Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Evocación de Antonia la Gamba

Durante el mes de enero de 1938, el diario argentino Crítica publicó una serie de artículos en los que el actor Edmundo Barbero relató las experiencias vividas durante los primeros meses de la guerra civil española. Entre esos recuerdos destaca el de una fiesta flamenca celebrada en el Alcázar de Sevilla en el otoño de 1936 y presidida por el delegado gubernativo para Andalucía y Extremadura, Manuel Díaz Criado. La protagonista absoluta del evento, al menos en la memoria del narrador, fue la veterana bailaora Antonia la Gamba. Así la evocaba Barbero:

Antonia la Gamba en sus años de juventud (Colección Antonio Esplugas. Arxiu Nacional de Catalunya).

Antonia la Gamba en sus años de juventud (Colección Antonio Esplugas. Arxiu Nacional de Catalunya).

«Hay un cuadro flamenco que forma Manuel Vallejo, el cantaor; un guitarrista y Rafael Ortega; las flamencas ‘La Macarrona‘, las ‘Pompis‘ (madre e hija), y esa maravilla de bronce, la anciana ‘Gamba‘. […]

Durante la fiesta era verdaderamente impresionante ver aquellos gitanos, naturalmente supersticiosos, mirando aterrados a aquel hombre que había firmado tantas sentencias de muerte, y al mismo tiempo que el miedo, la fuerza de la costumbre de dar ‘coba‘ al que paga, les hacía extremar todas sus gracias y dedicarle todas sus sonrisas. Tanto las ‘Pompis‘, madre e hija, haciendo palmas y cantando por alegrías para que bailase Ortega o la ‘Macarrona‘, que movía los brazos gordezuelos con la gracia inimitable, como la ‘Gamba‘, verdadero monumento.

De toda aquella noche, ella absorbe todo mi recuerdo. Con sus setenta años, era la única nota delicada de la fiesta. Era una estatua de bronce, con sus brazos como sarmientos, moviéndolos en el aire majestuosamente o cogiéndose la faldilla de faroles, o bien saludando a lo fascista, con cierto aire flamenco y gracioso. Aquella noche del Alcázar Sevillano no había más que una nota de poesía, de arte, en medio de la crueldad, de la barbarie, de la grosería… la que nos diste tú a unos cuantos; tú, la ‘Gamba‘, la viuda de Manuel Torres, de Jerez, ‘¡er que mejón cantó por seguirillas gitanas!’. […]

Antonia la Gamba en su época de esplendor (Fernando el de Triana).

Antonia la Gamba en su época de esplendor (Fernando el de Triana, Arte y artistas flamencos, 1935).

Díaz Criado, a cada gracia que le dedicaban, decía entre dientes, sonriente y con lágrimas en los ojos, un ‘¡olé!’ casi con el aliento. Cuando ya la cosa merecía más entusiasmo un beso sonoro en la cara de Vallejo, la ‘Pompi‘, la ‘Gamba‘, etc.

A eso de las cinco y media, Anita [Sevilla] me quiso enseñar los jardines iluminados para que viese correr las fuentes. El propio Díaz Criado en persona nos lo iba explicando todo. […]

Las gitanas, con sus abriguitos ligeros, miraban en silencio la escena, ateridas y temblando por el fresco de la madrugada, y cuando las pobres esperaban el café y los ‘calentitos’ propios después de una juerga flamenca, nos sirvieron unas botellas de ‘champagne‘ heladas, y que no tuvieron más remedio que beber. Las despidieron cuando comenzaba el día» (Crítica, 25-1-1938, 14).

Antonia la Gamba en sus años de decadencia (Fernando el de Triana, Arte y artistas flamencos, 1935).

Antonia la Gamba en sus años de decadencia (Fernando el de Triana, Arte y artistas flamencos, 1935).


Tina Pavón: «Cuando yo canto, trato de hacerlo de corazón»

Tina Pavón es una de las grandes maestras del cante de nuestro tiempo. Nacida en San Fernando en 1948, desde pequeña se empapó de los estilos gaditanos, en las voces de su abuela y de sus tíos. Tras un breve paso por Jerez de la Frontera, terminó instalándose en Huelva, y allí se subió por primera vez al escenario en la peña flamenca de Moguer.
En 1981 fue merecedora del Premio Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena y en 1983 se coronó en el Concurso Nacional de Córdoba, donde fue la primera mujer en conseguir el Premio Enrique el Mellizo por su interpretación de los cantes de Cádiz. Ese fue el impulso definitivo que la hizo convertirse en una de las cantaoras más solicitadas en los festivales flamencos de los años ochenta y noventa.
Ha actuado en peñas de toda Andalucía y se ha anunciado en grandes eventos, como la Bienal de Sevilla. En la edición de 1992 participó en el espectáculo Al son de tres por cuatro, dirigido por Pedro Bacán, y en 1994 intervino como cantaora en el montaje Réquiem Flamenco de la Compañía Andaluza de Danza, que se representó en distintos escenarios bajo la batuta de Mario Maya.
En los años ochenta Tina Pavón grabó tres LPs de flamenco clásico, en los que registró una treintena de cantes diferentes, pasados por el tamiz de su personalidad cantaora. También cuenta con un disco de sevillanas y otro de canción andaluza; y en su obra más reciente, Luz de alba, de 2003, presta su voz a una selección de poemas de Juan Ramón Jiménez.
Tina Pavón es una cantaora completa y versátil, con un admirable dominio del compás. Su cante está habitado por los ecos de la Niña de los Peines, tiene el sabor a sal de su tierra gaditana, y la maestría que brota del estudio constante y de un inmenso amor al flamenco.
El pasado doce de octubre la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla le tributó un merecido reconocimiento que comenzó con una entrevista, en la que nos regaló el valioso testimonio que a continuación recogemos. Pasen y lean…

Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: Naciste y te criaste en San Fernando, una tierra muy flamenca, y en una familia con mucho arte. ¿Qué recuerdos tienes de esa época y del surgimiento de tu vocación artística?

R: Pues mira, mis padres por nada del mundo querían que yo fuera artista ni yo se lo propuse, porque mi intención nunca fue ser artista. En mi casa había buenísimos aficionados, empezando por mi abuela Manuela, que hacía sus cantes por bulerías, y la primera vez que yo escuché la seguiriya de Manuel Torres se la escuché a ella siendo yo muy chiquitita.

Ella se sentaba en un patio que tenía, muy bonito, en una casa preciosa con una montera de cristales; se ponía a hacer su crochet y a mí me ponían en un ropón muy grande que tenían de trapillo en el suelo, yo chiquitita gateando, y ella hacía sus cantes. Ya, cuando fui mayorcita, le fui escuchando los cantes. “Era un día señalaíto de Santiago y Santa Ana”… Eso lo cantaba mi abuela. Yo no sabía ni quién era Manuel Torres, ni nada de eso.

Por parte de madre también tenía una tía que cantaba de maravilla, tenía una voz que era una preciosidad, era terciopelo, tenía un jilguero en la garganta, pero no fue nunca artista ni pasó por su imaginación.

La familia de mi abuela eran todos salineros, capataces de salina. Entonces se hacía la fiesta de los esteros, una fiesta grandísima. Asaban el pescado en la sapina, una hierba que cría la salina, y luego se hacía una fiesta que duraba tres días o más, porque cantaba mi abuela, cantaba el padre de mi tío Agustín Benítez, que está muy vinculado también al flamenco… cantaban nada más que en familia.

La única que sacó los pies del plato fui yo, porque me escucharon en la Peña de Cante Jondo de Moguer, en la inauguración. Estaba mi primo Agustín Benítez ーque en realidad es mi tío, pero le digo primo porque es casi de la edad míaー, estaban Manolo Mairena, Luis Caballero, Naranjito de Triana… En fin, había una serie de artistas y el presentador era Manolo Rubio, que tenía una agencia de contratación en Huelva y vivía muy cerca de mí. La ventana de mi cocina daba a la oficina de él y algunas veces me escuchaba, pero no sabía quién era yo.

Entonces, cuando mi primo Agustín le habló de mí, le dice: “Hombre, pero si yo la escucho, yo escucho a una señora cantando por la ventana algunas veces. No me digas que es sobrina tuya y canta. Pues ahora mismo le digo que suba al escenario”.

Me anuncia Manolo Rubio: “Aquí hay una señora que se llama… ーEntonces me decían Agustinaー Agustina, sobrina de Agustín Benítez, y va a subir a hacer unos cantes”.

Yo casi me muero. Cuando me dijo eso, me entró un ataque de nervios tan grande, mira… un dolor de estómago, y qué malita, y… “Primo, ¿tú por qué haces esto? Si yo canto en casa, pero no estoy acostumbrada a subirme…” Y va Naranjito de Triana y dice: “Cuando tu primo Agustín dice que tú cantas es porque cantas, y yo te voy a acompañar a la guitarra”. Y fue Naranjito de Triana el que me acompañó por vez primera a cantar en un escenario en la Peña de Cante Jondo de Moguer.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Ahí estaba Pulpón y, en cuanto me escuchó, en seguida le dijo a mi marido: “Mira, es una pena que esta mujer no cante”. Y mi marido se encendió: “Ea, pues venga, ya está, venga, a los concursos”. Y yo, con vomiteras y la mar de malita que me ponía, porque él me apuntaba a los concursos y me decía: “Oye, que te han clasificado, que tú vas al concurso”. ¡Ay, madre mía de mi alma!

Entonces, como a mí me ha gustado tantísimo el flamenco, que en mi época no había una emisora que no tuviera un programa de flamenco, yo encendía mi radio, buscaba las emisoras y me empapaba de todos los cantes.

Claro, cuando me subo al escenario aquel día, me dice Naranjo: “¿Tú qué vas a cantar?” Y digo: “Pues yo qué sé, cualquier cosa, soleá por bulería”. Y me dice Manolo Mairena: “¿Ha dicho algo la niña? Soleá por bulería. ¡Anda!” Así que subí y aquello fue… porque nadie esperaba que yo sacara la voz de la Niña de los Peines cantando soleá por bulería, que yo tengo mucho eco, muchos tonos muy parecidos a la Niña, además de que yo muero con Pastora… Y nada, pues ya de ahí… Venga, a los concursos.

Me dijo Pulpón: “Mira, te voy a presentar en todos los concursos de toda Andalucía para darte a conocer. Que no te importe si ganas o no ganas, nada más que para que te conozcan”. Y ganaba todos los concursos. Y yo: “Ay, a ver si no me clasifican…” Y él: “Venga, que tienes que presentarte”. Hasta que ya llegó un momento en que me dijo Antonio [Pulpón]: “Mira, te voy a presentar en el concurso de Mairena del Alcor”. Y digo: “Ay, por Dios, que ese concurso es muy importante, que ahí va la gente que sabe mucho…” Total, que me presento en Mairena y me dan el premio a los cantes de compás.

Y ya, pues nada, dice Pulpón: “Venga, pues ahora el Nacional de Córdoba”. Ay, otra vez malísima. Ay, Córdoba, por Dios, Córdoba… Vamos a ver… Estaban José el de la Tomasa, el Pele, había un montón de gente… Digo: “¿Qué voy a hacer yo aquí?”… ¡Que me dieron el premio de Enrique el Mellizo, en los cantes de Cádiz! Así que ya mi trayectoria fue… Pulpón me dijo: “Ya, déjate de concursos, ¿eh? Que ya no hay más concursos. Ya, a trabajar”.

Entonces, ya empezó a meterme en las peñas flamencas, de las peñas a los festivales… y, gracias a Dios, no he parado hasta el año de la pandemia, que me hice cargo de mis padres, ya muy mayores, y los he estado cuidando hasta el día de hoy, y hace un año que se murió mi padre, y ya yo cerré mi boca y no he vuelto a cantar más.

Cuando me llamaron ustedes, digo: “Si ya yo no canto, mujer, si ya ni en la ducha siquiera, yo ya no canto». Además, la garganta es un músculo que, si no entrena, se va… Y muchísimo miedo que he tenido siempre. Pero, bueno, tratándose de la peña Torres Macarena, que tengo unos recuerdos inolvidables, porque siempre me han tratado con muchísimo cariño, me han traído muchas veces, y la verdad es que ya se me resistía el decir que no… y digo: “Pues venga, pero ya la despedida, ¿eh? Ya se acabó”.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: Volviendo un poco a aquellos tiempos, según cuentas, fue tu marido el que te empujó a hacerte artista…

R: Sí, por mi marido fui artista.

P: Es un caso raro, pues en aquella época solía ser al contrario.

R: Era al contrario… Pues él me empujaba y me apuntaba a los sitios, y yo: “Chiquillo, que yo no tengo carácter…” Más tímida y más cortada que las mangas de un chaleco, cortísima… Y el día aquel de Moguer, me tuvo que subir al escenario Manolo Rubio y sentarme en la silla, del ataque de nervios que yo tenía, las piernas eran… que no podía ni andar. A mí me ha dado siempre mucho respeto el público, y siempre con ese miedo y esa cosa. Luego no he escapado mal, la verdad.

P: Y tenías también un hermano que te acompañaba a los sitios y te apoyó mucho, tu hermano Rafael, ¿verdad?

R: Mi hermano Rafael también me ha acompañado a muchos sitios y, ya cuando me quedé sola, que yo me separé por otras circunstancias, mi hermano me acompañaba, me han acompañado mis yernos, me han acompañado mis hijas… Porque ya entonces me lo tuve que tomar en serio y digo: “Yo tengo que llevar mi casa y a mis hijas para delante, y tengo que luchar”.

P: No tuvo que ser fácil, en aquel tiempo, dedicarte a trabajar y cuidar de la familia.

R: No, no fue fácil; pero, gracias a Dios, soy una persona fuerte y he tenido a mis compañeros, los artistas con los que he trabajado han sido formidables. Chano Lobato me daba siempre mucho ánimo, lo mismo que el Lebrijano, que Menese… Todos los compañeros siempre me han apoyado mucho… y las bailaoras… Pepa Montes, que me ponía… “Chiquilla, ven para acá, que te voy a poner ese mantón con arte”. Y me ponía ella el mantón. “Anda, mira qué flamenca estás”. Me han ayudado mucho, la verdad, me he sentido muy arropada porque en aquel entonces, cuando yo salí, había muy pocas mujeres. Estaban María Vargas, la Paquera de Jerez

P: Y las mayores, Fernanda, Bernarda

R: Y ya, claro, ya mayores, y yo entre medio. Ya luego vino Carmen Linares, luego vino Aurora Vargas, ya vinieron más, pero yo me veía en los festivales sola.

P: De hecho, en el año 1983, que es cuando ganaste el Concurso Nacional de Córdoba, que fue un impulso muy grande para tu carrera, he hecho el recuento de los artistas que participaron en los festivales flamencos, según la guía que se publicaba entonces, y tú eres la cantaora mujer que participó en más festivales. También hay que decir que un 88% de las actuaciones que hubo ese año, según esa guía, fueron de hombres y solo un 12% fueron de mujeres. Entre ellas estabas tú, con once festivales. Después venían la Paquera con siete, Fernanda y Bernarda con seis, y la Susi con cinco. Entre las bailaoras, destacaban Manuela Carrasco, también con once actuaciones, y Pepa Montes, con seis.

Con Tina Pavón, al finalizar el acto de reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, al finalizar el acto de reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

¿Cómo fue esa experiencia del Concurso Nacional de Córdoba?

R: Como todos concursos… Iba insultadita y, además, con la gente que se presentaba… Me dieron mucho ánimo… Me acompañó Manolo Domínguez, el Rubio, que fue un guitarrista con el que estuve muchísimo tiempo, y bueno, muy bien. Yo estaba muy nerviosa, porque digo: “Mira, yo me lo voy a tomar ya un poquito… porque si no, voy a morir con tantos nervios”.

Estábamos hospedados en el Maimónides, en Córdoba, y salimos a la cafetería, y me viene Amós Rodríguez, el hermano del Beni de Cádiz, y me dice: “¿Qué pasa, paisana?” Y digo: “Uf, aquí estoy yo, que no sé qué va a pasar”. Y digo: “Hombre, me da igual; si no me dan premio, no me dan premio, yo ya salí del concurso”. Y dice: “No te puedo decir nada, pero te voy a decir que un premio te vas a llevar”. Y digo: “Anda ya, déjate de pitorreo, hombre… Me voy a llevar yo un premio, con los pedazos de artistas que se están presentando”. Y él: “Que te digo que un premio te vas a llevar, que no puedo decir nada, que me lo tienen prohibido”. Y, efectivamente, me dieron el premio a los cantes de Enrique el Mellizo.

P: En ese concurso también cantaste por granaína, aunque ese premio no lo ganaste, ¿verdad?

R: No lo gané. Porque mi marido me apuntaba a todos los grupos, hija mía. Había los grupos de los cantes de Levante, los cantes de Cádiz… y él me apuntaba a todos los grupos y, claro, tuve que hacer todos los cantes…

P: Has mencionado a Manolo Domínguez, el Rubio. ¿Qué recuerdos tienes de él?

R: Me da mucha alegría volver a escuchar sus falsetas. Tenía una sensibilidad en esos dedos, que parecía que no pulsaba las cuerdas en algunos momentos, que a mí me transmitía muchísimo, muchísimo arte. Era sensacional, era un guitarrista fenomenal. Tenía una cosita muy especial.

P: En esa época, como hemos comentado, las cantaoras erais una minoría y además las peñas han sido tradicionalmente unos espacios muy de hombres… ¿Cómo se sentía una mujer ahí?

R: Pues te puedes imaginar, ¿no? Te puedes imaginar, porque eran cantaores ya hechos, eran mayores que yo y estaban hartos de cantar en todos los sitios, y yo estaba dando mis primeros pasitos, con muchísimo miedo, porque no quería quedar en ridículo… no a la altura de ellos, que era ya pedir demasiado, pero yo ponía todo mi corazón para que el nombre de la mujer, por lo menos, saliera digno. Ponía el corazón y el alma. Y tuve mucho apoyo de ellos, porque me animaban muchísimo. Además, yo estaba allí sola y siempre me decían: “¿Qué pasa, cómo estás de ánimos?» «Venga, que la vas a liar, que no sé cuánto…” Y me daban muchísimo ánimo, la verdad es que sí. Eran unos compañeros preciosos.

P: Te sentiste, entonces, bien arropada.

R: Muy bien arropada, la verdad es que sí. Canté muchísimas veces con ellos. Ya te digo, era raro el festival en que no estaba yo con ellos.

P: Te han comparado mucho con Pastora Pavón, la Niña de los Peines.

R: ¡Siempre! “Tu cante no vale nada, porque tú imitas a la Niña de los Peines, porque esto es una copia y las copias no valen nada…” Otro me decía: “Tú no te apartes de lo de Pastora, porque ahí es donde tú haces tus cosas…” Aparte de cantar las cosas de la Niña de los Peines, yo también le ponía mis cositas… Y era mi escuela, porque yo había aprendido, ya una vez que me lo tomé en serio… ¿A quién me arrimo? Pues a la más grande, a la Niña de los Peines. Y unos me criticaban porque decían que yo copiaba, otros… En fin, había de todo, pero generalmente todo el mundo me acogió muy bien. Eso fueron puntaditas ahí, a las que yo no echaba cuenta siquiera.

P: Siempre tiene que haber de eso, ¿no?

R: Sí, siempre hay detractores y gente que… Había de todo, pero, bueno… Yo era lo que sabía y era lo que ofrecía. Al que le guste bien y al que no, pues lo siento. ¿Qué vamos a hacer?

Tina Pavón, en el recital que siguió a la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, en el recital que siguió a la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: ¿Aparte de Pastora, qué otros referentes importantes ha habido en tu cante?

R: Bueno, pues todos, porque cuando yo ya vi que tenía que irme para delante y luchar, me llevaba hasta las tres y las cuatro de la mañana escuchando a todo el mundo, a Manuel Torre, a los cantaores de Cádiz… Aprendí de todos, de todos. Ya luego le pones tú tus cosas, sin darte cuenta, porque tú, cuando estás cantando, no estás pensando en el cantaor… sino que estás pensando en esa letra… Ya tienes una referencia de lo que es el cante y entonces ya sacas tus quejíos y tus cosas, donde tú vas sintiendo.

P: Le vas dando tu personalidad, digamos.

R: Exactamente. No sé si lo conseguí en algunos momentos o no, pero cuando yo canto no pienso nada más que en lo que estoy cantando y trato de hacerlo de corazón, y cuando lo hago de corazón, este es el que manda y el que me dice: “Aquí te tienes que quedar” o “aquí no”. Y eso es el cante.

P: En ese año 1983 también se produjo otro hito digno de reseñar, la creación de la Peña Flamenca Femenina de Huelva, de la que tú fuiste fundadora junto con otras doce mujeres. ¿Qué puedes contarnos de esa experiencia?

R: En la Peña Flamenca de Huelva no entraban las mujeres, que me vinieron muchas veces para que yo diera un recital y digo: “Yo no le canto a soldados. Cuando entren las mujeres, entonces canto yo. Y voy a cantar de balde, pero tienen que entrar las mujeres”. Y no fui.

Entonces surgió la idea de fundar la peña femenina y vino una señora a mi casa y me dijo: “Mira, Tina, que vamos a fundar una peña, la peña de las mujeres, para nosotras tener también nuestro cante y poder disfrutar del flamenco”. Y digo: “Pues me parece una idea preciosa y, además, que salga de las mujeres”. Y dice: “Es que nos gustaría que tú formaras parte de la peña”. Y digo: “Pues yo, encantada; yo formo parte”.

P: Siempre has sido admirada por personas muy importantes en el mundo del flamenco. Por ejemplo, a Antonio Mairena he leído que se le cayeron dos lagrimones escuchándote…

R: ¿De eso cómo te has enterado tú?

P: He leído mucho para documentarme y la verdad es ya no sé dónde lo he leído…

R: Bueno, eso fue la primera vez que el Sordo, José Domínguez Carrasco, a quien le debo muchísimo, el que me llevó a la casa de discos Belter, el que me hizo las letras de los discos… Bueno, fue tremendo. Mi primo Agustín me dice: “Agustina, mira, vente a Sevilla”, a la emisora de radio en que estaba Rafael Belmonte entonces, que tenía un programa de flamenco… Dice: “Va a estar Antonio Mairena y yo quiero que Antonio te conozca… Vente conmigo”. Y me fui a la emisora.

Mi primo llamaría a Manolo Domínguez, porque yo no lo llamé, y se presentó Manolo con la guitarra. Estuvimos en la tertulia, y dice Antonio: “Bueno, a mí me ha dicho tu tío Agustín que tú cantas muy bien y yo te quiero escuchar”. Y digo: “Ojú, ya me entraron los nervios, ya me entró el ataque”. Y dice: “Bueno, ¿qué vas a cantar? Hazme una cosita”. Y, fíjate la ignorancia, digo: “Vamos a cantar por seguiriyas”. Mira, él se quedó un poquito sorprendido. Hizo con la guitarra la falseta y salgo yo… Yo no lo vi, pero, según Manolo Domínguez, Antonio Mairena… con los ojos desencajados, cuando yo hice nada más que la salida de la seguiriya. Empecé a cantar y, según dijeron allí, a Antonio se le saltaron las lágrimas, del sentimiento con que yo había cantado por seguiriyas y, cuando salimos, dice: “Bueno, ¿a ti quién te ha enseñado los cantes de mi prima Pastora?” Y ya le expliqué yo que… por mi abuela… y ya después por los discos, y tal.

Tina Pavón, al recibir el reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, al recibir el reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Cuando yo grababa los discos, la maquetita que hacíamos se la llevaba a su casa. “Antonio, mire usted, que quiero…” Y él: “Tú ven a mi casa cuando tú quieras”. Me fui para allá con mi marido y digo: “Antonio, me dice usted la verdad. ¿Esto está como para grabarlo o no está para grabarlo?” Y entonces me dijo estas palabras: “Mira, está digno, porque la maqueta está digna, has hecho los cantes como son, pero tú vas a cantar bien cuando tengas de cincuenta años para delante”.

Digo: “Ojú, Antonio, ¿tanto hay que esperar?” Dice: “Cuando la vida te haya dado los palos que nos da a todo el mundo, entonces vas a cantar con ese sentimiento; porque tú estás cantando ahí porque te sabes la letra, y tú cantas y ya está… pero tú tienes que cantar de corazón y sentir. Eso es lo único que yo le veo a la maqueta, pero que lo puedes grabar perfectamente porque los palos están ortodoxamente cantados”.

Claro, cuando me dijo eso, cuando me fui a la Belter, eché allí hasta el hígado… Yo ya, venga, sintiendo… Y me acuerdo de que fui una vez que tenía a mi hija Esther, que de chiquitita padecía de bronquitis asmática, pues estuvo muy malita… y Carrasco me hizo una letra por seguiriyas, que la tengo grabada en el disco, y me puse a cantar la letra y, cuando se enteró de que yo había dejado a mi niña malita, y me fui a la Belter a Barcelona dejándola malita… Yo iba fatal, y me dice: “Trae para acá, quita la letra esa”. Y me hizo en el momento una letra alusiva a mi niña.

Y el Chozas, que estaba allí, que también vino a grabar a la Belter, dice: “Esto es para darse chocazos, cómo ha cantado esa seguiriya”. Y digo: “Porque he estado pensando en mi niña, y ahora me acuerdo de lo que me decía Antonio Mairena”. Y es verdad, la vida te da cosas que van sacando esos sentimientos, y de mayor la vida te da los palos que te da, y eso… No se canta igual, se canta con otro sentimiento.


Encarnación Hurtado, la Malagueñita, bailaora universal* (y IV)

4.- Segunda etapa latinoamericana

Tras su gira europea, Encarnación Hurtado pasó varios meses en España, trabajando principalmente en Barcelona, en locales como el Edén Concert, La Gran Peña, el cabaret La Buena Sombra, el teatro Catalá Romea, el Circo Barcelonés y la sala Imperio; además de actuar en el salón Novedades de Valencia y en el salón Regio de Granada (69). Los anuncios la presentaban como la gran estrella internacional que era, y destacaban cualidades como su versatilidad, creatividad y maestría.

La Malagueñita (Mundo Argentino, 9-7-1914).

La Malagueñita (Mundo Argentino, 9-7-1914).

En abril de 1914 viajó a Argentina junto a una compañía encabezada por la cupletista la Goya, y en la que también figuraban la Sevillita, la Iberia y la Maravilla. Entre los meses de mayo y junio actuaron en el teatro San Martín de Buenos Aires, y en julio pasaron al Urquiza de Montevideo, donde estrenaron el apropósito cómico-lírico La Feria de Sevilla, firmado por Miguel Mihura, que incluía números de cante y baile andaluz.

Encarnación, «bailaora de mistó [que] baila maravillosamente, describiendo con los brazos y las piernas figuras caprichosas, trazadas al compás alegre del garrotín y la farruca» (70), deslumbró con un número de inspiración taurina:

«… recogiendo y llevando los brazos en curvas gallardas, ondulando el cuerpo de dibujo impecable, que contrae y estira en movimientos nerviosos y artísticos, suaves y armoniosos, hasta terminar en un taconeo rápido, enérgico y valiente. Y al perfilarse simulando la suerte de banderillas, recogiéndose de nuevo para dar un ceñido pase en redondo que arranca un ¡olé! del público delirante…» (71)

Ya desvinculada de la Goya, se anunció durante tres meses en el Royal Theatre junto a un nutrido elenco internacional de artistas de variedades en el que destacaba la presencia del cantaor y guitarrista Telesforo del Campo. Allí presentó por primera vez sus «alegrías flamencas» (72) y la crítica la consideró una «bailadora de verdad, que siente su arte y sabe lo que siente» (73). Pasó después un mes en el Majestic Theatre y en febrero de 1915 debutó en el teatro de la Ópera de la ciudad de Rosario (74).

La Malagueñita (Caras y Caretas, 29-1-1916).

La Malagueñita (Caras y Caretas, 29-1-1916).

De regreso a Buenos Aires, en marzo de 1915 «sufrió un ataque al corazón que la hizo perder el habla» y se llegó a temer por su vida (75), mas la recuperación fue prodigiosa y unas semanas más tarde volvió a subirse a los escenarios. El 12 de mayo reapareció en el Royal Theatre y de allí pasó al teatro Mayo; y en ambos coliseos la denominada «reina del taconeo» siguió triunfando con sus bailes acompañada a la guitarra por Pepe el Cordobés (76). La noche de su beneficio estrenó «danzas nuevas y cantares flamencos» así como un pasodoble compuesto por Rafael Palacios (77).

En el mes de julio canceló sus actuaciones en el teatro Royal de Montevideo, donde hacía furor con sus bailes gitanos, debido al impago del empresario (78). Volvió a la capital porteña para trabajar en el teatro Casino y en el cine Etoile Palace (79), y en enero de 1916 se presentó en el teatro de la Comedia, junto a la compañía de comedias y zarzuelas españolas de Miguel Lamas.

Allí actuó durante varios meses, interrumpidos por una breve escapada a Rosario contratada por el café La Bolsa (80), y tuvo la oportunidad de mostrar nuevas facetas artísticas. En la opereta La canción española, con texto de Mihura y González, y música de Vives y Barrera, interpretó un papel como actriz, y cantó números flamencos y de aires regionales. Durante su estancia en ese coliseo también ofreció sus populares bailes e hizo una incursión en la música criolla, entonando canciones como la titulada Pobre mi madre querida (81).

La Malagueñita (P.B.T., 29-1-1916).

La Malagueñita (P.B.T., 29-1-1916).

En esa época la revista P. B. T. ofrece un interesante testimonio de quien era considerada «una de las principales figuras en el difícil y sugestivo arte de Terpsícore», por «su maravillosa manera de bailar, las elegantes actitudes que adopta cuando ejecuta sus danzas típicamente españolas, y la gracia exquisita con que sabe envolver su cuerpo garboso en la seda crujiente del cromático mantón de fleco» (82).

En esa entrevista, firmada por Deusdedit Criado, Encarnación afirmó sentirse como en casa en tierras argentinas y desveló una nueva faceta de su arte, la de guitarrista:

«Yo nací en Málaga. Principié a bailar, por gusto, muy jovencita. Más tarde tomé el baile como profesión, y no me pesa; porque he recorrido medio mundo bailando, y en todas partes me aplaudieron. […] La semana que viene, en el teatro de la Comedia, voy a cantar unos números muy bonitos, de aires criollos y españoles, que yo misma acompañaré con la guitarra» (83).

Asimismo, durante esos años la Malagueñita fue requerida para participar en numerosos festivales benéficos y homenajes celebrados en distintos teatros de Buenos Aires, lo que da una muestra de su gran popularidad. Es más, en el concurso organizado por el diario Crítica en el verano austral de 1916 para seleccionar a las artistas predilectas del público, se reveló como la gran favorita entre las bailarinas en reñida competencia con la Criollita, que finalmente le arrebató el primer puesto (84).

La Malagueñita (P.B.T., 29-1-1916).

La Malagueñita (P.B.T., 29-1-1916).

Durante el mes de octubre «la imponderable» artista, «tan festejada por sus bailes de tango español a lo netamente torero» (85), trabajó de forma simultánea en los teatros de la Ópera y de la Comedia de Buenos Aires (86), y a partir de entonces redujo considerablemente su actividad, coincidiendo con su cambio de estado civil. Aunque no hemos hallado ninguna noticia que informe sobre su enlace matrimonial, la prensa nos da algunas pistas, como el comentario «¡Qué bien le sienta a la Hurtado la vida casera!» o la alusión a su «domicilio, ahora conyugal» (87).

No obstante, su recuerdo siguió estando bien presente entre sus muchos seguidores. El 16 de octubre de 1918 la revista Mundo Argentino le dedicó su portada y unos meses más tarde el diario Crítica publicó una fotografía suya con el siguiente pie: «La Malagueñita. Esta simpática bailarina, hoy retirada de los escenarios, cuya falta advierten los aficionados a la buena danza» (88).

La Malagueñita (Mundo Argentino, 16-10-1918).

La Malagueñita (Mundo Argentino, 16-10-1918).

Notas:

(*) Artículo publicado en el monográfico Arte flamenco en la provincia de Málaga, de la revista Jábega, nº 114.

(69) El Diluvio, «Gran Edén Concert». Barcelona, 1 de noviembre de 1913, p. 10; El Diluvio, «La Gran Peña». Barcelona, 13 de noviembre de 1913, p. 11; El Diluvio, «La Buena Sombra». Barcelona, 26 de enero de 1914, p. 9; Eco Artístico, «Buena Sombra». Madrid, 15 de febrero de 1914, p. 44; El Diluvio, «Teatre Catalá-Romea». Barcelona, 16 de febrero de 1914, p. 3; El Diluvio, «La Buena Sombra». Barcelona, 20 de febrero de 1914, p. 14. La Vanguardia, «Teatro Circo Barcelonés». Barcelona, 3 de marzo de 1914, p. 7; La Vanguardia, «Teatro Sala Imperio». Barcelona, 26 de marzo de 1914, p. 7; El Pueblo, «Salón Novedades». Valencia, 26 de noviembre de 1913, p. 2; Eco Artístico, «Granada. Salón Regio». Madrid, 15 de marzo de 1913, p. 25.

(70) El Siglo, «Urquiza». Montevideo, 7 de junio de 1914, p. 7.

(71) Caras y Caretas, «Tonadillas y danzas». Buenos Aires, 23 de mayo de 1914, pp. 62-63.

(72) Crítica, «‘Viens m’amour’». Buenos Aires, 14 de noviembre de 1914, p. 6.

(73) Crítica, «La Malagueñita». Buenos Aires, 19 de octubre de 1914, p. 5.

(74) Crítica, «Royal Theatre». Buenos Aires, 16 de diciembre de 1914, p. 6; Crítica, «¡Otro hogar destruido!». Buenos Aires, 19 de enero de 1915, p. 5; La Reacción, «Teatro La Ópera». Rosario, 8 de febrero de 1915, p. 6.

(75) Crítica, «La Malagueñita». Buenos Aires, 12 de marzo de 1915, p. 6.

(76) Crítica, «La Malagueñita». Buenos Aires, 9 de mayo de 1915, p. 6; Crítica, «En el Royal». Buenos Aires, 22 de mayo de 1915, p. 7; Crítica, «Por el Mayo». Buenos Aires, 1 de junio de 1915, p. 6.

(77) Crítica, «Por el Mayo». Buenos Aires, 21 de junio de 1915, p. 7.

(78) Crítica, «De Montevideo». Buenos Aires, 18 de julio de 1915, p. 5; Crítica, «Royal». Buenos Aires, 21 de julio de 1915, p. 5.

(79) Crítica, «La Malagueñita». Buenos Aires, 22 de julio de 1915, p. 6; Crítica, «Etoile Palace». Buenos Aires, 12 de agosto de 1915, p. 6.

(80) Crítica, «Encarnación Hurtado». Buenos Aires, 11 de febrero de 1916, p. 5.

(81) Crítica, «Comedia». Buenos Aires, 13 de marzo de 1916, p. 6; Crítica, «En la Comedia». Buenos Aires, 2 de marzo de 1916, p. 5; Crítica, «Comedia». Buenos Aires, 18 de marzo de 1916, p. 6.

(82) CRIADO, Deusdedit, «La Malagueñita», en P. B. T. Buenos Aires, 29 de enero de 1916, p. 33.

(83) Idem.

(84) Crítica, «Premio bailarinas». Buenos Aires, 3 de septiembre de 1916, p. 1; Crítica, «El Festival artístico de anoche». Buenos Aires, 4 de septiembre de 1916, p. 4.

(85) VILÁ ESTRUC, Dr. Y., «El arte y los artistas en Buenos Aires», Revista de Theatro & Sport. Río de Janeiro, 4 de noviembre de 1916, p. 5.

(86) Crítica, «Noticias sin importancia». Buenos Aires, 29 de septiembre de 1916, p. 4; Crítica, «Las veladas de la Ópera». Buenos Aires, 5 de octubre de 1916, p. 5.

(87) Crítica, «Ópera». Buenos Aires, 27 de octubre de 1916, p. 4; Crítica, «¡Varietés al Colón!..», Buenos Aires, 24 de diciembre de 1916, p. 4.

(88) Crítica, «La Malagueñita». Buenos Aires, 31 de octubre de 1919, p. 3.


Encarnación Hurtado, la Malagueñita, bailaora universal* (III)

3.- A la conquista de Europa

En noviembre de 1910 Encarnación Hurtado regresó a España y, hasta finales del año 1911, desarrolló la mayor parte de su actividad en cabarets y salas de variedades de Barcelona, tales como el Petit Moulin Rouge, el Alcázar Español o el teatro Gayarre (46), donde cosechó grandes éxitos con su elegancia y buen hacer.

Encarnacion Hurtado. Fondo Antonio Esplugas. Arxiu Nacional de Catalunya.

Encarnación Hurtado. Fondo Antonio Esplugas. Arxiu Nacional de Catalunya.

En el mes de marzo viajó a Andalucía, para actuar en el teatro Lloréns y el salón Novedades de Sevilla, y en el teatro Mora de Huelva (47); y en primavera se presentó en el Trianón-Palace de Madrid, en el teatro Madrileño y en el salón Novedades de Valencia (48), anunciándose como «Soberana del baile flamenco. La auténtica creadora de “farrucas”, “marianas”, “tangos” y “garrotines”» (49). La «genial creadora del baile flamenco» también cosechó «un personal e indescriptible éxito» el salón Farrusini de Zaragoza; se anunció en el teatro Principal de Tortosa y en el Kursaal de Reus (50).

En la capital catalana, a partir del mes de julio de 1911 se la pudo ver en el cabaret La Buena Sombra, el teatro Poliorama, el Saturno Parque (51) y, principalmente, en el Edén Concert, donde compartió cartel con la Argentinita y conquistó tanto a la crítica como al auditorio: «La Malagueñita, que, al parecer, se ha empadronado en este music-hall, es ovacionada como el primer día; y es que la criatura se trae un movimiento de piernas que ni un ciclista» (52).

El 24 de enero de 1912 se estrenó en el Alhambra Theatre de Londres un espectacular ballet basado en la ópera Carmen, con música de Bizet y argumento adaptado a partir de la obra de Merimée. Se trató de una gran producción, con suntuosos decorados y un coste total de 25.000 $. La acción dramática y las danzas fueron arregladas por el Sr. Berger, maestro de danza de la Ópera Imperial de Varsovia.

Las bailaoras españolas y el maestro Realito (The Theatre, junio de 1912).

Las bailaoras españolas y el maestro Realito en Carmen (The Theatre, junio de 1912).

El papel protagonista recayó en la bailarina española de fama internacional María la Bella, secundada por el Sr. Volvert, en el rol de Don José, y el Sr. August, en el de Escamillo. Asimismo, el director del teatro, Alfred Moul, viajó a España para contratar in situ a un grupo de bailaores españoles compuesto por la Andújar, la Morenita, la Amapola, la Pilarita, María Nieves, la Punki, Manuel Real Montosa –más conocido como Maestro Realito– y, como estrella principal del elenco, Encarnación Hurtado.

El ballet constaba de cinco escenas que se desarrollaban, respectivamente, en el mercado, en las afueras de la ciudad, en el patio de una posada, en un puerto de montaña y en la plaza de toros. A pesar de que años atrás ya se había representado un espectáculo inspirado en esa misma obra, este resultó muy novedoso por su excelente recreación de la atmósfera del sur de España, con su «colorido exquisito, que armoniza con el movimiento, una música encantadora y un baile maravilloso» (53).

Sobre el escenario se daban cita una profusión de personajes que fumaban sin parar, mujeres con flores en el pelo y bailaoras con mantilla que jugueteaban con sus abanicos (54). Se interpretaron «enérgicos bailes» españoles con nombres como «la Castañuela, la Seguidilla, el Zafarrancho», y el espectáculo, «bullicioso, multicolor y sorprendente», era una auténtica «orgía de luz y color» (55).

María la Bella y los Sres. August y Volbert (The Theatre, junio de 1912).

María la Bella, y los Sres. August y Volbert (The Theatre, junio de 1912).

Al decir de la crítica, el grupo de bailaoras españolas aportaba gran autenticidad al ballet, hasta el punto de que, en comparación con las danzarinas británicas, eran como «el vino y el agua»; y, más que estrellas, podían ser consideradas «una galaxia en sí mismas» (56). Mención especial merece la Malagueñita, que, a pesar de desempeñar un papel secundario, resultó ser uno de los grandes atractivos del montaje.

Ejecutó distintos bailes flamencos ataviada con un traje blanco de hombre –compuesto por chaquetilla corta, pantalón, camisa y sombrero–, muy ceñido, que realzaba su esbelta figura y la convertía en una estampa altamente seductora. Llamó especialmente la atención el zapateado que interpretó sobre una mesa en la escena de la taberna, que fue comparado con el clog dance o baile de zuecos de los ingleses. Encarnación acompañó «la música con sus pies con una precisión y rapidez extraordinarias» y «el público del teatro enloqueció de placer» (57).

La crítica también se rindió ante ella. Alabó su toque de castañuelas, su flexibilidad felina, y la denominó «sacerdotisa del baile flamenco», una «de las mejores artistas que se han visto en la Alhambra» (58). Tanto interés despertó entre la prensa, que la revista Cosmopolitan le dedicó una doble página ilustrada con varias fotografías en las que lucía tanto el traje de hombre como el de mujer.

Entrevista a Encarnación Hurtado en Cosmopolitan, julio de 1912.

Entrevista a Encarnación Hurtado en Cosmopolitan, julio de 1912 (primera página).

El texto que las acompañaba, firmado por Scott Liddell, consistía en una entrevista en la que la Malagueñita se declaraba autodidacta –«¡Nada de clases! ¡Nada de clases! […] Todo es natural, nunca he recibido clases de baile en mi vida»–; afirmaba haber rechazado varias propuestas para actuar en París y, tal vez en un intento de congraciarse con el público británico, declaraba: «Mi ambición es casarme con un inglés y quedarme en Londres» (59).

Tras el gran éxito alcanzado por el ballet de Carmen, que permaneció en cartel hasta el mes de mayo, Encarnación Hurtado trabajó en otras salas de variedades londinenses. En junio debutó en el Tivoli Theatre acompañada por tres bailaoras españolas y, con música de Bizet, ejecutó su ya famoso zapateado sobre una mesa. La crítica destacó su «personalidad fascinante» (60) y llegó a la conclusión de que su danza, más que una simple reproducción del baile masculino, constituía un disfraz tras el que se escondían la suavidad y pasión femeninas:

«La Malagueñita […] carece de la furia subterránea del bailarín masculino; se tiene la sensación de que utiliza los movimientos tan perfectamente aprendidos como un disfraz. Juega con ellos; el cuerpo rígido a veces empieza a balancearse (como se balancea el cuerpo de una mujer española), pero la artista lo contiene. Hay una pizca de suavidad femenina en los gestos de esas manos gráciles que, sin embargo, se retuercen y chasquean tan salvajemente, y el repiqueteo de los pies es un eco burlón de la risueña y tímida lejanía de los ojos. Una mujer apasionada, se diría, pero de pasión inexorablemente oculta» (61).

Entrevista a Encarnación Hurtado en Cosmopolitan, julio de 1912 (segunda página).

Entrevista a Encarnación Hurtado en Cosmopolitan, julio de 1912 (segunda página).

A finales de agosto Encarnación se presentó en el London Pavilion, y durante el mes de septiembre se la pudo ver en el Hippodrome y en el Chelsea Palace (62). Después emprendió una gira por varias ciudades centroeuropeas. En los meses de noviembre y diciembre actuó en el Ronacher Theater (63) y en el Établissement Parisien de Viena, donde causó sensación y supo «mantener al público en vilo, aportando siempre nuevos ritmos a los movimientos armoniosos de su cuerpo» (64). En enero de 1913 pasó al Wintergarten de Berlín y, durante un mes y medio, bailó «con agilidad y gracia ardientes danzas nacionales» (65).

En el mes de junio actuó en el Music-Hall du Luna Park de Bruselas y, «por el encanto de sus jotas, de sus tangos y de otros bailes españoles», la prensa la comparó con rutilantes estrellas del baile español como Rosario Guerrero y Carolina Otero (66). Unas semanas más tarde regresó al Alhambra Theatre de Londres para intervenir en la revista Eightpence a Mile, en la que interpretó algunas de sus ya conocidas danzas: «Ataviada con un vestido blanco de torero […] y una rosa roja, bailó con fuego y vigor, siendo el segundo baile sobre una pequeña mesa una joyita en el arte de la acción contenida y elegante» (67). La crítica destacó la elegancia, ligereza y sutilidad de sus movimientos, y la consideró «una artista realmente perfecta» (68).

La Malagueñita (Sport im Bild, 28-2-1913).

La Malagueñita (Sport im Bild, 28-2-1913).

Notas:

(*) Artículo publicado en el monográfico Arte flamenco en la provincia de Málaga, de la revista Jábega, nº 114.

(46) El Diluvio, «Petit Moulin Rouge». Barcelona, 22 de diciembre de 1910, p. 4; El Poble Catalá, «Alcázar Español». Barcelona, 3 de febrero de 1911, p. 4; La Publicidad, «Petit Moulin Rouge». Barcelona, 10 de marzo de 1911, p. 4; La Vanguardia, «Teatro Gayarre». Barcelona, 1 de abril de 1911, p. 7.

(47) El Liberal, «Lloréns». Sevilla, 9 de marzo de 1911, p. 2; Eco Artístico, «Sevilla. Salón Novedades». Madrid, 25 de marzo de 1911, p. 9. Eco Artístico, «Huelva. Teatro Mora». Madrid, 5 de abril de 1911, p. 7.

(48) La Correspondencia de España, «Trianón-Palace». Madrid, 23 de abril de 1911, p. 6; Heraldo Militar, «Teatro Madrileño». Madrid, 12 de mayo de 1911, p. 1; El Pueblo, «Salón Novedades». Valencia, 1 de junio de 1911, p. 2.

(49) Eco Artístico, «Valencia. Salón Novedades». Madrid, 25 de mayo de 1911, p. 12.

(50) Eco Artístico, «Zaragoza. Salón Farrusini». Madrid, 25 de junio de 1911, p. 12; El Tiempo, «Teatro Principal». Tortosa, 8 de julio de 1911, p. 3; Diario de Reus, s. t. Reus, 4 de noviembre de 1911, p. 2.

(51) La Publicidad, «La Buena Sombra». Barcelona, 7 de julio de 1911, p. 4; El Diluvio, «Poliorama». Barcelona, 31 de julio de 1911, p. 3; La Vanguardia, «Saturno Parque». Barcelona, 22 de agosto de 1911, p. 11.

(52) Eco Artístico, «Edén Concert». Madrid, 15 de octubre de 1911, p. 6; Eco Artístico, «Edén Concert». Madrid, 5 de diciembre de 1911, p. 8.

(53) Eco Artístico, «Edén Concert». Madrid, 15 de octubre de 1911, p. 6; Eco Artístico, «Edén Concert». Madrid, 5 de diciembre de 1911, p. 8.

(54) London Daily News, «Alhambra Ballet». Londres, 25 de enero de 1912, p. 2.

(55) The Globe, «Alhambra Theatre». Londres, 25 de enero de 1912, p. 3; FROYEZ, Maurice, «Alhambra-Carmen», en Comoedia. París, 25 de febrero de 1911, p. 7.

(56) London Evening Standard, «Fine Spanish Ballet». Londres, 25 de enero de 1910, p. 10; LANSTON, Aubrey, «A New Carmen», en The Theatre Magazine. Londres, junio de 1912, p. 178.

(57) London Evening Standard, op. cit.; The People, «“Carmen” at the Alhambra». Londres, 28 de enero de 1912, p. 4.

(58) The Times, «New Ballet at the Alhambra». Londres, 25 de enero de 1912, p. 8; The Stage, «The Alhambra». Londres, 25 de enero de 1912, p. 13; Le Figaro, «Hors Paris». París, 24 de febrero de 1912, p. 6; The Playgoer and Society Illustrated, «The Alhambra». Londres, abril de 1912, p. 208.

(59) LIDDELL, Scott, op. cit.

(60) The Music Hall and Theatre Review, «A Splendid Spaniard». Londres, 6 de junio de 1912, p. 11.

(61) Pall Mall Gazette, «The Variety Theatres». Londres, 7 de junio de 1912, p. 5.

(62) Pall Mall Gazette, «The Variety Theatres». Londres, 23 de agosto de 1912, p. 5; The Guardian, «Hippodrome». Londres, 11 de septiembre de 1912, p. 1; Chelsea News and General Advertiser, «Chelsea Palace». Londres, 27 de septiembre de 1912, p. 5.

(63) Allí ejecutó sus bailes españoles «con gran agilidad y temperamento sureño» (Wiener Zeitung, «Ronacher». Viena, 2 de noviembre de 1912, p. 6).

(64) Neues Wiener Tagblatt, «Etablissement Parisien». Viena, 9 de diciembre de 1912, p. 19.

(65) Norddeutsche Allgemeine Zeitung, «Aus Berlin». Berlín, 5 de febrero de 1913, p. 2. «Vestida de negro y en un baile sobre una mesa» resultó especialmente «fascinante» (Berliner Tageblatt und Handels-Zeitung, «Im Wintergarten». Berlín, 6 de febrero de 1913, p. 6).

(66) Le Petit Bleu du Matin, «Au music-hall du Luna-Park». Bruselas, 28 de junio de 1913, p. 5.

(67) Pall Mall Gazette, «The Alhambra Theatre». Londres, 26 de julio de 1913, p. 5.

(68) The Queen, «The Alhambra Revue». Londres, 9 de agosto de 1913, p. 251.


Encarnación Hurtado, la Malagueñita, bailaora universal* (II)

El 20 noviembre de 1908 la Malagueñita llegó a Ciudad de México, donde se la esperaba con impaciencia. No en vano era considerada como «la mejor en su género», y gozaba de gran fama por «su elegancia y su irreprochable arte en el baile andaluz y principalmente ejecutando los sugestivos bailes el Garrotín y la Farruca, de los que ha sido creadora» (19). Actuó en el salón Monte-Carlo hasta el 5 de enero de 1909, compartiendo cartel con la pareja de baile formada por Carmen Díaz y Enrique Sánchez, entre otras atracciones de variedades.

Encarnación la Malagueñita (Arte y Letras, 20-12-1908).

Encarnación la Malagueñita (Arte y Letras, 20-12-1908).

Aparte de los mencionados bailes, ejecutó con mucho arte y gracia las sevillanas; y, a fin de complacer a sus muchos admiradores, incluso debutó como cupletista, a pesar de no ser esa su especialidad: «en este género gustó extraordinariamente la Malagueña, que sin pretensiones de ninguna clase y con el único afán de agradar al público se lanza por lo que hoy priva, por la copla intencionada y chispeante, aunque las que canta Encarnación no traspasan los límites impuestos por la moral» (20).

Durante el tiempo que pasó en el Monte-Carlo, «de triunfo en triunfo y de gloria en gloria», la Hurtado recibió, por méritos propios, el apelativo de «reina del baile andaluz» (21), y el cariño unánime de la crítica y la afición: «LA MALAGUEÑITA se ha ganado en una semana más corazones y voluntades que un candidato a diputado, votos en todo un año. Con unas cuantas pataítas, esa cara de dulce que Andalucía le ha dado, […] La Malagueñita va ya en carro triunfal camino de la gloria. […] ¡Ole, salero! ¡Viva la gracia, y tu pare y tu mare y toda tu generación!» (22)

Su siguiente compromiso la llevó al teatro María Guerrero, que ofrecía varias tandas de cinematógrafo culminadas con actuaciones de variedades. Allí alternó con el Cuarteto Aragonés, y siguió acumulando laureles con sus bailes y canciones. El público la convirtió en su «ídolo» y le tributó «atronadores aplausos»: «La Malagueñita […] “ha vuelto el mundo al revés”, y en las tandas en que toma parte hay derroche de alegría y palmas» (23). La noche de su beneficio, bailó una jota junto al Cuarteto Aragonés, que también la acompañó en su interpretación del garrotín (24).

Carmen Díaz (Arte y Letras, 20-9-1908).

Carmen Díaz (Arte y Letras, 20-9-1908).

Una vez concluida su actuación en el María Guerrero, el veinticinco de febrero reapareció en el salón Monte-Carlo, donde permaneció hasta principios de abril y, «con sus pataítas, su gracejo y natural donaire», produjo «el disloque» (25). Allí rivalizó con la cupletista y bailarina Rosita Reali y con pareja de baile Los Julius, y fue agasajada con un beneficio en el que tomaron parte numerosos artistas de variedades, en «un acto de compañerismo y amistad» (26).

La prensa tampoco escatimó en elogios:

«… desde que LA MALAGUEÑITA canta y baila en su escenario, parece que ha llegado la gloria con toda su luz y sus cejales. Se siente con ella otra atmósfera distinta, y como que se vislumbra algo de arte de música y de baile. Tan simpática moza cumple muy bien y llena los gustos más exigentes con la exquisita labor de sus pies, de sus manos y de su cara melosa y agraciada» (27).

A finales de abril colaboró en una función celebrada en el teatro Principal a beneficio del actor Rafael Medina, en la que «obtuvo un triunfo magnífico, excelente», formando pareja de baile con un viejo conocido, Enrique de Lara (28). Después viajó a Chihuahua para trabajar en el salón Rosa con motivo de las fiestas de la primavera. La «célebre» bailarina, «prototipo del clásico baile español», triunfó «en toda la línea»; no en vano, atesoraba «mucho saber y mucha gracia en materia de bailes» (29).

Encarnación la Malagueñita (Arte y Letras, 20-12-1908).

Encarnación la Malagueñita (Arte y Letras, 20-12-1908).

Este primer periplo de Encarnación Hurtado por tierras mexicanas terminó en el salón de Variedades de Veracruz, donde ofreció, durante los meses de junio y julio, un repertorio de bailes y cuplés que también incluía «jotas cantadas y bailadas por LA MALAGUEÑITA» en unión del Trío Aragonés (30). Sin embargo, a pesar del éxito obtenido, todo indica que la bailaora no pudo expresarse con total libertad, debido a los condicionantes morales impuestos por el salón:

«… a leguas se adivina que esa monería española está fuera de ambiente. Lo está diciendo con los ojos, lo está gritando con aquellos mohínes y aquellos gestos tan graciosos que manifiestan su desagrado.

[…] Aquel Garrotín y aquella Farruca y aquellos tangos suaves están desaboríos, aquellos tientos son inofensivos, anodinos, incoloros.

Y vive Dios que no sospecho que la de Málaga no sepa! [sic] Todo lo contrario se me figura que esa mujer en cualquier otro salón armaría la degrindo lade [sic] padre del siglo presente y el que viene.

Pero convengamos también en que ‘Variedades’ es el único salón donde se rinde culto a la diosa del pudor» (31).

Una vez cumplidos sus compromisos mexicanos, la Malagueñita regresó a Cuba y, tras una exitosa gira por provincias, en el mes de agosto debutó en el Molino Rojo de La Habana, donde revalidó «su título de doctora de flamenquerías y su augusta posición de reina del Molinete» con un repertorio renovado. «Estuvo descacharrante en el garrotín y superiorísima en el tango, en la farruca y en las malagueñas que bailó… a punta de pies» (32). También interpretó granaínas, e intervino con sus cuplés y bailables en la zarzuela El arbolito del amor (33).

Encarnación Hurtado y Mercedes Serra (La Semana Ilustrada, 5-6-1910).

Encarnación Hurtado y Mercedes Serra (La Semana Ilustrada, 5-6-1910).

En octubre cosechó «aplausos a granel» y excelentes críticas en el teatro Actualidades, hasta el punto de que hubo quien consideró que, en lugar de la Malagueñita, «debería llamarse la “Buenagueñita” con mayor propiedad» (34). Asimismo, bailó sus «célebres malagueñas» en la función de los cronistas teatrales, celebrada en el teatro Payret «a beneficio de los damnificados en ciclones en Vuelta Abajo» (35).

Despidió el año en el teatro Alhambra, donde permaneció hasta mediados de enero de 1910, trabajando en los intermedios y al final de cada una de las tres tandas ofrecidas por una compañía de zarzuela. Tanto la prensa como el auditorio se rindieron ante su simpatía, su garbo y su fino trabajo (36).

Tras prestar su colaboración en una función celebrada en el teatro Nacional a beneficio del compositor Juan Gay (37), en el mes de febrero debutó en el teatro Actualidades formando pareja con la bailarina barcelonesa Mercedes Serra, bajo el nombre de Hermanas Malagueñitas. Juntas arrancaron «entusiastas aplausos con su fina labor coreográfica», por la «precisión y brillantez de sus bailes» (38).

Una vez concluida la temporada, marcharon a Veracruz y actuaron durante cinco semanas en el teatro Alcázar, alternando con Amalia Molina y el Trío Lara. En sus bailes en pareja, cada una de esas «dos reinas del arte coreográfico» desempeñaba un rol diferente:

«Encarna, que es nerviosa, fina y provocativa, encarna el tipo de la mujer de Málaga […]. Mercedes tiene un airecito infantil que la agracia en mucho: siempre sonrosada, sonriente siempre, completa la parejita en que ella finge ser el hombre, llevando con donosura la chaquetilla, el pantalón de talle, o las clásicas polainas» (39).

Encarnación Hurtado y Mercedes Serra (El Imparcial, 16-5-1910).

Encarnación Hurtado y Mercedes Serra (El Imparcial, 16-5-1910).

No obstante, ambas destacaban «por la fineza de su trabajo y el lujoso vestuario», por «la elegancia de sus bailes y la gracia de sus canciones» (40). Además de las inimitables farrucas y garrotines de Encarnación, juntas interpretaron «sus clásicas y aplaudidas malagueñas y panaderos» y el número «“Parodia de la Viuda Alegre”, precioso baile del que son creadoras».

Asimismo, se exhibió una «muy bien lograda» película cinematográfica en la que la Malagueñita ejecutaba «algunos de sus notables bailes españoles» (41). La noche de su despedida, como gesto de gratitud hacia el público, cedieron el importe íntegro de su beneficio para contribuir a los festejos de celebración del Centenario de la Independencia de México, lo cual incrementó aún más su popularidad (42).

A pesar del éxito conseguido, las Hermanas Malagueñitas separaron sus caminos y, en el mes de agosto, Encarnación Hurtado se presentó en el teatro Colón formando pareja de baile con Encarnación Martínez. Ambas causaron «verdadero alboroto […] con sus bailes preciosos y sus caras», y con su elegancia en el vestir (43).

Además de actuar como colofón de algunas de las tandas de comedias que componían el programa, en la sesión final constituían un cuadro flamenco junto al cantaor Antonio Pozo ‘el Mochuelo’ y el guitarrista Francisco Correa (44). En octubre la Malagueñita, con la Portuguesita como compañera de baile, volvió a compartir escenario con esos artistas en el salón de Variedades de Veracruz (45).

La Malagueñita (Mundo Argentino, 23-2-1915).

La Malagueñita (Mundo Argentino, 23-2-1915).

Notas:

(*) Artículo publicado en el monográfico Arte flamenco en la provincia de Málaga, de la revista Jábega, nº 114.

(19) El Diario, «Salón Montecarlo». Ciudad de México, 18 de noviembre de 1908, p. 2; El Correo Español, «Teatrales». Ciudad de México, 24 de noviembre de 1908, p. 2.

(20) El Diario, «Monte-Carlo». Ciudad de México, 2 de diciembre de 1908, p. 2.

(21) El Diario, «Salón Monte-Carlo». Ciudad de México, 21 de diciembre de 1908, p. 8; El Diario, «Salón Montecarlo». Ciudad de México, 25 de noviembre de 1908, p. 4.

(22) El Diario, «El “Monte-Carlo”». Ciudad de México, 30 de noviembre de 1908, p. 4.

(23) El Diario, «En el María Puerrero» [sic]. Ciudad de México, 7 de enero de 1909, p. 4; El Diario, «En el María Guerrero». Ciudad de México, 13 de enero de 1909, p. 2; El Diario, «Por el María Guerrero». Ciudad de México, 14 de enero de 1909, p. 2.

(24) El Diario, «En el María Guerrero». Ciudad de México, 23 de enero de 1909, p. 2.

(25) El Diario, «El “Monte-Carlo”». Ciudad de México, 1 de marzo de 1909, p. 5.

(26) Diario del Hogar, «Salón Monte-Carlo». Ciudad de México, 26 de marzo de 1909, p. 3.

(27) El Diario, «Salón “Monte-Carlo”». Ciudad de México, 8 de marzo de 1909, p. 5

(28) El Correo Español, «En el Principal». Ciudad de México, 1 de mayo de 1909, p. 2.

(29) El Correo, «Salón Rosa». Chihuahua, 15 de mayo de 1909, p. 1; El Universo, «El Salón Rosa triunfa en toda la línea». Chihuahua, 6 de junio de 1909, p. 1.

(30) La Opinión, «Salón de Variedades». Xalapa, 19 de julio de 1909, p. 4.

(31) KATITE, «Teatros y artistas», en La Opinión. Xalapa, 9 de julio de 1909, p. 4.

(32) El Mundo, s. t. La Habana, 11 de agosto de 1909, s. p., en NAVARRO, José Luis, «La Malagueñita en La Habana», en El Eco de la Memoria, 2010.

(33) El Mundo, s. t. La Habana, 28 de agosto de 1909, s. p., en NAVARRO, José Luis, op. cit.; El Mundo, s. t. La Habana, 16 de agosto de 1909, s. p., en NAVARRO, José Luis, op. cit.

(34) El Mundo, s. t. La Habana, 8 de octubre de 1909, s. p., en NAVARRO, José Luis, op. cit.; Diario de la Marina, «Actualidades». La Habana, 9 de octubre de 1909, p. 15.

(35) Diario de la Marina, «Actualidades». La Habana, 15 de octubre de 1909, p. 11.

(36) Diario de la Marina, «Alhambra». La Habana, 29 de diciembre de 1909, p. 12; Diario de la Marina, «Alhambra». La Habana, 15 de diciembre de 1909, p. 12.

(37) Diario de la Marina, «Nacional». La Habana, 20 de enero de 1910, p. 6.

(38) Diario de la Marina, «Actualidades». La Habana, 4 de febrero de 1910, p. 6; Diario de la Marina, «Actualidades». La Habana, 5 de febrero de 1910, p. 6.

(39) MELÉNDEZ CAMPO, «Las Malagueñitas», en El Imparcial. La Habana, 16 de mayo de 1910, p. 10.

(40) VARGAS, Aquiles, «Teatro Alcázar», en El Diario. Ciudad de México, 1 de mayo de 1910, p. 2; El Diario, «Notas teatrales». Ciudad de México, 8 de mayo de 1910, p. 3.

(41) El Diario, «Teatro Alcázar». Ciudad de México, 27 de abril de 1910, p. 4; La Patria, «En el Alcázar». Ciudad de México, 28 de abril de 1910, p. 3

(42) El Diario, «Brillante rasgo de “Las Malagueñitas”». Ciudad de México, 14 de mayo de 1910, p. 3.

(43) El Correo Español, «Teatrales». Ciudad de México, 8 de agosto de 1910, p. 2.

(44) The Mexican Herald, «Teatro Colón». Ciudad de México, 13 de agosto de 1910, p. 3. La traducción es mía.

(45) La Opinión, «Salón Variedades». Xalapa, 17 de octubre de 1910, p. 4.