Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Inés Bacán: «Mi aportación al flamenco ha sido la naturalidad» (y II)

Durante el pasado mes de marzo, la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla dedicó a Inés Bacán su Semana de las Mujeres. En ella protagonizó dos noches inolvidables: además de ofrecer un magnífico recital de cante, tuvo a bien compartir con nosotros un rato de charla al hilo de varios fragmentos audiovisuales extraídos de diversas fuentes, principalmente del documental Inés, hermana mía (Carole Fierz, 1995).

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Fue un rato realmente delicioso, lleno de momentos emotivos, en el que Inés nos regaló un valioso testimonio del que ya publicamos la primera parte. Así continuó la conversación…

P: Acabamos de ver un pequeño corte del documental, en el que Concha Vargas y tu prima Fernanda Peña hablan sobre ti.

R: Sí, eran todas primas nuestras. Concha Vargas era prima nuestra también. A Concha la quería mucho mi Pedro

P: Es muy curioso este fragmento, porque tú estás sentada en medio de las dos… 

R: Y yo diciendo, a ver cuándo se van a callar…

P: Ellas están hablando de ti como si no estuvieras delante, y tú ahí en medio…

R: Sí… poca vergüenza. [Risas] 

P: Ellas comentan esas dificultades que hemos mencionado, todo el trabajo que tenías que hacer en tu casa…

R: Claro, que yo tenía mucho trabajo para salir… Yo me acuerdo de que cuando presenté el primer disco con ellos, con Pedro… Fue en Madrid, en Casa Patas… No veas todo lo que yo tuve que revolver aquel día para ir, para coger el tren para Madrid: dejar a mis niños, a mi madre… “Inés, ¿adónde vas?” “No, mamá…” No corría nada yo… Pero, bueno, aquí estamos.

P: Y también dicen ellas que cuando tú te sientas realmente más cantora es cuando vas a sacar lo que llevas dentro. ¿Qué pasaba, que no confiabas todavía mucho en ti misma? 

R: Bueno, yo sí confiaba en mí, porque yo pensaba: “Si a mi hermano le gusto, con lo que entiende mi hermano, es que canto bien”. [Risas] Esto es lo primero que me venía a la cabeza. Pero yo nunca me he dado importancia… He sido una persona humilde, está feo que lo diga, pero es así. Nunca me he dado importancia y mi hermano Pedro decía que eso no puede ser…  Él se reía con eso, y a él le daba coraje, pero, bueno…

 P: ¿Qué te decía para animarte, para hacerte sacar todo eso que llevabas dentro? 

R: Pues, que si tú no te lo crees… Una vez llamó a Miguel Acal y estuvo con nosotros. “Hombre, dile algo a mi hermana”. Yo no lo sé, pero me lo imagino. Y Miguel, diciéndome cosas: “Si tú no te lo crees, Inés, no se lo va a creer nadie”. Porque yo no sé qué, porque yo no sé cuánto… Y yo, «Míralos, que no se callan, no me dejan tranquila». [Risas] Eso viene con el tiempo, el tiempo te hace sacar la seguridad, eso es el oficio. Esto es un oficio. Es como cuando, por ejemplo, un niño zapatero empieza, pues no tiene seguridad ¿Hasta cuándo? Cuando pasan años. Pues yo igual, aprendí la zapatería. [Risas] 

P: Eso es así, la práctica hace maestros. 

R: Yo lo tenía dentro, pero… [Risas] Pedro se reía. Él decía: “Inés es una cachonda”. [Risas] Dice un día: “Es que tú no sabes el potencial que tú tienes”. Digo: “¿Por qué? ¿Vamos a ir a la guerra?” [Risas] “Mírala, que es una cachonda”, decía. “La gente no sabe lo cachonda que tú eres”. Y de verdad, lo que más me gusta del mundo es reírme. Mira que me gusta cantar, pues más me gusta reírme. 

P: Tú con él tenías una conexión muy especial, ¿verdad? 

P: Sí. Nos mirábamos… Muchas veces hacía así porque le daba coraje que supiera yo lo que él pensaba. [Risas] Pero de verdad que lo sabía. 

P: Vamos a ver un último fragmento del documental. Ahí comenta tu hermano, y comentas tú también con él, que hay personas de tu entorno que no llegaron a comprender ni a aceptar ese cambio que habías dado en tu vida. 

R: Pero es por eso, porque yo nunca canté, ni siquiera en las fiestas, y entonces, de pronto salir cantando, pues claro, a ellos les cogió eso de improviso, a mi gente, a mi familia. Además, que todos eran artistas… “Bueno, ¿este qué se cree, que la hermana va a ser ahora…?” Me callo, mejor. [Risas] 

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

P: Entonces, no tuviste mucho apoyo, ¿no?, quitando a tu hermano. 

R: No, de mi familia, no. Ninguno. 

P: Pues menos mal que, a pesar de todo, seguiste, porque eres muy rebelde, ¿no?, como dices también en la película. 

R: Yo seguí por él, la verdad. 

P: Bueno, no recordemos más tristezas, vamos a hablar de cosas bonitas. Estuviste unos años recorriendo distintos países con ese grupo, el Clan de los Pinini, en el que ibais muchos artistas que erais familia, que teníais una relación muy estrecha… 

R: Sí, claro, venía Concha Vargas, venía Carmen Ledesma, venía Pepa de Benito, Dieguito el de la Margara venía muchas veces con nosotros, Vicente Sordera también venía. Vicente, no, Enrique…  Y lo pasábamos muy bien, nos reíamos mucho… 

P: ¿Y la idea cuál era, llevar como una fiesta vuestra, de vuestra familia, a un escenario? 

R: Mi hermano quería llevar lo que era nuestra intimidad en la casa, plasmarla en el escenario. Y lo consiguió. Él lo consiguió, sí. 

P: ¿Y eso cómo era recibido por el público? Sobre todo en Francia, tuvisteis mucho éxito, ¿no? 

P: Mucho, pues a la gente le encantaba. Se acababan las entradas. Muchas veces la gente decía, los que estaban en la taquilla: “No hay entradas”  “¿Ni para la escalera?” Decían para la escalera, sentarse en la escalera. 

P: ¿Y te has sentido más reconocida allí que aquí, por ejemplo? 

R: En Francia, sí, en París

 P: ¿Por qué crees que es eso, que allí te entendían mejor? 

R: Bueno, porque allí no me conocían, como digo yo, íntimamente, no me conocía nadie, entonces la gente creía que yo había cantado toda la vida. Y es verdad que mi cante a ellos les gustaba mucho. Pero es que Francia está muy preparada para todo. En Francia los niños en los colegios dan piano, tienen los oídos muy afinados. Esta era la causa de que ellos nos entendieran tan bien a nosotros, por la afinación que tenían desde chicos. 

P: Y la mente muy abierta también, quizá…

R: Y la mente muy abierta. [Risas] 

P: Entonces allí te encontrabas súper a gusto, ¿no? 

R: Uy, sí. Si hubiera tenido allí a mis hijos, yo nunca me quería venir de allí. 

P: ¿Te hubieses quedado allí en vez de estar en Lebrija? 

R: Bueno, sin mi hermano y eso, claro, no. Pero con mi hermano y mis hijos… Pero era difícil. 

P: En un momento determinado del documental tú también dices una frase que me parece muy profunda: que el cante es una conversación contigo misma que la gente no entiende o puede que sí, pero que es donde tú puedes decir lo que realmente piensas. 

R: Sí. Y es verdad. El cante, por lo menos yo, lo entiendo así. Yo hablo conmigo misma cantando. Que la gente entiende o no entiende, como ha pasado muchas veces. Yo me acuerdo de una vez que fuimos a una peña en Huelva, yo iba con Antonio [Moya]. Bueno, me acuerdo que me tomé, sin darme cuenta, dos pastillas de Lexatín y me puse a gustito. [Risas] Y decía Antonio: “Sigue, hija, Inés, que estás cantando muy bien”. Y la gente sin echarme cuenta… [Risas] Y Antonio: “Déjalo, aunque no nos echen cuenta, tú sigue cantando”. Y Antonio llorando. [Risas] Yo con Antonio Moya me he reído mucho también, la verdad es que sí, porque tenían… Es que era una cosa muy extraña, que él y mi hermano tuvieran tanta similitud. Yo no veía a mi hermano reírse nada más que con Antonio Vargas, el marido de Pepa de Benito, y con Antonio Moya. 

Inés Bacán con Antonio Moya, y familiares y amigos, en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

Inés Bacán con Antonio Moya, y familiares y amigos, en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.

P: También nos has contado antes que el cante para ti ha sido como un salvavidas en muchos momentos, que es lo que te hace mantenerte viva.

R: Sí, ahora mismo lo es. Y ahora tengo la pierna mala… 

P: Pero tienes bien la garganta, que es lo importante, ¿no? 

R: Bueno, vale. [Risas] 

P: ¿Dónde te gusta más, dónde te sientes más a gusto cantando, en una reunión de amigos, en un teatro, en una peña…? 

R: Yo en un teatro. Es que ahí es donde yo canté mis primeras veces y donde yo me formé cantando fue en los teatros. Los teatros me encantan para cantar, porque tú no ves a nadie, cierras los ojos y se te presenta solo. [Risas] Ya está. 

P: Se te quita un poco la vergüenza, ¿no? 

R: No, ya a mí no me da vergüenza cantar. 

P: También tuviste una etapa, ya cuando se fue tu hermano, estuviste un tiempo con Israel Galván, recorriendo muchos países. 

R: Sí, estuve con él mucho. 

P: ¿Y cómo cómo era eso de trabajar con él? Porque tenéis un concepto del flamenco muy diferente, ¿no? Él es muy de vanguardia y tú estás muy apegada a la pureza, digamos. 

R: No, porque él, a lo mejor, verás tú… Era un escenario muy grande. Yo me ponía aquí en lo último, que yo me tomaba el Lexatín y yo decía, verás, cualquier día lo que me va  pasar. Me voy a quedar dormida. [Risas] Él salía por este lado, el Bobote en este lado en una en una mesa sentado, y yo así. Mira, dice la gente que no baila… ¡Pues no baila bien! Salió Israel bailando de verdad… y canté yo por soleá. Y cuando salimos, dice Israel: “¡Cómo has cantado por soleá, Inés!” Digo: “Pues tú no sabes cómo tu has bailado. Tú me has puesto a gusto a mí”. [Risas] Y yo le cantaba a él por siguiriyas, él bailaba en lo alto de la mesa, y bailaba entonces como Antonio el bailarín. Bailaba muy bien, muy bien. Lo que pasa que él después era muy sano, porque si la gente se reía de él, no le importaba. Era un niño muy bueno. Y yo me ponía delante del camerino, e Israel, tututú… “¡Te vas a partir un un tobillo! Tú, sigue” [Risas] “Inés, ¿me quieres dejar ya?” [Risas] Y se lo partió. [Risas]

P: ¿Se lo vaticinaste, no? 

P: Sí, pero él se reía. ¿Y cuando me perdía en el escenario? “Chiquilla, la tata, ¿dónde estás?” Yo qué sé, digo: “Yo me he perdido, ¿eh?” “Los niños, los niños de las luces”. [Risas] Y se reía. Y a lo mejor yo me había metido en una cosa con muchas cortinas redondas y no sabía salir. [Risas] “Ay, tata, ¿por dónde vas?” Al final, era bueno, pero muy travieso. [Risas] Hacían cada cosa…

P: ¿Te gastaba bromas? 

R: No, no, a mí no, ellos. Hubo una vez en un pueblo que había muchos elefantes, yo no sé por qué había tantos elefantes. [Risas] Pero elefantes, como estatuas. Entonces, mi hermano Juan se fue con ellos y yo digo: “¿Qué está pasando con el elefante? Qué raro, que no se cae”. Es que se montó en lo alto, los dos se montaron en lo alto de los elefantes esos y se cayeron… al hospital. [Risas] Eran malísimos los dos, ¿eh? Malísimos, malísimos. Yo decía: “Esta gente cualquier día se busca un disgusto”. 

P: Para no cansarte más, me gustaría hacerte una última pregunta: después de tantos años de carrera, porque, aunque empezaste tarde, son ya muchos años, ¿cuál crees que ha sido tu aportación al flamenco? 

R: La naturalidad. Porque el flamenco es naturalidad, no son voces. El flamenco es una cosa natural que sale del alma, ¿no? ¿Y del alma qué sale? Las cosas naturales. Lo que tú sientes

P: Ahí está la transmisión, ¿no? 

R: Ahí está. 


Inés Bacán: «Mi aportación al flamenco ha sido la naturalidad» (I)

La lebrijana Inés Peña Peña, más conocida como Inés Bacán, es una cantaora única. No se parece a nadie ni tampoco hay nadie que se parezca a ella. Aprendió el cante desde la cuna, en su familia, en su entorno, un cante que brota de sus propias vivencias

Procede de una de las mayores estirpes flamencas de Andalucía. Es bisnieta de Fernando Peña Soto, Pinini, que ha pasado a la historia por sus cantiñas; nieta de Fernanda Peña, sobrina nieta de María Peña, hija de Bastián Bacán y hermana del añorado Pedro Bacán; sobrina de Fernanda y Bernarda de Utrera, de Pepa de Utrera y Pepa de Benito; y, por la rama materna, prima de Pedro Peña y el Lebrijano.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Aunque se crio entre artistas, la mayoría no profesionales, y aprendió el cante desde niña, por timidez nunca se atrevió a cantar delante de otras personas, hasta que a principios de los noventa, en la fiesta posterior a la entrega del premio Demófilo a su hermano Pedro, sintió la necesidad de hacerlo y sorprendió a todos los presentes, especialmente a él, que empezó a llevarla de la mano por los escenarios del mundo.

De la noche a la mañana, Inés pasó de ser un ama de casa en su Lebrija natal a viajar por distintos países y cantar en teatros abarrotados; y no le resultó fácil compaginar la vida de artista profesional con la de madre, esposa y cuidadora.

Pedro fue su mentor, su maestro, su confidente… Creó un grupo denominado el Clan de los Pinini, en el que integró a otros artistas lebrijanos y a distintos miembros de su familia, como Pepa de Benito, Concha Vargas, Joselito de Lebrija o Carmen Ledesma, y un concepto de espectáculo que consistía en llevar el flamenco de familia al escenario.

Con él realizó sus primeros trabajos discográficos y se ganó la admiración del público, tanto en España como en el extranjero, especialmente en Francia, donde es muy querida y donde no le habría importado incluso quedarse a vivir

Cuando Pedro se marchó, hace ya casi treinta años, Inés tuvo que recomponerse, pero abandonarlo todo no era una opción. Fue precisamente el afán por mantener su legado y su memoria lo que la hizo seguir adelante.  Continuó recorriendo el mundo con artistas como Israel Galván y lleva ya más de tres décadas en activo, alimentándonos el alma con su cante, porque Inés posee el secreto de la transmisión, que es tan importante en el flamenco. Su cante mana desde sus adentros con total naturalidad y es pura emoción.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Inés entiende el cante como una conversación consigo misma, que el público puede entender o no, pero es la manera de decir lo que realmente piensa. El cante ha sido su tabla de salvación en los momentos difíciles y es lo que le sigue dando vida.

Durante el pasado mes de marzo, la Peña Cultural Flamenca Torres Macarena de Sevilla le dedicó su Semana de las Mujeres, en la que protagonizó dos noches inolvidables. Además de ofrecer un magnífico recital de cante, tuvo a bien compartir un rato de charla al hilo de varios fragmentos audiovisuales extraídos de diversas fuentes, principalmente del documental Inés, hermana mía (Carole Fierz, 1995).

Fue un rato realmente delicioso, lleno de momentos emotivos, en el que Inés nos regaló el valioso testimonio que a continuación se recoge…

P: Cuando eras pequeña, Inés, ¿cómo se vivía el flamenco en tu casa, en una casa con tanto arte?

R: Mucha juerga [Risas]. Mucha juerga, porque mi abuela nos unía mucho a nosotros. Cuando se fue mi abuela, ya no era igual… Pero mi abuela nos unía porque tenía mucho ángel, mucho arte, y cantaba muy bien. Yo vivía allí en la casa con mi abuela y el paseo de mis primos era decir: “¡Vamos a ver a la abuela!”. Éramos primos todos de la misma edad, ¿sabes? Y allí nos reuníamos. Me acuerdo de que una tía mía era portera de la escuela de la cárcel, le decían, y nos traíamos las bancas de los niños de la escuela para sentarnos allí con la abuela. Ella nos cantaba, allí estaba Miguel [el Funi] también. Mi abuela en seguida salía cantando y decía mi tía Luisa: “Mi hermana Fernanda, qué pronto se entona”. Aquello era muy alegre, muy alegre. Mucha alegría, muchas reuniones, mucho flamenco. Pero yo era una persona muy tímida. Nadie me conocía. Yo huía de todo eso… Pero al final me cogieron.

P: Al final eso tenía que salir por algún lado. Criada escuchando ese cante tan bueno, imagino que no podía ser de otra manera. ¿De quién cogiste tú el cante?

R: No, yo no cogí cante de nadie. Pero verás tú, mi familia… Lo tenía aquí dentro. Porque yo a lo mejor estaba limpiando, estaba allí anca la abuela, y estaba ahí fuera mi primo Miguel cantando, mi hermano tocando la guitarra, o la abuela cantaba… Todo eso se me metía dentro. Pero yo a quien me parecía al principio, ya no me parezco tanto, era a mi tía María Peña

 

 

P: Ahora que has mencionado a tu tía María Peña, tenemos aquí un fragmento extraído de la serie Rito y geografía del cante. Vamos a escucharla. ¿Qué recuerdos te traen esas imágenes? ¿Qué te evocan?

R: Yo ahí era chica, desde luego, pero esto último que hace mi tía… Es que ellos cantaban, todos los hermanos, las cantiñas de mi abuelo Pinini, y todos las cantaban diferentes. Eso para mí es un don especial que tenían. Mi tía María Peña era hermana de mi abuela Fernanda y mira cómo ella lo hace totalmente diferente. Y ahora, si escuchan ustedes a mi abuela, también lo hace diferente a ella. Mi tía Luisa también cantaba diferente. Es que era una cosa muy grande, porque eran nueve hermanos y todos cantaban diferente. Tenían la misma escuela, pero no se parecían unos a los otros. 

P: Tenía cada uno su personalidad muy marcada, ¿no?

R: Sí, sí, sí. Ni Fernanda, ni Bernarda, ni nosotros, ninguno hacía el cante de María Peña. Yo empecé a tener un poco el cante de ella, porque ella cantaba con mucha dulzura, pero yo ya he perdido eso. Ya, con más seguridad, con más conocimiento de causa de lo que hago… Pero al principio, mi Pedro se volvía loco conmigo porque me parecía a chacha María Peña.

P: Has mencionado a tu abuela Fernanda. Vamos a ver también un trocito de ella, de la serie Rito y geografía del canteAhí dice tu abuela que ella no fue cantaora porque en esa época sus padres, su familia… bueno, en general no se veía bien que las mujeres fuesen artistas profesionales. Y tú, antes de que tu hermano te sacara, ¿te habías planteado alguna vez la posibilidad de serlo?

R: No se me había pasado por aquí siquiera [se señala la cabeza]. [Risas] No, qué va.

P: ¿Tampoco se veía bien en esa época?

R: No, es que yo no cantaba ni en las fiestas. Una vez me escuchó mi hermano, en la casa de Pacote, un amigo de él, y dice él que me rescató. [Risas]

P: ¡Pues menos mal que te rescató! ¿Qué es lo que pasó ese día, Inés, para que tú, de pronto, rompieras a cantar delante de otras personas?

R: Porque me puso a gusto. Estaba cantando mi padre y me puso a gusto. Y salí yo, y dice mi padre: “Pero esa que está cantando, ¿esa quién es?”. [Risas] “Esa es la Inés”. Y mi hermano Pedro decía, en plan artístico, que ya no estaba tan solo.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

Con Inés Bacán, durante la entrevista en Torres Macarena.

P: Sería una sorpresa enorme, ¿no?, no solo para tu hermano, sino para todas las personas que estaban allí.

R: Hombre, claro.

P: ¿Y tu padre, qué te dijo?

R: “¿Esa está cantando?” [Risas] “¿Pero esa? ¿Pero esa, está cantando?” Digo: “Ah, pues yo soy de la calle, ¿no?” [Risas] Claro que sí.

P: Poco después de ese primer día que debutaste, digamos, en sociedad, ya estabas grabando…

R: Sí, en dos semanas me llevó a grabar con la gente de Lebrija. 

P: Él fue quien te enseñó un poco a ser una artista profesional, ¿no?

R: Claro. 

P: ¿Qué consejos te daba? ¿Qué qué te decía?

R: Por ejemplo, me decía que en los cantes, cuando se dice el “yo” antes de lo que es la letra… Mucha gente lo decimos, yo misma lo decía al principio. “Que no, Inés. Directamente a la letra. Tú vas directamente a la letra”. Y eso se me quedó a mí aquí, esto es lo que hago. 

Otra cosa: Yo estaba acostumbrada a escuchar a mi abuela, que ligaba la siguiriya. Antes a la siguiriya no se le dejaba tanto espacio, era mucho más rítmica. Y entonces él me dice: “Inés, tú no entiendes nada de siguiriya. Tienes que darle más majestad, más espacio, y deja los silencios”. Me enseñó mucho.

P: Supongo que él te ayudó mucho en ese cambio de vida. ¿Qué supuso para ti, de de la noche a la mañana, el convertirte en una artista profesional, subirte a los escenarios, viajar por ahí…?

R: Me gustaba mucho mi trabajo. Echaba mucho de menos a mis niños, pero me gustaba mucho. Además, nosotros éramos una familia andante, como yo decía. Éramos los Pinini. Nos lo pasábamos muy bien. Después de la actuación hacíamos otra juerga, que duraba hasta las cuatro o las cinco de la mañana. [Risas] Y fueron unas vivencias muy buenas, muy buenas, muy buenas…

P: Entonces, te adaptaste rápido ¿no?, a ese cambio de vida.

R: Estos ocho o nueve años fueron… Se me pasó el tiempo en seguida.

P: ¿Nunca llegó a aceptar tu padre que fueras cantaora?

R: No. Ya de mayor no se daba cuenta de la mitad de las cosas. Lo que sí me dijo una vez, porque él era muy inteligente, cuando empecé a ponerme gordita, dice: “Inésita, tú te estás poniendo muy gorda para subir a un escenario, ¿eh?” [Risas] Era muy inteligente. Y cantaba mejor que nadie. 

P: Pues mira, también podemos escuchar a tu padre un poquito, ya que tenemos aquí un fragmento de una actuación suya. ¡Qué eco tenía!

R: Ufff… Y Juan tiene el lote. Él es mucho como mi padre, mi hermano el chico.

P: Me imagino que tu padre es una de las personas a las que más escuchaste cantar de pequeña, al tenerlo en casa…

R: Sí, pero yo me iba.

P: ¿Te ibas?

R: Sí, yo me iba, porque es cuando estaba un poquito con unas copitas y yo salía corriendo. [Risas] ¡Anda! Pero cuando tuve diez o doce años, ya empecé a escucharlo.

P: ¿Y te ibas quedando con cosillas suyas?

R: Sí, algo se me quedó. Hay veces que se me vienen siguiriyas de él que eran increíbles. Unas veces no se me vienen, pero otras veces sí.

P: ¿Qué es lo que más te gustaba del cante de tu padre? 

R: Mi padre, por soleá y por siguiriya… y por fandango también era increíble. A él la bulería nunca le gustó, no sé por qué. No le gustaba, le gustaba la siguiriya de la abuela. 

P: Como se puede ver en el documental, cada vez que ensayabas con tu hermano era como ir al conservatorio, te daba una clase magistral.

R: Sí, cosillas…

P: Aunque tocó la guitarra, conocía también muy bien el cante.

R: Él sabía cantar muy bien, muy bien. Estaban los cantes de Tomás…

Inés Bacán y Antonio Moya en la Peña Flamenca Pepe Montaraz de Lebrija.

Inés Bacán y Antonio Moya en la Peña Flamenca Pepe Montaraz de Lebrija.

P: A mí también me me resulta interesante este fragmento que acabamos de ver porque se ve muy bien cómo era tu día a día: cómo para poder ponerte a ensayar, para luego hacer tu trabajo, tenías que atender a tu madre, hacer las faenas de la casa, estar pendiente de las niñas… Tú misma dices: “Cuando llega mi hermano, dice mi marido: ‘Aquí ya no se come’”. 

R: Me iba con ellos y decía: “¡Aviárselas!” [Risas]

P: Entonces, en realidad, tenías que hacer muchas cosas a la vez, tenías varios trabajos: el de cantaora y todo el trabajo de casa, de cuidados… ¿Cómo llevaste el compaginar todas esas labores?

R: Muy malamente. [Risas] Porque yo tenía que cuidar a mi madre, una tía que tenía también que estaba siempre mala, la tía Luisa… Mi [hermano] Juan era el que cuidaba de ellas, cuando yo me iba con Pedro. Pero la verdad es que yo tenía una niña con catorce años, que cuidaba de mi niña chica y de la casa; y mi marido, que también ayudaba, la criatura. Pero vamos, que no era fácil, no era fácil, no.

P: ¿Tu marido se tomó bien eso de que, de pronto, empezaras a salir?

R: Sí, como iba con Pedro, con mi hermano, no le no le importaba.

P: Tradicionalmente han sido los maridos, o los padres y los maridos, los que han impedido a las cantaoras el poder desarrollarse…

R: Sí, y ya cuando mi hermano se fue, me quisieron llevar a París y dice: “Mi mujer no sale más a cantar. No. Su hermano no está y ya no…” Pero ya yo salí. Porque a mí ya eso me atraía, y yo pensaba que con él no se iba a acabar todo, sino que yo tenía que seguir. He seguido más que nada por él, he seguido por mi hermano Pedro. Por eso, porque yo no quería que se quedara esto ahí, con la ilusión que él tenía conmigo, conmigo y con todos los que íbamos. Yo ya después me las avié y seguí sola. Mucho más, mucho más difícil todo.

P: Tuviste que ser muy valiente para decir “Yo voy a seguir”.

R: Una vez cogí yo mi currículum y me vine para Sevilla. Y cuando vi entrar a… ¿cómo se llamaba?, el que era muy amigo de Pedro… No sé… “¿Dónde vas con el currículum tú?” Y digo: “Tú me tienes que dar trabajo a mí”. Dice: “Yo te lo doy. ¿Te quieres ir a Cuba?” Digo: “No, Cuba está muy lejos”. [Risas] Entonces me dio las peñas. Ya no paré. Pero la verdad es que yo seguí por él, porque ilusión no me hacía mucha, no, la verdad es que no. Yo la primera vez que canté, que fue en una peña en Lebrija, le tuve que decir a mi hermano Juan: “Hazme el ritmo que me hacía Pedro”. Si no, no podía cantar. Iba a cantar con Antonio [Moya], pero ese ritmo de Pedro es el que tenía yo metido en la cabeza, porque como mi hermano Pedro rasgueaba esa guitarra, no he escuchado yo a nadie más; y como arpegiaba en la bulería, yo no he escuchado a nadie.

[Continuará…]


Tina Pavón: «Cuando yo canto, trato de hacerlo de corazón»

Tina Pavón es una de las grandes maestras del cante de nuestro tiempo. Nacida en San Fernando en 1948, desde pequeña se empapó de los estilos gaditanos, en las voces de su abuela y de sus tíos. Tras un breve paso por Jerez de la Frontera, terminó instalándose en Huelva, y allí se subió por primera vez al escenario en la peña flamenca de Moguer.
En 1981 fue merecedora del Premio Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena y en 1983 se coronó en el Concurso Nacional de Córdoba, donde fue la primera mujer en conseguir el Premio Enrique el Mellizo por su interpretación de los cantes de Cádiz. Ese fue el impulso definitivo que la hizo convertirse en una de las cantaoras más solicitadas en los festivales flamencos de los años ochenta y noventa.
Ha actuado en peñas de toda Andalucía y se ha anunciado en grandes eventos, como la Bienal de Sevilla. En la edición de 1992 participó en el espectáculo Al son de tres por cuatro, dirigido por Pedro Bacán, y en 1994 intervino como cantaora en el montaje Réquiem Flamenco de la Compañía Andaluza de Danza, que se representó en distintos escenarios bajo la batuta de Mario Maya.
En los años ochenta Tina Pavón grabó tres LPs de flamenco clásico, en los que registró una treintena de cantes diferentes, pasados por el tamiz de su personalidad cantaora. También cuenta con un disco de sevillanas y otro de canción andaluza; y en su obra más reciente, Luz de alba, de 2003, presta su voz a una selección de poemas de Juan Ramón Jiménez.
Tina Pavón es una cantaora completa y versátil, con un admirable dominio del compás. Su cante está habitado por los ecos de la Niña de los Peines, tiene el sabor a sal de su tierra gaditana, y la maestría que brota del estudio constante y de un inmenso amor al flamenco.
El pasado doce de octubre la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla le tributó un merecido reconocimiento que comenzó con una entrevista, en la que nos regaló el valioso testimonio que a continuación recogemos. Pasen y lean…

Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: Naciste y te criaste en San Fernando, una tierra muy flamenca, y en una familia con mucho arte. ¿Qué recuerdos tienes de esa época y del surgimiento de tu vocación artística?

R: Pues mira, mis padres por nada del mundo querían que yo fuera artista ni yo se lo propuse, porque mi intención nunca fue ser artista. En mi casa había buenísimos aficionados, empezando por mi abuela Manuela, que hacía sus cantes por bulerías, y la primera vez que yo escuché la seguiriya de Manuel Torres se la escuché a ella siendo yo muy chiquitita.

Ella se sentaba en un patio que tenía, muy bonito, en una casa preciosa con una montera de cristales; se ponía a hacer su crochet y a mí me ponían en un ropón muy grande que tenían de trapillo en el suelo, yo chiquitita gateando, y ella hacía sus cantes. Ya, cuando fui mayorcita, le fui escuchando los cantes. “Era un día señalaíto de Santiago y Santa Ana”… Eso lo cantaba mi abuela. Yo no sabía ni quién era Manuel Torres, ni nada de eso.

Por parte de madre también tenía una tía que cantaba de maravilla, tenía una voz que era una preciosidad, era terciopelo, tenía un jilguero en la garganta, pero no fue nunca artista ni pasó por su imaginación.

La familia de mi abuela eran todos salineros, capataces de salina. Entonces se hacía la fiesta de los esteros, una fiesta grandísima. Asaban el pescado en la sapina, una hierba que cría la salina, y luego se hacía una fiesta que duraba tres días o más, porque cantaba mi abuela, cantaba el padre de mi tío Agustín Benítez, que está muy vinculado también al flamenco… cantaban nada más que en familia.

La única que sacó los pies del plato fui yo, porque me escucharon en la Peña de Cante Jondo de Moguer, en la inauguración. Estaba mi primo Agustín Benítez ーque en realidad es mi tío, pero le digo primo porque es casi de la edad míaー, estaban Manolo Mairena, Luis Caballero, Naranjito de Triana… En fin, había una serie de artistas y el presentador era Manolo Rubio, que tenía una agencia de contratación en Huelva y vivía muy cerca de mí. La ventana de mi cocina daba a la oficina de él y algunas veces me escuchaba, pero no sabía quién era yo.

Entonces, cuando mi primo Agustín le habló de mí, le dice: “Hombre, pero si yo la escucho, yo escucho a una señora cantando por la ventana algunas veces. No me digas que es sobrina tuya y canta. Pues ahora mismo le digo que suba al escenario”.

Me anuncia Manolo Rubio: “Aquí hay una señora que se llama… ーEntonces me decían Agustinaー Agustina, sobrina de Agustín Benítez, y va a subir a hacer unos cantes”.

Yo casi me muero. Cuando me dijo eso, me entró un ataque de nervios tan grande, mira… un dolor de estómago, y qué malita, y… “Primo, ¿tú por qué haces esto? Si yo canto en casa, pero no estoy acostumbrada a subirme…” Y va Naranjito de Triana y dice: “Cuando tu primo Agustín dice que tú cantas es porque cantas, y yo te voy a acompañar a la guitarra”. Y fue Naranjito de Triana el que me acompañó por vez primera a cantar en un escenario en la Peña de Cante Jondo de Moguer.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Ahí estaba Pulpón y, en cuanto me escuchó, en seguida le dijo a mi marido: “Mira, es una pena que esta mujer no cante”. Y mi marido se encendió: “Ea, pues venga, ya está, venga, a los concursos”. Y yo, con vomiteras y la mar de malita que me ponía, porque él me apuntaba a los concursos y me decía: “Oye, que te han clasificado, que tú vas al concurso”. ¡Ay, madre mía de mi alma!

Entonces, como a mí me ha gustado tantísimo el flamenco, que en mi época no había una emisora que no tuviera un programa de flamenco, yo encendía mi radio, buscaba las emisoras y me empapaba de todos los cantes.

Claro, cuando me subo al escenario aquel día, me dice Naranjo: “¿Tú qué vas a cantar?” Y digo: “Pues yo qué sé, cualquier cosa, soleá por bulería”. Y me dice Manolo Mairena: “¿Ha dicho algo la niña? Soleá por bulería. ¡Anda!” Así que subí y aquello fue… porque nadie esperaba que yo sacara la voz de la Niña de los Peines cantando soleá por bulería, que yo tengo mucho eco, muchos tonos muy parecidos a la Niña, además de que yo muero con Pastora… Y nada, pues ya de ahí… Venga, a los concursos.

Me dijo Pulpón: “Mira, te voy a presentar en todos los concursos de toda Andalucía para darte a conocer. Que no te importe si ganas o no ganas, nada más que para que te conozcan”. Y ganaba todos los concursos. Y yo: “Ay, a ver si no me clasifican…” Y él: “Venga, que tienes que presentarte”. Hasta que ya llegó un momento en que me dijo Antonio [Pulpón]: “Mira, te voy a presentar en el concurso de Mairena del Alcor”. Y digo: “Ay, por Dios, que ese concurso es muy importante, que ahí va la gente que sabe mucho…” Total, que me presento en Mairena y me dan el premio a los cantes de compás.

Y ya, pues nada, dice Pulpón: “Venga, pues ahora el Nacional de Córdoba”. Ay, otra vez malísima. Ay, Córdoba, por Dios, Córdoba… Vamos a ver… Estaban José el de la Tomasa, el Pele, había un montón de gente… Digo: “¿Qué voy a hacer yo aquí?”… ¡Que me dieron el premio de Enrique el Mellizo, en los cantes de Cádiz! Así que ya mi trayectoria fue… Pulpón me dijo: “Ya, déjate de concursos, ¿eh? Que ya no hay más concursos. Ya, a trabajar”.

Entonces, ya empezó a meterme en las peñas flamencas, de las peñas a los festivales… y, gracias a Dios, no he parado hasta el año de la pandemia, que me hice cargo de mis padres, ya muy mayores, y los he estado cuidando hasta el día de hoy, y hace un año que se murió mi padre, y ya yo cerré mi boca y no he vuelto a cantar más.

Cuando me llamaron ustedes, digo: “Si ya yo no canto, mujer, si ya ni en la ducha siquiera, yo ya no canto». Además, la garganta es un músculo que, si no entrena, se va… Y muchísimo miedo que he tenido siempre. Pero, bueno, tratándose de la peña Torres Macarena, que tengo unos recuerdos inolvidables, porque siempre me han tratado con muchísimo cariño, me han traído muchas veces, y la verdad es que ya se me resistía el decir que no… y digo: “Pues venga, pero ya la despedida, ¿eh? Ya se acabó”.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, en un momento de la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: Volviendo un poco a aquellos tiempos, según cuentas, fue tu marido el que te empujó a hacerte artista…

R: Sí, por mi marido fui artista.

P: Es un caso raro, pues en aquella época solía ser al contrario.

R: Era al contrario… Pues él me empujaba y me apuntaba a los sitios, y yo: “Chiquillo, que yo no tengo carácter…” Más tímida y más cortada que las mangas de un chaleco, cortísima… Y el día aquel de Moguer, me tuvo que subir al escenario Manolo Rubio y sentarme en la silla, del ataque de nervios que yo tenía, las piernas eran… que no podía ni andar. A mí me ha dado siempre mucho respeto el público, y siempre con ese miedo y esa cosa. Luego no he escapado mal, la verdad.

P: Y tenías también un hermano que te acompañaba a los sitios y te apoyó mucho, tu hermano Rafael, ¿verdad?

R: Mi hermano Rafael también me ha acompañado a muchos sitios y, ya cuando me quedé sola, que yo me separé por otras circunstancias, mi hermano me acompañaba, me han acompañado mis yernos, me han acompañado mis hijas… Porque ya entonces me lo tuve que tomar en serio y digo: “Yo tengo que llevar mi casa y a mis hijas para delante, y tengo que luchar”.

P: No tuvo que ser fácil, en aquel tiempo, dedicarte a trabajar y cuidar de la familia.

R: No, no fue fácil; pero, gracias a Dios, soy una persona fuerte y he tenido a mis compañeros, los artistas con los que he trabajado han sido formidables. Chano Lobato me daba siempre mucho ánimo, lo mismo que el Lebrijano, que Menese… Todos los compañeros siempre me han apoyado mucho… y las bailaoras… Pepa Montes, que me ponía… “Chiquilla, ven para acá, que te voy a poner ese mantón con arte”. Y me ponía ella el mantón. “Anda, mira qué flamenca estás”. Me han ayudado mucho, la verdad, me he sentido muy arropada porque en aquel entonces, cuando yo salí, había muy pocas mujeres. Estaban María Vargas, la Paquera de Jerez

P: Y las mayores, Fernanda, Bernarda

R: Y ya, claro, ya mayores, y yo entre medio. Ya luego vino Carmen Linares, luego vino Aurora Vargas, ya vinieron más, pero yo me veía en los festivales sola.

P: De hecho, en el año 1983, que es cuando ganaste el Concurso Nacional de Córdoba, que fue un impulso muy grande para tu carrera, he hecho el recuento de los artistas que participaron en los festivales flamencos, según la guía que se publicaba entonces, y tú eres la cantaora mujer que participó en más festivales. También hay que decir que un 88% de las actuaciones que hubo ese año, según esa guía, fueron de hombres y solo un 12% fueron de mujeres. Entre ellas estabas tú, con once festivales. Después venían la Paquera con siete, Fernanda y Bernarda con seis, y la Susi con cinco. Entre las bailaoras, destacaban Manuela Carrasco, también con once actuaciones, y Pepa Montes, con seis.

Con Tina Pavón, al finalizar el acto de reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Con Tina Pavón, al finalizar el acto de reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

¿Cómo fue esa experiencia del Concurso Nacional de Córdoba?

R: Como todos concursos… Iba insultadita y, además, con la gente que se presentaba… Me dieron mucho ánimo… Me acompañó Manolo Domínguez, el Rubio, que fue un guitarrista con el que estuve muchísimo tiempo, y bueno, muy bien. Yo estaba muy nerviosa, porque digo: “Mira, yo me lo voy a tomar ya un poquito… porque si no, voy a morir con tantos nervios”.

Estábamos hospedados en el Maimónides, en Córdoba, y salimos a la cafetería, y me viene Amós Rodríguez, el hermano del Beni de Cádiz, y me dice: “¿Qué pasa, paisana?” Y digo: “Uf, aquí estoy yo, que no sé qué va a pasar”. Y digo: “Hombre, me da igual; si no me dan premio, no me dan premio, yo ya salí del concurso”. Y dice: “No te puedo decir nada, pero te voy a decir que un premio te vas a llevar”. Y digo: “Anda ya, déjate de pitorreo, hombre… Me voy a llevar yo un premio, con los pedazos de artistas que se están presentando”. Y él: “Que te digo que un premio te vas a llevar, que no puedo decir nada, que me lo tienen prohibido”. Y, efectivamente, me dieron el premio a los cantes de Enrique el Mellizo.

P: En ese concurso también cantaste por granaína, aunque ese premio no lo ganaste, ¿verdad?

R: No lo gané. Porque mi marido me apuntaba a todos los grupos, hija mía. Había los grupos de los cantes de Levante, los cantes de Cádiz… y él me apuntaba a todos los grupos y, claro, tuve que hacer todos los cantes…

P: Has mencionado a Manolo Domínguez, el Rubio. ¿Qué recuerdos tienes de él?

R: Me da mucha alegría volver a escuchar sus falsetas. Tenía una sensibilidad en esos dedos, que parecía que no pulsaba las cuerdas en algunos momentos, que a mí me transmitía muchísimo, muchísimo arte. Era sensacional, era un guitarrista fenomenal. Tenía una cosita muy especial.

P: En esa época, como hemos comentado, las cantaoras erais una minoría y además las peñas han sido tradicionalmente unos espacios muy de hombres… ¿Cómo se sentía una mujer ahí?

R: Pues te puedes imaginar, ¿no? Te puedes imaginar, porque eran cantaores ya hechos, eran mayores que yo y estaban hartos de cantar en todos los sitios, y yo estaba dando mis primeros pasitos, con muchísimo miedo, porque no quería quedar en ridículo… no a la altura de ellos, que era ya pedir demasiado, pero yo ponía todo mi corazón para que el nombre de la mujer, por lo menos, saliera digno. Ponía el corazón y el alma. Y tuve mucho apoyo de ellos, porque me animaban muchísimo. Además, yo estaba allí sola y siempre me decían: “¿Qué pasa, cómo estás de ánimos?» «Venga, que la vas a liar, que no sé cuánto…” Y me daban muchísimo ánimo, la verdad es que sí. Eran unos compañeros preciosos.

P: Te sentiste, entonces, bien arropada.

R: Muy bien arropada, la verdad es que sí. Canté muchísimas veces con ellos. Ya te digo, era raro el festival en que no estaba yo con ellos.

P: Te han comparado mucho con Pastora Pavón, la Niña de los Peines.

R: ¡Siempre! “Tu cante no vale nada, porque tú imitas a la Niña de los Peines, porque esto es una copia y las copias no valen nada…” Otro me decía: “Tú no te apartes de lo de Pastora, porque ahí es donde tú haces tus cosas…” Aparte de cantar las cosas de la Niña de los Peines, yo también le ponía mis cositas… Y era mi escuela, porque yo había aprendido, ya una vez que me lo tomé en serio… ¿A quién me arrimo? Pues a la más grande, a la Niña de los Peines. Y unos me criticaban porque decían que yo copiaba, otros… En fin, había de todo, pero generalmente todo el mundo me acogió muy bien. Eso fueron puntaditas ahí, a las que yo no echaba cuenta siquiera.

P: Siempre tiene que haber de eso, ¿no?

R: Sí, siempre hay detractores y gente que… Había de todo, pero, bueno… Yo era lo que sabía y era lo que ofrecía. Al que le guste bien y al que no, pues lo siento. ¿Qué vamos a hacer?

Tina Pavón, en el recital que siguió a la entrevista. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, en el recital que siguió a la entrevista. Foto: Kiko Valle.

P: ¿Aparte de Pastora, qué otros referentes importantes ha habido en tu cante?

R: Bueno, pues todos, porque cuando yo ya vi que tenía que irme para delante y luchar, me llevaba hasta las tres y las cuatro de la mañana escuchando a todo el mundo, a Manuel Torre, a los cantaores de Cádiz… Aprendí de todos, de todos. Ya luego le pones tú tus cosas, sin darte cuenta, porque tú, cuando estás cantando, no estás pensando en el cantaor… sino que estás pensando en esa letra… Ya tienes una referencia de lo que es el cante y entonces ya sacas tus quejíos y tus cosas, donde tú vas sintiendo.

P: Le vas dando tu personalidad, digamos.

R: Exactamente. No sé si lo conseguí en algunos momentos o no, pero cuando yo canto no pienso nada más que en lo que estoy cantando y trato de hacerlo de corazón, y cuando lo hago de corazón, este es el que manda y el que me dice: “Aquí te tienes que quedar” o “aquí no”. Y eso es el cante.

P: En ese año 1983 también se produjo otro hito digno de reseñar, la creación de la Peña Flamenca Femenina de Huelva, de la que tú fuiste fundadora junto con otras doce mujeres. ¿Qué puedes contarnos de esa experiencia?

R: En la Peña Flamenca de Huelva no entraban las mujeres, que me vinieron muchas veces para que yo diera un recital y digo: “Yo no le canto a soldados. Cuando entren las mujeres, entonces canto yo. Y voy a cantar de balde, pero tienen que entrar las mujeres”. Y no fui.

Entonces surgió la idea de fundar la peña femenina y vino una señora a mi casa y me dijo: “Mira, Tina, que vamos a fundar una peña, la peña de las mujeres, para nosotras tener también nuestro cante y poder disfrutar del flamenco”. Y digo: “Pues me parece una idea preciosa y, además, que salga de las mujeres”. Y dice: “Es que nos gustaría que tú formaras parte de la peña”. Y digo: “Pues yo, encantada; yo formo parte”.

P: Siempre has sido admirada por personas muy importantes en el mundo del flamenco. Por ejemplo, a Antonio Mairena he leído que se le cayeron dos lagrimones escuchándote…

R: ¿De eso cómo te has enterado tú?

P: He leído mucho para documentarme y la verdad es ya no sé dónde lo he leído…

R: Bueno, eso fue la primera vez que el Sordo, José Domínguez Carrasco, a quien le debo muchísimo, el que me llevó a la casa de discos Belter, el que me hizo las letras de los discos… Bueno, fue tremendo. Mi primo Agustín me dice: “Agustina, mira, vente a Sevilla”, a la emisora de radio en que estaba Rafael Belmonte entonces, que tenía un programa de flamenco… Dice: “Va a estar Antonio Mairena y yo quiero que Antonio te conozca… Vente conmigo”. Y me fui a la emisora.

Mi primo llamaría a Manolo Domínguez, porque yo no lo llamé, y se presentó Manolo con la guitarra. Estuvimos en la tertulia, y dice Antonio: “Bueno, a mí me ha dicho tu tío Agustín que tú cantas muy bien y yo te quiero escuchar”. Y digo: “Ojú, ya me entraron los nervios, ya me entró el ataque”. Y dice: “Bueno, ¿qué vas a cantar? Hazme una cosita”. Y, fíjate la ignorancia, digo: “Vamos a cantar por seguiriyas”. Mira, él se quedó un poquito sorprendido. Hizo con la guitarra la falseta y salgo yo… Yo no lo vi, pero, según Manolo Domínguez, Antonio Mairena… con los ojos desencajados, cuando yo hice nada más que la salida de la seguiriya. Empecé a cantar y, según dijeron allí, a Antonio se le saltaron las lágrimas, del sentimiento con que yo había cantado por seguiriyas y, cuando salimos, dice: “Bueno, ¿a ti quién te ha enseñado los cantes de mi prima Pastora?” Y ya le expliqué yo que… por mi abuela… y ya después por los discos, y tal.

Tina Pavón, al recibir el reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Tina Pavón, al recibir el reconocimiento. Foto: Kiko Valle.

Cuando yo grababa los discos, la maquetita que hacíamos se la llevaba a su casa. “Antonio, mire usted, que quiero…” Y él: “Tú ven a mi casa cuando tú quieras”. Me fui para allá con mi marido y digo: “Antonio, me dice usted la verdad. ¿Esto está como para grabarlo o no está para grabarlo?” Y entonces me dijo estas palabras: “Mira, está digno, porque la maqueta está digna, has hecho los cantes como son, pero tú vas a cantar bien cuando tengas de cincuenta años para delante”.

Digo: “Ojú, Antonio, ¿tanto hay que esperar?” Dice: “Cuando la vida te haya dado los palos que nos da a todo el mundo, entonces vas a cantar con ese sentimiento; porque tú estás cantando ahí porque te sabes la letra, y tú cantas y ya está… pero tú tienes que cantar de corazón y sentir. Eso es lo único que yo le veo a la maqueta, pero que lo puedes grabar perfectamente porque los palos están ortodoxamente cantados”.

Claro, cuando me dijo eso, cuando me fui a la Belter, eché allí hasta el hígado… Yo ya, venga, sintiendo… Y me acuerdo de que fui una vez que tenía a mi hija Esther, que de chiquitita padecía de bronquitis asmática, pues estuvo muy malita… y Carrasco me hizo una letra por seguiriyas, que la tengo grabada en el disco, y me puse a cantar la letra y, cuando se enteró de que yo había dejado a mi niña malita, y me fui a la Belter a Barcelona dejándola malita… Yo iba fatal, y me dice: “Trae para acá, quita la letra esa”. Y me hizo en el momento una letra alusiva a mi niña.

Y el Chozas, que estaba allí, que también vino a grabar a la Belter, dice: “Esto es para darse chocazos, cómo ha cantado esa seguiriya”. Y digo: “Porque he estado pensando en mi niña, y ahora me acuerdo de lo que me decía Antonio Mairena”. Y es verdad, la vida te da cosas que van sacando esos sentimientos, y de mayor la vida te da los palos que te da, y eso… No se canta igual, se canta con otro sentimiento.