Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Su majestad, Pastora Imperio (VI): primer viaje a Argentina

Desde su estreno, El amor brujo solo permaneció veinticinco días en la cartelera del Teatro Lara de Madrid. En esas semanas siguió cosechando alabanzas y críticas, algunas realmente duras, como la del diario El Noroeste, que dedicó estas palabras a su protagonista: “Pastora Imperio no es más que una bailarina; […] trata de invadir terrenos que le están absolutamente vedados. […] Canta como un sereno, […] Cantando, está mal, pero actuando […] está matadora” (1). En el polo opuesto, el periódico La Rioja ensalzó la labor de quien era considerada la número uno en el arte de Terpsícore:

“La Imperio ha crecido, se ha elevado […] Y hay muchos, muchísimos que la ven veinte, veinte y cinco y treinta veces y no se cansan. […]

… La Imperio no es una coupletista. Dice mejor que todas y es mu de su tierra; pero lo personalísimo suyo es el baile. En esto se ha quedado sola. […]

Todos los artistas del buril y de la paleta van a verla para estudiar la línea y el movimiento, como si se tratase de la obra más perfecta de Phidias. […]

He averiguado dónde están los brazos de la Venus de Milo. Son los de la Pastora” (2).

Pastora Imperio, Gregorio Martínez Sierra y Manuel de Falla en el banquete celebrado en Parisiana para celebrar el éxito de El amor brujo (ABC, 2-5-1915).

Pastora Imperio, Gregorio Martínez Sierra y Manuel de Falla en el banquete celebrado en Parisiana para celebrar el éxito de El amor brujo (ABC, 2-5-1915).

A pesar de todo, el 1 de mayo se organizó en Parisiana un almuerzo íntimo para celebrar el éxito de la obra y el día 7 la artista protagonizó en Lara su función de beneficio, en la que recibió numerosas muestras de cariño del público (3). Tras un breve periodo de descanso debido a una indisposición, el 16 de mayo debutó en el Teatro Eslava de la ciudad del Turia, alternando con la Goyita, y el 19 representó por primera vez El amor brujo ante el público valenciano.

Si los cuplés y las danzas de su repertorio habitual, así como los decorados y los trajes con los que los presentó, tuvieron una excelente acogida, no puede decirse lo mismo de la obra de Falla, que fue recibida “con marcadas muestras de desagrado, tanto que hasta diez minutos después de terminada la representación duró la protesta, y aun en la calle continuaban los comentarios de censura” (4).

Una parte de la crítica coincidió en señalar la decepción del auditorio, que, acostumbrado al tipo de números que solían exhibirse en los salones de variedades, no esperaba un espectáculo tan fino y delicado, sino bastante más grosero y chabacano (5):

“Anoche se hallaba esta obra completamente fuera de ambiente.

La masa del público creyó que iba a ver las vulgares escenas de varietés; la mentalidad espectadora no tenía flexibilidad para acomodarse a aquel espectáculo nuevo, vistoso y de una aspiración de arte muy depurada […]

De aquí la sorpresa, la desorientación, la incomprensión, general […]

Luego había la música […] no estaba hecha tampoco para los oídos que sólo buscan el sonsonete del tango vulgar y de la fácil copla de café-concert. […]

Y la obra de ayer […] es… el diamante en el patio de la granja” (6).

Pastora Imperio (Anales Mundanos, Montevideo, 1915).

Pastora Imperio (Anales Mundanos, Montevideo, 1915).

Tras un breve número de representaciones, Pastora se despidió de Valencia a principios de junio, para debutar poco después en el Teatro Imperio de Barcelona compartiendo protagonismo con otra gran figura de la danza, su paisana Tórtola Valencia. El amor brujo, que siguió cosechando críticas no demasiado favorables, solo se llevó a escena durante seis días, aunque su protagonista siguió conquistando al público con su repertorio habitual hasta mediados de julio. Dos años más tarde confesaría a Margarita Nelken, en relación con el apropósito de Falla, que “era demasiado exquisito para gustar a todos los paladares; por eso no sigo por ese camino” (7).

Nueva gira por Latinoamérica

Desde finales de 1914 la prensa argentina se hizo eco de varios intentos frustrados de contratación por parte de distintos empresarios, mas fue justo antes del estreno de El amor brujo cuando la Imperio se decidió a firmar con Rey y Lozada para actuar durante tres meses en el Teatro San Martín de Buenos Aires, por “la friolera de diez y ocho mil duros, viajes pagados en primera clase y el 50 por 100 de la función de beneficio” (8).

Una vez terminadas sus actuaciones en Barcelona, Pastora, su hermano y su cuñada, María Benítez Silva, emprendieron el viaje a bordo del transatlántico Infanta Isabel de Borbón, y en Cádiz se les unió su madre, Rosario la Mejorana. También les acompañaron los dos pajaritos de la artista, un canario y un cardenal (9). Durante la travesía, un redactor del diario Crónica Meridional conversó brevemente con ella y describió el atuendo que llevaba, muy apropiado para la ocasión: “medias blancas con zapatitos igualmente blancos. Su traje a grandes listas azules muy oscuras y blancas, grandes y pronunciadas, al través y de mil formas encontradas […]. Lleva en la cabeza una gasa azul muy oscura” (10).

Pastora Imperio con su madre, Rosario la Mejorana (Fray Mocho, Buenos Aires, 3-9-1915).

Pastora Imperio con su madre, Rosario la Mejorana (Fray Mocho, Buenos Aires, 3-9-1915).

El debut se produjo el día 31 de agosto, con un programa compuesto por obras cómicas, a cargo de la compañía de Miguel Ligero, y números de variedades interpretados por el dúo de maquietistas Los Chimenti, la troupe Los Perezoff’s –pantomimas, malabarismo, gimnasia…– y Pastora como atracción principal, con el acompañamiento de guitarra de Víctor Rojas.

En su primera presentación, la Imperio ofreció ocho números, entre danzas y cuplés. Entró en escena entonando el pasacalle Viva Madrid, de Martí y Huete; bailó el garrotín, “seguidillas, boleros, tangos…” (11), y la noche se saldó con un triunfo absoluto, especialmente en su faceta coreográfica. Las críticas ensalzaron su maestría, su arte instintivo pero cuajado de armonía estética; la gracia “andaluza de sus andares y de sus gestos, su dominio del mantón”, e incluso los decorados, que representaban un jardín colonial con “un zarzo y una parra y sobre ella un balcón” (12).

El diario Critica destacó como la nota “inolvidable” de su actuación el baile gitano, ejercido por la artista como un “oficio sagrado”:

Pastora, entregada al ritmo de la guitarra, se transfigura en una intérprete atormentada de la danza. Es toda pasión, ardiendo en su propia hoguera, cuyas llamas fulgen de sus ojos ardientes […]. A la par […] los brazos, escultóricos, […] son una exaltación de la belleza humana. Alzados como una súplica, extendidos, como en un deseo, tendiendo sobre la cabeza una corona blanca, rematada en las rosas de las manos, cuyos dedos, los pétalos, parecen rendir a los pies el homenaje de su lluvia perfumada; […] Y cuando la danzadera, después de prosternarse, levanta su busto y ya de pie acomete en un frenético remate de sus exaltaciones la culminación del baile, es como una pesadilla voluptuosa que se ha transformado en alegre y cascabelera felicidad” (13).

Pastora Imperio y Josefina Chimenti (Crítica, 31-8-1915).

Pastora Imperio y Josefina Chimenti (Crítica, 31-8-1915).

El 21 de septiembre, en una función extraordinaria celebrada en el Teatro de la Comedia, estrenó la canción La clavelera, escrita para ella por Manuel F. Palomero con música del maestro Terés (14); y el 27 presentó por primera vez en el San Martín El amor brujo, para lo cual fue necesario duplicar la orquesta del coliseo (15). A pesar del desconcierto inicial del público, “pues no cabía suponer en un teatro donde se cultiva amablemente la ‘varieté’ un estreno musical de [tal] importancia”, la crítica alabó la calidad de la inspirada partitura de Falla y los decorados de Néstor, así como el buen hacer de la protagonista, que “se entregó a sus sensaciones con una vehemencia sugestiva y dio a las danzas un colorido armónico, lleno de pasión” (16).

El éxito de sus presentaciones incrementó sin duda la fama que ya precedía a la Imperio antes de su llegada a Buenos Aires, y a ello también debió de contribuir el concurso de caricaturas de la artista convocado por el diario Crítica y dirigido a los caricaturistas de toda la prensa porteña. Se presentaron un total de cincuenta y seis obras, que fueron expuestas durante el mes de octubre en el hall del Teatro San Martín. Los premios, dotados con 1000, 300 y 100 francos, correspondieron respectivamente a Juan Alonso, J. Málaga Grenet y Ramón Columba (17).

Pastora Imperio, La Chimenti, Paquita Escribano, La Morita y Faíco, en la escena final de 'Zambra gitana' (Mundo Argentino, 3-11-1915. Cortesía de Alberto Rodríguez Peñafuerte).

Pastora Imperio, La Chimenti, Paquita Escribano, La Morita y Faíco, en la escena final de ‘Zambra gitana’ (Mundo Argentino, 3-11-1915. Cortesía de Alberto Rodríguez Peñafuerte).

Durante el mes de octubre fueron incorporándose al programa nuevas atracciones, como la bailarina belga Feline Verbist, la tonadillera Paquita Escribano, la bailarina La Maravilla o la pareja de baile compuesta por Faíco y Olga la Morita (18. El día 26 Pastora estrenó el apropósito o gitanería en un acto Zambra gitana, en el que contó con la participación de varios miembros de la compañía de comedias y del resto de figuras de varietés que actuaban en el teatro (19). A pesar de que fue definida como un “un batiburrillo de gitanerías musicales enlazadas con un dialoguito bastante pobre”, la obra cosechó un gran éxito y sus intérpretes, aplausos frenéticos, especialmente su protagonista y la pareja Faíco-Morita:

“Una caravana de gitanos hace alto en una tasca del camino… Allí se encuentran con la inevitable pareja de ‘touristas’ ingleses y comienza el desarrollo de la ‘Zambra’, sevillanas, zapateados, garrotines, ‘cante jondo’ […].

Faíco y la Morita, fueron los héroes de la velada. El soberano aplaudió a rabiar la zambra que los dos se bailaron y hubieron de repetirla hasta el cansancio.

No tanto éxito tuvo la Pastora con Faíco en eso, queremos suponer, improvisación del momento. Sin embargo, encontró su desquite en el ‘garrotín grotesco’ una de sus mejores creaciones en la que el público siempre le aplaude entusiasmado.

La Chimenti bailó unas sevillanas con la Imperio, número que repitieron tres veces, lo que prueba la bondad de su factura y de las medias de seda que lucía la primera, caracterizando una ‘pobre gitanilla’… ¡Cosas de las mujeres del teatro!… […]

Paquita Escribano cantó, con más buena voluntad que éxito, unas ‘andaluzadas‘, obligada a ello por las exigencias de la escena… Nos resultó algo ‘ersótica’ como decía anoche la Pastora.

[…] Victorio Imperio aportó con sus ‘rasgueos’ algo más que un granito de arena: una mole de granitos” (20).

Faíco y Olga la Morita. Fondo Antonio Esplugas. Arxiu Nacional de Catalunya.

Faíco y Olga la Morita. Fondo Antonio Esplugas. Arxiu Nacional de Catalunya.

El 29 de octubre, con el teatro hasta la bandera, la “emperadora del baile gitano” celebró su función de beneficio, en la que, además de representar la Zambra gitana, interpretó las canciones regionales Mi majo y La rapaziña, y bailó sus creaciones Panadera y La entente. “Hubo aplausos a granel, algunos ¡olé con olé! ¡viva tu mare!, regalos en gran cantidad, flores, muchas flores, y mil muestras más de admiración y cariño” (21). El 3 de noviembre, ya consagrada por el público bonaerense, se despidió del Teatro San Martín (22).

Durante esa primera estancia en la capital argentina, en una entrevista concedida a la revista La Nota, aunque en un principio se mostraba reacia a hablar sobre su vida privada, finalmente terminó expresando sus sentimientos más íntimos:

“‘Si ya sé lo que quiere usted; el fondo de mi espíritu, que le hable de aquí!’ Y con ambas manos se indicaba el corazón […]. –‘Sí ya lo advertí desde el principio; pero esto nadie debe saberlo, es mi pasado, mi pena, mi dolor, yo he corrido un velo sobre eso. Todo ha concluido, lo doy por muerto, es una vida que ya no es mía. […] ahora vivo para mi arte y para el presente […] ¡Ah! Lo que es bailar, si pasara un día sin bailar, me moriría. Pero si ya no me acuerdo de ese amor, cállese usted. No quiero recordarlo ni que nadie me lo recuerde. ¡Lo que ha ocurrido no tiene remedio ya!’” (23).

Asimismo, confesó que ya no bailaba para el público, sino para sí misma; y que, incluso en los bailes más alegres, nunca lograba sentir la alegría:

Odia el ‘Garrotín grotesco’, que electriza al público. En su zapateo suele haber el furor de la angustia, y por eso el entusiasta ¡ay garrotín! brota de su garganta como un gemido desgarrado. Prefiere las danzas que baila con el escenario y el teatro en la penumbra y con una música triste. Porque esto aduerme su alma y desahoga su pena sombría” (ibidem).

Caricatura ganadora del concurso, por Juan Alonso (Mundo Gráfico, 14-10-1916).

Caricatura ganadora del concurso, por Juan Alonso (Mundo Gráfico, 14-10-1916).

Notas:

(1) El Noroeste, 27-4-1915.

(2) La Rioja, 11-5-1915.

(3) La Correspondencia de España, 2-5-1915; 8-5-1915.

(4) Diario de Valencia, 20-5-1915.

(5) La Correspondencia de Valencia, 20-5-1915.

(6) Las Provincias, 20-5-1915.

(7) Margarita Nelken, “Una conversación con Pastora Imperio”, El Día, 26-5-1917.

(8) La Mañana, 14-4-1915. La contratación se realizó por medio del señor Paesa, agente de la artista en Madrid.

(9) PBT, 4-9-1915.

(10) R., Crónica Meridional, 10-8-1915.

(11) Crítica, 1-9-1915.

(12) Crónica del diario La Razón, reproducida en La Publicidad, 25-9-1915.

(13) Crítica, 2-9-1915.

(14) Crítica, 21-9-1915. Se trataba de una matinée de despedida y a beneficio del actor Manuel F. Palomero, en la que también actuaron Los Chimenti y Los Perezoff’s, y Rosario Pacheco cantó saetas, malagueñas y tango flamenco acompañada a la sonanta por Víctor Rojas.

(15) Crítica, 23-9-1915.

(16) Crítica, 28-9-1915.

(17) Crítica, 8-10-1915; 14-10-1915.

(18) La Verbist actuó entre el 12 y el 18 de octubre, ambos inclusive; y la Escribano debutó el día 20 (Crítica, 12-10-1915; 19-10-1915; 21-10-1915; 25-10-1915).

(19) Crítica, 26-10-1915. Pastora ya había llevado a escena su zambra gitana en el Teatro Romea de Madrid en marzo de 1914 (El Heraldo Militar, 18-3-1914).

(20) Crítica, 27-10-1915.

(21) Crítica, 27-10-1915; 30-10-1915.

(22) Crítica, 4-11-1915.

(23) C. A. L., La Nota, 16-10-1915.


Amalia Molina, el arte y la gracia de Sevilla que conquistan al mundo (XI)

En 1929, después de hacer las Américas durante casi una década, Amalia Molina regresa a España, donde se la espera con impaciencia, pues ninguna otra artista ha sido capaz de hacerse con el trono que dejó vacante el día de su partida. Cual conquistadora de la época colombina, la artista llega cargada de plata y brillantes, que realzan como nunca el brillo de su estrella.

Amalia Molina en 1929

Amalia Molina en 1929

A juzgar por los testimonios periodísticos, esa larga ausencia no ha hecho mella en Amalia, que sigue siendo “la genuina representación de la gracia y de la espontaneidad: toda sangre y nervio” (La Época, 31-3-1930), si bien su arte se ha vuelto un poco más vanguardista y refinado, según sus propias declaraciones.

Una artista incombustible

A finales de los años 20, los espectáculos de variedades andan de capa caída en nuestro país. Las estrellas que hace unos años conquistaban al público con sus canciones picantonas y su escueto vestuario han visto marchitarse sus armas de seducción. Sin embargo, la artista sevillana es una de las pocas que han logrado sobrevivir a la debacle del género, tal vez porque, a diferencia de otras, nunca necesitó acudir a ese tipo de recursos. Así describe la situación el periodista Carlos Fortuny:

“Es injusto considerar vetusta a una artista porque ande arañando la cuarentena. A esa edad es cuando la mujer de teatro nos ofrece el tesoro de su arte inteligente y depurado. En el extranjero ninguna ‘vedette’ llega a consagrarse antes de los ocho lustros. Es la edad ideal para la mujer de teatro. Pero en España somos injustos con ellas y las reprochamos una madurez que a veces es una perfección. […]

Artistas que triunfaron con Amalia Molina y que no son mucho más jóvenes que ella: Raquel Meller, La Goya, Paquita Escribano, La Argentinita, por no citar sino las más populares. ¿Qué hacen en la actualidad? Vivir en el ostracismo y presentarse en las noches de estreno a cotorrear, como si fueran ‘señoras mayores’, con los críticos teatrales.

De todas ellas se han salvado únicamente Raquel Meller y La Argentina, que reciben en París -¡la capital del Mundo!- el homenaje a que tienen derecho por su gracia y su talento, y Amalia Molina, que pasea triunfalmente el nombre de España por Nueva York” (Heraldo de Madrid, 29-7-1929).

Amalia Molina (Muchas Gracias, 7-11-1931)

Amalia Molina (Muchas Gracias, 7-11-1931)

De hecho, el haber cumplido ya los cuarenta años no supone impedimento alguno para la artista sevillana, que se mantiene más joven que nunca, cual si hubiese suscrito un pacto con el diablo, como ella misma declara con la gracia que la caracteriza:

“Hace tiempo, actuando en Nueva York, tuve una de las noches más brillantes de mi carrera artística. El público me había aplaudido a rabiá, y al retirarme a mi camerino, me contemplé en el espejo orgullosa de mi cara, de mi tipo y de mi arte y me puse a pensar unas cosas mu rarísimas. […] Yo me desía: ¡Qué lástima que argún día se tenga que acabá to esto! Dejaré de ser joven…, de ser guapa… ¡Y que no haya nadie para evitarlo! En aquel momento estalló en el camerino un fogonazo como si me estuvieran retratando al marnesio […]

El mismísimo diablo, que va y me dice: ‘Oye, Amalia. Me he enterao de que por el mundo se estila ahora mucho eso der cante flamenco, y como yo voy a hasé una exposisión en el Infierno y nesesito alisientes pa la atrasión de forasteros, vengo a hasé un trato contigo. […] Yo te voy a da la reseta pa que tengas belleza y juventú hasta los noventa años, a cambio de que me enseñes a cantá fandanguillos’” (Estampa, 24-12-1932).

La reconquista de España… y del mundo

Poco después de pisar tierra española, la Molina retoma su frenética actividad a lo largo y ancho de la geografía patria. El recibimiento del público no puede ser mejor, especialmente en Madrid, en cuyo Círculo de Bellas Artes es agasajada con un vino de honor por sus numerosos admiradores, entre quienes se encuentran altas personalidades del mundo del arte y la cultura, como Gregorio Martínez Sierra, Margarita Nelken, Ramón Pérez de Ayala o el maestro Quiroga, por citar sólo a algunos.

Amalia Molina en la fiesta del Círculo de Bellas Artes (12-4-1930)

Amalia Molina (en el centro) en la fiesta del Círculo de Bellas Artes (ABC, 12-4-1930)

También participan en el homenaje los hermanos Álvarez Quintero, que se han inspirado en la figura de Amalia para construir a la protagonista de su última comedia, Mariquilla Terremoto, estrenada en 1930. La artista, que declara reconocerse plenamente en el personaje, estrena poco después una canción titulada ‘Yo soy Mariquilla Terremoto’.

De éxito en éxito, y de aplauso en aplauso, la genial sevillana vuelve a recorrer los principales teatros españoles, tan estrella como antes, y ahora también convertida en empresaria y directora de su propia compañía.

Sin embargo, la Molina, tan inquieta como siempre, no tarda en embarcarse en una nueva gira internacional. A finales de 1932 visita varios países europeos, como Austria, Hungría e Italia, donde es muy bien acogida:

“Gran interés había producido el debut de Amalia Molina. Y en verdad este interés no fue defraudado. Amalia Molina no tiene nada que envidiar a las estrellas más refulgentes. Posee una voz mórbida y simpática, y canta con gran sentimiento, acompañándose algunas canciones a la clásica guitarra. Danza con igual arte. La danza no es para ella orgiástico desenfreno, sino ritmo, armonía y musicalidad. Igualmente característicos son sus cantos y bailes, que presenta con lujoso espectáculo. El numeroso público que acudió a verla la festejó calurosamente” (Il Secolo, Milán, 1933). (1)

Poco después, sin apenas tiempo para deshacer el equipaje, la artista emprende un nuevo periplo que comienza en el norte de África y tiene previsto concluir en Japón, si bien termina antes de lo previsto: “Me volví en Egipto. ¡Ojú qué caló! Cuando me dijeron que tenía que atravesar el mar Rojo dije ‘esto no lo aguanto yo’. Pa pasá caló me queo en la Alamea” (ABC de Sevilla, 7-7-1944).

Amalia Molina, en la fiesta de los Marqueses de Bellamar (20-4-1930)

Amalia Molina, en la fiesta de los Marqueses de Bellamar (20-4-1930)

La prensa argelina dedica no pocos elogios a la estrella española, “virtuosa de las castañuelas”, que obtiene un “rotundo éxito” en aquellos lares:

“Descubierta por el célebre pintor Zuloaga, Amalia Molina es una de las raras intérpretes del baile y de la canción popular española cuyo nombre ha traspasado las fronteras de su país natal” (L’Écho d’Argel, 29-5-1933). (2)

“Rendimos homenaje al talento, al encanto, a la flexibilidad y al brío de Amalia Molina, que obtiene cada día un éxito vibrante” (Annales Africaines, 1-6-1933).

De vuelta a las Américas

En octubre de 1933, el diario ABC vuelve a situar a la artista sevillana en tierras argentinas, donde “el público y la Prensa porteña le han dispensado una cordial y simpática acogida” (21-10-1933). Esta nueva gira americana también discurre por países como Chile, Brasil, Uruguay, México, Estados Unidos, Canadá, Cuba o Puerto Rico. En todos ellos obtiene el reconocimiento unánime de la crítica. Los papeles de la isla caribeña ofrecen algunos datos sobre la enésima aventura transatlántica de la Molina:

“A bordo del vapor ‘Cuba’, y procedente de La Habana, donde acaba de terminar una triunfal temporada, llegará hoy, martes, a San Juan, la eminente cancionista y bailarina española Amalia Molina, maga de los cantos y bailes populares españoles.

La insigne artista viene contratada para realizar una corta temporada en San Juan y la isla, antes de pasar a Nueva York, donde tiene contratos por cumplir” (El Mundo, 20-12-1938).

Amalia Molina en México (1926)

Amalia Molina en México (1926)

Durante su breve estancia en Puerto Rico, que coincide con el periodo navideño, la “Reina de las castañuelas” constituye la atracción principal de las tres grandes fiestas celebradas en el Hotel Condado los días de Navidad, Año Nuevo y Reyes:

“Fiel intérprete del alma popular española, Amalia Molina hizo derroche de arte la noche del domingo. A la belleza de la interpretación de cada número, la ilustre artista une la belleza de su vestuario de tal modo rico que cuando ella baila o canta no se sabe qué admirar más: si la gallardía de Amalia Molina -pequeñina pero salada- llenando ella sola un salón, con su taconeo y con sus castañuelas, o los valores artísticos de su ropaje” (El Mundo, 28-12-1938).

Durante los meses de enero y febrero de 1939, la Molina también se presenta en varios teatros de San Juan, como el Paramount, el Martí o el Tapia, donde recibe un homenaje de despedida. Como deferencia hacia el público portorriqueño, además de sus típicos cantes y bailes españoles, Amalia incorpora en su programa algún tema propio de aquel país:

“1 – Alma andaluza (danza clásica de Andalucía, con estilización de castañueñas).
2 – La capa (símbolo de la gallardía española).
3 – Castellana (baile de las campesinas de Castilla).
4 – Mantoncito de Manila (schotis madrileño).
5 – Jibarito (canto y baile portorriqueño).
6 – Amalia Molina (pasodoble torero)” (El Mundo, 15-1-1939).

NOTAS:
(1) Artículo reproducido y traducido por ABC (9-2-1933).
(2) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.