango albaicinesco” (El Liberal de Sevilla, 7-7-1919) que presentó en Málaga unos meses más tarde; y la de “Egipto soberano”, que bailó por primera vez en el Salón Imperial de Sevilla en 1922 (El Noticiero Sevillano, 26-2-1922).

En esa época también actuó en ciudades como Huelva o Granada, y viajó en varias ocasiones a Barcelona para presentarse en el Teatro Eldorado, compartiendo cartel con artistas como Raquel Meller o Carmen Flores. Los últimos compromisos del año la llevaron a Logroño, Lisboa y el Teatro Parisiana de Madrid.

Lolita Astolfi (Mundo Gráfico, 5-11-1921)

Lolita Astolfi (Mundo Gráfico, 5-11-1921)

Tras reencontrarse con el público sevillano -primero en el Salón Imperial y después en el Teatro Lloréns– y realizar una gira por Marruecos, en mayo de 1920 fue contratada en el Teatro Eslava de Jerez. Los cronistas del diario El Guadalete se rindieron ante el prodigio de esa muchachita cuya grandeza artística era inversamente proporcional a su edad y a su estatura, y que incluso resistía la comparación con las primeras figuras del género:

«Lolita Astolfi, la ¡enorme! así; la enorme bailarina que pisa el tablado de Eslava, cada noche da una prueba más de su valer, de su talento, de su alma de artista.
Los pasos que da matizan las frases del músico y con una expresión de alegría, de tristeza, de pasión, de celos, marca toda una idea haciendo que el público saboree la obra; porque no es que la baila, es que la dice» (El Guadalete, 28-5-1920).

“Una salva de nutridos aplausos acoge la aparición de esta genial mujercita que a los diez y seis años, es bailarina tan eminente y completa, como aquellas otras que más brillan en las altas esferas de su arte. […]
Incansable la artista, se prodiga y su figura gentil y esbelta de niña, se agiganta y crece por magas inspiraciones geniales. Y a cada número, las manos de los espectadores chocan entusiastas…» (El Guadalete, 2-6-1920).

Llamada a estar entre las grandes

Algo tendrá el agua cuando la bendicen y si la bendición procede de una gran figura del baile, como Antonia Mercé, sólo cabe decir amén. Así se pronunciaba la Argentina en 1921 sobre las artistas de variedades españolas: “Pastora Imperio es para mí la primera […] y después Raquel Meller. En el género de bailarinas me entusiasma la Bilbainita, Lolita Astolfi a la que reputo como una verdadera esperanza del arte» (La Voz, 30-3-1921).

Lolota Astolfi, El Teatro, 1922

Lolota Astolfi (El Teatro, 1922)

El polifacético escritor Álvaro Retana también concedía a la joven bailaora un lugar destacado entre las grandes figuras de la danza flamenca:

“Los cuatro ases de la flamenquería, las cuatro reinas del género andaluz, son: Carmelita Sevilla, Laura de Santelmo, Amparito Medina y Lolita Astolfi. Las flamencomanías de Carmelita Sevilla y la farruca torera de Lolita Astolfi son cosas tan serias y faraónicas, que se puede afirmar que tanto Carmelita como la Astolfi han aprendido sus hieráticas actitudes en el interior de las auténticas pirámides de Egipto…” (Mundo Gráfico, 5-10-1921).

En esa época, la joven se encontraba inmersa en una constante tournée por toda la geografía española, con paradas en ciudades como Barcelona, Madrid, Bilbao, San Sebastián o Palma de Mallorca. En el verano de 1921 aprovechó su estancia en Sevilla para colaborar en dos festivales benéficos celebrados en la Venta de Eritaña y en el Salón Imperial. En ellos se codeó con grandes artistas flamencos, como la Niña de los Peines, Pastora Molina, la pareja Gómez Ortega, la Antequerana, el Niño de Jerez, Manuel Escacena o Juan Ganduya, Habichuela.

A pesar de su juventud, Lolita se presentaba ya como toda una estrella, “con decorado propio y fastuoso vestuario”, y “su figura grácil, sus simpatías, su belleza y más que nada su inconfundible modo de bailar, en la que pone matices de artista” (El Liberal de Sevilla, 23-9-1921), la hicieron merecedora de grandes aplausos. En febrero de 1922, durante su actuación en el Teatro Moderno de Salamanca, el cronista de El Adelanto destacaba las condiciones que la harían “llegar, en su género de baile, a la mayor eminencia: temperamento, carácter, gesto y belleza”.

“Hay, además, en esta muchachita, una extraordinaria cualidad, el principio del movimiento, a cuya exactitud no han llegado sino muy contadas bailarinas españolas. La Astolfi consigue el máximo de expresión con los movimientos de cabeza, brazos y piernas, conservando siempre cuerpo rígido y vertical, obteniendo con ello la belleza y el vigor de la línea de una distinción maravillosa” (El Adelanto, 13-2-1922).

Lolita Astolfi

Lolita Astolfi

Un mes más tarde debutó en el Kursaal Gaditano, con un repertorio variado que incluía danzas típicas de diferentes regiones españolas, como las pravianas tituladas “Tierras llanas”, la jota, las asturianas, la rapsodia valenciana o el aurresku. En todas ellas se mostraba “arrogante, grácil y ajustada al pentagrama” (El Noticiero Gaditano, 23-3-1922). Sin embargo, donde más brilló fue en sus clásicos bailes andaluces, como el fandango o la farruca, algunos de los cuales interpretó ataviada “con soberbio traje de cola, rememorando a la bailaora clásica de tablado” (El Noticiero Gaditano, 24-3-1922). El público quedó verdaderamente extasiado:

«Hay momentos en que con la oscuridad del salón, sólo enfocando la luz a la artista, y el silencio que se hace como obedeciendo a un conjuro mágico (los pies de la artista) parece aquél vacío sólo con el repiqueteo leve sobre las tablas al hacer la artista la invitación, sombrero en mano, de El Fandanguillo. Este brindis y el baile todo en sí, tiene tal fuerza de atractivo, que la artista ha de bisarlo completo…» (El Noticiero Gaditano, 22-3-1922).

París se postró ante ella

Con los públicos de Cádiz y el resto de España rendidos a sus pies, en la primavera de 1922 Lolita Astolfi emprendió una nueva aventura internacional. Recomendada por Raquel Meller, fue contratada para la inauguración de la temporada española en el Teatro Olympia de París, que la anunció en sus carteles como “Reina de la Danza” (Comoedia, 26-4-1922) (1). En la crónica de su debut, el escritor Enrique Gómez Carrillo la presentaba como una artista intuitiva, temperamental, que goza con su propio baile, y es capaz de transmitir al espectador una amplia gama de sentimientos y sensaciones que van desde la inocencia infantil hasta el más apasionado desenfreno:

Lolita Astolfi (Le Petit Journal, 5-5-1922)

Lolita Astolfi (Le Petit Journal, 5-5-1922)

«Debutó ayer y ya, hoy, es famosa. Le ha bastado con presentarse, como siempre ha sido, trémula y sencilla, sutil y apasionada, para conquistar el corazón del público de París. El público ha sentido en seguida lo que, además de su arte tan perfecto, hay en ella de personal, de inocente, de tierno, de instintivo y de íntimo. Nunca parece bailar para nosotros. Ebria de un sueño, enigmática, baila para sí misma. Se embriaga de sus propias armonías, se sonríe, se respira. […]
Es casi una niña, con un corazón de niña. Y, a pesar de ello, nos perturba, porque lleva en su delicado ser todo el secreto de las mujeres de su raza, que, ya en la antigua Roma, celebraban, con el crepitar de las castañuelas, los ritos oscuros de la voluptuosidad y de la pasión andaluza. […] Son bruscas, son violentas, son sensuales hasta la exasperación, y, al mismo tiempo, son castas y hieráticas. Se siente, al verlas, que la bailarina se ofrece, que atrae, que está a punto de desmayarse. Y, de pronto, la vemos alzarse de nuevo, desdeñosa o salvaje, con los ojos llenos de un odio súbito, para rechazar las caricias que se le acercan.
[…] ante esta exquisita e impecable Lolita Astolfi, cuya alma es un espejo que no ha sido empañado por ningún soplo de pecado, el misterio nos parece aún más turbador, porque está hecho de contrastes de embriaguez amorosa y de candor infantil, de voluptuosidad sutil y de pudor ingenuo, de encanto sonriente y de altiva crueldad» (Comoedia, 29-4-1922).

Lolita Astolfi (La Semana Gráfica, 6-5-1922)

Lolita Astolfi (La Semana Gráfica, 6-5-1922)

La prensa gala llegó a calificar a Lolita Astolfi como “la más perfecta coreógrafa actual” (Comoedia, 22-5-1922). Durante casi un mes cautivó al público del Olympia con su juventud y sus bailes llenos de colorido, estrenó “un bonito repertorio del maestro Ruiz de Azagra” (La Correspondencia de España, 22-6-1922), e incluso tuvo tiempo para disfrutar de la noche parisina y practicar los bailes de moda:

“Apenas dejó el escenario, emocionada por el éxito que acababa de conseguir, se fue corriendo al Thé-Tango para entregarse -¡con qué alegre exuberancia!- a las alegrías del shimmy y el boston… Y los bailarines dejaron de bailar para ver mejor bailar a esta joven bailarina…” (Comoedia, 30-4-1922).

A su regreso a Sevilla, contó al periodista Nicolás de Salas algunas anécdotas de su aventura transpirenaica. Le habló de los intentos de seducción de un francés avispado, de lo mucho que había echado de menos su casa y de los momentos de diversión junto a otros compatriotas:

“Un día en una guitarrería, hice amistad con un escultor español. Allí se reunían muchos artistas de mi tierra, y celebrábamos fiestas españolísimas. Yo bailaba sobre una mesa, un poeta tocaba la guitarra y un pintor sevillano cantaba. ¡Y hacíamos cada gazpachito! Aquello era delicioso” (La Semana Gráfica, 11-11-1922).

Notas:

(1) La traducción de todos los textos extranjeros es mía.


La Niña de Linares, una diva del cante flamenco (I)

La historia del flamenco está jalonada de grandes estrellas del cante, el baile y el toque, en torno a las cuales gravita toda una pléyade de astros menores, cuya contribución también ha resultado fundamental para la conformación y el desarrollo de este arte.

La jerarquización de esas figuras depende de distintos factores, algunos de los cuales están sujetos a una evolución temporal, en función de los gustos estéticos imperantes en cada momento histórico. Ése es el motivo por el cual grandes ídolos de una época pueden quedar arrinconados tras la imposición de nuevas formas cantaoras.

Nina de Linares_Maria de la O

La Niña de Linares (imagen extraída del filme María de la O, de 1936)

En el caso de las mujeres, hay que sumar un elemento más a la ecuación: el radical cambio de contexto político y social que, a partir de los años 40, impuso nuevos modelos femeninos, en los que no tenían cabida las artistas flamencas, y que corrió un tupido velo de olvido sobre muchas cantaoras, bailaoras y guitarristas que en las primeras décadas del siglo XX habían gozado de gran fama y prestigio.

Queda, pues, por realizar, una importante labor de recuperación y revalorización de tantas figuras a las que el tiempo y las circunstancias han arrebatado su lugar en la historia, como es el caso de la Niña de Linares, una artista que desarrolló la mayor parte de su carrera en Barcelona, donde se convirtió en una auténtica estrella del flamenco. (1)

Una cantaora precoz

Petra García Espinosa nace en Linares el veintisiete de enero de 1908 (2), en el número seis de la Calle Ventura de la Vega. Su padre, Manuel García Martín, es natural de Ugíjar (Granada) y su madre, Carmen Espinosa Ruiz, linarense, procede de una familia de Dalías (Almería).

En torno a 1919 fallece el cabeza de familia y su viuda debe sacar adelante a los cinco hijos de la pareja, entre los que Petra, con once años de edad, ocupa el tercer lugar (3). Por tanto, probablemente sea esa difícil situación económica la que motiva el temprano debut de la Niña de Linares sobre los escenarios, arropada por su madre, que se anuncia como La Lavandera.

Petra García Espinosa junto a su madre y hermanos, en el padrón de Linares de 1918-19.

Petra García Espinosa junto a su madre y hermanos, en el padrón de Linares de 1918-19.

A principios de los años 20, ambas empiezan a anunciarse en distintas salas madrileñas. En junio de 1923, en el Circo Americano, participan en la “pantomima bufa La Feria de Sevilla”, junto a artistas tan renombrados como el cantaor Niño de los Lobitos, la bailaora La Gabrielita o el guitarrista Manuel Martell (La Correspondencia de España, 28-6-1923).

Pocas semanas más tarde, a sus quince años de edad, Petra García ya se presenta en solitario en Santander, compartiendo cartel con la bailarina Julita Castejón. Su actuación es todo un éxito, a juzgar por los elogios que le dedica la prensa local, que la denomina “rival de la Niña de los Peines” (El Cantábrico, 10-7-1923). (4)

A su regreso a la Villa y Corte, en el mes de agosto, se puede ver a la Niña de Linares, de nuevo junto a su madre, en Casa Juan. El cronista de la revista España, que firma como Pipí, las compara con la gran Juana la Macarrona, por ser uno de los pocos ídolos flamencos que, en su opinión, quedan. Les dedica estas líneas:

«‘La Lavandera y su hija‘, anunciadas así, sin más ditirambo, sin concesión a ningún europeísmo de programa de varietés, suben al tablao, con la austeridad y el empaque característicos del buen género. Se sienta la cantaora junto al tocaor, apoyada ligeramente en el respaldo de su silla, se enjuga los labios con el pañuelo, quizá, supremo aliciente en el silencio de la espera, escupe al suelo a espaldas del guitarrista. Aquí no hemos venido a divertirnos, sino a sentir.
La Lavandera y su hija tienen sentimiento. Más impostado en la hija en cierto desgaire casticísimo; más atemperado en la madre al gusto fino de los canarios más sonoros. En ambas de fuente popular…» (Pipí, España, 24-8-1923).

El Adelanto, Salamanca, 13-3-1926.

El Adelanto, Salamanca, 13-3-1926.

Durante los años siguientes, el nombre de la Niña de Linares aparece cada vez con más frecuencia en la cartelera madrileña, a veces junto al de su madre (5), aunque la joven Petra ya vuela sola y se codea con los mejores artistas flamencos del momento.

Con paso firme

En 1926, la voz de Petra García suena en distintas emisoras (6), como Unión Radio Madrid o Radio Ibérica, y se la puede ver en distintos programas de variedades (en los Jardines del Buen Retiro y en el Teatro Fuencarral, entre otras salas madrileñas). En ese mismo año, Petra también actúa en otras ciudades, como Alicante, donde comparte cartel con Angelillo y el Niño de Valdepeñas (Diario de Alicante, 25-8-1926), o Salamanca.

En el Teatro Moderno de la capital charra, la cantaora linarense forma parte de un cuadro flamenco que tiene como figura principal al Niño de Marchena, y en el que también se encuentran El Americano, la Niña de la Merced, Emilio el Faro y el Niño de Valdepeñas. Su actuación es todo un éxito:

«La que se hizo aplaudir con entusiasmo enorme, y muy justificado, fue La Lavandera (7), que con una voz muy bonita, de cantaora muy grande, nos recreó escuchándole fandanguillos y milongas; estas últimas repetidas varias veces y todas ellas premiadas con grandes ovaciones» (El Adelanto, 14-3-1926).

De nuevo junto a Pepe Marchena, en septiembre y octubre de ese mismo año, la Niña de Linares sale de gira con una troupe cuajada de figuras. Los cantaores Antonio García Chacón, Manuel Blanco ‘El Canario‘, Niño de las Marianas, Chato de las Ventas, Niño de la Flor y Niño de la Sierra también forman parte del elenco, y les acompañan a la sonanta Marcelo Molina y Jorge López, entre otros guitarritas. El conjunto se presenta en ciudades como Madrid, Valencia, Castellón, Sevilla y Utrera (8). La artista linarense “cantó con mucho estilo, mereciendo los aplausos del público” (El Liberal de Sevilla, 28-10-1926).

La Correspondencia de Valenica, 9-9-1926.

La Correspondencia de Valencia, 9-9-1926.

En el mes de noviembre, Petra García Espinosa es contratada por el empresario Vedrines para realizar una nueva tournée, con paradas en ciudades como Madrid, Salamanca o La Coruña (9). Además de algunos de los artistas mencionados -El Canario, Chato de las Ventas, Antonio García Chacón, Marcelo Molina, Jorge López-, en el grupo también destacan los cantaores Antonio Pozo ‘El Mochuelo‘ y El Canario de Madrid, y los tocadores Ramón Montoya y Victoria de Miguel, entre otras figuras.

En enero de 1927, la empresa renueva el elenco de la compañía, que continúa con su periplo por distintas ciudades españolas. Los artistas que se presentan en el Teatro Lope de Vega de Valladolid, con un espectáculo de ópera flamenca, son los siguientes:

«‘Ramironte‘, bailador serio-cómico; Carmen, la Flamenca, bailadora; Aurorita Imperio, emperatriz de las danzas a guitarra; Antonio García (a) Chacón, el non plus ultra del cante jondo, el fenómeno del día; La Coquinera, bailadora por alegrías; El Estampío, creador del baile ‘El Picaor’; La Gabrielita, bailadora por ‘chufla’; Manuel Blanco (a) El Canario (el de la voz de oro); Niño de la Flor, cantador premiado en la plaza de toros de Córdoba; Niño de las Marianas II, Chato de las Ventas y Niño de Coín, cantadores; El Canario de Madrid (el de la voz de platino); La Niña de Linares, célebre cantadora de flamenco; Manuel Bonet, mago de la guitarra, y los famosos guitarristas Marcelo Molina, Jorge López y Victoria de Miguel» (El Noticiero Sevillano, 19-1-1927).

Después de actuar en la capital castellana, el grupo se dirige a Córdoba y Cádiz. El público de la ciudad califal “aplaudió mucho a la Niña de Linares en unos fandanguillos cantados con gusto”, si bien el crítico del diario La Voz (22-2-1927) echa en falta alguna soleá y “otros cantes grandes”.

La guitarrista Victoria de Miguel. Fuente: Escribano Ortiz, Y Madrid se hizo flamenco, 1990.

La guitarrista Victoria de Miguel. Fuente: Escribano Ortiz, Y Madrid se hizo flamenco, Madrid, El Avapiés, 1990.

Tras un breve paso por Madrid, Petra García regresa a tierras andaluzas y, durante las fiestas de Pascua de Resurrección y Feria de Sevilla, se presenta en los teatros San Fernando y Cervantes de Sevilla junto a un elenco de auténtico lujo:

«Las célebres cantadoras: Niña de los Peines, Adela López y Niña de Linares.
Los famosos cantadores: José Cepero, Manuel Escacena, El Chato de las Ventas y el ya célebre cantador Antonio G. Chacón.
Los ‘ases’ de la guitarra: Ramón Montoya, Luis Yance y Manuel Bonet.
Las célebres artistas del baile flamenco: Juana la Macarrona y Malena La Charru.
Paco Senra, notable bailador cómico-serio, y la emperadora del baile gitano, la joven y bella Aurorita Imperio» (El Liberal de Sevilla, 14-4-1927).

Con José Cepero, Manuel Escacena y Antonio García Chacón también comparte cartel poco después en sendos espectáculos de ópera flamenca ofrecidos en el Teatro Circo de Verano de Cádiz (El Noticiero Gaditano, 18-5-1927) y en el Teatro Eslava de Jerez (El Guadalete, 20-5-1927).

Durante el otoño de 1927 y todo el año siguiente, Petra continúa desarrollando una intensa actividad artística, fundamentalmente en los teatros y salas de Madrid. Se la puede ver en distintos carteles de variedades y en espectáculos de ópera flamenca, en los que alterna con algunos de los artistas ya mencionados y con su madre, Carmen la Lavandera.

Además, “la célebre cantadora de saetas ‘La niña de Linares’” (Heraldo de Madrid, 23-5-1928) también es requerida para actuar en los cines durante la proyección de películas mudas como La hermana San Sulpicio o Rejas y votos (10), y poner voz a las coplas incluidas en las mismas.

El Liberal de Sevilla, 14-4-1927. Archivo de José Luis Ortiz Nuevo.

El Liberal de Sevilla, 14-4-1927. Archivo de José Luis Ortiz Nuevo.

Notas:

(1) Salvando la obra El flamenco en la Barcelona de la Exposición Internacional 1929-1930, de Montse Madridejos (Barcelona, Bellaterra, 2012), que realiza un pormenorizado inventario de los artistas flamencos activos en la Ciudad Condal a principios de los años treinta, son escasas las referencias bibliográficas que puedan arrojar luz sobre la historia de esta cantaora.

(2) Así consta en el folio 150 del tomo 226 de la sección 1ª del Registro Civil de Linares.

(3) Cfr. Padrón Municipal de Linares. En el de 1918 figuran Juan García y Carmen Espinosa junto a sus cinco hijos -Juan Manuel, Josefa, Petra, Antonio y Lorenzo-; y en el de 1918-19 ya no aparece el padre y Carmen figura como “viuda”.

(4) Al día siguiente, en respuesta a esa reseña, Ignacio G. Lara afirma: “Yo sí la he oído y tanto me gustó” (El Cantábrico, 11-7-1923).

(5) En febrero de 1924, la Niña de Linares y Carmen Espinosa forman parte del cuadro flamenco del Edén Concert de Madrid. La Lavandera es “una cantaora del mejor estilo” y su hija “apunta también una muy clásica manera” (La Libertad, 1-2-1924).

(6) Desde ese momento, los cantes de la Niña de Linares sonarán con cierta asiduidad a través de las ondas hertzianas. Ello, unido a sus registros discográficos, contribuirá a la pronta consolidación de su carrera (Madridejos Mora, 2012; p.35).

(7) La cantaora a la que se refiere esta información es Petra García Espinosa, la Niña de Linares, que también se anuncia en ocasiones como La Lavandera hija. De hecho, así aparece en ese mismo diario el día anterior (El Adelanto, 13-3-1926)

(8) Durante la actuación de la troupe en el Teatro Fuencarral de Madrid, completan el cartel los bailaores Estampío y Gabrielita (El Imparcial, 4-9-1926). El grupo también se presenta en la Plaza de Toros de Valencia (El Pueblo, 9-9-1926), en el Teatro Oberón de Castellón (Heraldo de Castellón, 11-9-1926), en el Teatro Cervantes de Sevilla (El Liberal de Sevilla, 28-10-1926) y en el Teatro Rodrigo Caro de Utrera (El Noticiero Sevillano, 13-10-1926).

(9) La compañía de Vedrines actúa en el Monumental Cinema de Madrid (El Liberal, 10-11-1926), en el Cine Bretón de Salamanca (El Adelanto, 18-11-1926) y en el Teatro Linares Rivas de La Coruña (El Orzán, 28-11-1926).

(10) La Niña de Linares canta unas coplas durante la proyección del filme La hermana San Sulpicio (dirigida por Florián Rey en 1927) en el Teatro Pavón (La Libertad, 18-3-1928) y en el Cinema X (La Voz, 4-5-1928) de Madrid, y pone voz a las saetas de la película Rejas y votos (dirigida por Rafael Salvador en 1927) cuando ésta se exhibe en el Cine Argüelles (Heraldo de Madrid, 23-5-1928).


Luisa ‘La Pompi’, una cantaora imprescindible (y IV)

(Artículo revisado en octubre de 2017, tras las III Jornadas de Estudio del Cante, celebradas en Jerez y dedicada a la memoria de Luisa Ramos Antúnez, Luisa Requejo y María Valencia)

 

En junio de 1930, Luisa Ramos Antúnez regresa a Barcelona junto a la compañía de Pastora Imperio, con un espectáculo denominado ‘Una fiesta en Sevilla’. En el reparto figuran La Macarrona, Milagros Fernández, Víctor Rojas, La Romerito, La Pompi y su hija Tomasa, entre otros artistas.

Tras presentarse en el Circo Barcelonés, la troupe continúa su gira por ciudades como Alicante y Valencia:

“[Circo Barcelonés]
… Reaparición de la famosa estrella de las varietés PASTORA IMPERIO.
… Además también tomará parte la verdadera, la auténtica LA MACARRONA en el típico cuadro UNA FIESTA EN SEVILLA, copia exacta de las escenas y fiestas que se celebran en las CASETAS DE LA FERIA SEVILLANA, tomando parte los notables artistas Virtudes González, José Nieto Orellana, La Pompi (e Hija), Encarnación González, Milagros Fernández, Antonio Giménez, Víctor Rojas, Pepe Hurtado, Paco el de Parada” (El Diluvio, 4-6-1930).

Pastora Imperio (El Día, 10-1-1917)

Pastora Imperio (El Día, 10-1-1917)

“[Valencia. Teatro Apolo]
… la famosa y eminente estrella Pastora Imperio, que presentará el espectáculo típico andaluz ‘Una fiesta gitana en Sevilla’, en el que toman parte notables artistas, entres ellos La Pompi (hija), La Romerito, Encarnación y Virtudes González, La Pompi, el notable cantador Orellana, los eminentes tocadores Víctor Rojas y Pepe Hurtado, la célebre y famosa flamenca ‘La Macarrona’ y la reina en su género Pastora Imperio” (El Pueblo, 24-7-1930).

“… El cuadro flamenco del que que forman parte la Imperio y la Macarrona, con su troupe de guitarristas y ‘cantadores’, fue bien recibido por el público, que aplaudió con entusiasmo” (La Correspondencia de Valencia, 27-7-1930).

Entre Sevilla y Jerez

Sus compromisos fuera de Sevilla no impiden a Luisa Ramos estar presente en los principales eventos de la capital andaluza, como la Semana Santa o la Feria de Abril. En 1930, la jerezana y su hermana Manuela deleitan con su cante a las personas que se congregan en la Caseta del Círculo Sevillano, en la que, tras una comida de gala “también hubo su parte de cante flamenco a cargo de El Goro, Niño Perea y las hermanas Pompi” (ABC, 29-4-1930) (1).

Una vez concluida la gira con Pastora Imperio, Luisa y Manuela Ramos se desplazan a Jerez para acudir a otra importante cita: la celebración del segundo centenario de la Casa Domecq, que tiene lugar en la finca El Majuelo. La fiesta flamenca corre a cargo de grandes artistas, casi todos de la tierra:

“… Allí estaban la hermanas Pompi, Luisita Requejo -nuestra paisana, alejada hace años de Jerez-, El Niño de Gloria, El Limpio -un artista sevillano que es una cosa muy seria-, Aurelio de Cádiz, Perico el der Lunar -otro jerezano que sigue triunfando en Sevilla, el veterano y siempre grande Javier Molina, Cabeza, Rafael El Carabinero, Manuel Morales, Antoñirri, Vicente Pantoja El Troncho

Después actuaron -esto nos lo comunicaron por teléfono- Manuel Torres, su hermano Pepe, Isabelita la de Jerez, la Niña de Santa Cruz y excicerone (sic) jerezano don José Durán y Mediavilla” (El Guadalete, 26-9-1930).

Isabelita de Jerez

Isabelita de Jerez

En el verano de 1932, de nuevo en Sevilla, Luisa La Pompi es contratada en el cabaret Zapico, situado en la zona de la Alameda de Hércules. Artistas como María La Moreno o Lola la Guapa también forman parte del elenco:

“… Ha contratado un excelente CUADRO FLAMENCO en el que figuran como bailaoras La Pamia, Aurora la Rubia, La Piruli, Lola la Guapa, María la Bronceá y La Rita.

Las cantaoras son María la Moreno y La Pompi y la guitarra la pone a tono el Niño de Sanlúcar…” (El Liberal de Sevilla, 19-7-1932).

De nuevo en Barcelona

En junio de 1933, la prensa vuelve a situar a Luisa Ramos en la Ciudad Condal, en el festival de despedida de La Niña de la Puebla que se celebra en el Circo Barcelonés. El programa incluye un cuadro de baile flamenco, con artistas como Rafaela la Tanguera o Palmira Escudero:

“… Con ‘Niña de la Puebla’ completarán la tercera parte del programa los cantaores Fanegas, y Carmen Molina, dos nombres de reconocido prestigio. La segunda parte la integra un interesante cuadro de baile flamenco a cargo de Palmira Escudero, La Tanguera, La Pompi y El Rayito. En la primera parte actuarán los aplaudidos Fanegas II, Niña de la Cruz y Capelillo de Fiñola. Acompañarán a los cantaores y bailaoras los profesores de guitarra Niño de los Brillantes, Antonio Molina y el propio Juanito El Dorado” (La Vanguardia, 7-6-1933).

La Pompi (cuarta por la derecha) en un café cantante sevillano

La Pompi (cuarta por la derecha) en un café cantante sevillano

Enorme saetera

Luisa Ramos destaca especialmente en los estilos de su tierra. En el doble disco compacto dedicado a varias cantaoras jerezanas de principios del siglo XX que ha sido editado recientemente por la colección ‘Flamenco y Universidad’ se incluyen varios cantes de La Pompi, entre ellos unas seguiriyas magistrales. Sin embargo, llama la atención que esta artista no haya dejado registrada ninguna saeta, a pesar de ser una de las cantaoras imprescindibles de la Semana Santa Sevillana.

Durante los años veinte y treinta, tanto Luisa La Pompi como sus hermanos Manuela y Rafael se asoman cada primavera a los balcones de Serva la Bari para lanzar al cielo sus saetas al paso de las cofradías. Da buena cuenta de ello la prensa sevillana:

“LA DE LOS PANADEROS
… Cantaron saetas la Pompi, el Gloria, Fleta y otros” (El Liberal de Sevilla, 2-4-1931).

“[Plaza de San Lorenzo]
… cantaron numerosas ‘saetas’ Vallejo, Manuel Torres, La Niña de los Peines, Pinto, El Gloria, Las Pompis y otros profesionales y aficionados” (El Liberal de Sevilla, 15-4-1933).

“El Aero Club había instalado una magnífica tribuna […]
Aquí cantaban El Gloria y su hermana la gitanísima Pompi (la vieja), que se superó anoche” (El Liberal de Sevilla, 16-4-1935).

La Niña de los Peines

La Niña de los Peines

En uno de sus artículos, el periodista Galerín, especialmente interesado por el flamenco y los temas más genuinamente sevillanos, ensalza las extraordinarias cualidades como saeteras de las dos hermanas Pompi, Luisa y Manuela:

LAS POMPIS

Son dos gitanas de Jerez, la cuna del cante -¡el cante de jerez!- que “se las buscan”, desde lejanos tiempos, por el cante.

Las saetas que cantan las Pompis son muy flamencas, una especie de seguiriya gitana con letra entre religiosa y pagana, porque estos flamencos, que no saben ni leer ni escribir, le dicen a su Cristo en una saeta que es el “Padre de Faraón”, ¡y se quedan tan contentos! Ahora que no se lo dicen como una irreverencia. ¡Eso no!

Las Pompis no son cantadoras para actuar una semana entera. Al segundo día “están mudas”. Ponen en sus coplas tanta pasión, tanto entusiasmo, que pierden la garganta.

La saeta que les sale a tono es algo sobrenatural, algo que nada más que estas gitanas saben hacer.

Al Jueves Santo no llega ninguna. Después de cantarle al Gran Poder en San Lorenzo, sin que nadie se lo ordene, que eso es una obligación en ellas, desaparecen estos dos “personajes” de la semana que viene.

Una saeta de cualquiera de las dos hermanas, dentro de un templo, donde el silencio deje oír su desgarrada voz, es algo que impone” (Galerín, El Liberal de Sevilla, 10-4-1935).

El flamenco de antes y el de ahora

La Pompi, por Chumy Chúmez (La Voz del Sur, 23-7-1950)

La Pompi, por Chumy Chúmez (La Voz del Sur, 23-7-1950)

Ya en los años cincuenta, de vuelta a su tierra jerezana, Luisa la Pompi hace balance de su vida artística ante un periodista de La Voz del Sur (4). Le habla de sus éxitos, le cuenta diversas anécdotas -las hemos referido ya, en los artículos de esta serie-, y manifiesta sus impresiones sobre la evolución del flamenco y los artistas de su tiempo:

“- ¿Qué artista de ahora le gusta más?
Lola me gusta más que toas.
– En relación con sus tiempos, ¿ha mejorado el flamenco?
– No. Es distinto. Ahora me ponen dos niñas a bailá sevillanas en un escenario… De antes se ponía un cuadro flamenco -¡eso sí que era un cuadro flamenco! – con diez o doce mujeres, toas con sus vestíos de cola, y en medio los tocaores; toas iban actuando, y las que mejor cantaban y bailaban, o sea, las estrellas del cuadro, las úrtimas” (La Voz del Sur, 23-7-1950).

El 8 de mayo de 1958, en el número 134 de la sevillana Calle Feria, falleció Luisa la Pompi, una cantaora excepcional pero nunca suficientemente reconocida, a pesar de que sus ecos continúan vivos en las voces de los artistas que, de manera directa o indirecta, han bebido y siguen bebiendo de su fuente.

 

Algunos cantes de Luisa la Pompi, por cortesía de Pedro Moral:

NOTAS:
(1) Todas las noticias extraídas de la prensa de Sevilla han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y están disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

(2) Entrevista publicada por Javier Osuna en su extraordinario blog Los fardos de Pericón.

 


Luisa ‘La Pompi’, una cantaora imprescindible (II)

(Artículo revisado en octubre de 2017, tras las III Jornadas de Estudio del Cante, celebradas en Jerez y dedicada a la memoria de Luisa Ramos Antúnez, Luisa Requejo y María Valencia)

 

En los primeros años veinte, además de actuar en el Ideal-Concert de Sevilla, Luisa Ramos Antúnez participa en otros eventos, como el Concurso de Cante Jondo celebrado durante la Velá de San Juan de la Palma, en el que también intervienen sus hermanos Manuela y Rafael, Manuel Centeno y el Niño Medina, entre otras figuras del arte flamenco:

“… se organiza un concurso de ‘cante jondo’, en el que tomarán parte los ‘cantaores’ Centeno, Niño Medina, Cojo Pomares, Niño Gloria y las hermanas Pompi, y los ‘tocaores’ de guitarra Currito y Niño Huelva” (El Noticiero Sevillano, 25-6-1922) (1).

La cantaora Luisa Ramos Antúnez, La Pompi

Luisa Ramos Antúnez, La Pompi

También se puede ver a las dos Pompis en el Teatro Cervantes de Sevilla, en una función organizada por la Hermandad del Patrocinio. Durante la representación de la obra Trianerías se escuchan las saetas de Centeno, Manuel Torres, y Luisa y Manuela Ramos, que, según la prensa, no tienen su mejor noche:

“… en el cuadro quinto de este sainete celebróse un concurso de saetas, tomando parte en él los más afamados artistas del cante.

En el concurso […] registráronse varios incidentes: las hermanas ‘Pompi’ cantaron desde anfiteatro; pero con tal desacierto […] no sabemos a qué atribuirlo, que el público significó su protesta en forma bien ostensible. El Niño de Jerez comenzó a cantar desde el escenario; pero también de manera extraña y como si fuese él un amigo suyo…” (El Liberal de Sevilla, 22-12-1922).

Un cantaora de primerísima fila

Para hacerse una idea del gran nivel artístico de Luisa La Pompi basta con echar un vistazo al notable elenco de artistas con los que comparte escenario a lo largo de su carrera. De hecho, la jerezana es una de las profesionales contratadas para actuar en el Concurso de Cante Jondo que se celebra en la Plaza de Toros de Huelva durante los días 21 y 22 de julio de 1923.

El cantaor Antonio Chacón

Antonio Chacón

Siguiendo la estela del de Granada, el certamen onubense se propone velar por “la conservación y purificación de nuestros cantos” (La Provincia, 11-7-1923). Cada noche, el programa se abre con un cuadro flamenco en el que figuran La Pompi y Caracol padre; y, tras la actuación de los concursantes, intervienen algunos de los cantaores más destacados del momento, acompañados a la guitarra por el Niño de Huelva, Morales y Currito el de la Jeroma. La Niña de los Peines finalmente tiene que ser sustituida por La Perla de Triana.

“PROGRAMA PARA LAS DOS NOCHES
1º Cuadro de baile flamenco, cantando ‘La Pompi’ y ‘Caracol’.
2º Intermedio por la banda municipal.
Concurso de cante.
El día 21 se cantarán Soleares y Siguiriyas.
El día 22, tarantas, malagueñas y fandangos. […]
4º Cantarán por orden de antigüedad los artistas contratados: ‘Caracolito’. Centeno. Vallejo. Gloria. Manuel Torres. Antonio Chacón. Acompañarán a estos artistas los célebres guitarristas ‘Niño de Huelva’, Morales y Currito de la Jeroma.
5º Visión fantástica de una noche de Jueves Santo en Sevilla, tomando parte en este número los cantadores, la célebre banda de cornetas del tercer regimiento de artillería ligera, de guarnición en Sevilla y la banda municipal” (La Provincia, 21-7-1923).

En junio de 1924, La Pompi actúa en el Villa Rosa de Madrid, en una fiesta celebrada por la Asociación de la Prensa en honor de unos periodistas italianos. En el cuadro figuran artistas de altísimo nivel, como Antonio Chacón y Ramón Montoya:

“… Terminado el banquete, empezó la fiesta española, en la que tomó parte un cuadro flamenco, compuesto por La Pompi, Dolores Ortega, Chacón, Montoya, Pavón y algunos otros” (El Liberal, 8-6-1924).

Entre las más solicitadas

Durante los años siguientes, Luisa Ramos sigue siendo una habitual en las fiestas de mayor postín que se celebran en Sevilla. La cantaora jerezana forma parte del elenco artístico, al menos, de los siguientes eventos:

La Pompi junto a otros artistas participantes en el homenaje a los Álvarez Quintero

La Pompi, junto a otros artistas participantes en el homenaje a los Álvarez Quintero celebrado en la Venta de Eritaña

– Un almuerzo en honor de los Hermanos Álvarez Quintero que tiene lugar en la Venta de Eritaña, con la presencia del Alcalde y otras personalidades. El cante corre a cargo de La Pompi, El Colorao y Manuel Torres, con las sonantas de Moreno y el Niño de Huelva:

“… Terminado el almuerzo, […] se organizó una animadísima fiesta de cante flamenco y jondo, en que rivalizaron, contribuyendo con su arte y sus facultades, los magos de la sonanta Moreno y Niño de Huelva, y los famosos cantaores Colorao, La Pompi y Manolo Torres, […] que ‘tiene del cante una cepa y cuando quiere florear, le mete un jardín al cante’ (El Liberal de Sevilla, 19-3-1925).

– Una fiesta ofrecida por el diestro Ignacio Sánchez Mejías en su finca de Pino Montano, en la que, tras una becerrada y varios números de baile protagonizados por las alumnas de Realito, llega el momento del cante, con La Pompi, el Niño de Huelva y el Niño de Marchena:

“Cuando oscureció […] Realito y sus discípulas bailaron durante un buen rato sevillanas y bulerías. En otra rotondita hubo canto flamenco, con guitarras, a cargo de la ‘Pompi’, el Niño de Huelva y el ‘de Marchena’. Y también cantaron, con estilo tan depurado como los profesionales, las hermanas Pérez de Guzmán, que son tres muchachas muy estimadas en la sociedad sevillana. La concurrencia a la fiesta, muy distinguida” (La Época, 1-5-1925).

El Niño de Marchena

El Niño de Marchena

– Dos fiestas en honor de los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia ofrecidas por los Duques de Alba en el Palacio de las Dueñas, una en 1925 y la otra en 1927, con un elenco de lo mejorcito que se pueda imaginar.

En la primera actúan la Niña de los Peines, Chacón, Montoya, La Macarrona, el Niño de Huelva, el Niño de Marchena y La Pompi. El repertorio se compone de soleares, fandanguillos, tangos, polos y malagueñas:

“En el fondo del salón, un tablado para los artistas flamencos. De éstos, lo mejor del género, lo más clásico, lo más cañí. La ‘Niña de los Peines’, insuperable en su estilo; Chacón, el maestro; Montoya, el guitarrista; la ‘Macarrona’, la bailadora; el gitanillo ‘Niño de Huelva’; el ‘Niño de Marchena’, la ‘Pompi’… La espuma de la flamenquería, en fin. […] Fiesta interesante, clásica, que se dilata hasta la madrugada con arreglo al protocolo de estas fiestas. Rondas de cañas de olorosa manzanilla, a la que hacen los honores las aristocráticas inglesas. Palmas tocadas por manos ilustres. Soleares, fandanguillos, polos, tangos, malagueñas. Suspiros de guitarra, tocada por el mejor tocador del mundo…” (La Época, 24-4-1925).

En la segunda fiesta, el baile lo pone Soledad la Mejorana y el cante corre a cargo de Chacón, Montoya, las dos hermanas Pompi y la Niña del Patrocinio, entre otros artistas:

“… en un tablao Soledad la Mejorana, la famosa bailaora, sobrina y heredera universal de Pastora, ponía cátedra de salero, y don Antonio Chacón […], acompañados a la guitarra por Montoya y jaleados por las populares cantaoras las Pompis. También tomó parte otra joven cantaora, la Niña del Patrocinio’” (El Correo de Andalucía, citado en La Voz, 2-5-1927).

Soledad la Mejorana (Revista Popular, 1-7-1927)

Soledad la Mejorana (Revista Popular, 1-7-1927)

Una anécdota ‘real’

En la entrevista concedida a La Voz de Sur al final de su vida, Luisa Ramos refiere una curiosa anécdota que le sucedió durante de una de esas veladas ofrecidas en el Palacio de las Dueñas en honor de los Reyes:

Un susto
– Y en el Palacio de las Dueñas, de Sevilla, – continúa – allí sí que he actuao yo veses. Delante del Rey, de Don Miguel Primo de Rivera, de los Duques de Alba, la de Santoña… Al Rey le gustaba mucho el flamenco. Un día me llevé un susto que me duró el tembló tres días. Figúrese que estaba yo sentá, esperando que me llamaran pa actuá, y el Rey desde una butaca me señala y le pregunta a la Santoña:
– Oye, Sol, ¿qué hace aquí esta mujer?
– Ésta es ‘La Pompi’, una cantaora – le respondió Sol.
– Yo no la he oído – dijo el Rey.
– ¡Pompi!
– Mande, señora duquesa.
El Rey quiere oírte.
– Bueno, pos me acompañó con la guitarra ‘El Huelva’, y yo canté una copla que decía:

Era mi queré más grande
que la voluntad de Dios,
porque Dios no te perdona
lo que te perdono yo.

– ¡Repite eso! – me dijo el Rey, y yo lo repetí, y al terminar vuelve a decirme: – ¡Repite eso! – Osú, yo estaba asustaíta perdía. ¡Dios mío! ¿qué querrá desí esta letra que estoy cantando? Y a las tres veses me levanté y me salí por una galería que había, y entonces el Conde de los Andes, que estaba por allí, me dijo: – No te asustes, Pompi, es que al Rey le ha gustao la copla.
– Bueno, po aquella noche canté otra vé, y me dice el Rey:
– ¡Qué simpática eres, mujé!
– ¡Ea, po más simpático es usted! – le dije yo, y el Rey se levantó y me dio la mano, y nos dieron una ovación” (La Voz del Sur, 23-7-1950) (2).

 

Algunos cantes de Luisa la Pompi, por cortesía de Pedro Moral:

 


NOTAS:
(1) Todas las noticias extraídas de la prensa de Sevilla han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y están disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

(2) Entrevista publicada por Javier Osuna en su espléndido blog Los Fardos de Pericón.


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (I)

Una de las señas de identidad de la capital hispalense es su Semana Santa, una gran manifestación artística, religiosa y popular en que la oración se vuelve cante y vuela desde los balcones en forma de saeta.

Desde hace más de un siglo, al paso de las cofradías, los mejores artistas flamencos han lanzado sus plegarias al cielo de Serva la Bari ante una multitud enfervorecida. Voces como las de Pastora Pavón, Manuel Centeno, La Pompi o el Niño Gloria retumbaban cada primavera en la noche sevillana; aunque, si hay un nombre que huele a incienso, cera y azahar, ése es sin duda el de Rocío Vega Farfán, más conocida como La Niña de la Alfalfa.

Rocío Vega Farfán (Mundo Gráfico, 10-5-1916)

Rocío Vega (Mundo Gráfico, 10-5-1916)

Nacida en la localidad sevillana de Santiponce el 24 de marzo de 1894 (1), pronto se trasladó con su familia a vivir a la capital, donde sus padres regentaban un puesto de leche y queso. Pasó su infancia en la calle Boteros, junto a la Plaza de la Alfalfa, y desde pequeña heredó de su madre la afición por el cante.

Por una promesa

Debutó como saetera en la Semana Santa de 1916, como consecuencia de una promesa ofrecida a la Virgen del Refugio, de la Hermandad de San Bernardo. La propia Rocío lo cuenta en primera persona, en una entrevista concedida años más tarde al periodista C. Giovanni Canonico:

“Vivíamos pobres y la lucha por el pan se hacía horrible, y de este pensamiento y que el estómago estaba casi siempre vacío, una fuerte anemia se me acarreó a la cabeza, perdiendo en menos de veinte días la vista. Se acercaba la Semana Santa y tanto era el dolor que yo tenía por no verla, que le dije a mi madre: Mira, yo voy a cantarle a la Virgen, a ver si me devuelve la vista. Y cogida de la mano, mi madre me llevó donde estaba la Virgen y me puse a cantar:

‘Madre mía del Refugio
Tú has sido mi intercesora;
me has devuelto la salud
hermosísima Señora
que a mis ojos diste luz’” (Correo Extremeño, 23-12-1928).

La Virgen del Refugio a su paso por el puente de San Bernardo (ABC de Sevilla)

La Virgen del Refugio a su paso por el puente de San Bernardo (ABC de Sevilla)

La prensa de la época se hace eco de la sorpresa y el revuelo causados por la saeta de aquella muchacha, entonces desconocida:

“Al pasar la cofradía de San Bernardo por la Plaza de Mendizábal, una joven vecina del barrio llamada Rocío Vega cantó irreprochablemente desde uno de los balcones de la citada plaza varias saetas, que produjeron gran entusiasmo en el público que allí se aglomeró, el cual hizo que volvieran los ‘pasos’ dando frente a la citada joven” (El Correo de Andalucía, 21-4-1916) (2).

“Una explosión de entusiasmo salió del público que llenaba la plaza; los vítores, aplausos y requiebros a la genial cantadora se repetían sin cesar, y el ‘paso’, por imposición de la gente, se detuvo largo rato ante la casa de ‘la Niña de la Alfalfa’, consagrada en Sevilla desde entonces como una de las mejores intérpretes de la canción de tan difícil ejecución” (La Correspondencia de España, 25-6-1920).

Y se armó la apoteosis

Tanto gustaron las saetas de Rocío, que al día siguiente requirieron su presencia en el Círculo de Labradores para cantarle al Señor del Gran Poder. Según Angelita Yruela Rojas, “tendría que hacerlo, por estar prohibida la entrada al sexo femenino, desde el último balcón, y así lo hizo. ¡Qué lío, madre! La bulla de la gente por conocer a la diminuta cantaora fue tanta que hasta rompieron los cristales de los escaparates de las tiendas vecinas” (ABC de Sevilla, 22-7-1975). Así lo contó El Correo de Andalucía:

“Desde uno de los balcones del Círculo de Labradores e invitada por algunos distinguidos socios del mismo cantó la agraciada joven Rocío Vega, que tantos aplausos ha conquistado durante toda la Semana Santa, un sinnúmero de saetas de variadísimo estilo y buen gusto.

Constituyó la nota saliente de la noche el entusiasmo y admiración que produjo la potente y bien timbrada voz de la joven entre los millares de personas que allí se aglomeraron, obstruyendo el paso por calle Sierpes y vías afluentes.

Al paso de la Virgen de la O, las muestras de admiración subieron de tono, vitoreándose a la Virgen y aplaudiéndose con entusiasmo a Rocío Vega, que cantó dos saetas de forma verdaderamente prodigiosa” (22-4-1916).

Caseta del Círculo de Labradores en la Feria de Sevilla (principios del siglo XX)

Caseta del Círculo de Labradores en la Feria de Sevilla (principios del siglo XX)

Con la bendición de Sus Majestades

Había nacido una estrella. Tal fue la sensación causada por la joven Rocío -bautizada por el periodista Galerín como La Niña de la Alfalfa– que, sólo unos días más tarde de su sorprendente debut, fue elegida para ofrecer un recital de cante en la Caseta del Círculo de Labradores, con motivo de la visita de los Reyes de España a la Feria de Sevilla.

El cante de Rocío -por tangos, malagueñas, guajiras, peteneras, tientos…- cautivó especialmente a la Reina Victoria Eugenia, que no quiso perder la ocasión de oír sus ya famosas saetas.

“Con la suntuosidad y buen gusto que caracterizan a esta aristocrática sociedad, se verificó esta mañana en el amplio salón de dicha caseta un baile, en el que distinguidas y hermosas jóvenes, ataviadas a la andaluza, bailaron como sólo saben hacerlo las sevillanas, las clásicas seguidillas.

[…] En los intermedios, la joven Rocío Vega, acompañada a la guitarra por el artista Antonio Moreno, cantó malagueñas y tangos, cosechando abundantes aplausos.

También cantó con mucho gusto varias saetas, que le valieron nutridas ovaciones.

[…] A la hora indicada se dio por terminado el baile, marchando a la elegante morada de don Patricio Medina Garvey los artistas Antonio Moreno y Rocío Vega, para dar un concierto ante las numerosas amistades de aquél” (El Noticiero Sevillano, 1-5-1916).

“Pusieron un decorado más o menos bonito, y entre cortinas cantó Rocío, acompañada a la guitarra por Antonio Moreno, por guajiras, peteneras, tientos… Al oír su voz Doña Victoria Eugenia se interesó por ella y por sus saetas. Rocío le dijo que su saeta estaba inspirada en el pregón de la sentencia de Santiponce, y que por eso tenía ese sabor místico y reminiscencias de salmos religiosos. Quiso oír la soberana esa mezcla de carceleras, martinetes y salmos, y al escucharla quedó maravillada” (Angelita Yruela Rojas, ABC de Sevilla, 22-7-1975).

Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia durante su visita a la Feria de Sevilla de 1916

Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia durante su visita a la Feria de Sevilla de 1916

Sus inimitables saetas

Años más tarde, al desvelar el secreto de su éxito, Galerín se referirá precisamente a ese sabor añejo de sus saetas, aprendidas de su madre, que sólo ella sabe interpretar de esa manera:

Rocío Vega se dio a conocer cantando unas saetas al viejo estilo, sin gorgoritos, ni ayes, ni tercios por seguiriyas. Eran unas saetas que cantara su madre, hoy vieja y ciega, en sus mocedades. Por eso llamaron tanto la atención:

Dónde vas tú, Virgen Pura,
tan afligía y llorosa;
vas a darle sepultura
a la prenda más hermosa
que Dios tuvo en las alturas.

Saeta sencilla, sin ayes ni lamentos, sin esos ¡Ay, ay, ay, ayyyyyyy!… que duran más que el dolor mismo…

Rocío sabe cantar y canta las saetas de los profesionales; pero la antigua, la suya, no la canta más que Rocío” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1935).

La siguiente aparición pública de La Niña de la Alfalfa tiene lugar unos días más tarde en la verbena de su barrio, en honor de la Virgen de la Salud. En ella también participan, entre otros artistas, la Banda Municipal de Música de Sevilla, dirigida por el maestro Font; el cuadro de baile de Ángel Pericet o la polifacética Luisa Roldán, La Oterito.

Si el primer día de festejos Rocío Vega se resistió a cantar, a pesar de la insistencia de sus admiradores, la segunda noche “se mostró […] más complaciente, y ofreció una pequeña audición de cante jondo, acompañándola muy bien el profesor de guitarra Manuel Rodríguez” (El Liberal de Sevilla, 13-5-1916). Finalmente, se arrancó por saetas, para el deleite de sus convecinos.

 

Algunos cantes de la Niña de la Alfalfa, por cortesía de Pedro Moral:

NOTAS:

(1) Así consta en su acta de nacimiento. Sus padres eran Manuel Vega Moreno, natural de Sevilla, y Rafaela Farfán Mendoza, de Santiponce, y se encontraban domiciliados en dicha localidad sevillana.

(2) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.