Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Bienal de Sevilla 2026: una mirada crítica desde la perspectiva de género

Recién clausurada la XXIV edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla, toca hacer balance. Como cada dos años, la dirección del magno festival cuantifica la recaudación obtenida, el número de personas asistentes y el porcentaje de ocupación media de los espectáculos; estudia su repercusión en los medios de comunicación y su impacto turístico en la ciudad. Tras varias semanas de frenética actividad, distintos profesionales de la crítica también suelen detenerse a evaluar el desarrollo del evento en su conjunto, haciendo hincapié en sus debilidades y ofreciendo sugerencias de mejora.

Sin embargo, en todos esos análisis se echa en falta un aspecto que a nadie parece interesar, aunque no es en absoluto baladí: el enfoque de género. De hecho, las Administraciones públicas de Andalucía tienen el mandato legal de promover la presencia equilibrada de mujeres y hombres en la oferta artística y cultural pública, y el Plan Estratégico de Igualdad entre Mujeres y Hombres (2022-2026) del Ayuntamiento de Sevilla contempla entre sus objetivos estratégicos el de incluir la perspectiva de género en todas las actuaciones que emanen de sus diferentes áreas.

Un primer vistazo a la vasta programación general de la Bienal de Sevilla de este año, cuajada de grandes figuras de lo jondo en todas sus disciplinas ーcante, baile, toque de guitarra y otros instrumentosー, puede dar la impresión de que hombres y mujeres han tenido una presencia más o menos equilibrada. No obstante, un recuento pormenorizado del número de intervenciones artísticas individuales incluidas en los más de sesenta espectáculos programados arroja datos muy elocuentes, que se alejan bastante de la equidad.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

En términos generales, de las casi quinientas interpretaciones contabilizadas, solo un 24% han correspondido a mujeres, frente a un 76% de hombres. Estas cifras no distan demasiado de las de anteriores ediciones de la Bienal, que en su día también analizamos. Concretamente, en las de 2018, 2022 y 2024 el porcentaje global de féminas se situó siempre entre un 21% y un 28%.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

Por especialidades, la mayor representación femenil la encontramos en el terreno del baile, con un 55%, seguido por el del cante, con un 35%. Los ámbitos más masculinizados son los de la guitarra, y la percusión y palmas, con solo un 5% y un 6% de mujeres respectivamente, mientras que en el apartado de otros instrumentos, su presencia no pasa del 16%.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

Estos números son el reflejo de una desigual división sexual del trabajo que se viene perpetuando desde los albores del género flamenco, y que ya quedó patente en el estudio en el que Cristina Cruces comparaba los datos de la Bienal de Sevilla de 2014 con la distribución por sexo de los artistas incluidos por Fernando el de Triana en su libro Arte y artistas flamencos, de 1935. Según Cruces, el 41% de las más de trescientas figuras de finales del siglo XIX y primer tercio del XX que aparecen en este volumen son mujeres, que se sitúan preferentemente en la esfera de la danza, con un 72% de representación frente a un 28% de hombres. En el cante las proporciones se invierten, con un 76% de hombres y un 24% de mujeres, mientras que en la guitarra, la presencia femenina no supera el 2%.

Ese dispar reparto de roles y funciones hunde sus raíces en el pensamiento binario patriarcal, que atribuye a hombres y mujeres hábitus de género diferenciados, y reserva para los varones aquellas actividades más prestigiosas y lucrativas, que, en el caso del arte jondo, serían el cante ーque implica un dominio de la palabraー y el toque de guitarra ーque requiere un conocimiento técnico y musicalー. A las féminas les correspondería el baile, que se ejerce con el propio cuerpo y las convierte en objeto de deseo para el disfrute de los espectadores.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

Volviendo al estudio que nos ocupa, en la Bienal de 2026 se aprecia un decremento de la tradicional sobrerrepresentación femenina en el ámbito coreográfico, en el que prácticamente puede hablarse de paridad, con un 55% de intervenciones de mujeres frente a un 45% de actuaciones de hombres. Esta misma tendencia ya se ha venido observando en ediciones anteriores del festival, como las de 2018 y 2024.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

La disección de estos datos no solo indica que los varones han ido ganando terreno en la esfera del baile, sino que los sitúa en las posiciones de mayor poder y prestigio: entre las figuras titulares de los espectáculos, representan el 47%; y en el apartado de colaboraciones y artistas invitados incluso superan a las mujeres, con una representación del 56%. En el otro lado de la balanza, los cuerpos de baile han estado constituidos en un 77% por figuras femeninas.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

En el apartado del cante la Bienal de este año sigue el mismo rumbo que las anteriores, con un 35% de representación femenina frente a un 65% de actuaciones de varones ーen 2022 la cuota de mujeres ascendió al 36%, mientras que en 2018 y 2024 no pasó del 28%. Si nos centramos en las primeras figuras de los espectáculos, los datos resultan algo más positivos, con un 41% de féminas. En contrapartida, en el cante de atrás y en los coros la presencia femenil ha resultado bastante más exigua, con un 25% y un 19% respectivamente.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2026.

Las causas de esa exclusión, que ha sido una constante en la historia del arte jondoーbasta con echar un vistazo a los carteles de la ópera flamenca o de los festivales veraniegos, tanto del pasado como de la época actual, para constatarloー, nada tienen que ver con una falta de calidad o preparación de las cantaoras. Probablemente guarden más relación con ciertas ideas preconcebidas y carentes de fundamento, como la supuesta existencia de cantes de hombres y cantes de mujeres. En la obra antes mencionada, Fernando el de Triana designaba a los primeros con el término “cantes machunos”, que hacía referencia a aquellos estilos que, por su solemnidad y dificultad, supuestamente no resultan adecuados para las voces y el talento femeninos.

Tampoco juegan a favor de las cantaoras elementos tan consustanciales al flamenco como la propia guitarra. Teniendo en cuenta que incluso la investigación médica tradicionalmente ha tomado como objeto de estudio el cuerpo del varón, no debe parecer extraño que la sonanta haya sido pensada y construida para amoldarse a las voces masculinas, por lo que la adaptación a determinadas tonalidades propias de las féminas puede poner en un aprieto a más de un tocaor.

Fuente: elaboración propia a partir de la programación general de la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, 2022, 2024 y 2026.

Es precisamente el ámbito de la sonanta el que desde hace décadas ha permanecido más infranqueable para las mujeres. En las cuatro ediciones de la Bienal analizadas su presencia ha sido meramente testimonial, y el 5% de la de 2026 no hace albergar grandes esperanzas, pues solo una de las cinco tocaoras contabilizadas es realmente una guitarrista, María Marín, mientras que las otras cuatro son cantaoras que en un momento determinado de su actuación se acompañaron a sí mismas con la bajañí.

Las razones de esta ausencia pueden asociarse a distintos factores, como los manidos clichés que achacan a las mujeres la carencia de ciertos atributos supuestamente imprescindibles para tocar la guitarra, como la fuerza o el sentido del compás ーcualidades, por otra parte, de sobra contrastadas en el caso de las bailaorasー; o el rol de mánagers y directores artísticos tradicionalmente ejercido por los tocaores, funciones estas relacionadas con el control de la economía ーy no precisamente la domésticaー, que hay quienes no consideran apropiadas para las féminas. Todos estos condicionantes conducen a un círculo vicioso: con el pretexto de que no están preparadas, se obstaculiza el acceso de las mujeres a los escenarios, y de este modo se limita su formación práctica y se ponen trabas a su desarrollo profesional.

En lo que se refiere a las ejecutantes de otros instrumentos, que ascienden a un 16% frente a un 84% de hombres, cabe destacar que la mayor presencia femenina la encontramos en el grupo de los cordófonos de cuerda frotada ーviolín, viola y violoncheloー, lo que contrasta con su ausencia en el ámbito de los instrumentos de viento, el piano y los teclados.

Se podría profundizar mucho más en los motivos de esas desigualdades de género, que en pleno siglo XXI ya no parecen de recibo, mas esa labor excede de los objetivos de este artículo, que no pretende sino visibilizar una situación, pues solo a partir de la toma de conciencia se puede aspirar a cambiar la realidad.


Pepita Ramos ‘la Niña de Marchena’, una gran revelación (y II)

Durante el verano de 1935 Pepita Ramos recorrió buena parte de la geografía española junto a una compañía de ópera flamenca organizada por el empresario Alberto Montserrat e integrada por algunos de los artistas flamencos más prominentes del momento, a saber:

‒ Al cante, la Niña de los Peines, Pepita Sevilla ‘la Jerezanita’, Pepita Ramos ‘la Niña de Marchena’, Pepe Pinto, el Americano, Canalejas, Peluso, Guerrita y Conchita Aguilar.
‒ Al toque, Manuel Delgado, Antonio Moreno, Esteban de Sanlúcar y Niño Ricardo.
‒ El cómico José María Pavón, Regadera.

Pepita Ramos, la Niña de Marchena (Ahora, 28-4-1936).

Pepita Ramos, la Niña de Marchena (Ahora, 28-4-1936).

El grupo debutó el cuatro de julio en el madrileño Circo de Price (ABC, 3-7-1935) y en los días siguientes se presentó en el Teatro Circo Villar de Murcia (Levante Agrario, 25-6-1935), en la plaza de toros de Cartagena (El Noticiero, 3-7-1935), en el Tiro Nacional de Almería (Crónica Meridional, 7-7-1935), en el coso taurino de Alicante (El Luchador, 11-7-1935) y en el Teatro Olympia de Barcelona (La Vanguardia, 12-7-1935).

De nuevo en la capital de España, el dieciséis de julio se les pudo ver en la plaza de toros, con la colaboración del cantaor Pepito Alconera y el bailaor Frasquillo (La Voz, 15-7-1935). A continuación pusieron rumbo a tierras andaluzas, con parada en el coso albaceteño (Diario de Albacete, 17-7-1935).

Actuaron en el Teatro El Norte de Jaén (Yerga Lancharro, Candil nº 78), en la plaza de toros de Córdoba (La Voz, 25-7-1935), en el Teatro Villamarta de Jerez (El Guadalete, 2-5-1935), en el coso taurino de Cádiz (Diario de Cádiz, 4-8-1935), en la Plaza de Toros del Triunfo de Granada (El Defensor de Granada, 7-8-1935) y en la Maestranza de Sevilla (El Liberal de Sevilla, 17-8-1935), antes de regresar al Circo de Price (Heraldo de Madrid, 20-8-1935).

Pastora Pavón, la Niña de los Peines

Pastora Pavón, la Niña de los Peines.

Durante la gira, Pepita Ramos se anunció en distintos lugares como la “nueva estrella andaluza” y su labor fue destacada por algunos medios. El Luchador de Alicante, entre los artistas no conocidos por aquellos lares, hizo referencia a “Pepita Sevilla y la Niña de Marchena, contadores (sic), como ahora se estila, 100 por 100” (11-7-1935). El Diario de Cádiz también subrayó la presencia de la artista marchenera (4-8-1935) y, tras su paso por capital andaluza, el ABC de Sevilla le dedicó estas palabras:

“Merece especial mención la joven artista Pepita Ramos (Niña de Marchena), que fue la revelación de la pasada Semana Santa en Sevilla. Pepita sigue con paso firme su carrera. Una voz bellísima, un estilo personal y el impulso de su juventud, son factores de su legítimo triunfo, que cada día se va afirmando más. Muchos y entusiastas aplausos de los buenos aficionados premiaron la labor de Pepita Ramos” (18-8-1935).

Unas semanas más tarde, ese mismo diario publicó su retrato con el siguiente pie de foto: “En las representaciones de arte flamenco que se han dado recientemente en Price, se ha distinguido notablemente como ‘cantaora’ esta ‘Niña de Marchena’” (6-9-1935).

A principios de octubre Alberto Montserrat presentó en el Circo de Price una nueva troupe compuesta por “los divos del cante Niña de Marchena, Peluso, Niño de Fregenal, Canalejas, Los Gitanillos de la Cava y otras figuras del género” (ABC, 2-10-1935), como las cantaoras Encarnita Díaz y la Duquesita, los guitarristas Manolo Moreno y Esteban de Sanlúcar, y el cómico Regadera.

Pepita Ramos, la Niña de Marchena (ABC de Sevilla, 5-5-1936).

Pepita Ramos, la Niña de Marchena (ABC de Sevilla, 5-5-1936).

Durante los meses siguientes el grupo también actuó en el Teatro Eslava de Jerez de la Frontera (El Guadalete, 20-10-1935), en el Teatro Dindurra de Gijón (La Prensa, 21-11-1935), en el Coliseo Albia de Bilbao (¡Tararí!, 28-14-1935) y en el Teatro Circo Barcelonés de la Ciudad Condal (La Vanguardia, 11-12-1935). La prensa gijonesa dedicó estas palabras a la joven cantaora:

“Niña de Marchena, es una estrella andaluza de nueva creación y poderosa y propia luz. Alumna del viejo y gran maestro Fernando el de Triana, lleva su escuela depurada en la jabera y la rondeña, y como tiene una preciosa voz, clara y potente y una gran afición, es la artista que más rápidamente ha subido, habiendo sido consagrada recientemente” (La Prensa, 21-11-1935).

El día de Navidad la compañía llevó a escena en el Teatro Eslava de Jerez el espectáculo Al pie de la Giralda, obra del periodista y poeta sevillano Manuel G. Álvarez-Franco, que “[n]o es una comedia flamenca ni el tan cansado desfile de cantador tras cantador, sino unas estampas sevillanas de fino estilo […], en la (sic) que se contiene cuanto de típico existe en esta bendita tierra” (El Guadalete, 24-12-1935). El montaje, “altamente cómico”, estaba dividido en un prólogo y tres actos: “1º Estando en el Altozano.- 2º El barrio de Santa Cruz. 3º La alegría del patio andaluz” (La Voz, 14-1-1936).

El reparto original de cantaores y guitarristas se vio reforzado con la incorporación del cómico Revoltoso; las bailaoras la Romerito, la Trianera, María de la Cruz y la Gaditana, los actores Antonio Benavides, Juan García y Antonio Bernal, y las actrices Juanita Ramos, Sara García y Rocío de la Vega.

Durante el mes de enero de 1936 la obra se representó en el Circo de Price (Heraldo de Madrid, 8-1-1936), en el Gran Teatro de Córdoba (La Voz, 14-1-1936), en el Teatro Isabel la Católica de Granada (Noticiero Granadino, 17-1-1936) y en el Cervantes de Sevilla (ABC de Sevilla, 25-1-1936). El diario madrileño El Debate destacó la actuación de la “‘Niña de Marchena’, cantadora de estilo y elegancia” (11-1-1936).

Carmen Amaya (Crónica, 4-8-1935).

Carmen Amaya (Crónica, 4-8-1935).

En febrero de ese año, acompañada por su inseparable Manolo Moreno, Pepita Ramos colaboró en una función benéfica celebrada en el Cine Esperanza de Sevilla (ABC de Sevilla, 26-2-1936). De nuevo en Madrid, en primavera siguió cosechando éxitos en Price (Ahora, 28-4-1936) y en el Teatro de la Zarzuela, donde formó parte de un nutrido elenco de variedades en el que destacaba la presencia de figuras como Carmen Amaya o Miguel de Molina (El Sol, 3-5-1936). A principios de julio actuó en el Salón San Lorenzo de Córdoba junto al Niño del Museo, María la Faraona, el Niño de Azuaga, Tomasa Moreno, Juanita Ramos, Manolo Moreno y Antonio el del Lunar (La Voz, 8-7-1936).

Durante la Guerra Civil, varias noticias sitúan a la Niña de Marchena y su guitarrista en el Teatro Municipal de Castellón, donde trabajaron en los meses de julio y noviembre de 1937, formando parte de sendos espectáculos de variedades (Heraldo de Castellón, 13-8-1937; 22-11-1937). En abril de 1938 se presentaron en el Teatro Máiquez de Cartagena (Cartagena Nueva, 22-4-1938) y en agosto, en el Murcia Park (El Liberal de Murcia, 24-8-1938).

Antonia Ponce, la Niña de Marchena (Fuente: José Gelardo, ¡Viva la ópera flamenca!).

Antonia Ponce, la Niña de Marchena (Fuente: José Gelardo, ¡Viva la ópera flamenca!).

Una vez finalizada la contienda, en octubre de 1939, “la célebre cantadora NIÑA DE MARCHENA, con bulerías de su creación, acompañada a la guitarra por Patena (hijo)”, y compartiendo cartel con el cantaor Niño del Museo y la bailaora Tomasa Moreno (Boinas Rojas, 25-10-1939), se anunció en el Teatro Lara de Málaga; y durante la Semana Santa de 1941 “cantó saetas a la Virgen de la Amargura” desde el local de la Asociación de la Prensa de Sevilla (Hoja Oficial del Lunes, 7-4-1941).

Durante los años cincuenta y sesenta encontramos nuevas noticias sobre la Niña de Marchena, mas entendemos que pueden hacer referencia a Antonia Ponce, una cantaora que, según Blas Vega y Ríos Ruiz (Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco, 1988), “[v]ivió de niña en Lorca (Murcia), donde ganó un primer concurso Juvenil de cante. En los primeros años cincuenta, obtiene otro en el programa radiofónico Fiesta en el aire, pasando a cantar en diversos espectáculos flamencos”.

En su canal de YouTube, la Sociedad de Pizarras recoge una decena de cantes impresionados por Pepita Ramos para la casa Regal-Columbia con la guitarra de Manolo Moreno. El hecho de que en uno de los temas aparezcan las palmas de Carmen Amaya nos lleva a pensar que probablemente fuesen registrados en el año 1936, fecha en que los tres artistas coincidieron trabajando en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, puesto que tras el estallido de la Guerra Civil la bailaora comenzó un largo periplo por América, de donde no regresó hasta 1947.


Pepita Ramos ‘la Niña de Marchena’, una gran revelación (I)

La ciudad de Marchena ocupa un lugar destacado en el universo flamenco gracias a la labor de artistas tan relevantes como el guitarrista Melchor de Marchena o el cantaor José Tejada Martín, más conocido como Pepe Marchena o, en sus inicios, Niño de Marchena.

Aunque no tan reconocida y recordada, en el siglo XX también existió una cantaora que llevó el nombre de su pueblo por los escenarios de toda España: Pepita Ramos Martín, la Niña de Marchena, que, según Blas Vega y Ríos Ruiz (Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco, 1988), nació en 1915 en la localidad sevillana y falleció en Caracas en 1980.

Pepita Ramos, la Niña de Marchena (Fuente: Fernando el de Triana).

Pepita Ramos, la Niña de Marchena (Fuente: Fernando el de Triana).

Su maestro, Fernando el de Triana, le dedicó estas palabras en su conocido libro Arte y artistas flamencos (1935: 190):

“De esta flamante cantadora, solo diré que posee una preciosa voz, clara y potente; y que a pesar de su juventud, tiene una afición sin límite a los cantes viejos.

De mi escuela canta la jabera y la rondeña, y dondequiera que ha cantado estos cantes se los ha premiado el público con halagüeñas ovaciones; y como reúne las cualidades que antes digo, creo que no será difícil que llegue a ocupar un buen sitio en el cante andaluz” .

Cuando se publicó la citada obra tenía Pepita veinte años de edad y ya había debutado con gran éxito ante el público sevillano. En marzo de 1934 se presentó en el Centro Cultural Tertulia el Arenal junto a su mentor, que impartió una conferencia titulada “Algunas cosas sobre cante andaluz”. La prensa le auguraba ya un prometedor futuro artístico:

“La charla de Fernando Rodríguez fue maravillosamente ilustrada por la célebre cantadora Pepita Ramos (Niña de Marchena), acompañada a la guitarra por el notable profesor don Manuel Moreno.

La Niña de Marchena posee excelentes facultades para el cante y será en breve plazo estrella luminosa preferida por todos los públicos” (El Liberal de Sevilla, 12-3-1934).

Manolo Moreno (Fuente: Fernando el de Triana)

Manolo Moreno (Fuente: Fernando el de Triana)

Unas semanas más tarde, en la madrugada del Viernes Santo y acompañada por el Niño de Villanueva, se asomó a los balcones de la Asociación de la Prensa para cantar saetas al paso de las cofradías. Su actuación no pasó desapercibida a los cronistas, que le dedicaron grandes elogios:

“… el ya famoso artista Niño de Villanueva y la bella joven Pepita Ramos (Niña de Marchena), con su linda voz y su gran estilo, que ha sido una revelación entre los mejores artistas del género, mantuvieron la nota tradicional de la saeta, y fueron objeto de calurosas ovaciones del gentío” (El Liberal de Sevilla, 31-3-1934).

“En la Asociación de la Prensa cantó, con magnífico estilo de artista grande, la agraciada joven Pepita Ramos, que escuchó ruidosas ovaciones.

Pepita Ramos fue felicitadísima por la acabada interpretación que dio a tan difícil estilo de cante. Sobre todo, se celebró el bonito timbre de voz” (ABC de Sevilla, 31-3-1934).

En el mes de abril se la pudo ver en el Teatro Cervantes de Sevilla junto a Rosarillo de Triana, Rafael Arcos, Paco Senra y el Niño de Cazalla (ABC de Sevilla, 20-4-1934); en junio actuó en el Teatro Eslava de Jerez acompañada a la guitarra por Manolo Moreno, y compartiendo cartel con el bailaor cómico-serio Paco Senra, la cantaora la Jerezanita y el tocaor Sebastián Núñez (El Guadalete, 23-6-1934); y en el mes de julio se presentó en el Teatro Portela de Sevilla de nuevo junto a Manolo Moreno y Paco Senra, además del Niño de Utrera (ABC de Sevilla, 13-7-1934).

Pepita Ramos, la Niña de Marchena (ABC de Sevilla, 6-9-1935).

Pepita Ramos, la Niña de Marchena (ABC de Sevilla, 6-9-1935).

El 28 de marzo de 1935 se celebró en el Teatro Cervantes de Sevilla una función organizada por la Asociación de la Prensa en homenaje y exaltación de las tradiciones sevillanas (ABC de Sevilla, 28-3-1935), con un programa compuesto por los siguientes números:

‒ Sinfonía.

‒ Representación del sainete Trianerías, de Muñoz Seca y Pérez Fernández, por la compañía Pacheco-González. En el segundo acto, durante el desfile de la cofradía, intervención de la banda de música de Tomares, y de los cantaores Pepita Ramos, ‘la Niña de Marchena’; Rocío Vega, ‘la Niña de la Alfalfa’; y el Niño de Villanueva, cantando saetas y campanilleros.

‒ Interpretación de las marchas “Soledad” y “Amargura” por la Banda Municipal de Música, dirigida por el maestro Castillo.

‒ Trío Garfia de guitarra y bandurria.

‒ Los duendes de Sevilla, creación del maestro Realito, “charla lírica de exaltación de los diferentes cantares flamencos, […] con exhibiciones de cante y baile, a cargo de depurados artistas, entre los que figuran la ‘Niña de Marchena‘, Miguel el de los Talleres, Manolo Carmona, la Romerito y otros más” (El Liberal de Sevilla, 27-3-1935).

La intervención de la Banda de Tomares “produjo gran entusiasmo en el público, al que arrancaron ovaciones clamorosas las admirables saetas entonadas por la Niña de Marchena, la Niña de la Alfalfa, la Sevillanita y el Niño de Villanueva” (ABC de Sevilla, 30-3-1935).

La Niña de la Alfalfa (El Liberal de Sevilla, 29-6-1934)

La Niña de la Alfalfa (El Liberal de Sevilla, 29-6-1934).

El rotundo éxito obtenido motivó una nueva representación del sainete Trianerías, con la intervención de la banda de música del Maestro Tejera, y de los cantaores de saetas Encarnación la Finito, la Niña de Marchena y Manuel Centeno, que “ganaron reiteradas ovaciones de la concurrencia” y “hubieron de bisar, para corresponder a las manifestaciones de entusiasmo del público” (El Liberal de Sevilla, 12-4-1935).

Durante la Semana Santa de ese año, desde la tribuna de la Asociación de la Prensa, volvió a hacer “gala de su maravillosa voz La Niña de Marchena, que dijo con sentimiento las mejores coplas saeteras de su repertorio” (ABC de Sevilla, 16-4-1935). El Domingo de Ramos cantó al paso de la cofradía de la Amargura.

“… y con decir que la calle quedaba toda en silencio para escuchar a la cada día mejor artista, está hecho su mejor elogio.

Las últimas ‘saetas’ cantadas por la Niña de Marchena al ‘Silencio Blanco’, como le dicen a San Juan de la Palma, fueron algo extraordinario” (El Liberal de Sevilla, 16-4-1935).

El Miércoles Santo, desde los mismos balcones, “volvió a lucir la maravilla de su voz”. Más tarde, a la entrada de la cofradía de San Bernardo, “alborotó al barrio con sus inimitables saetas” (ABC de Sevilla, 18-4-1935), “que tuvo que repetir muchísimas veces, entre ovaciones delirantes y en medio de un entusiasmo extraordinario” (El Liberal de Sevilla, 18-4-1935).

Juana la Macarrona (Fondos del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco)

Juana la Macarrona (Fuente: Centro Andaluz de Documentación del Flamenco).

El Jueves Santo cantó a la cofradía de Monte-Sión y en la madrugada del Viernes Santo, de nuevo en la Asociación de la Prensa, compartió protagonismo con una de las grandes figuras del género:

“… han dicho sus mejores coplas saeteras Rocío Vega (Niña de la Alfalfa) y la Niña de Marchena. Junto al nuevo estilo de ésta, el oro viejo de Rocío. La pareja mejor en esta Semana Santa, que se recordará por mucho tiempo” (ABC de Sevilla, 20-4-1935).

“La madrugada en la calle… Saetas retorcidas, torturas de seguiriyas gitanas, requemada la voz, requemado el gesto. Y la limpia y breve saeta antigua, y la pura voz de Pepita Ramos (la Niña de Marchena), revelación de este año, que ha consagrado su naciente fama […] cantando, para los periodistas de todos los países que nos han honrado con su asistencia, saetas del mejor estilo” (ABC de Sevilla, 20-4-1935).

La “gran cantaora” marchenera culminó la semana debutando en el Cine Sierpes, donde “confirmó la fama” conquistada y “se destacó cantando por medias granadinas, fandanguillos, siguiriyas gitanas, y, finalmente, saetas. […] Con ella compartió el éxito el gran Manolo Moreno, mago de la guitarra” (ABC de Sevilla, 21-4-1935).

Asimismo, en el mes de junio intervino en una fiesta organizada en una venta sevillana por la Asociación de la Prensa para agasajar al periodista y poeta José Antonio Ochaíta, con un elenco de primera: “la genial bailaora Juana la Macarrona, la Niña de Marchena, de portentosas facultades y naciente fama; Manolo Moreno, el gran artista; el ‘Boina’ y otros elementos” (ABC de Sevilla, 7-6-1935).


La Quica, maestría y temperamento (I)

“Esta mujer, de rostro moreno y esbelta figura, viste con irreprochable propiedad el traje de flamenca, dando la sensación de pertenecer a la más depurada raza cañí, aunque no es gitana.

Sin duda alguna es la bailadora de más temperamento que se conoce hoy y de las que mejor saben llevar las batas de cola y el pañolillo de Manila” (1).

Así describe Fernando el de Triana a Francisca González Martínez, bailaora sevillana nacida en 1905 y conocida artísticamente como “La Quica”. En su ciudad natal, esta artista se inicia en el mundo de la danza en la academia del maestro Otero y debuta junto a Antonio de Triana en el Salón Imperial (2).

Francisca González, La Quica

Francisca González, La Quica

Más tarde se une, tanto en la vida como en el arte, a Francisco León, Frasquillo, con quien abre una academia de baile en el Corral del Cristo, en la sevillana calle Pedro Miguel. La pareja también actúa en distintos escenarios, como el del antiguo Salón Olimpia, en la calle Amor de Dios (3).

De gira por España junto a Frasquillo

A finales de la década de los veinte, La Quica y Frasquillo emprenden una gira por España junto a una compañía de ópera flamenca en la que figuran algunos de los mayores artistas del momento, y de todos los tiempos, tales como Antonio Chacón, la Niña de los Peines o Manuel Vallejo.

Durante el verano de 1928, el grupo se presenta en ciudades como Valencia, Córdoba, Cádiz o Badajoz. En El Noticiero Gaditano podemos leer los nombres que componen el elenco:

“Anoche se celebró en el Parque Genovés un grandioso concierto de cante flamenco.

El programa estaba confeccionado con los mejores elementos flamencos que existen en España.

Los artistas que tomaron parte fueron don Antonio Chacón, ‘pontífice del cante jondo’, Niña de los Peines, Manuel Vallejo, José Cepero, Guerrita, Chato de las Ventas, Bernardo el de los Lobitos, y el Niño de Sevilla.

Los tocadores de guitarra eran Ramón Montoya, Luis Yance, Manuel Martell y Manuel Bonet.

Figuró un numeroso cuadro de zambra gitana compuesto por Carmen Vargas, Juan Sánchez (Estampío), Frasquito, Rovira, El Tobalo, La Quica, Carmelita Borbolla, Los seis gitanos de la Cava de Triana, Lolita Almería, Manolita la Macarena y La Gabrielita.

Se interpretaron soleares, fandangos, seguidillas, tangos, malagueñas.

Lograron distinguirse la Niñas (sic) de los Peines, Cepero, Guerrita, Montoya y Estampío que fueron ovacionados en sus ‘artes’.

Los demás fueron igualmente aplaudidos” (6-8-1928).

El cantaor Antonio Chacón

El cantaor Antonio Chacón

En los años siguientes, La Quica participa en distintos cuadros flamencos encabezados por Frasquillo. Así, por ejemplo, en julio de 1931 se presenta en la plaza de toros de Valencia “El alma de Andalucía”, un

espectáculo compuesto por varias escenas, entre ellas una de sevillanas, dirigida por el maestro Frasquillo y en la que toman parte las siguientes bailaoras:

“Pepa La Carbonera, Rosario La Gitana, Asunción La Belmontina, Carmela la Periget, Lola la Periget Chica, Teresa La Serrana, María la Granadina, Antoñita La Cartujana, María la Faraona, Antonia la Faneta y Paca González, La Quica” (La Correspondencia de Valencia, 14-7-1931).

En el cartel también destacan artistas como los cantaores Guerrita o La Minerita, y una zambra gitana del Sacromonte dirigida por Angustias la Emperadora y las hermanas Gazpacha.

De Sevilla a Madrid, con parada en Córdoba

En 1933, la familia formada por La Quica y Frasquillo se traslada a Madrid, con el fin de impulsar la carrera artística de su hija Mercedes, que, a sus once años de edad, comienza a despuntar como una gran bailaora en potencia.

En junio de 1934, el cuadro familiar actúa en Córdoba al menos en dos ocasiones. Les acompaña a la guitarra Antonio Álvarez:

“Sobre un tablado, al aire libre, aparece un cuadro flamenco con la prosopopeya de ritual; allí están La Quica, su niña La Quica hija, Frasquillo y el concertista mago de la guitarra Antonio Álvarez. Comienza a oírse el rasgueo de aires gitanos, se hace un silencio devoto en la concurrencia y La Quica, que baila maravillosamente, y Frasquillo, que es un maestrazo del género, bordan farrucas, alegrías y bulerías gitanas entre palmas, jaleos y olés que marcan el ritmo.

Después Mercedita, la pequeña flamenquilla, se levanta, se estira, avanza, alza los brazos como Pastora, se retuerce y baila como una miniatura de ‘La Macarrona’ o de ‘La Malena’, insuperablemente” (El Sur, 23-6-1934).

Mercedes León, hija de La Quica

Mercedes León, hija de La Quica

“Anoche, en el Kiosco ‘Duque de Rivas’, tuvo lugar un espectáculo muy ambientado y típico cordobés.

En primer lugar, Merceditas León, hizo una gran exhibición de su arte, arte puro castizo andaluz.

La Quica bailó como nunca: hizo a ‘grosso modo’ unas interpretaciones magníficas del baile cañí, que saturó el ambiente perfumado de los jardines de La Victoria de colorido.

Mientras tanto, Antonio Álvarez rasgueaba su guitarra, agarena, haciendo sonar primorosamente sus cuerdas en preciosa melodía: se dejaba oír un fandanguillo, una malagueña, un dulce suspiro andaluz; mientras Frasquillo zapateaba en el tablado con rabia, con fuerza tal y brío tan certero que, a pesar que creíamos iba a resultar pesado, al contrario, daba matices a la melodía que Álvarez interpretaba” (La Voz, 3-7-1934).

Nueva compañía y academia de bailes

En diciembre de ese mismo año, La Quica, Frasquillo y su hija Mercedes visitan la redacción del Heraldo de Madrid, donde ofrecen una pequeña actuación. Además, el maestro expone los motivos que les han llevado a instalarse en la capital de España y presenta a los integrantes de su nueva compañía:

“Ahora hacía tiempo que [Frasquillo] vivía retirado voluntariamente en su casa de Sevilla, bailando sólo ‘para los amigos’ cuando sentía ganas de un ratito de juerga.

Pero he aquí que el flamenco se da un día cuenta exacta de que su hija Merceditas es, a los once años, toda una magnífica bailarina en capullo. La chiquilla siente la vocación irresistible del baile andaluz. Y el padre […] vuelve por ella a la lucha. Hay que hacerle un nombre a Mercedes León, porque ‘la niña lo merese’. Y viene a Madrid con ella, y con su mujer, ‘bailaora’ también, y de las buenas: Francisca González, ‘la Quica’, y Rafael Cruz, un mocito ‘bailaor’ discípulo suyo, que armará también el alboroto cualquier día. Les acompañan en la jira (sic) y en los tablaos el buen ‘cantaor’ ‘Bernardo el de los Lobitos’ y un ‘tocaor’ que sabe lo que hay que saber en lo de tocar la ‘sonanta’: Manuel Bonet” (Heraldo de Madrid, 5-12-1934).

La Quica, Mercedes León y Frasquillo en su visita al Heraldo de Madrid (5-12-1934)

La Quica, Mercedes León y Frasquillo en su visita al Heraldo de Madrid (5-12-1934)

Poco después, la pareja abre una nueva academia de baile en el número 5 de la plaza General Vara del Rey, en pleno Rastro madrileño, donde continúan con la labor docente que ya venían desarrollando en Sevilla. Al mismo tiempo, el cuadro flamenco dirigido por Frasquillo, del que forman parte tanto La Quica como su hija Mercedes, se anuncia con frecuencia en distintos locales, sobre todo de la capital.

Así, en los primeros meses de 1935 encontramos al grupo en el Circo Price, en la sala Casablanca o en el Teatro Martín; y en el mes de junio participan en la fiesta-homenaje a Fernando el de Triana, organizada por La Argentina en el Teatro Español. La Quica, Frasquillo y su hija figuran entre los artistas más destacados de la noche:

“Si grandes fueron las ovaciones que se prodigaron a Pericet y su cuadro […], no fueron menos cálidas y entusiásticas las que se tributaron […] al estupendo cuadro de baile flamenco del famoso maestro Francisco León ‘Frasquillo’. Tanto éste como su mujer, ‘La Quica’, y su hija Merceditas León […], Rafael Cruz, y el célebre ‘bailaor’ antiguo ‘El Estampío’, monopolizaron, puede decirse, los mejores y más reiterados aplausos de la noche” (Heraldo de Madrid, 24-6-1935).

…
NOTAS:
(1) RODRÍGUEZ GÓMEZ, Fernando (el de Triana), Arte y artistas flamencos, Sevilla, 1935.
(2) Datos proporcionados por José Luis Navarro García en su obra Historia del baile flamenco, Vol. 2, Sevilla, Signatura, 2009.
(3) Datos aportados por el bailaor Enrique el Cojo, en una entrevista publicada por el diario ABC de Sevilla, el 21-4-1981.


Paca Aguilera, digna sucesora de la Trini de Málaga (I)

Francisca Aguilera Domínguez, conocida en el mundo del flamenco como Paca Aguilera, nace el 15 de enero de 1877 en la localidad malagueña de Ronda, en el seno de una familia numerosa. Ella es la décima de 14 hermanos, entre los que destaca la figura de María (1), nacida en 1872, que toca la guitarra y es quien la introduce en el mundo artístico. Junto a ella debuta en varios cafés cantantes de su ciudad natal, como ‘El Forno’, ‘El Pollo’ o ‘La Primera de Ronda’.

La cantaora Paca Aguilera

La cantaora Paca Aguilera

En torno a 1887, la familia se traslada a Sevilla. Allí aparecen empadronados, en 1895, el padre, Nicolás Aguilera Villalva (jornalero, viudo, de 54 años de edad) y cinco de sus hijos: Juan y Rosario (ambos de 14 años), Salvador (11 años), Cristóbal (10 años), y Francisca, de 16 años de edad, soltera y dedicada a “su casa”. Tienen su residencia en la calle Santa Rufina, número 12.

De Sevilla a Málaga

Otra etapa importante de la vida profesional de Paca Aguilera transcurre en la capital malagueña, en cuyo café de Chinitas debuta el 29 de agosto de 1896. Según reza en el cartel del espectáculo, que nos transcribe Eusebio Rioja, la cantaora forma parte de un cuadro andaluz en el que también figuran los siguientes artistas:

“CUADRO ANDALUZ
Tocador de guitarra.- El distinguido profesor
CARLOS SÁNCHEZ

BAILADORAS.- Las célebres y simpáticas Antonia y Josefa Ruedas (de Sevilla), la notable y aplaudida Lola Torozio, conocida por la Roteña chica (de Cádiz) y la simpática Milagro Gallardo (de Sanlúcar de Barrameda), desconocidas de este público.

CANTADORAS.- La célebre cantadora por Malagueñas Trinidad Martín (La Trini de Málaga) y la renombrada y simpática Paca Aguilera (de Jerez), no conocida del público malagueño”.

A pesar de las erratas que contiene el cartel, merece la pena destacar la presencia de las bailaoras Antonia, Josefa y Milagros Gallardo Rueda, “Las Coquineras”, y de la famosa cantaora malagueña Trinidad Navarro, “La Trini”. Con esta última coincide Paca Aguilera en varias ocasiones. Eusebio Rioja ofrece algunas referencias periodísticas sobre distintas estancias de ambas artistas en el malagueño Café de España:

“En el café de ‘España’ […] las distinguidas Srtas. Paca Aguilera y la célebre Trini cantan por malagueñas acompañadas a el (sic) piano por el eminente profesor D. Carlos Sánchez, haciendo las delicias del elegante público que concurre diariamente a aplaudirlas” (El Crepúsculo, 8-8-1896)

“Función para esta noche. Debut de la célebre cantadora por malagueñas señorita Paca Aguilera acompañada del reputado profesor de guitarra D. Carlos Sánchez y de la no menos celebrada cantadora del mismo género conocida por la ‘Trini’” (La Unión Mercantil, 22-7-1897).

En esta segunda ocasión, las dos artistas coinciden durante todo un mes. El contacto prolongado con su paisana pudo permitir a Paca Aguilera conocer en profundidad los cantes por malagueñas de la Trini, de los que es considerada la más fiel transmisora. Según Fernando el de Triana, la artista rondeña “copió el cante de la Trini con tanta exactitud, que en ciertos momentos y detalles de los cantes no le faltaba más que llamarse Trinidad”.

Trinidad Navarro, la Trini de Málaga

Trinidad Navarro, la Trini de Málaga

Sin embargo, Paca Aguilera fue mucho más que una simple imitadora de la famosa artista malagueña. Los discos que dejó grabados nos permiten hacernos una idea de su gran calidad y personalidad artística. Según distintos autores, también dominaba los cantes de su tierra rondeña, además de otros muchos palos tales como las soleares, seguiriyas, tangos, peteneras, guajiras y cantes de Levante, e incluso creó una malagueña propia a partir de las de su maestra.

Los primeros registros sonoros de Paca Aguilera, realizados en cilindros de cera, datan de finales del siglo XIX. De hecho, la cantaora rondeña puede considerarse pionera en el uso de las recién llegadas tecnologías de grabación. Buena muestra de ello nos da un anuncio publicado en septiembre de 1900, con el que el “Bazar Fonográfico” de la malagueña calle Larios promociona un “fonograma de flamenco impresionado por Paca Aguilera, Adela Escaño, ‘Mochuelo’, ‘Canario Chico’, acompañados a la guitarra por Manuel López y Joaquín ‘el hijo del ciego’. Sevillanas, Tangos, Polos, Soleares, Malagueñas, etc.” (3)

Y Paca conquistó Madrid

Tras sus triunfos en Andalucía, la ya célebre cantaora se traslada definitivamente a la capital de España, donde es muy bien acogida por el público de las principales salas de espectáculos. En 1901 El Imparcial informa sobre la actuación en el Teatro Tívoli de “la sin rival cantadora en su género Paca Aguilera”, que participa en “un gran concierto de cante y baile flamenco, organizado por el reputado compositor y guitarrista en este género D. Rafael Marín” (1-5-1901).

En septiembre de 1902, la prensa sitúa a la artista en el Salón de Actualidades, donde permanece hasta febrero del año siguiente y recibe grandes elogios por parte de la crítica, que se refiere a ella como una de las principales figuras del flamenco:

“Hoy, lunes, habrá dos debuts importantes: El primero será el de la célebre cantaora flamenca Paca Aguilera, reputada como la mejor de España […].

Ambos números llamarán seguramente la atención, por su mérito extraordinario” (El País, 22-9-1902).

“Tres éxitos ruidosos ha habido esta semana llamados a llenar durante mucho tiempo este lindo Salón-Concert. […]

También ha sido objeto de grandes aplausos la famosa cantadora Paca Aguilera, que no tiene rival en su género” (El Liberal, 26-9-1902).

NOTAS:

(1) Pocos datos se conocen sobre la guitarrista María Aguilera. José Luis Jiménez Sánchez reproduce el siguiente anuncio, publicado en La Unión Mercantil el 3-4-1904: “Dª María Aguilera Domínguez, profesora de guitarra de género andaluz y baile de sevillanas, da lecciones a domicilio y en su casa. Trinidad 72. Módicos precios”.

(2) RODRÍGUEZ GÓMEZ, Fernando (Fernando el de Triana), Arte y artistas flamencos, Madrid, Imprenta Helénica, 1935.

(3) Información recogida por José Gelardo Navarro y José Luis Ortiz Nuevo (Coords.) en El eco de la memoria. El flamenco en la prensa malagueña de los siglos XIX y principios del XX, Diputación de Málaga.