Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Quica, maestría y temperamento (I)

“Esta mujer, de rostro moreno y esbelta figura, viste con irreprochable propiedad el traje de flamenca, dando la sensación de pertenecer a la más depurada raza cañí, aunque no es gitana.

Sin duda alguna es la bailadora de más temperamento que se conoce hoy y de las que mejor saben llevar las batas de cola y el pañolillo de Manila” (1).

Así describe Fernando el de Triana a Francisca González Martínez, bailaora sevillana nacida en 1905 y conocida artísticamente como “La Quica”. En su ciudad natal, esta artista se inicia en el mundo de la danza en la academia del maestro Otero y debuta junto a Antonio de Triana en el Salón Imperial (2).

Francisca González, La Quica

Francisca González, La Quica

Más tarde se une, tanto en la vida como en el arte, a Francisco León, Frasquillo, con quien abre una academia de baile en el Corral del Cristo, en la sevillana calle Pedro Miguel. La pareja también actúa en distintos escenarios, como el del antiguo Salón Olimpia, en la calle Amor de Dios (3).

De gira por España junto a Frasquillo

A finales de la década de los veinte, La Quica y Frasquillo emprenden una gira por España junto a una compañía de ópera flamenca en la que figuran algunos de los mayores artistas del momento, y de todos los tiempos, tales como Antonio Chacón, la Niña de los Peines o Manuel Vallejo.

Durante el verano de 1928, el grupo se presenta en ciudades como Valencia, Córdoba, Cádiz o Badajoz. En El Noticiero Gaditano podemos leer los nombres que componen el elenco:

“Anoche se celebró en el Parque Genovés un grandioso concierto de cante flamenco.

El programa estaba confeccionado con los mejores elementos flamencos que existen en España.

Los artistas que tomaron parte fueron don Antonio Chacón, ‘pontífice del cante jondo’, Niña de los Peines, Manuel Vallejo, José Cepero, Guerrita, Chato de las Ventas, Bernardo el de los Lobitos, y el Niño de Sevilla.

Los tocadores de guitarra eran Ramón Montoya, Luis Yance, Manuel Martell y Manuel Bonet.

Figuró un numeroso cuadro de zambra gitana compuesto por Carmen Vargas, Juan Sánchez (Estampío), Frasquito, Rovira, El Tobalo, La Quica, Carmelita Borbolla, Los seis gitanos de la Cava de Triana, Lolita Almería, Manolita la Macarena y La Gabrielita.

Se interpretaron soleares, fandangos, seguidillas, tangos, malagueñas.

Lograron distinguirse la Niñas (sic) de los Peines, Cepero, Guerrita, Montoya y Estampío que fueron ovacionados en sus ‘artes’.

Los demás fueron igualmente aplaudidos” (6-8-1928).

El cantaor Antonio Chacón

El cantaor Antonio Chacón

En los años siguientes, La Quica participa en distintos cuadros flamencos encabezados por Frasquillo. Así, por ejemplo, en julio de 1931 se presenta en la plaza de toros de ValenciaEl alma de Andalucía”, un

espectáculo compuesto por varias escenas, entre ellas una de sevillanas, dirigida por el maestro Frasquillo y en la que toman parte las siguientes bailaoras:

“Pepa La Carbonera, Rosario La Gitana, Asunción La Belmontina, Carmela la Periget, Lola la Periget Chica, Teresa La Serrana, María la Granadina, Antoñita La Cartujana, María la Faraona, Antonia la Faneta y Paca González, La Quica” (La Correspondencia de Valencia, 14-7-1931).

En el cartel también destacan artistas como los cantaores Guerrita o La Minerita, y una zambra gitana del Sacromonte dirigida por Angustias la Emperadora y las hermanas Gazpacha.

De Sevilla a Madrid, con parada en Córdoba

En 1933, la familia formada por La Quica y Frasquillo se traslada a Madrid, con el fin de impulsar la carrera artística de su hija Mercedes, que, a sus once años de edad, comienza a despuntar como una gran bailaora en potencia.

En junio de 1934, el cuadro familiar actúa en Córdoba al menos en dos ocasiones. Les acompaña a la guitarra Antonio Álvarez:

“Sobre un tablado, al aire libre, aparece un cuadro flamenco con la prosopopeya de ritual; allí están La Quica, su niña La Quica hija, Frasquillo y el concertista mago de la guitarra Antonio Álvarez. Comienza a oírse el rasgueo de aires gitanos, se hace un silencio devoto en la concurrencia y La Quica, que baila maravillosamente, y Frasquillo, que es un maestrazo del género, bordan farrucas, alegrías y bulerías gitanas entre palmas, jaleos y olés que marcan el ritmo.

Después Mercedita, la pequeña flamenquilla, se levanta, se estira, avanza, alza los brazos como Pastora, se retuerce y baila como una miniatura de ‘La Macarrona’ o de ‘La Malena’, insuperablemente” (El Sur, 23-6-1934).

Mercedes León, hija de La Quica

Mercedes León, hija de La Quica

“Anoche, en el Kiosco ‘Duque de Rivas’, tuvo lugar un espectáculo muy ambientado y típico cordobés.

En primer lugar, Merceditas León, hizo una gran exhibición de su arte, arte puro castizo andaluz.

La Quica bailó como nunca: hizo a ‘grosso modo’ unas interpretaciones magníficas del baile cañí, que saturó el ambiente perfumado de los jardines de La Victoria de colorido.

Mientras tanto, Antonio Álvarez rasgueaba su guitarra, agarena, haciendo sonar primorosamente sus cuerdas en preciosa melodía: se dejaba oír un fandanguillo, una malagueña, un dulce suspiro andaluz; mientras Frasquillo zapateaba en el tablado con rabia, con fuerza tal y brío tan certero que, a pesar que creíamos iba a resultar pesado, al contrario, daba matices a la melodía que Álvarez interpretaba” (La Voz, 3-7-1934).

Nueva compañía y academia de bailes

En diciembre de ese mismo año, La Quica, Frasquillo y su hija Mercedes visitan la redacción del Heraldo de Madrid, donde ofrecen una pequeña actuación. Además, el maestro expone los motivos que les han llevado a instalarse en la capital de España y presenta a los integrantes de su nueva compañía:

“Ahora hacía tiempo que [Frasquillo] vivía retirado voluntariamente en su casa de Sevilla, bailando sólo ‘para los amigos’ cuando sentía ganas de un ratito de juerga.

Pero he aquí que el flamenco se da un día cuenta exacta de que su hija Merceditas es, a los once años, toda una magnífica bailarina en capullo. La chiquilla siente la vocación irresistible del baile andaluz. Y el padre […] vuelve por ella a la lucha. Hay que hacerle un nombre a Mercedes León, porque ‘la niña lo merese’. Y viene a Madrid con ella, y con su mujer, ‘bailaora’ también, y de las buenas: Francisca González, ‘la Quica’, y Rafael Cruz, un mocito ‘bailaor’ discípulo suyo, que armará también el alboroto cualquier día. Les acompañan en la jira (sic) y en los tablaos el buen ‘cantaor’ ‘Bernardo el de los Lobitos’ y un ‘tocaor’ que sabe lo que hay que saber en lo de tocar la ‘sonanta’: Manuel Bonet” (Heraldo de Madrid, 5-12-1934).

La Quica, Mercedes León y Frasquillo en su visita al Heraldo de Madrid (5-12-1934)

La Quica, Mercedes León y Frasquillo en su visita al Heraldo de Madrid (5-12-1934)

Poco después, la pareja abre una nueva academia de baile en el número 5 de la plaza General Vara del Rey, en pleno Rastro madrileño, donde continúan con la labor docente que ya venían desarrollando en Sevilla. Al mismo tiempo, el cuadro flamenco dirigido por Frasquillo, del que forman parte tanto La Quica como su hija Mercedes, se anuncia con frecuencia en distintos locales, sobre todo de la capital.

Así, en los primeros meses de 1935 encontramos al grupo en el Circo Price, en la sala Casablanca o en el Teatro Martín; y en el mes de junio participan en la fiesta-homenaje a Fernando el de Triana, organizada por La Argentina en el Teatro Español. La Quica, Frasquillo y su hija figuran entre los artistas más destacados de la noche:

“Si grandes fueron las ovaciones que se prodigaron a Pericet y su cuadro […], no fueron menos cálidas y entusiásticas las que se tributaron […] al estupendo cuadro de baile flamenco del famoso maestro Francisco León ‘Frasquillo’. Tanto éste como su mujer, ‘La Quica’, y su hija Merceditas León […], Rafael Cruz, y el célebre ‘bailaor’ antiguo ‘El Estampío’, monopolizaron, puede decirse, los mejores y más reiterados aplausos de la noche” (Heraldo de Madrid, 24-6-1935).


NOTAS:
(1) RODRÍGUEZ GÓMEZ, Fernando (el de Triana), Arte y artistas flamencos, Sevilla, 1935.
(2) Datos proporcionados por José Luis Navarro García en su obra Historia del baile flamenco, Vol. 2, Sevilla, Signatura, 2009.
(3) Datos aportados por el bailaor Enrique el Cojo, en una entrevista publicada por el diario ABC de Sevilla, el 21-4-1981.


La Joselito, el alma de Andalucía en París (I)

“Él me dijo: ‘tú te llamarás La Joselito’. – ‘¡Pero es un nombre masculino!’ – ‘Si le pones un ‘la’ es femenino’. […] – ‘¡Tú serás famosa como yo y te llamarás como yo!’ Me echó una caña de jerez por la cabeza y escribimos en los carteles de la época ‘La pequeña Joselito’” (1) (2).

De este modo explica el origen de su nombre artístico la bailaora Carmen Gómez. Cuando el célebre torero Joselito el Gallo la rebautizó aún era una niña, pero los vaticinios del diestro se cumplieron y la joven artista no tardó en saborear las mieles del triunfo, especialmente en Francia, donde transcurre la mayor parte de su intensa y apasionante existencia.

Sus primeros años de vida

Carmen nace en 1906 en Cartagena, pero poco después la familia se traslada a Barcelona, de donde es originaria la madre. Sin embargo, la pequeña pasa sus primeros años viajando por toda la geografía española con sus padres, que se dedican a la venta ambulante. Aunque no lo son, viven cual si fueran gitanos nómadas; van de un sitio a otro en un carromato tirado por un caballo, en el que duermen y transportan sus mercancías; y, para completar sus ingresos, cantan y bailan en la calle.

La pequeña Carmen Gómez junto a su padre

La pequeña Carmen Gómez junto a su padre

Según el testimonio de la artista, “Mi padre […] tocaba la guitarra y mi madre bailaba, pero como tuvo muchos hijos y no podía ocuparse del baile y de los niños, tuvo que dejarlo”. Asimismo, su abuela materna había sido ‘La Berenguera’, una gran bailarina clásica, mundialmente conocida, que tuvo que abandonar su carrera por amor. Con estos antecedentes, la pequeña Carmen parece estar predestinada al arte.

Durante sus viajes por Andalucía, se divierte bailando con otros niños y niñas. “Íbamos a Sevilla, a Málaga, a Jerez y a todos los pueblecitos. Mientras que mi padre vendía, yo me iba con los niños a bailar y, de ver a aquellos pequeños bailar por bulerías y farrucas, yo aprendía”.

En una de sus visitas a Sevilla, la pequeña Carmen tiene la oportunidad de conocer a Juana Vargas, La Macarrona, una de las mejores bailaoras de la época dorada del flamenco, que desempeñará un papel fundamental en su formación como artista.

La Macarrona vivía en el centro de Sevilla, en un lugar que se llama La Alameda de Hércules. Yo veía bailar a esa señora, que me gustaba mucho, y un día fui a su casa. Mi madre me buscaba por todas partes, yo tenía cinco años y estaba en casa de la Macarrona. Ella me dio café con leche; me explicaba los movimientos de los brazos y todo eso… Me quería mucho”.

Cuando Carmen tiene unos diez años de edad, la familia se establece permanentemente en Barcelona. Según la propia artista, en esa decisión pesa bastante la opinión de sus maestros, Juana la Macarrona y Antonio de Bilbao, que “se encontraban un día en Barcelona. Le dijeron a mi padre: ‘dejad a la pequeña aquí, no os vayáis, cambiad de oficio. Esta niña bailará muy bien algún día’. Entonces mis padres se quedaron”.

Bautizada por Joselito y su madrina, la Macarrona

Según el testimonio de La Joselito, en esa época la Macarrona viaja con relativa frecuencia a Barcelona y, cada vez que lo hace, aprovecha para darle clases. Además, es ella quien introduce a Carmen en el mundo artístico de la capital catalana, en cuyos cafés cantantes se dan cita cantaores y bailaores llegados de toda Andalucía.

Juana la Macarrona

La bailaora Juana la Macarrona

En aquellos años, con el fin de darse a conocer, la joven baila para los amigos y participa en festivales benéficos. Ella misma nos relata una de sus primeras apariciones en escena, junto a su maestra:

“A veces la Macarrona venía a comer con nosotros. Una noche le habló a mis padres sobre un festival benéfico que iba a celebrarse al día siguiente, en el que tomarían parte todos los grandes artistas flamencos. Yo supliqué que me dejaran ir, pero mi padre dijo que yo era demasiado joven. La Macarrona me hizo un guiño y susurró: ‘Escápate, coge tu traje y el sombrerito y dámelos discretamente. Le diré a tus padres que vienes a comer conmigo mañana’. Se llevó mi ropa y al día siguiente vino a buscarme. Me escondí bajo la cola de su vestido. Todos los artistas que participaban en ese gran cuadro estaban sentados en el escenario. Cuando el guitarrista empezó a tocar la farruca para Ramírez, que iba a bailar, salí de debajo de las faldas de la Macarrona como un torbellino, vestida con pantalones largos y mi sombrerito” (3).

De este modo, cuando es todavía una niña, y bajo la protección de la célebre bailaora sevillana, Carmen empieza a codearse con las estrellas del flamenco de la época. Asimismo, según su propio testimonio, a los doce años de edad realiza su primera gira por Europa –Londres, París, Bélgica…-, para participar en un espectáculo del famoso cantante de tangos Carlos Gardel. La acompañan su madre y Juan Relámpago, un amigo de su padre que se ha convertido ya en su guitarrista de cabecera.

El torero Joselito el Gallo

El torero Joselito el Gallo

La precoz bailaora pronto se convierte en una presencia habitual en los mejores cafés cantantes de Barcelona, como el Villa Rosa, el Ca’ d’Escanyo o El Dorado. Los dueños de esos locales incluso llegan a sobornar a la policía, para que ésta haga la vista gorda, ya que Carmen aún no ha cumplido la edad mínima para poder trabajar en ellos. Es precisamente en Villa Rosa donde el torero Joselito la rebautiza con el que a partir de entonces será su nombre artístico.

La Joselito, entre los mejores artistas flamencos de Barcelona

En los citados cafés, La Joselito convive con la flor y nata de la flamenquería de la época, como la Macarrona, la Malena, la Niña de los Peines, Estampío, Antonio de Bilbao o la Tanguerita, de quienes aprende los pasos y bailes que poco a poco van conformando su repertorio artístico. Ello despierta las susceptibilidades de algunas de esas estrellas, que no llevan muy bien el que una niña les robe protagonismo. Carmen relata como ejemplo su enfrentamiento con Rafaela Valverde, la Tanguerita, durante una actuación de ambas en el Circo Barcelonés:

“El público aplaudía como loco. Yo todavía era muy joven, y cuando eres joven y haces algo bien, causa impresión. La Tanguera tenía que bailar después de mí y apenas le prestaron atención. Ella era una gran bailaora de farrucas pero, qué podía yo hacer si les gustaba tanto. Cuando terminó, corrió llena de rabia hacia mí, que estaba entre bastidores, y me dio una bofetada. […] Pero hay que entenderla. Ella era una gran bailaora de farrucas. ¡Y yo había bailado su farruca! La copié de ella, lo mismo que mis otros bailes”. (3)

Sin embargo, no todo son celos y desencuentros entre los flamencos. Cuando Carmen contrae el tifus, a los trece años de edad, los artistas hacen un fondo común para costear su tratamiento, e incluso organizan un festival a beneficio de la joven. En una revista catalana encontramos la siguiente reseña, que -no sin sorna- tal vez se refiera al mencionado espectáculo:

“¿Qué es lo que veo? En el cartel de La Marina anuncian a la Señora La Joselito. Un amigo que salía de las instalaciones decepcionó mi curiosidad. La señora no es lo que yo pensaba, La Joselito no es ningún ejemplar de perversidad bisexual, como su nombre podría hacer suponer. Es una precoz artista que celebró el jueves su beneficio y que tuvo mucho éxito” (Papitu, 4-12-1918).

La pequeña Carmen Gómez, La Joselito

La pequeña Carmen Gómez, La Joselito

En esa época, la joven artista también se prodiga en fiestas privadas organizadas por ricos industriales y músicos catalanes:

“Yo bailaba mucho entre amigos… Buenos guitarristas clásicos, como Segovia, Llobet y Tárrega, eran músicos ricos. Tocaban para sí mismos. […] Tenían fábricas, vivían de otra cosa. Yo iba a bailar para ellos, bailábamos entre nosotros, y cuando daban una gran fiesta, todo el mundo le pagaba a La Macarrona para que fuésemos a bailar para ellos. Había grandes directores de fábrica, gente que tenía mucho dinero” (1).

A pesar de su corta edad, Carmen se ha convertido en el sostén de su numerosa familia. Cada vez más solicitada, la joven trabaja junto a los mejores artistas flamencos del momento, y con algunos de ellos incluso realiza giras por España. En la prensa de la época encontramos referencias a varias de esas actuaciones. Por ejemplo, en mayo de 1917, La Joselito debuta en el Salón las Columnas de Bilbao; en julio de 1919 se anuncia en el Teatro Circo Barcelonés como “la reina del canto flamenco” (La Vanguardia, 31-7-1919); y un mes más tarde figura en el cartel del Gran Salón Cine Doré “La Joselito, bella y notable canzonetista y bailarina, bailes flamencos acompañada por el celebrado profesor de guitarra Juanito El Dorado” (Veu de Catalunya, 1 al 15-8-1919).

NOTAS:

(1) CATHELIN, Annie, La Joselito à l’Âge d’or du flamenco, París, L’Harmattan, 2013.

(2) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.

(3) CLAUS, Madeleine, “La Joselito”, en SCHREINER, Claus (ed.), Gipsy dance and music from Andalusia, Portland, Amadeus Press, 1990.


La Pompi, una cantaora imprescindible en los mejores eventos

Luisa Ramos Antúnez, conocida artísticamente como “La Pompi”, nació en Jerez de la Frontera en 1883, en la calle Nueva del flamenquísimo barrio de Santiago. Tanto ella como su hermano Rafael, “el Niño Gloria”, y su hermana Manuela “la Sorda” tenían buenas cualidades para el cante. Juntos trabajaron en un cortijo de Jerez, del que su padre era capataz, hasta que decidieron hacer carrera como profesionales en el mundo del flamenco. Esto sucedió, en el caso de la Pompi, recién estrenado el siglo XX, tal y como ella misma relata en una entrevista concedida a La Voz del Sur en 1950:

“… empecé a cantar a los dieciocho. […] En Jerez; en mi tierra. Fue en “La Primera”, un café cantante que estaba frente a la Plaza. Allí actuaban Manuel Torres, el Niño Medina, Carmelita Borbolla, Mariquita la Roteña… […] Luego a Sevilla. A “La Bombilla”. Con Chacón, Manuel Escacena, Pastora Pavón, La Niña de los Peines… Después a La Barqueta”.

La Pompi junto a sus hermanos, La Sorda y el Niño GloriaLa Pompi junto a sus hermanos, La Sorda y el Niño Gloria

Los comienzos de Luisa Ramos Antúnez en el mundo artístico no pudieron ser más prometedores, a juzgar por las grandes figuras de las que se rodeó, tanto en Jerez como en Sevilla. En octubre de 1913, Eco artístico anuncia la actuación en el “Salón Primera de Jerez” de un “imprescindible cuadro flamenco”, con “Antoñita la Coquinera, popular y simpática bailadora, en unión de las cantadoras por ‘lo jondo’ La Pompi y Sebastianita”, que “son aplaudidas a diario” (15-10-1913) por el público asistente.

De Jerez a Sevilla

A la capital andaluza se traslada la artista junto a sus hermanos; y, tras su paso por los cafés “La Bombilla” y “La Barqueta”, entra a formar parte del elenco del Kursaal y, más tarde, del Kursaal-Internacional, donde comparte cartel con artistas como la Posaera, la Camisona, la Nona o La Rubia de Jerez.

En 1919, La Pompi, La Sorda y el Niño Gloria se presentan en el Salón Variedades de Sevilla, en un homenaje al cantaor Antonio Silva “El Portugués”, en el que también intervienen el Cojo de Málaga, José Cepero, Fernando el Herrero y Manuel Vallejo, entre otros artistas.

Dos años más tarde, siempre en la capital hispalense, Eco artístico sitúa a Luisa Ramos Antúnez en el Ideal Concert:

“Sevilla. Ideal Concert.- Actúa un cuadro flamenco bajo la dirección de Manuel Ortega ‘Caracol’ en el que el figuran Rita y Rosario Ortega ‘La Farrié’, Carlota Ortega, Manuela Moreno ‘La Piruli‘, Emilia Juana Vargas y Antonia Ramírez; las cantadoras de flamenco La Pompi y La Moreno, y los tocadores de guitarra Baldomero Ojeda y Juan el de Alonso; las bailarinas La Clavellina, Anita Blanco, Matilde Sánchez, Lolita Sánchez, Gloria de Castro y Salud Miranda; las cancionistas y bailarinas La Moderna Sevillanita y Socorrito Benabat, la cancionista Blanca de Valencia y el cantador de flamenco José López Cepero” (30-11-1921).

En marzo de 1923, La Voz menciona a Manuel Centeno como el mejor cantaor de saetas del momento, y cita también a otros artistas que “alternan” con él, como Cepero, Vallejo o la Pompi. De hecho, aunque fue una cantaora muy completa, Luisa Ramos Antúnez destacó especialmente en las saetas y en las bulerías.

En la entrevista antes mencionada, la artista también se refiere a su actividad como saetera, en La Campana de Sevilla y posteriormente en Jerez:

1.500 pesetas por noche. Hay que cantarle a toas las cofradías que pasen, sean diez o doce. El año pasao canté aquí en El Lebrero y en la entrá de la Yedra. Y en esta calle al Santo Entierro de recogida. El Marqués de Domecq, que estaba escuchando, dijo: – ‘Ésa, ésa es la que sabe cantar’. – Y es que yo vocalizo muy bien” (La Voz del Sur, 23-7-1950).

Como cantaora de bulerías, según José Blas Vega, a la Pompi se le atribuye, junto a artistas como El Gloria, Juanito Mojama o Pastora Pavón, el haber perfeccionado y elevado a la categoría de obra de arte las bulerías de Jerez. Otros palos en los que destacó fueron las soleares, soleares por bulerías, fandangos, seguiriyas y villancicos flamencos.

En marzo de 1925, la cantaora actúa en un almuerzo celebrado en la Venta Eritaña de Sevilla en honor de los hermanos Álvarez Quintero. En el evento intervienen, además de la Pompi, los cantaores Manuel Torre y el Colorao, así como los guitarristas Moreno y Niño de Huelva.

La Pompi junto a otros artistas participantes en el homenaje a los Álvarez QuinteroLa Pompi junto a otros artistas participantes en el homenaje a los Álvarez Quintero

Un mes más tarde, Luisa Ramos Antúnez figura en el elenco de artistas contratados para actuar en una fiesta andaluza organizada por los Duques de Alba en el sevillano Palacio de las Dueñas, con el fin de agasajar a los Reyes de España.

“En el fondo del salón, un tablado para los artistas flamencos. De éstos, lo mejor del género, lo más clásico, lo más cañí. La ‘Niña de los Peines‘, insuperable en su estilo; Chacón, el maestro; Montoya, el guitarrista; la ‘Macarrona‘, la bailadora; el gitanillo ‘Niño de Huelva‘; el ‘Niño de Marchena‘, la ‘Pompi‘… La espuma de la flamenquería, en fin. […]

Fiesta interesante, clásica, que se dilata hasta la madrugada con arreglo al protocolo de estas fiestas. Rondas de cañas de olorosa manzanilla, a la que hacen los honores las aristocráticas inglesas. Palmas tocadas por manos ilustres. Soleares, fandanguillos, polos, tangos, malagueñas. Suspiros de guitarra, tocada por el mejor tocador del mundo…” (La Época, 24-4-1925).

Según relata años más tarde la propia artista, ésta no es la única ocasión en que tiene el privilegio de actuar ante la realeza:

“… en el Palacio de Dueñas de Sevilla, […] allí sí que he actuado yo veces. Delante del Rey, de Don Miguel Primo de Rivera, de los Duques de Alba, la de Santoña… Al Rey le gustaba mucho el flamenco. Un día me llevé un susto que me duró el tembló tres días. Figúrese que estaba yo sentá, esperando que me llamaran pa actuá, y el Rey desde una butaca me señala […] Bueno, pos me acompañó con la guitarra ‘El Huelva‘, y yo canté una copla que decía:

Era mi queré más grande
que la voluntá de Dios,
porque Dios no te perdona
lo que te perdono yo

– ¡Repite eso!- me dijo el Rey, y yo lo repetí, y al terminar vuelve a decirme: – ¡Repite eso!- Osú, yo estaba asustaíta perdía. ¡Dios mío! ¿qué querrá desí esta letra que estoy cantando? Y a las tres veses me levanté y me salí por una galería que había y entonces, el Conde de los Andes, que estaba por allí, me dijo: – No te asustes, Pompi, es que al Rey le ha gustao la copla. Bueno, po aquella noche canté otra ve, y me dice el Rey: – ¡Qué simpática eres, mujé!
– ¡Ea, po más simpático es usted!- le dije yo, y el Rey se levantó y me dio la mano, y nos dieron una ovación” (La Voz del Sur, 23-7-1950).

La Pompi (cuarta por la derecha) en un café cantante sevillanoLa Pompi (cuarta por la derecha) en un café cantante sevillano

Pocos días después, la cantaora vuelve a codearse con lo más granado de la sociedad sevillana, en la fiesta organizada por el torero Ignacio Sánchez Mejías en su cortijo de Pino Montano:

“… luego de la fiesta taurina, cada rincón del jardín luce su fiesta. En el estanque de los pitiporos bailan las discípulas de Realitos. En el patio de los rosales, un jazz-band toca aires de cabaret. En la glorieta llamada de las Confidencias, las Pompis y Marchena le dicen cosas flamencas a la guitarra del Niño de Huelva. Y Pérez de Guzmán, el que ha enseñado a cantar fandanguillos a los cantaores, dice sus quejas a la noche, y las dice con tal brío, que llegan hasta la aurora” (ABC, 6-5-1925).

En mayo de 1927, la Pompi vuelve a ser invitada al Palacio de Dueñas, para actuar en una nueva fiesta organizada por los Duques de Alba en honor de los Reyes de España y del heredero de la corona británica. Como siempre, el cuadro flamenco lo componen artistas de primer nivel:

“… en un tablao Soledad la Mejorana, la famosa bailaora, sobrina y heredera universal de Pastora, ponía cátedra de salero, y don Antonio Chacón, el veterano cantaor, verdadero arqueólogo que nos ha devuelto la caña y el polo y el martinete y los caracoles que yacían casi sepultados en el olvido de los aficionados, acompañados a la guitarra por Montoya y jaleados por las populares cantaoras las Pompis. También tomó parte otra joven cantaora, ‘la Niña del Patrocinio‘ […]” (La Voz, 2-5-1927).

Madrid y Barcelona

Tal era el éxito de Luisa Ramos Antúnez, que, como suele suceder con los mejores artistas flamencos, fue requerida para actuar en Madrid y Barcelona. En la citada entrevista, la cantaora también evoca su etapa en la capital de España: “Tengo mala memoria, pero sin veses que he cantao yo en Madrid, en la Casa de Campo, con el Rey, con el Duque de Medinaceli, con Antonio Chacón, con Montoya, la Niña de los Peines…” (La Voz del Sur, 23-7-1950).

En 1929, el diario La Vanguardia sitúa a la cantaora en la ciudad condal, en el Principal Palace y, posteriormente, en el Teatro Nuevo. En ambos locales actúa el cuadro flamenco del café Villa Rosa, del que forman parte, entre otros, los siguientes artistas: el guitarrista Francisco Aguilera; los bailaores Juana la Macarrona, Tomasa la Pompi, Teresa la Extremeña, Rafaela la Tanguera, Faíco y el Macareno; el cantaor Niño de Linares y “la Pompi, eminente cantaora” (La Vanguardia, 24-9-1929).

En 1930, Luisa Ramos Antúnez, junto a Pastora Imperio y la Macarrona, toma parte en el espectáculo “Una fiesta gitana en Sevilla”, que se anuncia en el Circo Barcelonés y, unas semanas más tarde, en el valenciano Teatro Apolo.

Ese mismo año, la Pompi también está presente en la fiesta celebrada por Juan Pedro Domecq en su finca “El Majuelo” de Jerez, con motivo del segundo cententenario de sus bodegas. Años más tarde, el diario ABC ofrece algunos datos sobre el evento, en un reportaje sobre el guitarrista Javier Molina:

“Fue una fiesta flamenca de la que se habló durante mucho tiempo. De Madrid acudieron para actuar Isabelita de Jerez, su marido Pepe Durán, ‘El Tordo‘, su hija, la hoy famosa bailaora Rosa Durán y el guitarrista Perico el del Lunar; de Cádiz fueron el tocaor Capinetti y Aurelio Sellés, uno de los grandes patriarcas del cante, que aún vive, y de Jerez actuaron, entre otros, Luisita Requejo, La Pompi, el Niño Gloria… A las cuatro de la mañana se incorporó el genial Manuel Torre” (24-5-1968).

La cantaora Luisa Ramos Antúnez, La PompiLa cantaora Luisa Ramos Antúnez, La Pompi

A partir de este momento, pocas referencias más encontramos en prensa sobre Luisa Ramos Antúnez, que fallece en 1958. Sin embargo, años después de su desaparición, aún continúa siendo un referente para muchos cantaores y cantaoras, que evocan su recuerdo en los cafés cantantes sevillanos, en las tabernas de la Alameda de Hércules o cantando saetas en La Campana. Así, por ejemplo, en una entrevista concedida al diario ABC en 1981, el cantaor Chocolate confiesa lo siguiente: “De los artistas antiguos al que más recuerdo es al Niño Gloria y a la Moreno, y a su hermana la Pompi”.

El prodigio de su cante aún es posible disfrutarlo, gracias a las grabaciones que dejó -sobre todo, saetas y bulerías-. De su modo de interpretarlo podemos hacernos una idea leyendo la siguiente semblanza, publicada en 1929 por el diario La Época:

“Claveles, manzanilla, preludios de guitarra. Un espejo amplio refleja, casi íntegra, la estancia. Y fuera, entre las palmeras gigantescas, una luna llena y plateada, alumbrando la noche sevillana. Los ‘flamencos’ sentados en fila. ‘La Macarrona‘, las hermanas ‘Pompi‘, Manolo Torres y un guitarrista. Estamos en la Venta de Antequera. […]

Cuando me acuesto en mi cama
Yo me despierto llorando…

Es la ‘Pompi‘ que ha empezado a cantar. Tiene la voz velada todavía por el cansancio de la juerga anterior, que se prolongó hasta el amanecer:

Y tan sólo me pregunto:
¿Por qué yo te quiero tanto
dándome tantos disgustos?

Al cantar cierra los ojos, contrayendo el rostro con un gesto, no estético, pero muy humano, de abatimiento, de abatimiento, de amargura.

Lo que has hecho tú conmigo
No me lo merezco yo
Pues adoro a tu persona
como aquel que adora a Dios”


Luisa Requejo, la “Petit Niña de los Peines”

Este artículo ha sido revisado en octubre de 2017, tras las III Jornadas de Estudio del Cante, celebradas en Jerez y dedicada a la memoria de Luisa Ramos Antúnez, Luisa Requejo y María Valencia. La nueva versión puede consultarse AQUÍ.

Queremos traer hoy a la memoria a la jerezana Luisa Requejo, una cantaora que, aunque despertó gran admiración en su época y dejó grabados para la posteridad algunos de sus cantes, parece haber quedado atrapada irremediablemente en las garras del olvido.

Pocos datos se conocen hoy de su vida, a excepción de aquéllos que nos proporciona la prensa del momento. Así, si tomamos por buena la información que publica Eco Artístico en 1912, hemos de concluir que Luisa Requejo nació en 1898.

Una “niña prodigio”

Se inició como artista a muy corta edad en el café La Primera de Jerez. Su irrupción en el mundo del flamenco debió de causar un gran impacto, a juzgar por las referencias que hallamos en los periódicos y revistas de aquel tiempo, que no dudan en compararla con la Niña de los Peines. Veamos algunas:

Rota (Cádiz). Salón Variedades.- Ha alcanzado ruidosos éxitos en este salón la pequeña cantante de flamenco Luisita Requejo, que ha demostrado conocer a los más renombrados artistas andaluces de este género. Le acompañó el célebre concertista de guitarra José Crévola, el Sevillanito” (Eco Artístico, 5-12-1911).

Jerez de la Frontera. Teatro Eslava.- “La niña Luisita Requejo (Petit Niña de los Peines) debutó, siendo aplaudida y encantando al público, pues a pesar de sus pocos años imita a la auténtica a la perfección” (Eco Artístico, 15-5-1912).

Alcalá de Guadaira. Teatro.- “Se han despedido de este público Luisita Requejo, cantadora de flamenco e imitadora de la Niña de los Peines, acompañada, por el notable tocador de guitarra José Crévola” (Eco Artístico, 15-9-1912).

Puerto de Santa María. Salón La Amistad.- “Se han despedido la simpática y renombrada cantante de aires nacionales Luisa Requejo y el conocidísimo profesor de guitarra José Crévola. Ambos artistas no han escuchado durante su actuación más que ruidosos y prolongados aplausos” (Eco Artístico, 25-12-1912).

La cantaora jerezana Luisa RequejoLa cantaora jerezana Luisa Requejo

A pesar de sus pocos años, Luisita Requejo se perfila como una promesa del cante, una artista con gran potencial, si bien todavía ha de pulir algunos aspectos y hallar un estilo propio. Así, por ejemplo, en noviembre de 1912, a propósito de su actuación en San Fernando, Eco Artístico afirma que la cantaora “reúne condiciones y, aunque tiene poca voz, podría llegar a ser algo”.

Unos meses más tarde, un crítico de la misma revista considera que Luisa “es una artista que promete mucho; canta bien y es muy aplaudida” (Eco Artístico, 5-1-1913), y le ofrece el siguiente consejo:

“Un solo defecto encuentro en Luisita, y es que, teniendo condiciones para crear, se dedique con tan lamentable constancia a imitar ruinas artísticas, que únicamente los ilusos pudieron calificar de estrellas. Imítese a sí misma, simpática Luisita, y su bagaje artístico tendrá un mayor peso” (Eco Artístico, 25-4-1913).

Durante estos primeros años de su carrera profesional, Luisa Requejo se mueve principalmente por la zona de Cádiz y sus provincias limítrofes, acompañada por José Crévola y, en ocasiones, por Javier Molina, todo un maestro en el arte de la guitarra. Suelen compartir cartel con distintas canzonetistas, bailarinas y otras figuras del género de variedades, si bien el número de la joven Lusita es uno de los más solicitados.

Su popularidad se extiende como la espuma y sus actuaciones se cuentan por éxitos. Por ejemplo, en Barbate, aunque en principio se les contrató sólo para tres funciones, “en vista del franco éxito que obtuvieron fueron prorrogados por siete días más, sucediéndose sin interrupción las ovaciones a la popular cantadora y al insigne tocador de guitarra” (Eco Artístico, 4-5-1913).

En 1914, debuta en el Teatro Eslava de JerezLuisita Requejo, Petit Niña de los Peines”, acompañada unos días por Javier Molina y otros por el “notable concertista de guitarra Cristóbal Salazar”. La artista canta “con sumo gusto y afinación varias malagueñas, bulerías, tarantas y peteneras” (Eco Artístico, 10-1-1914), y cosecha “todas las noches grandes aplausos, por el estilo y facultades que despliega al interpretar su vasto repertorio” (Eco Artístico, 15-1-1914).

Estas reseñas ponen de manifiesto la rápida y favorable evolución de Luisa Requejo que, a sus dieciséis años, se ha convertido ya en una cantaora completa, “de inmejorables condiciones para el ‘cante jondo’” (Eco Artístico, 6-5-1914).

Por el camino del éxito

Ese mismo año, siempre según la misma revista, tenemos noticia de una actuación de la artista en Vigo, junto a Pepe Crévola. La pareja obtiene muchos aplausos. En 1915 las crónicas sitúan a Luisa Requejo en distintas localidades andaluzas. En Huelva consigue un “éxito envidiable”. En Sevilla, actúa en el Salón Imperial, junto a la canzonetista Salud Rodríguez y las bailarinas Isabelinas, entre otras. En Rota y Sanlúcar de Barrameda, obtiene un “éxito definitivo”. La cantaora parece haber seguido el consejo que quienes hace un tiempo le recomendaron no imitar a nadie, y es ya calificada como una “cantadora de flamenco inimitable” (Eco Artístico, 15-10-1915).

Su fama continúa creciendo y la artista no decepciona. En enero de 1916, Luisa Requejo se presenta en Córdoba junto a José Crévola, y en agosto, en Chiclana escucha “ovaciones entusiastas”. Según Eco Artístico, “la notable cantadora […] ha confirmado plenamente la fama de que venía precedida” (15-8-1916). Poco después se presenta en las localidades sevillanas de Morón y La Puebla.

En marzo de 1918, la artista vuelve a triunfar cantando saetas en el Teatro Eslava de Jerez. En septiembre de ese mismo año llega a Córdoba, “ventajosamente contratada” para actuar en la Plaza de Toros-Ideal Cinema acompañada por el guitarrista Perico el del Lunar.

A principios de los años veinte, la prensa se hace eco de nuevas actuaciones de la cantaora en varias localidades gaditanas, como El Puerto de Santa María, donde vuelve a compartir cartel con Javier Molina, o Cádiz capital. En el Kursaal Gaditano forma parte de un espectáculo en el que intervienen distintas artistas de variedades, si bien en el mismo “figura como número más saliente Luisita Requejo, artista de cante andaluz que es aplaudida por sus canciones y admirada por su belleza” (El Noticiero Gaditano, 29-5-1922).

En 1924, la cantaora debuta con gran éxito en el Kursaal Imperial de Madrid, donde se codea con lo más granado del arte flamenco de la época, como El Gloria, Antonio Chacón, las Macarronas, la Malena, la Pompi o el Cojo de Málaga, por citar sólo a algunos de los artistas que componen el elenco.

No obstante, el brillo de estas estrellas parece no hacer sombra a Luisa Requejo, que levanta verdaderas pasiones:

“He aquí una andaluza garbosa que trae locos a los aficionados al cante flamenco. Su actuación en el Kursaal Imperial […] es un éxito continuado; sus ‘seguiriyas‘ gitanas y sus malagueñas tienen a los concurrentes al Imperial sin poder conciliar el sueño. Nos dicen que terminará pronto: hay que advertir que lleva más de un mes actuando en el local antedicho ¿No podría ser que antes de despedirse diese a conocer sus sentidas saetas? Tenemos entendido que en ese género de canción hay quien la compara con la célebre Niña de la Alfalfa. Con que Luisita, a dar gusto a sus admiradores” (La Libertad, 8-11-1924).

Del Kursaal Imperial pasa al Maravillas, donde participa en un espectáculo de variedades, en el que sigue siendo “la reina del cante flamenco”.

Una figura imprescindible en los mejores carteles

En abril de 1925, en presencia de los Infantes de España, Luisa Requejo forma parte del brillante elenco de artistas que intervienen en la Fiesta del cante y baile andaluz, organizada por el Comité de la Exposición Iberoamericana de Sevilla para inaugurar el patio del Gran Hotel Alfonso XIII. Según publica el diario La Voz, dicho evento tiene el “propósito de dignificar el cante y baile flamenco y estimular el cultivo de sus diversas modalidades mediante la concesión de importantes premios en metálico”.

Para ello, “se cuenta con los más afamados ‘cantaores’, ‘bailaores’ y ‘tocaores’, entre otros Luisa Requejo, El Niño de Marchena, Fernando el Herrero, Currito el de la Jeroma, Niño de Ricardo, Baldomero Ojeda, Las Macarronas, Eduardo Heredia y otros muchos” (La Voz, 7-4-1925). En relación con la nómina de artistas participantes en dicho espectáculo, Eusebio Rioja y Norberto Torres, en su biografía del Niño Ricardo, mencionan también a Antonio Chacón.

En julio de ese mismo año, la “notable y aplaudida” cantaora es uno de los platos fuertes del programa de festejos celebrados por la Sociedad Artística Gaditana. En este momento, y a juzgar por el nivel de los artistas con los que se codea, Luisa Requejo parece brillar con luz propia en el firmamento del cante flamenco.

El guitarrista Javier MolinaEl guitarrista Javier Molina

De hecho, en 1926, su nombre aparece en el cartel del “monumental espectáculo flamenco” que tiene lugar en la Plaza de Toros-Ideal Cinema de Córdoba. En él intervienen “las primeras autoridades de este género”:

“Los tres ases de la guitarra: Javier Molina, Ramón Montoya y Luis Yance.
Los Reyes del Cante Jondo: Joaquín Vargas (El Cojo de Málaga), Pastora Pavón (La Niña de los Peines), Manuel Blanco (El Canario), Manuel Centeno, Eduardo García (Rey del cante por Javeras), El Canario de Madrid, Luisa Requejo y Perla de Triana.
Las bailadoras gitanas: Juana “La Macarrona”, Paula “La Flamenca”, Carmelita “La Guapa” y Estampío” (La Voz, 21-6-1926).

Unos días más tarde, con pequeñas variaciones, el espectáculo se repite en el Teatro Circo de Verano de Cádiz, en el que suben a escena “las mayores eminencias” del género flamenco:

“Cuadro de tocadores.- Javier Molina, Niño Ricardo y Ramón Montoya.
Cuadro de baile.- Juana la Macarrona (por alegrías), Carmelita la Guapa (por bulerías), Paula la Flamenca (por farrucas) y Estampío (por alegrías).
Cuadro de cantadores.- Joaquín Vargas ‘Cojo de Málaga‘, (el maestro único); Manuel Centeno, (rey de las saetas); Antonio Jiménez, ‘El Bizco‘; Manuel Blanco ‘El Canario‘; El Canario de Madrid, con su tocadora de guitarra Victoria de Miguel.
Cuadro de cantadoras.- Pastora Pavón ‘Niña de los Peines‘, (reina del cante jondo); Luisa Requejo, (eminente cantadora de flamenco estilo Chacón); Perla de Triana, (famosísima cantadora de flamenco)” (El Noticiero Gaditano, 27-7-1926).

Según Eusebio Rioja y Norberto Torres, en la ya mencionada obra, durante ese mismo verano el espectáculo se presenta también en Cartagena, Granada, Málaga, El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Huelva y Sevilla.

En enero de 1927 Luisa Requejo actúa de nuevo en Madrid, en un espectáculo de ópera flamenca, junto a “los más prestigiosos elementos de cante jondo”, a saber:

“el célebre Antoñito García Chacón, el fenómeno del día, el ‘non plus ultra’ del cante jondo; Manuel Blanco ‘el Canario‘ (el de la voz de platino, ‘el Canario de Madrid‘, ‘Niño de Linares‘, el célebre ‘Chato de las Ventas‘, ‘el Niño de la Flor’, ‘el Niño de las Marianas’, ‘Niño de Coín’ y otros varios, hasta completar la lista de 18 artistas de este género” (La Libertad, 5-1-1927).

El espectáculo está dos días en cartel en el Monumental Cinema. En la segunda de las sesiones debuta “una notabilísima artista, a la que hay grandes deseos de conocer en Madrid”, es decir, “Luisa Requejo, la estupenda cantadora de flamenco”. Debe de ser tal la expectación que despierta la presencia de la artista en la capital de España, que La Libertad le dedica un apartado especial, en el que se resalta especialmente el debut de la cantaora:

“DEBUT DE LUISA REQUEJO.- Luisa Requejo, la maravillosa estrella del cante flamenco, debuta hoy en Monumental Cinema con motivo del formidable concierto de ópera flamenca que se celebrará a las diez y cuarto de la noche. Juntamente con esta notabilísima artista actuarán Aurorita Imperio, la majeza del baile por alegrías de guitarra; Antonio García Chacón, el fenómeno del día […]” (8-1-1927).

En 1928 la prensa sitúa a la artista de nuevo en Cádiz, y al año siguiente Luisa regresa a Madrid, donde comparte escenario nada menos que con “el ‘as’ de ‘ases’, el más grande de los ‘cantaores’ flamencos, el rey de la seguiriya, el indiscutible, el pontífice del cante ‘Jondo’, Manuel Torres” (La Voz, 1-2-1929). Juntos participan en un “grandioso festival en honor de Marcial Lalanda y demás intérpretes de la película ¡Viva Madrid, que es mi pueblo”. El cartel lo completan Estampío, el Sevillanito, Carmelita Sevilla, Paquita Garzón y La Preciosilla, entre otros artistas.

Un mes más tarde, también en Madrid, “la Requejo” se presenta en el Teatro de Price, junto a “los más renombrados ‘ases’ del cante jondo” (Heraldo de Madrid, 6-3-1929), como el Pena hijo, el Chato, Cepero o Luis Revilla.

En noviembre del 29, acompañada a la guitarra por “El Bizco“, la cantaora interviene en el segundo acto del sainete ¡Es mucha Cirila!, que se representa en el Teatro Eslava. Unos días más tarde es una de las integrantes de la “fiesta del cante y de la guitarra” que se celebra “en un hotel de la corte” en honor de los hermanos Machado. El plantel del evento, organizado por “el abogado D. José Antonio Primo de Rivera”, lo componen “el ‘tocaor’ Ramón Montoya, los ‘bailaores’ ‘la Trigueñita’ y Rovira y los ‘cantaores’ ‘Niño del Museo’, ‘Guerrita’, ‘Angelillo’, ‘Isabelita’, ‘Martel’ y ‘la Requejo’” (El Sol, 29-11-1929).

Al año siguiente, Luisita Requejo forma parte del elenco de artistas participantes en una fiesta flamenca celebrada en la viña “El Majuelo” de Jerez para conmemorar el bicentenerario de las bodegas Domecq. En el evento también actúan Isabelita de Jerez, Aurelio Sellés, el Niño Gloria, la Pompi y Manuel Torre, entre otros cantaores de altísimo nivel; a la guitarra les acompañan Javier Molina y Perico el del Lunar. A partir de ese momento, prácticamente perdemos la pista de la artista en las hemerotecas.

Poco más pudo dar de sí la fulgurante carrera de Luisa Requejo, que falleció en los años treinta, cuando se encontraba en la plenitud de su vida y de su arte. Afortunadamente, pudo dejar grabados algunos discos, con la guitarra de Ramón Montoya, que nos permiten conocer de primera mano su voz y su estilo, que distintos críticos y estudiosos coinciden en comparar con el de Chacón y la Niña de los Peines… ¡casi nada!


La Antequerana, cantaora y guitarrista de primer nivel

Josefa Moreno, “La Antequerana”, cantaora y guitarrista nacida en la localidad malagueña de Antequera en 1889, se inició en el mundo del flamenco a muy corta edad. Solía cantar acompañándose a sí misma con la guitarra, algo que puede parecer insólito hoy día, pero que no lo era tanto en aquella época.

En 1903 debutó en el café La Primera de Jerez, y un año más tarde se presentó con éxito en Melilla y Tánger. Tras pasar una temporada en Málaga, llegó a la capital de España, donde trabajó en varios cafés cantantes, como el de la Marina, el del Gato, el de Naranjeros o el del Brillante.

En septiembre de 1910, El Heraldo Militar publica la siguiente información: “La cantadora flamenca Josefa Moreno, Niña del Garrotín, que trabaja actualmente en el Salón Recreo, de Sevilla, ha sido contratada por dos meses para cantar en el Teatro Novedades, de Sevilla, que es como si dijéramos la catedral de los géneros flamenco y andaluz”.

Unos meses más tarde, se anuncia en el gaditano Cine de la Rosa como “la cantadora única, titulada competidora de la Niña de los peines” (Eco Artístico, 25-1-1911), y semanas después se despide del Teatro-Circo del Gran Capitán, de Córdoba, tras alcanzar “incomparables triunfos”.

La Antequerana (Eco Artístico, 5-10-1914)

La Antequerana (Eco Artístico, 5-10-1914)

De “La Niña del Garrotín” a “La Antequerana”

En febrero de 1911, la artista se presenta en Madrid con el nombre artístico con el que pasaría a la historia. Así, el Diario Oficial de Avisos de la capital informa sobre el debut de “la notabilísima cantadora flamenca y tocadora de guitarra Josefa Moreno, la Antequerana, antes Niña del Garrotín”, en el madrileño café de la calle del Gato.

En mayo de ese mismo año, según El Heraldo Militar, la “notable” cantadora es “contratada para Tánger, donde empezará a funcionar el próximo día 24”. Un mes más tarde, la prensa la sitúa de nuevo en Madrid, y allí pasa buena parte del verano.

Durante el mes de julio figura prácticamente a diario en el cartel del Cine Bello. A juzgar por las reseñas que aparecen en la prensa de la época, La Antequerana goza de una gran popularidad y es muy apreciada por el público. No en vano, El Globo y El Heraldo de Madrid se refieren a ella como “la revolución del canto” y “la competidora de la Niña de los Peines”.

A mediados de septiembre, “la sin rival La Antequerana” debuta en el Teatro Romea, acompañada a la guitarra por Ramón Montoya, uno de los más destacados guitarristas del momento. La programación la completan distintas artistas de variedades, como la bailarina Pilar Alonso, la tiradora Fiorenza, la “chanteuse” Amica o la pareja de baile formada por Carmen Díaz y Enrique Sánchez. Allí actúan con gran éxito durante dos semanas.

En noviembre de 1911, Josefa Moreno se presenta en Valencia y Castellón, donde coincide con la canzonetista Pilar Caudet y la bailarina La Cordobesita, entre otras artistas de variedades. Unas semanas más tarde, en el malagueño Salón de Novedades, “la cantadora de flamenco La Antequerana, con su estilo y su voz extensa, logra también grandes aplausos” (Eco Artístico, 15-12-1911).

La cantaora y guitarrista Josefa Moreno, La AntequeranaLa cantaora y guitarrista Josefa Moreno, La Antequerana

A la conquista de América y de su consagración artística

Tras los éxitos cosechados en nuestro país, Pepa Moreno decide probar suerte en América. Es contratada en Nueva York y de allí pasa a La Habana, México y de nuevo a Cuba, donde permanece una buena temporada.

En abril de 1914, la prensa sitúa de nuevo a La Antequerana en España, concretamente en el madrileño Café Concert, donde forma parte de un cuadro flamenco en el que también intervienen el guitarrista Ramón Montoya, el bailaor Estampío y la bailaora Salud Rodríguez, entre otros artistas.

A partir del mes de mayo, y hasta finales de año, Josefa Moreno aparece prácticamente todos los meses en el cartel del Concert Madrileño, donde “es muy celebrada a diario” y “encuentra por su labor aplausos sin cuento”, por tratarse de “una tocadora y cantadora de flamenco de lo mejor conocido en el género”, según la prensa del momento. En dicho local coincide con artistas flamencos -como El Mochuelo, El Macareno o La Cotufera– y del género de variedades -como The Dandy o la Estrella Madrileña, entre otros-.

La revista Eco Artístico no se cansa de destacar el notable éxito obtenido por la cantaora durante todos esos meses, con reseñas como las siguientes:

“Reapareció La Antequerana, cantadora y tocadora de flamenco de gran renombre, que tiene que repetir, entre estruendosos aplausos, casi todo su repertorio” (5-9-1914).

“La Antequerana continúa su marcha triunfal, y los éxitos con que a diario premian su labor atestiguan lo mucho que vale” (5-12-1914).

“La Antequerana es a diario aplaudida, y en verdad que su labor excelente merece premio tan entusiasta” (15-12-1914).

“Se despidió La Antequerana, cantadora y tocadora de flamenco, que ha llevado a cabo en este local una larga y triunfal campaña […] La noche última del contrato el público la rindió una entusiasta ovación” (5-1-1915).

Anuncio de La Antequerana (Eco Artístico, 25-5-1914)

La Antequerana (Eco Artístico, 25-5-1914)

Unas semanas más tarde, “la notable cantadora de flamenco” se presenta en Huelva y poco después la encontramos de nuevo en Madrid, en el antiguo Café de la Marina. Allí recibe “entusiastas aclamaciones”.

Variedades, ópera flamenca… una artista polifacética

No deja de llamarnos la atención que Eco Artístico primero se refiera a ella como “cantadora de flamenco” (25-2-1915) y más tarde, como “coupletista” (25-3-1915), lo cual nos hace pensar que tal vez Josefa Moreno también llegara a cultivar este género, del mismo modo que hoy en día algunos artistas flamencos realizan incursiones en el terreno de la copla, los boleros o los tangos, por citar sólo algunos, con el fin de llegar a un público más amplio. Otra posible explicación sería que se tratase de una simple confusión, ya que en esa misma época se anuncia en distintos teatros españoles la canzonetista y bailarina Pepita Moreno, si bien esta última no se hace llamar “La Antequerana”.

En agosto, la artista participa en una función organizada por la Asociación de la Prensa en Sevilla, y en enero de 1916 debuta en el Café del Puerto de La Coruña, donde actúa durante varias semanas y obtiene un “éxito monumental” (El Noroeste, 7-2-1916).

En el mes de abril, La Antequerana se anuncia en el Luz Edén de Almería, y poco después figura en el elenco de la “fiesta de costumbres andaluzas” que se presenta en el Teatro Madrileño de la capital de España, junto a Ramón Montoya y Carmen Flores, entre otros artistas (Heraldo de Madrid, 22-4-1916).

Unos días más tarde, Eco Artístico vuelve a referirse a La Antequerana como “canzonetista y tocadora de guitarra, muy aplaudida por su estilo y facultades” (5-5-1916), y menciona varios números de variedades que figuran en el mismo programa, en el que también aparece, poco después, la Niña de los Peines.

El guitarrista Ramón MontoyaEl guitarrista Ramón Montoya

En julio de 1916, La Antequerana continúa en Madrid, en el Edén Concert. Es entonces cuando volvemos a perderle la pista, durante más de un año, periodo que podría coincidir con una segunda estancia de la artista en Cuba, de la que regresaría en 1917 “cubierta de joyas”, tal y como afirma Manuel Ríos Ruiz en el Diario de Jerez (8-9-2008).

En septiembre de 1917, Josefa Moreno debuta en el Teatro Portela de Sevilla, donde “no tardó en captarse las simpatías” del público (Eco Artístico, 15-9-1917). En ese mismo año, también según Ríos Ruiz, la artista actúa junto a Antonio Chacón en la plaza de toros de Morón de la Frontera (Sevilla).

En abril de 1918, La Antequerana se presenta en el café Villa Rosa de Barcelona, con varios artistas flamencos, como El Batato y Fernando Herrero, entre otros. Dos meses más tarde vuelve a la ciudad condal, donde es de nuevo aclamada, y en el mes de julio reaparece en la capital de España, en el Salón Madrid. El programa lo componen “Pepita la Antequerana, con aplauso en su género sugestivo” (Eco Artístico, 15-7-1918), y distintas artistas de variedades.

Tras un breve paso por el Teatro Romea, en agosto se despide “la original artista”. Su próxima parada será en el madrileño Dancing Bombilla (Kursaal de varietés), donde obtiene un “éxito colosal la fiesta andaluza ‘Un rincón de Triana‘, en la que toma parte La Antequerana” (Heraldo de Madrid, 4-8-1918), “que ha gustado con sus jipíos completamente cañís” (Eco Artístico, 25-8-1918). También figuran en el cartel distintas atracciones de variedades.

En septiembre encontramos a la artista en Granada y en octubre, en Ronda (Málaga). No volvemos a tener noticia de ella hasta casi un año después, cuando se presenta en varias localidades toledanas.

En septiembre de 1920, figura en el cartel del sevillano Concert-Español “la célebre cantadora de flamenco Pepita Moreno La Antequerana, que todas las noches obtiene ruidosos éxitos” (Eco Artístico, 30-9-1920”). Allí sigue apareciendo, de manera intermitente, hasta el mes de mayo de 1921, siempre con gran éxito, a diferencia de las bailarinas que completan el programa, que no salen muy bien paradas en las críticas periodísticas.

El cantaor Antonio Chacón

El cantaor Antonio Chacón

En septiembre de ese mismo año, junto a numerosos artistas de variedades,“la notable cantadora de flamenco La Antequerana” colabora en una función benéfica para los heridos y enfermos de Melilla, que tiene lugar en el sevillano Ideal-Cinema.

En enero de 1922 se estrena con gran éxito en el Ideal Rosales de Madrid el espectáculo “Ases del arte flamenco”, que cuenta con un elenco de primer nivel:

“[…] debutó anoche el cuadro flamenco más completo de cuantos hasta ahora se habían visto en Madrid. El éxito colmó las esperanzas de la dirección artística. Bravos y aplausos comenzaron al hacer el primer número la gran bailarina Rubia de Jerez, y no terminaron hasta que el telón anunció que se había terminado el espectáculo. En el cuadro flamenco figuran artistas tan renombradas como La Antequerana, Emilia Vez, la saladísima Gabrielita, Rubia de Jerez y la reina de las reinas del baile flamenco, la formidable Juana la Macarrona, que obtuvo un éxito indiscutible y formidable en su baile ‘por alegrías’. Del sexo feo, Faíco, El Mochuelo, el graciosísimo Estampío, el gran tocador de guitarra Joaquín Rodríguez y el ‘as’ de los tocadores, Ramón Montoya” (La Voz, 12-1-1922).

El declive y desaparición de la cantaora

A partir de ese momento, las referencias a La Antequerana aparecen con menor frecuencia en la prensa. En 1924, tenemos noticia de su debut en el Salón Alhambra de Córdoba, y en los años sucesivos destaca especialmente por las saetas que interpreta como acompañamiento a la proyección de varias películas mudas.

Así, en 1925 La Libertad anuncia el “grandioso éxito de la hermosa zarzuela española, filmada por la Argentina, Rosario la cortijera, éxito de la cantaora La Antequerana en las saetas de esta película”, y en 1926 varios periódicos se hacen eco del viaje de la artista a Mahón (Menorca) con motivo del estreno del filme Currito de la Cruz:

“ Para cantar las saetas durante el desfile de las magníficas procesiones de la Semana Santa en Sevilla han llegado en el vapor correo de hoy los notables artistas de cante flamenco, Pepita Moreno (La Antequerana) y Bienvenido Pardo (Niño de Alcalá)” (El bien público, 15-4-1926).

Cartel de Currito de la Cruz (1926)

Cartel de Currito de la Cruz (1926)

Las siguientes apariciones de la artista las sitúa la prensa en Madrid, en mayo y septiembre de 1926, y en enero y marzo del año siguiente, siempre en el Kursaal. La cantaora forma parte de distintos cuadros flamencos, con los que continúa cosechando grandes éxitos.

En 1935, en su libro Arte y artistas flamencos, Fernando el de Triana se pregunta qué ha sido de esta prometedora artista:

“La Antequerana tuvo una época en la que todos esperábamos que se colocara como lumbrera del cante levantino; después, sin que se sepa por qué causa, desapareció como por encanto del mapa artístico: además de que era una guitarrista muy buena”.

Años más tarde, José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz rescatan un reportaje publicado en 1961 por el diario Pueblo, en el que el periodista Antonio González afirma lo siguiente:

“El médico le ha dicho a Josefa Moreno que no debe cantar. Hace dos años padeció una bronconeumonía con principios de pleuresía, y está en peligro su vida si lo hace. Mas no le hace caso a su padecimiento. No puede hacerle caso, porque vive del cante y por el cante”.

Al parecer, en aquellos años La Antequerana sobrevive cantando en las calles de Madrid, “donde ofrece al auditorio que lo solicite sus tarantas y siguiriyas, y también zambras de su creación. A cambio pide lo que la buena voluntad de la gente quiera darle”.

Se desconoce la fecha y el lugar exacto de la muerte de Josefa Moreno, si bien parece lógico pensar que pudo ser en Madrid, en los años sesenta. José Blas Vega, en su obra Vida y cante de don Antonio Chacón (1986), nos ofrece, de primera mano, una última imagen de La Antequerana:

“[…] nos cantó varias veces soleares de buen cuño, amén de otros cantes más livianos […]. Era todo un personaje de la noche madrileña. Menudilla, con ojos brillantes de ratita, muy mal trajeada, con su cigarro en la boca avivando su bronco-neumonía, y su guitarra bajo el brazo dentro de un destartalado estuche. Su lengua era de lo más viperino, y lo primero que hacía al entrar en algunos de los bares, era echar una recalada fulminante al personal, y mientras movía la cabeza de abajo a arriba, de sus labios salían en voz baja una sarta de maldiciones”.

Por desgracia, en La Antequerana vuelve a repetirse la historia de tantas y tantas artistas que, tras saborear las mieles del éxito y el reconocimiento, terminan sus días olvidadas y en la miseria.