El diccionario de la Real Academia Española define el término pureza como “cualidad de puro” ー“libre y exento de toda mezcla de otra cosa”ー y también lo identifica con la “virginidad”. Trasladado a la esfera de lo jondo y tomado en su sentido etimológico, ese término designaría a un flamenco no contaminado, anclado en su manifestación prístina, que a lo largo de sus ya casi dos siglos de historia no ha experimentado crecimiento ni evolución alguna. ¿Podría existir un arte así? Prácticamente desde los inicios del género, el debate está servido, y es precisamente esa confrontación entre lo puro y lo impuro, la vanguardia y la tradición, lo que le sigue dando vida.
En 1996, hace ahora treinta años, José Luis Ortiz Nuevo publicó su Alegato contra la pureza, una obra capital en la que reivindica el flamenco como arte libre, mestizo y con una salud de hierro, a pesar de los vaticinios agoreros de los puristas de distintas épocas, que han insistido en presentado como una criatura en vías de extinción.
Coincidiendo con esa efeméride, a fin de sondear el estado de la cuestión, he realizado una breve encuesta entre personas estrechamente vinculadas a la esfera de lo jondo, en la que he contado con la inestimable colaboración de ochenta mujeres y hombres, del ámbito del cante, el toque, el baile, la investigación, la afición y la gestión cultural, que han respondido a esta doble pregunta: ¿Cómo definirías la pureza del flamenco y qué importancia le concedes?
Las respuestas obtenidas reflejan una clara división entre quienes vinculan la pureza a la transmisión emocional o a la tradición, sin negar la evolución; y quienes la consideran una falacia o un concepto artificial; mientras que solo una minoría la asocia con la esencia o lo innato. Las categorías identificadas responden a la necesidad de sistematizar la información recopilada, lo que no significa que sean necesariamente excluyentes.
La idea más repetida por las personas consultadas es la de la pureza como verdad, como honestidad interpretativa, como transmisión de emociones y sentimientos. Se la relaciona con la autenticidad del artista, con su capacidad de ser fiel a sí mismo, de abrirse en canal, de expresar un sentimiento que brota directamente desde el corazón y logra conmover al receptor, despertar una emoción, hacer que surja el duende.
En segundo lugar, y con un número ligeramente inferior de adhesiones, destaca la noción de pureza como raíz, como herencia recibida y conocimiento de la tradición y la historia; como respeto de los códigos y los cánones principales del flamenco. Buena parte de quienes sostienen este planteamiento hacen suya la idea expresada por el poeta Juan Ramón Jiménez en su conocido aforismo “raíces y alas”, al considerar que el arraigo en la tradición no debe limitar el crecimiento y la evolución en libertad, puesto que el flamenco es un arte vivo.
Frente a estas dos posiciones, que recogen el sentir de más de la mitad de las personas informantes, casi un tercio de la muestra encara la idea de pureza en el flamenco con una actitud más crítica o combativa. Por una parte, hay quienes niegan categóricamente su existencia o la consideran una utopía, por entender lo jondo como un arte impuro, mestizo e indefinible, que es el resultado histórico de una enorme amalgama de culturas, músicas e influencias diversas. Por otra, hay quienes la definen como una construcción ideológica, social o de mercado; como un pseudoconcepto, una invención o un canon cambiante según la época; como una herramienta de poder y marketing empleada para excluir o revalorizar determinados productos culturales.
El resto de la muestra ーen torno a un quince por cientoー se decanta por alguna de estas tres opciones, todas igualmente minoritarias: en primer lugar, la pureza entendida como lo natural, lo innato, lo primitivo, lo ancestral, que algunas personas identifican con la sangre y con lo aprendido en el seno de las familias gitanas; en segundo lugar, la pureza como ausencia de contaminación, mezcla y evolución; y, por último, la pureza en cuanto identidad o esencia.
Por lo que respecta a la segunda parte de la cuestión planteada ー¿Qué importancia le concedes?ー, es relevante señalar que solo cuarenta y tres de las personas consultadas se han pronunciado sobre el tema. Casi la mitad de ellas afirman otorgar una importancia máxima a la pureza, entendida esta como verdad o identidad, por estimar que sin ella el flamenco pierde su sentido, su capacidad de emocionar y aquello que lo diferencia de otras músicas; y también por cuanto contribuye a la preservación del patrimonio clásico de este arte.
Un tercio de las respuestas confieren a la pureza una importancia relativa. Esas personas valoran positivamente el conocimiento de la tradición, como punto de partida, y abogan por la libertad de las nuevas generaciones para crear y experimentar, siempre desde el respeto y siguiendo la evolución natural del flamenco.
El resto de las contestaciones, casi una decena, no asignan ninguna importancia al concepto de pureza, o incluso lo consideran nocivo, por entenderlo como un juicio subjetivo o una construcción artificial que limita la riqueza expresiva del artista y alimenta discursos identitarios excluyentes.
En pleno siglo XXI, tras décadas de enfrentamiento entre defensores y detractores de la pureza, entendida esta en un sentido estricto o metafórico, el debate continúa candente y el interés que aún despierta esta cuestión evidencia, una vez más, que el flamenco está más vivo que nunca.
Después de nueve ediciones, y a pesar de no contar con una fecha fija en el calendario, el Cabildo Flamencode Archidona se ha convertido ya en una cita consolidada en la agenda de eventos por mor de lo jondo. Surgió en 2018 para dar continuidad a dos iniciativas puestas en marcha en los años anteriores por su fundador y alma mater, las Jornadas de presentación de la Biblioteca Flamenca de Archidona ‘José Luis Ortiz Nuevo’, “Entre medias”, celebradas en agosto de 2016, y el curso de verano La Década Prodigiosa (1860-1969). El Big-Bang de lo Flamenco, auspiciado por la Universidad de Málaga en el mes de julio de 2017.
Viernes tres de julio, en la antesala del 9ª Cabildo Flamenco.
El que nació y sigue siendo un evento modesto, en el transcurso de estos años ha tenido que ir sorteando no pocas dificultades, como las derivadas de la búsqueda de apoyo institucional en momentos de cambio político o la horrible pandemia del coronavirus, que obligó a celebrar su tercera edición a puerta cerrada, para su posterior retransmisión a través de YouTube.
La de este año, buscando darle un aire más fresco en consonancia con la temática abordada ーla conmemoración del treinta aniversario del Alegato contra la purezaー, se ha desarrollado en una nueva ubicación, que ha permitido compaginar la música y las sesiones de estudio con el baño en una estupenda piscina y la contemplación de la puesta de sol sobre la icónica peña de los Enamorados.
Archidona Sunset, lugar de celebración del 9º Cabildo Flamenco.
Mas no ha sido ese el único privilegio del que hemos podido disfrutar. La grandeza del cabildo, más allá de su impulso del pensamiento y el debate, y su excelente programa de actuaciones ーsiempre rico y variado, siempre atento a las propuestas innovadoras y comprometido con el talento de la tierraー, reside en la convivencia, en la posibilidad de compartir momentos de goce, risas, charla o reflexión; en definitiva, en sentirse por unos días parte de esa gran familia que con tanto cariño nos acoge.
El maestro José Luis Ortiz Nuevo es la fuente de inspiración y el pegamento aglutinador de quienes año tras año peregrinamos a su pueblo en busca de esa recarga de vida e inquietudes que siempre nos hace querer regresar. Cualquier conversación con él equivale a una clase magistral y lo mismo puede afirmarse de Gualberto García, que sin duda ha sido la gran revelación de este año. Ambos personifican esa sencillez que solo tienen los más grandes.
Sábado cuatro de julio, mesa redonda en torno al Alegato contra la pureza.
Mas el cabildo no existiría sin ese gran equipo de personas ーcon José Luis Solís y Ana Pastrana a la cabezaー que se dejan la piel para que todo funcione a la perfección, que hacen magia con los números y logran convertir en realidad lo que parecía imposible, siempre con una sonrisa y una palabra amable.
Y tampoco sería lo mismo sin ese núcleo de asiduos y asiduas con quienes siempre es grato coincidir, y a quienes se echa de menos cuando no están… ¡Larga vida al cabildo y larga vida al maestro!
Sábado cuatro de julio, tras la mesa redonda.
Electroverdiales, con Rocío la Boterita. y Alejandro Lévar.
El pasado 10 de septiembre, bajo el título “Archidona tiene nombre de mujer”, daba comienzo la segunda edición del Cabildo Flamenco de Andalucía, que por cuarto año consecutivo ha convertido la ciudad de la Plaza Ochavada en el epicentro del flamenco.
Se afianza así una tradición, iniciada en 2016 con las jornadas “Entre medias”, de inauguración y presentación de la Biblioteca Flamenca de Archidona, y continuada en 2017 con el curso de verano “La década prodigiosa, 1860-1869: El big bang del flamenco”, y en 2018 con el I Cabildo Flamenco.
El artífice de todas estas iniciativas es el investigador, poeta y flamencólogo José Luis Ortiz Nuevo, fundador de la Bienal de Sevilla y siempre fértil en nuevas ideas, que en esta etapa de su vida sigue escribiendo páginas memorables en el libro del flamenco con su Archidona natal como telón de fondo.
Inauguración
El acto oficial de apertura del II Cabildo, a cargo de su director, de la Alcaldesa de Archidona, Mercedes Montero, y de la jovencísima estudiante de música Marta Solís, tuvo lugar a las 12 del mediodía en la Biblioteca Pública Ricardo Conejo Ramilo.
Ortiz Nuevo señaló que el lema del Cabildo, ‘Archidona tiene nombre de mujer’, “no significa que entendamos el flamenco como algo propio de un sexo o de una categoría o de una raza. Somos tolerantes, somos abiertos, somos librepensadores en tanto que lo que nos alumbra es la ciencia y la experiencia, y no la ideología previa”.
Foto: Paco Lobato
En palabras de su organizador, lo que diferencia a este encuentro de otros muchos es la intención de “sembrar juntos la idea, el pensamiento con la praxis, de manera que los conciertos son conferencias, las conferencias son conciertos, los artistas disfrutan, el público disfruta y vamos avanzando”, siempre con cariño, con ilusión y con muchas ganas de enmendar los errores y seguir adelante.
La Alcaldesa destacó el gran salto, tanto cualitativo como cuantitativo y en lo que se refiere a la diversidad, que supone este II Cabildo respecto a los encuentros flamencos celebrados en Archidona en los últimos años, y cerró el acto con una frase de José Antonio Benítez Macías: «Salud y que al flamenco lo sigan meciendo los sueños».
Foto: Paco Lobato
Se inauguraban así cuatro días de aprendizaje, disfrute, convivencia e intercambio en torno al arte jondo, con especial hincapié en la aportación de las mujeres, todo ello aderezado con la excelente gastronomía de la zona, la belleza del entorno y la hospitalidad de su gente… Es cierto que esto suena poco imparcial, pero ¿cómo se puede serlo después de haberlo experimentado en carne propia? Vayan, vean y juzguen por sí mismos.
Conferencia de Génesis García
Tras el acto de apertura, la doctora Génesis García Gómez ofreció una brillante conferencia inaugural, titulada “Flamenca y bailaora: El gesto de la libertad”. Nacida en Cartagena, Génesis cuenta con una extensa trayectoria en el ámbito de la docencia -ha sido profesora de educación secundaria y universitaria-, el mundo editorial -diseñó y puso en marcha la colección de flamenco de Almuzara, y forma parte del consejo asesor y científico de la editorial de la Universidad de Sevilla- y la investigación. Su campo de estudio es el flamenco desde una perspectiva histórica, historiográfica y sociocultural, es decir, dentro del contexto general de la cultura, en relación con otras músicas y manifestaciones artísticas.
La tesis central de la conferencia giró en torno a la afirmación de que, desde el punto de vista expresivo, la bailaora flamenca comporta un gesto de libertad mayor que ninguna otra danza o manifestación artística, sea ésta espontánea o coreográfica.
Foto: Paco Lobato
Para apuntalar esta idea, Génesis empezó por explicar por qué el flamenco es una música tradicional que evoluciona con los tiempos y permanece viva, mientras que otras músicas tradicionales españolas, como es el caso de la zarzuela, constituyen hoy un género residual, estático, muerto.
Esto sucede, según la investigadora, porque el flamenco se desarrolla tanto encima como debajo de los escenarios. En la época en que el arte jondo se estaba forjando como nuevo género musical, en los escenarios oficiales se estrenaban sainetes, tonadillas, zarzuelas, que constituían un programa de educación nacional en valores liberales y que, por tanto, contaban con el beneplácito de los escritores.
Mientras tanto, debajo de los escenarios seguía desarrollándose el “género nacional negro, protagonizado por los jácaros, los majos y los gitanos a lo flamenco». Éstos eran los crúos, es decir, los marginales, denostados en los escritos. Es precisamente esa situación de exclusión de las instituciones oficiales lo que garantiza la buena salud de esta música.
Sin embargo, no hay que obviar la constante retroalimentación que se produce entre ambas esferas, pues los grandes autores, como Barbieri o Chueca, se inspiraban en esas manifestaciones musicales marginales, violentas, crúas, que constituían para ellos una garantía de éxito y, tras someterlas a un proceso de blanqueamiento, las subían a los escenarios oficiales, ya cocías. De este modo, el flamenco acude al rescate de esas músicas tradicionales oficiales, a las que insufla un soplo de vitalidad.
Foto: Kyoko Shikaze
Según Génesis, “el flamenco es un arte que ha conservado la memoria simbólica de los siglos” y también la memoria histórica. De hecho, el no haber formado parte de los escritos oficiales no significa que esté al margen de la historia y precisamente esa situación de marginalidad, el haberse desarrollado sin atender a normas musicales ni académicas, ni a control alguno en su expresividad, es lo que ha permitido al flamenco evolucionar en libertad.
A continuación, la ponente introdujo la simbología del rojo, el blanco y el negro, que representan, respectivamente, la naturaleza, la civilización y la condenación. Llevados al terreno de la danza, el rojo correspondería a los bailes de seducción, como la sevillana, y el blanco serían los bailes virginales, que raramente se dan; mientras que «en negro se baila casi todo, porque el baile ya viene satanizado», como sucede con los tangos, un «baile reptilesco que remite a mundos infrahumanos y lleva a situaciones de perdición».
La investigadora hizo hincapié en que, en un momento en que los intelectuales de toda Europa trataban de demostrar la inferioridad de las mujeres, como respuesta a su incipiente movimiento de emancipación, los escritores, pintores y dramaturgos de nuestro país nunca trataron mal a la fémina hispana, puesto que su representación de la bailaora flamenca como figura satánica obedecía más bien a un deseo de denunciar lo negro para buscar su regeneración.
Como conclusión de todas estas ideas, Génesis afirmó que “no se ha visto un gesto de tanto orgullo y poderío como tiene la bailaora flamenca”, que “coge todos los objetos de sumisión y se los baila y los convierte en objetos de liberación”. Se baila el mantón, que estaba pensado para “estar debajo y quieta”; se baila la cola, se la taconea, la agarra, se la enrosca y la extiende a sus pies; enseña sus piernas con el pantalón y zapatea; lanza sus peines y peinetas al aire como símbolo de libertad… El baile flamenco es, pues, un baile de posesión, que puede ser dichosa -ejemplificada en la imagen Pastora Galván- o bien dramática -simbolizada por La Chana-.
A los postres: Tremendo asombro
Durante la sobremesa, en el Bar Central, José Luis Ortiz Nuevo presentó su libro Tremendo asombro. Huellas del género andaluz en los teatros de La Habana y otras informaciones a lo flamenco (1790-1580), que acaba de ser publicado por la editorial Athenaica de Sevilla, con prólogo de Cristina Cruces y epílogo de Raúl Rodríguez.
Esta obra es el resultado de las investigaciones de su prolífico autor en las hemerotecas cubanas, una labor que comenzó allá por el año 1997 con el fin de documentar el origen de los tangos flamencos y que en la actualidad sigue dando sus frutos, pues el segundo volumen de esta historia se encuentra ya en proceso de preparación.
Tremendo Asombro, Editorial Athenaica
Aunque esta primera entrega de Tremendo asombro culmina a mediados del siglo XIX, cuando aún no se había extendido la partida oficial de nacimiento del arte jondo, sus páginas contienen una gran cantidad de referencias a bailes, canciones y tipos andaluces, gitanos y españoles, elementos todos ellos que jugarán un papel decisivo en la conformación del primer repertorio flamenco.
El libro da cuenta de la gran efervescencia cultural que caracterizaba a la entonces ciudad española de ultramar, por cuyos teatros desfilaban tenores andaluces como don Andrés del Castillo, que en 1830 cantaba a lo gitano acompañándose con la guitarra; actores como el cubano Francisco Covarrubias, que durante décadas destacó por su interpretación en piezas de temática andaluza; toreros como Ignacio Ezpeleta, ascendiente del famoso cantaor gaditano; o cantautores andaluces como Don Federico de Vera, que llega dispuesto a conquistar al público habanero con canciones como “La jaca de terciopelo”, que tantos éxitos había cosechado en Cádiz. Se pone, por tanto, de manifiesto la fructífera relación de intercambio y comunicación entre la capital cubana y la Tacita de Plata.
Asimismo, según señaló el autor, llama poderosamente la atención la riqueza de la prensa cubana, mucho más generosa que la peninsular en este tipo informaciones. Los diarios habaneros ofrecen una visión amable y alegre de lo andaluz, que se vincula sobre todo con el baile. Grandes artistas coreográficos, como la pareja de boleros formada por Marietta Gozze y Francisco Piáttoli, triunfan durante años en la escena americana con números como la Cachucha, el Jaleo de Jerez, el Zapateado de Cádiz con pandereta o las Boleras jaleadas. Aún está por llegar el sentimiento trágico del flamenco.
Flamenco a escena: Pastora eterna
Tras un necesario receso, a las siete de la tarde comenzó en el Auditorio Municipal José Luis Miranda el espectáculo “Pastora eterna”, que versa sobre la inmensa figura de Pastora Pavón Cruz, la Niña de los Peines, abordada desde una doble vertiente, como mujer y como artista, gracias al excelente trabajo de la actriz Susi González y de la cantaora Laura Vital, con el magistral acompañamiento de Eduardo Rebollar a la guitarra.
Foto: Paco Lobato
Nacida en Sevilla en 1890, Pastora fue precoz en la vida y en el arte. Tuvo que crecer antes de tiempo y se convirtió en una mujer adelantada a su época. Vivió grandes pasiones y amargos desamores, se abrió camino en un mundo de hombres y alcanzó la excelencia en el arte; mas su existencia no fue un camino de rosas, y es en ese aspecto más íntimo y personal -en sus miserias y sinsabores- en el que ahonda especialmente el texto dramático, para mostrarnos a esa mujer de carne y hueso que se oculta tras el mito.
La desgarradora interpretación de Susi González tuvo su contrapunto ideal en la actuación de Laura Vital, que interpretó una selección de cantes extraídos del amplísimo repertorio de Pastora. Las bamberas, la soleá, las bulerías -con versos de su admirado Federico-, los tangos -la famosa letra “péinate tú con mis peines”, que dio a la Niña su nombre artístico-, la seguiriya, las cantiñas, las peteneras, la malagueña y el fandango de Lucena, en la voz dulce y elegante de la sanluqueña, constituyeron un digno homenaje a la más grande de las cantaoras. La sonanta del maestro Rebollar creó el marco sonoro ideal para que la gaditana hiciera gala de su gran conocimiento y sensibilidad.
Nocturno: Cuatro noches y un amanecer
La jornada finalizó con la presentación del espectáculo “Cuatro noches y un amanecer” en el claustro del Instituto Luis Barahona de Soto. Muy en consonancia con la temática y la filosofía del Cabildo, esta obra denuncia la lacra de la violencia machista, tomando como inspiración el libro universal de Las mil y una noches.
Foto: Paco Lobato
“Mi cuchillo le clavé porque me engañó con otro y cuando ya muerta estaba de pronto me arrecordé que yo también la engañaba”.
Tras esta declaración de intenciones del asesino, al que dio vida un inspiradísimo José Luis Ortiz Nuevo, entró en escena una Sherezade flamenca encarnada por Luisa Palicio, que, a diferencia de su mítica antecesora, sólo necesitó cuatro noches para reducir al malvado con su arte y su inteligencia.
Bailó por guajiras, peteneras, bulerías por soleá, cantiñas y tangos, unas veces sensual, seductora y juguetona; otras veces trágica; y siempre poderosa, altiva, dominadora, cual ilustración práctica de las teorías expuestas unas horas antes por Génesis García. Tanto es así que, tras desarmar al agresor, la bailaora conquista su libertad y “el libre albedrío de su cuerpo”.
La maestría y el metal inconfundible de Juan José Amador, y el impecable toque de Jesús Rodríguez crearon el ambiente propicio para el lucimiento de la esteponera, que, a pesar de su juventud, demostró por qué es uno de los más sólidos valores el baile flamenco actual.
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