Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

De la cueva al papel. La zambra granadina vista por la literatura y la prensa en torno a 1922 (y VI)

En otro orden de cosas, en el ámbito de la zambra ‒entendida desde una perspectiva más amplia‒ cada quien desempeña su misión y ocupa su lugar. Así describe José Martínez-Agullo ese reparto de papeles:

«Dos o tres extranjeros, con su inevitable Baedaker (sic) (119), y su no menos inevitable ‘cicerone’, sentados al fondo, en blancas sillas, contemplan el cuadro desconcertante, de un colorido audaz y luminoso.

Los tocadores, en la puerta, sentados, graves, rasguean la guitarra con ceremoniosa solemnidad.

Los churumbeles ‒sucios y desarrapados‒ piden una moneda, elevando sus brazos tostados y desnudos, en una triste imploración.

Junto a la pared; hasta doce o catorce gitanas tocan las palmas y jalean a la que baila. […]

Sobre el ruido de los palillos y las palmas, la voz aguardentosa de un hombre, lanza al aire la copla» (120).

La Salvaora, bailaora de la zambra de La Capitana (Granada Gráfica, enero de 1936, p. 1).

La Salvaora, bailaora de la zambra de La Capitana (Granada Gráfica, enero de 1936, p. 1).

Entre las discípulas de Terpsícore también existe una cierta jerarquía ‒“mocitas, ágiles y lindas bailadoras, que componen el plantel de la juventud y compiten con las maduras celebridades cañís del arte sacromontano”(121)
‒ y una figura que, por su maestría y su edad, merece un respeto especial, la reina o capitana: “Ya se mueven estas gitanas con sin igual soltura, pues la disciplina las amaestra, siendo la que la mantiene con rigor terrible su reina, una mujer solemne y brava, que tiene interrupciones célebres al jalear a las demás y jalearse a sí misma”(122).

Además de los aspectos meramente artísticos, los textos analizados también atienden al negocio que se desarrolla en torno a la zambra, en el que intervienen distintos actores, como el señorito que contrata, el cicerone que conduce a los turistas hasta las cuevas, o las propias gitanas que salen al paso de los visitantes y tratan de venderles su mercancía o leerles la buena ventura.

Gitanas vendiendo higos chumbos (Granada Gráfica, septiembre de 1924).

Gitanas granadinas vendiendo higos chumbos (Granada Gráfica, septiembre de 1924).

En su artículo ya mencionado, García Sanchiz también caricaturiza a distintos especímenes de señoritos andaluces y extranjeros, consumidores de juerga y zambra en los salones de los hoteles granadinos:

«… el señorito aflamencado que se daba la fiesta a sí mismo, se hallaba extenuado por la fatiga o rendido a la embriaguez. Don Pablo de los Henares, hidalgo y moro, aguileña y cobriza la cara, con los ojos verdes y unos tufos y unas patillas negros y con mechones de canas […]. Pepe Luis, gordo y sonrosado, que semejaba hecho con la pulpa de una sandía blanquecina, empapado en la borrachera sentimental del hombre obeso […]. Un capitán vagaba con el uniforme desabrochado, chupeteando un habano, lustroso de saliva. En un rincón yacía un señor vestido de etiqueta, congestionada su calva prematura, y que, en su amodorramiento, dejaba escapar del bolsillo de los faldones su fajín de concejal. […] Y así, unos y otros, diversos tipos de señorito andaluz, se desplomaban como ruinas de sí propios. Únicamente un gentleman, impecable, con su monocle y sus botines de piqué, continuaba en éxtasis, contemplando fantasmas y recreándose en armónicas ilusiones. […] Más resistente a los caldos jerezanos que sus cultivadores, o enloquecida por la emoción su sensibilidad virgen, quería que no cesara el aquelarre» (123).

Una gitana granadina en la puerta de su cueva esperando a los turistas para decirles la buena ventura. Foto de Torres Molina y Francisco Vives (La Esfera, 2 de junio de 1928, p. 78).

Una gitana granadina en la puerta de su cueva esperando a los turistas para decirles la buena ventura. Foto de Torres Molina y Francisco Vives (La Esfera, 2 de junio de 1928, p. 78).

Por el artículo de García Sanchiz también desfilan “unas bellezas de alquiler, que terminaron bostezando y adormilándose en unos divanes, sin cuidarse de que sus peinas rodasen al suelo, y utilizando como almohada los mantones de Manila” (124). Tampoco escapan a su visión ácida y crítica los cantaores y guitarristas, a la vez idolatrados y menospreciados por quienes financian la juerga:

«El señorío se congregaba para oírlos, […] y pagaba con billetes de Banco, y los (sic) regalaba con vinos ilustres y con aplausos. Ese auditorio se emocionaba poco menos que con religiosidad. Sin embargo, los magos así requeridos y milagrosos, no se redimían de su condición de siervos. Soportaban el tuteo a que respondían sin protesta; se les despreciaba en medio de su triunfo […]. Sacerdocio el suyo venerado y desdeñado a la vez…» (125)

La actividad económica que genera la zambra no se limita al aspecto meramente artístico. Joaquín González Corrales describe a las gitanillas que, aparte de la danza, se valen de distintas astucias para hacer otro tipo de negocios con los turistas:

«A nuestro paso salieron las ‘gitanicas’, vestidas con su estilo y gracia peculiares a decirnos la ‘buena ventura’; a bailarnos la zambra gitana para llenar nuestro espíritu con su magia y su sortilegio; a vendernos un ‘calderico’ de cobre, o en fin, a que les diésemos una ‘perrica pa su marecita’ que está en ‘er hospitá bardaíca’ de las palizas que le daba ‘el granuja’ de su ‘pare’» (126).

La cueva de la Capitana. Manolo Amaya toca la guitarra (Ahora, 29-7-1932).

La cueva de la Capitana. Manolo Amaya toca la guitarra (Ahora, 29-7-1932).

En torno a la zambra se mueve un lucrativo negocio del que no solo participan los gitanos, puesto que de él se benefician incluso las fuerzas del orden que velan por la seguridad de los visitantes. Así lo cuenta Pérez Losada:

«… veo que nos viene dando escolta un guardia de Seguridad. Es una precaución que se toma para evitar molestias a los forasteros; el guardia espanta a los chaveas, que de otra suerte nos acosarían pidiéndonos unas perras; pero como al guardia, aunque nada pide, aunque rehúsa aceptarlo, hemos de darle una gratificación por el servicio que nos presta, casi sería preferible que no se tomase el trabajo de espantar a los graciosos gitanillos» (127).

Esa necesidad de proteger al turista, según Pérez Losada, se debe a que el gitano “es ladrón por atavismo; el robo lo considera una cosa lícita” (128). Una visión similar la aporta José Rodríguez, maestro nacional de la provincia de Cáceres, que, tras una visita a la ciudad de la Alhambra, realiza las siguientes anotaciones en su diario:

«Al visitar el Sacro Monte, […] hemos visto, con gran pena, que estos extranjeros pasan las horas en sus cuevas, oyendo sus canciones y sus bailes, llamados ‘zambra gitana’. Por estos ratos, que según ellos son ‘la karaba’, suelen pagar miles de pesetas […].

… Nosotros hicimos por que los norteamericanos de que hablábamos antes no hicieran ‘el primo’ pagando una cantidad exagerada por ver unos cuantos vividores que importándole un ardite el prestigio de España, se dedican a engañar a los turistas, con el objeto de no trabajar honradamente» (129).

María y Pepa, las Gazpachas (Foto: Alejandro G. Amaya)

María y Pepa, las Gazpachas (Foto: Alejandro G. Amaya)

Si Rodríguez considera la zambra una estafa al turista, a quien se ofrece una imagen adulterada y falsa de la esencia española a cambio de un precio abusivo, Raimundo Domínguez afirma que “la zambra gitana en sus diferentes cuadros pletóricos de coloralegría, es una de las modalidades del granadinisimo de pandereta” (130). También reflexiona sobre la autenticidad de ese espectáculo Federico García Sanchiz, quien plantea una curiosa paradoja en torno a la figura de María la Gazpacha: Las “granadinas […] que viene cantando a los ingleses, […] son, respecto a lo jondo, como un morito de zarzuela junto a los del Rif” (131); es decir, “esa mujer […] simboliza en su tierra la falsedad grata al turismo” (132), mientras que en el teatro de la Comedia de Madrid, “en el simpático cromo y el chascarrillo en acción de El Niño de Oro, la Gazpacha constituye la única verdad. Hasta en los menores detalles. Por ejemplo; sólo ella bebe vino auténtico en la zambra, que lo necesita para entonarse” (133).

A pesar de ese cuestionamiento de la autenticidad de la zambra, distintos autores coinciden en definirla como una experiencia inolvidable, por la gran impresión que provoca. Así lo expresa César Cabrera: “siempre recordaré con indefinible emoción, aquella zambra dislocada y bruja, aquel llorar cadencioso de la guitarra mora, y aquellos ojos oblicuos y etíopes, misteriosos y dulces de la ‘Golondrina’” (134). Una opinión similar manifiesta Joaquín Corral Almagro, quien recomienda encarecidamente al viajero vivir esa experiencia:

«Una zambra gitana en aquellas [cuevas] es algo de tan bárbara y desnuda emoción, que difícilmente olvidarás. […]

Quien venga a Granada y penetre en las cuevas rojizas del Sacro Monte, podrá olvidarlo todo, pero le seguirá siempre la visión misteriosa de la madriguera gitana, el mirar melancólico de sus hembras, el fandango, las castañuelas, el guitarreo, una mujer que se retuerce al compás de unas palmas, la copla angustiosa, la trágica misión de la danza cañí… » (135)

Notas

(119) Según el DRAE, el término baedeker significa “guía turística”. Se trata de una marca registrada que procede del editor alemán K. Baedeker (1801-1859), primero en publicar una obra de esas características.

(120) Martínez-Agullo, J. (junio de 1926). Zambra en la cueva. La Verdad, 8.

(121) La Publicidad. (5 de septiembre de 1922). En honor de Tovar, 1.

(122) Gómez de la Serna, R. (17 de junio de 1922). La vida. Segunda sesión de cante jondo. El Liberal, 1.

(123) García Sanchiz, F. (22 de junio de 1922). Los reyes esclavos. El Defensor de Granada, 1.

(124) Idem.

(125) Idem.

(126) González Corrales, J. (27 de julio de 1924). ¡Traedme todas las flores que encontréis!… Heraldo de Madrid, 5.

(127) Pérez Losada, J. (12 de julio de 1923). Postales a pluma. La zambra gitana. ABC, 5.

(128) Idem.

(129) Rodríguez, J. (2 de abril de 1928). Los maestros nacionales de la provincia de Cáceres en Andalucía. Nuevo Día, 2.

(130) Domínguez, R. (junio de 1923). Granada Gráfica, 9.

(131) García Sanchiz, F. (26 de noviembre de 1922). El ilustre huésped. Buen Humor, 9.

(132) Idem.

(133) Idem.

(134) Cabrera, C. (1 de julio de 1922). Impresiones de Granada. La zambra gitana. La Verdad, 1.

(135) Corral Almagro, J. (19 de junio de 1924). La zambra gitana. La Provincia, 6.


De la cueva al papel. La zambra granadina vista por la literatura y la prensa en torno a 1922 (I)

Tras cumplirse cien años desde la actuación de un grupo de danzas del Sacromonte en el Concurso de Cante Jondo de 1922, este artículo se propone estudiar el reflejo de la zambra granadina en los textos periodísticos y literarios escritos en torno a esa fecha. Con este fin se ha realizado un rastreo de la prensa española en el periodo que va de 1918 a 1930. Se han consultado diarios y revistas, tanto de Granada como de otras provincias, e incluso de tirada nacional (1).

Actuación de la zambra gitana en el Concurso de Cante Jondo de Granada. (Granada Gráfica, agosto de 1922, p. 18).

Actuación de la zambra gitana en el Concurso de Cante Jondo de Granada (Granada Gráfica, agosto de 1922, p. 18).

Fruto de esa búsqueda, se han hallado numerosas referencias que dejan constancia de la gran popularidad de que gozaba la zambra en aquellos años, quizás en parte debido a la enorme repercusión del certamen, que fue objeto de una amplia cobertura periodística. Algunas de las noticias y artículos encontrados son de índole meramente informativa y se limitan a ofrecer datos básicos sobre la celebración de una zambra; mientras que otros, de carácter más subjetivo, se recrean en la descripción de los ambientes, los tipos y los bailes.

De los primeros se deduce que en la etapa objeto de nuestro estudio la zambra, además de constituir en su entorno natural un importante reclamo turístico, estuvo presente en numerosos escenarios españoles, interpretada por grupos de gitanos granadinos o bien por artistas de diversa procedencia, no necesariamente flamencos. Por su gran atractivo visual, distintas troupes de variedades incluyeron números de zambra en sus repertorios y esta constituyó un fin de fiesta habitual en los espectáculos de ópera flamenca. También por ese motivo, la encontramos en un buen número de obras dramáticas que se llevaron a escena en aquel tiempo, en las que solía desempeñar un papel decorativo, sin gran significación en el desarrollo de la trama.

No obstante, para el objeto de nuestro trabajo consideramos más relevante el segundo grupo de textos, que son los que aportan una visión literaria sobre la zambra. A continuación se exponen con detalle las conclusiones obtenidas a partir del análisis de todo el material recopilado.

Pastora Imperio en su Zambra gitana (La Mañana, 7-2-1918).

Pastora Imperio en su Zambra gitana (La Mañana, 7-2-1918).

1. La zambra gitana triunfa en los escenarios españoles

En las salas teatrales de toda España está presente la zambra, tanto la “genuina”, representada por las gitanas y gitanos del Sacromonte, como sus imitaciones, a cargo de artistas de prestigio -Pastora Imperio o Dora la Cordobesita, entre otras- o incluso de troupes de variedades.

1.1. La zambra gitana granadina

Las noticias recopiladas hablan de la zambra como atracción turística de primera magnitud, y visita obligada para las grandes personalidades, tanto españolas como extranjeras, que llegan a la ciudad de Granada. Los diputados Eduardo Moreno Agrela y Félix Sánchez Eznarriaga (2), el primer ministro británico David Lloyd George (3), los príncipes de Egipto (4), el príncipe heredero de Italia Humberto de Savoia (5), el Rey de Suecia (6), el príncipe de Gales y su hermano (7), el director del diario La Razón de Argentina (8), el escritor Eduardo Marquina (9), el académico Félix Llanos (10) y la hija de Benito Mussolini (11) son algunos de los ilustres visitantes que en esos años asistieron al espectáculo de la zambra gitana granadina, bien en las mismas cuevas del Sacromonte, bien en otro tipo de emplazamientos, como el hotel Alhambra Palace o algún carmen particular.

También disfrutaron de ella distintos grupos de congresistas, excursionistas, estudiantes y profesores ‒cabe mencionar a los asistentes a un congreso postal (12) y otro de oleicultura (13), a la Sociedad Excursionista Malagueña (14) y a varios representantes de la Universidad americana (15)‒, así como los marinos argentinos del crucero Buenos Aires (16).

El poeta eduardo Marquina rodeado de las artistas de la zambra (Granada Gráfica, mayo de 1924, p. 38).

El poeta Eduardo Marquina rodeado de las artistas de la zambra (Granada Gráfica, mayo de 1924, p. 38).

Del mismo modo, la zambra gitana del Sacromonte, protagonizada por artistas como los Amaya, los Hidalgo o los Heredia, estuvo presente en numerosas funciones y festivales organizados en la plaza de toros o en los distintos teatros de la ciudad. A veces se trataba de eventos benéficos, como las fiestas en favor de la Asociación de Caridad celebradas en el coso taurino en 1922 (17) y 1923 (18), o de agasajos a ciertas personalidades o colectivos. Tómese como ejemplo el festival en honor de las fuerzas expedicionarias repatriadas que tuvo lugar en el Coliseo Olympia, y en el que intervinieron las “Hermanas Mayas con sus vistosos bailes” (19).

En el Concurso de Cante Jondo de 1922, celebrado en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra, el grupo de las Gazpachas puso el broche a las dos jornadas con números como la cachucha (20) o el robao, y en su actuación final contó con la intervención estelar de Juana la Macarrona, “que estuvo tan inmensa como de costumbre” (21).

A raíz de su participación en el evento, la zambra gitana del Sacromonte fue requerida para actuar en varios programas de variedades que se ofrecieron en la plaza de toros de Granada en los meses de junio y julio de ese mismo año, y en los que compartieron cartel con artistas de tanto prestigio como la Niña de los Peines (22).

Los marinos argentinos, y miembros del cuerpo diplomático y del Centro Artístico, junto a las gitanas de la zambra. Foto Vidal (Región, 22 de abril de 1936, p. 4).

Los marinos argentinos, y miembros del cuerpo diplomático y del Centro Artístico, junto a las gitanas de la zambra. Foto Vidal (Región, 22 de abril de 1936, p. 4).

Los ecos del certamen también llegaron hasta la Villa y Corte, donde se celebró, en el Club Parisiana, una reedición de la fiesta del cante jondo a beneficio de la Asociación de la Prensa. Tras varios números de varietés, intervinieron los protagonistas del evento granadino –Chacón, Montoya, Diego Bermúdez y Pavón, entre otros-, y cerró el espectáculo la zambra gitana del Sacromonte, con el siguiente elenco:

“Dolores Amaya, ‘la Capitana’; María, Pepa y Paca Amaya, ‘Hermanas Gazpachas’; María Fernández, ‘la Jardín’; Magdalena Molina, ‘Flor del Monte’; Trinidad Fernández, ‘la Chata la Maestra’; María Amaya, ‘la Tempranica’; Dolores Cortés, ‘la Parriza’, y Paca Fernández, ‘la Finitú’.
Tocadores de guitarra y bandurria, hermanos Hidalgo, ‘Niños del Albaicín’ y Antonio ‘el Cotorrero’” (23).

En los años siguientes esta agrupación continuó presentándose con cierta frecuencia en los teatros, en el coso taurino y en otros espacios (24) de Granada, tanto públicos como privados. Asimismo, distintos conjuntos de zambra gitana llevaron su arte a otras ciudades. En 1923 un grupo del Albaicín actuó en la plaza de toros de Málaga con motivo de las fiestas de agosto (25) y en 1924 se pudo ver en el Parque de Montjuich de la Ciudad Condal “una auténtica zambra gitana” (26). En 1925 “la verdadera zambra gitana del Sacro-Monte”, bajo la dirección del guitarrista Mariano Morcillo, llevó sus cantes y bailes al coso de Almería (27).

La zambra gitana representada en el Teatro Parisiana de Madrid en el festival de la Asociación de la Prensa. Foto Ortiz (Diario de Barcelona, 11 de agosto de 1922, p. 4).

La zambra gitana representada en el Teatro Parisiana de Madrid en el festival de la Asociación de la Prensa. Foto Ortiz (Diario de Barcelona, 11 de agosto de 1922, p. 4).

En 1927 el grupo de los hermanos Hidalgo y las hermanas Gazpachas actuó en el Stadium América (28) y en el Salón San Lorenzo de Córdoba (29), para amenizar la proyección de la película El niño de oro. Un año más tarde, en esa misma ciudad, la zambra granadina se presentó en el Teatro Duque de Rivas (30) y constituyó el plato fuerte del festival celebrado por la Asociación de la Prensa en la huerta ‘El Tablero’ (31).

Asimismo, en 1929, estuvo presente en los Jardines del Buen Retiro de Madrid (32) y en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (33); y en 1930 viajó a Barcelona para actuar en la Semana Andaluza celebrada en el Pueblo Español de Montjuich, compartiendo programa con los Campanilleros de Bormujos y el cuadro de bailes de maestro sevillano Manuel Real (34). El grupo elegido para este evento tenía como figuras destacadas a las hermanas Gazpachas y a la mítica cantaora Anilla la de Ronda.

Notas:

(1) La búsqueda de la prensa objeto de estudio se ha realizado en las siguientes hemerotecas digitales: Biblioteca Nacional de España, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, Archivo ABC, Biblioteca Virtual de Andalucía, Arxiu de Revistes Catalanes Antigues, Biblioteca Digital de Castilla y León, Filmoteca de Cataluña, Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid, Hemeroteca Municipal de Sevilla, Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla, Biblioteca Digital de la Diputación de Almería, Arxiu Historic de la Ciutat de Barcelona y Archivo Municipal de Cartagena.

(2) Noticiero Granadino. (31 de mayo de 1922). Sánchez Eznarriaga, 1.

(3) Diario de la Marina. (9 de enero de 1923). Lloyd George en Andalucía, 1.

(4) El Defensor de Granada. (15 de julio de 1924). La verbena de esta noche, 1.

(5) El Defensor de Granada. (10 de octubre de 1924). La zambra gitana en el Palace, 1.

(6) La Opinión. (24 de abril de 1927). El Rey a Madrid, 2.

(7) ABC. (4 de mayo de 1927). Los príncipes ingleses en Granada, 15.

(8) El Guadalete. (30 de enero de 1925). El doctor Sojo, 2.

(9) Granada Gráfica. (mayo de 1924). Un homenaje. Inauguración, 38.

(10) El Defensor de Granada. (18 de mayo de 1928). En el carmen de San Antonio. La merienda en honor de don Félix Llanos Torriglia, 1.

(11) El Noticiero Gaditano. (25 de septiembre de 1929). La estancia de la hija de Mussolini en Granada.- Presencia una zambra gitana, 3.

(12) Gaceta del Sur. (26 de noviembre de 1920). Excursión a Granada, 1.

(13) El Noticiero Sevillano. (16 de diciembre de 1924). Una zambra en Granada, 6.

(14) Zaragüeta. (12 de julio de 1925). Comentario de la semana por Zaragüeta. La Unión Ilustrada, 5.

(15) El Defensor de Granada. (23 de julio de 1925). La Comisión Americana, 3.

(16) Los marinos fueron obsequiados con un té en el Generalife, amenizado por un sexteto de cuerda.
“Después las castizas ‘cañís’ María Maya (a) ‘La Jardín’ y María Amaya (a) ‘La Punticas’, pintorescamente ataviadas y acompañadas por el ‘tocaor’ Paco ‘El Gitano’, lucieron su garbo en unas danzas gitanas que agradaron bastante a la concurrencia, singularmente ‘La cachucha’” (Noticiero Granadino, 18 de abril de 1926, p. 1).

Al día siguiente, en “la cueva de los Maya, enclavada en el delicioso camino que conduce al Sacro Monte fueron invitados los simpáticos marinos de la Argentina a la zambra gitana que en su honor había preparado el Centro Artístico. […]
Hubo su mijita de ‘cante jondo’, danzas gitanas y todo aquello que los cañís saben ejecutar” (Gaceta del Sur, 20 de abril de 1926 p. 1).

(17) El Defensor de Granada. (21 de junio de 1922). Festival pro Asociación de Caridad en la Plaza de Toros, 1.

(18) Noticiero Granadino. (5 de junio de 1923). La Fiesta a beneficio de la Asociación Granadina de Caridad, 1.

(19) Noticiero Granadino. (21 de mayo de 1922). Un festival, 1.

(20) La Publicidad. (14 de junio de 1922). El ‘cante jondo’, 2.

(21) De la Fuente, N. (14 de junio de 1922). El Concurso de ‘Cante Jondo’. El Defensor de Granada, 7.

(22) Noticiero Granadino. (19 de julio de 1922). Plaza de Toros. Niña de los Peines, 3.

(23) La Publicidad. (4 de agosto de 1922). La fiesta del ‘cante jondo’, 3.

(24) En 1923, la “auténtica e inimitable Zambra gitana del Sacro-Monte” actuó en el Teatro del Gran Capitán (El Defensor de Granada, 10 de junio de 1923, p. 4). Al año siguiente se la pudo ver en varias ocasiones en la plaza de toros (Gaceta del Sur, 3 de julio de 1924, p. 3; El Defensor de Granada, 12 de julio de 1924, p. 4), en la Placeta de Gracia (El Defensor de Granada, 25 de junio de 1924, p. 3) y en el carmen de San Antonio (Gaceta del Sur, 14 de agosto de 1924, p. 3). La presencia de las hermanas Gazpachas y los hermanos Hidalgo es una constante en casi todas esas formaciones.
En 1925 una zambra gitana tomó parte en los actos organizados por el cuarto regimiento de artillería para celebrar la festividad de Santa Bárbara (Gaceta del Sur, 4 de diciembre de 1925, p. 1) y en 1926 “las castizas ‘cañís’ sacro montanas estuvieron bien de verdad” en una zambra ofrecida en la plaza de toros (El Defensor de Granada, 13 de septiembre de 1926, p. 1).

(25) La Publicidad. (1 de agosto de 1923). Las fiestas de Málaga, 1.

(26) Diario de Barcelona. (22 de junio de 1924). El festival del Parque de Montjuich, 40.

(27) La Independencia. (26 de agosto de 1925). En la Plaza de Toros, 2.

(28) Diario de Córdoba. (28 de junio de 1927). Stadium América, 2.

(29) Diario de Córdoba. (1 de julio de 1927). Salón San Lorenzo, 2.

(30) Diario de Córdoba. (16 de mayo de 1928). Teatro Duque de Rivas, 2.

(31) Diario de Córdoba. (13 de mayo de 1928). La feria de mayo. La fiesta de los periodistas, 2.

(32) Heraldo de Madrid. (20 de julio de 1929). Jardines del Buen Retiro, 5.

(33) El Imparcial. (15 de junio de 1929). La Exposición de Sevilla, 4.

(34) El Noticiero Universal. (16 de junio de 1930). Semana Andaluza, 6.


María la Gazpacha y su participación en el concurso de Granada (y II)

A falta de dilucidar las condiciones de su participación en el Concurso de Cante Jondo de Granada, no cabe duda de que éste supuso un impulso extraordinario para la carrera de María Amaya. Ante la imposibilidad de reseñar aquí, por cuestiones de espacio, todos sus méritos y triunfos, señalaremos, al menos, algunos de los más relevantes.

"El niño de oro" (Buen humor, 23-11-1922).

«El niño de oro» (Buen Humor, 23-11-1922).

Como segundo hito fundamental en su andadura artística hay que mencionar su participación en el sainete El niño de oro, de José María Granada, que se estrenó en el Teatro de la Comedia de Madrid en octubre de 1922 (1). María ‘la Gazpacha’ fue contratada junto a sus hermanas, Paca y Pepa, y los hermanos Hidalgo. La obra superó las doscientas representaciones y, para celebrar el éxito obtenido, en el mes de noviembre los artistas granadinos fueron agasajados con un almuerzo en los altos del Café Nacional, en el que Manuel Machado leyó uno de sus poemas. A continuación, los homenajeados “cantaron y bailaron cosas de su tierra con mucho estilo y fina voluntad de agradar”. (2)

Además de describir su estampa al detalle, Federico García Sanchís, destacó la autenticidad de la cantaora -que “simboliza en su tierra la falsedad grata al turismo”- en el contexto de la obra:

“Se encuentra en Madrid la Gazpacha, y a diario la aplauden en la Comedia. Es una gitanaza brillante y colorinista como un cartel de toros. Pechugona y con los pies característicamente andaluces, tiene figura de palomo buchón. Cabellera negra y voluminosa sobre la cara africana, en que los ojos descansan en unos párpados que parecen sonajas de pandero. Envuelve el busto en un mantón de Manila, cuyos flecos caen en cataratas. Siéntase en toda la silla y con las piernas separadas. Cuando palmotea jaleándose, con el movimiento de sus brazos, redondos, morenos y desnudos, de belleza oriental, el cuerpo y sus policromados trapos tiemblan, palpitan. Detrás de ella, en contraste con su abundancia y su flojedad de rosa que se deshoja, el traje oscuro y escueto, el rostro cetrino y escueto del guitarrista, y la escueta amarillez de la guitarra.
[…]
En el simpático cromo y el chascarrillo en acción de El Niño de Oro, la Gazpacha constituye la única verdad. Hasta en los menores detalles. Por ejemplo; sólo ella bebe vino auténtico en la zambra, que lo necesita para entonarse”. (3)

Fiesta andaluza del Centro Artístico en el Palacio de Carlos V (Granada Gráfica, 1-7-1924).

Fiesta andaluza del Centro Artístico en el Palacio de Carlos V (Granada Gráfica, 1-7-1924).

Tras darse a conocer en el concurso y alcanzar el éxito con El niño de oro, María Amaya continuó desarrollando una intensa actividad en Madrid y otras ciudades españolas, casi siempre vinculada a sus hermanas y a otros artistas de las zambras de Granada. Su presencia fue requerida en fiestas de postín, como la verbena andaluza celebrada por el Centro Artístico de su ciudad en el Palacio de Carlos V en 1924, y en la que compartió cartel con artistas de la categoría de la Niña de los Peines, Antonia ‘la Minerita’ o Soledad Miralles (4).

En 1926 consiguió el primer premio en la categoría de profesionales del concurso de cante jondo organizado por la cofradía de los Californios de Cartagena, que estaba dotado con doscientas pesetas (5). En 1929 salió de gira junto a la compañía de comedias de Anita Tormo y el espectáculo La copla española, en cuyo reparto también figuraba el cantaor Manuel Centeno (6); y en 1930 fue contratada por el empresario Vedrines para actuar en distintas ciudades compartiendo cartel con Angelillo, el Americano, el Niño de las Marianas, Ramón Montoya, Estampío y la tribu faraónica del Albaicín (7).

Asimismo, merece la pena reseñar su visita a la Exposición Internacional de Barcelona en 1930 para intervenir en la Semana Andaluza junto a las zambras gitanas del Sacromonte, con la mítica Anilla la de Ronda como atracción principal del grupo (8). Durante su estancia en el Pueblo Español, María Amaya también participó en un concurso de saetas celebrado el día 20 de junio, en el que resultó ganadora:

La Gazpacha, una gitana del Sacromonte, se llevó la Copa Barcelona 1930 en el concurso de saetas. Dificultades tuvo el jurado para adjudicar este premio pues la mayoría de los cantadores que tomaron parte en el concurso se entregaron y pusieron toda su alma en el cante […] pero fue tal el arte, el sentimiento y la valentía puesta por La Gazpacha al entonar las saetas, que el jurado unánimemente acordó concederle a la artista gitana el codiciado premio. Abrazos de sus compañeros, apretones de manos, un beso estridente de Anita Maya y mucho vino y alegría fue el colofón al premio otorgado a tan renombrada artista”. (9)

María la Gazpacha en la zambra de Manolo Amaya (Revista Life, febrero de 1949). Cortesía de Alejandro García Amaya.

María la Gazpacha en la zambra de Manolo Amaya (Life, febrero de 1949). Cortesía de Alejandro García Amaya.

Según Molina Fajardo (10), las saetas de María Amaya eran uno de los sonidos habituales de la Semana Santa granadina, tanto en la calle como en el Coliseo Olimpia, donde se proyectaban películas mudas sobre la Pasión de Cristo, a las que ella ponía la banda sonora.

En 1931, la artista regresó a la Ciudad Condal para participar en una nueva edición de la Semana Andaluza. En esta ocasión lo hizo acompañando con su cante al cuadro de sevillanas del maestro Frasquillo, además de integrarse en la Zambra gitana del Sacromonte de Angustias la Emperadora (11). El grupo, formado por más de medio centenar de artistas, también ofreció una representación en la plaza de toros de Valencia (12).

A decir de quienes la conocieron, María Amaya fue una de las grandes cantaoras granadinas del siglo XX, como se desprende del testimonio de Isabel la Golondrina:

“La ‘Gazpacha’ ha sío la mejor cantaora que ha habío en to el Sacromonte, esa le ha hecho achuchar a ‘La Niña de los Peines’. Mi padre me contaba que una vez en un festín en el Patio de los Aljibes -donde había muchos artistas- cuando sintió cantar a La Gazpacha, dijo La Niña de los Peines: ‘ésta me va a hacer reventar’; y tuvo que echar tripas pa quear como que ella era La Niña de los Peines”. (13)

Según Manuel Lorente, “La Gazpacha desarrolló un modelo de granaínas que hoy día están en desuso, y casi en el olvido” (14). Molina Fajardo también le atribuye el mérito de haber sido “la última que cantó la pícara ‘zarabandilla’ acompañada a la guitarra por Pataperro” (15). María Amaya Fajardo falleció en su domicilio de la Placeta Alta de Santa Inés de Granada el 30 de noviembre de 1961 (16).


Notas:
(1) La Correspondencia de España, 25-10-1922.
(2) La Acción, 23-11-1922.
(3) García Sanchís, ibidem.
(4) “La verbena andaluza del Centro Artístico”, El Defensor de Granada, 24-6-1924, p. 1.
(5) “El concurso de Cante Jondo”, El Eco de Cartagena, 1-9-1924.
(6) “REINA VICTORIA: ‘La copla andaluza’”, El Telegrama del Rif, 1-1-1930.
(7) El Noroeste, 5-9-1930.
(8) “Semana Andaluza”, El Diluvio, 20-6-1930.
(9) Ferraz, Ernesto de, “La Semana Andaluza. Los concursos de cante jondo y saetas”, Barcelona Gráfica, 25-6-1930; cit. en Madridejos Mora, Montse, El flamenco en la Barcelona de la Exposición Internacional 1929-1930, Barcelona, Bellaterra, 2012.
(10) Molina Fajardo, Eduardo, El flamenco en Granada. Teoría de sus orígenes e historia, Granada, Ed. Miguel Sánchez, 1974, p. 168.
(11) Hoja Oficial de la Provincia de Barcelona, 20-7-1931.
(12) El Pueblo, 14-7-1931.
(26) Lorente Rivas, Manuel, “Etnografía polifónica del fandango en la provincia de Granada”, Música oral del sur, nº 1, 1995, p. 172.
(27) Ibidem.
(28) Molina Fajado, op. cit., p. 169.
(29) Así consta en su acta de defunción, inscrita con asiento número 251 en el tomo 137-2, página 268, sección tercera del Registro Civil del Salvador (Granada).


María la Gazpacha y su participación en el concurso de Granada (I)

Cuando acaba de conmemorarse el centenario del Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922, aún existen cuestiones sobre las que planea la sombra de la duda, como la que concierne a la participación de la cantaora María ‘la Gazpacha’.

María Amaya Fajardo había nacido en Granada en 1901 (1), en el seno de una familia de artistas flamencos. Tanto su padre, Fernando, como su tío Paco eran guitarristas. Sus hermanas, Josefa y Paca, y su hermano Miguel eligieron la rama del baile.

María Amaya, la Gazpacha

María Amaya, la Gazpacha

A sus veinte años de edad, la Gazpacha era una desconocida más allá de los límites de su ciudad natal, situación que cambió radicalmente tras el famoso certamen celebrado durante las fiestas del Corpus de 1922 con el fin de devolver al cante flamenco su antigua pureza y elevar su consideración.

Las numerosas crónicas publicadas en aquellos días, tanto en la prensa local como en la de otras ciudades españolas, dejan constancia de la actuación de la joven cantaora, acompañada a la guitarra por Pepe Cuéllar. Sin embargo, mientras Eduardo Molina Fajardo (2) y el periodista Galerín (3) la sitúan entre los ganadores del concurso, con un premio de 300 pesetas, no hemos conseguido localizar evidencias documentales que confirmen ese dato.

La primera referencia que nos ofrece la prensa sobre María Amaya se refiere a su intervención en la prueba de sonido celebrada en la Plaza de los Aljibes (4) unos días antes del evento:

“Para probar sus condiciones acústicas, la Comisión […] estuvo en la plaza de los Aljibes con el joven tocador de guitarra Cuéllar y la cantaora conocida por La Gazpacha, quedando perfectamente convencidos de la admirable disposición que para el canto, tiene el lugar elegido, pues desde todas partes, hasta las más alejadas, la voz de la cantaora y los tañidos de la guitarra, se oían perfectamente”. (5)

María y Pepa, las Gazpachas (Foto: Alejandro G. Amaya)

María y Pepa, las Gazpachas (Foto: Alejandro G. Amaya)

El Concurso de Cante Jondo se desarrolló durante las noches del 13 y el 14 de junio. Según las distintas fuentes hemerográficas consultadas, María la Gazpacha sólo intervino el primer día, acompañada por el mismo guitarrista. No obstante, sobre los estilos que interpretó también existen distintas versiones. Según la revista La Canción Popular, la artista “arrancó grandes aplausos, cantando bulerías y granadinas del más puro sabor de la tierra” (6). El diario Gaceta del Sur también afirma que, “a petición del público, cantó unas granadinas que gustaron mucho” (7), mientras que Agustín López Macías ‘Galerín’, enviado especial del diario El Liberal de Sevilla (18-6-1922), habla de tarantas en lugar de granaínas. Este último es quien describe con mayor detalle la actuación de la cantaora:

La Gazpacha
Con este poético nombre es conocida en Granada la joven María Amaya. Subió al tablado, acompañada del tocaor Manuel Cuéllar [sic] (un artista inmenso) y cantó bulerías y tarantas de modo inimitable.
No debe de llamarse ‘La Gazpacha’ una mujer que con voz de ángel canta

Quisiera ser como el aire,
pa estar a la vera tuya,
sin que lo notara nadie.

Tú se lo cuenta a mi mare
y si dice que no,
mi palabra es la que vale.

El estribillo, con mucha gracia, con gran estilo, interrumpida a cada paso por los aplausos cantó:

No quiero querer a nadie,
porque es muy malo querer,
yo quiero vivir solita,
solita con un debé.

‘La Gazpacha triunfó’ en toda la línea, ¡Y que no te digan ese nombre, mujer!” (8).

Imagen del concurso de Granada (La Unión Ilustrada, 28-6-1922).

Imagen del concurso de Granada (La Unión Ilustrada, 28-6-1922).

Según Galerín, además de interpretar esos cantes, la artista volvió a salir al escenario junto con la zambra, compuesta por una veintena de gitanas del Sacromonte, y después de varias danzas en grupo y en parejas, “bailó la señorita Gazpacha un clásico baile, siendo aplaudidísima y terminó con esto la fiesta” (9).

Fuesen las tarantas o las granaínas el estilo elegido por la María Amaya amén de las bulerías, ninguno de esos cantes figuraba entre los considerados “jondos” en las bases del concurso, que establecían tres secciones: “Siguirillas gitanas”; “Serranas, polos, cañas, soleares”; y “Cantos sin acompañamiento de guitarra: Martinetes-carceleras, tonás, livianas, saetas viejas” (10). Parece, por tanto, poco probable, que la artista acudiese al evento en calidad de concursante. Por otra parte, el acta del jurado, transcrita por el Noticiero Granadino, tampoco recoge el nombre de María Amaya ni el supuesto premio de 300 pesetas (11).

En un artículo publicado en la revista Buen Humor unos meses más tarde, Federico García Sanchís pone el foco precisamente en las granaínas interpretadas por la Gazpacha -en un gesto de osadía, provocación o, tal vez, venganza-, en contra de lo establecido por las bases y la filosofía del concurso:

“… Tomó la Gazpacha parte en el Concurso de Cante jondo. El viejo Estenazas, la Ciega, el niño Caracol y el de Jerez -gárgola que escupe y se canta- definieron cañas, polos, martinetes y seguiriyas. Y llega la señora Gazpacha. Y sin cuidarse del fin purificador de los ejercicios, aprovechando la ocasión de lucimiento, se arranca por granadinas, […] que son, respecto a lo jondo, como un morito de zarzuela junto a los del Rif. El público, que no entiende de influencias bizantinas y árabes en sus cantos, que reconocía lo suyo, rompió a aplaudir con un entusiasmo desenfrenado. Y he aquí al pobre maestro Falla, enfurecido y sin atreverse a subir al tablado, reclamando desde abajo a la sacrílega. Que si quieres. La Gazpacha, embajadora extraordinaria del Sacro Monte y del Albaicín, se vengó contra tantas gafas de carey, rosetas en la solapa, folletos y academias, que por entonces cayeron sobre los flamencos como doctores en una agonía…” (Buen Humor, 26-11-1922, pp. 8-9). (12)

Antonia Mercé, la Argentina (Foto: MAE-IT)

Antonia Mercé, la Argentina (Foto: MAE-IT)

La joven cantaora también desempeñó un papel protagonista en la verbena de San Juan, celebrada en el Palacio de Carlos V de Granada como broche final de las fiestas del Corpus, y en cuyo programa destacaba la gran Antonia Mercé ‘la Argentina’:

“Cuando las campanas anunciaron las doce de la noche, se hizo el silencio, quedó el palacio alumbrado únicamente por los faroles de azul intenso que adornaban los arcos, y el rasgar de una guitarra anunció la presencia de una granadina clásica que cantó con su potente voz esa ‘cañí’ tan castiza conocida por ‘La Gazpacha’. A esa copla, entonada desde la galería del Palacio, respondió desde otro punto, con otra igual, […] ‘Frasquito Yerbabuena’.

Una y otro fueron ovacionados y al iluminarse de nuevo el recinto, una explosión de aplausos premió el feliz acuerdo de este número”. (13)

Notas:

(1) Según la información recogida en su acta de defunción, inscrita con asiento número 251 en el tomo 137-2, página 268, sección tercera del Registro Civil del Salvador (Granada), María nació el 17 de octubre de 1901.
(2) Molina Fajardo, Eduardo, El flamenco en Granada. Teoría de sus orígenes e historia, Granada, Ed. Miguel Sánchez, 1974, p. 151.
(3) López Macías, Agustín, El Liberal de Sevilla, 18-6-1922. Archivo de prensa de Sevilla de José Luis Ortiz Nuevo. Podría ser que Molina Fajardo tomase como fuente este artículo.
(4) “Por razones que a todo el mundo alcanzan, de dificultades del terreno para exceso de personas y carruajes”, la comisión organizadora del concurso decidió sustituir la Plaza de San Nicolás del Albaicín, enclave originalmente elegido para la celebración, por la Plaza de los Aljibes de la Alhambra (La Publicidad, 9-6-1922, p.1).
(5) Ibidem.
(6) La Canción Popular, 1-9-1922, p. 36.
(7) Gaceta del Sur, 15-6-1922, p. 5.
(8) López Macías, op. cit.
(9) Ibidem.
(10) El Defensor de Granada, 25-5-1922, p. 4.
(11) “El acta del jurado”, Noticiero Granadino,18-6-1922, p.1.
(12) García Sanchís, Federico, “El ilustre huésped”, Buen Humor, 26-11-1922, pp. 8-9.
En ese artículo el autor también describe el ambiente en el que se ganaba la vida María la Gazpacha, el de ese flamenco de juerga y de reservado, para señoritos y guiris, tan alejado de la jondura que el concurso granadino trataba de preservar:
“… en una caravana cromolitográfica de gitanerías, que sirve juergas a los viajeros. Cueva entre los chumbos, o reservado de una venta, o sala con ajimeces, arabescos, reloj y cortinas de terciopelo en un hotel. Solera, jamón serrano, jipíos, humazo, marchosería; el Pollo que se pone pelma, la bailaora que se duerme en un diván, el corro de los iniciados, la carátula fantástica de un monsieur con monóculo y el desfile de hembras con perfil de cabra y vestidas de rojo o azul a lunares, entre los camareros de frac” (Ibidem).
(13) “Granada en fiestas”, La Publicidad, 27-6-1922, pp. 1-2.


La Niña de Linares, una diva del cante flamenco (II)

Una artista consolidada

A sus veintiún años, la Niña de Linares goza ya de una fama y un cartel considerables. Buena prueba de ello es la gira que realiza durante el mes de abril de 1929 junto a una compañía encabezada por dos estrellas del flamenco de la época: el cantaor Manuel Vallejo y el guitarrista Ramón Montoya. Completan el elenco el Niño de Málaga, Pedro Paso (Niño de Huelva), Juan García Hierro, el Cojo de Luque, Bernardo el de los Lobitos y, como segunda sonanta, Pepe el de la Flamenca.

Después de presentarse en el Teatro Nuevo de Zamora (El Adelanto, 11-4-1929), la troupe actúa en ciudades como Oviedo, Vigo, Lugo, Santiago de Compostela, El Ferrol, La Coruña o Vitoria (1). Las crónicas ensalzan la labor de “la ‘Niña de Linares’, que a más de su simpatía y hermosura, sabe cautivar al auditorio con su voz bien timbrada y plena de elegante flexibilidad” (Región, 17-4-1929).

La Niña de Linares (segunda por la izqda.), Barcelona, 1929. Fuente: Cathlein, La Joselito à l'Âge d'or du flamenco, París, L'Harmattan, 2013.

La Niña de Linares (segunda por la izqda.), Barcelona, 1929. Fuente: Cathlein, La Joselito à l’Âge d’or du flamenco, París, L’Harmattan, 2013.

Unos meses más tarde, Petra García se anuncia junto a otra gran compañía, la Troupe Caracol, que ofrece un espectáculo de ópera flamenca en la Plaza de Toros del Triunfo, de Granada. Los cantaores Manolo Caracol, Manuel Torre, el Cojo Luque y la Niña de ¿Lo Ve?; la bailaora La Cañí y la pareja Gómez-Ortega; y los guitarristas Niño de la Flamenca y Paco el de Paradas completan el cartel.

Entre tantas estrellas, la joven cantaora brilla con luz propia: “A ‘La Niña de Linares‘, la pareja de baile Los Gómez Ortega y el ‘Niño de Caracol’ se les extremó la buena acogida” (El Defensor de Granada, 2-9-1929).

Durante los meses siguientes, la artista sigue cosechando éxitos en distintos lugares de la geografía española. En diciembre de 1929, en el Bar Cervantes de Cartagena, se anuncia el “deseado debut de la colosal cantadora flamenca Niña de Linares. Bonita, de graciosa figura, joven y con personalidad en el cante flamenco”. La acompaña a la guitarra Blasillo de Triana (La Tierra, 19-12-1929; citado en Gelardo Navarro, 2014, p.437). (2)

Rafael Ortega y Laura Gómez (La Nación, 26-11-1929)

Rafael Ortega y Laura Gómez, los Gómez-Ortega (La Nación, 26-11-1929)

Asimismo, en marzo de 1930, Petra recibe muy buenas críticas durante su actuación en Almería:

«Anoche debutó en ‘Cervantes’ la cantadora de flamenco ‘Niña de Linares’, que obtuvo éxito, siendo muy aplaudida por el ‘respetable’.
La simpática artista cantó por varios estilos ante la insistencia del público, que hizo levantar el telón repetidas veces» (El Pueblo, 27-3-1930).

La actuación de la ‘Niña de Linares’, en Cervantes, ha levantado un poco de entusiasmo por el cante flamenco […].
Ayer descubrimos en una de esas rosas divinas que alegran nuestra existencia por las calles de la ciudad, una voz deliciosa y bonita -como ella- y un estilo finísimo de cantante ‘jonda’; y, como es natural, si antes nos inclinamos por el flamenco, ahora nos entregamos más a esa hermosa expresión del alma andaluza, en recuerdo de esta inesperada y formidable ‘cantaora’ y de este trozo de soleares, dicho graciosamente:
‘Ayer nos pilló mi padre.
A mí me tiró del pelo
y a ti te tiró a la calle’… (Diario de Almería, 30-3-1930).

En esos días, la artista también deleita al público almeriense con sus saetas: las entona en el mismo coliseo, durante la proyección del filme Rejas y votos; y, poco después, en plena calle, al paso de la procesión de la Soledad (El Mediterráneo, 19-4-1930).

El Progreso, 20-4-1929.

El Progreso, 20-4-1929.

Un nuevo astro en el firmamento flamenco barcelonés

A partir de 1930, la cantaora jienense desarrolla la mayor parte de su actividad artística en la capital catalana, que en esos años constituye un enclave flamenco importantísimo, debido a la gran cantidad de artistas de lo jondo que allí se concentran, al abrigo de los numerosos locales que florecen, sobre todo, en el Distrito V o Barrio Chino:

«… en ese distrito quinto os persiguen, implacables, obsesionantes, insistentes, las quejas desgarradas del maravilloso ‘cante jondo‘ y resuena mejor el eco agudo y doloroso de los tablados estremecidos, que se quejan, patéticos, al azotarlos con vigor unos tacones […]. Nuestros intelectuales ignoran que es precisamente en este distrito quinto donde el aspecto andaluz, sin pizca de truco, se manifiesta con crudeza terrible y con patetismo trágico, más puro acaso que en la mismísima Andalucía» (Gasch, 1932; p. 24).

Entre el 15 y el 21 de junio de ese año, en el marco de la Exposición Internacional de Barcelona, se celebra en el Pueblo Español de Montjuic la Semana Andaluza. Al calor del evento se dan cita en la Ciudad Condal distintos grupos folclóricos y un buen número de artistas flamencos procedentes de distintas localidades andaluzas, así como algunas figuras del arte jondo residentes en la capital catalana:

«… se presentarán los famosos caballistas del Rocío […] y se darán a conocer, además, cuadros tan notables como la Murga Gaditana de ‘Regadera’, el popular coro andaluz denominado ‘Los campanilleros de Bormujos’, el gran cuadro andaluz de Realito […]; el magnífico cuadro flamenco de M. Borrull, y los brillantes cuadros de ‘zambras‘ y bailes gitanos del Sacro Monte» (La Publicitat, 15-6-1930). (4)

Los caballistas del Rocío en la Semana Andaluza de Barcelona de 1930 (Brangulí, ANC).

Los caballistas del Rocío en la Semana Andaluza de Barcelona de 1930 (Brangulí, ANC).

En el grupo presentado por Borrull figura Petra García Espinosa, “verdadera maravilla y genial intérprete del cante jondo” (La Vanguardia, 6-6-1930), que “hubo de repetir varias veces sus canciones” (El Diluvio, 17-6-1930).

Además de todo lo mencionado, el 17 de junio se celebra un concurso de cante jondo en el que se disputa la Copa Barcelona 1930, con la participación de los siguientes artistas: la Niña de Santa Cruz, Carmen ‘la Lavandera‘, Juanito Valencia, María la Morena y la Niña de Linares, en la primera parte; Rosalía Faraón, la Niña de Málaga, el Niño de Lucena, el Niño de Utrera, el Niño de Hierro y el Niño de Calatrava, en la segunda. En el intermedio actúan la Zambra Gitana del Sacro Monte, que tiene como estrella principal a la mítica Anilla la de Ronda, y el cuadro andaluz del maestro Realito (La Vanguardia, 16-6-1930).

Durante los meses de verano, Petra García viaja a tierras andaluzas, para actuar en lugares como Montilla, Cádiz o Villamartín (5), y deleita a los espectadores del madrileño Cine de la Flor cantando saetas durante la proyección del filme Currito de la Cruz (La Nación, 12-8-1930). (6)

Anilla la de Ronda en la Semana Andaluza de Barcelona (Brangulí, ANC).

Anilla la de Ronda en la Semana Andaluza de Barcelona de 1930 (Brangulí, ANC).

A su regreso a la Ciudad Condal, es contratada durante varias semanas en el Edén Concert, que amplía su programa de variedades con la introducción de un cuadro flamenco. A decir de los cronistas, la artista linarense, que se anuncia como “reina de la media granadina” (El Diluvio, 9-11-1930), constituye una de las grandes atracciones del elenco:

«… un cuadro flamenco, que comienza esta noche, en el que figuran la Romerito, Rosario Moreno, Julita la Borbolla y la Niña de Linares. Todas ellas son chavalas estupendas, que cantan como mandan los cánones del cante jondo, y como van acompañadas por unos tocaores de lo más castizo, el conjunto del número queda muy bonito» (Papitu, 12-11-1931).

«El Edén Concert, señores, desde que tiene el cabaret fantástico, es una cosa seria, […]. Figúrense que el cuadro flamenco lo componen la Romerito, el Trío Gómez Ortega y la Niña de Linares, que es una niña que ríanse de su compañera la Pinta y hasta de la Santa María.
Una carabela donde un servidor se embarca, no para descubrir América, pero sí para descubrir otras cosas mucho más interesantes que el Nuevo Mundo” (Papitu, 2-12-1930).

Unos meses más tarde, Petra García colabora en un festival de cante y baile flamenco que se celebra en el Circo Barcelonés a beneficio del bailaor Manolillo la Rosa, en el que también toman parte artistas como Miguel Borrull y sus hermanas Julia y Concha, la Tanguerita, la Mendaña, el Viruta o la Macarrona (La Vanguardia, 10-2-1931).

La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, Alberto F. Garagarza, Antonio Viruta y el Chino (Barcelona, 1933)

La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, Alberto F. Garagarza, Antonio Viruta y el Chino (Barcelona, 1933).

En julio de 1931 se celebra una nueva Semana Andaluza en el Pueblo Español de Montjuic, con un programa similar al del año anterior. Los Caballistas del Rocío, el cuadro de baile por sevillanas del maestro Frasquillo, los Campanilleros de Utrera y la Zambra Gitana del Sacro Monte son algunos de los grupos invitados en esta ocasión. El cante jondo corre a cargo de tres grandes figuras del género: Guerrita, el Niño de Utrera y “la Niña de Linares, con su repertorio de granadinas, que obtuvo un éxito” (Hoja Oficial de la Provincia de Barcelona, 20-7-1931).

Antes de debutar a Barcelona, el elenco completo ofrece una única función en la Plaza de toros de Valencia (El Pueblo, 14-7-1931) y, tras el cierre de la Semana Andaluza, una versión reducida del espectáculo es presentada en el Teatro Parisiana de Zaragoza, donde la Niña de Linares se lleva buena parte de los aplausos:

«El plato fuerte del programa cañí estuvo a cargo de Angustias la Mejorana y María la Gazpacha, el ‘cantaor’ flamenco Francisco Gallardo, el niño de la Huerta, niño de Utrera, típico campero, la niña de Linares y ‘Guerrita’, que, cada cual en su estilo, hicieron alarde de facultades y de buen gusto en el cante.
Todos fueron ovacionados» (La Voz de Aragón, 7-8-1931).

Unas semanas más tarde, Petra García Espinosa se anuncia en el Teatro Apolo de la Ciudad Condal, como protagonista -junto a los cantaores Guerrita y Guerrita Chico– de la comedia lírica en tres actos ¡Lo que puede un fandanguillo!, original de José Belsunce y Alfonso Mata del Hierro. El Gran Fanegas, Niño de Constantina, Manolo Bulerías y Pepito Hurtado también figuran en el reparto (El Diluvio, 3-9-1931).

Las artistas del cuadro de zambras durante la Semana Andaluza de Barcelona (La Esfera, 28-6-1930)

Las artistas del cuadro de zambras durante la Semana Andaluza de Barcelona (La Esfera, 28-6-1930)

Durante los meses siguientes, el nombre de la Niña de Linares aparece con asiduidad en los carteles de distintos music halls de Barcelona y Valencia. En el Edén Concert de esta última ciudad, acompañada por el guitarrista Pepe Hurtado, “la notable cantadora de flamenco, As del cante jondo” (El Pueblo, 18-9-1931), se reparte los aplausos con la bailarina Minerva. “Todos sus admiradores acudieron a saborear sus clásicas medias granadinas, sus fandanguillos y sus milongas, que para el público ‘que tiene paladar’ son inimitables. El público salió encantado” (El Pueblo, 20-9-1931).

En octubre y noviembre de 1931, la “eminente intérprete del ‘cante jondo’”, “la más afortunada estilista del cante flamenco” (El Diluvio, 14-10-1931), hace doblete en la capital catalana: se presenta cada noche en el music hall Pompeya y, a continuación, en el cabaret Dancing Palace Pompeya. En ambos locales cosecha “entusiastas aplausos con su arte impecable en sus creaciones de cante flamenco” (El Diluvio, 29-10-1931). Tanto en los cantes que interpreta acompañada a la sonanta por Paco Aguilera como en los números de cuadro junto a las bailaoras hermanas Ortega, Petra “cada día se impone más y más con las excelencias de su arte” (El Diluvio, 25-10-1931).

En esa época, la jienense también es requerida para actuar en una comida celebrada en el Centro Andaluz de la capital catalana, que es difundida por Radio Barcelona. Con el mismo guitarrista, “la simpática artista ‘Niña de Linares’, amablemente y con el gusto y ‘sal’ con que sabe hacerlo, se cantó por varios estilos andaluces. Los aplausos fueron el final justo que su actuación motivara” (Andalucía, 11-1931). El repertorio elegido incluía “medias granadinas, ‘Milonga’ y ‘Caracoles’” (Heraldo de Almería, 15-12-1931).

Villa Rosa, años 30. En la imagen, de izquierda a derecha: Sobre el tablao, Manolo Constantina y Pepito Hurtado. Debajo: el Cojo de Málaga, una de las Mendaña (sirviéndole vino), Rosalía, Luisa, La Faraona y el hermano de Guerrita. Fuente: Archivo de Montse Madridejos

Villa Rosa, años 30. En la imagen, de izquierda a derecha: Sobre el tablao, Manolo Constantina y Pepito Hurtado. Debajo: el Cojo de Málaga, una de las Mendaña (sirviéndole vino), Rosalía, Luisa, La Faraona y el hermano de Guerrita. Fuente: Archivo de Montse Madridejos

En febrero de 1932, Petra García, con la sonanta de Pepe Hurtado, se anuncia durante varias semanas en la sala Ba-Ta-Clan de Barcelona, que ofrece un amplio programa de variedades; y en el mes de marzo la “estrella del canto andaluz” regresa al Edén Concert de Valencia, “acompañada por el mago del diapasón, El Chufa” (El Pueblo, 29-3-1932).

Unas semanas más tarde, de nuevo en la capital catalana, la artista linarense constituye la atracción principal de una verbena celebrada en el Centro Andaluz, con ‘Cruz de Mayo’ incluida. “Hubo pianillo de manubrio, baile, manzanilla y alegría desbordante, sin que faltan algunas coplas cantadas con el gusto que es habitual en la ‘Niña de Linares’” (La Vanguardia, 4-5-1932).

Durante el verano, se la puede ver en el Dancing Pavón American Bar de Valencia, donde obtiene un “éxito monumental”. Asimismo, la cantaora, “única en su género, y emperadora del cante jondo” (Las Provincias, 26-7-1932), pone la banda sonora en vivo y en directo durante la proyección de la película Rosario la Cortijera en distintas salas de cine de Barcelona y Reus.

Notas:

(1) El Teatro Campoamor de Oviedo, el Tamberlick de Vigo, el Principal y el García Barbón de Vigo, el Principal de Santiago de Compostela, el Jofre de El Ferrol, el Rosalía de Castro de La Coruña, el Principal de Lugo y el Teatro Nuevo de Vitoria son algunos de los coliseos en los que se presenta la compañía de Manuel Vallejo (Cfr. Región, 17-4-1929; El Pueblo Gallego, 19-4-1929; El Progreso, 20-4-1929; El Pueblo Gallego, 21-4-1929; El Compostelano, 20-4-1929; El Correo Gallego, 21-4-1929; El Orzán, 21-4-1929; El Progreso, 24-4-1929; Heraldo Alavés, 2-5-1929).

(2) Gelardo Navarro, José. (2014). ¡Viva la Ópera Flamenca! Flamenco y Andalucía en la prensa murciana (1900-1939). Murcia: Ediciones de la Universidad de Murcia Edit.um.

(3) Gasch, Sebastián. (1932, 2 de septiembre). «Estampa barcelonesa. La crudeza y el patetismo andaluces en el distrito quinto». Nuevo Mundo, pp. 24-25.

(4) La traducción de todos los textos catalanes es mía.

(5) En la localidad cordobesa, comparte escenario y aplausos con la cantaora La Sevillanita (La Voz, 26-7-1930), mientras que, en las dos localidades gaditanas, forma parte de sendos programas de variedades (El Noticiero Gaditano, 2-8-1930; 26-9-1930).

(6) En el mencionado cine, Petra García se anuncia como La Lavandera hija.

(7) La película se proyecta en el Gran Cine América (La Vanguardia, 28-8-1932) y en el Gran Cine Colón de Barcelona (La Vanguardia, 30-8-1932); y en la Sala Reus, de Reus (Foment, 24-9-1932). En esta última, la cantaora entona unas saetas durante la proyección y, además, se ocupa del fin de fiesta. El acompañamiento de guitarra corre a cargo de Pepe Hurtado.