Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

De la cueva al papel. La zambra granadina vista por la literatura y la prensa en torno a 1922 (I)

Tras cumplirse cien años desde la actuación de un grupo de danzas del Sacromonte en el Concurso de Cante Jondo de 1922, este artículo se propone estudiar el reflejo de la zambra granadina en los textos periodísticos y literarios escritos en torno a esa fecha. Con este fin se ha realizado un rastreo de la prensa española en el periodo que va de 1918 a 1930. Se han consultado diarios y revistas, tanto de Granada como de otras provincias, e incluso de tirada nacional (1).

Actuación de la zambra gitana en el Concurso de Cante Jondo de Granada. (Granada Gráfica, agosto de 1922, p. 18).

Actuación de la zambra gitana en el Concurso de Cante Jondo de Granada (Granada Gráfica, agosto de 1922, p. 18).

Fruto de esa búsqueda, se han hallado numerosas referencias que dejan constancia de la gran popularidad de que gozaba la zambra en aquellos años, quizás en parte debido a la enorme repercusión del certamen, que fue objeto de una amplia cobertura periodística. Algunas de las noticias y artículos encontrados son de índole meramente informativa y se limitan a ofrecer datos básicos sobre la celebración de una zambra; mientras que otros, de carácter más subjetivo, se recrean en la descripción de los ambientes, los tipos y los bailes.

De los primeros se deduce que en la etapa objeto de nuestro estudio la zambra, además de constituir en su entorno natural un importante reclamo turístico, estuvo presente en numerosos escenarios españoles, interpretada por grupos de gitanos granadinos o bien por artistas de diversa procedencia, no necesariamente flamencos. Por su gran atractivo visual, distintas troupes de variedades incluyeron números de zambra en sus repertorios y esta constituyó un fin de fiesta habitual en los espectáculos de ópera flamenca. También por ese motivo, la encontramos en un buen número de obras dramáticas que se llevaron a escena en aquel tiempo, en las que solía desempeñar un papel decorativo, sin gran significación en el desarrollo de la trama.

No obstante, para el objeto de nuestro trabajo consideramos más relevante el segundo grupo de textos, que son los que aportan una visión literaria sobre la zambra. A continuación se exponen con detalle las conclusiones obtenidas a partir del análisis de todo el material recopilado.

Pastora Imperio en su Zambra gitana (La Mañana, 7-2-1918).

Pastora Imperio en su Zambra gitana (La Mañana, 7-2-1918).

1. La zambra gitana triunfa en los escenarios españoles

En las salas teatrales de toda España está presente la zambra, tanto la “genuina”, representada por las gitanas y gitanos del Sacromonte, como sus imitaciones, a cargo de artistas de prestigio -Pastora Imperio o Dora la Cordobesita, entre otras- o incluso de troupes de variedades.

1.1. La zambra gitana granadina

Las noticias recopiladas hablan de la zambra como atracción turística de primera magnitud, y visita obligada para las grandes personalidades, tanto españolas como extranjeras, que llegan a la ciudad de Granada. Los diputados Eduardo Moreno Agrela y Félix Sánchez Eznarriaga (2), el primer ministro británico David Lloyd George (3), los príncipes de Egipto (4), el príncipe heredero de Italia Humberto de Savoia (5), el Rey de Suecia (6), el príncipe de Gales y su hermano (7), el director del diario La Razón de Argentina (8), el escritor Eduardo Marquina (9), el académico Félix Llanos (10) y la hija de Benito Mussolini (11) son algunos de los ilustres visitantes que en esos años asistieron al espectáculo de la zambra gitana granadina, bien en las mismas cuevas del Sacromonte, bien en otro tipo de emplazamientos, como el hotel Alhambra Palace o algún carmen particular.

También disfrutaron de ella distintos grupos de congresistas, excursionistas, estudiantes y profesores ‒cabe mencionar a los asistentes a un congreso postal (12) y otro de oleicultura (13), a la Sociedad Excursionista Malagueña (14) y a varios representantes de la Universidad americana (15)‒, así como los marinos argentinos del crucero Buenos Aires (16).

El poeta eduardo Marquina rodeado de las artistas de la zambra (Granada Gráfica, mayo de 1924, p. 38).

El poeta Eduardo Marquina rodeado de las artistas de la zambra (Granada Gráfica, mayo de 1924, p. 38).

Del mismo modo, la zambra gitana del Sacromonte, protagonizada por artistas como los Amaya, los Hidalgo o los Heredia, estuvo presente en numerosas funciones y festivales organizados en la plaza de toros o en los distintos teatros de la ciudad. A veces se trataba de eventos benéficos, como las fiestas en favor de la Asociación de Caridad celebradas en el coso taurino en 1922 (17) y 1923 (18), o de agasajos a ciertas personalidades o colectivos. Tómese como ejemplo el festival en honor de las fuerzas expedicionarias repatriadas que tuvo lugar en el Coliseo Olympia, y en el que intervinieron las “Hermanas Mayas con sus vistosos bailes” (19).

En el Concurso de Cante Jondo de 1922, celebrado en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra, el grupo de las Gazpachas puso el broche a las dos jornadas con números como la cachucha (20) o el robao, y en su actuación final contó con la intervención estelar de Juana la Macarrona, “que estuvo tan inmensa como de costumbre” (21).

A raíz de su participación en el evento, la zambra gitana del Sacromonte fue requerida para actuar en varios programas de variedades que se ofrecieron en la plaza de toros de Granada en los meses de junio y julio de ese mismo año, y en los que compartieron cartel con artistas de tanto prestigio como la Niña de los Peines (22).

Los marinos argentinos, y miembros del cuerpo diplomático y del Centro Artístico, junto a las gitanas de la zambra. Foto Vidal (Región, 22 de abril de 1936, p. 4).

Los marinos argentinos, y miembros del cuerpo diplomático y del Centro Artístico, junto a las gitanas de la zambra. Foto Vidal (Región, 22 de abril de 1936, p. 4).

Los ecos del certamen también llegaron hasta la Villa y Corte, donde se celebró, en el Club Parisiana, una reedición de la fiesta del cante jondo a beneficio de la Asociación de la Prensa. Tras varios números de varietés, intervinieron los protagonistas del evento granadino –Chacón, Montoya, Diego Bermúdez y Pavón, entre otros-, y cerró el espectáculo la zambra gitana del Sacromonte, con el siguiente elenco:

“Dolores Amaya, ‘la Capitana’; María, Pepa y Paca Amaya, ‘Hermanas Gazpachas’; María Fernández, ‘la Jardín’; Magdalena Molina, ‘Flor del Monte’; Trinidad Fernández, ‘la Chata la Maestra’; María Amaya, ‘la Tempranica’; Dolores Cortés, ‘la Parriza’, y Paca Fernández, ‘la Finitú’.
Tocadores de guitarra y bandurria, hermanos Hidalgo, ‘Niños del Albaicín’ y Antonio ‘el Cotorrero’” (23).

En los años siguientes esta agrupación continuó presentándose con cierta frecuencia en los teatros, en el coso taurino y en otros espacios (24) de Granada, tanto públicos como privados. Asimismo, distintos conjuntos de zambra gitana llevaron su arte a otras ciudades. En 1923 un grupo del Albaicín actuó en la plaza de toros de Málaga con motivo de las fiestas de agosto (25) y en 1924 se pudo ver en el Parque de Montjuich de la Ciudad Condal “una auténtica zambra gitana” (26). En 1925 “la verdadera zambra gitana del Sacro-Monte”, bajo la dirección del guitarrista Mariano Morcillo, llevó sus cantes y bailes al coso de Almería (27).

La zambra gitana representada en el Teatro Parisiana de Madrid en el festival de la Asociación de la Prensa. Foto Ortiz (Diario de Barcelona, 11 de agosto de 1922, p. 4).

La zambra gitana representada en el Teatro Parisiana de Madrid en el festival de la Asociación de la Prensa. Foto Ortiz (Diario de Barcelona, 11 de agosto de 1922, p. 4).

En 1927 el grupo de los hermanos Hidalgo y las hermanas Gazpachas actuó en el Stadium América (28) y en el Salón San Lorenzo de Córdoba (29), para amenizar la proyección de la película El niño de oro. Un año más tarde, en esa misma ciudad, la zambra granadina se presentó en el Teatro Duque de Rivas (30) y constituyó el plato fuerte del festival celebrado por la Asociación de la Prensa en la huerta ‘El Tablero’ (31).

Asimismo, en 1929, estuvo presente en los Jardines del Buen Retiro de Madrid (32) y en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (33); y en 1930 viajó a Barcelona para actuar en la Semana Andaluza celebrada en el Pueblo Español de Montjuich, compartiendo programa con los Campanilleros de Bormujos y el cuadro de bailes de maestro sevillano Manuel Real (34). El grupo elegido para este evento tenía como figuras destacadas a las hermanas Gazpachas y a la mítica cantaora Anilla la de Ronda.

Notas:

(1) La búsqueda de la prensa objeto de estudio se ha realizado en las siguientes hemerotecas digitales: Biblioteca Nacional de España, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, Archivo ABC, Biblioteca Virtual de Andalucía, Arxiu de Revistes Catalanes Antigues, Biblioteca Digital de Castilla y León, Filmoteca de Cataluña, Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid, Hemeroteca Municipal de Sevilla, Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla, Biblioteca Digital de la Diputación de Almería, Arxiu Historic de la Ciutat de Barcelona y Archivo Municipal de Cartagena.

(2) Noticiero Granadino. (31 de mayo de 1922). Sánchez Eznarriaga, 1.

(3) Diario de la Marina. (9 de enero de 1923). Lloyd George en Andalucía, 1.

(4) El Defensor de Granada. (15 de julio de 1924). La verbena de esta noche, 1.

(5) El Defensor de Granada. (10 de octubre de 1924). La zambra gitana en el Palace, 1.

(6) La Opinión. (24 de abril de 1927). El Rey a Madrid, 2.

(7) ABC. (4 de mayo de 1927). Los príncipes ingleses en Granada, 15.

(8) El Guadalete. (30 de enero de 1925). El doctor Sojo, 2.

(9) Granada Gráfica. (mayo de 1924). Un homenaje. Inauguración, 38.

(10) El Defensor de Granada. (18 de mayo de 1928). En el carmen de San Antonio. La merienda en honor de don Félix Llanos Torriglia, 1.

(11) El Noticiero Gaditano. (25 de septiembre de 1929). La estancia de la hija de Mussolini en Granada.- Presencia una zambra gitana, 3.

(12) Gaceta del Sur. (26 de noviembre de 1920). Excursión a Granada, 1.

(13) El Noticiero Sevillano. (16 de diciembre de 1924). Una zambra en Granada, 6.

(14) Zaragüeta. (12 de julio de 1925). Comentario de la semana por Zaragüeta. La Unión Ilustrada, 5.

(15) El Defensor de Granada. (23 de julio de 1925). La Comisión Americana, 3.

(16) Los marinos fueron obsequiados con un té en el Generalife, amenizado por un sexteto de cuerda.
“Después las castizas ‘cañís’ María Maya (a) ‘La Jardín’ y María Amaya (a) ‘La Punticas’, pintorescamente ataviadas y acompañadas por el ‘tocaor’ Paco ‘El Gitano’, lucieron su garbo en unas danzas gitanas que agradaron bastante a la concurrencia, singularmente ‘La cachucha’” (Noticiero Granadino, 18 de abril de 1926, p. 1).

Al día siguiente, en “la cueva de los Maya, enclavada en el delicioso camino que conduce al Sacro Monte fueron invitados los simpáticos marinos de la Argentina a la zambra gitana que en su honor había preparado el Centro Artístico. […]
Hubo su mijita de ‘cante jondo’, danzas gitanas y todo aquello que los cañís saben ejecutar” (Gaceta del Sur, 20 de abril de 1926 p. 1).

(17) El Defensor de Granada. (21 de junio de 1922). Festival pro Asociación de Caridad en la Plaza de Toros, 1.

(18) Noticiero Granadino. (5 de junio de 1923). La Fiesta a beneficio de la Asociación Granadina de Caridad, 1.

(19) Noticiero Granadino. (21 de mayo de 1922). Un festival, 1.

(20) La Publicidad. (14 de junio de 1922). El ‘cante jondo’, 2.

(21) De la Fuente, N. (14 de junio de 1922). El Concurso de ‘Cante Jondo’. El Defensor de Granada, 7.

(22) Noticiero Granadino. (19 de julio de 1922). Plaza de Toros. Niña de los Peines, 3.

(23) La Publicidad. (4 de agosto de 1922). La fiesta del ‘cante jondo’, 3.

(24) En 1923, la “auténtica e inimitable Zambra gitana del Sacro-Monte” actuó en el Teatro del Gran Capitán (El Defensor de Granada, 10 de junio de 1923, p. 4). Al año siguiente se la pudo ver en varias ocasiones en la plaza de toros (Gaceta del Sur, 3 de julio de 1924, p. 3; El Defensor de Granada, 12 de julio de 1924, p. 4), en la Placeta de Gracia (El Defensor de Granada, 25 de junio de 1924, p. 3) y en el carmen de San Antonio (Gaceta del Sur, 14 de agosto de 1924, p. 3). La presencia de las hermanas Gazpachas y los hermanos Hidalgo es una constante en casi todas esas formaciones.
En 1925 una zambra gitana tomó parte en los actos organizados por el cuarto regimiento de artillería para celebrar la festividad de Santa Bárbara (Gaceta del Sur, 4 de diciembre de 1925, p. 1) y en 1926 “las castizas ‘cañís’ sacro montanas estuvieron bien de verdad” en una zambra ofrecida en la plaza de toros (El Defensor de Granada, 13 de septiembre de 1926, p. 1).

(25) La Publicidad. (1 de agosto de 1923). Las fiestas de Málaga, 1.

(26) Diario de Barcelona. (22 de junio de 1924). El festival del Parque de Montjuich, 40.

(27) La Independencia. (26 de agosto de 1925). En la Plaza de Toros, 2.

(28) Diario de Córdoba. (28 de junio de 1927). Stadium América, 2.

(29) Diario de Córdoba. (1 de julio de 1927). Salón San Lorenzo, 2.

(30) Diario de Córdoba. (16 de mayo de 1928). Teatro Duque de Rivas, 2.

(31) Diario de Córdoba. (13 de mayo de 1928). La feria de mayo. La fiesta de los periodistas, 2.

(32) Heraldo de Madrid. (20 de julio de 1929). Jardines del Buen Retiro, 5.

(33) El Imparcial. (15 de junio de 1929). La Exposición de Sevilla, 4.

(34) El Noticiero Universal. (16 de junio de 1930). Semana Andaluza, 6.


Su majestad, Pastora Imperio (VII): Primer viaje a Argentina

Una vez concluida su temporada en el San Martín de Buenos Aires, el 5 de noviembre de 1915 Pastora Imperio debutó en el Teatro Solís de Montevideo junto a buena parte del elenco con el que había trabajado en la capital argentina: la compañía de comedias de Miguel Ligero, Les Chimenti y Los Perezoff’s. Ante una sala abarrotada, interpretó algunos de sus números más conocidos, como el pasacalle Viva Madrid, el garrotín El alcázar, las canciones La Chamberilera y El dale dale, la Danza gitana y el Garrotín grotesco con acompañamiento de guitarra (1). La estupefacción inicial del auditorio al escucharla cantar se trocó en entusiasmo cuando abordó su faceta de danzarina:

“Al principio […] se insinuó un gesto de sorpresa en la sala. La Imperio, tonadillera, no respondía a la fama que, como tal, goza en toda España. La voz es escasa y desigual, el estilo incoloro y la expresión rara, de mujer que, más que canta, dice. Pero surgió la ‘bailaora’ de cuerpo esbelto, de movimientos cálidos, de actitudes extraordinarias y en el público se notó el asombro y convirtiose en placer, y el placer en admiración. Triunfó de inmediato la Imperio, y a una impresión de la sala entusiasmada, sucedió otra, y luego otra, más intensa, más nutrida, más espontánea” (2).

Pastora Imperio, vista por Columba (La Nota, 11-9-1915).

Pastora Imperio, vista por Columba (La Nota, Buenos Aires, 11-9-1915).

Sin embargo, esa euforia pronto se vino abajo y el público le “hizo el vacío”, decepcionado por una artista que no ofrecía “nada nuevo ni extraordinario” (3). Frustrada por su fracaso, en un acto de “conciencia artística maravilloso” y previa indemnización a la empresa Rey Lozada, la Imperio decidió rescindir su contrato y emprender una nueva aventura por cuenta propia (4). Se constituyó en empresaria y formó una troupe integrada por su hermano Víctor Rojas –como guitarrista y director artístico–, la pareja Faíco-Morita, y una compañía de comedias y zarzuelas encabezada por Elías Herrero y José Pérez Soriano.

La prensa bonaerense se hizo eco de todo tipo de rumores, no siempre bien intencionados. Se ensañó especialmente con ella el diario Crítica, que la rebautizó como doña Pastora República de Andorras, por considerar que “su Imperio había sido derrocado, quedando reducido a una ‘república’ de menor cuantía, una república de Andorra, lo más insignificante en esta clase de estados” (5). También publicó comentarios despectivos referidos a su hermano “Virto” y a su “tribu”.

Ajena al revuelo mediático, el 17 de noviembre la Imperio debutó en Rosario, en un Teatro Olimpodesbordante de público”. A decir de la crítica, lo mejor fue la danza gitana, que interpretó con su excepcional temperamento, y en la que “reveló […] la tradición de su arte y llegó al alma del espectador. […] fue un himno de pasiones violentas, porque hasta sus silencios despedían fuerza y comunicaban tragedia” (6).

Pastora Imperio en Chile, junto al periodista Muño Gustioz y un amigo (La Unión Ilustrada, 2-3-1916).

Pastora Imperio en Chile, junto al periodista Muño Gustioz y un amigo (La Unión Ilustrada, 2-3-1916).

Aunque estaba prevista su despedida para el día veintidós, “dado el gran éxito obtenido por la notable bailarina y tonadillera”, su estancia se prolongó dos días más y en su última función dio a conocer el primer cuadro de El amor brujo, que mereció “entusiastas aplausos” (7). Después viajó a Córdoba (8) y en el mes de diciembre llegó a Chile, donde recibió el nuevo año y actuó, entre otros lugares, en el Teatro Victoria de la capital (9).

De regreso a Argentina, a finales de enero de 1916 emprendió un nuevo periplo que la llevó a ciudades como San Juan o Río IV, para debutar el diez de febrero en el Teatro de la Ópera de Rosario ante una “numerosa y selecta concurrencia”. Triunfó durante cuatro noches, interpretando sus bailes “con esa magia admirable que encanta y seduce al público” (10). A continuación actuó en el Teatro Olimpo de La Plata y en el Odeón de Mar del Plata (11), para regresar después a Santiago de Chile y presentarse en el Teatro de la Comedia. Allí la entrevistó Muño Gustioz, quien sacó la conclusión de que no se sentía del todo bien en aquel país:

“… deduzco de (sic) que no está a gusto en esta ciudad […]: ‘no es que esté completamente a disgusto, soy una enamorada de conocer el mundo y esta era una de las pocas partes que me quedaba que ver, lo que así es que no rima con mi carácter, esa frialdad que he notado en el público y en la prensa, por lo que no debe extrañarle que recuerde con ansias mi Sevilla’” (12).

Pastora Imperio, en portada de la revista Mundo Argentino (19-4-1916).

Pastora Imperio, en portada de la revista Mundo Argentino (19-4-1916).

En el mes de marzo regresó a Buenos Aires y el día dieciséis debutó en el Teatro Coliseo junto a Víctor Rojas y la compañía de zarzuelas de Elías Herrero, con un programa compuesto por la opereta de Moyrón y Luna Los cadetes de la reina, la revista de Perrín y Palacios La tierra del sol, y los bailes de Pastora acompañada a la guitarra por su hermano (13). Faíco y la Morita, a pesar de estar anunciados, no se presentaron. La crítica consideró que el espectáculo no estaba a la altura de una sala de tal categoría y “el público se abstuvo de concurrir” (14), por lo que el dos de abril se puso fin a una temporada “desastrosa” (15) y no exenta de problemas, como el escándalo protagonizado por María Benítez en el vestíbulo del teatro:

“– La consorte de uno de la compañía, ¿sabe?… ese compositor de guitarras y hermano legítimo de doña Pastora Imperio, Rojas y República de Andorras detuvo al salir del teatro a una aplaudida tonadillera que aquí es la que ha puesto al mingo y corta el bacalao.
– ¡Oiga osté!… Con que es osté la que va a mandar silbar a Pastora cuando baile.
– No sea usté pelma salga de ahí!
– Que le vaya sacar los…
Y la gitana pretendió sacar de la liga una navaja para agredir a la festejada tonadillera.
Ni hubo caso se lo impidió el tío del coro, pero la señora de la agresión no estaba satisfecha y se fue sobre su adversaria rompiéndole las pieles” (16).

Lejos de arredrarse por el fracaso del Coliseo, el tres de abril la troupe se presentó en el Teatro San Martín, donde fue mucho mejor recibida. Allí actuó durante casi un mes y ofreció más de un centenar de representaciones, en las que Pastora, además de ejecutar sus habituales danzas, bailó el tango argentino formando pareja con su hermano Víctor, llevó a escena la Zambra gitana e intervino en distintas zarzuelas: en Alma de Dios, de Serrano y Arniches-García Álvarez, bailó la farruca y en Enseñanza libre, de Gerónimo Giménez y Perrín-Palacios, interpretó el papel de Pura y el Tango del Morrongo (17).

Pastora Imperio.

Pastora Imperio.

En ese tiempo su empresario, Carlos Vasini, realizó un viaje a Río de Janeiro en busca de teatros donde presentarla, mas sus gestiones resultaron infructuosas (18), por lo que finalmente la artista decidió poner fin a su gira. El treinta de abril se despidió del público del San Martín y dos días más tarde embarcó en el Infanta Isabel de Borbón con destino a España. Como único equipaje llevaba una maleta de mano y dos baúles pequeños. Además de su madre, su hermano y su cuñada, la acompañaban un loro y un perro lanudo que había comprado el día anterior (19).

De vuelta a España

El 18 de mayo la Imperio arribó al puerto de Cádiz. Según algunas crónicas, afirmaba haber tenido “un éxito enorme en la Argentina y Chile, cosechando muchos triunfos y considerables recaudaciones” (20). Unos días más tarde viajó a Madrid, donde se la pudo ver entre el público del Teatro Real en una representación de los Ballets Rusos (21) y en una fiesta ofrecida en el palacio de la infanta Isabel de Borbón a la que asistió buena parte de la familia real.

Acompañada por el sexteto del maestro Yust interpretó la tonadilla Tirana de Cándido Larruga, el garrotín El Alcázar, el pasodoble ¡Viva Madrid! y la canción madrileña Chulapa soy. Con la guitarra de Víctor Rojas bailó alegrías, el Garrotín grotesco y la Danza gitana; y, acompañada al piano por el maestro Falla, ejecutó la Danza del fin del día de El amor brujo, que constituyó el mayor éxito de la velada (22).

En el mes de julio Pastora se reencontró con el público español, que la esperaba con los brazos abiertos. Pasó el verano entre el Teatro Eslava de Valencia, el Teatro de Verano de Alicante y el Novedades de Barcelona, y en todos ellos cosechó grandes éxitos con un repertorio que incluía algunos estrenos y una selección de sus números más conocidos, como Soy castañera, El dale dale o la Danza gitana (23). Entre las novedades cabe señalar el pasodoble Pastora ha vuelto –inspirado en su reciente gira americana–, las canciones Claveles Sevillanos y La marquesa y el chispero –que “interpretó colosalmente, ataviada con hermoso traje de maja” – o el tango argentino, que bailó con su hermano Víctor (24).

Pastora Imperio (Fray Mocho, 3-9-1915).

Pastora Imperio (Fray Mocho, 3-9-1915).

Aunque hubo quien le recomendó cultivar exclusivamente su faceta coreográfica, porque “es la primera bailadora española; pero una cupletera vulgar” (25), la crítica destacó de manera unánime el incontestable triunfo de Pastora, cuyo “brillo es tan intenso que no hay astro que lo eclipse” (26). Resplandeció de manera especial en su Danza gitana, en la que hizo serpentear su cuerpo escultural “envuelto en un ropaje verde y oro bellísimo” (27). “Su actitud, su gesto, aquellas inverosímiles contorsiones de una belleza prodigiosa, aquel portento de estética, de plasticidad y de gracia, hacen de la gentil gitanaza una artista excepcional” (28).

Joaquín Pena la definió como una figura “sui géneris” y ensalzó sus cualidades distintivas: personalidad, temperamento, arte innato, fuerza expresiva, y trabajo siempre serio y distinguido. Entre sus “pocas tachas” señaló su escasa voz, que compensaba con mucha alma, y dedicó grandes alabanzas a su danza, que “se hace admirar como una cosa académica, casi […] clásica”. A este respecto, se permitió darle un consejo:

“… que no prescinda del pequeño tablado sobre la escena en el que danzaba otras veces; el vacío que se forma entre esa tabla y las del escenario es una magnífica caja armónica que produce el mejor efecto musical al permitirnos percibir los más leves detalles del delicioso ritmo producido por su taconeo, arte en que es maestra insuperable, y que se aviene a maravilla con el dulce tañido de la guitarra” (29).

La noche de su beneficio en el Novedades de Barcelona la Imperio volvió a innovar, al encarnar el papel de Susana en el sainete lírico en prosa La verbena de la Paloma, de Ricardo de la Vega y Tomás Bretón, que fue llevado a escena por la compañía del Teatro Tívoli (30). Y “Pastora no defraudó […]. Puso en su cometido toda su pasión, todo su dominio de la escena, todo su arte y voluntad” (31).

Caricatura de Pastora Imperio (La Esquella de la Torratxa, 18-8-1916).

Caricatura de Pastora Imperio (La Esquella de la Torratxa, 18-8-1916).

No obstante, a decir de Joaquín Pena, “no debiera perder el tiempo” en ese tipo de números que están “al alcance de cualquier tiple de zarzuela”, cuando posee “un arte arte propio y exclusivo en el que triunfa como reina absoluta y en el que nadie ha de poder igualarla”. En ello esa noche “se superó a sí misma”, pues también ofreció “toda la flor y nata de su repertorio de cantos y danzas […] acertadamente escogidos y combinados. […] Me encanta y me seduce esa perfección del arte típico, personal e inmutable de Pastora Imperio” (32).

Notas:

(1) El Siglo, 6-11-1915.

(2) Crítica, 8-11-1915.

(3) Crítica, 11-11-1915.

(4) El Siglo, 11-11-1915. Según esa misma fuente, la penalización por incumplimiento de contrato ascendía a unos cuatro mil pesos oro. Sin embargo, también hubo quien afirmó que no se trataba de una penalización, sino de la “devolución de un préstamo particular que se le hizo, para que aprovechase la oportunidad de comprar como pichincha unos brillantes que le habían ofrecido”; y quien valoraba esa deuda en catorce mil francos (Crítica, 15-10-1915).

(5) Crítica, 13-11-1915.

(6) La Reacción, 18-11-1915. Aunque, según la prensa rosarina, Pastora conquistó “noche a noche grandes triunfos” (ibidem, 20-11-1915), a decir del diario Crítica (19-11-1915) de Buenos Aires, el público se sintió defraudado porque esperaba disfrutar más de su faceta de bailaora y menos de la de cupletista.

(7) La Reacción, 24-11-1915.

(8) La Reacción, 25-11-1915.

(9) Crítica, 2-2-1916. Según declaró la artista a su regreso a España, también estuvo en Valparaíso y Viña del Mar (Entrevista de Emilio G. de Bustillo, El Noticiero Sevillano, 14-8-1916).

(10) Crítica, 29-1-1916; La Reacción, 11-2-1916.

(11) Crítica, 17-2-1916; 24-2-1916.

(12) La Unión Ilustrada, 2-3-1916.

(13) Crítica, 16-3-1916.

(14) Crítica, 17-3-1916.

(15) Crítica, 1-4-1916.

(16) Crítica, 29-3-1916.

(17) Crítica, 11-4-1916; 17-4-1916; 19-4-1916.

(18) Crítica, 28-4-1916.

(19) Crítica, 2-5-1916.

(20) La Correspondencia de España, 19-5-1916.

(21) La Correspondencia de España, 1-6-1916.

(22) La Época, 14-6-1916.

(23) Las Provincias, 21-7-1916; Diario de Alicante, 3-8-1916.

(24) Diario de Valencia, 8-7-1916; La Correspondencia de Valencia, 20-7-1916.

(25) El Pueblo, 12-7-1916. También en esa línea, Mario Aguilar se preguntaba: “Señor, Señor, ¿por qué anhelar la fama de una cupletista, llevando desde los pies a los hombros toda la gloria del baile español?” (El Imparcial, 18-8-1916).

(26) El Pueblo, 28-7-1916.

(27) Diario de Alicante, 3-8-1916.

(28) El Liberal, Murcia, 4-8-1916.

(29) Joaquín Pena, La Publicidad, 10-8-1916.

(30) La Veu de Catalunya, 19-8-1916.

(31) El Diluvio, 23-8-1916.

(32) Joaquín Pena, La Publicidad, 23-8-1916.


Su majestad, Pastora Imperio (VI): primer viaje a Argentina

Desde su estreno, El amor brujo solo permaneció veinticinco días en la cartelera del Teatro Lara de Madrid. En esas semanas siguió cosechando alabanzas y críticas, algunas realmente duras, como la del diario El Noroeste, que dedicó estas palabras a su protagonista: “Pastora Imperio no es más que una bailarina; […] trata de invadir terrenos que le están absolutamente vedados. […] Canta como un sereno, […] Cantando, está mal, pero actuando […] está matadora” (1). En el polo opuesto, el periódico La Rioja ensalzó la labor de quien era considerada la número uno en el arte de Terpsícore:

“La Imperio ha crecido, se ha elevado […] Y hay muchos, muchísimos que la ven veinte, veinte y cinco y treinta veces y no se cansan. […]

… La Imperio no es una coupletista. Dice mejor que todas y es mu de su tierra; pero lo personalísimo suyo es el baile. En esto se ha quedado sola. […]

Todos los artistas del buril y de la paleta van a verla para estudiar la línea y el movimiento, como si se tratase de la obra más perfecta de Phidias. […]

He averiguado dónde están los brazos de la Venus de Milo. Son los de la Pastora” (2).

Pastora Imperio, Gregorio Martínez Sierra y Manuel de Falla en el banquete celebrado en Parisiana para celebrar el éxito de El amor brujo (ABC, 2-5-1915).

Pastora Imperio, Gregorio Martínez Sierra y Manuel de Falla en el banquete celebrado en Parisiana para celebrar el éxito de El amor brujo (ABC, 2-5-1915).

A pesar de todo, el 1 de mayo se organizó en Parisiana un almuerzo íntimo para celebrar el éxito de la obra y el día 7 la artista protagonizó en Lara su función de beneficio, en la que recibió numerosas muestras de cariño del público (3). Tras un breve periodo de descanso debido a una indisposición, el 16 de mayo debutó en el Teatro Eslava de la ciudad del Turia, alternando con la Goyita, y el 19 representó por primera vez El amor brujo ante el público valenciano.

Si los cuplés y las danzas de su repertorio habitual, así como los decorados y los trajes con los que los presentó, tuvieron una excelente acogida, no puede decirse lo mismo de la obra de Falla, que fue recibida “con marcadas muestras de desagrado, tanto que hasta diez minutos después de terminada la representación duró la protesta, y aun en la calle continuaban los comentarios de censura” (4).

Una parte de la crítica coincidió en señalar la decepción del auditorio, que, acostumbrado al tipo de números que solían exhibirse en los salones de variedades, no esperaba un espectáculo tan fino y delicado, sino bastante más grosero y chabacano (5):

“Anoche se hallaba esta obra completamente fuera de ambiente.

La masa del público creyó que iba a ver las vulgares escenas de varietés; la mentalidad espectadora no tenía flexibilidad para acomodarse a aquel espectáculo nuevo, vistoso y de una aspiración de arte muy depurada […]

De aquí la sorpresa, la desorientación, la incomprensión, general […]

Luego había la música […] no estaba hecha tampoco para los oídos que sólo buscan el sonsonete del tango vulgar y de la fácil copla de café-concert. […]

Y la obra de ayer […] es… el diamante en el patio de la granja” (6).

Pastora Imperio (Anales Mundanos, Montevideo, 1915).

Pastora Imperio (Anales Mundanos, Montevideo, 1915).

Tras un breve número de representaciones, Pastora se despidió de Valencia a principios de junio, para debutar poco después en el Teatro Imperio de Barcelona compartiendo protagonismo con otra gran figura de la danza, su paisana Tórtola Valencia. El amor brujo, que siguió cosechando críticas no demasiado favorables, solo se llevó a escena durante seis días, aunque su protagonista siguió conquistando al público con su repertorio habitual hasta mediados de julio. Dos años más tarde confesaría a Margarita Nelken, en relación con el apropósito de Falla, que “era demasiado exquisito para gustar a todos los paladares; por eso no sigo por ese camino” (7).

Nueva gira por Latinoamérica

Desde finales de 1914 la prensa argentina se hizo eco de varios intentos frustrados de contratación por parte de distintos empresarios, mas fue justo antes del estreno de El amor brujo cuando la Imperio se decidió a firmar con Rey y Lozada para actuar durante tres meses en el Teatro San Martín de Buenos Aires, por “la friolera de diez y ocho mil duros, viajes pagados en primera clase y el 50 por 100 de la función de beneficio” (8).

Una vez terminadas sus actuaciones en Barcelona, Pastora, su hermano y su cuñada, María Benítez Silva, emprendieron el viaje a bordo del transatlántico Infanta Isabel de Borbón, y en Cádiz se les unió su madre, Rosario la Mejorana. También les acompañaron los dos pajaritos de la artista, un canario y un cardenal (9). Durante la travesía, un redactor del diario Crónica Meridional conversó brevemente con ella y describió el atuendo que llevaba, muy apropiado para la ocasión: “medias blancas con zapatitos igualmente blancos. Su traje a grandes listas azules muy oscuras y blancas, grandes y pronunciadas, al través y de mil formas encontradas […]. Lleva en la cabeza una gasa azul muy oscura” (10).

Pastora Imperio con su madre, Rosario la Mejorana (Fray Mocho, Buenos Aires, 3-9-1915).

Pastora Imperio con su madre, Rosario la Mejorana (Fray Mocho, Buenos Aires, 3-9-1915).

El debut se produjo el día 31 de agosto, con un programa compuesto por obras cómicas, a cargo de la compañía de Miguel Ligero, y números de variedades interpretados por el dúo de maquietistas Los Chimenti, la troupe Los Perezoff’s –pantomimas, malabarismo, gimnasia…– y Pastora como atracción principal, con el acompañamiento de guitarra de Víctor Rojas.

En su primera presentación, la Imperio ofreció ocho números, entre danzas y cuplés. Entró en escena entonando el pasacalle Viva Madrid, de Martí y Huete; bailó el garrotín, “seguidillas, boleros, tangos…” (11), y la noche se saldó con un triunfo absoluto, especialmente en su faceta coreográfica. Las críticas ensalzaron su maestría, su arte instintivo pero cuajado de armonía estética; la gracia “andaluza de sus andares y de sus gestos, su dominio del mantón”, e incluso los decorados, que representaban un jardín colonial con “un zarzo y una parra y sobre ella un balcón” (12).

El diario Critica destacó como la nota “inolvidable” de su actuación el baile gitano, ejercido por la artista como un “oficio sagrado”:

Pastora, entregada al ritmo de la guitarra, se transfigura en una intérprete atormentada de la danza. Es toda pasión, ardiendo en su propia hoguera, cuyas llamas fulgen de sus ojos ardientes […]. A la par […] los brazos, escultóricos, […] son una exaltación de la belleza humana. Alzados como una súplica, extendidos, como en un deseo, tendiendo sobre la cabeza una corona blanca, rematada en las rosas de las manos, cuyos dedos, los pétalos, parecen rendir a los pies el homenaje de su lluvia perfumada; […] Y cuando la danzadera, después de prosternarse, levanta su busto y ya de pie acomete en un frenético remate de sus exaltaciones la culminación del baile, es como una pesadilla voluptuosa que se ha transformado en alegre y cascabelera felicidad” (13).

Pastora Imperio y Josefina Chimenti (Crítica, 31-8-1915).

Pastora Imperio y Josefina Chimenti (Crítica, 31-8-1915).

El 21 de septiembre, en una función extraordinaria celebrada en el Teatro de la Comedia, estrenó la canción La clavelera, escrita para ella por Manuel F. Palomero con música del maestro Terés (14); y el 27 presentó por primera vez en el San Martín El amor brujo, para lo cual fue necesario duplicar la orquesta del coliseo (15). A pesar del desconcierto inicial del público, “pues no cabía suponer en un teatro donde se cultiva amablemente la ‘varieté’ un estreno musical de [tal] importancia”, la crítica alabó la calidad de la inspirada partitura de Falla y los decorados de Néstor, así como el buen hacer de la protagonista, que “se entregó a sus sensaciones con una vehemencia sugestiva y dio a las danzas un colorido armónico, lleno de pasión” (16).

El éxito de sus presentaciones incrementó sin duda la fama que ya precedía a la Imperio antes de su llegada a Buenos Aires, y a ello también debió de contribuir el concurso de caricaturas de la artista convocado por el diario Crítica y dirigido a los caricaturistas de toda la prensa porteña. Se presentaron un total de cincuenta y seis obras, que fueron expuestas durante el mes de octubre en el hall del Teatro San Martín. Los premios, dotados con 1000, 300 y 100 francos, correspondieron respectivamente a Juan Alonso, J. Málaga Grenet y Ramón Columba (17).

Pastora Imperio, La Chimenti, Paquita Escribano, La Morita y Faíco, en la escena final de 'Zambra gitana' (Mundo Argentino, 3-11-1915. Cortesía de Alberto Rodríguez Peñafuerte).

Pastora Imperio, La Chimenti, Paquita Escribano, La Morita y Faíco, en la escena final de ‘Zambra gitana’ (Mundo Argentino, 3-11-1915. Cortesía de Alberto Rodríguez Peñafuerte).

Durante el mes de octubre fueron incorporándose al programa nuevas atracciones, como la bailarina belga Feline Verbist, la tonadillera Paquita Escribano, la bailarina La Maravilla o la pareja de baile compuesta por Faíco y Olga la Morita (18. El día 26 Pastora estrenó el apropósito o gitanería en un acto Zambra gitana, en el que contó con la participación de varios miembros de la compañía de comedias y del resto de figuras de varietés que actuaban en el teatro (19). A pesar de que fue definida como un “un batiburrillo de gitanerías musicales enlazadas con un dialoguito bastante pobre”, la obra cosechó un gran éxito y sus intérpretes, aplausos frenéticos, especialmente su protagonista y la pareja Faíco-Morita:

“Una caravana de gitanos hace alto en una tasca del camino… Allí se encuentran con la inevitable pareja de ‘touristas’ ingleses y comienza el desarrollo de la ‘Zambra’, sevillanas, zapateados, garrotines, ‘cante jondo’ […].

Faíco y la Morita, fueron los héroes de la velada. El soberano aplaudió a rabiar la zambra que los dos se bailaron y hubieron de repetirla hasta el cansancio.

No tanto éxito tuvo la Pastora con Faíco en eso, queremos suponer, improvisación del momento. Sin embargo, encontró su desquite en el ‘garrotín grotesco’ una de sus mejores creaciones en la que el público siempre le aplaude entusiasmado.

La Chimenti bailó unas sevillanas con la Imperio, número que repitieron tres veces, lo que prueba la bondad de su factura y de las medias de seda que lucía la primera, caracterizando una ‘pobre gitanilla’… ¡Cosas de las mujeres del teatro!… […]

Paquita Escribano cantó, con más buena voluntad que éxito, unas ‘andaluzadas‘, obligada a ello por las exigencias de la escena… Nos resultó algo ‘ersótica’ como decía anoche la Pastora.

[…] Victorio Imperio aportó con sus ‘rasgueos’ algo más que un granito de arena: una mole de granitos” (20).

Faíco y Olga la Morita. Fondo Antonio Esplugas. Arxiu Nacional de Catalunya.

Faíco y Olga la Morita. Fondo Antonio Esplugas. Arxiu Nacional de Catalunya.

El 29 de octubre, con el teatro hasta la bandera, la “emperadora del baile gitano” celebró su función de beneficio, en la que, además de representar la Zambra gitana, interpretó las canciones regionales Mi majo y La rapaziña, y bailó sus creaciones Panadera y La entente. “Hubo aplausos a granel, algunos ¡olé con olé! ¡viva tu mare!, regalos en gran cantidad, flores, muchas flores, y mil muestras más de admiración y cariño” (21). El 3 de noviembre, ya consagrada por el público bonaerense, se despidió del Teatro San Martín (22).

Durante esa primera estancia en la capital argentina, en una entrevista concedida a la revista La Nota, aunque en un principio se mostraba reacia a hablar sobre su vida privada, finalmente terminó expresando sus sentimientos más íntimos:

“‘Si ya sé lo que quiere usted; el fondo de mi espíritu, que le hable de aquí!’ Y con ambas manos se indicaba el corazón […]. –‘Sí ya lo advertí desde el principio; pero esto nadie debe saberlo, es mi pasado, mi pena, mi dolor, yo he corrido un velo sobre eso. Todo ha concluido, lo doy por muerto, es una vida que ya no es mía. […] ahora vivo para mi arte y para el presente […] ¡Ah! Lo que es bailar, si pasara un día sin bailar, me moriría. Pero si ya no me acuerdo de ese amor, cállese usted. No quiero recordarlo ni que nadie me lo recuerde. ¡Lo que ha ocurrido no tiene remedio ya!’” (23).

Asimismo, confesó que ya no bailaba para el público, sino para sí misma; y que, incluso en los bailes más alegres, nunca lograba sentir la alegría:

Odia el ‘Garrotín grotesco’, que electriza al público. En su zapateo suele haber el furor de la angustia, y por eso el entusiasta ¡ay garrotín! brota de su garganta como un gemido desgarrado. Prefiere las danzas que baila con el escenario y el teatro en la penumbra y con una música triste. Porque esto aduerme su alma y desahoga su pena sombría” (ibidem).

Caricatura ganadora del concurso, por Juan Alonso (Mundo Gráfico, 14-10-1916).

Caricatura ganadora del concurso, por Juan Alonso (Mundo Gráfico, 14-10-1916).

Notas:

(1) El Noroeste, 27-4-1915.

(2) La Rioja, 11-5-1915.

(3) La Correspondencia de España, 2-5-1915; 8-5-1915.

(4) Diario de Valencia, 20-5-1915.

(5) La Correspondencia de Valencia, 20-5-1915.

(6) Las Provincias, 20-5-1915.

(7) Margarita Nelken, “Una conversación con Pastora Imperio”, El Día, 26-5-1917.

(8) La Mañana, 14-4-1915. La contratación se realizó por medio del señor Paesa, agente de la artista en Madrid.

(9) PBT, 4-9-1915.

(10) R., Crónica Meridional, 10-8-1915.

(11) Crítica, 1-9-1915.

(12) Crónica del diario La Razón, reproducida en La Publicidad, 25-9-1915.

(13) Crítica, 2-9-1915.

(14) Crítica, 21-9-1915. Se trataba de una matinée de despedida y a beneficio del actor Manuel F. Palomero, en la que también actuaron Los Chimenti y Los Perezoff’s, y Rosario Pacheco cantó saetas, malagueñas y tango flamenco acompañada a la sonanta por Víctor Rojas.

(15) Crítica, 23-9-1915.

(16) Crítica, 28-9-1915.

(17) Crítica, 8-10-1915; 14-10-1915.

(18) La Verbist actuó entre el 12 y el 18 de octubre, ambos inclusive; y la Escribano debutó el día 20 (Crítica, 12-10-1915; 19-10-1915; 21-10-1915; 25-10-1915).

(19) Crítica, 26-10-1915. Pastora ya había llevado a escena su zambra gitana en el Teatro Romea de Madrid en marzo de 1914 (El Heraldo Militar, 18-3-1914).

(20) Crítica, 27-10-1915.

(21) Crítica, 27-10-1915; 30-10-1915.

(22) Crítica, 4-11-1915.

(23) C. A. L., La Nota, 16-10-1915.


Su majestad, Pastora Imperio (V): recepción de ‘El amor brujo’

El estreno de El amor brujo despertó gran expectación y provocó distintas reacciones entre el público y la crítica, que le dedicó abundantes líneas. Probablemente una de las crónicas que mejor describen el desarrollo de la obra sea la de Tomás Borrás, publicada en el diario La Tribuna:

“Una música de extrañas sonoridades, de ásperas disonancias. Un interior en penumbra. La colocación de las figuras, la armonía de los colores, el sentido decorativo de la composición, hacen la escena semejante a un cuadro de la manera zuloaguesca. Se anima una mujer de las pintadas en el lienzo. Es Pastora Imperio. Viste como la ‘Carmencita’ de Sergent. […] es una aparición característica, exaltación de la línea y del estilo del traje gitano.

Pastora canta la canción del amor dolido. La música […] es mágica y embrujada. Dan las doce de la noche. Suena a lo lejos el mar. Una gitana echa las cartas y pronuncia palabras sibilinas. Una gitanilla núbil trenza los mimbres de un cesto. La gitana vieja fuma.

Pastora baila la danza del fin del día. […] El público de Lara prorrumpe en una gran ovación, y Falla tiene que salir a saludar muchas veces.

Sigue la ‘gitanería’. Pastora declama un romance. Le acompaña la orquesta con un motivo suave y religioso. Cae el telón. Pastora va a la cueva de una bruja para pedirla el filtro que da el eterno amor.

Caricatura de Pastora, Falla, Martínez Sierra y Néstor, por Bagaría (España, 16-4-1915).

Caricatura de Pastora, Falla, Martínez Sierra y Néstor, por Bagaría (España, 16-4-1915).

Y llega el intermedio. Un violín canta una canción dulcísima […] realzada por la orquestación, llena de misterio y de sugestiones medrosas, es un regalo del oído.

El fondo negro del escenario se ilumina con el pavor de un fuego fatuo azul que gira por la cueva. Llega la gitana enamorada. La cueva se ilumina […].

Pastora, perseguida por el fuego fatuo, danza, huyéndole y acercándose a él. La música subraya el terror inaudito de la escena. Saltan entre los compases gritos lúgubres, aullidos de fieras, ruidos estremecedores. La bruja morena danza entre tanto. El fuego fatuo se desvanece en la luz de la luna.

Y ‘ella’ canta. Es un vito de marcadísimo sabor popular, un encanto de lozanía y de expresión castiza. El conjuro de la gitanilla atrae al amante. Pastora danza otra vez, y otra vez es un nuevo baile arrancado del alma musical andaluza, de la malagueña. Los amantes se reconcilian. El hechizo los ha unido. Amanece. Estalla como una granada la luz del sol y todas las campanas se vuelven locas” (1).

Pastora Imperio en el primer cuadro de El amor brujo, por Fresno (Blanco y Negro, 2-5-1915).

Pastora Imperio en el primer cuadro de El amor brujo, por Fresno (Blanco y Negro, 2-5-1915).

Como auguraba el maestro Falla antes del estreno, solo con el paso del tiempo la pieza llegaría a ser comprendida y valorada en su justa medida, ya que las primeras impresiones, con alguna excepción, no fueron del todo favorables. Entre las más positivas cabe destacar la valoración de ABC, que calificó El amor brujo como “un acierto pleno, rotundo, incuestionable. […] Todo lo que hay allí sorprende: el andalucismo de la música […]; la presentación de la escena, […] con una punzadora fuerza pictórica; los trajes, en cuyo trazado se ve la mano de un artista exquisito; los versos, de un aroma popular encantador” (2). En la misma línea, La Prensa señaló como grandes atractivos de la obra “una música que traduce el ambiente gitano a maravilla, un decorado que ayuda a completar la ilusión del cuadro escénico y unos versos de aroma popular, de la tierra en que naciera esa artista única en el género” (3); e Ignotus subrayó su “exótica visualidad” (4).

En el lado opuesto de la balanza, Tristán definió El amor brujo como “una fantasía lúgubre, en que la brillantez, el color, el carácter imprescindible en ese género de producciones brilla por su ausencia” (5). Frente a Borrás, que percibió la obra como una españolada artística y de buen gusto (6), Pedro Navarro la catalogó como una “caricatura de costumbres gitanas, que no parece hecha por españoles ni para España” y resaltó la gran decepción del público al comprobar que “para crear e interpretar cosa tan baladí se hubieran reunido el talento de Falla, el ingenio de Martínez Sierra, la paleta de Néstor […] y la habilidad de Pastora Imperio” (7). Asimismo, J. de M. tachó la pieza de pretenciosa y extravagante, y consideró que el Teatro Lara constituía un “marco poco a propósito” para una producción de ese tipo (8).

Póster para El amor brujo creado por Natalia Goncharova (1935)

Póster para El amor brujo creado por Natalia Goncharova (1935).

Manuel de Falla

En general la crítica coincidió en constatar la supremacía de la música sobre el libreto, entendido este como un simple pretexto para hacer brillar tanto al compositor como a la bailaora (9). De hecho, el maestro Falla cosechó nutridos aplausos en la sala y no pocos elogios en los papeles. Rafael Benedito destacó la originalidad, osadía y naturalidad de la obra, y afirmó que muy pocos músicos de la época podrían siguiera igualar los méritos de una “partitura genial, intensa, hermosamente bella”; “llena de evocación, de sentimiento hondo, de misterio, de tragedia, y todo ello conseguido noble y hondamente, con una gran sabiduría y un gran corazón” (10).

Pedro Navarro definió la partitura como una “continua filigrana de sonido” (11), e Ignotus afirmó que una composición así “bastaría por sí sola para acreditar a un maestro” (12). Tomás Borrás elogió la inspiración de Falla así como su perfecto dominio de la técnica, hasta el punto de considerarlo “nuestro primer compositor de hoy” (13). La crítica de El Mundo también resaltó su control técnico, que le permitió imprimir “un aspecto de modernidad a los antiguos temas de la música popular andaluza” (14).

Distintos fragmentos de la obra merecieron especial mención, como la danza del fin del día, por su sobrecogedora emoción (15); la danza y la canción del fuego fatuo, basadas en la tarántula y en el vito respectivamente, y el bellísimo intermedio de violín; o el romance del pescador, con su “letra, desordenada y espontánea, […] característica de las improvisaciones gitanas” (16).

Pastora Imperio y Víctor Rojas en el segundo cuadro de El amor brujo.

Pastora Imperio y Víctor Rojas en el segundo cuadro de El amor brujo.

No obstante, sin hacer de menos al extraordinario mérito de la composición, el crítico del Heraldo de Madrid se permitió recordar al maestro “con todo respeto que la música andaluza tiene el color que dan el guitarreo, las palmas, los pitos y palillos”, color que puede perderse “entre alardes de dominio para la instrumentación y timbres poco adecuados” (17). Tristán fue bastante menos comedido en su juicio:

Falla, tan afortunado siempre, tan inspirado, tan colorista, no lo ha sido en esta obra.

La moderna escuela musical francesa le obsesiona […]. Y, claro, no es posible hacer música española pensando en Debussy o en Ravel. […]

Es, en suma, un españolismo el de ‘El amor brujo’ completamente traducido al francés. […]

Hay carencia absoluta de alma española.

Técnicamente, será, no lo dudamos, una obra perfectaEl amor brujo’; pero no tiene la cualidad indispensable de hacernos sentir, no llega al corazón español” (18).

Néstor

En lo que respecta al trabajo de Néstor Martín-Fernández de la Torre, creador de los decorados, el vestuario y la disposición escénica de El amor brujo, los elogios de la crítica resultaron unánimes. En opinión de Tristán, lo mejor del montaje fueron sus decoraciones, “obras lindísimas por la originalidad y el carácter” (19). Otros destacaron su “suntuosidad y elegancia” (20) y su “riqueza imaginativa” (21), e Ignotus afirmó que “Néstor ha hecho algo más que pintar un decorado; ha compuesto verdaderos cuadros en los que las figuras son de carne y hueso” (22).

Pastora Imperio en el segundo cuadro de El amor brujo (La Ilustracion Artistica, 26-4-1915).

Pastora Imperio en el segundo cuadro de El amor brujo (La Ilustracion Artistica, 26-4-1915).

Más explícito fue Manuel Abril, que en la decoración del primer cuadro vio un “ambiente, disposición y detalles no corrientes” que denotaban la intervención de “una mano experta y un gusto no común”; mientras que la visión del segundo cuadro le produjo un auténtico “escalofrío. ¡Eso es tener color, luz, poesía y atrevimiento al servicio de un talento estupendísimo!”. No obstante, reprochó a Martínez Sierra el haber hecho transcurrir la acción en una cueva iluminada solo por la luna y los fuegos fatuos, lo que impidió disfrutar del baile de la protagonista en todo su esplendor:

“… cuando Pastora se presenta encienden unas luces rojas, arbitrarias, y se proyectan desde los laterales unos focos de luz. […] los efectos de luz y color que el escenógrafo imaginó contando con tener encendidas las luces que fueran necesarias, quedan destruidos […] Si es necesario que se vea a Pastora, ¿por qué habrá imaginado él la danza en una cueva, sin luz y de noche?” (23).

El vestuario diseñado por Néstor también llamó mucho la atención, especialmente la de Monte-Cristo, que puso el foco en el hermoso vestido que lució la Imperio en el primer cuadro, “un traje de amplísimo vuelo”, con la falda “de un azul intenso, como jirón del cielo andaluz, y sobre ese azul, grandes rosas de fuego; del mismo color rojo son todas las faldas interiores y las medias y los zapatos […]. Un foco de luz roja ilumina la extraña figura, y al moverse esta […] las faldas […] producen el efecto de un incendio” (24).

Dos primeros planos de Pastora Imperio (Nuevo Mundo, 16-1-1915).

Dos primeros planos de Pastora Imperio (Nuevo Mundo, 16-1-1915).

Pastora

Aunque hubo quien consideró la actuación de la protagonista de El amor brujo como “un gran triunfo personal” (25), también fue ella quien acaparó la mayor parte de las valoraciones negativas. De forma más o menos generalizada, los críticos elogiaron su excelente labor como bailaora flamenca y rechazaron cualquier tipo de incursión novedosa tanto en el ámbito de la coreografía como en el del canto y la declamación. A decir de Manuel Abril, la Imperio “nació para el baile y no para el canto ni para el arte escénico; […] su naturaleza es admirable; pero su talento de actriz, no”. Por tanto, “el medio mejor de que luzca […] está en que baile, y que baile lo suyo, lo que sienta por tradición ‘cañí’, […] y lo baile sin necesidad de sujetarse a argumentos ajenos pueriles y ridículos” (26).

Un argumento similar esgrimió Tristán al afirmar que “mal hace Pastora Imperio en abandonar, o por lo menos relegar a segundo término, el género esencialmente popular, en el que brilla como astro de primerísima magnitud”. En su opinión, la artista ya cometió un error al introducir el canto en su repertorio y otro aún mayor cuando, “tal vez mal aconsejada”, se embarcó en mayores empresas líricas. “Pastora bailó, como siempre, de modo admirable; pero como cantante, no podemos hacer de ella ningún elogio” (27). En la misma línea, Pedro Navarro entendía que, en su afán por renovar sus bailes gitanos, la artista había ido “poco a poco abandonando o tergiversando sus genuinas y peculiares danzas, hasta convertirlas en algo inexpresivo y, por tanto, antiartístico”; y, para “colmo”, en El amor brujo la bailarina había quedado “totalmente anulada” para presentarse como actriz y cantante, y “fracasar ruidosamente” (28).

Pastora Imperio (Nuevo Mundo, 16-1-1915).

Pastora Imperio (Nuevo Mundo, 16-1-1915).

Esta nueva faceta de la Imperio tampoco fue bien recibida por Zeda, que la exhortó a seguir su consejo: “Dance, y taconee, y jaléese… esto es lo suyo; pero ‘echar comedias’, eso no puede, o mejor dicho, no debe ser. […] Baile la gentil Pastora cuanto le venga en ganas […] pero, ¡por Barrabás y Satanas!, que baile sin hablar” (29).

A diferencia de los críticos mencionados, Luis Antón de Olmet vio con buenos ojos la osadía de la artista: “Pastora Imperio ha estrenado una ‘españolada’ al estilo francés. […] Versos gitanos, cuadros goyescos, música gachona; de todo hay en el conjunto macarenamente parisino. Era hora ya de que Pastora Imperio, esa leona, pasara de ofrecerse al público entre unas bambalinas zafias, un guitarreo vulgar y unas coplas sin sentido común” (30).

En esa misma línea, Rafael Benedito le dedicó un “elogio entusiasta y sincero […] más que por su labor artística, que fue admirable, por su decisión de cultivar un género nuevo”, pues entendía que hasta el momento los distintos autores no habían sabido sacar partido de sus excepcionales condiciones artísticas. “Si persiste en seguir por este camino, estudiando, sensibilizando […] su temperamento excepcional con nuevas sensaciones de arte original y hondo, […] será un refinamiento, una elevación, una exaltación de su propio arte” (31).

Otro primer plano de la Imperio (Nuevo Mundo, 16-1-1915).

Otro primer plano de la Imperio (Nuevo Mundo, 16-1-1915).

También le pareció muy bien al crítico del Heraldo de Madrid que Pastora se lanzase “a los peligros de la declamación” y tuviese “la valentía de asumir la responsabilidad de la parte principal en una partitura”, si bien se permitió, no sin ironía, brindarle algunas recomendaciones:

“… yo haría alguna indicación a Pastora respecto de inflexiones de la voz para la declamación, de gestos de actriz, de trucos de cantante; pero no me aventuro, porque luego tarda mucho en perdonar mi consejo, por bien intencionado que sea.

Menos aun me atreveré a decirla (sic) que para representar una gitana en escena y hablar como los verdaderos cañís no están de más las lecciones de alguna paya. ¿Como quién diré?… Como Irene Alba, la maravillosa intérprete de ‘La zahorí’. Eso es” (31).

Notas:

(1) Tomás Borrás, La Tribuna, 16-4-1915.

(2) ABC, 16-4-1915. Un juicio similar emitió La Ilustración artística (26-4-1915):
“resulta una obra en extremo pintoresca y verdaderamente sugestionadora, en la que se compenetran íntimamente el poeta, el músico y el artista para formar un conjunto tan bello como original. Los versos de Martínez Sierra tienen un aroma popular encantador; la música del maestro Falla es castizamente andaluza, mejor dicho, gitana; y el decorado, de Néstor, es de un efecto pictórico imponderable”.

(3) La Prensa, 16-4-1915.

(4) Ignotus, La Correspondencia de España, 16-4-1915.

(5) Tristán, El Liberal, 16-4-1915.

(6) Tomás Borrás, op. cit.

(7) Pedro Navarro, España Nueva, 16-4-1915.

(8) J. de M., El Universo, 16-4-1915.

(9) Rafael Benedito, La Patria, 16-4-1915.

(10) Ibidem. Este autor también ensalzó el extraordinario trabajo de orquestación realizado por el músico.

(11) Pedro Navarro, op. cit. Sin embargo, en su opinión, esa música “carece absolutamente de condiciones de adaptación a las cualidades de su principal o casi única intérprete”.

(12) Ignotus, op. cit.

(13) Tomás Borrás, op. cit.

(14) El Mundo, 16-4-1915. Sin embargo, El Bachiller Carrasco afirmó que “la partitura del maestro Falla es demasiado técnica, y por ello, sin duda, no entusiasma al público” (Las Provincias, 24-4-1915).

(15) Tomás Borrás, op. cit.

(16) J. de L., El Imparcial, 16-4-1915.

(17) S.-A., Heraldo de Madrid, 16-4-1915.

(18) Tristán, op. cit.

(19) Ibidem.

(20) Tomás Borrás, op. cit.

(21) S.-A., op. cit.

(22) Ignotus, op. cit.

(23) Manuel Abril, La Patria, 16-4-1915.

(24) Monte-Cristo, El Imparcial, 18-4-1915. En el segundo cuadro Pastora se presentó “medio envuelta en los pliegues morados y violetas de unos paños de seda que revisten la sencillez y elegancia del ‘peplum’ helénico” (ibid.).

(25) X., El País, 16-4-1915. Esta crítica incluso ensalzó su labor como recitadora: “Dijo muy bien […] los breves parlamentos, uno de ellos muy característico, como el romance del pescador”.

(26) Manuel Abril, op. cit.

(27) Tristán, op. cit. En ese sentido, Gil Poquito planteaba la siguiente reflexión:
“… ha ido poco a poco dejando el género de baile popular y gitano, con el que ‘ha llegado’, y en el que es única, para dedicarse a otros para los cuales, sin duda, no tiene tan excepcionales aptitudes, al canto primero, a la escena ahora. Y aunque por milagro de su talento […] triunfe en ello también, no es lo suyo sino lo otro lo que la consagró y le dio la fama de que goza. ¿Por qué lo deja?” (El Globo, 17-4-1915).

(28) Pedro Navarro, op. cit.

(29) Zeda, La Época, 16-4-1915. En opinión de Ignotus (op. cit.), en cambio, su excelencia como bailaora compensaba las escasas dotes para el cante de la Imperio, que “nos hizo anoche olvidar una vez más con lo bien que baila, lo mal que canta”.

(30) Luis Antón del Olmet, Blanco y Negro, 25-4-1915.

(31) Rafael Benedito, op. cit.

(32) S.-A., op. cit.


Su majestad, Pastora Imperio (IV): génesis de ‘El amor brujo’

En febrero de 1915 el filme La danza fatal fue estrenado en el Cine Cataluña de Barcelona y pasó después a la cartelera de ciudades como Reus, Tortosa y Palma de Mallorca. La crítica destacó el buen hacer de “la justamente celebrada Pastora Imperio, cuya labor artística cautiva al espectador. La gracia de sus movimientos, su gesto y sus miradas llenas de pasión embelesan” (1). También merecieron elogios los catorce trajes que lucía en la cinta, “a cuál más elegante y de mejor gusto” (2).

Pastora Imperio y Domenec Ceret en un fotograma de La danza fatal (1914). Filmoteca de Cataluña.

Pastora Imperio y Domènec Ceret en un fotograma de La danza fatal (1914). Filmoteca de Cataluña.

A finales de marzo la bailaora interrumpió su temporada en el Teatro Lara para disfrutar de la Semana Santa y la Feria de Abril de Sevilla, y a su regreso se sumergió de lleno en los ensayos de la obra que constituiría uno de los grandes hitos de su carrera –y de la música española del siglo XX–, El amor brujo. Se trataba de un apropósito musical en dos cuadros compuesto expresamente para la Imperio por Manuel de Falla, con libreto de María de la O Lejárraga, aunque firmado por su marido, Gregorio Martínez Sierra, que se ocupó de la puesta en escena.

Según la escritora, fueron ella misma y su esposo, conocedores de la precaria situación económica que atravesaba su amigo, quienes lo animaron a embarcarse en esta aventura, que podría reportarle unas buenas pesetas. No les resultó fácil convencerlo:

“Habíamos pensado que yo escribiese unas cuantas coplas de estilo gitano y que Falla les pusiese música no demasiado ardua para que pudiese cantarlas decorosamente una cupletista que gozase del favor del público, entremezclándolas con unas cuantas danzas gitanas también. ‘Gitanería’ había de llamarse el cuadro, y nos lanzamos a la tarea, aunque a Falla, por sus escrúpulos de conciencia, costó bastante esfuerzo decidirle a componer para el pecaminoso ‘antro’ de un palco escénico” (3).

Manuel de Falla

Manuel de Falla

No obstante, tanto la libretista como el músico terminaron entusiasmándose con su trabajo y lo que pretendía ser una simple sucesión de coplas acompañadas por una guitarra, “se transformó en un cuadro lírico y alcanzó la extensión de un acto normal de comedia” (id.). La bailaora fue partícipe del proceso creativo, según su propio testimonio:

“Yo vivía en la calle de Velázquez.
Eran los años atormentados de Falla, cuando vivía en la calle de Lagasca obsesionado por los ruidos de la ciudad, que no le dejaban trabajar. […]
Falla venía por las tardes a mi casa y se sentaba al piano. Allí compuso la mayor parte de los motivos de ‘El amor brujo’” (4).

Durante esos encuentros, tanto Pastora como su madre, Rosario la Mejorana, narraron leyendas y cuentos gitanos, y entonaron “soleares y seguiriyas, polos y martinetes, de los cuales [el compositor] captó ‘la almendrilla’, […] la esencia de la música andaluza, y entonces se dio de lleno a la tarea hasta terminar la obra en un tiempo brevísimo” (5). El aspecto empresarial corrió a cargo de Martínez Sierra, que no escatimó en gastos a fin de conseguir una espléndida puesta en escena:

“Estaba por entonces en la madurez de un óptimo verano la excelsa ‘bailaora’ Pastora Imperio, […] escultura viva y perfecta que, al moverse, vencía arrollando […]. Ella fue la intérprete que Martínez Sierra designó y aseguró para El amor brujo, rodeándola de selecto grupo de lindas gitanillas. Y para encuadrar la obra y crear el ambiente, encargó decoraciones y figurines al malogrado pintor canario Néstor, mago del color imposible y de la luz fantasmagórica” (6).

Pastora Imperio (Archivo PARES. Ministerio de Cultura y Deporte).

Pastora Imperio (Archivo PARES. Ministerio de Cultura y Deporte).

La orquestación de la partitura, ideada para diecisiete instrumentos de cuerda y madera más un piano, fue ultimada por Falla y Lejárraga durante la Semana Santa de 1915 en una humilde pensión granadina. Así describe María su método de trabajo:

“Sentábamonos ambos ante el piano, ¡que sonaba tan mal! Él, con su papel y su lápiz; yo, con mis fantasías y mi anhelo. Y yo hablaba y trabajaba él.
– Aquí me gustaría un ligero temblor de angustiada esperanza
– ¿Arpegios rotos? –murmuraba él–… Escuche usted… ¿Así? ¿Así?
– Aquí, un alarido desgarrante
– ¿Clarinete? ¿Así?
Hay que advertir que Falla, merced a su arte consumado de ejecutante, lograba reproducir en el piano el sonido de cualquier instrumento.
– Un poco más ronco, porque dentro del grito, quiero que se noten las lágrimas que esa mujer se traga y que empañan su voz…
– ¿Para qué está el oboe?… ¿Así?
– Así.
– Vamos a ver la copla… Usted ha escrito: ‘Con sentimiento popular’. ¿Está bien así?
– Está prodigiosamente. Pero quisiera que, en esa palabra, el ritmo se quebrara un cuarto de segundo como si la mujer que canta por no llorar se dijese a sí misma: ‘¡No puedo más!’.
– Perfectamente. ¿Así?
– Así” (7).

María Lejárraga junto a Gregorio Martínez Sierra en el despacho de su domicilio de la calle Zurbano en Madrid (1907) (Archivo María Lejárraga).

María Lejárraga junto a Gregorio Martínez Sierra en el despacho de su domicilio de la calle Zurbano en Madrid (1907) (Archivo María Lejárraga).

En marzo de 1915, en una entrevista firmada por Tomás Borrás, el compositor daba a conocer algunos detalles del proyecto:

“Estoy ultimando una obra para Pastora Imperio, algo de lo que ella ha querido siempre hacer sin tener nunca ocasión. Es un libro de María y Gregorio Martínez Sierra, en dos cuadros, y se titula El amor brujo. […] Pastora baila tres danzas, canta dos canciones, y en otro número canta y baila juntamente. Yo me he basado para escribir esta obra en temas gitanos, alguno de los cuales me los ha proporcionado la misma Pastora. Será un estreno interesante, porque la gran artista se presenta en un aspecto inédito, y porque la escena se cuidará hasta el último detalle” (8).

Dos días antes del estreno aún se encontraba dando los últimos retoques a la partitura, según comunicó por carta a la escritora:

“Figúrese usted que ayer hemos ensayado a la una, a las dos y a las cuatro de la madrugada, y […] el resto de la jornada se la llevó el indino trabajo, pues cuando no estaba ensayando, estaba escribiendo. A las doce de la noche terminé el final del Amor brujo.
Aún me queda el intermedio y el minuto de descanso para Pastora… y la pieza se estrena pasado mañana. ¡Horror! ¡Terror! […]” (9)

Néstor Martín-Fernández de la Torre. Fondo Museo Néstor.

Néstor Martín-Fernández de la Torre. Fondo Museo Néstor.

El mismo día del debut, en una interviú concedida a Rafael Benedito, el músico expresaba su agradecimiento a su amiga y colaboradora por la gran labor realizada –Hoy no es ningún secreto que, aunque Falla menciona a Martínez Sierra, que en su día asumió la autoría del texto, fue con María con quien trabajó codo a codo–. Asimismo, manifestaba sentir gran admiración hacia la protagonista y dejaba entrever sus dudas sobre la favorable recepción de la pieza:

“– ‘El amor brujo’ es una obra que a Martínez Sierra y a mí nos sugirió la extraordinaria Pastora Imperio. Una tan singular artista y tan genial danzarina, debe hacer un género, en el que ponga de relieve las múltiples condiciones de su temperamento. Hemos hecho una obra, rara, nueva, que desconocemos el efecto que pueda producir en el público, pero que hemos ‘sentido’.
[…]
– Respecto de mi labor he de confesarle que nunca he trabajado con más entusiasmo ni más a gusto que durante los tres meses que he tardado en hacer ‘El amor brujo’.
Martínez Sierra me ha hecho un libro en el cual todo son pretextos para que la parte musical ocupe la primera línea, sobresaliendo de todo lo demás. Mi gratitud es infinita para mi colaborador, que buceando en mi temperamento, en mis gustos y en mis maneras de sentir el arte, se adaptó a ellos completamente facilitándome medios de que pudiera ‘expresar a mis anchas’. […]
Dejemos pasar los años, y cuando se pueda y ‘se sepa’ apreciar, se le hará justicia.
[…]
– La obra es eminentemente gitana. Para hacerla empleé ideas siempre de carácter popular, algunas de ellas tomadas de la propia Pastora Imperio, que las canta por tradición, y a las que no podrá negárseles la ‘autenticidad’. […]
[…]
– Cuanto se diga de la intuición artística de Pastora es poco. Su facilidad para la música es tanta, que al principio se la cree una consumada solfista, cuando no conoce una sola nota.
[…]
– Mucho espero de su expresión para hacer comprender mi música, para hacerla ‘llegar’ al público” (10).

El amor brujo. Primera edición, de 1915. Madrid, Renacimiento. Archivo Manuel de Falla.

El amor brujo. Primera edición, de 1915. Madrid, Renacimiento. Archivo Manuel de Falla.

El amor brujo se llevó a escena por primera vez en el Teatro Lara de Madrid el 15 de abril de 1915. Pastora Imperio daba vida al personaje principal, Candelas; y completaban el reparto Víctor Rojas como su enamorado; Rosa Canto en el papel de gitana vieja; María Imperio y Perlita Negra en el rol de gitanillas (11). Aunque todos los intérpretes pronunciaban algunas frases y tomaban parte en los bailes, el protagonismo absoluto recaía sobre la hija de la Mejorana, que además de bailar, cantaba y declamaba.

El primer cuadro transcurría en una cueva de gitanos, donde Candelas esperaba a su amado, que no llegaba. Consultaba a las cartas, que le daban un mal augurio, e interpretaba la ‘Canción del amor dolido’. Las gitanillas realizaban un conjuro. Pastora bailaba la ‘Danza del fin del día’ y recitaba el ‘Romance del pescador’. Tras un interludio musical de violín, el segundo cuadro comenzaba en la cueva de una bruja, donde Candelas, tras bailar la ‘Danza del fuego fatuo’ y entonar la ‘Canción del fuego fatuo’, recitaba un ‘Conjuro para reconquistar el amor perdido’. Entonces llegaba su amado pero no la reconocía y ella, con la cabeza velada, bailaba en torno a él la ‘Danza y canción de la bruja fingida’, hasta que, hechizado por sus encantos, caía rendido a sus pies al despuntar el alba.

Notas:

(1) El Diluvio, 2-2-1915.

(2) El Bien Público, 17-2-1915.

(3) María Lejárraga, Gregorio y yo, Sevilla, Renacimiento, 2023, p. 244.

(4) Pastora Imperio, entrevista de Marino Gómez Santos, Pueblo, 26-2-1958.

(5) Antonio Odriozola, ABC, 22-11-1961.

(6) Ibidem, p. 245.

(7) Ibidem, p. 247.

(8) Manuel de Falla, entrevista por Tomás Borrás, Por esos mundos, 1-3-1915.

(9) Manuel de Falla, Carta a María Lejárraga fechada en Madrid el 13-4-1915. Archivo de la familia Lejárraga. Citada en Antonina Rodrigo, María Lejárraga. Una mujer en la sombra, Madrid, Algaba, 2005, p. 161.

(10) Rafael Benedito, La Patria, 15-4-1915, 3.

(11) María Imperio es el nombre con el que se dio a conocer una jovencísima Pepita García Escudero, que más tarde alcanzaría gran popularidad como María de Albaicín. Su madre, Agustina Escudero, muy conocida por haber servido de modelo a pintores como Benedito o Zuloaga, también tomó parte en el montaje para acompañar a su hija, que solo tenía trece años, según cuenta Mercedes Albi, que atribuye el nombre artístico de Perlita Negra a María Benítez. Esta última no era otra que la primera mujer de Víctor Rojas, que permaneció unida a él al menos durante toda la década de 1910 y primeros años de la siguiente, según los testimonios que nos ofrece la hemeroteca.