Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (IV)

En la primavera de 1925 actuó en el teatro de Bujalance (Córdoba) “la gran artista de cantos regionales María del Rocío Vega, la que por su estilo de gran valor artístico, gustó mucho y fue muy aplaudida por el distinguido público que llenaba el teatro” (La Voz, 12-5-1925).

Un año más tarde, La Niña de la la Alfalfa regresa al Teatro San Fernando de Sevilla, para interpretar sus famosas saetas durante la proyección de la película El Niño de las Monjas (1). Ana María Tejada y Antonio León completan el elenco de cantaores.

La Niña de la Alfalfa (Correo Extremeño, 15-2-1929)

La Niña de la Alfalfa (Correo Extremeño, 15-2-1929)

Sin embargo, la artista, dedicada desde hace años al género lírico, no logra revivir a la gran saetera que un día fue:

“… la expectante concurrencia hubo de lamentar una decepción, porque Rocío Vega no pudo sobreponerse al justificado temor que para ella suponía saltar de sus actuales cualidades de cantante al arte espontáneo, natural y pleno de sentimiento de la saetera. Sin embargo, la voluntad que puso en el empeño permiten esperar que en noches sucesivas recobre el dominio de sí misma, y con él este aplauso halagador que el público se reservó anoche” (El Liberal de Sevilla, 23-3-1926) (2).

Tal vez sólo le faltara encontrarse en su ambiente. De hecho, unos días más tarde, ante las imágenes de su devoción, Rocío consigue reeditar aquel mágico momento en que, al cantar por primera vez su saeta, conquistó incondicionalmente al público de Sevilla:

Rocío Vega, la famosa Niña de las Saetas, que está de facultades como en sus mejores tiempos, refrendó ayer tarde, en la propia Alfalfa, su consagración como incomparable cantante de ‘saetas’.

Desatendiendo un ventajoso contrato, […] quiso cantarle al Cristo de la Salud y María Santísima del Refugio, […] y superándose a sí misma, ante las sagradas imágenes y un inmenso gentío, desde uno de los balcones de la morada del conocido industrial don Juan J. Álvarez […] cantó varias admirables saetas’, plenas de estilo y emoción, la última casi llorando” (El Liberal de Sevilla, 28-3-1926).

El antiguo Teatro Llorens de Sevilla

El antiguo Teatro Llorens de Sevilla

Excepcional saetera, por encima de todo

Ni su dedicación al bel canto ha podido borrar el sello único e inconfundible que imprime Rocío a sus saetas, de estilo “sencillo, fino y bonito” (El Liberal de Sevilla, 3-4-1926), y absolutamente inimitables:

“Este año vamos a escuchar la ‘saetaclásica, la ‘saeta’ fina, sin ayes flamencos, sin troncos, sin gritos raros, sin salidas por ‘seguiriyas’, sin exageraciones. La ‘saeta’ sencilla, clara, que tiene más emoción, que es más nuestra, sólo la canta esta simpatiquísima y hermosa artista que se llama María del Rocío Vega, conocida por la Niña de la Alfalfa.

[…] Porque la hemos oído ensayar podemos asegurar que nadie logrará no ya superarla, sino imitarla. Son las ‘saetas’ de Rocío algo que no se puede copiar, que nadie ha copiado, aunque la han imitado muchos ‘cantaores’. Y es que Rocío no es ‘cantaora’. Rocío no canta la ‘saeta’ sujetándose a ningún patrón. Es una cosa suya, inconfundible, única. Y ahora que recordamos a la Niña de la Alfalfa nos damos cuenta de que lo que hemos escuchado hasta aquí han sido coplas flamencas con letra religiosa. La ‘saeta’ que nos hace enmudecer, la ‘saeta’ que nos hace sentir y emocionarnos, es la que canta María del Rocío Vega ‘La Niña de la Alfalfa’” (El Liberal de Sevilla, 21-3-1926).

De teatro en teatro, de triunfo en triunfo

Unas semanas más tarde, también en la capital andaluza, María del Rocío se sube a las tablas del Teatro Lloréns, junto a Benvenuto Franchi, para interpretar El Barbero de Sevilla. La artista suma un nuevo éxito a su imparable carrera:

“Ha triunfado María por la calidad de su arte, exento de trampa y cartón y limpio de esos recursos y ventajillas que suelen adquirirse después.

Emite las notas altas con limpidez y perfectísima afinación y la factura es de la mejor ley.

[…] El público premió con atronadoras ovaciones el primoroso trabajo de la debutante, que puede estar satisfecha del éxito obtenido, por lo que le damos nuestra más entusiasta enhorabuena” (La Unión, 25-4-1926).

Rocío Vega, cantando sus saetas (ABC de Sevilla, 25-4-1993)

Rocío Vega, cantando sus saetas (ABC de Sevilla, 25-4-1993)

En noviembre de 1927 llega al Teatro Enrique de la Cuadra, de Utrera, la película El Niño de las Monjas. En esta ocasión, Rocío sí se encuentra a sí misma y, ante un coliseo abarrotado, ofrece una actuación memorable. Además de sus conocidas saetas, la sevillana interpreta varias canciones y se despide con una tanda de fandangos de su creación:

“Los aplausos estruendosos que en la bonita sala del precioso coliseo resonaron anoche, entusiastas y espontáneos, tributados, fueron a la admirable cantante, que en esa su primera actuación ante este público hizo pasar una ráfaga de verdadero arte por el hermoso escenario […].

Las diversas saetas que entonó al paso de las cofradías sevillanas, escuchadas fueron por la apiñada multitud en medio de sepulcral silencio, convertido segundos después en atronadoras salvas de aplausos que estallaban frenéticas y entusiastas, adquiriendo a veces caracteres apoteósicos.

Finalizada la película El Niño de las Monjas, volvió María del Rocío Vega a deleitar al público con las siguientes canciones españolas: ‘Malagueñas’, ‘La Perolera’, ‘Florerillo’, ‘El mocito de los claveles’ y ‘La garrochista’.

Nuevas demostraciones de férvido entusiasmo en el auditorio, exteriorizadas al ejecutar la artista de manera insuperable una serie de fandanguillos, de los cuales es creadora y excepcional intérprete.

El público, de pie, aclamó a la celebrada cantante, haciéndole bisar todos los números en medio de calurosas ovaciones” (Pepe Romero, El Noticiero Sevillano, 15-11-1927).

El Cristo de la Salud, de la cofradía de San Bernardo (ABC de Sevilla)

El Cristo de la Salud, de la cofradía de San Bernardo (ABC de Sevilla)

Durante los dos años siguientes, Rocío alcanza una gran notoriedad en Extremadura (3). Su presencia es una constante en los teatros y fiestas populares de localidades como Zafra, Alburquerque, Bienvenida, Almendralejo, Granja de Torrehermosa, Talavera la Real, Badajoz o Santa Marta. En todas ellas, La Niña de la Alfalfa se anuncia, no ya como cantante lírica, sino como cancionista e intérprete de cantes regionales. Sus actuaciones se cuentan por éxitos.

Sus saetas, desde Sevilla al mundo

A pesar de todos estos cambios de registro, a lo que nunca renuncia Rocío es a su vocación de saetera. En la Semana Santa de 1928 su cante se eleva al cielo desde varios puntos de la carrera oficial sevillana, para el disfrute de españoles y extranjeros:

“Durante el paso de las cofradías por la Campana, en la tarde de ayer, se radiaron las ‘saetas‘ que cantaron La Finito y Rocío Vega a Madrid, y de allí a Londres […].

Rocío Vega, La Niña de la Alfalfa, que ha dejado en buen (sic) hora el repertorio ‘selecto’, pasándose al flamenco, cantó ‘saetas’ a la salida del Cristo del Patrocinio y luego en el Casino Militar, llamando poderosamente la atención sus ‘saetas’, las clásicas ‘saetas’ que hace ocho años la hicieron popular” (El Liberal de Sevilla, 8-4-1928).

El Correo Extremeño (7-4-1928) reproduce algunas de las letras cantadas por Rocío Vega al paso de la Cofradía del Señor de la Humildad y Paciencia, en la Semana Santa de Zafra:

“Tú que eres Padre de Amor
prodiga Tu caridad,
y échale Tu bendición
a esos pobres desgraciados,
que sufren triste prisión,
y perdona sus pecados.

De Tu humildad y paciencia
los judíos se mofaban.
Te coronaron de espinas,
y de Tus sienes brotaban
gotas de sangre Divina,
que por Tu rostro rodaban.

Silencio pueblo cristiano,
que se acerca la Humidad;
rézale pueblo de Zafra
y acompáñalo al altar
donde la Gloria se alcanza.

Escucha Tú, Padre mío,
esta voz de mi garganta,
que es un grito de dolor,
que la ‘Niña de la Alfalfa’
te lo ofrece con fervor”.

 

Algunos cantes de la Niña de la Alfalfa, por cortesía de Pedro Moral:


NOTAS:
(1) Filme basado en la novela homónima de Juan López Núñez, dirigido por Antonio Calvache, ‘Walken’, y estrenado en Madrid en enero de 1926.
(2) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.
(3) Rocío Vega concede una entrevista al periodista C. Giovanni Cannonico para el Correo Extremeño (23-12-1928). Lo recibe en su casa de calle Corral del Rey, nº 17, ricamente vestida y envuelta en un abrigo de piel: nada que ver con la modesta joven que se dio a conocer cantando aquella histórica saeta.


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (III)

En la primavera de 1923, La Niña de la Alfalfa cumple la tradición de cantar en la Calle Sierpes sus inconfundibles saetas y, un mes más tarde, se presenta como cantante lírica en el sevillano Teatro Lloréns con el nombre de María D’Rocío. La obra elegida para la ocasión es El barbero de Sevilla, en la que la artista interpreta el papel de Rosina.

Rocío Vega (El Liberal de Sevilla, 21-4-1926)

Rocío Vega (El Liberal de Sevilla, 21-4-1926)

Un paso más hacia la cúspide del género lírico

En el mes de junio, en la caseta del Real Círculo de Labradores de la capital andaluza, se celebra una velada musical a beneficio de La Niña de la Alfalfa, con el fin de que ésta pueda viajar a Italia para completar su formación como soprano. La velada, que cuenta con la asistencia de varios miembros de la Familia Real, resulta ser todo un éxito artístico y económico.

Tras la actuación de la Banda Municipal de Música de Sevilla, dirigida por el Maestro Font, los cantantes líricos José Martínez y Manuel Alba interpretan varias piezas cada uno. Finalmente, sube al escenario la beneficiada, que seduce al público con sus extraordinarias cualidades para el bel canto y, como no podía ser de otra manera, entona algunas saetas:

“Llegó el turno a nuestra linda paisana María del Rocío Vega, y ya libre de la preocupación del debut y de la formidable Orquesta Sinfónica, y ajena al temor de actuar con las celebridades con que alternó en la última temporada de ópera en el teatro Lloréns, lució las galas de su preciosa y bien timbrada voz, de extraordinaria tensión, ejecutando con gran nitidez y claridad, toda suerte de artificios vocales, trinos, picados, etc., en la ‘cavatina’ de ‘El barbero de Sevilla’, ‘Voce de primavera’, de Strauss, y aria de ‘Traviata’, ratificando en esta crónica mi opinión de que María del Rocío será gloria del arte lírico […].

Manuel Font de Anta

Manuel Font de Anta

El público no regateó los aplausos, prodigando calurosas ovaciones a todos los elementos que tomaron parte en la agradable velada, que terminó con la hermosa marcha fúnebre ‘Amargura’, de nuestro paisano el inspirado maestro Manuel Font y de Anta, alternando con ‘saetas’ cantadas por la beneficiada, que puso en la última gran sentimiento:

Adiós Madre del Refugio;
adiós, hermosa María;
no olvides a quien te canta;
no olvides, no, madre mía,
a la Niña de la Alfalfa,
que en tu protección confía” (Feliz, El Liberal de Sevilla, 12-6-1923) (1).

Un sueño malogrado

A pesar de los esfuerzos realizados por sus benefactores, Rocío Vega no puede cumplir el sueño de continuar sus estudios en Italia. La propia artista explica los motivos a Galerín, a quien revela además todas las dificultades que ha encontrado en su carrera como cantante de ópera, finalmente frustrada:

“- […] Si viera usted cuánto he sufrido, cuánto he trabajado por corresponder a lo que conmigo se hacía. Pero la ópera es muy difícil, dificilísima. Se lucha enormemente, y la mayor lucha hay que sostenerla con las figuras del teatro lírico, con los que ya llegaron.

[…] Todos. Empezando por el divo, que no quería cantar con una debutante, hasta el apuntador, que equivocaba el tono, todos. Todos, con la excepción de Ofelia Nieto (3), que me ayudó mucho; pero no puede ser. Es imposible, sin contar con medios, con muchos medios. La ópera es para las niñas ricas.

La soprano Ofelia Nieto

La soprano Ofelia Nieto

-¿Usted no se marchó a Italia?

-No, señor. […] Yo obtuve en aquella función después de mi debut cuatro mil pesetas. Con ese dinero pensaba marcharme a Italia a perfeccionar mis estudios […]; pero caí enferma con la gripe y estuve muy delicada. Los médicos temían por mi salud; quedé delicada de un pulmón, y cuando mejoré marché a la sierra. El dinero me sirvió para reponerme en Castilblanco. ¡No pude ir a Italia! Y ya, ¿para qué voy? El tiempo pasa, la niña ya no es niña, y hay que pensar en ayudar a los míos, cada vez más agotados y más viejos. Hay que empezar una vida nueva” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

De la ópera a la zarzuela

Esa nueva vida a la que se refiere Rocío consiste en probar suerte como tiple de zarzuela. Para ello, según relata a Galerín, está tomando clases con la profesora Magdalena Díaz, que la está ayudando a preparar un nuevo repertorio: “hasta ahora tengo aprendidas ‘Marina’, ‘Bohemios’, ‘El barbero de Sevilla’ y el ‘Maestro Campanone’ (de esta obra estoy enamorada). Tengo en estudio ‘Doña Francisquita’ y ‘Maruxa’” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

La Niña de la Alfalfa ha firmado ya un suculento contrato con una compañía de zarzuela, con la que tiene previsto debutar pronto en alguna ciudad andaluza, para realizar a continuación una gira por distintos teatros. En las funciones, Rocío interpretará, entre otras piezas, varias canciones escritas expresamente para ella:

“… Yo haré en la compañía el fin de fiesta. Para esto me ha escrito Mariani un número precioso, que empieza con aires andaluces, sigue con una cartagenera, que canto ‘en su propia salsa’; unas notas explican luego la Semana Santa, suenan y unos tambores y ‘al acercarse el paso’ canto mi ‘saeta‘ (2), la que yo cantaba a la Virgen del Refugio.

La Niña de la Alfalfa durante su época de cantante lírica (ABC de Sevilla, 4-12-1977)

La Niña de la Alfalfa durante su época de cantante lírica (ABC de Sevilla, 4-12-1977)

[…] Llevo también -nos dice- otra canción muy linda, del maestro Pantión, y dos canciones orientales del maestro Tolosa. ¡Ah! Y una cosa exclusivamente mía, letra y música. Se titula ‘Mi guitarra‘. Para completar números cantaré algunos de ópera, de los que tengo aprendidos, el aria de ‘Traviata’, la cavatina del ‘Barbero’, ‘Boheme’…” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

Nuevos triunfos en Sevilla

En junio de 1924, Rocío debuta junto a la compañía de Diego Valero en el Teatro del Duque de Sevilla, con la zarzuela ‘Marina‘, de Arrieta. La sevillana se reparte los aplausos con los señores Bruna -tenor-, Francés -barítono- y Rabaza -bajo-:

María del Rocío Vega, nuestra admirada ‘Niña de la Alfalfa’, se presentó anoche con ‘Marina’. La prodigiosa cantante popular que un día asombró a Sevilla con sus ‘saetas’, que después triunfó en la dura prueba de la ópera, se presentó anoche a la consideración del público del Duque. Y María del Rocío triunfó en toda la línea. Esta simpatiquísima artista sevillana, merecedora de aplausos, digna de toda simpatía, atrajo anoche a un público numerosísimo que la ovacionó justamente” (El Noticiero Sevillano, 8-6-1924).

Tras su exitoso debut, Rocío Vega sigue conquistando triunfos en todos los coliseos en los que se presenta. En diciembre de 1924 se la puede ver en el sevillano Teatro de San Fernando, en una función a beneficio de la Colonia de Periodistas.

Tras la zarzuela ‘La verbena de la Paloma‘, llevada a escena por la compañía de Meana, se representa el sainete ‘La copla andaluza‘, de Eduardo Rodríguez ‘Dubois’. En él destaca especialmente Manuel Centeno, que luce sus extraordinarias facultades en un amplio repertorio de cante flamenco.

Manuel Centeno

Manuel Centeno

La intervención de María del Rocío también fue muy bien acogida por el público. “[L]a eminente cantante, interpretó, como ella sabe hacerlo, varios trozos de ópera y cantó algunas saetas, tributándosele un homenaje de admiración” (La Unión, 5-12-1924).

Rocío Vega, la encantadora artista sevillana, tuvo a su cargo, en el agradable concierto, la Cavatina del Barbero, que interpretó memorablemente. Luego, en homenaje a su querida tierra, quiso ser de nuevo la famosa ‘Niña de la Alfalfa’, tantas veces aclamada […]. El prodigio inolvidable de sus saetas se renovó anoche, levemente estremecida la voz de la cantadora con inflexiones de añoranza que hicieron más conmovedor el momento. ¿Qué importa que las notas hayan pedido, al educarse la voz, algo de su antigua amplitud? Ahora, como antes, a las divinas saetas de Rocío las impulsa un corazón de sevillana […]

Clamorosas manifestaciones de admiración y de cariño premiaron la actuación de la gentilísima paisana ” (Dionisio Piñol, El Noticiero Sevillano, 5-12-1924).

 

Algunos cantes de la Niña de la Alfalfa, por cortesía de Pedro Moral:


NOTAS:

(1) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

(2) Aunque sigue siendo conocida por su famosa saeta, Rocío declara con pesar que, al haber educado su voz para el bel canto, ésta ya no suena igual cuando entona los aires de su tierra:

“- ¿Va usted a cantar ‘saetas’ este año?
– ¡Ojalá!; pero ya no puedo. Es muy fácil aprender a cantar por música, teniendo afición y voluntad; pero a cantar ‘saetas‘ o a cantar flamenco no se aprende. No es cante, es sentimiento; es lo que se llama estilo, es la mayoría de las veces improvisación: algo propio que ponemos en la copla. Cuando se ha aprendido a cantar por escalas, por gradaciones, ya no se pueden dar esas notas, ya no se puede cantar. Yo misma me asusto ahora cuando canto una saeta. No crea que esto que le digo es una tontería.
– ¿Pero no saldrá la ‘saeta’ como para que griten?
– Tanto como eso no. Pero el público esperaría a la Niña de la Alfalfa y sufriría una decepción. No, no puedo cantar en público ‘saetas’. Tengo impresionados varios discos y yo misma no quiero escucharlos. Mi garganta ahora obedece a lo que está escrito, y no responde más que a lo que leo en el papel pautado” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

(3) Soprano española (1898-1931).


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (II)

Es tal la fama cosechada por Rocío Vega desde sus primeras apariciones públicas, que en mayo de 1916 los hermanos Álvarez Quintero cuentan con ella para interpretar las saetas del tercer acto de su obra Malvaloca, que se representa en el Teatro Cervantes de Sevilla, a beneficio de la actriz Carmen Cobeña; y, unos días más tarde, en la Sociedad Benavente. En ambas ocasiones, La Niña de la Alfalfa deslumbra al público con su cante, y ha de regresar a escena varias veces ante la insistencia de sus admiradores:

“[Teatro Cervantes] En el último acto cantó varias saetas la joven Rocío Vega, que consiguió un éxito grande por su estilo y voz armoniosa y espléndida.

Aclamada con entusiasmo tuvo que salir a escena, viéndose obligada ante la insistencia del respetable a cantar otra saeta” (El Noticiero Sevillano, 21-5-1916). (1)

“[Sociedad Benavente] En el tercer acto cantó irreprochablemente una saeta Rocío Vega, siendo ovacionada y obligada a salir a escena a recibir los aplausos” (El Noticiero Sevillano, 5-6-1916).

Rocío Vega (portada de La Semana Gráfica, 18-5-1921)

Rocío Vega (portada de La Semana Gráfica, 18-5-1921)

“… Cuando la Niña de la Alfalfa cantó su saeta, se organizó tal barullo que se hubo de detener la obra durante un rato, pues los aplausos no dejaban proseguir.

Al finalizar la representación hubo de cantar durante horas. Los hermanos Quintero, en agradecimiento, le regalaron un abanico (que aún conservaba) dedicado con la siguiente letra:

‘Es tu saeta canción
que hasta el cielo se levanta,
grito de tu corazón,
que al pasar por tu garganta
se convierte en oración’” (ABC de Sevilla, 22-7-1975).

De la saeta a la ópera

Sin embargo, durante los meses siguientes, La Niña de la Alfalfa sólo se deja ver en muy contadas ocasiones. Durante las fiestas de Alcalá del Río se puede “oír su sentimental y armonioso cante” por saetas desde el balcón del Ayuntamiento, “en medio de atronadores aplausos del público” (El Noticiero Sevillano, 6-6-1916); y en la capital, mientras procesionaba la Virgen del Carmen, “cantó, acompañada al piano, una preciosa Salve, que fue escuchada con el mayor silencio. Al terminar escuchó una ovación indescriptible, pidiéndole el público que cantase una ‘saeta’, a la cual accedió, siendo, al terminar, muy aplaudida y felicitada” (El Noticiero Sevillano, 26-7-1916).

La actriz Carmen Cobeña (por Calvache)

La actriz Carmen Cobeña (por Calvache)

El motivo por el que Rocío Vega prácticamente desaparece de la escena pública (2) es su dedicación al estudio con el fin de convertirse en cantante de ópera, gracias a la generosidad de varios benefactores, que asumen todos los gastos. Así lo cuenta la propia artista años más tarde:

“Unos señores muy ricos entonces me protegieron por mi saeta; les había llegado al alma el verso. Y cuando estuve completamente curada me presentó (sic) al Círculo de Labradores y éstos, en reunión, trataron de subvencionarme con mil quinientas pesetas todos los años, a más de las saetas que cantara, que las pagarían aparte. Ya ve usted cómo canté la primera saeta que me valió del nombre que hoy gozo. Toda mi vida tendré en mi mente a tan caritativos señores, que me dieron luz a mis ojos, felicidad a mi alma, paz y holgura a mi casa…” (Correo extremeño, 23-12-1928).

El profesor elegido es el cantante sevillano Luis Álvarez Udell, que prepara para ella un repertorio de ópera con la intención de hacerla debutar en el Teatro Real de Madrid. Durante ese retiro forzoso, Rocío sigue acudiendo cada Semana Santa al Círculo de Labradores, sito en la Calle Sierpes, para regalar al público sevillano sus saetas de estilo “sencillo, fino y bonito” (El Noticiero Sevillano, 3-4-1917). (3)

Rocío Vega ocupaba un balcón de Labradores. La gentil muchacha estaba admirable de voz, cantando de manera asombrosa. Tienen las ‘saetas’ de esta muchacha algo de canto de iglesia, algo que se aparta de las otras, que parecen coplas flamencas, sin que esto quiera decir que sean feas.

[…] donde estuvo durante toda la noche establecida la academia de esa modalidad de la liturgia del pueblo, en su aspecto más sentido y delicado, fue en la calle de las Sierpes, en el trozo comprendido entre Labradores y la Plaza de San Francisco, donde la renombrada Rocío Vega y otras jóvenes pusieron cátedra, manteniendo al público en una constante admiración” (El Liberal de Sevilla, 7-4-1917).

La soprano Rocío Vega (La Unión, 1924)

La soprano Rocío Vega (La Unión, 1924)

La Niña de la Alfalfa progresa más que adecuadamente en sus estudios, y en 1919 supera los exámenes del tercer curso en el Conservatorio de Música de Sevilla, ante el júbilo del público asistente:

“Se examinaba la joven Rocío del tercer año de canto. El público era numerosísimo y al terminar la futura diva la cavatina del ‘Barbero’ y el aria de ‘Traviata’, dos piezas dificilísimas, lo hizo de tal forma, cautivó al auditorio de tal modo, que la concurrencia rompió en atronadora ovación, faltando a la prohibición de hacer manifestaciones, siendo inútiles los campanillazos de la presidencia” (El Liberal de Sevilla, 8-7-1919).

Debut triunfal en el Labradores

En el mes de julio de 1921, tras cinco años de intensa preparación, Rocío Vega debuta como tiple en el Círculo de Labradores de Sevilla, la institución que ha hecho posible su acceso al mundo del bel canto. Las piezas seleccionadas para su presentación son la cavatina de El barbero de Sevilla, el aria de La Traviata, la plegaria de Tosca y la canción española ‘El niño judío’.

Desde el su aparición en escena, la artista confirma las grandes esperanzas puestas en su talento para el género lírico y desata el entusiasmo del público, que le regala grandes ovaciones durante toda la noche y la hace concluir su actuación con una de sus apreciadas saetas:

“Anoche se celebró la presentación de la bella artista ante el Círculo de Labradores y ciertamente que hubo unanimidad en el elogio y la satisfacción de haber ‘hecho’ a una artista.

Así fue su triunfo al lanzar al aire las primeras saetas veladas al principio por la emoción y animadas después por su dominio y seguridad en el arte, logrando cautivar al distinguido auditorio, que premió con clamorosas demostraciones de entusiasmo la labor de la artista” (La Unión, 15-7-1921).

“Cantó la romanza de El Barbero de Sevilla, ‘Una voce poco fa’, de manera tan ingenua y deliciosa, que al terminar la primera cadencia, no pudo el público dominar su entusiasmo, estallando en clamorosa ovación, que se repitió al acabar la romanza, sucediendo lo mismo en ‘Traviata’ y ‘Tosca’” (El Noticiero Sevillano, 16-7-1921).

Teatro Real de Madrid

Teatro Real de Madrid

No cabe duda de que Rocío tiene cualidades suficientes para convertirse en una gran artista:

“Posee Rocío Vega una admirable voz de timbre dulcísimo, a la par que potente, con una facilidad para los agudos asombrosa; los ‘trinos’ y los ‘picados’ salen de aquella privilegiada garganta sin el menor esfuerzo; y las más difíciles agilidades son vencidas por ella de la manera más natural y espontánea” (El Noticiero Sevillano, 16-7-1921).

Rocío Vega tiene ‘posse’ de artista, simpatía y , sobre todo, una gracia peculiar que atrae y enamora” (La Unión, 15-7-1921).

Se está forjando una diva

Un año después de su presentación ante el público sevillano, La Niña de la Alfalfa supera con éxito una de las pruebas más importantes de su carrera como cantante de ópera: la audición celebrada en el Teatro Real de Madrid ante grandes críticos y maestros del arte lírico. El tribunal queda realmente satisfecho con la interpretación de la sevillana que, en esta nueva etapa, se hace llamar María D’Rocío:

“… causó una impresión admirable, tanto por su hermosa y delicada voz como por su escuela de canto, pura italiana, que han de colocarla en plazo brevísimo en la fila de las primeras sopranos de ópera. Tanto en ‘Traviata’ como en ‘Barbero’, hizo verdaderas filigranas de trinos y picados, cuyas notas dulces y de perfecta afinación, hicieron recordar a las más afamadas sopranos líricas; únase a esto una escuela de canto irreprochable, belleza, figura y las simpatías propias de las mujeres de esta tierra” (El Correo de Andalucía, 13-10-1922).

 

Algunos cantes de la Niña de la Alfalfa, por cortesía de Pedro Moral:

NOTAS:

(1) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

(2) “Ha permanecido un año en silencio, un año estudiando, perfeccionándose para el arte al que piensa dedicarse. ‘No canto porque me lo tienen prohibido’, dice la muchacha de la Alfalfa a quienes le preguntan.

Ella quisiera cantar todos los días en todas las fiestas, que una muchacha de esta tierra sólo piensa en eso cuando piensa que lo hace bien, pero no puede ser, se lo han prohibido. Y Rocío no sale del Do Re Mi, ni canta otra cosa que sus lecciones” (El Liberal de Sevilla, 2-4-1917).

(3) Esa misma primavera también se puede admirar el arte de Rocío en la caseta de San Bernardo de la Feria de Abril de Sevilla: “… Más cerca La Giraldilla y Rocío Vega, la graciosa nena de la Alfalfa. Tres guitarras tocando, un piano, mucha luz, mucha alegría…” (El Liberal de Sevilla, 21-4-1917).


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (I)

Una de las señas de identidad de la capital hispalense es su Semana Santa, una gran manifestación artística, religiosa y popular en que la oración se vuelve cante y vuela desde los balcones en forma de saeta.

Desde hace más de un siglo, al paso de las cofradías, los mejores artistas flamencos han lanzado sus plegarias al cielo de Serva la Bari ante una multitud enfervorecida. Voces como las de Pastora Pavón, Manuel Centeno, La Pompi o el Niño Gloria retumbaban cada primavera en la noche sevillana; aunque, si hay un nombre que huele a incienso, cera y azahar, ése es sin duda el de Rocío Vega Farfán, más conocida como La Niña de la Alfalfa.

Rocío Vega Farfán (Mundo Gráfico, 10-5-1916)

Rocío Vega (Mundo Gráfico, 10-5-1916)

Nacida en la localidad sevillana de Santiponce el 24 de marzo de 1894 (1), pronto se trasladó con su familia a vivir a la capital, donde sus padres regentaban un puesto de leche y queso. Pasó su infancia en la calle Boteros, junto a la Plaza de la Alfalfa, y desde pequeña heredó de su madre la afición por el cante.

Por una promesa

Debutó como saetera en la Semana Santa de 1916, como consecuencia de una promesa ofrecida a la Virgen del Refugio, de la Hermandad de San Bernardo. La propia Rocío lo cuenta en primera persona, en una entrevista concedida años más tarde al periodista C. Giovanni Canonico:

“Vivíamos pobres y la lucha por el pan se hacía horrible, y de este pensamiento y que el estómago estaba casi siempre vacío, una fuerte anemia se me acarreó a la cabeza, perdiendo en menos de veinte días la vista. Se acercaba la Semana Santa y tanto era el dolor que yo tenía por no verla, que le dije a mi madre: Mira, yo voy a cantarle a la Virgen, a ver si me devuelve la vista. Y cogida de la mano, mi madre me llevó donde estaba la Virgen y me puse a cantar:

‘Madre mía del Refugio
Tú has sido mi intercesora;
me has devuelto la salud
hermosísima Señora
que a mis ojos diste luz’” (Correo Extremeño, 23-12-1928).

La Virgen del Refugio a su paso por el puente de San Bernardo (ABC de Sevilla)

La Virgen del Refugio a su paso por el puente de San Bernardo (ABC de Sevilla)

La prensa de la época se hace eco de la sorpresa y el revuelo causados por la saeta de aquella muchacha, entonces desconocida:

“Al pasar la cofradía de San Bernardo por la Plaza de Mendizábal, una joven vecina del barrio llamada Rocío Vega cantó irreprochablemente desde uno de los balcones de la citada plaza varias saetas, que produjeron gran entusiasmo en el público que allí se aglomeró, el cual hizo que volvieran los ‘pasos’ dando frente a la citada joven” (El Correo de Andalucía, 21-4-1916) (2).

“Una explosión de entusiasmo salió del público que llenaba la plaza; los vítores, aplausos y requiebros a la genial cantadora se repetían sin cesar, y el ‘paso’, por imposición de la gente, se detuvo largo rato ante la casa de ‘la Niña de la Alfalfa’, consagrada en Sevilla desde entonces como una de las mejores intérpretes de la canción de tan difícil ejecución” (La Correspondencia de España, 25-6-1920).

Y se armó la apoteosis

Tanto gustaron las saetas de Rocío, que al día siguiente requirieron su presencia en el Círculo de Labradores para cantarle al Señor del Gran Poder. Según Angelita Yruela Rojas, “tendría que hacerlo, por estar prohibida la entrada al sexo femenino, desde el último balcón, y así lo hizo. ¡Qué lío, madre! La bulla de la gente por conocer a la diminuta cantaora fue tanta que hasta rompieron los cristales de los escaparates de las tiendas vecinas” (ABC de Sevilla, 22-7-1975). Así lo contó El Correo de Andalucía:

“Desde uno de los balcones del Círculo de Labradores e invitada por algunos distinguidos socios del mismo cantó la agraciada joven Rocío Vega, que tantos aplausos ha conquistado durante toda la Semana Santa, un sinnúmero de saetas de variadísimo estilo y buen gusto.

Constituyó la nota saliente de la noche el entusiasmo y admiración que produjo la potente y bien timbrada voz de la joven entre los millares de personas que allí se aglomeraron, obstruyendo el paso por calle Sierpes y vías afluentes.

Al paso de la Virgen de la O, las muestras de admiración subieron de tono, vitoreándose a la Virgen y aplaudiéndose con entusiasmo a Rocío Vega, que cantó dos saetas de forma verdaderamente prodigiosa” (22-4-1916).

Caseta del Círculo de Labradores en la Feria de Sevilla (principios del siglo XX)

Caseta del Círculo de Labradores en la Feria de Sevilla (principios del siglo XX)

Con la bendición de Sus Majestades

Había nacido una estrella. Tal fue la sensación causada por la joven Rocío -bautizada por el periodista Galerín como La Niña de la Alfalfa– que, sólo unos días más tarde de su sorprendente debut, fue elegida para ofrecer un recital de cante en la Caseta del Círculo de Labradores, con motivo de la visita de los Reyes de España a la Feria de Sevilla.

El cante de Rocío -por tangos, malagueñas, guajiras, peteneras, tientos…- cautivó especialmente a la Reina Victoria Eugenia, que no quiso perder la ocasión de oír sus ya famosas saetas.

“Con la suntuosidad y buen gusto que caracterizan a esta aristocrática sociedad, se verificó esta mañana en el amplio salón de dicha caseta un baile, en el que distinguidas y hermosas jóvenes, ataviadas a la andaluza, bailaron como sólo saben hacerlo las sevillanas, las clásicas seguidillas.

[…] En los intermedios, la joven Rocío Vega, acompañada a la guitarra por el artista Antonio Moreno, cantó malagueñas y tangos, cosechando abundantes aplausos.

También cantó con mucho gusto varias saetas, que le valieron nutridas ovaciones.

[…] A la hora indicada se dio por terminado el baile, marchando a la elegante morada de don Patricio Medina Garvey los artistas Antonio Moreno y Rocío Vega, para dar un concierto ante las numerosas amistades de aquél” (El Noticiero Sevillano, 1-5-1916).

“Pusieron un decorado más o menos bonito, y entre cortinas cantó Rocío, acompañada a la guitarra por Antonio Moreno, por guajiras, peteneras, tientos… Al oír su voz Doña Victoria Eugenia se interesó por ella y por sus saetas. Rocío le dijo que su saeta estaba inspirada en el pregón de la sentencia de Santiponce, y que por eso tenía ese sabor místico y reminiscencias de salmos religiosos. Quiso oír la soberana esa mezcla de carceleras, martinetes y salmos, y al escucharla quedó maravillada” (Angelita Yruela Rojas, ABC de Sevilla, 22-7-1975).

Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia durante su visita a la Feria de Sevilla de 1916

Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia durante su visita a la Feria de Sevilla de 1916

Sus inimitables saetas

Años más tarde, al desvelar el secreto de su éxito, Galerín se referirá precisamente a ese sabor añejo de sus saetas, aprendidas de su madre, que sólo ella sabe interpretar de esa manera:

Rocío Vega se dio a conocer cantando unas saetas al viejo estilo, sin gorgoritos, ni ayes, ni tercios por seguiriyas. Eran unas saetas que cantara su madre, hoy vieja y ciega, en sus mocedades. Por eso llamaron tanto la atención:

Dónde vas tú, Virgen Pura,
tan afligía y llorosa;
vas a darle sepultura
a la prenda más hermosa
que Dios tuvo en las alturas.

Saeta sencilla, sin ayes ni lamentos, sin esos ¡Ay, ay, ay, ayyyyyyy!… que duran más que el dolor mismo…

Rocío sabe cantar y canta las saetas de los profesionales; pero la antigua, la suya, no la canta más que Rocío” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1935).

La siguiente aparición pública de La Niña de la Alfalfa tiene lugar unos días más tarde en la verbena de su barrio, en honor de la Virgen de la Salud. En ella también participan, entre otros artistas, la Banda Municipal de Música de Sevilla, dirigida por el maestro Font; el cuadro de baile de Ángel Pericet o la polifacética Luisa Roldán, La Oterito.

Si el primer día de festejos Rocío Vega se resistió a cantar, a pesar de la insistencia de sus admiradores, la segunda noche “se mostró […] más complaciente, y ofreció una pequeña audición de cante jondo, acompañándola muy bien el profesor de guitarra Manuel Rodríguez” (El Liberal de Sevilla, 13-5-1916). Finalmente, se arrancó por saetas, para el deleite de sus convecinos.

 

Algunos cantes de la Niña de la Alfalfa, por cortesía de Pedro Moral:

NOTAS:

(1) Así consta en su acta de nacimiento. Sus padres eran Manuel Vega Moreno, natural de Sevilla, y Rafaela Farfán Mendoza, de Santiponce, y se encontraban domiciliados en dicha localidad sevillana.

(2) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

 


«La Imperio se retira»

«Nuestro querido colega ‘El Noticiero Universal’, de Barcelona, publica la siguiente interviú de uno de sus redactores con la bella cupletista sevillana Pastora Imperio, y que reproducimos por creer ha de despertar interés en nuestra capital.

***

Pastora Imperio (El Día, 10-1-1917)

Pastora Imperio (El Día, 10-1-1917)

… La Orquesta ataca las primeras notas de un pasodoble alegre y saleroso…

En el escenario, con una mano en la cadera y la otra marcando un braceo arrogante y castizo, luciendo las gallardías de su cuerpo majo, aparece la artista, arrebolada su cara morena, entreabierto el estuche sangriento de su boca, abiertos, muy abiertos los ojos esmeraldinos, sombreados por las pestañas negras, muy negras y muy largas…

Luego canta. Canta una copla en la que la musa popular puso su alma. Una copla que habla de amores, besos y suspiros, celos gitanos, risas y sollozos…

Canta, y mientras la copla tiembla en sus labios, sus ojos, sus divinos ojos, ora parpadean acariciadores, ora brillan maliciosos, rientes, ahítos de alegría y amores; ora, en fin, rutilan, despidiendo centellazos acerados y reflejando, desafiadores y soberbios, la indómita arrogancia de una raza de héroes y fanáticos…

‘Yo soy la descendiente de aquellas majas que tanta guerra dieron a Napoleón…’

Dice. Y su figura y su gesto, evocan la figura y el gesto feroz de la hija de ‘Malasaña’, la heroína popular…

Luego cantarinea la vihuela agarena, rasguea el que la tañe con picados y punteos monorrítmicos que tienen dejos alegres, dejos tristes, dejos de lloros…

Pastora Imperio

Pastora Imperio

Y la bella, la genial artista se adelanta. Enarca los brazos alrededor de la cabeza a modo de nimbo. Crotalean sus dedos a compás, repiquetean sus pies sobre el tablado, marcando trenzados y redobles inverosímiles de puro complicados…

Y el cuerpo de la bailadora, grácil y esbelto como el de una bayadera india, como el de una sacerdotisa dionisíaca, gira, tiembla, se encoge felinamente, se dobla, se agiganta, en mil posturas y ademanes plenos de gracia, de arte, de armonía de líneas, dignos de la valentía de un pincel zuloagnesco…

La seda, joyante, se ciñe al cuerpo, dejando adivinar la euritmia venusina de la carne palpitante. Y caireles, faralaes, plisados de gasa, lazos y cintas, madroños y flores de oro y de plata, revolotean alrededor de la artista como insectos deslumbrados por el resplandor de los divinos ojos esmeraldinos de misterio

***

[…]

– Conformes, y muy agradesía… Pero le arvierto asté – nos dice Víctor Rojas, el simpático hermano de la Imperio – que hase sinco minutos que ha estao un compañero de usté a solisitá lo mismo… y también ha aseptao mi hermana Pastora. Asín es, que se lo digo, pa que luego no me eche usté ninguna mardisión si el otro se l’adelanta y publica la informasión antes que usté en otro diario…

Pastora Imperio con su madre, Rosario la Mejorana, y su hermano, Víctor Rojas

Pastora Imperio con su madre, Rosario la Mejorana, y su hermano, Víctor Rojas

El repórter siente algo como un golpe de mazo en la nuca, a tiempo que de todo su cuerpo mana un sudor frío, característico en los casos de azoramiento.

De suceder las cosas tal como anuncia Víctor Rojas, el más espantoso de los ridículos caería sobre el reportero, al encontrarse con que ‘otro’ le había ‘birlado’ las primicias de un rato de charla con la genial Pastora

– ¿Y sabe usted qué periódico es ese ‘querido compañero’, que me ha tomado la delantera? – preguntamos por decir algo, y próximos al síncope.

– No, señó, no lo sé de fijo, pero creo que es de un periódico de la mañana…

Al oír esto, el reportero da un bote como cualquier pelota de goma.

– ¡Un periódico de la mañana! – piensa -. Es decir, que si logro celebrar y publicar la interviú hoy mismo (son las doce y media) le doy un disgusto mayúsculo al ‘madrugador’ y me evito un ridículo espantoso…

– ¡Qué! ¡Parese que se l’ha pasao argo el susto!, ¿eh?

– Oiga usted, Rojas. ¿A usted se le han roto alguna vez las seis cuerdas de la guitarra a un tiempo mientras acompañaba una copla a su hermana, en el escenario?

– ¡Hombre, a mí, no! Pero yo creo que me hubiera dao un tabardiyo de la sofocasión que hubiera pasao…

Pastora Imperio, ataviada para interpretar El amor brujo

Pastora Imperio, ataviada para interpretar El amor brujo

– Bueno, pues hágase cuenta de que hace un momento me he visto en un caso parecido y… he descubierto el medio de que la guitarra suene sin cuerdas y sin que nadie se haya dado cuenta del percance… ¿El caso es para ponerse alegre, o no?

– ¡Josú, ya lo creo!

***

Y en efecto, a la hora indicada (tres y media de la tarde), el reportero se presenta en el hotel en que se hospeda la popular artista.

– La señora ‘Imperio’, nos dicen, está acabando de comer, tenga la bondad de esperarse unos minutos…

Unos minutos que no vienen mal, por cierto, pues durante ellos, y gracias al abanico indispensable del reportero, se evaporan un poco los goterones de sudor que perlean (sic) su frente.

Pero a los pocos momentos se abre la mampara de la escalera y – ¡Oh, cielos! – ¿quién creerá usted que aparece por ella?

Pues nada menos que el ‘compañero madrugador’ del reportero, que acompañado de su buen fotógrafo, se dispone a lograr el correspondiente ratito de charla con la artista.

En este momento, aparece la gentil Pastora, la cual, después de saludar a todos con su deliciosa sonrisa, entreabriendo un poco los ojos esmeraldinos de misterio, ríe a carcajadas al ver la triste figura de los dos reporteros convertidos en estatuas de sal […].

Pastora Imperio

Pastora Imperio

***

Al llegar a la Plaza de Cataluña, el reportero, mustio, alicaído, se deja caer en un banco y como no puede llorar… se queda dormido.

A poco, alguien le habla al oído. Es la Imperio, la mismísima Pastora que, compadecida, se dispone a contar al reportero sus andanzas por tierras americanas.

Y como el tiempo apremia (son las cuatro y media), allá va sin rodeos lo que la Pastora le dijo:

– Como usted sabe, salimos de Barcelona el 4 de agosto del año pasado con rumbo a Buenos Aires.

Sin incidentes durante al viaje, llegamos a aquella capital, donde debuté el 3 de septiembre en el teatro San Martín, con un éxito tan grande cual no recuerdo otro. En este teatro actuaba también un cuadrito de comedia y el dueto ‘Los Chimenti’. Dimos 68 representaciones, celebrándose dos a beneficio mío con unos resultados fabulosos…

– ¿Y después?…

– Después fuimos a Rosario de Santa Fe, Santa Fe de Bogotá, Paraná y Mendoza. De aquí fuimos a Valparaíso por el túnel transandino, tan largo, que los trenes llevan a prevención balones de oxígeno, porque son muy frecuentes los síntomas de asfixia entre los viajeros. Mi madre, sin ir más lejos, y el bailaor flamenco Faíco, hubieron de ser atendidos, por faltarles ya la respiración… También dimos unas representaciones en una población cercana a Valparaíso, que se llama Viña del Mar.

Pastora Imperio (portada de La Unión Ilustrada, 7-9-1913)

Pastora Imperio (portada de La Unión Ilustrada, 7-9-1913)

– ¿Y aquí terminó la tournée?

– No, señor. Antes de zarpar de Buenos Aires, y a ruegos de varios amigos y de la prensa en general, me presenté ante el público bonaerense en tres o cuatro funciones de despedida. ¡Créame usted, que a aquel público lo recordaré yo con cariño toda mi vida!…

– ¿Y en aquella fecha salieron de Buenos Aires?

– El día 2 de mayo, y por cierto, que durante el viaje fuimos detenidos dos veces por buques de guerra. La primera por un acorazado inglés y la otra por dos cruceros franceses que nos dejaron continuar el viaje sin más inconvenientes.

– ¿Y después?

– Llegamos a Cádiz, descansamos en Madrid todo el mes de junio, debuté en Valencia, en el teatro de Eslava, el 7 de julio, donde estuve trabajando hasta el domingo, en que me despedí de aquel público. Aquí llegamos ayer, como usted sabe, y respecto al cariño con que me ha acogido el público de Novedades, no encuentro frases con que agradecerlo. ¡Qué bueno ha sido siempre conmigo el público de Barcelona!

– ¿Cuántas funciones va usted a dar aquí?

– Estoy contratada por diez representaciones

– ¡Y habrá prórroga! ¿Verdad?

[…]

Pastora Imperio (Museo Nacional del Teatro)

Pastora Imperio (Museo Nacional del Teatro)

– Desde aquí iré a San Sebastián, Logroño, Bilbao y Valladolid, donde tengo firmados contratos…

– Y después…

– Después a Madrid y… ¡agárrese usted que ésta es una noticia de las que ustedes llaman morrocotudas… Para la primavera próxima, si la Virgencita de la Macarena quiere, me retiro del teatro.

– ¡¡¡Pastora!!!

– ¡Sí, señor, Pastora se retira del teatro en cuanto haga una tournée de despedida!

– ¡¡Pero!!…

– Sí, hombre. Me retiro… ¡Y no grite, que se va usted a despertar y sería una lástima que se desvaneciera con esto!…

– Oiga usted, Pastora, antes de que salga de ese sueño, dígame usted, por su salusita gitana, algo del Gallo, el divino ‘calvo’…

– ¡Sobre eso, no obtendrá usted ni una palabra! – nos ha dicho.

Al oír esto, la gentil Pastora (o su ‘sombra’) se ha puesto muy seria, ha abierto enormemente sus ojos esmeraldinos.

***

Pastora Imperio, por Manuel Benedito

Pastora Imperio, por Manuel Benedito

– ¡Eh, amigo! ¡Que se va usted a caer! Nos despertamos sobresaltados.

La sombra de la Pastora ha desaparecido.

Son las cinco menos veinte minutos.

En un tranvía, vemos a nuestro querido compañero ‘el madrugador’, que oprime amorosamente unas cuartillas…”

(Emilio G. de Bustillo, El Noticiero Sevillano, 14-8-1916).

NOTA:

Este artículo ha sido localizado por José Luis Ortiz Nuevo y está disponible en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco de Jerez de la Frontera.