Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (VII)

Si los baúles de la Piquer han pasado a la historia como los más paseados a lo largo y ancho de la geografía española y americana, lo cierto es que los de la Molina no se quedan atrás. Desde su regreso de tierras americanas, su vida transcurre en un constante ir y venir, de teatro en teatro, de ciudad en ciudad y de aplauso en aplauso.

Con un ritmo frenético, sin apenas descansar, Amalia recorre una y otra vez las distintas regiones españolas, con breves paradas en Madrid, donde sigue teniendo su residencia. Sin embargo, lejos de cansarse de ella, el público espera con impaciencia la próxima visita de la artista, ávido por conocer las variaciones de su repertorio y su puesta en escena, que son objeto de una continua renovación.

Amalia Molina (Nuevo Mundo, 3-4-1915)

Amalia Molina (Nuevo Mundo, 3-4-1915)

Sus actuaciones se cuentan por éxitos. En cuanto la artista aparece sobre el proscenio, las palmas echan humo, por utilizar una expresión bastante común en aquella época, y la crítica se rinde a sus pies. Sería harto aburrido transcribir aquí todos y cada uno de los elogios que cada día le dedican los papeles. Como muestra, reproducimos la crónica de su presentación en el Teatro Sanchís de Gijón:

“No habían terminado los aplausos al decorado, cuando la orquesta preludió los primeros compases de la hermosa canciónAlma española’, y apareció en la escena la clásica, la imponderable Amalia Molina; el público la ovacionó en tal forma, que ella estuvo varios minutos saludando al ‘respetable’, que con tanto entusiasmo la recibía.

Nos cantó varias de sus creaciones, y en todas era interrumpida por aplausos y ¡oles! lanzados desde todos los ámbitos del Teatro.

Pero cuando la ovación llegó al delirio fue en el momento que con su estilo insuperable y propio brotaron de su garganta las armoniosas frases de sus ‘Marianas’, en las que no hay quien la iguale; el entusiasmo era tan grande que Amalia se adelantó a las candilejas, y verdaderamente emocionada habló al público, dando las gracias por el recibimiento” (Eco Artístico, 25-10-1912).

A Sevilla por Semana Santa

Amalia Molina le canta saetas al Gran Poder

Amalia Molina le canta saetas al Gran Poder (Blanco y Negro, 30-3-1919)

En esta vorágine de trabajo, la polifacética sevillana siempre encuentra tiempo para regresar a su ciudad natal en Semana Santa, donde devoción y obligación se funden en una saeta al paso de su Cristo del Gran Poder y su Esperanza Macarena, imágenes por las que siente gran fervor. Así lo manifiesta en distintas entrevistas a lo largo de su carrera:

“A mi Sevilla. Eso no lo falto yo por na. Ya puedo estar donde esté, para Semana Santa estoy en mi tierra. Me parece que si no le cantaba unas saetas al señó del Gran Podé, se me vendría encima alguna desgrasia” (El Día, 22-8-1917).

“Todos los años venía a cantar saetas. Aunque me cogiera en La Habana. Atravesaba la mar, y en la madrugada del Viernes Santo ya estaba yo en la calle Sierpes cantando. Mis saetas eran todas de los hermanos Quintero. […] Fíjate en esta saeta de Serafín y de Joaquín. ¡Una cosa!:

Benditas las golondrinas
que vienen de dos en dos
a quitarle las espinas
a Jesús, hijo de Dios”
(ABC, 7-7-1944).

“Ésta que voy a cantá […] es la copla que toítos los años, sin fartá uno, le canto al zeñó del Gran Podé en cuantito que sale… Ya hase muchos años que esta saeta mía es la primera que oye el probetico Jezú… […]

¿Dónde va, hermoso clavé?
¿Dónde va tú, buen Jezú,
que tan cargado te ve
con esa pesada Cru
siendo tú el Gran Podé?
[…]

Esperanza Macarena, por la que Amalia siente gran devoción

Esperanza Macarena, por la que Amalia siente gran devoción

Ahora, la que siempre le canto a la Virgen de la Esperansa de mi barrio… escuchen ustés:

Mirarla por dónde viene
tan hermosa y tan serena
la Virgen de la Esperansa,
honra de la Macarena.
[…]

Es tan bonita y tan gitana la Virgen de la Esperansa, que yo, cuando estoy delante de ella y le canto saetas, me dan ganas de salirle por bulerías. En cambio, viendo el Gran Podé, casi no puedo cantarle porque rompo a llorá. También a la Esperansa de Triana le canto. A ésa le digo yo: […]

Mare mía de la Esperansa,
no llores ni tengas penas,
que tu cara es más bonita
que la de la Macarena
(Nuevo Mundo, 23-3-1917).

Amalia, en el top ten de las artistas de varietés

A estas alturas de su meteórica carrera, Amalia Molina es una artista más que consolidada, que puede medirse, tanto en fama como en salario, con las mejores de su tiempo: “Pastora Imperio, La Goya, Amalia Molina, La Argentina, La Argentinita […], Lulú y dos o tres más, son aplaudidas y celebradas con estrépito, y ganan en un día más que las primeras tiples en una semana” (El Liberal, 2-3-1913).

Amalia Molina ante uno de sus decorados (Eco Artístico, 25-12-1913)

Amalia Molina en uno de sus decorados (Eco Artístico, 25-12-1913)

El eco de sus triunfos llega incluso a la prensa norteamericana. En 1913, la revista Variety publica un artículo en el que analiza la precaria situación de las bailarinas de nuestro país y destaca a unas cuantas privilegiadas cuyos cachés, tanto en España como en el extranjero, se sitúan muy por encima de la media. En esta “primera división” de las variedades figura, entre otras, Amalia Molina:

“Las que bailan en Madrid, Sevilla y Barcelona sueñan con un contrato en el extranjero, dado que los salarios que se cobran en los cafés cantantes son, con pocas excepciones, ridículamente bajos. En las ciudades más pequeñas las bailarinas no esperan encontrar mejores condiciones. Son mayormente gitanas, o gitanas de origen morisco, criadas en el analfabetismo y con un concepto rudimentario de la vida.

A estas chicas los bajos salarios que se pagan en los cafés les parecen suficiente y dan la bienvenida al cambio que supone dejar de lado las penosas tareas del hogar. […]

Como excepciones a la regla, en la actualidad hay varias bailarinas españolas que se han hecho un nombre y piden altos salarios, tanto en sus lugares de origen como -especialmente- en el extranjero. […] Basta con citar a las más conocidas (en orden alfabético, para no despertar envidias): Argentina, Amalia Molina, Candelaria Medina, Conchita Ledesma, Dora la Gitana, La Chelito y Pepita Sevilla” (Variety, 1913). (1)

Amalia versus Pastora

Las comparaciones son odiosas, y con frecuencia la crítica suele contraponer la figura de Amalia y la de su paisana la Imperio, tal vez por los paralelismos existentes en las carreras de ambas: se trata de dos muchachas sevillanas, de humilde cuna y más o menos coetáneas, que emigran a Madrid en busca del éxito y consiguen triunfar en el mundo con un repertorio de lo más variado.

Pastora Imperio

Pastora Imperio

Desde la óptica de nuestro días, se impone la escultural Pastora, con esos ojos verdes que todavía hoy quitan el aliento a más de uno. Sin embargo, los papeles de la época no necesariamente se decantan por la hija de la Mejorana, de quien destacan su atractivo físico por encima de sus dotes artísticas, a diferencia de lo que sucede con su paisana. Veamos algunos ejemplos:

Pastora Imperio como artista es una de tantas; tan graciosa o más que ella es Amalia Molina, y, lectores, Amalia Molina noabusa’ en el sueldo, y Amalia Molina lleva la última palabra de la escenografía y el decorado, y ver a Amalia Molina bailarse una jota o unas seguidillas vale todo el dinero del mundo” (Eco artístico, 15-9-1914).

Amalia Molina representa principalmente el Arte andaluz. Pastora Imperio, representa principalmente, el arte gitano. La primera da forma con su arte a la finura y a la gracia esencial del alma andaluza. La segunda reviste de forma artística la cínica contorsión con que se encoge de hombros la degeneración espiritual de la raza gitana […]. El arte de Amalia es incomparablemente superior al de Pastora. ¿Cómo han podido comparar a estas dos artistas? […]

Triunfa Pastora más ruidosamente que Amalia. Andalucía es más gitana que andaluza.

¡Si la menuda artista tuviera el cuerpo de la artista gitana!” (Andalucía, 1-4-1917).

A pesar de todo, ni la envidia ni la rivalidad se cuentan entre los defectos de Amalia, que tiene fama de ser una compañera ejemplar. Lo dice ella misma, en una entrevista concedida a Margarita Nelken -“A mí no me gustan los infundios, ni las calumnias, ni todas esas cosas del teatro. Yo nunca he reñido con ninguna ni he hablado mal de ninguna” (El Día, 22-8-1917)-; y lo corroboran quienes han tenido ocasión de tratarla, como el periodista Juan del Sarto:

“Un rasgo, entre muchos, de la bondad de Amalia Molina, era cómo hablaba de sus compañeras. Las elogiaba y a algunas las admiraba sinceramente. Yo no he oído nunca decir cosas tan bonitas, tan amables y tan merecidas como le oí decir a Amalia refiriéndose a la Goya, a Pastora Imperio, a Raquel Meller, a la Argentina, a la Argentinita…” (Imperio, 18-9-1956).

NOTA:

(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (III)

Tras una breve y exitosa gira por el extranjero, en octubre de 1905 Amalia Molina regresa a Madrid, donde permanece otra larga temporada trabajando en el Teatro de Novedades y, posteriormente, en el Central Kursaal. En ellos coincide con algunas de las artistas de varietés más afamadas del momento, como Candelaria Medina, La Fornarina, Nieves Gil, Pastora Imperio o Pepita Sevilla. La acompaña a la guitarra la genial Adela Cubas. Sin embargo, ninguna de esas grandes figuras logra hacer sombra a la joven sevillana, que sigue encandilando al público y a la crítica:

Amalia Molina es una andaluza de cepa: pequeña, flexible, morena, de ojos negros, brillantes y expresivos. En escena es nerviosa, inquieta, vivaracha, muy graciosa, y tiene un desparpajo que con razón sobrada podrían envidiarle muchas tiples del género inmediatamente superior.
[…] Es cupletista y bailarina, y sobresale especialmente en el género flamenco” (Nuevo Mundo, 8-3-1906).

Amalia Molina

La cantaora y bailaora Amalia Molina

Una presencia imprescindible en los mejores eventos

Durante más de un año, la artista sevillana, siempre muy solicitada, compagina sus actuaciones en los mencionados locales con la participación en distintos eventos. Así, en octubre de 1905, Amalia es la encargada de cerrar la fiesta en honor de la prensa francesa organizada en el Teatro Español por el semanario Blanco y Negro. La acompañan Adela Cubas y las bailarinas Pepita Martínez, Celia la Gaditana y Lucía Yárritu.

Una vez más, sus cantes conquistan a la prensa y entusiasman al auditorio, que le solicita sus famosos tangos de Los lunares de San Pedro:

Amalia Molina no tiene rival en el tiento de los lunares, en los tangos y en las granadinas” (El Liberal, 22-10-1905).

“La Srta. Cubas dibujó en la guitarra magistralmente aires andaluces, acompañando a la señorita Amalia Molina. Ésta arrebató a españoles y extranjeros; el auditorio no se cansaba de aplaudirla ni ella de bordar, con filigranas de estilo, coplas y más coplas” (Blanco y Negro, 4-11-1905).

Amalia Molina no es bonita: es pire (1), que dicen los franceses. Es la gracia femenina, encerrada en un cuerpo esbelto, menudo, cimbreante, de mujer, reflejada en unos ojos habladores, que iluminan un delicioso minois (2) de andaluza salada y picaresca. […]

Las sevillanas entusiasman al público. Y de repente suenan claras y ruidosas algunas voces extrañas, de misterioso sentido:
– ¡San Pedro! ¡San Pedro!
¿Qué es esto? ¿Quién invoca al celestial portero? Las voces que le llaman no parecen demasiado devotas: suenan a alegría de vivir, no a austeridades de oración. Amalia sonríe, levanta la cortina roja del escenario, y habla con un señor vestido de frac […]. Y suenan otra vez los crótalos y vuelven las sevillanas” (La Época, 26-10-1905).

Amalia Molina (Nuevo Mundo, 8-3-1906)

Amalia Molina (Nuevo Mundo, 8-3-1906)

Una artista flamenca de primera fila

Dos meses más tarde, sobre las tablas del Salón Zorrilla tiene lugar otro acontecimiento artístico de primer nivel, una velada de cante y baile flamenco con el siguiente elenco: las bailaoras Nicolasa González y la Paloma; los cantaores Antonio Chacón, Juanito Ríos, el Niño de Jerez, y Luisa la de los Tangos; y el guitarrista Miguel Borrull. “Y para que la velada fuera completa, la popular Amalia Molina, bailó unas sevillanas y un tango con toda la gracia que hay en Serva la vari” (El País, 10-12-1905).

En una entrevista concedida años más tarde, Amalia expresa su admiración hacia el cantaor jerezano:

“- ¿Cuál ha sido su maestro de canto flamenco?
– ¡Chacón!… Es el que más me gusta. Yo lloro oyendo cantá a Chacón… Juan Breva también se traía lo suyo. A mí el flamenco me gusta cantarlo al piano… ¡Qué sé yo!… A la guitarra me huele a aguardiente y en orquesta a champagne” (Nuevo Mundo, 23-3-1917).

A la intensa y exitosa actividad desarrollada por Amalia Molina en la Villa y Corte hay que sumar sus escapadas a otras ciudades, como Barcelona o Murcia, así como una breve tournée por Portugal. Números como El Cocotero, El hoyito o el imprescindible Los lunares de San Pedro obligan a la artista a repetir en numerosas ocasiones. Su popularidad es tal que incluso varios príncipes extranjeros acuden al Central Kursaal a disfrutar de su espectáculo.

El cantaor Antonio Chacón

El cantaor Antonio Chacón

En marzo de 1907, no han pasado ni tres años de su debut en Actualidades y la joven sevillana ya se ha convertido en la estrella indiscutible de los mejores saraos. Buena prueba de ello es su presencia en el cuadro flamenco contratado por el embajador mexicano para agasajar a sus ilustres invitados. En él figuran también el cantaor El Mochuelo, el guitarrista Miguel Borrull y las hermanas Esmeraldas. La crónica publicada por el diario El Imparcial permite hacerse una idea sobre la exclusividad del espectáculo:

“Las tres juveniles artistas daban una nota de color a aquel cuadro aristocrático, de suprema elegancia, con sus pañuelos de Manila bordados en sedas de vistosos colores, con los rojos claveles y las peinetas de concha sujetando sus oscuras cabelleras y con la picante hermosura de sus cabezas goyescas.

[…] las figurillas de acuarela se movieron garbosas y rítmicas al compás de la guitarra magistralmente tañida, y las coplas melancólicas o jocundas acompañaban los movimientos de las gentiles bailaoras. Y las manos enguantadas y aristocráticas aplaudían el arte y la gracia encarnados en aquellas lindas chiquillas de pies menudos y ojos de fuego. Sevillanas, tangos, peteneras, toda la gama de los géneros andaluz y flamenco fue pasando ante los espectadores, sin que el cansancio rindiera los gentiles cuerpecitos de Amalia Molina y de las Esmeraldas” (13-3-1907).

Unos días más tarde, en la Fiesta del Sainete, la artista baila unas sevillanas boleras junto a La Argentina, Carmen Díaz, Pepita Sevilla y las hermanas Esmeraldas. Ésta es una de sus últimas actuaciones antes de pasar por el quirófano para someterse a una “seria operación” (Heraldo de Madrid, 16-4-1907), que la mantiene apartada de los escenarios durante varios meses. (3)

Un artista sencilla y decente

En enero de 1908, completamente restablecida, Amalia retoma su apretada agenda con una gira por provincias, comenzando por la costa mediterránea. Ciudades como Cartagena, Murcia, Alicante o Málaga son algunos de sus destinos.

Pepita Sevilla (Cánovas, París)

Pepita Sevilla (Cánovas, París)

En una época en que las estrellas del género ínfimo recurren al descaro y la provocación, y muchas de ellas se convierten en auténticos objetos eróticos, la prensa murciana elogia una vez más la sencillez de la artista sevillana, que no ha de servirse de tales estrategias:

“A la Amalia Molina no es necesario ir a verla trabajar a la sección de una hora determinada para apreciar en ella sus encantos, puesto que con igual modestia se presenta en las primeras horas del espectáculo, que al final de éste. Tampoco tiene que recurrir como otras a ciertos recursos para agradar al público, pues su trabajo es por sí solo sugestivo y arranca a los morenos haciéndose aplaudir tanto cuanto quiere, sin emplear como ya decimos, frases ni ademanes propios de la moderna sicalipsis” (El Eco de Cartagena, 7-1-1908).

Tal vez por eso sus espectáculos son muy apreciados por las mujeres, pues, a diferencia de otras artistas, la Molina es una chica “decente”, digna del público más selecto y refinado (4). Amalia está sobrada de arte, especialmente en el género flamenco. Con su cante y su baile, ella sola se basta para llenar el escenario y arrancar al auditorio sonoras ovaciones:

“El couplet de la mantilla, las soleares y el tango de los lunares, los canta con un gusto singular y los adorna con su correspondiente parte de baile, donde se aprecia que no solamente es la primera hoy en España como cuplestista, sino que también es difícil que nadie la aventaje hoy como bailarina” (El Eco de Cartagena, 7-1-1908).

Canto es el suyo, que si elogiarlo pudiéramos como se merece, no encontraríamos palabras para ello […].

Su baile, no es el desgarrado de otras artistas, no es el flamenco exageradamente achulapado de otras, no: Amalia Molina, baila con elegante finura y artísticos movimientos que agradan sumamente a sus muchos admiradores” (Carthago, 12-1-1908).

“… continúa cosechando justísimos y merecidos aplausos la sin par y elegante bailarina y coupletista Amalia Molina, pues en su trabajo tiene una gran especialidad que consiste en cantarse unas malagueñas de inimitable y exquisito gusto, y muy bien traídas, por cierto, que le valen justas y delirantes ovaciones” (Carthago, 19-1-1908).

Amalia Molina (Manuel Company, 1905)

Amalia Molina (Company, 1905)

NOTAS:

(1) pire: peor.
(2) minois: carita, palmito.
(3) La Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas ofrece algunos datos sobre la intervención a la que es sometida la artista: “Amalia Molina, 20 años, Madrid, soltera. Operada el 9 de abril de 1907. Salpingo-ovaritis quística izquierda con peri-auexitis. Iguales lesiones en los anejos derechos. Extirpación bilateral, dejando solamente un trozo del ovario izquierdo que encontramos sano” (agosto de 1908)
(4) Unos meses más tarde, en una entrevista concedida al diario gallego El Noroeste, la artista se muestra satisfecha por la admiración que despierta entre el público femenino:

Amalia Molina préciase de gustar a las damas. Yo creo que gusta más a los hombres, pero ella lo acaba de explicar.
– Los espectáculos para hombres han decaído. Hay que buscar a las señoras” (10-12-1908).


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (II)

Aunque llega contratada por seis meses, Amalia Molina permanece más de un año en el Salón de Actualidades. La simpática sevillana, que “posee inimitable gracia cantando y bailando tangos” (El Liberal, 23-5-1904), no necesita más que una noche para conquistar al público, que le regala “una ovación tan ruidosa como merecida” (El Globo, 21-5-1904). Pocos días después, la prensa vaticina el nacimiento de una estrella:

“El género ínfimo cuenta con una artista más y de las llamadas a ser en breve la predilecta del público. […]

La señorita Molina es sin duda alguna de las mejores bailarinas de España” (El Liberal, 23-5-1904).

Amalia Molina

Amalia Molina

Un repertorio original y en constante renovación

Letras como la del conocido tango de los lunares, escrito por los hermanos Álvarez Quintero -aquél que dice “tengo dos lunares, uno juntito a la boca y el otro donde tú sabes”-, alcanzan una gran popularidad en la voz de Amalia Molina, que ha de repetirlo infinidad de veces para complacer a un público que no se cansa de escucharla.

La artista, siempre original, renueva constantemente su repertorio, con el estreno de distintos números y canciones que son compuestas expresamente para ella por renombrados autores, a los que Amalia exige exclusividad, de modo que dichas creaciones no pueden ser interpretadas por otras artistas.

En el mes de junio de 1904, con gran éxito, se representa por primera vez en el Salón de Actualidades el apropósito de costumbres andaluzas Al volver de la corría, en el que toman parte la cantaora Paca Aguilera, la guitarrista Adela Cubas, las hermanas Esmeraldas y Amalia Molina, que baila “primorosamente” por tangos.

La guitarrista Adela Cubas

La guitarrista Adela Cubas

En semanas sucesivas, la artista sevillana canta “por primera vez los tangos gaditanos” (El Globo, 26-7-1904), y estrena varios números, como los tangos del Caracolillo y El cocotero o las canciones Achares y El niño de las escobas. Las gacetillas informan puntualmente sobre cada nuevo éxito de Amalia:

Amalia Molina, la extraordinaria y sugestiva artista sevillana, estrenó anoche la canción titulada Achares, que dijo con tanto sentimiento y arte que el público la interrumpió varias veces, haciéndole una ruidosa y merecida ovación.

También cantó el tango del Caracolillo, y el zapateado de Caramelo, siendo asimismo muy aplaudida.

La señorita Molina es hoy, sin duda alguna, la mejor artista del género ínfimo” (La Correspondencia de España, 16-7-1904).

Una estrella modesta

En agosto de 1904, cuando aún no lleva tres meses en Madrid, la prensa llama la atención sobre las buenas dotes artísticas e interpretativas de Amalia Molina que, junto con su modestia, permiten vaticinar un futuro bastante halagüeño para la joven:

“En el saloncito de ‘Actualidades’ no todo se reduce a ver mujeres bonitas y oír ‘couplets’ que exceden de los límites de lo picaresco.

A veces destácase una de ellas, tanto por su graciosa modestia como por sus particulares condiciones de artista.

Y en este caso se halla Amalia Molina […]; en cuanto a la artista podemos decir, sin apasionamiento, que tiene cualidades de tal y que su vocecita, melancólica a veces, a ratos enérgica y entrecortada, sabe matizar admirablemente las situaciones marcadas en los ‘couplets’. […] en todos los números, en fin, se muestra desenvuelta e intencionada; en todos ellos ostenta, sin alarde, sus privilegiadas dotes artísticas. No es justo regatearle este título, hay que decírselo en la seguridad de que, como vale, no ha de envanecerse.

Y con modestia y con aptitudes llegará a donde han llegado otras. Y un poquito más allá si se empeña” (Nuevo Mundo, 11-8-1904).

Amalia Molina

Amalia Molina

Cada noche, la aparición de Amalia Molina en el escenario del Salón de Actualidades desencadena la euforia del público, que se entrega a la artista en el mismo grado en que ella derrocha su arte sobre la sobre las tablas. La siguiente descripción permite hacerse una idea del ambiente que se vive en la sala:

Linda de figurilla, poseyendo voz suficiente, asombrosa desenvoltura escénica y aptitudes coreográficas de primer orden para bailadora, aparece todas las noches Amalia Molina, arrancando por el gracioso trabajo explosiones de entusiasmo y tronadas de aplausos.

Acompañada de acción armónica y cadenciosa, del sonoro chasquido de los pitos y de malicias picarescas y picaronazas, dice, canta y baila su repertorio, sin que el público se canse pidiendo más ni ella se fatigue accediendo a las peticiones del público, que premia la cortesía con aclamaciones y palmadas.

– ¡San Pedro!… ¡San Pedro!… – gritan desde el momento en que sale a escena Amalia Molina, y anoche pude explicarme el interés de la invocación escuchando canciones que no sé si, clericalmente consideradas, podrían ostentar algún tenue matiz muy grato al endiablado Pedro Botero.

Sin preocuparse mucho por ello, el público ríe hasta el punto de llorar de risa, y sale contento después de haber contemplado en la Molina un rayo del vivificador sol andaluz” (Heraldo de Madrid, 6-9-1904). (1)

Un largo reinado en ‘Actualidades’

Durante su estancia en el Salón de Actualidades, Amalia Molina comparte cartel con diferentes artistas flamencas y del género de variedades, como La Fornarina, la Niña de los tangos, Pepita Sevilla, Adela Cubas -que, en ocasiones, la acompaña a la guitarra– o la mismísima Macarrona. La polifacética sevillana, que se atreve con todo –cante, baile, cuplés, recitación…-, no para de recibir aplausos:

“La sugestiva Amalia Molina sigue entusiasmando al público con el canto flamenco, acompañada a la guitarra por la profesora Adela Cubas” (El País, 12-12-1904).

Amalia Molina con traje de luces

Amalia Molina con traje de luces

“Con éxito extraordinario se ha estrenado en este teatrito el cuadro de costumbres madrileñas titulado El santo de la maestra, obteniendo en su ejecución grandes y merecidos aplausos las señoritas Amalia Molina, que dijo un parlamento de un modo admirable; Pepita Sevilla, en un tango flamenco, y la notable Adela Cubas, que acompañó a la guitarra” (Heraldo de Madrid, 18-12-1904).

En febrero de 1905, la artista sevillana es agasajada con un beneficio, en el que recibe grandes muestras de cariño de sus admiradores. El bailable cantado La Chiclanera (de Segura), las canciones Mi gitanillo (de Cánovas y Badía) y La pena-pena, o un pasacalles compuesto para ella por Martín Rodríguez son algunos de los números estrenados por Amalia Molina durante ese año, todos con gran éxito.

En el mes de mayo, cuando se cumplen doce meses de su debut en Actualidades, el público vuelve a cubrir el escenario de flores para quien ya es considerada “la más perfecta de las artistas del género ínfimo” (Heraldo de Madrid, 29-3-1905). Unas semanas más tarde, ataviada con un traje de luces y un capote de paseo, Amalia se despide del público madrileño.

En tierras catalanas

El 8 de junio de 1905 se inaugura la temporada de verano en el Teatro Granvía de Barcelona. Entre las artistas contratadas destacan algunas de las mejores cupletistas del momento, como La Fornarina, Candelaria Medina o Amalia Molina, “con su sicalíptico repertorio” (La Vanguardia, 12-7-1905), que incluye números como San Juan de Luz, El morrongo modernista o Los lunares celestiales.

Los éxitos no se hacen esperar. Como ya hiciera en Madrid, la joven sevillana conquista al público con su arte y también con otro tipo de encantos: “A cada vuelta de su falda… tres guapos con bigote caen al suelo… A cada copla nueva… se producen desgracias en el teatro” (La Tomasa, 13-7-1905). (2)

La cupletista Candelaria Medina

La cupletista Candelaria Medina


NOTAS:

(1) Los gritos del público invocando a San Pedro hacen referencia a otra de las letras popularizadas por Amalia Molina, un tango creado por el maestro Badía inspirándose en la famosa letra de los lunares escrita por los Álvarez Quintero. Dice así:

“Si porque canto y bailo flamenco
dice la gente que me condeno,
será muy fácil que cuando muera
no vaya al cielo.
Llamaré a San Pedro,
le enseñaré los lunares…;
¡me coge y me mete adentro!”

(2) La traducción es nuestra.