Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Doña Pilar López… o simplemente Pilar (II)

Aunque desde los ocho años frecuentó los escenarios de la mano de su hermana Encarnación, fue a los catorce cuando Pilar López decidió dedicarse al arte de manera profesional, compaginando esta actividad con su formación académica. Así lo contaba la propia artista a Florencia Ortiz para el diario Lanza décadas más tarde:

“A los 14 años yo no sé qué sentí en mí. Llamé a mi hermana y la (sic) expuse claramente mi deseo de dedicarme a la danza. Me escuchó como una madrecita y no se opuso. Que era mi temor. Claro que accedió a ello, con la condición de que yo por los inviernos me reintegrase al colegio y a mis estudios” (Lanza, 7-7-1956).

Pilar López (Taraí, 25-10-1930)

Pilar López (Tararí, 25-10-1930)

En octubre de 1921, Pilarcita se anunció en el Teatro Romea de Madrid, en cuyo programa de variedades destacaba la presencia de las cancionistas Pilar Osiris y Ofelia de Aragón, y de la gran Antonia Mercé, la Argentina. Aunque en esta ocasión no la acompañaba Encarna, su parentesco ya era suficiente tarjeta de presentación:

«… Había un primeur, una novedad: Pilarcita López, una graciosa artista llena de promesas […]. La nueva bailarina es hermana de la Argentinita, y sigue con mucha gracia sus huellas. Tiene una linda figura, y un arte fogoso y juvenil, en que hay ya mucha seguridad» (La Época, 18-10-1921).

En el mes de diciembre actuó en una fiesta a beneficio de la Cruz Roja organizada por la embajadora de Inglaterra, Lady Isabella Howard, en el Hotel Palace, a la que asistieron la reina Victoria Eugenia y la infanta Isabel. Tanto la cancionista Luisa Vila como Pilarcita López, «oyeron muchos aplausos y fueron obsequiadas con preciosos ramos de flores» (El Imparcial, 18-12-1921).

Durante el verano de 1922, una vez concluido el curso escolar, acompañó a la Argentinita en algunas de sus actuaciones. Juntas se presentaron en ciudades como Bilbao, San Sebastián, Avilés o Logroño; y pasaron las fiestas navideñas actuando con gran éxito en el Salón Imperial de Sevilla.

Encarnación López, la Argentinita (Institut del Teatre).

Encarnación López, la Argentinita (Institut del Teatre).

Durante los meses de enero y febrero de 1923 se las pudo ver en el Teatro Cervantes de Granada, en el Eslava de Jerez y en el Principal de Sanlúcar de Barrameda. Las crónicas granadinas dedicaron grandes elogios a Pilar, que demostró estar a la altura de su maestra, por la perfección con que ejecutó sus bailes y dijo sus cuplés, por el lujo de su presentación… «Aquí sí se puede decir con razón aquello de ‘dichoso aquél que a los suyos se parece'» (El Noticiero Granadino, 20-1-1923).

Volar en solitario

Tras la gira andaluza, las dos hermanas separaron sus caminos y Pilar empezó a anunciarse sólo con su nombre de pila, tal vez en un intento de hacer valer sus propios méritos. Mas ambas cosas no eran incompatibles, y la prensa destacó sus virtudes, sin dejar de mencionar su vínculo con Encarnación.

En marzo triunfó en el Teatro Maravillas de Madrid, donde compartió cartel con artistas como María Tubáu, Consuelito Hidalgo o Luisa Vila, y de allí pasó al Teatro-Casino de Guadalajara. La crítica le auguraba «grandes triunfos, pues tiene verdadero temperamento de artista. No puede ocultar que es hermana de la inimitable Argentinita» (Eco Artístico, 31-3-1923).

En el mes de julio actuó en el Ideal Rosales de Madrid, y cantó y bailó con mucho arte y gracia en una comida celebrada en la Embajada de Francia, a la que asistieron los reyes. En agosto conquistó al público del Salón Toreno de Oviedo, que admiró especialmente sus números de baile, y en septiembre alternó con la cancionista y cantaora Emilia Benito en el Circo Price.

Emilia Benito (Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya).

Emilia Benito (Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya).

En noviembre regresó al Teatro Maravillas, compartiendo cartel con la cantante Cándida Suárez y la bailarina Isabelita Ruiz. A sus dieciséis años, Pilar se presentaba «más hecha, más perfecta, más artista«, y ocupaba ya «un puesto preeminente en su arte vario y elegante» (La Acción, 3-11-1923), como demostró unas semanas más tarde en el Teatro Moderno de Salamanca.

Allí se anunció junto a la cancionista Pepita Lláser y la bailaora Lolita Astolfi, y deleitó al auditorio con su variado repertorio de danzas y canciones. “El cuplé frívolo, alegre, y el baile en todas sus formas, tienen en Pilarcita López la más genial intérprete” (El Adelanto, 27-11-1923).

El programa estaba compuesto por las actuaciones individuales de cada una de las artistas y concluía con un número de conjunto. En la primera parte, “Pilarcita López [cantó] La rubia de Maxim, Pekín Park, Robe Pierre y un chotis en el que, dicho sea de paso, lució un mantón de Manila riquísimo” (El Adelanto, 28-11-1923).

El número final, titulado ¡Tóo gitano!, consistía en una fiesta flamenca. El escenario se convirtió en “un patio andaluz, con luces, farolillos, tocaores, cañas de manzanilla, mujeres bonitas, bailaoras y cantaoras de flamenco” (El Adelanto, 28-11-1923). Con las sonantas de Ángel Salinero, Eleuterio Rodríguez, Domingo Hernández y Félix Alejo, Pepita Lláser cantó unas sevillanas para que bailaran sus compañeras. Después, “Pilarcita López fue la bellísima gitana que con su Farruca, bailada maravillosamente, obtuvo un triunfo ruidoso y unos aplausos admirativos y entusiastas. ¡Muy bien, magníficamente bien bailada, Pilarcita!” (El Adelanto, 28-11-1923).

Lolita Astolfi (Fundación Juan March)

Lolita Astolfi (Fundación Juan March)

En marzo de 1924, Pilar obtuvo un sonado triunfo en el Teatro Guerrero Mendoza de la localidad murciana de Abarán. El cronista del diario El Tiempo la calificó de artista «prodigiosa«, de «exquisitez depurada«, y vio en ella otras muchas virtudes:

“… el encanto de su garganta de cristal, […] su dicción maravillosa, […] la expresión acabada de sus gestos, […] la aristocracia de sus movimientos, […] ‘ese algo‘, en fin, oculto y misterioso que sólo ella posee, como un don por el cielo concedido que la eleva, en carroza de triunfo a las más altas cumbres del arte. […] Algo encierra su persona que encanta y que fascina, algo que produce inacabable borrachera de placer” (El Tiempo, 12-3-1924).

Bailarina, cantante, pianista…

Tras actuar en el Teatro Rey Alfonso y en el Maravillas de Madrid, en el mes de mayo regresó a Murcia -en esta ocasión, al Teatro Ortiz de la capital-, como directora de una compañía de variedades internacionales en la que destacaba la bailarina Vera Wratislava. Llevaba un espléndido decorado y lujoso vestuario; y, como se esperaba, demostró ser “una bailarina excelente; tiene agilidad y sabe unir a los compases de la orquesta los movimientos rítmicos de su cuerpo gentilísimo” (El Tiempo, 24-5-1924).

Aunque gustó mucho como cancionista, por su “agradable y melodiosa voz” (El Tiempo, 24-5-1924) y por el sentimiento que puso en sus canciones, tanto el público como la crítica disfrutaron más viéndola danzar. Varios periodistas le dieron un mismo consejo: dejar de anunciarse como hermana de la Argentinita, pues “Pilar López es un ‘astro’ con luz propia, que no necesita ese título para arrancar el elogio y el aplauso” (El Liberal de Murcia, 25-5-1924).

Encarnación López, la Argentinita (Institut del Teatre)

Encarnación López, la Argentinita (Institut del Teatre)

De hecho, cuando volvieron a compartir escenario, en el mes de julio, en el Teatro Pereda de Santander, “Pilar no deslució junto a su hermana” (El Cantábrico, 29-7-1924), pues “lleva ya la ‘marca de fábrica‘ en sus bailes y canciones” (La Atalaya, 31-7-1924). Unas semanas más tarde, en una función aristocrática celebrada en La Granja, mostró una nueva faceta, la de pianista, acompañando a los bailes de la Argentinta (La Libertad, 10-9-1924).

Progresa adecuadamente

A su regreso al Teatro Maravillas de Madrid, en el mes de septiembre, eran evidentes sus progresos:

Pilar, la hermanita de Argentinita, avanza a paso firme a colocarse ‘casi’ a nivel de su excepcional hermana. Tiene una bonita voz, frasea mucho mejor que la temporada anterior, viste muy bien y, sobre todo, es una formidable bailarina. Además, tiene juventud, belleza y simpatía. ¿Se puede pedir más?” (La Libertad, 19-9-1924).

Pilar López (La Esfera, 3-4-1926)

Pilar López (La Esfera, 3-4-1926)

En enero de 1925, tras volver a encandilar al público murciano, debutó en el Teatro Romea de Madrid en sustitución de Encarna. Ante el gran parecido con esta última, la prensa le recomendó buscar la diferenciación, puesto que sus extraordinarias cualidades le auguraban un prometedor futuro:

Pilar tiene, por encima de todo, una admiración rayana en idolatría por Encarnita […]. Realmente, como la Naturaleza les ha dotado de una voz muy parecida, hay canciones que, si cerramos los ojos, creeríamos oír a la Argentinita. Por esta razón aconsejaremos a la bella y simpática Pilarín que huya del repertorio de su hermana.

Canta con una gran afinación, tiene voz bastante extensa, simpatía personal y viste con mucho gusto, y, siguiendo la escuela de la familia, baila como se debe bailar, con la severidad del rito, con el dominio de una consumada bailarina y consciente de su arte” (La Libertad, 22-1-1925).

“… es una de nuestras artistas jóvenes […] que están mejor en escena y de las que podemos esperar mucho. Cada vez que la vemos actuar, encontramos en ella algo que no vimos en su actuación anterior, un nuevo detalle de artista ‘cara’ que nos hace concebir risueñas y halagadoras esperanzas.

PILAR es hoy por hoy, una excelente artista, pero muy pronto ha de ser de las primeras” (La Unión Ilustrada, 1-2-1925).

En el mes de abril falleció su madre y en mayo se presentó junto a la cupletista Paquita Garzón en el Salón Novedades de Palencia, con un repertorio que “comprende tanto las danzas clásicas y evocadoras como esas otras bailables, cuyo ritmo conjuntado con los motivos melódicos de la música, hace de ellos una parte integrante de la partitura, que la cumplimenta y le da más vida y expresión” (El Diario Palentino, 15-5-1925).


Doña Pilar López… o simplemente Pilar (I)

Nacer a la sombra de una estrella tiene innegables ventajas: puertas que se abren, caminos que se allanan… Pero también grandes inconvenientes. La comparación es inevitable y hay que demostrar gran talento si se quiere evitar el eclipse. Precisamente talento, inteligencia y personalidad se contaban entre las muchas cualidades de Pilar López, y ello le permitió brillar con luz propia tanto antes como después de la trágica desaparición de su hermana, la gran Argentinita.

Pilar López

Pilar López

Es innegable que ésta ejerció una gran influencia en su vocación: “Me contagió Encarna, y junto a ella me hice artista. Me fui criando en los escenarios de España», confesaba Pilar a Miorgo para el diario Imperio (24-3-1957). Mas ella nunca se conformó con ser la hermana de y durante años buscó su propio camino. Trabajó en escenarios de variedades, en los que compartió cartel con artistas de todo tipo, y salió de gira con una troupe de revistas, con una orquesta de música cubana…

“Yo, como toda persona que empieza, hice varios escarceos. Empecé cantando un poco, bailando el charlestón… No sabía dónde quedarme; esta es la realidad. No estaba a gusto con eso; yo andaba buscando. Ya hubo un momento, ya era mayorcita, en que supe; eso que yo notaba dentro… Lo que quería era ¡bailar!” (1)

Y Pilar bailó. En 1933 entró a formar parte de la Compañía de Bailes Españoles de la Argentinita, actividad que compaginó con sus recitales de danzas y canciones españolas, formando pareja con Rafael Ortega y, posteriormente, con Miguel Albaicín. Siguió bailando en el exilio, siempre al lado de su hermana. Tras el fatal desenlace, se convirtió en depositaria y conservadora del legado de Encarnación, que durante décadas cuidó y engrandeció, añadiendo creaciones propias y formando a varias generaciones de artistas. Por todo ello, Pilar López ocupa un lugar destacado en el olimpo de la danza española y flamenca.

Pilar López, la Argentinita y Antonio Triana. Foto Hrand, París, años 30. MAE-IT.

Pilar López, la Argentinita y Antonio Triana. Foto Hrand, París, años 30. Institut del Teatre. Centre de Documentació i Museu de les Arts Escèniques.

El final de esta historia es de sobra conocido. La maestra nos dejó en 2008 y aún sigue muy vivo su recuerdo. Nos centraremos, pues, en esos primeros años de su despertar artístico, y en el proceso de búsqueda y experimentación que culminó con su consagración como estrella del baile.

Empecemos por el principio…

Pilar López Júlvez nació el 4 de junio de 1907 en San Sebastián, en el número 5 de la calle del Puerto, y fue inscrita en el Registro Civil con el nombre de Saturnina Pilar. Era hija de Félix López Sanz, de 46 años de edad, natural de Santibáñez (Segovia), y Dominga Júlvez Herrero, de 40 años, nacida en Calatayud (Zaragoza) (2).

Su padre se dedicaba al comercio de telas y, por este motivo, viajaba con frecuencia a Buenos Aires. Allí se instaló junto a su mujer y su primera hija, Ángeles, a finales del siglo XIX. La familia creció con la llegada de tres nuevos miembros, Encarnación, Anita y Francisco, pero una epidemia de escarlatina acabó con la vida de los dos más pequeños y provocó el regreso de los López Júlvez a España en 1905.

Encarnación López, la Argentinita. Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

Encarnación López, la Argentinita. Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

Pilar nació en San Sebastián por casualidad, pues hasta poco antes de su llegada la familia había residido en Barcelona. En aquella época la Argentinita, que aún era una niña, ya se anunciaba en los teatros de variedades de toda España y la familia al completo la acompañaba en sus desplazamientos, incluida la recién llegada: “Yo me crie en los camerinos. […] íbamos tipo circo, en los trenes […]: mi padre, mi madre, la hermana mayor y Encarna, que era la que bailaba y todo esto” (3).

Mas llegó un momento en que la pequeña se estableció en Madrid con su madre para comenzar su vida escolar y su formación artística. Cursó tres años de solfeo y cuatro de piano con la maestra Amparo Gutiérrez; y tomó clases de baile –escuela bolera– en la academia de Julia Castelao, a la que también había asistido Encarnación. “No sé si hubiera podido ser una buena pianista” -confesaba años más tarde- “pero yo que llevaba al mismo tiempo el baile, opté por bailar en vez de hacer el 5º año de piano». (4)

La maestra Julia Castelao y sus discípulas (Mundo Gráfico, 6-11-1918)

La maestra Julia Castelao y sus discípulas (Mundo Gráfico, 6-11-1918)

Un debut temprano

Aunque lo primero eran sus estudios, durante los periodos vacacionales Pilar siguió acompañado a su hermana en algunos de sus viajes y, como no podía ser de otro modo, terminó subiéndose con ella al escenario. Ese primer encuentro con el público se produjo en el Salón Pradera de Santander en septiembre de 1915, durante una función a beneficio de la Argentinita. Pilar contaba ocho años de edad. Así anunciaba la prensa su presentación:

“Una bailarina precoz.
Mañana jueves hará su sensacional debut en este elegante teatro una nueva y diminuta estrella coreográfica: la señorita Pilar López.
Esta señorita velará sus primeras armas del arte, y recibirá el espaldarazo consagrador de las manos de una bella y gentil madrina: La Argentinita […]
La pequeña estrella bailará varias danzas, entre las cuales, quizás figure una ‘rumba‘ que cantaría ‘La Argentinita’ (El Cantábrico, 15-9-1915)”.

Al día siguiente, los diarios santanderinos daban cuenta del gran éxito obtenido por la debutante, que hubo de ofrecer varios bailes fuera de programa y volvió a anunciarse varias noches más, ante la insistencia del auditorio. Las crónicas resultaron premonitorias, pues le vaticinaban un brillante porvenir y veían en ella a “una digna continuadora de los éxitos ruidosos de Encarna” (El Cantábrico, 18-9-1915). La prensa destacaba, además, su saber estar sobre el escenario, impropio de una principiante:

“La nueva ‘estrella’ es indudablemente una predestinada.
Lo más extraño es la fácil comprensión que tiene esta niña del ritmo.
En los dos o tres bailes que ejecutó ayer estuvo la chiquilla admirable de gracia y desenvoltura, como si fueran ya muchas las veces de su actuación escénica.
El público aplaudió de muy buena gana.
Por su gusto la pequeña bailarina estaría todavía bailando” (El Cantábrico, 17-9-1915).

La Argentinita y Pilar López (La Unión Ilustrada, 18-4-1918)

La Argentinita y Pilar López (La Unión Ilustrada, 18-4-1918)

Unos días más tarde, Pilarcita volvió a pisar las tablas en la función de despedida de su hermana en el teatro de Torrelavega (Cantabria); y el 29 de diciembre hizo lo propio en el Teatro Romea de Madrid, que reconoció el trabajo de ambas con estruendosas ovaciones (Eco Artístico, 5-1-1916). En 1931, ya convertida en una artista de éxito, Pilar recordaba su debut, en una entrevista concedida a Pablo Cistué: “cuando tenía ocho, me presenté por vez primera al público en un teatro de Santander. Fue una broma a la que yo concedí gran importancia, pues tuve hasta el valor de decirle a mi hermana que el teatro se había llenado por mi actuación” (La Voz de Aragón, 2-8-1931).

Durante los años siguientes, la Argentinita siguió presentándola en distintos escenarios, normalmente en sus funciones de beneficio. En marzo de 1917, en el music hall del Hotel Palace, ambas bailaron juntas «unas sevillanas típicas, y sola Pilarcita unas bulerías gitanas, del maestro Romero» (Heraldo de Madrid, 26-3-1917); y un mes más tarde volvieron a compartir escenario en el Teatro Reina Victoria de Madrid.

En marzo de 1918, de nuevo en Romea, la Argentinita se presentó “acompañada de su hermana Pilar, en tres números, y para ambas hubo muchos aplausos y entusiastas felicitaciones. […] Pilarcita López […] baila ya admirablemente” (La Acción, 27-3-1918). El cronista le auguraba “un brillantísimo porvenir”, lo mismo que la propia Encarna, que unas semanas más tarde, en una entrevista concedida a Joaquín Mariño, afirmaba, respecto de las rivalidades artísticas: «No me preocupan, aunque ya tengo una muy formidable. […] Mi hermanita Pilarín. ¡Una tontería bailando!” (La Unión Ilustrada, 18-4-1918). El texto se  complementaba con una fotografía de ambas tomada el salón de su casa.

La Argentinita, Pilar López y familia (La Unión Ilustrada, 27-6-1918)

La Argentinita, Pilar López y familia en Málaga (La Unión Ilustrada, 27-6-1918).

En junio de ese mismo año la Argentinita y Pilar volvieron a aparecer retratadas en la misma publicación junto a otros miembros de su familia, con ocasión de su asistencia, como invitadas, a la verbena de inauguración del ‘Parque de Recreos‘ del Círculo Mercantil de Málaga (La Unión Ilustrada, 27-6-1918).

Ya en el mes de agosto, durante la habitual gira de Encarna por el norte, el público de Vitoria pudo admirar a Pilarcita, que, a sus once años de edad, era “ya una notable bailarina y una pianista excelente»; y, “con maravillosa destreza y arte, bailó unas bulerías y una jota” (Heraldo Alavés, 10-8-1918).

«En la jota, sobre todo, acompañando a Encarna, estuvo inimitable, demostrando que sabe aprovechar las lecciones de su eminente maestra.
Orgullosa está ‘La Argentinita‘ de su monísima discípula. Por eso decía anoche, rebosante de satisfacción:
-¡Ésa, ésa es mi hermanita!” (La Libertad, 10-8-1918).

Una vez más, en la función de beneficio y despedida de la Argentinita tras su exitosa actuación en el Teatro Romea de Madrid, “tomó parte, en obsequio a la beneficiada, su hermana Pilar, una encantadora niña que será también una notable artista” (La Época, 1-4-1919).


Notas:
(1) Testimonio de Pilar López, recogido por Molina, R. y Espín, M., “Bailar, siempre bailar”, en La Argentinita y Pilar López, Catálogo de la exposición celebrada durante la Bienal de Flamenco de Sevilla de 1988.
(2) Así consta en el acta de nacimiento de Pilar, en el Registro Civil de San Sebastián.
(3) Testimonio de Pilar López, recogido por Molina, R. y Espín, M., op. cit.
(4) Testimonio de Pilar López, en Herrera Rodas, M., “Con la vieja escuela. Pilar López”, Sevilla Flamenca, nº 57, 1988, pp. 25-36.


Custodia Romero, la Venus gitana del baile flamenco (IV)

La Venus de Bronce termina el año 1925 actuando en tierras levantinas. En el Teatro Central de Alicante, donde comparte cartel con la violinista y cancionista Angelina de Artés, despierta el entusiasmo del público con la elegancia de su arte estilizado. La acompaña el guitarrista Diego Torres y en algunos de sus números de danza, como ‘España mía‘ y ‘La sombra de la Giralda‘, ella misma se canta “una letra alusiva al baile que ejecuta, […] sin pretensiones de cupletera ni menos de canzonetista, sino un simple ritmo entonado con sencillez, […] cortas frases dichas a media voz, a flor de labio, con ese tono algo similar al cante flamenco…” (El Luchador, 12-12-1925).

Custodia Romero, en el cuadro "San Rafael" (1925), de Julio Romero de Torres.

Custodia Romero, retratada en el cuadro «San Rafael» (1925), de Julio Romero de Torres.

Poco después se presenta en el Teatro Ortiz de Murcia, como fin de fiesta tras la actuación de los cantaores Angelillo y Carmen la Lavandera. Conquista al respetable con su magistral interpretación del Fandanguillo de Almería y de las antillanas, uno de sus números predilectos, adaptado a su propia personalidad: “una vez en posesión del motivo fundamental, ha aplicado sus facultades, espontáneamente, a hacer sobre él las variaciones más adecuadas a dicho motivo, hasta lograr su culminación” (Agustín Iniesta, El Liberal de Murcia, 19-12-1925).

Durante su estancia en esa ciudad es entrevistada por Agustín Iniesta, que nos revela un dato de sumo interés: al acceder a su camerino, la encuentra abrazada a la sonanta, que es una de sus pasiones. «[E]n su soledad requiere la guitarra y arranca a ella con su mano breve y morena, melodías alquitaradas.
-Prefiero -ha dicho- tocar en la guitarra a leer” (Ibídem).

Recibe el año 1926 con la agenda repleta de compromisos, que se van traduciendo en nuevos éxitos. Barcelona, Bilbao y Guadalajara son algunas de las ciudades que visita antes de presentarse en el Teatro Maravillas de Madrid a finales de febrero. Allí comparte escenario con la cancionista Paquita Garzón y “se suma a las ‘estrellas’ del baile que brillan de modo admirable en la canción. […] en los números que conjuntamente estrenan estas dos aplaudidísimas ‘estrellas’ obtienen todos los días un gran éxito” (El Imparcial, 4-3-1926). Tanto es así que, poco después, es agasajada junto a la bailarina Antoñita Torres con un vino de honor que se ofrece en el Teatro Romea, y al que asisten unos doscientos admiradores de ambas artistas (La Libertad, 11-3-1926).

Custodia Romero (Mundo Gráfico, 10-3-1926). BNE.

Custodia Romero (Mundo Gráfico, 10-3-1926). BNE.

Asimismo, siguen alzándose voces que afirman ver en ella una “digna sucesora de la reina gitana”, es decir, de la gran Pastora Imperio, con “sus bailes bravíos, sin artificios ni aliños”, ni más aditamentos que “unos crótalos y una pandereta” (J. L. de M, El Liberal, 26-2-1926). Su nombre es sinónimo de bailaora clásica y castiza, pero también de modernidad y estilo en el vestir, pues igual que una bata de volantes, “sabe lucir, con el aire del boulevard, un sombrero de Madeleine o una túnica de Martial Armand” (La Esfera, 13-3-1926).

En el mes de abril la Venus de Bronce, “que en sus bailes pone todo su sentido del ritmo, pasión, baile de picó, gesto, culebreo de todo su cuerpo, que se yergue en contorsiones lentas y suaves” (El Adelanto, 3-4-1926), comparte cartel en el Teatro Liceo de Salamanca con una joven Pilar López, que ya brilla como la gran estrella que está llamada a ser.

Tras una gira estival que comienza en Andalucía y llega hasta la Cornisa Cantábrica, en el mes de septiembre obtiene un “éxito clamoroso” en el Teatro Romea de Madrid (La Opinión, 27-9-1926), donde protagoniza junto al cantaor Manuel Centeno “una fiesta flamenca de guitarras y canciones andaluzas” en la que ofrece “sus castizas creaciones gitanas” (La Época, 28-9-1926). Durante los meses siguientes, pasea su arte por todo el este peninsular y, a su paso por el Teatro Liceo de Albacete, incluso logra la conversión de algún “antiflamenco”:

“Fue, que un amigo le dije del armonioso lenguaje de los pies de Custodia Romero, él, considerándolo una herejía, quiso agredirme. Fuimos al Salón Liceo -templo de Faraón, mientras actúe la sacerdotisa de la danza cañí-, le advertí: No te fijes en la elocuencia de los brazos. Ni en el gesto, que es todo un poema. […] Observa cómo los pies, marcando los compases, van cantando las notas graves, y las agudas, y suspenden la melodía en eso que se llama cadencia rota, saben prolongar el sonido como en un calderón […]
Custodia: Espera; no te marchas- dice, sin darse cuenta, entusiasmado, el que era detractor de las danzas castizas. […]
-¿Qué te parece…
-Que soy el primer flamenco. ¡Viva Faraón!” (Luis Azorí Risueño, El Diario de Albacete, 5-2-1928).

Custodia Romero (Mundo Gráfico, 23-6-1926). BNE.

Custodia Romero (Mundo Gráfico, 23-6-1926). BNE.

En un artículo publicado en el Heraldo de Madrid en junio de 1928, el escritor José Díaz de Quijano ensalza las cualidades que hacen de ella una primera figura del baile, tales como el temperamento, la personalidad y su gran talento natural. Asimismo, también señala las que, en su opinión, son dos equivocaciones: “recargar innecesariamente su nombre” con ese apodo de ‘La Venus de Bronce’ y “querer ser una bailarina más, en vez de quedarse en bailaora”.

“… si hallase y se dejase guiar por alguien que verdaderamente la orientase hacia el buen camino (que no es otro que el de retornar a lo suyo, a lo flamenco y genuino de las danzas andaluzas auténticas: tangos, bulerías, zapateados, etc.), se habría salvado una figura que puede ser como la continuación y el reflejo de Pastora.
Percal, mucho percal, y pañolitos de talle; guitarra, taconeos y falsetas. […]
Cuando Custodia baila flamenco (ésto es ‘lo suyo’; lo auténtico y popular y genuino) es una gran bailaora. Si se empeña en bailar ‘todo lo que la enseñen’, esos bailes ‘puestos’ por ‘profesores’ de ‘academia’, será una de tantas bailarinas sin personalidad.
A pesar de todo lo dicho, […] Custodia Romero tiene más personalidad que cualquiera de las que más presumen por ahí” (Heraldo de Madrid, 25-6-1927).

Unos meses más tarde regresa a Sevilla para actuar durante la temporada de otoño en el Salón de Variedades, en el Imperial y en el Pathé Cinema. Su intervención, como fin de fiesta, en la función a beneficio de la Asociación de la Prensa que se celebra en el Pathé, constituye la “definitiva consagración” de Custodia Romero, que “hizo un verdadero derroche de arte en la interpretación de un selecto programa de cante y baile, originalísimo” (El Noticiero Sevillano, 5-11-1927).

Custodia Romero y el periodista Galerín (El Liberal de Sevilla, 1-11-1927). Archivo de JLON.

Custodia Romero y el periodista Galerín (El Liberal de Sevilla, 1-11-1927). Archivo de JLON.

Durante su estancia en la capital hispalense, concede una entrevista a Galerín, en la que expone sus preferencias artísticas, que no están muy alejadas de las recomendaciones de Díaz de Quijano. El texto se publica en El Liberal de Sevilla, ilustrado con unas fotografías tomadas en los jardines del Alcázar:

“-… Yo no he querido entrar por la moda. Y sé que estoy bien con una castorita bailando el charlestón -¡limpiando cristales y llamando a la gente!-; pero son ya muchas castoritas. El charlestón pasará. Las bulerías, el tango, el jaleo, la farseta bailada a compás de la guitarra, no pasará nunca. Hacer música ‘con los pies’ es más difícil de lo que parece y llevar los brazos arriba sin que parezcan látigos, más difícil todavía. ¡Esos brazos de Pastora y ese repiquetear los palillos de la Argentinita! ¿Usted cree que pasará de moda eso?
[…]
-¿Usted ha cantado siempre?
-Nunca. Esto del cante es de este año. Verá usted. Yo me apunto un poquito por flamenco y además me gusta un horror. La voz mía no es par cantar ‘El dúo de la africana’; pero como con un hilito de voz y un ovillo de gusto se puede hacer mucho, yo dejo al músico con su ‘do re mi’, que para mí es chino, y ‘le meto’ al cuplé dos jipíos flamencos, unos ‘duendecitos‘ a tiempo, una poquita de pena a la letra que lo requiere o una alegría cuando se habla de fiestas. Son unos cuplés ‘míos’ con música ‘de otro’. ¿Usted se da cuenta?
-¡Que si me doy cuenta! Eso, Custodia, no lo hace más que una artista.
-Sí que es difícil” (El Liberal de Sevilla, 1-11-1927).

Custodia Romero (La Esfera, 8-1-1927). BNE.

Custodia Romero (La Esfera, 8-1-1927). BNE.

Despide el año en Córdoba, en un banquete organizado por sus admiradores -“un puñado de hombres del saber, más de sesenta abogados, artistas, publicistas”- en el restaurante Los Luises. El pintor Julio Romero de Torres, que en 1925 la tomó como modelo para su cuadro “San Rafael”, comparte la mesa presidencial con la artista y su madre. La fiesta termina en el Círculo de la Amistad, “donde Custodia, la genial, puso epílogo al homenaje en su honor con primorosas danzas gitanas” (La Voz, 1-1-1928).

En febrero de 1928 se inaugura la temporada en el Teatro Avenida de Madrid con un cartel de lujo, en el que destaca la presencia de Pastora Imperio, Conchita Piquer y Custodia Romero, junto a un nutrido elenco de atracciones internacionales. Ni la gran Pastora, con quien tantas veces se la ha comparado, logra hacer sombra a Venus de Bronce, que “en sus danzas españolísimas, se ha destacado una vez más como la primera bailarina, insustituible» (ABC, 9-3-1928).

La noche de su despedida, es agasajada con una función de honor, en la que se escenifica su confirmación como “estrella de las varietés” (La Libertad, 20-3-1928). Actúa como madrina (1) la cupletista “Carmen Flores, que entregó ‘los palillos’ a la homenajeada y tuvo para ella frases de elogio y aliento sancionadas por el aplauso del público” (Heraldo de Madrid, 21-3-1928).


Nota:
(1) Cuando empezaba su carrera, Custodia Romero coincidió con Carmen Flores en el Teatro Fuencarral de Madrid y ésta le regaló uno de sus trajes de escenario, con el deseo de que le diese buena suerte.
“La gitanilla guapa y la cupletista famosa se han encontrado ahora juntas en el cartel de un teatro, y ambas como ‘estrellas’.
[…] El traje de su protectora de entonces le ha dado buena suerte” (La Libertad, 20-3-1928).


Su majestad, Pastora Imperio (II): Consagración

En marzo de 1909, acompañada por sus padres y su hermano, la Bella Imperio desembarca en el puerto de Cádiz procedente de La Habana. Uno de sus primeros compromisos profesionales la espera en Sevilla: un festival a beneficio de la Asociación de la Prensa que se celebra en el Teatro del Duque y en el que también participan las tiples Julita Fons y Teresa Bordás, y la bailaora Antonia Mercé ‘la Argentina’.

Pastora Imperio (La Hoja de Parra, 17-6-1911)

Pastora Imperio (La Hoja de Parra, 17-6-1911)

La hija de la Mejorana, “que reúne en su expresión, su gesto y su danzar la quinta esencia del flamenquismo fino”, sella con un gran triunfo el reencuentro con su público:

“De ver era aquel cuerpo flexible en las difíciles contorsiones del garrotín y la farruca, y era de ver la expresión y justeza con que la Imperio, con rítmico compás, golpeaba el tablado, bailaba a la guitarra y sus labios y ojos se expresaban en un lenguaje harto elocuente.
Aplaudidísima fue Pastora y el público la hizo salir no pocas veces a escena al terminar el espectáculo” (El Liberal de Sevilla, 17-4-1909).

Después vuelve a la carretera. Recorre España de sur a norte, recibe el nuevo año actuando en Lisboa y estrena la temporada de primavera en el Petit Palais de Madrid, donde el respetable la hace “repetir infinidad de veces sus clásicos e inimitables bailes, sobre todo la ‘farruca’ y ‘garrotín’, en los que obtiene todas las noches un verdadero triunfo” (Eco Artístico, 5-5-1910).

En septiembre de 1910 Pastora realiza una tournée por las Islas Canarias junto a su hermano y fiel guitarrista Víctor Rojas, y el bailaor jerezano Antonio Ramírez. La sevillana conquista al auditorio con algunos de sus números más emblemáticos: se presenta en escena ataviada con un capote de paseo, montera en mano, mientras suenan los acordes del pasodoble ‘La Giralda’; baila después “con irreprochable gusto Los panaderos, un Garrotín cantado y otro escrito expresamente para baile”, e interpreta el tango de Los lunares “con exquisito estilo y picaresca intención” (El Progreso, 23-9-1910).

Pastora Imperio (La Hoja de Parra, 6-4-1912)

Pastora Imperio (La Hoja de Parra, 6-4-1912)

Asimismo, llaman mucho la atención, por su originalidad, la Danza oriental y los bailes ejecutados a dúo con Ramírez: una farruca con acompañamiento de guitarra y la coreografía ‘El Gitanillo’ (1), con cante y música de orquesta, en la que Pastora luce el traje de hombre.

Una vez cumplidos sus compromisos insulares, la Imperio regresa a tierras andaluzas y, pocos meses más tarde, su nombre salta al primer plano de la actualidad por un asunto que nada tiene que ver con su arte. El 8 de febrero de 1911, después de quince noches de triunfos y sin previo aviso, la bailaora no se presenta en el Teatro Lloréns de Sevilla, para disgusto del público y de la empresa, que se ve obligada a suspender la sesión.

Comienzan las especulaciones, que hacen correr ríos de tinta. Pastora se ha fugado con el torero Rafael Gómez ‘el Gallo’ y ambos se han instalado en el Hotel Inglés de Madrid. Se confirma así el rumor de una relación amorosa entre ellos, que había sido lanzado en 1909 por la prensa mexicana, cuando ambos coincidieron por motivos de trabajo en aquel país.

El romance termina en boda, que se celebra el 20 de febrero en la Iglesia de San Sebastián de la Villa y Corte ante una treintena de amigos y familiares. Actúan como padrinos el torero Enrique Vargas, ‘Minuto’, y la madre de la novia, Rosario Monje ‘la Mejorana’, que ha viajado desde Sevilla en compañía de su hijo Víctor. La fotografía del enlace sale en portada del diario ABC e incluso algunos medios extranjeros se hacen eco de la noticia.

Excelsior (París), 25-2-1911

Excelsior (París), 25-2-1911

Pastora y Rafael se instalan en la Calle Santa Ana de Sevilla, en una casa contigua al domicilio de la madre del diestro -la otrora estrella de los cafés cantantes Gabriela Ortega-, y la artista renuncia a su carrera profesional para dedicarse en cuerpo y alma a su marido.

Mas la felicidad de la pareja tiene los días contados. Se dan numerosas versiones sobre los motivos de la separación, pero casi todas apuntan al carácter difícil y los enfermizos celos del torero. La propia artista lo confirma semanas más tarde en una entrevista concedida al Duende de la Colegiata:

“Ya ve usted, a Bienvenida le gusta lucir (sic) su mujer, llevarla a paseo… ¡A Rafael, no! Y yo, ¡tan a gusto! ¿Lo quería él así? ¡Bueno! Entonces me dijo que íbamos a vivir con su familia y allá fuimos…
[…] sola con él hubiera sido muy feliz; pero ¡su familia!.. luego ¡él es tan extraño!… veía lo que no existió… una sombra que huye por la noche; una hembra que se escapa de día… ¡en fin!… Yo no sé si es la neurastenia o qué; pero ¡usted sabe que de mí no ha tenido nadie que decir nunca nada!, y sus celos…” (Heraldo de Madrid, 12-2-1912).

Antes de Navidad, la Imperio abandona el hogar conyugal y regresa al de su familia, que en esa época reside en la Calle Correduría. A finales de enero de 1912 fallece su padre y el 22 de marzo la artista reaparece en el Salón Imperial de Sevilla, que cuelga el cartel de no hay billetes.

Pastora Imperio durante su actuación en el Teatro Romea (Madrid Comico, 6-10-1912)

Pastora Imperio durante su actuación en el Teatro Romea (Madrid Cómico, 6-10-1912)

Ataviada con un traje de crespón negro sobre fondo rosa y envuelta en un blanco pañolón de Manila, Pastora sale a las tablas visiblemente emocionada y entona la canción “La pena, pena”, fiel reflejo su estado de ánimo. Después dice la buena ventura, baila el garrotín y ofrece otros números de su repertorio, entre los ensordecedores aplausos del respetable.

Tras los difíciles momentos vividos, la sevillana se refugia en el arte y retoma el intenso ritmo de trabajo que llevaba antes de retirarse, con un sinfín de actuaciones por toda la geografía peninsular.

En el mes de octubre, durante su exitosa temporada en el Teatro Romea de Madrid, acude cada noche al coliseo el ilustre escritor Jacinto Benavente, que expresa su admiración hacia la artista en un artículo que ha pasado a la historia:

Pastora Imperio […] es ella sola y es única. Y ¿qué hace este demonio de mujer?, preguntáis.
Pues canta y baila, y os apasiona, y os enloquece, y os hace llorar de admiración. ¿Es tan hermosa? Peor que hermosa […] Es mármol y es fuego. Yo diría que es la escultura de una hoguera. Su carne tiene ardores de eternidad y su cuerpo es como columna de santuario: palpitante y como incendiada al resplandor de fuegos sagrados. […]
Ve uno a Pastora Imperio y la vida se intensifica. […] Porque cuando ve uno a Pastora Imperio cree uno en Dios lo mismo que cuando lee a Shakespeare” (Diario de Alicante, 8-10-1912).

Elevada por Benavente a la categoría de artista de culto, la sevillana sigue conquistando a los públicos más selectos con su extenso repertorio de cante y baile, que continúa incrementándose con la incorporación de canciones como ‘La bailaora’, ‘La divina Pastora’, ‘El mocito de mi barrio’, ‘¡Viva Madrid!’, ‘La cascabelita’, ‘El chiquillo’ o el monólogo cantado ‘Vida errante’.

Pastora Imperio (La Mañana, 21-2-1913)

Pastora Imperio (La Mañana, 21-2-1913)

Entre sus novedades coreográficas cabe destacar el tango argentino, bailado con su hermano Víctor, que también la acompaña a la guitarra en uno de sus números más emblemáticos, el garrotín gitano. Así lo describe Diego Martín del Campo en un artículo titulado “La reina del baile”:

“Con un pañolito de talle cubriendo la garganta y el nacimiento del escote, tocada la cabeza con un sombrerillo flexible, […] Pastora, doblada la cintura en gracioso esguince, casi arrastrándose por el suelo, llega desde el fondo del escenario hasta la ‘concha’, golpeteando rítmicamente sus tacones con su maestría incomparable a tiempo que se acompaña con el desgarrado y chulón crotalear de sus dedos.
Ya en las candilejas, en un arranque como de vértigo, girando todo su cuerpo alrededor de los pies quietos y firmes que llevan en su taconear el compás de la música, se yergue triunfal, majestuosa, ofreciéndose […].
Los brazos […] describen alrededor de su cabeza, con una gracia peculiar, incopiable, sólo de ella, círculos que semejan cabalísticos conjuros de superstición. Y sus pies breves, alados, que se deslizan casi sin pisar el suelo, van bordando una por una en el tablado las notas de la música, con tal maestría, que diríase lleva una orquesta en el tacón Luis XV de sus zapatos pulidos.
Y llega la coda, el final. Ahora la música de la danza, es en trémolos rojos, desgarrados, tajantes. Pastora se revuelve, se agita, se contrae dislocada, como en el vértigo de una posesión demasiado intensa, y su cuerpo estatuario, que es un poema carnal, al cabrillear en la violencia de los movimientos las lentejuelas que bordan el traje, semeja una serpiente agonizante. […] Está genial, adorable, alucinante de hermosura en este vértigo final que es el baile, que es un loco desbordamiento de sensualidad» (El Radical, 2-3-1913).

La Argentinita, Carmen Flores y Pastora Imperio en la Fiesta del Sainete (Nuevo Mundo, 20-5-1912)

La Argentinita, Carmen Flores y Pastora Imperio en la Fiesta del Sainete (Nuevo Mundo, 20-5-1912)

La presencia de la Imperio es un valor seguro en cualquier evento que se precie, como la Fiesta del Sainete, que se celebra cada primavera en el Teatro Apolo de Madrid y que cuenta con la participación de grandes estrellas de variedades de la categoría de la propia Pastora, la Argentinita o las cupletistas la Goya y la Chelito (2).

Asimismo, la bailaora sevillana se vale de su gran popularidad para contribuir a distintas causas. Por ejemplo, en julio de 1912 organiza en Cádiz una función en favor de la Cofradía de Jesús Nazareno y en febrero del año siguiente ofrece en el Teatro Romea de Madrid un festival a beneficio la viuda e hijos del malogrado torero Dominguín.

NOTAS:
(1) Este número también se anuncia como ‘El Gitanet’ y en ocasiones es cantado y bailado en solitario por Pastora.
(2) En la edición de 1912, Pastora protagoniza el fin de fiesta junto a la Argentinita, la Chelito y Carmen Fernández; y en 1913, comparte cartel con la Argentinita, la Goya, la Chelito y Julita Fons.


10 flamencas para la historia

 

* Agradezco a Curro Aix y Carlos F. Ruiz su colaboración en el análisis e interpretación de los resultados del estudio

Hace un par de semanas se celebró en Archidona (Málaga) el primer “Cabildo Flamenco de Andalucía. Archidona tiene nombre de mujer”, organizado por el maestro José Luis Ortiz Nuevo, quien me encomendó la misión de rendir homenaje a las diez mujeres más trascendentes de la historia del flamenco.

Aunque hermosa, esta labor no estaba exenta de dificultad, pues quién era yo para designar a esa decena de artistas y dejar fuera a otras muchas, igualmente merecedoras de un reconocimiento similar. Fue así como surgió la idea de preguntar a distintas personas, vinculadas de una manera u otra al flamenco, con el fin de realizar una selección, si no científica, al menos consensuada.

Lo que comenzó siendo un pequeño sondeo, sin grandes pretensiones, terminó alcanzando una dimensión insospechada, tanto por el volumen de la muestra, que asciende a un total de 112 personas, como por las conclusiones que se desprenden del análisis de las respuestas obtenidas.

 

Caracterización de la muestra

Debido a ese cambio de planteamiento durante el desarrollo del estudio, así como a la premura y la escasez de recursos con que ha sido realizado, somos conscientes de que la
elección de la muestra presenta algunas carencias, pues se echa en falta una mayor representación de determinados perfiles.

No obstante, todas las personas consultadas, a pesar de sus diferencias de edad, procedencia, intereses, profesión, etc., poseen un importante nexo de unión: la afición al flamenco, que en muchos casos conlleva auténtica devoción, ansias de conocimiento o incluso dedicación profesional a este arte.

Ello ya supone una acotación importante pues, como se sabe, a pesar de su gran repercusión y valoración a nivel internacional, en nuestra tierra el flamenco aún sigue siendo un arte de minorías.

En nuestra muestra figuran docentes de distintas universidades, de educación primaria y secundaria, y de enseñanzas artísticas y musicales; escritores, periodistas y críticos especializados en flamenco; doctores, investigadores, coleccionistas y estudiosos de este arte; productores, programadores y personas vinculadas a los órganos de gestión de peñas y entidades flamencas; y artistas de distintas disciplinas.

Ahondemos un poco más en la descripción de la muestra:

Por sexo: el 75% de las personas participantes en el estudio son hombres (84) y el 25% son mujeres (28).

Participantes por sexo

 

Por edad: la mayoría pueden encuadrarse en la franja que va de los 40 a los 70 años.

PARTICIPANTES POR EDAD
Por procedencia geográfica: El 77,5% de las personas participantes son de Andalucía. La división por provincias puede observarse en el gráfico:

PARTICIPANTES ANDALUCES POR PROVINCIA

 

El 22,5% restante se reparte de la siguiente manera:

DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LA MUESTRA (1)
Sólo un 3% de la muestra corresponde a personas nacidas o residentes en el extranjero.

 

Análisis de los resultados

La encuesta ha consistido en plantear la siguiente cuestión a las personas participantes, y se les ha dado total libertad para contestar: ¿Quiénes han sido, desde su punto de vista, las diez mujeres más trascendentes en la historia del flamenco, desde sus inicios hasta nuestros días?

A pesar de que el objetivo último del estudio era alcanzar una cierta objetividad o consenso, una de las primeras constataciones que hemos realizado es que la objetividad no existe, pues, si tomáramos como válidas todas las propuestas presentadas, nos encontraríamos con un elenco, no de 10 sino de 133 nombres.

Por tanto, en las respuestas se aprecia una dispersión considerable, que puede obedecer a la subjetividad, al conocimiento o al gusto personal de cada persona; y, además, se pone de manifiesto la importancia de la territorialidad, de modo que existe una cierta correlación entre el origen geográfico de algunas de las artistas propuestas y la procedencia de quienes las han votado.

Otro hecho que llama la atención es que, a pesar de que las mujeres tradicionalmente han estado más vinculadas al ámbito del baile, entre las 133 flamencas propuestas ganan por mayoría las cantaoras. La proporción es la siguiente:

DISTRIBUCIÓN POR ESPECIALIDAD

En el apartado “Otras” podemos encontrar desde personajes de ficción, como la Carmen de Merimée; hasta escritoras, como María Lejárraga; o artistas vinculadas al flamenco pero difíciles de clasificar en ninguna de las retantes categorías, como Gabriela Ortega Gómez.

 

Esta prevalencia de cante sobre el baile puede explicarse por distintas razones:

– La socialización en el flamenco de las personas participantes en el estudio se ha realizado sobre todo a través del cante, ya que, hasta hace unos años, el único archivo discográfico al que se podía acceder desde casa eran los discos, las casetes, las emisiones radiofónicas, etc.

– Tradicionalmente también ha sido más fácil asistir en directo a espectáculos de cante que de baile, puesto que no todo el mundo tiene cerca un teatro, que es donde suelen actuar las compañías de danza. En las peñas y festivales el baile es minoritario, y las condiciones de esos lugares limitan bastante la realización de grandes montajes coreográficos.

– Me atrevería incluso a añadir un tercer factor que, en mi opinión, también influye en esa preferencia por el cante que manifiestan muchas personas: Aún hay quien ve el baile como una expresión artística más lúdica o trivial; es decir, de menor categoría.

 

Si entramos con más detalle en el análisis de las respuestas, observamos que la dispersión a la que nos hemos referido está presente en todas las categorías:

– Bailaoras: Entre los 49 nombres propuestos, aparece una sola figura que ha conseguido poner de acuerdo a casi la totalidad de las personas encuestadas: Carmen Amaya, con un consenso del 84%. Le sigue Pastora Imperio, con casi un 37%.

nube bailaoras

 
– Cantaoras: 5 de las 70 artistas mencionadas cuentan con el apoyo de al menos el 50% de la muestra. Sin embargo, la gran mayoría dispone de un respaldo bastante limitado.

nube cantaoras
– Guitarristas: La más votada es Adela Cubas, con un consenso del 8%.

NUBE GUITARRISTAS

Clasificación de las bailaoras

Por épocas históricas, teniendo en cuenta el momento en que iniciaron su carrera, las 49 bailaoras propuestas se pueden agrupar de la siguiente manera:

BAILAORAS POR ÉPOCA HISTORICA (1)

Según el gráfico, el momento histórico con mayor representación sería el de los tablaos y festivales flamencos. Sin embargo, si se suman los votos obtenidos por las bailaoras de cada época, ganan por mayoría las de principios del siglo XX: 9 artistas que acumulan un total de 227 votos (una media de 25 votos por cabeza).

En segundo lugar, tanto las artistas de la etapa de los cafés cantantes como las más actuales han recibido un promedio de 7,7 votos cada una.

Detrás de todas ellas se sitúan las bailaoras de los tablaos, con un total de 87 votos, que, divididos entre las 17, arrojarían un promedio de 5 votos por artista. Este dato no deja de ser sorprendente, ya que se trata de una gran generación de bailaoras, muchas de las cuales han desarrollado brillantes carreras profesionales y han logrado el reconocimiento internacional. Es más, las hay que aún continúan en activo o lo han estado hasta hace pocos años, por lo que su imagen sigue viva en la retina de muchos aficionados.

BAILAORAS POR ÉPOCAS Y Nº VOTOS (2)

Clasificación de las cantaoras

En el caso de las cantaoras, realizar la misma clasificación implica mayor dificultad, debido al gran número y a la variedad de artistas que aparecen en el listado. Para tratar de poner orden en el maremágnum de nombres arrojados por el estudio, hemos establecido los siguientes grupos de cantaoras:

CANTAORAS POR ÉPOCA HISTÓRICA (1)

Cafés cantantes (S. XIX): Un total de 21 artistas con una media de 5 votos por cabeza.

– Primeras décadas del siglo XX / Ópera flamenca: En este apartado se incluyen 11 artistas que suman 164 votos en total, si bien hacer la media no resultaría muy equitativo, puesto que más de la mitad de los votos corresponden a una sola.

– Etapa del Neojondismo: 17 artistas, con un promedio de 15 votos cada una. Este grupo sería el más relevante de todos, tanto por el número de cantaoras propuestas como por el grado de consenso de la muestra.

Los tres grupos restantes obedecen fundamentalmente a criterios generacionales:
– Cantaoras nacidas a partir de la segunda mitad de los años 40, que iniciaron su carrera en los tablaos: 8.
– Cantaoras que vieron la luz a partir de la década de los 60: 8.
– Artistas nacidas de los años 80 en adelante: 5.

En estos tres casos, el grado de consenso de los votantes es bastante reducido, con la excepción de una sola artista, Carmen Linares, que ha sido propuesta por más de la mitad de los participantes en el sondeo.

CANTAORAS POR ÉPOCAS Y Nº DE VOTOS TOTALES

 

Las más votadas

De los 133 nombres propuestos por las personas participantes, hay 94 que sólo han recibido entre 1 y 5 votos, es decir, que no llegan ni a un 5% de consenso.

Si depuramos un poco más y nos quedamos sólo con las artistas que han sido elegidas por al menos una cuarta parte de los votantes, resulta un elenco de 13 nombres, a saber:

Grafico 25 por ciento_bicolor

 

En el listado figuran 7 cantaoras, que suman un total de 434 votos, y 6 bailaoras, con un cómputo global de 261 votos. El 46% de ellas nacieron en el siglo XIX y más de la mitad son gitanas.

 

No obstante, el objetivo era seleccionar sólo a 10 artistas y, a pesar de la gran dispersión existente, podemos afirmar que éste se ha logrado con un grado de consenso importante, pues en él figuran 6 mujeres que han sido elegidas por mayoría absoluta y otras cuatro que cuentan con el respaldo de al menos el 28% de la muestra:

Grafico las 10

En el elenco final se sigue apreciando una clara prevalencia del cante sobre el baile, con 6 cantaoras, que suman un total de 412 votos, y 4 bailaoras, que acumulan 201 votos.

Si, además, se tiene en cuenta que 8 de las 10 elegidas son gitanas, se pone de manifiesto la influencia que a día de hoy sigue teniendo el mairenismo, que elevó a los altares el cante gitano andaluz y arrinconó el baile, que siguió creciendo y evolucionando en los escenarios extranjeros.

De hecho, la Perla de Cádiz, la Paquera de Jerez y Fernanda de Utrera son tres de las cantaoras más emblemáticas de la época del Neojondismo.

En ese contexto, también llama la atención la presencia de Carmen Linares, que rompe los cánones en muchos sentidos, pues es una artista no gitana y no enraizada en los territorios flamencos por antonomasia de la Baja Andalucía, que durante su extensa y brillante carrera ha sabido conjugar ortodoxia e innovación.

Si Carmen es la más joven de todas y la única artista viva del elenco, en el lado opuesto tenemos a cuatro mujeres nacidas en el siglo XIX. Entre ellas figura la cantaora Merced la Serneta, a quien se atribuyen varios estilos de cante por soleá, pero que no dejó grabaciones, por lo que su fama y prestigio se sustentan sobre la tradición oral.

Las otras tres son bailaoras. A la Macarrona nunca la hemos visto en acción, mientras que de Pastora Imperio y Encarnación López ‘la Argentinita’ circulan escasas grabaciones por internet, que realmente sólo nos ofrecen una breve pincelada de su arte.

Por último, con una abrumadora mayoría tenemos a las que se perfilan como las dos figuras indiscutibles de la historia del flamenco: la bailaora Carmen Amaya, con un 85% de votantes, y Pastora Pavón, ‘la Niña de los Peines’, con un 98%.

Qué duda cabe de que Pastora es la cantaora por excelencia, y en ese apoyo casi unánime que ha recibido por parte de los votantes seguramente tenga mucho que ver la revalorización de su figura gracias al trabajo de investigadores como Cristina Cruces y al apoyo de las instituciones públicas, que han velado por la conservación y difusión de su legado. No obstante, si hubiésemos de poner en la balanza la relevancia internacional de las artistas elegidas, probablemente los resultados fuesen otros.

 

Para dar una vuelta más de tuerca, y sin ninguna pretensión científica, hemos acudido a Google, a ver cuántos resultados arroja la búsqueda de esos diez nombres y de algunos más:

Grafico_Google

En Google gana por goleada Carmen Amaya, con casi 400.000 resultados. La sigue Carmen Linares, con 264.000. En una posición más modesta, con 126.000 resultados, aparece la Niña de los Peines, empatada con Cristina Hoyos, que en nuestra encuesta sólo ha sido votada por 9 personas (un 8% de la muestra).

Con 102.000 resultados tenemos a la Niña de la Puebla, otra cantaora excepcional, que en el presente estudio ha sido respaldada por 26 votantes (el 23%).

Más de 70.000 resultados obtenemos al buscar a Matilde Coral y Manuela Vargas, una cifra similar a la que consiguen la Argentinita o la Paquera de Jerez; mientras que Merche Esmeralda se sitúa en torno a los 40.000 resultados, lo mismo que la Serneta, la Perla de Cádiz o Fernanda de Utrera.

 

Propósitos de enmienda

A la vista de los resultados obtenidos y de las carencias detectadas en la selección de la muestra, consideramos que este estudio aún puede dar mucho de sí. Por tanto, lejos de concluirlo aquí, nos surge la inquietud y la necesidad de seguir profundizando, con más calma y mejor planificación.

Nos planteamos, por tanto, ampliar la muestra, incrementando la proporción de mujeres, de personas jóvenes y de determinados perfiles tales como artistas flamencos de distintas especialidades.

Asimismo, consideramos particularmente interesante conferir al estudio una dimensión internacional, solicitando la participación de personas procedentes de otros países, sobre la base de que la percepción del flamenco no es ni ha sido nunca la misma dentro y fuera de nuestras fronteras.

Nos encontramos, pues, de nuevo en el punto de partida… Ya veremos adónde nos lleva el camino.

 

Las elegidas

10.- Juana la Macarrona (Juana Vargas de las Heras. Jerez de la Frontera, 1870 – Sevilla, 1947). Magisterio y señorío, soberana de los cafés cantantes:

La bailaora Juana la Macarrona

 

9.- La Argentinita (Encarnación López Júlvez. Buenos Aires, 1898 – Nueva York, 1945). Artista total, creatividad, sublimación de la música y la danza popular:

Encarnación López, La Argentinita
 

8.- Pastora Imperio (Pastora Rojas Monje. Sevilla, 1885 – Madrid, 1879). Elegancia y majestad, fundadora de la Escuela Sevillana de baile:

Pastora Imperio (portada de La Unión Ilustrada, 7-9-1913)
 

7.- La Perla de Cádiz (Antonia Gilabert Vargas. Cádiz, 1924 – 1975).  Dulzura y compás, una voz privilegiada del cante gaditano:

LA PERLA DE CADIZ cortada

 

6.- Merced la Serneta (Mercedes Fernández Vargas. Jerez de la Frontera, 1840 – Utrera, 1912). El manantial de la soleá con alma de mujer: 

La cantaora Merced la Serneta

 

5.- Carmen Linares (Carmen Pacheco Rodríguez. Linares, 1951). La gran señora del cante de nuestros días: [Foto de Ana Torralva]


 

4.- La Paquera de Jerez (Francisca Méndez Garrido. Jerez de la Frontera, 1934 – 2004). Compás, torrente y personalidad, reina de la bulería de Jerez:  [Foto de Joan Tomás]

Paquera_Joan Tomas

 

3.- Fernanda de Utrera (Utrera, 1923 – 2006). Magisterio, jondura y sentimiento en el cante por soleá:  [Foto de Pepe Lamarca]

fernanda-de-utrera_pepe_lamarca

 

2.- Carmen Amaya (Carmen Amaya Amaya. Barcelona, 1918 – Bagur, 1963).  Un auténtico ciclón, la más universal de las artistas flamencas: 

CARMEN AMAYA_IMDB

 

1.- La Niña de los Peines (Pastora Pavón Cruz. Sevilla, 1890 – 1969).  Clasicismo e innovación, la excelencia suprema del cante: 

Pastora Pavon_mantilla