Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Doña Pilar López… o simplemente Pilar (III)

Durante el otoño de 1925 Pilar López visitó, junto a la Argentinita, distintas ciudades españolas como Vitoria, Alicante o Murcia. Las acompañaban un pianista y un guitarrista, e incluso llevaban a su propio director de orquesta. Durante su actuación en el Central Cinema de Alicante, con un caché de 2.000 pesetas entre las dos, ofrecieron un repertorio variado, del que merece la pena reseñar el dueto “El caimán” (El Luchador, 21-11-1925).

Pilar brilló como cupletista y también en su interpretación de otros números mucho más internacionales:

“La estrella tiene ahora su satélite, que es su hermanita Pilar, notable artista, bella mujer. En todo su repertorio se destaca notablemente, sobre todo, en ese número exótico, fino y gracioso titulado We have bannanas to day (hoy tenemos bananas). Para ella fueron las primeras ovaciones. Vaya una telonera de postín en todo.
Hoy nos estrenará Pilar un precioso cuplé de Luis de Tapia titulado ‘De largo’.
El éxito, como presagiábamos, ha sido definitivo” (El Luchador, 20-11-1925).

Pilar López (La Esfera, 3-4-1926)

Pilar López (La Esfera, 3-4-1926)

La prensa murciana resaltó la “moralidad y buen gusto” de las dos hermanas. Asimisimo, reconoció la notable transformación experimentada por Pilar, que “en el lapso de tiempo que ha transcurrido desde que estuvo aquí ha aprendido y progresado mucho, muchísimo, tanto que hoy es una artista acabada, hecha, que canta, dice y está en la escena con la seguridad y el aplomo de las consagradas” (La Verdad, 29-11-1925). En una entrevista concedida días más tarde a Agustín Iniesta, la Argentinita también se mostraba muy contenta por los avances de su hermana: “Hace tres años que debutó y tanto ella como el público y yo estamos mutuamente satisfechos” (La Verdad, 2-12-1925).

Estrella de varietés

Durante los años siguientes, Pilar López siguió cosechando triunfos en los teatros de variedades de toda España, en los que compartió cartel con bailaoras de la categoría de Custodia Romero o Carmen Vargas, y con artistas de otras muchas disciplinas. La prensa la calificaba de estrella y seguía destacando su arte, su simpatía, su elegancia, su lujosa presentación, su gusto exquisito, su armoniosa voz y, sobre todo, sus excelentes dotes para el baile.

En febrero de 1927 obtuvo en el Teatro Romea de Madrid “un éxito tan grande como merecido. […] Entre las «estrellas» jóvenes, esta artista sobresale con vigoroso relieve propio” (Nuevo Mundo, 4-2-1927). Uno de los mayores elogios se lo dedicó Juan Ferragut al compararla con su excelsa hermana: “Pilar, bailarina y cancionista, es como un reflejo de la Argentinita, si atenuado en cuanto al dinamismo, al nervio y a la gracia creadora, resplandeciente en el equilibrio dichoso de la juventud y la belleza” (Muchas Gracias, 11-2-1927).

Pilar López (La Esfera, 3-4-1926)

Pilar López (La Esfera, 3-4-1926)

Unos meses más tarde, a su paso por el Teatro Ruzafa de Valencia y el Cine Ideal de Alicante, siguió cosechando triunfos y alabanzas:

“Con las flores del arte y la belleza que son sus danzas y sus cuplés, ella perfumó el escenario y llenó de emoción todos los corazones… Tiene Pilar la gracia españolísima de la Argentinita, la elegancia divina de las bailarinas griegas, la sugestión picante y desfalleciente de Andalucía… Pronto Pilar Argentinita será única…” (La Correspondencia de Valencia, 9-6-1927).

“Hoy, Pilar […] puede ir sola, se basta para llenar un programa. Es una canzonetista mejor que muchas que son más que eso y pasan por estrellas. Es, además una superior bailarina, una estrella coreográfica verdad” (El Luchador, 18-7-1927).

En una entrevista concedida en esos días a Mario Arnold -que él tituló “Pilar, la bailarina de los ojos brujos”-, contó varias anécdotas y desveló algunos de sus gustos: la literatura de Palacio Valdés y Blasco Ibáñez, las películas de Lon Chaney, la música clásica de Beethoven, las obras teatrales de Benavente y los hermanos Quintero… (La Correspondencia de Valencia, 9-7-1927).

Y Pilar siguió afianzando su puesto entre las grandes, con su arte depurado y su dominio de las tablas (Levante Agrario, 29-10-1927), dejando patente que poseía “todas las condiciones y la categoría de Encarnación López” pero con “otro atractivo, el de la ingenuidad de unos doce años, aunque tiene veinte” (Diari de Granollers, 1-2-1928).

Pilar López (La Esfera, 21-1-1927)

Pilar López (La Esfera, 21-1-1927)

En su afán por seguir aprendiendo e innovando, hacía gala de una gran versatilidad. Lo mismo se la podía ver bailando un charlestón y un vertiginoso vals en el Teatro Maravillas de Madrid (La Libertad, 11-9-1927), que mostraba su lado más flamenco en el Principal Palace de Barcelona, acompañada a la guitarra por el profesor Antonio Álvarez (El Diluvio, 8-2-1928).

Primera vedette de ‘Cosmópolis’

En el verano de 1929, Pilar López entró a formar parte, como vedette principal, de la Compañía Hispano Americana de Blancos y Negros “Cosmópolis”, compuesta por un amplio elenco de artistas internacionales: el bailarín negro Paul Rood, las bailarinas Sotto Sisters (bailes modernos) y Hermanas Pipiolas (bailes españoles), el trovador americano Ziur, el humorista y transformista Rafael Arcos, la orquesta de blancos y negros Crombet Deswal Jazz y el quinteto cubano Kabedda Pictures.

En el mes de agosto comenzaron una gira por España que los llevó a recorrer numerosas ciudades, como Barcelona, Bilbao, San Sebastián, Vitoria, Oviedo, Burgos, Zamora, Salamanca, Zaragoza, Lérida, Huesca, Cáceres, Badajoz, Córdoba, Écija y Sevilla, para culminar en el mes de diciembre en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.

Pilar López (Correo Extremeño, 29-11-1929)

Pilar López (Correo Extremeño, 29-11-1929)

La “indiscutible ‘estrella’” (Heraldo Madrid, 29-8-1929) del espectáculo no era otra que Pilar, que “sale a escena y ya tiene medio éxito conquistado, con su belleza y simpatía. Luego, a medida que interpreta su programa, se adueña de la sala, especialmente en los bailes que marcan su sello personalísimo” (La Voz de Asturias, 15-9-1929). De hecho, una de sus grandes virtudes, según la crítica, es “su buen gusto en toda clase de bailes, especialmente en alguno de pura esencia cañí a pesar de su técnica modernísima” (La Voz de Aragón, 8-11-1929).

Mas su repertorio coreográfico, además de esos “bailes a la guitarra” (El Noticiero Sevillano, 21-12-1929), también abarcaba otros géneros. Junto al resto de sus compañeros, Pilar intervenía en distintos números de conjunto, con música cubana o de jazz:

“La orquesta White and Black’s es sencillamente notable por sus raros instrumentos y por la agradable y estruendosa (valga la paradoja) música de blancos y negros que hoy priva en Europa. Ejecutaron diversos números, algunos de los cuales fueron bailados por las ‘girl’s‘, Pilar, Deswal y el exótico Morit’z, que es un bailarín formidable.

En la primera parte se presentó un número de conjunto de ambiente típicamente cubano, en el que intervino toda la Compañía y finalizó el espectáculo con otro conjunto, la popular canción ‘Constantinopla’, dirigida humorísticamente por Rafael Arcos y bailada en el mismo sentido por todos los artistas, correspondiendo al baile típico de cada país” (Diario de Córdoba, 6-12-1929).

Además de una prodigiosa bailarina, Pilar López era una excelente cancionista que “dice y canta con exquisito arte y afinación” canciones cubanas y de jazz, acompañándose al piano como “una consumada maestra (Diario de Córdoba, 6-12-1929), o forma parte de un ‘jazz’ como pianista (La Voz de Aragón, 8-11-1929).

Pilar López (Las Provincias, 2-6-1929)

Pilar López (Las Provincias, 2-6-1929)

Por méritos propios, había conseguido alcanzar un puesto de honor en el olimpo de las variedades, en un momento en que, según Álvaro Retana (1), éstas se encuentran en decadencia, debido en parte a la desaparición de las grandes figuras de antaño -por edad, por matrimonio o por encontrarse de gira en el extranjero-, y a las excesivas exigencias económicas de las figuras emergentes, que hacían que el género ya no resultase rentable para muchos empresarios:

Pilar para nada necesita que se le anuncie en programas y carteles como hermana de la Argentinita, pues nada tiene que envidiarle a ella, ha llegado a la cumbre de este arte difícil de las variedades, hoy tan decaído, para brillar con luz propia como una ‘estrella‘ de primera magnitud” (Diario de Córdoba, 6-12-1929).

“… Pilar. Siempre guapa, siempre artista, su exquisita sensibilidad ha conseguido una adaptación del género moderno de varietés, tan discreta, tan selecta, que ha sabido deslindar cuanto en él existe de arte de aquella otra parte que pudiera rozar los linderos de la modernidad” (La Voz, 7-12-1929).

La agrupación Cosmópolis recibió el año 1930 actuando en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, con la intervención de la Argentinita como artista invitada. “Las dos hermanas se unieron en un último número final para bailar unas sevillanas muy aplaudidas” (La Voz, 7-1-1930). A finales de marzo la prensa anunció una nueva gira de la compañía por Portugal y norte de España, aunque sólo hemos logrado documentar su actuación en el Splendid-Casino de Argel (L’Écho d’Argel ,25-4-1930).

Encarnación López, La Argentinita

Encarnación López, La Argentinita

Durante los meses de verano, ya desligada de la troupe Cosmópolis, Pilar se presentó en distintos teatros madrileños, como Romea y Chueca, y también en Santander y Soria, junto a un nuevo elenco de variedades en el que destacaba la presencia de la polifacética Luisita Esteso, la bailarina negra Miss Topsy y el bailarín exótico Moritz, entre otras atracciones. El espectáculo que ofrecieron en el Casino del Sardinero “gustó mucho, sobre todo ella, que hizo una enormidad de cosas variadas para satisfacer al público, que no se cansaba de aplaudirla (sic)” (El Cantábrico, 11-9-1930).


NOTAS:
(1) “El género de las variedades, tan pujante a principios de siglo, entró en decadencia a mediados de los años veinte, debido en parte al agotamiento de las estrellas -unas dejaban los escenarios por edad, por matrimonio o por otros motivos; y otras se encontraban de gira por el extranjero-, por lo que sólo quedaban ‘cuatro o cinco estrellas sobresalientes que no eran suficientes en cantidad para realizar largas temporadas de arte frívolo.
Y las que surgían, dicho sea sin ánimo de molestar a ninguna, no llenaban en cantidad, ni en calidad, los huecos de las diosas mayores del género’” (Álvaro Retana, “El arte frívolo en España”, Ahora, 24-11-1935).

“El prestigio del arte frívolo radicaba en la baratura del acceso a los templos y en la frescura y juventud de las sacerdotisas. […]
Pero, cuando estas buenas chicas mimadas por el éxito empezaron a ajamonarse y a subir sus sueldos, y los empresarios para poder contratarlas se vieron precisados a elevar el precio de las localidades, sobrevino un descontento general que hizo imposible el negocio para todos” (Álvaro Retana, La Unión Ilustrada, 24-6-1923).


Lolita Astolfi, cuando el baile se convierte en sentimiento (IV)

En los primeros meses de 1924 Lolita Astolfi actuó en ciudades como Guadalajara, Zamora, Sevilla o Córdoba. Los cronistas ensalzaban su gran sentido del ritmo, su expresividad y capacidad de transmisión -la llamaron incluso “sacerdotisa del gesto” (Diario de Córdoba, 3-5-1924)-, y una legión de enamorados, no sólo de su arte, la asediaba a las puertas de los hoteles. Así lo contaba un reportero del diario La Voz (9-5-1924) que fue a buscarla durante su estancia en la ciudad califal: “Lolita es una tentación. De una simpatía extraordinaria. ¡Y con 18 años recién cumplidos! Tiene a su alrededor más de quince pollos en plan de ‘cicerones’. Unos, para acompañarla a la Catedral. Otros, a la Sierra. Y los espontáneos que a última hora se brindan a convidarla a chocolate…”

Lolita Astolfi (Castilla, 14-12-1924)

Lolita Astolfi (Castilla, 14-12-1924)

La bailaora del gesto y el sentimiento

Después de varias pesquisas, por fin pudo localizarla en el cine, viendo una película junto a su madre, y consiguió entrevistarla durante la proyección. Lolita le habló de sus comienzos, de su familia, de sus viajes, y el representante del teatro, también presente, se refirió a ella en estos términos: “Esta chiquilla ha llegado, por ser rebelde. Es creadora de un género nuevo del baile. No se ha sometido a maestros, ni ha copiado de otra alguna. Repentiza ella sus bailes, que acompaña con esos gestos tan suyos, tan evocadores, que no se repiten dos veces…” (La Voz, 9-5-1924).

A su regreso a Madrid, actuó en una fiesta benéfica celebrada en el Hotel Ritz, a la que asistieron los reyes y la infanta Isabel, y cosechó un nuevo éxito personal durante su presentación en el Teatro Rey Alfonso, con números como “Amanecer granadino”, una obra de gran “belleza y riqueza melódica […] original del maestro Arquelladas” (La Voz, 29-5-1924). También bailó piezas como “Quien no vio Sevilla” o “Antillanas”, en las que hizo “un verdadero alarde de interpretación” (La Unión Ilustrada, 15-6-1924).

Lolita Astolfi, por Pellicer (El Imparcial, 21-12-1924)

Lolita Astolfi, por Pellicer (El Imparcial, 21-12-1924)

La gira veraniega de ese año la llevó al Gran Kursaal de San Sebastián y al Gran Casino del Sardinero, en Santander, donde volvió a triunfar con su arte singular, al alcance de muy pocas: “Sus bailes […] son verdaderos poemas bailados, pues con la gracia sugestiva de su persona, la sonrisa encantadora de su cara y la luz y picardía de sus ojos, da a sus bailes una expresión tan singular que parece que son bailes hablados” (El Cantábrico, 29-7-1924).

Ya en otoño, compartió cartel en Salamanca con Estrellita Castro y en el Teatro Maravillas de Madrid, con Carmen Vargas, y después volvió a presentarse en Romea. Las crónicas destacaban el modo en que Lolita Astolfi había “logrado dar a sus bailes una personalísima línea, llena de gracia y buen gusto” (ABC, 25-11-1924), y la calificaban de bailaora “expresionista”, pues “domina el gesto” y en su rostro “pueden claramente verse los distintos sentimientos de dolor, alegría, triunfo y abatimiento que la música de sus bailes hace experimentar a su alma de artista” (La Opinión, 16-12-1924). Por todo ello, era considerada “una de las figuras más interesantes de la escena de las ‘varietés’” (El Imparcial, 21-12-1924).

Lolita Astolfi (Mundo Gráfico, 7-10-1925)

Lolita Astolfi (Mundo Gráfico, 7-10-1925)

También pasó por Toledo, Guadalajara y el Teatro de la Comedia de Madrid, y en abril de 1925 acudió puntual a su cita con el público sevillano. En el Teatro Lloréns compartió cartel con la Niña de los Peines y Manuel Vallejo, entre otras figuras. La “más graciosa y mejor artista” de la tierra “dejó maravillados” a sus paisanos “con las filigranas de sus bailes”, e incluso se la comparó con la genial Antonia Mercé (El Liberal de Sevilla, 11-4-1925). Continuó después con su exitoso periplo por ciudades como Alicante, Málaga, Madrid -Maravillas, Ideal Rosales…- o Vitoria.

Primera incursión en el cine

Asimismo, en 1925 debutó como actriz dando vida a Soledad, uno de los personajes principales de la película El niño de las monjas, dirigida por Antonio Calvache ‘Walken’ y basada en la obra homónima de Juan López Núñez. El 11 de diciembre, grandes personalidades de mundo del arte y la cultura, como Mariano Benlliure, Jacinto Benavente, Julio Romero de Torres, Joaquín Sorolla o la propia Lolita Astolfi, ofrecieron un homenaje al director en el Restaurant Molinero de Madrid, al que asistieron figuras como la Argentinita (La Libertad, 10-12-1925).

En el otoño de 1926, la Astolfi emprendió una gira por Galicia junto a la cupletista Paquita Garzón, con paradas en El Ferrol, La Coruña, Pontevedra, Vigo y Santiago de Compostela. Los diarios se refirieron a ella como “una de las artistas coreográficas que más grande y justificado renombre posee hoy en su género, y goza del más sólido prestigio” (El Correo Gallego, 23-9-1926); destacaron su gran personalidad y originalidad, la variedad y finura de sus números, y el lujo de su presentación.

Lolita Astolfi (Muchas Gracias, 3-12-1926)

Lolita Astolfi (Muchas Gracias, 3-12-1926)

El baile hecho poesía

Tras cosechar un nuevo triunfo en Zaragoza, en el mes de noviembre regresó al Teatro Romea de Madrid, y lo hizo, “como siempre, […] con todo el repertorio nuevo y escrito para ella” (El Imparcial, 16-11-1926), que de cada baile hacía una auténtica creación en la que ponía todo su “entusiasmo, nervio, gracia y simpatía” (La Voz, 18-11-1926). El periodista Fernando Hernández Exposité confesaba no haber olvidado la “honda […] impresión estética” que experimentó al verla el verano anterior en el Kursaal Gaditano, al que hubo de “volver muchas veces más” para “saturar[se] de belleza ante la grácil ejecución de aquellos breves poemas sin palabras”. De este modo describía la absoluta entrega de Lolita a su arte sobre las tablas de Romea:

“Esta noche, en Romea, he vuelto a ver al hada menudita de romántico recuerdo. […] al verla aparecer envuelta en el cono luminoso del reflector, sentí mi corazón saltar alborozado […] Son sus mismas características inconfundibles con que ilustra la muda elocuencia del baile: las sonrisas de alegría triunfal, la actitud de angustia amenazante, el mismo gesto fatalista y sombrío de los momentos patéticos, idéntico el pudor de la virgen curiosa ante la página inédita del amor… […]

Todo el mundo sabe que Lolita es una enamorada de su propio arte. […] Con la fe del creyente, […] se entrega al sortilegio de sus bailes únicos con voluptuosa complacencia, con delectación refinada, en una entrega de su ser todo al poder taumaturgo de esa deidad inmaterial que la ha poseído desde la cuna. […] Sin esfuerzo, con placer, […] el alma enamorada de Lolita -toda ella es un alma envuelta en la locura polícroma de un mantón de Manila- baila y baila, incansable, feliz, sintiéndose arrebatada fuera del mundo, más arriba de las estrellas…” (El Noticiero Gaditano, 14-12-1926, p. 1).

Lolita Astolfi (¡Tararí!, 17-12-1927)

Lolita Astolfi (¡Tararí!, 17-12-1927)

La reina del baile flamenco

Siempre generosa, durante su estancia en Madrid colaboró en varios festivales benéficos. Asimismo, en esa época realizó una segunda incursión en el cine, de la mano de Benito Perojo, que rodó una adaptación de la obra “Malvaloca”, de los hermanos Álvarez Quintero. La cinta, que se estrenó en los primeros meses de 1927, tuvo una estupenda acogida, por ser “una hermosa página de costumbres y bellezas de la tierra andaluza, […] una visión amplificada, perfeccionada” (La Nación, 7-3-1927), de la obra original, en la que no faltaban las saetas ni una típica fiesta, en la que lucía su arte la sevillana. Durante el mes de marzo, la película fue proyectada en el Cine de Callao, entre otras salas madrileñas, y Lolita Astolfi puso el broche de oro, con sus bailes, en el fin de fiesta.

Durante la primavera del 27 “la reina del baile flamenco” (ABC, 1-4-1927) también actuó en el Cinema Argüelles de la capital, compartiendo protagonismo con el cantaor Angelillo, y causó sensación, como cada año, en la Feria de Abril de Sevilla, bailando con Pilar Molina y Soledad la Mejorana (El Liberal de Sevilla, 21-4-1927).

Lolita Astolfi (Der Querschnitt, vol. 6, 1970)

Lolita Astolfi (Der Querschnitt, vol. 6, 1970)

En el mes de octubre se presentó en el Teatro Ortiz de Murcia, convertida en la “artista por excelencia”, que ha sabido engrandecer su género “hasta llegar a lo sublime” (Levante Agrario, 7-10-1927). Con su variado repertorio, “con ese depurado arte suyo”, consiguió “cautivar a los espectadores”, que le regalaron una prolongada ovación. “Gustó mucho el ‘fandanguillo serrano’ donde la artista hace verdaderas filigranas y en el que más cuida de guardar la línea; danza sin descomponer la figura ni un momento; en una palabra, la creación que hace la Astolfi de este baile es inimitable”. Asimismo, ofreció varios números acompañada a la sonanta por Teodoro Castro, en los que demostró “un dominio absoluto del baile flamenco” (Levante Agrario, 8-10-1927).

Junto a ese mismo guitarrista actuó en las “tardes aristocráticas” del Teatro de la Comedia de Madrid y colaboró en una función benéfica celebrada en Apolo; y, ya en el mes de diciembre, participó en un festival organizado por la Asociación de la Prensa de Sevilla en el Teatro San Fernando. Para Lolita Astolfi, que, “depurada su sensibilidad de bailaora”, se encontraba “en plena granazón, espléndida de su talento, su hermosura y su gracia” (El Noticiero Sevillano, 4-12-1927), ésta sería una de sus últimas actuaciones antes de retirarse de los escenarios para contraer matrimonio.

En el matrimonio no halló la felicidad

El enlace, de carácter íntimo, se celebró el 29 de diciembre de 1927 en Villa Astolfi, el domicilio madrileño de la artista. El elegido fue Pedro Rodríguez de Torres, “de aristocrática familia ecijana” y bendijo la unión “el sacerdote perteneciente al clero palatino, don Ventura Gutiérrez de San Juan” (El Noticiero Sevillano, 8-1-1928). Pronto llegaron los hijos, Leopoldo y Jaime, mas poco duró la felicidad.

Lolita Astolfi y Pedro Rodríguez de Torres el día de su boda (Mundo Gráfico, 11-1-1928)

Lolita Astolfi y Pedro Rodríguez de Torres el día de su boda (Mundo Gráfico, 11-1-1928)

En marzo de 1930, en plena noche y acompañada por su abogado, Baldomero Montoya, Lolita “se presentó llorando al juez de guardia, y contándole desdenes, agravios y miserias, le pidió medidas de seguridad y garantía para su persona” (El Liberal, 26-3-1930). El juez ordenó su depósito a fin de tramitar la demanda de divorcio. A. Teixeira, en El Imparcial, dedicaba un artículo al “drama de esa mujer que se arrancó sus caireles para lograr la felicidad y llora el dolor de no haberlo conseguido”:

“… Un buen día, un mal día, oyó seriecita e impresionada cierta declaración de amor […] ¿Quién era aquel hombre? Un señorito ecijano, millonario y postinero que dejó sus cortijos, y sus ganados […]
Lolita Astolfi rindióse al señorito ecijano. Arrumbó -como ella dice- castañuelas y ‘faralaes’; dio un adiós sin reservas de añoranza melancólica al pasado de su vida; y se casó con el señorito…
¿Fue feliz en la gloria de dos hijos; en el ambiente de respeto que formaron sus austeridades y desvelos de mujer honrada? Debió serlo pero no lo fue […].
No fue feliz porque el señorito ecijano que se casó con ella, de quien se enamoró fue de la bailarina. La bailarina dejó de serlo, y para la otra ya no tuvo amor… Lolita Astolfi se casó en cambio con el posible esposo bueno, y se quedó con el señorito ecijano” (El Imparcial, 27-3-1927, p. 3).


“Carmen Vargas, la nueva reina gitana”

“La artista

Hace unos años, muy pocos, apareció en el escenario diminuto de Romea, pedestal de tantas estrellas, una chavalilla gitana. Tenía la chavala un nombre sugestivo, toda una evocación: Carmen; y su apellido decía su pura estirpe cañí. Entonces la conocimos. Una noche inolvidable apareció ante nosotros. La escena se transformó, y el lindo tablao fue trono de aquella niña morena que bailaba como ninguna, que como ninguna reía. Extraña criatura la niña aquella. Aún recordamos sus bailes; aún vemos suelta, su negra cabellera, que caía sobre una arbitraria bata roja. ¿Una bailarina más? No; con Carmen Vargas (1) había nacido aquella noche una artista extraordinaria, que no se parecía a ninguna, mejor que todas las de su raza.

Carmen Vargas

Carmen Vargas

Carmen Vargas llega hoy a nosotros y se ofrece a nuestra admiración en la plenitud de su arte intuitivo, un arte personalísimo. No puede haber comparaciones, porque ella baila mejor que todas, porque dice con el mimo riente de su cara lo que nadie ha sabido decir. El baile tiene en ella una nueva expresión. Sus ojos imperiales y su boca sensual ríen siempre, en optimista comentario a la vida ardiente, desesperación de deseos carnales que sus bailes glosan.
Carmen Vargas, hembra del Sur, ha cogido toda la ardiente sensualidad de la tierra andaluza, morena como su carne, y sobre el dramático deseo; eterna lucha: -desdén e incitación, posesión y entrega-, ha puesto el luminoso triunfo de su risa, alegrando el deseo, ennobleciendo el instinto, poniendo sobre el rugido, la elegancia de un suspiro de su boca.
¡Cuántas cosas dice el alma gitana de Carmen Vargas! Es una llama viva, que retorcimientos de llama hay en su talle, y es una luz. Quema y alumbra. Nos embruja y nos lleva prendidos en la fibra de su falda gitana, pero nos liberta, y nos entrega, para toda la vida, el sol de sus ojos, la risa de sus labios, con el recuerdo imborrable de su cara que ríe al pecado, que ha triunfado de él, risa que parece extrañarse, altiva y desdeñosa, del ritmo sensual de las caderas impacientes y pecadoras.

Carmen Vargas

Carmen Vargas

Lo que hay en sus bailes

Acaso algún día cambie Carmen Vargas su repertorio. El de hoy es personalísimo. Nadie le ha enseñado nada; baila como quiere, sin ajustarse a patrón. Su maravillosa intuición la guía como una estrella.
– ¿Cómo te hicistes (sic) bailarina?
– Pos verá: cuando chiquiya, al sentí una guitarra de no sé dónde, me daban unos tironazos por dentro. La guitarra seguía tocando y yo sentía uno repeluco la má de grande. No me podía está quieta. Un día rompí a bailá y aquí me tiene.
– ¿Te acuerdas de tu debut?
– Cuando tú me conociste, en Romea, tenía yo catorce año. Hacía farta sacá pa los chícharos y me decidí. Me presenté yo solita y Campúa (2) no quiso amitirme. Por fin me contrató. Me proporcioné aqueyos trajes que tú recuerdas y empecé a bailá lo mío, lo gitano, y unos ‘fostroces’ de mi invención, unos ‘fostroces’ flamencos que a la gente le gustaban la má.
Y soñaba con vení a mi tierra, porque a mí me echaron el agua en San Juan de la Parma, y por fin vine a Sevilla, que es la cuna der arte. Aquí he gustao, y ¿pa qué quio má?
– ¿Cómo sientes el baile, Carmen; qué hay en tu arte?
– ¿En mi baile? ¿Qué hay en mi baile? ¡Pos baile, ná ma que eso: baile!
Estamos en el estudio de Alfonso Grosso. El ya ilustre pintor sevillano siente por Carmen una verdadera admiración. Dos veces la ha llevado a lienzo, y la gitana maravillosa alegra ahora señoriales estancias de Nueva York, fijadas para siempre su sonrisa y su mirada bruja, por el mago pincel del joven artista.

Carmen Vargas

Carmen Vargas

Como nos oye charlar y sonríe, Carmen no quiere saber de sutilezas. Lo que los demás vemos en sus bailes, ¿qué importancia tiene para ella? Ella no ve más que el baile; ‘eso: ¡er baile!’
Y, sin embargo, nosotros, ante Carmen Vargas, ante su arte excepcional, único, interpretamos, dándole la más alta categoría artística, la línea estremecida de su cuerpo decuente.

… ‘El vientre deseado,
sabio en sabrosos movimientos, gira…
Todo en su danza es el deseo osado
que, sin pudor -¿qué es el pudor?- se estira…

Así dijo Ardavín de Tórtola Valencia, y así diríamos nosotros de Carmen Vargas, que

“¡Es el pecado Capital!
Y es Sulamita y Salomé
y es Afrodita y Astarté!’

El estudio se alegra con la risa de Carmen. La Vargas, inquieta, versátil, desespera al pintor y al periodista. Ni él puede pintar, porque no hay medio de hacer que la traviesa chiquilla esté quieta, ni yo puedo preguntar porque no hay forma humana de fijar las ideas de esta bella cabecita, más inquietas que los faralaes de su falda pomposa.
Grosso quiere servir de intérprete, más versado que yo en el trato con los gitanos, pero Carmen rehúye el interrogatorio.

Carmen Vargas

Carmen Vargas durante la entrevista

Grosso pintará su cuadro. ¡Dichoso él que puede recoger los gestos maravillosos de expresión de esta gitanilla que ya es Reina! Yo tengo que conformarme con unas divagaciones en torno a su arte excepcional. Carmen se encomienda a mí.
– Lo que tú quieras, ¿sabe? Lo que tú quieras. ¡Pon en el periódico lo que te dé la gana, que será más bonito que lo que yo te diga!
Y Carmen sigue bromeando. Viéndola así, adoraremos más y más su arte que no sabe de ficciones, que es, como ella, sencillo y complicado, extraño, inquieto, como la raza gitana, pero como ella impresionante, atrayente.
Viéndola danzar, hermana de Esmeralda, enloqueciera otra vez Claudio Frollo; por sus caderas rotundas, por sus negros ojos y por el caliente suspiro de su boca perdiera su alma Don José, el navarro.
Y nosotros, ahora, en nuestra atonía, en nuestra desilusión por todas las cosas, ante el panorama de España, huyendo de problemas fundamentales, si nos preguntaran cuál es nuestra fe, diríamos que la anatomía de Carmen Vargas. Y ante la realidad positiva de su artes, olvidaríamos ficciones desoladoras. Acaso no queda ya más verdad en España que ésta que alegra nuestros ojos, flor del camino, sonrisa que nadie podrá entristecer.

Carmen Vargas

Carmen Vargas

Un poeta ha dicho que España es

“¡Un mantón de Manila extendido en el Mar…!
¡Un mantón de Manila para que dancen ellas!’

¿Para que dancen ellas? ¡Más vale así! Y admiremos esto que nadie nos podrá quitar; creamos en esta fe de la que nadie nos privará, porque son ellas,

‘¡Que tienen el derecho de clavar su tacón
en nuestro corazón!
¡De clavárnoslo bien
para ver si nosotros resurgimos también!’

El mito de Carmen y el mito de Venus

Hablemos de ella como mujer. ¿Un elogio? No; una recomendación: verla. Digámoslo imperativamente: ¡vedla!
Para elogiar a otra artista gitana, bailarina como la Vargas, se la ha llamado la ‘Venus de bronce’ (3). A Carmen no la podríamos llamar Venus, ni aún en elogio de su cuerpo prodigioso. El mito de Venus y sus ritos hablan de helénicas serenidades, dicen el bronce y el mármol, frías materias, ojos que no tienen mirada.
‘¡Carmen!’; ¡he aquí el mito literario que alumbró Meimée! He aquí el mito accidental, encarnación andaluza.
A la Vargas jamás la apellidaríamos Venus; le basta con ser Carmen, Carmen gitana como la de Merimée. Este nombre encierra el más bello mito y dice más; es más evocador. Es Andalucía; es más, es una raza. ¿Venus? ¡No! Mujer de carne y hueso. Todo un rango geográfico y etnográfico tiene este nombre que el abuelo Merimée llevó a la Literatura. Carmen, todo el dinamismo, toda la paradoja, la versatilidad y la pasión gitana, pasión por la libertad, sugestión de la vida nómada. ¿Arte? En tanto va bien con la intuición, en tanto es ‘una cosa que tira de dentro’, como dice ella. Eso es la Vargas: el alma de Carmen, todo un mito occidental, alumbrado en los días románticos. Su cuerpo tiene estremecimientos carnales, caliente voluptuosidad de la sangre gitana…

Custodia Romero, la Venus de Bronce (Crónica, 1-11-1931)

Custodia Romero, la Venus de Bronce (Crónica, 1-11-1931)

A ella le basta con ser ella. Sobre la armonía del bronce y del mármol, frías, armonías, cánones y Academias, está el triunfo vivo de un cuerpo. ¿Venus? ¿Para qué? ¿Mujer de carne y hueso? ¿Bronce? Sí; pero un bronce vivo que sabe reír como nadie, bronce que no excluye ni el coral de sus labios, ni la nácar de sus dientes, ni los soles gemelos, que son sus ojos bajo el abanico faraónico de las largas pestañas. Y la cabeza de emperatriz que tiene gestos extasían a Grosso, frente breve baja, el negro casco de su pelo…

La buena ventura

Carmen ríe, como siempre.
Ahora, en el Paseo, charlamos mientras cae la tarde.
A nuestro lado llegan unas gitanas.
¿Han adivinado que Carmen es de su raza? No sé, pero ellas insisten en decirle la buena ventura. Carmen alarga su linda mano, pero la retira vivamente y exclama:
– ¡Qué mala vista tienes, gachí? ¿Pero no me diquelas? ¿Quiés que te la diga yo?
Las gitanas se alejan zalameras.
Carmen las sigue con una larga mirada nostálgica. Ahora, en sus hermosos ojos, hay chispas de fragua. Suenan los Martinetes y los Polos. Es la raza, más fuerte que todo. Carmen, muy atenta a una voz interior, recuerda las viejas canciones compañeras del trabajo y el camino, siempre a través de las carreteras andaluzas, a lo largo de las calles, de Córdoba, de Granada, de Sevilla, de Cádiz y a la vera de Gibraltar contrabandista, vivero de Milores enfermos de ‘spleen’ y amigos de la alegre gitanería.
Las gitanas ya se han ido. Ahora, Carmen Vargas mira a unos claros brillantes que ya lucen en su pecho.
¿La buena ventura? Nosotros, amigo Grosso, podemos decírsela. Nosotros leemos en el porvenir de nuestra admirada amiga, acaso, acaso mejor que ella misma. Pero… ¿nos hará caso si un día tomamos su linda mano y le leemos todo lo que Dios ha escrito en ella?”

NOTAS:

* Artículo publicado por M. Sánchez del Arco en El Noticiero Sevillano el 10 de octubre de 1926. Ha sido localizado por José Luis Ortiz Nuevo y está disponible en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

(1) La bailaora sevillana Carmen Vargas alcanzó gran notoriedad a partir de 1920.

(2) El jerezano José L. Demaría López, ‘Campúa’, desarrolló su carrera en Madrid. Trabajó primero de fotógrafo y después de reportero, para revistas como Nuevo Mundo o La Esfera. En los años 20 se convirtió en empresario teatral de locales como el Teatro Romea.

(3) La bailaora Custodia Romero también era conocida como la Venus de Bronce.


Luisa Pericet, gran maestra y coreógrafa de la Escuela Bolera (II)

En 1924, el cuadro de Pericet vuelve a presentarse en el Teatro Circo de Verano de Cádiz, junto a la compañía de zarzuela de Diego Valero y Manolo Codeso. Poco después, toda la troupe regresa a la ciudad de la mezquita, donde tantos éxitos ha cosechado. Una vez más, las chicas de Pericet ponen el broche de oro al espectáculo, con un actuación llena de gracia y flamenquería:

“Como final se celebró una fiesta andaluza, en la que tomaron parte las simpáticas chicas del grupo coreográfico que dirige el maestro Pericet, y los ‘cantaores’ de lo ‘jondo’ Niño de Granada y Manuel Cobos, acompañados a la guitarra por Alfonso Alfaros. […]

Bailó por lo flamenco la estupenda y simpatiquísima Carmencita Vargas, tocándole el gran ‘Rosquillas’, siendo frenéticamente aplaudida.

Terminó la función con una zambra gitana, en la que tomaron parte todas las artistas, actuando muy lúcidamente las chicas de Pericet” (La Voz, 6-2-1925).

La bailaora Carmen Vargas

La bailaora Carmen Vargas

A mediados de febrero de 1925, la compañía Valero-Codeso recala en la ciudad de Melilla y, durante casi dos meses, llevan a escena distintas obras en el teatro Alfonso XIII. Como viene siendo habitual, el fin de fiesta corre a cargo del cuadro Pericet, en el que destacan especialmente las hijas del maestro. La polifacética Conchita exhibe sus buenas dotes como bailarina, cantante y hasta saetera, mientras que Luisita, a pesar de su juventud, también muestra la gran artista que lleva dentro:

Conchita Pericet cantó de modo inimitable la canción de la banderita, viéndose obligada a repetirla entre los clamorosos aplausos. También fue aplaudida en ‘Las musas latinas’ y en ‘Don Quintín el amargao’. […]

Carmen Prieto, Adelita Chaves y Luisita Pericet, también se hicieron aplaudir justamente al cantar y bailar con su peculiar arte” (El Telegrama del Rif, 20-2-1925).

“En ‘Don Quintín el amargao’ fue justamente aplaudida la notable y bella artista Conchita Pericet, que cantó con su peculiar exquisito arte. También lo fue al cantar magistralmente unas saetas.

Finalmente, en ‘El apuro de Pura’ se destacaron la señora Pol Liñán y los señores Valero y Codeso. Conchita Pericet volvió a cantar notablemente, oyendo entusiastas aplausos, así como las bailarinas Carmela Prieto, Adela Chaves y Paquita Soriano” (El Telegrama del Rif, 28-2-1925).

“En ‘El gato montés’ […] insuperable en su papel de gitana, del que hizo una asombrosa creación, la admirable tiple Conchita Pericet, que cantó en su peculiar arte, haciendo alarde de su bien timbrada voz” (El Telegrama del Rif, 3-4-1925).

Luisa Pericet (La Unión Ilustrada, 15-11-1925)

Luisa Pericet (La Unión Ilustrada, 15-11-1925)

Nuevos triunfos en familia y gira por América

En agosto de 1925, ya desvinculadas de la compañía Valero-Codeso, las hermanas Pericet conquistan al público malagueño:

“se presentó la troupe que dirige el notable maestro de baile Ángel Pericet, que está considerado uno de los mejores maestros de baile españoles.

Los números fueron de conjunto fueron muy aplaudidos y particularmente las bellas artistas Conchita y Luisa Pericet que, como cupletista una y la otra como cupletista y bailarina, son notables y fueron también muy aplaudidas en los diferentes números que interpretaron” (La Unión Ilustrada, 2-8-1925).

En 1926, Luisa, Conchita y Ángel Pericet Jiménez son contratados en Buenos Aires, adonde viajan junto a un grupo de artistas sevillanos, como Lolita Benavente. (2) Cuando regresan a España, a mediados de 1927, las dos hermanas inician una nueva etapa profesional junto a la Compañía de Arte Moderno Alegría Enhart, con la que emprenden una gira por provincias.

Gira con la troupe Alegría Enhart

Durante los meses de julio y agosto presentan en Cádiz y Córdoba la revista Yo me caso con usted, un “apropósito cómico-lírico-bailable, original de los señores Paso (padre e hijo) y A. Extremera […]. Es agradable, distraído y lleno de encantadora frivolidad” (La Voz, 19-8-1927).

También en tierras cordobesas, estrenan Oro, seda, sangre y sol, una obra compuesta por “escenas típicas españolas y mejicanas, de cantables, bailables, diálogos y cuadros de conjunto” (El defensor de Córdoba, 22-8-1927), en el último de los cuales el señor Enhart, transformado en “El Niño del Bicarbonato”, lidia un auténtico novillo.

Ángel Pericet Jiménez

Ángel Pericet Jiménez

A finales de agosto, la compañía debuta en el teatro Fuencarral de Madrid con las dos obras mencionadas. La crítica destaca la actuación, entre otras, de las hermanas Pericet:

“En Yo me caso con usted se canta por todos los tonos y estilos -del cupletero al ‘jondo’-, se baila también en las más variadas formas y desnudos; hay diálogos graciosos y, finalmente, se lidia un becerro en el escenario. […]

En la interpretación se destacaron la señorita Olga, gran bailarina, las hermanas Pericet y Mary Larrea, del sexo femenino, y Lorente, Enhart, Alegría, entre el sexo feo” (El Imparcial, 28-8-1927).

“Estos notables actores y sus huestes –Pericet, Mary Laura y Wences sobre todo- cosecharon muchos y justificados aplausos” (Heraldo de Madrid, 29-8-1927).

Tras actuar durante varias semanas en Madrid, la compañía continúa cosechando éxitos en Palencia. Ahí les perdemos la pista durante más de un año. En diciembre de 1928 la prensa sitúa a la troupe en Tenerife, con un repertorio renovado, que incluye, además de las ya mencionadas, nuevas revistas, como Las mujeres mandan o La Flor de España.

“En [esta última] revista se dan a conocer numerosos bailes españoles y extranjeros y está cuajada de chistes, que el público recibió con grandes muestras de agrado.

De los diversos números que forman La Flor de España se destacó el bailable Tabaquillo y la serenata de J. Malats, bailada irreprochablemente por la señorita Olga.

Todos los cuadros fueron presentados con gran lujo de decorado y las señoritas del conjunto lucieron trajes vistosísimos” (El Progreso, 12-12-1928).

En junio de 1929, la compañía Alegría Enhart y su Flor de España llegan a Melilla. El espectáculo

“fue de completo agrado del público, pues los diversos números interesaron y divirtieron. La presentación de todos los cuadros, lujos y artística, mereció elogios.

De los artistas, algunos de verdadero mérito, se destacaron Olga, Mary Laura, Olga Petit, las hermanas Pericet -ventajosamente conocidas de este público- y los excelentes humoristas Enhart y Alegría” (El Telegrama del Rif, 11-6-1929).

Compañia Alegría Enhart en Tenerife (1928)

La Compañía Alegría Enhart en Tenerife (1928)

Durante el otoño de ese mismo año, la troupe visita ciudades como Málaga, Granada y Almería. Las dominadoras, Sevilla 1929, Artistas y modelos, y Los ases de la pantalla son algunas de las nuevas revistas que se van incorporando al ya clásico repertorio de la compañía, que en 1930 continúa su periplo por Madrid, Alicante, Valencia, Reus, Huesca o Badajoz, entre otras localidades.

En enero de 1931, los Alegría Enhart estrenan en el teatro Reina Victoria de Melilla la revista ¡Oiga… oiga!. Unas semanas más tarde recalan en la tacita de plata, con su conocida Oro, seda, sangre y sol. De allí marchan a Córdoba y, en el mes de junio, se presentan en Málaga, siempre con gran éxito.

“[Gran Teatro Falla de Cádiz] También fue premiado con abundantes aplausos el cuadro final, titulado ‘Humo brasileiro’ por Olga y Luisita Pericet.

En el segundo acto, más ligero y de menos valor musical, fue bisado a más del desfile por toda la compañía, perfecto conjunto, de un gran efectismo; unas bonitas granadinas por Conchita Pericet” (El Noticiero Gaditano, 4-3-1931).

“[Málaga] Continúa en el teatro Lara la gran compañía de revistas Alegría-Enhart, que como se sabe hizo su debut el 15 de mayo.

Las muchísimas simpatías que en Málaga tiene, contribuye (sic) a que todas las noches el teatro Lara se vea completamente lleno.

Los elementos con que cuenta son inmejorables, pues a más de las ya conocidas Olga, Lita Enhart y las hermanas Pericet, muy queridas del público malagueño, se encuentra la bellísima Carlota Bilbao […].

En conjunto una compañía muy a la moderna que consigue triunfos en cualquiera de las partes donde actúa” (Política, 6-6-1931).

NOTAS:

(1) Dato aportado por Marta Carrasco en su obra La Escuela Bolera Sevillana. Familia Pericet, Consejería de Educación, Cultura y Deporte, Junta de Andalucía, 2013.

(2) Ibídem.


La Quica, maestría y temperamento (I)

“Esta mujer, de rostro moreno y esbelta figura, viste con irreprochable propiedad el traje de flamenca, dando la sensación de pertenecer a la más depurada raza cañí, aunque no es gitana.

Sin duda alguna es la bailadora de más temperamento que se conoce hoy y de las que mejor saben llevar las batas de cola y el pañolillo de Manila” (1).

Así describe Fernando el de Triana a Francisca González Martínez, bailaora sevillana nacida en 1905 y conocida artísticamente como “La Quica”. En su ciudad natal, esta artista se inicia en el mundo de la danza en la academia del maestro Otero y debuta junto a Antonio de Triana en el Salón Imperial (2).

Francisca González, La Quica

Francisca González, La Quica

Más tarde se une, tanto en la vida como en el arte, a Francisco León, Frasquillo, con quien abre una academia de baile en el Corral del Cristo, en la sevillana calle Pedro Miguel. La pareja también actúa en distintos escenarios, como el del antiguo Salón Olimpia, en la calle Amor de Dios (3).

De gira por España junto a Frasquillo

A finales de la década de los veinte, La Quica y Frasquillo emprenden una gira por España junto a una compañía de ópera flamenca en la que figuran algunos de los mayores artistas del momento, y de todos los tiempos, tales como Antonio Chacón, la Niña de los Peines o Manuel Vallejo.

Durante el verano de 1928, el grupo se presenta en ciudades como Valencia, Córdoba, Cádiz o Badajoz. En El Noticiero Gaditano podemos leer los nombres que componen el elenco:

“Anoche se celebró en el Parque Genovés un grandioso concierto de cante flamenco.

El programa estaba confeccionado con los mejores elementos flamencos que existen en España.

Los artistas que tomaron parte fueron don Antonio Chacón, ‘pontífice del cante jondo’, Niña de los Peines, Manuel Vallejo, José Cepero, Guerrita, Chato de las Ventas, Bernardo el de los Lobitos, y el Niño de Sevilla.

Los tocadores de guitarra eran Ramón Montoya, Luis Yance, Manuel Martell y Manuel Bonet.

Figuró un numeroso cuadro de zambra gitana compuesto por Carmen Vargas, Juan Sánchez (Estampío), Frasquito, Rovira, El Tobalo, La Quica, Carmelita Borbolla, Los seis gitanos de la Cava de Triana, Lolita Almería, Manolita la Macarena y La Gabrielita.

Se interpretaron soleares, fandangos, seguidillas, tangos, malagueñas.

Lograron distinguirse la Niñas (sic) de los Peines, Cepero, Guerrita, Montoya y Estampío que fueron ovacionados en sus ‘artes’.

Los demás fueron igualmente aplaudidos” (6-8-1928).

El cantaor Antonio Chacón

El cantaor Antonio Chacón

En los años siguientes, La Quica participa en distintos cuadros flamencos encabezados por Frasquillo. Así, por ejemplo, en julio de 1931 se presenta en la plaza de toros de ValenciaEl alma de Andalucía”, un

espectáculo compuesto por varias escenas, entre ellas una de sevillanas, dirigida por el maestro Frasquillo y en la que toman parte las siguientes bailaoras:

“Pepa La Carbonera, Rosario La Gitana, Asunción La Belmontina, Carmela la Periget, Lola la Periget Chica, Teresa La Serrana, María la Granadina, Antoñita La Cartujana, María la Faraona, Antonia la Faneta y Paca González, La Quica” (La Correspondencia de Valencia, 14-7-1931).

En el cartel también destacan artistas como los cantaores Guerrita o La Minerita, y una zambra gitana del Sacromonte dirigida por Angustias la Emperadora y las hermanas Gazpacha.

De Sevilla a Madrid, con parada en Córdoba

En 1933, la familia formada por La Quica y Frasquillo se traslada a Madrid, con el fin de impulsar la carrera artística de su hija Mercedes, que, a sus once años de edad, comienza a despuntar como una gran bailaora en potencia.

En junio de 1934, el cuadro familiar actúa en Córdoba al menos en dos ocasiones. Les acompaña a la guitarra Antonio Álvarez:

“Sobre un tablado, al aire libre, aparece un cuadro flamenco con la prosopopeya de ritual; allí están La Quica, su niña La Quica hija, Frasquillo y el concertista mago de la guitarra Antonio Álvarez. Comienza a oírse el rasgueo de aires gitanos, se hace un silencio devoto en la concurrencia y La Quica, que baila maravillosamente, y Frasquillo, que es un maestrazo del género, bordan farrucas, alegrías y bulerías gitanas entre palmas, jaleos y olés que marcan el ritmo.

Después Mercedita, la pequeña flamenquilla, se levanta, se estira, avanza, alza los brazos como Pastora, se retuerce y baila como una miniatura de ‘La Macarrona’ o de ‘La Malena’, insuperablemente” (El Sur, 23-6-1934).

Mercedes León, hija de La Quica

Mercedes León, hija de La Quica

“Anoche, en el Kiosco ‘Duque de Rivas’, tuvo lugar un espectáculo muy ambientado y típico cordobés.

En primer lugar, Merceditas León, hizo una gran exhibición de su arte, arte puro castizo andaluz.

La Quica bailó como nunca: hizo a ‘grosso modo’ unas interpretaciones magníficas del baile cañí, que saturó el ambiente perfumado de los jardines de La Victoria de colorido.

Mientras tanto, Antonio Álvarez rasgueaba su guitarra, agarena, haciendo sonar primorosamente sus cuerdas en preciosa melodía: se dejaba oír un fandanguillo, una malagueña, un dulce suspiro andaluz; mientras Frasquillo zapateaba en el tablado con rabia, con fuerza tal y brío tan certero que, a pesar que creíamos iba a resultar pesado, al contrario, daba matices a la melodía que Álvarez interpretaba” (La Voz, 3-7-1934).

Nueva compañía y academia de bailes

En diciembre de ese mismo año, La Quica, Frasquillo y su hija Mercedes visitan la redacción del Heraldo de Madrid, donde ofrecen una pequeña actuación. Además, el maestro expone los motivos que les han llevado a instalarse en la capital de España y presenta a los integrantes de su nueva compañía:

“Ahora hacía tiempo que [Frasquillo] vivía retirado voluntariamente en su casa de Sevilla, bailando sólo ‘para los amigos’ cuando sentía ganas de un ratito de juerga.

Pero he aquí que el flamenco se da un día cuenta exacta de que su hija Merceditas es, a los once años, toda una magnífica bailarina en capullo. La chiquilla siente la vocación irresistible del baile andaluz. Y el padre […] vuelve por ella a la lucha. Hay que hacerle un nombre a Mercedes León, porque ‘la niña lo merese’. Y viene a Madrid con ella, y con su mujer, ‘bailaora’ también, y de las buenas: Francisca González, ‘la Quica’, y Rafael Cruz, un mocito ‘bailaor’ discípulo suyo, que armará también el alboroto cualquier día. Les acompañan en la jira (sic) y en los tablaos el buen ‘cantaor’ ‘Bernardo el de los Lobitos’ y un ‘tocaor’ que sabe lo que hay que saber en lo de tocar la ‘sonanta’: Manuel Bonet” (Heraldo de Madrid, 5-12-1934).

La Quica, Mercedes León y Frasquillo en su visita al Heraldo de Madrid (5-12-1934)

La Quica, Mercedes León y Frasquillo en su visita al Heraldo de Madrid (5-12-1934)

Poco después, la pareja abre una nueva academia de baile en el número 5 de la plaza General Vara del Rey, en pleno Rastro madrileño, donde continúan con la labor docente que ya venían desarrollando en Sevilla. Al mismo tiempo, el cuadro flamenco dirigido por Frasquillo, del que forman parte tanto La Quica como su hija Mercedes, se anuncia con frecuencia en distintos locales, sobre todo de la capital.

Así, en los primeros meses de 1935 encontramos al grupo en el Circo Price, en la sala Casablanca o en el Teatro Martín; y en el mes de junio participan en la fiesta-homenaje a Fernando el de Triana, organizada por La Argentina en el Teatro Español. La Quica, Frasquillo y su hija figuran entre los artistas más destacados de la noche:

“Si grandes fueron las ovaciones que se prodigaron a Pericet y su cuadro […], no fueron menos cálidas y entusiásticas las que se tributaron […] al estupendo cuadro de baile flamenco del famoso maestro Francisco León ‘Frasquillo’. Tanto éste como su mujer, ‘La Quica’, y su hija Merceditas León […], Rafael Cruz, y el célebre ‘bailaor’ antiguo ‘El Estampío’, monopolizaron, puede decirse, los mejores y más reiterados aplausos de la noche” (Heraldo de Madrid, 24-6-1935).


NOTAS:
(1) RODRÍGUEZ GÓMEZ, Fernando (el de Triana), Arte y artistas flamencos, Sevilla, 1935.
(2) Datos proporcionados por José Luis Navarro García en su obra Historia del baile flamenco, Vol. 2, Sevilla, Signatura, 2009.
(3) Datos aportados por el bailaor Enrique el Cojo, en una entrevista publicada por el diario ABC de Sevilla, el 21-4-1981.