Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Niña de Écija, cantaora entre dos continentes (I)

Una de las figuras flamencas más universales que ha dado la ciudad de las siete torres es Francisca Martín Freire, que escribió el nombre de Niña de Écija en las carteleras de los principales teatros madrileños y latinoamericanos. Aunque nació casualmente en Antequera en 1909, poco después su familia se trasladó a Puente Genil y, cuando aún era una niña, se estableció de manera definitiva en Écija (1). 

Sus primeros referentes en el cante fueron su tía Valle y su hermana mayor, del mismo nombre, que le dio el impulso definitivo para hacerse artista, a pesar de la oposición de su madre. Junto a ella fue a vivir a Madrid y empezó a presentarse en fiestas y reuniones. Allí conoció al guitarrista de origen zamorano Julio Alonso Pascua, que se convirtió en su compañero artístico y de vida (2).

Paquita Martín, la Niña de Écija (Catálogo de discos Regal, octubre de 1933).

Paquita Martín, la Niña de Écija (Catálogo de discos Regal, octubre de 1933).

El primer hito importante de su carrera fue la consecución de la medalla de oro en el concurso de saetas celebrado en el cine Monumental de Madrid en abril de 1928. Tras una función de ópera flamenca organizada por Vedrines y protagonizada por Angelillo y Pena hijo como figuras principales, además del Niño de Sevilla, Niño de Talavera, Conchita Aguilar, Niña de Écija, Chaconcito y Juan Varea, acompañados por las sonantas de Marcelo Molina, Paco de Pará y Manuel Martell, se desarrolló el certamen, en el marco de un desfile cinematográfico de los principales pasos procesionales de la Semana Santa de Sevilla (3).

Durante el mes de agosto de ese año, secundada por Julio Alonso, Paquita Martín intervino en varios programas de Unión Radio (4); y en septiembre realizó una gira por la provincia de Badajoz con la troupe del Niño de Marchena, que actuó en el Monumental Concert de Granja de Torrehermosa, en el cine Plus Ultra de Castuera y en el salón Cinema de Villanueva de la Serena. Completaban el elenco el Niño de Puertollano, Maruja la Sevillana, Valentín Marín y Juan Varea, además de los tocaores Pardales y Malagueñito. En la última de esas localidades, “culminó el entusiasmo de los espectadores con el número final, fandanguillos a tres o cuatro voces; la novedad causó agradable sorpresa” (5).

En el mes de diciembre volvió a salir a la carretera con la compañía de Guerrita, que llevó al teatro Ortiz de Murcia un gran concurso de ópera flamenca en el que, una vez más, sobresalían los fandangos a cuatro voces. También figuraban en el cartel el Niño de Levante, la Sevillanita, Personita y la Niña de Écija, anunciada como “la reina de la milonga, la de la voz de platino”. El toque de guitarra corría a cargo de Diego el Gitano y Antonio Molina (6).

Julio Alonso (La Nación, 23-11-1936).

Julio Alonso (La Nación, 23-11-1936).

En febrero de 1929 Paquita Martín, la Sevillanita y el bailaor Morito de Triana, con la sonanta de Diego Torres, participaron en una función de cante flamenco que se ofreció en el salón Novedades de Albacete (7); y en el mes de mayo la Niña de Écija se integró en el elenco de la obra La copla andaluza, de Antonio Quintero y Pascual Guillén, que, tras varios centenares de representaciones, seguía cosechando éxitos en el teatro Pavón de Madrid bajo la dirección del actor Fernando Porredón. Los cantaores Jesús Perosanz, Niño del Museo y Niña de Écija triunfaron “clamorosamente” (8).

Durante el verano siguiente Paquita salió de gira con la compañía de Francisco Rojas, Niño del Museo, en la que también figuraban José Beltrán, Bienvenido Pardo, el Niño de Alcalá y el Dora; la Niña del Patrocinio, que se anunciaba como bailaora; y los tocaores Julio Alonso y José Revuelta. Con decorado propio creado ex profeso, actuaron en el teatro Principal de Zamora como fin de fiesta tras un programa cinematográfico y el público que abarrotaba el local les aplaudió “con insistencia” (9). Unos días más tarde ofrecieron un recital de ópera flamenca en el coliseo Principal de Alcázar de San Juan, donde también fueron “muy ovacionados” (10).

En el mes de octubre la Niña de Écija intervino en una fiesta celebrada en el domicilio madrileño del doctor Tapia para agasajar a los asistentes a un congreso de la Sociedad Otorrinolaringológica Latina. Tras las actuaciones de las bailarinas Pilar Calvo y Antoñita Torres, la cantante argentina Celia Gámez, y los cantantes líricos Juan García, Crisé Galatti y Juan Mardones, pusieron el broche Paquita y el Niño de Cáceres, “con sus cantos andaluces, que interesaron mucho a los congresistas extranjeros” (11).

Pilar Calvo, Celia Gámez y Antoñita Torres en la fiesta del doctor Tapia (Mundo Gráfico, 16-10-1929).

Pilar Calvo, Celia Gámez y Antoñita Torres en la fiesta del doctor Tapia (Mundo Gráfico, 16-10-1929).

Poco después actuó en el teatro Circo de Albacete junto a la agrupación Espectáculos Quintana, en la que compartía protagonismo con el Niño de Rodas, Rafaelillo de Madrid, Personita y Manuel Pavón, además de los guitarristas Julio Alonso y Luis Yance (12). A continuación emprendió una nueva tournée con un elenco muy similar, al que se sumaron Luisito Blanco, Lorencín de Madrid, el guitarrista Luis Maravilla y, como figura estelar, Angelillo. Dieron varias funciones en el teatro Parisiana de Zaragoza, que culminaron con un concurso de saetas (13).

Unas semanas más tarde la prensa sitúa a Paquita en el teatro Calderón de la localidad salmantina de Peñaranda, junto a una troupe de ópera flamenca en la que también destacaban el Niño de Rodas, Personita, Bernardo el de los Lobitos, Pena hijo y Angelillo, junto a los mismos tocaores. El espectáculo “agradó a la concurrencia, que aplaudió a los artistas con gran entusiasmo” (14).

Durante la primavera y el verano de 1930 volvió a salir de gira con la compañía del Niño del Museo, integrada por cantaores como el Chato de Jerez, Niño de la Victoria o Niño de Santo Domingo, los guitarristas Julio Alonso y Pepe de Badajoz, y la pareja de baile Linares -Moreno. En el mes de abril actuaron en el teatro Principal de Cartagena, donde recibieron grandes aplausos y, como fin de fiesta, representaron escenas de La copla andaluza y El alma de la Copla, ambas de Quintero y Guillén (15).

A finales de junio cosecharon nuevos triunfos el teatro Nuevo de Salamanca y el coliseo homónimo de Zamora (16). Después visitaron Cáceres y varias localidades pacenses, como Campanario y Cabeza de Buey, en las que tuvieron gran éxito de público (17). En septiembre recalaron en el teatro Lara de Málaga, donde las críticas no les resultaron demasiado favorables. Al decir de Rivas, “la Niña de Écija cantó bien únicamente una serranas de aquellas que tan célebre hicieron a don Antonio Chacón” (18).

Angelillo (izq.) y la Niña del Patrocinio (dcha) (Cine Mundial, mayo de 1929).

Angelillo (izq.) y la Niña del Patrocinio (dcha) (Cine Mundial, mayo de 1929).

Bastante más amables fueron los medios de Antequera, que se volcaron con su paisana, la de la “voz de oro” (19), con motivo de su actuación el salón Rodas:

«… existía verdadera expectación […] por conocer a la artista antequerana Paquita Martín, Niña de Écija, la cual alcanzó un éxito enorme haciéndole repetir infinidad de coplas. A pesar de la emoción que le embargaba el cantar por primera vez en público ante sus paisanos, su estilo nos hizo recordar a la Niña de los Peines de hace veinte años, y los atronadores aplausos con que el público premiaba sus canciones daban buena prueba de la satisfacción íntima que todos los antequeranos sentían al verse ante una verdadera estrella del cante jondo. Paquita Martín […] debe sentirse satisfecha del éxito alcanzado ante sus paisanos” (20). 

En octubre la troupe del Niño del Museo se anunció en el salón Olimpia de Madrid con un elenco renovado, en el que, además de la Niña de Écija y los guitarristas de siempre, destacaba la presencia de los cantaores Niño de la Alegría, Niña de Chiclana, Domínguez el Malagueño, Luquitas de Marchena y Niño de las Delicias (21).

Durante los primeros meses de 1931 Paquita Martín realizó una nueva tournée con la compañía de Angelillo. Completaban el plantel el Niño de Santo Domingo, Luquitas de Marchena, el Canario de Colmenar, el Americano, y los tocaores Julio Alonso y Luis Yance. En febrero cosecharon “grandes ovaciones” por su “excelente labor” en el teatro Circo de Albacete, en marzo actuaron en el Central Cinema de Murcia y en abril ofrecieron una función en el Circo Barcelonés de la Ciudad Condal, con la novedad de la incorporación de Pena hijo y Alfonsín de Madrid (22).

Paquita Martín, la Niña de Écija (Candil, 1992).

Paquita Martín, la Niña de Écija (Candil, nº 79, 1992).

Unas semanas más tarde, durante la Feria de Abril de Sevilla, el público asistente a la caseta de la Asociación de la Prensa, después de admirar el baile de las niñas del maestro Otero, pudo deleitarse escuchando 

“… a una excelente cantaora -La Niña de Écija– flamenca ‘por los cuatro costados’, que acompañada a la guitarra por el gran maestro Julio Alonso, se cantó por tarantas, caracoles, soleares y serranas con maravilloso estilo y espléndidas facultades.

Fue el ‘clou’ de la noche. Bastará decir que a la hora que cantaba ーtres de la madrugadaー se agolpaba a las puertas de la caseta casi todo el gentío” (23).

En el mes de noviembre participó en un espectáculo de ópera flamenca celebrado en el Circo Price de Madrid, con un elenco integrado por la Niña de Jaén, el Cojo de Madrid, Chaconcito, Cutuno, el Americano, Paco Mazaco, Pena hijo y Herminia Montoya, acompañados a la sonanta por Pepe de Badajoz (24); y en febrero de 1932 actuó en el cine Delicias junto a Angelillo, el Pena, Niño de la Puerta del Ángel y, a la sonanta, Luis Yance (25). 

En junio de ese mismo año salió de gira con Manuel Vallejo y su troupe, en la que destacaba la presencia del Niño de León, Chato de las Ventas, Vallejito, Cepero de Triana, Juan Varea y, a la guitarra, Julio Alonso y Antonio Moreno. Actuaron en el teatro Nuevo de Zamora, en el Dindurra de Gijón ーdonde fue anunciada como “famosa cantaora en su género. Única competidora de ‘La Niña de los Peines’”ー y en el Coliseo Castilla de Burgos (26).

Durante los meses de julio y agosto recorrió varias localidades de la provincia de Badajoz integrada en la compañía del Americano, en la que compartía cartel con la Niña de la Huerta, Luquitas de Marchena, el bailaor cómico-serio Acha Rovira, y los tocaores Julio Alonso y Blas López. Trabajaron con gran éxito en el salón Cinema de Villanueva de la Serena, en el circo Borza de Villafranca de los Barros, en  el teatro Avenida de Almendralejo y en el teatro de verano de Jerez de los Caballeros (27).

Notas:

(1) Martín Martín, M., “La Niña de Écija”, Candil, nº 79, 1/1992, pp. 8-9.

(2) Ibidem.

(3) Heraldo de Madrid, 30-3-1928, p. 6.

(4) El Imparcial, 7-8-1928, p. 20; El Imparcial, 30-8-1929, p. 20; El Liberal, 31-8-1928, p. 4.

(5) Correo Extremeño, 23-9-1928, p. 4; Correo Extremeño, 25-9-1928, p. 4; Correo Extremeño, 29-9-1928, p. 3.

(6) Levante Agrario, 20-12-1928, p. 4.

(7) Diario de Albacete, 7-2-1929, p. 2.

(8) Heraldo de Madrid, 29-5-1929, p. 5.

(9) Hache, Heraldo de Zamora, 11-7-1929, p. 2.

(10) Heraldo de Madrid, 17-7-1929, p. 5.

(11) El Debate, 8-10-1929, p. 5.

(12) Diario de Albacete, 16-10-1929, p. 2.

(13) La Voz de Aragón, 25-10-1929, p. 10.

(14) El Adelanto, 17-11-1929, p. 2.

(15) Cartagena Nueva, 29-4-1930, p. 2.

(16) El Adelanto, 19-6-1930, p. 6; Heraldo de Zamora, 28-6-1930, p. 5.

(17) Nuevo Día, 2-7-1930, p. 1; Correo Extremeño, 17-7-1930, p. 5; Nery, Correo Extremeño, 20-8-1930, p. 5.

(18) Rivas, Vida Gráfica, 15-9-1930, p. 18.

(19) Gaumont, La Razón, 2-10-1930, p. 2.

(20) El Sol de Antequera, 12-10-1930, p. 3.

(21) Heraldo de Madrid, 30-10-1930, p. 6.

(22) El Diario de Albacete, 20-2-1931, p. 1; El Liberal de Murcia, 3-3-1931, p. 2; Noticiero Universal, 7-4-1931, p. 8.

(23) El Liberal de Sevilla, 28-4-1931, p. 1.

(24) Heraldo de Madrid, 5-11-1931, p. 5.

(25) Heraldo de Madrid, 24-2-1932, p. 6.

(26) M., Heraldo de Zamora, 20-6-1932, p. 1; La Prensa, 23-6-1932, p. 2.

(27) La Libertad, 17-7-1932, p. 4; La Libertad, 21-7-1932, p. 4; La Libertad, 21-8-1932, p. 15; La Voz Extremeña, 28-8-1932, p. 6.


Dora la Cordobesita, la sultana del garbo (V)

En agosto de 1923 “la diosa gitana Dora la Cordobesita” (1) debutó en el madrileño teatro Romea y, en plena canícula, hizo el prodigio de llenar “a diario el local de héroes inmunes contra la asfixia” (2). En un momento en que Pastora Imperio había anunciado su retirada de los escenarios –que resultó ser solo temporal–, era considerada “su heredera legítima con ventajas pues no tiene tantos años y canta mucho mejor” (3); o “una Amalia Molina muy joven y asombrosamente guapa” (4).

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Completó el verano trabajando en Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera, entre otros lugares, y en septiembre viajó a Sevilla en su recién adquirido automóvil de la marca Hudson –“moderno, cómodo y ágil” (5)–, para asistir a la inauguración de la temporada del salón Imperial, donde reapareció unos días más tarde “en el apogeo de su vida artística y pletórica de arte” (6). 

Coincidiendo con la estancia en la ciudad del literato Joaquín Alcaide de Zafra, le dedicó una representación, en la que interpretó “de manera irreprochable” algunos cuplés firmados por él, como Jesús, María y José, La Venta de Eritaña o Torerías sevillanas (7); y el día de su despedida el Club Joselito celebró una función en su honor (8).

En el mes de noviembre regresó al Romea de Madrid para rubricar su “consagración definitiva”:

Dora la Cordobesita consigue en sus creaciones cómicas estruendosos triunfos; pero donde alcanza su arte el máximo límite es en ‘Lola la Cartujana’ y en ‘La rosa de los calés’, canciones de los maestros Font y Villajos, en las que pone de manifiesto su gran temperamento de actriz dramática.

Con estos números y los fandanguillos de Almería, el clásico baile, que ella borda como nadie, obtiene a diario la maravillosa cordobesa sus triunfos más resonantes” (9).

Visitó después varias ciudades castellanas –Ávila, Salamanca, Albacete…–, en las que cosechó un éxito tras otro. Con su inimitable Fandanguillo de Almería, “bailado con el más puro estilo y donaire, alcanzó el mayor grado de belleza y gracia”; y arrancó incontables aplausos con canciones como La rosa de los calés, La arriá en Triana, Trinidad la Petenera, Doña Irene, Soy canastera o el chotis Pues no eres tú nadie (10).

Miss Margot Asquith.

Miss Margot Asquith.

En esa época distintos medios internacionales se hicieron eco de un artículo publicado en el London Magazine por la escritora Margot Asquith, que relataba sus impresiones sobre un reciente viaje a Sevilla y ofrecía un interesante testimonio sobre Dora:

“El porte de la muchacha, la manera como se presentó en escena, su dignidad y sus movimientos le dieron el éxito más completo. Asegura que, de haber debutado en otro país cualquiera, Dora la Cordobesita tendría a sus pies un porvenir tan brillante como el de Anna Pavlova; pero ‘la artista está rodeada de parientes que se distribuyen sus ganancias, permitiéndole que disfrute únicamente de una pequeña parte, y dentro de quince años, en lugar de cantar ante Reyes y cenar con millonarios, se encontrará comiendo naranjas en la misma silla de pino que hoy ocupa su abuela’. Alguien afirmó que bastaba ofrecer a la artista el más inocente paseo para ser inmediatamente apuñaleado o encarcelado” (11).

La Cordobesita recibió el año 1924 actuando en el teatro Ortiz de Murcia, donde estrenó la canción granadina Carmen del agua, con un decorado creado por el señor Sanz (12). Se presentó después en el salón Hesperia de Almería y dio muestras de su gran generosidad, al obsequiar a los niños de las escuelas públicas y del hospicio con dos funciones, en las que “en traje de calle, bailó de una manera magistral el fandanguillo almeriense, recibiendo una gran ovación” (13).

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Con nuevos triunfos en sus baúles, cosechados en Barcelona y Huelva, el último día de febrero la artista “más original y completa de todas” reapareció en un teatro Romea de Madrid “rebosante de selecta concurrencia” e hizo una presentación digna de la estrella que era:

Mantones de Manila, de fondos verdes y rojos y bordados con grandes rosas, forman las cortinas, y al descorrerse estas aparece un nuevo decorado, de ambiente andaluz, poetizado con flores.

Entre la salva de aplausos se presentó con un soberbio traje de terciopelo, adornado con tisú de plata y brillante pedrería, para subyugar al público, interpretando ‘Soleá la Macarena’, con su estilo castizo de gitana melodía y recitados armónicos de exquisito gusto.

Después fue ovacionada en la canción granadina ‘Carmen del Agua’ y en la saeta ‘Patrocinio’, que dijo con voz tremante de emoción” (14).

Durante todo el mes de marzo “la sultana del garbo y reina de la gracia flamenca” (15) colgó el cartel de “No hay billetes” en la catedral de las variedades. En ese tiempo también fue requerida para actuar en una velada organizada por los señores de Van-Vollenhoven en honor del príncipe consorte de los Países Bajos, que fue presidida por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia

Envuelta en un pañolón de Manila y tocada con un sombrero, interpretó, acompañada por una orquesta, lo más granado de su repertorio: “‘Córdoba bella’, […] la castiza Soleá, la canción gitana ‘Nativa de Faraón’ y la alegre ‘Ria de Triana’, para terminar con la madrileña canción ‘¡Pues no eres tú nadie…!’ Entre una y otra, […] ejecuta con arte singular la Farruca torera y los ‘Fandanguillos’ de Almería” (16).

Dora la Cordobesita en portada de Mundo Gráfico, 15-8-1923.

Dora la Cordobesita en portada de Mundo Gráfico, 15-8-1923.

También en esos días se estrenó la película Córdoba en Madrid, realizada por Armando Pou para la casa Victoria Film, que recogía distintas escenas del carnaval madrileño de 1924 e incluía unos planos de Dora saliendo del teatro Romea y cruzándose con su paisano Julio Romero de Torres (17). 

Como cada año, el Sábado de Gloria “la más grande y genial artista contemporánea” inauguró la temporada de primavera en el salón Imperial de Sevilla (18) y durante la Feria de Abril volvió a compartir protagonismo con la Niña de los Peines. Traía nuevo decorado, de gran visualidad, y repertorio renovado, que no satisfizo a los cronistas locales. 

No obstante, lejos de culparla a ella, estos recriminaron a los autores de sus cuplés el haber caído “de lleno en la andaluzada”, recurriendo a “las eternas falsedades del tipo del bandido, o del torero, o de la flamenca de rompe y rasga”, para construir “una historia ñoña, falta de sentimiento”. A pesar de todo, “logra triunfar el arte de Dorita”  (19).

En el mes de mayo debutó en el teatro Rey Alfonso de Madrid la “Reina de las Reinas del género andaluz”, por el nada desdeñable caché de setecientas pesetas diarias, y su presentación constituyó “otro triunfo grandioso para la bellísima ‘estrella’, que estrenó números como No es pa tanto y La flor del querer, ambos con música de Manuel Font de Anta (20). 

Durante su estancia en la Villa y Corte sucedieron en Córdoba dos hechos dignos de mención: coincidiendo con la feria, se expuso en el Círculo de la Amistad un cuadro de León Astruc que tenía como protagonista a Dora “en sus inimitables ‘Bulerías’” (21) y poco después el antiguo teatro Circo volvió a abrir sus puertas, totalmente reformado y rebautizado como Duque de Rivas por su nuevo propietario, Antonio Cabrera (22). 

Dora la Cordobesita, en portada de La Semana Gráfica, 25-8-1923.

Dora la Cordobesita, en portada de La Semana Gráfica, 25-8-1923.

A finales de mayo la Cordobesita regresó a su ciudad para reencontrarse con sus paisanos en la que a partir de entonces fue su casa. “Y cantó, bailó, con esa gracia tan suya”, y “obtuvo uno de los mayores triunfos de su vida artística” (23), pues se encontraba “en el apogeo de sus facultades, haciendo gala de un dominio escénico y una desenvoltura como solo tienen las grandes” (24). 

Durante el mes de junio actuó en el teatro Lara de Málaga y en el Casino de Algeciras, y en julio, “con un calor asfixiante”, volvió a lograr lo imposible: llenar durante quince días consecutivos, más su correspondiente prórroga, el madrileño teatro de la Latina, donde obtuvo “un triunfo clamoroso, unánime, definitivo” (25). 

Contratada por el empresario Juan Martínez Carcellé para actuar como fin de fiesta tras una compañía de revistas, constituyó el principal atractivo del cartel, con números como La pena, composición de Emilio de Torre con letra de Alcaide de Zafra (26), o el cuadrito de ambiente andaluz Lo mejor de Córdoba, escrito por José María Granada: una especie de zambra en la que se lucía bailando a la guitarra, magistralmente acompañada por Teresita Silverdi, varias danzas gitanas (27).

Dora la Cordobesita, por Julio Romero de Torres.

Dora la Cordobesita, por Julio Romero de Torres.

Como colofón de su exitosa actuación, el once de agosto un amplio grupo de periodistas y admiradores de Dora –Julio Romero de Torres, Manuel Font de Anta, José María Granada, Juan Martínez Carcellé y Manuel Rivas Cherif, entre otros– organizaron una merienda en su honor en el castizo bar Cascorro, que tuvo su prolongación, en petit comité, en el teatro de la Latina (28). La prensa le dedicó apelativos tan sonoros como “reina de la flamenquería” o “la ‘Mezquita hecha carne’” (29).

Durante su estancia en la Villa y Corte la Cordobesita también intervino en una emisión de Radio Ibérica, en la que interpretó los cuplés Rosario la Granadina, Doña Irene, La rosa de los calés y Soy canastera (30). Una vez cumplidos sus compromisos profesionales, disfrutó de un merecido descanso y en el mes de septiembre inició una gira por la cornisa cantábrica, que la llevó a ciudades como Bilbao, San Sebastián o Burgos

De nuevo Madrid, en octubre regresó al teatro Príncipe Alfonso, no solo como artista sino también en calidad de empresaria, con la intención de hacer desfilar por su escenario, durante seis meses, a las mejores figuras del género de variedades (31). Allí estrenó las canciones Así lo quiso un divé, de Valverde y Quirós, y Los huerfanitos, de Soriano y Villajos (32).

Notas:

(1) La Opinión, 5-8-1923, p. 6.

(2) La Unión Ilustrada, 7-10-1923, p. 14.

(3) La Unión Ilustrada, 19-8-1923, p. 12.

(4) L., El Diario de Ávila, 23-11-1923, p. 1.

(5) Córdoba Automovilista, 1-10-1923, p. 14.

(6) Rabí, La Unión, 12-10-1923. Archivo ON.

(7) Rabí, La Unión, 20-10-1923. Archivo ON.

(8) El Liberal, edición de Sevilla, 28-10-1923, p. 4.

(9) La Opinión, 7-11-1923, p. 3.

(10) El Adelanto, 30-11-1923, p. 2.

(11) Antonio Luis, El Imparcial (San Juan de Puerto Rico), 21-12-1923, p. 7. Miss Asquith era la esposa del ex primer ministro británico, H. H. Asquith.

(12) Joao d’Aveira, El Tiempo, 23-12-1923, p. 3.

(13) Diario de Almería, 8-1-1924, p. 3.

(14) La Voz, 4-3-1924, p. 6.

(15) El Imparcial, 23-3-1924, p. 4.

(16) La Época, 12-3-1924, p. 1.

(17) La Voz, 31-3-1924, p. 18.

(18) El Noticiero Sevillano, 19-4-1924, p. 5.

(19) Cansinos, El Noticiero Sevillano, 20-4-1924, p. 1.

(20) La Unión Ilustrada, 1-6-1924, p. 38; L. H., Diario Universal, 18-5-1924, p. 2; Eduardo Zapata, La Unión Ilustrada, 25-5-1924, p. 14.

(21) La Voz, 27-5-1924, p. 16.

(22) La Voz, 25-5-1924, p. 7.

(23) La Voz, 30-5-1924, p. 11.

(24) Denio, Diario de Córdoba, 11-6-1924, p. 1.

(25) Eduardo Zapata, La Unión Ilustrada, 24-8-1924, p. 14.

(26) La Unión Ilustrada, 10-8-1924, p. 14.

(27) Eduardo Zapata, La Unión Ilustrada, 24-8-1924, p. 14.

(28) Noticiero Universal, 9-8-1924, p. 2; La Voz, 12-8-1924, p. 2.

(29) El Imparcial, 12-8-1924, p. 6; L., La Ilustración Universal, agosto de 1924, p. 23.

(30) La Independencia, 5-8-1924, p. 4.

(31) La Voz, 29-10-1924, p. 12.

(32) R., La Libertad, 22-10-1924, p. 6; Heraldo de Madrid, 6-11-1924, p. 6.


Dora la Cordobesita, la sultana del garbo (IV)

En abril de 1922 la Cordobesita regresó cual golondrina al salón Imperial de Sevilla, que la recibió con honores de soberana, pues al “título ya anterior de emperatriz de los gitanos” ahora sumaba los de “reina de la alegría” (1), “reina indiscutible del cuplé” y del arte jondo, dado que el suyo es “un flamenco de sangre azul, que está muy por encima del ‘rengue rengue’ de los flamencos de cartón” (2). 

Dora la Cordobesita, en portada de Mundo Gráfico, 30-11-1921.

Dora la Cordobesita, en portada de Mundo Gráfico, 30-11-1921.

La crítica la encontró “más guapa, […] más graciosa, más flamenca que nunca y con cinco depósitos de sal molida, que desparrama por arrobas”. Brilló especialmente en el Fandanguillo de Almería, en el que se mostró “rítmica, solemne, gitana” (3), y en el cuplé La cruz de mayo, de Font y Valverde, que el público le hizo repetir en varias ocasiones (4).

Durante su estancia en la ciudad hispalense Dora fue contratada por el barón de Rothschild para actuar en las fiestas de inauguración de su casa parisina y ofrecer dieciocho representaciones en el teatro Antoine, por un montante total de 32.000 pesetas (5). Además, el aristócrata encargó a Gustavo Bacarisas un retrato de su admirada artista, cuyo paradero hoy se desconoce. Al decir de quienes tuvieron la suerte de contemplarlo, constituía hasta ese momento “la obra maestra” del pintor:

“La figura aparece en un delicioso movimiento de baile con los bellos brazos sensuales, en alto, sirviendo de marco a la cara pícara e ingenua, mimosa y enfadona de la gentil gitanilla enigmática. En el fondo, se ven unos naranjos esfumados, y se adivinan […] unos típicos edificios de barrio. Una chaquetilla, oro y grana, se ciñe al busto airoso; y la pomposa enagua […] vuela en el ambiente, exhalando fragancias de juventud. Sobre toda la maravilla del conjunto, se destaca una roja mantilla de madroños” (6).

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

De Sevilla marchó a Córdoba, para seguir cosechando triunfos en el teatro Circo y en la feria de mayo. El crítico del diario La Voz, que firma como Aristeo, exaltó la naturalidad y exquisitez de su arte, que “no tiene las severas huellas del estudio, ni la austeridad de lo premeditado” (7). Lo que más le impactó fue su baile:

“Dorita es muy femenina… Baila con todas las fibras de sus entrañas, sintiendo el palpitante ritmo que imperioso arde en su alma […]. 

Bailando, todo en ella es movilidad, arte, expresión, belleza… […] Sus manos […] acarician las castañuelas con cariño de virgen, arrancándoles un repiqueteo sonoramente inconfundible.

Parece unos momentos al bailar, triste, otros jovial, algunos que jura, otros que desprecia, ostentando con majestad de reina la suprema expresión de toda la complicada alma andaluza rebelde y buena” (8).

Durante los meses de verano la “reina del cante flamenco” (9) se presentó en el teatro de la Latina de Madrid, en el Vital Aza de Málaga y en el Eslava de Jerez, entre otros coliseos. En octubre regresó a Sevilla para ofrecer una nueva temporada de actuaciones en el Imperial, donde demostró su dominio del cuplé andaluz en todas sus variedades ーsatírico, frívolo, sentimental…ー y estrenó dos nuevas creaciones, La Velá de Santa Ana, de Font de Anta y Hernández Mir, y La Venta de Eritaña, de Font y Alcaide de Zafra.

Dora la Cordobesita, en portada de la revista Flirt, 17-8-1922.

Dora la Cordobesita, en portada de la revista Flirt, 17-8-1922.

Tras su función de beneficio y despedida, Fernando de los Ríos le dedicó un artículo en el que la consideraba un “crisol de andalucismo” (10); y Castro Molins trató de plasmar con palabras su danza más emblemática:

“… baila con insuperable maestría, el Fandanguillo de Almería.

Sus pies chiquititos, de princesa japonesa, bordan los bellos y armoniosos pasos de la danza.

Suenan los crótalos, que en sus manos bellísimas, agitándose en el aire, cual dos bellas y aladas mariposas de ensueño, tienen suaves y armoniosos arpegios musicales.

Su cuerpo, digno de ser moldeado por Fidias, es todo euritmia en este baile, que tan magistralmente interpreta.

Su gracia, enorme y personalísima, se desborda. […]

Taconea. Sus tacones hacen bellas filigranas en las tablas de la escena.

Y sonríe, segura del dominio de su arte. 

Su cuerpo vibrante y ambarino […] de gitana, se enarca en un supremo y bello gesto de pasión…” (11).

Durante su estancia en la capital andaluza también intervino, junto a la canzonetista la Goya, en una fiesta ーcon baile y buñoladaー en honor de los reyes de España que se celebró en el palacio árabe de la Exposición Hispano-Americana, sito en la plaza de América. En ella interpretó las canciones Trinidad la Petenera, ¡Qué cosas tiene! y La velá de Santa Ana, además de su famoso Fandanguillo de Almería (12).

Dora la Cordobesita, en el Fandanguillo de Almería. CDMAE.

Dora la Cordobesita, en el Fandanguillo de Almería. CDMAE.

Poco después recibió una carta de Félix Camoin, director delegado del barón de Rothschild, en la que este le comunicaba la rescisión de su contrato por falta de disponibilidad del teatro Antoine y de otras salas parisinas. Como compensación percibió la nada desdeñable cifra de diez mil pesetas (13).

A mediados de noviembre, “segura de que la corona de lo jondo, legítimamente le corresponde” (14), debutó en el teatro Principal de Cádiz, ante un público entusiasmado que aplaudía sin cesar a la “garabita” ーcomo la llamaban los gitanos, “conjunción de lo señoril y lo flamenco”ー y a su perro Faraón, que cada noche salía a escena a recoger las monedas que le arrojaban al escenario (15).

Regresó después a Madrid, a cosechar un nuevo triunfo en el Lara, y despidió el año en el coliseo Cervantes de Albacete, donde estrenó cuatro nuevos decorados del prestigioso escenógrafo Manuel Fontanals (16) y participó en la zambra gitana del segundo acto del sainete El niño de oro, de José María Granada, que fue llevada a escena por la compañía de Carmen Moragas. Ofreció, además, un fin de fiesta en el que cantó Córdoba la bella, Trinidad la Petenera, Jesús, María y José, Soy canastera, Vaya Benito con Dios y El Sanguango, e interpretó unos Fandanguillos de Almería (17).

Dora la Cordobesita, en portada de La Semana Gráfica, 12-5-1923.

Dora la Cordobesita, en portada de La Semana Gráfica, 12-5-1923.

En febrero de 1923 reapareció en Lara como fin de fiesta, compartiendo cartel con una compañía teatral encabezada por Leocadia Alba. Una vez concluida su brillante actuación, con “mayor [éxito] en los bailes que en los cuplés” (18), sus amigos y admiradores ーel pintor Julio Romero de Torres, los compositores Font de Anta y Amadeo Vives, y los periodistas Serafín Adame y el Caballero Audaz, entre otrosー la agasajaron con un almuerzo íntimo que se celebró en el restaurante Villa Rosa (19).

Tras descansar unos días en Córdoba para reponerse de una gripe y una afonía que la obligaron a cancelar varios contratos, el Sábado de Gloria “la más grande de las artistas contemporáneas”, la “más gitanamente graciosa […] y la que más admiradores incondicionales tiene” (20), reapareció en el Imperial de Sevilla, compartiendo cartel con el prestidigitador y ventrílocuo D’Anselmi, y la bailaora Pilar Calvo

Además, durante la Feria de Abril se repartió el protagonismo con la más grande de las cantaoras, la Niña de los Peines, y a finales de mes ofreció una función extraordinaria a los infantes don Carlos y doña Luisa, que la felicitaron con entusiasmo (21). En esa época la discográfica Odeón anunció “nuevas impresiones de los últimos éxitos de Dora, princesa gentil y airosa del califato espiritual de Córdoba musulmana” (22).

Dora la Cordobesita.

Dora la Cordobesita.

Se escapó un par de semanas a Cádiz para recoger un nuevo triunfo en un teatro Principal abarrotado, con números como Lobá, La cura, La ‘arriá’ en Triana, ¿Pasa algo?, La rosa de los calés o De joyo membrillo (23). Después volvió a la ciudad de la Giralda, donde participó en una velada necrológica celebrada el dieciséis de mayo en el teatro Cervantes en memoria del malogrado diestro Joselito

En ella intervinieron los escritores Manuel Machado, Enrique Sánchez Alarcón y Gregorio Corrochano, y Dora “cantó de un modo insuperable” la canción Claveles de sangre (24). Meses más tarde declaró: “Esta ha sido la noche más emocionante de mi vida y, por mucho que viva, nunca se apartará de mi recuerdo” (25). Al día siguiente todos fueron invitados por Ignacio Sánchez Mejías a su finca de Pino Montano, donde disfrutaron de un selecto menú y una deliciosa sobremesa amenizada por el cante de Diego Antúnez y la guitarra de Manolo de Huelva (26).

Unas semanas más tarde, la noche del Corpus, la Cordobesita debutó en el teatro Cervantes de Granada, “vestida con un lindísimo traje de tisú de oro cubierto de encaje chantilly, cuyo cuerpo está bordado de grandes pensamientos que caen en artísticas estolas y de pedrería que entreteje fantástico dibujo”; y “triunfó absolutamente, rotundamente” (27). Unos días más tarde se unió al programa la Niña de los Peines, acompañada a la sonanta por Habichuela (28). 

Dora la Cordobesita, por Romero de Torres, en las etiquetas del anís La Cordobesa.

Dora la Cordobesita, por Romero de Torres, en las etiquetas del anís La Cordobesa.

Al decir de la crítica, en artistas como Raquel Meller, la Argentinita o Dora, el cuplé no era ya “la canción afrancesada, ligera, superficial y picaresca, cuando no francamente indecente, acompañada de movimientos lascivos y guiños maliciosos”, sino “una obra de arte verdadero”. Los más apreciados por el público eran los “dramas líricos comprimidos”, como La Venta de Eritaña o La gitana del Sacromonte, ambos creaciones de la Cordobesita (29). 

Aunque había quienes la consideraban “un poquito flamenca, un poquito gitana, para aceptarla enteramente como artista seria”, esto no suponía ningún inconveniente en su tierra andaluza: “¿Qué cuando canta o baila derrama la sal, cuando el cuplé lo pide, por arrobas y hasta por quintales? […] Con tal que sea verdadero arte, puede ser serio o alegre” (30). Es más, Martín Scheropf reivindicaba la faceta dramática de Dora:

“Todos la citan y la ensalzan por su gracia andaluza, porque es muy flamenca y muy gitana, y apenas se fijan […] en que Dora vale también enormemente, inmensamente, como artista seria, esto es, interpretando magistralmente, con toda la perfección de la más grande trágica, cuplés dramáticos y trágicos […]. Y es que, como tiene mucho talento, gracia extraordinaria (como ninguna), exquisita sensibilidad […] y además siente hondamente, todo lo hace bien” (31)

Notas:

(1) La Unión, 15-4-1922. Archivo ON.

(2) P., El Noticiero Sevillano, 16-4-1922, p. 5.

(3) Rabbí, La Unión, 16-4-1922. Archivo ON.

(4) P., El Noticiero Sevillano, 16-4-1922, p. 5.

(5) El Imparcial, 26-4-1922, p. 1.

(6) Hermetes, La Unión, 2-9-1922. Archivo ON.

(7) Aristeo, La Voz, 24-5-1922, p. 1.

(8) Aristeo, La Voz, 1-6-1922, p. 3.

(9) Heraldo de Madrid, 28-8-1922, p. 6.

(10) Fernando de los Ríos, La Unión, 29-10-1922. Archivo ON.

(11) A. de Castro Molins, La Semana Gráfica, 4-11-1922, p. 7.

12) La Unión, 17-10-1922. Archivo ON. Poco después, tras la incorporación de Portugal, la exposición cambió su nombre por el de Iberoamericana.

(13) El Noticiero Sevillano, 3-11-1922, p. 5.

(14) El Noticiero Gaditano, 16-11-1922, p. 1.

(15) El Noticiero Gaditano, 18-11-1922, p. 1.

(16) El Diario de Albacete, 29-12-1922, p. 1. En 1928 Manuel Fontanals creó el decorado y los figurines para el ballet Juerga, de Antonia Mercé, la Argentina; y en 1933 se encargó de la escenografía de El amor brujo, de Encarnación López, la Argentinita.

(17) El Diario de Albacete, 30-12-1922, p. 1.

(18) E. M., La Época, 5-2-1923, p. 3.

(19) La Voz, 16-2-1923, p. 2; Diario de Córdoba, 21-2-1923, p. 1.

(20) El Liberal, edición de Sevilla, 31-3-1923, p. 3: 1-4-1923, p. 3.

(21) La Unión, 29-4-1923. Archivo ON.

(22) El Liberal, edición de Sevilla, 23-3-1923. Archivo ON.

(23) El Noticiero Gaditano, 4-5-1923, p. 1; El Noticiero Gaditano, 5-5-1923, p. 1.

(24) La Voz, 18-5-1923, p. 2; La Publicidad, 19-5-1923, p. 2.

(25) La Voz de Castilla, 2-12-1923, p. 5.

(26) El Liberal, edición de Sevilla, 19-5-1923, p. 3. Archivo ON.

(27) Noticiero Granadino, 2-6-1923, p. 2.

(28) La Publicidad, 8-6-1923, p. 2.

(29) Noticiero Granadino, 7-6-1923, p. 1.

(30) Ibidem.

(31) Martín Scheropf, Noticiero Granadino, 13-6-1923, p. 1.


Dora la Cordobesita, la sultana del garbo (I)

En la historia del flamenco existen casos notables de artistas precoces, que iniciaron sus carreras profesionales a una edad muy temprana, normalmente impelidas por una mezcla de vocación y necesidad, que llevó a niñas como Pastora Pavón o Carmen Amaya a convertirse en sostenedoras de una extensa familia. También con muy pocos años, Encarnación López, la Argentinita, inició su peregrinar por los teatros de variedades de toda España, convertida en una seria competidora de las grandes figuras del género.

Dora la Cordobesita en portada de la revista Diana, 22-1-1911.

Dora la Cordobesita en portada de la revista Diana, 22-1-1911.

Apenas un lustro después, y con un perfil similar al de Encarna, irrumpió en la escena española Dora la Cordobesita, otra joven promesa que no tardó en convertirse en una brillante realidad. No obstante, tal vez por su temprana retirada de los escenarios, cuando se encontraba en la cumbre de su fama, su nombre no luce hoy con el brillo que merecería en los anales de la danza y la canción española. Sirva esta serie de artículos para reivindicar a quien sin duda es una de las mayores figuras que ha dado la tierra cordobesa.

Dolores Castro Ruiz nació el 25 de mayo de 1901 en el número cinco de la calle Valderrama, en pleno casco histórico de la capital (1). Sus padres nunca llegaron a casarse, por lo que se crio con su madre y su abuela materna. Desde muy pequeña sintió la llamada del arte. Según su propio testimonio, debutó en el cine Ramírez de su ciudad a los diez años de edad, con una madrina de excepción:

“Yo iba casi diariamente al cine, para ver actuar a Pastora Imperio, y en mi casa imitaba algunos números de los que ella hacía. Me los vio hacer, le gustó, y me propuso sacarme ella misma a escena.

[…] Yo me puse a cantar el número, procurando imitarla, y Pastora se retiró del escenario a la mitad, a ver si yo me azoraba al quedarme sola […]. Con lo chica que yo era, y sin haber pisado un escenario en mi vida, seguí tan campante, y la gente me aplaudió” (2).

Dora la Cordobesita, en portada de la Revista Teatral, 30-10-1912.

Dora la Cordobesita, en portada de la Revista Teatral, 30-10-1912.

Ese fue el primero de los incontables triunfos que Dora cosechó a lo largo de su deslumbrante carrera, que está profusamente documentada en la prensa de la época. La referencia más antigua data de finales de abril de 1911, cuando aún no había cumplido los diez años de edad (3), y la sitúa en el teatro Circo de Córdoba, actuando en los intermedios de las obras llevadas a escena por la compañía cómica del actor Juan Pantaleón (4). Solo unos meses más tarde, la “pequeña cupletista” ya aparecía en portada de la revista gaditana Diana, que se hacía eco de sus exitosas actuaciones en Gibraltar y Zafra. Al decir de un diario de esta localidad, “‘Dorita’ es de las que convencen y le pronostican un brillante porvenir’” (5).

Su carrera arrancó con brío y no tardó en ser requerida en las principales capitales andaluzas –Cádiz, Granada, Málaga, Sevilla, Almería– así como en otras muchas localidades de nuestra geografía regional, desde Ayamonte hasta Linares. En 1914 realizó sus primeras giras por Extremadura y Levante; en 1915 viajó a las islas Canarias y Portugal; y en 1916 cruzó la frontera de Despeñaperros. Su gran versatilidad le permitió cultivar de forma excelente tanto el baile como el cuplé, y así lo certificó la crítica desde sus primeras actuaciones: “Dora la Cordobesita, artista monísima y que canta y baila que es un primor” (6).

Su primer repertorio estaba integrado por imitaciones de las estrellas del género de varietés y de grandes figuras del toreo, que ejecutaba con gracia, desparpajo y maestría: “Su trabajo de imitaciones, de difícil ejecución y expuesto a un fracaso al menor descuido, lo domina perfectamente” (7). Merece la pena destacar su interpretación de las canciones Tápame, de la Goya, y La pena, pena, de Pastora Imperio; o el pregón El pescaero, de Amalia Molina; así como el cuplé Los tres ases, inspirado en las figuras de Joselito, Belmonte y Rafael el Gallo.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Incluso se atrevía a ofrecer unas pinceladas de cante flamenco, no sin manifestar el gran respeto que le merecía el género: “-Respetable público –dijo– esta noche por ser mi beneficio y para complacer a ustedes, voy a cantar flamenco, como excepción. Soy casi una niña, y no tengo la pretensión de que ustedes me comparen con ‘la niña de los peines’. Ruego, pues, indulgencia” (8).

Esas palabras las pronunció Dora en junio de 1912 en el salón Novedades de Málaga, donde actuó durante cuarenta días consecutivos con enorme éxito. Poco después ya había quien consideraba que “puede compararse con las mejores de su género” (9), tal vez porque poseía un arte innato “que muchas de las ‘mayores’ aún no supieron o no quisieron dominar. Ella canta, baila y acciona con igual desenvoltura que si maestros de declamación y músicos famosos se hubieran esmerado en educarla; y nada más lejos de eso, Dora […] nació artista” (10).

Su progresión fue meteórica y en ello seguramente tuvo mucho que ver el contar con el respaldo de una figura como la de Antonio Cabrera, empresario teatral afincado en Córdoba que, no solo ejerció como su representante artístico (11), sino que encarnó para Dora lo más parecido a la figura de un padre. Él la acompañó en todos sus viajes y veló por el buen desarrollo de su carrera, que desde el principio se caracterizó por la búsqueda de la excelencia y la profesionalidad. Así, siguiendo el ejemplo de su admirada Amalia Molina, concedió gran importancia a la presentación escénica, y dotó a cada número del vestuario más apropiado, sin escatimar en gastos (12).

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Con solo once años de edad, empezaba a ser considerada una “consumada maestra” (13), que triunfaba por “el arte, la graciosa desenvoltura, el estudio acabado de los bailes, la voz de irresistible simpatía […], una artista única en su género, que vela […] por el prestigio de lo andaluz, sin trampa de flamenquismo ni cartón de pandereta” (14). Las empresas se la rifaban y el estatus económico alcanzado incluso le permitía disfrutar de periodos de descanso vacacional (15).

Además de todos los méritos señalados, la crítica coincidía en destacar la gran personalidad de la Cordobesita, que, para seguir creciendo artísticamente, debía dar un paso más. En 1914, durante su gira por Extremadura, Pedro Fernández Santos se permitió hacerle la siguiente recomendación:

“… es indiscutible que ‘Dorita’ es una de las artistas de varietés, de más extenso repertorio, porque todos los géneros le son asimilables, y todos los dominan […]; ¿no es racional que yo le aconseje que procure hacerse uno suyo propio, con absoluta exclusión de todo aquello que pueda traer comparaciones con la gran Molina, con ‘Lulú’, ‘Argentinita’, ni la Imperio? […]

‘Dorita’ tiene voz y recursos suficientes para responder a todas las exigencias del pentagrama; ¿a qué, pues, imitar lo que a veces es malo?” (16).

No cabe duda de que estas palabras no cayeron en saco roto, ya que, sin dejar de lado sus “inimitables” imitaciones, en los años siguientes Dora fue incorporando en sus actuaciones –muchas veces, en exclusivacanciones y cuplés firmados por compositores como Manuel Font de Anta, Cándido Larruga o Vicente Quirós, con textos de Manuel Susillo, Salvador Valverde o Eduardo Montesinos, entre otros; así como danzas con música de Enrique Granados, Isaac Albéniz o Gaspar Vivas.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

En mayo de 1916, con quince años recién cumplidos, alcanzó uno de los hitos a los que toda artista aspira, debutar en la Villa y Corte, y no en cualquier escenario, sino en la catedral de las variedades, el teatro Romea. Allí escuchó durante dos semanas “aplausos tan merecidos como ruidosos. […] venía precedida de gran fama, y […] la ha consolidado poderosamente, quedando consagrada como canzonetista y bailarina de gracia, arte, flexibilidad y dotes excepcionales” (17). Tanto fue así, que la empresa la hizo firmar un contrato para la siguiente temporada (18).

Tras su exitosa presentación en el Kursaal de Melilla, donde ofreció treinta y dos representaciones y estrenó el cuplé Aires de Córdoba (19), en el otoño de 1916 regresó a su ciudad para actuar en el teatro Circo, no ya como “la niña que empieza, sino [como] la gran estrella que triunfa. El decorado es estupendo y variadísimo, pintado por los mejores escenógrafos; el vestuario, riquísimo, y, sobre todo, […] arte fino y puro, sin adulteraciones, arte exquisito, maestría insuperable” (20).

El público llenó la sala cada noche y la colmó de ovaciones, hasta el punto de que se vio obligada a interpretar entre doce y catorce números por sección (21). Unas semanas más tarde debutó en el que pronto se convertiría en uno de sus escenarios más frecuentados, el salón Imperial de Sevilla, donde gustaron “especialmente unas bulerías que bailó con mucha gracia gitana” (22).

Anuncio de Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 25-6-1914).

Anuncio de Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 25-6-1914).

A sus quince años de edad, al decir del escritor Enrique Honrubia, contaba con potencial suficiente para llegar a superar a su gran maestra y referente:

“Distínguese Dora la Cordobesita en el género cañí, sin mixtificaciones, y en sus dos aspectos, canto y baile, y con tal verismo y originalidad, que su trabajo no encuentra similar con quien compararlo […].

… con un vestuario lujoso y apropiado y un decorado de primoroso valimiento, en el que figuran vistas y paisajes de ciudades andaluzas.

Por todo este conjunto, en fin tengo el convencimiento de que Dora la Cordobesita llegará a ser en breve otra Pastora Imperio, con la ventaja para Dora de que en ella la cantante no queda por debajo de la bailarina” (23).

En abril de 1917 regresó al teatro Romea de Madrid mas, a pesar del éxito obtenido la noche de su debut, decidió rescindir su contrato con Antonio Alesanco por los motivos que explicó en una carta enviada a la prensa, en la que dio buena muestra de su carácter:

“Yo venía actuando […] con gran satisfacción en el antedicho teatro […] pero la noche del 28, al negarme en la sección de las once a corresponder con la interpretación de otros números a los favores del público, adquirí el convencimiento, muy penoso, de que el empresario […] regatea o escatima el éxito a las artistas que no son a la vez mujeres dóciles a sus halagos serviles” (24).

Dora la Cordobesita (Toros y toreros, 5-6-1917, p. 13).

Dora la Cordobesita (Toros y toreros, 5-6-1917, p. 13).

Unos días más tarde, compartiendo cartel con Raquel Meller, debutó en el Trianón Palace, donde siguió siendo muy aclamada (25). Pocas semanas después, el 31 de mayo, sufrió el duro golpe de perder a su madre, por lo que a partir de entonces fue Antonio Cabrera quien se hizo cargo de ella. De hecho, en el padrón de vecinos de Córdoba de 1919 ambos aparecen domiciliados en el número 14 de la calle Muñoz Capilla.

Notas:

(1) Así consta en su acta de nacimiento, localizada por Manu Guerrero.

(2) Declaraciones de Dora en el diario La Unión, 15-4-1925, p. 9.

(3) Sus pocos años le originaron algún que otro problema, por ejemplo en el cine Escudero de Cádiz, “de donde inopinadamente fue desterrada por no considerársele en aquel tiempo con edad suficiente” (Diana, 31-10-1912, p. 11); o en el Salón Imperial de Sevilla, donde tuvo que suspender su actuación por orden gubernativa (Eco Artístico, 25-6-1914, p. 31).

(4) El Defensor de Córdoba, 28-4-1911, p. 4.

(5) El Eco del Pueblo, citado en Diana, 22-10-1911, p. 10.

(6) Noticiero Granadino, 23-3-1912, p. 3.

(7) Diana, 30-10-1912, p. 11.

(8) José Carlos Bruna, La Unión Ilustrada, 9-6-1912, p. 3.

(9) Zadí Jérico, Diana, 22-9-1912, p. 11.

(10) Eco Artístico, 5-12-1912, p. 24.

(11) En 1913 se anunció por primera vez en la prensa como representante exclusivo de Dora (Eco Artístico, 25-3-1913, 30).

(12) Cuando aún contaba once años de edad, Dora ya destacaba “por el rico vestuario que presenta” (Eco Artístico, 5-1-1913, p. 18). Uno años más tarde también contaría con sus propios decorados, firmados por escenógrafos de prestigio.

(13) Eco Artístico, 15-3-1913, p. 31.

(14) J. L., El Popular, 2-3-1913, p. 2.

(15) En 1913 pasó los meses de junio y julio descansando en Puerto Real “al lado de sus padres” –la prensa se refiere a su madre y Antonio Cabrera– (Eco Artístico, 5-6-1913, 55) y en diciembre “marchó a Córdoba a pasar con su familia las fiestas de Navidad” (M. R., Eco Artístico, 25-12-1913, p. 38).

(16) Pedro Fernández Santos, La Región Extremeña, 30-7-1914, 1.

(17) Eco Artístico, 25-5-1916, p. 17.

(18) Eco Artístico, 5-6-1916, p. 12.

(19) Con letra de Tomás Segado-Gómez y música de Vicente Quirós (El Telegrama del Rif, 18-9-1916, p. 1).

(20) Eco Artístico, 5-10-1916, p. 16.

(21) Eco Artístico, 15-10-1916, pp. 13-14.

(22) El Liberal, edición de Sevilla, 10-11-1916. Archivo ON.

(23) Enrique Honrubia, Eco Artístico, 5-2-1917, p. 12. En esa época Dora contaba ya con doce decorados propios (Heraldo de Zamora, 15-12-1916, p. 3).

(24) Toros y Toreros, 8-5-1917, p. 13.

(25) Toros y Toreros, 15-5-1917, p. 13.


Tina Pavón: «Cuando yo canto, trato de hacerlo de corazón»

Tina Pavón es una de las grandes maestras del cante de nuestro tiempo. Nacida en San Fernando en 1948, desde pequeña se empapó de los estilos gaditanos, en las voces de su abuela y de sus tíos. Tras un breve paso por Jerez de la Frontera, terminó instalándose en Huelva, y allí se subió por primera vez al escenario en la peña flamenca de Moguer.
En 1981 fue merecedora del Premio Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena y en 1983 se coronó en el Concurso Nacional de Córdoba, donde fue la primera mujer en conseguir el Premio Enrique el Mellizo por su interpretación de los cantes de Cádiz. Ese fue el impulso definitivo que la hizo convertirse en una de las cantaoras más solicitadas en los festivales flamencos de los años ochenta y noventa.
Ha actuado en peñas de toda Andalucía y se ha anunciado en grandes eventos, como la Bienal de Sevilla. En la edición de 1992 participó en el espectáculo Al son de tres por cuatro, dirigido por Pedro Bacán, y en 1994 intervino como cantaora en el montaje Réquiem Flamenco de la Compañía Andaluza de Danza, que se representó en distintos escenarios bajo la batuta de Mario Maya.
En los años ochenta Tina Pavón grabó tres LPs de flamenco clásico, en los que registró una treintena de cantes diferentes, pasados por el tamiz de su personalidad cantaora. También cuenta con un disco de sevillanas y otro de canción andaluza; y en su obra más reciente, Luz de alba, de 2003, presta su voz a una selección de poemas de Juan Ramón Jiménez.
Tina Pavón es una cantaora completa y versátil, con un admirable dominio del compás. Su cante está habitado por los ecos de la Niña de los Peines, tiene el sabor a sal de su tierra gaditana, y la maestría que brota del estudio constante y de un inmenso amor al flamenco.
El pasado doce de octubre la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla le tributó un merecido reconocimiento que comenzó con una entrevista, en la que nos regaló el valioso testimonio que a continuación recogemos. Pasen y lean…

Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: Naciste y te criaste en San Fernando, una tierra muy flamenca, y en una familia con mucho arte. ¿Qué recuerdos tienes de esa época y del surgimiento de tu vocación artística?

R: Pues mira, mis padres por nada del mundo querían que yo fuera artista ni yo se lo propuse, porque mi intención nunca fue ser artista. En mi casa había buenísimos aficionados, empezando por mi abuela Manuela, que hacía sus cantes por bulerías, y la primera vez que yo escuché la seguiriya de Manuel Torres se la escuché a ella siendo yo muy chiquitita.

Ella se sentaba en un patio que tenía, muy bonito, en una casa preciosa con una montera de cristales; se ponía a hacer su crochet y a mí me ponían en un ropón muy grande que tenían de trapillo en el suelo, yo chiquitita gateando, y ella hacía sus cantes. Ya, cuando fui mayorcita, le fui escuchando los cantes. “Era un día señalaíto de Santiago y Santa Ana”… Eso lo cantaba mi abuela. Yo no sabía ni quién era Manuel Torres, ni nada de eso.

Por parte de madre también tenía una tía que cantaba de maravilla, tenía una voz que era una preciosidad, era terciopelo, tenía un jilguero en la garganta, pero no fue nunca artista ni pasó por su imaginación.

La familia de mi abuela eran todos salineros, capataces de salina. Entonces se hacía la fiesta de los esteros, una fiesta grandísima. Asaban el pescado en la sapina, una hierba que cría la salina, y luego se hacía una fiesta que duraba tres días o más, porque cantaba mi abuela, cantaba el padre de mi tío Agustín Benítez, que está muy vinculado también al flamenco… cantaban nada más que en familia.

La única que sacó los pies del plato fui yo, porque me escucharon en la Peña de Cante Jondo de Moguer, en la inauguración. Estaba mi primo Agustín Benítez ーque en realidad es mi tío, pero le digo primo porque es casi de la edad míaー, estaban Manolo Mairena, Luis Caballero, Naranjito de Triana… En fin, había una serie de artistas y el presentador era Manolo Rubio, que tenía una agencia de contratación en Huelva y vivía muy cerca de mí. La ventana de mi cocina daba a la oficina de él y algunas veces me escuchaba, pero no sabía quién era yo.

Entonces, cuando mi primo Agustín le habló de mí, le dice: “Hombre, pero si yo la escucho, yo escucho a una señora cantando por la ventana algunas veces. No me digas que es sobrina tuya y canta. Pues ahora mismo le digo que suba al escenario”.

Me anuncia Manolo Rubio: “Aquí hay una señora que se llama… ーEntonces me decían Agustinaー Agustina, sobrina de Agustín Benítez, y va a subir a hacer unos cantes”.

Yo casi me muero. Cuando me dijo eso, me entró un ataque de nervios tan grande, mira… un dolor de estómago, y qué malita, y… “Primo, ¿tú por qué haces esto? Si yo canto en casa, pero no estoy acostumbrada a subirme…” Y va Naranjito de Triana y dice: “Cuando tu primo Agustín dice que tú cantas es porque cantas, y yo te voy a acompañar a la guitarra”. Y fue Naranjito de Triana el que me acompañó por vez primera a cantar en un escenario en la Peña de Cante Jondo de Moguer.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Ahí estaba Pulpón y, en cuanto me escuchó, en seguida le dijo a mi marido: “Mira, es una pena que esta mujer no cante”. Y mi marido se encendió: “Ea, pues venga, ya está, venga, a los concursos”. Y yo, con vomiteras y la mar de malita que me ponía, porque él me apuntaba a los concursos y me decía: “Oye, que te han clasificado, que tú vas al concurso”. ¡Ay, madre mía de mi alma!

Entonces, como a mí me ha gustado tantísimo el flamenco, que en mi época no había una emisora que no tuviera un programa de flamenco, yo encendía mi radio, buscaba las emisoras y me empapaba de todos los cantes.

Claro, cuando me subo al escenario aquel día, me dice Naranjo: “¿Tú qué vas a cantar?” Y digo: “Pues yo qué sé, cualquier cosa, soleá por bulería”. Y me dice Manolo Mairena: “¿Ha dicho algo la niña? Soleá por bulería. ¡Anda!” Así que subí y aquello fue… porque nadie esperaba que yo sacara la voz de la Niña de los Peines cantando soleá por bulería, que yo tengo mucho eco, muchos tonos muy parecidos a la Niña, además de que yo muero con Pastora… Y nada, pues ya de ahí… Venga, a los concursos.

Me dijo Pulpón: “Mira, te voy a presentar en todos los concursos de toda Andalucía para darte a conocer. Que no te importe si ganas o no ganas, nada más que para que te conozcan”. Y ganaba todos los concursos. Y yo: “Ay, a ver si no me clasifican…” Y él: “Venga, que tienes que presentarte”. Hasta que ya llegó un momento en que me dijo Antonio [Pulpón]: “Mira, te voy a presentar en el concurso de Mairena del Alcor”. Y digo: “Ay, por Dios, que ese concurso es muy importante, que ahí va la gente que sabe mucho…” Total, que me presento en Mairena y me dan el premio a los cantes de compás.

Y ya, pues nada, dice Pulpón: “Venga, pues ahora el Nacional de Córdoba”. Ay, otra vez malísima. Ay, Córdoba, por Dios, Córdoba… Vamos a ver… Estaban José el de la Tomasa, el Pele, había un montón de gente… Digo: “¿Qué voy a hacer yo aquí?”… ¡Que me dieron el premio de Enrique el Mellizo, en los cantes de Cádiz! Así que ya mi trayectoria fue… Pulpón me dijo: “Ya, déjate de concursos, ¿eh? Que ya no hay más concursos. Ya, a trabajar”.

Entonces, ya empezó a meterme en las peñas flamencas, de las peñas a los festivales… y, gracias a Dios, no he parado hasta el año de la pandemia, que me hice cargo de mis padres, ya muy mayores, y los he estado cuidando hasta el día de hoy, y hace un año que se murió mi padre, y ya yo cerré mi boca y no he vuelto a cantar más.

Cuando me llamaron ustedes, digo: “Si ya yo no canto, mujer, si ya ni en la ducha siquiera, yo ya no canto». Además, la garganta es un músculo que, si no entrena, se va… Y muchísimo miedo que he tenido siempre. Pero, bueno, tratándose de la peña Torres Macarena, que tengo unos recuerdos inolvidables, porque siempre me han tratado con muchísimo cariño, me han traído muchas veces, y la verdad es que ya se me resistía el decir que no… y digo: “Pues venga, pero ya la despedida, ¿eh? Ya se acabó”.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: Volviendo un poco a aquellos tiempos, según cuentas, fue tu marido el que te empujó a hacerte artista…

R: Sí, por mi marido fui artista.

P: Es un caso raro, pues en aquella época solía ser al contrario.

R: Era al contrario… Pues él me empujaba y me apuntaba a los sitios, y yo: “Chiquillo, que yo no tengo carácter…” Más tímida y más cortada que las mangas de un chaleco, cortísima… Y el día aquel de Moguer, me tuvo que subir al escenario Manolo Rubio y sentarme en la silla, del ataque de nervios que yo tenía, las piernas eran… que no podía ni andar. A mí me ha dado siempre mucho respeto el público, y siempre con ese miedo y esa cosa. Luego no he escapado mal, la verdad.

P: Y tenías también un hermano que te acompañaba a los sitios y te apoyó mucho, tu hermano Rafael, ¿verdad?

R: Mi hermano Rafael también me ha acompañado a muchos sitios y, ya cuando me quedé sola, que yo me separé por otras circunstancias, mi hermano me acompañaba, me han acompañado mis yernos, me han acompañado mis hijas… Porque ya entonces me lo tuve que tomar en serio y digo: “Yo tengo que llevar mi casa y a mis hijas para delante, y tengo que luchar”.

P: No tuvo que ser fácil, en aquel tiempo, dedicarte a trabajar y cuidar de la familia.

R: No, no fue fácil; pero, gracias a Dios, soy una persona fuerte y he tenido a mis compañeros, los artistas con los que he trabajado han sido formidables. Chano Lobato me daba siempre mucho ánimo, lo mismo que el Lebrijano, que Menese… Todos los compañeros siempre me han apoyado mucho… y las bailaoras… Pepa Montes, que me ponía… “Chiquilla, ven para acá, que te voy a poner ese mantón con arte”. Y me ponía ella el mantón. “Anda, mira qué flamenca estás”. Me han ayudado mucho, la verdad, me he sentido muy arropada porque en aquel entonces, cuando yo salí, había muy pocas mujeres. Estaban María Vargas, la Paquera de Jerez

P: Y las mayores, Fernanda, Bernarda

R: Y ya, claro, ya mayores, y yo entre medio. Ya luego vino Carmen Linares, luego vino Aurora Vargas, ya vinieron más, pero yo me veía en los festivales sola.

P: De hecho, en el año 1983, que es cuando ganaste el Concurso Nacional de Córdoba, que fue un impulso muy grande para tu carrera, he hecho el recuento de los artistas que participaron en los festivales flamencos, según la guía que se publicaba entonces, y tú eres la cantaora mujer que participó en más festivales. También hay que decir que un 88% de las actuaciones que hubo ese año, según esa guía, fueron de hombres y solo un 12% fueron de mujeres. Entre ellas estabas tú, con once festivales. Después venían la Paquera con siete, Fernanda y Bernarda con seis, y la Susi con cinco. Entre las bailaoras, destacaban Manuela Carrasco, también con once actuaciones, y Pepa Montes, con seis.

Con Tina Pavón, al finalizar el acto de reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, al finalizar el acto de reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

¿Cómo fue esa experiencia del Concurso Nacional de Córdoba?

R: Como todos concursos… Iba insultadita y, además, con la gente que se presentaba… Me dieron mucho ánimo… Me acompañó Manolo Domínguez, el Rubio, que fue un guitarrista con el que estuve muchísimo tiempo, y bueno, muy bien. Yo estaba muy nerviosa, porque digo: “Mira, yo me lo voy a tomar ya un poquito… porque si no, voy a morir con tantos nervios”.

Estábamos hospedados en el Maimónides, en Córdoba, y salimos a la cafetería, y me viene Amós Rodríguez, el hermano del Beni de Cádiz, y me dice: “¿Qué pasa, paisana?” Y digo: “Uf, aquí estoy yo, que no sé qué va a pasar”. Y digo: “Hombre, me da igual; si no me dan premio, no me dan premio, yo ya salí del concurso”. Y dice: “No te puedo decir nada, pero te voy a decir que un premio te vas a llevar”. Y digo: “Anda ya, déjate de pitorreo, hombre… Me voy a llevar yo un premio, con los pedazos de artistas que se están presentando”. Y él: “Que te digo que un premio te vas a llevar, que no puedo decir nada, que me lo tienen prohibido”. Y, efectivamente, me dieron el premio a los cantes de Enrique el Mellizo.

P: En ese concurso también cantaste por granaína, aunque ese premio no lo ganaste, ¿verdad?

R: No lo gané. Porque mi marido me apuntaba a todos los grupos, hija mía. Había los grupos de los cantes de Levante, los cantes de Cádiz… y él me apuntaba a todos los grupos y, claro, tuve que hacer todos los cantes…

P: Has mencionado a Manolo Domínguez, el Rubio. ¿Qué recuerdos tienes de él?

R: Me da mucha alegría volver a escuchar sus falsetas. Tenía una sensibilidad en esos dedos, que parecía que no pulsaba las cuerdas en algunos momentos, que a mí me transmitía muchísimo, muchísimo arte. Era sensacional, era un guitarrista fenomenal. Tenía una cosita muy especial.

P: En esa época, como hemos comentado, las cantaoras erais una minoría y además las peñas han sido tradicionalmente unos espacios muy de hombres… ¿Cómo se sentía una mujer ahí?

R: Pues te puedes imaginar, ¿no? Te puedes imaginar, porque eran cantaores ya hechos, eran mayores que yo y estaban hartos de cantar en todos los sitios, y yo estaba dando mis primeros pasitos, con muchísimo miedo, porque no quería quedar en ridículo… no a la altura de ellos, que era ya pedir demasiado, pero yo ponía todo mi corazón para que el nombre de la mujer, por lo menos, saliera digno. Ponía el corazón y el alma. Y tuve mucho apoyo de ellos, porque me animaban muchísimo. Además, yo estaba allí sola y siempre me decían: “¿Qué pasa, cómo estás de ánimos?» «Venga, que la vas a liar, que no sé cuánto…” Y me daban muchísimo ánimo, la verdad es que sí. Eran unos compañeros preciosos.

P: Te sentiste, entonces, bien arropada.

R: Muy bien arropada, la verdad es que sí. Canté muchísimas veces con ellos. Ya te digo, era raro el festival en que no estaba yo con ellos.

P: Te han comparado mucho con Pastora Pavón, la Niña de los Peines.

R: ¡Siempre! “Tu cante no vale nada, porque tú imitas a la Niña de los Peines, porque esto es una copia y las copias no valen nada…” Otro me decía: “Tú no te apartes de lo de Pastora, porque ahí es donde tú haces tus cosas…” Aparte de cantar las cosas de la Niña de los Peines, yo también le ponía mis cositas… Y era mi escuela, porque yo había aprendido, ya una vez que me lo tomé en serio… ¿A quién me arrimo? Pues a la más grande, a la Niña de los Peines. Y unos me criticaban porque decían que yo copiaba, otros… En fin, había de todo, pero generalmente todo el mundo me acogió muy bien. Eso fueron puntaditas ahí, a las que yo no echaba cuenta siquiera.

P: Siempre tiene que haber de eso, ¿no?

R: Sí, siempre hay detractores y gente que… Había de todo, pero, bueno… Yo era lo que sabía y era lo que ofrecía. Al que le guste bien y al que no, pues lo siento. ¿Qué vamos a hacer?

Tina Pavón, en el recital que siguió a la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, en el recital que siguió a la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: ¿Aparte de Pastora, qué otros referentes importantes ha habido en tu cante?

R: Bueno, pues todos, porque cuando yo ya vi que tenía que irme para delante y luchar, me llevaba hasta las tres y las cuatro de la mañana escuchando a todo el mundo, a Manuel Torre, a los cantaores de Cádiz… Aprendí de todos, de todos. Ya luego le pones tú tus cosas, sin darte cuenta, porque tú, cuando estás cantando, no estás pensando en el cantaor… sino que estás pensando en esa letra… Ya tienes una referencia de lo que es el cante y entonces ya sacas tus quejíos y tus cosas, donde tú vas sintiendo.

P: Le vas dando tu personalidad, digamos.

R: Exactamente. No sé si lo conseguí en algunos momentos o no, pero cuando yo canto no pienso nada más que en lo que estoy cantando y trato de hacerlo de corazón, y cuando lo hago de corazón, este es el que manda y el que me dice: “Aquí te tienes que quedar” o “aquí no”. Y eso es el cante.

P: En ese año 1983 también se produjo otro hito digno de reseñar, la creación de la Peña Flamenca Femenina de Huelva, de la que tú fuiste fundadora junto con otras doce mujeres. ¿Qué puedes contarnos de esa experiencia?

R: En la Peña Flamenca de Huelva no entraban las mujeres, que me vinieron muchas veces para que yo diera un recital y digo: “Yo no le canto a soldados. Cuando entren las mujeres, entonces canto yo. Y voy a cantar de balde, pero tienen que entrar las mujeres”. Y no fui.

Entonces surgió la idea de fundar la peña femenina y vino una señora a mi casa y me dijo: “Mira, Tina, que vamos a fundar una peña, la peña de las mujeres, para nosotras tener también nuestro cante y poder disfrutar del flamenco”. Y digo: “Pues me parece una idea preciosa y, además, que salga de las mujeres”. Y dice: “Es que nos gustaría que tú formaras parte de la peña”. Y digo: “Pues yo, encantada; yo formo parte”.

P: Siempre has sido admirada por personas muy importantes en el mundo del flamenco. Por ejemplo, a Antonio Mairena he leído que se le cayeron dos lagrimones escuchándote…

R: ¿De eso cómo te has enterado tú?

P: He leído mucho para documentarme y la verdad es ya no sé dónde lo he leído…

R: Bueno, eso fue la primera vez que el Sordo, José Domínguez Carrasco, a quien le debo muchísimo, el que me llevó a la casa de discos Belter, el que me hizo las letras de los discos… Bueno, fue tremendo. Mi primo Agustín me dice: “Agustina, mira, vente a Sevilla”, a la emisora de radio en que estaba Rafael Belmonte entonces, que tenía un programa de flamenco… Dice: “Va a estar Antonio Mairena y yo quiero que Antonio te conozca… Vente conmigo”. Y me fui a la emisora.

Mi primo llamaría a Manolo Domínguez, porque yo no lo llamé, y se presentó Manolo con la guitarra. Estuvimos en la tertulia, y dice Antonio: “Bueno, a mí me ha dicho tu tío Agustín que tú cantas muy bien y yo te quiero escuchar”. Y digo: “Ojú, ya me entraron los nervios, ya me entró el ataque”. Y dice: “Bueno, ¿qué vas a cantar? Hazme una cosita”. Y, fíjate la ignorancia, digo: “Vamos a cantar por seguiriyas”. Mira, él se quedó un poquito sorprendido. Hizo con la guitarra la falseta y salgo yo… Yo no lo vi, pero, según Manolo Domínguez, Antonio Mairena… con los ojos desencajados, cuando yo hice nada más que la salida de la seguiriya. Empecé a cantar y, según dijeron allí, a Antonio se le saltaron las lágrimas, del sentimiento con que yo había cantado por seguiriyas y, cuando salimos, dice: “Bueno, ¿a ti quién te ha enseñado los cantes de mi prima Pastora?” Y ya le expliqué yo que… por mi abuela… y ya después por los discos, y tal.

Tina Pavón, al recibir el reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, al recibir el reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Cuando yo grababa los discos, la maquetita que hacíamos se la llevaba a su casa. “Antonio, mire usted, que quiero…” Y él: “Tú ven a mi casa cuando tú quieras”. Me fui para allá con mi marido y digo: “Antonio, me dice usted la verdad. ¿Esto está como para grabarlo o no está para grabarlo?” Y entonces me dijo estas palabras: “Mira, está digno, porque la maqueta está digna, has hecho los cantes como son, pero tú vas a cantar bien cuando tengas de cincuenta años para delante”.

Digo: “Ojú, Antonio, ¿tanto hay que esperar?” Dice: “Cuando la vida te haya dado los palos que nos da a todo el mundo, entonces vas a cantar con ese sentimiento; porque tú estás cantando ahí porque te sabes la letra, y tú cantas y ya está… pero tú tienes que cantar de corazón y sentir. Eso es lo único que yo le veo a la maqueta, pero que lo puedes grabar perfectamente porque los palos están ortodoxamente cantados”.

Claro, cuando me dijo eso, cuando me fui a la Belter, eché allí hasta el hígado… Yo ya, venga, sintiendo… Y me acuerdo de que fui una vez que tenía a mi hija Esther, que de chiquitita padecía de bronquitis asmática, pues estuvo muy malita… y Carrasco me hizo una letra por seguiriyas, que la tengo grabada en el disco, y me puse a cantar la letra y, cuando se enteró de que yo había dejado a mi niña malita, y me fui a la Belter a Barcelona dejándola malita… Yo iba fatal, y me dice: “Trae para acá, quita la letra esa”. Y me hizo en el momento una letra alusiva a mi niña.

Y el Chozas, que estaba allí, que también vino a grabar a la Belter, dice: “Esto es para darse chocazos, cómo ha cantado esa seguiriya”. Y digo: “Porque he estado pensando en mi niña, y ahora me acuerdo de lo que me decía Antonio Mairena”. Y es verdad, la vida te da cosas que van sacando esos sentimientos, y de mayor la vida te da los palos que te da, y eso… No se canta igual, se canta con otro sentimiento.