En el verano de 1926 varios medios se hicieron eco de una cuestión que denota la gran popularidad de que gozaba Dora la Cordobesita: su creación Soy canastera, una canción flamenca con aire de tango y bulería compuesta por Gaspar Vivas, se había convertido en la copla de moda entre las niñas de Madrid, que imitaban a su artista favorita con una actitud muy poco apropiada para su edad, lo que desató las protestas de algunos moralistas:
“Lo que en sus labios se prestigiaba, lo que tenía ritmos insondables, gracia espontánea, subyugada por cadencias de bailarina y por el repique sonoro y bravío de las castañuelas, al pasar a la calle se ha prostituido, se ha hecho algo vil. […]
Pero es que esta canción ha absorbido los juegos de las niñas […]. Ahora cantan la Canastera; pero con todo el adobo picante que no se atrevería a darle una artista en el tablado […] cantan esta canción y mueven sus cuerpecitos […] con crispaturas lentas de las caderas y los brazos, con ademanes canallescos de posesas sexuales…” (1).

Dora la Cordobesita. CDMAE.
En el mes de octubre Dora debutó en el teatro Duque de Rivas de Córdoba, donde “cantó y bailó como ella sola sabe hacerlo. Destapó el bote de la esencia fina y con su gracia, tan andaluza, tan cordobesa, llevó el optimismo al espíritu de todos los espectadores” (2). Durante su estancia allí organizó una gran fiesta del mantón, en la que obsequió con distintos presentes a las cuatro espectadoras que acudieron ataviadas con los mejores ejemplares de tan castiza prenda (3). La noche de su beneficio interpretó bailes gitanos acompañada a la guitarra por “el profesional ‘cañí’ Juan Antonio (el Morenito)” (4).
En esa época saltó otra sorprendente noticia: Dora había recibido una tentadora oferta de una productora norteamericana para interpretar el personaje protagonista de una película titulada El torero y la maja, por la nada desdeñable cantidad de ciento cincuenta mil pesetas (5). No obstante, no se ha localizado ninguna información que permita constatar que ese proyecto finalmente se llevara a cabo.
En el mes de noviembre, acompañada por Antonio Cabrera y por la bailaora Pilar Calvo, emprendió la que sería su última gira por el norte. Comenzó en el teatro Rosalía de Castro de La Coruña, donde se presentó “mejor de facultades que nunca”, “oyó tantas ovaciones como cuplets [sic] cantó”; y “bailó, derrochando ‘virtuosismo’ de palillo y taconeo, un fandanguillo de Huelva” (6).
Obtuvo después un sonado triunfo en el Principal de Santiago de Compostela, pues “Dora, ya con su acento, ya con sus ojos, […] se adueña del público más indiferente, ante el canto, que su garganta modela, con tal suavidad que parece estamos oyendo algo sobrenatural. Pero lo que más gusta es su alma de artista, […] enamorada de las tablas” (7).

Dora la Cordobesita. CDMAE.
La “Reina de las Estrellas españolas” siguió cosechando laureles en el teatro Jofre de Ferrol, ya que “es artista por excelencia. Sus danzas son expresiones vivas de un lenguaje que habla a los sentidos: plasticidad, ritmo, armonía, y en cada cadencia una emotividad de múltiples facetas” (8). Sin embargo, se vio obligada a rescindir su ventajoso contrato con el teatro Tamberlick de Vigo “debido a un gran enfriamiento de garganta” que la hizo regresar a Córdoba para reponerse (9).
En esa época el periodista Juan Ferragut escribió un artículo titulado “La ‘doble’ de Pastora Imperio”, en el que establecía un paralelismo entre Dora y su gran referente, no solo en lo artístico sino también en lo sentimental:
“El ‘doble’ actual de la Pastora Imperio de antaño es esa gitana graciosa, flamenca y gentil que se llama ‘Dora, la Cordobesita’ […]
Baila Dora, y […] es Pastora reencarnada […].
Para que la semejanza sea más completa, parece anidar en ambas la misma psicología […]
Si Pastora se enamoró y se casó con un torero castizo y miedoso, Dora, la Sultana, tiene amores y va a casarse con ‘Chicuelo’, quien, gracias a los dioses, no tiene nada que pedir al ‘Gallo’ si se trata de no arrimarse a los toros por ‘un divé’…” (10).
La Cordobesita pasó sus últimas Navidades de soltera y recibió el año 1927 actuando en el salón Imperial de Sevilla, donde colgó el cartel de ‘No hay billetes’ e “hizo derroche de gracia cañí y de gentileza. Bailó de manera extraordinaria y cantó cuantos números quiso el público, escuchando clamorosas ovaciones” (11). La noche de su beneficio estrenó el cuplé Plazuela de los Luceros acompañada al piano por su autor, el maestro Manuel Font, y “se superó a sí misma, ¡que ya es superarse!” (12)

Dora la Cordobesita. Cine-Mundial, enero 1929, p. 51.
A finales de marzo “la ‘estrella’ del fandanguillo” reapareció por última vez en el teatro Romea de Madrid, donde obtuvo un éxito “rotundo y resonante”, pues “el arte de Dora es un valor positivo de alta cotización” (13). Durante su estancia en Madrid, amadrinó junto con Chicuelo ーrecién llegado de Méxicoー a un hijo del actor Eduardo Pedrote, que recibió las aguas bautismales en la iglesia parroquial de San Sebastián (14).
Durante la fiesta posterior al bautizo la pareja de moda concedió una entrevista a José L. Mayoral, en la que realizaron algunas interesantes confesiones: aunque se conocían desde hacía siete años, se hicieron novios en Granada hacía algo más de dos. Mientras Chicuelo consideraba a Dora la mejor artista de variedades, ella no opinaba lo mismo de él en lo que respecta a su profesión: “A mí […] no me gusta como torero […] ¡Yo no soy la artista que tiene un novio torero! Yo soy la novia de Manolo. ¡De Manolo, na más! Por mi gusto, ni torearía ni ‘na’”. Sin embargo, él no se mostraba dispuesto a complacerla en eso tras su matrimonio: “Ella no volverá a los escenarios, pero yo sí a los ruedos” (15).
El Sábado de Gloria, “la reina del salero” inició su postrera temporada, de solo siete días, en el Imperial de Sevilla (16) y a finales de abril dijo adiós al público madrileño en el Palacio de la Música, con un programa compuesto por canciones como Copas y toros, Cancionera o Soy canastera (17). Su última tournée también la llevó al teatro Ortiz de Murcia, donde estrenó los cuplés Consuelo la granadina y Vaya regalito; y organizó una gran fiesta andaluza en la que contó con la participación de los cantaores Niño de Levante y Fanegas, e interpretó bailes gitanos acompañada a la guitarra por José Mateo, ‘Zocato’ (18).

Dora la Cordobesita.
Tras una breve y exitosa actuación en el teatro Principal de Cartagena, el día del Corpus se presentó en el Cervantes de Granada, que fue el lugar elegido para despedirse oficialmente de las tablas. “Y la cariñosa ovación fue imponente en todas cuantas canciones interpretó, premiando de esta manera, por vez última, el arte incopiable y personalísimo. Y cuando Dorita bailó su último número, ‘fandanguillos de Almería’, nueva ovación surgió imponente, y la gentilísima, emocionada, recibió la ofrenda de su público, muchas bellas flores” (19).
A finales de junio, en Córdoba, Chicuelo pidió la mano de Dorita y poco después la obsequió con “un magnífico automóvil de ocho cilindros” (20). El aplazamiento de la fecha de boda, inicialmente fijada el veintisiete de septiembre, hizo surgir rumores de separación, que fueron acallados por la pareja con una interviú celebrada en los jardines de la Exposición de Sevilla, en la que ambos se mostraron más enamorados que nunca. “No es cierto […] que jamás hayamos tenido ni sombra de disgusto, ni mucho menos que hayamos pensado romper nuestro compromiso de boda”, declaró Chicuelo (21).
El nueve de noviembre los novios firmaron sus esponsales ante el rector de la parroquia de San Nicolás, don Paulino Seco, en el domicilio de Dora, sito en el número ocho de la cordobesa plaza del Ángel (22). Al día siguiente, a las cuatro y media de la tarde, contrajeron matrimonio en la iglesia de los Dolores de la misma ciudad. Ejercieron como padrinos Antonio Cabrera Díaz y Dolores Moreno Pérez, madre del novio.
La boda constituyó “un acontecimiento popular”. Numerosos automóviles y un gran gentío, entre vítores, siguieron a la comitiva nupcial en su trayecto hacia la parroquia, que estaba completamente abarrotada. La novia lucía un vestido de seda con mantilla de chantillí y el novio vestía traje negro y sombreo de ala ancha.

Dorita y Chicuelo en Sevilla. El Día Gráfico, 18-10-1927, p. 1.
Tras la ceremonia, regresaron en automóvil a la casa de Dora, donde se ofreció un espléndido lunch servido por la repostería de Mirita y amenizado por la orquesta del teatro Duque de Rivas, que dirigía el maestro Bonifacio Mora. Una vez concluida la celebración, los recién casados se trasladaron en automóvil al que sería su hogar conyugal, la casa que poseía Chicuelo en la sevillana Alameda de Hércules (23).
Unos días más tarde la pareja emprendió su luna de miel, que les llevó a Madrid, Barcelona y otras ciudades del extranjero (24). A su regreso tuvieron conocimiento del robo que había sido cometido en casa de Dora durante su ausencia. Fue descubierto por la criada, que alertó a Antonio Cabrera y este, a la policía, que rápidamente consiguió atrapar a los ladrones y recuperar, casi en su totalidad, el suculento botín, compuesto por joyas y prendas de vestir de gran valor, entre ellas el traje de novia (25).
En junio de 1928, cuando esperaba junto a su marido en la madrileña estación de Atocha para tomar el expreso de Andalucía, Dora concedió una entrevista improvisada, en la que declaró sentirse felicísima junto a Chicuelo, que había experimentado un gran cambio tras su matrimonio ー“es menos hosco, más alegre y efusivo, ha recuperado su primitivo amor propio y tiene un pundonor y una dignidad torera como nunca”ー, y no sentir nostalgia de los aplausos y halagos del público: “Con los de mi marido me bastan [sic]. ¡Pa qué más triunfos y más halagos!” (26)
Tres meses más tarde vino al mundo su primogénito, Manuel, que fue bautizado a finales de octubre en la parroquia de San Lorenzo, ante Jesús del Gran Poder. “Después se celebró una fiesta ‘por todo lo alto’, en la que tomaron parte Pepillo Pinto, Francisco Mazaco, Tomás Pavón, Manuel Torres, José Azuaga y los ‘tocaores’ Carlitos [sic] el de la Jeroma y Miguel Membrives, figurando como director del ‘elenco’ Diego Antúnez” (27).

Foto de boda de Dora y Chicuelo. El Ruedo, 7-11-1967, p. 16.
Dos años más tarde nació su segunda hija, Carmen de los Dolores, que fue bautizada en la parroquia de San Nicolás de Córdoba y apadrinada por Antonio Cabrera (28). Dora dio a luz a un total de siete hijos, uno de los cuales falleció trágicamente, y llevó una vida tranquila, consagrada a su familia. Ni siquiera quiso aceptar la jugosa oferta de una productora cinematográfica para filmar la biografía del matrimonio.
El veinticinco de abril de 1965, con sesenta y tres años de edad, le sobrevino la muerte a causa de una trombosis. Esa misma mañana, tras asistir a misa, había practicado una de sus aficiones favoritas: “repiquetear las castañuelas. Era algo que le hacía recordar, volver a aquellos años de triunfos […], y allí, en la vida íntima del hogar, Dora se dedicaba a esa pasión suya, y hasta, en ocasiones, marcaba algunos pasos de bailes, algún zapateado” (29).
…
Notas:
(1) José Lorenzo, La Región, 30-8-1926, p. 1.
(2) Diario de Córdoba, 10-10-1926, p. 2.
(3) La Voz, 15-10-1926, p. 15.
(4) El Defensor de Córdoba, 16-10-1926, p. 14.
(5) El Eco de Santiago, 21-10-1926, p. 3.
(6) El Orzán, 14-11-1926, p. 1; 19-11-1926, p. 1.
(7) El Eco de Santiago, 22-11-1926, p. 1.
(8) El Correo Gallego, 21-11-1926, p. 1; 28-11-1926, p. 1.
(9) El Pueblo Gallego, 4-12-1926, p. 6; La Voz, 7-12-1926, p. 5.
(10) Juan Ferragut, Muchas Gracias, 13-11-1926, 10-11.
(11) El Noticiero Sevillano, 26-12-1926, p. 6.
(12) El Liberal de Sevilla, 9-1-1927, p. 1. Firmaba la letra el hermano de Manuel, Julio Font.
(13) SAM, La Nación, 30-3-1927, p. 5; La Voz, 31-3-1927, p. 7.
(14) La Nación, 4-4-1927, p. 5.
(15) José L. Mayoral, La Voz, 4-4-1927, p. 6.
(16) El Liberal de Sevilla, 17-4-1926, p. 6.
(17) El Debate, 4-5-1927, p. 4.
(18) Levante Agrario, 15-5-1927, p. 1.
(19) Narciso de la Fuente, El Defensor de Granada, 24-6-1927, p. 1.
(20) Diario de Córdoba, 27-6-1927, p. 2; El Progreso, 2-7-1926, p. 2.
(21) Cecilio Sánchez del Pando, El Liberal de Sevilla, 14-10-1927, p. 1.
(22) La Voz, 9-11-1927, p. 6.
(23) La Voz, 11-11-1927, p. 6.
(24) La Voz, 15-11-1927, p. 12.
(25) Diario de Córdoba, 30-12-1927, p. 1.
(26) Salvador Valverde, Heraldo de Madrid, 6-6-1928, p. 1.
(27) La Voz, 1-11-1928, p. 14.
(28) La Voz, 23-12-1930, p. 12.
(29) Hoja Oficial del Lunes, 26-4-1965, p. 39.





