Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Joselito, el alma de Andalucía en París (II)

En esa primera etapa de su vida, según relata la propia Joselito, el bailaor Antonio de Bilbao la enseña a bailar el zapateado, que tantos éxitos le reportará a lo largo de su carrera:

Antonio de Bilbao, que era con diferencia el mejor bailaor de la época, era buen amigo de mi padre. […] Un día, cuando yo estaba en Barcelona, vino a visitar a mi padre y le dije con adoración: ‘Maestro, cuando usted muera, nadie volverá a bailar el zapateado’. Ésa era su especialidad. Él me miró y dijo: ‘¡Tú bailarás el zapateado!’ Y me enseñó a hacerlo. Yo había aprendido todos los otros bailes sólo mirando e imitando. Él me enseñó incluso algunos pasos de las alegrías que bailan los hombres, que podía bailar sin bata de cola, para que todo el mundo pudiera verme los pies” (1) (2).

El bailaor Antonio el de Bilbao

El bailaor Antonio el de Bilbao

A los dieciocho años, Carmen se escapa de su casa y contrae matrimonio con el guitarrista Juan Relámpago, antiguo amigo de su padre y veintitrés años mayor que ella. La noticia no es bien acogida en la familia de la artista, según su propio testimonio:

“Mi marido tocaba para mí la guitarra cuando yo tenía cinco años, crecí a su lado. Cuando tenía doce años, se enamoró de mí y yo me enamoré sin saber cómo, inocentemente. Lo llevábamos en secreto, no se podía decir, porque mi padre lo habría matado. […]. Me prohibió trabajar con él durante dos años. Cuando fui a bailar a Madrid y a Sevilla, me acompañaba otro guitarrista. Mi marido estaba furioso porque yo tenía otros guitarristas, –Montoya, por ejemplo-” (3).

Desde ese momento, Relámpago vuelve a convertirse en el tocador habitual de La Joselito y juntos emprenden una nueva gira por España.

El encuentro con Antonia Mercé

A partir de 1925, la prensa española sitúa a Carmen a caballo entre Barcelona y Madrid. Es precisamente durante una de sus actuaciones en el madrileño Teatro Romea cuando Antonia Mercé, La Argentina, que anda buscando nuevos talentos para llevar a escena El amor brujo, se fija en La Joselito y la contrata para su espectáculo. Comienza entonces una fructífera colaboración entre las dos artistas. Según relata Carmen, Antonia le pide que la enseñe a bailar por alegrías y tanguillos, y a cambio le da clases de castañuelas.

“Una artista que se llamaba Antonia Mercé, La Argentina, […] bailaba en París y quería hacer un ballet español. […] Ella sabía que yo bailaba en Madrid y nos contrató a mí y a mi marido. Yo era la primera bailarina de su ballet. Yo era la vedette porque todavía no era muy conocida” (3).

El montaje de La Argentina se estrena en el Trianon Lyrique de París en mayo de 1925, con motivo de la Exposición Universal de las Artes Decorativas. En el mes de junio pasa al Teatro de la Ópera Cómica y posteriormente es llevado a Bruselas y Lieja.

La Joselito y Juan Relámpago

La Joselito y Juan Relámpago

Paralelamente, en esa época Carmen continúa actuando, con gran éxito, en distintos escenarios españoles, como los teatros Romea y Goya de Madrid, o el Teatro de Barcelona, donde la artista participa en un festival a beneficio de Rafaela Valverde, la Tanguera. Asimismo, la radio ofrece en su programación los cantes de La Joselito, que interpreta “Fandanguillos del Cojo de Málaga” y “Fandango de Vallejo”, entre otros, acompañada a la guitarra por Juan Relámpago.

En marzo de 1926, el diario galo Le Matin anuncia el estreno París de La Revista Española, en la que toman parte algunos de los artistas más famosos de nuestro país. El rotativo no escatima en tópicos, con tal de animar al público francés a acudir al Music Hall de los Campos Elíseos, donde tendrá lugar el espectáculo:

“Una mezcla de revista, opereta, bailes y cantos populares -lo que en España se conoce como zarzuela- que hará revivir la personalidad de cada región, con sus tipos, su música y sus costumbres: Cádiz, ‘la tacita de plata’; Salamanca, el Heidelberg español, sus estudiantes y sus mandolinas; Murcia y sus jardines; Valencia, la tierra de las flores, los naranjos y el amor; Galicia y sus gaitas; Zaragoza, tierra de la jota y cuna de todas las canciones de España; Málaga, sus risas y los acordes de sus guitarras.

La España de Goya, la España de la guerrilla y el sufrimiento. También Granada, la última ciudadela de los moros, la patria de los gitanos de ojos de fuego; Toledo, la España romántica, los contrabandistas; y Sevilla, patria de la tauromaquia, su Torre del Oro, el Guadalquivir […]

En cuanto a los artistas, actualmente son tan desconocidos en París como lo era Joséphine Baker antes de la ‘Revista Negra’. Mañana, todo París pronunciará sus nombres y conocerá al barítono Uribarri, la cantadora Torres, los cómicos Campoamor y Águila, el guitarrista Relámpago, las tres hermanas Soldevilla, los bailarines María y Marco, y la célebre bailaora gitana LA JOSELITO, cuya fama se extiende por toda Sevilla” (16-3-1926).

Las hermanas Borrull

Las hermanas Borrull

Unos meses más tarde, de nuevo en España, Carmen Gómez participa en el espectáculo de cante, toque y baile flamenco “Fiesta en Sevilla”, organizado por el guitarrista Miguel Borrull en el Teatro Circo Barcelonés. Allí comparte escenario con grandes artistas flamencos, como la Tanguerita, la Camisona, las hermanas Borrull, Guerrita y el Chato de Valencia, entre otros. La acompaña, como siempre, Juanito Relámpago.

Se está forjando una estrella

En marzo de 1927, tras cosechar éxitos por toda Europa, La Argentina vuelve a representar El amor brujo en París, en el teatro de los Campos Elíseos. Como en anteriores ocasiones, en el reparto figuran La Joselito y Relámpago.

En el mes de agosto, Carmen se anuncia durante quince días en el Teatro Cómico de Barcelona y unos meses más tarde vuelve a salir de gira con Antonia Mercé, que presenta su nuevo ballet, El fandango del candil, en distintas ciudades alemanas. En este montaje la joven bailaora, además de formar parte del cuerpo de baile, desempeña uno de los papeles principales y sobresale como una de las mejores artistas del elenco.

La prensa española destaca “[…] la acogida particularmente entusiasta que el público tributó estos días en la ciudad westfaliana de Bielefeld a los artistas españoles y especialmente a La Argentina y Carmen Joselito, que dieron a conocer las danzas españolas, provocando un verdadero delirio” (La Vanguardia, 22-11-1927).

Es en el transcurso de esa misma gira, durante su estancia en la ciudad de Dresde, cuando Carmen, mediante un telegrama, recibe la noticia del fallecimiento de su padre. Ella misma describe cómo fue ese momento:

“Alguien me lo dio justo antes de la actuación. Mi marido estaba furioso. Y yo estaba desolada. Pero había que continuar. ¡Bailé como nunca! Y lloré. Lloré y bailé. Incluso La Argentina, que no se preocupaba especialmente por mí y nunca me hacía cumplidos, me dijo esa noche: ‘¡Nunca volverás a bailar tan bien como lo has hecho hoy!’” (1)

En febrero de 1928, La Joselito regresa a París, concretamente al Teatro Olympia, donde permanece varias semanas y comparte cartel con todo un elenco de artistas de variedades. A partir de ese momento, la bailaora española desarrolla la mayor parte de su carrera artística en el país galo.

Antonia Mercé, La Argentina

Antonia Mercé, La Argentina

Unas semanas más tarde, tras los éxitos cosechados en distintos países europeos, la compañía de La Argentina presenta en el teatro parisino de la Ópera Cómica un espectáculo en honor de Manuel de Falla. El programa se compone de tres partes: La vida breve, El amor brujo y El retablo de Maese Pedro. En la segunda de ellas brilla con luz propia la polifacética Antonia Mercé, autora de la coreografía, “muy bien rodeada, por otra parte, por sus compatriotas Marco, Joselito, Ibáñez…” (La Música, marzo de 1928).

Después de una nueva gira por Europa, durante los meses de junio y julio de 1928 Antonia Mercé lleva a escena en el Teatro Fémina de París sus Ballets Espagnols. Este nuevo espectáculo consta de dos partes, una de ellas inspirada en los ballets que años atrás popularizara el empresario ruso Sergéi Diághilev, y otra dedicada a los bailes populares españoles. En esta última, que incluye el cuadro flamenco Corazón de Sevilla, “la Srta. Carmen Joselito despliega su fogosa languidez y una vivacidad apasionada” (La Rampe, junio de 1928). También destaca en el elenco es la joven Lolita Mas.

Tanto la prensa francesa como la española se hacen eco del gran éxito alcanzado por este nuevo montaje, y señalan a La Joselito como “una bailarina de seguro porvenir” (ABC, 9-8-1928), merecedora de elogios como los siguientes:

“Tomad a la increíble gitana que es Carmen Joselito. Ella sola, hará un número que desencadenará los bravos; una sensualidad directa se desprenderá de su baile” (La semaine à Paris, 29-6-1928).

“… en el teatro Fémina acaba de revelar a París, en el cuadro flamenco, a una auténtica bailarina de raza, a ‘la Joselito’” (El Sol, 3-8-1928).


NOTAS:
(1) CLAUS, Madeleine, “La Joselito”, en SCHREINER, Claus (ed.), Gipsy dance and music from Andalusia, Portland, Amadeus Press, 1990.
(2) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(3) CATHELIN, Annie, La Joselito à l’ ge d’or du flamenco, París, L’Harmattan, 2013.


Rafaela Valverde, la Tanguera, reina de la farruca y el garrotín (III)

En noviembre de 1918, Rafaela Valverde participa en un “festival a beneficio de los huérfanos de los beligerantes y los hijos de España fallecidos a consecuencia de la guerra europea” (La Vanguardia, 23-8-1918), que se celebra en el Teatro Cómico; y, durante los meses siguientes, la artista se prodiga en distintos music halls barceloneses, como el Monte Carlo o el Moulin Rouge.

Rafaela Valverde, la Tanguerita, en el Gran Kursaal de Barcelona (Crónica, 2-2-1936)

Rafaela Valverde, la Tanguerita, en el Gran Kursaal de Barcelona (Crónica, 2-2-1936)

En julio de 1919, en los jardines del Turo-Park se celebra una gran verbena, en la que destaca un “cuadro andaluz […] con la cooperación de bellísimas artistas andaluzas, dirigidas por la popular bailaora LA TANGUERITA, acabando el número con la clásica zambra gitana” (La veu de Catalunya, 4-7-1919) (1).

Poco después, Rafaela se presenta con un cuadro similar en el Gran Infierno. Artistas como María Rosa ‘La Gitana’, el Negro Lázaro, Juanito Relámpago o Fosforito Chico completan un cartel en el que brilla con luz propia la Tanguerita:

“El Infierno parece una sucursal de Málaga o de Sevilla. Allí tienen flamenquería por arrobas y unos muchachos que afianzarán los lazos de confraternidad catalana-andaluza de los que hablaba Aguilar. Reina y señora de todas es la Tanguerita, castiza gitana por la que iríamos… al Infierno, vaya, que ya es decir bastante” (Papitu, 16-7-1919).

Los años dorados del Villa Rosa

Durante el verano de 1920, Rafaela vuelve a triunfar con su cuadro flamenco en el cabaret “¡Chófer a Montmartre!” y en el Teatro Apolo, donde llega a ofrecer hasta tres sesiones diarias. Otros locales frecuentados por la artista en los años veinte son el Teatro Victoria, el Monte Carlo, el Teatro Circo Barcelonés o el Tablao Villa Rosa, de Miguel Borrull, que se había convertido en uno de los lugares preferidos por los extranjeros. Sobre su tablao derrochaban arte desde viejas glorias del baile flamenco, como Juana la Macarrona, hasta jóvenes promesas, como una todavía niña Carmen Amaya.

La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, Alberto F. Garagarza, Antonio Viruta y el Chino (Barcelona, 1933)

La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, Alberto F. Garagarza, Antonio Viruta y el Chino, en el ‘chiringuito’ de la Puerta de la Paz, de Barcelona, en 1933 (Destino, 1964)

En un artículo publicado en 1964 en la revista Destino, Sebastián Gash evoca el ambiente artístico que se respiraba entre aquellos muros:

“Verdad es que el cuadro flamenco del local de la calle del Arco del Teatro era de primerísimo orden. Como ‘bailaores’ desfilaron por allí Antonio Viruta, Antonio Bilbao, el ‘Mojigango’, Faíco, Estampío, el ‘Gato’, nombres gloriosos, mantenedores de una estirpe vieja como el mundo, que bailaban con todas las geniales rebeldías de su pasión puestas en ritmo de llama, sin que jamás se registrasen en parte alguna sus nombres.

Actuaban asimismo en este tablao de rango unas ‘bailaoras’ de fuste, faraones del baile, criaturas de aguafuerte goyesco, que así que oían sonar la guitarra se encendían en rítmicos espasmos y escorzos de maravilla, se crispaban en contorsiones inimitables y ofrecían al viento el compás de sus brazos, locos de ensueño y ebrios de pasión. Además de Julia Borrull y su hermana Concha, aparecían en aquel tablado la ‘Macarrona’, bronce vivo y fondón al paso de los años, genial en su bastedad, gloria y orgullo en su ayer lejano de los viejos cafés cantantes, las hermanas Mendara, Rafaela Valverde (la ‘Tanguera’) -¡descubrámonos de nuevo!-, Regla Ortega (la ‘Pato’), la ‘Faraona’ y la niña Carmen Amaya con sus primeros redobles… ¡Qué antiguo y qué puro era el arte de esas mujeres, fandangonas de estirpe, reinas de las alegrías y las soleares en las madrugadas barcelonesas! Y a la guitarra, en Villa Rosa, los Borrull, padre e hijo, Manolo Bulerías y el ‘Chino’, padre de Carmen Amaya” (14-3-1964).

Junto a Rafaela Valverde, en el cuadro de Villa Rosa figura el bailaor Antonio Rodríguez, ‘el Viruta’ -“viva personificación de la hierática y ritual estampa del desplante ‘jondo’” (ibíd.)-, que durante algunos años también comparte con ella su vida sentimental y es el padre de uno de sus cinco hijos.

El bailaor Antonio Rodríguez, el Viruta

El bailaor Antonio Rodríguez, el Viruta

Nuevos éxitos en el Circo Barcelonés

En septiembre de 1925, en el Teatro Circo Barcelonés se celebra un “grandioso festival a beneficio de la célebre artista Rafaela Valverde, la Tanguera” (La Vanguardia, 30-9-1925). En él toman parte un buen número de artistas de variedades, así como un cuadro flamenco dirigido por Miguel Borrull (hijo), que aglutina a “todo el elenco de los cabarets Maxim’s Buena Sombra, Royal Concert, Sevilla y Villa Rosa”, lo cual nos da una idea de lo muy apreciada que era Rafaela entre sus compañeros de profesión.

En 1926, la bailaora regresa en varias ocasiones al Teatro Circo Barcelonés. En enero participa en una función a beneficio del bailarín César Fournier y en el mes de septiembre, a pesar de su avanzadísimo estado de gestación, la Tanguera interviene en un festival de cante, toque y baile flamenco, en el que se dan cita artistas de primerísimo nivel, como Miguel, Concha y Julia Borrull, La Joselito, el Chato de Valencia, La Camisona, Faíco, Guerrita, Juanito Relámpago y Antonio Viruta, por citar sólo a algunos.

Pocas semanas después de dar a luz a su hijo, que es amadrinado por su amiga y compañera Julia Borrull, Rafaela Valverde regresa a los escenarios. Durante los meses de noviembre y diciembre de 1926, también en el Circo Barcelonés, la bailaora comparte cartel con buena parte del elenco del Villa Rosa, en el marco de distintos festivales de cante y baile dirigidos por el guitarrista Miguel Borrull.

Rafaela Valverde con uno de sus hijos

Rafaela Valverde con uno de sus hijos

En mayo de 1928La Tanguerita figura en el reparto del cuadro flamenco que actúa en el Teatro Cómico de Barcelona durante la representación de la comedia de costumbres La mala uva. Completan el elenco Conchita BorrullRosalía la FlamencaFaíco ChicoFanegas y Miguel Borrull.

En el mes de septiembre, La Publicitat anuncia la celebración de una gran fiesta andaluza en el barcelonés Casino de San Sebastián, cuya atracción principal la constituye un cuadro flamenco dirigido por Miguel Borrull, y en el que destaca, entre otras figuras, la Tanguera:

“Se trata de un cuadro flamenco completo como pocas veces se ha visto en Barcelona. […] La Niña de Málaga interpretará un tango gitano; Rafaela la Tanguera bailará una des sus farrucas que la han hecho célebre; Conchita Borrull entusiasmará con sus inimitables alegrías, e incluso se arrancará por sevillanas con Rafaela, cantadas por Mariana la Camisona. Manuel Tejero, el más castizo de los bailaores andaluces, demostrará su estilo, y ‘Joselito de Cádiz’, auténtico artista del ‘cante jondo’, cantará entre otras cosas las ‘vidalitas’ famosas de Juan Simón y sus no menos celebrados fandanguillos.

Miguelito Borrull y Baldomero Faíco acompañarán al cuadro flamenco a la guitarra” (2-9-1928).

Un cuadro similar se presenta semanas más tarde en el Teatro Cómico, coincidiendo con la representación de la revista Pocker. El elenco es el siguiente:

Conchita Borrull y Tanguerita, reinas del baile cañí. Chato de Valencia, el as de los cantaores, premiado en todos los concursos. Antonio El Viruta, excelso bailaor. Faíco Chico y Paco Aguilera, los grandes guitarristas. Mariana la Camisona, la genial cantaora” (La Vanguardia, 14-10-1928).

Durante todo el mes de marzo de 1929 se representa en el Teatro Tívoli el sainte lírico Los Flamencos, en el que destaca la actuación de “las bailadoras de flamenco Conchita Borrull y La Tanguera, que tanto realce y verismo dan a las castizas escenas de la verbena” (La Vanguardia, 9-3-1929).

Rafaela Valverde en los toros

Rafaela Valverde en los toros

Poco después se puede ver a Rafaela Valverde en el Teatro Victoria, en el festival de despedida de la bailaora Custodia Romero; y en el mes de septiembre, en el Teatro Nuevo, la artista participa en un “grandioso festival flamenco organizado el famoso cantador Manuel Guerrita a beneficio del popular cantador Joselito de Cádiz, con el concurso de los ‘ases’ del género Conchita Borrull, Rafaela la Tanguera, el Gran Tobalo, Antonio Viruta” y otros muchos (La Vanguardia, 10-9-1929).

Unas semanas más tarde, el Heraldo de Madrid sitúa a la Macarrona “en el famoso café cantante La Viña P”, de la capital catalana; y anuncia que junto a ella “lucen su arte Rafaela ValverdeLa Tanguera, que es la mejor bailaora de farruca, y la guapísima Julia Borrull” (14-10-1929).

En ese mismo año, la revista Estampa nos aporta un dato curioso sobre nuestra artista: “la Tanguerita tiene una máquina de coser, a plazos, y se confecciona ella misma estos trajes airosos que cortan el aire” (2-7-1929).

NOTA:

(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.

 


Rafaela Valverde, la Tanguera, reina de la farruca y el garrotín (II)

En junio de 1912, Rafaela Valverde continúa con su intensa gira, que la lleva a CórdobaCádiz o Alicante, entre otros destinos. En esta última ciudad, la prensa local dedica alguna crítica desfavorable a la bailaora, aunque sin duda se trata de una excepción, a juzgar por el resto de referencias aportadas:

La Tanguerita es una bailarina joven y graciosa, con una indumentaria detonante, pero en su labor artística escasean los aplausos. Los bailes son conocidos, y aunque fueron bien bailados, no pueden llenar cumplidamente la misión de un aliciente escénico” (El Popular, 26-6-1912).

“El ventrílocuo Ferri y la ‘Tanguerita’ son cada noche más aplaudidos” (Diario de Alicante, 29-6-1912).

Rafaela Valverde, La Tanguerita (Eco Artístico, 1913)

Rafaela Valverde, La Tanguerita (Eco Artístico, 1913)

Nuevos éxitos por toda España

En noviembre de 1912, Rafaela Valverde -“una excelente artista”, según Eco Artístico (5-11-1912)- triunfa en Albacete y poco después debuta en Barcelona, donde “la hermosa y genial” bailaora sigue cosechando éxitos en distintas salas, como Edén Concert, la Gran Peña, Poliorama o el Teatro Arnau.

En enero de 1913, la fama de Rafaela se extiende por todas las regiones españolas; y su talento y profesionalidad están fuera de toda duda. Tras su paso por Palma de Mallorca, las rotativas vuelven a llenarse de parabienes para la artista.

“Teatro Balear.- La Tanguerita, bailarina excelente, está siendo objeto de continuadas muestras de entusiasmo por parte del público que acude a diario a este Coliseo.

Domina La Tanguerita todo el repertorio de bailes y los interpreta con sumo arte.

No en balde La Tanguerita disfruta de justo renombre en el mundo de las varietés, siendo solicitadísima por todas las Empresas” (Eco Artístico, 25-1-1913).

En el mes de abril, La Tanguerita regresa al Salón Novedades de Málaga, donde su triunfo es más que sonado. A juzgar por las alabanzas que le dedica la revista Eco Artístico, Rafaela Valverde se ha convertido en una auténtica estrella del baile flamenco, que goza del reconocimiento unánime de la crítica y el público.

“Es una artista que no escucha por doquier más que entusiastas ovaciones por su labor, digna de las mayores alabanzas.

Domina La Tanguerita de modo magistral todos los bailes flamencos, y su nombre es conocido del público madrileño con ventaja, pues fue aplaudida en los principales Salones de la Corte.

Recientes están los triunfos de La Tanguerita en el Salón Novedades de Málaga; cuantos presenciaron la labor de esta bailarina coincidieron en sus juicios, y obraron con justicia al otorgarla (sic) aplausos sin reservas.

Rafaela Valverde, la Tanguerita

Rafaela Valverde, la Tanguerita

Y, como en Málaga, en todas las provincias donde La Tanguerita puso su planta obtuvo el mismo éxito, pudiendo calificar su tournée, sin temor a incurrir en exageraciones, de verdaderamente brillante.

La Tanguerita sabe además vestir con propiedad todos sus bailes, y es, en suma, una artista que confirma cuanto se diga en alabanza suya y por quien las Empresas andan bebiendo los vientos.

Solamente nos queda mandar desde estas columnas nuestro más sincero aplauso a La Tanguerita, dominadora del baile flamenco y que ocupa por derecho propio un puesto preeminente en el género de varietés” (Eco Artístico, 25-4-1913).

Barcelona como talismán

En el mes octubre de 1913, Rafaela Valverde debuta en el Kursaal de Reus y poco después se presenta en el Teatro Circo Barcelonés. A partir de ese momento, la artista desarrolla la mayor parte de su actividad artística en la ciudad condal, con apariciones en otras localidades de la cuenca mediterránea, tales como Sabadell, Cartagena o Valencia. En todas ellas, sus actuaciones se cuentan por éxitos, de los que dan testimonio los ‘papeles’ de la época. Veamos algunos ejemplos:

“Ha reanudado sus tareas artísticas, después de haber estado retirada de la escena, la notable artista La Tanguerita, que comenzará su tourneé por Sabadell, en uno de cuyos principales Teatros debutará, obteniendo, como es justo, los aplausos a que se ha hecho acreedora” (Eco Artístico, 15-11-1913).

Sabadell. Cine Cervantes.- Las más importantes atracciones pasan por este local, actuando La Tanguerita, creadora de sus bailes gitanos, que ha cosechado muchos aplausos” (Eco Artístico, 5-2-1914).

Cartagena. Pabellón ‘El Brillante’.- Comenzó la temporada de invierno en este Cine con el debut de un guitarrista, un cantador de flamenco y la bailarina La Tanguerita.

[…] en cuanto a La Tanguerita, su éxito estaba descontado, siendo ovacionada constantemente” (Eco Artístico, 25-9-1914).

Tablao Villa Rosa (Archivo Historico de Barcelona)

Tablao Villa Rosa (Archivo Historico de Barcelona)

En esos años, Rafaela Valverde frecuenta distintas salas de Barcelona, como el Trianón, el Teatro Arnau -en este coliseo “La Tanguerita también es de las que hacen subir el termómetro con sus garrotines y demás bailes de salón” (Papitu, 30-12-1914)-, el Gran Salón Doré o el Folies Bergere, donde coincide con Julia Borrull. Ello no le impide trabajar también en otros lugares, como Valencia y Orihuela (Alicante). Su presencia en esta ciudad supone “una verdadera revolución”. (1)

La Tanguerita es la mejor artista que hemos visto en Orihuela desde hace mucho tiempo; tiene gracia, soltura, gran agilidad y además sabe muy bien lo que baila. La Tanguerita es una artista que seguramente escalará muy pronto los primeros puestos del arte que cultiva” (Ciudadanía, 24-8-1915).

En noviembre de 1915, y de nuevo en mayo del año siguiente, Rafaela actúa en el Kursaal Central de Sevilla. Allí comparte cartel con el Niño Medina, y con distintas artistas del género ínfimo. También se presenta en varias ocasiones en Tortosa (Tarragona) y obtiene “un éxito sin precedentes” en distintos locales barceloneses, como el Teatro Euterpe, el Salón Doré o el Montecarlo.

“En el Cine Doré ha sobresalido La Tanguerita, que es una bailarina de primer orden, ejecutando danzas gitanas. Ha gustado muchísimo” (Diario de Tortosa, 27-3-1916).

Durante el verano de 1916, Rafaela Valverde se presenta en varias salas madrileñas, como el Hotel Palace, el Teatro Romea o el Kursaal de Ciudad Lineal, donde comparte cartel con su profesor, El Tanguero. La “excepcional” artista “sigue sumando triunfos cada vez que actúa, porque es ‘gente’ en los diferentes bailes que cultiva” (La Acción, 25-7-1916).

En el mes de agosto, La Tanguerita presenta en Ciudad Real su “Fiesta andaluza”, dirigida por el genial guitarrista Ramón Montoya, y en la que también interviene la cantaora La Trianera. La prensa de su ciudad natal no escatima en elogios para ella:

“Otra artista no menos castiza […] es la bailarina gentilLa Tanguerita’, que no baila sino que borda y vuela sus bonitos y gitanos bailables. Se hizo anoche muy simpática nuestra paisanita” (El Pueblo Manchego, 14-8-1916).

La Tanguerita […] es la reina del baile. Es una mujer de acero; es una bordadora del arte coreográfico” (El Pueblo Manchego, 16-8-1916).

Una estrella más en el firmamento flamenco de Barcelona

Cuadro flamenco del tablao Villa Rosa

Cuadro flamenco del tablao Villa Rosa

En noviembre de ese mismo año, La Tanguerita, Ramón Montoya y La Trianera llevan su espectáculo a La Coruña. Durante todo el año siguiente, Rafaela Valverde continúa recorriendo la geografía española de punta a punta, y a partir de marzo de 1918 volvemos a encontrarla de manera más o menos permanente en la ciudad condal, donde se concentra un buen número de artistas flamencos de primer nivel.

“En el Paralelo, en la barriada más flamenca de Barcelona, les ha dado por lo flamenco. […] En el Novelty se han traído al Mochuelo, Adela Cubas, Eloísa Carabonell y Negris, y vaya baile y guitarreo y canto por todo lo alto […].

y enfrente, en el Madrid Concert, para no ser menos, han inaugurado con Juanito Relámpago, el Batato […], La Tanguerita, El cojo de Málaga y otros elementos de esta clase, un cuadro andaluz, que ríanse ustedes de la Venta Eritaña, La Victoria, Antequera, Villa Rosa y Guadaira, con sus emparraos y sus macetones y sus alegrías” (Eco Artístico, 15-4-1918).

NOTA:

(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Rosario la Mejorana, la revolución del baile de mujer

Rosario Monje, La Mejorana, nació en 1862 en el gaditano barrio de la Viña, en en seno de una familia gitana de gran tradición flamenca. Era sobrina de la Cachuchera, que destacaba especialmente en el cante por soleares.

En 1878, a los dieciséis años de edad, Rosario ya reinaba en los más prestigiosos cafés cantantes sevillanos, el de Silverio y el del Burrero. Fue precisamente en uno de ellos donde conoció a Víctor Rojas, un sastre de toreros, que la apartaría para siempre de los escenarios. Contrajeron matrimonio en 1881 y fruto de su unión nacerían dos grandes artistas, la inigualable y polifacética Pastora Imperio, y el guitarrista Víctor Rojas.

Varias décadas más tarde, el cantaor Francisco Lema, Fosforito, recordaría a la que fuera su compañera de cartel con estas palabras:

“La Mejorana, ‘bailaora’ de buten, platino del arte de los ‘pinreles’, que enloquecía con sus giros, y las ‘puñalás’ de sus ojos verdes traían sin sosiego al mundo entero, coincidió conmigo en el mismo café [del Burrero], y recuerdo que, aparte de no alternar, cobraba cuatro duritos” (El Heraldo de Madrid, 13-11-1929).

Rosario Monje, la MejoranaRosario Monje, la Mejorana

Sin embargo, parece ser que la retirada de Rosario Monje no fue inmediata o, al menos, definitiva, ya que en 1882, La ilustración española y americana la menciona como una de “las bailaoras flamencas de más fuste”, junto a “Dolores Moreno, Isabel Santos, las hermanas Rita y Geroma Ortega, la Lucas, la Violina” (30-7-1882).

En años posteriores, también encontramos en prensa varias referencias a distintas actuaciones de la artista:

“El dueño del café cantante de Siete Revueltas [de Málaga] ha contratado a la renombrada bailaora conocida por la Mejorana y al célebre cantador de malagueñas Antonio Chacón, los que debutan esta noche.
Los dos proceden de Sevilla, donde han dejado muchas simpatías y más de una vez hemos leído en la prensa de aquella capital grandes elogios del mérito de sus trabajos” (La unión mercantil, 6-12-1887).

“Los aficionados a darse un par de pataístas y a cantar por lo jondo y sentimental tienen en el Centro de Recreo desde esta noche, a la ‘Mejorana‘, la ‘Coquinera‘ y la ‘Palomita‘ que en compañía de ‘Carito’ y otras notabilidades flamencas, harán las delicias y levantarán el entusiasmo en los afectos al espectáculo” (Diaro de Córdoba,
19-10-1890).

Según Manuel Ríos Vargas (Antología del baile flamenco, 2002), en 1896, Rosario Monje recibió un homenaje en el madrileño Liceo Rius. Tres años más tarde, esta vez en el Salón de Variedades, la artista fue beneficiaria de “una gran función de cante y baile andaluz, dirigida por el célebre Chacón”, en la que tomaron parte algunas de las primeras figuras flamencas del momento, como el Chato de Jerez, las Macarronas, las Borriqueras o Miguel Borrull, entre otros (El Imparcial, 19-3-1899).

La Mejorana con sus hijos, Pastora Imperio y Victor RojasLa Mejorana con sus hijos, Pastora Imperio y Victor Rojas

La renovación del baile

A pesar de la brevedad de su carrera, Rosario la Mejorana dejó una huella profunda en la historia del arte flamenco. Su gran belleza, así como la majestusidad y elegancia de su baile seguían siendo recordados varios lustros después de su muerte. Fernando el de Triana, en su obra Arte y artistas flamencos (1935), le dedicaba estas palabras:

“No era mejor que las mejores, pero no había ninguna mejor que ella. […] Su cara era blanca como el jazmín; de su boca, los labios eran corales […] y, cuando se reía, dejaba ver, para martirio de los hombres, un estuche de perlas finas, que eran sus dientes; su cabello, castaño claro, casi rubio; sus ojos, no eran ni más ni menos que dos luminosos focos verdes; y como detalle divino para coronar su encantadora belleza, era remendada, pues sus arqueadas y preciosas cejas y sus rizadas y abundantes pestañas, eran negras, como negras eran las ‘ducas‘ que pasaban los pocos hombres que tenían la desgracia […] de hablar con ella siquiera cinco minutos”.

Sobre su atractivo físico no deja ninguna duda el cantaor trianero. No obstante, la Mejorana fue mucho más que una cara bonita sobre un tablao. Si ha pasado a la historia, ello se debe también a las innovaciones que introdujo en el baile de mujer.

A Rosario se le atribuye el haber sido la primera en vestir la bata de cola, prenda que solía combinar con el mantón de Manila. Otra de sus aportaciones al baile flamenco consistió en levantar los brazos más de lo que venía siendo habitual hasta el momento, lo que le confirió una especial elegancia y majestuosidad. También se la considera pionera en el baile por soleá.

Pastora ImperioPastora Imperio

Distintos autores han destacado la originalidad de bailaora, que provocó una auténtica revolución en los cafés cantantes de la época:

“Su figura era escultural y cuidaba siempre de vestir los colores que más la hermoseaban, pero siempre su bata de cola, de percal, y su gran mantón de Manila. Preciosos zapatos calzaban sus diminutos pies, y ya no sabemos más; pues al Café de Silverio había quien llegaba muy temprano para coger un asiento delantero con el fin de verle a La Mejorana siquiera dos dedos por encima de los tobillos, y a las cuatro de la mañana, cuando terminaba el espectáculo, se marchaba a la calle sin haber logrado su propósito” (Fernando el de Triana).

“La extraordinaria majeza que sabía darle a su bata de cola, ese aire especial y tan gaditano, cuando se arrancaba por alegrías producía verdadero alboroto entre los que la escuchaban. Ella misma se hacía son y se cantaba… Terminaba las alegrías, no como hoy, en bulerías, sino en el mismo estilo con que empezó, compases estos dificilísimos para concluir en este estilo de baile. Había que llegar muy temprano para poder coger un sitio, pues muchos se marchaban sin poderla ver” (Manuel Moreno Delgado, Aurelio, su cante, su vida, 1964).

Rosario Monje es la primera que levantó mucho los brazos en la danza, prestando con ello a la figura femenina extraordinario aire y majestad. La novedad, que ocasionó en principio gran sorpresa, fue aceptada enseguida por la afición y los profesionales inteligentes, creándose así toda una nueva estética del flamenco para bailaoras” (Fernando Quiñones, De Cádiz y sus cantes, 1974).

Por todo ello, se puede afirmar que la Mejorana creó escuela. La artista gaditana sentó las bases de una nueva concepción del baile flamenco, que encontraría una muy digna continuadora en la figura de su hija, la genial Pastora Imperio, quien se mostraba orgullosa de la herencia recibida:

“Mi madre era ‘la Mejorana‘, la mejor artista de baile flamenco que pisó los ‘tablaos’; la que ha movido los brazos con más salero en el mundo. De ella nació todo el baile flamenco. Ella ha sido el tronco, y de él nació este tronquillo que, bueno o malo, está muy conforme, porque con ser hija de ella ya tengo bastante” (Pastora Imperio, en La Nación, 25-7-1918).

Era tal la fama de Rosario, que su figura no está exenta de leyenda. Así, hay quienes mencionan su rivalidad con Rita Ortega, La Rubia, otra gran bailaora de los cafés cantantes de la época. Según Rafael Ortega, sobrino de esta última, ambas se desafiaron ante un grupo de aficionados, para ver quién conseguía más adeptos. “Bailaron, sin zapatos, hasta que no pudieron más. Y al día siguiente, Rita, con sus dieciocho años, murió” (Crónica, 10-3-1935).

Rita Ortega, la RubiaRita Ortega, la Rubia

Los cantes de la Mejorana

Además de todo lo mencionado, la faceta creadora de Rosario Monje excede al ámbito de la danza. Al igual que otras artistas de la época, la Mejorana solía cantarse y hacerse son mientras bailaba; y, parece ser que no se le daba nada mal. De hecho, todavía hoy son conocidas sus bulerías y cantiñas, a las que incorporaba, de su propia cosecha, juguetillos como los siguientes:

“Yo soy blanca y te diré
la causa de estar morena:
que estoy adorando a un sol
y con sus rayos me quema”

“Dormía un jardinero
a pierna suelta
dormía y se dejaba
la puerta abierta.
Hasta que un día
le robaron la rosa
que más quería”

Es más, podemos afirmar que los cantes de la Mejorana poseían vocación de universalidad, pues sirvieron de inspiración a Manuel de Falla para componer su obra más conocida, El amor brujo. De labios de la madre de Pastora Imperio, el músico “escuchó soleares y seguiriyas, polos y martinetes, de los cuales captó ‘la almendrilla’, como decía ella, la esencia de la música andaluza, y entonces se dio de lleno a la tarea, hasta terminar la obra en un tiempo brevísimo” (Antonio Odriozola, ABC, 22-11-1961).

Rosario la Mejorana falleció en la capital de España el 13 de enero de 1920. Dos días más tarde, El Heraldo de Madrid se hacía eco de la triste noticia y dedicaba estas líneas a la singular artista gaditana:

“La madre de Pastora murió anteayer, ‘martes y 13’, y ayer fue enterrado su cadáver en la Sacramental de San Lorenzo. ¡La madre de Pastora! Era una mujer de gran simpatía, de vivo ingenio, de cierta pequeña filosofía, pequeña y profunda a un mismo tiempo” (15-01-1920).

La misma publicación incluía también un poema de Antonio Casero, del que reproducimos algunos versos:

La Mejorana
Hoy lloran los gitanillos
y los flamencos de raza;
se ha muerto la ‘bailaora’
Rosario, ‘La Mejorana’;
el baile puro cañí
hoy luce la negra gasa;
ella fue en pasados tiempos
la que bailó con más gracia
los ‘panaderos’, los ‘polos’
y ‘seguirillas’ gitanas,
y bordó el tango castizo,
y lució mejor la bata
de volantes, y de cola,
muy relimpia y planchada
el moño bajo caído,
con el clavelito grana […]”