Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Victoria de Miguel, entre la aguja y la bajañí (I)

Con el recién estrenado siglo nace Victoria de Miguel Lago, el 17 de marzo de 1900, en el número ocho de la madrileña calle Lagasca, en pleno Barrio de Salamanca (1). Es la octava de doce hermanos.

Su familia está estrechamente relacionada con el mundo taurino. No en vano, Victoria es hija del torero Ciriaco de Miguel, “Chicharito”, y ahijada de señá Gabriela Ortega, progenitora de Joselito y Rafael el Gallo.

Su madre, Concha Lago, es modista de profesión y dirige un taller de costura en la calle Goya. De ella aprende la joven los fundamentos del oficio, al que se dedica, de manera intermitente, durante largos periodos de su vida.

Victoria de Miguel (Foto de Yolanda Cardo, ABC, 18-2-2000)

Victoria de Miguel (Foto de Yolanda Cardo, ABC, 18-2-2000)

En 1905 el nombre de Victoria de Miguel aparece por primera vez en los papeles, a causa de un desafortunado accidente, que la marca para el resto de su vida:

“En la calle de Velázquez un tranvía de los llamados ‘cangrejo’ atropelló ayer tarde a la niña de seis años Victoria de Miguel, produciéndola (sic) tan graves heridas en una pierna que hubo necesidad de amputársela en el Gabinete médico del barrio de Salamanca” (ABC, 28-8-1905).

Sin embargo, ello no le impide desarrollar, durante toda su vida, una intensa actividad artística y profesional.

Sus inicios como guitarrista

Desde muy pequeña, Victoria toma clases de guitarra clásica y flamenca con algunos de los grandes maestros del momento, como Manuel Navarro, “Patena padre”, Ramón Montoya o Andrés Segovia. Su dominio de ambas disciplinas le otorga una cierta ventaja sobre sus colegas de profesión, que se traduce en un caché superior: “ganaba más que mis compañeros: ellos cuatro pesetas y yo ocho” (2).

A los seis años de edad, la precoz artista actúa ante los soberanos españoles, y demuestra tal destreza que la mismísima reina Victoria Eugenia la obsequia con una guitarra. Tras su debut en el madrileño teatro Fuencarral, acude junto a su hermano al salón El Astro, donde acompaña con su toque al cantaor Pedro Sánchez Langa, “El Canario de Madrid”.

Ramón Montoya

Ramón Montoya

El gran éxito obtenido le vale un contrato en dicho local y supone el inicio de una fructífera carrera, que se desarrolla de manera paralela a la del citado cantaor, quien se convierte en su marido. Juntos actúan durante tres décadas en los mejores teatros españoles. Sin embargo, Victoria nunca abandona del todo su actividad en el taller de costura de su madre.

Con los reyes de la ópera flamenca

Rastreando los papeles de la época, en 1926 encontramos a la guitarrista inmersa en una larga gira por España. Es la época de la ópera flamenca, y el empresario Vedrines no escatima en medios para llevar a los teatros y plazas de toros de pueblos y ciudades un nutrido elenco de primeras figuras del cante, el baile y el toque.

A mediados de julio la compañía se presenta en Cartagena. Con ese atractivo cartel, el éxito está asegurado:

“Un público inmenso había acudido anoche a la plaza de toros, ávido de escuchar a los prestigiosos artistas que habían de tomar parte en la velada. […]

Verdad que este cuadro flamenco que anoche se presentó ante el público cartagenero merece grandes elogios. Juana la Macarrona, Carmelita la Guapa, Paula la Flamenca, Estampío y Antonio Sánchez el Bizco constituían el cuadro de baile.

En el de cantaoras la famosa ‘Niña de los Peines’ y la ‘Perla de Trianaentusiasmaron al auditorio con las inflexiones de una voz bellísima […], así como los maestros Centeno, el célebre cantador de saetas, Cojo de Málaga, El Canario, Eduardo García, el Mendo, cantador de la copla cartagenera, y El Canario de Madrid, éste, pese a los prestigios consolidados, el mejor cantador del cuadro a quien acompaña la notable guitarrista Victoria de Miguel.

Y ahí es nada los tocadores. […] Javier Molina, Niño Ricardo, Luis Yance y Ramón Montoya. […]

Para todos hubieron (sic) aplausos, quedando el público satisfecho del espectáculo” (El Eco de Cartagena, 17-7-1926).

Pedro Sánchez Langa, El Canario de Madrid

Pedro Sánchez Langa, El Canario de Madrid

La prensa murciana destaca la actuación de Victoria de Miguel como una de las más sobresalientes del espectáculo:

“¿Y qué decir de los tocadores de guitarras? Todos ellos –Victoria de Miguel, admirable– merecieron los aplausos que el público les otorgó” (El Eco de Cartagena, 17-7-1926) (3).

“De tocadores la flor y nata de ellos, Montoya, Molina, Yance y Victoria de Miguel. Todos aplaudidísimos” (El Liberal, 18-7-1926).

“… desfilaron por el tablao lo mejor que se conoce en este arte, siendo muy aplaudidos todos, bailadores y cantadores, y especialmente la famosa Niña de los Peines, dotada de portentosas facultades; el Canario de Madrid, el Cojo de Málaga, el Centeno y el Mendo, y los guitarristas Montoya y la señorita Victoria de Miguel” (La Verdad, 20-7-1926).

Tras actuar en Cartagena, la compañía pone rumbo hacia tierras andaluzas. El 25 de julio se presenta en la Plaza de Toros de Córdoba y, unos días más tarde, en el Teatro Circo de Verano de Cádiz. En el mes de agosto llega a Granada y Málaga, entre otras ciudades.

Asimismo, entre el 13 y el 26 de agosto, El Canario de Madrid se anuncia en el Madrid Concert de Valencia (4). Aunque en los papeles no aparece el nombre de su guitarrista, es probable que se trate de Victoria de Miguel, que suele aparecer en los carteles como su tocadora habitual.

Nueva gira con Vedrines

En octubre de 1926, la guitarrista madrileña vuelve a estar de gira, con un elenco algo diferente y bastante representativo de los gustos de la época ‘del fandanguillo’. De hecho, el espectáculo -también producido por Vedrines– se anuncia como “Reunión de arte flamenco moderno”, y en él figuran cantaores como el Niño de las Marianas, el Niño de la Flor, el Chato de las Ventas, la Niña de Linares o Antonio García Chacón. Les acompañan los “profesores de guitarra […] M. Molina, Jorge López, Victoria de Miguel y Ramón García” (El Noticiero Gaditano, 6-10-1926).

Pastora Pavón, La Niña de los Peines

Pastora Pavón, La Niña de los Peines (Fondos del Centro Andaluz del Flamenco)

A principios de octubre, la compañía actúa en Cádiz, en el Teatro Circo de Verano. Varias semanas más tarde se presenta en el Monumental Cinema de Madrid y a finales de noviembre llega a Gijón , previo paso por otras ciudades, como Zamora (5) o La Coruña.

Coincidiendo con su actuación en el teatro Linares Rivas, el diario gallego El Orzán destaca los muchos méritos del elenco:

“Escogiendo lo mejor de cada certamen, se ha reunido un grupo de artistas que recorre las capitales y pueblos más importantes de España, divulgando y aun dando a conocer en muchos casos el cante flamenco en su más pura acepción […].

Constituyen la agrupación gentes tan renombradas como el ‘Niño de Coín’, el ‘Niño de las Marianas II’, afamado cantador de flamenco; el ‘Niño de la Flor’, premiado en el concurso de la Plaza de Toros de Córdoba; el ‘Chato de las Ventas’, premiado con la copa de plata en La Línea de la Concepción; la ‘Niña de Linares’, triunfadora en cuantos concursos se ha presentado; el ‘Canario de Madrid’ (el de la voz de oro), acompañado a la guitarra por su profesora, Victoria de Miguel; Antoñito García Chacón, el fenómeno del día, el ‘Non plus ultra’ del canto flamenco; Manuel Blanco (‘Canario de Colmenar’), primer premio del concurso celebrado el 10 del actual en Madrid y los profesores de guitarra Victoria de Miguel, Jorge López y Marcelo Molina.

Este programa, netamente flamenco, es único e incomparable y viene recorriendo con un éxito formidable los más importantes teatros de España” (El Orzán, 28-11-1926).

Unos días más tarde, los papeles asturianos (6) hacen lo propio con motivo de la presentación del espectáculo en el teatro Dindurra de Gijón, y destacan especialmente la presencia de Victoria de Miguel, a quien califican como “verdadero prodigio” (La Prensa, 10-12-1926):

“Otra nota digna de mención es la actuación de la notable guitarrista Victoria de Miguel, que con distinción y elegancia sabe sacar gran partido del castizo instrumento español y posee una técnica envidiable” (El Noroeste, 10-12-1926).

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, la Coquinera

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, la Coquinera

En enero de 1927 se anuncia en el Monumental Cinema de Madrid “un magnífico concierto de ópera flamenca” (La Libertad, 5-1-1927), en el que interviene el mismo elenco de artistas, con la incorporación de la cantaora Luisa Requejo. A finales de mes la guitarrista se presenta en Valladolid (7) y, poco después, la compañía actúa en el Gran Teatro de Córdoba (8).

En el mes de abril, con un cartel algo diferente, El Canario de Madrid se presenta en el Teatro Maravillas de la capital. La Niña de Baeza, “Carmen la Flamenca, La Gabrielita, La Coquinera, Ramironte y el Estampío” (ABC, 1-4-1927) son algunas de las nuevas incorporaciones de la compañía; y, aunque en la reseña no figuran los nombres de los tocadores, es muy probable que entre ellos se encuentre Victoria de Miguel.

NOTAS:
(1) Así consta en el libro de nacimientos del Juzgado Municipal de Buenavista (Madrid). Otras fechas y datos familiares y de la vida personal de Victoria de Miguel están extraídos de las siguientes fuentes:
Eusebio Rioja y Norberto Torres, Niño Ricardo: vida y obra de Manuel Serrapí Sánchez, Sevilla, Signatura, 2006.
M. J. Álvarez, “Recuerdos de un siglo”, entrevista a Victoria de Miguel, ABC, 18-2-2000.
(2) “Recuerdos de un siglo”, op. cit.
(3) José Gelardo Navarro aporta esta referencia en su obra ¡Viva la Ópera Flamenca!: Flamenco y Andalucía en la prensa murciana (1900-1939), Universidad de Murcia, 2014, y la sitúa en la página 4 de El Eco de Cartagena de 17-7-1926. No obstante, al acudir a la hemeroteca y consultar la página en cuestión, dicho artículo no aparece, lo cual nos hace pensar que tal vez la referencia no sea exacta.
(4) Según La Correspondencia de Valencia.
(5) El 25 de noviembre de 1926 se anuncia en el Nuevo Teatro de Zamora un “gran concierto de arte flamenco”, con “12 ‘ases’ del fandango, cante jondo y otros estilos” (Heraldo de Zamora).
(6) David Pérez Merinero, en su blog Papeles Flamencos, aporta interesantes referencias periodísticas -y entre ellas, las que se citan a continuación- sobre la actuación de estos artistas en el teatro Dindurra de Gijón.
(7) Eulalia Pablo Lozano, en su obra Mujeres guitarristas, Sevilla, Signatura, 2009, aporta la siguiente referencia:
“Ópera flamenca
En el Lope de Vega de Valladolid va a dar un concierto de ópera flamenca (¡) la compañía Vedrines, formada por los siguientes artistas […] y los famosos guitarristas Marcelo Molina, Jorge López y Victoria de Miguel” (El Noticiero Sevillano, 19-1-1927).
(8) El Diario de Córdoba publica la reseña del espectáculo el 22-2-1927.


María la Bonita, de París al cielo (y II)

En sólo unos meses, María la Bonita ha revolucionado París, donde se ha instalado una auténtica ‘Bonitamanía’. El público no se conforma con verla en el Circo de Verano, y su presencia sigue siendo requerida en las fiestas más exclusivas. Veamos algunos ejemplos que nos ofrece la prensa:

“Una cena de las más selectas y felices fue ofrecida anteanoche por el conde y la condesa Roman Potocki […].

Durante y después de la cena se oyó a la orquesta de los gitanos y se asistió a los bailes de María la Bonita, que fue vivamente aplaudida” (Le Gaulois, 16-6-1891). (1)

“[En la fiesta de la Señora de Iturbe] La orquesta recordaba todos los aires nacionales. Para que nada faltara vino la Bonita con su pañolón y sus sortijillas en la cara y su gracioso descaro, y allí nos bailó al son de las castañuelas, arrancando el ¡olé! clásico de nuestra tierra” (La Época, 1-7-1891).

Cartel de María la Bonita en el Pabellón del Reloj

Cartel de María la Bonita en el Pabellón del Reloj de París

Este fenómeno no pasa desapercibido para los diarios españoles, que dedican varios artículos al boom de lo flamenco allende los Pirineos. Según El Imparcial y La Época, el flamenquismo está conquistando en Francia espacios nunca alcanzados por otras manifestaciones artísticas consideradas ‘superiores’, como el arte y la literatura de nuestro país; y en esta escalada del gusto por lo andaluz, sin duda, tiene mucho que ver la presencia de figuras como María la Bonita, que ha llegado a la escena gala como un soplo de aire fresco.

Ambos diarios coinciden en destacar el decoro y la elegancia con que esta bailaora seduce al público, sin recurrir a la obscenidad típica de otras artistas, tanto francesas como españolas.

María sabe cantar y bailar con ese baile artístico, gracioso, que constituye la verdadera danza española. […]

María la Bonita, aunque representante de nuestro arte flamenco, es en París algo así como una reacción contra los bailes descocados y naturalistas […]” (La Época, 17-6-1891).

María la Bonita ha dado a conocer un género que ignoraban los que habían visto a la Macarrona y creían que los bailes españoles se reducían a aquel tango bestial de las gitanas de la Exposición. La gracia honesta de sus flexibles movimientos encanta, atrae sin ofender ni convertir la inocente danza española en las groseras contorsiones de impúdica bayadera. Las damas aplaudíanla anoche con entusiasmo” (El Imparcial, 15-6-1891).

Tal vez sea ése el secreto de su fulgurante éxito: María es diferente a las demás, como mujer y como artista. Si el público parisino no está acostumbrado a “ver a una española tan graciosa” como ella, tampoco ha podido gozar con frecuencia de unos “bailes tan coloridos y pintorescos” (Gil Blas, 28-6-1891), como sus peteneras, sus “macarenas” e incluso jotas aragonesas.

Interior del Reichshallentheater de Berlín

Interior del Reichshallentheater de Berlín

De París, a Europa

Tras hacerse un nombre en París, en septiembre de 1891 la bailaora sevillana se lanza a la conquista de otros países europeos, como Italia y Alemania. Los éxitos no se hacen esperar. Según publica el Berliner Tageblatt, “María la Bonita, la ‘fulgurante estrella del cielo del baile’” actúa durante todo un mes en el Reichshallentheater de la capital germana, adonde llega precedida por la gran fama cosechada en Francia. Al mismo tiempo, la artista es requerida en los “círculos privados de la alta sociedad” berlinesa. Así la presenta el mencionado rotativo con motivo de su debut:

“… el ‘gran número’ de la noche, la muy conocida bailarina española María la Bonita! […] una estrella que surgió de pronto en el cielo del baile. Un trabajador del ‘Fígaro’ descubrió una noche en un salón de baile de los suburbios a una muchacha de gran belleza y gracia arrebatadora en el baile – un diamante en bruto. Los primeros bailarines la pulieron y pronto hablaba todo París de la ardiente españolita, que fue contratada en el primer establecimiento de la metrópolis, en el Cirque Nouveau. En julio, el ‘Conservatorio de danza’ estatal reconoció a la incomparable María fuera de concurso, y le atribuyó un diploma y la medalla de oro. Ésta es la prehistoria de la bailarina española, y antes de ayer, ante la emoción de todos los asistentes, bailó sus primeros pasos sobre un escenario berlinés. La peculiar belleza sureña en seguida cautiva, cada línea y cada movimiento son de una gracia clásica, y cuando empieza a bailar uno inmediatamente se da cuenta de que los conocidísimos bailes nacionales españoles, el bolero, el ole, la cachucha y el fandango, le están siendo mostrados en su versión más original” (Berliner Tageblatt, 3-10-1891).

Vista de Piccadilly Circus (Londres)

Vista de Piccadilly Circus (Londres)

En noviembre de 1891, María regresa a París con su repertorio renovado. Durante los meses siguientes la prensa da cuenta de su participación como artista invitada en un banquete de la Asociación de corresponsales extranjeros, así como en un concierto celebrado en la Sala Kriegelstein de la capital francesa. Los ecos de este último evento llegan hasta nuestro país, donde se publica la siguiente crónica:

“Nuestra compatriota ha escuchado constantemente los aplausos y los ¡olé! de la flor y nata de la colonia española y americana que, amén de muchos franceses aficionados al flamenco fino, llenaba completamente la sala.

María ha tenido que repetir las peteneras y sevillanas, que ha bailado con el salero y la elegancia que acostumbra, y que durante un año le han valido tantos aplausos y tanta guita en teatros y salones aristocráticos.

Prestaron su concurso al concierto el pianista español D. Joaquín Malact, […] la estudiantina ‘La Aragonesa’ y los guitarristas González y Sánchez” (La Correspondencia de España, 22-4-1892).

El mismo diario nos informa de que “María la Bonita ha firmado un contrato para Londres, que le asegura por un año un sueldo morrocotudo”. Entre sus actividades en la capital británica destaca su participación en una velada flamenca organizada por el cónsul español en el café Monico’s de Piccadilly Circus.

Vista de San Petersburgo

Vista de San Petersburgo

Tras su periplo londinense, en mayo de 1893 volvemos a localizar a la bailaora española, esta vez en San Petersburgo, donde rivaliza con su compatriota, la Otero. Como no podía ser de otro modo, en el teatro de la Isla de Krestovsky “María la Bonita cautiva a los espectadores por su belleza” (Le Figaro, 21-6-1893).

Una artista bohemia

Desde que irrumpiera como un relámpago en la escena francesa, la artista andaluza ha saboreado la gloria en los mejores teatros europeos, ha frecuentado los ambientes más selectos y se ha embolsado una auténtica fortuna. Sin embargo, lejos de nadar en la abundancia, María sigue teniendo problemas para llegar a fin de mes.

Como ya avanzara Le Figaro tres años atrás, la española es una artista bohemia, de “carácter caprichoso”, que “sueña con el teatro: cantar, bailar y disfrutar de la vida, ése es su programa. Es capaz de darse en cuerpo y alma al primero que le guste; a veces desprecia ofertas muy tentadoras” (12-6-1891).

“En el espacio de tres años, la Bonita ha estado en España, en Inglaterra, en Suecia, en todas partes, bailando y ganando mucho dinero, que ha derrochado en su día a día. En cuanto lo ha ganado, lo ha tirado, y cada vez que debe abandonar un país necesita dinero para el viaje de regreso. Con todo y con eso, siempre está contenta, siempre fumando un cigarrillo, siempre dispuesta a bailar y reír” (Gil Blas, 31-5-1893).

En marzo de 1894 la prensa gala vuelve a situar a María la Bonita en la sala Kriegelstein de París y, unas semanas más tarde, en el Circo de Verano, donde “la seductora andaluza, inimitable en sus pasos endiablados de tra los montes” (Le Figaro, 20-4-1894), constituye uno de los números principales del programa.

La bailarina y cantante Carolina Otero

La bailarina y cantante Carolina Otero

Tres años después de su debut en el coliseo de los Campos Elíseos, aún se recuerda en la ciudad de la luz aquella temporada triunfal en que María hizo desfilar por el Circo de Verano a lo más selecto de la sociedad parisina. La artista llega algo cambiada, pero tan estrella como siempre:

“… regresa de España con nuevos bailes más atractivos, más voluptuosos aún que los que la hicieron triunfar. María ha engordado un poco, pero sigue siendo tan graciosa, tan ligera y tan cautivadora como antaño; no hay duda de que su éxito será igual de grande” (Gil Blas, 21-4-1894).

En verano de ese mismo, la bailaora andaluza se anuncia durante varias semanas en el Pabellón del Reloj, donde es presentada como “uno de los números más interesantes” de la temporada. “Buena parte de su éxito procede de los bailes españoles especialmente escritos para ella por los señores Matías Miquel y Paul Cressonnois” (Gil Blas, 29-7-1894).

En septiembre de 1894 perdemos la pista de María la Bonita. Una última referencia la vuelve a situar en la ciudad de la luz, con motivo de la Exposición Universal de 1900. Según la prensa catalana, en el café flamenco ‘La Feria’, situado en el pabellón español, “cuatro o cinco individuos vestidos a lo chulo […] matan el día acompañando con guitarras y castañuelas, y con una letanía interminable de ¡olés! y ¡ah! ¡ays!, los bailes gitanos de una tal María la bonita (según rezan los carteles)” (Joventut, 6-9-1900).

No obstante, a pesar de la coincidencia del nombre artístico, no tenemos constancia de que se trate de la misma artista, como tampoco podemos afirmar que María la Bonita sea Mariquita Ruiz, la Bonita, la malagueña que, según Fernando el de Triana, “honró a la tierra de los boquerones, tanto por su depurado arte de excelente bailaora como por su figura y cara gitana, sin serlo”. (2)

La bailaora malagueña Mariquita Ruiz, la Bonit

La bailaora malagueña Mariquita Ruiz, la Bonita

Sea quien fuere esa misteriosa bailaora, lo que debemos reconocerle, en virtud de las pruebas que hasta el momento hemos podido recopilar, es el mérito de haber llevado el baile flamenco a los mejores escenarios de Europa, algo de lo que hoy en día no todos los artistas pueden presumir.


NOTAS:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(2) Triana, Fernando el de, Arte y artistas flamencos, 1935.


María la Bonita, de París al cielo (I)

En 1891 se enciende en el cielo parisino la estrella de María la Bonita, una bailaora andaluza que, surgida prácticamente de la nada, pronto se da a conocer en los ambientes más refinados de la ciudad de la luz.

De la noche a la mañana, su nombre se vuelve habitual en los papeles franceses, gracias a los cuales podemos conocer algunos detalles sobre la vida de esta enigmática joven, de quien en la prensa de nuestro país no hemos hallado -al menos, por el momento- muchas referencias.

Cartel de María la Bonita (Biblioteca Nacional de Francia)

Cartel de María la Bonita (Biblioteca Nacional de Francia)

Según el diario Le Figaro, María nace en Sevilla en el seno de una familia acomodada, a la que abandona muy joven para seguir su propio camino. “Tiene veintidós años y, desde los ocho, lleva una vida nómada, cantando, bailando y tocando a la guitarra, con un brío muy especial, los tangos y las malagueñas del país andaluz” (Le Figaro, 6-5-1891). (1)

“Su verdadero nombre es María Martínez. Cuando bailaba en España, lo cambiaba por el de María de la Paz” (Le Figaro, 12-6-1891). Tras recalar en ciudades como Málaga, Barcelona, Madrid o Marsella, donde encuentra trabajo en un café cantante, en 1891 la joven llega a París.

El nacimiento de una estrella

Sus inicios en la capital gala no son nada fáciles, hasta que se cruza en su camino el periodista Eduardo Blasco, quien se convierte en su mentor. Así se produce el encuentro, según el rotativo francés:

“Uno de nuestros colegas que habla español -y menos mal, porque María no sabe una palabra de francés– la encontró el otro día en el bulevar, errando como un alma en pena.

– ¿De dónde vienes, bonita?

– Vengo de Marsella, donde había ganado mil francos… Los he gastado, ¡y ya no me queda ni una monedita! La propietaria del hotel donde me alojaba me echó a la calle, y se quedó como fianza mis vestidos, mis enaguas de seda, mis faldas cortas, todos mis instrumentos de trabajo…

Gracias a nuestro colega, la bonita no corre el riesgo de ser llevada al calabozo por vagabunda. Se gana la vida posando para pintores.

Ha reconquistado su vestuario, y pronto podrá presentarse ante el público, como la Otero, porque es tan guapa como ella, si no más, según afirman los pintores. He aquí una estrella que se alza” (Le Figaro, 6-5-1891).

Vista de Marsella

Vista de Marsella

Sus primeros éxitos en la capital del Sena los obtiene bailando en eventos privados, organizados por familias de la alta sociedad, como la fiesta ofrecida por Madame Humphrey Moore, a la que acude “toda la colonia española y muchos americanos” (Le Figaro, 8-5-1891); o la inauguración del palacete de Gaston Berardi, una “encantadora velada musical y dramática” en la que María la Bonita, “una estrella de primera magnitud” causa auténtico “fanatismo” con sus bailes españoles. “Cantos y bailes mezclados, los pies patalean y, arrastrados por el ejemplo, los dedos agitan imaginarias castañuelas. ¡Olé! ¡Olé!” (Le Gaulois, 21-5-1891).

Los ecos de esta última fiesta llegan hasta la prensa española, que ofrece la siguiente reseña sobre la actuación de María:

“El clou de la noche fueron las danzas españolas y el cante flamenco puro, sin las exageraciones a que se acostumbraron los parisienses durante la última Exposición Universal. La heroína de este baile fue una encantadora sevillana llamada María la bonita, que sabe cautivar a los espectadores sin salirse jamás de los límites del decoro y de la decencia” (La Época, 23-5-1891).

Al Circque d’Eté, por la puerta grande

Tras varias semanas prodigándose por los más selectos ambientes parisinos, la bailaora española es contratada por el Circo de Verano a cambio de 1.800 francos mensuales, si bien su debut ha de posponerse unos días debido a un retraso “en la confección de los trajes españoles” (Le Gaulois, 6-6-1891). La prensa le augura un triunfo seguro:

María la Bonita […] se ha convertido, como se sabe, en la estrella de moda, muy apreciada en el París mundano. Estos felices comienzos no podían tardar en conducirla al teatro. Por eso no nos ha sorprendido saber que el Circo de Verano la había admitido en su nómina de artistas, y que iba a debutar el miércoles pasado.

No hay duda de que obtendrá […] un éxito brillante” (Gil Blas, 7-6-1891).

Circo de Verano de los Campos Elíseos de París

Circo de Verano de los Campos Elíseos de París

La presentación de la bailaora sobre las tablas parisinas no defrauda a sus muchos admiradores, que aprecian su baile elegante y saleroso, bastante alejado del tipo de espectáculo exhibido en aquellas tierras por otras artistas de nuestro país, como Juana la Macarrona.

“El anuncio del debut de María la Bonita, la alegre bailarina española, atrajo anoche a un público numeroso al Circo de Verano. Todos los hombres de mundo que habían tenido el placer de aplaudir a María en algunos salones, quisieron volver a ver sus bonitos bailes, que no son en nada comparables a aquéllos, más o menos españoles, que hemos podido ver antes. Los bailes de María la Bonita son clásicos; nada de contorsiones y lascivos contoneos de cadera, sino bamboleos flexibles, graciosos, que evocan el recuerdo de Esmeralda. El éxito de María la Bonita fue muy grande; tuvo que repetir dos bailes. Su traje, muy rico y muy sencillo, un vestido largo cubierto casi totalmente por un espléndido mantón, fue muy admirado” (Le Gaulois, 12-6-1891).

“Anoche debutó la castellana María la Bonita, cuyos bailes no recuerdan mucho a los juegos coreográficos de la Macarrona. Su juego también es muy gracioso, sin ser exagerado. Menos balanceo de caderas y más poses plásticas. […] Golpeando el suelo con el pie, daba vueltas con gracia mientras que su falda roja restallaba como un látigo. Un mantón blanco con largos flecos escondía un poco los movimientos de las caderas en los pasos más animados” (La Justice, 12-6-1891).

La bailaora Juana la Macarrona

La bailaora Juana la Macarrona

Tal es el éxito de María el día de su presentación, que la artista no puede evitar emocionarse y agradecer a su mentor todo lo que ha hecho por ella:

“Anoche, después de su brillante debut en el Circo de Verano, no sabiendo la hermosa andaluza cómo expresarle su gratitud a Blasco, se echó a llorar. El círculo de admiradores que […] rodeaba a la aplaudida bailadora, no acertaba a comprender aquel contraste de dos lágrimas resbalando por un rostro henchido de contento.

La étoile había tirado al suelo los ramos de flores con que la obsequiaron profusamente de palcos y butacas; en torno suyo todo era aclamaciones, enhorabuenas y lisonjas, de las que ella no hacía caso por no entenderlas […].

De repente, terciándose el blanco y bordado mantón de espumas y clavando en Blasco sus ojazos negros, exclamó con garbo: ‘¡Que me den una puñalá gemela si yo orvío en mi vía lo que usted ha jecho por mí’, y se alejó del grupo con ese andar de reinas, inimitable y propio de las hijas de su tierra” (El Imparcial, 15-6-1891).

El triunfo del arte y la belleza

Durante los cuatro meses que permanece en el Circo de Verano, María la Bonita no para de cosechar éxitos. En la sala “no se ha visto una fiesta similar, ni en los mejores días de la Otero” (Le Figaro, 20-6-1891). Cada noche, el selecto público que abarrota el teatro la colma de aplausos y ovaciones, y “la encantadora bailarina andaluza […] se ve obligada a repetir hasta tres veces sus originales bailes” (Le Figaro, 20-6-1891). La prensa gala se rinde ante el arte y la belleza de quien ya ha sido bautizada como “la flor de Andalucía” o “la nueva diva parisina”.

La bailaora María la Bonita (L'Univers illustré, 20-6-1891)

La bailaora María la Bonita (L’Univers illustré, 20-6-1891)

No es guapa como para causaros un flechazo, sino singular y atractiva como un fruto oriental. Carbones ardientes en los ojos, labios rojos como una muesca de cuchillo, la tez mate, casi de marfil. Baila de un modo a la vez voluptuoso y casto, sin dislocarse locamente las caderas como otras. Parece creer que le basta mostrar un instante el contorno perfecto de su pierna para dar una elocuente idea del resto. […] Simple, no alocada, pero sin ser mojigata. […] Al verla en el Circo de Verano, pavoneándose entre una doble fila de clubmen iluminados, sugiere el bonito proverbio andaluz: ‘La mujer es de fuego, el hombre de estopa, el diablo pasa y sopla’. ¡Olé!” (Gil Blas, 13-6-1891).

María la Bonita es una encantadora morenita de dieciocho o diecinueve años. Luce, con la chulería característica de las hijas de su país, el traje andaluz.

Envuelta en su mantón de crepé de China y enredada en su falda larga, ejecuta los bailes agitados, graciosos y castos de las provincias de España. La hemos visto ejecutar una Petenera, una Sevillana y una Macarrona, con una corrección, una agilidad y un arte incomparables. El éxito de esta fresca ‘flor de Andalucía’ es considerable. La gente se amontona para ir a aplaudirla” (L’Univers Illustré, 20-6-1891).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Teresita España, guitarrista, artista flamenca y estrella de varietés (I)

En una época en que los cafés cantantes comenzaban a decaer y los números de variedades se imponían como la atracción de moda en los principales teatros de nuestro país, una joven artista sevillana consiguió brillar con luz propia en el firmamento del espectáculo. Se trata de Teresita España, una artista todoterreno, que destacó tanto en el género flamenco -fue cantaora, bailaora y guitarrista– como en la interpretación de otro tipo de cantes y bailes más ligeros.

Nació en Sevilla en torno a 1892 como Teresa García Pichardo. Según José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz (1), tuvo como maestra a la genial bailaora Juana la Macarrona, quien no escatimaba en elogios para ella, lo cual nos da una idea de sus dotes para el baile flamenco.

Teresita España (Eco artístico, 25-10-1916)

Teresita España (Eco artístico, 25-10-1916)

Las primeras referencias periodísticas que encontramos sobre ella, a finales de 1915, resaltan su faceta de “notable cancionista” y la sitúan, respectivamente, en el Salón Llorens de Sevilla y en el Gran Cine de Córdoba. Entre las artistas con las que comparte programa cabe destacar a la Estrella de Andalucía y La Bilbainita.

Una artista que promete

En febrero de 1916, con motivo de su presentación en el teatro Novedades de Valencia y en el bilbaíno Salón Vizcaya, la revista Eco artístico destaca sus cualidades como guitarrista y cantaora, y le augura un buen porvenir en el mundo del espectáculo:

Teresita España, muy experta en el manejo de la guitarra y en el cante flamenco” (5-2-1916).

“Ha marchado a Bilbao, donde actuará, la notable artista Teresita España, sin rival cantando aires nacionales. Durante el tiempo que ha actuado en Valencia, el éxito la ha acompañado. Trátase de una muchacha bonita, simpática, que no tardará mucho tiempo en colocarse a la cabeza de las artistas de su género. Aquí ha dejado un núcleo grande de admiradores, que esperan ocasión de volver a ovacionarla” (11-2-1916).

“Debutó Teresa España, graciosa coupletista que se distingue en el cante flamenco, acompañándose ella misma a la guitarra con singular maestría y logrando todas las noches entusiastas ovaciones” (25-2-1916).

Anuncio de Teresa España_anuncio (Eco artístico, 5-4-1916)

Anuncio de Teresa España (Eco artístico, 5-4-1916)

Un mes más tarde, “la joven y bella artista flamenca Teresa España”, que “toca la guitarra y canta con gusto y estilo”, debuta con gran éxito en el teatro Romea de Madrid. El público la premia con grandes aplausos (La Época, 26-3-1916). Allí actúa durante varias semanas, a pesar del incidente acaecido en uno de sus espectáculos, del cual nos informa la prensa de la época:

“En la sección de las once que se celebró anoche en Romea, los ocupantes de un palco se opusieron ruidosamente a que la artista Teresita España, correspondiendo a los aplausos del público, siguiera su trabajo.

Con tal motivo se cruzaron frases gruesas entre una parte del público y los ocupantes del palco, promoviéndose tal escándalo, que tuvo necesidad de intervenir la autoridad” (La Acción, 1-4-1916).

El altercado se saldó con varias personas heridas y otras tantas detenciones, y Teresita España fue “objeto de una gran manifestación de simpatía por parte del público”. En su despedida, la artista “levantó en alto a los espectadores con las canciones flamencas que ella interpreta a la guitarra y se acompaña” (Eco artístico, 15-4-1916).

Teresita España (La Nación, 11-3-1918)

Teresita España (La Nación, 11-3-1918)

A través de esa misma revista tenemos conocimiento de la exitosa gira americana realizada recientemente por la artista, así como de sus triunfos en la Brasserie del madrileño Hotel Palace y en el Teatro Circo de Albacete. Teresita España es muy aplaudida tanto “en el género flamenco, que interpreta con tanto estilo y facultades”, como en su faceta de canzonetista. En ambos brilla “de modo extraordinario” (Eco artístico, 15-4-1916).

Belleza, gracia, juventud… éxito asegurado

En septiembre de 1916, la polifacética artista debuta en el Salón Foz de Lisboa y un mes más tarde regresa a las tablas del Romea, donde “es todas las noches ovacionada […], entusiasmando a los espectadores por el modo admirable con que interpreta canciones regionales y canto flamenco” (Eco artistico, 25-10-1916). La prensa destaca una vez más sus grandes cualidades, que la hacen merecedora del favor del público:

“Es indudable que Sevilla […] ha dado y sigue proporcionando al Arte sus hijos predilectos. […]

Y entre los triunfadores se encuentra Teresita España, esta encantadora canzonetista que por segunda vez actúa en Romea y por segunda vez también está gustando las mieles de la victoria.

Teresita España lleva en su cara reflejado el pedazo de cielo que tocó en suerte a Sevilla, y en todo su ser la gracia inimitable que no se puede copiar, porque es patrimonio de los hijos de Andalucía.

Su voz suena a caricia, a música deliciosa que nos deleita y extasía, y si en los aires regionales acompañados por la orquesta, Teresita España nos hace aclamarla con entusiasmo, cuando la guitarra deja oír sus notas y la artista suelta sus trinos armoniosos o vibrantes, no hay más remedio que acordarse de Sevilla y bendecir la hora en que Dios se acordó de España para dejar en ella un recuerdo perenne de alegría, de luz, de matices policromos tan extraordinarios.

Siendo Teresita España tan bonita, cantando como lo hace y presentándose en escena con un lujo que asombra, no tiene más remedio que escuchar por todas partes ovaciones entusiastas” (Eco artistico, 25-10-1916).

Tras su nuevo triunfo en Romea, Teresita España debuta en Barcelona, primero en el café La Buena Sombra y posteriormente en el Cine Doré. En ambos es muy bien acogida por el público, que no escatima en aplausos y “gritos de viva España” (Eco Artístico, 15-11-1916).

Teresita España (La Correspondencia de España (21-7-1922)

Teresita España (La Correspondencia de España, 21-7-1922)

En el mes de diciembre, el Heraldo de Zamora anuncia el próximo debut de Teresita España en el Teatro Principal de esa localidad, por el que también pasarán otras figuras del momento, como Dora la Cordobesita, Nati la Bilbainita, Raquel Meller, Emilia Benito, Pastora Imperio o La Argentinita.

De triunfo en triunfo, a ambos lados del Atlántico

La aclamada artista sevillana comienza el año 1917 en su ciudad natal. En enero actúa en el Teatro San Fernando y en febrero en el Llorens, donde “si en su selecto repertorio de canciones obtiene ovaciones sin cuento, acompañándose a la guitarra el género flamenco, demuestra también estilo, gracia y facultades” (Eco Artístico, 25-2-1917).

Antes de regresar a Madrid, Teresita recala en las localidades gaditanas de Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera. En ambos lugares, esta “canzonetista de excelentes facultades y que domina lo mismo el repertorio fino que el género flamenco, y que se acompaña magistralmente a la guitarra, es ovacionada sin cesar” (Eco Artístico, 25-3-1917).

Tras una nueva presentación en Romea, Teresa España continúa con su gira por distintos puntos de la geografía española. En los meses de mayo y junio actúa en el Teatro Lara de Málaga y en el Reina Victoria de Melilla. Posteriormente, emprende una nueva tournée por tierras portuguesas, que la lleva, entre otras ciudades, a Estoril.

En el mes de noviembre, la artista sevillana se presenta con “éxito extraordinario” en varias salas de Barcelona, como el Edén Concert o el Teatro Eldorado, y en diciembre hace lo propio en el valenciano Teatro Martí. Allí despide el año 1917, en el que también ha tenido ocasión de actuar en el Teatro Casino de Buenos Aires, integrada en la Troupe Ibérica, junto a artistas como La Cachabella, Pablo Pablitos o Ana Luciano (Tania).

NOTAS:

(1) VEGA, J. B. y RÍOS RUIZ, M., <em>Diccionario enciclopédico ilustrado del flamenco</em>, Cinterco, 1990.


Rafaela Valverde, la Tanguera, reina de la farruca y el garrotín (y IV)

En agosto de 1930, con motivo de un festival-homenaje ofrecido a Luis Calvo en la Plaza de Toros Arenas, La veu de Catalunya anuncia la “reaparición sensacional del notabilísimo cuadro flamenco [compuesto por] Miguel Borrull, Luisita Alegría, Ofelia Clavel, María la Gitana, Rosalía la Flamenca, Conchita Borrull, Rafaela La Tanguera, Maera y Paco Aguilera” (8-9-1930). (1)

Rafaela Valverde, la Tanguera, en el Villa Rosa

Rafaela Valverde, la Tanguera, en el Villa Rosa

En febrero del 31, la prensa vuelve a situar a Rafaela Valverde en el Teatro Circo Barcelonés, donde participa en un festival a beneficio del bailaor Manolillo de la Rosa, en el que también intervienen, entre otros artistas, La Macarrona, las hermanas Borrull, La Camisona, la Niña de LinaresFaícoPaco Aguilera y Miguel Borrull.

Una actividad imparable: Ópera flamenca, cine…

Durante los años siguientes, en ese mismo escenario y en el del Teatro Olympia, se celebran con frecuencia festivales de ópera flamenca, en los que se da cita buena parte del elenco de Villa Rosa, además de otras grandes figuras del flamenco de la época, como José Cepero, Angelillo, Manuel Vallejo o la Niña de la Puebla. Además de La Tanguera, cuya presencia es habitual en este tipo de funciones, en ocasiones destaca también una jovencísima Carmen Amaya.

Es ésta una época de intensa actividad artística para Rafaela Valverde, que compagina sus apariciones en los espectáculos de ópera flamenca con otro tipo de actuaciones. Así, en marzo de 1933 “la gran Tanguera” forma parte del cuadro flamenco que presenta su comadre Julia Borrull en el restaurante El Tostadero, y en el que también figuran la Sevillanita, la Gitanilla del Albaicín, Tobalo, el Niño de Constantina y el guitarrista Pepe Hurtado (La Vanguardia, 16-3-1933).

En el mes de septiembre, de la mano de Juanito El Dorado, Rafaela regresa a las tablas del Teatro Nuevo, donde comparte escenario con el Niño Marchena y Carmen Vargas, entre otros artistas; y en noviembre, la bailaora forma parte del elenco de una versión de El amor brujo dirigida y coreografiada por Laura de Santelmo, que se estrena en el Liceo de Barcelona. En el reparto figuran artistas de gran nivel, como Soledad Miralles, Conchita Borrull o las hermanas Coquineras, dos viejas glorias del baile flamenco.

Cuadro flamenco de Dos mujeres y un Don Juan (José Buchs, 1934)

Cuadro flamenco de Dos mujeres y un Don Juan (José Buchs, 1934)

A finales de 1933, Rafaela Valverde realiza una incursión en el mundo del cine. Junto a Carmen Amaya, Juana la Faraona, Miguel y Conchita Borrull, Antonio Viruta y El Chino, la artista forma parte del cuadro flamenco que aparece en la película Dos mujeres y un Don Juan, dirigida por José Buchs y estrenada en enero del año siguiente. (2)

En primavera de 1934, la Tanguera vuelve a ponerse a las órdenes de Miguel Borrull, que presenta en el Tabú Club un cuadro flamenco compuesto por Julia Borrull, Rafaela Valverde, la Niña de Cádiz y Antonio Viruta; artistas que también actúan en el Teatro Circo Barcelonés, en el marco de un festival benéfico organizado por el Centro Andaluz. Asimismo, la bailaora es “extraordinariamente ovacionada” por su interpretación en la zarzuela La chulapona, que se estrena en el Teatro Novedades (Papitu, 2-5-1934).

La zambra de Chorro Jumo

Poco después, la Tanguera se integra en una Compañía de comedias de arte gitano que hace su debut en el Teatro Poliorama en agosto de 1934, con la puesta en escena de la comedia de ambiente gitano La zambra de Chorro Jumo. El gran éxito obtenido motiva la reposición de la obra un mes más tarde. La Vanguardia ofrece información sobre el elenco de la compañía, que tiene como primera figura a la cantaora Niña de Linares:

“En su anterior y reciente actuación, esta formación artística obtuvo un remarcable éxito interpretando la obrita La zambra de Chorro Jumo, escrita expresamente para lucimiento de los virtuosos de la ópera flamenca que encabezan la lista de la compañía, a saber: los ‘cantaores’ Niña de Linares, Pepita Jiménez, Niño Constantina y Niño de Lucena; las ‘bailaoras’ Julia y Conchita Borrull, La Tanguera, Micaela Lamendaña, Rocío de Triana, La Faraona, María Flores; el virtuoso de la guitarra flamenca Miguel Borrull; el caricato Isidro Badur y otros muchos artistas de fama en el género, así como la pareja de bailarines excéntricos ‘The Willy Star’s’.

La función inaugural se compuso de la obra citada, ya conocida de nuestro público, y del estreno de otra obrita del mismo corte, continuación de aquélla, titulada Un juramento gitano […]

La compañía obtuvo un franco éxito, y en realidad fue merecido, pues todos los artistas trabajaron con entusiasmo, logrando un excelente conjunto en el difícil género que cultivan” (14-9-1934).

La Tanguerita en "La zambra de Chorrojumo" (Heraldo de Madrid, 31-5-1935)

La Tanguerita en «La zambra de Chorrojumo» (Heraldo de Madrid, 31-5-1935)

En enero de 1935, en el Teatro Circo Barcelonés, Rafaela Valverde participa en un “grandioso certamen de arte andaluz a beneficio del notable guitarrista Pepe Hurtado”, en el que también intervienen el Cojo de Málaga, Conchita Borrull, Carmen Amaya, La Faraona o Antonio Viruta (La Vanguardia, 22-1-1935). Unas semanas más tarde, algunos de estos artistas se presentan en el Teatro Olympia, bajo la dirección del cantaor Guerrita; y, en el mes de mayo, la Compañía de comedias de arte gitano de la que forma parte La Tanguera lleva La zambra de Chorro Jumo al Teatro Victoria de Madrid.

En enero de 1936, Rafaela participa en un festival a beneficio de Antonio Viruta que se celebra en el Teatro Circo Barcelonés. Entre el nutrido elenco de artistas que se reúne para rendir homenaje al bailaor destaca, una vez más, la presencia de Carmen Amaya.

En esa época, La Tanguera también trabaja en el cabaret Mónaco y en el Teatro Cómico, y en ambos locales coincide con su inseparable Conchita Borrull. Las dos forman parte del cuadro andaluz, dirigido por Manuel González Guerrita, que actúa en el Pueblo Español de Montjuic con motivo de la Verbena de la Prensa, en junio de 1936.

Rafaela Valverde en los toros

Rafaela Valverde en los toros, con mantón de Manila

En el mes de agosto, La Vanguardia sitúa a Rafaela Valverde en el Circo Barcelonés, y no encontramos ninguna otra referencia periodística sobre ella hasta mayo de 1939, una vez finalizada la guerra civil. En esa fecha, coincidiendo con la estancia del Gran Visir en Barcelona, se celebra en su honor una cena de gala en el Hotel Ritz, al término de la cual comienza “una fiesta de baile flamenco y cante jondo”, amenizada por el siguiente cuadro:

Agustín de Triana, Niño de Constantina, Antoñita y Rayito (pareja de Jerez), Julia Borrull y La Tanguera (bailarinas), Niña de Cádiz, Gloria de España (bailarina) y los ‘tocaores’ ‘Camisón’ y González, cuadro dirigido por el maestro París” (La Vanguardia, 25-5-1939).

Su recuerdo perdura

Probablemente ésta fuera una de las últimas actuaciones de Rafaela Valverde, que falleció en 1940, víctima de un cáncer. Sin embargo, a pesar de los años transcurridos, su imagen permanece indeleble en la retina de quienes la conocieron, como es el caso de la bailaora Trini Borrull, que en el año 2000 dedicaba estas palabras a la que fuera gran amiga y compañera de sus tías Julia y Concha:

Rafaela ValverdeLa Tanguera’, a la que menciono como cosa aparte, pues esta bailaora se presentó en Madrid, en un café cantante, bailando el garrotín que le copió a Pastora Imperio. Alternó con las mejores artistas, como La Argentinita, Raquel Meller y Tórtola Valencia; acabando su vida en los cafés cantantes de Barcelona, bailando la farruca. Tenía un estilo y elegancia inigualables y manejaba la falda, como nunca he visto igual; introducía unas variaciones y pasos que podrían ser actuales. La gran bailarina Ana Pavlova, cuando iba a Barcelona, para actuar en el Liceo, después de su actuación iba a Villa Rosa y se quedaba extasiada viendo bailar flamenco; sobre todo a ‘La Tanguera’. Era tan personal esta bailaora, que si cierro los ojos, aún creo estar viéndola, pues su flamenca figura aún permanece en mi retina”. (3)

Una imagen familiar de Rafaela Valverde

Una imagen familiar de Rafaela Valverde

Un último apunte sobre la personalidad y valía artística de La Tanguerita nos lo ofrece Fernando el de Triana (4), cuando nos refiere la siguiente anécdota:

“El popular banderillero de toros Eduardo Borrego Zocato la invitó en una ocasión a visitar las cuevas del Sacromonte, con el fin de que presenciara unas danzas gitanas […]. Lo primero que encargó la Tanguerita fue que no descubriera ante aquellas gitanas que ella era artista.

Así lo hizo el complaciente torero, presentándola como turista; pero como el arte no puede ocultarlo quien lo siente, al terminar de bailar las hermanas Gazpachas ese castizo baile titulado ‘la cachucha’, pidió permiso para bailarlo ella, y una vez concedido, causó la admiración de todos aquellos faraónicos artistas.

¿Comentarios de aquel día? -¡Vaya una turista con reaños! ¿Has visto qué cachucha? ¡Chavó, qué manera de bailá! -¿Y la farruca? -¿Y er tango? -¿Y er garrotín? -¡Ésta tiene que ser artista y de tronío! -Verás cómo yo le meto los deos al señorito y nos pena la chipén.

Efectivamente; a poco se descubrió la incógnita y entonces empezó la juerga de verdad con los calés de la cueva del Albaicín”.

NOTAS:

(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.

(2) Esta información la proporciona Montse Madridejos en el blog “Historias de Flamenco”.

(3) Borrull, Trini: “La saga de los Borrull”, Revista de Flamencología, nº 12, segundo semestre de 2000.

(4) Triana, Fernando el de, Arte y artistas flamencos, 1935.