Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Joselito, el alma de Andalucía en París (V)

A pesar de su juventud, y tras sólo unos años en el país galo, La Joselito se ha convertido en una artista consagrada, una estrella del baile que ha triunfado en los más prestigiosos escenarios parisinos, y se prodiga con frecuencia en todo tipo de actos y eventos, muchos de ellos de carácter benéfico.

En 1933, Carmen retoma su faceta de coreógrafa. En esta ocasión, la obra elegida es la comedia romántica Violante, basada en un texto de Tirso de Molina, que es llevada a escena por la Compañía de los Quince en el teatro de Vieux-Colombier. Tras la representación de la obra, “como fin de fiesta actuó, entre grandes ovaciones, la bailarina española ‘La Joselito’” (Luz, 21-3-1933).

Carmen Gómez, La Joselito, en 1934

Carmen Gómez, La Joselito, en 1934

Poco después, en el marco de los “Sábados internacionales” celebrados en el teatro de L’Oeuvre, la artista “se apoderó del auditorio como ella sabe hacerlo: poniendo toda su sangre inquieta y andaluza al servicio de su gran temperamento, turbulento y brioso, de bailarina flamenca” (Heraldo de Madrid, 9-3-1933).

En el mes de abril, el Heraldo de Madrid informa sobre la celebración de una fiesta homenaje a su corresponsal en París, Juan G. Olmedilla, en un restaurante español de Montmartre. A ella acuden importantes personalidades del mundo diplomático y cultural, y es especialmente destacable la actuación de Carmen Gómez:

“La gran bailarina ‘La Joselito’, acompañada a la guitarra por su esposo, el notabilísimo guitarrista Juan Relámpago, deleitó a la concurrencia con lo más escogido de sus canciones flamencas y de sus danzas inimitables. […]

Soleares, alegrías, bulerías, cartageneras, murcianas […], todo pasó bajo los ojos encendidos de admiración de los presentes. ‘La Joselito’, que ya se ha impuesto en París, y cuya prensa se ha inclinado rendida ante su arte magnífico, es ‘la esencia de bailaora’, a la vez que la ‘cantaora’ por excelencia; lo natural y castizo, la entraña de Andalucía, lo que no está sujeto a refinamientos ni retoques, el estilo puro, como sale del pueblo; la verdad, en suma” (5-5-1933).

Nuevos estrenos… nuevos triunfos

Unos días más tarde, la bailaora regresa al teatro de la Ópera Cómica, donde se pone en escena la opereta Frasquita, de Franz Lehar. El rol protagonista corresponde a la mezzosoprano española Conchita Supervia, mientras que La Joselito interpreta el papel de Mercedes y deleita al auditorio con sus bailes.

La cantante Conchita Supervia

La cantante Conchita Supervia

La prensa de nuestro país se muestra bastante crítica con esta obra, a la que califica de “españolada”. Sin embargo, tanto los diarios franceses como los españoles coinciden en destacar la brillante labor de La Joselito, especialmente en sus zapateados:

Frasquita […] es una obra deplorable, en la que lo único que se salva es el arte de Conchita Supervia y las danzas andaluzas de la Joselito […].

La Joselito ha obtenido el mayor éxito de su corta vida de ‘bailaora’. A muchos críticos oímos que sólo por verla bailar, como acabamos de hacerlo, sobre todo en el ‘zapateado’ -algo perfecto y genial-, podían perdonarse los malos ratos pasados durante la ‘eternizante’ representación. Y es verdad. La Joselito queda consagrada en París como la verdadera revelación de Andalucía” (Heraldo de Madrid, 9-5-1933).

“… la Joselito, que se ha hecho valer en dos aspectos diferentes: en sus bailes propiamente dichos; con las castañuelas, y en un zapateado, es decir… cómo diría yo, una especie de sonata tocada por los zapatos, prácticamente, sin el ritmo de la guitarra. Es la primera vez que en París vemos bailarlo a una mujer. Su quiebro final, con los tacones, es de una delicadeza extraordinaria” (Journal des débats politiques et littéraires, 14-5-1933).

En el mes de junio, la bailaora se mete en la piel de Carmen de Bizet, obra con la que emprende una gira veraniega por los casinos de distintas ciudades francesas. A finales de agosto, La Joselito regresa a las tablas de la Ópera Cómica con una nueva versión de Frasquita, que permanece varios meses en cartel y tiene como protagonista a Jennie Tourel.

La actriz y cantante Jennie Tourel

La actriz y cantante Jennie Tourel

Unos meses más tarde, “la célebre bailaora andaluza” se presenta en los Salones Maudit de Nantes, acompañada por su marido y por la pianista Ady Leyvastre. En el marco de un amplio programa, Carmen interpreta los siguientes números: Sevilla (Albéniz), Danza de la vida breve (Falla), Zapateado, La Corrida (Valverde), Farruca, y Zaragoza, Jota (Trempez).

Segunda visita a Argel

En enero de 1934, los tres artistas ponen rumbo a Argel, donde ofrecen un recital de baile, con un programa similar al presentado en Nantes:

La Joselito interpretará, entre otras, la famosa ‘Corrida de Valverde’, la ‘Seguidilla’ de Carmen, la danza de ‘La vida breve’ y los bailes gitanos populares en los que es inimitable. El guitarrista Juan Relámpago tocará, acompañando los bailes de la Joselito, solos de diversos autores populares, y la Srta. Ady Leyvastre ejecutará piezas de sus autores preferidos: Albéniz, Granados, Longas, Laparra, etc.” (L’Écho d’Alger17-1-1934).

Además, en esos mismos días, la Ópera de la capital argelina programa una serie de representaciones de Frasquita y Carmen, en las cuales interviene La Joselito. La artista española, que había dejado el listón muy alto en su anterior visita a la colonia francesa, vuelve a conquistar al público y la crítica:

“[La Joselito] nos ha entusiasmado una vez más por su juventud impetuosa, por la precisión y belleza de su coreografía, y por esa alegría que ella les aporta. Tres veces, para satisfacer a un público delirante, tuvo que bailar esta ‘Corrida’ endiablada […]

Carmen Gómez, La Joselito

Carmen Gómez, La Joselito

Y para nuestra sorpresa y admiración, moduló algunas frases expresivas y cargadas de reminiscencias orientales en una canción mezclada con bailes de los gitanos de Granada. Al escucharla, acompañada por la guitarra del Sr. J. Relámpago, inmediatamente nos sentíamos desorientados y éramos transportados muy lejos del teatro, a un decorado polvoriento en pleno campo andaluz” (L’Écho d’Alger20-1-1934).

En 1935, La Joselito realiza una incursión en el mundo del cine, de la mano del director Julien Duvivier. Junto a él viaja a Barcelona para rodar la película La bandera, protagonizada por Jean Gabin, y en la que Carmen es la encargada de montar la coreografía de un baile por sevillanas.

Cine, radio… y de vuelta a Suiza

En ese mismo año, la artista participa en varios festivales y, junto a Juan Relámpago, ofrece un recital de cante y baile, que es retransmitido por la emisora de radio Le Poste Parisien. El programa es el siguiente: “Carmen Joselito […] cantó Bulerías, Sevillanas, y bailó un Zapateado, acompañada por Relámpago, el cual tocó también unos Fandanguillos muy bonitos, compuestos por él” (Biblioteca Fortea, revista musical, enero de 1936).

Tras el estallido de la guerra civil, la artista y su marido, que tenían propiedades y ahorros en España, no pueden regresar a su país, ya que ambos se declaran republicanos. No obstante, desde Francia, y en la medida de sus posibilidades, colaboran con la causa, bailando y recaudando dinero para enviar a sus compatriotas.

La Joselito, en los años 90 (Foto: François Canard)

La Joselito, en sus últimos años (Foto: François Canard)

En noviembre de 1936, La Joselito vuelve a viajar a Suiza. En esta ocasión, “la célebre cantaora y bailaora andaluza” ofrece dos galas en la Casa del Pueblo de Lausana, donde da muestras, una vez más, de la pureza de su arte:

“Lo que hay que alabar en primer lugar en La Joselito […] es precisamente su preocupación por mantenerse fiel a una tradición […]. Es la bailaora de flamenco más auténtica que existe en la actualidad, la más perfecta quizás […].

Por nuestra parte, no perdemos ninguna oportunidad de verla y de admirar, encarnada en su persona, una mezcla sorprendente de nobleza, simplicidad, disciplina, melancolía y fuego… Ella evita en su vestimenta hasta el brillo fácil; prefiere, antes que las lentejuelas, los tonos a veces voluntariamente discretos pero que realzan mejor el carácter profundo de un baile, sea éste una jota saltarina, el extraordinario zapateado en el que las manos se fijan en la cintura mientras que los pies adquieren un lenguaje propio, o ese baile gitano que tanto contrasta con las formas de esencia andaluza.

Hablando con propiedad, su recital del miércoles fue deslumbrante” (Gazette de Lausanne, 26-11-1936).

NOTA: La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.

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Categoría: Bailaora, Cantaora

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