Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Rita la Cantaora, un mito muy real

Si ha existido una mujer en la historia del flamenco cuyo nombre se asocia indefectiblemente al atributo de cantaora, ésa es, sin duda, Rita… “Rita la cantaora”.

Rita la Cantaora (<em>Estampa</em>, 8-6-1935)Rita la Cantaora muestra la bata que lució en su última actuación (Estampa, 8-6-1935)

Aunque hay quienes puedan pensar que se trata de un personaje de ficción, de una mera metáfora creada para dar sentido al popular dicho -“Eso lo va a hacer Rita la cantaora”-, lo cierto es que Rita existió y, según hemos podido comprobar, su fama fue merecida, pues no en vano se convirtió en una de las artistas flamencas más destacadas de su tiempo. De hecho, y por mencionar sólo un ejemplo, en 1885 el periódico El Enano le dedicaba un largo poema, del que reproducimos algunas estrofas:

“Del pueblo andaluz señora,
todo el elogio merece,
que su mirar enamora,
que una rosa que florece
es Rita la Cantaora.

[…]

Su bello rostro es moreno,
con su sonrisa me encanta,
y de placeres me lleno,
es redonda su garganta
y es curvilíneo su seno.

Su talle airoso se mueve
lo mismo que una piragua;
nadie a igualarla se atreve
y desliza su pie breve
como una linfa del agua.

[…]” (El Enano, 3-8-1885).

Rita Giménez García nació en 1859 en Jerez de la Frontera, si bien algunos autores, como Núñez de Prado, la creen oriunda de Sanlúcar de Barrameda. Desde muy joven destacó por sus dotes para el cante y el baile flamenco, que pronto se convirtieron en su medio de vida.

Rita interpretaba con maestría los cantes considerados mas difíciles, sobre todo las malagueñas y soleares, y derrochaba gracia a raudales en los palos festeros, especialmente en las bulerías de su tierra. Incluso era capaz de marcarse unos pasos de baile en sus propias actuaciones. Según distintas fuentes, precisamente las envidias suscitadas por esa superioridad de la cantaora podrían encontrarse en el origen del referido dicho, que se extendió por toda España y sigue usándose en nuestros días.

La estrella de los cafés cantantes madrileños

Rita desarrolló la mayor parte de su trayectoria profesional en Madrid, donde se convirtió en una figura destacada de los cafés cantantes. En una entrevista concedida a la revista Estampa en 1935, ella misma relataba cómo fueron sus comienzos en la capital de España:

“Una ve me oyó un agente teatrá, y me contrató. Trabajé por primera ve con las Macarrona y Juan Breva. […] Era en la caye Arcalá, mismamente aonde está ahora la Equitativa. Entonse había un solá; en é hasíamo teatro de verano” (Estampa, 8-6-1935).

El cantaor Juan BrevaEl cantaor Juan Breva

Así, pues, Rita debutó en el Café Romero, junto a algunas de las estrellas más rutilantes del universo flamenco de la época, como las bailaoras Juana y María Vargas, las Macarronas, y el cantaor Juan Breva. En aquellos gloriosos años, la cantaora también coincidió con Francisco Lema, Fosforito, las hermanas Coquineras o la Paloma; y, ya en los años veinte, compartió escenario con Manuel Pavón y Manuel Escacena, entre otros artistas.

La prensa de la época se hace eco de algunas de sus actuaciones. Así, por ejemplo, sabemos que en marzo de 1892 Rita participó en una función benéfica celebrada en Madrid. El espectáculo consistía en la representación de la obra Mi mismo nombre y en la actuación de un cuadro flamenco integrado por grandes artistas, como el cantaor Juan Breva, la bailaora Pepa Gallardo, la Coquinera o el guitarrista Paco de Lucena, además de la propia Rita.

En agosto de ese mismo año, en el madrileño Circo de Parish se representa la pantomima La feria de Sevilla, con la participación de la bailarina Soledad Menéndez y, “en el cante y baile flamenco, Juan Breva y Rita la de Jerez” (El Heraldo de Madrid, 9-8-1892).

Entre 1984 y 95, Rita aparece en varias ocasiones en el cartel del Liceo Rius, siempre junto a artistas de primerísimo nivel. Veamos algunos ejemplos:

“El viernes 25 se celebrará en el Liceo Rius una función extraordinaria de cante y baile andaluz, bajo la dirección del conocido cantaor José Barea. En esta función tomará parte todo lo más distinguido del gremio de cantaores y bailaores existentes en Madrid. Con decir que entre los artistas de ambos sexos figuran entre otros la Macarrona, Rita García, las Borriqueras, Matilde Prada, el Breva, el Malagueño, Barberán, Medina y Barea, basta para que los aficionados a este género estén de enhorabuena” (El Heraldo de Madrid, 23-5-1894).

“Esta noche, en el Liceo Rius, gran festival de cante y baile andaluz, organizado y dirigido por el célebre Juan Breva. Bailarán las Borriqueras, la Paloma, Luis Pérez y el Pichiri; cantará Rita García, por el estilo de Chacón y Fosforito, y por los suyos propios el Breva, el de Jerez, Barea y José Calvo. […]” (El Imparcial, 11-12-1894).

“Mañana por la noche, en el Liceo Rius […]. Bailarán las Macarronas, la Borriquera, Adela Ayala, Dolores López, Manuela Romero, Luis Perea y el Pichiri. Cantarán Rita García, Adela Ayala, Félix Magán, Paco el Malagueño, Revuelta, el Tuerto de Madrid y otros. […]” (El Imparcial, 31-1-1895).

“Liceo Rius. Hoy martes, gran función de cante y baile andaluz por los más afamados artistas del género. Bailarán las Macarronas, Carmen la de Pichiri, María Malvido y Lola Sánchez, cuñada del célebre Silverio. Cantarán Rita García, insustituible en malagueñas y seguirillas; Antonio Ortega, conocido en el siglo flamenco por Juan Breva; José Barea y el Fosforito […]” (El Imparcial, 5-7-1895).

Cafe Imparcial, de MadridCafe Imparcial, de Madrid

Dos años más tarde, esta vez en el Salón Variedades, volvemos a encontrar a “la tan aplaudida y simpática cantadora Rita García” (El Día, 16-6-1897), que comparte escenario, una vez más, con María la Macarrona, Salud Rodríguez y José Barea, entre otros artistas.

En 1901, en un reportaje publicado por la revista Alrededor del mundo, se hace referencia a Rita como una de las mejores cantaoras flamencas del momento. En 1902, la artista vuelve a presentarse en el Variedades, junto a Paca Aguilera; y, en 1906, forma parte del cuadro flamenco del Café del Gato.

A través de un reportaje publicado en 1929 en El Heraldo de Madrid, sabemos que “la Rita de Jerez”, en sus años de esplendor, también hizo gala de su arte en otros locales de la capital de España, como el Café Imparcial, al que “en pleno apogeo de sus facultades vino a hacer suerte, ganando tres duros diarios” (13-11-1929).

De la gloria al olvido

En 1904, en su obra Cantaores Andaluces, Núñez de Prado destacaba las excelentes cualidades artísticas de Rita, a quien comparaba con el mismísimo Antonio Chacón:

“La popularidad de su nombre es inmensa, y generales las simpatías de que goza, y esto lo debe tanto a sus cualidades de artista, como al atractivo de su carácter alegre, comunicativo […]. Es justamente admirada, y aun más justamente aplaudida, porque dentro de ella hay algo que no pertenece a la generalidad, que no es vulgar, que lleva consigo […].

Es difícil, muy difícil, encerrar en las grandiosidades majestuosas del malagueño de Chacón los caprichosos jugueteos del cante de Rita, sin que el contraste se haga notar de manera antipática, y sin embargo, ella ha conseguido hacer esto, y lo ha hecho con un tacto tan exquisito, que su labor es un merecido triunfo, lo que constituye la mejor ejecutoria de su alma de artista”.

Pocas referencias más encontramos sobre esta cantaora, hasta la publicación de la mencionada entrevista en Estampa, firmada por Luisa Carnes, quien presenta a la protagonista con estas palabras:

Rita la Cantaora, de tan famosa, llegó a ser para la nueva generación sólo un refrán. ‘¡Anda, que te vea Rita la Cantaora!’ ¿A quién no le han dicho esto alguna vez? Pero Rita no es sólo un refrán. Rita, que ha sido en su época la más famosa cantaora de flamenco, es hoy una viejecita simpática, que vive consagrada al cuidado de su casa humilde y al amor de sus cuatro nietos” (8-6-1935).

El cantaor Franciso Lema, FosforitoEl cantaor Franciso Lema, Fosforito

La anciana cantaora, que reside en Carabanchel Alto, además de recordar su debut en los escenarios madrileños, relata a la periodista la última de sus actuaciones, que tuvo lugar en 1934 en el Café Magallanes, junto a otras viejas glorias del flamenco:

“Como ahora no hay má que niño en esto der flamenco… una mujé, que le gustan estas cosas, se decidió a formar un cuadro de viejo. Y me yamaron. Aparesimo en un café de Magallane casi toos los antiguos. Ayí estaban Las Coquinera, Fosforito, y no me acuerdo de cuántos má. […]

Mire usté, cuando aparesimo, to se gorvían grito y viva a nosotros. Desían: ‘¡Vivan los viejos!’ ‘¡Viva la solera der cante y der baile!’ Era mu emosionante. Yo yevaba una farda blanca y negra y una blusa blanca; no se la enseño porque la tengo lavá. Y, claro, mi clavelito. Que aquí lo conservo. […]

lo del año pasao no se me orviará mientras viva. Tos los viejos reuníos. ¡Aquello! Ahora no hay más que buena vose, y fandanguillos, cosa fina, pero na… Se acabó la sabiduría der cante y del baile”.

Una vez más, se repite la historia de tantas y tantas artistas que, tras haber saboreado las mieles del éxito y el triunfo, terminan sus días olvidadas y en la miseria. “Lo púe ser to”, se lamenta Rita. “He vivío como una reina […] Y ahora soy más probe que las ratas. […] Tuve a mi vera a muchos hombres, que me hubieran elevao… y me casé con un vorquetero de Carabanché. ¡La vía! Si uno supiera er fin que le aguarda en eya, ya viviría de otro mo”. Y qué mejor manera de expresar sus penas que a través del cante. La anciana Rita regala a la periodista un par de coplas de su repertorio:

“Males que acarrea el tiempo,
quién pudiera penetrarlos,
para ponerle remedio
antes que viniera el daño”

“Tengo mi ropita en venta,
yo tengo mucha fatiga,
nadie me la quié comprá
y a mí er venderla me obliga”

En 1936, en plena Guerra Civil, por motivos de seguridad, la población de Carabanchel Alto es evacuada, y Rita es acogida, junto a su familia, en la pequeña localidad castellonense de Zorita del Maestrazgo. Allí fallece, a la edad de 78 años, el 26 de enero de 1937.


La Malena, la elegancia de una bailaora de la vieja escuela (y II)

Incluso el mismo García Lorca elogia la labor de las veteranas bailaoras: “Esas mujeres, con las batas, con los imperdibles así de grandes sujetándose los pañuelos, son extraordinarias. Lo más grande que se ha visto” (Heraldo de Madrid, 23-6-1933).

En esos mismos días, el diario Luz publica una entrevista realizada por Julio Romano a la Malena y la Macarrona, en la que se pone de manifiesto que quien tuvo, retuvo, y que, a pesar de sus años, pocas bailaoras pueden compararse con esos dos portentos de la gracia y el arte flamenco:

“La ‘Malena‘ y la ‘Macarrona‘… Glorias de los tablaos andaluces, raíces magníficas del baile “cañí”, representación genuina de esa gitanería lagotera y sabia, de gracia chorreante, de gracia pegadiza […]. Son dos mujeres y un solo milagro. Como árboles de tronco duro y de tuétano blando, estas bailarinas gitanas conservan lo que no han podido arrancar los años: su arte maravilloso, su vena optimista y zumbona, su gracejo de buenísima solera andaluza, la alegría y el empaque de sus movimientos y el sabor dulcísimo de sus palabras […].

¿Quién podrá copiar la repajolera gracia de sus movimientos, la sensualidad pegadiza de sus jeribeques y escorzos, el insinuante y alucinador atractivo de sus arrequives y meneos? […] ¿No es un gozo verlas arrastrar las colas de las faldas por el tablado, como revuelta espuma que sigue a la nave, repiquetear los pies como chiquillos con rabieta y arquear los brazos o mover el busto en una sucesión maravillosa de imágenes encantadoras y alucinantes?

[…] Lo que han perdido de juventud lo han ganado en sabiduría. Ya van ‘cuesta abajo’, como ellas dicen; pero la vasija conserva su prístina fragancia y el agua clarísima pregona las excelencias del manantial” (17-6-1933).

La Malena, con la Compañia de la Argentinita (Luz, 17-10-1933)La Malena, con la Compañia de la Argentinita (Luz, 17-10-1933)

En dicha entrevista, la Malena expresa sus opiniones sobre el baile gitano y critica la falta de afición de las jóvenes bailaoras de su tiempo:

“… los bailes gitanos son: las alegrías, las bulerías y las soleares. Todo lo demás es ‘maturranga’”.

“… hay chiquiyas de éstas que les chorrea el ‘ange‘ por la cara pa beberlo. Pero no tienen afisión. Y pa ser algo en este arte hay que entregarse a él con los ojos cerraos, no pensá en los sacrificios, ni en el dinero. La artista -si lo es- es porque ha nacido así, como se nace bizco o lisiao. Es una enfermedá que no se puede una curá por más emplastos que se ponga; un caló que no se apaga nunca… Grasia, lo que se dise grasia, tienen las muchachas de ahora en Andalucía. […] Pero no sé qué les pasa a las chiquiyas de ahora para aprendé el baile flamenco. ¡Son más flojas que el tabaco inglés!” (“Luz”, 17-6-1933).

En el mes de julio, la compañía emprende una gira por el norte de España. El amor brujo se representa con éxito en La Coruña y Zaragoza, entre otras ciudades, para regresar en octubre al Teatro Español de Madrid, con la inclusión de nuevos cuadros (“Las calles de Cádiz”, “Las dos castillas”…) y la incorporación de algunos artistas. La prensa sigue elogiando la labor de las tres maestras:

“Mención singularísima merecen las archimaestras del baile gitano la Macarrona, la Malena y la Fernanda, esencia pura del arte cañí” (Heraldo de Madrid, 16-10-1933).

“… las tres grandes maestras de la danza andaluza: esos tres monumentos de sabiduría y de espíritu de raza que son ‘la Macarrona‘, ‘la Malena‘ y ‘la Fernanda‘, torres de ciencia y torrentes de sangre castiza, inolvidable conjunto de mujeres” (Ritmo, 15-6-1933).

“Las tres viejas maestras del baile gitano […] han dejado sus fortalezas del café cantante, el más firme baluarte del arte cañí, y han subido a la escena gloriosa del teatro Español para animar un momento de El amor brujo y evocarnos con sus alegrías todo un pasado espléndido, esmaltado de los más hermosos y emocionantes recuerdos” (Crónica, 5-11-1933).

“La Macarrona y la Malena, bronce vivo y tondón al peso de los años, […] son en estas horas de frenéticas modernidades la expresión más genuina de un arte cuyas raíces habría que ir a buscarlas muchos siglos atrás […]. ¡Qué antiguo y qué puro es el arte de estas dos mujeres […]!” (El Radical, 11-11-1933).

La bailaora La MalenaLa bailaora La Malena

Tras una breve gira por provincias, en noviembre de 1933 la Malena vuelve a presentarse en Madrid junto a la Argentinita, esta vez en el teatro Calderón. Al espectáculo se incorpora un nuevo número, denominado La romería de los cornudos. Se trata de una creación de García Lorca y del músico Rivas Cheriff, sobre la base de un rito popular granadino. “El público […] la acogió igualmente con cariño y la aplaudió con calor” (Luz, 10-11-1933). Meses más tarde, la compañía se presenta en Sevilla -en el Kursal y en el Coliseo España- y en Córdoba.

Regreso a los escenarios junto a la Piquer y declive de la bailaora

En 1938, en plena guerra civil, Conchita Piquer presenta en Córdoba un espectáculo de variedades que incluye algunos de los números con los que años atrás triunfara la Argentinita, como “Las calles de Cádiz”, “Nochebuena en jerez” o la “Danza del fuego” de Falla. El elenco lo componen, además de la mencionada artista, Rafael Ortega, Enriqueta Reyes, las Hermanas Jara y “el cuerpo de baile ‘vieja solera’ integrado por ‘la Malena‘, la ‘Macarrona‘ y ‘Rita Ortega‘” (Azul, 4-12-1938).

Una vez finalizada la contienda, en febrero de 1940 Conchita Piquer lleva su espectáculo al teatro Calderón de Madrid. “La artista ha reunido en una serie de cuadros, de magnífica decoración y atuendo, de luz y color sorprendentes, […] que son verdaderos aguafuertes, llenos de vida y de emoción plástica, a los mejores y más acreditados artistas populares que gozan de fama mundial y que en España pueden considerarse como los verdaderos maestros de este difícil arte” (Hoja oficial del lunes, 22-1-1940). En el elenco destacan, una vez más, la Malena y la Macarrona, así como la Niña de los Peines, Pericón de Cádiz y Melchor de Marchena, entre otros artistas.

La prensa vuelve a vuelve a elogiar el “baile ‘por alegrías‘, en que Macarrona y Malena -bronces auténticos de raza- derraman la ranciedad pura de una solera venerable, […] aquellas mujeres que un día de febrero de 1930, Ana Pawlova quería verlas para sorprender una actitud, un gesto, una mirada del alcaloide de lo español” (Hoja oficial del lunes, 5-2-1940).

En marzo de 1942, la compañía de arte español de Conchita Piquer se presenta en el Gran Teatro Cervantes de Sevilla, con un plantel de artistas algo diferente, pero en el que sigue figurando Magdalena Seda Loreto. En julio de ese mismo año, la Malena participa en las “Fiestas Andaluzas” de La Playa de Sevilla.

Entre 1944 y 1948, la bailaora aparece con bastante frecuencia en la cartelera sevillana, primero en el Salón Zapico y posteriormente en el Gran Casino de la Exposición. Su cuadro flamenco lo componen entre doce y catorce gitanas, según la ocasión, y la prensa se hace eco de sus éxitos.

Miguel Mora (1) nos ofrece una descripción del baile de la Malena en el mencionado Casino, a través de André Villeboeuf, quien tuvo la suerte de presenciarlo en directo:

“Salió la Malena, sesentona, flaca, cascada, encorvada, con un grueso mantón de flores cubriendo sus hombros friolentos. Levantando bruscamente la cabeza, como el esgrimidor al ponerse en guardia, comenzó su número; fue breve. Unos compases de música, unas cuantas figuras de baile ejecutadas en un espacio de medio metro cuadrado. Los ojos negros de la vieja gitana, bruja y princesa, alternativamente, lanzaban miradas imperiosas sobre la concurrencia. Sus brazos se redondeaban, describiendo en el aire unas curvas tan nobles, tan singulares; sus movimientos, aun estando medidos, tenían tal prestigio que el público, electrizado, abría mucho los ojos, sintiendo confusamente, sin comprender del todo, que sucedía algo”.

En octubre de 1946, la Malena participa en el homenaje ofrecido a la Macarrona por la compañía de Pilar López en el Teatro San Fernando de Sevilla. En 1952, tras más de medio siglo de magisterio sobre los escenarios y a pesar de sus achaques, a Magdalena Seda aún le quedan fuerzas para volver a presentar su cuadro flamenco en el Gran Casino de la exposición.

La Malena con Antonio el bailarínLa Malena con Antonio el bailarín

Tres años más tarde, la Malena se despide definitivamente de los escenarios en un marco incomparable, el Parque de María Luisa de Sevilla, donde se celebra el Festival de Cante y Baile Popular de Andalucía. La veterana bailaora comparte cartel con algunas de las jóvenes figuras del momento y, como siempre, no decepciona al auditorio:

“El ‘Chiquetete’, ‘Bizco Melchor’, ‘El Piripi’, ‘La Bernarda’, ‘El Perrate’, ‘El Moraíto’, ‘Terremoto’… Presidiéndolo todo, contagiándonos su gracia y simpatía, ‘La Malena‘. Ochenta años -‘Estoy mu trabajaíta’-, y cuando eleva los brazos para las alegrías comprendemos que algo muy verdadero e importante sucede” (ABC, 16-6-1955).

En 1956 se apagaba para siempre esta genial bailaora en su casa de la sevillana Alameda de Hércules. En los últimos tiempos se la había visto vendiendo pipas y caramelos en un quiosquillo de madera. La que fuera una de las más grandes artistas flamencas de su época, toda una institución en el baile por alegrías, moría pobre y olvidada. Hasta en ese triste final corrieron parejas las vidas de la Malena y su inseparable compañera en tantos escenarios, Juana la Macarrona.

NOTA:

(1) Mora Díaz, Miguel, La voz de los flamencos. Retratos y autorretratos, Madrid, Siruela, 2004.


La Malena, la elegancia de una bailaora de la vieja escuela (I)

Magdalena Seda Loreto, “La Malena”, nació en Jerez de la Frontera en torno a 1877, en el seno de una familia gitana de gran tradición flamenca. Tuvo como maestra a su tía María la Chorrúa, que destacaba especialmente en el baile por alegrías. De ella aprendió a mover las manos y los brazos con una gracia y un estilo insuperables.

Pronto se trasladó a Sevilla y fijó su residencia en la Alameda de Hércules, que en aquellos años destacaba por ser uno de los espacios más flamencos de la capital andaluza. Allí tuvo como vecina a su paisana y genial artista Juana la Macarrona, la única bailaora de su tiempo capaz de hacerle sombra a La Malena. Según Fernando el de Triana, era difícil elegir a una de las dos:

“Esta célebre bailadora es la que durante muchos años tiene divididas las opiniones sobre cuál es la mejor, si la Macarrona o ella. Por la colocación de sus brazos, y por los majestuosos movimientos de su arrogante figura, llenos de ritmo y de salsa gitana, siempre contó y cuenta con la admiración del público, que con entusiasmo aplaude el maravilloso arte de tan genial artista. Ya está metida en años, como su eterna competidora; pero, así y todo, cuando las dos dicen ¡vamos allá!, sin duda ni discusión, son las dueñas del baile clásico flamenco” (Arte y artistas flamencos, 1935).

La bailaora Magalena Seda, La MalenaLa bailaora Magalena Seda, La Malena

De hecho, las carreras de ambas artistas discurrieron por derroteros similares, desde sus inicios en los cafés cantantes sevillanos, pasando por los teatros y los éxitos internacionales, hasta terminar su vida profesional en distintas compañías artísticas. A finales del siglo XIX, la Malena y la Macarrona reinaban en El Burrero, y posteriormente coincidieron en el Novedades. A principios del siglo XX, el café Filarmónico también fue testigo del baile majestuoso, elegante y recogido de Magdalena Seda, de la gracia de sus brazos y la belleza gitana de su rostro.

“La Malena simbolizaba y compendiaba toda la gracia, todo el garbo y todo el mejor estilo de un arte aprendido y asimilado por ella con verdadera devoción, y en el que ponía toda su alma y todos sus sentidos […]. Y añade Manuel Vallejo: ‘Nosotros los flamencos no sabríamos elegir entre ella y la Macarrona, y tampoco cuál de las dos era mejor. La Macarrona era todo nervio, flamenquismo, gracia, un verdadero fenómeno. Por el contrario, la Malena, más espiritual, más exquisita, más cultivada, obedecía a unos principios en los que el arte en toda su pureza se imponía. Jamás pisó la cola de su traje -añade- ni dio pasos hacia atrás, como lo hacen todas. Su arte era distinto a las de su género, y había que verla bailando en contra tiempo. Además, tenía un buen tipo y unos brazos interesantes, con los que realizaba verdaderas filigranas. En los sitios en los que ella actuaba había que ‘cerrar las cancelas’ todos los días. Hará unos cuarenta años, en el Novedades de Sevilla, le pagaban treinta reales diarios, igual que a la Macarrona” (Revista Dígame, 27-2-1956). (1)

En 1908, la Malena figuraba en el cuadro flamenco del sevillano Teatro Novedades, junto a los siguientes artistas:

“Tocador de guitarra, José Triana, ‘El Ecijano’.
Cantadores: Antonio Valiente, ‘El Macareno’, uno de los más famosos y que más se distinguen en el género andaluz, y José Pérez, ‘El Tiznao’.
Bailadoras: Magdalena Seda; Antonia Gallardo, ‘La Coquinera‘; Juana Junquera; Rita Ortega.
Cantadora: Teresa Seda, ‘La Jerezanita’.
Boleras: Carmen Fernández, Presentación Muñoz, María Pardo, Antonia Serrano, Ángela Álvarez y Teresa Jordán.
Coupletistas: Candelaria Medina y ‘la Lulú’” (El Globo, 10-3-1908).

En 1911, la bailaora paseó su arte por la Rusia de los zares, junto a la compañía del maestro Realito. A finales de los años veinte era “ovacionada a diario” (Heraldo de Madrid, 23-4-1929) en el Kursaal sevillano, donde formaba parte de un cuadro dirigido por el bailaor Frasquillo. Convertida ya en toda una institución del baile flamenco y, una vez más, junto a Realito, la Malena se presentó con gran éxito en la Exposición de Barcelona de 1930.

Comienza entonces una nueva etapa de esplendor para la artista, que vuelve a salir de gira con distintos espectáculos, saborea de nuevo las mieles del éxito y es constantemente elogiada por la prensa de la época.

La Malena con la compañía de la Argentinita (La Libertad, 1933)La Malena con la compañía de la Argentinita (La Libertad, 1933)

En abril de 1933 se estrena en Madrid el sainete andaluz Manolo Reyes o La fragua del Sacromonte, de Pedro Moreno García. Según la crítica, la obra no es más que un pretexto para el lucimiento de grandes figuras, como la Niña de los Peines, Pepe Pinto o la Malena, que son calurosamente acogidas por el público.

“La Malena, la ‘bailaora’ de sabor clásico, fue muy celebrada. […] En suma: una afortunada jornada para el cante ‘jondo’ y el baile flamenco” (El Imparcial, 20-4-1933).

“A decir verdad, Manolo Reyes son unas cuantas coplas gitanas y flamencas con gotas de sainete. […] Pastora Pavón […] con sus ‘seguiriyas’ gitanas, madre del ‘cante jondo’; Pepe Pinto, con su ‘prosa flamenca’ […]. Luego, ‘La Malena‘, encarnación soberbia del ‘baile jondo’ -que nada tiene que ver con el baile flamenco- nos deleitó con la maga elocuencia de su busto y de sus pies, donde la armonía contenida y expresiva, crispada y refrenada de la carne en pasión, labra su mejor poema” (El Sol, 20-4-1933).

Su renacer artístico junto a La Argentinita

Un mes más tarde, la Malena, junto a la Macarrona y Fernanda Antúnez, forma parte del nuevo espectáculo de Encarnación López, la Argentinita, que se presenta por primera vez en el Teatro Falla de Cádiz. Se trata de una adaptación de “El amor brujo” de Manuel de Falla, en la que también intervienen, además de su directora, los bailaores Rafael Ortega y Antonio Triana, y una jovencísima Pilar López. La música corre a cargo de la Orquesta Bética de Cámara.

En un reportaje previo al estreno, Miguel Pérez Ferrero ofrece sus impresiones sobre el ensayo de la obra, y reproduce las declaraciones de la Argentinita sobre las veteranas bailaoras:

“Baila incomparablemente la mocita. Se queda quieta, pensativa, La rodean las viejas. Corre la espina dorsal un calofrío. No hay adjetivos posibles. ¡Son las abuelas del baile con el prestigio de su nieta mejor!”

“Yo me he encargado de buscar los elementos de esta compañía. […] Los que Falla merece y necesita. Estoy encantada de todos: de esas tres enormes ‘bailaoras’ que son la Macarrona, la Malena y la Pompi, con las cuales el baile flamenco puede conservar su categoría de primer plano artístico en todo el Mundo” (Heraldo de Madrid, 30-5-1933).

El estreno del espectáculo es todo un éxito, amplificado por el hecho de tener lugar en Cádiz, ciudad natal de Manuel de Falla.

“A propósito de la representación, copiamos de un periódico de Cádiz: […]
La Argentinita ha conseguido obtener en Cádiz -precisamente por ser el púbico más difícil y entendido- un rotundo éxito con El amor brujo. […] Porque Cádiz, tan difícil de engañar, ha dado su fallo, y el fallo ha sido aplaudir incansablemente y desgarrarse en vítores de júbilo toda la noche” (La Voz, 15-6-1933).

La Malena, en 1933La Malena, en 1933

Tras su bautismo de fuego en la tacita de plata, en junio de 1933 El amor brujo se presenta en el Teatro Español de Madrid, donde sigue cosechando aplausos y elogios. La prensa alaba especialmente la contribución de la Malena y sus coetáneas:

“… en esa parte de la fiesta, hay que registrar una resurrección: la del auténtico baile gitano en la sucesión -entre faraónica y goyesca- de las ‘alegrías‘ finales, incorporadas, con milagrosa inspiración lazárica por esas tres viejas glorias, ‘emperaoras‘ del viejo café Novedades sevillano: La Macarrona, La Fernanda, La Malena” (Heraldo de Madrid, 16-6-1933).

“Momentos hubo, como en ‘La danza del fuego fatuo’, donde la emoción plástica y rítmica alcanzó una intensidad y realización perfectas con la intervención de esas tres viejas bailaoras que recordaban a las tres Parcas, hermanas grises, hijas del Caos y ministras del Destino” (La Libertad, 17-6-1933).

“La Macarrona, la Malena y la Fernanda no tienen cuerpo, ni falta que les hace. ¡Bailan sin tener cuerpo! […] Las tres viejas no son las herederas de las bailarinas de Tartessos, son las mismas bailarinas, sin edad desde siempre” (La Voz, 16-9-1933).

“Y esas tres viejas maestras del fandango clásico que son ‘La Macarrona‘, ‘La Malena‘ y ‘La Fernanda‘, que no sienten el peso de los años sobre sus figuras fondonas: cuando los ‘sones’ flamencos cruzan el aire, se truecan jóvenes, ingrávidas, y arquean las cinturas graciosas y sus pies repiquetean sobre el tablao liberados, por unos segundos, de la esclavitud dolorosa de los juanetes. ¡Porque tienen juanetes, y muy grandes, sí, señor! Pero no se les nota cuando bailan” (La Crónica Meridional”, 30-6-1933).

NOTA:

(1) Citada por José Manuel Gamboa en Una historia del flamenco, Barcelona, Espasa, 2004.


Matilde Cuervas, guitarrista internacionalmente reconocida (y II)

En 1930, Matilde Cuervas y su marido emprenden una gira de varios meses por Argentina y Uruguay, que les lleva a visitar ciudades como Buenos Aires, Rosario, La Plata o Montevideo. Allí imparten conferencias y dan recitales conjuntos, que siguen el mismo esquema ya mencionado. Sirva de ejemplo el programa del concierto ofrecido en Rosario el 25 de agosto, que Fabián E. Hernández transcibe en su tesis:

“Programa completo: G. Sanz: Pavana. F. Sor: Dos minuets [sic.]. F. Tárrega: Allegro Brillante. Padre Donostia: Preludio Vasco. A. Broqua: Vidala. E. Pujol: Guajira (Guitarrista: E. Pujol). Piezas de folklore andaluz: Granadinas, Soleares, Tientos, Malagueña (Guitarrista: Matilde Cuervas). G. Bizet: Melodía y Pastoral de L’Arlesienne. E. Granados: Intermezzo de Goyescas. I. Albéniz: Córdoba. A. Broqua: Tango. M. Falla: Danza del Molinero (Dúo Pujol-Cuervas)”.

En 1931 ofrecen un nuevo recital en Lérida, provincia a la que están muy vinculados por poseer allí una finca a la que acuden durante sus vacaciones. Dos años más tarde vuelven a viajar a Londres, donde ofrecen un recital que es retransmitido por la BBC.

Matilde Cuervas (foto dedicada a Alice de Belleroche)Matilde Cuervas (foto dedicada a Alice de Belleroche)*

En febrero de 1934, La Vanguardia anuncia una nueva actuación de Emilio Pujol en la Sala Mozart de Barcelona, en la que colabora “la esposa del compositor, y también guitarrista de mérito, doña Matilde Cuervas” (7-2-1934).

“Parte interesantísima del concierto fue la final, en la que Emilio Pujol y su esposa, Matilde Cuervas, otra artista de fina sensibilidad y técnica impecable, interpretaron de modo encantador varias obras para dos guitarras: minué de la ‘Sinfonía en mi bemol’, de Mozart; ‘Teresita de Jesús’, de Villa-Lobos; ‘Danza española’, de Albéníz; el intermedio de ‘Goyescas’, de Granados, y la danza de ‘La vida breve’, de Falla. Matilde Cuervas y Emilio Pujol fueron largamente ovacionados por el selecto público que llenaba la sala, teniendo que tocar una obra fuera de programa” (La Vanguardia, 22-2-1934).

Elogios y reconocimientos

Unos días más tarde, la pareja viaja a París, para participar, junto a otros artistas internacionales, en una “soirée” de música sudamericana. En ese mismo año, en su Diccionario de guitarristas, Domingo Prat dedica estas líneas a Matilde Cuervas:

“La actuación de esta notable guitarrista sorprendió sobremanera a los amantes y cultivadores del Toque Flamenco, quienes creían que dicho arte era privilegio del género masculino. Sus nada vulgares condiciones de ejecutante, su natural desenfado, hacen de Matilde Cuervas un buen exponente del folklore sud-hispano que recuerdan las magníficas versiones de los Borrul, Molina, Montoya, etc… Su presencia en el extranjero, particularmente en Alemania fue de un gran éxito”.

En 1935, la revista musical Biblioteca Fortea elogia la labor de Matilde y Emilio como transmisores de la cultura española:

“Merecen encomio los artistas españoles, los cuales, desde hace años, con su incansable actividad, no vacilan en dejar periódicamente su querida España, propagando en el extranjero el amor de su instrumento nacional. Miguel Llobet, Emilio Pujol, Matilde Cuervas, Segovia, Sáinz de la Maza, merecen mención especial en este trabajo de propagación de la cultura española; a estos artistas es debido en especial modo el nuevo interés y estudio de la guitarra en Inglaterra” (Revista Fortea, nº 2, 1935).

Matilde Cuervas y Emilio Pujol, en 1930Matilde Cuervas y Emilio Pujol, en 1930*

Meses más tarde, con motivo de un concierto ofrecido en Castellón, la misma revista ensalza la labor de la guitarrista sevillana:

Matilde Cuervas, a continuación, nos demostró cuanto ya se ha dicho sobre su arte maravilloso. El género flamenco, tratado por ella, conserva el rango que le corresponde. Ella lo eleva y dignifica, dándole la expresión castiza, el salero, la gracia y el sentido humano y popular. Fue muy aplaudida y obsequiada por el señor Gobernador civil y la orquesta Barrachina, con cestos de flores. El final del concierto, a dos guitarras, resultó admirable. Bizet, con la ‘Arlesienne’; Granados y Albéniz, con ‘Goyescas’ y ‘Córdoba’; Halffter, con su ‘Danza de la gitana’; y Falla, con sus danzas de ‘La vida breve’ y ‘El sombrero de tres picos’, transcritas y dichas de manera única, cerró con todo honor la velada. Un gran éxito, en definitiva, por el que felicitamos a estos artistas admirables, y el deseo de poder oírles nuevamente en Castellón” (Revista Fortea, nº 7-8, 1935).

Regreso a España

Los años de la Guerra Civil española los pasa la pareja en París, salvo los veranos, que suelen trasladarse a Niza o a San Juan de Luz. En esa época son frecuentes los viajes a Inglaterra, como el que realizan en julio de 1939 para dar un concierto en la BBC. El programa, que es transmitido para América latina, consiste en obras del propio Pujol, interpretadas por él mismo; solos de flamenco a cargo de Matilde Cuervas; y piezas de distintos compositores españoles tocadas a dúo.

Tras el estallido de la la Segunda Guerra Mundial, Matilde y Emilio permanecen unos meses en París, hasta que, en verano de 1940, se trasladan a España. En los años siguientes, su actividad profesional se desarrolla sobre todo en Cataluña, donde ofrecen distintos recitales. No obstante, el número de actuaciones es menor, debido a que la pareja intensifica su labor investigadora.

A finales de los años cuarenta, Cuervas y Pujol se presentan varias veces en Lisboa, donde el compositor imparte clases de guitarra. En 1948, La Vanguardia publica la siguiente reseña, sobre uno de dichos conciertos:

“Triunfo en Portugal de un guitarrista español. Recientemente dio un concierto por la Radio nacional portuguesa el profesor de guitarra y vihuela de nuestro conservatorio municipal don Emilio Pujol. Fue un concierto a dos guitarras, acompañado por doña Matilde Cuervas, con programa muy interesante del compositor portugués Ivo Cruz, director del Conservatorio lisboeta, donde, el profesor Emilio Pujol tiene a su cargo una cátedra de guitarra española” (24-3-1948).

En esa época, tanto Emilio como Matilde compaginan su actividad artística con la docencia. Entre los alumnos que aprenden a tocar flamenco con la guitarrista sevillana se encuentran el italiano Miguel Ablóniz y la belga Alice de Belleroche.

Matilde Cuervas y Emilio Pujol con sus discípulos, años 50Matilde Cuervas y Emilio Pujol con sus discípulos, años 50*

Durante sus últimos años, Matilde Cuervas ofrece varias conferencias-concierto junto a su marido. La guitarrista fallece en Barcelona, el 22 de diciembre de 1956. Además de todo lo mencionado, su legado incluye varias grabaciones, realizadas a partir de los años treinta, algunas a dúo con Emilio Pujol y otras en solitario, como las granadinas registradas en Inglaterra para la casa “The Gramopohone”.

Es difícil resumir en pocas líneas toda una vida dedicada a la música. No obstante, en el caso de Matilde Cuervas, además de su capacidad de brillar con luz propia, a pesar de encontrarse a la sombra de un “peso pesado” de la guitarra, como era Emilio Pujol, podemos resaltar su labor de dignificación y divulgación de la guitarra española a ambos lados del Atlántico, tal y como destacaba en 1947 el Diccionario Enciclopédico de la Música:

“Celosa de la depuración y elevación de la música nativa de su tierra, después de lograr un éxito personal tamizado por una técnica de la mayor amplitud y sólida musicalidad de alto sentido estético, ha sido la primera en imponerla triunfante -la guitarra flamenca- a los públicos más herméticos de Europa y América Latina”.

(*) Imágenes del Archivo Pujol-Robert.


Matilde Cuervas, guitarrista internacionalmente reconocida (I)

El primero de abril de 1879 vino al mundo en Sevilla Matilde Cuervas Rodríguez, en el número 14 de la calle Almirante Hoyos. Desde niña recibió clases de guitarra flamenca de distintos tocadores de la escuela sevillana, como el Jabonero, el Egipciano, o Paco el Corvas, que solían frecuentar la casa familiar de la pequeña.

Las excepcionales dotes musicales de Matilde, que destacaba especialmente por su habilidad en la ejecución de las falsetas, no pasaron desapercibidas a sus maestros. “Ella apuntaba las notas, y luego tocaba leyendo los apuntes, dejando maravillados a los flamencos. […] fue purificando la música que oía, y ahora es la técnica de la música flamenca”, afirma la periodista Irene Falcón, corresponsal de La Voz en Londres en 1929, sobre la evolución de la guitarrista, que dominaba tanto el toque clásico como el flamenco.

La guitarrista sevillana Matilde CuervasLa guitarrista sevillana Matilde Cuervas

Años más tarde, en una entrevista publicada en el mencionado periódico, Matilde Cuervas rememora la experiencia de su debut, a los ocho años de edad:

“Cuando tenía ocho años di mi primer concierto […]. Por cierto que lloré en el escenario, de coraje. En mi casa tenían la costumbre de llamarme fea, feúcha, en broma, claro es. El día de mi primer concierto yo llevaba dos trencitas muy tiesas, y como era tan chica que tenía que llevar la guitarra a rastras, el público, al verme, se echó a reír. Yo creí que se reían de mí porque era fea, y llorando me fui del escenario, con la guitarra detrás de mí. Luego me consolaron, y salí otra vez a tocar; pero miraba al público con una rabia…” (La Voz, 17-1-1929).

En 1907, la prensa se hace eco de la participación de la guitarrista en una de las reuniones musicales organizadas por la Marquesa de Villamagna:

“Hoy terminarán las reuniones semanales de la gentil Marquesa de Villamagna, en las que se ha rendido al divino arte gran culto. […] Vicentita Salcedo, encantadora muchacha, cuyo rostro atrae por su espiritual expresión, delicada como la de una virgen de Botticelli, es una andaluza que ha cantado flamenco con arrebatadora gracia; la gallarda Matilde Cuervas ha tocado la guitarra deliciosamente” (El álbum iberoamericano, 30-5-1907).

Junto a Emilio Pujol, en la vida y en el arte

Pocas referencias encontramos sobre ella en esa primera época, si bien su presencia en prensa comienza a ser más frecuente a partir de los años veinte, cuando la carrera profesional de Matilde Cuervas empieza a estar estrechamente vinculada a la de su marido, el guitarrista, compositor e investigador Emilio Pujol.

La pareja se conoce en 1918, en un concierto ofrecido por Pujol en el Real Conservatorio de Música de Madrid. Sin embargo, la relación entre ellos surge cinco años después, cuando ambos se encuentran en París, tal y como relata la propia Matilde en la mencionada entrevista:

“En realidad lo conocí en España, en un concierto. Fui con mucho entusiasmo a oírle, porque me habían hablado mucho de él. Pero aunque estaba sentada en primera fila, y él, por su posición, no tenía más remedio que mirar en mi dirección, ni siquiera me vio, ni siquiera se dio cuenta del entusiasmo con que yo le escuchaba. Esto me molestó bastante, y le tomé cierta antipatía. Años después, en París, aunque yo sabía que Emilio estaba allí, no tenía ningún deseo de conocerlo. Una tarde, sin embargo, lo encontré en casa de unos amigos, y… nada, nos casamos” (La Voz, 17-1-1929).

En octubre de 1923, según el registro policial de París, la pareja reside en la Rue Bouganville de la capital francesa. A partir de ese momento, el matrimonio comparte escenario y triunfos. Juntos desarrollan una intensísima actividad profesional, que los lleva a realizar constantes giras por distintas ciudades europeas, donde ofrecen conciertos y conferencias. Matilde, además, se suma a la labor investigadora que desarrolla su marido en archivos y bibliotecas de todo el mundo.

El guitarrista y compositor Emilio PujolEl guitarrista y compositor Emilio Pujol

Sus recitales conjuntos suelen constar de tres partes: en la primera, Emilio interpreta, normalmente, piezas clásicas; en la segunda, Matilde ofrece parte de su repertorio flamenco; la tercera, por lo general, consiste en la interpretación de piezas clásicas a dúo. Sirva de ejemplo el programa del concierto retransmitido por la radio británica en mayo de 1928:

“Recital de guitarra: Matilde Cuervas y Emilio Pujol. E. Pujol: Minueto, Sor. Serenata andaluza, Malats. Matilde Cuervas: Soleares y Malagueñas. Matilde Cuervas y Emilio Pujol: Danza del molinero, M. de Falla”.

Hoy tenemos referencias de muchas de esas actuaciones gracias a la tesis doctoral realizada por Fabián E. Hernández Ramírez sobre la obra de Emilio Pujol.

En diciembre de 1923, el músico ofrece en París un recital de música clásica y flamenco, en el que se incluyen guajiras y fandanguillos, lo cual hace pensar al citado investigador que posiblemente Matilde lo acompañe en dicho concierto.

Dos años más tarde, Pujol y Cuervas vuelven a tocar en la capital del Sena, junto a la cantante Alma Reyles y el flautista Marcel Peyssies; y posteriormente se presentan en Bruselas, donde les acompaña el tenor ruso Gabril Léonoff.

En mayo de 1927, “la excelente guitarrista Matilde Cuervas” es una de las artistas de nuestro país que toman parte en la Fiesta de la fraternidad francoespañola celebrada, con gran éxito, en el Círculo de la Unión Interaliada de París. “La concurrencia, distinguida y selecta, premió con aplausos la actuación de los artistas, admirable demostración del arte español” (Época, 18-5-1927).

Con las maletas a cuestas

Los dos años siguientes son bastante intensos para la pareja CuervasPujol. En 1928 realizan varios viajes por Europa: actúan dos veces en Lérida; al menos tres en Londres y otras tantas en París; y también se presentan en Viena. En todos estos lugares ofrecen conciertos e imparten conferencias sobre “la guitarra y su historia”. Por dondequiera que van levantan gran expectación y reciben grandes elogios.

La guitarrista sevillana Matilde CuervasLa guitarrista sevillana Matilde Cuervas

Por ejemplo, el programa anunciador de las fiestas leridanas contiene la siguiente nota: “En el Teatro Vines dan un brillante concierto el eminente guitarrista Emilio Pujol y su señora doña Matilde Cuervas, constituyendo un éxito clamoroso” (mayo de 1928).

En 1929, el matrimonio ofrece varios recitales y conferencias en tierras catalanas. Regresan, además, a Bruselas y Londres. La prensa española de la época publica algunos detalles sobre dichos conciertos, y no escatima en elogios para la pareja de guitarristas:

“El programa tendrá un aliciente de interés: la interpretación de obras a dos guitarras, para lo cual cuenta con la colaboración de la señora Matilde Cuervas, concertista de mérito, cuya interpretación ha llegado a compenetrarse íntimamente con la de Emilio Pujol” (La Vanguardia, 19-11-1929).

“Con la brillante colaboración de otra guitarrista sensible y depurada, Matilde Cuervas, Emilio Pujol ofreció varios de estos arreglos: melodía y pastoral de ‘La artesiana’, de Bizet-Tárrega; el intermedio de ‘Goyescas’, de Granados; ‘Córdoba’, de Albéniz; un ‘Tango’, de Broqua; la sardana ‘Les fulles seques’, de Morera, y, para corresponder a los aplausos del público, que se resistía a abandonar la sala, la ‘Danza del molinero’, de Manuel de Falla. Para Matilde Cuervas y Emilio Pujol resultó, pues, triunfal la velada” (La Vanguardia, 23-11-1929).

“Los insignes guitarristas Matilde Cuervas y Emilio Pujol, que dieron un selecto concierto en la sala Mozart, el día 22 del pasado noviembre, obteniendo un señaladísimo éxito de público y prensa” (pie de foto, revista La ilustración iberoamericana, diciembre de 1929).

Sin embargo, el hecho de compartir escenario con su marido no resta protagonismo a Matilde Cuervas, cuya labor es muy apreciada por el público. A propósito de su actuación en el londinense Wigmor Hall, Irene Falcón escribe lo siguiente:

Matilde Cuervas ha sabido refinar, pulir la música flamenca, quitándole un poco de su salvajismo. En el Wigmor Hall apareció sola primero, y después con su marido, tocando con una soltura y una gracia que dejaba a los ingleses admirados. Sus dedos tejían la música sobre las cuerdas como una araña su tela. A mi lado unos ingleses, que por lo visto tenían algunas nociones de la música de guitarra, observaban que resultaba muy gracioso y elegante ver tocar la guitarra a una mujer, a una mujer andaluza sobre todo.

Matilde Cuervas honra a la mujer española con su presencia en el Extranjero. Además de artista es muy culta, y se dedica, colaborando con su marido, a adaptar a la guitarra piezas musicales antiguas, compuestas para instrumentos de cuerda de hace cientos de años. […] Son un matrimonio ideal. Eso lo ve, lo siente el público inglés y le agrada. Ellos destruyen la leyenda de que la mujer española es, como las mujeres de Oriente, muy linda, pero completamente inútil” (La Voz, 17-1-1929).