Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Antonia la Minerita, una cantaora reconocida en Europa (II)

A finales de mayo de 1921, los Ballets Rusos presentan su ‘Cuadro Flamenco’ en el Prince’s Theatre de Londres, donde obtiene “un éxito instantáneo” (The Era, 8-6-1921) (1), con una puesta en escena idéntica a la que tanto gustó en París:

“… La actuación se desarrolla sobre una tarima elevada -un pequeño escenario dentro del escenario- que da la impresión de una pequeña reunión en una antigua posada rural española. Los artistas están sentados en círculo, tocando la guitarra y las palmas, y se levantan por turno en varios bailes, mientras que una de las mujeres de vez en cuando entona lastimeros cantes” (The Illustrated London News, 11-6-1921).

Representación de 'Cuadro Flamenco' (The Illustrated London News, 11-6-1921)

Representación de ‘Cuadro Flamenco’ (The Illustrated London News, 11-6-1921). La Minerita, sentada, en el centro.

Además del exotismo de las danzas españolas, de clara reminiscencia oriental, a los cronistas británicos les llaman poderosamente la atención los aires ejecutados por “una extraña cantaora plañidera, La Minerita” (The Era, 8-6-1921):

“… La tonalidad del cante, la armonía del zapateado y las palmas, la ejecución viril de los bailes, y la riqueza de carácter y de detalles son inconfundibles” (The Illustrated Sportive and Dramatic News, 11-6-1921).

“… Dos guitarristas y una cantaora se encargan de toda la música, pero la cantaora es de un tipo desconocido en Londres. Emplea timbres que son exóticos, y que algunos pueden considerar de gusto adquirido, pero emplea esos tonos duros con una flexibilidad y un poder de sugestión que recuerdan a la canción oriental…” (Pall Mall Gazette, 31-5-1921).

La prensa española también se hace eco del triunfo de nuestros compatriotas, si bien atribuye el mérito musical al maestro Rodríguez y, por supuesto, a la voz de Antonia García:

“… El éxito ha sido, sobre todo, de los artistas que lo interpretan, sacados de la más pura entraña ‘cañí’, todos del contorno de Cádiz y Sevilla. Realmente ha sido un gran consuelo para nuestro bazo oír a Manolo Rodríguez levantar en su guitarra el espectro apasionado y melancólico de Andalucía, al que Antonia la Minerita presta la voz estridente y desesperada de la copla y del jipío, que erizan el vello como el himplar de la pantera oído en la noche, mientras María del Albaicín cimbrea en el tablado la cenceña maravilla de su cuerpo gitano…” (La Voz de Menorca, 13-7-1921; tomado de El Sol).

La Rubia de Jerez, Mate Sin Pies y María de Albaicín en 'Cuadro Flamenco' (The Sketch, 15-6-1921)

La Rubia de Jerez, Mate Sin Pies y María de Albaicín en ‘Cuadro Flamenco’ (The Sketch, 15-6-1921)

Nuevos éxitos fuera y dentro de nuestras fronteras

Tras pasar unos días de asueto en Sevilla, a principios de septiembre La Minerita regresa a la capital británica para una nueva presentación del ‘Cuadro Flamenco’, esta vez, en el London Coliseum. Su modo de decir el cante, para bien o para mal, no deja indiferente a la crítica:

“… El ‘Cuadro Flamenco’ […] comienza con una fila de artistas sentados en sillas en medio del escenario. Los dos guitarristas empiezan a tocar; la solista emite un grito extraño y discordante, y los otros artistas tocan las palmas. Poco a poco la emoción se va acumulando, y un bailarín se levanta y ejecuta una serie de giros con movimientos de rodilla. El público pronto se deja llevar por la emoción y el ritmo insistente de la música, pero el lunes la galería se rió de la voz estridente de la cantaora” (Gloucester Citizen, 7-9-1921).

“En el Coliseum, cantes populares y bailes de España. Se disfruta intensamente con La Minerita, con su voz extraña y poderosa que domina, hábilmente dirigida, el ruido del baile y a todos los de la orquesta” (Le Ménestrel, 21-10-1921).

Rojas y Tejero en 'Cuadro Flamenco' (The Sphere, 2-7-1921)

Rojas y Tejero en ‘Cuadro Flamenco’ (The Sphere, 2-7-1921)

En el mes de diciembre, ya de vuelta en España, Antonia García conquista con sus malagueñas y soleares al público del Lion d’Or de Almería. La acompaña a la guitarra su inseparable Manuel Rodríguez. La crítica no puede ser más favorable:

“Manolo Rodríguez y la ‘Minerita

Con decir que son dos verdaderos artistas; dos figuras sobresalientes en este arte tan difícil, complejo, popular, cumpliríamos con el deber que impone la crítica justa imparcial; pero he aquí que esta pareja merece algo más que la reseña somera y escueta.

Es Manolo Rodríguez un mago de la guitarra, de este instrumento difícil en cuyas cuerdas vibra el alma popular, condensada en los sones sentidos de unas ‘malagueñas’ o unas ‘soleares’.

Mas después del preludio, que templa el ánimo del auditorio, surge la voz sentida, armoniosa, de La ‘Minerita’, que pone toda su alma de artista en las estrofas de sus cantares.

Yo que soy profano en este arte […], he experimentado una intensa emoción al escucharla; diríase que su voz al llenar de armonías el salón tráenos a la mente todas las evocaciones de nuestras pasadas glorias.

Debo, pues, a esta incomparable pareja un rato imborrable que ha sido a modo de comunión artística. Bien merecidos son los aplausos que el público tributa a estos artistas que diariamente ofician en el altar de las musas populares” S. Sergio (Diario de Almería, 20-12-1921).

Teatro Portela de Sevilla

Teatro Portela de Sevilla

Artista de primera fila

En 1922 la prensa sitúa a La Minerita en Almería y Málaga, acompañada por el maestro Rodríguez; y en junio del año siguiente la encontramos en el Teatro Portela de Sevilla, donde forma parte del cuadro flamenco que interviene en el sainete andaluz El niño de oro, de José María Granada. También figuran en el elenco la cancionista La Macarena y las bailaoras La Roteña y La Loli (La Unión, 29-6-1923) (2).

Unos meses más tarde, Antonia García participa en la “fiesta del cante jondo” que se celebra en la Plaza de Toros de Almería, bajo la dirección del Maestro Otero, con el siguiente reparto:

“… Tomaron parte en la fiesta las bailarinas Lola Blanco, Paquita Cano, Manuela Álvarez, Antonia Jiménez, Isabel Araujo, Magdalena Lara y Dolores Romero.

Bailarines, Manuel del Castillo, Juan Cadarso, Trío A.B.C. y Luis Sopeña.

Bandurria, Manuel Gómez; laúd, José Mesa Quintana.

Cantadoras.- La Minerita y Niña de las Saetas.

Cantadores.- Niño de las Marianas y Niño Cañete.

Guitarrista.- Manuel Rodríguez.

Todos estos artistas bajo la dirección del maestro Otero, pusieron de manifiesto sus extraordinarias facultades para el arte a que se dedican, haciendo verdaderas filigranas…” (Diario de Almería, 21-8-1923).

Plaza de Toros de Almería, años 20

Plaza de Toros de Almería, años 20

En octubre de 1923, Antonia y su guitarrista se presentan en el Salón Ramírez de Córdoba, y en marzo del año siguiente la prensa los sitúa en Colloto (Asturias), junto a una compañía de variedades en la que destaca el bailaor ‘Churri el Bonito’. “Todos los artistas sin excepción han sido muy aplaudidos” (La Voz de Asturias, 12-3-1924).

En el mes de junio, en una fiesta andaluza organizada por el Centro Artístico en el Palacio de Carlos V de Granada, La Minerita comparte cartel y escenario con artistas de primerísimo nivel, como La Niña de los Peines o Soledad Miralles:

“… Concurrió tal muchedumbre, que el Palacio era insuficiente para contenerla, dando en ella la nota más alegre y simpática numerosas y bellísimas mujeres ataviadas al estilo de la tierra. La Orquesta Sinfónica, dirigida por el maestro Saco del Valle, tuvo a su cargo la parte musical. En el cuadro andaluz fueron ovacionados La Niña de los Peines, La Finito, las hermanas Gazpachas, la Minerita, el Niño Maceo y Soledad Miralles, acompañada de la rondalla granadina.

La fiesta terminó de madrugada” (La Voz, 23-6-1924).


NOTAS:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es mía.
(2) Las noticias de la prensa sevillana han sido localizada por José Luis Ortiz Nuevo y están disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (y VI)

En abril de 1935 Galerín dedica un artículo a Rocío Vega, a quien él mismo bautizara casi dos décadas atrás como La Niña de la Alfalfa. El periodista se lamenta de la mala suerte de aquella muchacha que, a pesar del gran esfuerzo realizado, vio frustradas sus esperanzas de convertirse en cantante de ópera. Según él, “la engañaron”. No era ésa la misión que le tenía reservada el destino, porque Rocío posee un don especial para el flamenco, unos “duendes” que no salen en las partituras ni se aprenden en el conservatorio:

“… No gustó. Lo dice ella misma. ‘No gusté, no señor’. El miedo… los nervios… No sé. Lo que ocurrió entonces no quiero ni pensarlo. Todavía siguieron los inteligentes hablando de la futura diva. Y el tiempo, juez supremo de todo, le dio la razón a la muchacha. ¡A Rocío no le gustaban los macarrones! Le gustaba más el jamón serrano, y Rocío se dedicó a las varietés, y si ha ganado y gana dinero en su vida, ha sido cantando cuplés, a los que les intercala esos duendes flamencos que las cupletistas de por ahí desconocen, porque esos duendes son los duendes de Sevilla. […]

Agustín López Macías, Galerín

Agustín López Macías, Galerín

El músico lleva a los papeles su canción y las artistas andaluzas son las que se encargan de que los duendes levanten al público en vilo. Los artistas que no poseen esos misteriosos duendecillos, cantan siempre lo mismo. […]

El artista que canta flamenco no es tan seguro como el que lo hace por sus estudios; pero llega más al alma el flamenco” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1935) (1).

La propia Rocío se muestra optimista y confía en sus posibilidades de triunfar con el repertorio andaluz:

“Todas las que tienen algo propio -nos dice- han vuelto o no se han ido: Pastora, la Argentinita, Raquel… Yo creo que sé cantar las saetas y que en otros números flamencos no desentono. Yo bailo un poquito y toco los palillos como cualquier chavala de mi tierra. ¿Por qué no he de tener suerte? En Madrid se están representando ahora obras de teatro a base de artistas flamencos. Yo no hablo del todo mal y tengo mis pretensiones haciendo coplas. ¿Que no tengo veinte años? El maquillaje, la luz de las baterías y el foco no entienden de edad. Figura, afición, voz y entusiasmo por mi trabajo, no me han faltado todavía. Yo no aspiro a ser “Miss Alfalfa”. Con que me sigan diciendo Rocío, me conformo” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1935).

Flamenca de primer nivel

Durante la Semana Santa de 1935 la Niña de la Alfalfa vuelve a entonar sus saetas desde los balcones de Sevilla, y comparte las ovaciones con artistas como La Finito, La Niña de Marchena, El Gloria o el Niño de Mairena.

Después emprende una gira por distintas localidades de Huelva y Extremadura, al término de la cual “marchará a Madrid para impresionar discos de ‘saetas’, y entrará a formar parte de una de las compañías que cultivan el género flamenco” (El Liberal de Sevilla, 19-8-1935).

Rocío Vega en 'La Carcelera' (Diario de Córdoba, 10-5-1936)

Rocío Vega en ‘La Carcelera’ (Diario de Córdoba, 10-5-1936)

En enero de 1936 se anuncia en Córdoba un espectáculo teatral titulado Al pie de la Giralda, en cuyo elenco figuran “Canalejas, el famosísimo as del cante en unión del Niño de Fregenal, Peluso, Regadera, Revoltoso, Niña de Marchena, Encarnita Pérez, Rocío Vega y otros artistas famosísimos” (Diario de Córdoba, 8-1-1936). Un mes más tarde, La Niña de la Alfalfa colabora en una función benéfica que se celebra en Utrera con gran afluencia de público, y en la que también participa el bailaor Rafael Ortega.

En el mes de abril, como cada año, Rocío Vega regresa a Sevilla para cantar a las imágenes de su devoción. Gracias al establecimiento de una estación de radio en La Campana, hasta el público americano podría disfrutar de sus saetas:

“Aquí escuchamos una saeta cantada con el alma y la primera ovación del público […].

Fue la cantaora Rocío Vega, la Niña de la Alfalfa, quien con su privilegidada voz y su inconfundible estilo saludó a la Virgen de la Estrella de este modo:

Mare mía de la Estrella – ampárame con tu manto – que mientras yo tenga vía – he de mandarte en mi canto – la saeta más sentía…

¡Y estalló la ovación! Ya la cantaora no se pertenecía. Era del público. Y así cantó varias saetas, entre aclamaciones. […]

La última en llegar fue la de San Jacinto, que entró cerca de la una.

Aquí otra vez Rocío Vega volvió a poner al rojo al público, cantando.

Ya va a su casa la Estrella – Triana está iluminá – con el oro de su manto – y el reflejo de su cara – por donde quiera que va – la luna a verla se para” (El Liberal de Sevilla, 7-4-1936).

Rafael Ortega

Rafael Ortega

Se avecinan tiempos difíciles

La última aparición pública de La Niña de la Alfalfa de la que tenemos constancia antes del estallido de la Guerra Civil tiene lugar en el Teatro Principal de Cabra (Córdoba), en un homenaje al pintor Julio Romero de Torres. La sevillana interpreta los siguientes números:

“La Musa Gitana, original de Juan Soca. Recitación de Rocío Vega, con acompañamiento de orquesta.

Soleares a Julio Romero de Torres, escritas por J. S., por la Niña de la Alfalfa, acompañada a la guitarra por Joaquín Cañero. […]

La Jaca (canción), por la Niña de la Alfalfa. Letra de Perelló. Música del maestro J. Mostazo.

Triniá (canción), por Rocío Vega. Letra de Valverde y León. Música del maestro Quiroga. […]

Semana Santa en Sevilla (marcha y saetas). Letra de Juan del Sarto y música del maestro Quiroga, por la Niña de la Alfalfa. […]

Estreno de la canción española La Carcelera, expresamente escrita para este acto por el ilustre maestro Francisco Alonso, letra de Juan Soca. Reproducción plástica del célebre cuadro de Julio Romero de Torres. Verdadera creación de Rocío Vega (Niña de la Alfalfa)…” (ABC de Sevilla, 7-5-1936).

En junio de 1938, en plena contienda, se la puede ver en el Teatro Cervantes de Sevilla, en una función benéfica en la que también participa Eloísa Albéniz, entre otros artistas, que “interpretaron con general aplauso la atrayente revista titulada ‘Luces de España’” (ABC de Sevilla, 7-6-1938).

Eloísa Albéniz (La Union Ilustrada, 16-2-1921)

Eloísa Albéniz (La Union Ilustrada, 16-2-1921)

Una vez finalizada la guerra, Rocío Vega interviene en la gran Fiesta de la Victoria organizada por la Agrupación Sur de Carros de Combate en el cortijo ‘Las Quemadas’ de Córdoba:

“Terminada la corrida, se organizó una gran fiesta flamenca, en la que tomaron parte la Niña de la Alfalfa, Vallejo, el Sevillano, el mago del baile gitano Rafael Ortega y un cuadro flamenco, con elementos de Sevilla, Cádiz y Córdoba, a los que acompañaba un coro de gitanillos verdad, que bailaron y cantaron al compás de las guitarras” (ABC de Sevilla, 26-5-1939).

A partir de ese momento, no son muchas las apariciones públicas de Rocío Vega, que sigue manteniendo la tradición -eso sí- de cantar cada Semana Santa sus apreciadas saetas. En 1943 actúa como artista invitada en un concurso de saetas organizado por Radio Sevilla y también se la puede ver ese verano en las fiestas de Alcolea del Río (Sevilla) “al frente de su cuadro artístico” (ABC de Sevilla, 23-9-1943).

Artista hasta el final

La última aparición de La Niña de la Alfalfa de la que hemos hallado noticia tiene lugar en la Plaza de Toros del Triunfo de Granada en julio de 1947, junto a un elenco de excepción:

Pepe Marchena con su grandioso espectáculo Pasan las Coplas, integrado por 40 artistas valiosísimos. Niña de la Puebla, El Americano, El Peluso, Ramón Montoya, José Cepero, Manolo el Malagueño, Rosita Durán, Lola Ortega, Guerrita, Pericón de Cádiz, Pepe Azuaga, Niña de la Alfalfa, Luquita” (La Prensa, 14-7-1947).

La Niña de la Alfalfa

La Niña de la Alfalfa

Según la saetera Angelita Yruela, Rocío le canta por última vez a la Estrella en 1969, año en que deja de salir a la calle debido a la enfermedad que padece. En su domicilio de la Calle Peral, la voz de La Niña de la Alfalfa se apaga para siempre el 16 de julio de 1975, sólo unos meses después de haber sido nombrada hermana de honor de la Hermandad de la Estrella y de haber recibido un merecido homenaje promovido por la Junta de Damas de dicha entidad:

“Culminó la obra de las mujeres de la Estrella cuando conseguimos que se le descubriese un azulejo en la Alfalfa, donde ella empezó a cantar, cosa que le pedimos al Ayuntamiento. Nos prometieron que así se haría, y así se hizo. El día 15 de diciembre de 1974, a la una de la tarde, quedó el nombre de Rocío Vega Farfán grabado para siempre, justo al lado de un balcón, ya que en los hierros de muchos balcones de Sevilla se enredaron más de una vez la voz de esta mujer sencilla, que rezándole a nuestras Vírgenes se iba dejando en el aire jirones de su corazón.

Todavía cuando la llevaban desde su habitación de la clínica a recibir su sesión de cobalto recordaba los versos que le dedicaran grandes poetas, como José María Pemán y tantos otros. Ella se hacía poeta y le musitaba esta oración a su Virgen:

Balconcito de la Estrella,
donde tanto he ‘salío’ a verte,
‘pa’ decirte muchas cosas.
¡Todas las que Tú mereces!
Pero aún hay muchas más
¡Las que mi corazón siente!
Aunque no puedo expresar
porque me encuentro,
¡No sé!, como inerte.
Pero aún puedo decirte,
¡Virgencita! ¡La Valiente!
es que me encuentro enfermita
y no puedo ir a verte.
Y si Dios me recogiera
porque lo crea conveniente,
en el lugar donde esté
siempre te tendré presente” (Angelita Yruela Rojas, ABC de Sevilla, 22-7-1975).

NOTA:

(1) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

 


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (IV)

En la primavera de 1925 actuó en el teatro de Bujalance (Córdoba) “la gran artista de cantos regionales María del Rocío Vega, la que por su estilo de gran valor artístico, gustó mucho y fue muy aplaudida por el distinguido público que llenaba el teatro” (La Voz, 12-5-1925).

Un año más tarde, La Niña de la la Alfalfa regresa al Teatro San Fernando de Sevilla, para interpretar sus famosas saetas durante la proyección de la película El Niño de las Monjas (1). Ana María Tejada y Antonio León completan el elenco de cantaores.

La Niña de la Alfalfa (Correo Extremeño, 15-2-1929)

La Niña de la Alfalfa (Correo Extremeño, 15-2-1929)

Sin embargo, la artista, dedicada desde hace años al género lírico, no logra revivir a la gran saetera que un día fue:

“… la expectante concurrencia hubo de lamentar una decepción, porque Rocío Vega no pudo sobreponerse al justificado temor que para ella suponía saltar de sus actuales cualidades de cantante al arte espontáneo, natural y pleno de sentimiento de la saetera. Sin embargo, la voluntad que puso en el empeño permiten esperar que en noches sucesivas recobre el dominio de sí misma, y con él este aplauso halagador que el público se reservó anoche” (El Liberal de Sevilla, 23-3-1926) (2).

Tal vez sólo le faltara encontrarse en su ambiente. De hecho, unos días más tarde, ante las imágenes de su devoción, Rocío consigue reeditar aquel mágico momento en que, al cantar por primera vez su saeta, conquistó incondicionalmente al público de Sevilla:

Rocío Vega, la famosa Niña de las Saetas, que está de facultades como en sus mejores tiempos, refrendó ayer tarde, en la propia Alfalfa, su consagración como incomparable cantante de ‘saetas’.

Desatendiendo un ventajoso contrato, […] quiso cantarle al Cristo de la Salud y María Santísima del Refugio, […] y superándose a sí misma, ante las sagradas imágenes y un inmenso gentío, desde uno de los balcones de la morada del conocido industrial don Juan J. Álvarez […] cantó varias admirables saetas’, plenas de estilo y emoción, la última casi llorando” (El Liberal de Sevilla, 28-3-1926).

El antiguo Teatro Llorens de Sevilla

El antiguo Teatro Llorens de Sevilla

Excepcional saetera, por encima de todo

Ni su dedicación al bel canto ha podido borrar el sello único e inconfundible que imprime Rocío a sus saetas, de estilo “sencillo, fino y bonito” (El Liberal de Sevilla, 3-4-1926), y absolutamente inimitables:

“Este año vamos a escuchar la ‘saetaclásica, la ‘saeta’ fina, sin ayes flamencos, sin troncos, sin gritos raros, sin salidas por ‘seguiriyas’, sin exageraciones. La ‘saeta’ sencilla, clara, que tiene más emoción, que es más nuestra, sólo la canta esta simpatiquísima y hermosa artista que se llama María del Rocío Vega, conocida por la Niña de la Alfalfa.

[…] Porque la hemos oído ensayar podemos asegurar que nadie logrará no ya superarla, sino imitarla. Son las ‘saetas’ de Rocío algo que no se puede copiar, que nadie ha copiado, aunque la han imitado muchos ‘cantaores’. Y es que Rocío no es ‘cantaora’. Rocío no canta la ‘saeta’ sujetándose a ningún patrón. Es una cosa suya, inconfundible, única. Y ahora que recordamos a la Niña de la Alfalfa nos damos cuenta de que lo que hemos escuchado hasta aquí han sido coplas flamencas con letra religiosa. La ‘saeta’ que nos hace enmudecer, la ‘saeta’ que nos hace sentir y emocionarnos, es la que canta María del Rocío Vega ‘La Niña de la Alfalfa’” (El Liberal de Sevilla, 21-3-1926).

De teatro en teatro, de triunfo en triunfo

Unas semanas más tarde, también en la capital andaluza, María del Rocío se sube a las tablas del Teatro Lloréns, junto a Benvenuto Franchi, para interpretar El Barbero de Sevilla. La artista suma un nuevo éxito a su imparable carrera:

“Ha triunfado María por la calidad de su arte, exento de trampa y cartón y limpio de esos recursos y ventajillas que suelen adquirirse después.

Emite las notas altas con limpidez y perfectísima afinación y la factura es de la mejor ley.

[…] El público premió con atronadoras ovaciones el primoroso trabajo de la debutante, que puede estar satisfecha del éxito obtenido, por lo que le damos nuestra más entusiasta enhorabuena” (La Unión, 25-4-1926).

Rocío Vega, cantando sus saetas (ABC de Sevilla, 25-4-1993)

Rocío Vega, cantando sus saetas (ABC de Sevilla, 25-4-1993)

En noviembre de 1927 llega al Teatro Enrique de la Cuadra, de Utrera, la película El Niño de las Monjas. En esta ocasión, Rocío sí se encuentra a sí misma y, ante un coliseo abarrotado, ofrece una actuación memorable. Además de sus conocidas saetas, la sevillana interpreta varias canciones y se despide con una tanda de fandangos de su creación:

“Los aplausos estruendosos que en la bonita sala del precioso coliseo resonaron anoche, entusiastas y espontáneos, tributados, fueron a la admirable cantante, que en esa su primera actuación ante este público hizo pasar una ráfaga de verdadero arte por el hermoso escenario […].

Las diversas saetas que entonó al paso de las cofradías sevillanas, escuchadas fueron por la apiñada multitud en medio de sepulcral silencio, convertido segundos después en atronadoras salvas de aplausos que estallaban frenéticas y entusiastas, adquiriendo a veces caracteres apoteósicos.

Finalizada la película El Niño de las Monjas, volvió María del Rocío Vega a deleitar al público con las siguientes canciones españolas: ‘Malagueñas’, ‘La Perolera’, ‘Florerillo’, ‘El mocito de los claveles’ y ‘La garrochista’.

Nuevas demostraciones de férvido entusiasmo en el auditorio, exteriorizadas al ejecutar la artista de manera insuperable una serie de fandanguillos, de los cuales es creadora y excepcional intérprete.

El público, de pie, aclamó a la celebrada cantante, haciéndole bisar todos los números en medio de calurosas ovaciones” (Pepe Romero, El Noticiero Sevillano, 15-11-1927).

El Cristo de la Salud, de la cofradía de San Bernardo (ABC de Sevilla)

El Cristo de la Salud, de la cofradía de San Bernardo (ABC de Sevilla)

Durante los dos años siguientes, Rocío alcanza una gran notoriedad en Extremadura (3). Su presencia es una constante en los teatros y fiestas populares de localidades como Zafra, Alburquerque, Bienvenida, Almendralejo, Granja de Torrehermosa, Talavera la Real, Badajoz o Santa Marta. En todas ellas, La Niña de la Alfalfa se anuncia, no ya como cantante lírica, sino como cancionista e intérprete de cantes regionales. Sus actuaciones se cuentan por éxitos.

Sus saetas, desde Sevilla al mundo

A pesar de todos estos cambios de registro, a lo que nunca renuncia Rocío es a su vocación de saetera. En la Semana Santa de 1928 su cante se eleva al cielo desde varios puntos de la carrera oficial sevillana, para el disfrute de españoles y extranjeros:

“Durante el paso de las cofradías por la Campana, en la tarde de ayer, se radiaron las ‘saetas‘ que cantaron La Finito y Rocío Vega a Madrid, y de allí a Londres […].

Rocío Vega, La Niña de la Alfalfa, que ha dejado en buen (sic) hora el repertorio ‘selecto’, pasándose al flamenco, cantó ‘saetas’ a la salida del Cristo del Patrocinio y luego en el Casino Militar, llamando poderosamente la atención sus ‘saetas’, las clásicas ‘saetas’ que hace ocho años la hicieron popular” (El Liberal de Sevilla, 8-4-1928).

El Correo Extremeño (7-4-1928) reproduce algunas de las letras cantadas por Rocío Vega al paso de la Cofradía del Señor de la Humildad y Paciencia, en la Semana Santa de Zafra:

“Tú que eres Padre de Amor
prodiga Tu caridad,
y échale Tu bendición
a esos pobres desgraciados,
que sufren triste prisión,
y perdona sus pecados.

De Tu humildad y paciencia
los judíos se mofaban.
Te coronaron de espinas,
y de Tus sienes brotaban
gotas de sangre Divina,
que por Tu rostro rodaban.

Silencio pueblo cristiano,
que se acerca la Humidad;
rézale pueblo de Zafra
y acompáñalo al altar
donde la Gloria se alcanza.

Escucha Tú, Padre mío,
esta voz de mi garganta,
que es un grito de dolor,
que la ‘Niña de la Alfalfa’
te lo ofrece con fervor”.


NOTAS:
(1) Filme basado en la novela homónima de Juan López Núñez, dirigido por Antonio Calvache, ‘Walken’, y estrenado en Madrid en enero de 1926.
(2) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.
(3) Rocío Vega concede una entrevista al periodista C. Giovanni Cannonico para el Correo Extremeño (23-12-1928). Lo recibe en su casa de calle Corral del Rey, nº 17, ricamente vestida y envuelta en un abrigo de piel: nada que ver con la modesta joven que se dio a conocer cantando aquella histórica saeta.


María la Gazpacha, todo el sabor del flamenco de Granada (II)

Durante su estancia en Madrid, María, Pepa y Juana Amaya se dejan ver en distintos eventos, como la función a beneficio de las casas de socorro que se celebra en el teatro Español o la fiesta homenaje a la compañía argentina Muino-Alippi que tiene lugar en el teatro de la Zarzuela. En esta última, “las hermanas ‘Gazpachasbailaron y cantaron con su gracia peculiar, y obtuvieron un nuevo éxito” (La Voz, 8-1-1923).

En 1923 continúan las representaciones del sainete El niño de oro en distintas ciudades de la geografía española, como Valencia, Valladolid o Gijón. En ninguna de ellas puede faltar “el famoso Cuadro flamenco, compuesto de las hermanas Gazpachas y los hermanos Hidalgo, auténticos y populares gitanos granadinos” (Heraldo de Madrid, 23-2-1923).

Imagen de la fiesta celebrada en el Centro Artistico de Granada (Granada Gráfica, junio de 1923 - Blog 'Papeles Flamencos')

Imagen de la fiesta celebrada en el Centro Artistico de Granada (Granada Gráfica, junio de 1923 – Blog ‘Papeles Flamencos’)

En el mes de abril, la prensa asturiana anuncia el espectáculo como “el estreno que más éxito ha tenido en la temporada actual en Madrid, donde lleva más de 200 representaciones, tomando parte en esta obra el notable cuadro típico andaluz, formado por las famosas Hermanas Gazpachas y los auténticos gitanos granadinos Hermanos Hidalgo, enorme triunfo” (La Pensa, 8-4-1923).

Una artista muy solicitada

La popularidad de las hermanas Gazpachas no para de crecer. Su presencia es requerida en los mejores ambientes. Así, en el mes de mayo actúan con su grupo en una “fiesta de canto andaluz y baile gitano” que se celebra en la plaza de toros de Granada, a beneficio de la Asociación Granadina de Caridad. Las tres hermanas deleitan al numeroso público asistente con sus bailes gitanos y llenos de sabor:

“El cuadro de la Gazpacha, interpretó, a maravilla, las danzas gitanas, siendo ovacionadas con insistencia. […]

Las artistas de la Gazpacha, bailaron después tangos, la cachucha, merengazos, soleares, granadinas y el fandango, acompañando los tocaores hermanos Hidalgo y Manuel Amaya.

Nuevas ovaciones escucharon las simpáticas cañís” (El defensor de Granada, 5-6-1923). (1)

En agosto de 1923 se puede ver de nuevo a las hermanas Gazpachas en la fiesta ofrecida en San Sebastián por los Duques de Tovar al embajador de los Estados Unidos y a una millonaria del mismo país:

“En la fiesta se presentaron, para que miss Mellon pudiera conocerlos, algunos números de canto y baile andaluz. Estuvieron a cargo de las ‘Gazpachas’ y de los hermanos Hidalgo, acompañados por el notable guitarrista Luis Sánchez.

Miss Mellon, y sus compatriotas, quedaron encantados con la fiesta” (La Correspondencia de España, 30-8-1923).

Banquete en honor hermanas Gazpachas (ABC, 23-11-1922)

Banquete en honor hermanas Gazpachas (ABC, 23-11-1922)

En junio de 1924 volvemos a encontrar a las Gazpachas en su Granada natal. Durante la feria de la ciudad se celebra en el Palacio de Carlos V una fiesta andaluza, con un elenco de auténtico lujo:

“La Orquesta Sinfónica, dirigida por el maestro Saco del Valle, tuvo a su cargo la parte musical. En el cuadro andaluz fueron ovacionados La Niña de los Peines, La Finito, las hermanas Gazpachas, la Minerita, el Niño Maceo y Soledad Miralles, acompañada de la rondalla granadina” (La Voz, 23-6-1924).

Otro concurso y nuevos éxitos

Según Pedro Fernández Riquelme, en agosto de ese mismo año María Amaya participa en un concurso de cante organizado en Cartagena por la Cofradía de los Californios, del que resulta “vencedor Patricio Alarcón, seguido del Mendo y de Juan Baños ‘Fanegas’. Curiosamente, el premio especial para profesionales locales y foráneos dotado con la cantidad de 200 pesetas recayó en la granadina María Amaya Fajardo ‘la Gazpacha’”. (2)

Durante el verano de 1927, María Amaya y sus hermanas actúan en distintos locales cordobeses, en los que se exhibe la versión cinematográfica de El niño de oro -la obra que tanto éxito les dio-, rodada en 1925 por José María Granada. Tras la proyección de la película, “como fin de fiesta, actuaron ‘Las Gazpachas’, cuyas zambras, llenas de sabor, agradaron al respetable” (La Voz, 28-6-1927).

La Niña de los Peines

La Niña de los Peines

En mayo de 1928, también en Córdoba, se presenta una “zambra gitana del Albaicín” en la que, junto a un nutrido grupo de artistas granadinos, figuran María, Pepa y Paca Amaya. Las tres hermanas desempeñan un papel protagonista en el festival, que se celebra en a huerta ‘El Tablero’:

“Dolores Amaya, la Capitana; María Amaya, la Gazpacha; Pepita Amaya, la Gazpacha segunda; Paca Amaya, la Gazpacha chica; María Maya, la Jardín; Gracia Maya, la Punticas; Carmen Maya, la Golondrina; Angustias Contreras, la Niña del Albaicín; Rosa Maya, la Garrona; Concha Heredia, la Cavita; Juana Cortés, la Cotorrera; Trinidad Fernández, la Mestra; Salvadora Maya, la Serrana.

Guitarristas de la zambra: Manuel Amaya Hidalgo, Manuel Hidalgo y Juan Hidalgo.

Bandurristas: Rafael Fernández Moruno y Juan José Hidalgo.

Cantadores y sonajeros: Juan José Heredia y Antonio Maya, el Cotorrero.

Nombres de las danzas y bailes: Zambra gitana; El casamiento; La Cachucha; Soleares granadinas; Fandangos del Albaicín; Soleares flamencas; La Mosca; Farrucas; Bulerías; El Petaco; Tangos variados, gitanos y flamencos.

Además, las hermanas ‘Gazpachas’ ejecutarán cantables y bailables independientes de la agrupación. Ésta será dirigida por el gran aficionado granadino don Mariano Morcillo, la zambra gitana que quede reseñada más arriba ha actuado ante los Reyes de España, ante el Príncipe de Gales y ante toda la grandeza española, en las distintas fiestas dadas en la Alhambra de Granada” (Diario de Córdoba, 11-5-1928).

Gitanos del Sacromonte (1900 - Museo de las Cuevas del Sacromonte)

Gitanos del Sacromonte, en 1900 (Museo de las Cuevas del Sacromonte)

Unos meses más tarde, en su Granada natal, las hermanas Gazpachas son las encargadas de amenizar con sus cantes y bailes un almuerzo ofrecido al señor Cruz Conde durante su visita a la ciudad: “El cuadro de danzas gitanas de ‘La Gazpacha’ interpretó las más clásicas danzas y se cantaron granadinas, siendo ovacionadas las bellas gitanas” (La Voz, 21-11-1928).

Ya en 1929 y 30, las hermanas Amaya se presentan en distintas ciudades, como Melilla, Almería, Córdoba o Badajoz, junto a la compañía de comedias de la actriz Anita Tormo, que triunfa en toda España con la obra ‘La copla española’, de Quintero y Guillén. El espectáculo es todo un éxito, gracias a la intervención de artistas como el cantaor Manuel Centeno o a la “pareja de baile hermanas Gazpacha y el tocador de guitarra Pepe ‘El Calderero’” (El Telegrama del Rif, 1-1-1930).

“[Almería] Las huestes de Anita Tormo estuvieron magistrales en la interpretación de la obra, sobresaliendo el formidable cantador Manuel Centeno, para el que fueron las más grandes ovaciones. Muy bien el Niño del Hierro para el que también hubo muchos y calurosos aplausos.

Las populares hermanas Gazpachas magistrales en sus zambras gitanas, escuchando grandes ovaciones. Pepe el Calderero, sublime con la guitarra” (El Mediterráneo, 17-1-1930).

“Las ‘Hermanas Gazpachas’ bailaron de bolero, escuchando también muchos aplausos” (Diario de Almería, 17-1-1930).

“[Córdoba] Las ‘Gazpachas’ muy bien cantando y bailando” (La Voz, 22-2-1930).

“[Córdoba] Y las Gazpachas, con todo el arte y la gracia que las caracteriza” (La Voz, 23-2-1930).

NOTAS:

(1) Información extraída de un recorte de prensa publicado por David Pérez Merinero en su blog Papeles Flamencos.

(2) Información proporcionada por Pedro Fernández Riquelme en su artículo “Tres cantaores cartageneros: El Apañao, El Mendo y Montañita”, publicado en la revista La Madrugá, nº 9, diciembre de 2013.