Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Tras las huellas de Rosario la Andalucita, cantaora en el exilio (I)

A Rosario Núñez, in memoriam, cuando se cumplen 48 años desde que nos dejó

En los catálogos discográficos de los años veinte y treinta, las secciones dedicadas al género flamenco muestran un claro predominio de cantaores varones. Respecto a las escasas cantaoras que aparecen en sus páginas, llama la atención la existencia de unas cuantas artistas especialmente prolíficas, entre las que cabe mencionar a Rosario Núñez, la Andalucita, que ronda el centenar de registros sonoros (1) impresionados en la década que va de 1922 a 1932.

Esa extensa producción, no exenta de calidad, contrasta con los escasos datos que se conocen sobre su figura. Tanto Blas y Ríos (1988) como Ortega, Soler, Ruiz y Gómez (2019) ofrecen una breve semblanza de la cantaora basada en la información disponible en las hemerotecas españolas, pero su pista se pierde en los años treinta, coincidiendo con su viaje a tierras americanas. Ninguno de ellos consigna su fecha ni su lugar de nacimiento.

Rosario Núñez, la Andalucita (Archivo Andalucita)

Rosario Núñez, la Andalucita (Archivo Andalucita)

La novedad de esta investigación estriba en el acceso a un rico corpus documental compuesto principalmente por recortes de prensa, fotografías, contratos, cartas, carnés profesionales, billetes de transporte, letras de canciones y otro tipo de documentos —en adelante, Archivo Andalucita (2)—, que fueron recopilados por la propia Rosario Núñez durante toda su etapa americana, por lo que constituyen un material único y de incalculable valor, que no se encuentra accesible a través de internet. A ello hay que añadir las indagaciones realizadas en hemerotecas, archivos y repositorios documentales digitales de España y el extranjero, así como el testimonio oral de José Luis Pintado Núñez, hijo de la artista.

Origen familiar y despertar artístico

Rosario Núñez Sánchez nació el 13 de julio de 1906 en el seno de una familia gitana. Vio la luz primera en el número 43 de la calle Hiniesta, en el sevillano barrio de la Macarena, y fue bautizada ante la popular imagen, que por entonces tenía su sede en el templo de San Gil. Sus padres eran Francisco Núñez Perea e Isabel Sánchez Ruiz, naturales de Carmona (Sevilla) y Ubrique (Cádiz), respectivamente (3).

Desde muy pequeña tuvo clara su vocación. A los siete años de edad ya “bailaba y cantaba… Y venían los tocaores a mi casa, ‘pa’ acompañarme a la guitarra” (Núñez, “Entrevista”). Incluso llegó a fugarse junto a una compañía
de músicos ambulantes, con quienes actuó por primera vez en la localidad sevillana de Pilas (4). Como muchas jóvenes de su tiempo que aspiraban a convertirse en artistas, buscó su camino en los locales de variedades, que le ofrecieron el marco idóneo para desarrollar las facetas de canzonetista, bailaora, cantante de aires regionales y cantaora de flamenco.

Rosario Núñez a los doce años de edad (Antena, 11-7-1936. Archivo Andalucita).

Rosario Núñez a los doce años de edad (Antena, 11-7-1936. Archivo Andalucita).

Antes de cumplir los catorce debutó en el Salón Imperial (5) de Sevilla y durante la Semana Santa del año siguiente “armó un escándalo […] cantando saetas (6) en la plaza de San Francisco” (La Unión) (7). Por aquel entonces contaba ya con un variado y extenso repertorio, y la crítica elogiaba “la exquisita [sic] y arte desplegados por la gentil cancionista en su trabajo”, así como “el lujo y propiedad con que viste los diversos tipos de las regiones españolas” (El Defensor de Granada 3).

En otoño regresó al Imperial, donde constituyó una “agradable revelación. […] Cantó varios aires flamencos y bulerías con gran artevoz perfecta, mostrando seguridad y gracia sorprendentes” (El Noticiero Sevillano 6). A pesar de su juventud, se le auguraba ya un prometedor futuro (8).

Consagración artística

Tras pisar las tablas de numerosos coliseos andaluces, en septiembre de 1923 Rosario Núñez debutó en el Teatro Romea de Madrid, conocido como la catedral de las variedades, y “con su espléndida voz hizo ver al público que no tardará en figurar en los carteles como una verdadera ‘estrella’” (Diario Universal 2). Asimismo, en mayo de 1924 alcanzó “un éxito sin precedentes” en el Teatro Novedades (Castilla, “Otros teatros” 17) y fue invitada a participar en una fiesta benéfica celebrada en el Hotel Ritz. En ambos lugares gustó sobremanera su creación del cuplé Patrocinio, dentro del cual cantaba unas “saetas que promovieron un verdadero alboroto de entusiasmo” (Castilla, “Otras noticias” 16).

De esa época datan también sus primeras grabaciones, más de una treintena de registros sonoros impresionados en las casas Pathé y Regal. En esa producción discográfica inicial abundan los cuplés con acompañamiento de orquesta —más de veinte—, género muy en boga en aquellos años. En lo que respecta al cante flamenco, se aprecia un claro predominio del fandango, tendencia que se mantendrá en su obra posterior. El toque corre a cargo de guitarristas como Pepe de Badajoz, Miguel Borrull o Luis Yance.

Rosario la Andalucita (Sevilla Gráfica, 2-9-1922).

Rosario la Andalucita (Sevilla Gráfica, 2-9-1922. BNE).

En febrero de 1925 actuó en el Edén Concert de Barcelona “una nueva estrella del arte frívolo que desde el primer momento triunfó de un modo definitivo” (El Diluvio 13). A decir de las crónicas, la Andalucita presentaba un perfil comparable al de artistas como Amalia Molina, Emilia Benito o Pilar García, que reinaban en los escenarios de variedades gracias a su dominio del género flamenco, el cuplé y el folclore de las distintas regiones españolas (9): “tonadillera en el sentido estricto de la palabra, que cultiva con verdadera fortuna el inagotable filón de los aires regionales, imprimiendo a cada variedad del género su peculiar e inconfundible estilo. Singularmente se destaca en el cante flamenco, para el cual posee envidiables condiciones de matiz y de sentimiento que entusiasman al público” (El Diluvio 13).

Notas:

(1) En torno al 20% de ellos son canciones y cuplés.

(2) Debo expresar mi agradecimiento a José Luis Pintado y a su esposa, Dioany Urbano, por su gran generosidad al compartir conmigo el legado de la Andalucita; y a Pedro Moral, por ponernos en contacto. El inconveniente es que no todos los documentos están correctamente datados, por lo que algunas referencias del apartado final aparecen incompletas. En los casos en los que no se conoce el autor ni el medio de comunicación ni el número de página, se cita directamente como fuente el Archivo Andalucita.

(3) Así consta en el acta recogida en la página 216 del tomo 100.3 de la Sección 1.ª del Registro Civil de Sevilla, en la que aparece como fecha de nacimiento el 14 de julio, aunque ella siempre declaró haber nacido el día 13 (Pintado Núñez, en entrevista telefónica celebrada el 23 de julio de 2022).

(4) Rosario Núñez refirió este hecho tanto en la entrevista que concedió a Juan Herbello para la revista cubana Circuito como en la conversación que mantuvo con un periodista de El Imparcial de Puerto Rico, ambas en 1941 (Archivo Andalucita).

(5) La revista Eco Artístico (11, 13) da testimonio de sus actuaciones en dicho local en el mes de marzo de 1920. En esa primera época se refiere a ella como “Petit Andaluza” o “Rosarito Núñez, la Andaluza”, tal vez para diferenciarla de la artista almeriense Mercedes Orihuela, que se hacía llamar “la Andalucita” y que estuvo en activo en la década de 1910.

(6) Su dominio de ese estilo le hizo ganarse el sobrenombre de “reina de las saetas”. Así la denominaba el diario catalán El Diluvio (8) coincidiendo con sus actuaciones en el Edén Concert de Barcelona en febrero de 1925.

(7) Esta noticia procede del archivo de prensa de José Luis Ortiz Nuevo —depositado en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco—, en el que no se consigna el número de página.

(8) Por ejemplo, el redactor que firmaba como Poly (6) en El Noticiero Sevillano veía en ella “una artista, una buena artista”.

(9) No obstante, a diferencia de las artistas mencionadas, que solían decir el cante flamenco con música de orquesta, la Andalucita permanecía fiel al tradicional acompañamiento de guitarra.

Referencias bibliográficas:

Archivo Andalucita: Colección privada (recortes de prensa, fotografías, programas de mano, folletos, cartas, certificados). Berazategui.

—Blas Vega, José y Manuel Ríos Ruiz (1988): Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco (2 vols.). Madrid: Cinterco.

Castilla (25 mayo 1924): “Otros teatros”, 15, p. 17.

Castilla (1 junio 1924): “Otras noticias”, 16, p. 16.

Diario Universal (3 septiembre 1923): “Varietés. Romea”, 10.323, p. 2.

Eco Artístico (29 febrero 1920): “Salón Imperial”, 353, p. 11.

Eco Artístico (15 marzo 1920): “Sevilla. Salón Imperial”, 354, p. 13.

El Defensor de Granada (29 junio 1921): “Rosarito Núñez”, 19.576, p. 3.

El Diluvio (6 febrero 1925): “Music Halls. Edén Concert”, 32, p. 8.

El Diluvio (7 febrero 1925): “Las novedades que se ofrecen al público en el Edén Concert”, 33, p. 13.

El Noticiero Sevillano (23 septiembre 1921): “Salón Imperial. Función patriótica, con asistencia de los Infantes”, 11.023, p. 6.

La Unión (23 septiembre 1921): “En el Imperial” (s. p.).

—Núñez Sánchez, Rosario (16 junio 1941): “La Andalucita en La Mallorquina”, en El Imparcial (s. p.).

—Ortega Castejón, José Francisco, Luis Soler Guevara, Rafael Ruiz García y Antonio Gómez Alarcón (2019): Malagueñas, creadores y estilos. Murcia/Málaga: Universidad de Murcia/Universidad de Málaga.

—Poly (7 octubre 1921): “Salón Imperial. ‘La Andalucita’”, en El Noticiero Sevillano, 11.036, p. 6.


Encarnación la Trinitaria, una cantaora excepcional (y III)

Durante el año 1936 Encarnación Cabello volvió con fuerza a la cartelera de la Ciudad Condal. El 8 de enero actuó en un festival celebrado en el Circo Barcelonés a beneficio del bailaor Antonio Virutas, en el que compartió cartel con lo más granado de la profesión. Rafaela la Tanguera, Conchita Borrull, Carmen Amaya, el Cojo de Málaga, el Niño de Utrera, Pena hijo, Imperio de Granada, y los tocaores Alfonso Aguilera, Niño Sabicas, Rojo el Alpargatero, Manolo Torres y Pepe Hurtado colaboraron con la causa (Noticiero Universal, 7-1-1936). Entre todos ellos “constituyó una auténtica revelación ‘La Trinitaria’, que fue especialmente aplaudida” (Noticiero Universal, 9-1-1936).

En la imagen aparecen La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, el Viruta y el Chino (Destino, 1964).

En la imagen aparecen La Tanguera, Carmen Amaya, Julia Borrull, el Viruta y el Chino (Destino, 1964).

Unas semanas más tarde cantó en Radio Barcelona junto al Niño de Cartagena, acompañados ambos a la sonanta por Alfonso Aguilera (La Vanguardia, 26-1-1936). En el mes de mayo regresaría en dos ocasiones a la emisora, una junto a Pilar Arcos (La Vanguardia, 10-5-1936), y otra con Juanito Valderrama, Rafael de La Unión y Miguel Borrull (La Publicitat, 14-5-1936).

En febrero de 1936 actuó en el Cine Coliseo Pompeya como figura principal de un programa compuesto por dos películas, más las actuaciones del cantante Emilio Vendrell y de la “eximia artista del género andaluz LA TRINITARIA, diva del cante flamenco” (Noticiero Universal, 19-2-1936).

Durante los meses siguientes se la pudo ver con cierta frecuencia en el Circo Barcelonés, donde el 8 abril y el 14 de mayo participó en sendos festivales de ópera flamenca. El reparto del primero de ellos estaba compuesto por los cantaores “Gitanillo de Madrid, Amedia Romero, Juanito Guerrero, Tomás Chorrojumo, Ramper Flamenco, Niño Cartagena, Aldeano, Gran Fanegas” y, como cabezas de cartel, La Trinitaria, Juanito Valderrama y la Niña de Linares. El toque corría a cargo de “Alfonso Aguilera, Antonio González, Manuel Torres y Niño Sabicas”. Fuera de programa se presentó el transformista Mirco acompañado por todos los guitarristas y, como colofón, se proyectó la película Semana Santa en Sevilla y se cantaron “las típicas saetas, acompañados por una banda de tambores y cornetas” (La Vanguardia, 7-4-1936).

Petra García Espinosa, la Niña de Linares.

Petra García Espinosa, la Niña de Linares.

El segundo festival tenía como figuras estelares a la Niña de Cádiz, Rafael de La Unión, Niño de la Palma de Oro, la Trinitaria, Conchita Borrull, Juanito Valderrama y Miguel Borrull. Completaban el reparto la Niña de Chiclana, Niño de la Alhambra, Anita Maravilla, Niño de Tetuán, Ramper Flamenco, Niño de la Perla, Lolita Ruiz, Tomás Chorrojumo y Carreterito de Valencia, así como los tocaores “Rojo el Alpargatero, Alfonso Aguilera, Juanito Riera y Juan B. Pepito y Miguel Borrull” (La Vanguardia, 12-5-1936).

También en el Circo Barcelonés, el 3 de junio de 1936 Encarnación Cabello intervino en una velada artística celebrada en honor del recitador Enrique Nieto de Molina (La Vanguardia, 3-6-1936); y, ya comenzada la guerra, entre los meses de agosto y septiembre formó parte de un cuadro flamenco que compartía programa con una compañía de variedades internacionales. La Niña de Cádiz, la Tanguera, la Mendaña, la Gonzalito y Manolo Bulerías eran algunos de los artistas con los que compartía escenario (El Diluvio, 29-8-1936).

Asimismo, el 19 de septiembre colaboró en un festival organizado en el Teatro Nuevo por el Partido Nacionalista Republicano de Izquierda y el Sindicato Único de Espectáculos Públicos (C. N. T.), “en honor de la Aviación Republicana y a beneficio de las Milicias Antifascistas”. Tras la representación de la obra de estampas de actualidad ¡Tots al front!, cantaron María Teresa Planas, José María Aguilar, Emilio Vendrell y ‘La Trinitaria’, acompañada por Alfonso Aguilera (Noticiero Universal, 18-9-1936, 6).

El transformista Mirco.

El transformista Mirco.

Durante el año 1937 la prensa la sitúa en el Teatro Vigatá de Vic (L’Hora Nova, 9-9-1937) y en el Municipal de Castellón (Heraldo de Castellón, 12-10-1937) formando parte de sendos espectáculos de variedades; así como en la Fundación Albà d’Horta de Barcelona, en un festival cinematográfico organizado por la Caja de Asistencia Presidente Macià. En los entreactos de la película Sucedió una noche “actuaron los pequeños grandes artistas Encarna Aguilera, canto aragonés; María Aguilera, canzonetista; Adelina Abril, bailarina clásica; Alfonso Aguilera y Castro, guitarristas, y la Trinitaria, estrella del cante flamenco. El acto constituyó un verdadero éxito” (Full Oficial del Dilluns de Barcelona, 13-12-1937). Esta es la última ocasión en que encontramos a la cantaora anunciada junto a su marido, que falleció prematuramente en una fecha que aún desconocemos. Solo unas semanas más tarde, el 2 de enero de 1938, se presentó acompañada a la sonanta por Castro en un festival a beneficio de los soldados organizado por el semanario L’Esquella de la Torratxa en el Teatro Barcelona (La Vanguardia, 1-1-1938).

Una vez concluida la guerra civil, en 1940 la Trinitaria volvió a anunciarse en distintos festivales de ópera flamenca celebrados en la Ciudad Condal, en los que coincidió con viejos conocidos. Junto a su hermana Lola Cabello, el guitarrista Miguel Borrull, las bailaoras Julia y Concha Borrull, y los cantaores Manolo Constantina, Gran Fanegas y el Cojo de Málaga, actuó el 9 de enero en el Circo Barcelonés, en lo que se anunció como un “espectáculo cumbre de cante jondo” (Noticiero Universal, 8-1-1940). Regresó a ese mismo escenario el 30 de abril para rendir homenaje al Cojo de Málaga. También colaboraron en el festival hasta un total de sesenta artistas, entre los que destacaban el bailaor Tobalo, los cantaores Niña de Linares y Gran Fanegas, Miguel Borrull, una zambra gitana y Los Canasteros de Triana (Noticiero Universal, 29-4-1940, 8).

Lola Cabello

Lola Cabello

Asimismo, en el mes de septiembre actuó en el Teatro Olimpia junto a una compañía de ópera flamenca dirigida por el Niño de Marchena, que representó las estampas “Rosianas de Almonte” y “Puente Chiclanero”, de Luis Clavijo:

“[Estas dieron] margen a una serie de cantes y bailes que satisfacen los deseos del más entendido en el arte. De los fandanguillos, cantados por el ‘Niño de León’, ‘Alegría’ y la ‘Trinitaria’, se pasa a los bailes de Merceditas Borrull acompañada a la guitarra por su padre; después a los de Mirco e Isabelita Flores y a la zambra de Tobalo; a continuación los recitados de Enrique Romera y los cantes y bailes de Carmen del Turia; y, al final, los arpegios de Pepe ‘Marchena’” (Solidaridad Nacional, 24-9-1940).

Retomamos la pista de Encarnación Cabello tres años más tarde en la pérgola del recinto Piscinas y Deportes de Barcelona, donde se ofreció “un espectáculo de movilidad y colorido extraordinario, base de una serie de estampas regionales, cuya primera parte se denomina ‘Una noche en Andalucía’”. Bajo la dirección del maestro Paris, en él intervinieron varias decenas de artistas, entre los que cabe mencionar a los bailarines Lolita Ráez y Pepe Urbina; y, en el género flamenco, al guitarrista Flores, el cantaor ‘Niño de los Jardines’ y Maruja de Málaga. Entre otros aspectos del montaje, la crítica alabó las saetasbien cantadas” por la Trinitaria (Diario de Barcelona, 7-8-1943, 14).

El 26 de enero de 1944 se celebró en el Palacio del Arte de Barcelona un “homenaje a la canzonetista Encarnación Cabello, y con tal motivo el rapsoda Wencesla Sabalter recitó un improvisado soneto del poeta argentino E. Baldomero Gimeno, que fue muy aplaudido” (La Prensa, 27-1-1944, 4). Las últimas noticias que hemos localizado sobre la Trinitaria datan del verano de 1950 y la sitúan en Palma de Mallorca, ciudad que ya visitó en varias ocasiones a finales de los años veinte.

Mercedes Borrull (Archivo Diputación de Málaga).

Mercedes Borrull (Archivo Diputación de Málaga).

Actuó el 22 de julio en el Campo es Forti (Correo de Mallorca, 19-7-1950) y dos días más tarde, en el Teatro Olimpia, junto a una extensa compañía de arte flamenco en la que destacaba la presencia de los cantaores Eulalia Sanz, Juanito Palacios, El Soldado, el Niño de la Victoria y la Chicharra; los bailaores Conchita Torres, Manolo de Cádiz, Manuela Reyes y Paco Sevilla; y los guitarristas Niño de Utrera y Antonio González. Entre todos ellos, ocupaba un puesto privilegiado en el cartel “La Trinitaria. Primerísima figura del cante jondo” (La Almudaina, 23-7-1950); y, a juzgar por las críticas, esto no obedecía a un mero reclamo publicitario:

“Anoche en la espléndida terraza de Olimpia se reunió una ingente muchedumbre para presenciar la gran función de Ópera Flamenca […].

En verdad la concurrencia no salió defraudada del espectáculo -que ante el éxito alcanzado se repite hoy-, aplaudiendo cada intervención de los notables, algunos en grado superlativo, elementos presentados por Olimpia en el magno festival de ‘flamenquería’.

Pero por encima de todos cabe destacar la formidable actuación de la Trinitaria, la cual se vio obligada a ofrecer cuatro o cinco ‘cantosmás de los que debía ejecutar. […]

Los aficionados pudieron saciarse de arte ‘cañí’, pues de todo y en abundancia hubo en el festival de anoche, que fue un éxito sin precedentes. Todos los estilos y todas las características del ‘cante jondo’ y de la danza española tuvieron una nutrida representación. Y el público jaleó a cuantos fueron desfilando por el escenario de Olimpia. […]

La compañía de ‘ópera flamenca’ actuará también en diversos pueblos de la Isla” (La Almudaina, 25-7-1950, 8).

“Todos los números que participaron en el espectáculo lograron buen éxito, destacando especialmente ‘La Trinitaria’ que hizo alarde de buen estilo de canto, así como Juan Soto, verdadero artista de la guitarra” (La Almudaina, 26-7-1950, 7).

Encarnación Cabello, la Trinitaria, junto a una de sus nietas (Foto: Ruth Aguilera).

Encarnación Cabello, la Trinitaria, junto a una de sus nietas (Foto: Ruth Aguilera).

Durante los meses de agosto y septiembre el público de Palma de Mallorca pudo volver a disfrutar del cante de la Trinitaria, que actuó en el Salón Triana junto a un cuadro flamenco dirigido por el tocaor Juan Soto, y en el que también figuraban las bailaoras Anita Belmonte, Carmen Alarcón y hermanas Morales, entre otros artistas (Baleares, 31-8-1950; Baleares, 28-9-1950).

Una postrera referencia nos la proporciona un cartel del año 1952 que anuncia dos “grandes veladas de canto flamenco” ofrecidas los días 2 y 3 de agosto en la Bodega Apolo de Barcelona, sita en el Paralelo. En ellas intervinieron los cantaores José Córdoba Reyes, Enrique el Sevillano y la “pareja de cante jondo” formada por la Trinitaria y el Niño del Genil. Completaban el espectáculo el grupo Cantos y Bailes de España, compuesto por más de veinticinco artistas folclóricos, y el dúo de baile aragonés de Carmen Buj y Joaquín Gazulla.

Encarnación Cabello Moreno, que tuvo su último domicilio en el número 29 de la Calle Carretas, falleció el 21 de febrero de 1965 en el Hospital Clínico de Barcelona a consecuencia de un cáncer de útero, según reza en su acta de defunción. Nos ha dejado una discografía breve pero de excepcional calidad, compuesta por un total de dieciocho registros sonoros (1) grabados en la primera mitad de los años veinte con las casas Gramófono, Regal y Víctor. En la mayor parte de ellos la acompaña a la sonanta Miguel Borrull y en el resto, Alfonso Aguilera. Muy del gusto de la época, en el corpus discográfico de esta cantaora predominan claramente los fandangos, seguidos de las tarantas, malagueñas y cartageneras. También impresionó un cante por soleá, una granaína y una saeta.

La Sociedad de Pizarras ha recopilado parte de la discografía de la Trinitaria, que se puede escuchar en su canal de YouTube. Pasen y disfruten:


Notas:
(1) Se trata, en todos los casos, de discos bifaciales; dos de ellos los comparte con Rosario Núñez, la Andalucita.


La Andalucita, una gran artista que no quiso caer en el olvido

A Rosario Núñez, in memoriam

A Dioany y José Luis, por compartir su legado

A Pedro y a la Sociedad Pizarras & Flamendro, por hacer posible el encuentro

Desde muy pequeña tuvo clara su vocación y luchó por su sueño. A los siete años se escapó de casa con una troupe de artistas ambulantes; antes de cumplir los catorce se subió a las tablas del Imperial, en su Sevilla natal; y al año siguiente armó un lío grande cantando saetas en la Plaza de San Francisco.

19331028 Radio Callao_
La niña valía y el éxito le vino rodado. Recorrió pueblos y ciudades de la península y el norte de África, y en la primera mitad de la década de los veinte ya había conquistado el Romea madrileño, conocido como la catedral de las variedades, y contaba con varias decenas de grabaciones en el mercado.

19360000 Radio Prieto y Argentina
Como muchas artistas de su tiempo, era enormemente versátil. Sus excepcionales cualidades vocales e interpretativas le permitieron cultivar un amplio repertorio de estilos, desde las canciones y cuplés, hasta los aires regionales y el cante flamenco; además de bailar y tocar con virtuosismo las castañuelas.

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Entre 1929 y 1930 participó en tres grandes éxitos teatrales, que incrementaron aun más su popularidad: las comedias líricas La copla andaluza y El alma de la Copla, de Quintero y Guillén, que se llevaron a escena respectivamente en los teatros Pavón y Fuencarral de Madrid; y el cinedrama La hija de Juan Simón, de Sobrevila y Granada, que fue estrenado en el Teatro de la Latina.

19350605 La Voz del Interior_foto con Amalia Molina tras festival Capitol

En estas obras, además de conquistar al público con su cante, se reveló como una solvente actriz y, a rebufo del éxito obtenido, registró otro medio centenar de cantes. Muy del gusto de la época que le tocó vivir, en su discografía abundan los fandangos, seguidos de estilos como las malagueñas, milongas, guajiras, colombianas, saetas y granaínas; y, en bastante menor medida, los cantes de compás, entre los que destaca una seguiriya monumental.

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En 1933 le ofrecieron un contrato para hacer las Américas y lo que comenzó como una gira se convirtió en un exilio eterno. A Sevilla ya solo la ataba el dolor por la trágica desaparición de su familia, víctima de la barbarie anti-republicana, y los hechos que se sucedieron después hicieron imposible su regreso.

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Una vez más tuvo que reinventarse, y no sería la última. La primera etapa de su periplo americano transcurrió en Argentina. Triunfó en los principales teatros de Buenos Aires -Mayo, Avenida, Maravillas…- junto a una compañía que se hacía llamar “Postales españolas” y comenzó una exitosa carrera en el medio radiofónico. Durante años su voz entró en los hogares de millones de latinoamericanos, que abarrotaron los teatros para ver en carne y hueso a su admirada estrella.

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Recorrió distintas ciudades argentinas, entre ellas Córdoba, donde fue consagrada artísticamente por la gran Amalia Molina; y su fama pronto se extendió a los países vecinos. Durante largas temporadas trabajó en Uruguay, Chile, Brasil, Perú y Ecuador, compaginando siempre sus actuaciones escénicas con su intensa labor en las ondas.

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Generosa y comprometida, durante los años de la guerra civil organizó numerosos festivales destinados a recaudar fondos a beneficio de los huérfanos de la España republicana, y colaboró desinteresadamente con cuantas instituciones se lo solicitaron.

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En 1941 recaló en Cuba, adonde llegó convertida en una gran estrella. Dan fe de ello las abundantes entrevistas que concedió a distintos medios, su lujosa presentación, así como las cartas y poemas recibidos de sus muchos admiradores. Allí trabajó durante meses en la cadena CMQ como artista exclusiva de un programa patrocinado por la tabaquera Regalías El Cuño. También actuó en el Teatro Nacional de La Habana y viajó a Tampa para intervenir en la Verbena del Tabaco.

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Puerto Rico, México y Venezuela fueron sus siguientes destinos. En Caracas nació su único hijo y volvió a cambiar el rumbo de su vida, cuando decidió abandonar a su marido y representante tras sorprenderlo en flagrante adulterio. Se instaló en Buenos Aires y volvió a comenzar de cero.

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A principios de los cincuenta viajó en varias ocasiones a Perú, mas no tardó demasiado en llegar su declive físico y artístico, a causa de su frágil estado de salud y de la escasez de contratos. Pasó momentos difíciles, viviendo en un mísero cuartito, hasta que su hijo José Luis pudo empezar a aportar algo de plata al hogar. Él se ocupó de que no volviera a faltarle de nada, la cuidó hasta el final y ha conservado como oro en paño su legado.

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Rosario no pudo dejarle dinero ni propiedades, pero sí unos valores, como la disciplina en el trabajo, y un valioso archivo fotográfico y documental que ella misma se encargó de recopilar durante toda su vida en América. Hojeando los cientos de páginas que lo componen, observando las incontables fotografías y los abundantes recortes de prensa de distintos países, no puedo sino sonreír ante la audacia de esta mujer valiente, que se resistió a caer en el olvido y que además tuvo la satisfacción moral de sobrevivir al dictador, aunque fuese apenas un mes.