Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Trinitaria en tierras americanas (II)

La copla andaluza permaneció en el Teatro Avenida de Buenos Aires hasta el mes de octubre y constituyó un éxito sin precedentes. En los primeros doce días de representación, con el coliseo siempre lleno, se recaudaron setenta mil pesos argentinos y después de un mes los ingresos en taquilla ascendían a ciento cincuenta mil (Crítica, 15-8-1929; 4-9-1929). La prensa porteña dio una amplia cobertura al espectáculo y destacó, especialmente, la labor de los artistas flamencos y la gran emoción que sus coplas transmitían al auditorio:

“‘La copla andaluza’, más que una comedia lírica popular, como la han denominado sus autores, es un convencional armazón escénico, confeccionado exclusivamente para que se lucieran los intérpretes del ‘cante jondo’, en esta ocasión la Trinitaria, Perosanz, Chato de Valencia, Niño de Caravaca y el guitarrista Aguilera, todos ellos verdaderos astros en la flamenca materia” (Caras y Caretas, 17-8-1929).

“Desde el día del estreno de ‘La copla andaluza’ fue el general comentario la calidad del mismo y los nombres de los ‘ases’ del ‘cante jondo’ Jesús Perosanz, Chato Valencia, La Trinitaria y Niño de Caravaca se hicieron pronto populares. Cada uno de ellos por su estilo propio para entonar las canciones flamencas, o por el timbre de su voz, logró imponerse y triunfar ante el público porteño, éxito que compartió el guitarrista Aguilera” (Crítica, 2-10-1929).

“Ha tenido ‘La copla andaluza’ en nuestro medio, la virtud de despertar un interés inusitado por las canciones populares del Sur de España. El espectador que acude a presenciar el espectáculo del Avenida, sale, en mayor o menor grado, atacado de ‘flamenquería’ y entona ‘in mente’, ya que no es fácil repetir de viva voz los ‘jipíos’ y alardes de facultades de que hacen gala los ‘cantaores’, las coplas, fandanguillos, granaínas, tarantas y ‘soleares’” (id., 4-9-1929).

La Trinitaria y Alfonso Aguilera (Crítica, 4-10-1929).

La Trinitaria y Alfonso Aguilera (Crítica, 4-10-1929).

En declaraciones al diario Crítica, Jesús Perosanz y el Chato de Valencia manifestaron su sorpresa y satisfacción por la extraordinaria acogida del público porteño:

[Afirma Perosanz] – Ya ven, cómo gusta esto. Más que en Madrid. Camará, y qué afición hay por acá a estas cosas. ¡Si no podemos andar por las calles! Todos nos miran y nos conocen y se ve que les gusta el cante. En España hay afición, pero aquí hay curiosidad y entusiasmo y todos quieren cantar y… claro… no cantan, esto es muy difícil… ¿verdad, Chato?

El cantaor gitano Chato de Valencia interviene en la charla:
– Yo creo que es difisi… má difisi que curá pol trigermino ese del meico ese… Pero é mu bonito y se apega al gusto e la gente… A mí me traen de caeza tos los señoritos de acá y me yevan de juerga y no me canso e cantá, y ellos de jaleá…
Pero es difisi ‘chavó’, si é difisi…”  (ibidem).

El veintisiete de septiembre se alcanzaron las cien funciones consecutivas de La copla andaluza en el Teatro Avenida y, para celebrarlo, se ofreció un gran concierto flamenco con el siguiente programa:

“Cante jondo por La Trinitaria. Aires de Granada, bailes por las Hermanas Arias. Vidalitas flamencas y cartageneras por El Niño de Caravaca. Farruca cañí bailable por Lolita Beltrán. Los Caracoles y Medias Granaínas por El Chato de Valencia. Seguidillas gitanas y tarantas por Perosanz. Acompañamientos de guitarra por Aguilera y Niño Almería” (id., 26-9-1929).

Jesús Perosanz (El Mundo, Puerto Rico, 26-2-1938)

Jesús Perosanz (El Mundo, Puerto Rico, 26-2-1938).

Asimismo, la empresa agasajó a sus amigos con una fiesta celebrada en el mismo coliseo:

“En el escenario se tendió una mesa donde los concurrentes, en su mayor parte gente de prensa y de teatro, hicieron honor al oloroso manzanilla y a las masas de una confitería vecina y catalana para más señas. A una indicación de las chicas del cuerpo de baile, el maestro Palacios accedió gentilmente a ejecutar una tanda de chotis, pasacalles y tangos, donde el celebrado director de orquesta hubo de realizar verdaderos prodigios, pues el pianito […] está como para que lo jubilen inmediatamente.

El buen humor fue la nota característica de esta agradable velada” (El Correo de Galicia, 29-9-1929).

El cuatro de octubre se celebró una función de honor a beneficio de Jesús Perosanz y el Chato de Valencia, que consistió en un acto de concierto a cargo de todos los cantaores de la compañía con un programa compuesto por “canciones típicas, soleares y tarantas, seguiriyas gitanas, asturianas por bulerías y milongas y medias granaínas” (Crítica, 4-10-1929). Dos días más tarde, cuando se alcanzaron las 114 representaciones, se ofreció un nuevo “gran acto de concierto flamenco”, con “cantos típicos gitanos por La Trinitaria; soleares y tarantas por el Niño de Caravaca; seguiriyas gitanas y asturianas por bulerías, por el Chato de Valencia. Milongas y medias granaínas por Perosanz. Bailes por [Lolita] Beltrán y acompañamiento de guitarra por Aguilera” (id., 6-10-1929).

El Niño de Caravaca (Crítica, 4-10-1929).

El Niño de Caravaca (Crítica, 4-10-1929).

También da fe del interés despertado por la obra de Quintero y Guillén la serie de artículos publicados en el diario Crítica por José Gabriel bajo la rúbrica “La nave velera”. En uno de ellos manifiesta que, a pesar de no considerarse entendido en la materia, en su opinión La copla andaluza constituye “el acontecimiento musical del año en Buenos Aires”. La define como una “mala comedia”, representada por “unos actores que no han querido ser buenos”, mas no exenta de grandeza, y esta reside precisamente en la autenticidad de las coplas que se interpretan:

«El ‘cante hondo’ que conocíamos (incluso el del Mochuelo, incluso el de la Niña de los Peines y otros análogos) no dejaba de ser andaluz, desde luego; pero era, más bien, un canto andaluz de ciudad, es decir, un canto ya ligeramente desvirtuado en su genio; era, diría, un andaluz vestido en Madrid. El ‘cante hondo’ real es otra cosa; el ‘cante hondo’ que la Trinitaria y Perosanz y el Niño de Caravaca y el Chato Valencia nos ofrecen en ‘La copla andaluza’, es algo más genial, más profundo, más incisivo y más artístico también […] es una de las más formidables creaciones artísticas del mundo” (Crítica, 9-10-1929).

Unos días más tarde, defiende la dignidad artística de los cantaores de flamenco, si bien resta valor a la interpretación de la Trinitaria, por considerar que en las voces femeninas el flamenco pierde jondura:

“Sé que un cantante del Colón se asombró oyendo a los ‘cantaores’ de ‘La copla’. Lo que me asombraría es que no se asombrasen todos los músicos del mundo […]. Debería bastar, por consiguiente, oírle a Perosanz una copla, para reconocer la presencia de un gran cantante, un cantante soberbio, prescindiendo ahora de que cante flamenco u ópera italiana. ¿Porqué (sic) todavía no basta oírlo? ¿Porqué (sic) debe subrayarse, como cosa extraordinaria, el asombro de un cantante de escuela? Porque Perosanz y sus compañeros no son cantantes, son ‘cantaores’, y nadie cree aún que un ‘cantaor’ pueda ser un artista tan excelso como un cantante. […]

No puedo hablar especialmente de la Trinitaria: aunque se ve que domina el paño, canta poco en la obra, y aquello poco que canta es más bien rito que arte (una saeta, lo mejor); por lo demás, la ejecución femenina resta hondura al canto flamenco…” (id., 12-10-1929).

Caricatura de Vicente Mauri (Crítica, 8-9-1929).

Caricatura de Vicente Mauri (Crítica, 8-9-1929).

En un artículo posterior, abunda en el carácter genuino y racial de los intérpretes:

“Más de cien veces consecutivas acaba de representarse en el teatro Avenida ‘La copla andaluza’, donde cantaron como ángeles la Trinitaria, gitana auténtica, con toda la fea hermosura de la autenticidad; Perosanz, mozo de raza y de escuela, a la vez; el Chato Valencia, muchachón de pura raza, y el Niño Caravaca, muchacho de una incipiencia racial y académica inquietante…” (id., 15-10-1929).

La primera temporada de La copla andaluza en el Teatro Avenida de Buenos Aires finalizó el catorce de octubre con una función a beneficio de todos los artistas por gentileza de Enrique Díaz Argüelles, empresario del coliseo, que a continuación emprendió una gira con la compañía por distintas ciudades latinoamericanas. El primer destino fue Montevideo. Allí ofrecieron una serie de representaciones entre el dieciséis y el veintisiete de ese mes (id., 2-10-1929) en el Teatro Urquiza, donde también recibieron elogiosas críticas:

“La compañía […] es una verdadera manifestación del arte en el amplio sentido de la palabra.

No se trata de un conjunto de artistas de variedades ni de una agrupación de las que se forman para el negocio ‘en las Américas’. Por el contrario, se expone en el escenario del teatro Urquiza una manifestación legítima del arte andaluz, surgida a plena luz, cantantes legítimos, depositarios de una tradición sagrada […].

Las coplas que surgen como bramidos de celos, como llamados de amor o saetas de odio, desde el tablado del Urquiza, son coplas breves que traducen en pocas líneas un drama pasional” (El Correo de Galicia, 20-10-1929).

El Chato de Valencia junto al empresario Dámaso Sierra (Crítica, 4-11-1929).

El Chato de Valencia junto al empresario Dámaso Sierra (Crítica, 4-11-1929).


La Ciega de Jerez, jondura y sentimiento (y II)

En 1930, Manuela Domínguez sale de gira por ciudades como Cartagena, Murcia o Albacete, junto una troupe encabezada por Juanito Eldorado, en la que también figura el Niño de la Huerta:

[Cartagena. Teatro Principal] “JUANITO ELDORADO presenta a la famosa CIEGA DE JEREZ y al auténtico NIÑO DE LA HUERTA” (Cartagena Nueva, 25-5-1930).

[Murcia. Teatro Popular] “Por la noche a las diez y cuarto, grandioso concierto de ópera flamenca en el que tomarán parte Antonio Moreno, Niño Vallejas, Paquita de Almería, La ciega de Jerez y Francisco Montoya (Niño de la Huerta)” (El Tiempo, 25-5-1930).

[Albacete. Teatro Circo] “A las diez de la noche, grandioso y único concierto de ópera flamenca, por la notable troupe de Juanito El Dorado, en la que figuran la excelente bailaora de flamenco ‘Paquita de Almería’ y los célebres cantaores ‘La Ciega de Jerez’ y el renombrado y popular ‘as’ del cante jondo ‘El Niño de la Huerta’” (Diario de Albacete, 24-5-1930).

Local flamenco en Barcelona (Nuevo Mundo, 2-9-1932)

Artistas flamencos en un local de Barcelona (Nuevo Mundo, 2-9-1932)

Nuevos éxitos en Barcelona y Madrid

A principios de los años treinta, la prensa sitúa a la cantaora jerezana principalmente en Madrid y Barcelona. Según Francisco Hidalgo, Manuela participa en un espectáculo de ópera flamenca celebrado en el Teatro Circo Barcelonés en 1932, y en cuyo cartel figuran, además de Carmen Amaya, los siguientes artistas:

“El Gran Fanegas, la Ciega de Jerez, los hermanos Manuel y Antonio Guerrita, Canalejas de Jerez, José Pérez ‘Cartagenerito’, el ‘Niño de la Unión’, Pedro Garrido ‘el Niño de Levante’, el Murciano, y los bailaores y bailaoras María la Pescatera, Anita la Guapa, Micaela La Mendaña, María La Faneta, Maruja La Flamenca, Rafaela La Tanguera, Antonio Viruta y El Gato”. (1)

En agosto de ese mismo año se la puede ver en Madrid, en una kermés celebrada en el distrito de la Inclusa:

“Hoy, día 10, a la una de la madrugada, gran concierto de cante flamenco por los afamados cantadores Ciega de Jerez, Chato de las Ventas, Bernardo el de los Lobitos y Jesús Perosanz. Tocador de guitarra, Ángel Serrano” (La Libertad, 10-8-1932).

En enero de 1933, acompañada a la guitarra por Patena padre, Manuela participa en una función a beneficio de las escuelas laicas del Partido Republicano Radical que tiene lugar en el madrileño Puente de Vallecas. Poco después actúa en el Circo Barcelonés, junto a un nutrido grupo de artistas en que destaca una jovencísima Carmen Amaya:

“Hoy, en el Circo Barcelonés, por la noche, tendrá efecto un festival flamenco, en el que tomarán parte los cantadores Niño de Triana, Tomás García el Moreno, Niño de la Peña, Niño de Linares, Francisco Gallardo, José Arroyo Lucena, un cuadro de baile flamenco integrado por Palmira Escudero, La Faraona, La Mendaña, Carmencita Amaya ‘La Capitana’, Tobalo y los ‘ases’ del cante jondo Antonio Moreno, Lola Cabello, El Negro Domingo, profesor del Negro Aquilino, mago de la trompeta, el cual ejecutará varios cantes flamencos acompañado de la guitarra, el ‘as’ del cante jondo Niño de Caravaca, venido expresamente de Madrid, y el ídolo de todos los públicos, ‘La Ciega de Jerez’, figura del arte flamenco venida igualmente de Madrid para tomar parte en este festival flamenco” (La Vanguardia, 1-2-1933).

Una jovencísima Carmen Amaya junto a su padre, El Chino (Mirador, 30-6-1932)

Una jovencísima Carmen Amaya junto a su padre, El Chino (Mirador, 30-6-1932)

En ese mismo lugar se lleva a escena en el mes de abril un espectáculo inspirado en la Semana Santa sevillana, en el que destaca “Manolita, La Ciega de Jerez, única en sus estilos” (El Diluvio, 12-4-1933). También forman parte del elenco los siguientes artistas:

“… El Seda, Francisco Gallardo, Niño de Málaga. Grandioso cuadro de baile compuesto de los eminentes artistas únicos en su género La Palmira, Lolita la Camisona, Virtudes la Sevillana. Formidables y portentosas creaciones del fenomenal EL RAYITO.

JUAN BAÑOS, el renombrado gran cantador: EL GRAN FANEGAS.

MANOLITA, LA CIEGA DE JEREZ, la reina del cante jondo…” (La Vanguardia, 11-4-1933).

En 1933, la artista jerezana también se prodiga en otros locales barceloneses, como el Bar del Manquet o el Gran Cine Colón. Al primero de ellos hace referencia el periodista Sebastià Gasch, con motivo de la visita del bailarín y coreógrafo de origen ruso Léonide Massine a la ciudad condal:

“El flamenco auténtico se ha refugiado ahora en el Portal de Santa Madrona. En el Bar del Manquet. […]

… Sesión monótona de cante. Y, apaciguadas las quejas de la siniestra Ciega de Jerez, el cuadro sube al tablado” (Mirador, 1-6-1933).

En el segundo la sitúa el diario La Vanguardia en el mes de agosto. La “CIEGA DE JEREZ, reina del cante flamenco” (18-8-1933), pone el broche final a un amplio programa de variedades.

Años difíciles en Levante

En enero de 1935, Manuela Domínguez actúa en Puerto de Sagunto (Valencia). La cantaora jerezana, “emperadora de los campanilleros, la revolucionaria del cante jondo” -tal y como reza el cartel-, constituye la atracción principal de una velada de ópera flamenca que se celebra en el Cine Olimpia. Completan el elenco el Niño de Almería, el Niño de la Alegría, Pepita Arlandis, el Canario del Alba y el guitarrista Manuel Torres.

Cartel de la actuación de La Ciega de Jerez en Puerto de Sagunto (19-1-1935)

Cartel de la actuación de La Ciega de Jerez en Puerto de Sagunto (19-1-1935)

En abril de 1936, la Ciega de Jerez, “cantadora de flamenco de gran escuela” (¡Tararí!, 4-1936), se presenta en el Edén Concert de Madrid. Durante los años que siguen, en plena contienda, la prensa la sitúa en varias ocasiones en el Teatro Libertad de Valencia, y en el Gran Teatro de Paterna (Valencia).

En abril de 1938 se presenta en este último local una “Agrupación del género Flamenco” encabezada por el Canario del Alba y la Ciega de Jerez. La Niña de Utrera, Pepita Landi, Paco el Lucero, Conchita Arcas y Pachón completan el cartel, que presenta a la jerezana como “la dominadora de todos los cantes grandes […] La que llega al alma […] la cantadora que más facultades tiene en la actualidad”.

En julio de 1943 retomamos la pista de Manuela Domínguez en la Plaza de Toros de Murcia, donde se celebra una gran fiesta española en la que intervienen 30 artistas, en representación de las regiones de Valencia, Andalucía y Aragón. Entre ellos destacan “MANOLO de UTRERA, CIEGA de JEREZ y NIÑO de SANLÚCAR” (Línea, 22-7-1943).

La última referencia a la insigne cantaora jerezana nos la ofrece el pintor y escritor suizo Roger Wild en 1949, en un artículo titulado “Espagne tellurique” y publicado en la revista Les Nouvelles Littéraires, que el semanario Destino reproduce parcialmente. El autor rememora lo vivido año atrás en el local barcelonés de Juanito Eldorado y nos regala una descripción bastante gráfica de una noche flamenca con la Ciega de Jerez:

“Wild describe así una ‘Nuit Flamenca’: ‘Chez Juanito Eldorado el momento es incomparable. Flanqueado de la ‘Faraona’ y de la ‘Capitana’, ágiles flores del cuadro flamenco, morenas y delgadas, la ciega de Jerez, una enana mofletuda, con la frente abollada de verrugas -una enana que ha brotado muy deprisa- ruge y gime su canto de congoja. El canto le sale de lo más profundo de ella misma, expira lentamente para hincharse y estirarse hasta la pérdida de la respiración, rebotar en cascada desoladora, de soledad y de crucificantes amores.

Los brazos cortos y plegados de la ciega, prendidos como tirantes con agujas; penden, inmóviles, de cada lado de la proa de su pecho’…” (Destino, 6-8-1949).


NOTA:
(1) Hidalgo, Francisco, Carmen Amaya: La biografía, Barcelona, Carena, 2010.